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Jun 05 2021

EL EVANGELIO SEGÚN MARCOS

EL NUEVO TESTAMENTO ORTODOXO

Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas) www.logosortodoxo.com, heleno-griego nativo, criado con la lengua del Nuevo Testamento y la Santa Parádosi-Tradición.

Amigos en y de CristoDios-Hombre, con la bendición de mi Yérontas Fotios, del Monasterio san Gregorio de Athos, después de muchas peticiones por hispanohablantes para traducir el Nuevo Testamento en español desde el original helénico-griego, al final accedí a este trabajo nada fácil. ya que no he encontrado ninguna traducción en español tienen muchos fallos sobre todo al Evangelio de Juan y las Cartas/Epístolas de los Apóstoles… sobre todo en temas dogmáticos… yo en mi traducciones traduzco los pasajes directamente del griego porque no me fío de ninguna traducción en español… Es un atrevimiento para mí y espero que CristoDios y vuestras oraciones me ayuden. En el Nuevo Testamento en el original helénico abundan las palabras ψυχή psijí psique, alma, ánima, θεραπεία zerapía terapia, λόγος logos, πάθος pazos, etc… y como decimos en la Divina Liturgia Cristo el médico de nuestras psiques-almas y cuerpos; y por el excelencia el único verdadero Médico, Psicólogo y Psicoterapéuta ya que: “Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ Λόγος… (en arjí in o logos) 1 En el principio el Logos era, es y será eterna e infinitamente; y el Logos existía con Dios y está en Dios; y el Dios era y es el Logos…Todo fue hecho por él y sin él no se hizo nada de todo lo creado” (Jn 1, 1-3), a través de Su jaris (gracia, energía increada) que se proporciona por la participación en nuestra Santa Iglesia Ortodoxa, Católica y Apostólica y de Sus Misterios. Algunas palabras las he dejado en griego ya que con la traducción literal no expresan la profundidad de las palabras en helénico y he creado los verbos ψυχοθεραπεύω psijozerapevo “psicoterapiar” y  αποκαλύπτω apokalipto “apocaliptar”/revelar que existen en griego en cambio en español sólo existen las palabras sueltas sin los verbos y que se aproximan más a la realidad, y al final hemos puesto un léxico, diccionario teológico con los términos más importantes. También pueden utilizar el https://www.logosortodoxo.com/minilexico/ y también https://www.logosortodoxo.com/12-lexis-apocalipticas/ con mucho éxito y aceptación en el mundo hispanohablante. Ruego a todos que me ayuden y cualquier error o duda que encuentren no duden en avisarme en kristokrisulas@hotmail.es

 

EL EVANGELIO SEGÚN MARCOS ΚΑΤΑ ΜΑΡΚΟΝ ΕΥΑΓΓΕΛΙΟΝ

Del original helénico de la Santa Diaconía de la Iglesia Ortodoxa Helénica-Griega

 

Índice de Contenido

Capítulo 1: El kerigma de Juan el Bautista, 1-8. El Bautismo de Jesús y las tentaciones, 9-13. La acción pública, 14-15. Los primeros cuatro discípulos, 16-20. En la sinagoga de Capernaum y muchas terapias, 21-45

 

El kerigma de Juan el Bautista, 1-8.

1,1 Principio del evangelio de Jesús Cristo, Hijo de Dios.
2 Como está escrito por los profetas sobre Juan el Precursor: He aquí dice Dios, por el profeta Malajías, yo envío delante de ti a mi mensajero que preparará tu camino para recibirte, es decir, preparar las psiques-almas y los corazones de los hombres.

3 Y este mensajero, enviado por Dios, es el que se dijo también por el profeta Isaías: Voz del que clama en el desierto; preparad el camino del Señor; Enderezad sus senderos, es decir, enderezar vuestros corazones.

4 Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de la μετάνοια metania, arrepentimiento, conversión y confesión, para que los bautizados reciban el perdón de pecados, cuando recibirían al Mesías que iba a venir dentro de poco. 

5 Y acudían a él de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando a la vez sus pecados.

6 Y Juan llevaba un vestido de pelo de camello y un cinturón de cuero alrededor de su cintura; y comía langostas y miel silvestre.

7 Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien yo no soy digno de agacharme para desatarle la correa de sus zapatos.

8 Yo os bautizo con agua; pero él os bautizará con Santo Espíritu, es decir, con la Jaris/Gracia energía increada.

El Bautismo de Jesús y las tentaciones, 9-13.

9 Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.

10 Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu de Dios como paloma que descendía sobre él.

11 Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto, en ti tengo plena complacencia.

12 Y enseguida el Espíritu le condujo al desierto.

13 Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, sin caer lo mínimo a las tentaciones, y estaba con las fieras del desierto; y los ángeles de Dios le servían.

La acción pública, 14-15.

14 Después que Juan fue encarcelado, por Herodes Antipa, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio o el mensaje alegre de la realeza increada de Dios,

15 diciendo: “El tiempo se ha cumplido, y la realeza de Dios ha llegado; μετανοεῖτε metanoite volved a la metania, arrepentíos, confesaos y convertíos, y creed en el evangelio que yo os predico, (μετανοεῖτε metanoite el verbo declara acción continua).

Los primeros cuatro discípulos, 16-20.

16 Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.

17 Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y yo os haré pescadores de hombres, (es decir, por vuestro kerigma atraeréis hombres en el reinado de la realeza increada de Dios).

18 Y al instante dejando sus redes, le siguieron.

19 Continuando un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, que estaban también dentro de la barca, remendando y preparando sus redes.

20 E inmediatamente los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron.

En la sinagoga de Capernaum y muchas terapias, 21-45

21 Y entraron en Capernaum; y enseguida, el sábado, Jesús fue en la sinagoga y se puso a enseñar.

22 Y se admiraban de su enseñanza; porque les enseñaba como maestro-didaskalos, como quien tiene autoridad, sabiduría divina y prestigio, y no como los escribas-gramatís-gramaticales, los cuales buscaban a sostener sus enseñanzas al prestigio de otros rabinos antiguos, y por regla general, sobre las cosas esenciales enseñaban lo contrario de lo que se había escrito por los Profetas.

23 Pero en aquel momento había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu inmundo, que se puso a gritar,

24 diciendo: “¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para condenarnos y echarnos a la perdición eterna? Sé quién eres; eres el Santo de Dios por excelencia y dedicado a su obra”. 

25 Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal inmediatamente de este hombre!

26 Y el espíritu inmundo, sacudiendo al endemoniado con violencia, y por la boca de él gritando a gran voz, salió de él.

27 Y todos quedaron estupefactos y maravillados por este acontecimiento, de tal manera que conversaban entre sí, diciendo: ¡Qué es este milagro asombroso! ¡Qué enseñanza nueva y admirable es esta, que con autoridad y dinamis potencia de energía manda a los espíritus inmundos y astutos, y le obedecen!

28 Y muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.

29 Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan.

30 Y la suegra de Simón estaba en la cama acostada con fiebre; y en seguida le hablaron de ella.

31 Entonces él se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; e inmediatamente le dejó la fiebre, y ella totalmente curada les servía.

32 Llegado el atardecer, puesto ya el sol, le trajeron todos los enfermos y los endemoniados;

33 y toda la ciudad se agolpó a la puerta de la casa.

34 Curó y psicoterapió a muchos pacientes de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque conocían que él es el Cristo y él no quería el testimonio de los sucios demonios.

35 Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió de la ciudad y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.

36 Y le buscó Simón y los que con él estaban;

37 y encontrándole, le dijeron: “Todos en la ciudad te buscan”.

38 Él les dijo: «Vamos a otras partes, a los pueblos vecinos, para predicar también allí; pues, para esto he salido de la ciudad».

39 Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y expulsaba a los demonios astutos de los endemoniados.

40 Y viene a él un leproso, se puso de rodilla suplicando, y le dice: Si quieres, puedes hacerme la catarsis, limpiarme y librarme de mi terrible enfermedad. 

41 Y Jesús, viendo la fe de este hombre, se compadeció de él, extendió la mano, lo tocó, y le dijo: «Quiero, queda limpio».

42 Y al instante, diciendo Jesús estos logos, quedó totalmente limpio y sano de su lepra.

43 Luego advirtiéndole severamente que no se lo revele a nadie de que él había sido su benefactor, y sacándole fuera del lugar de donde estaban, le despidió y le dijo:

44 Mira, ten cuidado, no digas a nadie nada, sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece la ofrenda por tu purgación y sanación de la lepra, lo que Moisés mandó, para que les conste tu curación.

45 Pero él, en cuanto se retiró, comenzó a divulgar a voces lo sucedido, de manera que ya el Señor no podía entrar abiertamente en la ciudad por la multitud que le rodeaba, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos; y a pesar de esto, venían a él de todas partes.

 

Capítulo 2: Terapia del paralítico, 1-13. Llamada de Mateo y ciertas críticas, 14-17. Cuestión sobre ayuno, 18-22. Sobre el Sábado, 23-28.

 

Terapia del paralítico, 1-13.

2,1 Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en una casa.

2 E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les enseñaba el logos de Dios.

3 Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro encima de una camilla.

4 Y como no podían acercarse al Señor a causa de la multitud, descubrieron el terrado por donde él estaba, y haciendo una abertura, descolgaron la camilla en que yacía el paralítico.

5 Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados», los cuales son también la causa de tu enfermedad física. 

6 Estaban allí sentados algunos de los escribas-gramatís, los cuales meditaban en sus corazones:

7 ¿Cómo habla así éste? ¡Blasfema! ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?

8 E inmediatamente conociendo Jesús, por la fuerza de su espíritu divino, que meditaban con estos pensamientos dentro de sí mismos, les dijo: «¿Por qué meditáis así en vuestros corazones?

9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate sano, carga con tu camilla y anda?

10 Pues para que veáis y sepáis que el hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados, dijo al paralítico:

11 A ti te digo: Levántate sano, carga con tu camilla, y vete a tu casa».

12 Entonces él se levantó inmediatamente y cargó con su camilla, salió delante de todos, de manera que todos quedaron asombrados, y glorificaron a Dios, diciendo: “Nunca hemos visto cosa igual, es decir, por un logos sean perdonados los pecados y por el perdón también sea curada la parálisis milagrosamente.

13 Después volvió a salir al mar; y toda la gente venía a él, y les enseñaba. (Los milagros se hacían para curación y psicoterapia de los enfermos que tenían fe, pero también para inspirar a la fe a los otros). 

Llamada de Mateo y ciertas críticas, 14-17.

14 Y al pasar, vio a Leví hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos públicos o aduana, y le dijo: «Sígueme». Y levantándose, le siguió.

15 Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores (como despectivamente les llamaban los Fariseos) estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos; porque había muchos que le habían seguido.

16 Y los escribas-gramatís y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: “¿por qué come y bebe con publicanos y pecadores, cómo se explica esto?”

17 Al oír esto Jesús, les dijo: «Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido al mundo a llamar a los que se imaginan que son justos, sino llamar a pecadores a la μετάνοια metania arrepentimiento, confesión y conversión».

Cuestión sobre ayuno, 18-22
18 Y los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunaban; y vinieron pues algunos, y le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?

19 Jesús les dijo: «¿Acaso pueden los que están de bodas ayunar mientras está con ellos el novio? Mientras tienen consigo al novio, no pueden ayunar, porque el ayuno no es muestra de alegría, más bien de luto. 

20 Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, es decir, a mí el Maestro, entonces ayunarán en aquellos días.

21 Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace mayor la rotura. Es decir, mi nueva enseñanza no puede ser mezclada y pegada en los antiguos tipos, modelos exteriores que están envejecidos y rotos; si se hace algo así, los tipos exteriores se romperán y mi enseñanza se falsificará.

22 Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar. Es decir, así también los Fariseos y sus seguidores son odres viejos que no pueden soportar mi nueva enseñanza; esta la recibirán mis discípulos que son jóvenes y sanos en su psique-alma y en su corazón».

