LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS III

 

RE.1

 

Homilía III: El Nuevo testamento sobre la Resurrección de los muertos

Como ya hemos dicho, queridos hermanos, la resurrección de los muertos es dogma exclusivamente de la fe Cristiana. Todo el Nuevo Testamento proclama dos kerigmas alegres: la Resurrección de Cristo y, en potencia de esta, la resurrección de los muertos. Pero vamos a ver algunos testimonios del Nuevo testamento, igual que hemos visto algunos del Antiguo Testamento.

 

3.1 Saduceos, Fariseos y la resurrección de los muertos

En la época de nuestro Señor había dos clases de judíos sobre la fe. Una clase era de los fariseos, que creía correctamente el contenido que había en el Antiguo Testamento. Es decir, creía en Dios, creía en la existencia de los ángeles y los demonios, o sea, los espíritus; creía en la existencia de la psique-alma, en la inmortalidad de la psique, como también en la resurrección de los cuerpos. Al contrario, la otra clase de judíos, los saduceos, no aceptaban nada más que la existencia de Dios; es decir, negaban la existencia de los ángeles, de los demonios, de que existe la psique-alma y mucho más que la psique fuera inmortal; o aún si aceptaban la existencia de la psique, no admitían la inmortalidad de ella. Pero también esta existencia de Dios, los saduceos la creían de una manera deísta1. Es decir, que el Dios hizo el mundo, pero está desinteresado ya para el mundo; exactamente igual que cuando compramos un reloj, lo damos cuerda y lo dejamos trabajar y ya no nos preocupa. Así pues, el Dios ha definido las leyes en el mundo y el mundo se mueve en potencia de estas leyes, y ya este Dios no se interesa para este mundo. O sea que no creían que existe la continua providencia de Dios dentro en el mundo. (1Deísmo: es una teoría filosófica que sostiene que el Dios ha creado el universo y las leyes naturales, pero desde entonces ha dejado de intervenir en el funcionamiento del mundo y las cuestiones de los hombres).

Una vez los saduceos quisieron reírse y burlarse del Señor y Le dijeron aquel mito conocido de las siete mujeres con los siete maridos que murieron todos y finalmente ella también; “El mismo día se le acercaron unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: “Maestro, Moisés dijo: Si muere un hombre casado sin tener hijos, su hermano se casará con la viuda para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos; el primero se casó y murió sin dejar hijos, por lo que la viuda se casó con el hermano siguiente. Igualmente el segundo y el tercero, hasta el séptimo. Finalmente murió también la mujer” (Mt 22, 23-27 Mr 12 18-27).

La pregunta de los saduceos hacia al Señor fue: “Tú dices que los muertos resucitarán; pero entonces en la resurrección, ¿de quién de los siete será mujer? Porque todos la tuvieron por mujer” (Mt 22, 27 Mr 12,23). Por supuesto que esto no estaba escrito en el Antiguo Testamento; era un mito, una historia inventada y falsa. ¡Los Saduceos la habían inventado únicamente para dirigirse contra la fe de la resurrección de los muertos, y también para clavar a la pared o dejar sin palabra a nuestro Señor, porque supuestamente no sería capaz de responder a esta pregunta inteligente!…

Pero el Señor respondió de la siguiente manera: “Os equivocáis, estáis en un error, porque no entendéis las Escrituras ni el poder de Dios”. Es decir, el Señor esencialmente ha dado dos respuestas; les dijo que estaban en dos engaños, errores: uno es la ignorancia de la Escrituras –no del conocimiento creado; y el segundo error era la ignorancia del poder, la potencia y la energía increada de Dios.

Y continua el Señor: “Porque en la resurrección ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como ángeles en el cielo”. Es como si los dijera: ­“¿Por qué me preguntáis esto? No habéis leído nunca la Escritura para verlo esto, sino que os basáis en mitos que crea vuestra pobre mente vacía y la fantasía”. Por ejemplo, los hombres quieren sostener la existencia de la suerte y crean historias; y cuando uno les dice que no existe la suerte, le cuentan el mito, como si el mito fuera la demostración de su posición, y que la suerte existe. Cosas tontas, nimiedades y tonterías.

Pues, cuando el Señor responde y dice: “Ignoráis la Escritura. Cuando se haga la resurrección de los muertos ya no habrá casamiento o matrimonio”. Eso que dice “como ángeles del cielo”, no da a entender que expulsará los cuerpos de ellos –además esto lo veremos en otros pasajes que nos lo aclara este punto- sino que no tendrán necesidades biológicas, igual que los ángeles de Dios. Los ángeles de Dios no se casan, ni comen, tampoco beben. De la misma manera también los hombres que resucitarán no se casan, ni comen, tampoco beben.

Sobre todo esto es una respuesta a los testigos de Jehová o milenaristas, quienes presentan la Realeza increada de Dios de modo materialista. En aquellos folletos publicitarios de su herejía que esparcen generosamente de cualquier manera, contienen caricaturas que muestran un bienestar material: bellos jardines y patios con flores, bandejas con frutas, unos tocando guitarras, niños alegres jugando, animales cerca de ellos… Es decir, ¡presentan paisajes idílicos para mostrar cómo es la Realeza increada de Dios! ¡Dicen que la resurrección de los cuerpos será en el sentido que estaremos comiendo, casándonos!… En la pregunta: ¿Bien puesto estaremos encima de la tierra y no estaremos muriendo, llegará un día que habrá súper-población, entonces, qué pasará? La respuesta de ellos: “Entonces el Dios impondrá la esterilización a los hombres, y ya no recrearán hijos”. ¡He aquí la respuesta… cosas de risa! Los testigos de Jehová están siempre preparados a utilizar cualquier mito y su mala astucia, vileza para sostener estos mitos.

