La Resurrección de los muertos IV

 

Continuamos, amigos míos, el testimonio de los Padres de nuestra Iglesia sobre el gran dogma de nuestra Fe, que es la resurrección de los muertos.

4.1 San Juan el Damasceno.

San Juan el Damasceno, este gran santo dogmático de nuestra Iglesia y Padre de la dogmática como le llaman, escribe: “Creemos en la resurrección de los muertos, porque realmente existe; y cuando decimos resurrección, entendemos la resurrección de los cuerpos. Resurrección decimos la posición erguida, levantada de una cosa que ha caído. Porque las psiques son inmortales, y por consiguiente, ya que son inmortales, ¿cómo vamos hablar sobre la resurrección de ellas? Porque muerte se define como separación de la psique del cuerpo, y la resurrección es otra vez la cohesión de la psique y del cuerpo disuelto y animal caído”. ¡Qué bella descripción!

Es tan característico san Juan Damasceno, de modo que si tuviéramos sólo este fragmento suyo, nos daría una imagen completa sobre el tema de la resurrección de los muertos. Pero os remito al último capítulo 27 del cuarto libro sobre su “Dogmática”. Es un capítulo extenso de 3-4 páginas que contiene casi todas las cosas que os diré.

Dice pues: “Si definimos la muerte como separación de la psique de el cuerpo, entonces la resurrección no es otra cosa que de nuevo unión de la psique con el cuerpo y otra vez la elevación del cuerpo animal y disuelto”. Animal se llama cada cosa que vive. Y el hombre es animal, con la diferencia que “es animal contemplando hacia Dios”. En la Gran Víspera, por ejemplo decimos que “los animales con seis alas, los Serafín…”. Por lo tanto decimos Animal cada cosa que vive.

¡Habéis visto, por favor, qué significa muerte! Esto lo comentaremos más detalladamente en un futuro; pero ahora algo vamos a decir. Definimos que la muerte es separación de la psique del cuerpo. ¿Pero qué es resurrección? Es la cohesión, reunificación de la psique con el cuerpo. Pero la psique es inmortal; por consiguiente para tener otra vez unión, debe el cuerpo volver a ser como antes, es decir, resucitar.

Además, lo mismo dice el Apóstol Pablo: “Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción (o se entierra el cuerpo en estado de corrupción, cadáver), y resucita en incorruptible” (1Cor 15,42).

4.2 Los Sínodos Ecuménicos.

Pero, por salir un poco de los Padres en concreto, todos los Sínodos Ecuménicos que expresan el espíritu de la Iglesia de Cristo, se refieren claramente al tema de la Resurrección de Cristo. Especialmente en el 7 Sínodo Ecuménico en sus actas se ha ocupado no simplemente de la resurrección de los cuerpos, sino también con la naturaleza del cuerpo que va a resucitar.

4.3 Los Símbolos de Fe.

Todos los Símbolos de la Fe o Credos que siempre ha habido en la larga historia de los siglos de nuestra Iglesia, se refieren a la resurrección de los muertos.

El Símbolo de Fe de Jerusalén se refiere: “Creemos… también en la resurrección del cuerpo y en la vida eterna”. Está claro; “en la resurrección del cuerpo”, para que nuestra mente no vaya en otra cosa, que podría ser alguna metáfora, etcétera.

También el Símbolo de Fe de san Athanasio el grande, que se encuentra al principio del Gran Orologion, dice lo siguiente: “El que quiera salvarse, más que nada debe tener y mantener la fe completa; si no la mantiene entera, sin dudas y sin contradicciones, no se salvará. Fe católica o universal es…” Pero tomo el punto que nos interesa: Cuando el Cristo venga de los cielos para juzgar vivos y muertos, con Su Presencia serán resucitados todos los hombres con sus cuerpos y darán cuentas por sus praxis, etcétera”.

Y finalmente nos referimos a nuestro conocido Símbolo de Fe de Nicea, este que decimos por lo menos dos veces al día. Exactamente por eso nuestra Iglesia lo ha colocado al primer Matinal y después a la última víspera. De modo que comenzamos nuestro día con el Símbolo de la Fe y con esto terminamos. Pero si celebramos la Divina Liturgia, entonces escucharemos el Símbolo de la Fe una vez más. En nuestro conocido Símbolo de la Fe que se llama también de Nicea, decimos: ¡Espero la resurrección de los muertos! Y como las psiques-almas no mueren, la resurrección que espero es la de los cuerpos.

No creo que ya, amigos míos, que uno saliendo de este lugar, no haya entendido lo que decimos. Si fuera un maestro me dirían los alumnos: ¡Señor, basta ya, nos has mareado con este tema, lo has repetido tanto!

4.4 La praxis de nuestra Iglesia.

Pero nuestra Iglesia quiere tener continua la memoria de la resurrección de los muertos. Veis que es un maestro que no se cansa a decirlo y repetirlo, quiere tener la memoria continua. Por eso cada domingo festeja la Resurrección de Cristo, la cual es realizadora de la resurrección de los muertos; es decir, es el único factor esencial de la resurrección de los muertos y también la victoria contra la muerte.

Durante el período de la semana después de la Resurrección, además del Canon de la resurrección que se escucha y es tan solemne, allí se expresa también la resurrección de los muertos; nuestra Iglesia psalmodía continuamente el pequeño y muy preciso tropario: “Cristo ha resucitado de los muertos, por la muerte pisoteó la muerte, y los que están en la tumbas les regaló la vida”. Por cuarenta días nuestra Iglesia canta este tropario, y cierra todo Oficio con “Cristo ha resucitado”, en vez de “por las bendiciones de nuestros Padres…” Porque realmente este tropario es muy pequeño, pero característico y magnífico, nos informa para todo. “Cristo ha resucitado de los muertos, por la muerte pisoteó la muerte, y los que están en la tumbas les regaló la vida”; ¡qué realismo: regaló vida!

4.5 Los negadores y los enemigos de la resurrección de los muertos.

Pero, amigos míos, habían también hombres negadores y enemigos de la Fe, que negaron la resurrección de los muertos. La resurrección de los muertos es antiquísima, aún desde el tiempo de los Apóstoles. Pero lo bueno es que mientras que los Apóstoles son los predicadores de la Resurrección de Cristo y de la resurrección de los muertos, los mismos Apóstoles son los que fueron guerreros enemigos contra los negadores de la Resurrección. Esto significa que uno no puede decir que los Apóstoles han malinterpretado las cosas y sostuvieron algo que está fuera de lugar, que no tiene sentido y es paranoico o que el kerigma de ellos se malinterpretó, es decir, que ellos han predicado sobre una resurrección ética digamos y no real. No. Doxa-gloria y gracias a Dios, los Apóstoles vivían cuando se entendió mal la resurrección de los muertos, y los mismos Apóstoles de Cristo se ocuparon, afrontaron y combatieron a los negadores de ella.

4.6 Himeneo y Fileto.

El Apóstol Pablo por ejemplo se refiere a Timoteo: “Evita las palabrerías vacías y profanas, que contribuyen cada vez más a la maldad, y su enseñanza se extiende como gangrena. Éste es el caso de Himeneo y Fileto, los cuales se desviaron de la verdad diciendo que la resurrección se ha realizado ya, y pervierten la fe de algunos” (2Tim 2,16-18).

Himeneo y Fileto eran dos cristianos quienes negaron la Resurrección de Cristo y la Resurrección de los muertos, diciendo que la resurrección ya se había hecho. Sin embargo, qué daban a entender con esto y qué da a entender el Apóstol Pablo, lo veremos un poquito más abajo. Ahora vamos por orden sobre todos aquellos que negaron la resurrección de los muertos, antiguos y más nuevos.

4.7 Los racionalistas

Y primero, amigos míos, son los Racionalistas antiguos y nuevos. Los Racionalistas son aquellos que intentan juzgar, razonar y medir todo con la medida de la razón. Pero os lo digo y que lo sepáis para siempre que nuestra razón o lógica es limitada. La mente humana no puede entenderlo todo; no es posible que llegue a entender algo alguna vez, si hoy no lo entiende. Debemos saber que esto se ha demostrado también filosóficamente. Cant además demostró que en la mente humana hay límites. No es posible que la mente humana llegue a entenderlo todo, porque tiene límites, está limitado, por mucho que se suponga que ha progresado. ¡Cómo, pues, podemos hablar de algo que está más allá de nuestra lógica que esto no existe, como en el caso de la resurrección de los muertos!

El hombre racionalista es el hombre “natural”. No es el hombre del espíritu, el hombre de la jaris (gracia, energía increada), el hombre de la fe, sino el hombre tal y como es, que tiene mente con unos límites. Este hombre puesto que está privado de la divina iluminación, no puede nunca entender cómo es posible un cuerpo que se disuelve en la tierra pueda otra vez reconstruirse y vivir eternamente.

4.8 Los materialistas

Además de los Racionalistas están también los Materialistas. Los Materialistas niegan a Dios y la psique-alma. Naturalmente cómo van a aceptar la resurrección de los muertos, puesto que lo niegan todo. Sólo aceptan lo que ven, lo que sienten y lo que entienden. Muchas veces hasta niegan cosas que están dentro de la razón, no sólo las que están fuera de la lógica. Sólo lo que perciben sus sentidos aceptan. Tampoco es posible que los Materialistas acepten la resurrección de los muertos porque para ellos “todo fluye” (Aristóteles). Dicen que nuestro cuerpo se ha hecho de la tierra, y esta tierra sacará hierbas, y las hierbas las comerán los animales vivos, cabras, ovejas etc, y las cabras o los corderos los comerán los hombres, y así un hombre circula dentro en el otro hombre. Así pues, dicen que “todo fluye”, todo se altera, y cada uno se mueve dentro del otro en un movimiento continuo y perpetuo. Así, el Materialismo considera imposible que pueda haber resurrección de los muertos. ¡Esto está más allá de los límites de la razón!

4.9 Los panteístas

Después tenemos los Panteístas (todo dios). Atención, estas cosas son de los antiguos y también de los más nuevos negadores. Entonces había Materialistas y Panteístas actualmente también. Por ejemplo, el Budismo que se ha expandido en occidente, y los que leen y aceptan los libros budistas, aceptan el Panteísmo. Pero también la Teosofía, el Espiritismo y la Masonería, todos estos que tienen origen de oriente, aceptan el Panteísmo, tienen una base panteísta. Cada cosa que opera, aún cuando hablan sobre el espíritu, está dentro al universo creado. Por tanto el Panteísmo sea de los antiguos o de los nuevos, niega la resurrección de los muertos, porque el Panteísmo identifica a Dios con la creación y con los hombres.

Según el panteísmo (todo dios), cada cosa que por un momento existe, al momento siguiente no existe; se une con el inconsciente universo, y no mantiene ninguna conciencia personal. Esto es el Panteísmo. Pero la resurrección de los muertos presupone el mantenimiento de la personalidad y la individualidad del cuerpo. Pero, según el Panteísmo, no se mantiene la personalidad, ni la individualidad del cuerpo. Según este, aquel que muere se une con una gran psique-alma, el gran espíritu del universo, que es este universo y nada más.

Es como si tuviera una superficie de agua, donde sobresalta un chorro de agua. Este chorro de agua tiene una hipóstasis o forma substancial cuando sale de la superficie del agua, es decir, del volumen del agua. Pero vuelve a caer dentro al agua y entonces vuelve ser igual que antes. Esto dice el Panteísmo. Cuando muero, entonces me uno con el universo. Así que no se mantiene la individualidad, ni la personalidad del espíritu. Todos los Panteístas, sea que se llamen teosofistas, sean masones o espiritistas, aunque hablan de vida en el más allá, etcétera, tienen como base el Panteísmo. No lo olvidemos nunca esto.

Pero también esto que ellos lo llaman nirvana no es otra cosa que una bienaventuranza, aunque nunca se ha dado la respuesta qué es exactamente. Es una bienaventuranza al cero, a la inexistencia. Digamos o supongamos que en esta vida sufro muchas cosas. Pero antes de yo nacer estaba feliz. Según el Panteísmo, antes de yo nacer, existía. Por supuesto que no tenía conciencia, pero estaba feliz. Pero, otra vez después de mi muerte, seré feliz, porque estoy hundido dentro al nirvana, dentro en la bienaventuranza de la inexistencia. Es decir, soy una existencia en inexistencia, una existencia que carece de personalidad, conciencia e individualidad sobre el cuerpo. Por lo tanto, cómo es posible un Panteísta aceptar la resurrección de los muertos, ¿Es posible? No.

4.10 Los Gnósticos

Tenemos también los Gnósticos, antiguos y nuevos. Amigos míos, la Masonería, os lo he dicho muchas veces, tiene una dimensión gnóstica, es decir, que no es otra cosa que una nueva forma del antiguo Gnosticismo. Es conocido que el Gnosticismo de cualquier forma que se haya aparecido en la historia, siempre se sostiene a la dualidad, es decir, en la presencia de la materia y del espíritu. Sostiene que el espíritu es creación de un dios bueno, en cambio la materia es resultado de un dios malo, quien también es principio. Tenemos pues dos principios, una dualidad; el principio del bien y el principio del mal.

La dualidad no es otra cosa que el intento del hombre a interpretar el bien y el mal que existe dentro en el universo. Así, pues, todos los antiguos sistemas filosóficos, aún el de Platón, en su base son dualistas. Y hasta los actuales sistemas filosóficos de oriente, Budismo, etcétera, la base de todos es dualista. Se ve pues, cómo el Gnosticismo viene ahora a influenciar también en algunos cristianos, como es Himeneo y Fileto -a los cuales el Apóstol Pablo les condena- porque sostienen una resurrección espiritual o ética, excluyendo la resurrección de los cuerpos.

