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1 .- La Catequesis en la Tradición de la Iglesia Ortodoxa

La incorporación o adhesión de una persona al Cuerpo de Cristo que se hace con el Bautismo es una cuestión responsable y seria de la Iglesia de Cristo. Por eso los Santos Padres se preocuparon que esta obra sea hecha de manera ortodoxa.

Hoy se observa el fenómeno que muchos buscan y piden bautizarse y hacerse miembros de la Iglesia Ortodoxa. Esto por un lado es muy agradable, porque no es poca cosa que uno desee hacerse miembro del Cuerpo de Cristo y como miembro de la Iglesia, hacerse digno de la comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Pero este trabajo se debe hacer con seriedad y responsabilidad. Por eso nos ayudará la gnosis (conocimiento) de la Santa Entrega, Tradición de nuestra Iglesia. Debemos de ver como se hacía en la Tradición. Si no lo hacemos, entonces estaremos haciendo auto-invenciones y auto-proyecciones con consecuencias graves e imprevistas para nuestro cuerpo eclesiástico. Desgraciadamente se observa el fenómeno de la introducción de la mundanación (secularización, el espíritu humano y racional, no el divino) también en este tema tan serio. Como muchas veces en muchos aspectos de nuestra vida eclesiástica actuamos con superficialidad y frivolidad sin discernimiento y sin importarnos nada.

Al principio debemos ver cómo se hacía la preparación de los hombres para recibir el Santo Bautismo en la Tradición de la Iglesia y después como se puede aplicar esto hoy en los que toman la responsabilidad de este servicio.

Hay un Canon característico en el 2º Sínodo Ecuménico que determina la manera de introducción de los heréticos. Los Santos Padres del 2º Sínodo Ecuménico refiriéndose a los heréticos Evnomianos que hacían sólo una inmersión y a los Montanistas y Sabelianos que enseñaban la paternidad del hijo, como también a otros heréticos, nos sugieren que les aceptemos tal y como aceptamos a los idólatras. Se ve que en aquella época (siglo 4º) había una orden concreta de introducción de las personas en la Iglesia. Estableciendo pues la manera de introducción escriben: “El primer día les hacemos Cristianos; el segundo catequizantes; el tercero les exorcizamos mediante el soplo, primero en la cara y después a los oídos; después les catequizamos y les hacemos estar cierto tiempo en la Iglesia contemplando las Escrituras y a continuación les bautizamos”.

Este canon es muy importante y puede ayudarnos en la manera de introducción de los venidos a la Iglesia. Desde luego puedo afirmar que sólo de esta manera podemos discernir los alicientes y móviles de los que buscan y piden bautizarse ortodoxos. Este procedimiento de largo tiempo ayudará en la sincera y franca afluencia al Misterio del Bautismo. Haremos un pequeño análisis de este Canon tan importante.

El que quería bautizarse, el primer día se hacía Cristiano. Esto significa que se leía una oración o bendición especial para empezar la Catequesis. Existe la sospecha y parece que es verdadera, que la oración que se leía el primer día es la oración que se lee hoy “cuando se sobre-sella el niño recibiendo el nombre al octavo día de su nacimiento”. Esta bendición, oración -que durante esta se ruega a Dios que sea marcada la luz de Su persona, la Cruz de Su Unigénito Hijo al corazón y en sus meditaciones y pensamientos que es “marchar de la vanidad del mundo y de toda maquinación maligna del enemigo, y seguir Sus mandamientos”, como también la oración a Dios para que quede encima de la persona allegada Su Santo nombre y se haga digno y merecedor de unirse “en cierto tiempo correctamente a la Santa Iglesia, perfeccionándose en los terribles Misterios de Cristo…” -indica más bien que se trata de la oración o bendición que leían en la antigua Iglesia durante el primer día.

Llama la atención el hecho que primero se llamaban Cristianos y después Catecúmenos. Esto significa que después de la lectura de la oración especial se escribía su nombre en las listas especiales y empezaba la lucha contra el diablo y los pazos. San Cirilo de Jerusalén, hablando sobre los iluminados que trataban de bautizarse entre otras cosas les llama “Ahora os habéis inscrito con vuestro nombre y (pág.16 +++++++ preguntar).

