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2ª Catequesis: El Dios Cristiano

Diagrama

1. Dios es nuestro Padre

2. La Trinitariedad de Dios

3. Esta verdad al principio la aceptamos lógicamente y después la vivimos personalmente.

4. Dios es Persona y agapi.

5. El verdadero Dios y los ídolos de las religiones.

6. Cristo es hermano y amigo.

En la parábola del hijo pródigo, insaciable que hemos visto en la Catequesis anterior, el Dios se presenta con la imagen del Padre. Se dice: “un hombre tenía dos hijos”. A continuación cuando el hijo menor pidió su parte, dijo: “padre dame la parte de la sustancia o fortuna que me corresponde” (Luc 15,11-12). En esta parábola la persona central es el padre. Por eso existen intérpretes que en vez de llamarla como la parábola del hijo pródigo, (insaciable o derrochador) la califican con las frases “el padre caritativo” o “la bondad del padre”. El padre de la parábola afronta con agapi y compasión al hijo menor y con filantropía la rareza y capricho del mayor.

La icona, imagen del padre para el Dios se utiliza con dos conceptos. El primero se refiere a la primera Persona de la Santa Trinidad de la que antes de los siglos nace el Hijo, y de la que procede el Espíritu Santo, y la segunda se refiere en la relación del hombre puesto que Él le ha creado y como también el mundo entero.

El verdadero Dios en el Cual nosotros los Ortodoxos creemos es Trinitario, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Además, las tres personas de la Santa Trinidad son del mismo valor, la misma gloria y fuerza o energía. Esto significa que el Padre no es superior al Hijo ni el Hijo inferior al Padre y superior del Espíritu Santo, ni el Espíritu Santo inferior ni al Padre ni al Hijo. Tal como los tres lados de un triangulo equilátero son iguales también las tres personas de la Santa Trinidad. La única diferencia es que del Padre nace el Hijo y el Espíritu Santo procede del Padre.

Esta verdad nos la ha revelado el Mismo Cristo con Su encarnación, de modo que San Gregorio Palamás nos dice que la finalidad de la encarnación de Cristo es revelar lo triádico de Dios que antes el hombre ignoraba.

La trinitariedad de Dios la vemos en el río Jordán durante el bautismo de Cristo como humano. El hijo se bautiza, el Padre certifica que Él es Su Hijo amado y el Espíritu Santo participa “en forma de paloma” (Luc 3,22). Lo mismo vemos también en la Metamorfosis de Cristo encima en el Monte Tabor. El Hijo se metamorfoseó delante de los Discípulos y Su rostro brilló como el sol manifestando Su deidad. El Padre certifica que Éste es Su Hijo amado y el Espíritu Santo toma parte con la nube luminosa.

Repetidas veces Cristo hablaba sobre Su Padre. Una vez dijo: “mi padre trabaja sin parar y yo también incesantemente para la sanación y salvación del mundo.” En otra parte dijo: “yo y el padre somos uno” (Jn 10,30). Se califica a Sí Mismo como Hijo de Dios. Hacia el final de Su vida reveló también la existencia del Espíritu Santo: “cuando venga el Paráclitos, el cual yo os enviaré de parte del padre, el Espíritu de la verdad que procede del padre, aquél testificará sobre mi” (Jn 15, 26).

Cristo después de Su Resurrección mandó a Sus discípulos por todo el mundo para enseñar a los hombres, no rociándoles con agua sino “bautizándoles, sumergiéndoles en el agua en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mat 28,19). Por eso durante el Misterio del Bautismo la triple inmersión se hace en el nombre de las Personas de la Santa trinidad. “Se bautiza el siervo de Dios en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Además en todas las pronunciaciones terminamos con la imploración del Trinitario Dios, como: “a ti pertenece toda gloria, honor y alabanza, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos”.

La trinitariedad de Dios nos la ratificaron también los discípulos y los Apóstoles de Cristo que recibieron la Apocalipsis (Revelación). De sus experiencias personales entendieron muy bien que el Dios es Trinitario. Por eso el Apóstol Pedro dirá: “por prognosis (profecía) de Dios Padre, en Santificación que regala el Espíritu y en obediencia a Jesús Cristo para ser rociados de la sangre derramada por Jesús Cristo” (1ª Pedro 1,2). Lo mismo encontramos en muchos versículos del Apóstol Pablo. Es muy característica la bendición apostólica que la Iglesia puso dentro de la divina Liturgia: “La Jaris increada de nuestro Señor Jesús y la agapi (amor, energía increada) de Dios y la comunión del Espíritu Santo con todos nosotros” (2ª Cor 13,13).