4.11 La resurrección espiritual

¿Cuál es esta resurrección espiritual? Por favor, prestad atención. Aquí hay un gran peligro, y correctamente el Espíritu de Dios puso dentro en la Santa Escritura esta condena de Himeneo y Fileto. Siempre, en cada época, especialmente en nuestros días, esto último tiene mucho valor e importancia. Prestad atención. Es conocido que cuando nos bautizamos renacemos; pero renacemos de nuestro estado pecador, por el pecado espiritual. Esto significa que tenemos resurrección. Estábamos caídos por el pecado, y ahora nos levantamos, erguimos en la santidad y la virtud. Éramos la imagen caída de Dios, y ahora esta imagen se levanta, es decir, tenemos resurrección. Pero esta resurrección tiene carácter espiritual, dimensión espiritual.

Aún cuando decimos “soy pecador, y ahora me estoy haciendo santo”, esto significa que he resucitado moralmente. Os recuerdo la parábola del hijo pródigo (15, 11-32). Qué dijo el padre a su hijo mayor, cuando aquel envidió y no quiso entrar a la casa, al momento que escuchó la gran fiesta por haber vuelto su hermano “el hijo menor”. Dijo: “Hijo mío, debías alegrarte por tu hermano, porque estaba muerto y ha vivido, estaba perdido y se encontró”. ¿Veis? “Estaba muerto y vivió”, es decir, resucitó; resucitó de su muerte ética.

Himeneo y Fileto, pues, tal y como dicen también todos los tergiversadores de la interpretación de la Santa Escritura, decían: ¿Te has bautizado?, pues, te has renacido, te has hecho hombre nuevo; ¿entonces te has resucitado! Por lo tanto, ¡esto es, ya no hay más; no hay otra resurrección! Esto es aquello que dice san Pablo para los “que dicen que la resurrección ya se ha hecho”.

4.12 Afrontamiento de los negadores de la resurrección

Y ahora, doxa-gracias y gloria a Dios, el mismo Apóstol se hace cargo en afrontarlos. Escribe a Timoteo: “Ésta es la recomendación que te hago, Timoteo, hijo mío, en conformidad con los augurios que anteriormente se hicieron sobre ti: apoyado en ellos libra el buen combate, mantente firme en la fe, ten la conciencia limpia. Por despreocuparse de la conciencia, algunos naufragaron en la fe, entre los que se encuentran Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar” (1Tim 1,18-20). Aquí se refiere a una nueva persona que es Alejandro, mientras que en la segunda epístola se refiere a Himeneo y Fileto, es decir, los ha entregado al Satanás o por enfermedades para que sean instruidos a no blasfemar y que los ha quitado de la Iglesia como heréticos.

Tenemos dos parádosis tradiciones y entregas al Satanás; (el verbo paradido es entrego); una tradición es la entrega de la psique-alma mediante la excomunión o anatema le corto de la Iglesia y le pongo en manos del Satanás- y la otra es caer el cuerpo en enfermedades indescriptibles. Acordaos de aquel incesto de Corinto por el que Pablo dice: “este tal sea entregado a Satanás, con el fin de que, aunque quede corporalmente destrozado, pueda salvarse el día del Señor” (1Cor 5,5), o sea, que se centre y sane su mente, para que no sea incesto. Y ahora dice lo mismo: “Los he entregado al Satanás”; pero no nos explica si los ha entregado corporalmente o espiritualmente. Corporalmente o somáticamente quiere decir que enferman y espiritualmente quiere decir que se endemonian. Los ha entregado, pues, al satanás para que no blasfemen, o sea, para que no digan que ya se ha hecho la resurrección de los muertos, puesto que ya no se ha hecho. Queridos míos, la resurrección de los muertos la esperamos, aún no se ha hecho. Y la resurrección de los muertos no es espiritual o ética, sino corporal. ¡Está clarísimo!

4.13 Negación recta e indirecta de la resurrección de los muertos

Como veis, es característico que aquí la negación de la resurrección de los muertos no es recta, sino indirecta. Es decir, Himeneo, Fileto y Alejandro no niegan la resurrección, sino que la falsifican. Esto hace el diablo, amigos míos. Es el método del Satanás, que infunde en muchos de los cristianos no sólo que nieguen, sino que falsifiquen algo. Dicen: “No niego a Cristo, voy a la Iglesia y me santiguo”. Pero esto, por sí mismo no salva; y si les dices el resto te responden: “Basta, no acepto estas cosas”. Pero si el Diablo les dijera que no vayan nunca en la Iglesia, entonces reaccionarían. ¡Así que les infunde que vayan a la Iglesia o confesarse, aunque sea una vez al año o a veces una vez… en cincuenta años! ¡Le dice el diablo, toma la comunión o efjaristía no pasa nada! Pero no quiere que te acerques y te ocupes de la vida espiritual. ¡Y veis que apenas uno se acerque un poco más a la Iglesia, caen todos encima de él como moscas y le critican o se burlan! Aquí pues, tenemos la perversión de la Iglesia. Esto es lo característico.

4.14 La resurrección para nosotros hoy

Hoy en día, amigos míos, está expandida esta percepción pervertida sobre la resurrección de los muertos y la Resurrección de Cristo. No olvidaré nunca, cuando una vez leía un artículo sobre la Resurrección de Cristo en un periódico serio de Atenas. ¡Escribía sobre la resurrección de la naturaleza y sostenía que la Resurrección de Cristo no es otra cosa que resurrección de la naturaleza, por eso celebramos la Resurrección de Cristo en primavera, porque la primavera es la resurrección de todo!… ¡Cosas terribles, terribles! Es decir aquí tenemos resurrección que la entienden, sea espiritualmente o moralmente, sea como un traspaso, alteración o de manera panteísta o natural. No confiesan la fe correcta, que Cristo resucitó de los muertos y que resucitaremos también nosotros con nuestros cuerpos, estos cuerpos que tenemos hoy que son corruptibles y mortales.

Aún hay una percepción negativa más sobre la resurrección de los muertos. Por favor, prestad atención también en esta; es antigua y contemporánea.

¡Algunos entienden la resurrección como mantenimiento del género! Es decir, ¡que nosotros moriremos, pero estaremos viviendo a la persona de nuestro hijo. Cuando muera nuestro hijo, él estará viviendo en la persona de su hijo y nosotros en nuestro nieto! Por consiguiente en este momento, por ejemplo, Adán vive, porque vive dentro de nosotros; su esperma, su existencia está dentro de nosotros. Así pues, cuando decimos resurrección, para ellos no es otra cosa que la existencia y el mantenimiento del género dentro en la historia.

4.15 La resurrección de los muertos según los judíos

Os parecerá extraño si os dijera que esta teoría tonta, la sostienen también los judíos. La sostenían los antiguos judíos, los saduceos, pero la apoyan también los nuevos hasta hoy en día. Pero está claro que de manera natural, porque los saduceos no creían a la resurrección de los muertos. Lo recordareis en el Evangelio de Mateo. Por eso habían dicho aquel mito tonto, de una mujer que según la ley, como no tenía hijos, y los siete hermanos correspondientemente que se casaban con ella y sus supuestos maridos morían uno detrás del otro. Y habían preguntado al Señor al final de quién será mujer en la resurrección. Habían dicho este argumento para atraparle y ponerle en una situación difícil; pero el Señor los demostró que tenían plena ignorancia de la Escritura (ver Mt 22,23-32. Mr 12,18-27 y homilía 3).

Los judíos pues, creen pero no en la resurrección de los muertos, sino a la resurrección de su linaje o de su pueblo. Pero si les preguntáis: ¿Cómo interpretan entonces los Profetas, por ejemplo, la visión de Ezequiel? Lo interpretan de modo nacional. Por supuesto que existe esta primera dimensión pero no se agota en esta interpretación, porque a Dios no le interesa tanto la historia de un pueblo, sobre todo de parte mundana tan insignificante. ¿Qué era Israel durante toda su historia? Un trocito de la tierra, que es difícil de encontrar hasta en el mapa. La historia de Israel fue una de las historias más humildes, de parte militar, de arte, de civilización, etc. La historia más insignificante de la tierra fue la de Israel. Pero tiene su singularidad. ¡Esta singularidad hace la historia de Israel que sea por encima de todas las historias nacionales y de todos los pueblos: es decir, que allí dentro gobernaba el Dios, para que se haga el Israel tipo o modelo de todas las naciones y pueblos!

Sí, pues, allí habla el Dios con la visión de Ezequiel, y da una dimensión nacional. Pero no se agota en una visión nacional aquella admirable visión de Ezequiel. Simplemente esto, junto con la presencia de Israel, es también un tipo o modelo, una imagen histórica que se agotará con el acontecimiento de la resurrección de los muertos.

¿Qué dicen, cómo lo interpretan los judíos este sueño? Pues, ¡que simplemente sobrevive Israel y que esto se llama resurrección de los muertos! Queréis ver cómo lo interpretan los contemporáneos judíos: os digo de una copia de la revista semanal judía “Crónicas” 11, en septiembre de 1978, que dice:

“Jehová es uno y único Dios, el Dios de Israel, quien castiga los pecados de este pueblo en vida, le sigue, le protege y le considera elegido y le predestina a dominar la tierra”. Habéis visto “dominar la tierra…” ¡Sionismo! Vida después de la muerte no existe, y las tumbas de los judíos nunca se abren. He aquí, pues, lo que creen los nuevos saduceos. ¡No creen en la resurrección de los muertos, sino a la resurrección de su etnia y la presencia de su etnia dentro en la historia!

Observad, por favor, cuántas teorías existen que intentan tergiversar la gran verdad de la resurrección de los muertos. Por eso os dije que escucharéis cualquier teoría y deberéis estar informados y asegurados.

4.16 La reencarnación, metensarcosis o metempsicosis

Pero debemos decir aún una última teoría, que en nuestra época ha empezado de una manera otra vez a crear alguna inquietud a los hombres, es la reencarnación o metempsicosis y esta teoría también niega la resurrección de los muertos. El término que predomina es como metempsicosis, pero no es correcto; lo correcto es reencarnación o metensarcosis, porque no tenemos cambio de psiques, sino de cuerpos, mientras que la psique permanece una y sola. Por lo tanto estaremos diciendo reencarnación, este el término más correcto.

¿Qué es esta teoría? Cuando decimos teoría es simplemente una creencia, un creer. No es nada seguro simplemente es una teoría. Es una teoría sobre un reciclaje perpetuo o eterno de las existencias y de continuas reencarnaciones, hasta que venga en la psique la plena catarsis. En palabras sencillas, digamos que el hombre muere, y su psique entra en un cuerpo nuevo. Este cuerpo puede ser de un humano, de un animal y alguna vez de algún vegetal, es decir, algo muy inferior. Y otra vez comienza la vida, con un nuevo nacimiento, y otra vez comienza un intento de mejoramiento. Pero como no puede el hombre o este animal mejorar, otra vez cuando muera, la psique entrará en un nuevo cuerpo, por tercera, cuarte vez, etcétera. Este ciclo se supone que dura 3.000.

Esta creencia en la reencarnación, amigos míos, es muy antigua. La encontramos en los hindúes y en otros pueblos orientales, y sobre todo antes del budismo. El budismo como sabréis, comenzó antes del siglo sexto antes de Cristo. Los egipcios desde que encontraron allí en su tierra Egipto creían en la reencarnación siempre. La encontramos, pues, en oriente. Pero también en la parte helénica se manifestó la reencarnación con Pitágoras, quien según Heródoto, la recibió de los egipcios. De Pitágoras y de los Órficos la recibió Platón, y de éste Plotino. Así que vemos también en la antigua Grecia existe esta percepción de la reencarnación. Sin embargo, a pesar de esto, Platón no se quedó en esto en su principal teoría sobre las psiques y el futuro del hombre. Platón esta teoría la dejó algo de lado, aunque la adoptó.

Es inquietante el caso, amigos míos, porque hoy en día tenemos una revivicación de las religiones occidentales, el budismo, por ejemplo, y una invasión impulsiva de estas religiones occidentales, de la llamada meditación (dialogismo) espiritual al mundo occidental. En Europa y en América, naturalmente también en Grecia; y tenemos muchas víctimas, que ponen atención a esta meditación espiritual oriental. Dicen que uno allí va a encontrar la serenidad y la paz y tantas cosas de este tipo, de manera natural y de modo panteísta siempre. No olvidemos esto nunca; que siempre con base panteísta* (todo dios, todo vale). Por lo tanto esta situación existe. Desgraciadamente estas cosas se proyectan por las televisiones y otros medios de comunicación, periódicos, revistas, etc, y el que no sabe, nuestro pueblo es arrastrado y engañado. ¿Pero por qué no sabe? ¡Pues, debería de saber! *(Panteísmo: opinión y alabanza en la cual la fisis-naturaleza y el Dios se identifican, son uno, por lo tanto el mundo es dios o divino. Acepta que el Dios es el único ser real, y el mundo es Su manifestación, Su procedencia o emanación).

Me diréis: ¿Estas cosas no nos las habéis dicho para saberlas? Sí, ¿pero habéis preguntado para saber? No echemos siempre la culpa y responsabilidad a los demás, de que estas cosas debían dárnoslas aquellos que saben; y el pueblo también debe interesarse y buscar para saber y aprender. Cierto que a vosotros os elogio, porque venís aquí exactamente para esto, estas cosas no las digo para vosotros. Pero los otros, la mayoría, por estos sufro, me dan lástima amigos míos, cuando veo en la televisión que se desarrollen teorías como esta de la reencarnación, y tragan estas teorías como pastillas, como si no existiera otra cosa más. ¡Decidme, son dignos de pena y lástima estos hombres!

Me diréis otra vez: ¿qué deberían hacer?

Yo los preguntaría, ¿hermano, te has bautizado, eres cristiano y no tienes ninguna inquietud en tu interior y preguntar? ¿Has oído alguna vez a tu madre o padre hablar sobre la reencarnación? ¿Has preguntado si es correcto esto, si la Iglesia en la que perteneces lo acepta?… Pero si no crees a Jesús Cristo, entonces eres digno de tu suerte amigo mío. Pues, otra vez me das pena y lástima, porque eres digno de tu suerte; porque cuando tú niegas a Cristo, es normal que entre una legión de demonios en tu psique y te conviertas en residencia de demonios! ¡Es normal que vengan los demonios, habiten en tu interior y te susurren y te traigan todo tipo de engaños, mitos y tonterías en tu mente necia!

