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REQUISITOS Y PREMISAS PARA LA ZEOSIS

 Dicen ciertamente los santos Padres que dentro de la Iglesia podemos conseguir la zéosis. Pero la zèosis es don y regalo de Dios. No es algo que lo conseguimos nosotros solos. Naturalmente debemos querer luchar y prepararnos, así nos haremos dignos, merecedores y receptivos para recibir y guardar este gran regalo y don de Dios, puesto que Él no quiere hacer nada sin nuestra libertad. Sin embargo, la zéosis es regalo de Dios. Por eso los santos Padres dicen que nosotros por un lado la anhelamos y por otro Dios energiza, opera la  zéosis.

Distinguimos unos indispensables requisitos en el camino del hombre hacia la zéosis.

  a)   LA HUMILDAD

Según los Santos Padres el primer requisito para la zéosis es la humildad. Sin la bendita humildad el hombre no puede ponerse en la órbita de la zéosis, aceptar y recibir la divina χάρις (jaris), unirse con Dios. Y sólo con reconocer que la finalidad de su vida es la zéosis, se necesita humildad. ¿Por qué, cómo sin la humildad reconocerás que la razón y finalidad de tu vida está fuera de ti mismo, es decir, está en Dios?

Mientras el hombre vive de manera autónoma, egocéntrica, antropocéntricamente, y se coloca a si mismo como centro y finalidad de su vida, cree que puede autoperfeccionarse, autodefinirse, autoglorificarse. Además éste es el espíritu de la actual civilización, filosofía y política contemporánea. Que hagamos un mundo que sea mejor, más justo, pero autónomamente. Un mundo que tendrá al hombre como centro, sin ninguna mención y relación con Dios, sin reconocer que Él es la fuente de cada bien. Ese error también lo cometió Adán, que creyó que con sus propias fuerzas podía hacerse Dios, perfeccionarse y completarse solo. El error de Adán lo cometen todos los humanismos de todos los siglos. No consideran indispensable la comunión y la unión con Dios para la integración completa del hombre.

Todo lo ortodoxo es Zeoantropocéntrico, tiene como centro al Θεάνθρωπος (Zeánzropos, Dios-hombre) Cristo. Todo lo no ortodoxo, papismo, protestantismo, masonería, milenarismo tipo testigos de Jehová, ateísmo o cualquier otra cosa, fuera de la ortodoxia tiene este denominador común: el centro es el hombre. En nosotros el centro es el Zeántropos Cristo, Χριστός (Jristós). Por eso es fácil convertirse uno en hereje, sectario, milenarista, masón, o cualquier otra cosa, pero es difícil hacerse Cristiano Ortodoxo. Para hacerse Cristiano Ortodoxo tienes que aceptar que el centro del mundo no eres tú, sino Cristo.

Por consiguiente, el principio del camino para  la zéosis es la humildad, es decir, reconocer que el propósito y finalidad de la vida está fuera de nosotros mismos, está en nuestro Padre, nuestro Hacedor y Creador.

Se necesita aún mucha humildad para ver que somos enfermos, llenos de pazos-debilidades e impotencias, pasiones y apegos.

       Por otro lado, aquel que empieza el camino de la zéosis, debe de tener la humildad continua para mantenerse continuamente en esta vía. Porque si acepta el pensamiento de que con sus propias fuerzas se las arregla bien y progresa, entonces se introduce dentro de él el orgullo. Pierde lo que ha ganado y otra vez necesita empezar de nuevo, aceptar la humildad, ver su debilidad e impotencia, su enfermedad humana y no basarse y fiarse de si mismo. Necesita basarse en la Jaris la increada energía de Dios, para poder encontrarse continuamente en el camino de la zéosis.

Por eso en la vida de los Santos nos impresiona su gran humildad. Mientras estaban cerca de Dios, brillaban dentro de la luz de Dios, eran milagrosos, mirovlitas-perfumadores, al mismo tiempo se creían de ellos mismos que estaban muy abajo, muy lejos de Dios, que eran los peores de los hombres. Esa humildad era la que los hacia dioses por la Jaris.

  B)  ÁSKISIS.

