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Prólogo

San Gregorio Palamás dice que el Cristo con Su humanización “como Dios y ser (existencia) de antes de los siglos se hizo también Teólogo para nosotros”. Así que el mayor teólogo para los hombres es el Hijo y Logos de Dios, quien se humanizó, se hizo hombre y nos ha revelado verdades excelentes, las que no podían descubrir ni los mayores filósofos. Naturalmente la filosofía que ha revelado el Dios no es una ideología, sino verdadera vida, porque se vincula y conecta con el renacimiento del hombre.

En una discusión teológica que tenía el Cristo con el Fariseo Nicodemo, que entonces era Su discípulo secreto y más tarde se hizo discípulo valiente y público, se refirió al gran tema del renacimiento del hombre; -Nicodemo junto con José el ministro jurado, Le bajaron de la Cruz y Le sepultaron.

Desde el principio de la conversación el Cristo dijo a Nicodemo: «De verdad en verdad te digo, el que no naciere de agua del bautismo y del Espíritu, no puede ver y entrar a la realeza de Dios. (5. Respondió Jesús: «De verdad en verdad te digo que: si uno no naciere espiritualmente del agua del bautismo y de la jaris-gracia increada del Espíritu Santo, no puede ver ni entrar a la realeza increada de Dios, tampoco puede disfrutar de los bienes de ella). Aquí se hace discernimiento entre el nacimiento terrenal y el de arriba el celeste. El primero se refiere claramente al nacimiento por el matrimonio, en cambio el segundo se refiere al renacimiento espiritual que se hace con el Misterio del Bautismo. El hombre renace espiritualmente, los miembros de su cuerpo se hacen miembros del Cuerpo de Cristo. Por el Santo Bautismo renacemos, recibimos la luz de la divina Jaris (gracia, energía increada) y mediante ella vemos al Θεάνθρωπος (zeántropos) Dios y hombre, nos convertimos en Sus miembros, nos introducimos en Su Realeza increada y cumplimos la finalidad de nuestra existencia.

Nicodemo no podía comprender muchas cosas de esta enseñanza y preguntó: ¿cómo es posible a uno siendo viejo renacer de nuevo, es decir, como es posible introducirse uno de nuevo en el vientre de su madre y volver a nacer? Cristo resolviendo su duda le contestó: “De verdad de verdad te digo que si uno no nace de agua y Espíritu no puede entrar en la Realeza de Dios. Lo nacido de sarx (cuerpo y carne) es sarx y lo nacido del Espíritu es espíritu” (Jn 3,3-5).

Según los Santos Padres, el nacimiento de “agua y Espíritu” tiene dos interpretaciones. 1) puesto que el hombre es constituido de cuerpo y ψυχή (psijí psique, alma), cuando recibe el agua visible, se entiende como la catarsis (sanación, purificación o purgación) del cuerpo y el Espíritu energiza y coopera “invisiblemente en el renacimiento de la invisible psique”. Así el Espíritu Santo que energiza y opera junto con el agua de la pila bautismal, renueva al hombre entero, o sea, el cuerpo y la psique. 2) la otra interpretación expresa el bautismo mediante el agua y el Espíritu. Es decir, el bautismo que recibimos en la Santa pila debe sin falta conectar con el Bautismo del Espíritu Santo que es Su llegada dentro en el corazón donde empieza la oración noerá o del corazón. Cuando el hombre se ha convertido en templo del Espíritu Santo entonces automáticamente tiene incesante memoria a Dios.

El bautismo del agua y del Espíritu puede ser que conecten entre sí, cuando se hace la correcta y ortodoxa Catequesis. Pero puede que no se conecten absolutamente entre sí por el mero hecho que primero es el bautismo del agua y luego sigue el bautismo en Espíritu. Es muy característico en los Hechos de los Apóstoles que los Cristianos de Samaria por un lado habían recibido el bautismo del agua, es decir, ya estaban bautizados en el nombre del Señor pero no habían recibido el bautismo del Espíritu, por eso mandaron a los Apóstoles Pedro y Juan para bautizarlos en el Espíritu Santo. Se escribe así en los Hechos de los Apóstoles: “… les enviaron a Pedro y a Juan, los cuales, bajando oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo, puesto que no había bajado en ninguno de ellos porque sólo habían sido bautizados en nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo” (Hech 8,14-17).