Así después de esta oración era incluido en la clase de los Catecúmenos y empezaba la instrucción terapéutica a fin de estar preparado cuando acercaba el Misterio del Bautismo.

El tercer día empezaban los exorcismos, las oraciones, es decir, para que sean expulsados los demonios del corazón del hombre. Aquí no se trata de endemoniados  en los cuales el demonio ocupa la acrópolis, es decir, la lógica (la mente, cerebro o intelecto) del hombre, sino para los Catecúmenos que estaban poseídos de distintos pazos y deseos indecentes, que de acuerdo con toda la tradición, son efectos e influencias de los demonios. Según San Cirilo de Jerusalén, los exorcismos se hacían con soplos o con anatemas. En el escrito conductor de la Eceria se dice: “Aquí se acostumbra, a los que se van a bautizar, a que durante los cuarenta primeros días deben recibir los exorcismos mediante los clérigos por la mañana después del final en la Resurrección”. Parece ser que las bendiciones u oraciones para los exorcismos eran estas mismas que leemos hoy durante el oficio de los Catecúmenos que precede al Misterio del Bautismo.

Con los exorcismos se hacía también la Catequesis para que aprendieran las cosas de la fe. La Eceria dice que cada mañana enseguida después de los exorcismos colocaban en el trono del obispo de la Iglesia del Martirio y se hacía la correspondiente enseñanza. Analizaban libros del Antiguo Testamento, el Símbolo de la Fe, la celebración del Misterio del Bautismo etc. La enseñanza duraba tres horas cada día durante la Cuaresma.

Pero la Catequesis no se limitaba sólo en bendiciones, oraciones y una enseñanza intelectual seca y vacía de las verdades de la fe, sino que conectaba también con la praxis del culto de la Iglesia. Los Padres del 2º Sínodo Ecuménico sugieren: “hacerles estar largo tiempo en la Iglesia y contemplar las Escrituras”. Los Catecúmenos debían participar en la vida del culto de la Iglesia orando a Dios y también los fieles tenían que orar por ellos. No basta una enseñanza teórica, sino que se necesita también la oración para que ayude la Jaris (gracia, energía increada) de Dios. Esto se ve también en el orden de la divina Liturgia en la que se lee el Apóstol y el Evangelio, después se hace el kerigma y se recitan la relativas oraciones de los fieles para los Catecúmenos y los bienvenidos hacia la iluminación divina, “para que el Señor les tenga misericordia; les catequice al Logos y al logos de la verdad; les revele el Evangelio de la justicia; les una con Su divina Iglesia Católica y Apostólica (la Ortodoxa)”. Este trabajo no debe hacerse sólo humanamente sino zeantrópicamente (divino-humanamente), es decir, primero Dios y después el humano. La Catequesis tiene que hacerse por el Mismo Dios, como también la apocálipsis (revelación) del Evangelio tiene que hacerse por la Jaris (gracia, energía increada) de Dios. Entonces no se trata de una enseñanza intelectual, seca y vacía de las verdades de la fe. Aquí se debe señalar que el kerigma, en la Tradición de la Iglesia, se hacía después de la lectura del Evangelio, para que tengan la posibilidad los catecúmenos de escucharla, ya que inmediatamente después se iban del Templo.

Después de todo este trabajo examinado que requería bastante tiempo, hasta tres años, se determinaba por la Iglesia el día del bautismo de los Catecúmenos. Pero entonces también existía la correspondiente preparación. En la Eceria se describe la manera con la que se unían los catecúmenos a los iluminados. Este período coincidía con el gran período eclesiástico que es la Gran Cuaresma.