Es importante esta testificación de los Santos. Al principio debemos aceptar esta apocálipsis (revelación) lógicamente y a continuación podemos llegar también a la confirmación personal. Debemos aceptar el testimonio de billones de Santos que nos confirmaron que el Dios es Trinitario. Algunos hombres fueron al espacio, a la luna y todos aceptamos el testimonio de ellos. Muy pocos historiadores conservaron un acontecimiento histórico y nosotros lo consideramos cierto. Lo mismo y más debemos de hacer también con la apocálipsis (revelación) del Dios Trinitario que nos dieron los Santos, quienes confirmaron este testimonio sobre todo con su sangre y sacrificio.

Se tiene que hacer lo mismo que en la ciencia humana. Todos nosotros aceptamos los descubrimientos de un científico a pesar de que no los comprendemos racionalmente y los sentidos dan una imagen distinta. Cuando aceptamos los resultados de los científicos, podemos a continuación con experimentos personales llegar a la ratificación personal. Lo mismo se hace también con la vida espiritual. Al principio aceptamos el testimonio de los Santos y a continuación luchamos para seguir la manera de vivir que siguieron ellos y así llegamos al punto de ratificar la verdad respecto lo Trinitario de Dios.

Uno no puede con ejemplos asegurar esta verdad, porque el Dios es increado, en cambio el mundo es creado. Sin embargo, los Santos Padres utilizan algunos ejemplos, tal y como los rayos del sol. También los tres soles tienen el mismo resplandor, pero se trata de distintos soles. Así las Personas de la Santa Trinidad tienen cualidades personales, pero tienen el mismo resplandor y las tres son también Dios. La mejor confirmación y demostración de la existencia del Dios Trinitario es “psicoterapiarse”, sanarse y purificarse uno mismo de los pazos. Entonces viene la Jaris energía increada de Dios dentro del corazón sanado, limpio y el hombre adquiere la gnosis (increada) del Dios Trinitario. Entonces se convierte en residencia de Dios Trinitario y Dios se hace inquilino del hombre. Es cuando el hombre recibe el calificativo de casa o templo de Dios.

El que el Dios es Trinitario, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas Increadas, pero una esencia y una energía/s increadas, esto es muy importante para la vida espiritual. Aquí está la diferencia del Cristianismo Ortodoxo con las demás religiones.

En principio Dios es Persona-Hipóstasis. Esto significa que no es una fuerza abstracta que gobierna al mundo, porque un poder ilógico es destructor. Dios tiene agapi (amor, energía increada). Los poderes superiores no pueden tener agapi respecto al hombre. La Apocálipsis (Revelación) de que el Dios es Persona y que el hombre es persona-hipostasis, indica que las relaciones del hombre con el Dios son personales, cosa que significa que el hombre no se pierde como una gota dentro del océano de Dios. En el Budismo existe una percepción así sobre el Dios y el hombre. Se dice que el Atmán individual se debe de identificar absolutamente con el Brajmán universal y eso es la salvación. Pero una identificación de este tipo no sugiere agapi (amor), puesto que tal y como sabemos, la agapi quiere comunicación, relación correcta y mantenimiento de la libertad. Una sanación y salvación sin agapi es odio y una agapi sin el mantenimiento de la libertad es una catástrofe.

Además, el Dios es Trinitario, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esto quiere decir que Dios es agapi. Si no existe otra persona entonces no puede haber agapi. El que uno comprenda a Dios sin el Hijo es como si le entendiera sin agapi, porque cada agapi exige su objeto. Cuando usamos el verbo αγαπώ (agapó, amo) enseguida viene la pregunta: ¿a quién amas? Si no existe la otra persona entonces no puede existir la agapi. El Metropolita de Ajrida observa que: “Conceptuar y comprender uno a Dios sin el Hijo es lo mismo que concebirlo sin la agapi. Porque cada agapi exige su objeto. Cuando un hombre dice: amo automáticamente continúa por parte nuestra la pregunta: ¿a quién amas? ¿A quién pues amaría Dios Padre en la eternidad, antes de la creación del mundo, si no tuviera Su Hijo como objeto de Su amor. Significaría que no sabría amar, ni qué era Agapi en Su esencia antes de crear el mundo, como objeto de Su agapi. Esto significaría otra vez que el Dios con la creación adquirió algo que antes no tenía y así ha cambiado. Pero esto no es lógico ni tiene sentido alguno y a la vez es contrario a la Divina Escritura en la que desde el cielo fue testificado que en el Dios “no hay cambio, ni sombra de variación”, (Sant. 1,17)

Entonces si no aceptamos que el Dios es Trinitario consideraremos a Dios sin agapi, más bien sería sólo un Dios justo. Pero esto tergiversa nuestras relaciones con Él. No sólo altera esta verdad revelada, sino también la sanación y salvación del hombre e incluso su propia existencia.

