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Feb 09 2024

Acerca el don de clarividencia o previsión espiritual San Porfirio el Kafsokalivita

Περί τού διορατικού χαρίσματος – Αγίου Πορφυρίου Καυσοκαλυβίτου – Βίος και Λόγοι

Acerca el don de clarividencia o previsión espiritual

San Porfirio el Kafsokalivita – Vida y logos

 

¡Sólo el que tiene humildad, recibe las donaciones o regalos de Dios, las atribuye a Dios y las utiliza para Su Doxa-Gloria!

 

Contenidos

  1. Al hombre que tiene la psique-alma sana, se le apocaliptan/revelan los misterios de Dios
  2. La Sagrada Escritura nos ilumina a hacer el discernimiento de espíritus.
  3. Dios a los dignos apocalipta/revela grandes apocalipsis/revelaciones
  4. Quienes amaron y se apegaron a sus Yérontas recibieron el carisma o don que él tenía.
  5. El carisma o don me lo dio Dios para ser bueno
  6. Por mi agapi-amor a vosotros os digo algunas cosas que Dios me apocalipta/revela
  7. Vimos allí, entre los pinos, las grandezas de Dios.
  8. Viví en Patmos el acontecimiento de la Divina Apocalipsis/Revelación, vi al Apóstol Juan.

 

  1. Al hombre que tiene la psique-alma sana, se le apocaliptan/revelan los misterios de Dios

La persona digna de Dios se llena del Espíritu Santo. Tiene la χάρις jaris gracia divina, energía increada. Dios, en el misterio de Cristo, le dona los frutos del Espíritu que son: «agapi-amor, alegría, paz, magnanimidad-generosidad-tolerancia, cristotis-benignidad, bondad, fe, [22. Pero el fruto que produce el Espíritu Santo a los de libre buena voluntad y corazones con fe es: 1) la agapi-amor incondicional para todos, 2) alegría por la redención que concede el Cristo, 3) paz que proporciona la conciencia bondadosa, 4) magnanimidad o tolerancia hacia los que nos perjudican y son culpables ante nosotros, bondad para tener buena disposición de ser serviciales hacia los demás, bondad en el corazón, veracidad en nuestros logos y promesas y], apacibilidad-mansedumbre, continencia-autodominio y alejamiento de deseos y praxis viles y malignas; contra estas cosas no hay ley. [23. más 6) apacibilidad o mansedumbre frente a los se comportan de modo iracundo y resentido ante nosotros y 7) continencia o autodominio para evitar toda codicia y deseo perverso y praxis viles y malignas]. Contra estos hombres que tienen estas virtudes no existe ni tiene validez la ley» (5, 22-23). Dios no conoce pasado, presente ni futuro. “Y no hay criatura alguna que esté oculta ante el invisible Dios, sino que todo está desnudo y descubierto a los ojos de aquel a quien debemos un día dar cuenta” (Heb 4,13). Así, al hombre con una psique-alma sana se le revelan los misterios de Dios y conoce Sus voluntades y designios, en la medida en que Dios lo permite.

Sin embargo, hay condiciones para que la divina jaris gracia venga y permanezca en el hombre.

Solo aquel que tiene humildad recibe estos carismas o dones de Dios, los atribuye a Dios y los utiliza para Su doxa-gloria.

El bueno, el humilde, el que ama a Dios, aquel que tiene virtud con la jaris gracia increada de Dios, no se extravía. Siente en su interior que es verdaderamente indigno y que todo se le da para volverse bueno, y por eso lucha.

Por el contrario, la jaris gracia increada de Dios no va a los egoístas, a aquellos que carecen de conciencia de lo que les sucede. La persona con egoísmo luciferino cree que está llena de gracia divina, pero está en error y engaño; (está en des-gracia creada), es una persona del diablo.

El engaño, el error es una condición psicológica, un juicio equivocado; esencialmente, el engaño o error proviene del egoísmo. En el hombre que está iluso y en el error, se crean ilusiones, autoengaños, fantasías tentadoras y sufre. El error (o ilusión, autoengaño) es muy difícil de corregir. Solo se corrige con la divinaχάρις jaris. Alguna otra persona puede orar y Dios puede tener misericordia del hombre que se equivoca y se autoengaña. Si también él lo intenta, si va al «espejo», que es el buen guía espiritual, y se confiesa sinceramente, la χάρις jaris energía increada de Dios lo sanará.

 

  1. La Sagrada Escritura nos ilumina a hacer el discernimiento de espíritus.

 

En la actualidad, es común encontrarse con personas que parecen santas, pero también con individuos equivocados y engañados. Puede ser que visites a un eremita, un asceta o un anciano iluminado, y al verlo, te dice: “¿Bienvenido, tal! ¿Cómo es que no has tenido cuidado y te has enredado en aquella cuestión? Incluso menciona tu nombre sin conocerte y habla sobre algún asunto tuyo oculto. Y dices: “¡Este es santo! Dijo mi nombre, me dijo mis secretos”. Sin embargo, puedes tener la misma experiencia con un mago, ya que el mundo está lleno de estafadores que se hacen pasar por magos y adivinos y se enriquecen. Te dicen de dónde vienes y a dónde vas, dejándote abrumado y confundido. Piensas: “¿Qué pasa aquí, dónde está la verdad? La verdad me la dijo el santo y también el mago. Dijo mi nombre… ¿El mago es también santo?”. He aquí cómo nos enredamos y nos confundimos fácilmente.

La Santa Escritura nos ilumina hacer el discernimiento de los espíritus, por eso debemos tenerla y examinarla minuciosamente. Una cosa es la embriaguez de los Apóstoles por la χάρις jaris gracia divina, energía increada y del Espíritu Santo, y otra cosa, son las experiencias de los alucinadores o encantadores, que son los que se encuentran bajo el estado maniático y entusiasmo exaltado y alocado, similar a los cultos antiguos a deidades demoníacas, que uno ve claramente el espíritu del satanás. (Ejemplo claro varias sectas protestantes como los Pentecostales, etc.).

Se presenta el opuesto malignos como “ángel de luz”, “y no es extrañar, pues, el mismo Satanás algunas veces se disfraza y se metamorfosea de ángel de luz y se comporta como tal” (2Cor 11,14). Sin conocer las artimañas y payasadas del satanás, no puedes decir que esto no es del Espíritu divino y quizás serás desviado y engañado creyendo que es entusiasmo bueno o divino. Así les sucede a muchos.

