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Mar 24 2019

Domingo de Mateo – La terapia “psicoterapia” de los dos ciegos

 

 

Aquí la palabra clave es la monóloga oración del corazón o de Jesús: «Κύριε, ἐλέησον» “Kirie eleison” es la oración más corta, condesada y concisa que lo dice todo. El “Kirie eleison” hace milagros. «Κύριε, ἐλέησον Kirie eleison» es una calificación, petición general de cada necesidad mía, de cada caso mío, de lo que me pasa y de lo que quiero y como no sé lo que voy a pedir, entonces digo a Dios, eleisón me” o “kirie eléison”, y Él sabe lo que me va a dar. Eléison ἐλέησον significa ten compasión, caridad, misericordia, clemencia, sanación, ayuda, alivio, consuelo, socorro… No tiene nada que ver con piedad que muchos lo traducen en castellano. Piedad en griego es ευσέβια (efsevia) de aquí viene el nombre Eusebio, piadoso en castellano o latino.

Pero decir, “Eléisonme ἐλέησον με Ten compasión, misericordia o caridad de mí”, implica no sólo el deseo de perdón que comienza del miedo, sino que se trata de la súplica sincera del amor filial, que pone mi esperanza en la misericordia de Dios, y uno reconoce humildemente que es demasiado débil para doblegar su propia voluntad y mantener una cuidadosa vigilancia sobre sí mismo. Es una llamada a la misericordia, es decir, a la jaris (gracia, energía increada) que se manifestará en el don por parte de Dios de la fuerza que nos permite resistir a la tentación y superar nuestras inclinaciones pecaminosas. Es como un deudor sin dinero que pide a su benigno acreedor no sólo que le condone la deuda sino que se compadezca también de su extrema pobreza y le dé una limosna; esto es lo que estas profundas palabras “Eléison me ἐλέησον με Ten compasión, misericordia o caridad de mí”, es como decir: «Dios misericordioso, perdona mis pecados y ayúdame a corregirme; despierta en mi psique-alma un fuerte impulso a seguir Tus mandatos. Dispensa Tu jaris (gracia divina, energía increada) en el perdón de mis pecados presentes, conscientes e inconscientes, y para que solo dirija hacia Ti la atención de mi nus, de mi mente, de mi voluntad y de mi corazón negligentes.»

En la lectura evangélica de hoy hemos escuchado sobre la terapia y psicoterapia (física y espiritual) de los dos ciegos, los cuales cuando el Señor se acerca empezaron a gritar: “…ἐλέησον ἡμᾶς, υἱὲ Δαυΐδ…eléison imás Ié DavidEleisón nos, compadécete o apiádate o ten misericordia de nosotros Hijo de David (Mt 9,27). Y como de los descendientes de David vendría el Mesías, cuando decían “Hijo de David”, es como si dijesen “tú que eres el Mesías, tú que eres el Cristo, es decir, tú que eres Dios eleisón nos”.

Y el Señor se acercó y no los sanó, “psicoterapió” inmediatamente, sino cuando los preguntó si creían. Por supuesto que creían, porque si no tuvieran fe no gritarían “Hijo de David eleisón nos”. Pero el Señor quería dar un ejemplo a todos nosotros de que la fe es cuestión y condición del milagro. O sea que cuando el hombre en su vida se encuentra en un callejón sin salida, cuando pide la ayuda de Dios, el Dios no puede operar si antes no tiene ni existe la fe del hombre, que expresa la libertad del hombre. Porque el hombre con su fe expresa su libertad y su agapi hacia Dios. Por tanto, cuando el Señor pidió fe de los dos ciegos, era como si pidiera de ellos el libre ofrecimiento de sus corazones y la agapi hacia a Él. Y cuando la oferta del corazón y la agapi existían, entonces les concedió también Su propia Jaris (energíaomcreada, gracia divina), los bendijo y se realizó el milagro y los ciegos volvieron a ver.

Nosotros los Cristianos, los que tenemos la posibilidad, capacidad y bendición de ver física o corporalmente, sentimos que este milagro concierne también a nosotros. Porque en efecto, por un lado vemos físicamente, pero desde el aspecto espiritual -unos menos y otros más- padecemos de alguna ceguera. Nuestra ceguera consiste en lo siguiente: Creemos que vemos espiritualmente, pero no es así, no vemos. Porque si viésemos, veríamos las cosas que veían los Santos, estos que realmente tenían sus ojos (psíquicos) catartizados limpiados, sanados y curados; lo que ven los Santos es la doxa (gloria, luz increada) de Dios.

Pero también los santos Apóstoles al principio no veían. ¿Cuándo vieron? Pues, en la Santa Metamorfosis-Transformación del Señor vieron; entonces les fueron abiertos los ojos (psíquicos o espirituales) y vieron la doxa (gloria, luz increada) de Dios! Hasta en aquel momento no veían. Y nosotros creemos que vemos, pero no vemos. Pero si el Señor abre nuestros ojos entonces veremos Su doxa (gloria, luz increada).

