2. LIBERTAD CRISTIANA

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1. ¿Por qué el Dios, puesto que es omnisciente, y sabía que caerían tanto los ángeles como los hombres, no hizo al hombre perfecto, inalterable e invulnerable? Es decir, que la realeza de Dios fuera desde el principio sin que nadie vaya al infierno. 1ª 28´

Esta, hijos míos, es una duda que la tienen muchos hombres. Ayer por la noche casualmente leía sobre el tema a san Juan el Damasceno y en él encontré la respuesta. Naturalmente esta respuesta de san Juan el Damasceno tiene una profundidad muy grande que no os la contaré pero sí algunos elementos de ella y os contestaré en la medida que lo podamos entender.

En algún momento nos preguntamos ¿por qué será que el hombre tenga la alteración, la vulneración, o es cambiable de un estado a otro y también el ángel? Es cierto que el Dios es invulnerable, no cambia en nada. Pero si el Dios hiciera un lugar, una creación con seres lógicos, como son los hombres y los ángeles, inalterables, invulnerables que no cambien, entonces pregunto: ¿Adónde quedaría espacio para la libertad? La perfección de las creaciones no se encuentra en invulnerabilidad sino en la libertad.

Sabéis que en nuestra época tenemos tan equivocadas percepciones y opiniones sobre la libertad, que decimos y volvemos a decir tan continuamente tantas cosas sobre ella. Y cuando queremos hacer nuestra voluntad apelamos a la libertad y gritamos diciendo que nos presionan y oprimen, precisamente porque queremos expresar nuestra voluntad. Por otro lado, pensamos y decimos ¿por qué tiene que existir esta libertad y no seamos invulnerables, inalterables? Pero ser invulnerable, in-cambiable quiere decir que no tengo libertad, no tengo el poder de ser otra cosa. Porque libertad significa el poder ser otra cosa. No porque Dios querría que fuera otra cosa sino la posibilidad, el poder de ser otra cosa. Por eso una vez más, muchas veces lo he dicho, os diré cómo se entiende la libertad en el espacio cristiano.

Libertad no es escoger el bien o el mal, libertad es poder hacer tanto lo uno, el bien, como lo otro, el mal, como posibilidad o poder, pero siempre escogeré libremente el bien. Por lo tanto la libertad no es tema de elección sino que es un tema de posibilidad, poder.

Esto lo dice dos veces el Apóstol Pablo en su primera epístola a los Corintios de la siguiente manera: “Todo me está permitido pero no todo me conviene”. Es cierto que todo me está permitido, si quiero beber hasta un vaso de petróleo, o cualquier otra cosa, pero no me conviene, no me interesa. Porque si bebo petróleo o aguafuerte moriré, este ejemplo ahora, aplicadlo en el espacio espiritual. Tengo que discernir si me interesan o convienen muchas cosas. Esto debo de decir como hombre libre: me conviene o no. Me están invitando ir a una fiesta particular o a una discoteca ¿me interesa? Puedo ir hasta yo si quiero. ¿Qué creéis, que sólo vosotros podéis ir? ¿Yo el padre Atanasio no puedo ir? Nadie me lo prohíbe. ¿Yo no puedo bailar y divertirme, soy persona también? Pregunto: ¿Me conviene? ¿Me conviene encontrarme en aquel lugar? Pues, vosotros también diréis ¿me conviene ir allí? El criterio de si me conviene ¿cuál será? Será la salvación, la vida eterna, la voluntad de Dios. ¿Me conviene o me haré daño? Si juzgo así, no iré allí y me salvaré. Así que, este es el significado de la libertad según el Evangelio y no el concepto de escoger el bien o el mal.

¿Queréis que os lo demuestre? Es muy sencillo. Si tuviera la libertad de elegir lo uno o lo otro, es decir, que la libertad es cosa de elección, entonces escogiendo el mal ¿porqué he de ser castigado? Por lo tanto ¿no estoy libre? Como escogí el mal no estoy libre. Debería no castigarme escogiendo el mal. Quiere decir que no es un tema de elección.