En estas situaciones dos cosas existen, el bien y el mal, el ángel bueno y el ángel o espíritu malo, el demonio. Lo mismo también en nuestro interior existe el bien y el mal, es decir, el viejo hombre y el hombre según Cristo. El viejo hombre es el que sucumbe en el viejo sí mismo o antiguo yo, en éste influye mucho el espíritu malo, volviéndose malo y enfermo (espiritualmente). Ve a todo el mundo con mal ojo, quiere el mal de todos y los maldice continuamente.

Así, una persona que bajo la influencia y el efecto del espíritu malo, digamos un mago, blasfema e insulta continuamente. Quizá profetiza, dice cosas futuras, pero siempre hacia el mal. Está girado hacia abajo y por maldad hace cosas humildes del antiguo sí mismo o yo. Este estado demoníaco no construye el espíritu, y en este lugar, Dios está ausente. Sin embargo, él sostiene que es de Cristo. Y realmente, quizás pertenece aparentemente a la Iglesia, estar bautizado y conocer el Evangelio. Pero está confundido y enredado en el mal y tiene su pensamiento enfermizo, su fantasía y su psique-alma alterada. Esta persona puede dañar también a otros al afirmar: “Vi a Cristo, vi a la Panaghía; me dijo que habrá guerra, que habrá un asesinato o cualquier otra cosa…” y, de hecho, estos eventos ocurren. Sin embargo, estas afirmaciones se materializan porque el mal lo ha planeado el diablo, y por eso esta persona tiene conocimiento de ellos. ¿Lo han comprendido? Pero todas estas cosas son enredos y engañosas. Mientras relata haber visto a la Panaghía, o la Santa Trinidad, o san Serafín y le dijo, “así…, asá…, esto… lo otro…” cosas específicas, en realidad podría estar actuando como un médium. ¿Entendéis? Esta persona cae al suelo, pierde el conocimiento, y muestra signos como espuma en la boca y llanto. Es evidente que no está en sintonía con Cristo. Aunque pueda creer que está inspirada por Cristo, la Panaghίa o los santos, esta creencia no es verídica.

Una persona que está bajo la influencia de un espíritu maligno, si alguien se le acerca y le dice: «Eres un estafador», le da una bofetada y le dice algo malo, blasfemará incluso contra lo divino. Este comportamiento revela un estado demoníaco que eventualmente podría llevarla a ser internada en un manicomio. En resumen, todas estas situaciones, posesiones y fenómenos similares son patológicos, constituyen enfermedades espirituales.

 

  1. Dios a los dignos apocalipta/revela grandes apocalipsis/revelaciones

 

Les contaré algunos ejemplos para que comprendan que Dios, de manera simple y natural, hace grandes apocalipsis/revelaciones a aquellos que son dignos. Apocalipta/Revela acontecimientos del pasado, del presente y lo que sucederá en el futuro. Les apocalipta/revela la profundidad de la psique-alma de los seres humanos, sus dolores y alegrías, sus pecados y carismas o virtudes, sus enfermedades físicas y psíquicas, el tiempo y la manera de su muerte. Escúchenme.

«Arriba, en el monte Sinaí, hay muchos asceterios. Una vez, vivía allí un yérontas (anciano sabio e iluminado) con su discípulo. El yérontas tenía cien años y sabía que iba a morir. Abajo, en una pendiente, había un poco de tierra. Entonces le dijo a su discípulo:

-Cava mi tumba porque voy a morir. En poco tiempo te llamaré.

El discípulo obedeció de inmediato y cavó la tumba. El anciano rezó. Después de poco tiempo, llamó:

-Ven, hijo mío Pafnutio, tómame de la mano para llevarme a la tumba, porque cuando muera, ¿cómo me bajarás solo allá abajo? Ven, tómame de la mano.

Y poco  a poco, con la ayuda de un bastón y del discípulo, descendieron por la pendiente. Llegaron a la tumba y le dijo:

-Sujétame, sujétame.

Y con la ayuda de él, entró en la tumba después de saludarlo y besarlo. Entró en la tumba, se recostó, cerró los ojos y entregó su espíritu mientras rezaba.»

¿Ves? Parecen increíbles, ¡pero así sucedieron!

Muchos santos fueron considerados dignos por Dios de ser transportados a otros lugares según sus deseos y de ser visibles también por otros, ya sea en el cuerpo o fuera de él.

«Una vez, el abad del Monasterio del Sinaí, el padre Jorge, estaba enfermo. Sin embargo, tenía el deseo de ir a recibir la comunión del Patriarca en Jerusalén. En ese momento, sus discípulos fueron a su celda en el Sinaí y le preguntaron si podría venir a la Iglesia.

-No, les dijo, no vendré.

Tan pronto como se fueron, el Yérontas se quedó solo físicamente, pero espiritualmente, con su nus (espíritu de la psique-alma) fue al Santo Templo de la Resurrección en Jerusalén y observaba la Divina Liturgia allí. Vio al Patriarca entrar en el Templo. Pero también todos los sacerdotes, diáconos, y todos lo vieron a él, al abad, durante la Divina Liturgia y durante la Divina Comunión lo vistieron con la estola. Se acercó a la Santa Mesa y recibió los Sagrados Misterios de las manos del Patriarca. Cuando terminó la Divina Comunión, todos los sacerdotes fueron al lavatorio y lavaron sus manos. También pasó el padre Jorge junto al Patriarca, quien le dijo:

-Al mediodía te espero en la mesa.

El padre Jorge no habló, pero le hizo una reverencia.

Mientras tanto, en el Sinaí, después de la Divina Liturgia, el diácono y el sacerdote entraron en su celda con un monje que sostenía la vela y el incensario, y le dieron la eucaristía.

En Jerusalén, cuando llegó la hora de comer, el Patriarca esperaba al Padre Jorge. Pasó el tiempo, no pudieron esperar más y empezaron a comer. El Patriarca se entristeció mucho y envió a tres hermanos de Jerusalén al Sinaí para averiguar por qué desobedeció y se fue, siendo tan conocido por su obediencia. Llegaron los enviados del Patriarca y, tan pronto como entraron en el monasterio, dijeron:

– Vuestro Yérontas vino a Jerusalén y entró en el templo de la Resurrección. Todos lo vimos allí, y el Patriarca le dijo que se sentara a la mesa de comer. Sin embargo, él se fue. Esto entristeció mucho al Patriarca; lo malinterpretó y nos encargó reprenderlo por esta desobediencia.

