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4. HUMILDAD

 

Angel del Señor copia

 

1. ¿Cómo se obtiene la humildad? 2,1

Homilía responde sobre humildad en diania, corazón, voluntad, cuerpo.

Cierto que podría contestar con dos palabras de la siguiente manera: Si quieres la humildad se consigue, es decir, es cuestión de voluntad y no sólo para la humildad sino para cualquier cosa. ¿Quieres hacerte rico?. Si quieres, sí puedes. ¿Quieres hacerte estudioso?. Si quieres, sí puedes. ¿Quieres hacerte santo?. Si quieres, sí puedes. Cuando el Dios dice “haceos santos porque yo soy santo” significa que se dirige y depende de la voluntad del hombre, estimar bien las cosas y decir: quiero hacerme santo y uno  se hace santo. Ahora bien, la manera que conseguirá esto, ciertamente es ya una conducción y orientación.

Sólo tened cuidado porque muchas veces sospecho que cuando pedimos que el otro nos diga cómo vamos a obtener algo, en el fondo buscamos algo para no esforzarnos. El que uno quiera conseguir algo sin esfuerzo, eso es una máquina del yo o ego. Pero os aviso que sin esfuerzo no conseguimos nada. Debe el hombre de esforzarse. Los antiguos decían que “los bienes se consiguen con esfuerzos y dolores”. Por lo tanto, como percibís, tenemos que esforzarnos, cansarnos para conseguir algo.

Pero yo no os diría otra cosa sino como se distribuye el tema, es decir, qué es la humildad, en qué aspectos de la existencia humana está la humildad. Y señalaremos unos puntos y después si quieren diremos algunas cosas de cómo la obtendremos. Pero en el fondo permanece este “quiero”. También es el “divino quiero”, es decir, que el Dios quiera. Pero como Dios quiere, entonces no tenemos más que hacer sino que se encuentren estos dos “quiero” el de Dios y el del hombre y obtener el milagro. Es el milagro de la santificación, divinización y parte de esta santidad es la humildad. Cierto que no agotaremos el tema sobre la humildad porque es muy grande, sino que corresponderemos unos elementos básicos.

Quiero deciros que la humildad se refiere a muchos aspectos de la existencia humana. Tenemos la humildad de la διάνοια (diania, mente, intelecto, cerebro, inteligencia). Tenemos la humildad del corazón. Tenemos la humildad de la voluntad y también la humildad del cuerpo. (διάνοια, diania, mente, intelecto, cerebro, inteligencia, aquí como diania utilizaré sólo la palabra mente, para no cansar al lector).

He tomado cuatro aspectos y creo que estos cuatro aspectos contienen la existencia humana. Así que muchas veces puedo tener una humildad de la mente y no tener la humildad del cuerpo y viceversa. Vamos a ver ahora lo que es cada una de estas cosas y espero que nos ayudemos para encontrar y señalar cómo debemos movernos.

Primero vamos con la humildad  de la διάνοια (diania, mente, intelecto, cerebro, inteligencia). Esta humildad de la mente se expresa con una cosa muy interesante y grande que se llama sencillez o naturalidad. La sencillez no es virtud, es la constructora de virtudes y a la sencillez se le pueden atribuir algunas secciones. Aquí decimos sencillez de la διάνοια (diania, mente, intelecto, cerebro, inteligencia). Podíamos decir sencillez de vida y así incluir al hombre entero. ¿Cuál es esta sencillez de la mente? Es cuando el hombre conoce sus límites, los de su mente y no quiere sobrepasarlos. Es esto que dice san Juan el Clímaco que no debe dedicarse a demasiadas cosas inefables, ocuparse de cosas que no es posible que ellas sean objeto de investigación. Saben que en la Santa Escritura hay multitud de misterios. Hay dos tipos o categorías de misterios. Una categoría de misterios son los que el hombre debe y está llamado a conocer. La segunda categoría son los misterios que el hombre no debe conocer, ni avanzar. Allí donde el Dios dice a Moisés “quítate tus zapatos para que avances, porque el lugar es santo”, significa que tienes que quitarte los zapatos de la διάνοια (diania, mente, intelecto, cerebro, inteligencia), es decir, la mente depondrá su racionalismo y su curiosidad y aceptará el misterio sin investigarlo. La otra categoría son aquellos que debemos conocer, si os habéis fijado el Evangelio de hoy en la parábola del sembrador, el Cristo dijo a sus alumnos “que habla con parábolas”, de modo que aquellos que no tienen ganas y tienen mala voluntad que escuchen pero no entiendan, que vean pero no perciban ni entiendan. Esto es lo que tiene la parábola, que esconde. Pero a los Apóstoles el Señor les interpreta y dice: “A vosotros os ha sido dado conocer los misterios de la realeza de Dios, en cambio el resto cerrado, en parábolas porque no son dignos”. Pero estos debemos investigarlos y dice san Isaac el Sirio: los misterios se apocaliptan, revelan a los de conducta interior humilde. Los misterios de la realeza de Dios se apocaliptan a los humildes. Esto es muy importante. Así que el hombre tiene que saber qué debe investigar y qué no debe.