De todas formas el Señor aquí se refiere de la forma del cuerpo resucitado. Sobre la forma y el tacto del cuerpo hablaremos un poquito más abajo, cuando diremos cuál es este cuerpo nuestro resucitado.

Y añade a los saduceos: “Y acerca de la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que dijo Dios: Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos»(Mt 22,31-32). Pues, ¡oh analfabetos saduceos no habéis leído al logos de Dios que dice esto a Moisés! Esto lo había dicho antiguamente a Moisés (Ex 3,6).

Es decir, el argumento del Señor es el siguiente: “Cuando el Dios dice “YoSoY el Dios de Abraham” y esto lo dice a Moisés 500-600 años después de la muerte de Abraham, aunque había muerto no se ha perdido. Porque si se hubiera perdido, es decir, si hubiera vuelto en la tierra y se convirtiera en polvo, ¿cómo podría decir que es el Dios de una persona, de una existencia que se ha perdido?… Para que el Dios diga: ““YoSoY el Dios de Abraham”, significa que Abraham existe; y cuando dice; “YoSoY el Dios de Isaac y de Jacob” significa que ellos existen. De otra manera no diría que es el Dios de ellos…

¿Cómo yo puedo decir que soy el dueño de una casa o de un terreno, que ya los he vendido y no los tengo? Para decir que soy el propietario de una casa o terreno, debo estar preparado en cada momento poder demostrarlo y que existe. Así pues, cuando el Dios dice que “YoSoY el Dios de Abraham”, significa que Abraham existe. De todos modos esta es una demostración muy importante, que el Señor utiliza de la Escritura contra los saduceos, sobre la resurrección de los muertos.

3.2 Demostraciones lógicas y la apocálipsis-revelación de Dios

Como veis, el Señor no utiliza las conocidas demostraciones lógicas sobre la existencia de la psique-alma, sobre la inmortalidad de la psique, sobre la resurrección de los muertos, etcétera. No utiliza las llamadas “demostraciones lógicas”, estas que leemos al colegio en un libro sobre la Ética, por ejemplo, cuando dice que la psique-alma es inmortal, espiritual, etc.

Amigos míos, estas demostraciones puede que tengan un valor, pero el valor de ellas no es absoluto. Desde el momento que hay el antílogo, no tienen un valor absoluto. Os lo digo, para que lo tengáis en cuenta. No busquéis demostraciones sobre el Dios ni sobre la psique. Aquel que busca demostraciones lógicas sobre el Dios o la psique-alma está fuera de toda realidad. ¡Si queréis demostraciones, están puestas en la Santa Escritura; allí está la apocálipsis-revelación! Igual que uno puede decir que existe el Dios o la psique, lo mismo uno puede decir que no existe el Dios o la psique. ¿Cómo puedo saber que existe o no la psique? Sólo con la apocálipsis-revelación, sólo si se me apocalipta-revela. Como entenderéis, pues, el Señor no responde a los saduceos con las llamadas “demostraciones lógicas”, sino con la apocálipsis que da el mismo Antiguo Testamento, y en este caso el pasaje que se ha referido como prueba. La única prueba, demostración patente y potente es la apocálipisis.

Si me dijerais que el otro no acepta la apocálipsis, os respondería: ¡éste no merece ni es digno de saber que el Dios existe y que existe la psique! No le merece. Es aquello que responde la Santa Escritura: “¡Yo os dije que sois dioses e hijos de Dios, pero vosotros como hombres morís!” En otras palabras, vivís y percibís como seres biológicos, y como seres biológicos acabaréis vuestra vida en la tierra!… Esto da a entender como “humanos”, es decir, como los animales, sin ninguna búsqueda e inquietud espiritual. Pero el hombre que piensa, el que tiene elevaciones, transcendencias e inquietudes espirituales, éste aceptará la apocálipiss-revelación de Dios.

Por consiguiente, para el hombre que es digno y vale, la demostración es una: la apocálipiss-revelación de Dios. El Dios revelará el Sí Mismo a nosotros, y nosotros aceptaremos esta apocálipsis-revelación. El Dios nos dirá quiénes somos. Él nos ha creado y Él nos dirá quiénes somos. Si nos ocupamos y perdemos el tiempo buscando si existe la psique o no, entonces…

¡Amigos míos, hay tesis o teorías filosóficas que dudan aún hasta nuestra existencia, no sólo como psique, sino tampoco como existencia! ¡Sostienen que en este momento no vivimos realmente, sino que estamos viendo un sueño! ¡Es decir, que vosotros estáis en un estado de ensueño, y creéis que alguien os está hablando; y yo me encuentro en un estado de ensueño, y creo que tengo un auditorio adelante mío! ¿Es verdad, estáis soñando? ¡Un poquito más, y os convenzo que estáis soñando! ¿Posiblemente que estéis soñando?… ¡Si es verdad que estáis soñando, está claro que no hay nada delante de vosotros, estáis viendo un sueño! ¿Es verdad, estáis soñando? ¡Buscaros bien! Por supuesto podría decir alguien: “Si yo veo sueño, significa que existo, ¿cómo vería el sueño si no existiera? Esto lo dijo Descartes:

«Cogito, ergo sum», el principio filosófico que está basado todo el sistema filosófico de René Descartes (596-1650). «Puedo dudar por ciertas cosas que me rodean y por todo que estoy pensando. Pero los hombres a menudo fallan en sus silogismos, aún en temas sencillos, y no hay razón que crea que los sentidos no me engañan o que mis pensamientos no son más que sueños, como cuando estoy durmiendo. Puedo dudar, pues, por todo lo que pienso y creo, pero para una cosa en ningún caso puedo dudar: de que dudo. Pero inmediatamente me fijé que mientras yo quería pensar así, de que todo era falso, debería obligatoriamente pensar que yo que estaba pensando, soy algo. Y observando que esta verdad “pienso, por lo tanto existo” era tan fuerte y tan segura de modo que todas las suposiciones irracionales de los filósofos escépticos o pensadores no eran capaces de tambalearla, y he juzgado que podía sin duda tenerla como principio de la filosofía que buscaba.»

