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oct 26 2013

La libertad de la muerte

 

Cristo Lanza copia

 

La libertad de la muerte

 

a) Independencia y muerte, según san Juan Damasceno

b) La entrada de la muerte según san Gregorio Palamás 

c) Pecado y muerte 

d) Superación de la muerte

3. Libertad del nus

En toda la tradición Bíblico-patrística se ve claramente que la muerte es fruto y resultado del alejamiento del hombre de Dios y que la vida en Cristo es la superación de la muerte. La muerte provino de la libertad y la independencia del hombre. Y el hombre con la vida eclesiástica puede adquirir la libertad de la muerte. Desarrollaré el tema de la muerte dentro de la perspectiva de dos grandes Padres de la Iglesia, o sea, de san Juan el Damasceno y san Gregorio Palamás, que han escrito y sistematizado toda la enseñanza de los santos anteriores a ellos.

a) Independencia y muerte, según san Juan Damasceno

Según san Juan Damasceno, la independencia del hombre con la cual fue dotada por Dios, ha dado la posibilidad al hombre a pecar o no pecar. El santo escribe que Dios ha formado al hombre «por naturaleza, sin pecado y voluntad independiente». Cuando dice que hizo al hombre sin pecado, no quiere decir que no le afectaba el pecado, puesto que sólo lo divino es inafectado del pecado, pero «no tiene el pecado por naturaleza sino más bien por intención, por deseo de la voluntad.» Es decir, el hombre no tiene en su naturaleza la tendencia de pecar sino en su deseo o intención. Esto significa que el hombre tenía el poder de permanecer y progresar en el bien con la energía (increada) de la divina Jaris, como también tenía el poder de alterarse del bien hacia el mal por la independencia que fue dada por Dios.

Así, la fisis, la naturaleza del hombre inmediatamente después de la creación estaba sin pecado, pero su voluntad era independiente, es decir, tenía la posibilidad de permanecer en el bien y alejarse de Dios. Por eso, también, la muerte vino como resultado del mal uso de la independencia, puesto que el hombre con su libertad violó la voluntad de Dios. Por lo tanto, el hombre fue constituido con la posibilidad de permanecer inmortal o morir. Y eso depende del buen o mal uso de su libertad.

Esta libertad tenía relación con lo lógico (la parte lógica de su psique). Explicando san Juan Damasceno por qué causa hemos sido creados independientes, dice: «inmediatamente lo lógico se introduce en la independencia». Entonces cada creación es también cambiable, modificable. Modificación o cambio es la creación del no ser al ser y génesis de una cosa es desde la materia preexistente. Las cosas sin psique y los animales ilógicos cambian o se alteran sobre sus alteraciones corpóreas, en cambio los seres lógicos se alteran sobre su voluntad o intención. Así que el deseo, la voluntad y la elección que conecta con lo lógico es atributo indispensable de la existencia creada, que ha sido creada desde cero. Como la independencia conecta con lo lógico, por eso el ser lógico es dueño de sus praxis (actos) y de la independencia. Los seres animales o sin lógica no son independientes, puesto que están conducidos por la naturaleza o el instinto animal en vez de conducirla. Esto se ve en que no resisten al apetito natural, sino que apenas deseen algo, inmediatamente se lanzan a su realización. Pero el hombre, como es lógico, más bien conduce la naturaleza y no es conducido por ella. Esto se ve cuando uno tiene apetito, puede retenerlo y superarlo.

Así, el hombre es independiente, porque es creado y cambiable o alterable. Esta independencia conecta con la lógica. El hombre pecó y murió primero espiritualmente y después somáticamente se hizo mortal y paciente o pasional. Esto es la conjunción de su libertad. Dios no ha creado al hombre para morir, sino el hombre ha muerto porque utilizó equivocadamente su libertad.

A continuación veremos también la enseñanza de san Gregorio Palamás sobre la muerte y la manera en que vino al mundo.

b) La entrada de la muerte según san Gregorio Palamás

San Gregorio recordando el pasaje hagiográfico «Dios no ha creado la muerte, ni cambia, en perdición de los vivos» (S. Sol 1,13), escribe que Dios no creó la muerte, y tampoco es el causante de los males que siguieron a la muerte, es decir, las enfermedades y todos los demás males. Todos los males que sufre el hombre provinieron del pecado que cometió por su libre elección. Dice característicamente: “Por el pecado hemos tenido que vestir con las prendas de piel, este cuerpo enfermizo, doloroso y mortal, y hemos pasado a este mundo provisional, y nos hemos condenado a vivir con múltiples pazos con una vida de muchas desgracias”. Las prendas de piel que hemos vestido son lo paciente o pasional y lo mortal, son el resultado del pecado que se hizo por nuestra elección y libertad.

Dios no sólo no ha creado la muerte, sino que impidió que viniera al mundo. Como el hombre era independiente, Dios no quiso anular su independencia, esto significaría la catástrofe, por eso inmediatamente después de su creación introdujo el consejo inmortal. El consejo fue que no comieran de la fruta prohibida, esto se califica como mandamiento vivificador, porque se trataba de conducir al hombre a la vida e impedir que caminara hacia la muerte. No ha dado este mandamiento autoritariamente, sino que “ocurriría a causa de la infracción”. Y ha dado el mandamiento de que morirán en el día que comerán, de manera que guardando el mandamiento evitarían la infracción y así no caeríamos en la muerte.26

Dios hablando sobre la muerte que ocurriría si quebrantasen Su mandamiento, daba a entender la muerte somática o corporal y la espiritual. Pero en el día que pecarían ocurriría la muerte espiritual y a continuación la corporal, porque el día que saborearon la fruta prohibida no murieron somáticamente, sino espiritualmente. La muerte espiritual es el abandono de Dios, exactamente cuando la ausencia de luz crea la oscuridad. Cuando Dios está presente, entonces es imposible para el hombre vivir en la muerte. Escribe san Gregorio Palamás: “Dios siendo autovida y vida de todos los vivos, y sobre todo los que viven divinamente, está presente en nuestra psique, entonces en ella es imposible estar también la muerte. Así se introduce la muerte en la psique, “no tiene el nacimiento desde Dios, sino que es de la causa del abandono de lo divino, que es el pecado”27. Se ve de esta enseñanza que la causa de la muerte es el pecado y naturalmente el pecado conecta con la independencia, con el poder del hombre a pecar o a guardar el mandamiento de Dios, permanecer o abandonar a Dios, que es la vida pragmática enhipostasiada (personificada).

c) Pecado y muerte

Con todo lo que hemos dicho hasta ahora vemos que la muerte provino del pecado, pero se tiene que añadir que el pecado domina sobre la muerte. Es decir, existe una interdependencia entre pecado y muerte. El Apóstol Pablo escribe: «a fin de que, como el pecado reinó en la muerte, así también reinase la gracia por la justicia para la vida eterna mediante Jesús Cristo, Señor nuestro» (Rom 5,21). En otro punto el mismo Apóstol sugiere: «No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus deseos y concupiscencias» (Rom 6,12). Y el mismo dirá característicamente: «Ya que el centro del aguijón de la muerte es el pecado» (1ªCor 15,56).

En estos pasajes apostólicos el pecado conecta con la muerte y se dice que el centro de la muerte es el pecado, como también el pecado reina en la muerte y en el cuerpo mortal. Así todo el mundo de los sentidos, de la mortalidad y de la fantasía, es una cárcel que tiraniza al hombre. El hombre grita para la libertad y los derechos individuales, pero en realidad está atado en la corrupción y la muerte. Esta realidad expresa el Apóstol Pablo en toda su tragedia: «Veo otra ley en mis miembros que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? (Rom 7.23-24).

Creo que sería importante ver con un poco más de amplitud como el pecado reina en la muerte, es decir, cómo el pecado y el carácter trágico del hombre, provienen de la mortalidad y de la corruptibilidad con la vivencia de la muerte. Porque el sentido y la certeza de la muerte conducen al hombre a cometer muchos pecados. Podemos decir con certeza que la vivencia y el sentido de la muerte son la fuente de muchas anomalías tanto personales, psíquicas, como sociales.

El hombre a causa de la muerte y de su inseguridad y también de sus múltiples consecuencias que son las enfermedades y todas las demás calamidades, se sobrecoge con miedo y agonía, y generalmente con el instinto de autoconservación28. El esfuerzo de autoconservación desarrolla la filaftía (egolatría, excesivo amor a sí mismo y el cuerpo), por la cual, el hombre rompe los lazos de la agapi (amor), en realidad, expulsa la agapi desinteresada y toma la interesada. Todo lo que hace, lo realiza dentro del clima de la filaftía, egolatría y el interés propio. Así se desarrollan muchos pazos, como la autoproyección, el egoísmo, el odio, la envidia y tantos más.

Por lo tanto, la propiedad, las injusticias, la falta de agapi real, el homicidio y tantos males más, que son la fuente también de muchas otras anomalías, provienen de la vivencia de la muerte.

Como en su interior domina la muerte en toda su “grandeza”, ve que el pecado conecta con la misma mortalidad y considera su vida sin sentido y significado, por eso intenta y hace de todo para convencer a los demás que él vale mucho y tiene un valor especial. De esto provienen muchos males. “Ama los halagos y teme los insultos. Busca lo suyo y tiene envidia de los éxitos de los demás. Ama a los que le aman y odia a los que le odian. Busca la seguridad y el placer material y carnal en las riquezas, o quizás aún se imagina que su destino es un disfrute interesado de la presencia de Dios, sin tener relación hacia toda declaración de activa y real agapi desinteresada hacia los demás. A causa de su agonía y miedo, el hombre, se constituye en individualista. Y cuando aún se identifica sobre la ideología de propiedad común (no monástica –ascética), otra vez se mueve por la propiedad individual, puesto que toma como deseo suyo la autosatisfación y el placer como su destino verdadero. Es posible que le entusiasmen algunos principios idealistas sobre la agapi vana e indefinida hacia la humanidad, a pesar del hecho de que en su corazón anide el odio mortal para su prójimo. Estas cosas son obras del cuerpo (carne) que se encuentra bajo el estado de la muerte y del satanás.29

La vida del hombre bajo la influencia de la muerte y la ley del pecado se hace insoportable, cansada y pesada, se convierte en una vida sin sentido y sin finalidad. El hombre se ha formado con la posibilidad de permanecer inmortal y vivir eternamente con Dios. Pero con el pecado perdió su destino, con el resultado de probar una experiencia terrible, incluyéndose en la muerte y la corruptibilidad. Al conocer que la finalidad de su creación era distinta (antes del pecado), por eso queda insatisfecho y le es difícil de gobernarlo. No se contenta, ni se satisface por nada, no descansa con cualquier bien. Puede disfrutar todos los bienes materiales, pero sin la superación de la muerte es un hombre trágico. Así se explica porque esté siempre poseído de quejas. El hombre que está esclavo en la muerte no tiene nada de libertad, es una existencia trágica, un hombre continuamente insatisfecho. El teatro, la diversión, la cultura, etc. son un pequeño descanso en la tragedia de su vida. Por eso la educación, la psicología, la filosofía, en general, todas las energías y actos humanos no pueden ayudarle eficazmente, ni desarrollarle enteramente.

Dentro del carácter trágico de este estado, el hombre pretende olvidar la muerte. Es también esto una manera de huida de la realidad y de la tragedia de la muerte. Pero esto aumenta el problema y el carácter trágico. El rechazo y el olvido de la muerte conducen al hombre a una vida sensiblera, al consumo y en una manera de vida que consiste solamente al disfrute de la materia. “El autonomizado consumo, como contenido básico de la vida, corresponde totalmente a la plena necesidad del hombre en tener y disfrutar sensualmente olvidando su mortalidad. Esta manera de vida que se llama cultura del consumo, esta “ciencia” indefinida y fantasiosa (que no tiene ninguna relación con la ciencia y la investigación) resuelve superficialmente todos los problemas metafísicos del hombre medio, y presenta la muerte como un final fisiológico de la existencia biológica y el hundimiento trágico en una inexistencia. Finalmente, como último impedimento, acude al progreso de la ciencia, pensando que no puede ser esto y que alguna vez esto también se resolverá por la ciencia.

d) Superación de la muerte

Los terribles resultados de la muerte y su carácter trágico, se superan con la Resurrección de Cristo y en general, estando y participando en la vida de la Iglesia. Puesto que el centro de la muerte es el pecado, esto significa que anulando el pecado se anula también la muerte en los límites de la vida personal, y así el hombre ya, desde esta vida, disfruta de la inmortalidad. Porque la inmortalidad no es simplemente un estado natural de la psique, no es solamente la vida más allá del sepulcro, sino la superación de la muerte por la vida en Cristo.

El Apóstol Pablo se refiere sobre el pecado que es el centro de la muerte, dice: “Cuando este ser corruptible se revista de incorruptibilidad, y este ser mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: La muerte ha sido devorada por la victoria; ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? El aguijón o centro de la muerte es el pecado…” (I Cor 15, 54-56). Es característica la interpretación de san Juan Crisóstomo, de acuerdo con la cual, no sólo se anuló la muerte con la resurrección de Cristo, sino que desapareció también la fuerza del pecado. Por eso aquel que vive la vida en Cristo no tiene miedo a nada, es superior a todo, y más libre que nadie. Por lo tanto, es la verdadera libertad de la muerte y del pecado.

El hombre que vive dentro de la Iglesia con la vida mistiríaca (participando en los Misterios) y la ascética, niega el centro de la muerte, es decir, el pecado. Si pensamos que en toda la tradición patrística se ve que el pecado es el oscurecimiento del nus (corazón o la psique), por el cual el oscurecimiento, se crean los pazos, entonces la libertad de la muerte y del pecado es la iluminación del nus. Esto significa que el hombre pasa el primer estadio de la catarsis (sanación, purificación), expulsa todos los loyismí del corazón, se libera de la hidoní (placer carnal) y la odini (la pena o aflicción) y a continuación vive la iluminación del nus, entonces vive la libertad real como superación de la muerte. En esto consiste todo el esfuerzo del Cristiano y en esto aspiran los Misterios y la ascesis.

El Cristiano dentro de la Iglesia, en principio vive la memoria de la muerte. No sólo no busca olvidarse de ella y hacerla retroceder al subconsciente, no sólo no niega la realidad y el carácter trágico de la muerte, sino que la recuerda continuamente y de esta manera adquiere una naturalidad, porque el sentimiento de mortalidad y corruptibilidad sugiere la veracidad.

La memoria de la muerte que es el principio de la libertad del hombre y de su carácter trágico, se entiende en dos interpretaciones.

Primera es la memoria de la mortalidad y la certeza del final de la vida teológica (porque los hombres somos seres teológicos). Esta memoria, combinada con la existencia de la psique, después de la muerte y el juicio parcial que hay después de la salida de la psique del cuerpo y la resurrección del cuerpo que se produce durante la segunda Presencia de Cristo, para que sea juzgado enteramente el hombre, crea miedo, pavor y temor. El hombre medita cada pecado y los pazos que cautivan la psique y recuerda la enseñanza de Cristo y de los Apóstoles, sobre la vida de los pecadores, los no arrepentidos, y se sobrecoge de miedo y temor. El miedo y temor de los que empiezan en la vida espiritual. Este temor aumentado y conectado con la esperanza en la agapi (amor) de Dios y el sentimiento de la Iglesia como un Hospital, le conduce a la terapia y a la agapi, la cual “expulsa fuera el miedo” (1ªJn 4,18). Así existe el miedo de los principiantes, que empieza por el Juicio futuro y la realidad del Infierno, y también el miedo de los perfectos que este conecta con el sentido de la agapi de Dios. En este segundo estado el hombre teme al pecado, porque conoce que le conduce lejos de Dios y le crea el sentimiento y la sensación del infierno.

Segunda interpretación de la memoria de la muerte es el estado carismático de la memoria de la muerte. El hombre, con el abandono de la divina Jaris (increada energía) cae en el agobio y en la desesperación por Dios. Tal como el pecado de Adán tuvo consecuencias en toda la creación, así también el pecado del hombre, es decir, el oscurecimiento del nus, tiene consecuencias cosmológicas. Él mismo se siente que está muerto para Dios, y naturalmente, ve a todo el mundo muerto. Nada ni nadie le ofrece alegría, paz y felicidad. Todo está muerto. De esta manera entiende que existencialmente es un microcosmos dentro del macrocosmos, el resumen de toda la creación. Puesto que la Jaris de Dios viene en el corazón y por el corazón se va repartiendo al cuerpo y al mundo entero. La pérdida de la divina Jaris tiene resultados conmovedores en todo el mundo, esto demuestra que el hombre es el resumen de la creación.

Cualquiera podrá decir que el pecado que cometemos es peor que el pecado de Adán. San Gregorio Palamás dice que muchos acusan a Adán porque con el consejo del diablo violó el consejo de Dios y por esta infracción provocó nuestra muerte. Pero dice el santo, no es lo mismo que uno quiera saborear el fruto mortal de la planta sin antes conocer sus resultados catastróficos, de saborear este veneno mortal, mientras no conozca por su experiencia sus terribles consecuencias. Lo mismo ocurre con nuestro pecado en relación con el pecado de Adán. Adán pecó sin conocer empíricamente, por experiencia propia, qué era el pecado exactamente y cuáles serían sus terribles resultados; en cambio nosotros cometemos el pecado sabiendo y teniendo experiencia de este.  Por eso san Gregorio Palamás dice epigramáticamente: “Por eso, cada uno de nosotros, es más digno de juicio y criticable que Adán.”37.

