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dic 14 2013

Domingo IX de Lucas – Parábola del rico insensato

 

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Lc 12, 16-21

16 También les refirió una parábola, diciendo: Las fincas de un hombre rico habían producido mucho. 

17 Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos?

18 Y se dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, los ampliaré, y allí guardaré todas mis cosechas y mis bienes;

19 y luego diré a mi psique-alma: Psique-alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe y pásalo bien. 

20 Pero el Dios le dijo: Necio, esta noche vienen (los demonios) a pedirte tu psique-alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? 

21 Así es el que hace egoístamente para sí tesoro, y no es rico con obras para con Dios. 

 

«Pero el Dios le dijo: Necio… Εἶπε δὲ αὐτῷ ὁ Θεός· ἄφρον…»

a. Si el domingo pasado, como modelo de vida hacia la incorporación a la Realeza increada de Dios, fue presentado el buen Samaritano, el hombre desinteresado de la agapi en acción, en el domingo de hoy destaca el modelo (tipo) malo y negativo: el rico insensato, el hombre que su única preocupación era como tener y poseer los bienes materiales, como aumentar sus ingresos de tal grado que finalmente sea un desgraciado dentro de su supuesta “felicidad”: la gran cosecha de sus tierras, le llena de ansiedad y angustia. Hasta que desde la “nada”aparece el factor Dios, para poner fin a sus problemas, preocupaciones y soluciones: “¡hoy morirás! ¡Buscan tu psique (alma) los demonios!” Y la muerte viene como el umbral que ilumina la calidad de toda su vida anterior, que le abre los ojos para ver finalmente todos los años que han pasado eran ante el Dios una necedad: “Pero Dios le dijo: Necio…

b. No se trata de una valoración y apreciación de un ser humano que uno podría cuestionar el contenido. ¿Qué hombre puede poseer la infalibilidad? Nuestros santos Padres nos dicen: “la ley de la mente humana es un engaño”. Tampoco se trata de una crisis (juicio) que se pueda mover al nivel de la κατάκρισης (catácrisis), juicio maligno y maledicencia, fruto de la envidia y la malevolencia. Un juicio malevolente de este tipo no está permitido por la misma ley de Dios, porque arrebata el derecho que sólo pertenece a Él. El mismo Señor lo señala. “No juzguen para que no sean juzgados”. “Si alguien ha calificado a su hermano como “necio” es culpable ante el juicio de Dios”.

Aquí el acontecimiento que describe el Señor sobre el rico, tenemos el juicio del mismo Dios; es decir, de Aquel que Su juicio es absolutamente justo, porque ante Él todo está clarísimo y desnudo; por lo tanto, abre los ojos del hombre, de modo que vea él el resultado de las decisiones y comportamientos de su vida. Y es el único juicio, porque emana de Su agapi (amor, energía increada) hacia Sus criaturas, es agapi infinita, por lo tanto interés genuino para ellas. Sólo aquel que ama puede también juzgar correctamente, más allá de las tergiversaciones por los movimientos pasionales de su corazón. Como lo dice el Señor otra vez: “No juzguen por la apariencia, sino juzgar o razonar con juicio sano y justo”. La infinita agapi increada de Dios, pues, demuestra también la veracidad de Su juicio.

2. Aún más: este juicio de Dios, tal y como se ve al acontecimiento de la parábola, suena muy triste, igual que una campana que suena la muerte de uno, no sólo no es verdadero, sino también definitivo e irrevocable: se dice en el momento de la muerte que el hombre no tiene más posibilidades de cambio. La muerte es el límite absoluto con el cual el hombre es juzgado para todo el contenido de su vida, lo que ha hecho, lo que ha dicho, incluso de lo que ha pensado. “Todos los hombres morirán y después resucitarán”, según el Apóstol. Lo que varias filosofías y religiones han enseñado sobre la transmutación del hombre, sobre reencarnación o metempsicosis de él, dentro de este mundo, son brebajes y tonterías que provienen del hombre oscurecido de los pecados y los pazos. La verdad que apocaliptó (reveló) el Señor es cristalina: el hombre después de su muerte es juzgado por el Dios, primero de forma parcial, y después en general, porque entonces con la Segunda Παρουσία (parusía) Presencia del Señor, será juzgado también en general; porque con Parusía (Presencia) del Señor resucitará también el cuerpo del hombre de modo que unido con su psique esté presente ante la atronadora presencia de Él. Pero este juicio general no será distinto que el primero. Simplemente será oficial y definitivo, porque coexistirá junto con la psique y el cuerpo. Por supuesto que este juicio conduce a la vida eterna o al infierno eterno, en el sentido de cómo el hombre “recoge” o recibe la una y uniforme agapi (amor, energía increada) de Dios hacia todos: sea positivamente, si se va de esta vida en metania; sea negativamente, si se va contrariado hacia el Dios o con indiferencia hacia Él.

3. Cuáles son las características de la vida del rico necio e insensato que le condujeron a la calificación de necio e insensato? ¿Cuándo uno es insensato y vive neciamente según el juicio del mismo Dios?

