Los telonios o aduaneros

El diablo como lo dice su mismo nombre, nunca deja de calumniar a Dios. Es «…el acusador de nuestros hermanos, el que los acusa delante de nuestro Dios…» (Ap 12,10). Este trabajo, amado por él, es decir, el odio abismal que tiene para los hombres, lo ejerce con mayor celo a la hora de nuestra muerte. Porque esta hora es la última oportunidad que tiene para ganarnos. Así que: «Cuando nuestra psique sale de nuestro cuerpo, nuestro enemigo el diablo se lanza con audacia contra ella y la ataca, la ultraja y se hace acusador duro y terrible de los pecados de ella» (san Juan el Carpacio).

Realmente es «terrible el misterio de la muerte», por eso nuestra Iglesia cada sábado en la ceremonia de Medianoche se ha consagrado rogar a Dios: «Señor conviértete en misericordia para mí para que mi psique no vea la tenebrosa y oscura faz de los malignos demonios; sino que la reciban los alegres e iluminados ángeles. También, para esta hora terrible de nuestra salida, rogamos a nuestra Panayía que: nos socorra, cubriendo nuestra atormentada y desdichada psique, y eche lejos los rostros oscuros de los mal astutos demonios (Pequeñas Vísperas).

Pues, tal como la psique, después de su salida del cuerpo es recogida de los ángeles y conducida al cielo, intervienen los aéreos demonios, los soberanos de «la potestad del aire» (Ef 2,2) e intentan impedir su subida, presentando a la psique los pecados que ha hecho en la tierra. Estos demonios se llaman telonios (aduaneros), porque tal como «”los vigilantes de la aduana” se sientan en calles estrechas y detienen a los que pasan por allí y los inspeccionan minuciosamente, así también ellos inspeccionan y dominan la psique cuando sale del cuerpo. Y si anteriormente las psiques no se han limpiado totalmente de los pecados, no las permiten subir al cielo, a las casas celestes, a encontrar a su Señor» (san Macario el Egipcio). Los ángeles, por otro lado, presentan las buenas obras que han hecho las psiques en sus vidas terrenales y les facilitan el camino hacia el mundo celeste. Aquella psique que ama a Dios, cree en Él y se ha limpiado, sanado, de sus pecados por la metania, no peligra de los telonios. Los sobrepasa invulnerablemente reforzada por la divina jaris. «Entonces la psique, la recogen con alegría un grupo de ángeles y la llevan a su lugar, al siglo limpio, puro. Al contrario, si es responsable por sus pecados, entonces baile y manada de demonios y ángeles malignos y fuerzas oscuras toman aquella psique deteniéndola en su propio lugar» (san Macario el Egipcio).

Este proceso, durante el cual la psique sufre un juicio parcial, se llama telonizar (pasar aduana). Es cierto que en este paso aduanero no son los jueces de la psique los ángeles ni los demonios, aunque parece que sean los protagonistas. Dios es el juez, los demonios acusadores y los ángeles defensores, como dice san Cirilo de Alejandría. De todos modos, después de la finalización del juicio parcial, la psique, sea ganada por los ángeles o por los demonios, resulta en el dicho “estado medio de las psiques”, durante el cual presaborea según sus obras los bienes eternos o los males eternos, esperando el juicio final de Dios.

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