PRÓLOGO

 

Después de tomar el trono de Roma el nuevo Papa, Benedicto XVI, se anunció el retorno del inicio del Diálogo teológico de Ortodoxos y Romanocatólicos, que a causa del problema de la Unía se había parado en Julio del 2000. Se han hecho varias valoraciones sobre la actitud que mantendrá el nuevo Pontífice frente a serios problemas teológicos que existen y dificultan la apocatástasis o restablecimiento de la unión eclesiástica.

Independientemente de estas valoraciones, los Ortodoxos vemos la apocatástasis de la unión eclesiástica como la vuelta de los Romanocatólicos a “Ortodoxa fe que se entregó en los santos miembros de la Iglesia, una vez para siempre” -de la que nunca deberían haber salido- y de la cual se han cambiado por los dogmas heréticos como el de la primacía del poder del papa, de su infalibidad, del “filioque”, de la creada gracia y muchos más.

Para que se tome conciencia de lo que esperamos del diálogo, que parece va a volver a empezar otra vez, publicamos con algunos cambios la homilía que habíamos hecho en 1998, con el tema de las diferencias básicas de la Iglesia Ortodoxa y el Romanocatolicismo o Papismo, en una ciudad de la província, después de la invitación de su Metropolita, porque se habían presentado casos de proselitismo por parte de los Papistas en perjuicio de los Ortodoxos.
Una característica de la plural época nuestra es el intento de acercamiento de varios pueblos y culturas. En esta dirección se han movido varios representantes de distintas confesiones cristianas o religiones, reuniéndose en ocasiones para tener conversaciones oficiales y no oficiales. Para que sea posible la realización de estos diálogos se buscan en principio puntos comunes entre las partes dialogantes. Por esto en la presente coincidencia histórica quizás se considere paradójica la enumeración de las diferencias entre nuestra santa fe Ortodoxa y el Papismo.

Pero un ligero y frívolo ecumenismo, que desconoce y no acepta las diferencias, aleja en vez de traer más cerca la unión. Para éste ligero y frívolo ecumenismo escribe el padre Dimitru Staniloae: ”Cada cierto tiempo, se crea una gran ilusión sobre la unión, un fácil y simplón entusiasmo, que cree que puede con su calor emocional (sentimentalismo) liquidar la realidad y volver a crearla sin dificultad. Además se crea una mentalidad conciliadora diplomática, que cree que puede conciliar con mutuas cesiones en tesis dogmáticas o situaciones generales, que mantienen las iglesias separadas. Estas dos maneras con las que se afronta la realidad la tergiversan; presentan una elasticidad o una relativización del valor que se da a ciertos artículos de la fe de las iglesias. Esta relativización refleja quizás la muy baja importancia que dan a éstos artículos sobre la fe, algunas organizaciones cristianas en su totalidad o en algunos de sus círculos. Proponen sobre éstos temas, por el entusiasmo o por mentalidad diplomática, intercambios, acuerdos y convenios, justamente porque no tienen nada que perder de lo que ofrecen. Pero éstas conciliaciones presentan un grave y gran peligro para las Iglesias, donde los correspondientes artículos tienen un valor de primera línea. Para éstas Iglesias, estas propuestas de este tipo de intercambio y conciliación equivalen a ataques abiertos.” (Dimitru Staniloae, Para un Ecumenismo Ortodoxo, ediciones Athos, Pireo 1976).

Existe otra razón por la que debemos conocer las diferencias: mantener en estado de alerta y vigilancia la conciencia dogmática de los Ortodoxos.Vivimos en época de confusión y sincretismo (comparitivismo donde todo vale), de intercristianismo e interreligionismo que se mezcla y se proyecta por la llamada “Nueva Era o Nuevo Orden”. La tripulación de nuestra Iglesia se infecta. Recientemente un maestro de la Universidad de Atenas escribía que podía encender una vela al icono de la Panayía, como igual también delante de una estatua de una de las diosas del Hinduismo.

Es un deber imperioso pastoral de los Pastores de nuestra Iglesia que confiesen la Fe Ortodoxa sin conciliación alguna cuando dialogan con los heterodoxos, pero también cuando enseñan al pueblo Ortodoxo, y sobre todo allí donde se confunde, a causa de la ignorancia de las diferencias con los otros dogmas y religiones. Mucho más importante es que enseñen e indiquen las diferencias dogmáticas en las zonas y regiones donde conscientemente e inconscientemente se ejerce el proselitismo. El consejo del Apóstolos Pablo a los obispos y presbíteros de la Iglesia resuena y truena hoy también: “ Cuidad y vigilaros vosotros mismos como viviréis. Cuidad como os comportaréis y enseñaréis a todo el rebaño espiritual, en el cual el Espíritu Santo os puso como obispos para conducir y apacentar a la Iglesia del Señor Dios, la Cuál el mismo Señor adquirió con Su sangre” Hechos 20, 28.

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