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may 21 2014

La “Teologia de la Liberación”, ¿es Ortodoxa?

 

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SANTA METRÓPOLIS DEL PIREO 

¿EN QUÉ MEDIDA LA “TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN” ES “ORTODOXA”?

El Gran Sábado (19-4-2014) el periódico de Atenas “Amanecer Dominical” publicó un artículo del Sr. Ánguelos Gunopulos con el tema: “TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN: La Iglesia de los pobres o del laós-pueblo pobre”. Puso de relieve un aspecto del papismo, la llamada ” teología de la liberación “, que ha causado aquí en medio siglo muchos debates, y también desde el aspecto Ortodoxo. Estamos de acuerdo con los datos históricos del columnista y su posición de que el Cristo y Su enseñanza, se dirige hacia la sanación y salvación universal y entera del hombre, en la que está incluida también la liberación social. También estamos de acuerdo que la cacodemonía-malestar social del mundo es resultado de la caída del ser humano de su auténtica naturaleza divino-creada al pecado y los pazos.

Su esclavitud al pecado ha perturbado gravemente la relación armoniosa entre las personas y ha roto la unidad de la naturaleza humana, con los conocidos ya resultados trágicos de la injusticia social, de lo que testigo verdadero es la historia. Como hoy hay mucha confusión sobre lo que es Ortodoxo y auténtico y qué antiortodoxo y falso, nos pareció oportuno hacer una breve referencia a “Teología de la liberación” y evaluarla con base la única auténtica Teología de la Iglesia Ortodoxa, la Teología de los Santos y Teoforos Padres, la que posee, tiene y mantiene como tesoro precioso y como pupilas de sus ojos sólo la Iglesia Ortodoxa. (Teoforo=Portador de Dios de su increada energía y luz no de la usía-esencia).

La “Teología de la Liberación” nació en el seno del papismo, a mediados de la década del 1960 en América Latina. Ella apareció como un radical movimiento religioso y social, que puso de relieve la necesidad de reorientación del logos teológico, bajo la luz de la Biblia, ante los problemas cruciales y críticos de la sociedad contemporánea, (represión, injusticia social, almacenamiento de riqueza en manos de los ricos…). Se dio especial énfasis en los pasajes bíblicos que se denuncia el mal social y se muestra amor a los pobres, la justicia y la solidaridad social, por lo que tuvo un gran impacto en las clases sociales más bajas de la gente o pueblo pobre. Especialmente es inspirada en el libro del Éxodo, donde Dios se presenta como defensor y libertador de los Judíos del yugo tiránico y opresivo de los Egipcios. Según Gustavo Gutiérrez, sacerdote papista y teólogo papal, que es el líder de ese movimiento, “Cristo es ante todo Dios de los pobres”, “toda la Biblia, la historia de Caín y Abel, se caracteriza por el amor y la preferencia que Dios muestra a los débiles”. La “Cristología” de este movimiento gira principalmente en torno a la pregunta: “¿quién es el Cristo para los pobres de América Latina?” Con su eclesiolgía busca nuevas formas de vida eclesiástica, liberada del clericalismo del papismo, mientras que la “Esjatología” se desarrolla de una manera que no conduzca a la retirada de la historia, sino en el compromiso a una solidaridad activa. Realmente es un movimiento que es caracterizado de una orientación intensa de estado-social o estado de bienestar social mundano (secular) con absolutización de los problemas sociales.