El Dios preparó Realeza increada e infierno. ¿Por qué tiene que existir el infierno? Exactamente porque la libertad no es hipótesis, cuestión de elección. Puedo ir al infierno, es cierto, pero no me interesa, no me conviene y no debo ir al infierno. Veis pues, como se entiende la libertad. Ojalá, hijos míos, desearía que esto lo comprendierais muy bien, es muy fino. Esto constituye la llave de la mayoría de los temas de nuestra época. En muchísimos temas, por no decir que concierne toda nuestra vida,  el cómo captaré, percibiré el concepto fino de la libertad. Esto es un tema enorme.

Y vuelvo a la duda para terminar. Cuando aquí dice: ¿Porqué uno tiene que tener alteración, invulnerabilidad y no sea perfecto desde el principio y que exista el infierno? Porque la perfección no se encuentra en la invulnerabilidad sino en la libertad. Y la virtud no se corona, si no tiene el elemento de la libertad personal y el esfuerzo personal. La virtud se constituye de tres cosas, según los Padres de nuestra Iglesia. Primero, si la virtud se ha hecho bajo la libertad. Segundo, si la virtud se ha hecho con esfuerzo. Tercero, si la virtud se ha atribuido a Dios. Porque tenemos también la virtud de los filósofos, pero allí no tiene valor, porque se priva el tercer elemento. Eso que haré, es decir, hacerme santo y debemos divinizarnos, hacernos santos porque lo quiere el Dios. Sólo entonces puedo hablar de virtud que será coronada. Vuelvo a decirlo, virtud es libertad, esfuerzo y por Dios. Por lo tanto, allí está el gran valor, allí está la virtud que se premia y no simplemente ser de creación invulnerable, in-cambiable porque entonces sería una marioneta siéntate, levántate, siéntate, levántate. En cambio soy el hombre libre y a Dios como libre que soy, le atribuiré aquello que quiere para coronarme. Por eso existe también el infierno. El infierno no lo hizo Dios. El infierno lo hizo el diablo y el hombre para sí mismos, porque allí ya hay la falta de la libertad. O aún, allí existe la mala interpretación de la libertad o la libertad paranoica.

¿Qué creerías? Aquellos que tienen libertad paranoica, han preparado desde la vida presente un auténtico infierno. Aquellos que toman drogas, se emborrachan, etc., ¿qué han preparado en la vida presente? Infierno. ¿Quién les ha dado el infierno, el Dios? Solos se lo han creado. Así pues, tenemos que estar realmente libres para que seamos glorificados, alabados y honorados de Dios.

 2. “Sabemos que los hombres se separan en dos categorías. Los que creen y siguen a Cristo y los que no tienen ninguna relación con Él. Sabemos que Cristo dijo que los hombres están libres para seguirle, pero después los juzgará. Puesto que los hombres que no le siguen no tienen ninguna relación con Él, ¿porqué después interviene en la vida de ellos y los juzga?” 10,9´.

Es cierto que diríamos de una manera más fina que esta pregunta se pone muchas veces y muchas veces acusan a Cristo ¿por qué a mí me tiene que juzgar el Cristo, puesto que yo quería vivir mi vida? ¿No dice el Cristo que soy libre para hacer lo que quiera?

Pues, se trata de una percepción equivocada sobre la libertad. Os lo he dicho muchas veces y no me cansaré de repetirlo.

La libertad, hijos míos, no es poder hacer lo que quiero. La libertad es exactamente el punto siguiente: “Que puedo hacer lo que quiero pero no me conviene, no me interesa.” Con este significado se pone la libertad, y el Dios nos ha hecho para el bien. No nos hizo para escoger el bien o el mal, sería impensable esto. Realmente la duda es correcta ¿cómo el Dios me juzga en el momento que puedo hacer lo que quiero? ¿Miente el Dios, cuando me dice que estoy libre y después me juzga? Por lo tanto, o estoy libre y no debo ser juzgado o no estoy libre. La cosa no está aquí. La cosa está, como os dije, en que tenemos distinta percepción sobre la libertad.