Entonces, queridos míos, la primera demostración o prueba para la resurrección de los muertos es la misma Escritura; es este pasaje que el Señor dijo a los saduceos. La segunda es su propia Resurrección, como demostración sobre acontecimientos. Es como si el Señor dijera: “Yo os he dicho que soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Aún os he dicho que el Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Y ahora os mostraré también con acontecimientos, con hechos: ¡Resucitaré! Y cuando yo resucite, os habré demostrado que YoSoY el Señor de la vida y de la muerte, soy el Vencedor de la muerte, YoSoy la Vida y la Resurrección” (ver Jn 11,25 y Apo 1,18, etc).

3.3 El Señor sobre la resurrección de los muertos

Sabéis, cuando el Señor habló sobre la psique-alma no utilizó ninguna prueba. Buscad toda la Santa Escritura, seguro que no encontraréis ninguna prueba lógica sobre la existencia de la psique. Sólo habla sobre el valor de la psique, así presupone la existencia de ella, por lo tanto la apocalipta-revela. Una vez el Señor había dicho: “No tengáis miedo de los que matan el cuerpo, pero no pueden matar la psique- alma; temed más bien al que puede perder la psique y el cuerpo en el infierno” (Mt 10,28), y esto sólo lo puede hacer el Dios

Atención a esto: ¿Qué pondrá el Dios en el infierno? ¡La psique y el cuerpo! Pero para que el cuerpo esté al infierno, significa que primero resucitará de la tumba, donde se había fundido, y después irá al infierno, siempre “por el logos de Dios” (1Tes 4,15), de acuerdo con el logos del Señor.

¡Habéis visto! ¡Dónde están aquellos que dicen que habrá sólo examen y remordimientos de conciencia! Por supuesto que serán exámenes y remordimientos de conciencia, pero será también castigo del cuerpo. Pero como no estará con el viejo cuerpo, sino con el nuevo, con sus nuevas cualidades, entonces ahora no podemos comprender exactamente cómo será el Infierno. El Señor lo asemejó con el “fuego que nunca se apaga”; y este fuego no ilumina, por eso habló de oscuridad o tiniebla. Habló del “gusano que no acaba nunca”, porque come continuamente los que están allí. Habló del “rechinar de los dientes”, cuando los hombres tocan sus diente y gritan del dolor (Ver Mt 8,13· 13,42· 50.22,13. Mr 9, 44-48. Lc 13,28. Etc.). Qué son todas estas cosas exactamente no lo sabemos. Nos las dijo sólo con imágenes terrenales, igual que sobre la Realeza increada de Dios también nos habló con imágenes terrenales, porque son cosas fuera de la presente realidad, tanto el infierno como la Realeza increada de Dios. Habéis visto pues, que el cuerpo también estará al Infierno, como también igual estará en la Realeza increada de Dios.

Una vez el Señor dijo a los de Capernaum: «Y esta es la voluntad de aquel que me ha enviado, que el que contemple al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna y yo le resucitaré en el último día. (Y esta es la voluntad de aquel que me ha enviado al mundo, que el que tenga los ojos de su psique limpios y purificados contemple al Hijo y crea en Él y tenga ya desde la vida presente la eterna y yo le resucitaré gloriosamente en el ésjato-último día del Juicio» (Jn 6,40). Cuál es este “ésjato-último día”; es el último día de la Historia, durante la cual se hará la resurrección de los muertos.

Habéis visto, por favor, qué dijo: “¡yo le resucitaré gloriosamente en el ésjato-último día!” El Señor dijo este logos para que no se crea que daba a entender la vida eterna de la psique. Simplemente porque, cuando antes dijo que Abraham, Isaac y Jacob están ante Dios -y son psiques, porque aún no han tomado sus cuerpos resucitados- esto significa que las psiques son inmortales, no mueren. ¿Entonces cómo va a resucitarlas en el ésjato-último día? Entonces pues, no resucitará las psiques -puesto que viven- sino que resucitará los cuerpos.

Cuando el Señor hablaba sobre el Misterio de la Divina Efjaristía, dijo: “El que come mi sarx y bebe mi sangre, mediante el misterio de la divina Efjaristía, tiene vida eterna y yo lo resucitaré al ésjato-último gran día del juicio” (Jn 6,54). Otra vez aquí, para que no se crea que se trate de la psique, dice “yo le resucitaré el ésjato-último día”. Si leéis el Evangelio según Juan, capítulo 6, 22-59, encontraréis que se repite cuatro veces estereotípicamente la frase “yo le resucitaré el ésjato-último día”. Esto indica que el Señor habla repetidas veces sobre la resurrección de los muertos.

Y otra vez dijo el Señor: “25 Amín, amín, en verdad de verdad os digo: viene la hora, y en ella estamos, en que los hombres muertos (espiritualmente) escucharán la voz del Hijo de Dios y los que escuchen y acepten los logos de su enseñanza vivirán (por los siglos de los siglos cerca de Dios).