La memoria de la muerte, sea como experiencia viva de nuestra mortalidad, sea como sentido de la pérdida de la vida divina y la mortificación, es un carisma espiritual y por lo tanto, es la experiencia vivida de nuestra superación de la muerte y nuestra libertad de su opresión. Porque esta vivencia o experiencia con sus dos formas, no se hace independiente de la Jaris de Dios. Sólo con la inspiración de la divina Jaris puede el hombre vivir y experimentar este tipo de situaciones y sólo de esta manera empieza a liberarse del carácter trágico de la muerte. Por eso, también los modos de vida que están basados sobre la memoria de la muerte, culturas “tanatocéntricas”, consisten en una naturalidad y veracidad, y describen los límites naturales de la vida del hombre. Fuera de estos marcos no pasan ni experimentan la verdadera vida. Con el sentido de mortalidad, el hombre se hace más sociable y metamorfosea, cambia, sus relaciones interpersonales.

San Filoteo el Sinaita escribe que la memoria de la muerte es contenedora de muchas virtudes. La memoria de la muerte es genitiva de luto, incitación a la engratia (autodominio y ayuno), madre de la oración, fuente de lágrimas, guardián del corazón, desapego de las cosas terrenales y materiales, fuente de inteligencia con discernimiento. Hijos de todos estos es el doble temor en Dios, de la catarsis de los malos loyismí del corazón y contenedor de muchos mandamientos hegemónicos.38 (Filocalía t.2º pág 286, v. 88)

La liberación de la muerte se hace con la vida en Cristo, cuando el hombre siente dentro de su corazón paz irreducible, amor para con todos los hombres, aún hasta con sus enemigos, liberación de toda tiranía que quiere imponerse a las creaciones e incesante memoria hacia Dios.

Me gustaría a continuación, que veamos algunos puntos característicos que manifiestan la liberación del hombre de su terrible tiranía.

Lo primero es que el hombre no tiene miedo a la muerte y tampoco al momento en que se produce. La espera y no está poseído de la tiranía del miedo a la muerte. Naturalmente esta espera no se entiende en el aspecto de que busque la liberación de la psique del cuerpo, tal como enseñaban los filósofos Platónicos, sino como posibilidad de encuentro con Cristo y la liberación de los cambios y las alteraciones que hay en la vida biológica. Puedo añadir que se alegra por la hora inminente. Esto lo expresa el Apóstol Pablo: «Que para mí la vida es Cristo, y la muerte, ganancia. Y aunque vivir en el cuerpo es trabajo fructuoso, todavía no sé qué elegir. Por ambas partes me siento apremiado; de un lado, deseo morir y estar con Cristo, pues esto es con mucho lo mejor; pero permanecer en el cuerpo es más necesario para vosotros» (Fil 1, 21-24).

Segundo es la prognosis de la muerte. Existen muchos Santos, antiguos y nuevos, los cuales fueron dignos de Dios ver la hora de su muerte y prepararse para ella. La vieron y la esperaron alegres.

Tercero es poder afrontar la muerte cuando viene. San Atanasio el Grande describe el bienaventurado final de san Antonio el Grande. Mientras que san Antonio conversó con los allí reunidos, les abrazó viéndoles como amigos, y llenándose de alegría y con su cara iluminada, se fue, salió y fue añadido a los Padres.39

Cuarto, es la doxa-gloria del hombre que venció el pecado y la muerte durante su salida de esta vida. Ejemplo característico es el de Sisois el Grande: «Cuando se trataba de morir, mientras se encontraban muchos padres cerca de él, se iluminó su rostro como el sol. Entonces el abad dijo: He aquí, veo que ha venido el abad Antonio. Después de un rato dijo: He aquí, veo que ha venido el baile de los profetas y otra vez más se iluminó su cara como el sol… Después de un rato dijo: He aquí, ahora veo el baile de los Apóstoles y creció por doble la brillantez de su cara. Después los allí presentes viendo al Abad Sisois conversar, le preguntaron con quién estaba conversando. Él contestó: Han venido los ángeles a recoger mi psique y yo les ruego que me dejen un poco más para hacer metania (arrepentirse). Y cuando los padres le dijeron que no tenía necesidad de metania, él contestó. “Aún no he empezado a hacer la metania, naturalmente”. Con esta frase los padres entendieron que había llegado a la perfección. Entonces inmediatamente su rostro se convirtió como el sol. Y dijo a los presentes: “Veis, el Señor ha venido, y dice, traedme el recipiente del desierto”.» Inmediatamente entregó su espíritu. Y se hizo como un rayo llenándose toda la casa de perfume.

