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3ª catequesis: El hombre y su caída

Diagrama

1. El Logos por naturaleza es Hijo de Dios y los hombres son hijos de Dios por la Jaris (gracia) energía increada.

2. La creación del mundo

3. El hombre como icona (imagen) y semejanza de Dios.

4. El Paraíso inicial.

5. La caída del hombre.

6. Las consecuencias de la caída.

 

Después del análisis teológico del hijo pródigo, es decir, después de las cosas que dijimos que se refieren a Dios, es necesario avanzar también en el análisis antropológico de esta parábola. Nos indicará el valor del hombre y cuál es la verdadera vida.

El padre de la parábola tenía dos hijos. Esto supone nacimiento y parentesco entre sí. Además los dos hijos permanecieron en casa y disfrutaban de los bienes de su padre.

Dios se llama Padre en relación con Su Hijo unigénito, pero también Padre en relación con el hombre. Pero hay mucha diferencia entre estos dos. El Hijo nace del Padre antes de todos los siglos, mientras que al hombre lo creó dentro del tiempo y es hijo de Dios pero por la Jaris (gracia) energía increada, en cambio la Segunda Persona-Hipóstasis de la Santa Trinidad es hijo por naturaleza.

Podemos utilizar un ejemplo para que esto sea más comprensible. Un pintor pinta un cuadro que es su creación espiritual, la obra es suya, hijo suyo por llamarlo de una manera, porque expresa sus pensamientos y sus carismas. Pero a la vez también engendra hijos. Así el cuadro lo construye, en cambio al hijo lo engendra. Lo mismo, con las convenientes analogías, ocurre con el Dios Padre en relación con el Logos y los hombres.

El Dios creó todo el mundo. Al principio creó los ángeles, el llamado mundo noeró (espiritual), a continuación en cinco días todo el mundo visible, es decir, la creación, los pájaros, los peces, los animales, los vegetales etc., y después durante el sexto día creó al hombre que es constituido de una parte del mundo espiritual y de una parte del mundo visible; es decir, psique (alma) y cuerpo. Tal y como dicen los Padres de la Iglesia, primero creó los Reinos, los palacios y a continuación al Rey, el hombre. El hombre desde su creación fue llamado a ser rey del mundo.

En la Santa Escritura se dice que el hombre fue creado por el Dios “como imagen y semejanza” Suya. El “como imagen” se refiere a lo espiritual y a la independencia, es decir, tiene nus y libertad; en cambio el “como semejanza”, se refiere a convertirse y hacerse Dios por la energía increada de la Jaris. Es cierto que el “como imagen” se refiere a la naturaleza triádica de la psique. Tal y como Dios es Nus, Logos y Espíritu así también el hombre tiene nus, que es el centro de la personalidad, logos que es articulado, vocal y se forma y formula con la lógica de la diania (cerebro, mente o intelecto), y espíritu que es el eros (amor) del hombre, la fuerza y energía que tiene en su interior para llegar a la zéosis o glorificación.

Esto significa que el arquetipo de su creación, el prototipo del hombre, podríamos decir, es el Dios y especialmente el Logos de Dios, la segunda persona-hipostasis de la Santa Trinidad. El hombre no se creó a sí mismo, sino que tiene prototipo. Tal y como tenemos un film y de este imprimimos muchas fotografías, lo mismo podemos decir para el hombre. Este film es Cristo y el hombre es como icona (imagen) del Logos, es decir, la fotografía del Logos. Por eso tiene que parecerse a su inicial prototipo, manteniendo su fotografía limpia, porque de otra manera no corresponde a su creación y por consiguiente pierde totalmente su valor.