26 Como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo tener vida en sí mismo. 26. Como el Padre tiene la vida increada eternamente en su interior y es la fuente increada de la vida, así también al Hijo, quien se ha hecho hombre de modo único dentro en toda la creación, tiene en su interior la vida y la transmite también a los demás.

27 Y le ha dado poder para juzgar y actuar como Juez, ya que él es el Hijo del hombre, (el Logos e hijo unigénito que se ha hecho hombre y es Juez de los hombres).

28 No os extrañéis de esto, porque llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz; 28. No os asombréis de todo esto que os he dicho. Ocurrirán cosas aún más admirables que estas, porque llegará la hora en que todos los muertos que en aquel momento estén en los sepulcros oirán la voz del Hijo de Dios y los ordenará resucitar;

29 y saldrán fuera, y los que han obrado bien, pasarán a la resurrección de la vida eterna y feliz. Y los que han obrado mal, para la resurrección de juicio y condena” (Jn 5, 25-29).

Este logos del Señor recuerda literalmente la profecía de Daniel, que nos hemos referido a la homilía anterior, que dice: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán; unos para la vida eterna, otros para la vergüenza y la ignominia perpetua. Los sabios brillarán entonces como el resplandor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas por toda la eternidad” (Dan 12,2-3) etc. Hay en este logos de nuestro Señor un realismo absoluto; no hay ninguna alegoría o metáfora aquí. ¡Sobre todo, cuando el Señor habla sobre las tumbas, y aún cuando habla de la salida de los muertos de las tumbas, esto indica un realismo terrible; indica una realidad que asusta cuando pensamos que nos levantaremos de nuestras tumbas! Se hará la resurrección de todos los seres humanos. No quedará nadie que no será resucitado, desde la época de Adán y Eva hasta el momento que el Cristo volverá. ¡Todos resucitarán! Esto se hará “a la hora o tiempo que viene” (Jn 5,28). ¿Y cuál será esta hora? Es el “ésjato día” de la historia, como antes hemos dicho.

Con lo “ahora es esta hora”, que dijo el Señor, daba a entender esto que mostró con la resurrecciones en aquel tiempo, de Lázaro y otras. Pero todos estos por supuesto que volverían a morir. Pero en Señor en aquella hora quería demostrar que tiene la fuerza de resucitar muertos. Pero lo “ahora es” incluso lo dijo para Su propia Resurrección. Por tanto se ha dado el sello y la demostración de que todos resucitaremos. Aún dice que “habrá resurrección de vida” y “resurrección de juicio”. Esto otra vez recuerda los logos de Daniel y de los siete Macabeos, como os recordareis de la anterior homilía (ver Jn 5,29. Dan 12,2 2Mac 7,14, Mr 7,14).

Cuando el Señor resucitó provisionalmente a Lázaro, el hermano de María y Marta, dijo lo siguiente: “YoSoY la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre” (Jn 11,25), el Señor no dijo sólo “YoSoY la vida”, porque esto se podría considerar que se refiere a la vida de la psique, pero dijo “YoSoY la vida y la resurrección”, porque la resurrección se refiere al cuerpo muerto.

Además, cuando el Señor resucitó de los muertos, entonces muchos de los que resucitaron, aunque fuera provisionalmente, fue para certificar que el Cristo “es la vida y la resurrección” de los hombres. ¿Y qué pasó allí”. Nos impresiona mucho esta narración del Evangelista Mateo (Mt 27,52). ¡Nos recuerda la visión de Ezequiel en la vega donde estaban esparcidos los huesos, y entonces comenzaron los huesos unirse armónicamente uno con el otro, que reciban nervios, piel, vida y soplo comenzando a moverse!

Uno diría que esto era una visión. Pero ahora observad en una realidad. Cuando el Cristo murió encima de la Cruz, se hizo un gran terremoto, lo recordáis: “y la tierra se movió y las piedras se rompieron y las tumbas se abrieron”. ¡Estas cosas aquí ahora son acontecimientos no es una visión, ni es una profecía! Dice a Profeta Ezequiel: “he aquí yo abro vuestras tumbas y os sacaré de las tumbas”. Esta es la profecía; he aquí ahora su realización: “se abrieron los sepulcros y muchos cuerpos de santos que estaban muertos resucitaron y, saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos” (7, 51-53). ¡Estas cosas son conmovedoras, amigos míos!

3.4 Los Apóstoles sobre la resurrección de los muertos

Pero el centro del kerigma de los Apóstoles es la Resurrección de Cristo y la resurrección de los muertos. Los Apóstoles en sus kerigmas no se limitaron a decir no robar, no mentir y no matar. ¡Escuchadlo esto por favor! Por esto en la Confesión no digamos nunca no he robado, no he matado, ni he mentido. ¡No, estas cosas no son pecados; no delimitemos el contenido del Evangelio y su mensaje sólo en “no he robado, no he mentido y no he matado”!… El mensaje del Evangelio es la Resurrección de Cristo y, en potencia de esta, la resurrección de los muertos. Este es el mensaje alegre del Evangelio; este kerigma traen los Apóstoles en los confines de la tierra; ellos este mandamiento han recibido del Señor para decir a las naciones y los pueblos (ver Mt 28,19. Mr 16,15. Col 1,23).

Pues, vamos a ver algunos momentos. Son del libro de los Hechos de los Apóstoles y de las Epístolas.