Los monjes del monasterio no podían creerlo.

– ¿Qué están diciendo? les dijeron. ¡Nuestro Yérontas no ha salido del monasterio en cincuenta años! Están equivocados.

– No, les dijeron, todos lo vimos.

– Para demostraros la verdad, vengan y os llevaremos al Yérontas.

Los llevaron y, tan pronto como lo vieron, le expresaron las quejas del Patriarca. Él no habló, pero después de un rato les dijo:

– Díganle al más bendito que me perdone y además entréguenle un mensaje agradable y alegre: Dios me ha revelado que en seis meses nos encontraremos; así que se prepare.

Veis, el abad o higúmeno del Monasterio Santa Caterina de Sinaí fue a Jerusalén sin saber si estaba en el cuerpo o fuera del cuerpo, pero de todos modos lo visteis a dónde fue.

Muchos de nuestros santos también se comunicaban a distancia y rezaban juntos. Todo se hace por la χάρις jaris gracia divina, energía increada de Dios. Con la χάρις jaris de Dios, no hay distancias. Que Dios me perdone por decirlo, pero antiguamente, me comunicaba muchas veces desde muy lejos con un hieromonje del Monasterio de San Jaralambos en Eubea, el padre Pablo. Déjenme contarles un ejemplo característico.

“Cuando fui allí después del Monte Athos, tuve un problema grave. Debido a mi salud, regresé, como les he dicho, del Monte Athos muy enfermo; tenía que comer algún huevo, un poco de leche. No debía comer judías, lentejas, etc. Allí, principalmente comían judías, guisantes, garbanzos. Mi salud no me permitía quedarme con los otros hermanos y escandalizarlos. Así es como yo lo sentía. Me daba vergüenza, pero tenía miedo de decirlo y pensaba en irme del monasterio. Un día me senté debajo de un gran árbol llamado aleo. Estaba absorto en estos pensamientos terrenales cuando el padre Pablo emerge frente a mí, sosteniendo un gran libro. Era la Sagrada Escritura, el Antiguo y el Nuevo Testamento. Había ido profundamente a los árboles, al bosque, y estaba leyendo. De repente, se levanta, viene hacia mí, se acerca y me dice:

– ¿Cómo estás, Padre Porfirio? ¿Sabes lo que pensé? Sé de tu problema, que estás enfermo y sufres de tu estómago, porque no puedes digerir los alimentos que comes en el monasterio. Así que pensé en darte leche y huevos. Tienes derecho y es justificado, ya que estás enfermo, debes hacer una dieta.

Le pregunto:

– ¿Cómo se te ocurrió eso?

– Mira, dice, ahora que venía hacia aquí…”

Veis, todo lo hace la χάρις jaris gracia, la energía increada de Dios.

Muchas veces, antes y ahora, «vuelo» al Monte Athos por encima de Athos y rezo con los padres athonitas. Siento mucho la divina χάρις jaris increada de los ascetas y los inciensos perfumando mientras suben al cielo. ¡Nubes de fragancias alrededor del Monte Athos! Estos lugares antes eran recorridos por santos con gran dedicación, devoción y oración a Dios. Y las piedras, también se han impregnado con la χάρις jaris de Dios, que los santos atrajeron hacia sí mismos. Estas personas eran ángeles de Dios enviados aquí a la tierra. Vivieron una vida angélica. Vivieron con έρως eros (amor ardiente) hacia Dios, con dedicación, con devoción y con agapi-amor.

Cuando me despierto por la noche aquí en el monasterio, «veo» que el Monte Athos se ha llenado de divina χάρις jaris debido a las oraciones matutinas de los padres. Tan pronto como suena el tambor o la campana, corren para escuchar el «Al levantarnos de dormir…”, y comienzan con ansias, con amor, con alegría las oraciones. ¡Qué puedo deciros! El Paraíso se abre. Así lo siento con la χάρις jaris, la energía increada de Dios y lo digo. Dejadme decirlo. ¡Quiero decirlo! ¡Lo hago por agapi amor incondicional a vosotros!

Ahora les contaré otro secreto. Por las noches, me comunico telefónicamente con un asceta del Monte Athos. Él estudia mucho a los Padres y me explica muchas cosas. Conversamos cuestiones espirituales. ¡Locura, qué les puedo decir!… Esto sucedió también esta mañana temprano, es decir, por la noche a las tres. Las campanas sonaban en ese momento en que conversábamos. Durante media hora hablamos de cosas muy hermosas. Sinceramente, sentí una gran alegría, mayor de lo que puedo expresar. ¡Doxa Gracias y Gloria a Ti, oh Dios! Mientras conversábamos estas cuestiones espirituales, me dice:

– La campana suena para la Iglesia, y corro para llegar a tiempo.

Le digo:

– ¡Padre, no me dejes!

– Con gusto, me dice. Ven al Templo, para estar juntos y veamos las maravillas de Dios, la Divina Liturgia, la χάρις jaris increada de Cristo. Ven, no hay distancia en Cristo Jesús nuestro Señor. ¡Ninguna distancia!

Y «fui» con él a la Iglesia. En todas las horas oraba con él. Veía todas las sagradas y santas iconas/imágenes, las lámparas, las velas, las lucecitas de los candiles parpadeando. Veía a los sacerdotes celebrando con reverencia. La Iglesia estaba llena de ascetas y todos tenían una gran alegría en su interior y salmodiaban: «Venid, fieles, y ved donde nació Cristo… Tu Nacimiento… La Virgen hoy… Cristo nace, glorificadle…» Llegó al «Con temor de Dios…»,  se disponía a comulgar. Yo estaba a su lado, con la jaris gracia increada de nuestro Señor, conmovido. Perdónenme por decir estas cosas… Veía a todos los hermanos arrodillándose y suplicando. Sentí una gran alegría y deleite. Todo lo que veían ellos, yo también lo veía. Pero esta Liturgia era un banquete, un festín espiritual con los santos ascetas, las psiques-almas alegres que sentían todo, que vivían la fiesta de Navidad. ¡Lo estaban viviendo! ¿Cómo me gustaría que ustedes también estuvieran allí y escucharan los logos y las palabras que decían!