Por eso nosotros también debemos estar gritando como los dos ciegos: “…ἐλέησον ἡμᾶς, υἱὲ Δαυΐδ…eléison imás Ié DavidEleisón nos compadécete o apiádate o ten misericordia de nosotros Hijo de David (Mt 9,27). Esto hoy en día lo decimos de la siguiente manera: “ΚΥΡΙΕ ΙΗΣΟΥ ΧΡΙΣΤΕ, ΥΙΕ ΤΟΥ ΘΕΟΥ ΕΛΕΗΣΟΝ ΜΕ, τόν αμρτωλόν Kirie, Jesús Cristo, Hijo y Logos de Dios, eleisón me, compadécete de mi…que soy pecador”. Es la misma oración. Esto que decían los dos ciegos “Hijo de David eleisón nos” nosotros lo decimos “Kirie-Señor, Jesús Cristo, Hijo y Logos de Dios, eleisón me, compadécete de mi…que soy pecador”. Y cuando decimos “eleisón me que soy pecador “, significa también ilumíname que estoy ciego. No significa sólo, compadécete de mí, ayúdame, etc., sino también ilumíname que estoy ciego.

Por tanto, cada vez que decimos la oración del corazón: “Kirie, Jesús Cristo, Hijo y Logos de Dios, eleisón me, compadécete de mi…que soy pecador” debemos estar acercándonos hacia Jesús, tal y como los dos ciegos, en contacto consciente con las palabras de la oración y con conciencia de que Jesús está cerca, junto con nosotros. Nosotros le clamamos: “Hijo de David, eleisón nos”, y viene el Señor y nos dice: ¿qué quieres? Queremos ver. ¿Y qué ver? “A Ti queremos ver”, al Θεάνθρωπος Zeánzropos Dios-Hombre; a nuestro Sanador y Salvador, a nuestro Jesús queremos ver. Y cuando así persistentemente y con fe gritamos a Jesús, Él viene y escucha, y se acerca a nosotros, no sana, nos psicoterapia y nos ayuda volver a ver, tal y como revela la multitud de Santos de nuestra Iglesia, los cuales con la Jaris (gracia divina, energía increada) de Cristo volvieron a ver y vieron la doxa (gloria, luz increada) de Dios y también al mismo Θεάνθρωπος Zeánzropos Dios-Hombre Cristo y se ofrecieron a Él.

Entre los que volvieron a ver son también los santos de nuestra Iglesia que festejamos hoy, los santos Apóstoles de los setenta; Prójoro, Parmenás, Timon y Nicanor, y san Pablo de Xeropotamu, Fundador del santo Monasterio de san Pablo de aquí de la Santa Montaña Athos que hoy es su fiesta.

Por tanto, existen los que vuelven a retomar la vista, porque se han ofrecido a Dios y piden a Jesús que vuelvan a ver. Pero existen también los Fariseos, los cuales si ven a alguien retomar la vista -y es Jesús que los hace volver a ver- y que se glorifica Dios, ellos en vez de alegrarse, como son instrumentos del diablo, envidian, calumnian y acusan. Y en vez de elogiar, condenan y reniegan, tergiversan y manipulan, difaman y calumnian.

Los Fariseos eran hombres religiosos, no eran ateos. Uno esperaría que se alegraran y glorificaran a Dios cuando vieron que Jesús curó los dos ciegos. Pero era tanta la perversión de ellos, sus egoísmos y sus maldades, de modo que en vez de agradecer y glorificar a Dios y al Θεάνθρωπος Zeánzropos Dios-Hombre Jesús, le acusaron. ¿Y de qué y cómo le acusaron? Pues, por la peor acusación que podrían imaginar y decir: «Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios» (Mt 9,34), porque a continuación curó también al sordomudo, quien era sordomudo porque tenía demonio. Y el Señor apenas expulsó al demonio, el sordomudo habló. Así que los Fariseos dijeron, “por el Príncipe de los demonios” nuestro Señor “expulsa a los demonios”. Le acusaron de que hace milagros en sinergia, cooperación con los demonios. ¿A quién? Pues, al Θεάνθρωπος Zeánzropos Dios-Hombre Jesús, a nuestro Señor y Dios.

Por eso, no nos sorprenda que en cada generación los herederos de los fariseos, cuando ven alguna buena obra que se hace en la Iglesia de Cristo, la acusan, difaman y calumnian, en vez de alegrarse y glorificar a Dios y elogiarLe. Siempre en la Iglesia existen “los que cometen escándalos” (Rom 16,17). Así que en cada época existen fariseos.

Deseamos y ojalá así sea que Dios ilumine a todos y a nosotros también para que no nos amarguemos cuando vemos estos escándalos, y no nos atormentemos y desanimemos.

Debemos continuar nuestra lucha por la Doxa-gloria de Dios y continuar haciendo esto que hicieron los dos ciegos de la lectura Evangélica de hoy. Con mucha humildad y con mucho anhelo gritando a Dios: Kirie-Señor, Jesús Cristo, Hijo y Logos de Dios, eleisón me, compadécete de mi…que soy pecador”.

Yérontas Gheorghios Kapsanis, Kazigúmenos

Co-guía del Monasterio Grigoriu de Athos (1935-2014, durmió en Señor el día del Pentecostés 2014)

 

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