Como existe esta percepción de la reencarnación -o metempsicosis, como se dice por muchos- por eso es interesante a examinar y saber algunas cosas sobre este tema.

Pues, esta teoría de reencarnación no es más que un fantasía clara. Es decir, se inspecciona y controla de la manera más sencilla de que esta teoría es una fantasía tonta.

¿Qué dice esta teoría? Dice que cuando te mueras, si tu psique no se ha perfeccionado, vuelve atrás en otro hombre, o si eras muy pecador entra en un animal. Por ejemplo, si tienes ira, digamos que te conviertes en un burro; si tenías gula te conviertes en un cerdo; si tenías orgullo te conviertes en pavo real… etcétera.

Dicen que el propósito de la reencarnación es el mejoramiento de la psique. Pero preguntamos: ¿Cuándo nuestra psique imperfecta y pecadora entra en un animal, el animal tiene lógica y conciencia de modo que podamos conseguir el mejoramiento de nuestra psique? Pero el animal no tiene lógica, ni conciencia; ¿entonces por qué entrar la psique humana en este? Me diréis que entra en un humano. Sí, pero para que pueda tener mejoramiento debe tener la memoria de la antigua vida y la autoconciencia, de que una vez estaba con aquel cuerpo, mientras que ahora está con este nuevo cuerpo; y que entró en otro cuerpo y nació nuevo humano, porque el antiguo se envejeció y no le dio tiempo perfeccionarse. Pero este nuevo hombre, o animal, debería mantener su memoria y su autoconciencia. ¿Pero quién de vosotros mantiene autoconciencia de que antes de nacer estaba en otra existencia? ¡Que levante la mano por favor… Nadie! Pues, no se mantiene la autoconciencia, si se supone que la psique va en otro cuerpo, o en un animal que allí no hay ni siquiera lógica. Por lo tanto, qué sentido tiene esta mejora de la psique con la reencarnación.

Pero me diréis que habéis oído a la radio o habéis oído en alguna parte que se refieren casos de hombres que mantienen una memoria de que una vez habían vivido. Digamos que el tal así de repente dice: “¡Sabéis… este hombre le había visto cuando… cuando vivía en otro cuerpo!

Pues, prestad atención y veréis lo que ocurre en este caso. La reencarnación hoy en día, pero desde siempre, la patrocinan la Teosofía y el Espiritismo. ¿Sabéis lo que es el Espiritismo? Es un sincretismo (que es una mezcla de religiones), un Gnosticismo, recortes pegados, mezclas; un poco budismo, un poco cristianismo, un poco de esto o de lo otro, pero su mayor parte es budismo. Pero la reencarnación la promociona también el Espiritismo. El espiritismo era la base de la antigua religión de Grecia. Habían oráculos y videntes o adivinos, y los helenos no hacían ni el mínimo movimiento si no fueran aconsejarse por ellos. La base pues era la adivinanza, el Espiritismo. Así pues, la Teosofía y el Espiritismo patrocinaban la teoría de la reencarnación.

Si tenemos en cuenta que hoy en día, como existe el espiritismo que promociona y proyecta la reencarnación, está claro que sean verificadas estas cosas que dicen algunos hombres, de que han vivido una supuesta vida anterior y que comenten algunos acontecimientos que les conciernen. Dice uno por ejemplo: “Me acuerdo que estaba co-habitando con tal en Nueva York”. Realmente, mientras preguntan primero a este cuándo se ha marchado la psique y de aquí este responde que el otro murió hace un año, a continuación van a Nueva York y comprueban que tal no existe. Le pregunta si había co-habitado el año pasado con tal, y él responde sí, que tenía un vecino que ha muerto el año pasado. La psique pues de aquel se ha marchado y vino ahora en este.

Amigos míos, cuando tenemos un caso así, debemos decir que tenemos representaciones imprecisas de la edad de niño; porque realmente existen hombres que no están en un buen estado psíquico y creen que han vivido en otra parte; o hay división de personalidad, psicopatología, es decir, finalmente tenemos el fenómeno espiritista, puesto que el Espiritismo patrocina y proyecta la reencarnación.

¡Los espiritistas, amigos míos, no dudan de que hasta los santos son de ellos! ¡Últimamente se ha constituido en Atenas una asociación teosofo-espiritista, con el título San Nektario… donde invocan supuestamente el espíritu de san Nektario! Pero amigos míos son los demonios que aparecen y no san Nektario!… Estos hombres ya son tan egoístas, que el Dios permite que tengan este espíritu de engaño. ¡Es terrible esto… este espíritu del engaño!

¡Últimamente han caído en mis manos unos libros de este tipo, que desgraciadamente presentan personas que están allí con renombre en la sociedad helénica!… Y uno piensa: “¡Dios mío, sólo una cosa te pido y te ruego, hasta que cierre mis ojos que esté derecho, firme y correcto en la fe ortodoxa!” Pues, amigos míos, allí veréis que mezclan el Evangelio desde el principio hasta el final, y sostienen que supuestamente invocan el espíritu de Jesús Cristo, el espíritu de san Juan Bautista, de san Nektario y de otros Santos, diciendo esto u otro!… En una parte del libro de ellos dice sobre la aparición del espíritu de san Nektario. “Por un momento, dice, cuando estábamos orando hubo un vaciamiento eléctrico, y dijimos todos: ¡es san Nektario! Y comenzamos todos a orar a san Nektario, quien nos ha informado de varias cosas…”, etcétera. Estos hombres, son pobres, desgraciados seres humanos que en ellos operan los espíritus malvados, los demonios. Los espiritistas tienen también oraciones, porque el Espiritismo es religión; esto lo demuestra el memorable Panagiotis Trémpelas.

Toman personas de la Santa Escritura y dicen que sostienen la reencarnación a base de la Santa Escritura. Tenemos un acontecimiento así en el Evangelio de Luca. Pero Orígenes en su época lo afronta de manera admirable y bella. Os he dicho que estas cosas son antiguas, no son nuevas. Os lo leeré y después lo analizaré: Es en el Evangelio de Luca, homilía 4, una serie de Padres Helenos y Escritores eclesiásticos, tomo 15, página 17.

Es decir; El Cristo dijo que Juan ha venido “e irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías” (Lc 1,17), o sea que tiene las características del profeta Elías. Pero aquellos que creían en la reencarnación, sostenían y decían que “el espíritu de Elías vino y se encarnó a la persona de Juan”! Por lo tanto la Escritura habla de la reencarnación, y sobre todo que testigo de esta es el mismo Cristo, que dijo que Juan es “en poder de Elías”. Y genialmente dice Orígenes: “Si Elías hubiera muerto, podríamos decir que se ha dado un algo, -aunque lo “en poder” característicamente quiere decir, con las energías de Elías; no es que sea el mismo Elías- aunque sea se podría, dice Orígenes, decir que era el Elías, de quien la psique entró en el vientre de Elisabeth, y nació Juan. Pero Elías no murió, sino ascendió. ¿Cómo podemos sostener que tenemos una psique en dos cuerpos?, es algo imposible. Así de esta manera excelente e inteligente lo afrontó Orígenes.

4.17 Que nos aseguremos

Como veis, amigos míos, todas estas cosas son muy importantes. Y debemos conocer aquellos que niegan la resurrección de Cristo, de manera que no caigamos víctimas de estas posiciones y teorías paranoicas. Os ruego, pues, como dice san Cirilo en sus catecúmenos de entonces, que nos aseguremos. Asegurémonos con todo aquello que aprendemos, y que mantengamos nuestra fe completa, entera en la Iglesia y en la verdad que el Cristo resucitó corporalmente y que nosotros resucitaremos corporalmente. ¡Resucitaremos con resurrección real y resucitarán nuestros cuerpos que tenemos ahora!

Pero, primero el Dios, continuaremos el domingo que viene. (xX.jJ: y yo continuaré la traducción de la siguiente homilía)

+Yérontas Athanasios Mitilineos Domingo, 4-5-1980.

5.1 “Porque si no hay resurrección de muertos… vana es nuestra fe”.

La resurrección de los muertos es el resultado natural del misterio de la Encarnación del Logos Divino. Con razón el apóstol Pablo escribe: “Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó (puesto que él también tenía cuerpo como el nuestro). Y si Cristo no resucitó, vana y vacía es entonces nuestra predicación, vana y vacía es también vuestra fe” (1Cor 15,13-14). Veis pues que el resultado natural del Cristianismo es la resurrección de los muertos. Allí debemos llegar, no es posible que sea de otra manera.

La verdad es que nos hemos bautizado cristianos, muchos años estudiamos y escuchamos el logos de Dios, pero me temo que no hemos captado bien el sentido y significado del cristianismo. Mucho me temo de esto. Sería bendito que de vez en cuanto tener un diagrama completo sobre qué es el Cristianismo, de modo que uno vea de una manera sinóptica toda la obra de la divina Economía; es decir, qué es el hombre y cómo ha caído, o más bien, el cómo el Dios dejó caer al hombre; porque le hizo libre, pero que le ama y viene a salvarle. Pero esta salvación no se refiere sólo a la psique; se refiere al cuerpo y psique-alma; y eso porque el Dios ama al hombre como también toda Su creación; y la vuelve a traer otra vez cerca Suyo, para que vivan dentro en Su eternidad, en Su vida y Su alegría.

Cierto que esto que os he dicho con dos frases se puede analizar en una hora y constituirse realmente en un diagrama general del Cristianismo, porque muchas veces nosotros nos quedamos en detalles y perdemos el total, y esto por supuesto es un peligro.

5.2 ¿De dónde procede la resurrección de los muertos?

Hemos dicho, pues, que la consecuencia natural de la Resurrección de Cristo es la resurrección de los muertos; porque sería incomprensible que la cabeza de la Iglesia que es el Cristo, resucitase y vivir, en cambio el cuerpo, que es la Iglesia, no resucitara y permanezca muerto.

Por ejemplo, cuando comulgamos el Cuerpo y Sangre de Cristo, los comulgamos de forma sensible, es decir, pragmáticamente tomamos el Cuerpo y Sangre de Cristo, de modo en misterio, y esto lo recibe también nuestro cuerpo y nuestra psique. Así pues, si no existiera la posibilidad de unirnos con el Cristo, ¿qué sentido tendría este ultimísimo Misterio de la Divina Efjaristía? (Y se llama ultimísimo, porque el Bautismo es la introducción, en cambio todos los demás misterios obligatoria y voluntariamente conducen a esto, que es la unión con el encarnado Hijo de Dios). Cómo sería posible realizarse este misterio, si se supone que no es factible esta unión y no nos hiciéramos “congénitos, inherentes” con el Cristo, como dice el Apóstol Pablo (Rom 6,5).

El que me convierta en “congénito” no se refiere sólo a la psique, sino en mi existencia completa. Por eso el apóstol Pablo dice a los Corintios: “Dios resucitó al Señor, y nos resucitará también a nosotros con su poder… Pero el que se une al Señor es un solo espíritu con él… ¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros, y que habéis recibido de Dios? Ya no os pertenecéis a vosotros mismos” (1Cor 6, 14-20).

Prestad atención en algo: Yo digo existencias, en cambio Pablo dice “cuerpos”; naturalmente se sobreentiende también las psiques. ¿Pero, por qué pone cuerpos? Pone cuerpos porque quiere recalcar el cuerpo, porque sus lectores estaban influenciados bajo la percepción platónica, no podían entender el cómo es posible que se salve el cuerpo. Los helenos bajo esta intensa percepción dualista que había empapado en sus entrañas y células, nunca podían captar la salvación del cuerpo; por eso el Apóstol dice: ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo…? Y continúa: “¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros, y que habéis recibido de Dios?…” (1Cor 6,19). Toma dos posiciones: primera que el cuerpo humano es “miembro del cuerpo de Cristo” y segunda que “es templo del Espíritu Santo”. Aquí con el primero, “vuestros cuerpos son miembros de Cristo”, alude la Cena Mística, la Crucifixión y la Resurrección, es decir, la Encarnación; y con la segunda “sois templo del Espíritu”, alude el Pentecostés. Por tanto, vemos que el cuerpo humano tiene una posición especial en nuestra redención y salvación. No nos llama la atención que el apóstol Pablo no habla nada pera el espíritu en este pasaje, sino sólo para el cuerpo.

Y dirá en la epístola a los Romanos: “Y si el Espíritu Santo del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos vivificará también vuestros cuerpos mortales por obra de su Espíritu Santo, que habita en vosotros” (Rom 8,11). El apóstol Pablo es totalmente realista, aquí no cabe ninguna metáfora o alegoría. Vivificará vuestros cuerpos, porque en vuestro interior reside el Espíritu de Dios, es decir, si os habéis unido con el Cristo también os habéis unido con el Espíritu Santo. El Espíritu Santo no subestima nuestro cuerpo, ni permanece en una altura para que no sea manchado de nuestra naturaleza humana; nos purifica, nos limpia y nos sana y reside en nuestro interior.

5.3 El cristianismo y el cuerpo humano.

Nunca en la humanidad, y especialmente los Helenos, jamás han imaginado y pensado una altura tan grande para el cuerpo humano. ¡Acusan al Cristianismo, amigos míos, que subestima y desprecia el cuerpo! Los helenos son los que subestimaron el cuerpo; y cuando digo Helenos me refiero a los antiguos Helenos que han filosofado sobre todas estas cosas y temas. Los helenos subestimaron el cuerpo, y lo despreciaron porque le hicieron culto. Vemos la belleza del cuerpo estampada en sus estatuas, a las cuales dieron nombres divinos de dioses/as, como Afrodeta de Melos, Ermes de Praxitelis, Zeus, Atenea, etcétera. La belleza del cuerpo humano fue estampada sobre la estatua inanimada; y la palabra άγαλμα (agalma) estatua en griego quiere decir, me regocijo, me alegro o deleito de algo que veo. Echar una ojeada a los billetes de mil dracmas y veréis el rostro de Zeus. ¡Si conocemos un poco de arte, sentiremos realmente que se trata de una forma o representación magistral! Es la belleza de la creación humana, la estampa de la belleza humana.