Después del Pentecostés los Discípulos hablan públicamente sobre la Resurrección de Cristo y la resurrección de los muertos; por eso fueron detenidos por el jefe del templo y son conducidos a los soberanos. Es cierto que primero fueron echados a las cárceles y después fueron conducidos a los soberanos. Escuchad cómo:

“Mientras hablaban al pueblo, se les presentaron los sacerdotes, el oficial del templo y los saduceos, molestos de que enseñasen al pueblo y anunciasen que la resurrección de entre los muertos se había realizado ya en la persona de Jesús; los detuvieron y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente, pues era ya tarde” (Hec 4,1-3); porque hablaban sobre la Resurrección de Cristo y Su nombre.

También el Apóstol Pablo no duda en predicar la Resurrección de Cristo y de los muertos en este primer kerigma suyo en Atenas, la ciudad de los sabios y de la filosofía, del pensamiento y del logos humano. No dudó, ni se avergonzó en predicar la resurrección, después de una admirable introducción, que podría convertirse en una introducción filosófica. Pero no ha quedado en esto, porque si se quedara en esto y los atenienses le dijeran: ¡Bravo Pablo, fuiste admirable, magnífico, qué bien nos las has dicho! ¡entonces Pablo se hubiera borrado del mapa! ¡No es la bonita introducción filosófica, ni los bellos logos, tampoco los bellos pensamientos lo admirable, sino la Resurrección de Cristo y la resurrección de los muertos! Y había ido allí para hablar de la Resurrección de Cristo. ¿Y qué pasó? ¿Cómo recibieron los atenienses el kerigma de Pablo? Pues, los atenienses lo recibieron con burla y desprecio, (Hec 17, 16-34).

Aún el Apóstol Pablo no dudará ante el mismo consejero romano Félix y también ante los judíos acusadores, decir que “Yo soy juzgado hoy ante vosotros por la resurrección de los muertos” (Hec 24,21).

¡Veis que el centro y el núcleo del kerigma de los Apóstoles es la resurrección de los muertos, esto que desgraciadamente nosotros ignoramos!… Y dirá a nosotros también san Pablo en su epístola a los Corintios: ¡“para avergonzaos, os digo estas cosas” (1Cor 15,34), porque ignoráis cosas fundamentales de la vida!

Pero también ante Fisto y al rey Agripa que todos estaban juntos, cuando Pablo encadenado fue llamado hablar sobre el Cristianismo, dijo: “Pero con la ayuda de Dios me mantengo hasta hoy dando testimonio a chicos y grandes, no afirmando nada fuera de lo que los profetas y Moisés dijeron que había de suceder: que el Mesías tenía que padecer; que sería el primero en resucitar de entre los muertos, y así anunciaría la luz tanto al pueblo como a los paganos» (Hec 26,22).

¿Pero por qué dice “el primero”? Esto también lo dice a los romanos que es “el primogénito entre muchos hermanos” (Rom 8,29), es decir, es el primero que resucita y no vuelve a morir, y nosotros seguiremos, resucitaremos y no volveremos a morir. Así que habló para la Resurrección de Cristo y la resurrección de los muertos.

Y mientras pues, Pablo habla sobre la resurrección de los muertos, y Fisto el consejero romano, que no tenía ni idea del Antiguo Testamento, del logos de Dios, se levanta de repente y dice: «Estás loco, Pablo; las muchas letras te hacen perder la cabeza.» Y Pablo responde: «No estoy loco, excelentísimo Fisto, sino que hablo cosas verdaderas y sensatas», cosas bellas y lógicas que dice el logos de Dios.

Y entonces se dirige hacia Agripa, porque él era idumeo y conocía el Antiguo Testamento y le pregunta: “Rey Agripa ¿estás de acuerdo? ¿Crees en los Profetas? Yo sé que tú crees en los Profetas. Además las cosas que ocurrieron, la Crucifixión y la Resurrección de Cristo, no ocurrieron en un lugar desconocido y escondido sin que nadie se diera cuenta, sino en Jerusalén ante mucha gente. Por lo tanto excelentísimo Fisto no me he vuelto loco” (Hec 26,24-28).

Amigos míos, os quería decir algo. Hoy si hablamos a personas por primera vez sobre la resurrección de los muertos, no recibimos ninguna respuesta, nos escuchan pasivamente. Hombres que no saben nada sobre la resurrección de los muertos y no la creen, y cuando oyen sobre esta permanecen indiferentes. ¿Quizá no entiendan, ni profundizan al tema y no les interesa? No lo sé. Queridos míos, nunca he visto una reacción de parte de aquellos que escuchan estas cosas, y estoy seguro que tienen ignorancia para la resurrección de los muertos, a pesar que esta verdad está tan expandida dentro de la Iglesia. Estoy seguro que si oyen todas estas cosas que decimos aquí ahora, no reaccionarán; esto lo he vivido en todos mis años. Me diréis que: qué se puede hacer. ¿Sabéis lo que quería amigos míos? Cuando os hablé o os hablo sobre la resurrección de los muertos, pues, que os levantarais y decirme esto que dijo Fisto: “¡Páter Atanasio estás loco!… ¡Estás loco, dices que resucitarán los muertos!… Si me dijerais esto, os diría: ¡Bravo, gloria y gracias a Dios, ahora he visto vuestra reacción!