Mi alegría se hace muy grande cuando el otro confirma que lo que «veo» es realmente así, porque entiendo que este conocimiento proviene solo de Dios. Permítanme explicarles lo que quiero decir. Les pido muchas veces que me lean un párrafo, por ejemplo, de algún Padre, y les digo: «Miren en la página diez, en el párrafo dos, en el medio de la página, y encontrarán lo que os dije». Lo abren, de hecho, en la página específica, lo encuentran y me lo leen. Está escrito exactamente como os lo dije. Ustedes se sorprenden, porque me llena de gran alegría y digo: «Oh, no lo sabía, lo escuché por primera vez», aunque os los dije antes. Y sin embargo, os digo la verdad, no miento. Realmente no lo sabía en ese momento, porque nunca lo había leído antes. En el momento en que os dije el párrafo, en ese momento me lo reveló la divina χάρις jaris gracia divina, energía increada, el Espíritu Santo. Yo, sin embargo, lo escuché por primera vez cuando lo leyeron, porque nunca lo había leído antes y me sorprendió y me alegró, confirmar lo que la χάρις jaris divina me había revelado.

Permítanme contarles otro ejemplo.

«Un día, el abad de la Gran Laura habló en la Sociedad Arqueológica a las siete de la tarde. Fui ‘allí’ con la oración y lo ‘vi’. Lo observé durante casi media hora. La sala estaba llena de gente, muy devota y conmovida. ¿Y qué veo? El abad, con el sudor saliendo por sus vestiduras. ¡Un río de sudor vertía este hombre en el momento en que hablaba! De hecho, cuando le llamé por teléfono para preguntarle cómo fue la homilía o charla, me dijeron:

– Cosas muy hermosas, toda la gente se conmovió. Pero, usted sabe, ¡corría un río de sudor!».

¡Misterio! El siempre presente, y todo lo llena…

«Otra vez íbamos de excursión hacia el norte de la isla Evia, cuatro o cinco personas. El automóvil rodaba por la hermosa naturaleza. Plantas, árboles, flores a la izquierda; a la derecha, el mar interminable. Todo hermoso, limpio, luminoso. Nadie hablaba. De repente, les pregunté a mis acompañantes:

– ¿Qué ven ustedes afuera? Lo que ven, yo lo ‘veo’ también en este momento a través de sus propios ojos, ciego como soy.

Comencé a cantar:

‘Tus ojos son mis ojos,

tus cejas son mías,

tus dos manos son llaves,

que abren mi corazón.”

Esta canción es mundana, pero la interpretamos metafóricamente. ¿Entienden? Hay otros ojos, los ojos de la psique-alma. Con los ojos carnales, puedes ver limitadamente, pero con los de la psique-alma, puedes ver incluso detrás de la luna. Ustedes ven con los ojos del cuerpo. Yo veo las mismas cosas con la χάρις jaris gracia divina, energía increada incluso más claramente, más puramente. Con los ojos carnales, ves las cosas externas. Con los ojos de la psique-alma, ves más profundamente. Ustedes ven externamente, yo veo cómo son internamente. Veo y leo la psique-alma del otro.

 

  1. Quienes amaron y se apegaron a sus Yérontas recibieron el carisma o don que él tenía.

Mi Dios me dio este don a través de mi obediencia a mis Yérontas. Aquellos que amaron y se unieron a su Yéronta recibieron el don que él mismo tenía. San Procoro de San Juan el Teólogo, San Proclo de San Juan Crisóstomo, San Simeón el Nuevo Teólogo de su Yéronta. Y en el Antiguo Testamento vemos que el Profeta Elías dio el carisma o don de la profecía a su discípulo, el Profeta Eliseo.

«Y Elías tomó su manto, lo enrolló y golpeó las aguas, y se dividieron a un lado y a otro, y ambos cruzaron el desierto. Y cuando estaban cruzando, Elías dijo a Eliseo: ‘Pide lo que quieras que haga por ti antes de ser llevado de ti’. Y Eliseo dijo: ‘Hágase en mí el doble de tu espíritu’. Y Elías respondió: ‘Has pedido algo difícil. Si me ves siendo llevado de ti, se te concederá; de lo contrario, no sucederá’. Y mientras caminaban y hablaban, apareció un carro de fuego con caballos de fuego, y los separaron a ambos, y Elías fue llevado en un torbellino al cielo. Y Eliseo lo vio y gritó: ‘Padre, padre, carro de Israel y su auriga’, pero no lo vio más. Luego tomó su propia ropa, la rasgó en dos partes, levantó la manta de Elías que cayó sobre él, y golpeó las aguas, y no se separaron. Y él dijo: ‘¿Dónde está el Dios de Elías ahora?’ Y golpeó las aguas, y se separaron aquí y allá, y Eliseo cruzó. Y los hijos de los profetas que estaban en Jericó lo vieron desde lejos y dijeron: ‘El espíritu de Elías descansa sobre Eliseo’, y vinieron a su encuentro y se postraron ante él en la tierra» (2 Reyes 2:8-15).

El Profeta Elías golpeó las aguas del Jordán con su manto, se separaron y se apartaron de ambos lados. Así ambos avanzaron a través del paso seco que se formó y cruzaron al otro lado. Y luego, ¿visteis lo que pidió Eliseo al Profeta Elías? Pidió el doble de la χάρις jaris gracia divina, energía increada y la recibió por la bendición de su Yéronta Elías. Después de que El Profeta Elías fue llevado a los cielos, Eliseo levantó el manto que le había arrojado su Yérontas y golpeó con él las aguas del río. Pero esta vez, no se separaron ni se apartaron porque no había recibido la bendición del Profeta Elías.

Entonces Eliseo dijo: «¿Dónde está el Dios de Elías ahora?» ¿Dónde está el Dios de mi Yéronta ahora? ¿Qué dice el Antiguo Testamento después, en el versículo catorce? «Y golpeó las aguas, y se dividieron aquí y allá, y cruzó Eliseo». Esta vez, las aguas se dividieron porque Eliseo entendió su error y buscó la bendición del Profeta Elías.

Nada sucede sin la bendición del Yéronta. Nada se logra sin la χάρις jaris gracia divina, energía increada. Comprenderán esto verdaderamente cuando llegue la χάρις jaris divina. Cuando venga el Espíritu Santo, les enseñará y les recordará todo, como dice Juan, el amado discípulo del Señor: «Os he dicho estas cosas estando con vosotros, pero el Paráclitos, es decir, el Espíritu Santo, el que el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las verdades salvíficas y os recordará todo lo que yo os he dicho. Revelará-apocaliptará a los fieles mi misión, mi obra y lo relativo con mi nombre y mi persona y extenderá mi obra por toda la οικουμενη icumeni la tierra habitada» (Juan 14:25-26).