Así pues, como los helenos alabaron el cuerpo, el Dios permitió que lo condenen. Por eso los vemos tener una tendencia fuerte hacia el dualismo (dos principios del mundo, el espíritu y la materia); y que consideren el cuerpo como principio del mal, la palabra “principio” en el sentido filosófico. Por lo tanto, si la causa del mal es la materia, entonces también el cuerpo no tiene valor e importancia, y así lo condenamos.

Pero el Cristianismo no hizo culto, no alabó al cuerpo, sino que lo elevó en alturas invisibles. ¿Cuáles son estas alturas invisibles? El cielo. ¿A qué cielo? ¡Al trono del Santo Dios Trinitario! Sí. ¡Cuando el Cristo ascendió, se llevó Consigo también la naturaleza humana en esta vida de la Santa Trinidad! Nunca los hombres se podrían imaginar, y especialmente los helenos, percibir que el cuerpo humano llegaría en esta altura. Y no llega a esta altura a base de una teoría, no de una percepción de nuestro nus (espíritu), no lo hemos imaginado así, sino que los Discípulos ven el cuerpo humano de Cristo, con su naturaleza humana ascendiendo al Cielo; “Dicho esto, lo vieron subir, hasta que una nube lo ocultó a su vista” (Hec 1,9). Por eso os dije que el Cristianismo elevó tanto el cuerpo. ¡Oh si supiéramos qué es el Cristianismo… si supiéramos qué es… que tanto le subestimamos, nos burlamos e ironizamos de él…!

5.4 ¿Quién resucitará los muertos?

La resurrección de los muertos está absolutamente de acuerdo también con la omnipotencia de Dios, o que procede de la omnipotencia de Dios. Si el Dios es el Creador omnipotente, es decir, el que lo ha creado todo, ¿entonces por qué no podría resucitar también los cuerpos humanos?

Dice un antiguo Apologeta, Atenagoras: “¿No nos es bastante la génesis, la formación y la constitución de la creación como demostración de la resurrección de los cuerpos?” (Legatio a la Resurrección). Puesto que tenemos la creación, entonces podemos tener también la recreación. Porque ya que el Dios ha creado el universo desde la nada, y después de la tierra, de la materia existente, hizo al hombre, esta creación admirable, ¿por qué no puede resucitar el cuerpo cuando esto muere?

¡No hemos captado qué es el ser humano! Además, cómo lo vamos a captar, al no ser que nos sea apocaliptado-revelado; pues, y se nos revela. Además, todos los sistemas filosóficos que se ocupan de la antropología intentan entender qué es el hombre. Pero sólo el logos de Dios nos lo apocalipta-revela. Los sistemas filosóficos, en definitiva, condenan y son injustos con el hombre. Comparad corrientes filosóficas existenciales contemporáneas cómo condenan al hombre, cómo le suben y le bajan. Supuestamente dicen que quieren subirle, y en realidad le condenan; es decir, caen al mismo error que los antiguos filósofos helenos.

Así que, puesto que el Dios –permítanme la expresión- pudo crear al Hombre, ¿por qué no puede recomponerle? Porque construir una casa sin tener piedras o ladrillos, no sólo es difícil, sino imposible; pero si se ha derrumbado la casa y tengo las piedras y los ladrillos en la tierra, es más fácil volver a construirla. Por lo tanto, la recreación del hombre, es decir, la resurrección, es más fácil que la creación de Adán. Y como Adán es un hecho dado, por lo tanto, de parte de la potencia Dios está dada también la resurrección de los muertos.

Además el apóstol Pablo recalca en los Corintios: “Dios resucitó al Señor, y nos resucitará también a nosotros con su poder” (1Cor 6,14) y Su energía increada. El Dios, amigos míos, es potente; y si Le quitamos esta cualidad Suya, ¡blasfemamos! El Dios es omnipotente, y en Él “todo es posible” (Mt 19,26. Mc 10,27 Lc 19,26, etc.).

Si una vez los Corintios fueron incrédulos sobre la resurrección de los muertos, el apóstol Pablo les escribió el inolvidable capítulo 15 sobre la resurrección de los muertos en su primera epístola. Está claro que esta incredulidad de ellos, gracias a Dios, ha dado algunas veces la oportunidad y motivo que se escriban cosas inmortales y seguras para los hombres posteriores. Los Corintios no creían, porque no podían imaginar que fuera posible esto, o sea, no podían captar, ni percibir la potencia de Dios. Es cierto, cómo lo iban a captar, puesto que estos hombres se habían criado y educado de sus progenitores con una fe a una deidad que se llamaba Zeus y lo único que podía hacer era gobernar los truenos, las nubes, las tormentas y los relámpagos!… ¡Cómo iban a captar estas cosas, captar la verdadera fuerza, potencia y energía increada de Dios!… Por eso el Apóstol Pablo les dice: “Algunos de vosotros tenéis ignorancia de Dios, no sabéis quién es, y esto lo digo para avergonzaos, porque no conocéis que el Dios es potente y puede con todo” (1Cor 15,34).

Pero la resurrección de los muertos, amigos míos, es cuestión también de la justicia de Dios. Es decir, ¿cómo es posible que la psique peque y peque también cuerpo, y la psique sea castigada, en cambio el cuerpo que quede sin castigo, porque se disolverá en la tumba?…

Todavía el apóstol Pablo dice: “Cualquier otro pecado cometido por el hombre queda fuera del cuerpo, pero el pecado de lujuria daña al propio cuerpo” (1Cor 6,18). Si esto lo tomamos, entonces durante el día del Juicio, puesto que el pecado pertenece al cuerpo que se ha disuelto y no resucitará, entonces la psique no deberá dar cuentas por algo que ha hecho. ¿Entonces, por qué la psique tiene que dar cuentas a Dios para la lujuria que pertenece como pecado exclusivamente al cuerpo?… ¡Por lo tanto, la psique no es acusada y no es el hombre responsable por sus pecados carnales, ni culpable! ¿Pero es justo esto?… ¡Cómo lo veis?

Pero también viceversa, sobre el tema de la virtud. Porque cuando el cuerpo se autocontiene, ayuna y permanece puro, casto en toda la vida y lucha sobrenaturalmente en mantenerse alejado del pecado, ¿por qué entonces este cuerpo no debe ser premiado y elogiado? ¡Es justo esto?…

Escuchad lo que dice Pablo en la 2 epístola a los Corintios: “pues todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba lo que mereció durante su vida mortal, conforme a lo que hizo, bueno o malo” (2Cor 5,10). Veis que tomo pasajes de la Santa Escritura sólo para ratificar estas verdades, de manera que no diga alguno que estas cosas las digo por mi fantasía. También dice que “compadeceremos todos”, da a entender también los muertos y los vivos, porque el Cristo es Juez de vivos y muertos. Esto lo decimos en el Símbolo de la Fe “juzgará vivos y muertos”; “vivos” son aquellos que entonces estarán viviendo, y “muertos” son los que ya han muerto y resucitarán. No dice que cada uno compadecerá con las cosas del espíritu o de la psique, sino “con las de su cuerpo”. El Apóstol se refiere a la resurrección de los muertos, por eso recalca el cuerpo. ¡Veis, por favor, qué claro lo dice!

Es sorprendente y a la vez una desgracia, cómo se ha introducido en la tripulación cristiana, la percepción de que el cuerpo no tiene lugar o posición en la salvación. Es de lo más curioso. Creo que la mayor victoria que conseguiría el diablo sobre los cristianos, sería que consiguiera a convencerlos que no tengan en cuenta la resurrección de los cuerpos. ¡La más terrible y fatal perversión!

¡Y esta percepción no sólo existe al pueblo, sino también al clero, teólogos, obispos, metropolitas! ¡Que no os sorprenda esto, ha hecho tanto daño el diablo… tanto, tanto!

Últimamente he leído en la revista “Vida”, que el archiobispo anglicano de Canterbury, le preguntaron entre otras cosas sobre la resurrección de los muertos. ¡Por supuesto que el tema no pertenece exclusivamente en el espacio de la Ortodoxia, sino que es dogma de fe de primera magnitud en todas las confesiones cristianas, porque es la consecuencia del Cristianismo, el propósito, el final!… Pues dijo este archiobispo que no cree en la resurrección de los muertos!… ¡un archiobispo!

Me diréis que es anglicano. Amigos míos, no tiene importancia, porque ya os he dicho que este dogma lo tienen los romanocatólicos y los protestantes, ya que tenemos el mismo Símbolo de Fe, que dice “espero la resurrección de los muertos”, aunque ellos han añadido la herejía del filioque (que el Espíritu Santo procede del Hijo también). Pero aunque no tuviéramos esto, toda la Santa Escritura habla sobre la resurrección de los muertos y este es su propósito. El logos del apóstol Pablo que dice “si no hay resurrección de los muertos, vana es nuestra fe” es esencial y cierto. ¡Es para tirarse uno de los pelos, es incomprensible que no creamos en la resurrección de los muertos!

Por eso me veis hablando así con este tono y he hecho tanto sobre estos temas en un año entero, y es una pena que sea aniquilado todo esto; porque conozco muy bien que nuestra célula se ha empapado con estas percepciones que dominan, de que es impensable que el cuerpo resucite.

Pero san Cirilo de Jerusalén, también sobre el tema de la justicia de Dios, en su 18 catequesis, dice lo siguiente: “Sin el cuerpo no se ha hecho nada; con el cuerpo cometemos lujuria y con el cuerpo nos mantenemos puros; con las manos arrebatamos, robamos, y con las manos damos caridad; y el resto de la misma manera. Como todo lo que hemos hecho nos ha servido el cuerpo, este también disfrutará lo que le pertenece, sea como disfrute, sea como castigo e infierno eterno”.

Los hombres, amigos míos, existirán en el Infierno con los cuerpos, y en la Realeza increada de Dios existirán igual con los cuerpos. Que lo entendamos bien esto. No son sólo las psiques-almas. Esto es un error, engaño platónico, una herejía platónica de las más terribles que ha dominado en las percepciones de los cristianos. San Justino en su diálogo con Trifón dice lo siguiente: “Aquel cristiano que dice que no existe la resurrección de los muertos y que las psiques están en el cielo, este no es cristiano” (Diálogos con Trifón 80,4 .1-3).

Y añade san Juan el Damasceno: “¡Existe pues, la resurrección! Porque el Dios es justo y da recompensa en aquellos que Le esperan con paciencia. Si sólo pecara la psique sería justo que sólo ella fuera castigada; si la psique viviera sola con la virtud, sería justo que sola ella disfrutara de alabanzas; pero como junto con el cuerpo ha cometido las cosas buenas o las malas, entonces junto con el cuerpo disfrutará la alabanza o el castigo”.

Pero aún hasta la verdad de la resurrección de los muertos, amigos míos, es resultado de la sabiduría (increada) de Dios. Ay esta sabiduría de Dios… ¡Sólo aquel que hubiera visto todo el plan de Dios, tal y como se nos ha apocaliptado-revelado, podría aproximarse algo! Lo que no se nos ha apocaliptado-revelado, nos será revelado en la Eternidad. Ante esta san Pablo queda asombrado: “¡Qué profundidad de riqueza, de sabiduría y de ciencia la de Dios! ¡Qué incomprensibles son sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!” (Rom 11,33). Pero el caso es cómo uno ahonda en esta sabiduría increada.

Si después de la caída fuera liberada la psique de las cadenas de la materia, como vino la muerte del cuerpo, entonces para qué razón fue creado este mundo tan bello y admirable, dentro en el cual fue implantada la potencia de Dios, Su sabiduría y Su agapi (amor y energía increada). O sea que, lo que el Dios crea de la nada, no vuelve en la nada, que lo sepáis bien esto. Todo que el Dios ha creado “es muy bueno” (Gen 1,31), por lo tanto se arreglarán aquellas cosas que se dañaron, pero no volverán a la nada. Con la nada sólo tiene relación el Dios, el hombre no tiene nada que ver con esto. Si yo quiero suicidarme, pues, me suicido; pero lo único que conseguiré será separar mi psique del cuerpo y no me convertiré en cero, en nada.

Pero el Cristo me resucitará, porque esto es elemento que tiene relación con la naturaleza de los seres humanos. Y la resurrección será obligatoria tanto si quiero como si no, me guste o no, resucitaré. Sólo una cosa no es obligatoria: la voluntad para la salvación. La resurrección será obligatoria, porque se refiere a la naturaleza humana. Entonces el Dios no me devolverá a la nada, porque quiere que esté en la existencia. Lo que hace el Dios, pues, lo hace de la nada, pero no lo vuelve en la nada. Y lo hace sabio, bello y con propósito, ¿por qué pues tiene que volver a la nada? ¿Quizá será porque se ha oscurecido o entenebrecido y ha entrado la muerte que lo ha revuelto todo?… El Dios lo arreglará todo. Todas las cosas permanecerán en su sitio y todo se hará incomparablemente más bello.

Si el Dios quiere y nos hace dignos de vivir, desde octubre empezaremos la interpretación del libro del Apocalipsis. Allí en los últimos capítulos veremos el futuro de la creación. Pero os digo de antemano, que el futuro de la creación no es la nada o el cero. No se ha creado el universo para que se convierta en un desierto vasto. Este universo se hará nuevo, dentro de este estará habitando la santidad, la justicia, como dice apóstol Pablo (2Ped 3,13). ¡Y se hará nuevo! Y aquello “he aquí, lo hago todo nuevo” (Apoc 21,5), que dice “el que está sentado al trono”, tiene un fondo esjatológico. “¡He aquí, lo hago todo nuevo!” (Apoc 21,5). Ni una molécula de la materia se convertirá en nada, en cero. Absolutamente nada. ¡Todo se hará nuevo! Porque la sabiduría de Dios no se suspende. Por consiguiente, ¿quién dicta el mantenimiento del hombre, que se hará con resurrección de los muertos? ¡La sabiduría increada de Dios es la que dicta la resurrección de los muertos!

