↑ Volver a La Zeosis

LA CONTRIBUCION DE LA ZEOTOKOS EN LA ZEOSIS DEL HOMBRE

El Señor Jesús nos da esta posibilidad para unirnos con Dios y retornar al objetivo inicial que había prometido para el hombre. Por eso se anuncia en la Sagrada Escritura como el Camino, la Puerta, el Buen pastor, la Vida, la Resurrección y la Luz. Es el nuevo Adán que rectifica el error del primer Adán: el primero nos apartó de Dios con su desobediencia y su egoísmo; el segundo Adán, Cristo, nos reintegra de nuevo a Dios con Su Amor y Su obediencia al Padre, obediencia hasta la muerte, “muerte en la cruz”. Orienta otra vez nuestra libertad hacia Dios, de manera que ofreciéndola a Él nos vamos uniendo con Él.

Pero la obra del nuevo Adán presupone la obra de la nueva Eva, la Παναγία (Panayía) Todasanta María,  quien también rectificó el error de la antigua Eva. Ella indujo a Adán a la desobediencia. La nueva Eva la Todasanta contribuye a la encarnación del nuevo Adán, quien conducirá a la raza humana a la obediencia de Dios. Por eso nuestra Señora Madre de Dios –  Zeotokos – aparece como la primera persona y rostro humano que consiguió la zéosis – de forma excelente e irrepetible- y jugó un papel en la obra de la salvación, no simplemente un papel básico, sino necesario e insustituible.

Si la Panayía, la Todasanta, con su obediencia, no hubiera ofrecido su libertad a Dios, según San Nicolás Cabásilas, el gran teólogo del siglo XIV, y no hubiera dicho “sí ” a Dios, Dios no hubiera podido encarnarse. Porque Dios, que dio libertad al hombre, no podría forzarla ni encarnarse si no se encontraba una mujer tan pura y casta, Todasanta, con psique sin manchas, como la Zeotokos, que ofreciese su voluntad, su libertad y todo su propio ser a Dios, de manera que Le atrajera hacia sí y hacia nosotros.

Debemos mucho a nuestra Panayía, Todasanta. Por eso la Iglesia la honra y es tan respetuosa con la Zeotokos. Por eso, San Gregorio Palamás, resumiendo la Teología Patrística, nos dice que la Panayía, nuestra Señora ocupa el segundo lugar después de la santa Trinidad, que es dios después de Dios, frontera entre lo creado y lo increado. “Preside a los salvados” como dice otro teólogo de nuestra Iglesia. San Nicodemo el Ayiorita, la nueva estrella inconfundible y maestro de la Iglesia, nos informa que las mismas legiones angelicales se iluminan con la luz que reciben de la Panayía.

Por eso nuestra Iglesia la alaba como “más honorada que los Querubines y más glorificada que los Serafines”. Por eso la encarnación del Logos y la zéosis del hombre es un gran Misterio de nuestra Fe y de nuestra Teología. Cada día lo vive nuestra Iglesia Ortodoxa con sus misterios, su himnología, sus iconos, con toda su vida. También la misma disposición arquitectónica de un Templo ortodoxo, lo testifica. La cúpula de las Iglesias, en la cual está pintado el Pantocrátor (Todopoderoso), simboliza el descenso del Cielo a la tierra y que el Señor “inclinó los cielos y bajó”, que Dios se hizo hombre y “habitó entre nosotros” (Juan 1,14).

  Puesto que se hizo hombre a través de la Zeotokos, la pintamos en la cavidad de la cúpula santa, para indicar que a través de ella Dios viene a la tierra y a los hombres. Ella es el “puente mediante el cual descendió  Dios” y “La que nos conduce de la tierra al Cielo”, la más Amplia de los cielos, el lugar de lo incontenible, inabarcable, que acogió dentro de sí misma al Dios incontenible para nuestra sanación y salvación.

A continuación nuestra Iglesia muestra las personas que adquirieron la zéosis, aquellos que se han hecho dioses por la Χάρις (Jaris), porque Dios se hizo como nosotros. Por eso en nuestras Iglesias ortodoxas podemos pintar no sólo a Dios encarnado, a Cristo y a su Madre Inmaculada, la Señora Zeotokos, sino también a todos los Santos alrededor y por debajo del  Pantocrátor. Todas las paredes están llenas de los efectos de la encarnación de Dios: los hombres santos y glorificados que consiguieron la zéosis.

Así pues, entrando en un templo ortodoxo y viendo las bellas hagiografías, iconografías, enseguida recibimos una experiencia: aprendemos cual es la obra de Dios para el hombre, cual es la finalidad de nuestra vida.

Todo en nuestra Iglesia habla de la Encarnación de Dios y de la zéosis del hombre.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies