Nus y gnosis

Νοῦς nus o (νοερά ενέργεια noerá energía) en la enseñanza patrística el término se utiliza diversamente. Algunas veces usan esta palabra para mostrar la psique (alma), otras el corazón psicosomático y otras una energía de la psique. Pero principalmente nus es el ojo de la psique, la parte más pura, es la finísima atención. Se llama también energía noerá (espiritual humana) y no se identifica con la energía lógica del cerebro.

Los mal astutos espíritus, como seres lógicos, tienen también nus y gnosis (2ªCor 2,11). Precisamente su nus lo han pervertido tanto que en vez de amar y buscar la verdad, tal como hace un nus auténtico y saludable, la odian y la evitan. Por esta razón el diablo en el Evangelio se llama «el padre de la mentira» (Jn ,44) y en el libro del Apocalipsis se le llama «pervertidor, engañante» (12,9). Pero también la voluntad de los espíritus malignos está pervertida. La voluntad de ellos se ha fijado irrevocablemente hacia la malicia, la maldad, por eso dirigen sus acciones sólo hacia el mal. Pero tienen alguna libertad, puesto que pueden escoger un mal entre muchos.

Conocen a Dios, y esta gnosis les llena de miedo: «Tú crees que Dios es uno; haces bien. También los demonios creen y tiemblan» (Santiago 2,19). Muchas veces los demonios confesaron al Sanador y Salvador Cristo como Hijo y Santo de Dios, (Ver: Mt 8,29, Mc 1,24).

También conocen los pasajes de la Santa Escritura. Si recurrimos al recorte del Evangelio, donde se describen las tres tentaciones del Señor en el desierto, después de Su Bautismo, comprobaremos que toda la argumentación demoníaca está basada exclusivamente en pasajes del Antiguo Testamento, que claro está los utilizan engañosamente (Mat 4,1-11 y Lc 4,1-13). La misma táctica también la aplican en su guerra contra los hombres, para engañarlos o por lo menos confundirles. Al Limonario (libro de textos patrísticos) se refiere el caso de un Yérontas que mientras estaba sentado en su celda haciendo su trabajo manual, recitando a la vez el libro de los Salmos, de golpe entró un demonio con forma de sirviente Sarraceno y empezó delante del Yérontas a bailar. Pero como el Yérontas no le dio ninguna importancia, aquel le dijo enfadado con manía: «Qué crees, viejo malo, que estás haciendo algo importante? ¡Mira, en los salmos 66 y 67 te has equivocado!»

Pero se debe aclarar que esta “teognosía”- conocimiento de Dios- de los demonios es exterior, imperfecta e inútil. Es decir, mientras que conocen las Santas Escrituras y admiten que existe Dios, sobretodo como Trinitario y que existe el Juicio y el Infierno (Mt 8,29), esta gnosis no puede transformar sus existencias ni conducirles a la sanación y salvación. Porque se trata de una gnosis que no se acompaña de la praxis, es decir, el cumplimiento de los mandamientos de Dios. Además, encontramos la misma “teología demoníaca”, también entre aquellos hombres que se acercan a los misterios de Dios con silogismos, reflexiones e invenciones intelectuales y no dentro de la vivencia y la experiencia.

Después de la apostasía los demonios perdieron la gnosis celeste que tenían y la sabiduría de ellos se convirtió en demoníaca (Santiago 3,15). El Apóstol Pablo hace discernimiento claro de la sabiduría demoníaca “de los príncipes de este siglo”, que conduce a la catástrofe y de la sabiduría “en misterio” de Dios, “la oculta”, que conduce a la doxa-gloria celeste (1ªCor 2,6-7).

San Pedro el Damasceno apunta en relación con esto: que el diablo perdió la gnosis de Dios por ingratitud y orgullo… Por eso no sabe por sí mismo lo que se hace, sino que ve lo que hace Dios para salvarnos y pensando con mala astucia hace lo contrario para que nos perdamos… Puesto que ha visto a Dios que formó a Eva como ayuda de Adán, el diablo la hizo cooperante de la desobediencia y la infracción. Dios ha dado su mandamiento a Adán, de manera que con su cumplimiento se acordara de tantas donaciones de su Creador y Le esté agradeciendo, y el diablo el mandamiento lo convirtió en causa de desobediencia y muerte. El diablo en vez de hacer profetas hace pseudoprofetas, en vez de apóstoles hace pseudoapóstoles; en vez de ley, ilegalidad; en vez de virtudes, maldades; en vez de mandamientos, infracciones; En vez de justicia, injusticia y herejías asquerosas».

Los mal astutos espíritus, tal como nos enseña el libro de Job (1;7-12), conocen el estado del mundo actual y observan detenidamente los actos de los hombres. Esta gnosis de ellos, precisamente está basada exclusivamente de las cosas que ocurren y como se comportan los hombres exteriormente. Porque ignoran totalmente tanto el plan de Dios para cada hombre, como también lo que piensa cada uno de nosotros antes de manifestarse.

Como los demonios no conocen la disposición del hombre, le someten en tentaciones y vigilan como reaccionará. Dice el abad Sisois. «El satanás no conoce con que pazos se vence la psique humana. Cierto que siembra los apasionados loyismí (pensamientos, reflexiones) como lujuria, juicio o crítica destructiva y demás pecados, pero no sabe si segará, es decir, si los aceptaremos y pecaremos. Pero apenas que compruebe por las reacciones del cuerpo en que pazos declina su psique, con esto guerrea».

San Casiano dice con relación a esto, que: «los demonios no conocen la naturaleza de nuestra psique, ni pueden introducirse dentro de ella. Pero pueden distinguir cual es su estado por nuestras obras, las palabras, los actos y nuestras declinaciones. Los pensamientos que no han salido nunca de las profundidades de la psique es imposible que los perciban. Aún, los pensamientos malignos que nos envían no conocen sí y cuanto los aceptamos. Sólo pueden tener resultado observando atentamente algunas de nuestras manifestaciones exteriores o movimientos físicos nuestros. Además, también los hombres experimentados e inteligentes muchas veces deducen desde la situación interior y la disposición de sus prójimos por su imagen exterior, de su comportamiento o de sus maneras.»

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