¡Atención! El Dios nos hizo para que sigamos siempre el bien, sólo el bien. Pero tenemos el poder de seguir el mal. Pero no conviene. La libertad tiene el significado de siempre elección y seguimiento del bien sin que sea impedido hacer el mal. Si cometo el mal, seré juzgado. Seré juzgado porque no debo tener margen de hacer el mal. Este punto no lo entendemos. Por eso, como la humanidad, sobre todo la cristiana no entendió la libertad en Cristo y por esta razón se tortura y atormenta dentro en distintas percepciones sobre la libertad, hasta el punto que tengamos estas juventudes indisciplinadas los llamados anarquistas. Los cuales en realidad son contradictorios. Porque cuando dice que estoy libre para hacer lo que quiero y se pone en contra de un estado, de unas leyes que me obligan, en realidad ¿saben lo que hago? Obligo y comprometo la libertad de los otros. Porque cuando peligra mi vida cuando salgo a la calle, por los sabotajes que hacen y cortan las calles o rompen tiendas de una ciudad ¿esto qué es? ¿No afecta la libertad de los demás? ¿Cómo pues, la libertad sería sólo de una parte? ¿Cómo es que el anarquista tiene la libertad de hacer lo que quiere y el otro no? ¿Cómo es eso? Tiene que haber un error. Por eso, como tenemos percepción equivocada sobre la libertad nos machacamos como machacan los pulpos en la piedra.

Quiero que lo entendáis. Un niño tiene la libertad de coger las cerillas y prender fuego a la casa, ¿es agradable esto? Como los padres esconden las cerillas ¿es porque presionan al niño para no hacer uso de las cerillas? Y si los fármacos se ponen lejos de los niños y en lugar seguro, ¿es obligación y privación de la libertad esto? Pues, es la misma cosa, existe el mal, existe la destrucción. Los primeros creados lo mismo, estaban libres, pero hicieron el mal, ¿les convenía? No, no les convenía, estaban inmaduros para aquello que Dios quería para ellos, que llegasen a probar y deificarse. Estaban libres pero han perdido en este caso. Porque como inmaduros avanzaron antes del tiempo adecuado. Tal como un niño que utilice algunas cosas que aún no ha llegado su hora.

Pero una cosa más. ¿Quién os ha dicho que estamos libres? Libres de escoger, pero con consecuencias. No estamos libres, somos propiedad de Dios dos veces. Primero como creaciones y segundo como recreaciones. El Dios nos ha firmado ¿Quién os ha dicho que no somos propiedad de Dios? El que Dios, finalmente me mande al infierno lo quiera o no, me guste o no ¿es un tema que yo lo regularé? Cierto que no. Por lo tanto, no estoy libre. Estoy libre hasta un punto y como os he dicho, seguir el bien no el mal.

Además, somos propiedad de Dios como recreación, renovación, que nos ha hecho. Es decir, el Cristo vino al mundo, se sacrificó para nosotros, nos ha rescatado de la corrupción y el pecado, por consiguiente, somos su propiedad. En la Santa Escritura hay muchos puntos, os digo de la primera epístola a los Corintios, dice que tengamos cuidado del cuerpo que es el templo del Espíritu Santo, no puedes derrochar el cuerpo a la indecencia (1ªCor 6,19). Dicen hoy, principalmente las mujeres, mi cuerpo me pertenece, hago lo quiero de mi cuerpo. ¿Quién te ha dicho que te pertenece? Sobre el tema de los abortos. El hijo que está en las entrañas ¿quién te ha dicho que te pertenece? Es una persona separada. Muchas veces ni siquiera tiene el mismo grupo de sangre que tú. Tú simplemente lo alimentas. ¿De dónde tienes el derecho sobre su embrión y dices que tienes derecho sobre tu cuerpo? No tienes derecho.

Dice el Apóstol Pablo. “Cuidado no gastéis vuestros cuerpos a la indecencia, porque son templos del Espíritu Santo. Lo que tenéis no pertenece a vosotros mismos, porque os habéis comprado, rescatado bajo precio. Y el precio es el cuerpo y la sangre de Cristo que nos ha comprado, rescatado encima de la Cruz”.

Veis pues, que no somos propiedad de nosotros mismos y no podemos hacer lo que nos da la gana y por eso daremos cuentas.