Sobre el Sábado, 23-28.

23 Aconteció que un sábado pasaba el Señor por los sembrados, y sus discípulos, al pasar, comenzaron a arrancar espigas y comían las semillas.

24 Entonces los fariseos le dijeron: “Mira, ¿por qué tus discípulos hacen en el sábado lo que no está permitido?”

25 Pero él les dijo: «¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y sintió hambre, él y los que con él estaban;

26 cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aun dio a los que con él estaban? Sin embargo Dios no le recriminó por esta praxis

27 También les dijo: «El Sábado día de reposo fue hecho por causa del hombre, para conducir al hombre a su vida espiritual y no el hombre por causa del sábado, para que sea esclavo en un sábado seco, duro y típico.

28 Por tanto, el Hijo del hombre, quien vino para instruir al hombre en la vida espiritual superior, es Señor también del Sábado, día de reposo y tiene poder de modificarlo y hacerlo más espiritual».

 

Capítulo 3: Terapia en sábado del hombre con la mano seca, 1-6. Predicación al pueblo y muchas terapias, 7-12.Elección de los doce, 13-21. Blasfemia contra el Espíritu Santo 22-30. La madre y sus hermanos, 31-35.

 

Terapia en sábado del hombre con la mano seca, 1-6.

3,1 Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano.

2 Y estaban acechando para ver si le sanaría en sábado, a fin de poder acusarle.

3 Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: «Levántate y ponte en medio».

4 Y les dijo: «¿Es lícito en los sábados, días de reposo, hacer bien o hacer mal; sanar, psicoterapiar la psique-alma y salvar una vida o quitarla? Pero ellos callaban.

5 Entonces, dirigiéndoles una mirada airada y entristecido por la dureza y depravación de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano». Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana como la otra.

6 Y salidos los fariseos de la sinagoga, realizaron un consejo con los herodianos para encontrar una forma de acabar con Jesús.

Predicación al pueblo y muchas terapias, 7-12.
7 Después Jesús se retiró al mar con sus discípulos, y le siguió gran multitud de Galilea;

8 y otros muchos de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, y de los alrededores de Tiro y de Sidón, al oír las cosas asombrosas que hacía, vinieron a él.

9 Y dijo a sus discípulos que le tuviesen siempre lista una barca, a causa de la muchedumbre, para que no le estrujasen y oprimiesen.

10 Porque había curado y psicoterapiado a muchos; de manera que los que tenían plagas y enfermedades caían sobre él para tocarlo y recibir la psicoterapia y curación.

11 Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, gritando: “Tú eres el Hijo de Dios”.

12 Pero él los reprendía y los ordenaba severamente a que no lo descubriesen que es el hijo de Dios. No tenía ninguna necesidad del testimonio de los malignos y astutos demonios, los cuales siempre escondían algún propósito tramposo.

Elección de los doce, 13-21.

13 Después subió al monte, y llamó a los que él quiso; y vinieron a él.

14 Y eligió a doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar,

15 y con poder de expulsar a los demonios, y de psicoterapiar y curar enfermedades.

16 y a Simón, a quien puso por nombre nuevo Pedro;

17 a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, a quienes dio el nombre Boanergés clamor o trueno de energías increadas, esto es, Hijos del trueno; (y esto por el carácter impetuoso que a veces presentaban),

18 y Andrés y Felipe, Bartolomé y Mateo, Tomás, y Jacobo hijo de Alfeo, Tadeo y Simón el cananeo,

19 y Judas Iscariote, el que le entregó.

20 Y vinieron a casa, en Capernaum. Y se agolpó de nuevo la gente, tanto que no podían encontrar la ocasión ni siquiera comer pan.

21 Cuando los suyos oyeron estas obras exageradas, vinieron para prenderle, es decir, sus considerados como hermanos, los que no habían creído en él, quisieron prenderlo y limitarlo en casa, porque creían que tanta dedicación exagerada a su obra era resultado de trastorno psíquico y mental; porque decían: Está fuera de sí.

Blasfemia contra el Espíritu Santo 22-30.

22 Pero los escribas-gramatís que habían venido de Jerusalén decían que tenía en su interior a Beelzebúl, y que expulsa fuera a los demonios en cooperación con el príncipe de los demonios.

23 Y habiéndolos llamado Jesús, les decía en parábolas: «¿Cómo puede satanás echar fuera a satanás?

24 Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer.

25 Y si una casa está dividida contra sí misma, no puede permanecer la familia en aquella casa.

26 Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide en fracciones combatiendo entre sí, no puede permanecer, sino que su poder llega a su fin.

27 Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, y entonces podrá saquear su casa. (Yo tampoco podría librar de las manos del satanás a los endemoniados, si primero no venciera y atara al satanás)

28 De verdad os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean;

29 pero quien blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás, sino que es reo de juicio y condena eterna».

30 Dijo esto Jesús, porque ellos habían dicho calumniándolo que tiene espíritu inmundo.

La madre y sus hermanos, 31-35.

31 Vienen después su madre y sus hermanos, y quedándose afuera de la casa, enviaron a llamarle.

32 Y la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo: “Mira, ahí afuera están tu madre y tus hermanos y te buscan”.

33 Él les respondió diciendo: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?»

34 Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: «He aquí mi madre y mis hermanos.

35 Porque todo aquel que hace y hará la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre».

 

Capítulo 4: La parábola del sembrador, 1-20. La luz que da la gnosis/conocimiento, 21-25. La semilla que crece, 26-29. La parábola del grano de mostaza, 30-34. La tempestad calmada, 35-41.

 

La parábola del sembrador, 1-29.

4,1 Otra vez comenzó Jesús a enseñar junto al mar, y se reunió alrededor de él mucha gente para escucharle, tanto que tuvo que subir en una barca en el mar, se sentó en ella; y toda la gente estaba en tierra junto al mar.

2 Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su enseñanza:

3 «Oíd con atención: He aquí, salió el sembrador a sembrar;

4 y al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron.

5 Otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra.

6 Pero salido el sol, se quemó; y como no tenía raíz, se secó.

7 Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto.

8 Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno».

9 Entonces les dijo: «El que tiene oídos espirituales para oír, que oiga estas enseñanzas y sea enseñado».

10 Cuando estuvo solo, los que estaban entorno de él con los doce, le preguntaron sobre el significado y sentido de la parábola.

11 Y les dijo: «A vosotros os es dado saber las verdades del misterio del reinado de la realeza increada de Dios; en cambio a los que están fuera de vuestro círculo, se ofrecen por parábolas todas las verdades;

12 para que mirando con los ojos del cuerpo, vean y no perciban ni vean profundamente con los ojos de la psique-alma, porque el nus/espíritu y el cerebro de ellos están grueso e incapaces; y oyendo, oigan y no entiendan, no sea que no se conviertan y sean perdonados». (Si en ellos no hubiera el endurecimiento de la psique, la indiferencia por conocer la verdad y el odio contra el Señor, estarían en posición de entender todas estas cosas y enseñanzas que oyen).

13 Y les dijo: «¿No habéis entendido  el significado de esta parábola? ¿Cómo, pues, conoceréis y entenderéis el significado de todas las parábolas?

14 El sembrador simboliza y es el que siembra en las psiques-almas el logos de Dios.

15 Y aquellos que son reflejados por los que están junto al camino donde calló la semilla, son los que se siembra el logos, pero después que lo oyen, enseguida viene el satanás y quita el logos que se sembró en sus corazones.

16 Y aquellos que son reflejados por los que fueron sembrados en pedregales, son los que cuando han oído el logos, al momento lo reciben con gozo y alegría;

17 pero no tienen raíz profunda en sí mismos, ni fe y decisión firmes, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa del logos del Evangelio, se tambalean, tropiezan y pierden la fe.

18 Y los que fueron sembrados entre espinos, donde se siembra el logos, son los que oyen el logos de Dios,

19 pero los afanes y las preocupaciones de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan el logos, y se hace infructuoso.

20 Y los que son reflejados por los que fueron sembrados en buena tierra, son los que oyen el logos y lo reciben con todo su corazón, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno».

La luz que da la gnosis/conocimiento, 21-25.

21 También les dijo: «Lo que os he enseñado es luz. ¿Acaso se trae la luz para ponerla debajo del almud, o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? (Vosotros sois la luz encendida, la luz espiritual. Con vuestros logos y con el ejemplo, debéis iluminar a los demás y no esconder los logos y las realidades que habéis oído de mí).

22 Porque no hay nada oculto y secreto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a la luz.

23 El que tenga oídos espirituales para oír, que oiga estas enseñanzas».

24 Les dijo también: «Tened cuidado a lo que oís; porque con la medida con la que midáis y entendáis, seréis medidos y se os dará por Dios entendimiento, gnosis/conocimiento y sabiduría, y mucho más.

25 Porque al que tiene interés, buena disposición y gnosis, se le dará aún más; y al que no tiene interés, aun lo poco de gnosis que tiene se le quitará».

La semilla que crece, 26-29

26 También decía: «La realeza increada de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra;

27 y después duerme y se levanta de noche y de día, sin que se preocupe si la semilla brota, y la semilla brota y crece de una manera misteriosa sin que él sepa cómo.

28 Porque la tierra sola por si misma da el fruto, es decir, brota primero hierba, luego espiga, después el trigo en la espiga llena en grano gordo; (O sea que, el crecimiento espiritual de la vida cristiana se hace por Dios de una forma misteriosa que no cae inmediatamente a la percepción del hombre).

29 y cuando el fruto está maduro y listo para la siega, en seguida el hombre mete la hoz, porque ha llegado el tiempo de la siega».

La parábola del grano de mostaza, 30-34.

30 Decía también: «¿A qué asemejaremos la realeza increada de Dios, o con qué parábola la compararemos  o con qué icona/imagen la representaremos?

31 Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en la tierra, es la semilla más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra;

32 pero una vez sembrada, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra».

33 Con muchas parábolas como estas les hablaba y exponía el logos de Dios, conforme a lo que podían oír y entender.
34 Y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular se las explicaba y analizaba a todas. (Los explicaba las cosas que preguntaban y estaban sedientos para aprender; el Dios siempre por muchas maneras y modos responde a las preguntas y dudas e informa a los fieles sobre su voluntad).

La tempestad calmada, 35-41.

35 Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: «Pasemos al otro lado».

36 Y despidiendo a la multitud, los discípulos le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas.

37 Pero se levantó una gran tempestad de viento, y las olas saltaban en la barca, de tal manera que peligraba a hundirse.

38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; ellos le despertaron, y le dijeron: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos y perezcamos?

39 Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: «Calla, enmudece y cálmate». Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza.

40 Y les dijo: «¿Por qué sois tan miedosos y cobardes? ¿Ya que habéis visto tantos milagros, cómo es que no tenéis fe?»

41 Entonces ellos quedaron sumamente atemorizados, y se decían el uno al otro: “¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?” (Obedecen y se someten a Él no sólo las enfermedades, la muerte y los demonios, sino también los elementos de la naturaleza).

 

Capítulo 5: La terapia del endemoniado, 1-21. Terapia de la mujer con hemorragia y la resurrección de la hija de Jairo 22-43.

 

La terapia del endemoniado, 1-21.

5,1 Vinieron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos.

2 Y cuando salió Jesús de la barca, en seguida vino a su encuentro, desde el cementerio, un hombre poseído de un espíritu inmundo,

3 que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía sujetarlo ni siquiera con cadenas.

4 Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los grillos; y nadie podía dominarlo.

5 Y se pasaba el día y la noche entre los sepulcros y andaba dando voces en los montes, y golpeándose con piedras.

6 Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él y le reverenció.

7 Y clamando a gran voz, dijo: “¿Qué tienes conmigo, déjame en paz Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes”.