 

  1. El carisma o don me lo dio Dios para ser bueno

Lo he mencionado en varias ocasiones: no esperaba, ni deseaba, ni pedía este carisma o don. Mis Yérontas, quienes seguían una tradición particular, no me hablaban directamente al respecto. Ellos transmitían su enseñanza no con palabras, sino a través de su conducta y ejemplo. Mi aprendizaje provenía de las vidas de los santos y de los libros patrísticos. Los Padres no buscaban coaccionar ni solicitaban señales o carismas. Del mismo modo, yo tampoco perseguía carismas, sólo la agapi amor incondicional de Cristo, nada más. El carisma me lo ha dado Dios con el propósito de ser una persona buena.

Cuando “veo o contemplo” algo a través la χάρις jaris gracia divina, energía increada de Dios, me llena de alegría profunda; una alegría en el Señor. Dondequiera que la χάρις jaris de Dios me visita, ya sea al observar o leer la psique-alma del otro mediante la χάρις jaris, en ese momento la divina χάρις jaris despierta en mí un entusiasmo. Este entusiasmo manifiesta la divina χάρις jaris trayendo consigo amistad, familiaridad, hermandad y unión. Después de esta unión viene una gran alegría, tan intensa que mi corazón parece que va a romperse. Pero tengo miedo de expresarme. Aunque temo expresarme, observo en silencio, ya que la χάρις jaris divina me asegura la veracidad de estas experiencias. Solo hablo cuando la χάρις jaris divina me insta a hacerlo, entonces hablo. Digo algunas cosas que Dios ilumina para decirlas por mi agapi-amor por todos. Para que el mundo sienta el abrazo que Cristo nos brinda y da a todos. Mi propósito es que los cristianos sean ayudados y se salven encontrados en κοινωνία kinonía (conexión, comunión y unión) de agapi con el Cristo.

Perdonadme por decir estas realidades y cosas de esta manera. Nunca solicito a Dios que me revele algo, porque no me gusta preguntarle o pedirle. Creo que esto va en contra de la voluntad de Dios y no es noble, incluso, peor aún, podría considerarse coacción o chantaje.. Pero digo el «Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με Kirie Iisú Jristé eleisónme Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me», de forma suplicatoria y después me dejo a Cristo. Lo que Él quiera. Lo que el mismo desea revelarme.

Dios esconde tantos misterios que no nos los ha apocaliptado/revelado. Al que Le ama y si vive en el desierto, Dios le apocalipta/revela algunas de esas cosas. Las ve, pero no cuenta todas, sólo las que Dios le permite. En cambio a otra persona que está inmersa en el mundo y en sus cosas y en todos los medios de comunicación puede que no sepa ni entienda nada de estas cosas.

Ahora que veo todo, me siento profundamente humilde. Quiero decir, ¿cómo les explico esto? Dios me protege. Envía Su χάρις jaris gracia divina, energía increada a mí. Y digo: ‘¡Yo, tan humilde y tan indigno! ¿Qué quiere Dios de mí?’. Y sin embargo, Dios ama a los pecadores, como yo, y quiere que se vuelvan buenos. Así es la χάρις jaris de Dios.

Este don es un regalo de Dios, es de la χάρις jaris divina, pero también depende del hombre preservarlo. El hombre pierde los carismas, dones espirituales cuando no presta atención. Se necesita cuidado en estas cosas espirituales. No revelen a otros las experiencias espirituales secretas que tienen. No está bien. Así es como perdemos la χάρις jaris. Tomemos como ejemplo a la Virgen María: guardó silencio sobre el secreto de la Anunciación a José. Su visita fue secreta, mística, sin ruido, con discreción, revelada por el ángel mientras él dormía…. ¡Atención! Dios se oculta mucho; tanto que a veces pensamos que no existe. Se apocalipta/revela a aquellos que han sido dignos del regalo de la humildad.

Yo atribuyo todo a Dios por Su doxa-gloria. Me considero como un viejo tubo oxidado, pero que fluye el agua viva y pura, porque proviene del Espíritu Santo. Cuando hay una gran sed, no importa si el tubo por el que fluye el agua es de plástico, metálico o está oxidado; lo esencial es el agua. Mientras estoy con la psique-alma en los labios, el mundo se acerca a mí, el humilde. No tienen nada que obtener de mí. Yo no poseo nada, todo lo tiene Cristo. Cuando una persona está llena de la χάρις jaris de Dios, su psique-alma salta de alegría. Escucha la voz de Dios y su psique-alma se regocija y goza. La χάρις jaris gracia divina, energía increada me impulsa a experimentar esto también. Mi voz cambia, mi rostro cambia, todo en mí cambia.

He aprendido a enorgullecerme no de mis propios logros, sino de la χάρις jaris de Dios, que persistentemente y claramente quiere atraerme hacia Él con todo lo que me presenta en la vida, desde mi juventud hasta mi tiempo en el Monte Athos. Sin embargo, siempre tengo el mismo sentimiento, que no he logrado vivir a Cristo con el anhelo que debería. ¡Cuánto atrasado estoy! ¡Cuán lejos estoy! Por todo lo que Dios me ha dado en mi interior, mi psique-alma me condena mucho. Siento miedo dentro de mí. Pienso en lo que dice la Sagrada Escritura: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y por la fuerza de tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Entonces yo delante de todos les diré: Nunca os reconocí como míos. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad, habéis utilizado los carismas que os he dado para vuestro propio beneficio y exhibición!” (Mt 7, 22-23). Aunque pienso en esos logos, no me desespero. Me abandono al amor de Dios y a Su misericordia, y digo esas palabras doradas de la oración de la Divina Comunión: ‘Sé que, oh Salvador, otro como yo no ha pecado contra Ti…’ Estas palabras doradas, escritas por los Padres, cuando las decimos con fe y devoción, es como si las viviéramos nosotros también.

