Sueños y visiones

De todos modos, la trampa más peligrosa de los demonios que ha destruido muchas psiques, son los sueños, alucinaciones y visiones. El diablo aparece a veces sensiblemente delante de nosotros, a veces en visiones y otras con sueños, sea como forma de ángel, de santo o del mismo Cristo y aún como luz, para engañarnos.

El apóstol Pablo nos avisa: «…porque el mismo satanás se transforma en ángel de luz» (2ªCor 11,14). Comentando este pasaje san Cirilo de Jerusalén, dice: «El diablo se transforma en ángel luminoso, no para que él vuelva  a su estado inicial, sino para conducir a la oscuridad espiritual del engaño a los que hacen vida angélica… Tengamos cuidado, pues, no vaya a ser que seamos engañados y consideremos como ángel bueno al diablo que esparce catástrofe y como león feroz busca a quien devorar».

La experiencia ascética conoce muchos casos de este tipo de engaños demoníacos.

Los demonios tal como nos revela san Antonio: «fingen como si cantaran himnos y aunque no se ven, recitan pasajes de las Escrituras o repiten las lecturas que hemos leído. Cuando estamos durmiendo nos despiertan para orar; Y lo hacen tan a menudo, de manera que no nos dejan nunca dormir. Nos aconsejan ayunar exageradamente para enfermar. Se presentan con forma de monjes y fingen que hablan con devoción.»

San Macario de Egipto añade: «El satanás, en aquellos que oran, hipócritamente ora con ellos con el fin de engañarles con el pretexto de la oración y provocarles arrogancia. A los que ayunan finge que hace ayuno con ellos queriendo arrastrarles a presumir de ayuno. A los que tienen conocimiento de las escrituras, hace lo mismo deseando sacarles del camino correcto con el pretexto que conocen. A los que se hicieron dignos y se les ha sido revelada la luz divina, actúa semejantemente, es decir, se transforma en ángel luminoso para engañarles presentando su falsa luz y llevarles a su lado. Generalmente a cada uno se manifiesta de distintas maneras tomando la forma adecuada, de manera que, con su apariencia, hacer de cada uno instrumento suyo y conducirles a la perdición.

Es cierto que existen también visiones enviadas por Dios y esto el satanás lo utiliza para arrastrar al engaño a los crédulos e ingenuos. ¿Pero, cómo podemos discernir las visiones enviadas de Dios de las demoníacas, los ángeles reales de los falsos, la luz de Dios de la que presentan los demonios? Este discernimiento es muy difícil; Tanto que han sido engañados hasta monjes muy avanzados espiritualmente. Por ejemplo, veían algún ángel luminoso estando orando, reverenciando y hablando de Dios junto con ellos y creyeron que no es posible que sea demonio. Pero era demonio de verdad. Criterios inequívocos los disponen sólo aquellos que con la jaris (increada gracia) de Dios y después de duras luchas espirituales, consiguieron adquirir la gran y difícil virtud del discernimiento. Estos pueden discernir la procedencia de la visión o sueño por la energía que provoca en la psique.

San Gregorio el Sinaita dice que: «Cuando la divina jaris visita la psique, trae apacibilidad, serenidad, humildad, mansedumbre, tolerancia, indulgencia y represión de los pazos. Los demonios, al contrario, llenan la psique de arrogancia, ser presumido, de altanería, de cobardía y de todo tipo de maldad.» Y concluye el Santo: «De esta energía, pues, puedes aprender si la luz que alumbró en tu psique es de Dios o del satanás. La lechuga es semejante a la hierba amarga y el vinagre es del mismo color que el vino, pero la garganta entiende y discierne la diferencia por el sabor. Así la psique, si tiene discernimiento, con su sentido espiritual separa los carismas del Espíritu Santo y las fantasías del satanás.»

De acuerdo con la enseñanza patrística, especialmente sobre la luz, cuando esta procede de Dios es blanca, no tiene forma y trae en la psique paz, cuando procede del diablo es colorida, tiene forma y provoca perturbación.

De todos modos los Padres santos para nuestra seguridad nos sugieren que si vemos un sueño o visión relevante, no intentemos solos comprobar su procedencia, sino que vayamos a nuestro padre espiritual o en otros yérontas (ancianos experimentados) distinguidos, o rechazar enseguida considerándonos inmerecidos para este honor y espectación. Si no actuamos así y aceptamos fácilmente el sueño o visión como mandada de Dios, entonces seguro que nos cautivaremos por el pazos del orgullo o la soberbia. Es conocido que el satanás siempre engaña al hombre con la soberbia. Sobre todo los sueños y las visiones son los medios más acertados para engañar a los soberbios. En las psiques de estas personas adquiere muchos derechos, por eso tal como dice san Juan el Sinaita: «Se les presenta cuando están durmiendo o despiertos en forma de ángel, santo o mártir, y les da carismas espirituales o les revela varios motivos con el propósito de engañarles, de manera que, pueden perder hasta su lógica o sano juicio y volverse locos.»

Lo grande de este engaño es que se ve por el hecho de que los hombres a menudo intentan justificar su fe en virtud de sus sueños y visiones, comparándose a sí mismos como profetas, apóstoles u otros santos que han recibido revelaciones de Dios. Una actitud de este tipo está muy claro que es una muestra de soberbia.

San Juan el Sinaita que refleja la enseñanza patrística dice: «Los demonios aparecen en nuestro sueño como profetas… Los que confían en ellos aparecieron muchas veces como profetas verdaderos. Pero a los que les desprecian, siempre fueron descubiertos como falsos. Porque siendo existencias espirituales, ven las cosas que ocurren desde el aire. Y cuando ven alguno que está muriendo, corren enseguida hacia aquellos que son cortos de mente y les predicen con los sueños… Si empezamos a aceptar a los demonios en nuestros sueños, entonces despiertos estarán jugando con nosotros. Aquel que cree en los sueños está totalmente atontado y el que no, es muy prudente.» Y concluye: «Aquel, pues, que cree en los sueños se parece al que persigue su propia sombra e intenta prenderla.»

San Diádoco de Fótica, queriendo protegernos de este engaño tan peligroso del demonio, llega hasta el punto de decir que aunque seamos dignos de revelación mandada por Dios es mejor que no la aceptemos. Dios no sólo no se enfadará de esta actitud nuestra, sino que nos elogiará por nuestra prudencia y cuidado por no dejarnos engañar. Dice concretamente: «En la presente vida progresamos con la fe y no con la visión, como nos dice el Apóstol Pablo. Si al luchador se le aparece alguna luz o imagen iluminosa, para nada aceptemos esto. Este tipo de cosas son claros engaños del maligno. Muchos por ignorancia las aceptaron y se resbalaron del camino de la verdad. Pero nosotros como conocemos que mientras permanecemos en nuestro cuerpo corruptible, estamos lejos de Dios, es decir, no es posible ver por nuestros ojos a Dios, ni ninguno de Sus milagros celestes.

Como conclusión, pondremos una opinión de gran valor de san Ignacio Briachianinof: «No tenemos que poner atención en las visiones, ni empezar a tener relaciones o diálogo con ellas, considerándonos como inadecuados a ocuparnos de los espíritus enemigos, demoníacos y que somos indignos de conversar con espíritus angelicales.»

2 comentarios

  1. Benedicto sanchez

    Gracias

    1. ADJL

      Gracias al Señor

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