Aún tiene que haber una franqueza en lo que medita, lo que piensa e imagina, aún, tiene que manifestar sus puntos débiles, su ignorancia, sus errores y su incomprensión, y aún como dice san Pablo: “…hacer como si lo supiese todo y que tengo virtud grande y enorgullecerme” (Rom 12,16). Esto se llama humildad de la διάνοια (diania, mente, intelecto, cerebro, inteligencia). Aún cuando el hombre acepta la fe y no pone en duda su contenido diciendo si es o no es. Por esta razón tiene que decir lo que dice el Apóstol Pablo a Timoteo: “Es fiel el logos y digno de toda aceptación”. El humilde piensa como tener conducta interior serena y sana, entera. Escuchad, decid sencillamente: lo dijo el Dios. Si entra una duda en vuestro interior decid sencillamente: lo dijo el Dios, se acabó. ¿Es verdad que resucitaremos? Lo dijo el Cristo, se acabó y me quedo tranquilo.

Pero porque digo, ¿lo dijo el Cristo? Porque Cristo resucitó y ascendió y mandó el Espíritu Santo al mundo. Por consiguiente, es verdadero, por lo tanto, “lo dice Cristo” se acabó. Esto que tomo en la divina comunión ¿es el cuerpo y sangre de Cristo?. Pero mi lengua lo entiende como vino y pan, pero “lo dijo el Cristo” se acabó. Esto se llama humildad de la διάνοια (diania, mente, intelecto, cerebro, inteligencia).

Al contrario el hereje está privado de humildad de la διάνοια (diania, mente, intelecto, cerebro, inteligencia), por eso es imposible para que este hombre regrese atrás, permanece en su egoísmo. Saben que el orgulloso, arrogante en la διάνοια (diania, mente, intelecto, cerebro, inteligencia) intenta hacer interpretación o hermenéutica racional de la Apocálipsis (revelación o Santa Escritura), quiere entender aquello que muchas veces no podemos entender, captar, interpretar y racionalizar la fe. Esto es orgullo, soberbia de la διάνοια (diania, mente, intelecto, cerebro, inteligencia).

Cierto que hay muchas cosas más, como la exactitud en el logos hablado y escrito es humildad de la διάνοια (diania, mente, intelecto, cerebro, inteligencia). La ambigüedad o imprecisión no es humildad. Muchos quieren aparecer sabios en su ambigüedad o imprecisión, exactamente porque no son sabios e intentan ofrecer la ambigüedad para impresionar como si fueran grandes, importantes y sabios, veis como actúa el orgullo.

Después tenemos la humildad del corazón (el centro psicosomático). Esta humildad del corazón se manifiesta por la comunión con las demás personas. Yo diría con la creación entera, no sólo con las personas. El humilde de corazón ve a las personas como iconas-imágenes de Dios, no las desprecia y acepta a cualquier persona y no rebaja a nadie. Dice san Santiago: “Si entra en vuestra asamblea un hombre rico con anillos de oro y vestido elegantemente; y entra un pobre vestido miserablemente, y vosotros volvéis vuestra mirada al que viste elegantemente y le decís: Tú siéntate aquí, en el puesto de honor, y al pobre: Tú estate de pie o siéntate aquí, a mis pies, ¿no hacéis distinción entre vosotros mismos y no juzgáis con pensamientos perversos? (San 2, 2-4). Porqué, dice el Santo, ¿no son lo mismo todos?. Cierto que es otra cosa si es honor a un cargo, a veces ofrecer un sitio, algo distinguido, no porque desprecias a los otros, sino porque haces honor al cargo de esta persona. Atención a este tema, son dos cosas totalmente distintas no como desprecio sino como honor a un cargo.