 

  1. Por mi agapi-amor a vosotros os digo algunas cosas que Dios me apocalipta/revela

Os he contado muchas cosas profundas, internas mías. Quizá alguien pueda malinterpretar y contrariarse porque no mantengo secretas mis experiencias, las realidades y cosas que Dios me apocalipta/revela, y cuento muchas. Alguno dirá que soy egoísta, porque comparto mis experiencias y vivencias. Lo hago por mucho agapi (amor incondicional y desinteresado) que tengo por vosotros, hijos míos, para beneficiaros y guiaros también por este camino. El sabio Salomón dice algo así: 6:23 No me relacionaré ni me vincularé con aquel cuyo corazón está consumido por la envidia, ya que él no desea tener ninguna conexión con la sabiduría. 6:22¿Qué es la sabiduría y cómo se originó? Os lo revelaré y no ocultaré de ustedes los misterios de Dios. Más bien, revelaré estos desde el principio de la creación, pondré al descubierto su conocimiento y no dejaré de lado la divina verdad.

El sabio Salomón no quiere esconder la sofía-sabiduría de Dios. Dios le incita a revelar/apocaliptar los misterios de la sabiduría-sofía.
Lo que hago y les digo sobre lo que Dios me ha dado también es apostólico. Lo dice el Apóstol Pablo en su epístola a los Romanos: “1: 11Tengo muchas ganas de veros, para transmitiros algún carisma y consejo espiritual que os fortalezca más en la fe y vida en Cristo.

1:12. Así nos animaríamos mutuamente unos a otros con la fe común, la vuestra y la mía que nos une”. «Transmisión» significa: ¿Recibiste algo? Debes transmitirlo por amor. No creas que tienes algo propio. Es de Dios y lo transmites. Esa es la verdadera humildad. Mientras que un fanático, un seguidor veterocalentarista (del antiguo calendario), dice: «¡Vaya, vaya! Está hablando de sí mismo, ¡esto es egoísmo!»  El apóstol Pablo lo hace esto con lo de “os fortalezca”. Como el árbol, cuando sopla mucho viento se dobla, así sucede también al hombre. Necesita por eso un apoyo y fortalecimiento para que no se doble y se tuerza. Si te tuerces te desarrollas torcidamente y así “te engordas”, no estás digno de Dios.

Es cierto que, sobre los misterios que apocalipta/revela Dios en nuestro interior lo mejor es el silencio. He aquí cómo puede suceder, igual que el Apóstol Pablo, que dice: “¡Me he jactado haciendo el loco!, vosotros me habéis obligado deciros palabras de agapi-amor”. Por lo mismo, se entristece también san Isaac el Sirio, que es obligado a contar los misterios y las profundas vivencias, experiencias de su corazón, impulsado por la agapi-amor y sólo por ella. He aquí cómo lo dice: “Me he vuelto tonto, no soporto guardar los misterios en silencio, sino que me convierto en tonto para el beneficio de los hermanos…” (Ascética, Logos 38)

Y yo, el pobre, movido por mi agapi-amor hacia ustedes, les comparto algunas de las apocalipsis/revelaciones que Dios me hace. Pero tengo una profunda conciencia en mi corazón de que otro lo dice. Creo esto firmemente, porque veo algo y luego siento mis debilidades muy profundamente, porque no proviene ni de la santidad ni de nada más, sino de la agapi-amor incondicional de Dios hacia mí, que desea que me convierta en alguien bueno. Sin embargo, lo que Dios me revela/apocalipta, lo comparto con pocos, porque el ser humano debe ser espiritual para entenderlo. Puede que un científico vea, escuche algo y lo cuente, lo escriba, y al final diga: «Platón decía lo mismo». Sin embargo, eso no ocurre aquí, porque podemos usar las mismas palabras pero con un significado diferente.

Cuando quiero decir algo de las cosas que contemplo, veo, no debe forzarme nadie, porque me he acostumbrado hacer obediencia. Soy muy blando y sencillo y cuando quiero compartir algo y lo doy con presión, después me arrepiento. Esto es mi debilidad, la cual ha provenido de la extrema obediencia que hacía a mis Yérontas en el Monte Athos.

Cuando alguna vez veo que alguien camina hacia la destrucción de su vida, no puedo hacer nada. Se lo muestro un poco y no entiende. No debo intervenir dinámicamente y limitar su libertad. No es una cosa sencilla esto.

 

  1. Vimos allí, entre los pinos, las grandezas de Dios.

Muchas veces, con la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios, he experimentado un estado diferente. Mi voz cambió, mi rostro entró en una atmósfera de luz divina. Esto me ha sucedido en el Monte Athos y en otros sitios. Me sucedió en el pueblo Agorianí, en el Parnasós, en la ermita de la Santa Trinidad, y me vieron dos chicas, la Basilikí K. y la Panayota K., que estaban conmigo. Me inspiró la ermita, era una pequeña Iglesia solitaria. Os diré lo que sucedió allí.

Caminando en el bosque de Parnasós nos encontramos delante de una ermita. Era de la Santa Trinidad. Entramos dentro; yo avancé hacia el altar. Las dos chicas se quedaron a la entrada de la ermita. Yo desde el primer momento, me entusiasmé allí dentro. Vi la vida de la Iglesia. Vi muchas cosas allí. Sacerdotes que hacían la Divina Liturgia en fiestas antes de años, las oraciones de hombres santos, el derramamiento del dolor de muchas personas afligidas, en una Liturgia vi un obispo muy santo… Comencé con entusiasmo a recitar reglas, himnos y otros cánticos, especialmente los himnos trinitarios. Sentí una alegría inefable, mi voz se volvió única, como la de cien personas, dulce, fuerte, armónica, celestial, «como la voz de muchas aguas y como el sonido de truenos poderosos» (Apo 19,6). Levanté las manos, mi rostro brilló, mi expresión se transformó. Había entrado en un estado espiritual. De repente, el cielo se nubló y los pinos con sus ramas se convirtieron en candelabros…

Ellas paradas a tres metros de distancia, intentaron grabar esa voz en la grabadora, pero no las dejé. Las «vi» y las detuve. Desde joven aprendí en el Monte Athos a ser discreto, místico… Sin embargo, después de días regresando a Atenas, buscaba esos himnos. Deseaba volver a escuchar esa voz. Me entristeció no haberlos grabado y las dije:

-¡Si tuviésemos ahora esos cantos divinos… eran tan hermosos!¡Cuánto nos alegraríamos si los escuchásemos ahora! Esa voz no era humana, no era mía, era la divina χάρις jaris gracia increada de Dios. Me gustaría escucharlos de nuevo y regresar a ese día. Vimos allí, entre los pinos, las grandezas de Dios. ¿No las vimos? ¡Qué hermoso! ¡Donde encendimos un «fuego» y «quemamos» (espiritualmente, por la luz increada) el bosque! Sin embargo, acostumbrado a ser discreto, no quería que me grabaran. Fue un sentimiento de humildad.