Quinto punto, característico de la bienaventurada muerte es el martirio de un santo. Es realmente un carisma la muerte por martirio, porque no se trata de la fuerza de voluntad, sino de experiencia de zéosis o glorificación, es decir, al hombre con zéosis está clara la superación de la muerte. Realmente el martirio es fruto de la zeoría, contemplación, muestra que el Cristiano se ha unido con Cristo y ha recibido la jaris (energía increada) del martirio. Esto significa que la experiencia de la zéosis metamorfosea la psique y el cuerpo. Pero el martirio es carisma de la bienaventurada muerte y muestra de su superación, de acuerdo con una explicación que da san Gregorio Palamás.

Hablando san Gregorio Palamás sobre san Juan el Precursor y a causa de su decapitación, escribe que el Bautista de Cristo “no tenía necesidad de sufrir la muerte natural”, porque la muerte es resultado de la infracción de Adán. Pero san Juan el Bautista no es deudor, puesto que es obediente al mandamiento y obediente a Dios desde el vientre de su madre. Los Santos, en general, dan sus vidas por la virtud y la piedad, por eso para ellos es mejor la muerte con sacrificio que la buena. Por eso, el Cristo también ha muerto de esta manera. Ya que en los santos, el centro o aguijón de la muerte, que es el pecado, la manera más natural de salida de esta vida es por el martirio, la muerte violenta.

Los santos inspirados por la divina Jaris de Dios se liberan de la tiranía de la muerte. Esto no es un hecho fantasioso, sino realidad, porque tiene relación con la liberación del hombre del mismo pecado y la liberación del nus de la lógica, los sentidos y la fantasía.

3. Libertad del nus

La libertad de la muerte y del pecado conecta y se vincula estrictamente con el nus y su liberación del pecado. Con este sentido se entiende la libertad en el Nuevo Testamento, particularmente en las epístolas de san Pablo.

a) Libertad y nus

El primer pasaje es: «…liberados ya del pecado, os habéis hecho esclavos de la justicia…Pues, cuando erais esclavos del pecado, erais libres respecto de la justicia; ¿Y qué frutos obtuvisteis entonces? ¡Aquellos de los que ahora os avergonzáis, ya que su fin es la muerte! Pero ahora libres del pecado y esclavos de Dios, fructificáis para la santidad, cuyo fin es la vida eterna» (Rom 6, 18-22).

Aquí, para el Apóstol Pablo, la esclavitud conecta con la esclavitud de los pazos y las obras de la carne, de la cual, el final es la muerte, en cambio la libertad del hombre conecta con la catarsis (sanación, purificación) de los pazos, la santidad y la misma libertad, el fin es la vida eterna. En la enseñanza del Apóstol Pablo la libertad es en realidad la liberación del nus de la influencia de los pazos y esto supone la iluminación del nus.

San Nicodemo el Agiorita interpretando este pasaje dice: «Tres son las libertades según Koresios; libertad de la fisis, naturaleza; libertad de la jaris; y libertad de la doxa-gloria y bienaventuranza. La libertad de la natura se contrapone en la violencia, y dirige la tendencia hacia un bien, y crea la independencia; la libertad de la jaris se contrapone al pecado y los pazos, y hace al hombre justo y santo; y la libertad de la doxa-gloria se contrapone a la muerte y las tentaciones de la vida presente y le convierte en bienaventurado. Aquí el logos del Apóstol Pablo es sobre la liberación del nus».42 Por lo tanto, se trata sobre la liberación del nus.