El Señor dijo que: “los justos brillarán como el sol en la realeza increada de su padre” (Mt 13,43). ¡Resplandecerán como el sol! Y la medida de esta zéosis (deificación o glorificación) del cuerpo y de la psique y también de toda la creación la ha dado el Señor en Su Metamorfosis, para que no diga alguien que estas cosas son teorías. ¡Allí en la Metamorfosis de Su persona, el cuerpo resplandeció como el sol, pero sus vestimentas se hicieron blancas como la nieve o la luz! (ver, Mt 17,1-6. Mc 9,2-8). Resplandeció también Su cuerpo, la creación con psique-alma; pero resplandecieron también Sus vestimentas, la creación sin psique-alma; resplandecieron las dos. Vemos, pues que allí ha dado la medida de la reestructuración o renovación del cuerpo humano y también de la creación entera.

Finalmente, amigos míos, la resurrección de los muertos la dicta la agapi (energía increada y amor) de Dios. Cuando amamos las cosas que hemos creado no les dejamos nunca que se pierdan. ¿A vuestros hijos, los dejáis que se pierdan y que se destruyan o los cuidáis? ¿La casa que hacéis, dejáis que se pierda y se destruya o la mantenéis? ¿Cualquier objeto que amáis, una obra de arte por ejemplo, que lo habéis creado con mucho esmero y habéis puesto toda vuestra creatividad y agapi con toda vuestra alma, dejáis que se pierda? Creo que no. Decidme por favor, si todas estas cosas queridas en nosotros no las dejamos que se pierdan, entonces la creación de Dios, allí que está reflejada la potencia, la sabiduría, la justicia y la agapi de Dios, esta formación Suya que se llama creación, el Dios la dejará alguna vez perderse, y ser un desierto?… ¡Nunca, jamás! Como el Dios, pues, ama, dará también la resurrección de los muertos y la renovación de todo.

Escribe el apóstol Pablo a los Tesalonicenses que después de la resurrección de los muertos “seremos arrebatados en las nubes”. ¿Qué son estas nubes? Las nubes no serán nubes como las que conocemos, que unas veces avisan de lluvias y otras de verano, sino que será la divina doxa (gloria, luz increada). Será la nube aquella que recogió a Jesús subiendo a los cielos durante Su Ascensión (Hec 1,9). ¡No fue una nube de gotas de agua, sino la divina doxa! La nube es siempre el símbolo de la doxa. “Después nosotros, los vivos, los que estemos hasta la venida del Señor, seremos arrebatados juntamente con ellos entre nubes por los aires al encuentro del Señor. Y ya estaremos siempre con el Señor” (1Tes 4,17); y el Dios sabe dónde. Así estaremos siempre junto con Él por los siglos de los siglos… Esto es una señal de la infinita agapi (amor y energía increada) de Dios.

5.5 El misterio de la vida y de la muerte.

Pero para que entendamos más y mejor el misterio de la resurrección de los muertos, amigos míos, debemos ver también el misterio de la muerte, como también el misterio de la vida. ¿Qué quiere decir muerte y qué vida?

Es verdad que el misterio de la vida lo sucedió el misterio de la muerte. El Dios puso a los primeros en ser creados la vida bajo condiciones. Dijo: “Si cumplís mi mandamiento, entonces viviréis; pero si no cumplís mi mandamiento, entonces por la muerte moriréis” (Gen 2,17). Pero estas condiciones no se cumplieron. O si queréis, en realidad fue una sola condición: no saborear o no comer el fruto; nada más. Por supuesto que existen también otras condiciones, que quizás no se recalcan; como esto que dijo: “Vigilad el Paraíso” (Gen 2,15). Los primeros en ser creados no vigilaron el Paraíso, no porque dejaron entrar al Diablo –puesto que es espíritu- sino que le dejaron entablar conversación con ellos. Por consecuencia no vigilaron, no estuvieron atentos de modo que guarden el Paraíso de la presencia del Diablo, que crearía la corrupción y la muerte. El Dios pues, puso condiciones; no condición. Estas condiciones, como os dije, no fueron cumplidas y así siguió la muerte o mejor dicho: el misterio de la muerte.

San Basilio el Grande en su Divina Liturgia, en la bendición de la santa Anáfora, dice sobre la creación del hombre lo siguiente: Has constituido al hombre, mientras tomaste polvo de la tierra, y cuando le honraste con Tu propia imagen, tú el Dios, le colocaste dentro al deleite del Paraíso, cuando antes le prometiste la vida eterna y el disfrute de los eternos bienes, pero bajo la condición del cumplimiento de los mandamientos, así no morirás. Pero como el primero en ser creado hombre te desobedeció a Ti, el verdadero Dios que le creaste, le has devuelto otra vez a la tierra; es decir entró la muerte. Pero también le prometiste vida.

Veis por favor, ¿qué belleza de teología! Sería muy bueno que estas bendiciones de la Divina Liturgia que se escucharan. ¡Especialmente la Divina Liturgia de san Basilio el Grande, tiene una estructura magistral, nos maravilla! Dentro en toda la Divina Liturgia de san Basilio el Grande, que dura una hora y media más o menos, los fieles perciben todo el diagrama del Cristianismo, un diagrama de lo total como dicen los mecánicos. Particularmente en la oración de la Anáfora no sólo tenemos una exposición, sino también hechos de la Divina Liturgia, tenemos logos y praxis, o sea acción. Esto, pues, da una imagen del misterio de la vida y de la muerte.

Pero atención; el misterio de la vida consiste en esto: el Dios no ha creado al hombre para que exista, sino para que viva; porque entre existencia y vida hay discernimiento. Existen también las montañas, pero no viven. Existen los animales, pero no viven la vida tal y como el Dios quiso darla a los hombres, con plena conciencia, es decir, elevación y participación a la vida divina, la increada.

La existencia sola, pues, ¿qué valor tiene? Los demonios también tienen existencia, pero no tienen vida. Los infernados tendrán existencia pero no tendrán vida. Cuántas veces oímos el verbo existir… En la ciudad de al lado, Volos, sale una bebida que se llama “existo” y yo añado: ¿pero vives?… El que existas es una palabra. Cuántas veces preguntamos: ¿Cómo estás, qué haces? Y el otro nos contesta: “existo”. ¿Pero vives? ¿Vives todo lo profundo del sentido y significado de la vida?… Así pues, el Dios no hizo al hombre para que exista, sino para que viva.

La vida del hombre, amigos míos, no sería como la conocemos hoy en día, sino que sería una vida de Dios, con el Dios y para el Dios. Es decir, sería un ciclo que empezaría de la existencia, entraría al espacio de la vida, con la libertad que el Dios ha dado al hombre, para llegar, con Su ayuda, dentro en la vida de Dios. Esta sería la vida de la zéosis (deificación o glorificación), la vida en Dios. Pero esta vida provisionalmente se ha suspendido; y se suspendió porque el hombre no ha cumplido las condiciones que puso el Dios, y en vez de esta vida entró la muerte.

Por supuesto que podemos decir que la muerte es “el salario del pecado” (Rom 6,23), como dice san Pablo a los Romanos. Pero a pesar de esto, debemos entender el misterio de la muerte a medida que podamos. Pero atención amigos míos, he dicho misterio, que significa que no entendemos nada; simplemente lo tocaremos. El misterio de la muerte sólo se puede tocar en la Muerte de Cristo. Pero qué podemos tocar allí… Cualquier cosa que hagamos dentro en el corazón de este misterio no podríamos entrar nunca.

Vemos al Señor que dice: “se muere de tristeza o muy entristecida está mi psique-alma… Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz” (Mt 26,38-39 Mc 14, 34-35). ¿Cuál cáliz? ¡La muerte! En cambio el Señor sabe que exactamente esta muerte será la que dará finalmente la vida, y no sólo a su naturaleza humana sino a toda la humanidad. ¡Le veis cómo está parado ante este profundo misterio de la muerte, este terrible misterio! Este misterio además lo describe también san Juan el Damasceno en sus troparios funerales, los cuales desde el aspecto teológico y literario son una obra maestra (Pequeño efjologio, oficio funeral).

A pesar de esto, -para que no nos quedemos en este misterio que no podemos comprender- exteriormente podemos definir la muerte como la define Nemesio en su logos “Sobre la naturaleza del hombre”, que este logos lo toma del Griego Crisipo: “La muerte es la separación de la psique-alma del cuerpo” (Fragmento lógicos y psíquicos, 790, 5-6). Y esta definición la dan todos, excepto los materialistas. Si preguntáis un materialista qué es la muerte, nunca os dirá que es la separación de la psique del cuerpo; porque no acepta la psique. Os dirá unas energías, unas fuerzas del cuerpo que ya se han desintonizado, y no tenemos esto que se llama muerte.

5.6 Expresiones bíblicas sobre la muerte

Pero existen aún algunas expresiones bíblicas sencillas sobre la muerte que la describen como una realidad, pero terrible.

El Salmo 88 dice: ¿Quién es aquel hombre que puede vivir sin probar la muerte?

Y el Salmo 102 dice: Los días del hombre son como la hierba, y su duración como la flor del campo; ¿Cuánto dura una flor?, brota y después se marchita; esto es el hombre.

San Jacobo (Santiago) dice: “Vosotros, que no sabéis qué pasará mañana. ¿Qué es vuestra vida? Sois humo, que aparece un instante y luego se disipa” (Sant 4,14).

Aún san Pablo a los Hebreos dice: “Y del mismo modo que está establecido para los hombres que mueran una sola vez y después haya un juicio” (Heb 9,27).

Y en Génesis dice: “Tierra eres y en la tierra volverás” (Gen 3,19).

Por cierto, en estas expresiones los nihilistas pueden encontrar argumentos fuertes, son aquellos que tienen como base filosófica el existencialismo, que resulta al nihilismo, o también los materialistas –además el nihilista no es algo distinto que el materialista. Pero las cosas no son así, simplemente se describe la vida y la muerte tal y como las vemos. Todo esto es una afirmación y descripción exterior del fenómeno de la muerte.

5.7 ¿Es una cosa natural la muerte?

Amigos míos, el fenómeno de la muerte es el mayor problema del hombre y de toda la creación. Como existe la muerte, por eso existe también la filosofía. Si no existiera la muerte la filosofía no existiría. Intento saber, pensar y quizás con buena intención, cuál es mi futuro, qué pasará de mí, dónde me encuentro y quién soy. Quiero saber, porque me interesa el camino de mi existencia. ¡Pero el problema de la muerte supera todo problema humano! Si tenemos problemas económicos, estos están a un nivel inferior que el problema de la vida, porque aunque perdamos el dinero y nuestra salud, aún aunque perdamos personas queridas, y no sé qué mas, todo esto es inferior del gran tema, nuestra vida! Veis pues, que el problema de la muerte supera todo otro problema. ¡Por eso decimos, que me salve aunque lo pierda todo!, es decir, que no muera.

La presencia de la muerte hace fea la creación; pero sobre todo no da sentido a la vida ni en la presencia humana, ni al mismo universo.

Es decir: ¿por qué existo, para morir?… Respuesta insatisfecha. No vivo para no existir, no vivo para morir. No puede ser posible esto. Además, como yo vivo, por eso existe el universo. Si yo muero, por qué tiene que existir el universo. Entonces si existe la muerte no tiene sentido mi vida, ni el universo. En otras palabras, ¿por qué morimos, quién es el creador de la muerte? Esto no nos lo responderá nuestra lógica, pero se nos será apocaliptado-revelado. Igual que no sabemos sobre nuestra generación, de dónde provenimos, quiénes somos; pero se nos apocalipta-revela. Y del mismo modo que está establecido para los hombres que mueran una sola vez y después haya un juicio, veis que buscando solos decimos que descendemos de los animales. Pero se nos apocalipta-revela que no descendemos de los animales, sino que el Dios ha creado la primera pareja de seres humanos, y de allí descendemos. Pero esto es apocálipsis-revelación, no es invención con lógica de la mente. Así pues, también el tema de la muerte, como también quién es su creador, se nos apocaliptará-revelará.

Si viéramos la muerte con nuestros ojos físicos, amigos míos, responderíamos simplemente que es un fenómeno físico, natural, a pesar de la tragedia que trae esto con su presencia en nuestras vidas. Entonces como fenómeno natural, se define de Dios, y por lo tanto el Dios es el creador de la muerte. Además esto lo decimos; cuando vamos en algún funeral a consolar a alguien, ¿qué decimos? “Pues, esta es la vida así la hizo el Dios. Así lo quiso el Dios, que los hombres mueran”. ¡El Dios pues hizo la muerte!…

Pero atención, os dije con los ojos físicos. Sabéis que muchas veces cuando decimos algo físico o natural y que es ley física, significa que es un fenómeno que se repite, y adquirimos una experiencia de esta repetición suya. Esta es definición sobre lo qué es la ley física o natural, no hay otra respuesta. Siempre cuando dejamos una piedra al aire cae abajo y no va hacia arriba, decimos que es la ley de la gravedad. Muy bien; ¿pero qué quiere decir gravedad?, desconocido y oculto, no sabemos nada y nadie jamás lo ha investigado. Pero decimos la ley de la gravedad. Lo decimos porque cuando tiramos un objeto, esto cae hacia abajo. Pues esta ley se define por nuestra experiencia. Y esto no lo digo yo, lo he tomado de un libro científico, donde así se define la ley física o natural.

Por lo tanto, cuando decimos que la muerte es una cosa natural, y como todas las cosas naturales las ha hecho el Dios, entonces la muerte la ha hecho el Dios. Pero llegamos en una conclusión errónea, un resultado equivocado, porque esto no es lo dado, o dato sino lo buscado. Cuando decimos que siempre una piedra cae hacia abajo, ¿quién nos ha dicho que esto es un fenómeno natural y ocurre en todas partes del universo? Si vamos a otra parte, en la Luna o en Marte o más allá y allá, y decimos que es natural este fenómeno, quizás no sea así nos encontraremos en un fenómeno distinto. Por lo tanto aquello que vemos aquí, que es válido en nuestra tierra, quizás en otro punto del universo no es válido. Entonces, ¿qué es físico o natural? Desde el momento que preguntamos qué es físico o natural, desde este momento empieza lo que se busca y no lo dado o el dato. Por consiguiente, cuando decimos que el Dios hizo la muerte y es una cosa física o natural, no es el dato o lo dado sino lo que se busca, lo buscado.

