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EPÍLOGO

 

La preparación para el bautismo y la guía espiritual de los bautizados es una cruz y una misión responsable. No se trata de un trabajo superficial y social sino de un asunto muy serio.

Con el Santo Bautismo y la vida Eclesiástica aspiramos a la adhesión del hombre a la Iglesia que es el Cuerpo de Cristo y la comunión de zéosis o glorificación. El hombre desde el “como imagen” tiene que llegar al “como semejanza”, es decir, a la zéosis o el perfeccionamiento. Mientras que con su nacimiento siente a Dios como creador, con el Bautismo le siente padre y con la divina comunión como novio y madre. Con el nacimiento de su madre adquiere la vida biológica, con el renacimiento de la Iglesia la vida carnal se hace espiritual.

San Nikolaos Cabásilas dice que con el Bautismo nacemos espiritual y realmente. Tal y como con el nacimiento carnal tenemos la carne de nuestros padres, así con el nacimiento espiritual tenemos el cuerpo, los huesos y la Sangre de Cristo. Pero existe también gran diferencia entre estos dos nacimientos. En el nacimiento natural nuestra sangre era de nuestros padres, pero ahora es nuestra; en cambio, en el nacimiento espiritual nuestra sangre es Sangre de Cristo, de otra manera no podemos vivir. Cristo no nos dio la vida y luego se alejó, sino que siempre está presente y se une con nosotros, si nosotros no salimos de Él. Cuando salimos de la matriz de nuestra madre y nos alejamos de nuestros padres continuamos viviendo, pero cuando nos marchamos de Cristo morimos. No maduran los hijos si no se marchan de la dependencia paternal, pero si nos largamos de Cristo viene la muerte.

Entonces, tanto la preparación para el Bautismo como la ascesis y conducción después del Bautismo, son trabajos muy responsables. Por esto se requiere un Catequista-sacerdote ortodoxo conocedor de todo el trabajo espiritual. Sólo el que tiene sensibilidad espiritual puede corresponder a esta gran misión. No es como una tarea obligada sino servicio-diaconía bendita, que uno la toma con alegría y honor, porque se hace merecedor por Dios y la Iglesia convertirse en guía de nupciantes en Cristo.

Uno sanar a una gran enfermedad corporal mortal se considera un asunto grande, un milagro. Pero “psicoterapiar” sanar una enfermedad espiritual es un trabajo superior. Hacer hijos se considera una bendición particular de Dios. Pero hacer hijos de Dios y hombres miembros del Cuerpo de Cristo y conducirles al Paraíso es el trabajo más importante.

El hecho es que el modo que la Iglesia catequiza y bautiza a los que quieren convertirse en sus miembros, manifiesta el modo que responde la Iglesia a esta alta misión. Por lo tanto, evitando una catequesis mundana, también “psicoterapiamos”, sanamos a la Iglesia mundanizada, secularizada. Amén.

 

Final

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Serie: θεωρία (zeoría) y praxis

Θεωρία, (zeoría) contemplación, expectación, en nuestra tradición ortodoxa significa gnosis, conocimiento de la verdad revelada y praxis, la experiencia personal de la vida en Cristo. La contemplación y la praxis constituyen dos elementos básicos de nuestro ser eclesiástico los cuales conectan inseparablemente entre sí.

La contemplación como enseñanza ortodoxa inspira y da sentido la praxis. La praxis como ascesis (ejercicio espiritual) personal y la vida eclesiástica en Jaris increada se revela con la fuerza renaciente de la contemplación. Sin la contemplación (zeoría) la praxis pierde su profundísimo sentido y se convierte en una fórmula muerta. Y sin la praxis la contemplación permanece en letra vacía y vana o recae en una ideología no encarnada.

La nueva serie de ediciones de la Diaconía Apostólica con el título general ΘΕΩΡΙΑ (zeoría) y PRAXIS presenta de forma bien resumida ejemplares con temas de vital importancia sobre la fe Ortodoxa y la vida cristiana.

Por su parte la Apostólica Diaconía desea realzar la relación orgánica de zeoría y praxis, verdad y experiencia, teología y vida, tal y como se ha martillado, fortaleciéndose dentro de los largos siglos de nuestra tradición eclesiástica. Esta unión armónica constituye el cimiento de la vida espiritual de los fieles y la esperanza para un renacimiento de nuestra vida eclesiástica en los marcos de la época actual.

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