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14ª Catequesis: La Deidad del Espíritu Santo

Y en el Espíritu Santo, Señor, Dador de vida, que procede del Padre. Que es adorado y glorificado con el Padre y el Hijo, y que habló por los profetas.

Sobre la Deidad del espíritu Santo se ocupó principalmente el II Sínodo Ecuménico, porque entonces se dudaba que el Espíritu Santo es Dios.

“(Creo) en el Espíritu Santo, el Señor y Vivificador”. Estos tres adjetivos -“santo, señor, vivificador”- muestran la Deidad del Espíritu Santo. Además estos tres adjetivos y nombres se dan a las tres Personas de la Santa Trinidad. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo crearon y vivifican toda la creación.

El Espíritu Santo se pone tercero, como también el Hijo se pone segundo del Padre, pero esto no quiere significa inferioridad del Hijo respecto al Padre, ni inferioridad del Espíritu Santo respecto al Hijo o al Padre. Las tres Personas de la Santa Trinidad son la misma esencia, misma gloria, iguales entre sí. Un ejemplo claro tenemos en los lados del triángulo equilátero. Ningún lado es superior o inferior de los otros. Se pone primero el Padre, porque Él es el causante del nacimiento del Hijo y la procedencia del Espíritu Santo. El Hijo se pone segundo, porque nació del Padre y le sentimos más cerca a causa de la humanización. De todos modos el orden de las Personas a veces se enlaza para que se vea la igualdad del valor. Por ejemplo, “la Jaris increada del Señor Jesús Cristo y la agapi de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo sea con todos vosotros” (2ªCor 13,13). Aquí se pone primero a Cristo, sigue el Padre y a continuación el Espíritu Santo.

“Quien procede del Padre”. El Hijo nace, el Espíritu Santo procede del Padre. Esto no podemos entenderlo racionalmente. Nos lo apocalipta (revela) el Cristo cuando dijo: “cuando venga el Paráclitos, el que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mi” (Jn 15,26). Aquí se ve que el Espíritu Santo procede del Padre y se envía mediante el Hijo, pero finalmente Él testifica sobre el Cristo y por Él se hace la formación de Cristo en nuestro interior.

Los Francos añadieron al “Símbolo de la Fe” el Filioque, entre las palabras “Padre” y “procedente”. Es decir, “que procede del Padre y del Hijo”. Pero esto es un error y crea grandes problemas. Primero no tenían el derecho de hacerlo, porque el III Sínodo Ecuménico dijo que nadie tiene que añadir ni quitar ni una sílaba del “Símbolo de la Fe”. Además, tal y como en el caso del Hijo se entiende que nace sólo del Padre, así también en el caso del Espíritu Santo se entiende que procede sólo del Padre. Esta enseñanza de los Francos conduce a la subestimación del Espíritu Santo o a la disolución de la Santa Trinidad. Porque si el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo significa que es inferior a ellos, porque el mismo no participa en la existencia de las demás Personas. Pero si éste debe también participar, entonces se disuelven las cualidades hipostáticas (bases substanciales, personales), puesto que se puede presentar que el Hijo nace del Espíritu Santo. Además, puede existir también otra persona que proviene del Espíritu Santo, por lo tanto, se disuelve la Santa Trinidad.

Cristo apocaliptó (reveló) claramente que el Espíritu Santo procede del Padre y es enviado por el Hijo. Los Francos llegaron a esta herética enseñanza porque se alejaron de la teología empírica de la Iglesia, perdieron las condiciones de la verdadera teología ortodoxa, la correcta y alteraron la manera mediante la cual llegamos a la comunión con Dios y se formaron la idea de que su teología meditativa, reflexiva es superior a la de nuestros Santos Padres. Nosotros nos apoyamos en lo que nos ha revelado Cristo y lo han vivido los Santos.

Que es adorado y glorificado con el Padre y el Hijo”. Esta frase muestra la Deidad del Espíritu Santo. Por lo tanto el Espíritu Santo no es inferior a las otras dos Personas de la Santa Trinidad, puesto que es adorado y glorificado juntamente con el Padre y el Hijo.

Que habló mediante los Profetas”. El Espíritu Santo habló a los Profetas y les reveló las verdades de la fe. Está claro y conocemos que las revelaciones del Antiguo Testamento son revelaciones del Logos no encarnado. Pero estas revelaciones se hacen a través del Espíritu Santo. Generalmente podemos decir que no es uno el trabajo de Cristo y otro el del Espíritu Santo. Cristo envía el Espíritu Santo y Éste forma, educa en nuestros corazones a Cristo. Mediante el Espíritu Santo se limpia, sana y purifica el corazón y nos unimos con Cristo. Cuanto más unidos estamos con Cristo tanto más sentimos los regalos del Espíritu Santo.

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