8 Porque le decía: “Sal de este hombre, espíritu inmundo”.

9 Y le preguntó: «¿Cómo te llamas?» Y respondió diciendo: “Legión me llamo; porque somos muchos aquí dentro”.
10 Y se puso a rogar a Jesús que no los enviase fuera de aquella región.

11 Estaba allí, en la ladera del monte, una gran manada de cerdos paciendo.

12 Y le rogaron todos los demonios, diciendo: “Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos”.

13 Y luego Jesús les dio permiso. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil; y la manada de cerdos se precipitó en el mar por un despeñadero, y en el mar se ahogaron. (Así fueron castigados los gergesenos, porque alimentaban cerdos, a pesar que la ley de Moisés lo prohibía).

14 Y los que apacentaban los cerdos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los que encontraron en los campos y caseríos. Y los habitantes salieron a ver qué era aquello que había sucedido.

15 Y al llegar a Jesús, y ver al endemoniado vestido y sentado en su lógica y sano juicio, el que antes había tenido la legión de demonios; se llenaron de mucho miedo.

16 Y los que lo habían visto contaban lo ocurrido con el endemoniado y con los cerdos.

17 Y comenzaron a rogar a Jesús que se fuera de allí de sus contornos, (porque tuvieron miedo por otras violaciones de la ley de Moisés). 

18 Y al entrar Jesús en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejara ir con él.

19 Y Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a tu casa con los tuyos, y cuéntales todo lo que el Señor, compadecido de ti, ha hecho contigo».

20 Él se fue, y comenzó a predicar en Decápolis, en las diez ciudades griegas, las que se encontraban al este del río Jordán, cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban. (Siendo beneficiados espiritualmente y materialmente por el Señor tenemos el deber de contar sus grandezas a todos).

21 Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar.

Terapia de la mujer con hemorragia y la resurrección de la hija de Jairo 22-43.

22 Y vino uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo; el cual al verlo, se postró a sus pies,

23 y le rogaba mucho, diciendo: “Mi hija está agonizando; por favor ven en mi casa y pon las manos sobre ella para que se sane, se salve y viva”.

24 Jesús fue con él; y le seguía una gran multitud, y los hombres le apretaban.

25 Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragia,

26 y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía sin obtener ninguna mejoría, más bien iba de mal en peor,

27 cuando oyó hablar de Jesús, se mezcló entre la multitud, vino por detrás de Jesús y tocó su manto.

28 Porque se decía: “por sólo tocar su manto, seré curada”.

29 Inmediatamente la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba curada de aquella enfermedad.

30 Luego Jesús como omnisciente que es, conociendo en sí mismo la potencia de la energía que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: «¿Quién ha tocado mis vestiduras?»

31 Sus discípulos le dijeron: “Ves que la multitud te aprieta por todas partes, y tú dices: ¿Quién me ha tocado?”

32 Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto.

33 Entonces la mujer asustada y temblorosa, conociendo lo que en ella había sucedido, vino y se arrodilló delante de él, y le dijo toda la verdad.

34 Y él le dijo: «Hija mía, tu fe te ha curado y salvado; vete en paz, y seas liberada de esta enfermedad azotadora».

35 Mientras él aún estaba hablando, llegaron algunos de casa del jefe de la sinagoga, diciendo: “Tu hija ha muerto; ¿por qué molestas aún al Maestro?”

36 Pero Jesús inmediatamente al oír lo que se decía, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, cree solamente».

37 Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo y Juan hermano de Jacobo.

38 Y vino a casa del jefe de la sinagoga, y vio el alboroto y a muchos que lloraban y se lamentaban mucho.

39 Y entrando, les dijo: «¿Por qué alborotáis y lloráis así? La niña no está muerta, sino duerme». Y se burlaban de él.

40 Pero él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba estirada la niña.

41 Y tomando la mano de la niña, le dijo: «Talita kumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate».

42 Y luego la niña se levantó y totalmente sana andaba, pues tenía doce años. Y se sobrecogieron todos de gran asombro y admiración.

43 Pero él les ordenó y lo repitió mucho que nadie lo supiese, y mandó que diesen de comer a la niña.

 

Capítulo 6: Jesús rechazado en su patria Nazaret, 1-6. La misión de los doce Apóstoles, 7-15. Decapitación del Bautista, 16-29. Multiplicación de los panes, 30-46. Jesús camina sobre las aguas, 47-52. Psicoterapias y curaciones en Genesaret, 53-56

 

Jesús rechazado en su patria Nazaret, 1-6.

6,1 Salió Jesús de allí y vino a su tierra, y le seguían sus discípulos.

2 Y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde le viene a éste la dinamis potencia energía y la autoridad para hacer estas cosas que vemos y oímos? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y cómo se explican tantos milagros que son hechos por sus manos?

3 ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él.

4 Jesús les decía: «Sólo en su tierra, entre sus parientes y en su casa desprecian y deshonran al profeta, en ninguna otra parte más».

5 Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que psicoterapió y curó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.

6 Y estaba asombrado de la incredulidad de estos hombres. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando el logos del Evangelio.

La misión de los doce Apóstoles, 7-15.

7 Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos.

8 Y les ordenó que no llevasen nada para el camino, sino solamente bastón; ni alforja, ni pan, ni dinero en la faja,

9 sino que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas.

10 Y les dijo: «Dondequiera que entréis en una casa, quedaos en ella hasta que salgáis de aquel lugar.

11 Y si en algún lugar no os reciben ni os oyen, al salir de allí, sacudid hasta el polvo que está debajo de vuestros pies, para testimonio a ellos que nada habéis recibido de allí. De verdad os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para los de Sodoma y Gomorra, que para aquella ciudad».

12 Y saliendo, predicaban a los hombres que volviesen a la μετάνοια metania, se arrepintiesen y se convirtiesen. (La percepción clara y concienciada de la pecaminosidad, la verdadera metania y retorno a la vida en Cristo es el principio indispensable y cimiento necesario de la nueva vida en Cristo).

13 Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los psicoterapiaban y sanaban.

14 Oyó el rey Herodes la fama de Jesús, porque su nombre se había divulgado y conocido mucho; y decía que Juan el Bautista ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estas dinamis potencias y energías sobrenaturales.

15 Otros decían: es el Elías; y otros decían: es un profeta, o alguno de los profetas.

Decapitación del Bautista, 16-29.

16 Al oír esto Herodes, dijo que, “este es Juan, el que yo decapité, que ha resucitado de los muertos”.
17 Porque el mismo Herodes había detenido y enviado a Juan en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de Felipe su hermano; qué la había tomado ilegalmente por esposa.

18 Porque Juan decía a Herodes: “No te es lícito tener como esposa la mujer de tu hermano”.

19 Pero Herodías odiaba y acechaba a Juan deseando matarle, pero no podía;

20 porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba de buena gana.

21 y llegó el día oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su cumpleaños, ofrecía una cena a los magnates, a los tribunos y a los grandes personajes de Galilea,

22 y entrando la hija de Herodías, danzó, y agradó a Herodes y a los que estaban con él en la mesa; y el rey dijo a la muchacha: “Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré”.
23 Y le juró que, “todo lo que me pidas te daré, hasta la mitad de mi reino”.

24 Saliendo ella, dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ella le dijo: La cabeza de Juan el Bautista.

25 Entonces ella entró directamente al rey, y pidió diciendo: “Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista”.

26 Y el rey se entristeció mucho; pero a causa del juramento que había hecho, y de los que estaban con él a la mesa, para que no quedara como perjuro y ridículo ante ellos, no quiso desechar su promesa.

27 Y en seguida el rey, enviando a uno de la guardia, ordenó que fuese traída la cabeza de Juan.

28 El guarda fue, le decapitó en la cárcel, y trajo su cabeza en un plato y la dio a la hija, y ella la dio a su madre.

29 Cuando sus discípulos oyeron este acontecimiento terrible, vinieron y recogieron su cuerpo, y lo pusieron en un sepulcro.

Multiplicación de los panes, 30-46.

30 Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado.

31 El les dijo: «Venid conmigo a un lugar retirado y tranquilo, y descansad un poco». Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que no tenían tiempo ni para comer.

32 Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto y tranquilo. (Los obreros del Evangelio tienen que dejar un poco su trabajo y retirarse en lugares tranquilos para descanso, recogimiento y renovación de las fuerzas).

33 Pero muchos los vieron ir, y reconocieron el lugar donde iban; y muchos fueron allá a pie desde las ciudades, y se les adelantaron, y se reunieron cerca de Jesús.

34 Y Jesús cuando salió de este lugar tranquilo, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.

35 Cuando la hora ya era muy avanzada, sus discípulos se acercaron a él, diciendo: “El lugar es desierto, y la hora muy avanzada;

36 despídelos para que vayan a los caseríos y a las aldeas de alrededor, y compren pan, porque no tienen qué comer”.

37 Respondiendo él, les dijo: «Dadles vosotros de comer». Ellos le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer?

38 El les dijo: «¿Cuántos panes tenéis?» Id a ver. Lo averiguaron y dijeron: “Cinco, y dos peces”.

39 Y les mandó que se sentasen todos por grupos sobre la hierba verde.

40 Y se sentaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta.

41 Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, glorificó al Padre, bendijo y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los distribuyeran a la gente; repartió también los dos peces entre todos.

42 Y comieron todos, y se saciaron.

43 Y recogieron lo que sobró de los panes y de los peces doce cestas llenas.

44 Y los que comieron eran cinco mil hombres, sin contar mujeres e hijos.

45 En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera a esperarle, hasta que él terminara de despedir a la multitud.

46 Y una vez que se despidió de la multitud, se fue al monte a orar.

Jesús camina sobre las aguas, 47-52.

47 Y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra.

48 Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche (entre las tres y seis de la mañana), Jesús vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles.

49 Viéndole ellos andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma, y gritaron;

50 porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: «¡Ánimo tranquilizaos; yoSoy, no tengáis miedo!»

51 Y subió en la barca con ellos, y se calmó el viento; y los discípulos se quedaron estupefactos y con gran admiración.

52 Porque aún no habían entendido lo de los panes, por cuanto estaban embotadas sus mentes/intelectos y endurecidos sus corazones.

Psicoterapias y curaciones en Genesaret, 53-56
53 Terminada la travesía, vinieron a tierra de Genesaret, y atracaron a la orilla.

54 Y saliendo ellos de la barca, en seguida la gente le reconoció.

55 Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron a traer de todas partes enfermos en camillas, a donde oían que Jesús se encontraba.

56 Y dondequiera que entraba, en aldeas, ciudades o caseríos, ponían a los enfermos  en las plazas, y le rogaban que les dejase tocar el borde de su manto; y todos los que le tocaban quedaban psicoterapiados y curados, (el acercamiento con fe al Señor se hace causa de muchas donaciones, materiales y espirituales).

 

Capítulo 7: Los fariseos y la tradición, 1-23. La fe de la Cananea, 24-30. Terapia del sordo y tartamudo, 31-37.

 

Los fariseos y la tradición, 1-23.

7,1 Se reunieron en torno de Jesús los fariseos, y algunos de los escribas-gramatís, que habían venido de Jerusalén;

2 los cuales, viendo a algunos de los discípulos de Jesús comer pan con manos sin lavar, los criticaban.

3 Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de sus mayores, si muchas veces no se lavan las manos, no comen, (y esto lo hacen para mantener la tradición de sus mayores o ancianos).

4 Y volviendo de la plaza o de otros lugares públicos, si no se bañan enteros, no comen. Y otras muchas prácticas que guardan por tradición, tales como lavar con mucha agua los vasos, los jarros, los utensilios de metal, y los lechos (que son como hamacas bajas o catres, sobre los cuales comían estirados). 

5 Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas-gramatís: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los mayores, sino que comen pan sin lavar las manos?

6 Respondiendo él, les dijo: «Hipócritas, bien profetizó Isaías acerca de vosotros, según está escrito: Este pueblo de labios me honra, mientras que su corazón está lejos de mí. 

