↑ Volver a Catequesis y Bautismo

12ª Catequesis: La humanización del Logos

Quien por nosotros los hombres, y para nuestra salvación, descendió de los cielos y se encarnó del Espíritu Santo y de María, la Virgen, y se hizo hombre.

El hombre es la creación más perfecta de Dios. Pero con su caída se esclavizó al diablo, al pecado y a la muerte. Dios no podía ver a Su creación sufrir y torturarse. Por eso por agapi (amor) mandó a Su Hijo para hacerse hombre y salvar al hombre. Este trabajo se llama obra de la divina Economía (concesión y arreglo), porque indica cómo el Dios economizó las cosas para sanar y salvar al hombre.

Quien para nosotros los hombres”. No le hacía falta al Logos de Dios humanizarse para sí Mismo, sino que lo hizo única y exclusivamente para el hombre. Esto indica la gran agapi de Dios al tomar la naturaleza humana y unirla con la divina.

“Y para nuestra salvación”. La salvación de la que aquí se habla no es la liberación de la psique del cuerpo, tal y como enseñaban los antiguos filósofos y como dicen muchas contemporáneas religiones orientales, sino sanación y liberación del hombre del pecado, la muerte y del diablo, más su unión con el Dios.

Bajó de los cielos”. Esta frase no significa que el Logos con Su humanización dejó de ser Dios, ni que ha abandonado los cielos, el trono de Dios. En el oficio del Akatisto decimos: “que ha sido condescendencia divina y no traslado de lugar”. Con la palabra “bajó” comprendemos que el Hijo y Logos de Dios tomó naturaleza humana para salvar al hombre.

Se encarnó del Espíritu Santo y de María, la Virgen.” La encarnación de Cristo es un Misterio grandioso. La concepción de Cristo no se hizo de la manera que sucede a los hombres. La concepción se hizo por el Espíritu Santo en la matriz de la Virgen María. Entonces no hay participación del hombre. Esto lo podemos ver si analizamos el acontecimiento de la Anunciación de la Santísima Zeotocos (Madre de Dios) (Luc 1,26-38). Sobre este tema se ocupó particularmente el III Sínodo. La Παναγία (Panayía, Toda Santa, la más Santa), era Virgen antes y durante de la concepción y permaneció Virgen después del nacimiento. Esto lo vemos en cada icona o imagen que manifiesta la Panayía con las tres estrellas que se encuentran en la cabeza y en sus dos hombros. La Panayía era totalmente pura. En el altar de los altares había llegado a la zéosis o glorificación. La pureza de la Panayía se debía a la Jaris increada de Dios, a su esfuerzo y lucha personal y a las continuas catarsis de sus progenitores. Todas las catarsis del Antiguo Testamento aspiraban a la Panayía. Sus padres la concibieron con oración, ayuno y obediencia a Dios, por eso el esperma de San Joaquín (el Padre de la Panayía) se llama σπέρμα πανάμωμον “esperma totalmente puro, sin mancha”.

Y se hizo hombre”. El término ἐνανθρώπηση (enanzrópisi) humanización es muy importante y muestra que el Cristo es perfecto Dios y hombre perfecto. Es decir, Dios tomó la verdadera naturaleza humana, la real. Debemos de subrayar algunas verdades sobre este acontecimiento.

En principio la segunda Persona de la Santa Trinidad se hizo hombre, porque el hombre es “como imagen” del Logos y por Él se hizo la creación; además, el Hijo anuncia la voluntad del Padre como Logos y el Hijo de Dios debía de hacerse hijo del hombre de manera que la cualidad de Logos permaneciera inamovible.

Cuando hablamos sobre humanización, debemos de entender que tomó toda la naturaleza humana entera y no sólo el cuerpo. Es decir, tomó el cuerpo, la psique, el nus y todas las cualidades de la naturaleza humana. Las tomó y las glorificó, divinizó.

Como Cristo era perfecto Dios y perfecto hombre, por esto también tiene dos naturalezas, dos energías, dos voluntades que están unidas entre sí, sin alterarse, ni separarse, sin dividirse ni confundirse. Esto significa que no existe confusión ni alteración entre las dos naturalezas. La divina naturaleza mantiene sus cualidades y la humana también las suyas. En el milagro de la resurrección de Lázaro, la naturaleza humana de Cristo lloró, pero no la Deidad, en cambio la divina naturaleza resucitó a Lázaro no la humana. De todos modos las dos naturalezas operan y energizan la una en comunión con la otra. Esto significa que las dos naturalezas son inseparables e indivisibles. No se separaron ni se dividieron nunca. Esto es un gran Misterio. Un ejemplo que podemos utilizar es el hierro candente. Si ponemos el hierro al fuego se unen las dos naturalezas del hierro y del fuego. Pero cada naturaleza mantiene sus cualidades, porque si el hierro candente se enfría entonces permanece hierro y no se destruye. Ciertamente este ejemplo lo utilizamos moderadamente, porque no existe analogía, puesto que el Cristo tiene una naturaleza increada y otra creada, en cambio, en el hierro candente las dos naturalezas son creadas.

La naturaleza humana que tomó el Cristo de la Panayía era pura e impecable. El Cristo nunca cometió un pecado en Su vida. Aunque Su naturaleza humana era pura y santa, Cristo con Su libertad tomó los llamados pazos irreprochables, es decir, los pazos que no son pecados, como el hambre, la sed, el cansancio, incluso hasta la mortalidad. Los pazos irreprochables no actuaban obligatoriamente sino que los gobernaba la Deidad. Si en los Santos que llegan a la vivencia de la zéosis se suspenden todas las funciones somáticas, tal y como vemos en Moisés encima del monte Sinaí, donde permaneció cuarenta noches sin comida ni bienes materiales, lo mismo incluso más podemos decir de Cristo. Tenía cuerpo humano real pero Él Mismo gobernaba los irreprochables pazos.

Finalmente del Misterio de la humanización de Cristo algo está percibido por los Santos que llegan a la zéosis y conocen la metamorfosis de sus naturalezas por la energía increada de Dios. Racionalmente uno no puede comprenderlo en su plenitud. Lo aceptamos y continuamos a la santificación.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*