Vamos a tomarlo al revés. El cristianismo es la Verdad. Puesto que nos dice que daremos cuentas a Dios, ¿Quizá debemos de empezar a reconsiderar y pensar algo distinto sobre la libertad? ¿Quizá no era libertad lo que hasta hoy creíamos? Sin duda que sí. Por eso, sepamos este punto, que no somos sino propiedad de Dios, además, dos veces propiedad de Dios, por naturaleza y por sobrenaturaleza. Es decir, cuando nos ha creado y cuando nos ha recreado. Y nos recrea, renueva el Señor con su Cuerpo y Sangre y con su Espíritu Santo haciéndonos hombres, humanos espirituales. Somos, pues, propiedad de Dios. ¿Saben lo que diría uno? Sólo cuando uno pudiese entender profundamente la agapi-amor (increada) de Dios, entonces podría decir: Señor mío, no sólo dos veces que sea comprado de Ti, no sólo dos veces sea Tu propiedad sino infinidad de veces, porque cerca de ti está la bienaventuranza y la felicidad, en cambio lejos de Ti está el desastre. Nuestra libertad está en que puedo decir que escojo lo contrario, pero no me conviene. Como dice el apóstol Pablo: “Todo se me está permitido pero no todo me conviene, interesa”.

Y en la vida muchas cosas me están permitidas, hasta tirarme del balcón. ¿No me está permitido? Sí. ¿Haced una prueba si queréis?. Pero no me interesa, no me conviene.

3. Puesto que Cristo nos ha dejado libres para que escojamos el camino que queremos, porqué en Su Segunda Presencia nos juzgará. 19.40´30´´

Esto significa que tenemos que reconsiderar la concepción de la libertad. Es muy sencillo. Además, muchas veces os he hablado sobre este tema. La libertad tal como se entiende en el Logos de Dios y la libertad tal como la dio Dios al hombre, no es tal como nosotros le imaginamos, que literalmente la hemos maltratado. Libertad sobre nuestra percepción mundana, especialmente por la percepción mundana significa desmán o desmadre. Haré lo que me da la gana y no me podrás decir nada, sin tener sanciones ni ratificaciones. Porque si tengo sanciones esto no lo podría llamar libertad. Veis que jóvenes se sientan en la acera molestan a los transeúntes, toman droga, aparecen con ideas anarquistas, rompen escaparates, etc. y te dice que no les hablen ni llamen la atención, porque tenemos democracia. Es decir, que la democracia rompe los vidrios y la libertad lo destruye todo si alguna vez hace falta. Desgraciadamente por mayoría más o menos esta es la percepción que tienen sobre la libertad. En una sociedad si aplicamos así la libertad no puede sobrevivir una sociedad, es imposible. ¿Puedes decir matando a alguien y decir al juzgado así me dio la gana, así me vino, etc.? Pues, no.

Libertad no significa desmán, libertad quiere decir que puedes hacer el mal, pero no debes hacerlo. Por lo tanto, el Dios cuando nos da la libertad significa que para dar valor aquello que seguiremos, es decir, la virtud, la santidad para elogiarnos. Deberemos de entender lo que nos dice el apóstol Pablo en la primera epístola a los Corintios: “todo me está permitido, pero no todo me conviene”. No todo me conviene porque esto no contiene la verdadera libertad. Por consiguiente, demostración que debemos reconsiderar nuestra percepción sobre la libertad es exactamente la presencia del infierno. Porque me dice, si quieres puedes pecar pero no te interesa. Así que si peco me castigo, tengo sanciones, ratificaciones.

Además, esta percepción sobre la libertad, la han mantenido siempre los hombres, no como países cristianos y también como no pueblos cristianos. Encontradme del mundo antiguo, de la historia de los pueblos un caso que exista este desmán. No lo encontrareis en ninguna parte. Por lo tanto, daremos cuentas a Dios.

4. ¿Con las condiciones actuales el hombre está libre? 7. 13´30´´

Hijos míos, que lo entendamos de una vez para siempre. Las condiciones de una época no determinan las condiciones de la voluntad o mejor la libre voluntad. El tema es quiero o no quiero y estoy libre para decidir si quiero o no. ¿Pero estoy libre?  Pues, aquí está la pregunta. Es cierto que es un tema que siempre ha ocupado al hombre, sobre todo la filosofía. Pero aquí se trata del que pregunta que con las condiciones actuales tenemos voluntad libre. Pues os contesto.