Pero preguntamos: ¿quién hizo la muerte?, ¿es una cosa natural la muerte?, ¿y cómo es posible que sea la muerte una cosa natural, cuando es la mayor discordancia dentro en la armonía de la creación? ¿Cómo es posible que la muerte fuera una cosa natural o física y su creador fuera el Dios, cuando la muerte no da ningún sentido al hombre y su destino, ni al universo? ¿Es posible que la muerte sea una cosa natural?… ¿Y es posible que el Dios fuera el creador de la muerte?…

Todavía una cosa más: Si el Dios hiciera la muerte y después manda Su Hijo a vencer la muerte, ¿no es contradictorio esto? ¿Viene el Dios a meterse con la naturaleza que Él ha creado?… Pero cuando el Jesús Cristo vence la muerte y resucita a Lázaro, aunque sea provisionalmente, la hija de Jairo, el hijo de la viuda Naín y otros, como muestra de que seremos resucitados durante la resurrección común, quiere mostrar que no es un fenómeno natural; porque no habría mayor contradicción en la obra de Dios, por un lado, crear una situación natural, y por otro lado, viene el mismo después a arreglarla y anularla. Es impensable. Así que la muerte no es creación de Dios. ¿Entonces de quién es?

5.8 Naturaleza mortal o inmortal del hombre. ¿Cuál es la causa de la muerte?

El Dios no combate contra la naturaleza, sino que la arregla. En este caso contestaremos con una respuesta bella de san Teófilo de Antioquía, escuchadla: «¿El hombre se hizo mortal por su naturaleza? No, para nada. ¿Entonces, qué, se hizo inmortal por su naturaleza? Tampoco sostengo esto. Pero si alguien dice: No se hizo nada de las dos. Tampoco diríamos esto. Entonces, ¿qué?, el Dios no hizo al hombre mortal ni inmortal.

Si el Dios hizo al hombre inmortal por la naturaleza, le haría dios; pero si le hiciera mortal, entonces parecería que el Dios es la causa de la muerte. ¿Entonces, qué le hizo, mortal o inmortal?

Está claro que el Dios no hizo al hombre mortal ni inmortal, sino receptivo de las dos; es decir, tener la capacidad y posibilidad de recibir lo uno y lo otro, recibir la inmortalidad para hacerse dios por la jaris (energía increada), si cumple sus mandamientos y dirigirse hacia las cosas que consisten en la inmortalidad; -acordaos de esto que dijo san Basilio el Grande en la Divina Liturgia que antes os leí- pero si se dirige hacia las cosas que consisten en la desobediencia, entonces el mismo hombre se hace causa de la muerte, porque el Dios hizo al hombre libre y con su propia voluntad independiente, (San Teófilo de Antioquía: hacia Aftóliko, 2,27.1-12)

Así que, amigos míos, aquí vemos que el creador de la muerte no es el Dios. El Dios ha hecho al hombre receptivo de la vida y la muerte, es decir, sea para vivir sea para morir. Acordaos qué dijo a los primeros en ser creados: “Habéis oído mi mandamiento; tendréis ἀ­θα­να­σί­α (azanasía o atanasia inmortalidad) de la vida; si no me escucháis, moriréis” (Gen 2,17).

¿Dónde está, pues, la causa de la muerte, en Dios o en la fisis-naturaleza? Ni en Dios ni en la naturaleza, sino a la libre voluntad preferencia y predisposición del hombre. Al libre albedrío. Allí está. El hombre SOLO ha preferido la muerte. La muerte es el no ser o la nada, no existe, no tiene sustancia, esencia, en cambio la vida es ser, tiene sustancia o esencia; esto no lo olvidemos. Prestad mucha atención: la muerte no tiene esencia, igual que el mal no tiene esencia o sustancia. Sólo el bien tiene esencia, sustancia; es el Dios. El diablo en su esencia o sustancia no es malo, sino en su libre voluntad o albedrío; porque su esencia, sustancia la ha creado el Dios. Ni el hombre es malo o mortal en su esencia, porque le ha hecho el Dios; el hombre es malo o mortal en su preferencia o libre voluntad o albedrío.

Por lo tanto, queridos míos, el Dios no es el creador de la muerte. La muerte está en la preferencia o libre voluntad del hombre. Pero si el Dios quiere continuaremos en el próximo domingo. (Y si el Dios quiere, yo el traductor continuaré con la próxima, la sexta y última homilía del bienaventurado Yérontas, sobre la resurrección de los muertos).

+Yérontas Athanasios Mitilineos Domingo, 11-5-1980.

Amigos míos, os recordaréis que la vez pasada nos habíamos referido al fenómeno de la muerte y dijimos que es el mayor problema del ser humano. Habíamos analizado que si el Dios creó la muerte o no. Pero no habíamos acabado el tema. Ya que vimos varias opiniones patrísticas, vamos a ver ahora qué dice el logos de Dios sobre tema de la muerte.

6.1 «El Dios no hizo la muerte».

En el libro Sabiduría Salomón leemos lo siguiente: “Que no fue Dios quien hizo la muerte, ni se goza con el exterminio y la muerte de los vivientes. Pues todo lo creó para que perdurase, y sean saludables las criaturas del mundo; no hay en ellas veneno exterminador, el elemento de la corrupción, ni tampoco el Dios puso imperio del hades sobre la tierra, para que la muerte aprisione los hombres a cuenta del hades” (S. Sal 1,13-14).

En el mismo libro: ”Porque el Dios creó al hombre para la incorrupción y lo hizo a imagen de su propio ser. Mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen” (S. Sal 2,23-24), es decir, el diablo indujo a los primeros en ser creados a que pecaran.

Y os acordaréis aquello que dice san Teófilo de Antioquía, en su segunda epístola a Aftóliko, párrafo 27, de que el Dios no hizo los hombres mortales ni inmortales, sino receptivos de la muerte y de la inmortalidad. Si hubieran escogido el cumplimiento del mandamiento de Dios, entonces permanecerían incorruptibles e inmortales. Realmente, está claro. Y dice el Dios: “El día que comeréis de este fruto, por la muerte moriréis” (Gen 2,17). ¿Cuándo moriréis? Si desobedecéis y trasgredís mi mandamiento. Por lo tanto, si no desobedecéis y transgredís mi mandamiento no probaréis la muerte.

Vemos, pues, clarísimamente, que la muerte no es creada por el Dios, y por consecuencia no es fenómeno natural o físico. Esto que lo conozcamos bien. No digamos que así lo hizo el Dios. No, el Dios no hizo la muerte, tampoco es un fenómeno natural.

6.2 «El ésjato-último enemigo que se anula, aniquila es la muerte»

La muerte de lo más horrible que existe en la creación, es “el ésjato (extremo, postrero) enemigo”, tanto axiológicamente como esjatológicamente. Por eso la Resurrección de Cristo anula la muerte, porque realmente como dice el apóstol Pablo: “Y el postrero enemigo que será destruido es la muerte” (1Cor 15, 26). Postrero enemigo, pues, tanto axiomáticamente, de parte de cualidad, como cronológicamente o esjatológicamente como último enemigo, se pondrá de lado, en potencia de la Resurrección de Cristo, puesto que resucitarán todos los muertos. Y cuando el Cristo nos resucitará “en el último-ésjato día”, ya como vencedor de la muerte, entonces se realizará también la Profecía de Isaías (15,6) y la de Oseas (13,4), como proclama san Pablo en su primera epístola a los Corintios (15, 56-57). Expresamente os digo los versículos, no sólo para que vayáis a la Santa Escritura, sino también como demostración y ratificación de que no lo digo yo, sino el logos de Dios.

Qué dice y proclama Pablo: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón venenoso? ¿Dónde, oh hades, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder y la fuerza del pecado, la ley” (1Cor 15, 55-56). Aquí se personifica Hades. Por supuesto que Hades no es persona, simplemente es personificado. Puesto que “el hades entregará sus muertos” (Apoc 20,13), como dice el libro del Apocalipsis de san Juan, y entonces ya no habrá hades.

El apóstol Pablo nos da un camino teológico de esta cosa y dice: “el centro de la muerte es el pecado”. Como la avispa con su aguijón que tiene veneno y envenena al que picará, así también el aguijón de la muerte es el pecado; “y la fuerza del pecado, es la ley”. Aquí cuántas cosas se podrían decir… pero sólo os diré algo en resumen.

El pecado tomó la fuerza, desde el momento que el Dios dijo a los primeros en ser creados, que no prueben del fruto de aquel árbol. Entonces entró la ley y desde aquel momento tomó potencia o fuerza el pecado. Es decir, podrían comer sin miedo de aquel árbol, si no se hubiera puesto la prohibición, si no se hubiera puesto la ley. Pero a pesar de esto: ¡“Pero las gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesús Cristo” (1Cor 15,57), porque el Cristo venció la muerte!

6.3 Engaños helénicos sobre la psique

Pero posiblemente alguien pregunte: ¿No sería bastante con que la psique se quedara inmortal, y podría así sola salvarse o condenarse? ¿Para qué hace falta el cuerpo, no es bastante que exista la psique sola? Además es una frase que la utilizamos casi diariamente: “Salvar mi psique”. Así decimos, “¡cuido de la psique para salvarme! ¿Pero esto es bastante?

Queridos míos, se trata de un engaño platónico. Y se han introducido en nuestra vida, en nuestra fraseología, en nuestra percepción y en nuestra fe, muchas cosas, demasiados engaños. Uno de estos engaños es que queríamos salvar sólo nuestra psique. No olvidemos que la filosofía platónica considera el cuerpo mortal, sin valor y sin importancia, y que la psique ha sido encerrada dentro en el cuerpo y allí dentro está fastidiada y sufre. El cuerpo pues, no tiene ningún valor. Sobre todo, ya que el cuerpo se considera la cárcel de la psique, ojalá que pudiéramos librarnos de este lo antes posible, (Platón, sobre el cuerpo).

En un diálogo bellísimo de san Justino el filósofo con Trifón, que he leído por casualidad, dice, al que cree en las posiciones platónicas, lo siguiente: “Dices que el cuerpo es la cárcel de la psique; Pero, ¿dime por favor, el homicidio es bueno o malo? Malo”, responde aquel. “¿Pero por qué es malo; puesto que con el homicidio el homicida contribuye a la liberación de la psique de la cárcel del asesinado? Por consiguiente, el homicidio es una praxis buena”.

Habéis visto, por favor, qué punto de vista o tesis. Aquí inmediatamente vemos el control de la cosa; porque entonces el homicida se consideraría realmente nuestro benefactor, si nos asesinara; o si no se encontrara un homicida, entonces nosotros deberíamos suicidarnos, precisamente para liberarnos de la cárcel que es el cuerpo y es molesto, porque allí dentro se ha encerrado la psique y sufre.

Todas estas cosas son engaños helenos; expresión que utilizan los Padres, con el sentido amplio de la palabra. Amigos míos, no hay una posición o tesis tal en el Cristianismo. Todos los sistemas filosóficos en su base son dualistas, es decir, consideran el cuerpo y la materia en general, como algo malo y el espíritu como algo bueno: consideran que son dos principios eternos, que continuamente combaten entre sí, sin que una pueda sobreponerse a la otra. El Dios hizo el cielo y la tierra, hizo las psiques y no hay principio del mal en la materia. EL Dios es el creador de la materia. La materia por sí misma no es mala, no existe, ni hay nada malo en ella.

Pero para la percepción platónica, la misma Encarnación de Dios es una cosa impensable e incomprensible. ¿El Dios hacerse hombre… impensable! ¡Si por entrar en el cuerpo una psique, que preexiste al cielo, es considerado como una condena, mucho menos si el Dios entrase en un cuerpo! ¡Si para la percepción platónica el hecho de la Encarnación es impensable, mucho más la resurrección de los muertos, y aún más la ascensión de los cuerpos! ¡Pero lo más impensable aún es que vivan los cuerpos en la Eternidad, en la misma Realeza increada de Dios! Por eso estas tesis o posiciones helénicas que están llenas de engaños, las ponemos de lado. Y la percepción de que sólo con la salvación de la psique nos basta, esto también es un engaño.

Además, decimos que la psique es por naturaleza inmortal. ¿Pero quién nos lo ha dicho esto?… La psique-alma no es inmortal por su naturaleza. ¡Pero atención, no me vais a decir que la psique es mortal! Hubo una herejía que decía que con la muerte biológica la psiques mueren junto con el cuerpo, algo que sostienen también los milenaristas o testigos de Jehová. No, pero prestad atención. San Juan el Damasceno en su 2º libro párrafo 17, dice: “Si el ángel que es esencia noerá-espiritual, recibió la inmortalidad, es decir, que el Dios quiere que los ángeles sean inmortales, mucho más la psique humana”. Por lo tanto, la psique humana no es por naturaleza inmortal. La posición de que la psique por naturaleza es inmortal es un engaño helénico (término utilizado por los santos Padres).

También es un engaño helénico de que la psique preexiste. No preexiste la psique; la psique es creada junto con el cuerpo; una vez hay concepción, a la vez tenemos el hombre. Y ἄν­θρω­πος ánzropos hombre o ser humano quiere decir cuerpo y psique. Al mismo momento. Ahora bien, cómo ocurre esta cosa, es un misterio. Pero las psiques no preexisten. Ni el cuerpo precede de la psique, porque entonces el hombre proviene de la bestia; tampoco que la psique precede del cuerpo, porque entonces aceptaríamos la teoría de Platón. Cuando el Dios hizo a Adán, le hizo a la vez psique y cuerpo, a pesar de que la descripción parezca que se haga primero el cuerpo y después lo sopla “espíritu de vida”, es cuestión de descripción. La creación de la psique y del cuerpo es a la vez.

