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11ª Catequesis: La Deidad del Logos

Y en un solo Señor, Jesús Cristo, Hijo unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, Luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado; Ὁμοούσιος (omoúsios) consubstancial al Padre, por quien todo ha sido hecho.

“Y en un solo Señor (Kirios) Jesús Cristo”. La palabra Κύριος (Kirios, Señor) quiere decir soberano, gobernante, porque el Hijo es también él Kirios del mundo, como el Padre. El Padre creó al mundo mediante el Hijo y con la sinergia del Santísimo Espíritu. Además las Tres Personas sostienen al mundo puesto que son la misma fuerza, energía y valor. No es el Hijo inferior al Padre sino que es Dios. Vemos en el “creo” que el Padre es llamado Pantocrator, el Hijo Señor y el Espíritu Santo Señor. Lo de Jesús significa sanador y salvador (Mat.1,21) y se refiere a la naturaleza humana que ha sido deificada por la Naturaleza divina, y Cristo significa el que ha sido crismado, ungido, el Mesías (o Dios iniciado y crismado, ungido en hombre, que no es lo mismo que el hombre crismado en Dios). Así lo de “Kirios” expresa la naturaleza divina, lo de “Jesús” la humana y lo de “Cristo” la unión de la naturaleza humana y divina en la Persona-Hipóstasis del Logos.

“El Hijo de Dios”. Cristo es el Hijo de Dios que nació antes de los siglos por el Padre. El Mismo Padre reveló esta verdad en el río Jordán y en la Metamorfosis en el monte Tabor, donde se escuchó Su voz: “Éste es mi hijo amado, a Él escuchen y obedezcan” (Marc 9,7).

“El Unigénito”. No existe otro hijo por naturaleza del Padre. Él es el único. Nosotros los hombres también podemos convertirnos en hijos de Dios, pero por la energía increada de la Jaris. Podemos utilizar un ejemplo. Un padre engendra un hijo, pero a la vez adopta otro. Los dos hijos permanecen en casa pero hay una gran diferencia. El primer es hijo natural y el segundo es adoptado. Esta es una imagen para indicar la diferencia entre Cristo y los hombres.

“El cual nació del Padre antes de todos los siglos”. Nosotros no podemos con nuestra lógica o razón comprender qué es el nacimiento del Hijo, ni qué es la procedencia del Espíritu Santo. Esto nos ha sido apocaliptado, revelado por el mismo Cristo mediante imágenes humanas. El hecho es que con la palabra nacido se indica la deidad del Logos, Su relación con el Padre y la misma esencia que Él. “Nacimiento” y “procedencia” indican la manera particular de como existen las Personas de la Santa Trinidad, aunque son la misma esencia tienen cualidades particulares. Esto lo comprenden los Santos cuando se hacen dignos merecedores de ver a Dios. Aquí vale lo mismo para lo que decíamos en otra Catequesis. Nosotros aceptamos la apocálipsis de Cristo y los Santos y a continuación cuando llegamos a la apocálipsis personal podemos conocer empíricamente las relaciones de las Personas de la Santa Trinidad.

“Luz de luz”. Cuando los Santos llegan a la experiencia de la apocálipsis ven que Dios es luz increada. En la Iglesia psalmodeamos: “Luz el Padre, luz el Logos y luz el Espíritu Santo”. Esto se vio claramente en la Metamorfosis de Cristo. La cara de Cristo brilló por Su deidad, el Espíritu Santo estaba presente con la nube luminosa y el Padre se escuchó con la voz que irradiaba luz. En los textos litúrgicos se alaba más a Dios como luz increada que agapi.

Esta luz increada es la Deidad. No es una luz creada sino increada, es decir, no es como la luz del sol que es creada, sino que la luz de Deidad no es creada, es increada. Por supuesto debemos de decir que nosotros nos hacemos merecedores de participar en las energías increadas de Dios y no de Su esencia. Un ejemplo de la luz visible es el siguiente: El sol se encuentra más allá de la atmósfera de la tierra, pero nosotros participamos de su energía. Lo mismo analógicamente sucede también con el Dios. De la esencia de Dios participan las Personas de la Santa Trinidad, nosotros participamos de Sus energías increadas, de la divina Jaris.

“Verdadero Dios de Dios verdadero”. Lo de “Dios verdadero” se dice para distinguirlo de los falsos dioses. Esta es la fe de la Iglesia. Muchos se presentaron y se presentan como dioses, pero no son verdaderos puesto que son creaciones de la fantasía de los hombres. Sólo en la Iglesia creemos en el verdadero Dios, porque nos ha sido apocaliptado (revelado) por Cristo. Por eso sólo a Cristo confiamos nuestra salvación.

“Nacido, no creado”. Sobre lo de “nacido” hemos dicho algunas cosas anteriormente. Aquí se hace diferenciación con “creado”, porque en aquella época había la herejía de Arrio, según la cual Cristo es creación, es decir, que es creado, constituido por Dios. Pero esto perturba el cimiento de la fe. Una cosa es creación y otra cosa nacimiento. De un herrero nacen hijos, pero él crea también hierros. Hay enorme diferencia entre estas dos cosas. Así que “nacido” indica la deidad del Hijo.

Ὁμοούσιος (omoúsios) consubstancial, la misma esencia que el Padre”. Este término se puso también para luchar contra la herejía arriana. El Hijo es la misma esencia que el Padre. En el ejemplo del herrero que antes hemos dicho se ve que de una esencia está hecho el hijo que nace y de otra los objetos de hierro que crea o construye.

Por quien todo ha sido hecho”. En otra Catequesis decíamos que el mundo lo ha creado el Padre. Lo dijeron los Padres del primer Sínodo Ecuménico, porque entonces los heréticos insistían que el mundo fue hecho por un Dios inferior que es el Logos. De esta manera interpretaban el mal que existe en el mundo. Pero los Padres enseñan que al mundo lo ha creado el Padre mediante el Hijo con la sinergia del Espíritu Santo. Con esto querían manifestar que el Hijo es Dios. El mal que existe en el mundo es el resultado de la caída del hombre, es un parásito y no creación de un dios inferior. Tal como en un árbol puede brotar un parásito que no tiene relación con la naturaleza del árbol, lo mismo podemos decir también del mal que existe en el mundo. Dios creó el mundo muy bueno (“y vio Dios que era muy bueno”) pero el desorden vino por la caída del hombre.

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