El segundo pasaje de san Pablo es: «Porque el espíritu de la vida en Cristo me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.» (Rom 8,2). Si uno conecta este pasaje con todos los demás del mismo capítulo, comprobará que se trata de la liberación del nus de los pazos y de la lógica (razón) y sobre la iluminación del nus. Así en el mismo capítulo se habla sobre la conducta de la carne, y la actitud del espíritu que es vida y paz (Rom 8,6); para el espíritu de Dios que habita dentro del hombre y le constituye en hijo de Dios (Rom 8, 14-16); para la oración noerá o del corazón, que se hace con el Espíritu Santo dentro del corazón, «…en el que clamamos: ¡Abba, el Padre!» (Rom 8,15); por el que el Espíritu Santo ora en nuestro interior, «…pero este Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables» (Rom 8,26). Por lo tanto la libertad, en realidad es la liberación del nus de los pazos y en esto es lo que consiste la iluminación del nus.

Dentro de estos marcos interpretan también los Padres los pasajes relativos del Apóstol Pablo. Según san Gregorio el Sinaita, tal como la ley de la letra está activada al cuerpo, así la ley del Espíritu es ley de vida, energizando, activando y clamando en el corazón. Y mientras la ley de la letra se trabaja por el hombre fariseo, en cambio la ley del espíritu libera el nus de la ley del pecado y la muerte43. Y san Nikitas Stizatos dice que aquel que sana los pazos mediante las virtudes correspondientes transforma la conducta terrenal en ley de espíritu de vida y le hace libre44.

Así pues, la liberación del nus es su iluminación, que es el segundo estadio de la vida espiritual que sigue al estadio de la catarsis (sanación, purificación). El hombre primero limpia, sana el corazón y a continuación se libera y se ilumina el nus que antes estaba identificado y esclavizado a la lógica (razón), los pazos y el ambiente.

No es necesario de desarrollar aquí lo que exactamente son el nus y el corazón en la Tradición Ortodoxa y la enseñanza de los Padres de la Iglesia. Esto lo hice ya en otro de mis libros con el título “Psicoterapia Ortodoxa”. Aquí se debe de subrayar que el nus es el ojo de la psique, la parte más limpia, pura de la psique, la energía de la psique que adquiere la experiencia de la vida en Cristo. Se diferencia de la lógica (de la mente, la razón) en que la lógica investiga las cosas creadas y adquiere gnosis de la verdad creada; en cambio el nus adquiere la gnosis de las cosas increadas y la experiencia del nus se formula por la lógica.

Me gustaría sólo recalcar la enseñanza de san Juan el Damasceno sobre este tema. Puesto que dice que el nus es la parte más limpia, pura, sobre todo como el ojo del cuerpo, así es el nus en la psique45, hace un discernimiento entre nus y el logos. El hombre es lógico. Tres son las fuerzas que forman la psique del hombre, lo logístico, lo anhelante, (voluntad o deseo) y el irascible o emocional. Escribe característicamente: «Porque de lo logístico uno es lo contemplativo y el otro es lo práctico. Lo contemplativo es el comprender, tal como lo tienen los seres humanos. Lo práctico es lo voluntarioso, que define al logos correcto, ortodoxo, de los hechos. Y lo contemplativo lo llaman nus y lo práctico, logos, más lo contemplativo, lo llaman sofía, sabiduría y lo práctico frónisis, conducta sensata»46. Así que el nus, es la parte contemplativa de lo logístico de la psique, que comprende, conceptúa y concibe a los seres, existencias y adquiere la sabiduría, en cambio el logos (lógica, razón) es la parte práctica de lo logístico de la psique, que trata y procesa los pensamientos y define el logos correcto en las prácticas.

Por lo tanto, el hombre natural, es aquel del cual tanto el nus como el logos se mueven paralelamente de acuerdo con la destinación o fin de ellos. Cuando el nus se identifica con la lógica, entonces se crean varios problemas. Por eso, el principal trabajo de la vida ortodoxa y la ascética ortodoxa, está en el esfuerzo del nus de liberarse de su esclavitud en todas las cosas creadas y quedar libre para adquirir la sabiduría de Dios. La liberación del nus es uno de los temas más básicos de los Padres, sobretodo los llamados nípticos. Los santos, con larga experiencia y esfuerzo sobre estos temas, adquirieron gnosis de sí mismos y por lo tanto un grado grande sobre la antropognosis (conocimiento del hombre). Saben lo qué es el hombre, conoce cuales son sus facetas interiores, cómo se esclaviza y cómo se libera de su esclavitud. Lo que escuchamos de ellos no es reflexión ni filosofía, sino teología empírica (auténtica psicoterapia).

Metropolita Ierózeos Vlajos

Fuente: Logos Ortodoxo

Traductor: xX.jJ

 

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