Por lo tanto, la psique no es por sí misma inmortal. Sino que el Dios quiere que sea inmortal. Si la psique fuera inmortal por naturaleza, entonces también ella sería dios, sería increada, y por lo tanto no nacida. Pero increado y no nacido es sólo el Dios. Si aceptamos que la psique es inmortal entonces la igualamos y lo ponemos a lado de Dios.

Ni vale aquel engaño terrible, panteísta, que oímos a menudo y lo escriben también en redacciones los alumnos en las escuelas y aún en logos políticos, ¡de que la psique es una chispa divina de la esencia de Dios! ¿Una chispa divina?… ¿La psique es de trocitos de Dios?… ¡Entonces los trocitos de Dios, las psiques, pecan, y por tanto peca también la deidad!… Esto se controla. Las psiques son creaciones igual que los ángeles. No tienen ninguna relación con la esencia, sustancia de Dios. Otra cosa es que el Dios es espíritu, y también las psiques son espíritu; es otra cosa. Está claro que las psiques son gruesas en relación con el espíritu de Dios, de modo que no pueden ver, ni verán nunca la esencia o sustancia espiritual de Dios, es decir, la increada sustancia o esencia de Dios. Jamás. Así, pues, la psique no es inmortal; sólo el Dios por Sí Mismo es inmortal, y simplemente quiere que las psiques sean inmortales.

El apóstol Pablo dice a Timoteo: “… Dios es el único que posee la inmortalidad y que habita en una luz inaccesible e increada…” (1Tim 6,16). Nadie más tiene este tipo de inmortalidad.

Ya que la psique-alma es creación, por supuesto que es mortal. ¡Pero os dije que no muere, porque el Dios lo quiere así, que no muera la psique!

6.4 la composición del cuerpo humano

¿Pero qué es lo que consiste al hombre? ¿Qué es la psique y qué es el cuerpo? Pues, mejor dejar a san Justino el Filósofo y Apologeta, -siglo II dC- a describírnoslo, en su logos “Sobre la Resurrección”, párrafo 8: “¿Qué es el ser humano? No es otra cosa que un animal lógico, -animal en el sentido de vida, de ser- es existencia que está constituida con psique-alma y cuerpo. Esto es el hombre. ¿Quizás la psique por sí misma es el ser humano? O ¿quizás el cuerpo del hombre se llama ser humano? Pero no es así, se dice el cuerpo del hombre. Puesto que el hombre no es una cosa ni la otra, entonces es la conjunción de las dos cosas, de la psique y del cuerpo”.

Si tenemos en el ataúd un muerto, tenemos sólo su cuerpo que se ha convertido en cadáver, porque la psique se ha marchado. No es el ἄν­θρω­πος ánzropos hombre al que tenemos al ataúd ¡Atención a esto: no es el hombre! Ni la psique que se encuentra al hades o al paraíso es ἄν­θρω­πος ánzropos hombre, ser humano. Esto que tenemos en el ataúd es el cuerpo, cadáver, y allí al hades o al paraíso está la psique-alma. ν­θρω­πος ánzropos será cuando vuelvan a encontrarse estos dos juntos. Esto es el ἄν­θρω­πος ánzropos hombre, ser humano.

Y continúa: “El Dios ha llamado a la vida y a la resurrección al ἄν­θρω­πος ánzropos hombre, no sólo el cuerpo, ni sólo la psique; no ha llamado sólo una parte, sino al ἄν­θρω­πος ánzropos hombre entero”. (La resurrección, 593.D2-10).

Y justifica lo anterior con la praxis de la Iglesia con la siguiente manera: “Los dos fueron bañados al agua y han trabajado la justicia” (ib. 593.D2-10). Cuando fuimos bautizados al nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amigos míos, fueron bautizados el cuerpo y la psique. Puesto que se ha bautizado con nuestro cuerpo y nuestra psique juntos en la pila, esto significa que el hombre entero se salvará. ¡Sería muy curioso que se bautizara el cuerpo y se salvara sólo la psique! Además, «los dos, cuerpo y psique, han trabajado la justicia y la virtud“.

6.5 ¿Qué salva el Cristo, el cuerpo o la psique-alma”

Pero una cosa más. Si el cuerpo no resucitará, ¿entonces qué sentido tiene que la psique no muere? Atención por favor, para que veáis qué cosas contradictorias vivimos y no las hemos investigado nunca. Por una parte, aceptamos la inmortalidad de la psique, y por otra parte, no aceptamos la resurrección del cuerpo; aunque decimos en el Credo: “Espero la resurrección de los cuerpos”. Entonces, ¿qué sentido tiene decir que la psique no muere, y no creer en la resurrección de los muertos? ¿Qué significado tiene esto? Si el cuerpo no resucitará no tiene sentido la inmortalidad de la psique.

Dice san Justino el filósofo: “Si la resurrección es para el cuerpo que ha caído, el espíritu no cae”. La palabra ἀνά­στα­ση (anástasi, levantarse o ponerse derecho de pie) se refiere a algo que se ha caído y se ha levantado, se ha puesto derecho. La palabra πτῶ­μα (ptoma) cadáver, es del verbo πί­πτω (pipto) caigo. El espíritu no cae, el cuerpo sí. Y cuando decimos resurrección, entendemos levantamiento o elevación del cuerpo.

El mismo san Justino dice un argumento muy bueno: Si sólo la psique se salva, entonces “¿qué nuevo más nos ha traído el Cristo que Pitágoras y Platón y todos los filósofos que aceptan a Pitágoras y Platón, si la psique es inmortal y no existe la resurrección de los cuerpos?…“ (ib 595 C1)

El Cristo, amigos míos, salva al hombre entero. Y es muy característico que «ὁ Λό­γος σὰρξ ἐ­γέ­νε­το el Logos se hizo cuerpo y hombre” (Jn 1,14)». Atención el Dios tomó, adquirió naturaleza humana, precisamente para salvar al hombre entero; porque lo que no se toma o adquiere no se salva (san Gregorio de Nicea). No entró en un cuerpo, sino que se hizo hombre. Esto significa que ha adquirido cuerpo humano y psique humana, tomó, adquirió los dos para salvar los dos.

Aún es muy característico que el Señor nos ha dado Su cuerpo y Su sangre. No nos ha dado Su espíritu, sino Su Cuerpo y Su sangre, que se refieren a Su naturaleza humana. Estos dos Cuerpo y Sangre de Cristo, los tomamos con nuestra boca del cuerpo, y con estos dos se alimenta nuestra psique y nuestro cuerpo. Todas estas cosas son un terrible realismo.

Así, pues, queridos míos, el hombre entero, completo, resucitará y se salvará.

6.6 Los Padres sobre nuestro cuerpo resucitado

Pero nos viene la siguiente pregunta: ¿Cuál será la naturaleza del cuerpo resucitado; cómo será este nuevo cuerpo?

Dice san Juan Damasceno: “Tal y como estaba el cuerpo del Señor después de la resurrección y entraba con las puertas cerradas, sin cansancio, sin necesidad de comida, ni de dormir y ni de beber” (Expositio fidei 100.98-99). ¿Cómo será este nuevo cuerpo? El nuevo cuerpo será como este de Cristo; tal y como era el cuerpo de Cristo después de la resurrección, así será el nuestro. Además, el Cristo no tiene algo más ni menos para darnos de lo que nos ha dado. ¿Por qué? ¿Quizás tenía necesidad, el Dios que no necesita nada, adquirir la naturaleza humana? No. ¿Entonces por qué la adquirió? Pues, la adquirió para nosotros. Y no tomaría algo de más de lo que nosotros no podríamos llegar, porque esto que tiene Su naturaleza resucitada, esto exactamente quiere que tengamos nosotros también. Por consecuencia, aquello que era el cuerpo de Cristo, esto será también el nuestro.

Y divino Crisóstomo esto lo define de una manera admirable- y tenéis que memorizarlo porque es magnífico: “¿Cuál es este nuevo cuerpo? Es este, y no este. Será el mismo, pero no este”. ¿Qué significa esto? Escuchad cómo lo desarrolla más: “Esto por un lado es la esencia”. ¡Veis que será este cuerpo que veis! Será su antigua esencia o sustancia, no será otro cuerpo. Cuando el Cristo ha resucitado, no ha dejado su antiguo cuerpo como viejo en la tumba y tomó otro, no; su tumba estaba vacía. Por eso este año hemos hablado sobre la Resurrección de Cristo, para ver todo esto y entender algo para nosotros mismos. Por consiguiente no tomaremos algún cuerpo nuevo, con otro tacto y otra sustancia, la sustancia o esencia será la misma. “Pero no será exactamente este, porque estará mejorado; será este, pero no este” (San J. Crisóstomo: En la 1Corintios, homilía 41).

No sé como decíroslo. Es exactamente como el agua que se convierte en vapor o hielo, pero no deja de ser la misma cosa, la misma sustancia o esencia, aunque tenga otras cualidades, otra forma. Pero aquí no tenemos otra forma corporal. Más abajo dice que: “¡No blasfemes! No tomaremos otra forma; tomaremos la que tenemos”. Os he dicho un ejemplo, para que entiendan que permanece la sustancia, esencia, pero mejora la naturaleza.

Y el Apóstol Pablo, para indicar cuál será el nuevo cuerpo, utiliza el ejemplo del grano del trigo y de la espiga. “Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere y no se entierra en la tierra antes. Y lo que siembras no es el cuerpo o la planta que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; pero el Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo” (1Cor 15, 35-38). Esta es la respuesta para aquellos que niegan la resurrección de los muertos. Y se refiere al trigo. Por eso en la Memoria de los muertos ponemos trigo hervido (cóliba) para que nos recuerde la resurrección de los muertos.

Aquí el Apóstol Pablo utiliza este ejemplo vivo, para explicar el estado del muerto resucitado, es decir, tal y como sucede con el trigo que muere y se pudre para que salga la espiga del trigo y de este el fruto, lo mismo sucederá también con el cuerpo humano cuando resucitará. Hay una definición muy bella en la Agronomía que dice que una semilla es una planta fácilmente transportada. Cuando escuché esta definición, me ha entusiasmado. ¡Una planta fácilmente transportable!

Por consiguiente, la semilla del trigo contiene en su interior la espiga entera. Lo mismo también aquí, en nuestro interior ya tomamos el esperma de la inmortalidad. ¿Sabéis cuál es esto? ¡Es el Cuerpo y la Sangre de Cristo! Esto es el esperma de la inmortalidad. Por eso el Cuerpo y la Sangre de Cristo, se llama también fármaco, medicamento de la inmortalidad. Por eso procuramos que esté comulgado aquel que se va de la vida presente; para llevar consigo el fármaco de la inmortalidad, es decir, que resucite “en la vida eterna” (Mt 25,46).

6.7 La relación del cuerpo mortal y del resucitado

Pero de acuerdo con lo que hemos dicho entre el primer cuerpo, el mortal y el segundo, el resucitado, hay identidad y diferencia. ¿Y cuál es la diferencia o más bien, las diferencias?

Dice a continuación el Apóstol Pablo: “Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción (o se entierra el cuerpo en estado de corrupción, cadáver), y resucita en incorruptible. Se siembra en cadáver y fétido, se resucita en gloria; se siembra en enfermedad y resucita en poder y fuerza. Se siembra cuerpo animal y resucita cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, lo hay también cuerpo espiritual. (44. Se siembra cuerpo que estaba vivificado y dirigido por las fuerzas inferiores animales de la psique. Pero resucita cuerpo que estará vivificado y dirigido por las fuerzas espirituales de la psique. Existe el cuerpo animal y también el espiritual). Así también está escrito en el Génesis: Fue hecho el primer hombre Adán en psique-alma que vivifica el cuerpo; el ésjato- último o nuevo Adán es el Señor que está en plenitud de espíritu de Dios que transmite y da vida (espiritual). Pero el cuerpo espiritual no se hizo primero, sino lo animal y psíquico; luego lo espiritual. El primer hombre es creado de la tierra, terrenal; el segundo hombre es el Señor, es del cielo (el segundo hombre, el nuevo Adán, es el Señor, quien como Dios bajó del cielo y junto con su naturaleza divina, tomó la naturaleza humana y se hizo hombre). Como el terrestre, así son los terrestres; como el celeste, así son los celestes. (O el que era terrenal, es decir, mortal y corruptible, así son también sus descendientes; y aquel que es celeste, espiritual e incorruptible, así serán celestes también los fieles que por él renacen o despiertan espiritualmente en su nueva vida). Y así como hemos revestido la imagen del terrenal, revestiremos también la imagen y las cualidades del celestial (y nos convertiremos a imagen de él, es decir, resucitados, incorruptos e inmortales) (1Cor 15,42-49).

Y ahora dirá algo muy importante, prestad atención: “Hermanos os digo que la carne y la sangre no pueden heredar la realeza increada de Dios, ni la corrupción hereda la incorruptibilidad” (1Cor 15,50). ¿Cuál carne y sangre? Es la forma animal. Tal y como estoy ahora no puedo entrar a la Realeza increada de Dios. Es necesario que de psíquico, animal y biológico me convierta en espiritual, si no, no puedo entrar dentro en la Realeza increada de Dios. Y a continuación dice lo magnífico: “porque es necesario o debe este corrupto” – ¿Cuál este? ¡Este… el cuerpo este! Si tuviéramos a Pablo aquí nos indicaría: ¡este! -revestirse la incorruptibilidad y “este” –otra vez- revestirse la inmortalidad. Son dos cosas distintas la incorruptibilidad y la inmortalidad.

Por consiguiente, aquí vemos que nuestro cuerpo se hará incorrupto e inmortal; de otra manera no entra en la Realeza increada de Dios.

Pero vamos a aclarar en brevedad qué significa “cuerpo espiritual”.

6.8 ¿Qué es cuerpo espiritual?

Dice san Teofilacto de Bulgaria: El cuerpo que ahora tenemos es animal, es decir, es gobernado por las fuerzas superiores e inferiores de la psique, y se vivifica también por las fuerzas físicas o naturales y de las psíquicas. Pero el cuerpo después de la resurrección, “el espiritual” tal y como lo llamó san Pablo, no será gobernado ya por la psique, sino por el Espíritu Santo”. Por eso se llama “espiritual”. Pero atención a esto: cuando decimos “cuerpo espiritual” no entendemos el inmaterial; esto es un engaño platónico; sino entendemos que nuestra existencia no es gobernada por las fuerzas animales, sino que será gobernada y mantenida ya por el Espíritu Santo. Así, puesto que el cuerpo se ha transformado y convertido en incorruptible de una manera mística, será mantenido en la incorrupción.