Nos dicen también los Padres, que la zéosis tiene etapas.  Empieza de lo más bajo y avanza hacia lo más alto. Teniendo la humildad, empezamos por aceptar la metania (μετάνοια) y mucha paciencia en la lucha diaria en Cristo, en el ejercicio de aplicación de sus santos mandamientos, para limpiarnos - katartizarnos – de los pazos. Dicen los santos Padres que dentro de Sus mandamientos se esconde el mismo Dios, y cuando el Cristiano por amor y fe al Cristo los aplica,  practica y cumple, entonces se une a Él.

Ésta, según los santos Padres, es la primera etapa de la zéosis o glorificación, la cual se llama también “praxis” (acción, hecho). Es la educación práctica, el principio del camino hacia la zéosis.

Naturalmente esto no es nada fácil, porque la lucha es grande para desarraigar los pazos de nuestro interior. Es necesaria mucha labor, así poco a poco nuestro árido campo  interior se irá limpiando de las espinas y piedras de las pasiones y se cultivará espiritualmente, de forma que pueda caer la semilla del  logos de Dios y fructifique. Se requiere un grande y continuo ímpetu por nuestra parte, en  nosotros mismos, para conseguir todo esto. Por eso el Señor dijo que “la realeza de Dios se fuerza y los hombres que lo fuerzan, los rebeldes, la arrebatan”. (Mateo11, 12). Y de nuevo los santos Padres nos enseñan: “Da sangre y recibe Espíritu”, es decir, no puedes recibir el Espíritu Santo si no das la sangre de tu corazón en la lucha por katartizarte, limpiarte de los pazos, pasiones y apegos, para realmente confesarte (metania), arrepentirte y de verdad  adquirir los dones y las virtudes.

Todas las virtudes, son aspectos de una gran virtud, la ἀγάπη agapi-amor. Cuando el Cristiano adquiere esta agapi tiene todas las virtudes. Este  amor es el que expulsa la causa de todos los males y las pasiones pazos de la psique, y según los Padres es la causa de la φιλαυτία (filaftía, excesivo amor a uno mismo y al cuerpo, egolatría). Todos nuestros males interiores se originan por ella, que es un amor enfermizo de nosotros mismos. Por eso nuestra Iglesia tiene la áskisis. Sin ella, no hay vida espiritual, ni lucha, ni prosperidad. Obedecemos, ayunamos, nos cansamos en penitencias, nos agotamos, para poder alcanzar la limpieza de nuestras pasiones y apegos, los pazos. Si la Iglesia Ortodoxa deja de ser ascética, deja de ser Ortodoxa (Verdadera), deja de ayudar al hombre a liberarse de sus pazos pasiones y apegos, y a convertirse y hacerse dios por la Χάρις (Jaris).

Los Padres de la Iglesia desarrollan una gran y profunda enseñanza antropológica sobre la psique y los pazos del hombre. Para ellos, la psique se distingue en la parte logística y la parte pasional. La parte pasional contiene la parte irascible o afectiva (ira, enojo, odio, amor) y lo volitivo o anhelante (ansia, ilusión, deseo). En la parte logística están las energías lógicas de la psique, o sea los loyismí, los pensamientos. A la irascible corresponden los positivos y negativos sentimientos, emociones, el amor y el odio. En la parte anhelosa o volitiva están los buenos deseos de las virtudes y los malos deseos de las voluptuosidades, diversiones, avaricia, gula, culto al cuerpo, apegos materiales en general, los pazos carnales del cuerpo. Si estas tres partes de la psique, la logística, la irascible y la anhelante no se limpian o catartizan, no puede el hombre recibir en su interior la Jaris de Dios y conseguir la zéosis. Lo logístico se katartiza con la sobriedad (νήψις nipsis), que es continua vigilancia y examen de los loyismí del nus, aceptando y guardando los buenos, y rechazando los malos. La parte irascible se katartiza con la agapi-amor. Y la anhelante con la ἐγκράτεια (engratia, contención, autodominio y ayuno). Todas se catartizan o se limpian y se santifican con la oración.