Aún, es más, dice el Apóstol Pablo que nos relacionemos con los humildes. El que diga lo mismo que los demás es humildad del corazón, porque muchas veces queremos decir algo superior a los demás y llamar la atención. ¿Por qué tenemos que llamar la atención con cosas paradójicas y fuera de tono?. Debemos ser como los demás. Dice san Isaac el Sirio: ten cuidado no desprecies ni tengas asco a una persona, porque tu también estás vestido de carne. Tengo que ver a todos por igual y esto significa que tengo corazón y actitud humilde.

Después tenemos la humildad de la voluntad. La voluntad es una de las tres dinamis (potencia y energía) de la psique, las otras dos son la emoción y la comprensión. La humildad de la voluntad se realiza con la diaconía, (el servicio). Cuando sirvo a los demás. El mismo Señor nos dijo que: “El hijo del hombre no vino a servirse sino a servir” y ¿saben qué imagen dio a los alumnos?, se puso un delantal, tomó una palangana de agua y empezó a lavar los pies de los alumnos, diciendo: “lo que habéis visto en mí que soy vuestro maestro, lo tenéis que hacer entre vosotros”. El que sirve es grande, pero la diaconía o servicio se refiere a la humildad de la voluntad. El Apóstol Pablo dice sobre la viuda: “…estar acreditada por sus buenas obras, tales como haber educado bien a sus hijos, haber ejercitado hospitalidad… haber practicado toda clase de obra buena” 1ª Tim 5,10. Sirvo a las necesidades de los hermanos, nada de inteligencias y bellas habladurías. Aquí pues tenemos la humildad de la voluntad que es servir a mi prójimo.

La cuarta categoría de humildad es la del cuerpo. ¿Cómo aparece la humildad del cuerpo?. Con la vestimenta sencilla, el peinado, el modo de caminar y el comportamiento sencillo. Dice la sabiduría Sirac 19,29-30: “Por su aspecto se conoce al hombre y por su semblante al sensato. El vestir, el reír y su caminar denuncian lo que es”, si es humilde u orgulloso. Si seguimos la moda esto no es humildad (lo dice la misma palabra, modo de vivir que me lo imponen, estoy esclavo como una oveja detrás de la moda). Hoy todas las mujeres visten pantalones. Esto no es humildad, porque los pantalones son para los hombres, lo dijimos el año pasado esto. Lo unisex dentro del Evangelio, en el cristianismo, no tiene lugar, no puede la mujer hacerse igual que el hombre ni viceversa, esta semejanza de géneros o sexos no cabe aquí. Humildad quiere decir que vista siempre decentemente, sencillamente y limpio.

Pero vamos al punto interesante de la pregunta, aunque no lo agotaremos, es un tema muy grande, ¿cómo se consigue la verdadera humildad?. Primero con la μετάνοια (metania, cambio de mentalidad, arrepentimiento y confesión). Cuando acepto quién soy. Cuando haya visto quién soy y empiezo a hacer metania para mí mismo, entonces acepto las tentaciones, no honores, desprecios e insultos. Si acepto estos y digo, ¿qué soy yo, soy importante?. Si tengo una prueba o una dificultad no decir ay y quejarme. ¿Quién soy yo para decir esto?, esto también lo aceptaré. Esto se dice que tengo una metania, me veo que no soy nada y acepto lo que permite Dios para mí.

Segundo debo tener el luto por Dios.  (Por el léxico heleono-ortodoxo). Πένθος (penzos) luto: el término en los textos patrísticos, es “luto por Dios, tristeza, sufrimiento, angustia, que nace la metania, introspección, arrepentimiento y confesión”. El luto por Dios no se identifica con el luto cósmico mundano, el que sienten los hombres cuando, por ejemplo, pierden seres queridos, sino que es resultado de su concienciación del pecado y la creación de sanas vivencias de metania y regreso al Señor. Se trata de un luto con originalidad propia, que con la energía divina Jaris, combina la alegría y la tristeza del luto (“luto alegre, pena-alegre”). No causa conflictos, ni perturbaciones psíquicas al contrario, trae paz y serenidad a la psique, disposición para cumplir los divinos mandamientos y esperanza en Dios.)