7 Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. (Los fariseos se cuidaban de los tipos y no de la esencia, de la pureza exterior y no la interior, de invenciones de hombres y no de los mandamientos y logos de Dios).

8 Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres, es decir, a los lavamientos de los jarros y de los vasos; y otras muchas cosas semejantes hacéis».

9 Les decía también: «Bien fácil invalidáis el mandamiento de Dios con la idea de que actuáis bien, para guardar y aplicar vuestra tradición.

10 Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre y el que maldiga al padre o a la madre, es condenado a muerte.

11 Pero vosotros decís: un hombre no está comprometido ante sus padres, si dice al padre o a la madre que esto que quieres de mí para asistencia y ayuda para ti es Corbán, que quiere decir, regalo sagrado y ofrenda a Dios,,

12 y no le permitís hacer más nada por su padre o por su madre, como manda la ley de Dios,

13 invalidando así el logos de Dios con vuestra tradición que habéis recibido y transmitido al laós-pueblo. Y muchas cosas semejantes a estas hacéis ».

14 Y llamando de nuevo a toda la multitud, les dijo: «Oídme todos con atención, y entended bien que:

15 Nada hay fuera del hombre que entre en él por la boca como comida, que le pueda contaminar ante Dios; pero lo que sale de su corazón sucio, que está sin catarsis, eso es lo que contamina y ensucia al hombre.

16 El que tiene abiertos los oídos espirituales para oír, que oiga».

17 Cuando se alejó de la multitud y entró en casa, le preguntaron sus discípulos sobre esta parábola.

18 El les dijo: «¿También vosotros estáis faltos de sentido? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar y ensuciar,

19 porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina dejando limpios y puros todos los alimentos que quedan en el organismo?».

20 Decía también esto: «Lo que sale desde el interior del hombre, eso contamina al hombre.

21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,

22 los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez y el oscurecimiento del nus/espíritu por el pecado, (siendo el nus energía y el corazón esencia). 

23 Todas estas maldades y astucias de dentro salen, y estas contaminan al hombre haciéndole sucio frente a Dios.

La fe de la Cananea, 24-30.

24 Partiendo de allí, se fue a los confines de Tiro y de Sidón; entró en una casa y no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo escaparse de la atención de los hombres.

25 Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, había oído hablar de Jesús, fue y se postró a sus pies.

26 La mujer era helénica-griega, y sirofenicia de origen; y suplicaba a Jesús que echase fuera de su hija al demonio.

27 Pero Jesús le dijo: «Deja primero que se sacien los hijos, es decir, los Israelitas, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos, o sea, a los idólatras». (Esto lo decía para dar motivo a la sirofenicia a manifestar su fe y se convenzan los discípulos de que los nacionales, los de otras naciones también son dignos de sus regalos y donaciones.)

28 Respondió ella y le dijo: “Sí, Señor, yo realmente soy como los perrillos; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos”.

29 Entonces le dijo: «Vete pues, por este logos que has dicho que muestra fe y humildad, el demonio ha salido de tu hija».

30 Y cuando llegó ella a su casa, encontró a la hija acostada tranquila en la cama y el demonio ya había salido.

Terapia del sordo y tartamudo, 31-37.

31 Volviendo a salir de la región de Tiro, vino por Sidón al mar de Galilea, pasando por la región de Decápolis, de las diez ciudades helénicas-griegas.

32 Y le trajeron un sordo y tartamudo, y le suplicaron que le pusiera la mano encima.

33 Y tomándole aparte de la gente, metió los dedos en las orejas de él, y escupiendo un poco en su dedo, le tocó la lengua;

34 y levantando los ojos al cielo, gimió por las tribulaciones y sufrimientos de los hombres, y le dijo: Efata, es decir, que se abra inmediatamente tu oído.

35 Al momento fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien con facilidad y exactitud.

36 Y les ordenó que no lo dijesen a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más ellos divulgaban sus milagros.

37 Y en gran manera se maravillaban, diciendo: “muy bien lo ha hecho todo; a los sordos física y espiritualmente hace oír, y a los mudos hablar”.

 

Capítulo 8: Segunda multiplicación de los panes, 1-10. Los fariseos piden señal, 11-13. La levadura de los fariseos, 14-21. Terapia del ciego de Bitsesdá, 22-26. La confesión de Pedro, 27-30. Primer anuncio sobre su pazos-pasión, 31-33. Necesidad de abnegación, 34-38

 

Segunda multiplicación de los panes, 1-10.

8,1 En aquellos días, había reunida de nuevo con Jesús una gran muchedumbre, y no tenían qué comer, él llamó a sus discípulos, y les dijo:

2 «Me da lástima de esta gente, porque hace tres días que permanecen conmigo, y no tienen qué comer;

3 y si los despido en ayunas para sus casas, se desmayarán y se quedarán en el camino, porque algunos de ellos han venido de lejos».

4 Sus discípulos le respondieron: ¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?

5 Y les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?» Ellos dijeron: Siete.

6 Entonces mandó a la gente que se sentara en el suelo; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias al Padre, los partió, y dio a sus discípulos para que los repartieran; y los repartieron a la gente.

7 Tenían también unos pocos pececillos; y los bendijo también, y mandó que los repartieran.

8 Y comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas.

9 Los que comieron eran como unos cuatro mil; luego los despidió.

10 A continuación entrando en la barca con sus discípulos, vino a la región de Dalmanuta.

Los fariseos piden señal, 11-13.

11 Vinieron entonces los fariseos y comenzaron con su hipocresía a discutir con él, pidiéndole una señal del cielo, para tentarle. Esto lo hacían, no porque los fariseos hipócritas estaban dispuestos a creer, sino para tentarlo con la esperanza de ridiculizarlo delante del laós-pueblo.

12 Jesús dando un profundo respiro desde su psique-alma, dijo: «¿Para que pedirá esta generación una señal? Os aseguro que no se dará ninguna señal a esta generación».

13 Y dejándolos, volvió a entrar en la barca, y se fue rumbo a la otra orilla.

La levadura de los fariseos, 14-21.
14 Los discípulos se habían olvidado de llevar consigo pan, y sólo tenían un pan en la barca.

15 Y Jesús les amonestó, diciendo: «Mirad, tened cuidado y protegeos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes».

16 Y ellos discutían entre sí, diciendo: “el Maestro nos amonesta porque no hemos traído pan”.

17 Y Jesús dándose cuenta, les dijo: «¿Por qué discutís de que no tenéis pan? ¿Aún no entendéis ni comprendéis, después de tantos milagros que habéis visto? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón y embotado vuestro intelecto/mente?

18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Ya no os acordáis de las cosas que habéis visto y oído?

19 ¿Cuando partí los cinco panes entre cinco mil hombres, cuántas cestas llenas de pedazos de pan recogisteis? Y ellos dijeron: Doce.

20 Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Siete.

21 Y les dijo: «¿Todavía no entendéis ni os dais cuenta?» No os he hablado sobre la levadura/fermento material, sino sobre la mala levadura espiritual de los fariseos, que es su maldad y su hipocresía. (Por tanto, los discípulos y los fieles a través de los siglos deben protegerse de los hipócritas).

Terapia del ciego de Bitsesdá, 22-26.

22 Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase para psico-terapiarlo, y curarlo. 

23 Entonces Jesús, cogió de la mano al ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntaba si veía algo.

24  Empezó a ver y dijo: Veo los hombres algo así como árboles que andan. (La terapia se hacía progresivamente análoga con la fe desarrollada del ciego).

25 Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y vio claramente; y recobró la vista, y veía desde lejos todo claramente.

26 Y Jesús le mandó a su casa, diciéndole: «No entres en la aldea, ni siquiera digas nada a nadie de la aldea sobre el milagro».

La confesión de Pedro, 27-30.

27 Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntaba a sus discípulos: «¿Quién dicen y creen los hombres que soy yo?»

28 Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.

29 Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo, el que predijeron los profetas.

30 Pero Jesús les ordenó con severidad que no dijesen esto de él a ninguno, es decir, de que él es el Cristo.

Primer anuncio sobre su pazos-pasión, 31-33.

31 Y comenzó a enseñarles que, según la voluntad de Dios y por la salvación de los hombres, le era necesario al Hijo del hombre padecer mucho, y ser menospreciado y desechado por los ancianos, por los sumos sacerdotes y por los escribas-gramatís, y ser muerto, y resucitar después de tres días.

32 Y desde entonces el Señor les repetía estos logos sobre su pasión con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a reprenderle, para evitarle la muerte.

33 Pero el Señor, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, vete atrás Satanás!, porque arrastrado por tus emociones y tus sentimientos humanos, no pones la mirada en las cosas que quiere Dios, sino en las que gustan a los hombres.

Necesidad de abnegación, 34-38
34 Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese de sí mismo, tome su cruz, y sígame. El que quiere seguirme como fiel discípulo mío, niéguese a su pecador sí mismo con sus debilidades y sus pazos, y que tome la decisión de que por mí sufrirá fatigas e incluso muerte por la cruz, y si quiere entonces que me siga en el camino que yo he marcado».

35 Porque todo el que quiera salvar su vida terrenal, éste perderá la vida eterna y bienaventurada; y todo el que sacrifique y pierda su vida por causa de mí y del evangelio, éste  salvará su psique-alma y vida en la eterna felicidad y bienaventuranza.

36 Porque ¿de qué le vale al hombre ganar el mundo entero material, si pierde su psique-alma y vida?

37 ¿O qué recompensa dará el hombre por su psique-alma, o para recuperar su psique-alma desde el Hades/Infierno, ya que el mundo entero no puede contrapesar el valor de la psique-alma?

38 Porque el que, a causa de su egolatría y cobardía, se avergüenza y niega de mí y de mis logos en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él y le renegará y rechazará, cuando venga, como juez de los hombres, con la doxa-gloria luz increada de su Padre acompañado por los santos ángeles,.

 

Capítulo 9: La Metamorfosis, 1-13. Terapia del niño endemoniado, 14-32. Quién es el más grande, 33-41. El peso del escándalo, 42-50.

 

La Metamorfosis, 1-13.

9,1 Y les decía: «De verdad os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto la realeza increada de Dios, es decir, la Iglesia, instalarse y cimentarse en la tierra con la dinamis potencia y energía increada del Espíritu Santo, durante el día del Pentecostés».

2 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se metamorfoseó, se transformó delante de ellos.

3 Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.

4 Y les apareció Elías como representante de los profetas y Moisés como representante de la ley, que hablaban con Jesús. Entonces Pedro dijo a Jesús:

5 “Maestro, que bien es estarnos aquí; y hagamos tres tiendas de cabaña, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías”.
6 Es que no sabía lo que decía, pues él y los otros dos estaban dominados por el miedo que les había mareado sus cerebros y perturbado sus nus/espíritus.

7 Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, el predilecto; a él escuchad y obedeced».

8 Y luego, cuando miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo.

9 Y mientras descendían ellos del monte, les ordenó severamente que a nadie dijesen lo que habían visto, sino sólo cuando el Hijo del hombre hubiese resucitado de entre los muertos.

10 Y guardaron secreto el acontecimiento de la metamorfosis, pero entre ellos estaban discutiendo qué quería decir aquello de “resucitar de entre los muertos”.

11 Y le preguntaron diciendo: ¿Por qué dicen los escribas-gramatís-gramaticales que es necesario que Elías venga primero?

12 Respondiendo él, les dijo: «Cierto que Elías, vendrá primero, preparará y restablecerá todas las cosas; ¿pero por qué no dicen los gramatís-escribas también, cómo está escrito y profetizado sobre Hijo del hombre, que padecerá mucho y será despreciado por sus enemigos?

13 Pero os digo que Elías ha venido, y que hicieron todo lo que quisieron contra él, como de él está escrito». (Y estas cosas las decía sobre san Juan el Bautista, quien vino en poder y espíritu de Elías, para preparar el pueblo).