La “Teología de la Liberación” nacida de las entrañas del papismo, es un testimonio más y rotundo de la quiebra del papismo en todos los aspectos. ¿Pero cómo ha llegado a esta degeneración? Vamos hacer una breve reseña histórica. El papismo una vez separado de la Una, Santa, Católica y Apostólica Iglesia ortodoxa de Cristo, ha caído en terribles cacodoxías y falsedades, cayó de la Divina Jaris (gracia, energía increada) y se transformó en un organismo estatal mundano. Estudiosos investigadores académicos, con puntal el memorable protopresbítero y profesor Juan Romanidis, ven al papismo como un renacimiento del pagano Imperio Romano con máscara, careto o disfraz cristiano. Los Francos ocupantes ilegales del Patriarcado de Occidente en el siglo 11º, han traspasado al Papismo el bárbaro espíritu del feudalismo y con el tiempo convirtieron la Iglesia en un sistema estatal tipo feudal. Con el tiempo fue desarrollado en un estado secular y sobre todo con el infame «Περί Περιβολής Αγώνα Lucha o guerra de las investiduras» el papa se puso el título de representante de Cristo en la tierra, reuniendo en su persona todos los poderes (espirituales y políticos). El Papa ponía, proclamaba y cesaba a los soberanos. Su super-estado era una ampliación de los estados feudales de la edad media, con absoluto poder feudal y tiránico del mismo. Las estructuras de clases sociales que aplicó, se fundamentaron en el autoritarismo estado-sacerdoto-totalismo de inspiración de los Francos, “Estado de Dios”: en la cima estaba el Papa, bajo de él el “colegio” de los Cardinales (carnivales), debajo de ellos los “obispos”, más abajo el clero papista y las órdenes monásticas. Sobre la base el laós-pueblo que no tenía otro papel que estar sometido al Papa y obedecer ciegamente ¡“el representante de Cristo a la tierra”! Aquí hasta ahora y durante más de mil años no ha habido una institución más autoritaria y absolutista que el papismo, quien efectivamente se vistió con la prenda “dogmática” y “sinódica” con la “primacía del poder” y la “infalibilidad” del “pontífice romano” en el primero y segundo sínodo Vaticaneo; de modo que con esto fueron desaparecidas las últimas huellas sinodales y de colectividad del papismo reciente. Esta estructura social del papismo totalmente sin libertad, fascista e integrista, a continuación fue transmitida a través de los europeos misioneros papistas colonialistas e imperialistas y pasó a los países de América Latina, a los que conquistaron. Los misioneros papistas con el fin de imponer y hacer cumplir el papismo a las poblaciones locales de estos países con el propósito de que sean conseguidos sus objetivos, no dudaron en recurrir a la explotación, la opresión, la trata de esclavos, incluso hasta la guerra entre poblaciones locales. Así ha nacido la “Teología de la Liberación”, como consecuencia natural de la tragedia social que vivía y vive el laós-pueblo en estos países. “Obispos” papistas Sudamericanos condujeron supuestamente espontánea a liberar las masas empobrecidas en nombre de Cristo. Muchos saludaron y apoyaron en esto sus esperanzas, considerándolo como una auténtica “revolución social cristiana”. En esta trampa desgraciadamente han caído también muchos Ortodoxos con sensibilidad social, viéndolo como un comienzo de una nueva época del dominio del mensaje social del Evangelio. Pero no pudieron discernir que se trataba de una maniobra tramposa del papismo feudal contra el aumento galopante del entonces marxismo, quien culminaba a la mitad del siglo 20 y suministraba con falsas esperanzas los pueblos empobrecidos. ¡Se hizo, como se ha visto y demostrado después, el rompeolas o dique fuerte contra el auge marxista en América Latina! ¡La demostración es que el “clero” papista que descubrió y dirigió el movimiento de la “Teología de la Liberación”, permaneció absolutamente fiel a la institución papista y su “teología”, quien es responsable de la estructura feudal y absolutista de las estructuras sociales actuales y de la edad media!

