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LA HUMANIZACION DE DIOS, CAUSA DE LA ZEOSIS DEL HOMBRE

Dicen los Padres de la Iglesia que Dios se hizo hombre para convertir y hacer al hombre en dios. El hombre por si solo no podría conseguir la zéosis si Dios no hubiera tomado cuerpo humano.

En los tiempos que precedieron a la venida de Cristo aparecieron muchos hombres sabios y virtuosos. Por ejemplo, los antiguos Helenos habían llegado a un nivel muy elevado de filosofía sobre el bien, la bondad y sobre Dios. Su filosofía contenía semillas, gérmenes de verdad, el llamado “logos espermático, principio, raíz” *  Además eran hombres muy religiosos, no eran en absoluto ateos, como algunos  contemporáneos intentan presentarlos al no conocer bien las cosas. Ciertamente no conocían al verdadero Dios, eran idólatras, pero muy devotos, temerosos y respetuosos con dios o los dioses. Por eso algunos educadores, maestros, políticos, gobernadores, intelectuales, irrespetuosos con las memorias y origen de la raza Helénica, se empeñan en sacar de las entrañas de la psique de nuestro respetuoso pueblo su fe en Dios, particularmente sin el consentimiento del pueblo, ellos tienen el valor de cometer la  ”hibris” (injuria) * con el significado antiguo de la palabra. Esencialmente se atreven a la desehelenización del pueblo, si la Tradición de los Helenos, de nuestra antigua y nueva historia, es Parádosis (Entrega y Tradición) de devoción y respeto a Dios, sobre la cual se basó y sigue basándose, toda la cultura universal, que es una aportación del Helenismo.

En la filosofía de los antiguos Helenos se distingue una nostalgia para el Dios desconocido, para la experiencia de Dios. Eran devotos, creyentes, dios-céntricos pero no tenían el correcto e íntegro conocimiento de Dios,  faltaba la κοινωνία (kinonía) – comunión con Dios. No era posible la zéosis.

En el Antiguo Testamento también aparecen hombres justos y virtuosos. Pero la completa unión con Dios, la zéosis, se hace posible con la encarnación del Logos de Dios.

Este es el propósito de la Humanización de Dios. Si la finalidad de la vida del hombre hubiera sido solamente la mejoría ética o moral, no sería necesaria la venida de Cristo al mundo ni toda la historia de la divina Economía de la encarnación de Dios, su crucifixión, su muerte, la resurrección del Señor, todo en cuanto creemos los Cristianos que se hizo a través de Cristo. Porque también los Profetas, los hombres justos, los  filósofos y los maestros podrían enseñar a la raza humana para que se hiciera mejor éticamente.

Sabemos como Adán y Eva fueron engañados por el diablo y quisieron hacerse dioses, pero sin la colaboración de Dios, sin humildad, amor, ni obediencia, sino basándose en su propia voluntad y fuerza egoísta y autónoma. Es decir, que la esencia de la caída es el egoísmo. Así adoptando el egoísmo y la autosuficiencia se separaron de Dios y en vez de conseguir la zéosis, lograron justo lo contrario:  la muerte espiritual.

Tal como dicen los Padres de la Iglesia, Dios es vida. Quien se separa de Dios, se separa de la vida. Entonces, la muerte y la necrosis espiritual, es decir, la muerte espiritual y natural, fue el resultado de la desobediencia de los primer creados.

Todos conocemos las consecuencias de la caída. La separación de Dios arrojó al hombre a la vida materialista, animal o carnal y demoníaca. La brillante creación de Dios, cayó enferma de gravedad, casi muerta. Lo de “como imagen” se oscureció. El hombre después de la caída no tiene los fundamentos y premisas que tenía antes de errar, pecar, para avanzar hacia la zéosis.  En esta situación de grave enfermedad cercana a la muerte, ya no puede reorientarse hacia Dios. Se necesita una nueva raíz en la humanidad. Se necesita un hombre nuevo que sea sano y que pueda orientar otra vez la libertad humana hacia Dios.

Esta nueva raíz, el hombre nuevo es el Zeánzropos, (Dios – hombre), es Jesucristo, el Hijo y Logos de Dios, que se encarna para constituir la nueva raíz, el nuevo comienzo, el nuevo alimento de la humanidad.

Con la encarnación, sárkosis del Logos, como escribe san Gregorio el Teólogo, se realiza una segunda comunión de Dios y los hombres. La primera comunión fue la del paraíso. Ésta se malogró. El hombre se separó de Dios. Dios, la suprema bondad, propuso una segunda comunión, o sea una unión de Dios con los hombres, para que no pudiera desunirse más. Porque esta segunda alianza de Dios con los hombres se hace en el prósopon, la persona y rostro de Cristo.

El Zeánzropos Cristo, el Hijo y Logos de Dios  y del Padre, tiene dos naturalezas perfectas: la divina y la humana. Estas dos naturalezas se unen, “inmutablemente, inconfundiblemente, indivisiblemente, inseparablemente” en la Persona de Cristo, según el ilustre canon del 4º Santo Sínodo Ecuménico de Calcedonia, que en sinopsis, constituye la armadura teológica de nuestra Iglesia Ortodoxa contra todo tipo de sectas Cristológicas de todos los tiempos. Así pues tenemos un Cristo, con dos naturalezas: la divina y la humana.

Ahora ya la naturaleza humana y la naturaleza divina, por la unión hipostática (base fundamental, esencial, subsistencial) de ambas naturalezas en el prósopon rostro y persona de Cristo quedan definitivamente unidas para siempre, porque Cristo es eternamente Zeánzropos (Dioshombre). Como Zeánzropos ascendió a los Cielos. Como Tal se sienta a la derecha del Padre y vendrá a juzgar el mundo en su segunda Venida. De esta manera la naturaleza humana está entronizada en el seno de la Santa Trinidad. Nada puede separar ya la naturaleza humana de Dios. Por eso ahora con la Encarnación del Señor, por mucho que los hombres fallemos, erremos y pequemos, por mucho que nos apartemos de Dios, si queremos, mediante la μετάνοια (metania) podemos unirnos de nuevo con Dios, unirnos junto a Él, hacernos dioses por medio de la Χάρις (jaris).

* Logos espermático: Semilla, germen de verdad que sembró Dios en todos los hombres, en cambio toda la verdad la dio con el Cristo.

Hibris: Para los antiguos Griegos era, injuria contra la voluntad divina y el orden natural.

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