Sabéis que si alguien cae al suelo por una lipotimia, entendemos si ha muerto o no pinchándole con un alfiler a la pierna. Y si reacciona recogiendo la pierna, esto muestra que está vivo. Así pues, lo mismo aquí; si tenemos un auditorio que oye y no reacciona, qué diremos entonces: ¡Ha muerto el auditorio… no tiene interés! Así, pues, esto quería escuchar, pero no lo he escuchado nunca. Jamás he oído a alguien decirme: “¡Padre no estás bien… estás loco!…

Me temo que vosotros que me estáis oyendo, a pesar de tanto análisis detallado que se hace, uno podría decir: ¡Eh, basta ya, mucho nos has dicho! Me temo, por no decir que estoy seguro que, si os diera una hoja de papel en blanco y un lápiz y os hiciera un par de preguntas, si tendremos resurrección de muertos y cómo será esta, muy pocos me responderíais correctamente. ¡Posiblemente el diablo nos tapona los oídos… ¿Sabéis por qué os hablo así? ¡Queridos míos, hablo de tal manera para que se destaponen vuestros oídos! Lo repito: nuestros cuerpos resucitarán… que lo sepan esto!

3.6 El libro del Apocalipsis

Amigos, míos, nos hemos referido a la visión del profeta Ezequiel. Esto en primera fase se ha realizado durante la Resurrección de Cristo, cuando algunos de los muertos resucitaron, pero esto en la segunda fase será universal y se realizará generalmente en todos los muertos durante la Segunda Presencia.

Ahora vamos a referirnos a otra visión que ha visto san Juan el Evangelista. En el libro del Apocalipsis leemos lo siguiente: “Luego vi un gran trono blanco, y al que estaba sentado sobre él. El cielo y la tierra huyeron de su presencia sin dejar rastro. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono; fueron abiertos unos libros, y luego se abrió otro libro, que es el de la vida; y los muertos fueron juzgados según lo escrito en los libros, conforme a sus obras. Y el mar devolvió los muertos que guardaba, la Muerte y el Hades devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras” (Apo 20, 11-13). Allí hay muchas cosas sobre el tema, pero he tomado algo corto para no perder tiempo.

Es decir, que el Apóstol y Evangelista Juan describe las cosas que ha visto en una visión: “Luego vi un gran trono blanco, y al que estaba sentado sobre él”, no dice el nombre de Dios por respeto”. Y de golpe se fueron, desaparecieron el cielo y la tierra. Es decir, que tenemos nueva tierra y nuevo cielo: no ex nihilo-de la nada, sino que el mundo antiguo se fue, para que en su lugar venga el mundo nuevo, el antiguo pero renovado. Atención a esto: el antiguo pero renovado.

La Santa Escritura tiene un ejemplo en los Salmos que dice: “como un manto los enrollarás, como un vestido, y serán cambiados”, es decir, los cielos (Sal 101, 27 Heb 1,12). El manto es el abrigo. Cuando no tenemos dinero para cambiar de abrigo lo damos al sastre y lo hace reversible. Esto es lo que hará el Dios con la creación; la revertirá y le hará nueva, pero la misma. Cuando los hombres vean nuestro viejo abrigo revertido creerán que es nuevo. Esto pasará también con la creación.

Y continúa el Evangelista Juan: “Y vi a los muertos, grandes y pequeños”. Esto significa la resurrección universal. Todos resucitarán, los ancianos, los jóvenes y los niños, los recién nacidos, incluso los embriones que aún no han nacido. ¡Todos resucitarán! Los embriones que no tuvieron el honor a ver el sol… pero resucitarán porque tiene hipóstasis, forma o base substancial humana. No lo olvidemos esto. A pesar de que nosotros decimos que no es humano formado, y así podemos tirarlos en las cloacas de las ciudades… ¡Resucitarán también los embriones!

“Y el mar devolvió los muertos que guardaba”. ¡Curioso! Atención, por favor. ¿Por qué dice aquí que el mar entrega sus muertos? Es conocido que los hombres son enterrados en la tierra, ¿entonces por qué habla del mar? Toma el peor de los casos, como entrega representativa de los muertos. Se sabe que cuando una persona muere es enterrada en la tierra y allí permanecerá hasta la Segunda Presencia. ¿Pero aquel que se ha ahogado en el mar, qué habrá pasado? Primero es comido por los peces; ¿Y los huesos? Estos huesos como las piedras que están arrastradas por las olas continuamente durante siglos, y mezcladas con las algas se hacen redondas y después granos de arena, así también con los huesos, que finalmente desaparecen. ¿Dónde están? ¡Vete a saber ahora dónde están y cómo recogerlas¡ ¿cómo vas a recogerlos estos huesos que se han disuelto en el mar!…

Dice pues, que el mar dará los cuerpos de los muertos; aquí pone el mar, que es el caso extremo. Por tanto incluye también el fuego y la tierra. La tierra, el mar y el fuego entregarán sus muertos. Con estas expresiones quiere mostrar que la resurrección de los muertos no la impedirá nada, de cualquier manera que el hombre muera. Se ha fundido o no uno, le han comido los buitres, le han comido los gusanos, le ha quemado el fuego, le ha disuelto la bomba atómica… No importa; ¡Resucitará!

Y una cosa más. La tierra entregará los cuerpos muertos, la materia inicial, la cual será transformada, pero también la “muerte” y el “hades” entregarán a los que tienen. Cuando el Evangelista dice aquí “los muertos”, da a entender las psiques-almas y los cuerpos de los dormidos o muertos. Por supuesto que la muerte no es lugar; muerte es estado de ser, situación. Dice pues, que la “muerte” y el “hades” entregarán lo que tienen, es decir, las psiques-almas, y la tierra entregará lo que tiene, o sea, los cuerpos. Entonces, la tierra entrega los cuerpos y el hades las psiques, y tendremos otra vez unión de psiques y cuerpos, para tener esto que llamamos resurrección. Porque resurrección es recomposición, reunificación de las psiques-almas y de los cuerpos.

