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1ª Catequesis: Cristo y los Cristianos

Diagrama

1. Nos llamamos Cristianos porque conectamos con Cristo.

2. Cristo es Θεάνθρωπος (Zeánzropos), es decir, Dios y hombre.

3. Le esperaban todos los hombres

4. Su vida y enseñanza la vemos en la Santa Escritura.

5. Le vivimos en la Iglesia por los Misterios.

6. La parábola del hijo insaciable (derrochador, pródigo).

Los que se bautizan se convierten en miembros de la Iglesia y se llaman discípulos de Cristo, Cristianos. Nosotros en la Ortodoxia añadimos también el adjetivo Ortodoxo para indicar la fe verdadera, la correcta. Porque existen también Cristianos que tienen percepciones equivocadas sobre el Dios, el hombre y la sanación y la salvación de él, por eso fue necesario hablar de Cristianos Ortodoxos.

Los miembros de la Iglesia se llamaron Cristianos porque siguen a Cristo en sus vidas, es decir, cumplen Su voluntad y se unen con Él mediante los Misterios, particularmente por el Misterio de la divina Efjaristía.

La palabra Χριστός (Jristós, Cristo) proviene del verbo χρίω (jrío) y manifiesta al que está crismado, o sea, éste que ha sido crismado por Dios. Se identifica con el Mesías del Antiguo Testamento. Así la palabra Χριστός (Jristós, Cristo) declara que la naturaleza humana fue tomada por la Segunda Persona de la Santa Trinidad y ha sido crismada por Su deidad. Esto significa que el Cristo es el Dios y hombre, en una palabra Θεάνθρωπος (Zeánzropos). Por lo tanto con el nombre Χριστός (Jristós Cristo) manifestamos que el Dios se hizo hombre, sin perder Su deidad, para sanar y salvar a los hombres.

Los hombres siempre anhelaban la salvación, por eso esperaban al redentor y salvador. En sus memorias mantenían una vida bendita y a la vez vivían la tragedia de la vida por la muerte, las enfermedades, las guerras, el odio de los hombres etc., por eso esperaban al Redentor. Había pues una esperanza mundial para el Dios Redentor.

En China desde el siglo 6º a. C. se esperaba “el santo desde occidente” y Confucio le llama “θεάνθρωπο-zeánzropo, dioshombre”. También los babilonios esperaban al salvador y redentor “como dios humanizado, encarnado”. Los hindús esperaban la llegada de un salvador que redimirá al mundo y volverá en “la antigua época dorada”. Según el Vedismo que es una antigua forma del Hinduísmo, el Dios del fuego y del sol Agni, se esperaba que se encarnara de una Virgen, mandado por el padre de los cielos “como mesías entre dios y el mundo”. Los antiguos Helenos también esperaban al redentor, Sanador y salvador. Al Prometeo Desmotis se dice que el redentor de Prometeo, quien se quedó pegado en las montañas del Cáucaso y sufrió terriblemente a causa de su infidelidad hacia Dios Zeus, será hijo de la Virgen Iús y de Dios. Sócrates en su apología se refiere al Redentor que esperanzaba y sería mandado por Dios para el interés del género humano. La percepción de los Helenos de que existe también un Dios desconocido estaba difusa, por eso en Atenas habían dedicado un monumento con el título: “al Dios desconocido”. La misma búsqueda y anhelo observamos también en los romanos y en todos los pueblos. Naturalmente los Hebreos esperaban al Redentor y Salvador, puesto que los Profetas y particularmente el Profeta Isaías – que ha sido calificado como el trueno de los Profetas y el quinto Evangelista- describieron muchos detalles sobre la llegada, la vida y el pazos (padecimiento) del Hijo del hombre.

