Cuerpo-figura

Los demonios en comparación con nosotros los hombres son espíritus incorpóreos e inmateriales, por eso no los percibimos con nuestros sentidos físicos. Pero en comparación con Dios que es totalmente incorpóreo, ellos tienen forma, figura y cuerpo. Son, pues, relativamente incorpóreos y se asemejan a los ángeles, con la diferencia de que sus cuerpos finos, inmaculados y etéreos que tenían antes de su caída los perdieron y adquirieron después una grosura. Se convirtieron «en algo materialmente finos, rencorosos y maliciosos» (M. Pselós). San Gregorio el Sinaíta dice: «Los demonios, en un momento dado también ellos fueron nus y han caído de aquella inmaterialidad y finura, por eso cada uno de ellos adquirió una densidad material, tomando según el orden o la energía que tenían forma somática o corporal correspondiente a su cualidad o atributo».

Cada cuerpo “con materia” es también “paciente, afectivo o pasional”. Por lo tanto también los cuerpos de los demonios son tangibles, sufren, y sienten el fuego espiritual. (M. Pselós). Por eso vemos en el Evangelio que tiemblan en caso de castigo provisional y ruegan al Señor «que no les mande al abismo» (Lc 8,31). En los Sinaxaris (libros de la vida de los Santos), también encontramos casos que los demonios se lamentan con llantos afligidos, se duelen, se queman y se paralizan de miedo cuando están castigados ejemplarmente por grandes santos y cuando son azotados sin compasión por los ángeles o cuando están condenados a hacer obras contrarias a su voluntad.

En lo referente a su imagen exterior, los demonios son deformados, feos y repugnantes, porque simplemente se han desnudado totalmente de la luz divina. San Juan Crisóstomo en la interpretación del 41º salmo dice que «si Dios permitiera a los demonios que nos enseñaran su caras reales, todos nosotros quedaríamos fuera de sí, anonadados».

Pero los demonios, en su obra odiosa contra el hombre, se manifiestan de varias formas, según las necesidades de cada caso.  Son muchas las referencias bíblicas y patrísticas que aparecieron a los hombres con formas más paradójicas y contrarias, desde como luz de ángel iluminado hasta de forma animal más repugnante. Generalmente se manifiestan como ángeles, santos, hombres, serpientes, dragones, leones, escorpiones, toros, machos cabríos, aves rapaces, animales deformados y, finalmente, elementos materiales indefinidos y con formas. Del Génesis, el primer texto bíblico donde el diablo aparece como serpiente para engañar a Eva, hasta el libro del Apocalipsis, el último texto bíblico, donde satanás se le ata con cadenas por el ángel de Dios; Existen innumerables casos de aparición de demonios de distintas formas. Paralelamente la variedad de apariciones se encuentra en libros con el nombre de título “Vidas de los Santos”.

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