«

»

May 26 2021

EL EVANGELIO SEGÚN LUCAS

EL NUEVO TESTAMENTO ORTODOXO

EL EVANGELIO SEGÚN LUCAS ΚΑΤΑ ΛΟΥΚΑΝ ΕΥΑΓΓΕΛΙΟΝ

Del original helénico de la Santa Diaconía de la Iglesia Ortodoxa Helénica-Griega

En este trabajo se ha hecho un intento de traducir en la bella lengua de Cervantes, con exactitud y amplitud en la medida de lo posible, el significado de los textos de inspiración divina. En letra normal, la traducción más literal del original en griego clásico, y en letra cursiva, la del griego moderno, ampliando un poco el sentido y significado profundo de cada frase, ayudados por los Santos Padres y la hermandad de teólogos “ΖΩΗ  VIDA” de Atenas, bajo dirección de Ioanis Kolitsarás (1903-1989), teólogo carismático, doctor de teología. Para mejor comprensión del lector, al final de este trabajo figura un diccionario con un análisis detallado del léxico más importante específico del texto divino. También se pueden consultar los léxicos de https://www.logosortodoxo.com/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/  y  https://www.logosortodoxo.com/12-lexis-apocalipticas/, con mucho éxito y aceptación en el mundo hispanohablante.

Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas) www.logosortodoxo.com, heleno-griego nativo, instruido en la Santa Parádosi-Tradición y en la lengua (katharévousa) del Nuevo Testamento la que actualmente se habla en el pueblo fiel heleno-ortodoxo.

Amigos en y de Cristo, el Dios-Hombre: con la bendición de mi Yérontas Fotios, del Monasterio san Gregorio de  la Santa Montaña Athos, después de varios años de muchas peticiones por hispanohablantes ortodoxos para traducir el Nuevo Testamento en español desde el original helénico-griego, al final accedí a este trabajo nada fácil, ya que no he encontrado ninguna traducción en español que me guste, ya que comparándolas con el original helénico he encontrado muchos errores graves, que aquí no es el lugar para exponerlos. Vosotros mismos comparad y sacad vuestras conclusiones… Es un atrevimiento para mí, con respeto y temor sagrado espero que CristoDios y vuestras oraciones me ayuden.

El Nuevo Testamento, según los santos Padres es el manual de la psicoterapia espiritual verdadera con sus dogmas-logos-mandamientos infalibles. La Iglesia es el Hospital General, dice san Juan el Crisóstomo. “Cristo el médico de nuestras psiques-almas y cuerpos”, decimos en la Divina Liturgia, y por excelencia el único verdadero Psicólogo, Psicoterapeuta y Filósofo divino (amigo de la sabiduría divina), ya que: «1:1 Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ Λόγος… (en arjí in o logos) Junto con el principio era y siempre es el Logos; y el Logos existía con Dios y está en Dios; y el Dios era y es siempre Logos… Todo fue hecho por él y sin él no se hizo nada de todo lo creado» (Jn 1, 1-3).

La terapia/psicoterapia tiene lugar a través de Su χάρις jaris (gracia, energía increada) que se proporciona, con la participación de cada hombre con su libre buena voluntad, por los Misterios de nuestra Santa Iglesia Apostólica Católica Ortodoxa, guardados por nuestra Santa Parádosi-Tradición sin quitar nada, tal y como Cristo los enseñó a los Apóstoles.

En el original helénico abundan las palabras ψυχή psijí [psique, alma, ánima], θεραπεία zerapía [terapia], λόγος logos, πάθος pazos, χάρις jaris [gracia energía increada], σωτηρία sotiría [redención, sanación y salvación], etc. Algunas palabras las he dejado en griego ya que con la traducción literal no expresan la profundidad de las palabras en helénico. Por la misma razón he introducido algunos neologismos, en concreto algunos verbos, como por ejemplo, “psicoterapiar” [de: ψυχοθεραπεύω psijozerapevo] y “apocaliptar” [de: αποκαλύπτω apokalipto = revelar] que existen en griego, mientras que en español sólo existen los sustantivos correspondientes [psicoterapia, apocalipsis].

Ruego a todos que me ayuden y cualquier error o duda que encuentren y por favor no duden en avisarme en kristokrisulas@hotmail.es

Dedicado a mis bellos nietos, a mis hijos y a todo ser humano de libre buena voluntad,

Χρῆστος Χρυσούλας  (Jristos Jrisulas), verano del año 2021.

 

EL EVANGELIO SEGÚN LUCAS

 

Índice de Contenido

Capítulo 1: Introducción, 1-4. Aviso del nacimiento de Juan el Bautista, 5-25. La anunciación, 26-38. Visita de la Zeotokos a Elisabeth, 39-45. Oda a la Zeotokos, 46-56. Nacimiento de Juan el Bautista, 57-66. Oda de Zacarías, 67-80.

Introducción, 1:1-4.

1:1 Ya que muchos intentaron componer un relato de los acontecimientos y de las enseñanzas que en nosotros los fieles son conocidas  y certificadas con exactitud y certeza,

2 según nos lo han enseñado y entregado los que desde el principio fueron testigos presentes y después convertidos en servidores del Logos y de su kerigma,

3 me ha parecido bien también a mí, habiendo seguido exactamente todas las cosas, que se refieren a la vida y obra del Salvador, desde su principio con atención y exactitud, escribírtelas en orden, oh excelentísimo Teófilo,

4 para que conozcas con precisión, claridad y exactitud la verdad de la enseñanza, en la que fuiste oralmente instruido.

Aviso del nacimiento de Juan el Bautista, 1:5-25.

5 Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote de nombre Zacarías, de la jerarquía del grupo de Abías, y su mujer era descendiente de Aarón, y su nombre era Elisabeth.

6 Ambos eran justos delante de Dios, caminaban y vivían irreprochablemente en todos los mandamientos y preceptos del Señor.

7 Y no tenían ningún hijo, porque Elisabeth era estéril, y ambos eran ya bien avanzados en edad. .

8 Aconteció, pues, que mientras él ministraba como sacerdote delante de Dios según la orden de turno,

9 conforme al uso del servicio divino, le tocó entrar en el santuario del Señor para ofrecer incienso.

10 Y toda la muchedumbre del pueblo estaba orando afuera, a la hora de la ofrenda del incienso.

11 Entonces, desde la derecha del altar del incienso, se le apareció de pie un ángel del Señor.

12 Al verlo, Zacarías se turbó, y el temor se apoderó de él.

13 Y el ángel le dijo: No temas, Zacarías, porque fue oída tu oración y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.

14Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán y alegrarán por su nacimiento, cuando más tarde escuchen su kerigma.

15 porque será grande delante del Señor. No beberá vino ni licores, y será lleno de ricos carismas del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre.

16 Convertirá a muchos de los hijos descendientes de Israel al Señor y Dios de ellos.

17 E irá delante de Él con el espíritu profético y la dinamis potencia y energía de Elías, para hacer volver los corazones duros de los padres, ahora llenos de cariño hacia los hijos, y a los rebeldes y desobedientes a la prudencia y virtudes de los justos, y a preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto para recibir el Salvador.

18 Y Zacarías dijo al ángel: ¿Cómo conoceré esto con seguridad? Porque soy anciano y mi mujer muy avanzada en edad.

19 Respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que asisto en la presencia de Dios, y he sido enviado para hablar contigo y anunciarte estas buenas noticias alegres.

20 He aquí estarás mudo y sin poder hablar hasta el día que lleguen a suceder estas cosas, por cuanto no creíste a mis palabras, las cuales serán cumplidas a su debido tiempo.

21 Y el pueblo estaba esperando a Zacarías, y se extrañaba que se demorara en el santuario.

22 Y cuando salió, no podía hablarles; y comprendieron que había visto una visión en el templo, porque les hacía señas, pero permanecía mudo.

23 Y aconteció que cuando se cumplieron los días de su ministerio en el templo, se fue a su casa.

24 Después de esos días su mujer Elisabeth concibió, y se mantenía en reclusión cinco meses,

25 diciendo: así este bien ha hecho conmigo el Señor, en los días de mi vejez se dignó quitar mi vergüenza entre los hombres por ser estéril.

La anunciación, 1:26-38.

26 Al sexto mes del embarazo de Isabel, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, cuyo nombre era Nazaret,

27 a una virgen prometida con un varón cuyo nombre era José, descendiente de la casa de David, y el nombre de la virgen era María.

28 Y entrando en donde ella estaba, dijo: ¡alégrate o saludos, χαῖρε jere, κεχαριτωμένη kejaritomeni llena de jaris-gracia energía increada! ¡El Señor está contigo! ¡Eres la más bendita entre las mujeres!

29 Ella se turbó mucho al oír estos logos, y se preguntaba qué significa y qué propósito tiene este saludo.

30 Pero el ángel le dijo: ¡No temas María, porque has encontrado y entrado en gracia-jaris y bendición ante Dios!

31 He aquí concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.

32 Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de su ancestro padre David;

33 y reinará por los siglos como rey eterno en todas las generaciones de los fieles, que constituirán la nueva familia espiritual de Jacob, y el reinado de su realeza increada no tendrá fin.

34 Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo ocurrirá esto, lo nunca oído, puesto que no conozco varón?

35 Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo que vendrá sobre ti, y te quitará la sombra del pecado original o ancestral y te santificará, vendrá también la dinamis potencia y energía divina increada y creativa del Altísimo para cubrirte; por lo cual también el niño santo nacido de ti de esta forma sobrenatural, será llamado, porque lo es, Hijo de Dios.

36 Y he aquí tu parienta Elisabeth, ella también ha concebido un hijo en su vejez, y está en el sexto mes del embarazo, la cual hasta ahora era llamada estéril;

37 porque de parte de Dios ninguna cosa es imposible.

38 Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor, hágase conmigo conforme a tu logos, dicho. Y el ángel se retiró de ella.

Visita de la Zeotokos a Elisabeth, 1:39-45.

39 En esos días,ἀναστᾶσα anastasa resucitada o al haber resucitado o despertado espiritualmente María, después del evangelismo o anunciación, partió apresuradamente hacia una ciudad en la región montañosa de Judá;

40 y entrando en casa de Zacarías, saludó a Elisabeth.

41 Cuando Elisabeth oyó el saludo de María, aconteció que la criatura saltó de gozo en su vientre, y Elisabeth fue llena del Santo Espíritu, es decir, de Jaris/Gracia energía increada.

42 Y exclamó a gran voz y alegría y con la iluminación del Espíritu Santo, dijo: ¡tú eres por Dios incomparablemente la más bendita entre todas las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

43 ¿Y cómo se me concede este honor, que la madre de mi Señor venga de visita a mí?

44 Entendí que eres la madre de mi Señor, porque he aquí, en cuanto la voz de tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

45 ¡Bienaventurada y dichosa la que creyó que tendrán cumplimiento las cosas que le fueron dichas por el ángel de parte del Señor!

Oda a la Zeotokos, 1:46-56.

46 Entonces María dijo: Mi psique-alma engrandece, alaba y glorifica al Señor,

47 y mi espíritu se regocija en Dios, Salvador Redentor y Sanador mío y de todo el género humano,

48 porque se ha fijado su mirada cariñosa en su humilde e insignificante sierva; pues he aquí desde ahora me estarán bienaventurando y felicitando con alegría todas las generaciones;

49 ¡porque el todopoderoso Señor me ha hecho cosas grandes y admirables, y Santo es su nombre!

50 Su misericordia (energía increada) es de generación en generación para los que le temen y respetan.

51 Hizo en el pasado, también especialmente ahora, proezas e impuso su voluntad por su omnipotente brazo; venció y esparció a los soberbios que se enorgullecen con su corazón y su engreída diania mente/intelecto.

52 Derribó de los tronos a los poderosos y tiranos, y exaltó a los humildes y débiles.

53 A los hambrientos colmó de bienes, y despidió con las manos vacías a los ricos.

54 Protegió con su brazo a su pueblo siervo de Israel, acordándose de su misericordia,

55 según lo había prometido a nuestros padres, a favor de Abraham y su descendencia para siempre.

56 Y María permaneció con ella como tres meses, y regresó a su casa.

Nacimiento de Juan el Bautista, 1:57-66.

57 Entonces se le cumplió a Elisabeth el tiempo de dar a luz; y dio a luz un hijo.

58 Y sus vecinos y parientes oyeron que el Señor le había mostrado la grandeza de su misericordia, por regalarla un hijo en esta edad, y todos se congratulaban y se regocijaban juntamente con ella.

59 Y aconteció que al octavo día fueron de nuevo los parientes y los vecinos a circuncidar al niño; y lo llamaban Zacarías, por el nombre de su padre.

60 Pero interviniendo su madre, iluminada por el espíritu de Dios, dijo: ¡No!, sino que será llamado Ioannis-Juan.

62 y por señas le preguntaban a su padre cómo desearía llamarlo.

63 Entonces él pidiendo una tablilla, escribió, diciendo: Ioannis-Juan es su nombre. Y todos se maravillaron.

64 Y al instante fue abierta su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo y alabando a Dios.

65 Y sobrevino temor a todos sus vecinos, y en toda la región montañosa de Judea eran comentadas todas estas cosas.

66 Y todos los que las oyeron las guardaron en su corazón, diciendo: ¿Quién, pues, llegará a ser este niño? Porque la mano omnipotente del Señor ciertamente estaba con él.

Oda de Zacarías, 1:67-80.

67 Y su padre Zacarías fue lleno de la energía increada Jaris/Gracia del Santo Espíritu y profetizó, diciendo:

68 Bendito el Señor Dios de Israel, porque ha visitado e intervenido para redimir y liberar a su pueblo de varios enemigos,

69 y nos suscitó una poderosa fuerza de salvación, porque complació en nacer el Salvador del mundo en la casa de David su siervo,

70 como lo había anunciado a través de los siglos por boca de sus santos profetas,

71 para salvarnos de nuestros enemigos y de la mano de todos los enemigos visibles e invisibles que nos odian,

72 para hacer misericordia con nuestros padres, que esperan en el Hades al Redentor, acordándose de su santo testamento o alianza,

73 y del juramento que juró a nuestro padre Abraham, darnos,

74 para que, rescatados de mano del enemigo, sin miedo podamos servirle y venerarle,

75 en todos nuestros días en santidad del corazón, en justicia y vida virtuosa ante Él.

76 ¡Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo! Porque irás delante de la faz del Señor, para preparar sus caminos; es decir, para preparar los corazones de los hombres para su recepción,

77 y anunciar la salvación a su pueblo, que se la ofrecerá mediante el perdón o remisión de sus pecados;

78 y esto no por nuestras obras, sino a causa de la infinita e increada misericordia de las entrañas de nuestro Dios. Exactamente a causa de esta misericordia o caridad hacia nosotros nos ha visitado desde lo alto el Sol de la justicia, es decir, el Cristo,

79 para iluminar a los que están hundidos en las tinieblas del engaño y en las sombras de la muerte espiritual, para enderezar nuestro camino que conduce a la paz de Dios y en la sotiría redención y salvación eterna.

80 Y el niño crecía éticamente y se fortalecía espiritualmente por la iluminación y refuerzo del Santo Espíritu (es decir, de la Jaris/Gracia energía increada del Espíritu Santo); y estuvo permaneciendo en los desiertos hasta el día que, de acuerdo con el plan divino, sería alzado como profeta enviado por Dios al pueblo Israelita.

 

Capítulo 2: El nacimiento del Señor, 1-7. El mensaje de los ángeles, 8-14. La visita de los pastores, 15-20. La circuncisión del Señor, 21-24. La presentación en el Templo, oda y profecía de Simeón, 25-40. El Señor con doce años en el Templo, 41-52.

 

El nacimiento del Señor, 2:1-7.

2:1 En aquellos días aconteció, después del nacimiento de Juan, que se promulgó un edicto de parte de César Augusto, para que toda la tierra habitada bajo el dominio de Roma fuera empadronada.

2 Este primer censo ocurrió siendo Cirenio gobernador de Siria.

3 E iban todos a registrarse, cada uno a su ciudad de origen.

4 José subió pues de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, por cuanto era de la casa y de la familia descendiente de David,

5 para ser inscrito junto con María, su esposa (supuesta, en papeles), la cual estaba encinta.

6 Y aconteció que mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días de dar a luz,

7 y dio a luz a su hijo primogénito y único, y lo envolvió en pañales, y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. (Porque se había ocupado por los judíos que descendían de Belén y que habían venido para el empadronamiento. Y así desde la niñez el Señor no tenía donde inclinar su cabeza).

El mensaje de los ángeles, 2:8-14.

8 Y había pastores en aquella región posando en campos abiertos, guardando por turnos la vigilia de la noche sobre sus rebaños.

9 Y he aquí un ángel del Señor se presentó ante ellos, y los rodeó la luz increada, sobrenatural y supra-luminosa, y por lo que vieron tuvieron gran temor.

10 Pero el ángel les dijo: ¡No temáis! pues he aquí os anunciaré buenas noticias de gran gozo y alegría, que será para todo el pueblo de Dios:

11 ¡Hoy os nació en la ciudad de David un Σωτήρ Sotir-Salvador Redentor y Sanador, que es el Mesías, el Señor y Dios! Y nació en Belén, la ciudad de David, según las profecías de la Escritura.

12 Y esto os será la señal para vosotros: encontraréis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

13 Y repentinamente, junto con aquel ángel apareció una multitud del ejército celestial alabando a Dios diciendo:

14 ¡Doxa-Gloria y Gracias a Dios en las alturas, y en la tierra paz y bendición a los hombres

La visita de los pastores, 2:15-20.

15 Y aconteció que cuando los ángeles se apartaron de ellos al cielo, los pastores decían unos a otros: Vayamos ahora a Belén, y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha manifestado por el ángel.

16 Y fueron de prisa y encontraron juntos a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.

17 Y después de verlo, reconocieron entonces con detalle lo que les fue dicho por el ángel acerca del niño.

18 Y todos los que lo oyeron, se maravillaron de las cosas dichas por los pastores.

19 Y María guardaba todos estos logos, reflexionándolos en su corazón y comparándolos con los que le había dicho el ángel durante la anunciación.

20 Y los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como les había sido dicho el ángel.

La circuncisión del Señor, 2:21-24.

21 Y cuando se cumplieron ocho días para circuncidarlo, entonces fue llamado su nombre Jesús; tal como lo había llamado el ángel antes de que ella quedara encinta.

22 Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la ley de Moisés, lo subieron a Jerusalén para presentarlo y ofrecerlo al Señor,

23 como está escrito en la ley del Señor: Todo varón primogénito que abre matriz será consagrado y considerado santo al Señor,

24 y subieron también para ofrecer un sacrificio para la purificación conforme a lo dicho en la ley del Señor, es decir, un par de tórtolas, o dos palominos, como pobres que eran.

La presentación en el Templo, oda y profecía de Simeón, 2:25-40.

25 Y he aquí había en Jerusalén un hombre cuyo nombre era Simeón. Y este hombre justo y devoto esperaba la liberación de Israel con la venida de Cristo, como habían predicho las Escrituras; y el Santo Espíritu estaba sobre él.

26Y le había sido revelado por el Santo Espíritu, es decir, por la Jaris/Gracia energía increada, que no vería la muerte antes que viera al Cristo del Señor, es decir, a aquel que el Dios ungiría como Σωτήρ Sotir Salvador, Sanador y Redentor y rey del mundo.

27 Y movido por el Espíritu entró en el templo; y al entrar los padres con el niño Jesús, para cumplir lo que prescribe la ley sobre él, es decir, sobre los primogénitos,

28 también Simeón tomó el niño en sus brazos, y alabando y bendiciendo a Dios, dijo:

29 Ahora, Soberano, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, según el logos que dijiste;

30 Porque vieron mis ojos a Cristo, el que traerá la sotiría redención, sanación y salvación,

31 la que has preparado para ver todos los todos pueblos de la tierra;

32 es Luz espiritual e increada que apocaliptará-revelará a todas las naciones a Dios verdadero, y doxa-gloria de tu pueblo Israel, del cual proviene según lo humano el Cristo.

33 Y José y la madre del niño estaban maravillados de las cosas que se decían acerca de Él.

34 Y Simeón los bendijo, y dijo a su madre María: he aquí, Éste está destinado y será para caída y resurrección de muchos en Israel, (caerán los que no van a creer y se redimirán y resucitarán los que creerán), y será señal y signo de contradicción entre los hombres,

35 y una espada de dolor traspasará tu psique-alma, para que sean revelados los pensamientos y deseos escondidos de muchos corazones.

36 Había una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, que había vivido con su marido siete años desde su virginidad.

37  y era viuda de hacía ochenta y cuatro años, y no se alejaba del templo, dando culto y alabanza a Dios de noche y de día con ayunos y oraciones;

38 también ésta presentándose en la misma hora, al ver el niño, daba gracias y glorificaba a Dios, y hablaba acerca de Él a todos los habitantes de Jerusalén que esperaban su redención de los males, de las desgracias y de la condena del pecado.

39 Y cuando cumplieron todas las cosas que mandaba la ley del Señor, regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.

40 Y el niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría, y la jaris-gracia energía increada de Dios estaba sobre Él que lo protegía de todo pecado, conduciéndole y reforzándole a cada virtud.

El Señor con doce años en el Templo, 2:41-52.

41E iban sus padres cada año a Jerusalén, a la fiesta de la pascua.

42Y cuando el niño llegó a ser de doce años, subieron a Jerusalén con él conforme a la costumbre de la fiesta que había establecido la ley.

43 y habiéndose cumplido los días de la permanencia allí, mientras ellos regresaban, el joven Jesús se quedó en Jerusalén sin haberlo percibido José y su madre;

44 creyendo que iba en la caravana con los peregrinos, anduvieron camino de un día, y lo buscaban entre los parientes y conocidos.

45 Pero al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo por el camino por si estuviese entre los viajantes peregrinos.

46 Y aconteció que después de tres días cuando volvieron a Jerusalén, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, no sólo oyéndolos, sino también haciéndoles preguntas sobre temas altos e importantes, no acostumbrados a su edad de niño.

47 Y cuantos lo oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas.

48 Y al verlo, se sorprendieron, y su madre le dijo: Hijo, ¿por qué nos hiciste esto y te quedaste atrás? ¡He aquí tu padre y yo te hemos buscado angustiados con mucho dolor e inquietud!

49 Les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es necesario que esté en la casa de mi Padre? (Les recordó que su padre no era José, sino el Dios del cual su casa era el templo);

50 pero ellos no entendieron el logos que les dijo, porque no podían introducirse al gran misterio de la humanización-encarnación del Hijo y Logos increado de Dios.

51 Y descendió con ellos y fue a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todos los logos y acontecimientos en su corazón y en su memoria.

52 Y Jesús crecía en sabiduría, en edad y en jarisgracia energía increada que recibía de Dios, y cada vez más aprecio y admiración disfrutaba de parte de los hombres por la multitud de sus carismas divinos.

 

 Capítulo 3: El kerigma de Juan el Bautista, 1-20. El Bautismo de Jesús, 21-22. Su genealogía, 23-38.

 

El kerigma de Juan el Bautista, 3:1-20.

3:1 En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilatos gobernador de Judea, y Herodes Antipa tetrarca de Galilea, y siendo su hermano Filipo tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia,

2 bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, Dios habló a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto;

3 y él fue a toda la región alrededor del Jordán proclamando y exhortándolos el bautismo de la metania y arrepentimiento para perdón de los pecados, que se los daría dentro de poco el Mesías;

4 tal como está escrito en el libro de los logos del profeta Isaías: “se oirá la voz de un hombre que clama en el desierto, diciendo: preparad el camino del Señor, allanad sus sendas, es decir, preparad vuestros corazones para que os visite el Redentor.