   C)   LOS SANTOS MISTERIOS Y LA ORACIÓN

 Cristo se instala en el corazón del hombre a través de los santos Misterios con el Bautismo, la Crismación,  el Perdón por la confesión o Metania, la Divina Eucaristía. En los Cristianos Ortodoxos que están en comunión con Cristo, Dios y Su Χάρις (Jaris) está en su interior, en sus corazones, porque están bautizados, crismados, confesados y comulgados.

Pero los pazos cubren la divina Jaris como la ceniza cubre la chispa de la brasa. Con el ejercicio ascético y la oración el corazón se limpia o catartiza de los pazos y la chispa de la Jaris se reanima y el creyente siente a Cristo en su interior en el corazón que es el centro de su existencia.

Cada oración de la Iglesia ayuda a la kázarsis interior del corazón. Y particularmente ayuda mucho la oración de bendición u oración noerá, también llamada oración de corazón “Jesús Cristo Señor, Hijo de Dios, compadécete de mí, o de nosotros,”. Esta oración que desde siempre nos la entrega el Santo Monte Azos, tiene la siguiente ventaja: como es monóloga, es  decir, sólo una frase, nos ayuda a concentrar nuestro nus fácilmente. Así pues, concentrando nuestro nus,  lo sumergimos  interiorizándolo en nuestro corazón y cuidamos que allí no se ocupe ni preocupe de otras cosas y pensamientos, ni buenos, ni malos, sólo de Dios.

El ejercicio ascético de esta oración de corazón, que con la Jaris de Dios se puede hacer con el tiempo de manera continua, es toda una ciencia sencilla, un arte sagrado que los Santos de nuestra Fe describen detalladamente en sus escritos, como también en una gran colección de textos patrísticos,  la  Filokalía  (Amistad a la bondad y la belleza).

Esta oración, pues, ayuda y alegra mucho al hombre. Cuando el Cristiano avanza en esta  oración y a la vez su vida está de acuerdo con los santos mandamientos del Cristo y la Iglesia, entonces se hace digno de recibir la experiencia de la divina Jaris. Empieza a saborear la dulzura de la comunión con Dios, conocer por experiencia el “saboread y ved qué bondadoso es el Señor” (salmo, 33,9). Para nosotros los Ortodoxos, Dios no es una idea, algo que sólo pensamos o sobre lo que opinamos, discutimos o leemos, sino también es Prósopon Persona y Rostro, con el Cual entramos en comunión viva y personal, algo que vivimos y del Cual recibimos experiencia.

Entonces comprendemos la grande e inefable felicidad que es tener a Cristo en nuestro interior y ser Cristianos Ortodoxos.

A los Cristianos que estamos en este mundo, es de gran ayuda, en medio de los trabajos y preocupaciones de cada día, encontrar al menos unos minutos de serenidad y tranquilidad para ejercitarse en esta oración.

Por supuesto santifican a las personas también los actos y las obligaciones hacia Dios, cuando se hacen con humildad y amor. Pero también se necesita la oración. En una habitación tranquila (quizás sería mejor después de una lectura espiritual, tras haber encendido incienso y una  candil con aceite delante de un icono ortodoxo), cuanto más lejos posible de ruidos y ocupaciones, mientras nos serenamos y tranquilizamos el nus de  pensamientos ajenos, sumergiéndonos en lo más hondo de nuestro corazón diciendo: “Jesús Cristo Señor, Hijo de Dios, compadécete de mí, o de nosotros,”. ¡Cuánta  paz y fortaleza absorben y reciben las psijes con esta serenidad y tranquilidad en Dios! ¡Cuánta fuerza en el resto de las horas del día para que se mantengan pacíficas sin tensiones, sin nervios, ni ansiedad y tengan así todas sus fuerzas en unión y armonía!

Algunos buscan un poco de tranquilidad y serenidad psíquica, con medios artificiales y dentro de otros campos engañosos y demoníacos, como las llamadas religiones orientales. Intentan encontrar una tranquilidad y serenidad con ejercicios externos, dialogismos – yogas meditaciones, etc. para conseguir algo de equilibrio en su  psique y en su cuerpo. El error es que con todo esto el hombre, al esforzarse por dejar de lado diversos pensamientos y el mundo  material, esencialmente no dialoga con Dios sino que mantiene un monólogo consigo mismo. Y vuelve pues otra vez al antropocentrismo – egocentrismo y fracasa.

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