Terapia del niño endemoniado, 14-32.

14 Cuando llegó a donde estaban los otros nueve discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y escribas-gramatís que disputaban intensamente con ellos.

15 Y en seguida toda la gente, viéndole, se asombró, y corriendo a él, le saludaban.

16 Y preguntó a los gramatís-escribas: ¿De qué discutís entre vosotros?

17 Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que está poseído de un espíritu maligno que le ha quitado el habla dejándole mudo,

18 el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se queda seco y tieso; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron.

19 Jesús respondiendo, les dijo: «¡Oh generación incrédula! Que permaneces aún sin creer, a pesar de los milagros que has visto; ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar y tolerar? Traédmelo». Y se lo trajeron;

20 y cuando el espíritu maligno vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra, se revolcaba y echaba espumarajos.

21 Jesús preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?» Y el padre respondió: Desde niño.

22 Y muchas veces le echó en el fuego y en el agua, para matarle; pero si tú puedes hacer algo, ten misericordia/compasión de nosotros, y ayúdanos.

23 Jesús le dijo: «Si puedes creer, al que cree todo le es posible».

24 E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: “Sí creo, Señor, ayúdame a librarme de mi incredulidad y adquirir fe viva.

25 Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno, sal del muchacho y nunca más entres en él».

26 Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y el joven quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto.

27 Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó en pie.

28 Cuando el Señor entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera este espíritu impuro?

29 Y les dijo: «Este género de demonios con nada puede salir, sino con oración y ayuno».

30 Habiendo salido de allí, caminaban por Galilea en lugares apartados; y no quería que nadie supiera que pasaba por allí.

31 Porque enseñaba particularmente a sus discípulos, y los informaba que: «El hijo del hombre será entregado en manos de hombres malvados, y le matarán; pero después de muerto, resucitará al tercer día».

32 Pero ellos no entendían a este logos, y tenían miedo de preguntarle.

Quién es el más grande, 33-41.

33 Y vino a Capernaum; y cuando llegó a casa, les preguntó: «¿Qué meditabais y discutíais entre vosotros en el camino?»

34 Pero ellos avergonzados callaban; porque en el camino habían disputado entre sí sobre quién sería el más grande cerca de Cristo.

35 Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: «Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos, y el servidor de todos».

36 Y tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo:

37 El que recibe en mi nombre a un niño como este o a un hombre que con su sencillez e inocencia se parece a un niño, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, no es a mí a quien recibe, sino a mi Padre que me envió en la tierra.

38 Juan le respondió diciendo: “Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía como discípulo tuyo”.

39 Pero Jesús dijo: «No se lo prohibáis; porque no hay ningún hombre que haga milagro por la dinamis potencia y energía de mi nombre, que luego pueda hablar mal de mí.

40 Porque el que no está en contra de nosotros, está con nosotros, a nuestro favor.

41 Todo el que en mi nombre os diere el mínimo servicio, por ejemplo, un vaso de agua, porque sois discípulos de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa».

El peso del escándalo, 42-50.

42 «Y el que empuja al camino del mal y escandalice a uno de estos pequeñitos e humildes que creen en mí, más le valdría que le ataran al cuello una rueda de molino y lo arrojaran al mar; porque el castigo que le espera de Dios será terriblemente peor. 

43 Y si una persona cercana y valiosa como tu mano te escandaliza, corta y deja la relación con esta persona, tal como cortarías la mano; más te vale entrar manco en la vida del reinado de la realeza increada de los cielos que ir con las dos manos a la gehena/infierno, al fuego increado e inextinguible,

44 donde el gusano, que estará devorando a los pecadores, nunca muere, y el terrible fuego increado, nunca se apaga.

45 Y si tu pie te fuere ocasión de escandalizar y pecar, córtalo; porque mejor te es entrar a la vida eterna cojo, que ser arrojado con dos pies a la gehena/infierno, al fuego increado e inextinguible.

46 donde el gusano que devora a los infernados no tiene fin, y el fuego increado nunca se apaga. (Es mejor que te prives de ciertas personas, si a causa de ellas existe el peligro que seas echado al infierno eterno.)

47 Y si tu ojo te escandaliza y te hace caer en pecado, sácalo; más te vale entrar en la realeza increada de Dios con un ojo que ser arrojado con los dos ojos a la gehena/infierno del fuego increado, (es mejor que te separes de cosas y personas que te son valiosas, como los dos ojos, en vez que, a causa de estos, seas arrojado al infierno eterno).

48 donde el gusano no muere, y el fuego increado nunca se apaga.

49 Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal. Y por una parte, para los justos, fuego expiatorio y santificador son los sacrificios, los que se hacen a favor de Dios; por otra parte, para los pecadores es fuego increado terrible e interminable, es el infierno eterno. Y este fuego de los sacrificios que son realizados por los justos es análogo a la sal que hace sabroso todo sacrificio ofrecido a Dios.

50 Buena es la sal; pero si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos y tened paz los unos con los otros. Si desaparecen y se sustituyen por las maldades los sacrificios y las virtudes del justo que hacen la sal espiritual que nos regala el sabor de la vida en comunión y evita la putrefacción, ¿entonces de donde podrá el hombre volver a adquirir las buenas cualidades y atributos que tenía como fiel? Por eso retened en vuestro interior el fuego increado del Divino celo, del sacrificio y de la virtud, para tener entre vosotros paz, serenidad y no pelear por axiomas y posiciones honorables en el mundo.

 

Capítulo 10: Matrimonio y divorcio, 1-12. Jesús bendice a los niños, 13-16. El joven rico y el peligro de las riquezas 17-31. Jesús corrige la ambición de los hijos de Zebedeo, 35-45. La terapia del ciego Bartimeo, 46-52.

 

Matrimonio y divorcio, 1-12.

10,1 Jesús levantándose de allí, vino a los confines de Judea y al otro lado del Jordán; y de nuevo se le juntaron en el camino muchedumbres y él otra vez, según su costumbre, se ponía a enseñarlos.

2 Y se acercaron los fariseos y le preguntaban, con intención de tentarlo, si era lícito al marido despedir y dar el divorcio a su mujer. (Esta pregunta maliciosa la hacían porque creían que recibirían una respuesta equivocada, de modo que tendrían motivo para acusarlo).

3 Jesús les respondió: «¿Qué mandamiento os ha dado Moisés?»

4 Ellos dijeron: Moisés permitió dar carta de divorcio a la mujer, y despedirla.

5 Y Jesús les dijo: «Por la dureza de vuestro corazón Moisés condescendió y os escribió este mandamiento;  (para prevenir crímenes y cosas peores que podríais cometer en contra de vuestras esposas).

6 pero al principio de la creación, «varón y hembra los hizo Dios, (para que se mantenga como matrimonio de por siempre, sin la posibilidad de divorcio).

Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos ya un cuerpo y carne»;

8 de modo que ya no serán dos como antes, sino un cuerpo.

9 Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre».

10 Y vueltos a casa los discípulos de nuevo le preguntaron sobre esto,

11 y les dijo: «El que despide a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la esposa legal;

12 y si la mujer despide a su marido y se casa con otro, comete adulterio».

Jesús bendice a los niños, 13-16.

13 Y le presentaron unos niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que traían los niños, también porque querían protegerlo de las molestias.

14 Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: « Dejad que los niños se acerquen  a mí, y no los estorbéis; porque de los que son sencillos, humildes e inocentes sin maldad como los niños es la realeza increada de Dios.

15 De verdad os digo que, el que no reciba la realeza increada de Dios con la sencillez y la confianza de un niño, no entrará en ella».

16 Y abrazándolos, los bendecía con mucho cariño imponiéndoles las manos.

El joven rico y el peligro de las riquezas 17-31.

17 Y mientras salía Jesús para seguir su camino, vino uno corriendo y arrodillándose delante de él, le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?”

18 Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Ninguno es plenamente bueno, sino sólo uno, el Dios.

19 Ya sabes los mandamientos: No cometas adulterio. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre».

20 Él le dijo: “Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud”.

21 Entonces Jesús, mirándole, le cayó simpático, y le dijo: «Una cosa te falta si quieres ser perfecto: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y adquirirás tesoro en el cielo; y después ven y sígueme, decidido y dispuesto a aguantar gracias a mi hasta la muerte por la cruz».

22 Pero él, ante estos logos, se nubló su semblante y se fue triste, porque tenía muchas posesiones y muchos bienes, en los que estaba apegado y atado su corazón, (los cuales a pesar de su aparente disposición, le impedían tener agapi-amor incondicional y desinteresado hacia Dios y su prójimo). 

23 Entonces Jesús, mirando alrededor hacia los que habían seguido esta escena, dijo a sus discípulos: «¡Cuán difícilmente entrarán en el reinado de la realeza increada de Dios los que tienen riquezas!»

24 Los discípulos quedaron asombrados y deslumbrados por estos logos; pero Jesús, respondiendo de nuevo, les repitió: «Hijos míos, ¡cuán difícil les es entrar en realeza increada de Dios, los que han puesto su confianza, su esperanza y su convicción para una vida feliz al dinero y a la riqueza!

25 Más fácil es pasar un kámiloncuerda gorda de atar los barcos por el pequeño agujero que abre una aguja, que entrar un rico en la realeza increada de Dios».

26 Ellos se asombraban aun más, diciendo entre sí: ¿Entonces quién puede salvarse, si todos los hombres somos tan débiles?

27 Entonces Jesús, mirándolos seriamente, los dijo: «Para los hombres es imposible, pero para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios, el cual puede por Su jaris/gracia energía increada conducir a la salvación incluso a los hombres ricos».

28 Entonces Pedro, por motivo de la exhortación del Señor hacia al rico para que niegue sus riquezas, comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido.

29 Respondió Jesús y dijo: «De verdad os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio,

30 que no reciba cien veces más en este tiempo de la vida presente; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, (porque se incorporará en la gran familia espiritual que se llama Iglesia); pero tendrá persecuciones por parte de los impíos e infieles; y en el siglo venidero recibirá la vida eterna.

31 Pero muchos que se consideran primeros en este mundo serán últimos y los últimos, anónimos y desconocidos serán primeros».

Tercer anuncio de su pasión y muerte 32-35.

32 Iban de camino subiendo a Jerusalén; y Jesús caminaba delante, y ellos iban sobrecogidos, Entonces el Señor volviendo a tomar a los doce aparte, comenzó a decir lo que había de sucederle.

33 «He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas-gramatís, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles idólatras, a los soldados de Roma;

34 se burlarán de él y le azotarán, le escupirán y le matarán; pero al tercer día resucitará».

Jesús corrige la ambición de los hijos de Zebedeo, 35-45.

35 Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro, querremos que nos hagas lo que vamos a pedirte.

36 El les dijo: «¿Qué queréis que os haga?»

37 Ellos le dijeron: que nos concedas sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda en tu gloria cuando te sientas como rey en el trono real de Jerusalén.

38 Entonces Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del cáliz del dolor y del martirio que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo de sangre con que yo soy bautizado?»

39 Ellos sin pensarlo, dijeron: “Podemos”. Jesús les dijo: «Del cáliz del martirio del cual yo he de beber, beberéis, y con el bautismo del sufrimiento y sacrificio con que yo he de ser bautizado, seréis bautizados vosotros; (porque vosotros también probaréis los sufrimientos y persecuciones a causa de vuestra fe en mí);

40 pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no me toca a mí dároslo, sino que es para aquellos para quienes está preparado»; (es decir, será dado a los dignos-áxios, a aquellos que lucharán y vivirán según el Evangelio, por los que se ha preparado).

41 Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse contra Jacobo y contra Juan por esta actitud ambiciosa.

42 Pero Jesús, llamándolos a sí, les dijo: Sabéis que los jefes de las naciones se comportan con sus pueblos como si fueran dueños absolutos de ellos; y los que tienen grandes axiomas y poderíos hacen mal uso de su posición y poder y los oprimen como si fueran sus esclavos.