5 Todo valle será rellenado, es decir, se cubrirán y llenarán los vacíos o abismos que produce en vuestros corazones la falta de virtud, y todo monte y collado será rebajado y allanado, es decir, todo egoísmo, orgullo y altanería que impide la redentora jaris-gracia energía increada será expulsado y borrado de vuestras psiques-almas; y los caminos ásperos, rocosos y torcidos, serán enderezados y normales, es decir, todas las anomalías, durezas y defectos de carácter que crean los pazos, se marcharán de vuestras psiques-almas para que puedan recibir al Σωτήρ Sotir-Salvador, Redentor y Sanador;

6 Y todo cuerpo y carne verá la salvación de Dios, cuando se realice esta preparación ética, entonces cada ser humano de libre buena voluntad y predisposición verá y disfrutará su σωτηρία sotiría sanación redención y salvación que envía el Dios.

7 Y Juan decía a las multitudes que salían de las ciudades para ser bautizadas por él: Engendros, o descendientes de pensamientos venenosos como víboras, que habéis heredado de vuestros antepasados, ¿quién os mostró cómo huir de la inminente ira de la divina justicia, que dentro de poco va a explotar?

8 Si queréis ser salvos de la ira de Dios, haced pues frutos dignos de metania y arrepentimiento, y no comencéis a decir entre vosotros mismos con arrogancia: a Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede también levantar hijos a Abraham de estas piedras.

9Y ahora mismo el hacha de la divina justicia está puesta en la raíz de los árboles; todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado al fuego.

10 Y las multitudes le preguntaban, diciendo: ¿Qué podemos hacer, pues, para salvarnos de la ira de Dios?

11 Respondiendo, les decía: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene alimentos, haga lo mismo.

12 Y unos publicanos fueron también para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué tenemos que hacer nosotros?

13 Él entonces les dijo: No cobrar ni exigir nada más de lo que os ha sido mandado por la ley.

14 Le preguntaron también unos soldados: Y nosotros, ¿qué hemos de hacer? Y les dijo: no difaméis, ni atraquéis ni extorsionéis a nadie con amenazas para quitarle el dinero, sino contentaos con vuestra paga.

15 Y cuando el pueblo estaba esperando al Cristo/Mesías, y todos cavilaban en sus corazones acerca de Juan, si tal vez él sería el Cristo/Mesías,

16 Juan declaró diciendo a todos: Yo en verdad os bautizo con agua, pero viene el que es más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias: Él os bautizará con Santo Espíritu (con la Jaris energía increada) y fuego (luz increada).

17 Su aventador está en su mano para limpiar bien su era y recoger el trigo en su granero, es decir, a los justos para el reinado de la realeza increada de los cielos, pero quemará la paja con fuego increado e inextinguible que nunca se apaga, o sea, a los pecadores que están sin metania ni arrepentimiento.

18 Así, con estas y otras muchas exhortaciones, proclamaba las nuevas buenas y alegres noticias al pueblo sobre la venida de Cristo.

19 Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por él a causa de Herodías, mujer de su hermano que convivía con Herodes, y por todas las maldades y crímenes que había hecho,

20 añadió a todos los crímenes que había cometido también esto: encerró a Juan en la cárcel, para acabar con las represiones e inspecciones hacia él.

El Bautismo de Jesús, 3:21-22.

21 Cuando todo el pueblo era bautizado, aconteció que también Jesús fue bautizado y mientras oraba, fue abierto el cielo,

22 y descendió el Espíritu Santo sobre Él en forma corporal parecido como paloma, y surgió una voz del cielo diciendo: Tú eres mi Hijo amado, el predilecto, en ti me complazco, porque también como hombre has cumplido todo lo que es gustado a mí.

Su genealogía, 3:23-38.

23 Jesús mismo, al comenzar, tenía como treinta años, siendo hijo según se suponía de José, hijo de Elí,

24 hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Melqui, hijo de Jana, hijo de José,

25 hijo de Matatías, de Amós, hijo de Nahúm, hijo de Hesli, hijo de Nagai,

26 hijo de Maat, hijo de Matatías, hijo de Semei, hijo de José, hijo de Judá,

27 hijo de Joanán, de Resa, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Neri,

28 hijo de Melqui, de Adi, hijo de Cosam, hijo de Elmadam, hijo de Her,

29 hijo de Josué, hijo de Eliezer, hijo de Jorim, hijo de Matat, hijo de Leví,

30 hijo de Simeón, hijo de Judá, de José, hijo de Jonán, hijo de Eliaquim,

31 hijo de Melea, hijo de Mainán, de Matata, hijo de Natán, hijo de David,

32 hijo de Isaí, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Sala, hijo de Naasón,

33 hijo de Aminadab, hijo de Admín, hijo de Arní, de Esrom, hijo de Fares, hijo de Judá,

34 hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Taré, hijo de Nacor,

35 hijo de Serug, hijo de Ragau, hijo de Peleg, hijo de Heber, hijo de Sala,

36 hijo de Cainán, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lamec,

37de Matusalén, hijo de Enoc, hijo de Jared, hijo de Mahalaleel, hijo de Cainán,

38 hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, al cual como hijo suyo fue creado de Dios directamente.

(El mismo Dios por su energía increada creativa, creó en la Virgen a Jesús, el nuevo Adán)

 

Capítulo 4: Las tentaciones, 1-13. La homilía en Nazaret, 14-30. Terapia del endemoniado en Capernaum, 31-37. Terapia de la suegra de Pedro y de muchos más enfermos, 38-44.

 

Las tentaciones, 4:1-13.

4:1 Y Jesús, lleno del Santo Espíritu, regresó del Jordán, y el Espíritu le guiaba al desierto,

2 donde durante cuarenta días fue tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, y al final tuvo hambre.

3 Entonces el diablo le dijo: Ya que eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.

4 Jesús le respondió: Está escrito que no sólo de pan vivirá el hombre, sino de todo logos precedido de la boca de Dios; si Dios da la orden, el hombre puede vivir también sin pan.

5 Y elevándolo, le mostró panorámicamente en una fracción de tiempo todas las realezas e imperios de la οἰκουμένη icumeni tierra habitada con todas sus riquezas y esplendores.

6 Y le dijo el diablo: te daré todo este poder y su gloria, porque se han entregado y sometido en mí, a causa de sus pecados, y al que yo quiero se lo doy;

7 por tanto, si te postras y me adoras como señor tuyo, todo será tuyo.

8 Respondiendo Jesús, le dijo: sal detrás de mi Satanás, porque escrito está que ante al Señor tu Dios te postrarás y a Él solo adorarás o rendirás culto.

9 Lo llevó entonces a Jerusalén, y lo puso en pie sobre al alero del templo, y le dijo: si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo y no te pasará nada,

10 porque está escrito en la Escritura que: el Dios ordenará a sus ángeles que cuiden de ti,

11 y en las manos te llevarán para que tu pie nunca tropiece en piedra. (Así los hombres que están en los patios del templo cuando vean el milagro creerán en ti).

12 Jesús respondió y le dijo: también está escrito que no tentarás al Señor tu Dios.

13 Y habiendo acabado toda tentación, el diablo se apartó de Jesús hasta un tiempo oportuno para volver a tentarlo.

La homilía en Nazaret, 4:14-30.

14 Jesús regresó a Galilea pleno en dinamis (potencia y energía increada) del Espíritu, y se extendió su fama por toda la comarca por los milagros que hacía;

15 y él enseñaba en las sinagogas de los Judíos, siendo admirado y elogiado por todos.

16 Y llegó a Nazaret, donde había sido criado, y en el día sábado entró en la sinagoga, y conforme a su costumbre se levantó a leer un pasaje de la Biblia.

17 Y le fue entregado el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, encontró el lugar donde estaba escrito lo siguiente:

18 El Espíritu del Señor está sobre mí, porque con este me crismó-ungió como hombre y me ha enviado a predicar, a los hombres pobres y desnudos de fe, el mensaje alegre de la redención, y sanar-psicoterapiar a los que el corazón se les ha quebrantado y oprimido por el peso del pecado,

19 a proclamar a los esclavos del pecado el perdón y la liberación, y a restaurar la vista a los ciegos físicamente y espiritualmente, es decir, regalar la iluminación a los que tienen el nus/espíritu ciego y oscurecido por los pazos del pecado; me ha mandado a proclamar a los hombres el principio de la nueva era o época que será aceptada y agradable a Dios y a los hombres.

20 Y habiendo envuelto el libro, lo devolvió al asistente, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.

21 Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta escritura en vuestros oídos.

22 Y todos daban testimonio de Él, y se maravillaban de las palabras de jaris-gracia que salían de su boca, pero decían: ¿No es éste el hijo de nuestro José, el carpintero?

23 Entonces les dijo: Sin duda me diréis este proverbio: Médico, cúrate a ti mismo. Cuantas cosas oímos que se han hecho en Capernaum, hazlas también aquí en tu tierra.

24 Y añadió: En verdad os digo que ningún profeta ha sido bien recibido con su debido honor en su tierra;

25 y os recuerdo también esta verdad, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, mientras hubo una gran hambre en toda la tierra de Palestina;

26 pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda desconocida e insignificante en Sarepta de Sidón.

27 Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue limpiado, sino sólo Neemán el sirio.

28 Oyendo estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira incontrolable; porque creyeron que el Señor los pone en posición inferior que a los idólatras;

29 y levantándose, lo sacaron fuera de la ciudad y lo llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual había sido edificada la ciudad de ellos, para despeñarlo;

30 pero él, atravesando por medio de ellos de una forma admirable, se fue.

Terapia del endemoniado en Capernaum, 4:31-37.

31 Y descendió a Capernaum, ciudad de Galilea, y allí enseñaba durante los sábados a sus habitantes.

32 Y se admiraban de su enseñanza, porque su logos era con autoridad y fuerza de modo que convencía a todos.

33 Y en la sinagoga había un hombre que tenía un espíritu demoníaco inmundo, y gritaba a gran voz:

34 ¡Ah! ¿Qué tienes que ver con nosotros, Jesús nazareno? ¿Viniste a expulsarnos y destruirnos? Sé quién eres: ¡el Santo de Dios!

35 Y Jesús le ordenó, diciendo: ¡Enmudece, cierra tu boca y sal de este hombre! Y el demonio arrojándolo en medio de la sinagoga, salió de él sin hacerle daño.

36 Y sobrevino un gran asombro sobre todos, y conversaban entre ellos, diciendo: ¿Qué potente y terrible es el logos de éste hombre, porque con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos, y salen inmediatamente?

37 Y su fama se difundía por todo lugar de la región de Galilea.

Terapia de la suegra de Pedro y de muchos más enfermos, 4:38-44.

38 Y levantándose de la sinagoga, entró en la casa de Simón, y la suegra de Simón estaba enferma con una gran fiebre y le rogaron que la curara.

39 E inclinándose hacia ella, reprendió a la fiebre, y la dejó; e inmediatamente, habiéndose levantado, los servía.

40 Y cuando el sol se estaba poniendo, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias y enfermedades los llevaron a él, e imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.

41 También salían demonios de muchos, vociferando y diciendo: ¡Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios! Pero Jesús reprendiéndolos, no les permitía hablar estas cosas, porque sabían que él era el Cristo/Mesías (y no quería el testimonio de los demonios).

42 Al hacerse de día, Jesús salió y se fue a un lugar solitario, pero las multitudes lo buscaban, y fueron a Él y trataron de que no se alejara de ellos.

43 Pero Él les dijo: Es necesario que yo proclame el mensaje alegre del reinado de la realeza increada de Dios también a las demás ciudades, porque para esto he sido enviado.

44 E iba predicando el Evangelio en las sinagogas de Galilea.

 

Capítulo 5: La admirable pesca y el llamamiento de los cuatro discípulos, 1-11. Terapia de un leproso, 12-16. Terapia del paralítico, 17-26. La vocación de Mateo 27-32. Por qué no ayunan los discípulos de Jesús, 34-39.

 

La admirable pesca y el llamamiento de los cuatro discípulos, 5:1-11.

5:1 Sucedió que al agolparse la multitud sobre él para oír el logos de Dios, él estaba de pie junto al lago Genesaret,

2 y vio dos barcas ancladas en el lago, pues los pescadores habían salido de ellas y lavaban las redes.

3 Subiendo a una de las barcas, la cual era de Simón, le rogó que se alejara un poco de la orilla, y, sentado, enseñaba a las multitudes desde la barca.

4 Cuando cesó de hablar, dijo a Simón: rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.

5 Y respondiendo Simón, dijo: Maestro, después de bregar durante toda la noche, nada hemos pescado; pero obedeceré a tu logos y echaré la red.

6 Y cuando hicieron esto, capturaron tan gran cantidad de peces que casi se rompían sus redes.

7 E hicieron señas a los compañeros en la otra barca para que vinieran a ayudarles. Y fueron y llenaron ambas barcas, hasta tal punto que casi se hundían.

8 Al verlo Simón Pedro, se postró a los pies de Jesús, y dijo: ¡Apártate de mi barco Señor, que soy hombre pecador y no soy digno de estar contigo!

9 Porque el asombro lo había dominado a él y a todos los que estaban con él, ante la pesca realizada;

10 e igualmente a Jacobo/Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, los cuales eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas, desde ahora serás pescador de hombres vivos por tu kerigma y los conducirás al reinado de la realeza increada de Dios

11 Y después de arrimar las barcas a tierra, dejando todas las cosas, siguieron a Cristo como fieles discípulos.

Terapia de un leproso, 5:12-16.

12 Aconteció que estando Él en una de las ciudades, había allí un varón cubierto de lepra; y al ver a Jesús, cayó arrodillado sobre su rostro, y le rogó diciendo: Señor, creo que si quieres, puedes limpiarme de la lepra.

13 Y extendiendo la mano, lo tocó diciendo: ¡Quiero, sé limpio de la lepra! Y al instante la lepra salió de él.

14 Y le ordenó: no se lo diga a nadie; pero, anda, muéstrate al sacerdote y presenta ofrenda por tu catarsis y terapia conforme ordenó Moisés, para testimonio al sacerdote y a los otros hombres, de que realmente te has sanado.

15 Pero su fama se difundía más y más, y grandes multitudes concurrían para oír su enseñanza y para psicoterapiarse y curarse de sus enfermedades.

16 Pero Él se retiraba a lugares solitarios y oraba.

Terapia del paralítico, 5:17-26.

17 En uno de aquellos días, aconteció que estaba enseñando, y había allí sentados fariseos y doctores de la ley, los cuales habían llegado de todas las aldeas de Galilea y de Judea, y de Jerusalén, y la dinamis potencia y energía increada del Señor estaba siempre en él para sanar a los enfermos.

18 Y he aquí unos varones traían en una camilla a un hombre que era paralítico, y procuraban meterlo adentro de la casa y ponerlo delante de Él.

19 Pero no encontrando cómo meterlo adentro a causa del gentío, subieron a la azotea y a través de las losas lo descolgaron con la camilla hasta ponerlo en medio de la sala, delante de Jesús.

20 Viendo la fe de ellos, dijo al paralítico: ¡Hombre, tus pecados, que son la causa se tu enfermedad, te son perdonados!

21 Y los escribasgramatís y los fariseos comenzaron a meditar interiormente diciendo: ¿Quién es éste que habla tales blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? ¿Cómo es que éste arrebata y usurpa los derechos divinos?

22 Pero Jesús, con su divina omnisciencia percibió sus meditaciones, y tomando la palabra, les dijo: ¿Qué meditáis y caviláis en vuestros corazones?

23 ¿Qué es más fácil: decir, tus pecados te son perdonados, o decir, levántate y anda?

24 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad y poder en la tierra para perdonar pecados, dijo al paralítico: A ti te digo: ¡Levántate, alza tu camilla y vete a tu casa!

25 Y al instante, levantándose a la vista de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa glorificando a Dios.

26 Y el éxtasis sobrecogió a todos quedándose fuera de sí, y glorificaban a Dios, y se llenaron de temor, diciendo: ¡Hoy hemos visto cosas increíbles, insólitas y nunca vistas!

La vocación de Mateo, 5:27-32.

27 Después de estas cosas, salió y observó a un publicano de nombre Leví, sentado en el telonio (aduana, lugar de los impuestos), y le dijo: ¡Sígueme!

28 Y Mateo dejándolo todo, se levantó y lo siguió.

29 Y entonces Leví le hizo un gran banquete en su casa. Y había un gran número de publicanos y otros que estaban reclinados a la mesa con ellos.

30 Y los escribas-gramatís y los fariseos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?

31 Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que padecen de enfermedades.

32 No he venido a llamar justos a los que por sí mismos se consideran justos, sino a pecadores para la metania, arrepentimiento, conversión y confesión.

Por qué no ayunan los discípulos de Jesús, 5:33-39

33 Entonces ellos le dijeron: Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y hacen oraciones, igualmente también los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben.

34 Jesús les dijo: ¿Acaso pueden ayunar los invitados de la boda mientras el novio está con ellos? (En la alegría de la boda no ayunan los hombres; ya que yo que soy el novio de la Iglesia y ahora estoy con mis discípulos, no es normal que estén en luto y ayunen).

35 Pero vendrán días cuando también el novio les sea quitado, entonces, en aquellos días, ayunarán. (Daba a entender Su crucifixión por la que llenaría de luto y tristeza profunda a los discípulos y otras tribulaciones que ellos sufrirían).

36 Les decía también la parábola: Nadie corta una pieza de un vestido nuevo para remendar a una vestido viejo; de lo contrario, no sólo se rasgará el nuevo, sino que tampoco al viejo le quedará bien un parche nuevo.

37 Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo reventará los odres y se derramará, y los odres se echarán a perder;

38 sino que el vino nuevo tiene que ser echado en odres nuevos. (Los fariseos y sus discípulos son los trajes corruptos, los odres viejos que tienen la vieja mentalidad, modos de vida y culto antiquísimos y no pueden recibir y aceptar la nueva enseñanza. Mis discípulos, hombres jóvenes, puros, la aceptarán con mucho gusto y alegría).

39 Y nadie, después de beber el vino añejo, desea el nuevo, porque dice: El añejo es mejor.  (Así también los habituados a los antiquísimos tipos de la ley antigua, no pueden contentarse y agradarse en el nuevo espíritu de mi enseñanza).

 

Capítulo 6: Primeras conversaciones sobre el Sábado, 1-11. Elección de los doce, 12-19. Las bienaventuranzas, 20-23. Los ayes, 24-26. Amor a los enemigos, 27-38. Espíritu de benevolencia, 39-46. Casa en roca o en tierra, 47-49.

 

Primeras conversaciones sobre el Sábado, 6:1-11.

6:1 Aconteció que en el segundo sábado de la fiesta de la Pascua atravesando por unos sembrados, sus discípulos arrancaban las espigas, y restregándolas con las manos comían las semillas.

2 Entonces algunos de los fariseos dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no está permitido en los sábados?

3 Jesús les respondió: ¿Ni siquiera leísteis lo que hizo David cuando tuvo hambre, él y los que estaban con él?

4 ¿cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la proposición, comió y dio también a los que estaban con él, aunque a nadie le es permitido comer de ellos, sino sólo a los sacerdotes? (Sin embargo esta praxis de David, más dura que la que están haciendo ahora mis discípulos, no la condena Dios y por supuesto ni tampoco vosotros).

5 Y les decía: el hijo del hombre es Señor también del sábado; (por su poder divino tiene el derecho de rectificar y dar esplendor a este vínculo).

6 En otro sábado, que entró en la sinagoga para enseñar, aconteció que allí había un hombre que tenía su mano derecha seca.

7 Y los escribas-gramatís y los fariseos lo observaban atentamente, por si acaso curaba en el sábado, para encontrar de qué acusarlo.

8 Pero él, conociendo los pensamientos de ellos, dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio de la sinagoga. Y levantándose, se puso en pie.

9 Entonces Jesús les dijo: Os pregunto: ¿Es lícito en el sábado hacer el bien o hacer el mal, salvar una vida que está en peligro o pasar indiferente y sea destruida?

10 Y mirándolos a todos alrededor por si acaso alguien responda, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo, y su mano inmediatamente fue restaurada, igual que la otra mano.

11 Pero ellos se dominaron por la oscuridad en su nus-espíritu y la depravación en su corazón, y discutían intensamente unos con otros sobre lo que tenían que hacer contra Jesús.

Elección de los doce, 6:12-19.

12 Aconteció en aquellos días que el Señor salió al monte a orar, y pasó la noche en oración a Dios.

13 Y cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles:

14 A Simón, a quien también llamó Pedro, y a su hermano Andrés, a Jacobo/Santiago y a Juan, a Felipe y a Bartolomé,

15 a Mateo y a Tomás, a Jacobo de Alfeo, y a Simón el llamado Zelote,

16 a Judas de Jacobo, y a Judas Iscariote, quien llegó a ser el traidor.

17 Y bajó con ellos y se detuvo en una explanada, y había una gran multitud de discípulos suyos, y una gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén, y de la región costera de Tiro y Sidón; los cuales habían ido para oírlo y para ser psicoterapiados y sanados de sus enfermedades físicas, psíquicas y espirituales o demoníacas.

18 También los atormentados por espíritus inmundos y sucios eran sanados por la dinamis la potencia de la energía increada de Cristo.

19 y toda la multitud procuraba tocarlo, porque salía dinamis (fuerza y energía increada) divina de Él y a todos los curaba y psicoterapiaba, los que tenían fe en él.

Las bienaventuranzas, 6:20-23.

20 Y levantando sus ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados y dichosos sois vosotros los pobres, porque por vuestra libre voluntad no han entregado vuestros corazones a las riquezas, sino que ponéis toda vuestra esperanza en Dios, porque vuestra es la realeza increada de Dios.

21 Bienaventurados y dichosos sois los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados por las donaciones incalculables del reinado de la realeza increada de los cielos. Bienaventurados y dichosos sois los que ahora lloráis por vuestros pecados y por otras tribulaciones que estáis padeciendo, porque reiréis y os alegraréis.

22 Bienaventurados y dichosos sois vosotros cuando los hombres os odian, os excluyan y cortan todo tipo de relación con vosotros, y os insultan y difaman vuestro nombre como maligno, vil e infame, por causa de ser discípulos fieles del hijo del hombre.

23 Regocijaos y alegraos en ese día y saltad de gozo, porque he aquí vuestra recompensa será grande en el cielo. Porque del mismo modo trataban también sus padres a los profetas que hoy están glorificados en el cielo.

Los ayes, 6:24-26.

24 Pero ¡ay de vosotros los ricos, los que utilizáis la riqueza única y exclusivamente para vuestro propio bienestar y disfrute, porque ya tenéis vuestro consuelo y alegría, no tenéis derecho a esperar la recompensa del Dios!

25 ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados de disfrutes y bienes materiales, porque tendréis hambre, seréis privados y hambrientos de bienes espirituales y tendréis hambre eterna! ¡Ay de los que ahora os divertís y reís con vuestros disfrutes pecadores, porque en la vida futura lamentaréis, gemiréis y lloraréis amargamente!

26 ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres os alaben y digan bien de vosotros, porque a todos los halagaréis y adularéis queriendo gustar a todos, pisoteando la ley de Dios, porque así halagaban sus padres a los falsos profetas!

Amor a los enemigos, 6:27-38.

27 Pero yo os digo a vosotros que me escucháis con buena disposición: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian,

28 bendecid a los que os maldicen, orad a Dios por los que os difaman y os perjudican.

29 Al que te abofetea en una mejilla, ofrécele también la otra, y al que te quita el manto, no le impidas tomar también tu túnica.

