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mar 13 2013

Domingo de pródigo

Lectura del Apostol: 1ª corintios 6,12-14

 

12 Todο me está permitido, pero no todo me conviene; todas las cosas me están permitidas, pero yo no me dejaré dominar de ninguna. 13 (No es la comida que nos convierte en pecadores). Los alimentos para el estomago, y el estómago para los alimentos; pero tanto al uno, como a las otras destruirá Dios (en el Juicio futuro). Pero el cuerpo no es para la fornicación y los deseos carnales, sino para el Señor (que es la cabeza del cuerpo espiritual de la Iglesia), y el Señor para el cuerpo (para habitar en el y sanarlo y santificarlo). 14 Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder. 15 ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros del cuerpo de Cristo? (Quien es la cabeza del cuerpo de la Iglesia). ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. 16 ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice la Escritura: Los dos serán una sola carne. 17 Pero el que se une (místicamente) al Señor, un espíritu es con él (y se llena de energía increada jaris). 18 Huid de la infección de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo (y no se mancha directamente); pero el que fornica, contra su propio cuerpo peca (porque se infecta  inmediatamente). 19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros y que lo habéis recibido de Dios? Ya no os pertenece a vosotros mismos. 20 Porque habéis sido comprados a gran precio (es decir, por la sangre de Cristo de precio incalculable); glorificad, pues, a Dios con vuestro cuerpo y con vuestro espíritu, los cuales son de Dios. (1ª corintios 6,12-14)

 

ap-paulos

Todο me está permitido, pero no todo me conviene;

α. Segundo Domingo de nuestra preparación para la Gran Cuaresma con la parábola del hijo pródigo o derrochador insaciable y la lectura apostólica correspondiente: el derrochador insaciable o pródigo es proyectado como ejemplo de metania (introspección, arrepentimiento, conversión y confesión) y regreso a Dios, lo que consiste la Gran Cuaresma para que reencontremos otra vez a nuestro auténtico y verdadero yo, lo cual perdemos con nuestros pecados múltiples. La lectura de la 1ª epístola a los Corintios del Apóstol Pablo constituye una notificación de esta vida del hijo pródigo o insaciable. ¿Qué destaca el Apóstol? La verdadera libertad, es decir, esta que asegura nuestra relación con el Dios, la cual se difiere de varias versiones falsas. “Todo me está permitido”, decían en la época del apóstol, “pero no todo que se me permite, me conviene y me beneficia”, añadió el apóstol. Una dialéctica que emplea el hombre en cada época, y permite un breve comentario.

 

β. 1. Sin duda, es innecesario volver a recordar el valor de la libertad en el hombre. La libertad es considerada, principalmente de nuestros santos, como el elemento por excelencia en el hombre “como imagen” de Dios. Es decir, si hablamos para el “como y imagen y como semejanza” entre el Dios y el hombre, entonces hablamos sobre el ser que fue dotado con carismas especialmente Suyas; principalmente hablamos para el regalo de la libertad que ha dado al hombre, de modo que sin esto no sea considerado como humano. Según el contemporáneo santo yérontas Porfirio: “El Dios simplemente no sólo ha dado la libertad del hombre, sino que la ha grabado en su interior”. No es pues su lógica, ni su mundo sentimental que constituyen su prioridad, sino su libre voluntad, hecho que significa que de ella depende el camino correcto del hombre para alcanzar su sanación y salvación.

2. Pero si la libertad es el elemento más importante para el hombre, sin embargo, la definición de su contenido no es fácil. Porque a causa de la caída, la imagen de Dios en el hombre fue corroída y la libertad ha perdido el significado claro y se presenta de forma distorsionada. Precisamente el apóstol Pablo pone de relieve la distorsión más importante: “Todo me está permitido”. Se trata de la comprensión de la libertad en pleno desmán y confusión, la cual, obviamente, presupone que el mismo hombre compone la referencia final de este mundo. Aquí no existe el sentido de la presencia de Dios y por eso, tampoco el funcionamiento ordenado de la libertad, es decir, como regalo que conduce hacia Aquel. Por lo tanto, el derrocamiento de la forma de la creación está dada: precisamente como el hombre no se refiere a Dios, se conduce en la plena sumisión y esclavitud de sus pazos y por extensión del diablo. Así el hombre se convierte en el ser más peligroso dentro de toda la creación: se destruye a sí mismo y eventualmente destruye lo que le impide satisfacer sus pazos. Tal como ha recalcado el escritor ruso Dostoievsky: “Sin Dios todo está permitido”. La lectura evangélica con la parábola del hijo insaciable viene a describir gráficamente este estado de desmán de la libertad sin Dios: insaciabilidad, necrosis (mortificación) y perdición del sí mismo.

