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may 14 2013

Domingo de Apóstol Tomás (I)

Apóstol Tomás: el desconfiado discípulo de Cristo

 

Cristo y Tomás

 

   El primer Domingo después de la Resurrección nuestra Iglesia venera la memoria del apóstol Tomás y se lee en las iglesias el pasaje sobre la palpación del Señor por él. No es casual esta elección. Sirve para confirmar, junto con tantos otros testimonios, que el Señor realmente ha resucitado de los muertos. Tomás por divina concesión pidió tener experiencia palpable de la Resurrección de Cristo. Poner las manos sobre “las señales de las heridas” y creer al acontecimiento sobrenatural.

      Su nombre en la lengua aramea es “Teoma” y significa gemelo. En el santo Evangelio efectivamente se le da el nombre de “Gemelo” (Jn 11,16).  Las informaciones hagiográficas sobre Tomás son relativamente pocas, por eso se han alzado sobre su persona interpretaciones arbitrarias. Intentaron localizar de quien era gemelo hermano o hermana. Algunos le identifican como hermano de Judá que se refiere san Mateo (13,55). Los contrarios escritores de Cristo sostienen que él fue el hermano gemelo del Señor, a pesar de los testimonios contrarios de los Evangelistas, queriendo hacer daño a la humanización sobrenatural del Logos de Dios. Una antigua tradición que nuestra Iglesia acepta que Tomás era hermano de una Lidia o Lisia. Otra tradición refiere que era hermano de un tal Eleazar.

      El origen de Tomás era de Antioquia, al contrario con la mayoría de los discípulos que eran galileos (Jn 21,2). Fue llamado por el Señor a seguirlo y él obedeció (Mt 10,3 Mr 3,18 Lc 6,15). Generalmente fue el más entregado de los discípulos y se distinguía por su valentía y coraje. Cuando los otros discípulos trataban de prevenir y desviar a Cristo para que no fuera a Betania a resucitar a Lázaro, por el miedo que le maltratasen los judíos fanáticos, Tomás desafiando el peligro les dijo: “vamos también a morir con él” (Jn 11,16). ¡Es la primera vez que se escucha de un discípulo de Cristo pedir morir junto con el Señor! Simultáneamente era también muy racionalista. Eln la Cena Mística no dudó en preguntar al Señor: “Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos conocer el camino?” (Jn 14,5). También era escéptico y desconfiado. Para creer en la Resurrección de Cristo pidió tener confirmación palpable, palpar con sus propias manos las llagas de su maestro. Después de palpar las heridas confesó con entusiasmo y espontaneidad: “Mi Señor y mi Dios” (Jn 20,28).

      Una antigua tradición dice que predicó el Evangelio en Persia y en la lejana e inmensa India. Hasta hoy es considerado el iluminador de estos países. El final de su vida fue martírico. Los fanáticos idólatras le dieron la muerte por punción. Su memoria se festeja el 6 de Octubre.

      En el nombre de Tomás se han salvado tres textos apócrifos del siglo 2º dC. Se trata sin duda de unos textos falsos de los antiguos herejes los gnósticos, quienes queriendo dar prestigio a sus alabanzas y opiniones heréticas, los atribuyeron al apóstol Tomás. Estos textos contienen serios engaños, falsedades y cacodoxías, por eso los creyentes no deberán confiar en estos, porque los utilizan los enemigos del cristianismo para dañar y desacreditar la fiabilidad de la enseñanza cristiana y especialmente la Persona Divina de nuestro Redentor Cristo.

      Muchos llaman al apóstol Tomás infiel. No es correcta esta calificación. Tomás no fue infiel, sino desconfiado. Pedía demostraciones para asegurarse y creer, y así se hizo. El Señor no le negó este deseo, hecho que significa que nuestra fe en las enseñanzas de nuestra Iglesia, no es, y no debe ser una situación pasiva, sin juicio y razón, sino producto de nuestra libre elección. El apóstol Felipe, cuando habló a su amigo Nataniel sobre el Cristo le dijo aquella magnifica frase: “Ven y lo verás” (Jn 1,47), es decir, amigo mío ven a comprobar con tus propios ojos lo que te digo para Aquel. Por lo tanto no es malo investigar con buena fe. Lo malo es mantener una posición de mala fe que finalmente nos mantendrá lejos de la verdad. El apóstol Tomás era hombre de buena fe y por eso, mientras satisfizo sus sentidos, confesó con valentía: “¡Mi Señor y mi Dios!” (Jn 20,28). ¡Cuántos y cuántos grandes hombres y mujeres en la historia se hicieron fieles por la investigación! ¡Miriadas de científicos reales descubrieron su fe dentro de la investigación científica; con sus admirables conclusiones han visto las energías increadas de Dios las creativas y las cohesivas que están presentes en el cosmos! Al contrario existen otros científicos que no los toca el hecho de la omnipresencia de Dios y no la admiten, porque desde el principio son impulsados y conducidos por la ciega incredulidad. ¡Estos no encontrarán jamás la verdad ni encontrarán nunca a Dios!

     En la oscura edad media circuló un slogan en Occidente, lo cual no tiene el mínimo fundamento en la santa Escritura y en la Tradición de nuestra Iglesia Ortodoxa. Se trata del slogan: “Cree y no investigas”, lo cual se hizo bandera de los enemigos del cristianismo los últimos siglos. Al contrario la santa Escritura y los Padres de nuestra Iglesia Ortodoxa nos exhortan: “Investigar las Escrituras” (Jn 5,39), y “actuad y ocupaos con la educación y el estudio”. (Sal 2,12). Nuestro criterio debe ser el acto de la libertad como condición determinante de la persona. El hombre libre es la imagen auténtica de Dios, conforme la imagen de Dios por Cristo (Fil 3,23) ¡Esto hizo también el apóstol Tomás!

Lambros Skontzos Teólogo y Profesor

 

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ
Traductor: xX.jJ
 

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