 (a) Por supuesto no porque fertilizaron sus tierras. Esta fertilización de sus tierras es una bendición que fue dada por el Dios –se ve que el rico no se había cansado y trabajado duramente – simplemente el Dios permitió a ocurrir esto, obviamente para darle la oportunidad de abrirse hacia sus semejantes. ¿Pero aquel cómo la utilizó? Absolutamente de una manera egoísta. Cinco mis o mi, del pronombre personal contamos en su reflexión problemática: “…¿dónde guardar mis frutos? …derribaré mis graneros, los ampliaré, y allí guardaré todas mis cosechas y mis bienes; y luego diré a mi psique-alma”. Todo gira sobre sí mismo, no hay ni huella de reflexión sobre cualquier prójimo con problemas, aunque sea un pariente suyo. Así su insensatez era la manera egoísta de pensar y de vivir.

(b) Este egoísmo suyo, como un giro enfermizo sólo hacía sí mismo, no contiene ninguna huella de referencia a Dios. Por costumbre, incluso hasta de hombres que no tienen ni idea sobre la fe en Dios, en sus momentos de felicidad escuchamos también un “gloria y gracias a Dios”. Aquí no hay nada de esto. Ninguna doxología o comentario que se refiera a Él: dijimos que la fertilización de sus tierras no tenía ninguna relación con trabajo y esfuerzo personal. Fue una donación de Dios. “Qué significa esto? Significa que su insensatez no había excluido sólo al prójimo, sino también al mismo Dios, el donador de su riqueza. Y esto realmente es lo que recalca el logos de Dios: “Dijo el insensato en su corazón: el Dios no existe”. Puede que teóricamente no sea oído el ateísmo del rico, pero esto se manifiesta claramente de la forma de su vida. Y esto es lo más determinante.

Pero la eliminación de Dios por el hombre trae ansiedad, angustia y depresión. La riqueza en vez de darle alegría –como oportunidad de ofrecer alegría a los demás, como dijimos- le añade tristeza, angustia y depresión. Este es el precio que paga uno por esta forma de vida egoísta, es decir, de la forma pecadora. Lo apunta el Apóstol Pablo: “tristeza, angustia y depresión le espera a todo aquel que trabaja el mal”. El rico insensato ya desde esta vida vivía las experiencias del infierno. Su camino era predestinado ya que no presentaba ninguna señal de metania (arrepentimiento, introspección y confesión). Además, su angustia y ansiedad por su “tener”, parecía que le “robaba” su mente: le imposibilitaba pensar lo evidente, es decir, que sus riquezas o cosechas se pudrirían cerradas en los almacenes. Por regla general el hombre egoísta pierde también su inteligencia.

(d) Pero esta insensatez consiste también en autoengaño e ilusión de su verdadera vida. El rico no tenía en cuenta el acontecimiento más seguro de su vida: la existencia de la muerte. Vemos que su problemática se mueve casi al nivel de la “eternidad” para él en la vida presente. “Psique mía tienes muchos bienes para muchos años”. Podríamos decir que estaba volando en las nubes. El plano fantasioso e imaginario es el espacio de su vida. Por eso el aterrizaje viene tan anómala y bruscamente para él.

4. Estos elementos principales de la insensatez del rico que conducen a un final trágico – no sólo viene la muerte, sino que viene con una escolta de potencias ajenas de Dios: “tu psique requieren de ti” (es decir, los demonios), por lo tanto indican también la continuación eterna fuera de Dios- nos conducen de nuevo a la señalización de los elementos contrarios que son elogiados por el Dios y pueden calificarse como sensatez y prudencia. Se trata del “enriquecimiento para Dios” que dice el Señor en la coda de la parábola, que hace al hombre que lo tiene encontrarse con el Dios y estar alegrándose y regocijándose perpetuamente con la alegría de Su presencia. ¿Cómo pues debe vivir el hombre, de manera que al final escuche con alegría que ha complacido a Dios? Por supuesto que se comporte bien frente a su semejante con su agapi desinteresada y el interés verdadero, a pesar de que esto pueda significar sacrificio para este. El ejemplo del buen Samaritano, tal y como dijimos, es un elemento de guía sobre esto. Segundo, es creer y amar a Dios. Para el hombre prudente el Dios no es una situación indiferente e inexistente, sino el centro de su vida. Por lo tanto, su prioridad es cómo será fundamentada incesantemente su vida, sus pensamientos y sus palabras, a la voluntad de Dios. Con el resultado de sentirse como hijo a los brazos del Padre. Tercero, el hombre prudente y sensato no vive con ansiedades, angustias e inseguridades, sino que la paz de Cristo que sobrepasa a todo espíritu premia al nus y el corazón de este. Finalmente, por supuesto que el sensato al que el Dios se gusta, tiene la percepción y sensación consciente de que es provisional y corruptible. “Cada día muere”, como dice el Apóstol, en el sentido que no tiempla la muerte, sino que la espera con alegría, conociendo que el mismo Dios llevará su psique y no unos que sólo desean y buscan su desgracia.

c. ¿Qué deseamos escuchar nosotros también de Dios al final de nuestra vida como juicio sobre ella? “¿Insensato o sensato?” La pregunta traspasa a: atesoramos para nosotros mismos o enriquecemos para el Dios? ¿Y es esto un desafío diario y constante en cada movimiento de nuestra existencia? En un caso es el peso específico del mundo con corruptibilidad y su agitación continua bajo el dominio del diablo, el príncipe de este mundo. En el otro caso es el peso específico del Dios y Su santa voluntad con todas las alegrías y doxas=glorias que acompañan Su presencia. Por supuesto que el cristiano no tiene problema: escoge siempre la voluntad de Dios. Es decir, no sólo lo eterno, sino también lo que le conviene verdaderamente de este mundo. Amín.

Padre Jorge Dorbarakis

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traductor: xX.jJ

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