43 Pero no debe haber esta tendencia y comportamiento egoísta entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros debe hacerse vuestro servidor y serviros con agapi-amor desinteresado e incondicional, 

44 y el que de vosotros quiera ser el primero, sea siervo de todos, y comportarse con la humildad, la paciencia y la obediencia del esclavo.

45 Porque el Hijo del hombre no vino para ser servido de los hombres, sino para servir, y para dar su psique y vida en rescate por muchos, y los muchos librarse de la culpabilidad del pecado y de la muerte eterna.

La terapia del ciego Bartimeo, 46-52.

46 Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando.

47 Y oyendo que era Jesús el nazareno, comenzó a gritar y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ἐλέησόν με eleisón me ten misericordia/compasión de mí!

48 Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ἐλέησόν με eleisón me ten misericordia/compasión de mí!

49 Entonces Jesús, deteniéndose, dijo: «Llamadlo»; y llamaron al ciego, diciéndole: “Ánimo, levántate, que te llama Jesús.

50 El entonces, arrojando su manto, enseguida se levantó y vino a Jesús.

51 Respondiendo Jesús, le dijo: «¿Qué quieres que te haga?» Y el ciego le dijo: “Maestro, que recobre la vista”.

52 Y Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha salvado». Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino hacia Jerusalén.

 

Capítulo 11: La entrada triunfal en Jerusalén, 1-11. Maldición de la higuera, 12-14. Expulsión de los vendedores del templo, 15-19. La higuera seca, 20-26. La autoridad de Jesús, 27-33.

 

La entrada triunfal en Jerusalén, 1-11.

11,1 Cuando se acercaban a Jerusalén, a Betfagé y a Betania, hacia al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos,

2 y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, encontraréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo.

3 Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá.

4 Fueron, y encontraron el pollino atado afuera a la puerta, en el cruce del camino, y lo desataron.

5 Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino?

6 Ellos entonces les dijeron como Jesús había dicho; y los dejaron.

7 Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él.

8 También muchos tendían sus mantos por el camino para pasar el Jesús y otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino.

9 Y los que iban delante y los que venían detrás gritaban entusiasmados diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, para salvar el mundo!

10 ¡Bendito el reinado de nuestro ancestro David, que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! ¡Que canten doxologías los ángeles del cielo!

11 Y entró Jesús en Jerusalén, y en el templo; y echando una mirada alrededor sobre todo, como ya anochecía, salió para Betania con los doce.

Maldición de la higuera, 12-14.

12 Al día siguiente, cuando salieron de Betania retornado a Jerusalén, el Señor tuvo hambre.

13 Y viendo de lejos una higuera que tenía muchas hojas, fue a ver si tal vez encontraba en ella algún fruto; pero cuando llegó a ella, nada encontró sino hojas, porque no era tiempo de higos.

14 Entonces Jesús dijo a la higuera: «Nunca jamás coma nadie fruto de ti». Y lo oyeron sus discípulos, (sin poder entender que la higuera estéril, sin fruto simbolizaba la sinagoga sin fruto de los hebreos, la cual sólo tipos o figuras exteriores tenía que presentar y no virtud, y la cual ya permanecería para siempre en el siglo estéril y sin fruto).

Expulsión de los vendedores del templo, 15-19.

15 Y vinieron de nuevo a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas (los que intercambiaban las divisas, dinero extranjero con el judío, porque sólo con dinero judío se pagaba el impuesto del templo,) como también las sillas de los que vendían palomas para los sacrificios;

16 y no consentía que nadie atravesase por el templo llevando utensilio u objeto alguno.

17 Y les enseñaba, diciendo: «¿No está escrito por el profeta Isaías que: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones que creerán en mí? Pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones, donde con engaños, mentiras y artimañas robáis y cometéis injusticias uno al otro».

18 Y los escribas-gramatís y los sumos sacerdotes se enteraron de estos acontecimientos, se enfadaron y buscaban cómo matarle, (porque por una parte, perderían los porcentajes de comisión por estas compraventas, y por otra parte, habían quedado en evidencia y en ridículo ante el pueblo, porque sólo ellos tenían derecho a expulsar a los vendedores del templo). Pero no querían capturarlo en público delante de todos,  porque le tenían miedo, por cuanto todo el laós-pueblo estaba deslumbrado y admirado de su enseñanza.

19 Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad.

La higuera seca, 20-26.

20 Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces.

21 Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.

22 Respondiendo Jesús, les dijo: «debéis tener fe en Dios.

23 Porque os aseguro que el que tiene tal tipo de fe, sin dudar interiormente lo más mínimo, sino  creyendo que lo que dice Dios se hace, se cumplirán sus palabras y dirá a este monte: Quítate y arrójate en el mar, y verá que lo que diga le será hecho.

24 Por tanto, os digo que todo lo que pidáis en oración, creed que lo recibiréis, y se os dará de Dios.

25 Y cuando estéis orando, si tenéis algo contra alguno perdonadlo primero con todo vuestro corazón, para que también vuestro Padre celestial os perdone vuestras ofensas, faltas, errores y culpas.

26 Porque si vosotros no perdonáis a los demás sus faltas, errores, culpas y ofensas, tampoco vuestro Padre celestial os perdonará las vuestras.

La autoridad de Jesús, 27-33.

27 Viene de nuevo a Jerusalén; y paseando él por el patio del templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas-gramatís y los ancianos,

28 y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacerlas, es decir, expulsar a los vendedores y a los compradores del templo?

29 Jesús, respondiendo, les dijo: «Yo también os haré una pregunta, y, si me respondéis, yo os diré con qué autoridad hago estas cosas.

30 El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Respondedme».
31 Entonces ellos comenzaron a meditar entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?

32 “Y si decimos que es de los hombres o es una invención humana”; temían al laós-pueblo porque todos tenían a Juan como verdadero profeta.

33 Así que, ellos que como maestros del pueblo deberían discernir entre lo bueno y lo malo e ilustrar al pueblo, respondieron y dijeron a Jesús: No sabemos de donde era el bautismo de Juan. Entonces respondiendo Jesús, les dijo: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas, porque sois falsos y mentirosos».

 

Capítulo 12: Parábola de los malos viñadores, 1-12. El Impuesto del Cesar 13-17. Resurrección de los muertos, 18-27. Cuál es el gran mandamiento, 28-34. La naturaleza divina y origen de Cristo, 35-37. Denuncia la hipocresía de los Fariseos y de los escribas, 38-40. Los dos céntimos de la viuda, 41-44.

 

Parábola de los malos viñadores, 1-12

12,1 Entonces Jesús se puso a hablarles en  parábolas: «Un hombre plantó una viña, la cercó de vallado, cavó un lagar, edificó una torre para los guardias, y la arrendó a unos labradores, y se fue de viaje a otro país.

2 Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para recibir su parte del fruto de la viña.

3 pero ellos, tomándole, le golpearon, y le expulsaron con las manos vacías.

4 Volvió a enviarles otro siervo; pero apedreándole, le hirieron en la cabeza, y también le expulsaron ultrajado.

5 Volvió a enviar otro, y a éste lo mataron; y a otros muchos, pegando y maltratando a unos y matando a otros.

6 Por último, aún le quedaba uno, su hijo querido, y se lo envió también a ellos pensando que: estos hombres por fin respetarán a mi hijo.

7 Pero aquellos labradores al ver al hijo viniendo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y su herencia será nuestra.

8 Y agarrándole, le mataron, y le echaron fuera de la viña.

9 Por tanto, ¿qué hará el señor de la viña? Vendrá, y acabará con los labradores, y dará su viña a otros. (Así castigará Dios a los guías espirituales de Israel, a los cuales como viña fructífera confió su laós-pueblo, que ellos de muchas maneras querían explotar para su propio interés. Y para que ellos permaneciesen imperturbables, expulsaban, golpeaban y mataban a los profetas, a los que en tiempos les mandaba Dios para recordarles sus deberes. Y el Dios confiará al nuevo pueblo-laós de la Jaris/Gracia increada a otros guías espirituales).

10 ¿Ni siquiera este logos de la Escritura habéis leído que dice: La piedra que desecharon los edificadores como inadecuada, esta ha venido a ser cabeza del ángulo para todo el edificio; 

11 Por el Señor se ha colocado esta piedra, y es cosa maravillosa y admirable a nuestros ojos, o sea, a los fieles

12 Y los sumos sacerdotes procuraban detenerle, porque entendieron bien que aquella parábola la decía contra ellos; pero temían al laós-pueblo, y lo dejándolo, se fueron.

El Impuesto del Cesar 13-17.

13 Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos (seguidores de Herodes y amigos de los romanos), para meterlo en alguna trampa así sorprenderlo y cazarlo en algún logos, (tal como se pilla el pez por el anzuelo). 

14 Viniendo ellos, le dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te importa nada ni te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. Dinos pues: ¿es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos este tributo?

15 Pero Jesús percibiendo la hipocresía y la falsedad de ellos, les dijo: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario por el que pagáis el tributo para verlo».

16 Ellos se lo trajeron; y les dijo: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?» Ellos le dijeron: De César.

17 Respondiendo Jesús, les dijo: «Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios». Y se maravillaron por la respuesta de él. (A los soberanos dad los atributos, el respeto y la obediencia, si estos no son contrarios a la voluntad de Dios. A Dios entregad vuestro nus-espíritu y vuestro corazón, entero vuestro sí mismo)

Resurrección de los muertos, 18-27.

18 Después vinieron algunos saduceos, de los que niegan la resurrección, y le preguntaban diciendo:
19 Maestro, Moisés nos escribió que si el hermano de uno muere y deja esposa sin hijos, su hermano debe casarse con la viuda y dar descendencia a su hermano.
20 Hubo siete hermanos; el primero tomó esposa, y murió sin dejar descendencia.

21 Y el segundo se casó con ella, y murió, y tampoco dejó descendencia; y el tercero, de la misma manera.

22 Y así los siete, y no dejaron descendencia; y después de todos murió también la mujer.

23 En la resurrección, pues, cuando resuciten, ¿de quién de ellos será mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer?

24 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: «¿Estáis en un error por esto, porque no conocéis la enseñanza de las Escrituras, ni la dinamis potencia y energía increada de Dios?

25 Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino que vivirán y serán como los ángeles de los cielos.

26 Pero respecto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza, diciendo: YoSoY el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?

27 Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos, (y como vivos en la eternidad aquí menciona a los tres patriarcas), así que vosotros mucho erráis».

Cuál es el gran mandamiento, 28-34.

28 Y acercándose uno de los escribas-gramatís/gramaticales, que había oído la disputa, el cual viendo cuán bien había respondido Cristo, le preguntó: ¿Cuál es el primero y mayor mandamiento de todos?

29 Jesús le respondió: «El mandamiento primero y mayor de todos es: Escucha, Israel; el Señor nuestro Dios, es uno y único Señor;

30 y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu psique-alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.

31 Y el segundo es semejante al primero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay otro mandamiento mayor que éstos dos».

32 Entonces el escriba-gramatical le dijo: “Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es el Señor y Dios, y no hay otro fuera de él;

33 y el amarLe con todo el corazón, con toda la mente/intelecto, con toda la psique-alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es superior y mejor que todos los holocaustos y sacrificios”

34 Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: «No estás lejos de la realeza de Dios», (como lo están los otros, los fariseos y los escribas-gramaticales). Y ya nadie se atrevía a preguntarle más.

La naturaleza divina y origen de Cristo, 3537

35 Tomando Jesús la palabra, decía, enseñando en el templo: «¿Cómo pueden sostener y decir los escribas/gramatís que el Cristo es un simple descendiente de David?

36 Porque el mismo David inspirado por el Espíritu Santo, dice: El Señor dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que destruya y ponga tus enemigos por estrado de tus pies.