Las condiciones de vida de una época nunca es posible que determinen la libertad de la voluntad. ¿Por qué? Porque la libertad de la voluntad, es elemento que le está dado a cada hombre en su “como imagen” como dote o regalo de Dios. Por ejemplo, es como cuando tengo dos manos. Saben dos elementos básicos son los elementos del “como icona, imagen de Dios” en nosotros: La lógica y la libertad. ¿Decidme, la lógica cambia de época en época? O podría decir que en una época puedo tener una mano, es decir, que nazcan hombres con una mano. Es un dote de Dios, que nazcamos con dos manos. Así lo mismo es nuestro dote de Dios, que nazcamos lógicos y libres.

Esto es fundamental, por lo tanto, no puedo decir que en algunas épocas no tengo libertad de voluntad. Aún en esta terrible época del anticristo que vendrá y siempre viene y siempre estamos dentro en el campo de ella, la libertad de la voluntad seguro que tiene su logos (su razón). Uno no puede decir que me apuró el anticristo y ¿qué iba hacer? No, podías decir el no. Es decir, la libertad de la voluntad queda allí donde está. Lo que cambia es que en cada época se pone la pregunta: si el hombre está libre como búsqueda psicológica y filosófica. Por eso también esta pregunta del estudiante. Es decir, si me han entendido, el logos de Dios nos dice que estás libre donde quiera que te encuentres, sea en mar mediterráneo haciendo mala mar y te toca a ti el Jonás y dices tú que te echen al mar para que te coman los peces sea que esté dentro de vientre del pez, estés donde estés, puedes decir estoy libre. Esto nos dice la Santa Escritura. Pero cuando el hombre no se ocupa con la Santa Escritura sino con la psicología y la filosofía, allí ya en cada época busca y unas veces dice esto u otras lo otro y en realidad el pobre miserable hombre se tambalea y dice: ¿existe o no existe libertad de la voluntad? Por eso. Hijos míos, nosotros somos cristianos, no acudiremos a las conclusiones de la psicología ni de la filosofía, sino al Logos de Dios que nos dice que, estamos libres en cualquier época que sea. Entended bien esto y tened cuidado con los distintos kerigmas que se refieren a la libertad de la voluntad. Aquello que debemos recalcar especialmente, es que nuestra época ciertamente es catalizadora y necesitamos de una voluntad fortalecida. Porque debemos decir una verdad amarga: que la voluntad de nuestros cristianos no está fortalecida, porque no viven verdadera vida cristiana. Por eso se debe fortalecerse nuestra voluntad y la voluntad la fortalece sólo la vida espiritual. Esto para esta pregunta.

5. Qué es lo que lleva y continua llevando al hombre lejos de Dios, 7,1.

Haré una pequeña conclusión porque ayer hablamos sobre el tema. Resumiendo como contestación a la pregunta diría que son tres cosas que hacen al hombre estar continuando lejos de Dios. Lo primero es su propia voluntad. Pensad cuanto importante es y basta que os recuerde que los primeros en ser creados al paraíso permanecieron a su propia voluntad. El Dios les dijo: no comerán de esta fruta. Ellos hicieron su propia voluntad. Por eso dentro del cristianismo, si quieren, esto es lo que se hace. ¿Qué se hace? Esfuerzo y lucha contra nuestra propia voluntad. Es decir, tener obediencia. ¿Pero a quién?. A Dios. Lo dice el Dios. ¿Por qué hoy ayunaré? Porque lo dice el Dios. Me lo dice por medio de la Santa Escritura y mediante la Iglesia. Puesto que me lo dice el Dios hago obediencia. Desde el momento que viviré la obediencia estoy cerca de Dios. Por eso dice el apóstol Pablo sobre Jesús Cristo, el cual es el Nuevo Adán, es la medida que nosotros debemos llegar; Jesús Cristo es el criterio del hombre verdadero, dice: Se hizo obediente hasta la muerte y muerte por la cruz. Obediente, veis, obedece hasta muerte. Principalmente qué muerte. Muerte crucificante. Exactamente por esta razón, si queréis que no nos marchemos nunca lejos de Dios, tendremos obediencia, obediencia a la voluntad de Dios.