Traedme el libro de Paraklitikí (Suplicatorias), el Horologio y vamos a salmodiar ahora las cosas que dije entonces por la jaris de Dios:

“Es digno, en verdad, alabar la supra-divina Tríada, el Padre sin principio y creador de todo, el Logos coexistente desde antes de los siglos, nacido inefablemente del Padre, y el Espíritu Santo, que procede sin tiempo del Padre.

Es digno, en verdad, glorificarte a ti, el Logos de Dios.

A quien los Querubines temen y los poderes celestiales glorifican, al que resucitó de entre los muertos al tercer día, a Cristo, el Dador de vida, con temor alabémosle.

Cantemos todos de manera digna, con himnos divinos, al Padre, al Hijo y al Espíritu divino, poder trisubstancial, la única Realeza increada y potestad” 

¡Veis como deletreo estas palabras una por una! ¡Realmente es como si estuviera delante de la Santa Trinidad! ¡Cuánto las he interiorizado!

«Viendo a tu Hijo resucitar de entre los muertos,

oh Virgen inmaculada,

de manera digna y con una alegría inexpresable,

la creación en plenitud glorificaba a Él y a ti te exaltaba.»

«Todos los ejércitos de los ángeles, Precursor del Señor, los doce Apóstoles, los Santos Todos, junto con la Madre de Dios, intercedan por nuestra salvación.»

«Glorificamos en himnos tres hipóstasis divinas, de naturaleza única, forma inmutable,

Dios bueno y filántropo que nos concede la expiación de los pecados.»

¡Veis cómo se eleva nuestra psique-alma salmodiando? ¿Ahora me diréis como yo las sé estas cosas? Tengo locura divina, embriaguez divina. ¡No me sacio! Me acuerdo de mis años bonitos en Athos. Mi Yérontas, como yo era muy joven, no me llevaban en las fiestas, etc… Cuando, pues, me quedaba sólo, me iba allí en nuestra ermita de san Jorge y salmodiaba troparios, cantos regocijantes. Abría el libro de Paraklitikí del Sábado que tiene más troparios e himnos y salmodiaba. También decía la Súplica a la Panaghía. Con gran dilatación del corazón y agapi-amor salmodiaba el Canon de Jesús. Mis Yérontas no me habían enseñado psálticos y canticos bizantinos pero escuchándolos los aprendí.

«Jesús dulcísimo, memoria de mi alma,

 Jesús catarsis y purificación de mi nus (espíritu de la psique) de mi mente o intelecto y corazón,

Señor compasivo, Jesús, sálvame.

Jesús, mi Salvador, Jesús, compadécete de mí,

y redímeme del castigo de toda aflicción.

Jesús, concédeme dignamente una porción entre los salvados.

Jesús mío, llévame al coro de tus elegidos, Jesús misericordioso.»

«Jesús dulcísimo, gloria de los Apóstoles, Jesús mi orgullo,

Señor de los Mártires, Todopoderoso Señor;

Jesús, sálvame, Jesús, mi Salvador, Jesús mi hermosura, a ti acudo. Salvador Jesús, ten compasión de mí,

por las intercesiones de tu Madre,

de todos tus Santos, de tus Profetas y,

Salvador mío Jesús, concédeme la delicia del Paraíso, Jesús misericordioso.

“Jesús dulcísimo, renombre de los monjes,

Jesús paciente, deleite y refugio de los ascetas.

Jesús, sálvame, Jesús, mi Salvador, Jesús, mi bien supremo, arráncame de la mano del dragón. Salvador Jesús, libérame ahora de sus lazos, Salvador Jesús, sácame del abismo más profundo. Salvador mío, Jesús, llévame hacia lo alto y cuéntame entre tus ovejas.»

¡Habéis visto cuán hermoso es el canon de Jesús! Debéis aprender a salmodiar con agapi-amor, anhelo y deseo. ¡Venid ahora, vamos a salmodiar más himnos!

«Salvador mío Jesús, quien salvó al pródigo,

Salvador mío Jesús, que acogió a la pecadora,

compadécete de mí ahora, Jesús misericordioso.

Sálvame, compasivo, oh Jesús, bienhechor,

como mostraste compasión a Manasés,

Jesús mío, el único filántropo.»

«Oh, he enfurecido, mi misericordioso Dios y Señor.

¡Cuántas veces prometí, Cristo, arrepentirme y me encontré siendo un mentiroso!

Antes del bautismo, contaminé mi vestidura, violando los compromisos y bendiciones hacia Ti.

Por segunda vez, he vuelto a profesar esto delante de los ángeles y

en la forma de los hombres, vistiéndome de luto, he desobedecido.

Por favor, Salvador, no permitas que me pierda al final.»

«¿Qué excusa (o apología) tiene, oh psique-alma miserable, en el día de la creación,

o quién te eximirá en el día del juicio del fuego eterno y de todas las aflicciones?

Nadie más que tú misma, implorando al Misericordioso,

abandonando tus acciones indebidas y

adquiriendo una vida aceptable,

llorando continuamente por tus innumerables errores,

los cuales cometes constantemente en pensamiento, logos y obra.

Busca a Cristo psique mía para obtener de Él el perfecto perdón de todas estas cosas.»

Siempre este tipo de himnos o cantos decía, estos me gustaban; en estos perseveraba, para llorar. Es decir, estas lágrimas no eran de desesperación, dolor o decepción, Eran lágrimas de alegría.

«La aflicción de las pasiones (pazos) me tiraniza y ensucia y oscurece los corredores de mi corazón.

No tengo la fuerza de ver claramente los caminos de la salvación, así que me extravío y caigo terriblemente en los abismos de los arcángeles del Hades.

Recordando vuestros milagros, recibo sanación de toda mi enfermedad.

Ahora, con prontitud, venid a apagar la llama de mis pasiones, guíenme hacia la luz, bríndenme salvación y liberación, gobernando sobre mis males.»