Así, a este Dios que todos los hombres esperaban en todos los siglos, es Cristo. En Su persona (hipóstasis) se unió el Dios y el hombre. Nació del Espíritu Santo y la Virgen María. Su concepción y nacimiento se hicieron milagrosamente. El Hijo de Dios se hizo hijo del hombre para sanar y salvar al hombre. Si estudiamos Sus logos y obras verificaremos que supera claramente a todos los demás jefes de las religiones. Mientras que aquellos eran hombres, Él es Θεάνθρωπος (Zeánzropos, Dios y hombre). Habló sobre la agapi (amor, energía increada), la limpieza y pureza del corazón y las disposiciones, venció el pecado (la enfermedad), al diablo, a la muerte y resucitó de los muertos. Ningún jefe de religión está resucitado. Cristo resucitó y así venció la muerte y al diablo, es el único Jefe de religión que su tumba está vacía, no tiene huesos. Por eso es el único Θεάνθρωπος (Zeánzropos, Dios y hombre).

Nos llamamos Cristianos porque creemos que Él es el verdadero Dios y cumplimos Sus mandamientos en nuestra vida personal. Aspiramos en adaptar nuestra vida a la Suya.

Cristo no es un perfecto filósofo y un buen legislador, no es un eticólogo (moralista) y un jefe de religión, aunque esta fuera la más perfecta, sino el vencedor de la muerte, del diablo y del pecado. No vino a cambiar simplemente las condiciones exteriores de la vida del hombre, sino para santificar, metamorfosear, glorificar, deificar al hombre y hacerle hijo por Jaris, la energía increada. Aquél es por naturaleza Hijo de Dios, nosotros debemos convertirnos y hacernos por la Jaris increada hijos de Dios (hijos adoptados).

La vida terrenal de Cristo, la vemos en el Nuevo Testamento particularmente en los cuatro Evangelios que escribieron Sus discípulos. Allí hay pocos datos sobre Su nacimiento y educación. Principalmente se describen tres señales. Primero, qué dijo Cristo, segundo, qué hizo y tercero, qué pasó y sufrió Cristo para los hombres. 1) Lo qué dijo Cristo lo vemos en Sus logos, mandamientos, parábolas y enseñanzas. 2) Lo qué hizo Cristo lo vemos en los milagros que realizó por caridad y agapi (amor) a los hombres, como también para subrayar enseñanzas altísimas. Es decir, “psicoterapió” y curó al ciego de nacimiento para revelar la verdad de que Él es la luz del mundo. 3) Lo qué pasó Cristo, lo vemos en los padecimientos que sufrió para la sanación y salvación del género humano. Naturalmente continuación de sus padecimientos es también Su resurrección, que significa que Cristo como Dios ha resucitado la naturaleza humana, la que murió encima de la Cruz. Dentro de estos tres puntos se ve claramente la Persona, la obra y la misión de Cristo.

Es cierto que esta gran obra de Cristo, como también Su deidad, nosotros no la leemos sólo en la Santa Escritura sino que la vivimos dentro de la Iglesia. Con el Misterio del Bautismo nos convertimos en miembros del Cuerpo de Cristo y vivimos en nuestra vida personal la Pasión, la Cruz, el Entierro y la Resurrección de Cristo. Así vivimos todos estos acontecimientos en nuestra vida. Con el Bautismo morimos y nos enterramos. Esto manifiesta la triple inmersión en la pila bautismal. Con la divina Comunión recibimos en nuestro interior el mismo Cuerpo de Cristo y con la zéosis o glorificación nos unimos junto con Él.

Por lo tanto, somos Cristianos, discípulos de Cristo, porque nos unimos junto a Él. Tal y como el discípulo del colegio tiene como prototipo o modelo al maestro, así también nosotros tenemos como prototipo o modelo de vida, conducta y gobernación a Cristo. Tal y como el pintor tiene en cuenta un prototipo o modelo y esto quiere representar, así también nosotros tenemos como modelo en nuestra vida a Cristo y queremos metamorfosearla, transformarla vida en Cristo.