El luto por Dios destierra el enfado, la ira, cuando uno está de luto interiormente no se enfada, ni enoja. Me diréis, ¿cómo puedo no enfadarme teniendo luto por Dios? Dice el abad Isaías: “El no herir la conciencia del prójimo, de esto nace la humildad”

Tercero es el espíritu de aprendizaje. Cristo dijo: “aprended de mí que soy apacible y humilde de corazón”. “Aprended de mí”, por lo tanto necesito un modelo, un prototipo. Este modelo es nuestro Señor Jesús Cristo. Realmente tengo que estar aprendiendo de Jesús Cristo quien es el Gran Humilde.

Por lo tanto, cuando tenemos estos tres, la metania, el luto por Dios y el espíritu de aprendizaje, tengo la manera y el instrumento para entrar al espacio de la humildad, por lo demás, me esfuerzo vanamente.

Humildad es también parte de la deidad.

Humildad en la diania-manteintelecto es la sencillez.

Humildad es espíritu de metania y aprendizaje en Dios.

Humildad es una virtud que se relaciona directa e indirectamente con todas las demás virtudes.

Preguntan algunos tergiversadores del Evangelio. ¿Dónde estaba Cristo desde sus doce años hasta los treinta?  Les contestamos según el Evangelio: “… estaba sometido a ellos” (Luc. 2,51), dicho de otra manera nos enseñaba las virtudes de obediencia e humildad. Estos desgraciadamente no someten su fe en Cristo, sino a Cristo a la fe de ellos, sus creencias. Toda la vida terrenal de Cristo era un continuo caminar hacia la humildad con logos y obras.

 

 2. ¿Cómo puede uno llegar al estado de la auténtica humildad en su conducta interior? 33,29´

Hijos míos, la cosa no es fácil, es de las obras más difíciles que tiene que realizar el hombre en esta vida. Si tenemos en cuenta que el egoísmo es lo contrario de la humildad interior y el causante de todos los males y pazos, la humildad es la fuente de todas las virtudes y bienes. Por lo tanto, humildad significa negar el egoísmo. Pero qué es este egoísmo, es un capítulo muy grande. Es un capítulo que cuanto más lo investigas más lo pierdes, no puedes fácilmente definir qué es este egoísmo. El egoísmo constituye una enfermedad de la personalidad. Porque no es el yo o ego, el ego-yo define la persona. Porque si yo no tengo autoconciencia, conciencia de mí mismo, es decir, no tengo el yo o ego, entonces entendéis que la cosa es muy difícil y seria. Es decir, no tengo personalidad, estoy loco. Por lo tanto el ego-yo es lo que define la personalidad. Egoísmo quiere decir enfermedad del ego o yo. Y esta enfermedad cómo se define, es muy difícil. Es decir, cómo encontrarás el egoísmo, qué es aquello que hace el egoísmo, qué elementos, no sé, qué puedo decir, me quedo perplejo. Ni el mismo hombre puede entrar en esta pesadísima enfermedad que es la primera, quizás la única consecuencia del pecado original. Por eso uno primero tiene que empezar obteniendo un autoconocimiento. Es decir, preguntarse quién soy.