Es cierto que aquí se habla para el Misterio del Bautismo y el Misterio de la Crismación. Pero en la Parádosis (Santa Entrega, Tradición) Ortodoxa, tal y como se ve en muchos puntos, el bautismo conecta con la catarsis (sanación, purificación o purgación) del “como imagen” del hombre y su adhesión a la Iglesia. En cambio el Crisma o la Crismación conecta con la iluminación del nus del hombre que se manifiesta con la llegada del Espíritu Santo en su corazón y la energización de la energía noerá (espiritual) de la psique a través de la oración noerá o del corazón. Por eso en el idioma latino el Crisma se llama “confirmatio”, es decir, la confirmación de que el bautizado es miembro de la Iglesia de Cristo.

De todos modos el hecho es tal y como dijo Cristo a Nicodemo “Lo nacido de sarx (cuerpo y carne) es sarx y lo nacido del Espíritu es espíritu” Jn 3,6-7). El nacimiento biológico constituye al hombre carnal, en cambio el nacimiento espiritual, o sea la regeneración, le constituye en espiritual. Sin el divino Bautismo en el nombre del Dios Trinitario somos carnales y naturalmente la carne no puede heredar la Realeza increada de Dios.

Por todo esto el Santo Bautismo en un “Misterio introductorio” y muy grande, porque nos introduce en el Cuerpo de Cristo, en la Iglesia. Es una gran bendición de Dios. Esta es la razón por la que se necesita una acción responsable de la Iglesia. Pero con el Bautismo del agua debe conectar sin falta con el Bautismo del Espíritu, de acuerdo con la tradición patrística ortodoxa.

En este pequeño libro nos interesamos principalmente por el bautismo de los que llegan de otras religiones y también del ateísmo. En muchos puntos del libro se interesa también por el bautismo de los niños los cuales reciben la Jaris (gracia, energía increada) del Santo Bautismo como vacuna contra los demonios y la muerte. También las Catequesis ayudan en la Catequesis de los ya bautizados. Pero aquí nos interesamos más para la Catequesis de los mayores porque a causa de no percibir, concebir y entender las cosas, la Catequesis se debe hacer con seriedad y responsabilidad.

Examinaremos como la antigua Iglesia preparaba a los Catequizados para que se conviertan en miembros suyos. Ofreceremos un plan de Catequesis (instrucciones), compondremos un ritual o forma típica de conexión, comunión del Misterio del Bautismo con el Misterio de la divina Efjaristía (Eucaristía), como también subrayaremos algunos puntos que debe de tener en cuenta el catequista-sacerdote para la conducción de los bautizados después del Bautismo- de manera que no sea ofrecida la Catequesis como una ideología sino como vida.

Si gracias a la economía o causas particulares, la Catequesis se debe abreviar o simplificar aún más, entonces el Catequista-Sacerdote puede utilizar los diagramas que se proponen para cada Catequesis, así también puede avanzar a base de preguntas y contestaciones del 4º Capítulo.

Aquellos que tiene gran sensibilidad y sienten el gran regalo de ser miembros de la Iglesia con el Bautismo y la Crismación, pueden considerar el día de su bautismo como el día de la fiesta de su onomástica; aquellos que por la iluminación de la luz increada vieron la oscuridad del pecado y empezaron la metania (introspección, arrepentimiento y confesión) y los que una vez llegaron a la iluminación del nus y vivieron el gran regalo de la oración noerá o del corazón, los que llegaron a la gnosis (conocimiento increado) de Dios, los que durante la divina Comunión sintieron profundamente que se están haciendo del mismo Cuerpo y Sangre de Cristo, exactamente porque antes eran miembros de la Iglesia mediante el Santo Bautismo, todos estos considerarán como la más grande bendición de sus vidas el día que el sacerdote les sumergió en la pila del bautismo y marcó en sus cuerpos el sello del Espíritu Santo pronunciando la frase “sello, regalo del Espíritu Santo. Amén”.

Escribía en Atenas 13 de septiembre 1992, durante el día que festejamos la inauguración de la resurrección, la pre-festividad de la Santa Cruz y oficiamos en la memoria del Mártir y Santo Cornelio el Ecatóntarco y el Santo Padre Ierotheo el Ibirita (del Monasterio Ibiron de la Santa Montaña Athos).