El “como imagen” indica su ontología, es decir, la realidad de su naturaleza y el “como semejanza” indica hacia dónde camina y cuál es su finalidad. Esto significa que el hombre siempre bebe de tener en cuenta su origen y que es príncipe y señor, desciende de familia alta y grande, como también debe de luchar en corresponder a esta gran misión. El propósito y finalidad del hombre no se agota en el hombre mismo. Es decir, no debe aspirar solamente a la comida, la bebida, la ropa y la diversión, sino debe tener metas altas. Tampoco la meta del hombre es estudiar, trabajar, casarse etc. Esto lo hará para servirse en esta vida; finalmente su objetivo más profundo es hacerse Dios por la Jaris la energía increada. San Gregorio el teólogo definirá maravillosamente la meta y finalidad del hombre. Dice que “el hombre tiene vida y se las arregla sirviéndose en esta vida, pero camina hacia la otra. Pero de la vida biológica a la espiritual se llama Misterio y está claro que la finalidad del Misterio es deificarse o glorificarse por la Jaris la energía increada de Dios”.

En esta parábola que estudiamos, se ve que los dos hijos permanecieron en la casa de su Padre. Esto, según la interpretación de los Padres, indica que enseguida después de su creación el hombre permaneció en la casa de Dios, es decir, en el Paraíso y tenía verdadera comunión con el Dios. Este Paraíso era visible, sensible y espiritual, es decir, un estado y lugar particular pero también una relación personal con el Dios. En el Antiguo Testamento, particularmente en el libro del Génesis, vemos que Adán enseguida después de su creación tenía la Jaris la increada energía de Dios, por eso tanto él como Eva vivían exactamente como los ángeles en el Cielo.

El hijo menor de la parábola pidió parte de su fortuna que le pertenecía: ”…dame la parte de la herencia que me corresponde. Y el padre les repartió la fortuna. Pasados uno días el más joven reunió todo y partió a un país lejano y allí derrochó insaciablemente toda su fortuna llevando una mala vida. Después de haberlo gastado todo, sobrevino un hambre fuerte en aquella tierra y comenzó a padecer necesidades. Se fue a servir a casa de un ciudadano de aquel país, que le mandó a sus campos a guardad cerdos. Deseaba saciar el hambre de su estómago con algarrobas que comían los cerdos y ninguno de los demás sirvientes se las daba” (Luc 15,12-16).

La parábola en este punto se adapta plenamente a la caída y al alejamiento del hombre de Dios. Veremos los puntos más esenciales.

Según San Gregorio Palamás, el hijo más joven pidió la legítima fortuna de su padre, que significa que el pecado es posterior, más nuevo de la virtud que es primogénita. El hombre fue creado por Dios limpio, puro y sano con la facultad de llegar a la zéosis o glorificación. Pero el pecado es un invento posterior, resultado de la mala preferencia y voluntad del hombre. Con su libertad el hombre escogió la apostasía de Dios y el alejamiento de Él. El pecado del hombre fue que pidió la apropiación de las obras de Dios y pretendía continuar su vida según su propia voluntad y no según la de Dios. Tal y como se ve en el Antiguo Testamento, quiso hacer obediencia a sí mismo, a su lógica y no a la voluntad de Dios. Como centro de todo se puso a sí mismo, sus deseos e ilusiones y no a Dios. Esta es la esencia del trágico pecado original y de todo tipo de pecado.

Leyendo la parábola del hijo pródigo observamos los grados de la caída, como también la tragedia del hijo más joven. Podemos describirlas de la siguiente manera: apropiación de la fortuna, emigración, dispersión de la fortuna o sustancia, privación y esclavitud. Dentro de estos marcos debemos de ver la tragedia, la desgracia del pecado y de cualquier otro pecado que comete el hombre.