30 A todo el que te pide con agapi real y discernimiento, dale; y al que te quite por la fuerza lo tuyo, no se lo reclames y no te metas en luchas judiciales.

31 Comportaos y tratad a los hombres como queréis que ellos se comporten y os traten a vosotros.

32 Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué clase de gracia es la vuestra y la recompensa que merecéis? Porque los pecadores también aman a quienes los aman.

33 Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué clase de gracia es la vuestra y qué recompensa tendréis de Dios? También los pecadores hacen lo mismo.

34 Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué clase de gracia es la vuestra y qué recompensa tendréis de Dios? También los pecadores dan prestado a los pecadores para recuperar lo mismo.

35 Más bien, amad a vuestros enemigos, y haced bien, y dad prestado no esperando nada, y vuestro salario será grande, y seréis hijos del Altísimo en la realeza increada de los cielos, porque Él es bondadoso incluso hacia los ingratos y malvados.

36 Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso hacia todos.

37 No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados. Perdonad, y seréis perdonados.

38 Dad con alegría a los necesitados, y se os dará por parte de Dios una buena medida, rellena y rebosante; porque con la medida con que medís seréis medidos y recompensados también vosotros de Dios.

Espíritu de benevolencia, 6:39-46.

39 También les dijo una parábola: ¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No es cierto que ambos caerán en el hoyo? ¿Cómo es posible vosotros pecadores y débiles que sois, podéis juzgar y guiar a los demás?

40 El discípulo no es más que su maestro, y cualquiera que haya sido bien instruido, será como su maestro.

41 ¿Cómo es que ves la paja que está en el ojo de tu hermano, y no percibes ni ves la viga que está en el tuyo?

42 ¿Cómo puedes decir a tu hermano: hermano, deja que saque la paja que está en tu ojo, no viendo tú mismo la viga que está en el tuyo? ¡Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claramente para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano! (Cómo te atreves a aconsejar, controlar y examinar, para supuesta rectificación de tu hermano, mientras que tu presentas errores y defectos más gordos y más grandes que él).

43 No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno. (El hombre que sus obras son malas, no es posible ofrecer obras buenas a los otros).

44 Cada árbol es conocido por su fruto; no se recogen higos de los espinos, ni se vendimian uvas de la zarza.

45 El hombre bueno, del tesoro bueno del corazón saca y ofrece lo bueno, y el malvado, saca el mal de la maldad que tiene, porque de la abundancia del corazón habla su boca. (Sólo el hombre bondadoso puede indicar el bien y ser buen guía de los engañados).

46 ¿Por qué me llamáis: Señor, Señor, y no hacéis lo que os digo? Porque unas cosas confesáis y decís por la boca, y distintas obras presentáis.

Casa en roca o en tierra, 6:47-49.

47 Os mostraré a quién es semejante todo el que viene a mí, y escucha mis logos, y los pone en práctica.

48 Es semejante a un hombre que edifica una casa, el cual excavó profundamente y puso el cimiento sobre la roca; y viniendo una inundación, el torrente embistió contra aquella casa pero no pudo sacudirla por estar bien edificada encima de la roca fuerte e imperturbable.

49 Pero el que escucha mis logos y no los pone en práctica, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre la tierra, sin cimiento, contra la cual irrumpió el torrente y al instante cayó, y se arruinó totalmente. (El fiel afronta con valor, firmeza y estabilidad las tentaciones permaneciendo imperturbable; en cambio el de poca fe es arrastrado y arruinado).

 

Capítulo 7: Terapia del criado del centurión, 1-10. Resurrección del hijo de la viuda de Naín, 11-17. Envío de los discípulos de Juan el Bautista a Jesús, 18-23. Elogio sobre Juan el Bautista, 24-30. La generación paradójica, 31-35. Cena en la casa del Fariseo, 36-50.

 

Terapia del criado del centurión, 7:1-10.

7:1 Cuando terminó de hablar todos sus logos a los oídos del pueblo que lo escuchaba con atención, entró en Capernaum.

2 Y el criado de un centurión, a quien éste estimaba mucho, estaba enfermo y a punto de morir.

3 Y al oír acerca de Jesús, envió a él unos ancianos de los judíos a rogarle que fuese a curar y salvar a su criado.

4 Presentándose pues ante Jesús, le rogaban insistentemente, diciendo: merece que se le concedas este favor,

5 porque ama a nuestra nación, y él mismo con su dinero nos ha edificado la sinagoga.

6 Jesús fue con ellos, no estaba lejos de la casa, cuando el centurión envió unos amigos a decirle: Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa,

7 por eso no me consideré digno de ir yo personalmente; pero di una palabra, y mi criado se curará inmediatamente.

8 Porque también yo, siendo hombre bajo autoridad superior, tengo soldados bajo mi mando, y digo a éste: Ve, y va; y a otro: Ven, y viene; y a mi criado: Haz esto; y lo hace.

9 Al oír estas cosas, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que lo seguía: ¡Os digo que ni aun en Israel encontré una fe tan grande! E inmediatamente en aquel momento con la potencia de su divina energía increada curó al criado sin visitarlo a casa.

10 Y cuando los enviados regresaron, encontraron curado y con buena salud al criado.

Resurrección del hijo de la viuda de Naín, 7:11-17.

11 Un poco después, aconteció que fue a una ciudad llamada Naín. E iban con Él sus discípulos y mucha gente.

12 Y cuando se acercó a la puerta de la ciudad, he aquí estaban sacando a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, siendo ella misma viuda; y una gran multitud de la ciudad estaba con ella acompañándola en el entierro.

13 Viéndola el Señor se compadeció de ella, y le dijo: «No llores».

14 Y acercándose, agarró el féretro, de manera que los que lo llevaban se detuvieron; y dijo: «Joven, a ti te digo: ¡Levántate!»

15 Y el muerto inmediatamente se levantó, se sentó y comenzó a hablar. Y Jesús lo entregó a su madre.

16 Y un gran temor los sobrecogió a todos, y glorificaban a Dios, diciendo: ¡Un gran profeta ha surgido entre nosotros, Dios bondadoso ha visitado a su pueblo!

17 Y su fama se extendió por toda Judea y por todas aquellas comarcas. Es decir, que Jesús con un logos sin ninguna dificultad resucitó inmediatamente al muerto.

Envío de los discípulos de Juan el Bautista a Jesús, 7:18-23.

18 Los discípulos de Juan le informaron acerca de todas estas cosas milagrosas que hacía Jesús,

19 y Juan, llamando a dos de sus discípulos, los envió al Jesús, diciendo: ¿Eres Tú el que viene, o hemos de esperar a otro? (Esto lo hizo Juan para poner sus discípulos en contacto con el Señor y apoyarlos así en la fe).

20 Cuando los hombres fueron a Él, le dijeron: Juan el Bautista nos envió a ti, diciendo: ¿Eres Tú el que viene, o hemos de esperar a otro?

21Y en aquella hora sanó a muchos de enfermedades y dolencias, y de espíritus malignos, y a muchos ciegos los regaló la luz de sus ojos.

22 Y respondiendo, les dijo: Id y contad a Juan lo que visteis y oísteis: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, y los hombres humildes y pobres se evangelizan y escuchan el mensaje alegre del reinado de la realeza increada de los cielos.

23 y bienaventurado y dichoso es cualquiera que no se escandalice de mí y no se tambalee su fe a causa de mi apariencia humilde y pobre.

Elogio sobre Juan el Bautista, 7:24-30.

24 Cuando los mensajeros de Juan se marcharon, el Señor comenzó a decir a las multitudes acerca de Juan: ¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿Quizás habéis venido a ver algún hombre inestable que es arrastrado por las opiniones de uno y de otro intentando agradar y estar de acuerdo con todos? Por supuesto que no.

25 ¿O qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto con vestiduras caras y finas? He aquí los que tienen vestidos espléndidos y viven en deleites están en los palacios reales.

26 Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo; éste es mucho más que un profeta.

27 Éste es de quien está escrito, por el profeta Malajías: He aquí envío mi mensajero delante de tu presencia, el cual preparará tu camino delante de ti, es decir, los corazones de los hombres para que te reciban y te acepten.

28 Os digo que entre los hombres nacidos de mujeres, ninguno es mayor profeta que Juan el Bautista; pero el más pequeño en la realeza increada de Dios es mayor que él. Pero debéis saber también esto, que el más humilde e insignificante ciudadano del reinado de la realeza increada de Dios, o sea, el miembro más pequeño de mi Iglesia, es, sobre la salvación y los divinos carismas que toma en la Iglesia, superior que Juan el Bautista, el cual aún no ha recibido estas donaciones divinas.

29 Y todo el pueblo y los publicanos, que habían oído a Juan y se bautizaron con su bautismo y volvieron a la metania y arrepentimiento, como él dijo, demostraron y justificaron que el Dios actuó con claridad y justicia,

30 pero los fariseos y los intérpretes de la ley, que se consideraban virtuosos y conocedores de la Santa Escritura, frustraron para ellos mismos vano e inútil el plan de Dios para la sotiría redención y salvación del hombre. Y consideraron vana la misión del Bautista ya que no aceptaron su bautismo ni su kerigma.

La generación paradójica, 7:31-35.

31 Entonces ¿a qué compararé yo a los hombres de esta generación, y a quién son semejantes?

32 Son semejantes a esos muchachos que se sientan en la plaza y gritan unos a otros, y se dicen: ¡Os tocamos cantos alegres con la  flauta y no bailasteis; entonamos lamentos y no llorasteis! Ni de un modo ni de otro os hemos satisfecho.

33 Porque vino Juan el Bautista, como asceta que era, no comía pan ni bebía vino, y decís: ¡Demonio tiene!

34 Viene el hijo del hombre, que come y bebe como cualquier hombre prudente y social, y decís: ¡Mirad, un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores!

35 Y la sabiduría-sofía divina es reivindicada y justificada por parte de todos sus hijos.

Cena en la casa del Fariseo, 7:36-50.

36 Uno de los fariseos le rogó que comiera con él, y entrando en la casa del fariseo, se reclinó a la mesa según la costumbre que había entonces.

37 Y he aquí había en la ciudad una mujer que era pecadora, al enterarse de que Jesús estaba reclinado a la mesa en la casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro lleno de perfume,

38 y situándose detrás, llorando a los pies de Jesús, comenzó a regar sus pies con las lágrimas y los secaba con los cabellos de su cabeza, y besaba con devoción a sus pies y los ungía con el perfume.

39 Viéndolo el fariseo que lo había invitado, se decía en su interior: Éste, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que lo toca, es  decir, sabría que es una pecadora.

40 Y Jesús respondiendo a las meditaciones de Simón, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte; y él dice: dime, Maestro.

41 Cierto acreedor tenía dos deudores: el uno debía quinientos denarios, y el otro cincuenta.

42 No teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. ¿Cuál de ellos, pues, lo amará más?

43 Respondiendo Simón, dijo: Pienso que a quien perdonó más. Él le dijo: has juzgado correctamente.

44 Y vuelto hacia la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para lavar mis pies, pero ésta ha regado mis pies con las lágrimas, y los ha secado con sus cabellos.

45 No me diste beso, pero ésta, desde que entré no ha cesado con mucha devoción de besar mis pies.

46 No ungiste mi cabeza con aceite, pero ésta ungió con perfume caro mis pies.

47 Por lo cual te digo que han sido perdonados sus muchos pecados, porque mucho amó al Redentor y anheló profundamente su redención; pero al que se le perdona poco, piensa que poca deuda y poco deber tiene frente a Dios, éste poco ama.

48 Y Jesús le dijo la mujer: Tus pecados han sido perdonados.

49 Y los que estaban sentados con Él en la mesa comenzaron a pensar y decirse: ¿Quién es éste, que perdona también pecados?

50 Y Jesús dijo a la mujer: «tu fe te ha salvado, ve en el camino de la paz, y con el corazón pacífico, purgado y purificado».

 

Capítulo 8: Las discípulas, diaconisas del Señor, 1-3. La parábola del sembrador, 4-18. La madre y los considerados hermanos del Señor, 19-21. El cese de la tempestad, 22-25. Terapia del endemoniado, 26-39. Resurrección de la hija de Jairo y la terapia de la mujer con hemorragia, 40-56.

 

Las discípulas, diaconisas del Señor, 8:1-3.

8:1 Y después de esto, iba por todas las ciudades y aldeas, enseñando y predicando el mensaje alegre de la realeza increada de Dios, y con él iban también los doce discípulos,

2 y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y curadas-psicoterapiadas de patologías tormentosas y enfermedades, María, la que llamaban Magdalena y de la cual se habían expulsado con la fuerza del Señor siete demonios,

3 y Juana, mujer de Juzá, mayordomo de Herodes, y Susana, y otras muchas que con sus bienes asistían y ofrecían mantenimiento a Él y a los Apóstoles.

La parábola del sembrador, 8:4-18.

4 Y mientras se reunía una inmensa muchedumbre que acudían a Él de varias ciudades, el Señor les dijo esta enseñanza en parábola:

5 El sembrador salió a sembrar su semilla, y al sembrarla, una parte cayó junto al camino y fue pisoteada por los transeúntes, y las aves del cielo la comieron.

6 Otra parte cayó sobre terreno pedregoso, y habiendo brotado, se secó por no tener humedad.

7 Otra parte cayó en medio de las espinas, las espinas crecieron y la ahogaron.

8 Y otra parte cayó en buena tierra, y habiendo crecido, dio fruto a ciento por uno. Dicho esto, exclamó: ¡El que tiene oídos espirituales para oír la verdad de Dios, que oiga lo que yo enseño!

9 Y sus discípulos le preguntaban qué significaba esta parábola.

10 Él dijo: A vosotros se os ha sido dado conocer los misterios de la realeza increada de Dios, pero a los demás sólo en parábolas, para que viendo no vean ni puedan introducirse al significado más profundo y oyendo no puedan entender la verdad. (A vosotros que tenéis interés y buena disposición, se ha dado de Dios como regalo a aprender las verdades secretas de la realeza increada de Dios, pero a los otros los hablo en parábolas. Ellos no tienen interés para conocer y aceptar las verdades espirituales. Y el nus/espíritu y el intelecto de ellos están embotados e incapaces para la enseñanza espiritual. Por eso enseño de esta manera, para que no puedan ver lo más profundo y puro, mientras que con los ojos de sus cuerpos ven, y para que no puedan entender mientras oyen la enseñanza que les explica los misterios. Y esto no lo hago sólo por justicia, sino también por bondad, para que ellos, por menospreciar la verdad no agraven su situación y se endurezcan aún más.)

11 Este es, pues, el significado de la parábola: La semilla simboliza el logos de Dios

12 Los que se asemejan con la tierra que está cerca del camino son los que oyeron y no fueron atentos al logos de Dios; pero luego viene el diablo y quita el logos de sus corazones, para que no crean y sean salvos.

13 Los que son simbolizados con el terreno pedregoso, son los que cuando oyen y reciben el logos de Dios con gozo y alegría, pero éstos no tienen raíces profundas en sus corazones; creen por un tiempo, pero al tiempo de prueba y tentación sucumben y se alejan de la fe.

14 La semilla que cae entre las espinas, simboliza a éstos que cuando oyeron el logos de Dios e intentaron a aplicar y cumplir con algunas ganas, pero luego se ahogan en las preocupaciones para adquirir riquezas y en los placeres y disfrutes materialistas de la vida mundana, y así no avanzan hasta al final, no maduran para tener frutos buenos y fijos.

15 Pero la semilla que cae en buena tierra, simboliza a los hombres con buena voluntad y predisposición, que al haber oído el logos de Dios con corazón recto y bueno, lo retienen con atención y devoción en su interior y producen como frutos las obras de la virtud junto con la paciencia, la que mostrarán en distintas circunstancias, tribulaciones y sufrimientos.

16 Nadie cuando enciende una lámpara, la oculta en una vasija o la pone debajo de una cama, sino que la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.

17 Porque no hay nada oculto que no sea descubierto, ni secreto que no haya de ser plenamente conocido y salga a la luz. Esto sucede también con mi enseñanza que será conocida en todo el mundo.

18 Por tanto, vosotros que como apóstoles-enviados del mundo la transmitiréis, mirad bien cómo escucháis mi enseñanza, (oírla con fe inquebrantable, para apropiarse de ella); porque al que contiene la verdad, le será dado más rica y más clara gnosis-conocimiento e iluminación de la verdad, y al que por indiferencia no contenga la verdad, aun lo que imagina tener como gnosis-conocimiento le será quitado.

La madre y los considerados hermanos del Señor, 8:19-21

19 Se presentaron ante Él su madre y sus supuestos hermanos, pero no podían acercársele a causa de la multitud.

20 Y le fue informado: Tu madre y tus hermanos están fuera y desean verte.

21 Él respondió y les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que escuchan el logos de Dios y lo aplican y cumplen en sus vidas.

El cese de la tempestad, 8:22-25.

22 En uno de aquellos días, aconteció que entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: «Pasemos al otro lado del lago»; y se adentraron al lago.

23 Pero mientras navegaban, se durmió; y un torbellino de viento cayó sobre el lago y la barca se inundaba y corrían peligro.

24 Entonces los discípulos se acercaron y lo despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro! ¡Perecemos! Y Él despertó y reprendió al viento y a la furia del agua, y cesaron, y sobrevino inmediatamente la calma.

25 Y les dijo: «¿Dónde está vuestra fe?, ¿tantos milagros me habéis visto hacer y aún no habéis creído con todo vuestro corazón en mí?» Y llenos de miedo, se maravillaron diciéndose unos a otros: ¿Quién es éste? ¡Porque aun a los vientos y al agua manda, y le obedecen!

Terapia del endemoniado, 8:26-40.

26 Y navegaron hacia la región de los gerasenos, que está frente de Galilea.

27 Y al llegar a tierra, salió al encuentro un hombre de la ciudad que tenía demonios, y desde hacía mucho tiempo andaba desnudo, no se vestía ni vivía en casas, sino entre los sepulcros.

28 Al ver a Jesús, se puso a gritar y se postró ante Él, gritando a gran voz: ¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego, ¡no me atormentes y no me encierres desde ahora al terrible Hades!

29 Porque Jesús mandó al espíritu inmundo salir del hombre, porque durante mucho tiempo se había apoderado de él, y aunque atado con cadenas y grillos para ser custodiado, rompía las cadenas y era conducido por el demonio a lugares desiertos.

30 Jesús le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: “Legión”, porque habían entrado muchos demonios en este hombre.

31 Y los demonios le rogaban que no les mandara ir al abismo, a las profundidades del Hades.

32 Y había allí una piara de muchos cerdos paciendo en el monte; y le rogaron que los dejara entrar en ellos; y los dejó. (En realidad deberían ser castigados los dueños de los cerdos, con la pérdida de los cerdos, porque los apacentaban y los alimentaban, a pesar de la prohibición por la ley de Moisés).

33 Saliendo entonces del hombre, los demonios entraron en los cerdos, y la piara se precipitó por el despeñadero al lago, y se ahogó.

34 Al ver lo sucedido los pastores de los cerdos, huyeron y lo contaron en la ciudad y en los caseríos.

35 Salieron entonces a ver lo sucedido, y fueron adonde Jesús, y encontraron al hombre de quien habían salido los demonios sentado a los pies de Jesús, vestido y en su sano juicio; y se llenaron de miedo.

36 Y los que lo vieron, les contaron cómo el endemoniado había sido liberado.

37 Y toda la multitud de alrededor de los gerasenos le rogó que se alejara de ellos, porque estaban sobrecogidos de un gran miedo. Como se sentían culpables tenían miedo a más castigos. Y Jesús entrando en una barca, regresó.

38 Y el hombre de quien habían salido los demonios le rogaba estar con Él; pero le mandó a su casa en paz, diciendo:

39 Vuelve a tu casa, y cuenta lo que ha hecho Dios contigo. Y él fue proclamando por toda la ciudad cuán grandes cosas le había hecho Jesús con él.

Resurrección de la hija de Jairo y la terapia de la mujer con hemorragia, 8:41-56.

40 Al regresar Jesús, la multitud entusiasmada le dio la bienvenida, porque todos lo estaban esperando.

41Y he aquí llegó un hombre que era jefe de la sinagoga, cuyo nombre era Jairo; y postrándose a los pies de Jesús, le rogaba que fuera a su casa,

42 porque tenía una hija única, como de doce años, y se estaba muriendo. Y mientras Él iba, las multitudes lo apretujaban,

43 y una mujer que padecía hemorragia desde hacía doce años, la cual había gastado toda su fortuna en los médicos sin que ninguno pudiera curarla,

44 acercándose por detrás, se agarró del borde de su manto; e inmediatamente cesó la hemorragia.

45 Y dijo Jesús: ¿Quién me ha tocado? Y negándolo todos, dijo Pedro y los discípulos que estaban juntos allí: Maestro, las multitudes te apretujan y te oprimen y tú dices: ¿Quién se agarró de mí?

46 Pero Jesús dijo: Alguien se agarró de mí, porque percibí que ha salido una dinamis (milagrosa potencia y energía) de mí.

47 Entonces la mujer, viendo que no había pasado inadvertida, se acercó temblando, y después de postrarse ante Él, confesó delante de todo el pueblo por qué lo había tocado, y cómo había sido curada al instante.

48 Él entonces le dijo: Ánimo, hija mía, tu fe te ha psicoterapiado, curado y salvado. Ve en paz y alegre sin ninguna inquietud y sufrimiento que antes tenías por tu enfermedad.

49 Estando Él aún hablando, llega uno de la casa del jefe de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto. No molestes más al Maestro.

50 Pero Jesús, al oírlo, le respondió: No temas; solamente sigue creyendo y será salva y sana tu hija.

51Y entrando en la casa, a nadie permitió entrar consigo, sino a Pedro, a Juan y a Jacobo, y al padre y a la madre de la joven.

52 Y todos lloraban y lamentaban por ella. Pero Él dijo: No lloréis, porque no está muerta, está dormida.

53 Y se reían de Él, sabiendo bien que la hija había muerto.

54 Pero Él, tomando su mano, clamó, diciendo: ¡Niña, levántate!

55 Y su espíritu volvió, y al instante se levantó; y ordenó que se le diera de comer.

56 Y sus padres se asombraron, pero Él les encargó no decir a nadie lo sucedido.

 

Capítulo 9: La misión de los doce, 1-10. Multiplicación de los panes, 11-17. La confesión de Pedro, 18-27. La Metamorfosis, 28-36. Terapia del joven endemoniado, 37-43. Segundo anuncio de la pasión, 44-46. Quien sería el mayor, 46-50. Negación de los Samaritanos a recibirle, 51-56. Los tres discípulos inestables, y exigencias para seguirle, 57-62.

 

La misión de los doce, 9:1-10.

9:1 Después de convocar a los doce, les dio dínamis (potencia y energía) poder y autoridad sobre todos los demonios, y de psicoterapiar y sanar enfermedades físicas, psíquicas y espirituales o demoníacas.

2 Y los envió a proclamar la realeza increada de Dios y a psicoterapiar y sanar a los enfermos, y así por los milagros sea confirmada la enseñanza de ellos.

3 Y les dijo: No toméis nada para el camino: ni bastones, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni dos túnicas.

4 En cualquier casa en que entréis, quedaos allí todo el tiempo de vuestra estancia hasta que dejéis aquella ciudad.

5 Y dondequiera que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies, como testimonio contra ellos.

6 Ellos pues, recorrieron una por una las aldeas, anunciando las buenas nuevas, psicoterapiando y curando los enfermos por todas partes.

7 También el tetrarca Herodes se enteró de todo lo que hacía; y estaba desconcertado, porque unos decían que Juan ha resucitado de los muertos y hace estos milagros;

8 otros decían que Elías apareció otra vez en la tierra; y de otros se decía que había resucitado un antiguo profeta.