Ahora hablaré al nivel vuestro. Una vez un estudiante me preguntó: dígame por favor, ¿cómo me ve?. Yo no le contesté nada. Le digo, no te diré cómo te veo. Y me contesta, ¿por qué? Porque no aguantarías escuchar cómo te veo. Sencillamente  porque una vez un profesor amigo mío hizo una pregunta a sus alumnos: que escribieran anónimamente en un papel cómo le ven. Y lo que le escribieron fue asombroso le dijeron de todo. Él se enfadó y hasta hoy está arrepentido. Me lo contó a mí lo que le había pasado y le dije: muy bien lo que te ha pasado, porqué a quién se le ocurre hacer este tipo de preguntas. No estás preparado para escuchar aquellas cosas que te van a decir. ¿Por qué? Porque nuestro egoísmo no nos deja escuchar aquellas cosas que nos van a decir los demás. Lo mismo, al estudiante aquel me negué a decirle características de él. ¿Por qué? porque el hombre, por un lado quiere conocerse a sí mismo y por otro lado se justifica de cualquier manera. Puede que diga: me dicen algunos que soy egoísta, pero yo no me encuentro a mí mismo como egoísta. En cambio otros amigos me dicen que soy normal, no tengo ningún egoísmo. El egoísmo no es cuando alguna vez digo una cosa e insisto en algo, como la humildad no es bajar la cabeza y que me peguen. Las cosas no son así. Debemos empezar a aprender qué es egoísmo y qué es humildad y que son dos capítulos contrarios. Uno es la enfermedad y el otro es la salud. Es la apocatástasis, restablecimiento del ego o yo del egoísmo, es decir, que se ha liberado el ego-yo o la personalidad del egoísmo del padecimiento, pisoteo de la enfermedad del egoísmo. Por lo tanto, cuando tengo la franqueza, la cual estaré obteniendo poco a poco al verme a mí mismo, no se trata desde el principio de llegar a la gran franqueza, juzgarse y condenarse a sí mismo, no, poco a poco comience a verse a sí mismo y en esto le ayudará el logos de Dios. Así que con la ayuda del Logos, el estudio y la forma de vida uno empieza poco a poco a verse, esto también es trabajo espiritual. Entendéis, pues, que tenemos que hacer mucho trabajo sobre nosotros mismos. Es el trabajo llamado espiritual, observarse a sí mismo. Preguntarme qué hago, dónde estoy, quién soy, en todo momento.

Por otro lado, tenemos un prototipo o modelo. Este modelo es el Cristo. En su epístola a los filipenses el Apóstol Pablo nos dice: “El Cristo se vació a sí mismo y tomó forma de sirviente, esclavo, por lo tanto tenemos que tenerle como modelo. No se hizo Dios arrebatando la deidad, es decir, era Dios y como Dios bajó tan bajo”. He aquí, pues, la humildad, donde se nos da una medida y una imagen de verdadera humildad.

 

3. Dice que: “En los humildes se da la jaris (energía y gracia increada)”, da a entender que la humildad atrae la jaris de Dios.  ¿Cómo se atrae la humildad sin jaris increada de Dios? 1,52´

Aquí tenemos lo siguiente. Decimos que el hombre ama. ¿Porqué ama?. La agapi (amor) viene de afuera, viene de Dios. El Dios manda la energía (increada) de su agapi, atención, la increada energía de Su agapi y los hombres aman, corresponden, tal como el sol manda sus rayos. Por lo tanto, primero empieza Dios. Primero empieza la jaris increada de Dios, porque Él quiere que todos se salven y todos conozcan la verdad. Así ahora, ¿tenemos la correspondencia o no? Si tienes preferencia o voluntad bondadosa, corresponderás, si tienes mala no. Cuando correspondas a la agapi de Dios, entonces el Dios te da más agapi y tú correspondiendo ofreciéndole más, Él más y más, etc. Os diré un ejemplo que no es mío es de san Teófilo de Antioquia. Dice el santo: “Nosotros somos espejos que reflejamos la energía de las divinas cualidades, las divinas energías increadas. Tomad la agapi como luz y un espejo oscurecido. Cae la luz y refleja poco. Lo limpio un poco más y un poco más refleja y así continuo cuanto más limpio el espejo más luz refleja.” Cuando más humilde soy más atraigo la jaris increada de Dios. Cuando yo correspondo a la agapi de Dios tanto más recibo la agapi de Dios. Por lo tanto, el primer paso siempre lo tiene Dios. Yo debo corresponder. El problema está aquí, ¿corresponderé o no? y la cosa después toma sola su camino.