¡Qué queréis que os diga, no sé qué decir! Ahora no puedo decir estas realidades. Pero en mi interior suenan en mis oídos, es decir, las vivo estas cosas. Escuchad ahora un himno de la segunda nota:

«Dame el pensamiento de la metania (arrepentimiento y confesión),

dame también el deseo de la humildad a mi psique-alma,

levántame de mi sueño de insensatez y

expulsa la oscuridad de la indolencia.

Oh Logos, libérame de la desesperación y disipa la oscuridad,

para que, renovado, me adhiera a ti, y siga tus voluntades.»

Estas cosas perseguía yo. El “Tú”, el “Tuyo” expresa al Padre, a Cristo, el Novio. ¿Lo habéis entendido? Eh, pues, estos logos son eróticos (de amor ardiente). Los decía entonces. Mi voz era más bonita y más fina. Lo acentuaba bien todo. Ahora no puedo… Venid, ayudadme a salmodiar juntos.

“Sólo, indulgente Cristo,

sólo virtuoso Logos y benévolo,

a ti me acerco que eres caritativo y

te imploro fervientemente,

a ti clamo como necesitado.

He pecado, sálvame,

sálvame con tu inagotable misericordia que soy pródigo,

así que clamo con gratitud.

Señor, otórgame perdón y guíame con tu bondad.”

“Oh, Dios mío, siempre he pecado contra ti,

con logos, praxis y acciones,

y lo confieso constantemente;

hoy, ahora mismo, te lo declaro,

 porque durante el día pasado

y todo este tiempo,

me he visto envuelto en plena oscuridad,

rodeado de males.

Por lo tanto, me inclino ante ti,

Clamando, Señor mío, Soberano Salvador,

he pecado, perdóname y sálvame.”

Ahora no las digo bien estas cosas como antiguamente. Así era mi vida. ¡Qué cosas más hermosas! ¡Con qué pasión y devoción salmodiaba! No me sacio de estos himnos, todos me gusta recordarlos, recitarlos y salmodiarlos. Deseo y bendigo que los améis vosotros también, igual que yo. En mi entierro quiero que me pongan este casete. Mi devoción no es hipócrita. ¡Qué Dios tenga misericordia de mí! Ahora que escucho estas cosas me emociono mucho. Ahora que mi logos, el hablar se ha debilitado…

 

  1. Viví en Patmos el acontecimiento de la Divina Apocalipsis/Revelación, vi al Apóstol Juan.

Una vez fuimos en peregrinación con el señor Giorgos y la señora Keti P. a San Juan el Teólogo, en la isla del mar egeo Patmos (Sucedió en 1964). Era por la mañana. Sentía la χάρις jaris gracia divina, energía increada de San Juan que me abrumaba. La Cueva de la Apocalipsis estaba llena de gente. Temí traicionar mis sentimientos. Si dejaba que mi yo se expresara, pensarían que estoy loco. Me contuve. Salí de la Iglesia. No es bueno que otros vean nuestras experiencias del contacto secreto, consciente y místico con Dios. Les dije que nos fuéramos. La tarde de ese día estaba tranquila. Estábamos solo nosotros tres. No había nadie más en la Iglesia. Antes de entrar, los preparé y les dije:

-Cualquier cosa que vean no importa, no se muevan ni hablen.

Entramos con devoción, sin hacer ruido, en silencio, simplemente y humildemente. Nos paramos frente a la Divina Apocalipsis. Nos arrodillamos, los tres y yo en el medio. Orábamos el «Señor Jesús Cristo…» durante aproximadamente un cuarto de hora. Me sentía vacío. Ninguna emoción, nada. Soledad, desierto. El adversario, el diablo, lo entendió y trató de detenerme. «Estas cosas no suceden con un programa», pensé.

Decía y deseaba la oración, o más bien, ni la decía ni la deseaba, porque, cuando la dices o la deseas, a veces el adversario se entera. Es un punto muy delicado. No puedes solo menospreciar al adversario. Y para menospreciarlo, nuevamente necesitas la χάρις jaris gracia divina, energía increada, algo inexplicable.

Prestad mucha atención. No me esforcé, ni me apreté, no presioné la situación. No debemos apresurarnos en estas cuestiones espirituales. Salí fuera. Observé las flores como si quisiera ignorar que mi psique-alma no se estaba abriendo. Miré un poco el mar. Entré de nuevo al pequeño templo, puse algunos carbones en el incensario, los encendí, puse un poco de incienso, lo ofrecí y entonces se abrió mi corazón. Fue entonces cuando vino la χάρις jaris gracia divina, energía increada. Entonces vino la divina χάρις jaris. Una luz alumbramiento apareció en mi rostro, me volví divino, levanté las manos y comencé a llorar. Mis ojos lloraban constantemente. En un momento caí al suelo. Según mis acompañantes, me quedé allí durante veinte minutos…

Este milagro que me sucedió en Patmos es un gran misterio. Tiene un gran significado. Vi el acontecimiento de la Apocalipsis Divina. Vi al Santo Apóstol Juan, su discípulo Prócoro. Viví el evento de la Divina Apocalipsis tal como sucedió. Escuché la voz de Cristo desde la grieta de la roca…

Estas cosas no las digan en ninguna parte. Señor Jesús Cristo… Que Dios tenga piedad de mí. ¿Por qué se los conté? Díganme… Se los conté para que aprendan a abandonarse a sí mismos suavemente, sin presionar a las manos de Dios. Entonces Él vendrá a sus psiques-almas, las bendecirá y dará Su divina χάρις jaris gracia, energía increada. Si el maligno os pone obstáculos, despreciadlo. ¿Lo entendisteis? Así lo hice yo. Me ocupé de algo distinto cuando me di cuenta de que algo estaba interfiriendo. Esto tiene mucha profundidad.

Digo estas cosas, pero no me parece bien decirlas. Siento que no debería decirlas… Estos son misterios, no puedo explicarlos. Lo único que digo es que todo debe ser sencillo, simple, humilde, suave. Cuando lo deseas y esperas unirte a Dios, cuando chantajeas a Dios, Él no viene.

Pero viene «en el día que no esperas y en la hora que no sabes» (Mateo 24,50). Es una manera muy santa, pero no puedes aprenderla de memoria. Debe entrar secretamente en tu psique-alma para que la abraces con la χάρις jaris de Dios. (El evento ocurrió en 1964). AMÍN.

Traducción xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas www.logosortodoxo.com, 20-01- 2024

 

 

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