3. El apóstol Pablo, pues, pone las cosas en su sitio. Habla sobre la verdadera libertad, que el criterio es el interés espiritual del hombre; es decir, contribuye a la relación vibrante con el Dios. La libertad no se autonomiza, tal como deja ver el Apóstol, con los súper defensores del “todo me está permitido”, como ha sucedido también los últimos años particularmente a nivel práctico y filosófico. La libertad fue dada por el Dios para el progreso del hombre en Dios. Esto significa que el hombre está libre para elegir la voluntad de Dios en su vida y no oponerse a ella. Precisamente esta oposición, la comprensión de su libertad como fuerza de supresión de Dios, contribuyó también en su caída con sus resultados trágicos que trajo, principalmente la pérdida de su propia libertad.  “Pero yo no me dejaré dominar de ninguna”. Esto quiere decir: que en el momento que elijo libremente la voluntad de Dios, en aquel momento garantizo mi libertad y a continuación el aumento de ella. Porque la verdadera libertad se encuentra al mismo Dios. Él es la fuente de ella. “Donde está el Espíritu de Dios allí está la libertad” “Cristo Dios nos liberado, no paréis ni toleréis otra vez en el yugo de la esclavitud”.

Así se crea una cosa considerada paradójica: uno debe someterse a Dios, es decir, obedecer Su voluntad para ser libre, o sea “obediencia a Dios igual a libertad. Y libre significa hijo de Dios. De otras palabras, el Dios a quien Le obedece, le eleva en hijo Suyo, en amigo y hermano Suyo. “Vosotros sois mis amigos si hacéis todo lo que os he mandado” y “los que le recibieron les ha dado poder de convertirse y hacerse hijos de Dios”  Y por otro lado “el librado o alejado” de Dios finalmente se hace esclavo de sus pazos y del diablo. Porque la libertad de Dios significa perdición de la agapi e implicación al mismo infierno.

Por lo tanto, libre no es el que hace lo que quiere o lo que puede hacer, sino aquel que hace lo que le conviene en su existencia psicosomática, es decir, aquello que tiene valor eterno y le mantiene en la jaris (gracia, energía increada) de Dios. Los ejemplos que nos dice el apóstol Pablo sobre la comida y sobre el tema de la lujuria o prostitución, se entienden exactamente bajo esta perspectiva: no sólo la psique sino también el mismo cuerpo funciona correctamente y sin problemas, cuando funciona en doxología, es decir, en relación hacia el Cristo Dios y no en relación para la satisfacción del hedonismo del hombre: “No es la comida que nos convierte en pecadores. Los alimentos para el estomago, y el estómago para los alimentos; pero tanto al uno, como a las otras destruirá Dios (en el Juicio futuro). Pero el cuerpo no es para la fornicación y los deseos carnales, sino para el Señor (que es la cabeza del cuerpo espiritual de la Iglesia), y el Señor para el cuerpo (para habitar en ello y sanarlo y santificarlo”. (1ªCor 6,13)

4. Desde este punto de vista, la principal característica de la libertad que conduce a su propósito y la relación vibrante con el Dios, es la ἐγκράτεια (engratia, contención, austeridad y autodominio). La engratia que tanto se recalca en el período del Cuaresma sea como ayuno, sea como delimitación de los apetitos pecaminosos, no es solamente una virtud simple y parcial, mucho menos opresora, tal como creen y afirman algunos. La engratia (contención, austeridad y autodominio) es una virtud general que garantiza la libertad del hombre de la incontrolable sumisión, esclavitud en sus pazos. Tal como es el cauce de un río que lleva las aguas al flujo normal, lo mismo la engratia restringe al hombre de sus tendencias pecaminosas, para que permanezca a Dios y respire el aire de la libertad. Contención, autodominio, austeridad y vida espiritual cristiana coexisten siempre, por eso no hay ningún santo sin la engratia (contención, austeridad y autodominio). La idea de que uno puede combinar vida espiritual con sus indomables e insaciables apetitos, realmente consiste en una idea, pero no tiene ninguna relación con esto que vive la Iglesia. Diríamos que la base teológica para esta verdad la da el mismo Dios nuestro. Está libre porque es auto-restringido: no hace lo que puede, sino lo que es de interés para Su creación, a causa de Su agapi (increada).

 

c. Nuestra lucha para que seamos libres, es decir, vivir en Dios, tal como dijimos, no es una lucha del momento o de algunos momentos de nuestra vida. Y no se relaciona con nuestros yo quiero (en su mayoría pecaminosos) y los así me gusta a mí. Nuestra libertad se gana o se pierde en cada momento en el grado que caminamos con el criterio de nuestro interés espiritual, es decir, nuestra obediencia a la voluntad de Dios en Cristo. Lo “hágase Tu voluntad” compone el aire que respiran los hijos de Dios y por eso finalmente “ven, contemplan” que el Dios se convierte Él mismo en obediente de ellos. En este aire de libertad nos conduce paso a paso nuestra Iglesia siempre, pero por excelencia el período del Pentecostés que se encuentra en las puertas. Amín.

Sacerdote Georgios Dombarakis

 

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ
Traducctor: xX.jJ
 

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