El segundo punto es la fascinación y atractivo del logos humano. Logos (lógica) humano quiere decir el racionalismo humano, esto que mi cerebro me dice y me informa. Esto tiene mucho encanto, atracción y fascinación. Es, cómo decíroslo, espero que os acordéis de mí en vuestra vida, la lógica humana tiene mucho el encanto, el hombre siente como si tuviera un arma y no acepto nada más que mi cerebro humano entiende. Obviamente, puede ser que hayamos desarrollado la ciencia, la filosofía, puede ser mil cosas, pero finalmente este encanto o fascinación nos hunde.

El tercer punto es la magia de autozéosis o autodeificación. Es cuando fue dado el mandato que las chicas ya pueden ir al colegio sin la bata; el día siguiente de la comunicación poquísimas chicas fueron al colegio con la bata de alumna. La chica sentía la magia de liberarse de aquello que se le imponía y ponerse lo que ella quiere. Rechaza lo otro y se pone lo que ella quiere. Así lo mismo el hombre rechaza y expulsa la zéosis o deificación que le ofrece el Dios y es atraído de la magia de la autodeificación. Yo quiero hacerme Dios solo. Dios, no tengo necesidad de ti y al final hasta te niego; no te necesito, no me haces falta, yo soy el Dios; yo me haré sólo lo que yo quiero ser.

Estas tres, pues hijos míos, son las que alejan al hombre de Dios. Es decir, la voluntad propia, el encanto del logos humano y la magia de la auto-zéosis o autodeificación. ¿Pero al final saben lo que tenemos?. AL final el hombre resulta como el herido de la parábola del buen samaritano. Pues, sí, tirado, herido, desnudado y medio muerto en el extremo de la calle. Esto resulta al final el hombre. Y viene entonces aquel que el hombre negó, el Dios hecho hombre a ofrecerle ahora la obediencia, a ofrecerle no el logos humano sino el Logos divino, que es la segunda persona-hipóstasis de la Santa Trinidad, es decir, el Dios, y decirle: Yo te deificaré. Le sube en su animal de carga y le lleva a la fonda-hospital que es la Iglesia, para sanarse allí con el aceite y el vino, con los Misterios, la Jaris (gracia) increada y la Misericordia increada de Dios. Allí resulta el hombre.

Tenía un amigo que vivía y desgraciadamente medio vive a los senderos del racionalismo. Hace unos años me mandó una carta y me escribía un monólogo suyo como oración hacia Dios, como una descarga de rabia o estallido, diciendo: “Dios mío cógeme de la oreja y llévame cerca de ti para salvarme de estos senderos del racionalismo.” Quería salvarse, tenía la sensación del ahogo. Aún no lo ha conseguido lleva casi veinticinco años. Es una cosa terrible cuando el hombre en fondo suyo quiere permanecer en esto. Me diréis, no se liberó, porqué no se liberó. Pues, queremos y no queremos, es algo curioso. Atención, y lo veréis. Es cierto que no queremos comer el dulce de nuestra madre, pero lo pensamos cuando ya lo hemos comido. No deberíamos comerlo pero lo comimos no hemos podido aguantar, estábamos delante de la nevera y se nos caía la saliva. Esto san Agustín lo dice de la siguiente manera y es muy característico y psicológico: “Rogaba a Dios que me liberase de mis pazos, pero deseaba en mi profundísimo ser, rogaba que tardase a venir la terapia de Dios porque amaba mis pazos.” Por eso no nos liberamos, porque no hemos odiado a nuestros pazos. Saben, existe una frase dentro de la Santa Escritura que dice lo siguiente: “el que abandona y niega aquello u lo otro… y aun si no odia a su propia psique o vida en esta vida no puede hacerse mi alumno. Debo adquirir odio a este deseante o anhelo de mí mismo. Este mí mismo, el deseante que está muy dentro que dentro de mi ser profundísimo muy hondo al núcleo de mi personalidad y mi psique. Debo odiar a este antiguo mi mismo pasional, enfermo y patético de otro modo no puedo sanarme y librarme.

Yérontas Mitilineos

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