La “Teología de la Liberación” es totalmente extranjera a nuestra fe Ortodoxa y nuestro camino eclesiástico de dos milenios. Nuestro Señor Jesús Cristo no vino simplemente al mundo para traer nuevas maneras de organización de la vida social. No vino simplemente como un revolucionario social para liberar al hombre de las heridas y erradicar la explotación de los ricos hacia los pobres, la injusticia social, la opresión de los fuertes ante los débiles, la acumulación de la riqueza material en manos de pocos… El Hijo de Dios se hizo hombre para liberar entera y universalmente al hombre de la esclavitud y dominio de los pazos, de la esclavitud de la corrupción y la muerte. Dice el Señor: “Amín, amín, en vedad de verdad os digo y os aseguro que el que comete el pecado (y no hace la metania, confesión, penitencia, no se arrepiente) es esclavo del pecado… Por lo tanto, si el unigénito Hijo de Dios os liberare, seréis verdaderamente libres” (Jn 8. 34, 36). La Iglesia psalmodia: “Desde las alturas has descendido caritativo y has aceptado tres días de entierro, para liberarnos de los pazos…” Vino a sanar y salvar a todo Adán (o todos los descendientes de Adán), sin distinción de clase social, situación económica u origen étnico. “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal 3,27), proclama Pablo. De esta liberación tiene necesidad, ante todo, el hombre. Sin esta liberación cualquier otro intento de liberación social resulta inútil, fútil y vano esfuerzo. Mientras que cuando existe como condición la espiritual, entonces viene como natural consecuencia también la otra, la social. Cuando se ha liberado el corazón de la filaftía (egolatría) y del egocentrismo, cuando ha aprendido a amar al prójimo “como a sí mismo”, entonces se solucionan inmediatamente todos los problemas sociales. Por ejemplo las llamadas “ágapes” en la Iglesia primitiva, donde “la multitud de los que habían creído era de un corazón y una psique- alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común… Así que no había entre ellos ningún necesitado” (Hec 4,32-33). Las propiedades compartidas de los años apostólicos continúa y se conserva hasta hoy en nuestros monasterios cenobios, que constituyen el ideal de la vida social de la Iglesia y la base sobre la que se puede sostener una sociedad ideal.

La Iglesia no absolutiza los sistemas sociales y las reformas sociales, simplemente porque conoce que todas estas cosas por sí solas son débiles e incapaces de acercarse a la causa del mal y combatirla. La Iglesia da prioridad a la persona, en la necesidad de la metamorfosis (conversión, transformación) del hombre, que es la condición imprescindible para el funcionamiento eficiente de los sistemas sociales. Mientras el hombre se limita al nivel social, sin ir a lo ontológico, inevitablemente es conducido a la frustración y la decepción. Pero esto no significa que la Iglesia es indiferente para las instituciones sociales opresivas, la injusticia social, la tiranía, la explotación… El Dador de nuestra Iglesia truena rotunda y fuertemente que “¡cuán difícilmente entrarán en la realeza increada de Dios los que tienen riquezas!” (Lc 18,24). Los Santos Padres en sus escritos y en sus servicios pastorales con mucha severidad reprochan y condenan la ambición, la codicia y la avaricia de los ricos y de cada forma de injusticia social, mientras paralelamente se dedican en obras de filantropía y solidaridad social, pero sin pensar nunca en convertir la Iglesia en estructura social. Os remitimos indicativamente a las homilías de san Basilio el Grande: “Hacia los ricos”, “En el pasaje, derribaré mis almacenes, “En hambruna y seguía” y en multitud de referencias sobre estos temas de san Juan Crisóstomo en sus homilías de sus obras hermenéuticas.

Terminando nuestro breve comentario, apuntamos que el papismo fue la funesta institución fatal para la humanidad. No fue ni es simplemente una herejía que ha tergiversado las verdades de la fe más que cualquier otra herejía, sino que fue y es incluso una fuente inagotable de prácticas inhumanas y antisociales. ¡Testigo verdadero es la historia que testimonia el pasado y el presente criminal del papismo! Los Judíos contemporáneos del Señor preguntaban: “de Nazaret puede salir algo bueno? (Jn 1,47). Y nosotros preguntamos: “¿Del papismo, la raíz de todas las confusiones, engaños y males de la humanidad, puede salir algo bueno?”

De la sección sobre herejías y religiones falsas.

El responsable: Archimandrita Pablo Dimitrakópulos.

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