Y dirá otra vez san Juan el Damasceno: Nuestro cuerpo no estará cansándose, fatigándose, ni tendrá necesidad de comida, de bebida y de dormir, no tendrá ninguna necesidad… Y los hombres serán como los ángeles de Dios. No serán espíritus, como los ángeles, pero no tendrán necesidad de las cosas que necesitaban al mundo presente. No habrá matrimonio ni hará falta procreación de hijos”. Dónde están pues, los milenaristas o testigos de Jehová que dicen que la Realeza increada de Dios, que la llaman reino de la tierra y aquí en la tierra estaremos comiendo, bebiendo y casándonos pero sin hijos… estas son tonterías y engaños. Dice pues, el Apóstol Pablo que nuestro gobierno está en el cielo, de donde esperamos a Jesús Cristo, Quien a este humilde cuerpo nuestro, es decir, este que ha sufrido corrupción, lo transformará y lo hará “congénito, de la misma forma” que Su glorioso cuerpo. La doxa (gloria, luz increada) que tiene el Cristo la tendremos nosotros también. Por supuesto que no quiero decir que tendremos alteración de nuestro cuerpo en otra forma y otro cuerpo, no; sino que tendremos un pase de la corrupción a la incorrupción.

Estas cosas nos dice san J. Damasceno, pero vamos a ver en sinopsis qué dice la Santa Escritura y las cualidades de nuestro cuerpo resucitado.

6.9 La Santa Escritura sobre el cuerpo resucitado

El Señor dice: “Porque en la resurrección ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como ángeles en el cielo” (Mt 22,30 Mv 12,25 Lc 20, 35-36).

Y el Apóstol Pablo dice: “Los manjares para el estómago y el estómago para los manjares». Pero Dios exterminará ambas cosas. El cuerpo no es para la lujuria, sino para el Señor, y el Señor, para el cuerpo” (1Cor 6,13). No tendremos necesidad de comida. Si el Señor resucitado comió, ha comido de una manera incomprensible, para certificar que tiene cuerpo y no es un fantasma; no que tenía necesidad de comida.

Aún en el libro del Apocalipsis vemos lo siguiente: “Enjugará las lágrimas de sus ojos y no habrá más muerte, ni luto, ni llanto, ni pena, porque el primer mundo ha desaparecido». Y el que estaba sentado en el trono dijo: «He aquí, ahora hago nuevas todas las cosas» (Apoc 21, 4-5). Ya no estarán estas cosas primeras que son de la vida presente, tal y como las conocemos aquí “en el campo del llanto” (Sal 83,7). Y el que estaba sentado en el trono dijo: «¡he aquí hago nuevas todas las cosas!…»

También el Señor nos dice: “Entonces los justos resplandecerán como el sol en la realeza increada de su padre” (Mt 13,43). El cuerpo y la psique de ellos resplandecerán como el sol. Sí. Pero cómo. ¡Igual que Él se ha metamorfoseado al monte Tabor! Este es el futuro del hombre, la doxa (gloria, luz increada) al hombre. ¡Maravillosa doxa!!!

¿Qué hombre, por favor, qué sistema filosófico, que pensamiento humano ha elevado alguna vez al hombre en esta doxa!… Y hablan algunos como si supuestamente el cristianismo condenara al hombre… ¿Qué decís, le baja o le eleva a una doxa suprema que jamás ha captado mente humana?…

Pero estas cosas sucederán a los justos; ¿pero qué sucederá con los impíos y los pecadores?

Hay un discernimiento entre naturaleza y voluntad, tal y como lo define san Nicolás Cabásilas. Atención a este punto. Sobre la naturaleza y la inmortalidad se dará en todos, independientemente de nuestra voluntad, tanto si lo queremos como si no. Porque la naturaleza humana es común y no hemos sido preguntados para nacer. No nos dijeron: ¿quieres nacer? De la misma manera no seremos preguntados para resucitar. La Muerte y la Resurrección de Cristo ofrecen la inmortalidad y la incorrupción en todos nosotros exactamente de la misma manera, ya que tenemos la naturaleza de Cristo, que se hizo hombre y permaneció inmortal e incorruptible. ¡Por esta razón la resurrección es obligatoria! ¿Tanto si uno lo quiere como si no, resucitará!

Dice san Justino Pópovits el siguiente logos maravilloso: “¡Si los hombres han condenado a Dios a la muerte -sea crucificándole, sea proclamando que el Dios ha muerto- el Dios les ha condenado a la inmortalidad! Es una cosa terrible que quieras no existir, y no puedas. ¡Es terrible!

Esto, pues, es obligatorio, resucitaremos todos; pero la bendición será dada sólo en aquellos que habrán deseado la vida eterna y se unirán con Cristo en la vida presente. Por lo tanto entre naturaleza y voluntad hay discernimiento. Sobre la naturaleza tanto si queremos como no, seremos resucitados; pero sobre la voluntad, es decir, si queremos ganar la vida eterna o no, esto depende de nosotros. Por lo tanto, para los piadosos se hará “resurrección de vida” y para los impíos, infieles se hará “resurrección de juicio”. Los impíos, infieles tendrán inmortalidad e incorrupción, igual que los piadosos, fieles; pero no vida eterna, sino juicio y condena eterna.

Y el Señor dice: “y los echarán al horno ardiente: allí será el llanto y el crujir de dientes. Y éstos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna» (Mt 13,42. 25,46).

Apunta san Juan Damasceno al mismo libro 4 párrafo 100: “Este fuego eterno no es material, como es el fuego conocido, sino eterno, es aquello que conoce el Dios”. Entendemos cuál es, pero sin saberlo; es la doxa (gloria, luz increada) que procede de la esencia de Dios y para los justos como luz y no como fuego, y llega al Infierno como fuego y no como luz. La misma divina doxa, con la diferencia que en los piadosos, fieles es luz increada y en los impíos, infieles es como fuego increado, tal y como dice san Basilio el Grande en su libro “Seis días” homilía C 3.21-23.

Tomad el rayo del sol: Tiene muchos elementos; dos elementos básicos es la luminosidad y el calor. La luminosidad podemos mantenerla sin el calor, igual que el calor podemos tenerlo sin la luminosidad. Esto exactamente, amigos míos, sucede también con la doxa (gloria, luz increada) de los justos y el castigo de los injustos. Pero este es el “fuego”; pero cómo es esto. Sólo el Dios lo conoce.

Y dice a continuación: ¡Los que han obrado bien resplandecerán como el sol, junto con los ángeles, en la vida eterna junto con Jesús Cristo, a Quien estarán viendo siempre y estará vistos por Él, disfrutando sin final su deleite y gozo, alabando a Él junto con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos! Amín.

6.10 ¿Cómo se hará la resurrección de los muertos?

Aún una última cosa más: ¿Cuál será el modo o manera de la resurrección, y cómo resucitaremos?

El apóstol Pablo en I Epístola 15,51-53 a los Corintios dice: “He aquí, os revelo un misterio nuevo y desconocido: No todos dormiremos, pero todos seremos transformados, cambiados y en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, (al final del último toque de trompeta); porque se tocará la trompeta (por el ángel), y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos metamorfoseados, transformados (es decir, todos muertos resucitados y vivos transformados tendremos el mismo cuerpo espiritual incorruptible). Porque debe este cuerpo corruptible revestirse de incorrupción, y este cuerpo mortal de inmortalidad”. Es decir, cuando el Cristo venga, entonces se hará la resurrección de los muertos. Por supuesto que estarán viviendo hombres sobre la tierra, digamos como nosotros en este momento. Por eso habla en primero plural incluyéndose él también. Veis que esto cuanto de acuerdo está con el logos del Señor: “no os toca a vosotros saber cuándo sucederán estas cosas” (Hec 1,6-7). Esto significa que Pablo no sabe cuándo se hará la resurrección de los muertos. Existen millones de seres humanos encima de la tierra; aquellos que entonces estarán viviendo no morirán sino que cambiarán, transformarán, y de corruptibles se convertirán en incorruptibles y de mortales en inmortales.; no probarán la muerte.

Cómo se harán estas cosas? Apóstol Pablo dice: “ἐν ἀ­τό­μῳ, ἐν ῥι­πῇ ὀ­φθαλ­μοῦ, en un momento del tiempo indivisible, en un abrir y cerrar los ojos». Lo ἐν ἀ­τό­μῳ, en átomo que es lo indivisible del tiempo, que significa que se corta y se corta hasta que no se corta más en trozos pequeños. Es decir, estas cosas se harán en fracción de segundo, tan pequeño que no lo podemos captar. Y como en aquella época no había ningún ejemplo para indicar el mínimo trocito del tiempo, el Apóstol utiliza el abrir y cerrar de los ojos. Pero esto es un espacio del tiempo largo. El abrir y cerrar de los ojos no nos impide ver, contemplar los objetos; vemos ininterrumpidamente los objetos. Tan rápido, pues, se hará el cambio de los vivos en inmortales e incorruptos, como también la resurrección de los muertos. ¡Tan rápidamente! Y continua: “y en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, (al final del último toque de trompeta); porque se tocará la trompeta (por el ángel), y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos metamorfoseados, transformados (es decir, todos muertos resucitados y vivos transformados tendremos el mismo cuerpo espiritual incorruptible)” (1Cor 15,52).

Dice aún en la 1 Epístola a los Tesalonicenses: “Ved, pues, lo que os decimos como logos del Señor: nosotros, los vivos, los que estamos todavía en tiempo de la venida del Señor, no precederemos a los que murieron. Porque el Señor mismo, a la señal dada por la voz del arcángel y al son de la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los muertos unidos a Cristo resucitarán los primeros. Después nosotros, los vivos, los que estemos hasta la venida del Señor, seremos arrebatados juntamente con ellos entre nubes por los aires al encuentro del Señor. Y ya estaremos siempre con el Señor (1Tes 4,15-17).

El Señor estará bajando y nosotros subiendo. Igual que sucedió con la Ascensión de Cristo. Por eso los ángeles dijeron: “De la forma que Le habéis visto subir, de la misma manera volverá otra vez sobre la tierra” (Hec 1,11). El apóstol Pablo dice al aire. Pero dónde. En alguna parte que sólo lo sabe el Dios. Pero atención, los pecadores no serán arrebatados en las nubes, permanecerán abajo en la tierra. ¿Y cómo irán al Infierno? Estas cosas las sabe el Dios. No, no nos pongamos hablar mucho de esto porque no sabemos más abajo. Pero ellos no vendrán al encuentro de Dios.

6.11 Epílogo

Amigos míos, perdonad que he ido un poco de prisa, para no dejaros a la mitad. Con la ayuda del Dios Trinitario, hemos llegado al final de los temas para este año, y como habéis visto, se refería a la Resurrección de Cristo y a la resurrección de los muertos. Con estos temas terminamos también la interpretación del Evangelio de Luca. Sobre los Padecimientos y la Resurrección he utilizado también los cuatro Evangelistas. Nos hemos ocupado casi seis años. Agradecemos realmente al bondadoso y filántropo Señor nuestro por Su gran bendición. Yo lo considero una gran bendición.

En los temas de estos años, como habréis entendido, la Encarnación del Logos de Dios, junto con todos los admirables acontecimientos que le caracterizan, resultan a sotiría (sanación, redención y salvación) del hombre. Esto consiste en la reconciliación del hombre con el Dios, la victoria contra el hades y la muerte, la resurrección del cuerpo y la vida eterna. Esto es la sotiría (sanación, redención y salvación).

Es muy bello lo que escribe Apóstol Pablo en la 1 Epístola a los Tesalonicenses, cuando empieza su tema sobre la resurrección de los muertos: “Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos, para que no os aflijáis y sufráis como los que no tienen esperanza” (1Tes 4,13). Esto pues, fue el objetivo de la interpretación también para nosotros aquí, de todo lo que se ha dicho y analizado, amigos míos, “¡para que no os aflijáis y sufráis como los que no tienen esperanza!”. Porque los que sufren y se afligen con la lipi (tristeza, sufrimiento aflicción) según el mundo, que es uno de los siete pecados mortales. Estos que sufren y se afligen así, no tienen esperanza de la resurrección. ¡El logos de Dios nos asegura y certifica que se hará la resurrección de los muertos!

También el Apóstol Pablo, mientras analiza el gran tema de la resurrección de los muertos en aquel capítulo 15 de la 1 Epístola a los Corintios termina de la siguiente manera: “Así que, queridos hermanos míos, estad firmes (en el dogma de la resurrección) y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1Cor 15,58).

San Cirilo de Jerusalén, sin embargo dice que la raíz de toda praxis y obra buena es la fe en la resurrección de los muertos, (Catequesis a los iluminados, 18.1, 1-4). Si sabemos que vamos a resucitar esto es la raíz de todo movimiento bueno, toda buena virtud y praxis. ¿Por qué? Porque conocemos, como dice san Pablo, que nuestro esfuerzo no es en vano y no se pierde; porque el ¡CRISTO HA RESUCITADO!…

Hermanos míos, esto lo recalca especialmente san Juan el Crisóstomo también, en su logos catequético, tomo 2: “Cristo ha resucitado, y no queda ningún muerto en la tumba. Porque el Cristo al levantarse de los muertos se ha hecho el primogénito o primicia de los dormidos resucitados; ¡a Él pertenece la doxa (gloria, luz increada) y el poder por los siglos de los siglos! Amín!

+Yérontas Athanasios Mitilineos Domingo, 18-5-1980.

Copyright: Monasterio Komnineon de “Dormición de la Zeotocos” y “san Demetrio” 40007 Stomion, Larisa, Fax y Tel: 0030. 24950.91220

Traducido por: χΧ jJ www.logosortodoxo.com (en español).

 

 

 

 

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