Es lo mismo que cuando un visitante nos trae un regalo y nosotros se lo devolvemos con otro mayor y él corresponde con otro regalo mayor y así continuamente. Nos ofrece el Dios su agapi, nosotros le ofrecemos la nuestra, más agapi Él, más nosotros y así nos hacemos santos. Así nos hacemos personas con agapi (amor desinteresado), con humildad y hombres de la jaris increada de Dios. ¿No es bello? ¡Es maravilloso, es admirable! Basta que correspondamos. ¿Saben que algunas veces la primera agapi de Dios es imperceptible?. Saben que uno de los nombres del Cristo es el nombre de ladrón. Os parecerá extraño. Decimos que Cristo es el camino, la vida, la verdad, etc., pero uno de los nombres es ladrón. Dice: “He aquí, vengo como un ladrón.” ¿Y el ladrón sabéis lo que hace? Toca con una piedrecilla al principio la puerta o la ventana para ver si están durmiendo las personas que están dentro de la casa. Si oye alguien que le contesta, ¿quién es?, piensa que no están durmiendo y no procede al acto. Pero cuando toca un poco la puerta y no hay nadie intenta realizar el acto. Atención ahora. Cristo viene y toca poco la puerta, nosotros si escuchamos decimos, ¿quién? Entonces este ladrón especial no se va, le abrimos la puerta y entra dentro. Es decir, pequeñas llamadas. Ejemplo: venid a la catequesis escucharéis algo bueno o venid a escuchar logos de Dios. Estas son pequeñas llamadas. ¿Has correspondido? Tomarás ricamente la jaris de Dios. Estas pocas cosas sobre el tema de la humildad que es grandioso y también hay mucha literatura escrita por los Padres.

27 33´ Humildad para san Basilio es volver a tu propia realidad. Porque si eres más de la cuenta entonces eres un hombre orgulloso, arrogante. Si estás más abajo de lo que eres, entonces padeces de complejos, no has estimado exactamente lo que eres. El valorar y estimar lo que realmente soy, esto es humildad. Porque si uno me dice que tengo el talento y capacidad de cantar, psalmodear y yo digo que no tengo esta facultad, entonces tengo un talento que lo entierro. Debo pues, lo que tengo cultivarlo. Humildad quiere decir, lo que tengo debo cultivarlo y no cultivar lo que no tengo, es decir, talentos inexistentes. Puesto que son talentos inexistentes, ¿por qué tengo que perder el tiempo en cultivarlos y esforzarme de algo que no está en mi interior?

Humildad no es bajar la cabeza. El Señor dijo que: “aprended de mí que soy apacible y humilde de corazón”. ¿Creen que el Señor tendría la cabeza hacia abajo?. No, eso no es humildad. El Señor hablaba, recriminaba, diríamos que aquellos terribles “hayas” que dijo “hay de vosotros intelectuales y fariseos hipócritas…”, recriminando los poderes políticos, intelectuales y religiosos de su época. Porque en la época de Cristo había una gran decadencia. ¿Esto significa que el Señor dejaba de ser humilde? No. Cuando el Señor tomó el látigo y empezó a tirar las mesas de los vendedores del templo y abrir las jaulas de las palomas para que se vayan, ¿no era humilde? Veis pues que tenemos que adquirir y tener una cierta percepción y gnosis de las dimensiones de las virtudes y en este caso la mayor que es la humildad.

El yérontas-starets Tijon, del monasterio Ruso san Panteleimón del Monte Santo Athos con su peculiar griego decía: “Dios cada mañana con una mano bendice su creación y cuando encuentra un humilde le bendice con las dos manos.”

 

4. ¿Qué es autocrítica? ¿Conduce a la humildad? 26,31´

Es importante esta pregunta, como lo veréis. Es la manera por la cual nos conoceremos a nosotros mismos. Es decir, por la autocrítica nos juzgaremos a nosotros mismos y llegaremos a la autognosía-autoconocimiento. Por lo tanto, la autocrítica conduce a la autognosía-autoconocimiento. En cambio la autognosía-autoconocimiento no es otra cosa que el principio del arreglo o corrección de nosotros mismos. Esto es muy importante. Los Padres dicen que, cuando se haga este comienzo del arreglo, es decir, este autoconocimiento, este “conocerse uno así mismo”, así lo llaman los Padres, el beneficio es grandioso. Porque sin este autoconocimiento, sin “el conocerse a sí mismo” no es posible progresar en la constatación de nosotros mismos y en nuestro arreglo de posibles fallos y defectos de nuestro carácter.