37 Por tanto, si el mismo David le llama Señor; ¿cómo puede ser hijo suyo?» Y gran multitud del pueblo le escuchaba con sumo gusto y agrado.

Denuncia la hipocresía de los Fariseos y de los escribas-gramatís, 38-40

38 Y les decía en su enseñanza: «Protegeos y guardaos de los escribas-gramaticales, que gustan de andar con largas túnicas lujosas, y pretenden ser saludados y abrazados en las plazas,

39 y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes;

40 ellos son los que pisotean la justicia y devoran los bienes de las viudas, y después con mucha hipocresía y con el pretexto de la piedad hacen largas oraciones, para engañar a los demás. Estos recibirán mayor condenación, que cualquier otro ladrón».

Los dos céntimos de la viuda, 41-44.

41 Estando Jesús sentado frente del gazofilakio arca de la ofrenda, observaba cómo el pueblo echaba dinero en el gazofilakio arca.

42 y muchos ricos echaban mucho. Pero vino una viuda pobre, y echó una moneda de dos céntimos, es decir, un kodrantis (así se llamaba la moneda de dos céntimos).

43 Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: «De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos de los que han echado en el gazofilakio arca;

44 porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo su sustento que tenía para vivir».

 

Capítulo 13: Profecía sobre la destrucción de Jerusalén, 1-23. Sobre el fin del mundo y la venida del Hijo del hombre, 24-32. “Estad en alerta” 33-37.

 

Profecía sobre la destrucción de Jerusalén, 1-23.

13,1 Saliendo Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, mira qué bellos mármoles, y qué edificios majestuosos son estos.

2 Jesús, respondiendo, le dijo: «¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada».

3 Y estando sentado en el monte de los Olivos, frente al templo, le preguntaron aparte Pedro, Jacobo, Juan y Andrés:

4 Dinos, ¿cuándo serán estas cosas y qué señal habrá cuando todo esto se va a cumplirse?

5 Jesús, respondiéndoles, comenzó a decir: «Mirad que nadie os engañe e induzca a error;

6 porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo/Mesías; y engañarán a muchos.

7 Pero cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os alarméis y os asustéis, porque según el plan de Dios es necesario que suceda así; pero todavía no habrá llegado el fin.

8 Porque se levantará nación contra nación, y reinado contra reinado; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos;

9 Eso será el comienzo de los dolores. Pero estad en alerta y mirad por vosotros mismos, pasaréis por muchas pruebas; porque los enemigos del Evangelio os entregarán a los tribunales o sanedrines, y os azotarán y os torturarán públicamente en las sinagogas; y os llevarán delante de gobernadores y de reyes por causa mía, por vuestra fe y amor en mí; y daréis testimonio ante ellos sobre la verdad del Evangelio. 

10 Antes habrá de ser predicado el Evangelio a todas las naciones, según el plan de Dios.

11 Pero cuando os lleven para entregaros a los tribunales, no os preocupéis ni angustiáis por lo que habéis de hablar, ni penséis de antemano nada, decid lo que os sea inspirado por Dios en aquella hora, eso hablad, porque no seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu Santo.

12 Y el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos infieles contra los padres, y los matarán.

13 Y seréis odiados de todos los impíos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin de su vida, éste se salvará.

14 Pero cuando veáis la abominación desoladora, repugnante y asquerosa, puesta donde no debe estar, que traerá la catástrofe de Jerusalén, tal como se predijo por el profeta Daniel, -“el que lee, que entienda”-, (se trata de los criminales revolucionarios y malhechores hebreos y de los soldados romanos, que profanarán y destruirán todo), entonces los que estén en Judea huyan a los montes para esconderse.

15 El que esté en la azotea, no descienda a la casa, ni entre para tomar algo de su casa;

16 y el que esté en el campo, no vuelva atrás a recoger su manto.

17 ¡Ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días, les será difícil correr para salvarse!

18 Orad para que no suceda esta huida vuestra en mal tiempo del invierno;

19 porque aquellos días de tribulación tan grande y dura serán como nunca la ha habido desde el principio de la creación que Dios creó al mundo hasta este tiempo, ni la habrá.

20 Y si el Señor no hubiese acortado aquellos días, nadie sería salvado; pero por causa de los escogidos que él escogió y no quiere que sufran mucho, acortó aquellos días.

21 Entonces si alguien os dice: Mirad, aquí está el Cristo; o, mirad, allí está, no le creáis.

22 Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar e inducir a error, si fuera posible, aun a los mismos escogidos.

23 Pero vosotros tened cuidado y estad atentos; he aquí, de antemano os he dicho todas las cosas».

Sobre el fin del mundo y la venida del Hijo del hombre, 24-32.

24 «Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor,

25 y las estrellas caerán del cielo, y las dinamis potencias y energías que sostienen la armonía en los cielos serán conmovidas.

26 Entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en las nubes iluminadas con mucha dinamis potencia y energía y con la divina doxa-gloria luz increada.

27 Y entonces enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

28 De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.

29 Así también vosotros, cuando veáis estas cosas que sean realizadas, entended que está cerca, que ya ha llegado a las puertas y se realizará la krisis/juicio de Dios.

30 De verdad os aseguro que no pasará esta generación antes que todas estas cosas que os he dicho sucedan.

31 El cielo y la tierra que parecen tan firmes e inamovibles pasarán, pero mis logos no pasarán, sino que se realizaran exactamente.

32 Pero de aquel día y de la hora, que se hará la segunda parusía/presencia nadie conoce exactamente, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo como hombre, sino sólo el Padre, (el Hijo como Dios Logos increado lo conoce todo, también la segunda parusía/presencia)».

“Estad en alerta” 33-37.

33 «Estaos en alerta, observad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo de la parusía/presencia del Señor.

34 Y para que lo entendáis mejor, es análogo con el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno encargó su obra, y al portero mandó que esté en vela y esperar. (Así también el Mesías puso en orden las cosas de la Iglesia y dio el mandamiento que estén todos en vela, alerta y preparados para recibirLe, cuando venga).

35 Velad, pues, y estaos atentos, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana;

36 no sea que, viniendo de repente, os encuentre durmiendo.

37 Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad, estad en alerta continua».

 

Capítulo 14: Conspiración del tribunal supremo, 1-2. La mirra en la casa de Betania, 3-11. La cena mística e institución del Misterio de la divina Efjaristía, 12-31. La agonía de Getsemaní, 32-42. La detención, 43-52. Jesús ante Caifás y los magistrados del Sanedrín, 53-65. La negación de Pedro, 66-72.

 

Conspiración del tribunal supremo, 1-2.

14,1 Faltaban dos días para la fiesta de la pascua y de los ázimos, panes sin levadura; y buscaban los sumos sacerdotes y los escribas-gramatís-gramaticales cómo prenderle sin ruido por engaño y matarle.

2 Y decían: “No durante la fiesta, no sea que se alborote el pueblo, (puesto que eran muchos los que rodeaban admiraban y respetaban a Cristo).

La mirra en la casa de Betania, 3-11.

3 Pero estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de gran valor; y rompiendo el vaso de alabastro, lo derramó sobre la cabeza de Jesús..

4 Y había algunos que se enojaron dentro de sí, diciendo: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume caro?

5 Porque podía haberse vendido por más de trescientos denarios, y el dinero haberse dado a los pobres; y murmuraban contra la mujer.

6 Pero Jesús dijo: «Dejadla, ¿por qué la molestáis? Ηa hecho una obra buena conmigo.

7 Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis.

8 Ella ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir con mirra mi cuerpo y prepararlo para la sepultura. (Pero esto sin que la misma lo entendiese).

9 De verdad os digo que en todo el mundo dondequiera que se predique este evangelio, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria inolvidable de ella».

10 Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, lleno de enojo, fue directamente  a los sumos sacerdotes y les propuso a entregarles a Cristo.

11 Ellos, al oír la propuesta, se alegraron y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba la ocasión oportuna para entregárselo.

La cena mística e institución del Misterio de la divina Efjaristía, 12-31.

12 El primer día de la fiesta de los ázimos panes sin levadura, vísperas del sacrificio del cordero de la pascua, los discípulos le dijeron al Señor: ¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la pascua?

13 Y envió dos de sus discípulos, y les dijo: «Id a la ciudad y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle,

14 y donde entre, decid al dueño de la casa: el Maestro dice: ¿dónde está la sala donde he de comer la pascua con mis discípulos?

15 Y él os mostrará una sala grande ya dispuesta; allí preparad la pascua para nosotros».

16 Fueron sus discípulos y entraron en la ciudad, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua, (o sea, la nueva pascua cristiana, el de la divina Ευχαριστία Efjaristía).

17 Llegada la tarde, vino allí Jesús con los doce discípulos.

18 Y cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo Jesús: «De verdad os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar».

19 Entonces ellos comenzaron a entristecerse y a decirle uno por uno: ¿Seré yo? Y el otro: ¿Seré yo?

20 Jesús respondiendo, les dijo: «Es uno de los doce, el que moja conmigo en el plato».

21 Pues, el Hijo del hombre va hacia su muerte redentora, según está escrito de él; pero, ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.

22 Y mientras comían, Jesús tomó pan, agradeció y alabó al Padre celestial, lo bendijo, lo partió y les dio, diciendo: «Tomad y comed, esto es mi cuerpo».

23 Y tomando el cáliz, y habiendo dado gracias al Padre, les dio y bebieron todos del cáliz.

24 Y les dijo: «Esta es mi sangre por la que se confirma y se consagra el nuevo testamento o alianza, que es derramada para la σωτηρία sotiría sanación, redención y salvación de muchos.

25 De verdad os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en la realeza increada de Dios».

26 Después de haber cantado los himnos, salieron al monte de los Olivos.

27 Entonces Jesús les dijo: «Todos os escandalizaréis a causa de los acontecimientos trágicos de esta noche y vuestra fe en mí se tambaleará; porque escrito está por el profeta: Yo el Dios y Padre permitiré que sea herido el pastor y las ovejas serán dispersadas.

28 Pero después de haber resucitado, iré delante de vosotros y os esperaré a Galilea».

29 Entonces Pedro le dijo: Aunque todos se escandalizaren y se tambalearen en la fe, yo no me tambalearé.

30 Y le dijo Jesús: «De verdad te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces».

31 Pero él más y más insistía: “Aunque fuera necesario morir contigo, yo jamás te negaré”. También todos los otros decían lo mismo.

La agonía de Getsemaní, 32-42.

32 Y vinieron a un lugar que se llama Getsemaní, y dice a sus discípulos: Sentaos aquí, mientras voy a orar.

33 Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo/Santiago y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse sintiendo gran dolor psíquico.

34 Y les dijo: «Mi psique-alma está inundada de tristeza, hasta peligro morir; quedaos aquí y velad».

35 Y yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oraba que, si era posible, pasase de él aquella hora dura, pero sin que se anulase el plan divino de la sotiría salvación de los hombres.

36 Y decía: «Abba, Padre mío, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí este cáliz; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que tú quieres».

37 Vino luego y los encontró a los discípulos durmiendo; y dijo a Pedro: «Simón, ¿duermes? ¿No habéis podido velar ni una hora?

38 Velad y orad, para que no entréis en tentación; porque el espíritu está bien dispuesto a la divina voluntad, pero la carne no, la naturaleza humana es débil y enferma».

39 Otra vez fue y oró, diciendo los mismos logos.

40 Al volver, otra vez los encontró durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño, y no sabían qué responderle.

41 Y vino la tercera vez, y les dijo: «Dormid ya, y descansad. Se acabó. ¡Ha llegado la hora! He aquí, el Hijo del hombre es entregado en manos de los pecadores.

42 Levantaos, vamos; he aquí, el que me entrega llega ya».

La detención, 43-52.

43 En aquel instante, cuando aún estaba él hablando, llega Judas, que era uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, enviados por los sumos sacerdotes, los escribas-gramatís y los ancianos.