9 Pero Herodes dijo: Yo decapité a Juan, ya no vive. ¿Quién es éste pues, de quien oigo tales cosas? Y procuraba ver a Jesús.

10 Cuando los apóstoles regresaron, le contaron cuanto habían hecho. Y Jesús tomándolos consigo, se retiró aparte a una ciudad llamada Betsaidá.

Multiplicación de los panes, 9:11-17.

11 Pero al darse cuenta las multitudes, lo siguieron, y después de recibirlos, les hablaba acerca de la realeza increada de Dios, y psicoterapiaba curaba y sanaba a los que tenían necesidad de terapia.

12 Al comenzar a declinar el día, se acercaron los doce y le dijeron: Despide a la multitud, para que vayan a las aldeas y a los caseríos del contorno a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar solitario.

13 Pero Él les dijo: Dadles vosotros de comer. Ellos dijeron: No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para todo este pueblo.

14 Porque eran como cinco mil hombres (sin contar mujeres y niños). Entonces dijo a sus discípulos: decidles que se sienten en grupos de cincuenta.

15 Y lo hicieron así, haciéndolos sentar a todos.

16 Tomando entonces los cinco panes y los dos peces, alzó los ojos al cielo, para agradecer al Padre, y bendijo los panes. Después los partió en trozos, y los iba dando a los discípulos para que lo distribuyeran a la multitud.

17 Y todos comieron y se saciaron, y de lo que había sobrado se recogieron doce cestos de trozos.

La confesión de Pedro, 9:18-27.

18 Aconteció que un día estaba orando a solas, los discípulos estaban con Él, y les preguntó: ¿Quién dicen la gente que soy yo?

19 Y ellos respondiendo, dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros que eres algún profeta de los antiguos que ha resucitado.

20 Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy yo? Respondiendo Pedro, dijo: el Cristo/Mesías de Dios, al cual el Dios ha ungido y le mandó como salvador del mundo.

21 Pero Él, con mandamiento riguroso, les ordenó no hablar esto a nadie,

22 y añadió: el hijo del hombre tiene que padecer muchas cosas, y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas-gramatís, y ser matado y resucitado al tercer día.

23 Y a todos decía: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo y de su pecado, y tome su cruz cada día y sígame, y que piense que vivirá y actuará teniendo a mí como ejemplo.

24 Porque cualquiera que quiera salvar su vida o psique-alma, la perderá, y cualquiera que pierda su vida por mí, salvará su psique-alma y vida, en la vida eterna.

25 Porque, ¿qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si se pierde o se destruye a sí mismo con la eterna condena y el infierno?

26 Porque el que se avergüence de mí y de mis logos, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su doxa-gloria luz increada, y la del Padre y de los santos ángeles, como juez de todos.

27 En verdad os digo: Hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que vean la realeza increada de Dios. (Es decir, que se constituya la Iglesia durante el día del Pentecostés por el Espíritu Santo con mucha dinamis potencia y energía y se expanda en todo el mundo conocido entonces).

La Metamorfosis, 9:28-36.

28 Como ocho días después de estos logos, sucedió que tomando a Pedro, a Juan y a Jacobo, subió al monte a orar.

29 Y mientras oraba, se transformó el aspecto de su rostro, y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente.

30 Y he aquí dos hombres hablaban con Él, los cuales eran Moisés y Elías,

31 quienes, habiéndose aparecido en esplendor glorioso, hablaban del éxodo, de su partida de este mundo, la cual, de acuerdo con las profecías, Él estaba a punto de cumplir en Jerusalén.

32 Y Pedro y los que estaban con él se encontraban cargados de sueño, pero habiéndose sacudido el sueño, vieron su doxa-gloria luz increada, y a los dos hombres que estaban con Él.

33 Y sucedió que al tiempo que ellos se apartaban de Él, dijo Pedro a Jesús: Maestro, que bien se está aquí, bueno es quedarnos aquí y hacer tres tiendas de cabaña, una para ti, y otra para Moisés y otra para Elías, sin entender claramente qué es lo que decía.

34 Y diciendo Pedro estas cosas, apareció una nube que los cubrió con su sombra, y Pedro y los otros dos discípulos, se asustaron al entrar en aquella nube paradójica, la cual era una señal de la presencia de Dios como otra vez antiguamente al monte Sinaí.

35 Y de la nube vino una voz que decía: ¡Este es mi Hijo unigénito, el amado, a él oíd y obedeced!

36 Y al venir la voz, Jesús se quedó solo; y los tres discípulos callaron el acontecimiento, y en aquellos días nada dijeron a nadie de las cosas que habían visto.

Terapia del joven endemoniado, 9:37-43.

37 Al día siguiente, aconteció que bajando del monte, les salió al encuentro una gran multitud.

38 Y he aquí un hombre de la multitud clamó diciendo: Maestro-Didáskale, te ruego que veas atentamente a mi hijo, que es mi unigénito, el único que tengo;

39 porque he aquí un espíritu maligno se apodera de él y de repente da alaridos y lo convulsiona con espumarajos, y a duras penas se aparta de él, dejándolo extenuado.

40 Y he rogado a tus discípulos que lo echaran fuera, pero no pudieron.

41 Entonces Jesús respondió y dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros y os soportaré? ¡Tráeme aquí a tu hijo!

42 Y cuando el joven se acercaba a Jesús, el demonio aun lo tiró por tierra y lo convulsionó; pero Jesús reprendió al espíritu inmundo, sanó al muchacho, y lo devolvió a su padre.

43 Y todos estaban asombrados de la grandeza de Dios. Mientras todos estaban maravillados de todas las cosas que hacía Jesús, dijo a sus discípulos:

Segundo anuncio de la pasión, 9:44-46

44 Vosotros os entusiasmáis fácilmente y formáis una opinión falsa sobre mí; poned atención a estos logos que os voy a decir, porque el hijo del hombre está a punto de ser entregado en mano de los hombres, según la voluntad de Dios, para torturarlo y matarlo.

45 Pero ellos no entendían el significado y sentido de este logos, y este logos quedó encubierto en ellos para que no lo entendieran; porque aún no habían recibido la iluminación del Espíritu Santo y temían preguntarle el significado sobre este logos.

Quien sería el mayor, 9:46-50.

46 Surgió entonces una meditación y discusión entre ellos sobre quién sería el más grande de ellos en el reinado de la realeza increada de Cristo.

47 Pero Jesús con su omnisciencia divina vio claramente esta meditación egoísta del corazón de ellos, y tomó a un niño y lo puso de pie junto a sí mismo,

48 y les dijo: el que recibe y acoge a este niño en mi nombre o a uno de estos hombres humildes y sencillos que parecen a este niño, a mí recibe y acoge, y el que me recibe a mí, recibe al Padre que me envió en el mundo; porque quien se hace humilde y se comporta como el más pequeño entre vosotros, ése será grande en el reinado de la realeza increada de los cielos.

49 Y tomando la palabra Juan, dijo: Maestro, vimos a uno echando fuera demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no sigue con nosotros.

50 Jesús le dijo: No se lo prohibáis, porque el que no está contra vosotros, está a favor de vosotros.

Negación de los Samaritanos a recibirle, 9:51-56.

51 Aconteció que al cumplirse los días después de las cuales se haría su ascensión a los cielos, Él decidió resueltamente ir a Jerusalén donde sufriría su terrible pasión.

52 Y envió mensajeros delante de sí, y al ir, entraron en una aldea de samaritanos para preparar el alojamiento que iban a quedar.

53 Pero no lo recibieron, porque su aspecto era como del que iba a Jerusalén, ciudad enemiga de ellos.

54 Viendo esto los discípulos Jacobo y Juan que los enviados vuelven expulsados, dijeron con enfado: Señor, ¿quieres que digamos que descienda fuego del cielo y los consuma, tal como en otros tiempos hizo Elías?

55 Pero volviéndose Jesús, los reprendió y dijo: “no conocéis aún de qué espíritu sois; es decir, no sois hombres del espíritu de la ira y del castigo, el que predominaba en el Antiguo Testamento, sino del espíritu de la agapi y del perdón, el que psicoterapia, sana y salva;

56 el hijo del hombre no ha venido a condenar psiques-almas a la destrucción y perdición, sino a psicoterapiarlas, redimirlas y salvarlas y se fueron a otra aldea.

Los tres discípulos inestables, y exigencias para seguirle, 9:57-62.

57 Y mientras iban por el camino, alguien le dijo: Señor, te seguiré adondequiera que vayas.

58 Jesús le dijo: «Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza, y cada uno que me sigue será sometido, igual que yo, en privaciones y sacrificios».

59 Y dijo a otro: «¡Sígueme!» Pero él dijo: «Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre y después te seguiré»

60 Y Jesús le dijo: «Deja que los muertos espiritualmente entierren a sus muertos, (porque quería protegerlo de los follones por la herencia, que por costumbre suceden después de la muerte del padre) y tú anda junto mis otros discípulos y proclama la realeza de Dios».

61 Un tercero le dijo: «Te seguiré, Señor; pero primero permíteme que me despida de los de mi casa».

62 Y dijo Jesús: «Ninguno pone la mano en el arado y mira atrás, no puede arar el terreno; así también cada uno que asume a trabajar como alumno y apóstol mío y vuelve atrás a los suyos y a los hombres de este mundo, no es apto para el reinado de la realeza increada de Dios».

 

Capítulo 10: La misión de los setenta, 1-16. Apocalipsis divinas a los niños, 17-24. El mandamiento más importante, 25-29.La parábola del buen Samaritano, 30-37. Martha y María, 38-42.

 

La misión de los setenta, 10:1-16.

10:1 Después de estas cosas, el Señor designó a otros setenta, y los envió de dos en dos delante de él, a toda ciudad y lugar adonde Él pensaba ir después.

2 Y les decía: En verdad la mies para la siega es mucha, y los obreros pocos, es decir, muchos los que tienen buena disposición y voluntad de oír el Evangelio, pero los obreros del Evangelio son pocos. Rogad pues al Señor de la mies, para que envíe obreros para la siega de su mies.

3 ¡Id ahora como obreros del Evangelio! Pero encontraréis dificultades e impedimentos. He aquí yo os envío, como corderos en medio de lobos.

4 No llevéis cartera, ni alforja, ni sandalias excepto las que lleváis puestas; y no paréis a saludar a nadie a en el camino, como acostumbran los Hebreos.

5 En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: ¡La paz de Dios sea a esta casa!

6 Y si hay allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros.

7 Y quedaos en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que sea de parte de ellos, porque vosotros sois obreros espirituales y es justo que por este trabajo recibáis por lo menos el alimento; porque el obrero es digno de su salario. No andéis de casa en casa.

8 Y en cualquier ciudad donde entréis y os reciban, comed lo que os pongan delante sin pedir nada especial y mejor,

9 y psicoterapiad y curad a los enfermos que haya en ella y decidles: la realeza increada de Dios se ha acercado a vosotros, la que el Cristo/Mesías vino a instalar en la οικουμένη icumeni-toda tierra habitada.

10 Pero en la ciudad donde entréis y no os recibieren, salid a sus plazas y decid a la gente que estará allí reunida:

11 Os sacudimos aun el polvo de vuestra ciudad que se nos pegó a los pies; pero sabed esto: la realeza increada de Dios ha llegado y está entre vosotros.

12 Os digo que en aquel día del gran juicio será más tolerable el castigo para Sodoma, que el castigo para aquella ciudad.

13 ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se hicieron en vosotras, haría tiempo que se hubieran arrepentido y vuelto en metania sus habitantes, y en testimonio de metania y arrepentimiento, sentados en la tierra, en vez de vestido, vestirían saco y en vez de perfume en la cabeza, pondrían ceniza.

14 Por tanto, en el juicio será más tolerable la situación para Tiro y Sidón que para vosotras.

15 Y tú, Capernaum, que has sido exaltada y glorificada hasta el cielo, caerás y te hundirás en las profundidades del Hades.

16 El que os escucha a vosotros, me escucha a mí, y el que os rechaza, me rechaza a mí, y el que me rechaza, rechaza al que me envió como salvador del mundo.

Apocalipsis divinas a los niños, 10:17-24.

17 Regresaron los setenta y dos con mucha alegría, diciendo: Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre apenas lo imploramos.

18 Les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo; es decir, desde que comencé mi obra veía al Satanás ser desnudado de su poder tiránico y se ser derrumbado y destruido a la velocidad de un rayo de las alturas de su dominio.

19 He aquí, yo ahora os doy poder de pisar encima de serpientes y escorpiones y el poder de aniquilar toda dinamis fuerza y energía del enemigo, sin que nada os dañe y perjudique, es decir, del diablo por todas estas malas astucias y artimañas que inventará contra vosotros.

20 Pero no os alegréis por esto, de que los espíritus se os someten, sino alegraos y regocijaos de que vuestros nombres están inscritos en los cielos, en la realeza increada de Dios.

21 En aquella misma hora Jesús se regocijó y sintió profunda alegría en su psique-alma y corazón y dijo: ¡Te agradezco y te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra! porque escondiste estas cosas de los que se consideran sabios y entendidos y las revelaste a niños o a estos discípulos míos sencillos y humildes que parecen como niños delante de los sabios del mundo. Sí, Padre, porque así lo quiso tu justa y bondadosa voluntad.

22 Y girando hacia los discípulos, dijo: “Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre, y como hombre tomé también de él todo poder, porque soy también Dios como el Padre; y nadie conoce exactamente y plenamente quién es el Hijo sino el Padre, ni quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera apocaliptar-revelar.

23Y volviéndose a los discípulos aparte, les dijo: Bienaventurados y dichosos vuestros ojos que ven las cosas que veis,

24 porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver las cosas que vosotros veis, y no las vieron, y oír las cosas que oís, y no las oyeron.

El mandamiento más importante, 10:25-29.

25 Y, he aquí, un doctor de la ley se levanta con la intención de tentarlo, le dijo: “Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?”

26 El  Señor entonces le dijo: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lo percibes tú que lees la ley?»

27 Y el maestro de la ley le contestó: en la ley está escrito que: “amarás al Señor tu Dios de todo corazón, y con toda tu psique-alma, y con toda la fuerza de tu voluntad y con toda tu mente y espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo”.

28 Jesús le dijo: «has respondido correctamente. Haz esto, y vivirás, heredarás la vida eterna».

29 Pero el maestro de la ley, avergonzado porque se demostró que puso a Jesús una pregunta sobre la cual la respuesta era conocida, queriendo justificarse, dijo a Jesús: “¿Y quién según la Escritura debo considerar como mi prójimo y amarlo como a mí mismo?”

La parábola del buen Samaritano, 10:30-37.

30 Respondiendo Jesús, dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales después de desnudarlo y golpearlo, se fueron dejándolo medio muerto.

31 Y por coincidencia, un sacerdote bajaba por aquel camino, y al verlo herido, pasó por el lado opuesto sin ofrecerle ninguna ayuda.

32 Igualmente un levita, al llegar junto al lugar y al verlo, dio un rodeo y pasó de largo impávido.

33 Pero un samaritano que iba de camino, se acercó a él, y al ver al herido medio muerto, se compadeció de él;

34 se acercó, vendó con atención sus heridas echando aceite y vino, y poniéndolo sobre su propia cabalgadura, lo llevó a una posada, y cuidó de él.

35 Y al día siguiente, al partir, sacó dos denarios, los dio al posadero, y le dijo: Cuídalo, y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.

36 Entonces el Señor preguntó al maestro de la ley: ¿Quién de estos tres te parece que llegó a ser prójimo y hermano del que cayó en manos de los ladrones?»

37 Y él dijo: “El que se compadeció de él”. Entonces Jesús le dijo: «Ve y haz tú lo mismo. (Haz el bien con agapi-amor desinteresado e incondicional, sean Judíos o Samaritanos, sean amigos o enemigos).»

Martha y María, 10:38-42.

Mientras los discípulos y el Señor iban camino adelante, llegó en una aldea, y una mujer de nombre Marta lo acogió en su casa.

39 Marta tenía una hermana llamada María, la cual, sentada a los pies del Señor, escuchaba los logos de su enseñanza.

40 Pero Marta que andaba atareada y absorbida por los muchos servicios que hacía para atender dignamente al maestro, parándose en un momento, dijo: Señor, ¿no te parece que mi hermana me dejó sola para preparar y servir la comida para ti y tus discípulos? Dile pues que me ayude.

41 Pero el Señor, respondiendo, le dijo: «Marta, Marta, te ocupas, te cansas y te apuras para preparar muchas cosas;

42 pero sólo una cosa es necesaria e indispensable, el alimento espiritual, el que yo ofrezco, y María escogió la parte mejor, la espiritual la cual no le será quitada nunca a nadie; porque los beneficios de los alimentos espirituales son eternos e irreducibles.»

 

Capítulo 11: La oración del Señor, 1-13. La blasfemia de los Fariseos, 14-27. Los judíos piden una señal a Jesús, 29-32. La luz de la psique-alma, 33-36. Refuta e inspecciona la hipocresía de los Fariseos y de los Gramatís-Escribas, 37-54.

 

La oración del Señor, 11:1-13.

11:1 Estando Jesús en un lugar orando, cuando terminó, sucedió que uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos”.

2 Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre; Venga en nosotros tu realeza increada (o la jaris del Espíritu Santo); hágase tu voluntad tal como en el cielo también en la tierra;

3 El pan nuestro el sobre-esencial o espiritual y también el natural, dánoslo hoy.

4 Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe y ha sido injusto con nosotros; y no permitas que caigamos en tentación, sino protegemos del  astuto maligno, el diablo.

5 También les dijo: ¿suponed que uno de vosotros tiene un amigo, y acude a él a media noche, y le dice: Amigo, préstame tres panes,

6 porque un amigo ha llegado a mí de viaje, y no tengo qué darle de comer;

7 y aquél, respondiendo desde adentro, diga: No me molestes; la puerta ya ha sido cerrada y mis niños están conmigo en la cama y no puedo levantarme a dártelos

8 Os digo que, aunque no se levante para darle los panes por ser su amigo, al menos para que deje de molestarle, se levantará y le dará todo lo que necesite.

9 Y yo os digo: Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad a la puerta de la divina agapi-amor desinteresado, y se os abrirá.

10 Porque todo el que pide de Dios, recibe, y el que busca, encuentra, y al que llama a la puerta de Dios, se le abre.

11¿Y a cuál de vosotros, como padre, si su hijo le pide un pescado, le dará en lugar de un pescado una serpiente?

12 O si le pide un huevo, ¿le dará un escorpión?

13 Pues si vosotros, siendo astutos malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu bondadoso (la jaris/gracia, energía increada) a los que se lo pidan? (¿Si dará el bien sublime y grandísimo, no es lógico y correcto que dará los bienes materiales, que incomparablemente son de valor mucho más pequeño?)

La blasfemia de los Fariseos, 11:14-28.

14 Aconteció que el momento que el Señor acabando de expulsar un demonio que había dejado mudo al paciente, el mudo habló, y las multitudes se asombraron y se maravillaron.

15 Pero algunos de ellos decían que Éste echa a los demonios en cooperación con el Beelzebul, el príncipe de los demonios.

16 Otros, para tentarlo y con el propósito de presentarle al laós-pueblo de que no puede hacer grandes milagros, demandaban de Él una señal grande del cielo, (como el fuego que bajó Elías del cielo y como el maná que Moisés con la oración cayó desde el cielo a los hambrientos israelitas).

17 Pero Él, conociendo sus pensamientos e intenciones, les dijo: Todo reinado dividido en grupos enemigos combatiendo uno contra el otro es asolado, y cuando una familia se divide con enemistad contra sí misma cae y se disuelve.

18 Y si Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo se sostendrá su reinado? ¿Porque decís que en cooperación con el Beelzebul yo echo fuera los demonios?

19 Y si yo echo fuera los demonios en colaboración con la fuerza de Beelzebul, ¿por quién y con qué fuerza los echan fuera vuestros hijos espirituales? Por esto, ellos serán vuestros jueces y os condenarán por vuestra doble cara.

20 Pero, si con la fuerza del dedo de Dios echo fuera los demonios, entonces es señal que ha llegado a vosotros la realeza increada de Dios.

21 Cuando el fuerte, bien armado, guarda su propio palacio, están seguros sus bienes;

22 pero si llega uno más fuerte que él y lo vence, le quita su armadura en la cual confiaba, y reparte todos sus bienes. (Así también yo como absolutamente más fuerte que el Satanás, le venzo y libero a los que tenía encarcelados como propiedad suya en su corte y además doy autoridad a mis discípulos hacer lo mismo).

23 El que no está conmigo con todo su corazón, está contra mí, y el que conmigo no recoge y no conduce a mis ovejas a los campos de pasto espiritual, éste desparrama como lobo sanguinario.

24 Cuando un espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos buscando reposo, es decir, como el hombre sediento que pasa entre lugares secos sin agua y vanamente busca reposo; y al no encontrarlo, dice: regresaré a mi casa, es decir, al hombre de donde me expulsaron.

25 Y al regresar, encuentra la casa barrida, ordenada y adornada; es decir, encuentra al hombre perezoso física y espiritualmente, desidioso y ocupado de cosas mundanas, sin preparación, sin práctica y sin trabajo espiritual.

26 Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores y más astutos que él mismo y, entrando, habitan ya permanentemente allí, y lo postrero de aquel hombre llega a ser peor que lo primero. (O sea que, los que se han liberado de los demonios y por la jaris energía increada de Dios recibieron el perdón de los pecados y entraron en el camino de la psicoterapia, redención o despertar espiritual y salvación, pues, que anden con cuidado en no dejar la vida nueva de la jaris/gracia increada, porque entonces se harán mucho peor de lo que antes estaban).

27 Mientras decía estas cosas, sucedió que una mujer de la multitud entusiasmada por su enseñanza, alzando la voz, le dijo: “¡Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que mamaste; bienaventurada la madre que te dio a luz y te ha criado!”

28 Él le respondió: «Por supuesto que es bienaventurada mi madre, pero también son bienaventurados y dichosos todos los que escuchan el logos de Dios y lo ponen en práctica, lo obedecen y lo cumplen.»

Los judíos piden una señal a Jesús, 11:29-32

29 Y apelotonándose las multitudes a su alrededor, comenzó a decir: Esta es una generación mala astuta y perversa, que busca una señal, supuestamente para creer, pero no se le dará otra sino la señal del profeta Jonás.

30 Porque como Jonás llegó a ser señal para los ninivitas, así también lo será señal para esta generación el hijo del hombre por su resurrección de entre los muertos, confirmando que realmente él es el redentor de los hombres.

31 La reina idólatra del Sur, la de Arabia, se levantará en el día del gran juicio con los hombres de esta generación y los condenará, porque ella siendo idólatra vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y he aquí en este lugar hay algo incomparablemente más que Salomón, ya que yo no soy simplemente un sabio como aquel, sino la misma encarnación de la Sofía-Sabiduría divina.

32 Varones ninivitas resucitarán en el día del gran juicio con esta generación y la condenarán, porque ellos se arrepintieron por la predicación de Jonás, y he aquí en este lugar hay algo incomparablemente más que Jonás, yoSoy el encarnado Hijo y Logos de Dios, y sin embargo esta generación por mi kerigma no vuelve a la metania y al arrepentimiento.

La luz de la psique-alma, 11:33-36

33 Nadie que enciende una lámpara la pone en un lugar oculto, sino que la pone en el candelero, para que los que entran vean la luz.

34 La lámpara del cuerpo es tu ojo. Cuando tu ojo esté sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz, pero cuando esté malo, también tu cuerpo estará en la oscuridad.