San Juan el Crisóstomo (boca de oro) dice que dentro de la Iglesia, Cristo se llama el camino, porque por Él subimos al Padre; piedra angular, porque Él lo sostiene todo; raíz, porque gracias a Él florecemos; Pastor, porque Él nos alimenta; cordero, porque Él se ha sacrificado para nosotros, nos sanó y salvó; vida, porque mientras estábamos muertos por el pecado, Él nos ha vivificado; luz, porque nos ha liberado de la oscuridad; prenda, porque con el Bautismo nos hemos vestido de Él mientras estábamos desnudos; banquete, porque Le comemos con los Misterios; casa porque vivimos dentro de Él; e inquilinos, porque somos templos de Él.

Todos estos nombres que la mayoría Él Mismo con Su enseñanza nos los ha revelado, manifiestan cuál es la obra de Cristo, cuál es la causa y el propósito por el que se hizo hombre y también cuál es nuestra relación con Él. No es simplemente un jefe de religión, ni un reformador social, sino la luz increada y nuestra vida, nuestra cabeza y santificación, nuestro Sanador, Salvador y Redentor, nuestro Padre y Nuestra Madre. Además esta relación con el Cristo es pragmática, real, orgánica y no abstracta e intelectual o meditativa. El que nos llamamos Cristianos, indica esta relación orgánica y esencial con Él.

Entre lo que dijo el Cristo a Sus discípulos se conservan también las famosas parábolas. Parábolas se llaman algunas imágenes e historias que dijo Cristo dentro de las cuales se esconden las grandes verdades. Por ejemplo, Cristo utilizando la parábola de las bodas, manifestó que la divina Efjaristía, como también la Realeza increada de Dios, es la boda espiritual, puesto que une al hombre de manera real con el Dios.

Una de las parábolas de Cristo es la del hijo insaciable, derrochador o pródigo (Luc 15, 11-32). Se trata de una famosa parábola dentro de la cual se esconden grandes verdades. Uno podría decir que se revela cuál es la finalidad de la encarnación de Cristo, qué es la caída del hombre, cuál es el trabajo de la Iglesia y cómo uno puede sanarse y salvarse. Dentro de estos marcos se manifiesta toda la vida cristiana.

Con sencillas palabras la parábola describe lo siguiente:

“Un hombre tenía dos hijos. Un día el hijo menor pidió del padre su parte de fortuna que le pertenecía, la legítima diríamos, y se marchó lejos de su casa. Vivió insaciablemente derrochando la fortuna y encontrándose en gran necesidad se hizo esclavo de un ciudadano pastoreando cerdos. Dentro de su tristeza se acordó de la vida y la felicidad que había en su casa paterna y decidió volver a ésta, pero no como hijo sino como trabajador. Cuando volvía a su casa le vio su padre que le estaba esperando. Corrió primero su padre, le abrazó y le besó. El hijo insaciable le pidió perdón y le dijo que era indigno de considerarse hijo suyo y que deseaba ser asalariado suyo, ya que se había gastado su parte de fortuna. Pero el padre dio orden a que le vistieran la primera prenda, ponerle el anillo y los zapatos y matar el mejor becerro. Así empezó la fiesta.

Pero cuando el hijo mayor volvía a casa y escuchó la fiesta que se estaba haciendo pidió saber porque ocurrían todas estas cosas. Cuando le dijeron que era porque había vuelto su hermano, se enfadó y no quería entrar en casa. Su padre intentó hacerle cambiar. Pero él, utilizando pretextos lógicos, principalmente expresando envidia, no quería entrar en su casa y deja a entender que finalmente no participó en la alegría por el regreso del perdido y “muerto” (espiritualmente) hermano suyo”.

Esta famosa parábola indica toda la obra de Cristo y también la vida de la Iglesia. Intentaremos en las siguientes Catequesis analizar y ver más extensamente todos los conceptos espirituales.

Aquello que debemos de retener de esta primera catequesis es que Cristo es Dios y hombre y por ello sanador y salvador real de los hombres. No existe ningún otro sanador, salvador y redentor. Sobre esta piedra de la fe y confesión se debe sostener la vida cristiana. Los que vivimos dentro de la Iglesia nos llamamos y somos Cristianos, porque estamos estrictamente vinculados y conectados con Cristo, nos alimentamos de Su Cuerpo y Sangre y vivir en nuestra vida personal todos los acontecimientos de Su vida.