“El que da el nombre, lo da en vísperas de la Gran Cuaresma y un sacerdote apunta todos los nombres; es decir, esto se hace en vísperas de las ocho semanas que están contenidas aquí en la Cuaresma. Cuando el sacerdote ha apuntado todos los nombres, es decir, el día siguiente principio del Cuaresma, día que empiezan las ocho semanas, colocan un sitio para el obispo, es decir, al Martirio; en las dos partes están sentados los clérigos y el resto de ellos en pie. Después traen uno por uno los candidatos, si son hombres vienen con sus padrinos y si son mujeres con sus madrinas. Entonces a cada uno de los que se han acercado, el obispo les pregunta: ¿Tiene vida honesta? ¿Respeta a sus padres?  ¿Acaso está dominado por la embriaguez y la mentira? A cada uno le hace una serie de preguntas con seriedad para todos los pecados. Si al candidato no le pesan todos estos pecados que se han preguntado delante de los testigos, el obispo escribe con su propia mano su nombre. Pero si se le acusa por algunos pecados, el obispo no le acepta, diciéndole: Corrígete y cuando hayas mejorado entonces continuarás al bautismo. Lo mismo para las mujeres, pone las mismas preguntas. Los que son extranjeros al no ser que tengan testigos avanzan más difícil hacia el bautismo”.

De todo esto se ve que la Iglesia preparaba muy bien a uno que quería ser miembro suyo. San Cirilo de Jerusalén hablando a los iluminados los exhorta que se preparen adecuadamente para el gran día del Bautismo: “El presente tiempo es de confesión. Las cosas que has hecho y dicho durante la noche y el día confiésalas. Confiésate en el tiempo adecuado y el día de salvación recibirás el tesoro celeste”. Debían confesar y participar en los exorcismos diarios y la Catequesis: “Fíjate en los exorcismos, toma parte de las catequesis y acuérdate de lo que se ha dicho”. No solamente tienen que escuchar sino que sean lo sellado confirmados con la fe. Paralelamente con la Catequesis se exige la lucha contra el sí mismo y los pazos: “Elimina toda preocupación mundana sobre ti… no escuches hedónicamente los charlatanes; enséñate por la ascesis, con valor oración del corazón. Límpiate, sánate de tu ansiedad y angustia para que recibas en abundancia la Jaris (energía increada).

El la Tradición de la Iglesia se ve que la preparación para el Bautismo se afrontaba muy seriamente. Se hacían exorcismos, Catequesis, oraciones y participación en la praxis del culto de la Iglesia. Sólo cuando se comprobaba que el Catecúmeno estaba preparado entonces avanzaban hacia su bautismo. Por lo tanto, existía un cuidado pastoral completo, una ciencia terapéutica para la introducción de uno en las órdenes de la Iglesia. De esta forma inspeccionaban también la intención de uno que pedía bautizarse. Si uno no tenía buena intención no podía permanecer por largo tiempo en el orden de los Catecúmenos.

El que la Iglesia cuidaba mucho también la intención de los futuros bautizados se ve en un Canon de Nueva Cesárea. Allí se escribe que si uno se bautiza a causa de enfermedad no debe hacerse Presbítero, a no ser que no se encuentren hombres que quieran ser Clérigos. Justificando esta prohibición dice: “Porque este tipo de fe no es por preferencia y libre voluntad sino por necesidad”. Tiene un gran valor si la fe es por libre preferencia o por necesidad. San Nicodemo el Aghiorita interpretando este Canon escribe: “El presente Canon determina que si un Catecúmeno cuando estaba saludable aplazó el Santo Bautismo y cuando cayó en enfermedad mortal y asustado fue bautizado, éste no sea Sacerdote. Porque se ve que no se ha bautizado por intención propia, sino por necesidad a causa de su enfermedad”.

Este Canon indica que aparte de todo lo demás había cuidado pastoral para el Catecúmeno. Como no estaba bautizado no significa que estaba libre de hacer lo que le daba la gana. Desde luego por los demás Cánones conocemos bien que si el iluminado cometía algún pecado grave se regulaba por el obispo y empezaba la Catequesis desde el principio. De este modo la Catequesis era un camino hacia la catarsis de manera que el hombre catartizado (sanado, purificado) podía bautizarse, crismarse y convertirse en templo del Espíritu Santo. Desde la catarsis del corazón debía llegar a la iluminación y a la zéosis o glorificación.

A continuación intentaré presentar en líneas generales un diagrama Catequético para el servicio de aquellos hombres que vienen a bautizarse. Se hará un intento de combinar el culto con la Catequesis y todo esto dentro de la perspectiva eclesiástica ortodoxa. De esta manera podremos practicar este trabajo con gran responsabilidad y seriedad para el beneficio de los futuros bautizados.