35 Mira, pues, que la luz que hay en ti, la que ha puesto Dios en tu interior o sea la lógica y la conciencia, no sea oscuridad. (Porque entonces aunque la luz existe exteriormente, por muchas enseñanzas altas que escuches no te iluminarás).

36 Por tanto, si todo tu cuerpo está lleno de luz, y no tiene ninguna parte oscura, todo será luminoso, como cuando una lámpara te ilumina con su resplandor. (Cuando la psique-alma y la conciencia no se oscurecen por los pazos, entonces la psique estará llena de la luz increada de CristoDios).

Refuta e inspecciona la hipocresía de los Fariseos y de los Gramatís-Escribas, 11:37-54.

37 Cuando terminó de hablar, un fariseo le rogó que comiera con él; y entrando Jesús se reclinó a la mesa; sin antes lavarse las manos como acostumbraban los Fariseos por razones supuestamente religiosas.

38 Pero el fariseo, observándolo, se extrañó de que no se lavara sus manos primero, antes de la comida.

39 Y el Señor le dijo: vosotros los fariseos limpiáis lo de fuera del vaso o del plato, pero vuestro interior está lleno de rapiña y de maldad. Cumplís sólo los tipos exteriores para aparecer que sois piadosos, laváis vuestras manos y cuerpos, pero vuestra psique-alma está sucia y llena de pazos (patologías, pecados, pasiones, padecimientos, malos hábitos, adicciones y vicios).

40 ¡Insensatos!, ¿El Dios que hizo lo de fuera, es decir el cuerpo, no hizo también lo de dentro, o sea, la psique-alma? ¿Cómo vuestro cuerpo intentáis mantenerlo limpio, en cambio lo más importante, vuestra psique-alma la dejáis sucia, ya que tanto lo uno como lo otro son obras de Dios?

41 Más bien, dad misericordia o caridad a vuestros bienes, y he aquí todo se os hará limpio, también la comida que comeréis a pesar de que antes no habéis lavado las manos.

42 Pero ¡ay de vosotros, los fariseos! Que dais en el templo el diezmo por la menta y la ruda, y de todas las hortalizas, es decir, cumplís detalles insignificantes pero pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Debía hacerse esto, sin descuidar aquello.

43 ¡Ay de vosotros, los fariseos! Que amáis la primera silla en las sinagogas y ser saludados en las plazas.

44 ¡Ay de vosotros gramatís-escribas y fariseos hipócritas! Porque sois como los sepulcros, disimulados, y los hombres que caminan encima de estos no lo saben, sin quererlo se contaminan, de acuerdo con las cosas que escribe la ley. Así también vosotros, por vuestra hipocresía escondéis vuestra maldad, y aquellos que insospechadamente se acercan a vosotros se contaminan y se perjudican.

45 Respondiendo entonces uno de los doctores de la ley, le dice: “Maestro, diciendo estas cosas, ofendes e insultas también a nosotros los doctores de la ley”.

46 Él respondió: ¡Ay también de vosotros, los doctos de la ley! Porque cargáis a los hombres con cargas difíciles de llevar, pero vosotros no tocáis las cargas ni con uno de vuestros dedos. Es decir, habéis inventado mandamientos insoportables para los demás que no las dice la ley de Dios y vosotros encontráis maneras de no cumplirlos.

47 ¡Ay de vosotros que edificáis los sepulcros de los profetas, como de respeto hacia ellos, mientras que vuestros mismos antepasados los mataron y también vosotros tenéis escondidas las mismas intenciones asesinas que vuestros antepasados, los cuales mataron a los profetas!

48 Así que por un lado testificáis y confirmáis que los profetas, como enviados de Dios, son dignos de respeto, y por otro lado, por vuestras praxis y vuestra disposición estáis de acuerdo y aprobáis las obras de vuestros antepasados. Porque ellos mataron a los profetas y vosotros edificáis monumentos en honor de ellos.

49 Por esto, también la sabiduría de Dios dijo: Enviaré a ellos profetas y apóstoles, pero ellos sin metania ni arrepentimiento y endurecidos por la maldad, a unos los matarán y a otros los perseguirán,

50 pero Dios pedirá cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas asesinados desde la creación del mundo;

51 desde la sangre del inocente Abel hasta la sangre de Zacarías, que fue asesinado entre el altar y el santuario. En verdad os digo, que por todos estos crímenes se pedirán cuentas y responsabilidades de esta generación.

52 ¡Ay de vosotros, los doctores de la ley!, porque habéis quitado de los hombres la llave del conocimiento/gnosis, es decir, habéis oscurecido el nus/espíritu de ellos por vuestras falsas enseñanzas y gnosis/conocimientos y los habéis quitado la llave por la que conocerían la verdad y avanzarían hacia la redención y salvación; así vosotros mismos no entráis en la realeza increada de Cristo, y a los que querían entrar se lo habéis impedido.

53 Cuando Él salió de allí, los escribas-gramatís y los fariseos fueron poseídos interiormente de amargura e ira contra él y comenzaron a hostigarlo en gran manera y a provocarlo con preguntas acerca de muchas cosas de la ley,

54 tendiéndole trampas para sorprenderlo y cazar algo de su boca que no sería de acuerdo con la ley y así tener un motivo para acusarlo.

 

Capítulo 12: El Cristo instruye sus discípulos y la multitud, 1-12. Condena de la hipocresía y las preocupaciones materialistas 13-15. La parábola del rico insensato, 16-21. Confianza a la divina Providencia, 22-34. Bienaventurados los que están en guardia y vigilancia, 35-48. La división entre los hombres, por Jesús o contra Jesús, 49-53. Las señales del tiempo, 54-59.

 

El Cristo instruye sus discípulos y la multitud, 12:1-12.

12:1 En esto, juntándose la multitud por millares, tanto que se atropellaban unos a otros, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos y vigilaos de la levadura de los fariseos que es la hipocresía.

2 Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse, ni oculto, que no haya de conocerse.

3 Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas. (Es decir, la verdad del Evangelio que ahora en pocos se dice de un modo místico, secreto, será proclamada claramente en toda la tierra).

4 Yο os digo, amigos míos, que no tengáis miedo de los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer.

5 Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haberos quitado la vida presente, tiene poder de echaros en la vida eterna del infierno; sí, os digo, a éste temed. (A vuestros perseguidores no los tengáis en cuenta, porque el Dios será vuestro protector).

6 ¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos (unos 15 céntimos)? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de los ojos de Dios.

7 Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados, quien observa y conoce hasta los más mínimos detalles de vuestra vida. No temáis, pues, más valéis vosotros que muchos pajarillos.

8 Os digo que todo aquel que me confesare como salvador y Dios delante de los hombres, también el Hijo del Hombre (o el Θεάνθρωπος zeántropos, Dios y hombre) le confesará como fiel delante de los ángeles de Dios;

9 pero el que por vergüenza o miedo me niegue delante de los hombres, también yo lo negaré delante de los ángeles de Dios.

10 A todo aquel que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado. (Es un gran pecado que uno hable mal contra el hijo del hombre, escandalizado por la debilidad de la naturaleza humana, y tendrá el perdón por este pecado, si se arrepiente de verdad. Pero aquel que exprese logos blasfemos contra el Espíritu Santo, y con conocimiento tergiversa sus sanadoras y redentoras energías increadas, no será perdonado nunca; porque por este gran pecado suyo, manifiesta que éste, por la maldad de su corazón, se ha endurecido y ya no hay esperanza que vuelva en la metania y se arrepienta).

11 Cuando os lleven como culpables a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo habéis de decir o qué habéis de responder;

12 porque el Espíritu Santo os inspirará y os enseñará en la misma hora lo que debéis decir.

Condena de la hipocresía y de las preocupaciones materialistas 12:13-15.

13 Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que reparta conmigo la herencia.

14 Él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o repartidor?

15 Y prosiguió: Mirad, tened cuidado y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste ni depende de la abundancia de los bienes y riquezas que posee.

La parábola del rico insensato, 12:16-21.

16 También les dijo una parábola: Las fincas de un hombre rico habían producido mucho.

17 Y él pensaba dentro de sí, meditando: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar las cosechas de mis tierras?

18 Y se dijo: esto haré, derribaré mis graneros, los ampliaré, y allí guardaré todas mis cosechas y mis bienes;

19 y luego diré a mi psique-alma: Psique-alma mía, muchos bienes y riquezas tienes guardados para muchos años; ahora repósate, come, bebe y pásalo bien.

20 Pero cuando lo tenía todo preparado para disfrutar, Dios le dijo: hombre necio, esta noche que creíste que vas a comenzar a disfrutar de la vida buena vienen los demonios a pedirte tu psique-alma; y lo que has acaparado, ¿de quién será?

21 Así le sucederá al que egoístamente amontona riquezas para sí, y no es rico con obras de las que Dios se agrada..

Confianza a la divina Providencia, 12:22-34.

22 Dijo luego a sus discípulos: Por tanto os digo: «No os angustiéis y os preocupéis por vuestra vida pensando qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis.

23 La vida es más que la comida, y el cuerpo más que el vestido. ¿Dios que os ha dado lo superior no os dará lo inferior?

24 Observad los cuervos, que no siembran, ni siegan y no tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves?

25 ¿Y quién de vosotros por mucho que se esfuerce puede añadir a su estatura un palmo o una hora al tiempo de su vida?

26 Pues, si no podéis ni con las cosas más pequeñas, ¿a qué preocuparse de las demás por las que no tenéis ningún poder y autoridad?

27 Mirad y enseñaos de los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; pero yo os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria no se vistió de una prenda tan esplendorosa como uno de los lirios del campo.

28 Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe?

29 Vosotros, pues, no os preocupéis por lo qué habéis de comer o qué beber, ni estéis distraídos y mareados con estas ansiosas inquietudes.

30 Porque todas estas cosas buscan y luchan para adquirirlas las gentes del mundo, los paganos que no han conocido al verdadero Dios, sino que tienen como dioses los ídolos; pero vuestro Padre conoce muy bien que tenéis necesidad de estas cosas y os las dará.

31 Mas buscad la realeza increada de Dios en vuestro interior, y todas estas cosas terrenales os serán añadidas junto con las riquezas espirituales y celestes.

32 No temáis, rebaño pequeño, en comparación con la multitud de los infieles, porque vuestro Padre ha decidido daros la realeza increada de los cielos, (y mucho más, os dará los bienes materiales provisionales y necesarios).

33 Si veis que los bienes materiales se convierten en impedimento para la realeza increada de los cielos, vended todo lo que poseáis, y dad limosna con ello; haceos bolsas que no se gastan ni se envejecen nunca, tesoro inagotable en los cielos que no se pierde, allí donde no entra ningún ladrón, ni roe la polilla.

34 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Bienaventurados los que están en guardia y vigilancia, 12:35-48.

35 Estén preparados y ceñidos vuestros lomos, tened  encendidas vuestras lámparas; es decir, que estéis siempre preparados y en vigilancia para hacer la voluntad de Dios, para adquirir así tesoros en el cielo.

36 y vosotros sed semejantes a hombres o criados que esperan que su señor regrese de las bodas, para abrirle tan pronto como llegue y llame a la puerta.

37 Bienaventurados y dichosos son aquellos siervos a quienes el señor encuentra en vela, cuando venga; de verdad os digo que los hará sentar en la mesa y él mismo se pondrá a servirlos.

38 Si llega a media noche o de madrugada y los encuentra así, os digo que, ¡bienaventurados y dichosos son aquellos siervos!

39 Pero sabed esto, que si supiese el amo de la casa a qué hora iba a venir el ladrón, estaría en guardia y no dejaría que asaltaran su casa.

40 Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no conocéis, el Hijo del Hombre viene, sea por la muerte natural de cada uno o en la Segunda Parusía-Presencia.

41 Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola por nosotros, o por todos?

42 Y dijo el Señor: ¿Quién es pues, el administrador fiel y prudente, que el señor pondrá, para que dé al personal la comida a su hora?

43 Bienaventurado y dichoso es el siervo que si, cuando su señor venga, le encuentre cumpliendo con su deber.

44 En verdad os digo que le pondrá administrador sobre todos sus bienes.

45 Pero, si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir y comenzase a maltratar a los demás criados y criadas, y a comer y beber hasta emborracharse,

46 vendrá el señor de aquel siervo en día que éste menos espera y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá en la calle con los infieles. (Es decir, los pastores y maestros de la Iglesia serán bienaventurados, si a los fieles administran bien el poder espiritual y los carismas que Cristo ha confiado en ellos; si no administran bien y se demuestra que son indignos y usurpadores, serán duramente castigados,).

47 El siervo que sabe lo que su señor quiere y no lo hizo adecuadamente conforme la voluntad del Señor, será severamente castigado, porque en conocimiento ha transgredido la voluntad del Señor.

48 Pero el que sin conocer la voluntad del Señor hizo cosas dignas de castigo, será castigado con menos severidad; porque al que se ha dado mucho o muchos carismas, mucho se le reclamará y al que mucho se le ha confiado, más obras buenas se le pedirá;

La división entre los hombres, por Jesús o contra Jesús, 12:49-53.

49 Yo he venido a echar fuego en la tierra, (es decir, para los hombres de buena y libre voluntad he venido para encenderlos de entusiasmo, celo ardiente y diligencia en sus corazones; y a los de mala voluntad este entusiasmo y celo será fuego de odio contra mí y mis fieles), ¿y qué más quiero, si este fuego ahora ya se ha encendido?

50 Yo tengo que recibir el bautismo del martirio y dolor; ¡y estoy con anhelo y me angustio hasta que se cumpla y sea proclamado y extendido en todo el mundo el fuego de la fe y del celo divino!

51 ¿Pensáis que he venido para dar paz falsa e hipócrita en la tierra como lo imaginan los hebreos? Os digo que no, sino a provocar división, por la cual división, responsables serán los hombres malos astutos, viles y sin metania, no arrepentidos ni convertidos.

52 Porque de aquí en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos, y dos contra tres.

53 Estará dividido el padre no creyente contra el hijo creyente, y el hijo no creyente contra el padre creyente; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra, los miembros infieles de la familia contra los miembros fieles.

Las señales del tiempo 12:54-59

54 Decía también a la multitud: Cuando veis una nube levantarse por poniente, decís: Lluvia viene; y así sucede.

55 Y cuando sopla el viento del sur, decís: Hará calor; y así sucede.

56 ¡Hipócritas! Sabéis interpretar y distinguir los signos del cielo y de la tierra que anuncian el tiempo, ¿y cómo no sabéis interpretar y distinguir los signos del tiempo presente, que todos los signos o señales presentan como época o tiempo de la llegada del Mesías)?

57¿Y por qué no razonáis y juzgáis con sano juicio por vosotros mismos lo que es justo (es decir, que ya es tiempo para que volváis a la metania y os convirtáis para encontrar la sotiría sanación, redención y salvación?)

58 Cuando vayas al magistrado con tu adversario, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel.

59 Te digo que no saldrás de allí, hasta que hayas pagado aun el último céntimo. (Es decir, reconciliaos con el Dios por la metania, que es cambio de mentalidad, conversión, arrepentimiento y confesión, antes de que sea sacada de Él la decisión condenatoria para vosotros).

 

Capítulo 13: Matanza en Galilea por Pilatos y metania, 1-5. La parábola de la higuera sin frutos, 6-9. La terapia de la mujer encorvada, 10-17. La parábola de la semilla de mostaza, 18-22. El camino estrecho, 23-30. La amenaza de Herodes, 31-35.

 

Matanza en Galilea por Pilatos y metania, 13:1-5.

13:1 En este mismo tiempo que estaba hablando el Señor, llegaron algunos anunciándole que Pilatos con sus soldados había matado a unos galileos, mezclando su sangre con la de las víctimas que ofrecían en sacrificio.

2 Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos?

3 Os digo: No; porque los demás galileos también son pecadores; antes si no volvéis a la metania, os arrepentís, os confeséis y os convertís, todos pereceréis igualmente (porque el ejército romano estaba preparado para atacarlos y degollarlos).

4 O creéis que aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más pecadores y culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén?

5 Os digo: No; antes si no volvéis a la metania, os arrepentís, os confeséis y os convertís, todos pereceréis igualmente.

La parábola de la higuera sin frutos, 13:6-9.

6 Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar higos en ella, y no los encontró.

7 Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿por qué va a ocupar inútilmente la tierra?

8 Él entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone;

9 Y si da fruto el año que viene, bien; y si no, la cortarás después. (El Dios aceptando la súplica de su Hijo espera la metania del pecador, es decir, conversión, arrepentimiento y confesión, y las buenas obras como fruto espiritual. Pero si el pecador permanece endurecido y sin metania, entonces será castigado por Dios. Esto ocurrió con los hebreos, los cuales simbolizaba la higuera que no hacía frutos).

La terapia de la mujer encorvada, 13:10-17.

10 Un sábado enseñaba Jesús en una sinagoga;

11 y había allí una mujer que estaba poseída de un espíritu inmundo, que la tenía enferma desde hacía dieciocho años, estaba encorvada, y de ninguna manera podía enderezarse.

12 Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad.

13 Y puso las manos sobre ella; y ella al instante se enderezó y después glorificaba a Dios.

14 Pero el jefe de la sinagoga, indignado y enojado de que Jesús había curado en Sábado que es el día de reposo, dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en esos días laborables, pues, venid y curaos, y no vengáis en sábado el día de reposo.

15 Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? Esto no lo consideráis como transgresión del día de reposo del Sábado, y es muy correcto.

16 Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura terrible y depresiva en sábado?

17 Al decir estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios; pero todo el pueblo se regocijaba y se alegraba por todas las cosas gloriosas hechas por Señor.

La parábola de la semilla de mostaza, 13:18-22.

18 Decía también a la gente: ¿A qué es semejante la realeza increada de Dios, y con qué la compararé?

19 Es semejante a un grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su huerto; y creció, y se hizo árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas. (Pequeña e insignificante parece la Iglesia de Cristo; pero crecerá y se expandirá por toda la tierra con multitudes innumerables de hombres).

20 Y volvió a decir: ¿A qué compararé la realeza increada de Dios?

21 Es semejante a la levadura, que una mujer toma y esconde en tres medidas de harina, hasta que fermenta toda la masa. (La realeza increada de Dios parece pequeña, pero tiene enorme potencia y energía increada para amasar poco a poco la humanidad y transformarla en mejor).

El camino estrecho, 13:23-30

22 Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando el evangelio, y encaminándose a Jerusalén alguien le dijo:

23 “Señor, ¿son pocos los que se salvan?” Y le respondió:

24 «Esforzaos a entrar a la realeza increada de Dios por la puerta estrecha, por el camino que requiere esfuerzos y sacrificios; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán conseguirlo, porque no tendrán firme la decisión de luchar.

25 Una vez que el amo de la casa se haya levantado y cerrado la puerta, os quedaréis fuera, y comenzaréis a llamar a la puerta, diciendo: ¡Señor, Señor!, ábrenos; y él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois, no os conozco. (Puerta abierta, para que entremos en la realeza increada de Dios, es la vida presente. Pero cuando la muerte la cierre, sobre todo en la Segunda Parusía-Presencia, entonces ya será tarde y no se volverá a abrir para los pecadores sin metania que no se han convertido, confesado y arrepentido).

26 Entonces comenzaréis a decir: hemos comido y bebido contigo, y en nuestras plazas tú has enseñado y te seguimos.

27 Pero él os dirá: no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad y agentes de injusticias.

28 Allí estando alejados de la realeza increada de Dios, en el eterno infierno, será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en la realeza increada de Dios, mientras que vosotros sois echados fuera.

29 Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la majestuosa mesa de la realeza increada de Dios.

30 Y he aquí, hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos. He aquí un acontecimiento inesperado y paradójico sucederá entonces. Aquí en la tierra y entre vosotros existen algunos que son anónimos, considerados pequeños e insignificantes, sin embargo ellos por su fe y virtud serán primeros en la realeza increada de Dios. Los pecadores y los paganos que creerán, tomarán grandes axiomas en la realeza increada de Dios; en cambio, muchos del pueblo hebreo, que se consideraban como escogidos de Dios, serán los últimos».

La amenaza de Herodes, 13:31-35.

31 Aquel mismo día llegaron unos fariseos, diciéndole: Sal de aquí de esta región y vete, porque Herodes te quiere matar.

32 Y les dijo: Id, y decid a aquella persona vil y maligna como una zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día terminaré mi obra.

33 Sin embargo, es necesario que hoy y mañana y pasado mañana siga mi camino hacia Jerusalén; no me matará Herodes aquí, porque no puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén.

34 ¡Jerusalén, Jerusalén, ciudad pecadora y sin metania, que apedreas y matas a los profetas que te son enviados por Dios! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisisteis!

35 he aquí que vuestra casa se queda abandonada de Dios y desprotegida vuestra ciudad con su templo; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.

 

Capítulo 14: Comida en la casa de un Fariseo y el hidrópico curado en Sábado, 1-14. La parábola de la cena grande, 15-24. Las obligaciones de los discípulos del Señor, 25-35.

 

Comida en la casa de un Fariseo y el hidrópico curado en Sábado, 14:1-14.

14:1 Cuando un sábado el Señor, habiendo entrado para comer en casa de un gobernante, que era fariseo, éstos le acechaban por si hiciera algo ilegal.

2 Y he aquí estaban delante de él un hombre hidrópico (sediento o ansioso).

3 Entonces Jesús habló a los intérpretes de la ley y a los fariseos, diciendo: ¿Es lícito curar en el Sábado, día de reposo? Pero ellos quedaron callados.

4 Y Jesús lo agarró de la mano, lo psicoterapió, lo curó, y lo despidió.

5 Y conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: ¿Quién de vosotros, si su hijo o su buey caen en algún pozo, no lo sacará inmediatamente, aunque sea sábado?

6 Y no le podían replicar a estas cosas, porque sabían muy bien la injusticia por parte de ellos.

7 Jesús al observar que los invitados escogían los primeros asientos a la mesa, para avisarlos que tengan cuidado de su egoísmo por el que ellos buscaban los primeros puestos, dijo a los convidados esta parábola:

8 Cuando seas convidado por alguno a una boda, no te sientes en el primer asiento, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por el dueño,

9 y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces tengas que ir avergonzado a ocupar el último puesto.

10 Por el contrario, cuando seas invitado, ponte en el último puesto, para que cuando venga el que te invitó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces te verás honrado delante de todos los que se sientan contigo a la mesa.

11 Porque cualquiera que se enaltece pidiendo honores y primeros puestos, será humillado; y el que se humilla a sí mismo, será enaltecido.

12 Dijo también al que le había invitado: Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a invitar, y seas recompensado de los hombres y no de Dios. Los malos también hacen lo mismo, buscan recompensa por parte de los hombres.

13 Cuando des un banquete y recibes invitados, invita a los pobres, a los mancos, a los cojos y a los ciegos;

14 y serás bien aventurado y dichoso; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en aquel gran día de la resurrección de los justos o de los (cuerpos) muertos.

La parábola de la cena grande, 14:15-24.

15 Oyendo esto uno de los que estaban sentados a la mesa con él, le dijo: Bienaventurado y dichoso el que participe en el convite de la realeza increada de Dios.

16 Entonces Jesús le dijo la siguiente parábola: Un hombre daba una gran cena, y convidó a muchos.

17 Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya está preparado todo.

18 Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado un terreno, y necesito ir a verlo; te ruego que me excuses no puedo participar en la cena.

19 El segundo dijo: He comprado cinco pares de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que excuses mi ausencia.

20 Y otro dijo: Acabo de casarme, por tanto no puedo ir.

21 Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces el amo enojado, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae a los pobres, a los mancos, a los cojos y a los ciegos.

22 Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay sitio.