¿Decidme: existe mayor realismo que las cosas que leemos dentro en la Santa Escritura? ¿Puede uno leer la Santa Escritura elementalmente y decir que no encontrará estas cosas en ella? Por eso, queridos míos, yo ahora no hago otra cosa que exponer la Santa Escritura. Así que si leemos la Santa Escritura no tenemos ignorancia de las cosas.

3.6 I Epístola a los Corintios

El Apóstol Pablo de forma solemne nos dirá en su 1 Epístola a los Corintios: “¡Pero el Cristo resucitó primero de entre los muertos y se hizo primicia de todos los que durmieron o murieron! “ (1Cor 15, 20); es decir, es el primero de los muertos que resucitarán en el “ésjato-ultimo día”; es el primero y siguen todos los demás seres humanos, todos sin excepción alguna!

A continuación en la misma Epístola nos da en cinco líneas el diagrama explicativo de la muerte y la vida, diríamos la teología de la muerte y de la resurrección. Es grandioso esto, escuchadlo: “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre (Adán que cayó en el pecado), también por un hombre (el nuevo Adán, Cristo) vendrá la resurrección de los muertos. Porque así como por el hombre Adán todos morimos (a causa de la descendencia y relación con Adán), así también a través de la jaris-gracia, la energía increada y la unión con Cristo todos seremos vivificados. Pero cada uno con su debido orden o legión: Cristo, la primicia; luego los que son de Cristo, en su gloriosa venida. Luego el fin, cuando entregue la realeza al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Luego vendrá el fin, cuando ya habrá terminado Su obra real o sacerdotal y se habrá consumado la divina economía de la salvación de los hombres. Entonces el Cristo como hombre entregará su realeza increada al Dios y Padre. Entonces con su axioma real y sacerdotal ya habrá aniquilado toda potencia, poder y fuerza. Pero hasta este momento estará ejerciendo su axioma real y sacerdotal. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos bajo de sus pies. Y el postrero enemigo que será destruido es la muerte” (1Cor 25, 21-26). ¡Qué bonito!

Aquí con palabras sencillas, se da el diagrama completo de la teología de la muerte y de la vida. Cómo entró la muerte en el mundo; por un hombre, por Adán: “el día que comeréis de este fruto, por la muerte moriréis” (Gen 2,17), había dicho el Dios. Como los primeros en ser creados violaron el mandamiento de Dios, entró la muerte en la vida y al mundo. Así pues, morimos porque Adán murió. Y Adán murió porque violó el mandamiento de Dios. Algo similar, de la misma manera, y a través de un nuevo hombre se hará también la resurrección de los hombres. ¿Quién es este hombre que nos dará la resurrección de los muertos? Es Jesús Cristo, el nuevo Adán. El primer Adán es representativo de la muerte; el segundo Adán es representativo de la resurrección y la vida. Como con el primero vino la muerte, así con el segundo vino la resurrección. El primero desobedeció y murió; el segundo obedeció la voluntad del Padre, resucitó y resucitará a nosotros también. Así que tal y como con Adán todos morimos, así con el Cristo todos seremos vivificados.

“Pero cada uno con sus debidos ordenes”. ¿Quiénes son los órdenes o legiones? Son dos órdenes: los piadosos y los impíos; unos resucitarán en resurrección de vida, en cambio los otros, “en resurrección de juicio” (Jn 5,29). En otros puntos san Pablo habla más claro y preciso: ”El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor (1Tes 4,16-17). No le interesa qué pasará con los pecadores. Habla a los Tesalonicenses, a los santos, porque Cristiano quiere decir santo, y dice los santos heredarán la Realeza increada de Dios. No se interesa para nada para los pecadores; por eso aquí dice simplemente “cada uno con su orden o legión”.

A continuación dice: “Cristo, la primicia; luego los que son de Cristo, en su gloriosa venida. Luego el fin, cuando entregue la realeza al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia… Y el postrero enemigo que será destruido es la muerte” (1Cor 25,23-36). Por lo tanto, la resurrección de los muertos será la última praxis de la Historia. Muchos enemigos amenazan al hombre; también los demonios, las enfermedades, las distintas pruebas; pero el último enemigo que será vencido será la muerte.

3.7 La Tradición de la Iglesia sobre la resurrección de los muertos

Queridos míos, la convicción sobre la resurrección de los muertos existía siempre en la Iglesia. Cuando el Apóstol Pablo en la Epístola a los Corintios habla sobre quinientos más o menos testigos presenciales de la Resurrección de Cristo y la remite a los Corintios diciendo que “muchos de estos aún viven”, y sobre estos testigos sostiene la gran verdad, sobre la resurrección de los muertos, esto significa que la Tradición de la Iglesia siempre consideraba como dogma fundamental de la fe la resurrección de los muertos. ¡Dogma fundamental! Si quitas esto, entonces también el otro, la Resurrección de Cristo es inútil.

¿Por qué voy a festejar que el Cristo ha resucitado? ¿Yo resucitaré?… ¡Si yo resucitaré a causa de Resurrección de Cristo, entonces aplaudiré a Cristo!… San Juan el Damasceno viendo las cosas que nos ha regalado el Cristo, se dirige a Él como a un hombre y le dice: “¡Felicidades Cristo! ¡Bravo Cristo!… Jesús, te aplaudo porque yo también resucitaré! (Expositio Fidei 77, 53-58). Si el Cristo, ha resucitado y yo no resucitaré, ¿entonces qué valor tiene que yo diga Cristo ha resucitado? Qué valor tiene que yo festeje la Pascua. ¿Qué valor tienen todas estas cosas que presentamos con celebraciones y fiestas, si el último enemigo, la muerte no es vencida? Esto es lo que festejamos: ¡con la muerte pisoteó la muerte, la victoria contra la muerte!