44 Y Judas el traidor el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo bese, ése es; prendedlo, y llevadlo con seguridad.

45 Y cuando vino, se acercó luego a él, y le dijo: hola Maestro; y le besó  hipócritamente.

46 Entonces ellos le echaron mano, y le prendieron.

47 Pero uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja.

48 Y respondiendo Jesús, les dijo: «¿Como si se tratara contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para detenerme?

49 Cada día estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me detuvisteis; pero todo esto sucede para que se cumplan las profecías de las Escrituras».

50 Entonces todos los discípulos le abandonaron y huyeron.

51 Pero cierto joven le seguía, cubierto el cuerpo con una sábana; y le detuvieron;

52 mas él, dejando la sábana, huyó desnudo; así el Señor quedó totalmente abandonado de todos.

Jesús ante Caifás y los magistrados del Sanedrín, 53-65.

53 Y trajeron a Jesús al sumo sacerdote; y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los ancianos y los escribas-gramatís.

54 Y Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote; y se quedó sentado con los alguaciles y con los criados, calentándose al fuego.

55 Y los sumos sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte; pero no lo encontraban.

56 Porque muchos decían falso testimonio contra él y sus testimonios no concordaban.

57 Entonces levantándose unos, dieron falso testimonio contra él, diciendo:

58 Nosotros le hemos oído decir: «Yo derribaré este templo hecho a mano, y en tres días edificaré otro no hecho por manos humanas».

59 Pero ni aun así concordaban en el testimonio.

60 Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó a Jesús, diciendo: ¿No respondes nada? ¿Qué es esto que te acusan y testifican éstos contra ti?

61 Y el callaba y no respondía ninguna pregunta. De nuevo el pontífice le preguntó y le dijo: ¿Eres tú el Cristo, el hijo del Dios bendito?

62 Y Jesús le dijo: «YoSoY, y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del omnipotente Dios, viniendo de nuevo sobre las nubes del cielo». (Preanuncia su gloriosa segunda parusía-presencia, para darles la ocasión quizás vuelvan en sí, reconozcan y sientan el peso de su crimen y vuelvan a la metania).

63 Entonces el sumo sacerdote, rasgando sus vestiduras (como si lo dicho por Jesús fuera blasfemia contra Dios), dijo: ¿Qué más necesidad tenemos ya de testigos?

64 Habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece? Y todos ellos a una voz declararon que es digno de muerte, por la blasfemia que acababa de prorrumpir.

65 Y algunos comenzaron a escupirle, y a cubrirle el rostro de modo que no pueda ver y lo abofeteaban diciendo: ¡Adivina! ¡Haz de profeta! ¿Quién es el que te abofeteó? Y los criados también le daban bofetadas.

La negación de Pedro, 66-72.

66 Estando Pedro abajo, en el patio, vino una de las criadas del sumo sacerdote;

67 y cuando vio a Pedro que se calentaba, fijó en él sus ojos y le dijo: Tú también estabas con Jesús el nazareno.

68 Pero Pedro él negó, diciendo: No le conozco, ni sé lo que dices. Y salió fuera del patio y cantó el gallo.

69 Y la criada, viéndole otra vez, comenzó a decir a los que estaban allí: Este es de ellos.

70 Pero él negó otra vez. Y poco después, los que estaban allí dijeron otra vez a Pedro: Efectivamente tú eres de ellos; porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de ellos.

71 Entonces él comenzó a maldecir y a jurar: “No conozco a este hombre que vosotros decís”.

72 Y al instante el gallo cantó la segunda vez. Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y pensando en esto, lloraba. (La profunda convicción y sentimiento de la gravedad de su error, su conmovedora tristeza y las lágrimas ardientes de la metania y arrepentimiento, le retornaron de nuevo psíquicamente cerca de su Maestro-Didákalos y le hicieron digno de recibir el perdón y la eliminación del sentimiento de su gran culpabilidad).

 

Capítulo 15: Jesús ante Pilatos, 1-15. Burla de los soldados y la crucifixión del Señor, 16-41. La sepultura de Jesús, 42-47.

 

Jesús ante Pilatos, 1-15.

15,1 Inmediatamente al amanecer, habiendo tenido consejo los sumos sacerdotes con los ancianos, con los escribas-gramatís y con todo el concilio, y una vez condenado, llevaron a Jesús atado y le entregaron a Pilatos como criminal digno de muerte.

2 Pilatos, después de tantas acusaciones que había oído por parte de los hebreos contra Jesús, le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él, le dijo: «Tú lo dices que lo soy».

3 Y los sumos sacerdotes le acusaban insistentemente sobre muchos crímenes dignos de la muerte; pero él no daba ninguna respuesta.

4 Otra vez le preguntó Pilatos, diciendo: ¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan.

5 Pero Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilatos se maravillaba, porque veía que no recurría a ninguna justificación y acusación que hacían sus acusadores.

6 Ahora bien, en el día de la fiesta, por costumbre, el gobernador les soltaba un preso, el que pedían.

7 Y había entonces un preso, que se llamaba Barrabás, encarcelado con sus compañeros de motín que en una revuelta habían cometido un homicidio.

8 Y viniendo la multitud, comenzó a pedir a Pilatos que hiciese como siempre se acostumbraba hacer, soltar a un preso.

9 Y Pilatos les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?

10 Porque conocía que por envidia se lo habían entregado los sumos sacerdotes.

11 Pero los sumos sacerdotes excitaban a la muchedumbre para que les soltase más bien a Barrabás.

12 Respondiendo Pilatos, les dijo otra vez: ¿Qué queréis, pues, que haga de este que llamáis Rey de los judíos?

13 Y ellos otra vez gritaron: ¡Crucifícale, crucifícale!

14 Y Pilatos les decía: ¿Pues qué mal ha hecho, por qué queréis su muerte? Pero ellos gritaban aun más: ¡Crucifícale!

15 Y Pilatos, queriendo satisfacer a la turba, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado. (Sin sospechar que sería ofrecido el gran sacrificio para la redención de los hombres).

Burla de los soldados y la crucifixión del Señor, 16-41.

16 Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la cohorte.

17 Y le vistieron de púrpura para burlarse como rey falso, y poniéndole una corona tejida de espinas,

18 comenzaron luego a saludarle: ¡Salve/saluda, Rey de los judíos!

19 Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y le escupían, y puestos de rodillas le hacían reverencias de burla.

20 Después de haberse burlado, le desnudaron la púrpura, y le pusieron sus ropas, y le sacaron fuera de la ciudad para crucificarle.

21 Y requisaron a un transeúnte, llamado Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, para que llevase la cruz de Jesús. (Porque el cuerpo después de tantos azotes y castigos ya se había agotado y no se podía mantener en la cruz).

22 Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: “Lugar de la Calavera”.

23 Y le daban a beber vino aromatizado mezclado con mirra; pero él no lo tomó; (le dieron esta droga para narcotizarlo, de modo que, por una parte, no pueda sentir la agudeza de la acción y efecto de clavar, y por otra parte, para que no se dificulte a los verdugos en su obra; pero Jesús no lo tomó).

24 Y cuando le crucificaron, repartieron entre sí sus vestiduras, echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaría cada uno.

25 Era la hora tercera cuando le crucificaron, (tres horas después de salir el sol, más o menos a la nueve). 

26 Y el título inscrito en la parte de arriba de la cruz, con la causa de su condena en la cruz, decía: “el rey de los judíos”.

27 Crucificaron también con él a dos bandidos, uno a su derecha, y el otro a su izquierda, (para así representar también a Jesús como criminal).

28 Y se cumplió la Escritura que dice: “Y fue contado con los inicuos y criminales”.

29 Y los que pasaban por el camino de cerca de la cruz, le injuriaban moviendo la cabeza y diciendo: ¡Bah, tú que derribarías el templo de Dios, y en tres días lo reedificarías!

30 sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz”.

31 De esta manera también los sumos sacerdotes se mofaban entre sí con los escribas-gramaticales, diciendo: “A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar;

32 el Cristo, Rey de Israel, que descienda ahora de la cruz, para que veamos el milagro y creamos”. También los dos bandidos que estaban crucificados con él, le injuriaban.

33 Cuando vino la hora sexta (doce del mediodía), hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena (tres de la tarde).

34 Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

35 Y algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: Mirad, llama a Elías. (Ellos no conocían la lengua hebrea para entender la frase, pero aunque la conociesen les sería imposibles a ahondar al misterio difícil de interpretar del “abandono del Señor”).
36 Y corrió uno, empapó una esponja en vinagre, la puso en una caña y se lo dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarlo de la cruz.

37 Pero Jesús, dando una gran voz, expiró.

38 Entonces inmediatamente el velo del altar que separaba el templo se rasgó en dos, de arriba abajo.

39 Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”.

40 También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo/Santiago el menor y de José, y Salomé,

41 quienes, cuando Jesús estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él de Galilea a Jerusalén.

La sepultura de Jesús, 42-47.

42 Cuando llegó la noche, porque era la preparación/viernes, es decir, la víspera de reposo del Sábado,

43 José de Arimatea, diputado distinguido y noble, quién había creído en Cristo y también esperaba la realeza increada de Dios, vino y entró osadamente a Pilatos, y pidió el cuerpo de Jesús.

44 Pilatos se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si hacía mucho rato que estaba muerto.

45 E informado por el centurión, dio el cuerpo a José,

46 el cual compró una sábana nueva, y bajándolo de la cruz, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una roca, y luego hizo rodar una piedra pesada a la puerta del sepulcro.

47 Y María Magdalena y María madre de José miraban con atención, dónde ponían el cuerpo del Señor.

 

Capítulo 16: La Resurrección del Señor, 1-14. Mensaje final y la Ascensión, 15-20.

 

La Resurrección del Señor, 1-18

16,1 Pasado el Sábado, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirlo.

2 Y muy de madrugada, el primer día de la semana, al alba vinieron al sepulcro.

3 Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?

4 Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande y pesada.

5 Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una túnica blanca larga; y quedaron sobrecogidas de mucho miedo y espanto.
6 Pero él les dijo: No os asustéis; sé que buscáis a Jesús el nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el sitio donde le pusieron.

7 Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro que él precederá a Galilea antes que vosotros; allí le veréis, como os ha dicho.

8 Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado mucho temblor, espanto y éxtasis; y a nadie dijeron nada, porque tenían miedo. (Al ver al ángel y sobre todo oír sobre la resurrección, quedaron anonadadas, y  les sobrecogió mucho temor y éxtasis)

9 Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios.

10 Ella fue y lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban sumidos en luto, tristeza y llanto.

11 Ellos, cuando oyeron que el Maestro vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.

12 Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, y se dirigían al campo.

13 Estos volvieron para dar la noticia a los otros Apóstoles; y ni aun a estos creyeron.

14 Finalmente se apareció a los once estando ellos sentados a la mesa para comer, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.

Mensaje final y la Ascensión, 15-20.

15 Y les dijo: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio, el mensaje de la alegría y de la sotiría sanación redención y salvación, a toda la humanidad.

16 El que crea y sea bautizado, será salvado; pero el que no crea, se condenará.

17 Y estas señales seguirán a los que creen; por la invocación en mi nombre echarán fuera demonios; hablarán lenguas extranjeras, nuevas y desconocidas por ellos;

18 tomarán en las manos serpientes venenosas, y aunque beban veneno mortífero, no les hará daño; pondrán sus manos sobre los enfermos y se curarán, se psicoterapiarán y se sanarán». (Los milagros que Él hizo también los harán ellos).

19 Y el Señor, después de estas homilías y muchas otras que habló hacia ellos, ascendió al cielo, y se sentó a la diestra de Dios.

20 Y ellos, saliendo, predicaron por todas partes el Evangelio, ayudando y cooperando con ellos el Señor y confirmando con las señales y los milagros que los acompañaban después de cada kerigma. Amén.

 

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