23 Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, e insiste a la gente a entrar, para que se llene mi casa.

24 Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, probará mi cena. (Los convidados principales son los jefes espirituales de Israel y los demás hebreos, pero absorbidos en sus intereses materiales y sus vanaglorias, negaron la invitación de Cristo y por sí mismos fueron rechazados del reinado de la realeza increada de los cielos. En cambio los publicanos, los pecadores y los despreciados por los intelectuales escribas-gramatís y los fariseos, aceptaron con humildad y agradecimiento la invitación y así se convirtieron en miembros gloriosos del reinado de la Realeza increada de los cielos.)

Las obligaciones de los discípulos del Señor, 14:25-35.

25 Grandes multitudes iban con él;  y volviéndose hacia ellos, les dijo:

26 Si alguno viene a mí para ser mi discípulo, y no aborrece y no deja a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, si ellos son impedimento en la nueva vida y aun también su propia vida cuando la ocasión lo requiera sacrificarla, no puede ser mi discípulo.

27 Y el que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.

28 Porque ¿quién de vosotros, si quiere edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene suficiente para terminarla? Antes de que os hagáis discípulos míos examinad muy bien si podéis seguirme como yo quiero.

29 No sea que después que haya puesto los cimientos, y no puede acabar la obra, todos los que lo vean la obra medio acabada comiencen a burlarse de él, diciendo:

30 Este hombre comenzó a edificar, y no pudo terminar la obra.

31¿O qué rey, si va a ir a la guerra contra otro rey, no se sienta antes a considerar si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil?

32 Y si no puede, cuando el otro rey está todavía lejos, le envía una embajada y le pide que negocien la paz.

33 Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee y por mi nombre no corta todo vínculo que puede mantenerle lejos de mí, no puede ser mi discípulo.

34 Buena es la sal; (Cada discípulo mío está llamado a hacerse sal espiritual dentro en la sociedad). Pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se sazonará?

35 No sirve ni para la tierra, ni es útil para abono, se tira. El que tiene oídos (espirituales) para escuchar, que escuche, entienda y acepte lo que digo.

 

Capítulo 15: Murmuración de los Fariseos, 1-2. La parábola de la oveja perdida, 3-7. La dracma perdida, 8-10. El hijo pródigo 11-32.

 

Murmuración de los Fariseos, 15:1-2.

15:1 Mientras pasaba por varios lugares, se acercaban todos los publicanos y los pecadores con interés para oír sus enseñanzas,

2 y los fariseos y los escribas-gramatís murmuraban y lo criticaban entre ellos, diciendo: Éste acoge con mucha simpatía a los pecadores y en concreto come con ellos.

La parábola de la oveja perdida, 15:3-7.

4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve solas, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?

5 Y cuando la encuentra, se la pone sobre su hombro lleno de alegría;

6 y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: alegraos conmigo, porque he encontrado mi oveja perdida.

7 Os digo que así habrá más alegría en el cielo por un pecador que se vuelve a la metania, se convierte, se confiesa y se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan metania, arrepentimiento, conversión y confesión. (Así también se alegra Dios y los ángeles).

La dracma perdida, 15:8-10.

8 ¿O qué mujer que tiene diez dracmas (monedas helénicas-griegas), si pierde una, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con atención hasta encontrarla?

9 Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: alegraos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido.

10 Os digo que así se alegran los ángeles de Dios por un pecador que se vuelve a la metania, se confiesa, se arrepiente y se convierte.

El hijo pródigo 11-32.

11 También dijo: Un hombre tenía dos hijos;

12 y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y el padre les repartió su fortuna.

13 No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí derrochó y gastó toda su fortuna haciendo una mala vida.

14 Y cuando se lo había malgastado todo, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a padecer necesidad y tener hambre.

15 Y por el hambre que sufría, fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a sus tierras a guardar cerdos.

16 Y deseaba llenar su estómago de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie de los siervos le daba, porque estaban destinadas para los cerdos.

17 Y un día volviendo en sí, en su sano juicio, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan y comidas, y yo aquí me muero de hambre!

18 Resucitado o despertado espiritualmente se dijo a sí mismo, me iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo ante Dios y sus ángeles, y contra ti. (Aquí la palabra ἀναστὰς anastás la traduzco literalmente: resucitado o al haber resucitado, o despertado espiritualmente, en vez de levantado o al levantarse; expresamente el divino escritor pone el verbo ανασταίνω anasteno resucitar en vez de εγείρω eguíro levantar; y por mi experiencia personal así la he vivido esta parábola hasta en los comas y los acentos que no me sobra nada)

19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo y llevar tu honorable nombre; tenme como a uno de tus jornaleros.

20 Y al haber resucitado o despertado espiritualmente, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, su padre que desde mucho tiempo lo esperaba y siempre miraba con anhelo a la calle, lo vio, se conmovió, se compadeció de él y corrió a su encuentro, y se echó con mucho cariño  sobre el cuello de su hijo, y le cubrió de besos.

21 Y el hijo quebrantado y conmovido, le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.

22 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad inmediatamente el mejor traje, y ponédselo; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies para que no ande descalzo.

23 Y traed el ternero cebado y matadlo, y celebremos un banquete y deleitemos todos por este acontecimiento agradable;

24 porque este mi hijo estaba muerto espiritualmente, y ha resucitado o despertado espiritualmente y revivido; se había perdido, y ha sido encontrado. Y comenzaron todos a festejarlo. (Cuando un pecador que antes había abandonado a Dios, haciendo el ridículo y hundido al desprecio derrochó los divinos regalos en el pecado, y se vuelve con sinceridad a la metania, se arrepiente, y regresa al Padre, vuelve a tomar la adopción y su primera posición, entonces los Ángeles y los justos están llamados de Dios a alegrarse y deleitar).

25 Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas;

26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello que sucedía.

27 Él le dijo: Tu hermano ha vuelto y tu padre se alegró mucho y ha hecho matar el ternero cebado, por haberle recibido sano.

28 Entonces se enojó, y no quería entrar. Su padre salió para convencerlo y con cariño le rogaba entrar.

29 Pero él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para celebrar y gozar con mis amigos.

30 Pero cuando vino este tu hijo, que ha derrochado tus bienes con rameras, has hecho matar para él el ternero cebado.

31 Entonces el padre le dijo: ¡Hijo mío, tú  siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas y nunca te he privado de nada!

32 Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano estaba muerto espiritualmente, y ha resucitado o despertado espiritualmente y revivido; estaba perdido, y lo hemos hallado. (Se enfadaban los arrogantes y altaneros Fariseos cuando veían al Señor recibir con cariño a los pecadores que volvían a la metania arrepentidos y proclamándolos ciudadanos del reinado de su realeza increada. Los Fariseos y sus semejantes, siendo ególatras e interesados, honraban a Dios sólo exteriormente y típicamente, y se alejaban ellos mismos de la agapi-amor desinteresado e incondicional de Dios y de la alegre comunión con los ciudadanos del reinado de la realeza increada de los cielos).

 

Capítulo 16: La parábola del administrador infiel, 1-12. El uso de la riqueza, 13-18. La parábola del rico y del pobre Lázaro, 19-31.

 

La parábola del administrador infiel, 16:1-12.

16:1 Decía también a sus discípulos, para condenar la avaricia, codicia por la que estaban dominados los Fariseos: «Había un hombre rico que tenía un administrador, y éste fue acusado ante él como malversador de sus bienes.

2 Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Dame cuenta de tu administración, porque quedas despedido, ya no serás más mi administrador.

3 Entonces el administrador dijo para sí: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la administración. Cavar ya no puedo; mendigar, me da vergüenza.

4 Ya sé lo que haré cuando se me expulsen de la administración, para que me reciban otros hombres conocidos en sus casas.

5 Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo?

6 Él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu recibo, siéntate pronto, y escribe cincuenta.

7 Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Y él dijo: Cien coros de trigo, unos cuatro mil quinientos kilos. El administrador le dijo: Toma tu recibo, y escribe que debes ochenta, unos tres mil quinientos kilos.

8 Y alabó el amo al administrador infiel por haber actuado con sagacidad; porque los hijos de este siglo son más sagaces en sus relaciones que los hijos de la luz. (Porque los hombres pecadores de este mundo, para asegurar sus intereses, quieren demostrar que son más buenos, más prudentes y más provisores que los hijos de la luz increada, es decir, de aquellos que han sido iluminados por la verdad de Dios).»

9 Y yo os digo: Imitad la manera de hacer amigos del administrador infiel. Los que tenéis grandes fortunas, las cuales por regla general se adquieren con injusticia, mientras habéis vuelto en la metania, es decir, conversión, confesión y arrepentimiento, haced obras buenas con este dinero injusto; y con vuestras buenas obras adquirid amigos, para que cuando os vayáis de este mundo, los amigos os reciban en las tiendas de cabaña de la vida eterna.

10 El que es fiel en lo muy poco, es decir, en la riqueza material que utiliza para obras buenas, también en lo más es fiel o sea, en la riquezas espirituales y celestes; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto, es decir, en la mucha e inestimable riqueza espiritual.

11 Pues si en el dinero y en las riquezas que injustamente habéis adquirido no fuisteis fieles, ¿quién os confiará los bienes verdaderos y eternos de la realeza increada de Dios?

12 Y si no habéis sido fieles en lo ajeno, ¿quién os dará lo que es vuestro? Es decir, si a la riqueza material que es ajena a vuestra naturaleza espiritual, que no se convierte nunca en riqueza eterna y firme, y es adquirida solo provisionalmente por el injusto mamonás-mamón dinero no fuisteis dignos de confianza, entonces la riqueza espiritual que el Dios ha destinado como eterna propiedad vuestra, ¿quién os la dará? Pues, nadie.

El uso de la riqueza, 16:13-18.

13 Ningún siervo puede servir a dos señores; porque odiará a uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No es posible que seáis a la vez siervos de Dios y del mamonás el dios mamón dinero y el materialismo.

14 Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él, porque ellos creían que las riquezas son donación honorífica de Dios hacia ellos.

15 Entonces les dijo: «Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos y os presentáis como justos delante de los hombres; pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres por hipocresía tienen por sublime, delante de Dios es abominación y odiado.

16 La ley con sus prefiguraciones y los profetas con sus profecías, instruyeron a los hombres hasta Juan el Bautista y ahora han concedido su posición a la nueva época, tiempo de la Jaris/Gracia increada; desde la época o tiempos de Juan Bautista la realeza increada de Dios es anunciada claramente; y todos que desean su salvación, se quebrantan por incorporarse en el reinado de la realeza increada.

17 Pero más fácil es que pasen y se destruyan el cielo y la tierra, que se caiga una sola letra o tilde de la ley, es decir, ni siquiera el más pequeño mandamiento de la ley será neutralizado y perderá su prestigio y validez.

18 Todo el que se divorcia de su mujer, y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con la divorciada del marido, también comete adulterio».

La parábola del rico y del pobre Lázaro, 16:19-31.

19 Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía espléndidamente cada día banquetes muy costosos.

20 Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta del rico, lleno de llagas,

21 y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; hasta los perros venían y le lamían las llagas de su cuerpo.

22 Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles en el seno de Abraham, es decir, al paraíso donde Abraham junto con los justos deleitan y reposan; y murió también el rico, y fue sepultado con pompa y grandeza, pero su psique-alma bajó al Hades, al infierno.

23 Y estando en tormentos en el Hades alzó sus ojos y vio de lejos a Abraham y a Lázaro en su seno o golfos/bahías.

24 Entonces él, que había mostrado tanta dureza e indiferencia cuando vivía en la tierra, ahora gritando, dijo: Padre Abraham, ἐλέησόν με eleisónme ten misericordia/compasión de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado terriblemente en esta llama del Hades.

25 Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste, disfrutaste y deleitaste continuamente a lo máximo tus bienes en tu vida, y Lázaro, por el contrario, los males, la pobreza y la enfermedad; pero ahora éste, por su paciencia en el tiempo de su tribulación, es consolado disfrutando y deleitando aquí, y tú eres atormentado allí continuamente a causa de la egolatría, de la crueldad y de la dureza de tu corazón.

26 Y no es sólo esto, entre nosotros y vosotros hay un gran abismo, de tal manera que los que quisieren pasar de aquí para allá a vosotros no pueden, ni los de allá pueden pasar aquí a nosotros

27 Entonces el rico le dijo: Te ruego, pues, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre,

28 porque tengo cinco hermanos, para que les testifique lo que aquí ocurre, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento.

29 Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; ¡que los escuchen!

30 Él entonces dijo: No, padre Abraham; que si alguno de entre los muertos va a verlos, volverán a la metania y se arrepentirán.

31 Abraham contestó: Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso aunque alguno resucitara de los muertos. (Cuando falta la buena voluntad y predisposición, ni siquiera el mayor milagro puede conducir a la fe y a la metania.)

 

Capítulo 17: La enseñanza de Jesús sobre escándalos, perdón, fuerza de la fe y obligaciones y humildad al servir, 1-10. Los diez leprosos, 11-19. La realeza de Dios y la venida del Hijo del hombre, 20-37.

 

La enseñanza de Jesús sobre escándalos, perdón, fuerza de la fe y obligaciones y humildad al servir, 17:1-10.

17:1 Y decía Jesús a sus discípulos: Es inevitable que no vengan escándalos, tropiezos y tentaciones dentro de este mundo pervertido y corrompido; mas ¡ay de aquel por quien viene escándalo y hace tropezar al débil!

2 Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos o simples y humildes que creen en mí.

3 Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano peca contra ti, repréndele con amor fraternal; y si se arrepintiere, perdónale su falta y error.

4 Y si siete veces al día peca contra ti, y siete veces al día vuelve a ti, diciendo: Me arrepiento; debes perdonarle.

5 Dijeron los apóstoles al Señor: Acrecienta nuestra fe, de modo que cuando vengan los escándalos, las tentaciones y los tropiezos poder vencerlos y con todo nuestro corazón poder perdonar a los hermanos.

6 Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.

7 Aunque realicéis este tipo de milagros, no olvidéis que sois siervos de Dios y no os enorgullezcáis y ensalcéis por eso. ¿Porque quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: pasa, siéntate a la mesa a comer?

8¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú?

9 ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no.

10 Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, porque simplemente hicimos lo que debíamos hacer.

Los diez leprosos, 17:11-19.

11 Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.

12 Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos, porque la ley de Moisés prohibía a los leprosos acercase a los sanos,

13 y levantaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ἐλέησον ἡμᾶς eleísón nos ten misericordia/compasión de nosotros!

14 Cuando Jesús los vio, les dijo: Id y mostrar vuestros cuerpos a los sacerdotes, para que confirmen ellos oficialmente vuestra terapia. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados y curados de la lepra.

15 Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz,

16 y se postró rostro en tierra a los pies de Jesús, dándole gracias; y éste era samaritano.

17 Respondiendo Jesús, dijo: ¿No han sido diez los limpiados y sanados? Y los otros nueve, ¿dónde están?

18 ¿No hubo quien volviera a dar gracias y gloria a Dios sino este que era extranjero?

19 Y le dijo: Levántate, anda; tu fe te ha curado tu cuerpo y psicoterapiado y salvado tu psique-alma. (Y el agradecimiento a Dios nos hace dignos incluso de más grandes donaciones por su parte).

La realeza de Dios y la venida del Hijo del hombre, 17:20-37.

20 Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir la realeza increada de Dios, les respondió y dijo: “La realeza de Dios no vendrá con advertencia, ni con observación de señales exteriores de modo que llame la atención a los hombres,

21 ni dirán los hombres: está aquí, o allí; porque en realidad la realeza increada de Dios está aquí entre y dentro de vosotros, pero no lo habéis percibido.

22 Y dijo a sus discípulos: Tiempo vendrá cuando desearéis ver uno de los días del hijo del hombre, y no lo veréis, porque yo ya me habré marchado y no estaré ya con vosotros de una forma sensible.

23 Y os dirán: está aquí el Cristo, o allí. No vayáis, ni sigáis al que os traiga esta falsa información.

24 Porque de la misma manera que el relámpago al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será cuando el hijo del hombre de repente venga en el día de su gloriosa segunda parusía-presencia.

25 Pero antes de que venga con toda Su gloria como juez, primero según la voluntad de Dios es necesario que padezca mucho, y sea desechado por esta generación.

26 Como sucedió en los días de Noé, así también será en los días que vendrá el hijo del hombre.

27 Comían, bebían, fornicaban y se daban en casamiento, sin importarles nada de lo que les decía Noé, hasta el día en que entró Noé en el arca, y de repente vino el diluvio y los destruyó a todos.

28 Pasará lo mismo que sucedió también en los días de Lot; entonces también los hombres, comían, bebían, fornicaban, tenían relaciones homosexuales, compraban, vendían, plantaban, edificaban, sin pensar para nada a Dios;

29 pero el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos.

30 Así será el día de la segunda parusía-presencia en que se apocaliptará-revelará con toda su doxa-gloria luz increada el hijo del hombre.

31 En aquel día de la ira de Dios, (es decir, cuando las tropas romanas se vayan acercando para destruir a Jerusalén), el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a recogerlos; y el que esté en el campo, no vuelva atrás a buscar nada.

32 Acordaos de la mujer de Lot, que se convirtió en columna de sal, sólo por girar su cabeza para ver lo qué sucede en Sodoma.

33 Todo el que procure salvar su psique o vida, la perderá; y todo el que la pierda, la salvará; es decir, el que vivirá apegado a los bienes materiales por asegurar su vida, la perderá, y el que pierda su vida por permanecer fiel en su deber, en realidad la mantendrá, porque asegurará la vida eterna.

34 Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno el fiel será tomado (y llevado por los ángeles en la realeza increada), y el otro el infiel será dejado (para ser castigado).

35 Dos mujeres estarán moliendo juntas; una será tomada, la fiel y será salvada, y la otra dejada, la incrédula dejada para castigo.

36 Dos estarán en el campo; uno será tomado, el fiel para ser salvo y el otro dejado, el incrédulo para ser castigado.

37 Y respondiendo los discípulos, le dijeron: ¿Dónde, Señor se harán estas cosas? Él les dijo: Donde estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán también las águilas para tragarlos. (Donde están los muertos éticamente y espiritualmente, allí caerán también los castigos).

 

Capítulo 18: La parábola del juez injusto, 1-8. La parábola del Fariseo y del publicano, 9-14. Jesús bendice los niños, 15-17. El joven rico, 18-34. La terapia del ciego de Jericó, 35-43.

 

La parábola del juez injusto, 18:1-8.

18:1 Jesús para enseñar a sus discípulos a orar siempre sin desfallecer, les dijo la siguiente parábola:

2 Había en una ciudad un juez, que no respetaba ni temía a Dios, y tampoco tenía vergüenza a los hombres.

3 Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia y protégeme de mi enemigo, quien es injusto conmigo.

4 Pero el juez durante algún tiempo no quiso; pero después de esto, como continuaba molestándole, dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo vergüenza a los hombres,

5 sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia para que me deje en paz y no me moleste más.

6 Y dijo  el Señor: Oíd bien lo que dijo el juez injusto.

7 ¿Y acaso el Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche, aunque en muchos casos tarda en responder (con el propósito de apoyarlos en la fe y a los injustos llamarlos en metania, confesión, arrepentimiento y conversión)?

8 Os digo que pronto Dios les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre para hacer justicia, ¿encontrará esta fe viva en la tierra, que les estará sosteniendo para que no se desvíen y desfallezcan de la oración?

La parábola del Fariseo y del publicano, 18:9-14.

9 A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola:

10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano.

11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano;

12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.

13 Y el publicano, al contrario, se quedó a distancia y no se atrevía ni alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, perdóname, ten compasión de mí que soy un pecador.

14 Os digo que, éste, el menospreciado por el Fariseo, volvió a su casa perdonado, absuelto de sus pecados y justo ante el Dios, y el Fariseo no; porque cualquiera que se enaltece, será humillado y condenado por Dios; en cambio el que se humilla y se hace humilde, será enaltecido y glorificado por Dios.

Jesús bendice los niños, 18:15-17.

15 Traían a él los niños para que les impusiera las manos y bendecirlos; lo cual viendo los discípulos, les reprendieron para que no molestaran al maestro con asuntos pequeños e insignificantes.

16 Y Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los que son como ellos en sencillez y bondad es el reinado de la realeza increada de los cielos.

17 Amín, amín, de verdad en verdad os digo, que el que no recibe la realeza increada de Dios con la sencillez y confianza de un niño, no entrará en ella.

El joven rico, 18:18-34.

18 Un hombre distinguido le preguntó: Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?

19 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno?, ya que me consideras como un hombre simple; Ninguno hay bueno, el único bueno es el Dios.

20 Sabes los mandamientos: No cometerás adulterio; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre.

21 Él dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud.

22 Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, así tendrás tesoro en el cielo, después, ven y sígueme como discípulo mío fiel y obediente.

23 Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico y apegado a sus riquezas.

24 Al ver Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reinado de la realeza increada de Dios los que tienen riquezas y dinero!

25 Porque es más fácil pasar un kámilon (cuerda gorda que atan los barcos) por el pequeño agujero que abre una aguja, que entrar un rico en la realeza increada de Dios.

26 Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién, pues, podrá salvarse? Ya que todos más o menos nos enredamos con el dinero, nos autoengañamos y somos atraídos por él.

27 El Señor les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.

28 Entonces Pedro dijo: “Señor, he aquí, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”.

29 Y él les dijo: «os aseguro que no hay nadie que haya dejado casa, padres, hermanos, mujer e hijos, a causa de la realeza increada de Dios,

30 sin que reciba mucho más en este tiempo de su vida terrenal, y en el siglo venidero la vida eterna».

31 Tomando Jesús a los doce, les dijo: «he aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las profecías escritas por los profetas acerca del hijo del hombre.

32 Porque el hijo del hombre será entregado a los gentiles y paganos, y será burlado, insultado y escupido.

33 Y después que le hayan azotado, le matarán; y al tercer día resucitará».

34 Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y este logos del maestro les quedó encubierto, y no entendían el significado.

La terapia del ciego de Jericó, 18:35-43.

35 Aconteció que acercándose Jesús a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando;

36 y al oír el ruido de la multitud que pasaba, preguntó qué sería aquello que oía.

37 Y le informaron que pasaba el Jesús de Nazaret.

38 Entonces gritaba, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ἐλέησόν με-eléison me ten misericordia/compasión de mí, ayúdame, sáname y alíviame!

39 Y los que iban delante le reprendían para que callase y no molestase al Maestro; pero él clamaba mucho más: ¡Jesús, Hijo de David, ἐλέησόν με-eléison me ten misericordia/compasión de mí!

40 Jesús entonces, deteniéndose, mandó que lo trajeran; y cuando se acercó, le preguntó:

41 «¿Qué quieres que te haga?» Y él dijo: “Señor, que reciba la vista”.

42 Jesús le dijo: «Recíbela, la fe, que tienes en mi, te ha sanado de la ceguera».

43 Y luego vio, y le seguía, glorificando a Dios; y todo el pueblo, cuando vio aquello, dio alabanza a Dios. La gente de libre buena voluntad agradecen, glorifican y alaban a Dios también para el bien que se hace a los demás.

 

Capítulo 19: El Zakeo, 1-10. La parábola de las monedas, 11-28. Entrada triunfal del Señor en Jerusalén, 29-44. Expulsión de los vendedores del templo, 45-48.

 

El Zakeo, 19:1-10.

19:1 Y habiendo entrado en Jericó, iba pasando por la ciudad.

2 Y he aquí un varón llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico,

3 procuraba ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era pequeño de estatura.

4 Corriendo entonces adelante, se subió a un sicómoro para ver a Jesús, porque estaba a punto de pasar por aquella calle.