La Iglesia siempre ha mantenido y proyectó este dogma fundamental, la resurrección de los muertos. ¡Siempre!

3.8 San Clemente de Roma

San Clemente de Roma escribe: “Que nadie diga que este cuerpo no es juzgado ni resucita. ¡Habéis visto! El cuerpo será juzgado, dará cuentas a Dios! Sentaos, concentraos y estudiad bien, así conoceréis de qué manera sois salvados, de qué manera han mirado vuestros ojos y cómo se han hecho las cosas con vuestro cuerpo ¿No habéis afrontado el tema de la salvación con vuestros cuerpos? ¡Debéis pues, guardar vuestro cuerpo como templo de Dios!

La salvación pues, la hemos recibido con nuestro cuerpo. Cómo se ha hecho esto. Decidme: ¿quién se ha bautizado en la pila? ¿el cuerpo o la psique-alma? El Cristo dijo: “El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tendrá vida eterna” (Jn 6,54). ¿Quién ha comido el Cuerpo y la Sangre de Cristo? ¿Nuestra psique o hemos abierto la boca? ¡Esta boca que abrimos cuando vamos al dentista! Perdonadme por el realismo. Pero no sé cómo hablar ya… ¡Así pues, con nuestra boca hemos tomado nuestra salvación! ¿Y a Cristo cómo lo hemos tomado? ¡Con Su Cuerpo! Esto quiere decir, pues, san Clemente de Roma, que el cuerpo resucitará.

Nosotros debemos, pues, cuidar nuestro cuerpo como templo de Dios. Con el cuerpo estáis llamados para la salvación, también con el cuerpo vendréis a la resurrección de los muertos.

Igual que el Logos de Dios, que era espíritu, se hizo cuerpo y nos ha llamado como cuerpos, como humanos con nuestra naturaleza humana, de semejante manera nos llamará cuando vuelva; y así también nosotros con este cuerpo resucitado recibiremos nuestra recompensa o salario.

3.9 San Tatiano el Apologeta

San Tatiano el Apologeta escribe lo siguiente: Si el fuego extingue mi cuerpo no me inquieto, porque el mundo se ha hecho de materia evaporada e inexistente. Y si en los ríos, en las aguas y en los mares soy esparcido, incluso si me devoran las bestias salvajes, nada me pasará, porque me encuentro en las manos y en las cajas de rico Señor, mi Señor y Dios. O sea, que estoy en las cajas donde el Dios guarda Sus tesoros, allí me guarda y vigila el Dios.

El Rey Dios cuando quiera, esta existencia que está visible sólo por el Dios, la restablecerá como estaba antes. Decimos: este hombre se ha fundido, disuelto, ha desaparecido ya no existe. Pero este hombre no deja de ser visible a Dios; y cuando llegue la hora, a este hombre le restablecerá el Dios. Será otra vez hombre con su naturaleza humana. No tiene importancia si la calidad del cuerpo será nueva, como veremos a continuación.

3.10 San Isidoro el Pilusiotis

Os contaré ahora algo más de la Tradición de la Iglesia. San Isidoro Pilusiotis dice: “si la psique sola ha conseguido algo, entonces solo ella debe coronarse; pero si también el cuerpo ha tomado parte de la hazañas y de las luchas, entonces esto también debe ser coronado; porque está claro que es justo, correcto y natural que debe también el cuerpo tener las bendiciones y los premios”.

Por lo tanto, pues, la virtud del ayuno, pertenece al cuerpo; el pecado de la gula pertenece al cuerpo. La pureza, la prudencia es virtud que pertenece al cuerpo. La indecencia, la lujuria, el adulterio etc, son del cuerpo. Por lo tanto el peso de las virtudes o de los pecados cae al cuerpo. El cuerpo pues, será premiado por la prudencia, el ayuno, etc, y será condenado por la gula, el adulterio etc.

Si esto que os digo no es verdad, entonces qué sentido tiene el logos de Apóstol Pablo, en su 1 Epístola a los Corintios, capítulo 6: “Huid de la lujuria. Cualquier otro pecado cometido por el hombre queda fuera del cuerpo, pero el pecado de lujuria daña al propio cuerpo” (1Cor 6,18). Ya que con el cuerpo comete lujuria, entonces el cuerpo dará cuentas. ¿Puede uno cometiendo lujuria entrar en la Realeza increada de Dios? Por supuesto que no. Lo dice claro: “¿Es que no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis; ni los lujuriosos, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los invertidos, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los salteadores heredarán la Realeza increada de Dios” (1Cor 6, 9-10). Será juzgada, pues, la psique junto con el cuerpo, los dos darán cuentas a Dios.

Todavía lo dirá más claro san Pablo en su II Epístola a los Corintios: “pues todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba lo que mereció, conforme a lo que hizo con su cuerpo, bueno o malo” (2Cor 5,10). ¡Clarísimo!

Pues, amigos míos, estas cosas dice el logos de Dios. Pero como la hora ha pasado, si el Dios quiere, continuaremos el siguiente domingo. (xX: y yo continuaré con la traducción de la siguiente homilía)

+Yérontas Athanasios Mitilineos. Domingo 27-4-1980.

Copyright: Monasterio Komnineon de “Dormición de la Zeotocos” y “san Demetrio”

40007 Stomion, Larisa, Fax y Tel: 0030. 24950.91220

Traducido por: χΧ jJ 

 

 

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