Cuando uno se esfuerza en agotar toda su vida en los límites biológicos e interpretarla con su razón o lógica, entonces esto sugiere alejamiento de Dios. El hombre emigra en una tierra lejana y pierde la comunión y unión con Dios. Desde su creación el hombre tiene psique y cuerpo inseparables entre sí. La psique es la vida del cuerpo, pero la vida de la psique es el Espíritu Santo. Así el hombre sin el Espíritu Santo está espiritualmente muerto. Es muy característico lo que dijo el padre de la parábola, después de la vuelta del hijo: “este hijo mío estaba muerto y volvió a vivir” (Luc 15,24). Esto significa que el alejamiento de Dios crea la mortificación. Realmente sin Dios, el hombre está muerto espiritualmente. Puede moverse, trabajar, tener un sitio alto en la sociedad, pero sin Dios todo está muerto y su vida es insípida y sin sentido.

San Juan el Damasceno refiriéndose a la caída de Adán y Eva dice que el hombre con el pecado perdió la divina Jaris energía increada, el “como imagen” se oscureció en él, se desnudó de la divina Jaris con el resultado de sentirse desnudo también del cuerpo. Las consecuencias fueron terribles. Puesto que perdió la divina Jaris vino la muerte, primero la espiritual, es decir, su alejamiento de Dios, y después la corporal, es decir, enfermedades, mortalidad y finalmente la separación de la psique del cuerpo.

La vida del hombre sin Dios, el Cual le creó, es una privación real. En su vida nada tiene significado. No le agrada absolutamente nada, puesto que perdió su arquetipo que es el Dios. Pierde la agapi real y es privado incluso de la verdadera libertad. Esto significa que está subyugado y esclavizado a los ciudadanos de aquel país que está lejos de la casa de su padre y estos ciudadanos del Infierno es el diablo y su tropa. Se entrega en las manos del diablo y se convierte en instrumento de él. Esta es la verdadera privación y esclavitud del hombre. Ha sido creado para ser príncipe y vivir en palacios reales y él prefirió quedarse desnudo, harapiento y pastor de cerdos, es decir, está agotado por sus fuerzas biológicas y en la satisfacción de los instintos animales, de sus sentidos físicos.

Decíamos antes que el hombre sin el Espíritu Santo está espiritualmente muerto. San Macario de Egipto utiliza dos iconas-imágenes para hacer esta realidad comprensible. Una es la de la carne sin sal. En este estado la carne rápidamente se pudre y transmite terrible mal olor. La otra icona es de la moneda que no tiene el rey encima. Una moneda así es falsa y no tiene ningún valor. Lo mismo ocurre con el hombre que no tiene en su interior la energía increada del Santo Espíritu. No es un hombre natural y no tiene vida verdadera.

San Gregorio de Nicea nos dice un logos característico: “Porque en realidad el que no tiene la verdadera vida no vive. La vida de los pecadores no se puede decir vida, sólo tiene el nombre”. Esto significa que el Dios es la vida de los hombres. Además el mismo Cristo dijo: “YoSoY el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6). El que vive lejos de Dios no tiene vida real. Por eso la vida de los pecadores se llama simplemente vida, pero en realidad no es verdadera. Esto significa que es trágica. Se encuentra encarcelado dentro de los instintos naturales, de la mortalidad y la corrupción. No puede tocar el cielo limpio de la libertad. Es torturado por todos los problemas trágicos de la vida. No encuentra ninguna escapatoria. Está exiliado en una isla desierta y no existe esperanza de sanación y salvación si no regresa con su libre voluntad a Dios.

El hombre lejos de Dios es insaciable, pierde su valor y belleza. No tiene padre, ni casa, tampoco amigos y agapi. Todos le explotan. Por eso dentro de su amargura y tragedia busca a Dios. El deseo de Bautismo se encuentra exactamente en esta perspectiva. Quiere conseguir la vida que es Dios y tener relaciones personales con Él, que es su arquetipo. La petición del Bautismo no tiene carácter social, no tiene que estar motivado por búsquedas exteriores y humanas, pero debe de adherirse dentro de esta perspectiva. Uno quiere bautizarse para volver de la necrosis (mortificación) a la vida, de la perdición al encuentro, de la tragedia a la paz, del lejano país a la casa paternal, de la privación a la abundancia, de la orfandad al padre.