Esto lo observamos en el Mahometanismo. Allí no se habla sobre el Hijo de Dios sino solamente para Alá; por eso en las relaciones del hombre con Alá no se subraya la agapi sino la justicia y la misericordia. Observa en relación a esto el Obispo de Ajrida Nikolaos: “El Islam a pesar de que es una gran religión dentro de las religiones, de ninguna manera puede aceptar sobre Dios como Divina Trinidad. En el Corán esta enseñanza se ridiculiza. En la mezquita de Omar en Jerusalén está escrita en la pared el siguiente rótulo: “Fieles, sepáis que Alá no tiene hijo”. Exactamente esto, como según esta religión Dios no tiene hijo, en ninguna parte habla el Corán sobre la agapi de Dios, sino sólo para la divina justicia y la misericordia. Esto, claro está, tergiversa toda la vida del hombre. Porque la agapi de alguien sólo hacia sí mismo no es agapi sino egoísmo y filaftía (excesivo amor a uno mismo y su cuerpo, egolatría). Por eso Mahoma no menciona la agapi en relación con Alá (su Dios), sino sólo su justicia y misericordia.

Los idólatras de la época antigua creían en muchos dioses, pero estos dioses estaban poseídos de pazos y debilidades humanas. Los dioses que se mezclan en guerras y odios, no pueden sanar y salvar al hombre, por eso son ídolos, autoengaños y alucinaciones.

Subraya otra vez el Metropolita de Ajridos Nikólaos: “En el mundo idólatra existía la fe en la Trinidad, pero no en la Santa y única. Los hindús creían y siguen creyendo hoy, en el Trimurtí, es decir, en los sublimes dioses que se llaman Visnú, Brahma y Siva, de los cuales el último es el Diablo que destruye todo aquello que los dos primeros crean. En Egipto creían también en tres deidades con agapi carnal como una familia de la que de Osiris e Isis nace su hijo Or, a quien le mata Osiris y así se disuelve esta boda bestial. Antes de Cristo los hombres consiguieron con su nus e intenciones crear grandes civilizaciones en todos los continentes, pero no podían llegar a la correcta percepción sobre el Dios como Santa Trinidad en Unicidad (Mónada) y en consecuencia tampoco sobre el Dios como agapi”.

Por lo dicho anteriormente vemos que la fe en Dios Trinitario es imprescindible, porque ésta es la verdad tal y como nos la ha revelado Cristo y porque fuera de esta apocálipsis (revelación) no puede existir la agapi. Un dios que es una fuerza superior que creó y gobierna el mundo, un dios que se considera como valor y unidad, no puede tener agapi. Y naturalmente sin la agapi no se pueden desarrollar relaciones interpersonales, ni una sociedad con comunión verdadera. En este caso el Dios será el castigador, apasionado y de su parte el hombre perderá su carácter personal. No podemos hablar de agapi verdadera fuera de apocálipsis (revelación) de la Trinitariedad de Dios.

Dentro de la Santa Escritura, además de la icona-imagen del Padre, existen también otras iconas-imágenes que califican a Dios; principalmente determinan las relaciones de Cristo con los hombres. Dos de estas ilustraciones son las de “hermano” y “amigo”. Estas imágenes se refieren principalmente a Cristo, el Cual por agapi se hizo hombre, vivió entre nosotros, nos sanó y nos salvó del pecado, del diablo y de la muerte. Cuando avisaron a Cristo que Le estaban buscando Sus hermanos carnales y Su madre, Aquél indicando a los discípulos dijo: “Mirad mi madre y mis hermanos, aquel que hará la voluntad de mi padre celestial, éste será mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mt 12, 46-50). Enseguida después de Su Resurrección dijo a las mujeres Mirróforas: “No tengáis miedo, iros y anunciad a mis hermanos que salgan a Galilea y allí me verán” (Mt 28,10). El Mismo Cristo utilizó la imagen de amigo para indicar la relación personal con aquellos que cumplen Su voluntad: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que os he anunciado, no os llamaré más siervos, porque el siervo no conoce lo que hace su patrón; os he dicho amigos porque todo lo que he escuchado de mi padre os lo he dado a conocer” (Jn 15,14-15). El divino Crisóstomo presenta a Cristo diciendo a los hombres “YoSoY el padre, el hermano, el novio, el alimentador, la prenda, todo lo que quieras YoSoY. Yo también trabajaré; he venido para servir y no servirme. YoSoY también el amigo, el miembro y la cabeza. YoSoY para ti el pobre y el gamberro. Todo lo mío es tuyo, hermano, heredero, coheredero, amigo y miembro. ¿Qué más quieres? Este versículo indica la agapi de Dios que fue expresada por Cristo al género humano.

Así pues, el Dios es Amor y ama excesivamente al hombre, justamente porque es Persona y Trinitario. La enseñanza sobre el Dios Trinitario es el A (alfa) y el Ω (omega) de nuestra fe. Además, como el A es la primera letra del verbo ΑΓΑΠΩ (agapó) y el Ω la última, por eso decimos que el Dios Trinitario es agapi y ama excesivamente al hombre sacrificándose hasta la Cruz.

¡El hombre condenó a Dios a la muerte y Dios con su inmensa agapi condenó al hombre a la inmortalidad! (San Justino Pópovits).