5 Cuando Jesús llegó al lugar, miró hacia arriba y le dijo: Zaqueo, baja de prisa, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa.

6 Y él se apresuró y bajó, y lo recibió con mucha alegría.

7 Pero al verlo, todos murmuraban, diciendo: Entró a hospedarse con un hombre pecador.

8 Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres, y si algo he defraudado a alguno, lo restituyo cuadruplicado.

9 Jesús viendo su verdadera metania, le dijo: Hoy ha venido salvación a esta casa, por cuanto él también es hijo de Abraham, quien recibió la promesa de Dios para la salvación de sus descendientes;

10 porque el hijo del hombre vino a buscar y a salvar al hombre perdido pecador, semejante a la oveja perdida.

La parábola de las monedas, 19:11-28.

11 Mientras la gente estaban escuchando estas cosas, propuso una parábola, ya que estaba cerca de Jerusalén, y porque ellos pensaban que la realeza increada de Dios iba a ser manifestada inmediatamente con toda su gloria.

12 Dijo pues: «Un hombre de la nobleza partió para un país lejano a recibir para sí un reinado o una realeza, y regresar.

13 Y llamando a diez de sus siervos, les dio diez monedas de gran valor (más o menos cien dracmas monedas griegas de aquella época), y les dijo: Negociad con este dinero hasta que venga y me daréis cuentas.

14 Pero sus conciudadanos lo odiaban, y enviaron tras él una delegación, diciendo: No queremos que éste llegue a reinar sobre nosotros.

15 Después de recibido la realeza, sucedió que él regresó y ordenó que le llamaran a aquellos siervos a los cuales había entregado el dinero, para saber qué había negociado y cuánto había ganado cada uno.

16 Llegó el primero, diciendo: Señor, tu dinero ha producido diez monedas.

17 Le dijo: ¡Bien hecho, buen siervo! Por cuanto en lo muy poco fuiste fiel, ten autoridad sobre diez ciudades.

18 Y llegó el segundo, diciendo: Señor, tu dinero ha producido cinco veces más.

19 También dijo a éste: Tú también manda en cinco ciudades.

20 Y el otro llegó, diciendo: Señor, aquí está tu moneda, que he tenido guardada en un pañuelo.

21 Porque te temía, pues eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste y siegas lo que no sembraste.

23 ¿Por qué pues no diste mi dinero al banco, para que viniendo yo lo demandara con los intereses?

24 Y a los presentes les dijo: ¡Quitadle la moneda, y dadla al que tiene las diez monedas!

25 Y le dijeron: ¡Señor, ya tiene diez monedas!

26 Os digo que a todo el que tiene los carismas o dones y los cultiva y los usa como es debido, le será dado, pero al que no tiene ni la mínima obra buena, aun lo que tiene le será quitado, y también el pequeño carisma que tiene.

27 Y a aquellos enemigos míos que no quisieron que yo llegara a reinar sobre ellos, ¡traedlos acá y decapitadlos ante mi presencia!

28 Y habiendo dicho esto, seguía adelante subiendo a Jerusalén.

Entrada triunfal del Señor en Jerusalén, 19:29-44.

29 Y aconteció que cuando se acercó a Betfagé y Betania, cerca del llamado monte de los Olivos, envió a dos de los discípulos,

30 y les dijo: «Id a la aldea de enfrente, al entrar en ella, hallaréis un pollino atado en que ningún hombre se ha montado aún; desatadlo y traedlo.

31 Y si alguien os pregunta: ¿Por qué lo desatáis? diréis así: Porque el Señor tiene necesidad de él».

32 Yendo entonces los enviados, encontraron como les había dicho,

33 y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: “¿Por qué desatáis el pollino?”

34 Ellos dijeron: Porque el Señor tiene necesidad de él.

35 Y lo llevaron a Jesús, y echando sus mantos sobre el pollino, hicieron montar a Jesús,

36 y mientras avanzaba, la gente que lo seguían, en muestra de respeto, tendían sus mantos en el camino para pasar encima de ellos.

37 Cuando ya se acercaba a la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, se regocijaron y comenzaron a alabar a Dios a gran voz por todos los milagros que habían visto,

38 diciendo: “¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo, y gloria en las alturas a Dios altísimo!”

39 Y algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: “Maestro, reprende a tus discípulos por la gloria que te atribuyen y la que sólo pertenece a Dios”.

40 Respondiendo, dijo: “Os aseguro que si éstos callaran, entonces las piedras clamarían”.

41 Y cuando llegó cerca de Jerusalén y vio la ciudad, lloró sobre ella, diciendo:

42 «¡Oh si tú hubieras conocido, siquiera en este último día, que Dios te da esta gran oportunidad de metania, si conocieras y aceptaras que yo te proporcionaría la paz y la seguridad, te salvarías de esta gran destrucción que te espera! Pero ahora está encubierto de tus ojos, a causa de la no metania y arrepentimiento de tu maldad, tus ojos no pueden ver el desastre que viene.

43 Porque vendrán días terribles en que tus enemigos te rodearán con trincheras, te cercarán y te estrecharán por todas partes y te estarán dañando,

44 y arrasarán tus edificios, matarán a tus hijos y no dejarán de ti piedra sobre piedra, porque no quisiste conocer y aceptar el tiempo en que te ha visitado Dios para salvarte».

Expulsión de los vendedores del templo, 19:45-48.

45 Y entrando en el templo, comenzó a echar fuera a los que allí estaban vendiendo y comprando,

46 diciéndoles: «Está escrito por los profetas: mi casa es casa de oración; pero vosotros la habéis convertido en una cueva de ladrones, robáis y engañáis a los demás con vuestras mentiras y artimañas».

47 Y enseñaba cada día en el templo, pero los sumos sacerdotes y los escribas-gramatís, y los más prominentes del pueblo trataban de prenderlo y aniquilarlo,

48 pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo estaba pendiente de Él, escuchando su enseñanza.

 

Capítulo 20: La autoridad del Señor, 1-8. La parábola de los malos viñadores, 9-19. El tributo al Cesar, 20-26. Pregunta de los Saduceos sobre la resurrección, 27-40. El origen de Cristo, 41-47.

 

La autoridad del Señor, 20:1-8.

20:1 Aconteció en uno de aquellos días, mientras enseñaba y evangelizaba al pueblo en el templo, se le enfrentaron los sumos sacerdotes y los escribas-gramatís y los ancianos,

2 y dirigiéndose a Él, le dijeron: Dinos ¿con qué clase de autoridad haces estas cosas?, ¿o quién es el que te ha dado poder a echar los comerciantes del templo?

3 Respondiendo, les dijo el Señor: «Yo también os haré una pregunta, y respondedme vosotros como maestros que sois:

4 El bautismo de Juan, ¿era del cielo por mandato de Dios o invención de los hombres?»

5 Entonces ellos meditaban entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, es decir, de Dios, dirá: ¿por qué no le creísteis?

6 Y si decimos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará, porque están convencidos de que Juan era profeta.

7 Y respondieron que no sabían de dónde era el bautismo de Juan.

8 Jesús les dijo: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas».

La parábola de los malos viñadores, 20:9-19.

9 Comenzó entonces a enseñar al pueblo esta parábola: «Cierto hombre plantó una viña, y la arrendó a unos labradores, y viajó y se ausentó en otro país por una larga temporada.

10 A su debido tiempo envió un siervo a los labradores, para que le dieran la parte de la vendimia, pero los labradores, después de golpearlo, lo despidieron con las manos vacías.

11 Y el señor volvió a enviar otro siervo, pero ellos también a éste, habiéndolo golpeado y maltratado, lo despidieron con las manos vacías.

12 Y volvió a enviar un tercero, y ellos también a éste lo hirieron y lo echaron fuera.

13 Dijo entonces el señor de la viña: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado, al menos a éste lo respetarán.

14 Pero al verlo, los labradores pensaban entre sí, diciendo: Éste es el heredero, matémoslo para que la herencia sea nuestra.

15 Y echándolo fuera de la viña, lo mataron. ¿Qué les hará pues el señor de la viña?

16 Irá, y destruirá a estos labradores, y dará la viña a otros». Al oírlo, algunos de los fariseos que estaban allí, dijeron: ¡Nunca suceda!

17 Pero el Señor, mirándolos fijamente, dijo: «y sin embargo así se hará, ¿qué significa, pues, esto que está escrito: La piedra que desecharon los edificadores, esa llegó a ser cabecera de la esquina/ángulo o piedra del cimiento de todo el edificio?

18 Todo el que caiga sobre esta piedra, será quebrantado; pero sobre el que ella caiga, será aplastado. (El campo del viñedo era el pueblo Israelita, malos labradores eran los soberanos del pueblo, siervos eran los profetas a los que los soberanos del pueblo maltrataron y mataron; hijo del señor del viñedo, es el Hijo de Dios hecho hombre, al que los soberanos del pueblo crucificarían a las afueras de Jerusalén. Y el Dios por justa razón, les quitaría ya la conducción del pueblo, para darla a otros y el Hijo de Dios sería la piedra fundamental o cabecera del cimiento de la Iglesia y los destruiría por tener su corazón duro.)»

19 Entonces los escribas-gramatís y los sumos sacerdotes trataron de echarle mano en aquella hora, porque entendieron que había dicho esa parábola contra ellos, pero temieron al pueblo.

El tributo al Cesar, 20:20-26.

20 Y acechándolo, enviaron espías que aparentaban ser justos, para atraparlo en algún logos, a fin de entregarlo al poder y autoridad del gobernador.

21 Y le preguntaron, diciendo: “Maestro, sabemos que hablas y enseñas rectamente y que no te importa nada el qué dirán, no haces acepción de personas, sino que basado en la verdad enseñas siempre el camino de Dios.

22 ¿Nos es lícito dar tributo a César, o no?”

23 El Señor percibiendo claramente la mala astucia de ellos, les dijo: «¿por qué me preguntáis con mala astucia y queréis meterme en una trampa?

24 Mostradme un denario. ¿De quién tiene imagen e inscripción?» Ellos dijeron: “Del César”.

25 Él les dijo: «Así pues, dad a César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios, es decir, todo vuestro sí mismo con agapi y obediencia en Él».

26 Y no pudieron cazarlo en ninguno de sus logos delante del pueblo, y maravillados por su respuesta, callaron.

Pregunta de los Saduceos sobre la resurrección, 20:27-40.

27 También se acercaron algunos de los saduceos que niegan la resurrección, y le preguntaron,

28 diciendo: “Maestro, Moisés nos prescribió que, si el hermano de alguno muere teniendo mujer sin hijos, que su hermano tome a la mujer y dar descendencia a su hermano.

29 Eran, pues, siete hermanos, y el primero se casó y murió sin hijos.

31 y el tercero también la tomó como esposa, y así también los siete no dejaron hijos y murieron,

32 y finalmente, murió también la mujer.

33 En la resurrección, pues, ¿de cuál de ellos viene a ser mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer legal”.

34 Jesús les dijo: «Los hijos de este siglo se casan y son dados en casamiento.

35 Pero los que han sido dignos de tener parte en el otro mundo y disfrutar de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos, allí ni se casarán ni serán dados en casamiento,

36 pues no pueden ya más morir, porque son semejantes a los ángeles e hijos de Dios, de la resurrección, hijos que no provienen de nacimiento natural sino de la resurrección que el Dios mandará y se realizará.

37 Y en cuanto a que los muertos resucitan, Moisés también lo da a entender y lo anunció en la zarza, cuando llama al Señor como el Dios de Abraham, y Dios de Isaac y Dios de Jacob.

38 Así que no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos viven, porque los que se han ido de la tierra y son para nosotros muertos, para el Dios son vivos y viven cerca y en comunión con él».

39 Respondiendo entonces algunos de los escribas-gramatís, (contrarios de los Saduceos) dijeron: “Maestro, muy bien dijiste”.

El origen de Cristo, 20:41-47.

40 Y ya no se atrevían a preguntarle nada con mala astucia, porque salían perdidos y avergonzados.

41 Entonces Él les dijo a ellos: «¿Cómo dicen que el Cristo/Mesías es descendiente de David?

42 Porque el mismo David dice en el libro de salmos: Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi diestra,

43 hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

44 Si David pues, lo llama Señor ¿cómo es posible que sea sólo descendiente suyo?» (Esta alocución por parte de David, manifiesta que el Mesías no sólo es descendiente de David sino también Dios y Señor.)

45 Y mientras le escuchaba todo el pueblo, dijo a sus discípulos:

46 «Guardaos y tened cuidado de los escribas-gramatís, quienes andan con amplios ropajes y aman las salutaciones en las plazas, y en los primeros asientos en las sinagogas y en los primeros puestos en las cenas;

47 pero devoran las casas de las viudas, y después con piedad hipócrita hacen delante de los hombres largas oraciones. Éstos tendrán un juicio y recibirán condena más severa que los otros pecadores».

 

Capítulo 21: Los dos céntimos de la viuda 1-4. Logos esjatológico: templo arruinado, señales, angustias y persecuciones, 5-19. Señales de la destrucción de Jerusalén y del pueblo hebreo, 20-25. La segunda venida de Cristo, 25-28. Parábola de la higuera, 29-33. Exhortación a la vigilancia de la venida del hijo del hombre, 35-38. 

 

Los dos céntimos de la viuda 21:1-4.

21:1 Y levantando los ojos, vio a los ricos echando sus ofrendas en el gazofilákio arca de las ofrendas,

2 y vio también a una viuda pobre que echaba allí dos céntimos,

3 y dijo: En verdad de verdad os aseguro que esta viuda pobre echó más que todos,

4 porque todos estos echaron las ofrendas de lo que les sobraba, pero ésta viuda, de su indigencia, echó todo el sustento que tenía para vivir.

Logos esjatológico: templo arruinado, señales, angustias y persecuciones, 21:5-19.

5 Mientras algunos le hablaban acerca del templo, cómo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas, dijo:

6 De estas cosas que contempláis, vendrán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida.

7 Y le preguntaron, diciendo: “Maestro, ¿y cuándo, pues, sucederán estas cosas y qué señal habrá cuando estén a punto de realizarse estas cosas?”

8 Él dijo: «Mirad que no seáis engañados de nadie, porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: ¡Yo soy el Mesías y el tiempo está cerca! No vayáis en pos de ellos, porque son falsos profetas.

9 Y cuando oigáis de guerras y revueltas, no os alarméis, porque estas cosas tienen que acontecer primero, según el plan divino, pero el fin no será inmediatamente».

10 Entonces les dijo: «Será levantada nación contra nación y reino contra reino;

11 y habrá grandes terremotos y hambrunas y epidemias o pandemias enfermedades infecciosas de virus, bacterias etc… en diferentes lugares, y sucesos aterradores y grandes señales del cielo.

12 Pero antes de todas estas cosas, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y metiéndoos en cárceles, y seréis llevados como condenados ante reyes y gobernadores única y exclusivamente porque me amáis y creéis en mi nombre.

13 Os será ocasión para buen testimonio para mí e incluso martirio, y para que ganéis la gloria y los premios del martirio.

14 Por tanto, estas cosas ponedlas bien en vuestros corazones, de modo que no penséis de antes lo qué vais a confesar,

15 porque yo os daré espíritu luminoso y sabiduría para que encontréis los logos y conceptos por los que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios.

16 Y seréis entregados aun por padres y hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros.

17 Y seréis odiados de todos por mi nombre,

18 pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá, sin que Dios lo permita, y esto sólo por vuestro beneficio espiritual y la propagación del Evangelio.

19 ¡Ganad vuestras psiques-almas para la vida eterna con vuestra paciencia y perseverancia!

Señales de la destrucción de Jerusalén y del pueblo hebreo, 21:20-25.

20 Y cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que ha llegado el tiempo de su destrucción.

21 Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes, y los que estén en medio de la ciudad, salgan de la región, y los que estén en los campos, no entren en la ciudad.

22 Porque estos son días de venganza, para que se cumplan todas las cosas que han sido escritas, sobre la destrucción de Jerusalén y del pueblo israelita.

23 ¡Ay de las que estén encintas y de las que críen en aquellos días!, porque habrá gran tribulación y calamidad sobre la tierra, y la ira de Dios y de los hombres contra este pueblo.

24 Y caerán a filo de espada, y otros serán llevados cautivos y vendidos como esclavos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por las naciones extranjeras, hasta que se cumpla el tiempo que ha definido Dios para el dominio de Jerusalén por las naciones.

La segunda venida de Cristo, 21:25-28.

25 Y sobre la segunda parusía-presencia habrá fenómenos sorprendentes y señales en el sol, en la luna, y en las estrellas; y sobre la tierra habrá mucha angustia y miedo, desconcierto y desespero de las gentes ante el bramido del mar y del oleaje,

26 desfalleciendo los hombres por el miedo de estas cosas y la expectación de otros males grandes que vendrán sobre la οἰκουμένῃ icumeni tierra habitada, porque las potencias de los cielos que mantienen la armonía del universo, serán sacudidas.

27 Y entonces verán al hijo del hombre viniendo en una nube supra-luminosa con poder y gran doxa-gloria increada.

28 Cuando estas cosas comiencen a suceder, vosotros mis fieles, sin miedo erguíos y levantad vuestras cabezas hacia el cielo, porque vuestra liberación de los males de la vida presente está cerca y la gloriosa redención y salvación en el reinado de la realeza increada de los cielos».

Parábola de la higuera, 21:29-33.

29 Y les contó también una parábola: «Mirad la higuera y todos los árboles.

30 Cuando ya brotan y empiezan a salir hojas, lo veis, y por vosotros mismos sabéis que el verano está cerca.

31 Así también vosotros, cuando veáis que suceden todas estas cosas, sabed que está cerca la realeza increada de Dios, la alegría, la dicha y la bienaventuranza de los justos.

32 De verdad os digo que lo que os dije sobre la terrible destrucción de Jerusalén no pasará esta generación, antes que todo esto haya acontecido.

33 El cielo y la tierra pasarán, pero mis logos no pasarán, se realizarán hasta el último detalle.

Exhortación a la vigilancia de la venida del hijo del hombre, 21:34-38. 

34 Cuidad pues por vosotros mismos, no sea que vuestros corazones queden impasibles y negligentes al logos de Dios y se carguen con glotonería y embriaguez, y con los afanes y preocupaciones de esta vida. Estad en alerta no vaya ser que dentro en el estado de aflojamiento espiritual y mareo, caiga sobre vosotros de repente aquel gran día de la segunda parusía-presencia.

35 Porque realmente el día aquel vendrá como una trampa o lazo y captará desprevenidos todos estos, los cuales despreocupados en la vida pecadora y mundana estarán sentados sobre la faz de toda la tierra.

36 Así que velad y orad en todo tiempo y momento, que Dios os dé fuerza, valor y jaris/gracia energía increada, para poder escapar de todas estas cosas que están por suceder, y estar en pie con ánimo y alegría ante el Hijo del hombre».

37 En aquellos días el Señor enseñaba en el templo de Jerusalén, pero por la noche salía para pasarla en el monte llamado de los Olivos.

38 Y todo el laós-pueblo acudía a Él de mañana en el templo y sus patios para escucharlo.

 

Capítulo 22: La traición de Judas, 1-6. La cena mística, institución de la Efjaristía 7-22. Conversación del Señor después de la cena, 23-38. La agonía de Getsemaní, 39-46. La detención del Señor, 47-54. La negación de Pedro, 55-62. Jesús ante Caifás y al tribunal supremo, 63-71.

 

La traición de Judas, 1-6

22:1 Se acercaba entonces la fiesta de los ázimos, la llamada pascua.

2 Y los sumos sacerdotes y los escribas-gramatís buscaban cómo hacer que lo mataran, porque temían al laós-pueblo.

3 Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era uno de los doce Apóstoles,

4 y él fue a hablar con los sumos sacerdotes, con los escribas-gramatís y con los jefes de la guardia del templo, cómo iba a entregarlos a Cristo.

5 Y se alegraron, y acordaron darle dinero en monedas de plata.

6 Y él se comprometía con todo su corazón que los ayudaría, y buscaba la ocasión para entregárselo a escondidas del laós-pueblo.

La cena mística, institución de la Efjaristía 22:7-22.

7 Llegó entonces el día de los ázimos, en el cual se debería sacrificar el cordero pascual. (El día de ázimos comenzaba al ocaso del Jueves Santo y terminaba al ocaso del Viernes Santo. Durante este tiempo los hebreos debían preparar los panes ázimos, para sacrificar y asar el cordero pascual, de modo que fuera preparado después del ocaso del Viernes Santo, que comenzaba el gran día de la Pascua).

8 y envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, preparadnos la cena de la pascua.

9 Ellos le preguntaron: ¿Dónde quieres que preparemos?

10 Él les dijo: He aquí, al entrar en la ciudad os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidlo hasta la casa donde entre,

11 y diréis al dueño de casa: el Maestro nos manda a decirte: ¿Dónde está la sala en la que voy comer con mis discípulos la de la pascua?

12 Y él os mostrará una sala grande de arriba y alfombrada; preparadla allí. (Es decir, allí preparad la pascua nueva, la del Nuevo Testamento, que yo inauguraré esta noche con vosotros).

13 Y fueron los dos discípulos y encontraron como les había dicho el Señor, y prepararon la pascua.

14 Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los doce apóstoles,

15 y les dijo: «¡Cuán intensamente he deseado comer esta pascua con vosotros antes de padecer, o antes de mi pazos-padecimiento, pasión! (Pero no la pascua hebrea que comienza mañana con el cordero pascual, sino la nueva pascua del Nuevo Testamento, en la que yo celebraré el misterio de la divina Ευχαριστία Efjaristía y os daré como alimento, no el simbólico cordero pascual, sino este mi cuerpo y mi sangre).

16 Porque os digo que esta es mi última pascua y no la comeré ya más con vosotros, hasta que sea cumplida en la realeza de Dios, entonces la comunión y unidad entre nosotros será plena y eterna».

17 Y tomando una copa, después de dar gracias a Dios, dijo: «Tomad este cáliz con el vino y repartidlo entre vosotros, así que beber todos en muestra de la agapi-amor desinteresado e incondicional que nos une.

18 porque os digo que ya no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el reinado de la realeza increada de Dios».

19 Luego tomó pan, y después de dar gracias a Dios, lo partió y se lo dio, diciendo: «Esto es mi cuerpo, que es entregado por vosotros, haced esto en memoria mía». (Esto que os doy ahora no es pan común. Esto es mi cuerpo, el que después de poco es entregado en sacrificio encima de la cruz para la sotiría sanación, redención y salvación de los hombres. Esto hacedlo siempre para que llevéis vivo en vuestra memoria el recuerdo del sacrificio, el que yo ofrezco para la sotiría sanación, redención y salvación, no sólo la vuestra sino también para todo el mundo).

20 Y de la misma manera el cáliz, después de la cena, diciendo: «Este cáliz es el nuevo pacto o alianza sellada con mi sangre, la cual es derramada por vosotros, (esto que contiene la copa no es ya el vino, es el Nuevo Testamento que se sella y se consagra con mi sangre, la que dentro de poco será derramada para vuestra sotiría sanación, redención y salvación).

21 Pero he aquí, mirad la mano del que me entrega, está conmigo en la mesa.

22 Porque el hijo del hombre se va según está determinado; pero ¡ay de aquel hombre por medio del cual es entregado!»

Conversación del Señor después de la cena, 22:23-38.

23 Y ellos comenzaron a preguntarse quién de ellos sería el que iba a hacer esto.

24 Hubo también entre ellos una contienda sobre quién de ellos parecía ser el más grande o primero.

25 Él entonces les dijo: «Los reyes de las naciones las tiranizan, y los que tienen autoridad sobre las mismas son llamados bienhechores por los halagadores y por el pueblo también por necesidad.