Es conocido que los antiguos helenos esto lo decían “conócete a ti mismo”. Era muy importante en la antigua Grecia, estaba escrito en el oráculo de Delfos y pertenecía a uno de los siete sabios presocráticos de Grecia, me parece que era Tales de Mileto. Lo tomó Sócrates y lo hizo un sistema de filosofía, la conocida solución filosófica del conocido problema antropológico. Así pues, con Sócrates empieza la antropología filosóficamente desde lo dicho de aquel rótulo: “Conócete  ti mismo”. Cierto que no podremos nunca conocernos a nosotros mismos, si de una vez no nos sentamos a vernos y examinarnos. El hombre contemporáneo no tiene tiempo para verse a sí mismo. Un fenómeno del hombre actual es que es superficial, siempre se mueve y permanece en una situación y manifestación exterior, nunca gira hacia su interior. Porque no tiene tiempo. Su tiempo está comprimido, debe hacer esto o lo otro. Tiene que ir aquí o allá, decir esto, escuchar aquello etc., y no puede. Generalmente el hombre y la mujer siempre se mueven, no pueden verse a sí mismos. El resultado es que el hombre permanezca vacío e inexplorado con el resultado de que no se conozca a sí mismo. Esto es una desgracia. En épocas antiguas el hombre podía tener su tiempo para verse a sí mismo. Hay un pasaje en los Salmos que dice: “Sentaos y conozcan que yo soy Kirios (Dueño y Señor)”. Es decir, sentaos un poco, por eso se puso el sábado a los hebreos como festivo, no hagáis ningún tipo de trabajo y en este estado festivo que me conozcáis a mí, el Dios. ¿Cómo? Estudiando el logos de Dios y ver mis admirables obras por la naturaleza y por la Ley. Esto se podría extender también de la siguiente manera: Sentarse y conocerse a sí mismos. Me diréis, porqué no dice esto y dice que “sentaos y sabed que yo soy vuestro Señor”. Es muy sencillo y característico, me gustaría que lo sepáis y lo recordéis.

La Ortodoxia conoce al hombre mediante el Dios. El cristianismo occidental, siempre en el espacio hermenéutico o interpretativo conoce a Dios por medio del hombre. Si me preguntáis cuál es el método más correcto. En principio os diría que son dos caminos, pero el camino más correcto es el de la Ortodoxia. Porque si quisiera conocer a Dios por medio del hombre, entonces cometeré errores. Entonces tengo delante de mí al hombre caído, el pecador, el descendiente de Adán. Éste no constituye modelo, prototipo de estudio para conocer a Dios. Cierto que existe un pasaje en los Salmos que dice: “De mí formación te has hecho tú el Dios admirable”. Estudiando, pues, al hombre, admiramos a Dios, sí, pero repito que tenemos el hombre caído y pecador, sobre todo el que investiga la psicología es el hombre caído, desgraciadamente este no es el hombre correcto, no es modelo o prototipo del hombre. Nuestro modelo o prototipo es el Dios. Iremos a conocer a Dios y cuando conozcamos a Dios entonces conoceremos también al hombre. Por eso toda la Teología Ortodoxa Oriental se mueve de esta manera, se mueve hacia Dios para ir al hombre y no desde el hombre hacia Dios. Cierto que hay unas tesis que diríamos que debo pasar desde el hombre a Dios. Esto es la caridad, misericordia o limosna. Pero no es el estudio, es la caridad que es una praxis de compasión o misericordia. Como dice el Señor: “…estaba enfermo y me habéis visitado”. Cómo paso a Dios. Por medio del hombre. Pero repito esto es sólo una praxis. Pero la verdadera gnosis-conocimiento de mí mismo o del otro, no se me dará nunca si no conozco por Dios.

Debemos de una vez sentarnos y pensar que debemos hacer autocrítica para llegar al autoconocimiento, o si quieren, debemos estudiar el logos de Dios, estudiar estudiándonos teología y el mismo Dios para conocer al humano. ¿Qué creen, es importante esto?. De este conocimiento de Dios y del autoconocimiento humano procede, emana diríamos toda virtud, la humildad, cada praxis buena, etc. Amín.

 

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