Dónde viven

En cuanto el satanás fue un ángel obediente de Dios, habitaba en el cielo, es decir, en el espacio supersensible, donde junto con todas las legiones angelicales participaba de la felicidad y bienaventuranza. Pero después de su caída el lugar de su permanencia se ha hecho el “aire”, es decir, el lugar circundante de la tierra, la atmósfera o subcielo. Eso se ve claro en el libro de Job, donde el diablo testifica que caminó por todo el mundo dentro del aire (Job1.7, 2:2). El Apóstol Pablo tal como ya hemos dicho llama al diablo “gobernante de la potestad del aire” y los espíritus mal astutos “espíritus de la mala astucia de los subcielos” (Ef 2:2, 6.12), definiendo así el espacio donde habitan y actúan. La frase “en el subcielo” aquí significa el aire, porque a menudo en la Escritura el aire se le llama cielo, como por ejemplo las “aves del cielo” significa que los pájaros vuelan por el aire (Mt 6,26). San Teófanes el Recluso da la siguiente explicación: «Por costumbre, la forma de traducción y comprensión de la palabra “cielo”, manifiesta los espíritus que vuelan por el aire. Y tal como el aire nos rodea por todas partes, así también los espíritus de la maldad se nos acercan como mosquitos en lugar húmedo».

Por supuesto que el aire no es el lugar fijo como casa de los demonios. San Nicodemo el Agiorita dice: «Los demonios, por permiso divino, actúan en el aire no como un lugar de condena de ellos, sino para la lucha de los escogidos y para la instrucción de los pecadores… Porque el Hades y sus infiernos es el lugar destinado para la condena de ellos, tal como se ha dicho sobre el eosfóros; «Ahora bajarás al Hades y a los cimientos de la tierra” (Is 14,15). Y el Apóstol Judas dijo sobre ellos: “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad y sus principios, son los que abandonaron su propia casa, los ha guardado bajo la oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día.» (Jud 6).

Aparte del “aire” o el “espacio circundante de la tierra”, como lugares de morada de los demonios muchas veces la Santa Escritura y las vidas de los Santos se refieren también algunos lugares terrenales concretos: Varios sitios desiertos, ciudades o casas abandonadas, templos e ídolos sagrados, sepulcros de fallecidos, fuentes, lagos, ríos, etc.

A pesar de que el desierto generalmente se califica como morada de los demonios, no se debe de considerar que este constituye la casa fija del satanás y que se encuentra bajo su dominio legal. Dios por su inmensa filantropía, delimitó a los espíritus de la apostasía en lugares inhabitados por el hombre. Esto lo asegura también san Juan el Sinaíta, cuando dice que los demonios frecuentan los lugares desiertos, porque para favor nuestro se han desterrado allí por el Señor.

El que los espíritus malignos frecuenten en desiertos y sepulcros, lo vemos en el caso del endemoniado de Gerasa, «que tenía su morada en los sepulcros… y siempre de día y de noche andaba dando voces en los montes y en los sepulcros…» (Mc 5,3-5). En cambio el que frecuenten en las fuentes y las aguas lo manifiestan las oraciones de bendición de las aguas y los troparios de la fiesta de la Teofania, que hablan de “dragones”, es decir, demonios que anidan en las aguas y que con la jaris de Cristo se echan.

Es muy interesante la referencia del Antiguo Testamento, que ciudades enteras condenadas por Dios a quedarse desiertas y en ruinas, se convierten en moradas de los demonios (Is 13:20-21, 34:13-14, Bar 4:35).

Muchos santos lucharon duramente para construir templos y monasterios o simplemente habitar en una región que los demonios consideraban como suya. En la vida de san Sabas, se habla sobre el Castelio, una montaña terrible e inaccesible por la cantidad de demonios que anidaban allí. Encima de esta montaña, el santo construyó el monasterio, previamente lo limpió de sus habitantes mal astutos con mucha oración y cansancio. Similares acontecimientos, los encontramos también en la vida de san Antonio, san Macario el grande u otros.

Aún en las tradiciones laicas y leyendas es densa la referencia de casas encantadas por fantasmas, los cuales actúan en lugares donde se han cometido crímenes, asesinatos, celebraciones de magia con llamamiento de los demonios, etc.

Esto no es paradójico. Porque tal como existen lugares santos dedicados al culto y servicio a Dios, por ejemplo, templos, monasterios, etc. Así también existen lugares sucios, manchados de la energía del satanás, por ejemplo, oráculos, sacrificios, templos idólatras, lugares de celebraciones mágicas, etc.

Con este sentido, los lugares de morada de los espíritus malignos pueden ser ciudades gloriosas y de multitud. El libro del Apocalipsis se refiere a Pérgamo, antigua ciudad de Asia Menor, como morada y trono del satanás (Ap 1,13). También la gran ciudad Babilón la califica de “habitáculo de demonios y refugio de todo espíritu sucio” (18,2).

Estas ciudades se califican de moradas demoníacas, porque a causa de la vida pecaminosa de sus ciudadanos, se habían sometido al dominio de los demonios. Los mismos habitantes se habían convertido en cohabitantes con los demonios.

Es cierto que el hombre, si quiere, se puede convertir en morada de mal astutos demonios, como lo contrario, puede hacerse templo del Espíritu Santo (1ªCor 3:16, 6:19). El mismo Señor calificó “casa” de los demonios al hombre que descuida su salvación y de cualquier manera da descanso en su psique a los espíritus malignos (Mt 12,43-45).

Generalmente, el tema de la morada de los mal astutos espíritus, debemos que tenerlo en cuenta en las siguientes verdades:

1) Los demonios como existencias creadas se encuentran en un lugar, sin embargo, no tienen ningún lugar de la creación como lugar suyo, porque todo pertenece al Creador del universo: «De Dios es la tierra y su plenitud; El mundo y los que en él habitan» (Sal 23-24,1). La manifestación principal de ellos es sólo hacer el mal y el pecado. Es muy característica la frase de san Juan Crisóstomo: «El lugar del demonio no es otro que el pecado».

2) Sólo Dios es presente en todas partes. Los demonios como espíritus son rapidísimos en sus movimientos y a pesar de eso no se pueden presentar a la vez en dos lugares distintos. Esto tiene como consecuencia que ignoren lo que está ocurriendo lejos del punto que cada vez se encuentran.

Recordemos un ejemplo del Yeronticón: Cuando san Macario de Egipto se fue a una skiti y con sus consejos arregló al monje Zeópempto que estaba prisionero de loyismí (pensamientos) demoníacos. El diablo no se percató de este movimiento del santo, por eso se extrañaba del cambio del monje ante su amigo, (Pág 124-126, ver otro ejemplo pág 457-460).

1 comentario

  1. Myriam

    Muy interesante

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