26 Pero no así vosotros, sino que el más grande entre vosotros hágase como el más joven; y el que mande, como el que sirve.

27 Porque, ¿quién es más grande, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Pues bien, yo Maestro y Señor vuestro estoy en medio de vosotros como el que sirve.

28 Pero vosotros sois los que habéis perseverado conmigo todo el tiempo en mis tentaciones y persecuciones, y no os habéis tambaleado en la fe;

29 Yo pues os recompensaré por vuestra dedicación y os prometo el reinado de la realeza increada, igual que el  Padre me dio el reinado de la realeza increada y me asignó el axioma de rey,

30 para que comáis y bebáis a mi mesa en mi realeza increada, disfrutando de los bienes de inestimable valor de la vida eterna, y os sentéis en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel».

31Y dijo aún el Señor: «Simón, Simón, he aquí Satanás os reclamó y pidió permiso de Dios para zarandearos como a trigo en el tamiz.

32 Pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe. Y tú, cuando hayas vuelto conmigo arrepentido, apoya y fortalece a tus hermanos con tus logos y con el ejemplo de tu metania y arrepentimiento.

33 Pero Pedro le dijo: Señor, no sólo estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel, sino también a la muerte».

34 Pero el Señor le dijo: «Te aseguro, Pedro, que el gallo no cantará hoy, sin que tú hayas negado tres veces y digas que no me conoces».

35 Y después les dijo: «Cuando os envié sin bolsa ni alforja ni sandalias, ¿os faltó algo?» Y ellos dijeron: “Nada”.

36 Entonces les dijo: «Pero ahora, el que tiene cartera para guardar dinero, tómela; lo mismo también alforja; y el que no tiene espada, venda su manto y cómprela. Es decir, ahora las cosas cambian y debéis ser valientes, provisores y prudentes, porque encontraréis dificultades y tener presente en vuestra mente que seréis rodeados de enemigos; el que tiene una cartera de guardar dinero que se la lleve consigo, porque le hará falta dinero para su mantenimiento; lo mismo haga también el que tiene alforja, que la lleve llena de alimentos; y el que no tiene espada o navaja grande, que venda su vestimenta para comprarla. (Con estos logos no quiero deciros que se os permite por violencia resistir a la violencia y os arméis con armas asesinas para resistir a vuestros enemigos; sino que quiero haceros entender bien que os debéis comportar con serenidad, valor y prudencia; por eso os debéis de armar con las armas espirituales de la fe y de la virtud)

37 Porque os digo que esto debe cumplirse en mí que ha sido escrito por el profeta Isaías: «Y fue incluido entre ladrones y criminales para ser castigado junto con estos inicuos». Y se debe hacer también esto, porque todo lo que se ha profetizado sobre mí ahora toma su fin y su plena realización.

38 Y los discípulos, que no entendieron el sentido alegórico de sus logos, dijeron: Señor, mira, aquí hay dos espadas. Él les dijo: «Basta, hasta aquí, dejemos esta conversación».

La agonía de Getsemaní, 22:39-46.

39 Y saliendo, se fue, según la costumbre, al monte de los Olivos; y lo siguieron también los discípulos.

40 Y cuando llegó al lugar acostumbrado, les dijo: «Orad y rogad a Dios para no caer en la tentación».

41 Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba,

42 diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí esta amarga copa de la Muerte, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya».

43 y se le apareció un ángel del cielo que le reforzaba sus fuerzas corporales físicas que se habían agotado.

44  Y lleno de agonía angustia, oraba más ardiente y extensamente y sudó como gruesas y expensas gotas de sangre que corrían por el suelo.

45 Y cuando se levantó de la oración, yendo a los discípulos, los encontró durmiendo por causa del agotamiento por la tristeza y la angustia,

46 y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, orad para que no entréis en tentación.

La detención del Señor, 22:47-54.

47 Estando Él aún hablando, he aquí llegó una turba, y el llamado Judas, uno de los doce, los precedía, y se acercó a Jesús para besarlo. Porque les había dado como señal que: “al que voy a besar éste es el Jesús”.

48 Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso, con esta muestra de amor traicionas y entregas ahora al hijo del hombre?

49 Entonces los discípulos que estaban con Él, viendo lo que iba a suceder, dijeron: “Señor, ¿nos das permiso a herir con la espada?”

50 Y uno de ellos hirió al siervo del sumo sacerdote y le quitó su oreja derecha.

51 Entonces Jesús tomó la palabra, y dijo: «¡basta, hasta aquí, no más!» Y tomando la oreja, lo sanó.

52 Y dijo Jesús a los sumos sacerdotes, y a los oficiales del templo que habían venido también contra Él: «¿Ηabéis venido con espadas y con garrotes como contra un bandido?

53 Estando yo con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí. Pero ésta es vuestra hora, que permitió Dios como hora vuestra y la potestad de las tinieblas, para realizar vuestra decisión criminal».

54 Después de arrestarlo, lo llevaron en la ciudad y lo introdujeron en la casa del sumo sacerdote. Y Pedro lo seguía de lejos.

La negación de Pedro, 22:55-62.

55 Y los soldados y los sirvientes habiendo encendido un fuego en medio del patio y sentándose juntos alrededor del fuego; y Pedro se sentó en medio de ellos.

56 Entonces una criada, viéndolo sentado junto al fuego, lo miró fijamente y dijo: ¡Éste también estaba con él!

57 Pero Pedro lo negó, diciendo: ¡No lo conozco mujer!

58 Poco después, otro lo vio, y dijo: Tú también eres de ellos. Y Pedro dijo: ¡Hombre, no lo soy!

59 Transcurrió como una hora y otro afirmó rotundamente: seguro que éste andaba con él, pues también es galileo.

60 Pero Pedro dijo: ¡Hombre, no sé lo que dices! Y al instante, estando él aún hablando, cantó el gallo.

61 Y volviéndose el Señor, miró a Pedro, y Pedro se acordó del logos del Señor, cuando le había dicho: Antes que el gallo cante hoy, me negarás tres veces.

62 Y saliendo afuera, Pedro lloró amargamente.

Jesús ante Caifás y al tribunal supremo, 22:63-71.

63 Y los hombres que custodiaban a Jesús se burlaban de Él golpeándolo,

64 y después lo cubrieron con un velo para no ver, y le golpeaban en la cara preguntándole: dijiste que eres profeta, ¿profetiza, pues, quién es el que te golpeó?

65 Y decían muchas otras injurias y groserías, blasfemándolo.

66 Cuando se hizo de día, fue reunido el consejo del pueblo, tanto los sumos sacerdotes como los escribas-gramatís, y lo llevaron ante su Sanedrín (tribunal de sumos sacerdotes), diciéndole: “Si tú eres el Cristo/Mesías, dínoslo”.

67 Él les dijo: Si os lo digo, no me vais a creer;

68 y si yo os pregunto, no me vais a creer, ni me dejaréis libre.

69 Pero desde ahora el hijo del hombre está sentado a la diestra de la dinamis potencia  y energía increada del todopoderoso Dios».

70 Entonces todos dijeron: ¿Así que tú eres el Hijo de Dios? Él les dijo: «Vosotros mismos decís que yoSoy el Hijo de Dios».

71 Ellos entonces dijeron: ¿Qué necesidad tenemos ya de más testigos, si nosotros mismos lo oímos de su boca diciendo que es el Hijo de Dios? (Y así la verdad que les había dicho el Señor, de que él es el Mesías, y la que había demostrado por su santa enseñanza, por sus innumerables milagros únicos y por su santísima vida, fue utilizada por aquellos jueces ilícitos como causa de su condena). 

 

Capítulo 23: Jesús acusado ante Pilatos, 1-7. Presentación a Herodes, 8-12. De nuevo ante Pilatos, 13-25. Hacia Gólgota, 26-32. La crucifixión y los sucesos durante ella, 33-49. Entierro del Señor, 50-56.

 

Jesús acusado ante Pilatos, 23:1-7.

23:1 Y levantándose toda su asamblea, llevaron a Jesús al Pilato.

2 Y comenzaron a acusarle, diciendo: “Hemos encontrado que éste alborota y pervierte nuestra nación y la promueve en revolución, y no sólo prohíbe dar tributo a César, sino que dice que él mismo es el Mesías/Cristo el rey”.

3 Entonces Pilatos le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el rey de los Judíos? Él respondiendo, dijo: “Tú lo dices”; pero no como los reyes mundanos.

4 Pilatos dijo entonces a los sumos sacerdotes y a las multitudes: Ningún delito y ninguna culpa encuentro en este hombre.

5 Pero ellos con más manía insistían, diciendo que alborota al pueblo, enseñando por toda Judea kerigmas revolucionarios, comenzando desde Galilea hasta aquí.

6 Al oírlo Pilatos, preguntó si este hombre era galileo.

7 Y cuando se enteró de que era de la jurisdicción de Herodes, lo envió a Herodes, que estaba también en Jerusalén en aquellos días; esto para que él se libere de aquel juicio molesto.

Presentación a  Herodes, 23:8-12.

8 Al ver Herodes a Jesús, se alegró grandemente, desde hacía bastante tiempo deseaba verlo, porque había oído hablar mucho de él, y para satisfacer su curiosidad esperaba ver algún milagro hecho por Jesús.

9 Y Herodes le hizo muchas preguntas, pero Jesús nada le respondió.

10 Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los escribas-gramatís lo estaban acusando porfiadamente.

11 Entonces Herodes, con sus soldados, después de menospreciarlo y ridiculizarlo, por burla le vistió una vestidura blanca y lo devolvió a Pilatos.

12 Y aquel mismo día Herodes y Pilatos a causa de este acontecimiento se hicieron amigos, pues habían estado enemistados el uno con el otro.

De nuevo ante Pilatos, 23:13-25.

13 Pilatos entonces, convocando a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al laós-pueblo,

14 les dijo: Me habéis traído a este hombre para juzgarle como uno que amotina al pueblo (contra el César y las leyes del estado), pero he aquí yo lo he interrogado ante de vosotros y no lo he encontrado en este hombre culpable de delito alguno de que lo acusáis.

15 y tampoco Herodes, porque nos lo ha devuelto, y mirad, nada digno de muerte hay que haya sido hecho por él.

16 Por tanto, lo pondré en libertad después de haberlo castigado y azotado.

17 Pilatos tenía la obligación de liberar a un preso, por una costumbre del pueblo en la fiesta de la Pascua.

18 Pero todos gritaron a una, diciendo: ¡Quita de en medio a ése, y suéltanos a Barrabás!

19 El cual por una insurrección hecha en la ciudad, y por homicidio, había sido echado en la cárcel.

20 Y Pilatos, de nuevo deseando soltar a Jesús, volvió a llamarlos.

21 Pero ellos gritaban, diciendo: ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!

22 Pilatos entonces, les dijo por tercera vez: ¿Pues qué mal hizo éste? Ningún delito de muerte encontré en él. Por tanto, después de azotarlo, lo soltaré. (Si fuera inocente, ¿porqué tendría que azotarlo?, y si fuera culpable, ¿por qué tendría que soltarlo? Pilatos como injusto que era, no tenía el valor de atribuir justicia y librar al Señor)

23 Pero ellos maniáticamente insistían a grandes voces, demandando que fuera crucificado. Y prevalecieron los gritos de la multitud y de los sumos sacerdotes.

24 Definitivamente Pilatos decidió que se ejecutara la demanda de ellos.

25 Soltó entonces al que pedían, a Barrabás que había sido echado en la cárcel por insurrección y homicidio, y entregó a Jesús a la voluntad de ellos, para ser crucificado.

Hacia Gólgota, 23:26-32.

26 Mientras lo llevaban hacia Gólgota, echaron mano de un tal Simón el cireneo, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús quien físicamente estaba ya agotado;

27 y lo seguía mucha gente del pueblo y mujeres que se lamentaban, se daban golpes de pecho y lloraban por Él.

28 Pero Jesús, volviéndose a ellas, dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos;

29 porque he aquí vienen días en los cuales dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no amamantaron; (porque las que tienen hijos sentirán y sufrirán dolor más fuerte por los males que vendrán sobre ellas y sobre sus hijos).

30 Entonces comenzarán a decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! y a los collados: ¡Sepultadnos! (para morirnos una hora antes y no ser atormentadas ya por tantos males insoportables).

31 Porque si en el árbol verde hacen estas cosas los Romanos, ¿qué no harán en el seco? (Si a mí el inocente, que tengo vida divina e impecable, hacen estas cosas, ¿qué va a ser de vosotros que sois tan culpables por vuestros muchos pecados grandes y duros?)»

32 Y también eran conducidos al lugar de la crucifixión otros dos que eran criminales, para ser ejecutados con Él.

La crucifixión y los sucesos durante ella, 23:33-49.

33 Y cuando llegaron al lugar llamado Calavera, lo crucificaron allí, y a los criminales, uno a la derecha, y otro a la izquierda.

34 Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen»; y repartiendo sus vestidos, echaron suertes sobre ellos, cuál va a recoger cada uno.

35 Y el pueblo estaba observando el espectáculo de la crucifixión; y junto con ellos también los soberanos magistrados se burlaban, diciendo: “Salvó a otros; sálvese a sí mismo, si realmente es el Mesías o Ungido el elegido de Dios».

36 Y también se burlaban de Él los soldados, se acercaban y le ofrecían vinagre

37 y diciendo: “Si tú eres el rey de los Judíos, sálvate a ti mismo”.

38 Y había también una inscripción por encima de Él, escrita en letras helénicas-griegas, romanas-latinas y hebreas: “Éste es el Rey de los judíos”.

39 Y uno de los criminales que había sido colgado, lo injuriaba, diciendo: “¿No eres tú el Cristo/Mesías? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!”

40 Pero el otro le reprendió diciendo: ¿Ni siquiera temes a Dios, tú criminal y culpable que estás en el mismo castigo que este inocente?

41Porque nosotros estamos castigados en justicia, porque nosotros recibimos lo que merecen las fechorías que hicimos, pero éste no ha hecho nada malo.

42 Y decía: ¡Oh Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu realeza increada, para que yo también disfrute de esta bienaventuranza y felicidad!

43 Y le dijo Jesús: «De verdad te digo, te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso».

44 Era ya como la hora sexta (mediodía), y vinieron  tinieblas y cubrieron sobre toda la tierra hasta la hora novena (tres de la tarde), porque el sol se había desaparecido del cielo.

45 El sol se eclipsó, y el velo del templo se rasgó por el medio.

46 Y Jesús, clamando a gran voz, dijo: «¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!» Y habiendo dicho estos logos, expiró.

47 Cuando el centurión vio todo esto que había acontecido, es decir, la oscuridad, el seísmo y sobre todo la forma por la que el Cristo como Señor de su vida entregó el espíritu, entonces glorificó a Dios, diciendo: “¡Realmente este hombre era justo!”

48 Y todas las multitudes reunidas para ver este espectáculo de la crucifixión, viendo lo acontecido, volvían en la ciudad, golpeándose el pecho, para expresar así su metania y arrepentimiento.

49 Pero todos sus conocidos, y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, estaban a lo lejos viendo estos acontecimientos de la crucifixión.

Entierro del Señor, 23:50-56.

50 Y he aquí un hombre llamado José, quien era diputado, o sea miembro del consejo, hombre bueno y justo,

51 y aunque no había consentido con la voluntad del tribunal ni con las acciones de los otros para crucificar a Cristo, José era de Arimatea, ciudad de Judea, el cual había aceptado y creído el kerigma sobre la realeza increada de Dios, la que también esperaba.

52 José de Arimatea se acercó a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.

53 Y después de bajarlo, lo envolvió en una sábana, y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no había sido puesto nadie todavía.

54 Era el día de la preparación/viernes-paraskeva  de la pascua y se acercaba el sábado que comenzaría con la puesta del sol.

55 Y las mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea, siguiendo de cerca, observaron el sepulcro y vieron cómo había sido puesto su cuerpo en sábana.

56 Y después de regresar en la ciudad, prepararon antes de la puesta del sol aromas y mirras/ungüentos. Y durante el sábado reposaron fielmente conforme al mandamiento sobre la festividad sabática.

 

Capítulo 24: Las mirroforas visitan la tumba y Pedro después, 1-12. Los dos discípulos del camino de Emaús, 13-35. Aparición del Señor a los once Apóstoles, 36-49. La Ascensión, 50-53.

 

Las mirroforas visitan la tumba y Pedro después, 24:1-12.

24:1  Y después del sábado al alba, al primer albor del primer día de la semana, fueron al sepulcro las mujeres que había preparado los aromas y junto con ellas algunas más.

2 Y encontraron que la piedra que cerraba el sepulcro había sido rodada más allá del sepulcro,

3 y cuando entraron, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús.

4 Y mientras se encontraban sumamente desconcertadas por este acontecimiento, he aquí, dos varones con vestiduras resplandecientes se presentaron junto a ellas,

5 mientras ellas estaban llenas de mucho miedo y cabizbajas, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

6 No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos qué os dijo estando aún en Galilea,

7 diciendo que de acuerdo con la voluntad de Dios, el Hijo del Hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores y ser crucificado, y resucitar al tercer día.

8 Y se acordaron entonces de los logos-dichos del Señor,

9 y una vez que regresaron del sepulcro, anunciaron todas estas cosas que vieron a los once y a todos los demás discípulos del Señor que estaban allí.

10 Y eran María de Magdala y Juana, y María, la de Jacobo, y las demás que estaban con ellas, las que dijeron estas cosas a los Apóstoles.

11 Y estos relatos les parecieron a los Apóstoles como delirios de la fantasía, y no les creyeron.

12 Pero Pedro, levantándose, corrió al sepulcro, y agachándose, vio solos los lienzos de la sábana, sin el cuerpo y regresó a casa maravillado de lo sucedido.

Los dos discípulos del camino de Emaús, 24:13-35.

13 El mismo día, he aquí dos de los discípulos iban este día caminando hacia una aldea cuyo nombre era Emaús, que dista sesenta estadios unos once kilómetros de Jerusalén.

14 Y conversaban entre sí de todos estos acontecimientos que habían acontecido.

15 Y sucedió que mientras ellos conversaban y discutían sobre Jesús, el mismo Jesús se acercó y caminaba con ellos.

16 Pero sus ojos físicos y espirituales estaban retenidos y obstruidos por una fuerza sobrenatural para que no lo reconocieran.

17 Les dijo: ¿Qué logos y temas son éstos que habláis entre vosotros que estáis entristecidos mientras camináis?

18 y uno de ellos, llamado Cleopa, respondió y le dijo: ¿Eres tú el único peregrino en Jerusalén que no te has enterado de las cosas sucedidas en ella en estos días?

19 Y les dijo: “¿Cuáles?” Ellos le dijeron: “Las cosas acerca de Jesús el Nazareno, un profeta poderoso en obra, praxis y logos delante de Dios y de todo el pueblo y su admirable enseñanza oída por primera vez;

20 y cómo los sumos sacerdotes y cómo nuestras autoridades lo entregaron para ser condenado a muerte, y lo crucificaron.

21 Y nosotros esperábamos que Él sería el libertador de Israel, pero, además a todo esto, ya es el tercer día desde que acontecieron estas cosas, aunque nosotros aún no hemos visto nada que justifique nuestras esperanzas.

22 Pero sucedió que algunas mujeres de nuestro grupo nos asombraron después de ir muy temprano al sepulcro,

23 pues al no encontrar su cuerpo, vinieron diciendo que habían visto una visión de ángeles, los cuales dijeron que Jesús vive.

24 Y algunos de los nuestros fueron al sepulcro, y encontraron todo como habían dicho las mujeres, pero a Jesús no lo vieron.

25 Entonces Él les dijo: ¡Oh insensatos, torpes y tardos de corazón para creer en todo lo que hablaron los profetas!

26¿Acaso no era necesario que el Cristo/Mesías padeciera todo esto para entrar en su doxa-gloria luz increada?

27 Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les interpretó y explicó todo lo que hay en las Escrituras referente a Él mismo.

28 Y acercándose a la aldea donde iban y él dio la impresión de ir más lejos.

29 Pero ellos le insistieron, diciendo: “Quédate con nosotros, pues está anocheciendo y el día ya ha declinado”. Y entró en la casa a quedarse con ellos.

30 Y sucedió que al ponerse a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo y agradeció a Dios, y después de partirlo en trozos, les daba.

31 Entonces les fueron abiertos los ojos físicos y espirituales el nus/espíritu y la mente/intelecto y lo reconocieron, pero él desapareció de su lado.

32 Y se dijeron el uno al otro: ¿No ardía el interior de nuestro corazón por el divino entusiasmo, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba los logos y conceptos difíciles de entender de las Escrituras?

33 Y levantándose inmediatamente en aquella misma hora, regresaron a Jerusalén, y encontraron a los once Apóstoles reunidos y a los que estaban con ellos,

34 que decían: ¡Realmente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón!

35 Y estos dos entonces contaron lo sucedido en el camino, y cómo fue reconocido por ellos al momento que partía el pan.

36 Mientras ellos hablaban estas cosas, de repente el mismo Jesús se puso en medio de ellos, y les dice: “Paz a vosotros”.

Aparición del Señor a los once Apóstoles, 24:36-49.

37 Ellos entonces se turbaron y se llenaron de miedo, porque pensaban que veían un espíritu.

38 Pero él les dijo: ¿Por qué os turbáis, y por qué surgen pensamientos de dudas en vuestro corazón?

39 Ved mis manos y mis pies, que yoSoy el mismo; palpadme y ved, que no soy un espíritu como pensáis, pues un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.

40Y habiendo dicho esto, les mostró las manos y los pies.

41 Pero como ellos, a causa del asombro, del gozo y de la alegría, aún no creían, y el Señor les dijo: ¿Tenéis aquí algún alimento?

42 Ellos entonces le dieron un trozo de un pez asado y panal de abeja.

43 Y tomándolo, lo comió delante de ellos, no porque su cuerpo resucitado tenía necesidad de alimento, sino para que ellos se convencieran de que él es realmente el maestro resucitado.

44 y les dijo: Estos son mis logos, que os hablé estando aún con vosotros, es decir, que tenían que cumplirse todas las cosas que habían sido escritas acerca de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.

45 Entonces les iluminó y les abrió el nus/espíritu y la mente/intelecto para que entendieran las Escrituras,

46 y les dijo: Así, tal y como sucedieron, así está escrito en la Santa Escritura, y así según el plan sapientísimo de Dios, el Cristo/Mesías debería padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día,

47 y que se predicaría en su nombre la metania, conversión, arrepentimiento y confesión para perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando el kerigma desde Jerusalén.

48 Vosotros sois testigos de estas cosas, es decir, que vais a predicar y confirmar todas las cosas que habéis oído y visto de mí.

49 He aquí os anuncio ahora que yo os voy a enviar la promesa de mi Padre sobre vosotros, es decir, el Espíritu Santo para que os ilumine, os refuerce y os proteja en vuestra obra apostólica; así que vosotros permaneced en la ciudad Jerusalén hasta que seáis investidos de dinamis poder y energía desde lo alto, o sea, por la jaris/gracia energía increada del Espíritu Santo.

La Ascensión, 24:50-53.

50 Y después de estas y otras enseñanzas, los condujo fuera hasta cerca de Betania, y alzando sus manos, los bendijo.

51 Y sucedió que mientras los bendecía, se separó de ellos, y era llevado al cielo.

52 Y ellos, habiéndolo venerado y adorado, regresaron a Jerusalén con gran alegría y gozo,

53 y estaban siempre en el templo en las horas del culto, alabando, agradeciendo y bendiciendo a Dios. Amín. 25/5/2021

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies