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Jul 23 2022

Filocalía 4o tomo: Varias enseñanzas para principiantes, medianos y perfeccionados, por san Gregorio el Sinaíta

Filocalía 4o tomo: Varias enseñanzas para principiantes, medianos y perfeccionados, por san Gregorio el Sinaíta

 

SAN GREGORIO EL SINAÍTA

Nuestro santo padre Gregorio, que recibió la tonsura monástica en el monte Sinaí y por eso fue llamado Sinaíta, alcanzó el esplendor de su obra bajo el mandato de Andrónico el Paleólogo, alrededor del año 1330. Cuando vino en Athos visitó a varios monasterios y casetas de hisijastas y encontró muchos que se ocupaban sólo de la prudencia y en la formación ética y piadosa del carácter y ponían prioridad a la virtud práctica, pero a lo que respecta la vigilancia del nus, a la hisijía y a la zeoría contemplación, estaban de tal modo faltos de iniciación (mística) que incluso había algunos que no las conocía ni de nombre. Encontró solamente tres en la Skiti de Magula situada frente del Monasterio Filoteu, sus nombres Isaías, Mateo y Macario que se ocupaban del logos y de la zeoría contemplación. Movido pues, por celo divino ardiente, enseñaba sobre la nipsis (sobriedad), la vigilancia del nus y la oración noerá o del corazón no sólo a los hisijastas ermitaños, sino también a todos los monjes de los Monasterios cenobios (de vida común). No sólo esto, sino que contribuyó también a la construcción de tres grandes monasterios en la Pororia de Macedonia, y viajando a numerosísimos lugares y provincias helenas-griegas con sus enseñanzas divinas exhortaba a todos al trabajo de la incesante oración noerá o del corazón o de Jesús, y de esta manera condujo a muchos pecadores a la metania y de indignos se convirtieron a través de él en dignos (Jer 15,19) y fue la causa de la salvación de ellos. Su vida a escribió su el Patriarca Kálistos.

***

San Gregorio nació en el pueblo Klazomenon, en Lidia, en el año 1225. Joven aún fue capturado pos los turcos y fue libera por los cristianos de Laodicea pagando su rescate. Queriendo conocer la vida monástica, y formado y educado con la sofía-sabiduría de la Ortodoxia y los estudios clásicos, empeñó un viaje a Chipre dónde se vistió de monje, sin recibir allí la tonsura. De Chipre se marchó a Sinaí para hacer una vida más dura y ascética. Se instaló al monasterio de santa Caterina, donde se sometió a las luchas ascéticas dentro de los marcos de la tradición sinaítica, que fue elaborada por san Juan el Sinaíta o el la santa Escalera. Aquí fue envidiado por su vida angelical y se marchó del monasterio con un discípulo, y pasando por Tierra Santa para venerar, luego llegó a los puertos buenos de la isla Creta. Después de examinar la región, escogieron un lugar tranquilo y construyeron Kelias-ascetas monásticas hisijastas. Allí conoce al anacoreta hisijasta Arsenio, quien le enseñó el método psicotécnico o psicosomático de la oración del corazón, con la ligera retención de la respiración.

Desde entonces san Gregorio se hizo el apóstol del método psicotécnico y psicosomático que literalmente constituye el punto culminante de la historia del hisijasmo y de la incesante oración noerá e del corazón, con el enriquecimiento de la tradición espiritual y níptica, añadiendo este método psicosomático. Después se marchó a Athos donde comenzó a transmitir el método, “la vigilancia del nus (espíritu del corazón de la psique), “la vida contemplativa”, “la nipsis” en las Skitis y en los Monasterios.

Se debe añadir que debemos recordar las obras que hemos escrito sobre el método psicosomático de san Niceforo. Es imprescindible aclarar que tanto Niceforo como san Gregorio introdujeron en la tradición níptica sólo el método psicosomático. Porque la nipsis, la oración noerá o del corazón o de Jesús, incluso la vida contemplativa eran conocidas desde el siglo 4. Con el paso de los años estos principios y elementos se enriquecían continuamente. Por eso vemos en los escritos de los Santos ascéticos y nípticos que se hable de todas estas flores espirituales y de los frutos de la vida en Espíritu Santo, que maduraban más y más.

La demostración de esta afirmación es la argumentología o argumentación de san Gregorio Palamás, cuando afrontó los duros ataques de los filósofos de Bizancio y de los latinos que acusaban a los hisijastas como heréticos masalianos. Apela continuamente a los Padres anteriores para demostrar la necesidad del giro de la energía del nus en su esencia-usía el corazón, Padres que han escrito desde el siglo 4 hasta el siglo 14 sobre la dispersión de la psique y lo necesario de su unificación.

Naturalmente san Gregorio Palamás discierne claramente la unificación por el método auxiliar, “por la respiración se introduce en su propio nus”, y acepta que el método es sólo para los principiantes, ya que los fuertes, con el movimiento erótico (amor ardiente) de sus nus, consiguen “la reunificación unitaria”. Y por una parte, san Niciforo enseña la introducción de la energía del nus en su esencia (usía, sustancia), o sea en el corazón, por otra parte, san Gregorio el Sinaíta dice que “retener y disciplinar la respiración, para no respirar desordenadamente”. San Gregorio Palamás interpretando y explicando estas sugerencias, atribuye el fenómeno en las funciones naturales, diciendo que este mismo espíritu se introduce y sale serenamente en cada estudio y cada intento artístico. Es decir, ve como una liturgia-función de la psique, por lo tanto no hay una categoría sobre la imperceptible y ligera retención de la respiración. Lo único que uno debe hacer es no identificar el calor del corazón producido naturalmente con la jaris (energía increada), entonces es engañado, confundido y errático.

De todas formas la enseñanza de san Gregorio el Sinaíta está plenamente en armonía con la común tradición Patrística y espiritual de la Iglesia Ortodoxa. Más que con sus obras, el mismo con su larga existencia irradió jaris y doxa (energía y luz increada) y fuerza de un ejemplo de vida santa y orante. Murió el 27 de Noviembre de 1346.

 

A) 7 Capítulos: Cumplir las edades de Cristo. La alteración maliciosa o apasionada y la buena. Las tentaciones que vienen durante sueño

  1. Todo aquel que se ha bautizado en el nombre de Cristo, debe pasar por todas las sucesivas edades de Cristo. Porque en el bautismo ha recibido todas las fuerzas en potencia, y a través de los mandamientos de Cristo realizarlas y conocerlas. En la concepción de Cristo corresponde el compromiso o las arras del Espíritu Santo; en Su nacimiento, la energía del gozo; en Su bautismo, la fuerza y energía increada catártica (psicoterapéutica, sanadora y purificadora); en Su metamorfosis la zeoría-contemplación de la divina luz increada; en Su crucifixión, la mortificación del fiel en relación a sus pazos; en Su entierro, la posesión del divino eros (amor ardiente) en el corazón; en Su resurrección, el resurgimiento vivificante de la psique; en Su ascensión, el éxtasis (extensión interior o zéosis) hacia el Dios y arrebatamiento del nus (espíritu de la psique). El que ha pasado estas edades de Cristo y no las siente, es todavía un niño, tanto en el cuerpo como en la psique-alma, aunque sea considerado como contemplativo y práctico.
  2. Los pazos padecimientos de Cristo dan la mortificante vivificación en aquellos que le han imitado en todos los pazos, padecimientos, porque la razón por la que padecemos junto con el Cristo es para que seamos glorificados o deificados junto con Él (Rom 8,17). Los pazos voluptuosos, deseos viciosos o hedonismo traen la mortificación mortal en aquellos que los operan. Por eso uno voluntariamente padece los padecimientos de Cristo, que es crucifixión de la crucifixión y mortificación de la necrosis (o muerte de la muerte).
  3. Lo de padecer uno por Cristo, es aguantar con paciencia las pruebas que le suceden. La pedagogía del Señor, para los que son irresponsables se concede a causa de la envidia de los demonios y se hace motivo de provecho y beneficio; pero para nosotros los responsables por nuestros pecados, se hace inspección que nos llama en retorno, en conversión y nos abre los oídos; “El Señor Dios me ha abierto el oído y yo no he resistido, no me he echado atrás” (Is 50,5). Por eso el Dios ha prometido la corona eterna en aquellos que tienen paciencia; “Dichoso el hombre que soporta la prueba; porque si la ha superado, recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a los que le aman” (Sant 1,12). Doxa- gloria y gracias a nuestro Dios Trinitario para todo.

 

 La alteración maliciosa o apasionada.

  1. La acidia es un pazos difícil de vencer, languidece y flojea el cuerpo. Y cuando el cuerpo se relaja, flojea, lo hace también la psique-alma. Cuando languidecen y flojean los dos, alteran el temperamento del cuerpo con el hedonismo, la sensualidad. Y el hedonismo mueve y trae el apetito, el apetito trae el ardor, y el ardor la excitación o erección. La excitación mueve la memoria, la memoria la fantasía, y la fantasía trae el ataque, asalto del loyismós. El asalto trae la combinación o consentimiento; la combinación con el consentimiento conduce a la praxis o acción de varias cópulas o uniones carnales. Así el hombre es vencido y cae.

 

La buena alteración

De la paciencia en cada obra buena nace la fortaleza o valentía. De la valentía nace la buena disposición. De la buena disposición, nace la esperanza; de la esperanza, la intensificación del trabajo; la intensificación serena la incontinencia del cuerpo, carne y doma el deseo del hedonismo o voluptuosidad; el deseo mueve el anhelo; el anhelo mueve la agapi (amor incondicional y desinteresado); de la agapi nace el celo; del celo, el calor; del calor, el impulso; del impulso, el estudio; del estudio la oración; de la oración, la hisijía; de la hisijía nace la zeoría-contemplación; de la zeoría viene la gnosis (conocimiento espiritual); de la gnosis, el entendimiento de los misterios; y finalmente de la gnosis de los misterios nace la teología verdadera ortodoxa (no la intelectual de universidades o academias). Fruto de la teología es la perfecta agapi. De la agapi, la humildad; de la humildad la apázia (sin pazos, impasibilidad); de la apazia la previdencia, la profecía y la prognosis. Porque ninguno tiene las virtudes perfectas desde aquí, sino que poco a poco con el crecimiento de la virtud se van disminuyendo la maldad y el vicio y resultan totalmente reducidos.

 

Las tentaciones que vienen durante sueño

Pregunta: ¿De cuántas maneras se hace el flujo (sexual), el pecaminoso y el no pecaminoso?

  1. Respuesta. Son tres las maneras que se hace: por la fornicación, por la masturbación y por el consentimiento a los pensamientos viciosos e impuros. Y el flujo no pecaminoso, por siete maneras: 1) junto con la orina; 2) a causa de distintas comidas; 3) a causa de los movimientos y hechos excitantes; 4) a causa de las bebidas sobre todos alcohólicas; 5) a causa de la languidez o debilitamiento del cuerpo; 6) a causa del cansancio exagerado; 7) a causa de la fantasía demoníaca en el sueño de diversas maneras.

A los que han envejecido en la práctica ascética ortodoxa, sucede a menudo de las cinco maneras intermedias antes dichas. A los apazís (sin pazos, impasibles), sólo con la primera, es decir, el líquido sale mezclado con las orinas, porque de alguna manera se aflojaron los conductos interiores por los muchos esfuerzos y fatigas ascéticos y se les ha sido dado por la energía divina, catártica (psicoterapéutica, limpiadora) y santificadora, el carisma de la templanza. La última manera, el flujo por la fantasía en el sueño, es propio y se verifica a los que aún están con pazos y son débiles. Pero en este caso también, como es involuntario, no es pecado, como dicen los Padres.

Cualidad del apazís (sin pazos, impasible) es flujo no pecaminoso en espacios escasos, por la divina providencia, mientras que el resto del líquido desaparece por el fuego divino. En el práctico es la necesidad de la cual es sujeto de varias maneras o modos y la secreción no pecadora. Al pasional con pazos es de dos tipos, el sencillo y el malo; es decir, aquel que sucede durante el sueño y en aquel que sucede cuando está en vela o guardia por el consentimiento en varias fantasías. El primer tipo no es condenado, en cambio el otro es pecaminoso y entra en penitencia.

En los apazís (sin pazos, impasible), el movimiento y esta secreción del cuerpo es una, la de la divina providencia, es decir, una parte del líquido se expulsa junto con la orina, y el resto desaparece por el fuego divino. Para los prácticos y medianos dicen que existen seis modos o maneras generales de flujo que no son culpables o pecaminosos, por los cuales el cuerpo se limpia, se purga y se libera del líquido pernicioso que es formado por las imprescindibles necesidades físicas o naturales: a causa de las comidas, de los movimientos u hechos excitantes, de las bebidas sobre todo alcohólicas, del aflojamiento o relajamiento del hombre, del agotamiento por mucho cansancio y fatiga, y finalmente, a causa de la envidia de los demonios. En los débiles y principiantes igual existen seis modos o maneras pasionales: a causa de la gula o glotonería, de la maledicencia, del juicio y condena, de la vanagloria, o del doble consentimiento en las fantasías en el sueño o cuando está en guardia o vela, y finalmente por el ataque de los demonios a causa de la envidia. Pero estas cosas también tienen el propósito y objetivo de la providencia, para limpiar y purificar la naturaleza humana de la corrupción, y expulsar los flujos o elemento ajenos y extraños que se han introducido a ella y también los apetitos viciosos e irracionales, y también para que el luchador se haga humilde, teniendo cuidado y continencia en todo y con respecto a todo.

 

  1. Aquel que practica la hisijía en aislamiento y es alimentado por las donaciones de la agapi (divino amor incondicional) de los demás, debe aceptar la caridad de siete maneras: 1) pedir por necesidad siempre las cosas imprescindibles; 2) acoger siempre las cosas imprescindibles; 3) aquellas cosas que le dan que las acoja como si se le fueran dadas por el Dios; 4) tener confianza en Dios y creer que Él es el que paga el salario; 5) que sea obrero de los mandamientos; 6) que no derroche y abuse de las cosas recibidas y 7) que no sea tacaño, sino generoso, que regale también él a los demás y sea caritativo. Aquel que en este tema se comporta así, tiene alegría mientras piensa que sus necesidades no le son dadas por los hombres sino por el Dios.

 

B) Diez capítulos sobre oración e hisijía, y sobre indicios de la jaris (gracia energía increada) y del engaño; y cómo encontraremos la energía (increada) del Espíritu;

  1. Estimado Loguino, deberíamos decir, como el gran maestro (se refiere a San Crisóstomo), que no deberíamos tener necesidad de las Escrituras u otros logos patrísticos, sino ser zeodidactos (instruidos y enseñados por Dios) de acuerdo con lo dicho: “enseñará a todos el mismo Dios” (Is 54,13 Jn 6,45), de manera que aprendamos de Dios y por medio de Él todas las cosas que nos son útiles y nos benefician.

No sólo nosotros sino también cada creyente, de modo que la ley del Espíritu sea escrita en las capas, placas de nuestros corazones (Heb 8,10) y que nos hagamos dignos -cosa exquisita- a conversar con el Cristo mediante la oración pura, lúcida y clara de manera inmediata, del mismo modo que los querubines.

Como somos niños durante nuestra regeneración por el bautismo, no comprendemos la energía (increada) jaris-gracia, ni percibimos nuestra renovación, más bien ignoramos la eminente gloria y el gran honor que recibimos, y que tenemos la obligación de crecer psíquica y espiritualmente mediante los mandamientos, y ver con nuestra mente y espíritu aquello que hemos recibido (por el bautismo). Por eso por nuestra negligencia y el hábito patológico (vicioso), la mayoría caemos en la insensibilidad y en la anestesia, en la ceguera mental y espiritual y al oscurantismo. Y así no conocemos si existe el Dios, ni quiénes somos, ni quiénes nos hemos convertido por el bautismo, a pesar de que nos convertimos en hijos de Dios, hijos de la luz increada, hijos y miembros de Cristo.

Si por otro lado, nos bautizamos mayores, sentimos sólo el agua y no el Espíritu. Y si nos renovamos espiritualmente, tenemos solo una fe típica, que está muerta y no operante, y decimos que estamos en incertidumbre. Y así somos carnes y vivimos según nuestra carne, cuerpo. Y si ocurre que nos arrepentimos y volvemos en la metania, comprendemos y cumplimos sólo corporalmente/carnalmente los mandamientos y no espiritualmente. Y si después de mucho esfuerzo, la energía increada Χάρις (jaris, gracia) por filantropía, nos gratifica con algunas de sus manifestaciones, la tratamos como fuente de engaño o estafa. Si por otro lado, escuchamos que la jaris increada opera en otros, por envidia la consideramos engaño. Así pues, permanecemos muertos (espiritualmente) hasta la muerte, sin la vida y las energías (increadas) de Cristo. Y como dice la Escritura, “porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará” (Mt 25,29), aquello que tenemos, durante el tiempo de nuestra muerte o del juicio nos será quitado a causa de nuestra incredulidad, desesperación y angustia. No entendemos que los hijos deben ser como a semejanza del padre, o sea, que sean dioses de Dios, y espirituales nacidos del Espíritu, tal y como dice el Cristo: “Aquello que nació del Espíritu, es espíritu” (Jn 3,6). Nosotros aunque nos hemos convertido en creyentes y celestiales, como somos cuerpos y carnes, por eso el Espíritu de Dios no permanece en nuestro interior, (Gén 6,3.) Esta es la razón por la que el Dios concedió calamidades, cautiverios y muchas matanzas, quizás queriendo arreglar, cortar o sanar la maldad con fármacos más fuertes.

  1. Por tanto, con la ayuda de Dios que otorga fuerza al logos de los que evangelizan semejantes bondades (Sal 67,12) examinemos primero, cómo uno encontrará o más bien cómo ha encontrado a Cristo, al cual ya que Le ha recibido espiritualmente con el bautismo, tal como dice el Apóstol Pablo: “¿No sabéis que Jesús Cristo habita en vuestros corazones?” (2Cor 13,5).

Luego diremos de qué modo uno progresará y cómo conservará aquello que ha encontrado. La mejor manera y corta es describir brevemente el medio y los extremos, ya que el tema es muy extenso. Porque son muchos los que lucharon hasta encontrar lo que buscaban, pero detienen sus deseos y ganas hasta aquí, no les importa avanzar más, sino que se conforman con haber encontrado el comienzo del camino. Pero encontrando impedimentos y saliendo sin darse cuenta en bifurcaciones, creyendo que andan por la ruta buena, avanzan en vano fuera del camino.

Otros, mientras llegaron a la mitad de la iluminación se cansaron y por negligencia y falta de coraje no siguieron hasta el final, volvieron atrás en su conducta y estado indiferente y se han vuelto principiantes.

Finalmente, otros que llegaron al perfeccionamiento, terminación, caen en descuidos y por causa del engreimiento, vuelven atrás y se convierten igual en su obra con los que están a la mitad del camino o con los inexpertos principiantes.

Ahora bien, lo que conviene a los principiantes inexpertos es la energía increada y acción del Espíritu, a los del medio, la iluminación, y a los perfeccionados, la κάθαρσης (kázarsis, sanación, limpieza, purificación) y la resurrección de la ψυχή (psique, alma.)

 

 Como encontraremos la energía (increada) del Espíritu

La energía increada del Espíritu, la cual hemos recibido místicamente en el bautismo, la encontramos de dos maneras.a) Generalmente la donación se apokalypta-revela con el trabajo y aplicación de los mandamientos (logos, principios espirituales) de Cristo con mucha lucha y tiempo, tal como nos dice san Marcos el Ermitaño. Y a medida que trabajamos los mandamientos-logos tanto más aparece y resplandece en nuestro interior su luz radiante e increada. b) Aparece y se manifiesta dentro en la vida de la obediencia con la invocación metódica y continua del Kírios (Señor) Jesús Cristo, o sea, por la memoria o recuerdo de Dios.

Con la primera manera tardamos más, la segunda es más corta, por supuesto con la condición de que uno tiene que aprender a escarbar la tierra con esfuerzo y perseverancia para encontrar el oro. Por tanto, si queremos encontrar y conocer la verdad sin engañarnos, busquemos tener sólo la energía del corazón completamente, sin forma, ni dibujo, sin buscar con la fantasía formas y caras de Santos o supuestas luces. Porque el engaño o error tiene por su naturaleza, sobre todo en los comienzos, el engañar y burlar el nus (espíritu de la psique) y la diania (mente, intelecto) de los inexpertos con este tipo de falsas ilusiones, fantasías y con fantasmas. Pero, luchemos por tener sólo la energía de la oración dentro en nuestro corazón, la cual calienta y deleita nuestro nus e ilumina la psique para la inexpresable agapi (amor incondicional e increado) a Dios y a los hombres. Así, podemos ver que, por la oración, se produce mucha humildad, mucha contrición y mucho quebrantamiento. Ya que la oración para los principiantes es el continuo movimiento de la energía increada del Espíritu Santo, al principio brota como fuego placentero desde el corazón y, al final, opera como luz que perfuma con divina energía (increada).

  1. Ahora diremos los indicios y los signos del comienzo de la energía del Espíritu para aquellos que buscan de verdad y no como si quisieran probar o tentar a Dios, de acuerdo con la Sofía-Sabiduría que dice que «se encuentra por los que no la tientan y se presenta en aquellos que no son incrédulos sobre ella” (S. Sol 1.2). En algunos se manifiesta y se ve como luz de aurora; en otros como gozo o exultación mezclada con espanto o temblor; en otros como alegría; en otros a veces como alegría mezclada con temor; En otros se manifiesta con lágrimas y temor; es decir, la psique se alegra por la visita de Dios, de Su caridad y misericordia (increada), pero por Su presencia a la vez teme y tiembla, porque se siente responsable de sus múltiples pecados. En algunos al principio produce una indecible contrición o quebrantamiento y un dolor inexpresable en la psique-alma, semejante al dolor de la mujer a la hora del parto, tal como dice la Escritura, (Is 26,12). Porque el vivo y activo Logos, o sea, Jesús, se introduce hasta el fondo, hasta allí donde se separa la psique y el cuerpo, el hueso y la medula, como dice el Apóstol (Heb 4,12,) para fundir y suprimir con violencia todos los encerrados y apegados πάθος (pazos, patologías, pasiones, padecimientos, emociones, vicios, adicciones) de todas las partes de la psique y del cuerpo.

En otros se manifiesta como una agapi-amor hacía todos y una paz indecible. En otros como una exultación y estremecimiento, el cual los Padres lo han llamado «skírtima» sobresalto o pulsación, que es movimiento repentino del corazón vivo y potencia del espíritu. Esto también se llama latido o suspiro inefable del espíritu que intercede por nosotros ante el Dios con indecibles gemidos o suspiros (Rom 8,26); Isaías lo llamó “nacimiento de justicia de Dios” (26,18). Efrén el grande lo llama pinzamiento; en cambio para el Señor es «ύδωρ αλλόμενον είς ζωήν αιώνιον, idor alómenon is zoín eónion, fuente de agua para la vida eterna» (Jn 4,14), agua llama el espíritu, -la jaris, la energía increada- que brota, sobresalta e hierve por la intensidad de su potencia en el corazón.

  1. Debes de conocer que el sobresalto, exultación, o sea, el gozo, es de dos tipos: el sereno y bello, que se llama también latido, vibración, suspiro e intercesión del espíritu (Rom 8,26); y el otro es el gran salto del corazón, que se llama sobresalto y movimiento emocional, es decir, vuelo del corazón vivo hacia el divino éter. Porque la psique, mientras retoma las alas por el divino eros-amor y se libera de las cadenas de los pazos, prueba volar hacia arriba incluso antes de la muerte en su deseo de separarse del peso de su cuerpo. Esto se llama también agitación, sacudida del espíritu, o sea, hervor y movimiento del espíritu, como en la frase: “Jesús se rabió, se perturbó y se estremeció espiritualmente y se movió con ímpetu, y clamó: ¿dónde le habéis puesto?” (Jn 11,34). Sobre la diferencia del sobresalto o movimiento grande y del pequeño, David lo muestra diciendo como “las cordilleras saltaron como carneros y los montes como pequeños corderos” (Sal 113,4). Con esto se refería a los avanzados, perfeccionados y a los principiantes. Si se refiriese a cordilleras y montes naturales, sería innecesario decir que se mueven y saltan, puesto que no tienen vida.
  2. Debemos de conocer que el divino temor no contiene temblor, (temblor me refiero no aquel que proviene de la alegría, sino de la divina ira, o sea, la instrucción por el abandono de Dios); pero tiene goce atemorizado que se produce por la oración con el fuego del divino temor. Y temor, miedo me refiero no el que se produce por la divina ira, o sea, el castigo, sino el temor de la divina sabiduría increada, el cual temor se llama también principio o inicio de la sabiduría (Prov 1,7). El temor se divide en tres (aunque los Padres han dicho dos), el introductor y el finalizador o perfeccionador más el temor de la ira de Dios, al que se debe llamar principalmente temblor, es decir, conmoción, contrición y quebrantamiento.
  3. El temblor es de muchos tipos. Uno es de ira, otro es de alegría y otro de la parte irascible o emocional de la psique, (sucede cuando hierve excesivamente la sangre alrededor del corazón), y otro es aquel temblor que viene por la vejez, otro el del pecado, o sea, del error, del autoengaño y del desvío, otro el de la maldición, que fue dado al género humano mediante Caín (Gén 4,12.) Sin embargo al luchador al comienzo le ataca el temblor que viene de la alegría y el que viene del pecado. Pero no ocurre en todos así lo mismo. Señales en estos dos tipos de miedo o temblor son: del primero la alegría atemorizada y goce, donde con mucho deleite y con lágrimas, la jaris-gracia (energía increada) consuela la psique; en cambio del segundo, es producido por la calentura anormal, la exaltación y el corazón duro que incendian y sobrecalientan la psique y los órganos sexuales hacía la unión corporal, el erotismo y con la fantasía hacen interiormente este acto indecente, con el consentimiento a estos loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía).
  4. De dos tipos es la energía que opera en cada principiante y con dos maneras opera al corazón y de una manera separada una de la otra. Una energía proviene de la Jaris (gracia, energía increada) y la otra del engaño (des-gracia creada energía). San Marcos el Asceta nos afirma: «Existe energía espiritual y energía satánica, que el inexperto no las distingue». Y repite: «De tres clases es el calor que se enciende de la energía en el interior de los hombres: primera es de la jaris (gracia, energía increada), segunda del autoengaño y error o sea del pecado y la tercera por exceso de sangre, la cual san Thalasio el Africano* la llama crasis temperamento (temperamental) y aconseja que la suavicemos, regulemos y apacigüemos con la ενγράτεια (engratia) continencia, auto-dominio, moderación, restricción y ayuno. (*Filocalía tomo 2, cap 35)
  5. La energía increada de la jaris es una llamarada de fuego del espíritu que se mueve en el corazón con alegría y gozo, y fortifica, calienta, limpia, psicoterapia y sana la psique, cesa temporalmente los loyismí (pensamientos) y anula, mortifica provisionalmente el movimiento del cuerpo. Las señales y frutos que aparecen e indican su autenticidad son lágrimas, contrición, templanza, humildad, engratia-autodominio, silencio, paciencia, esconderse de los demás y otras cosas parecidas de las cuales sin duda nos aseguramos con plena certeza.
  6. Energía demoníaca del engaño (des-gracia creada) es la exaltación del pecado que opera encendiendo la psique con falso placer (hidoní-voluptuosidad), emoción y excita, estimula el deseo ansioso dentro del cuerpo para la unión sexual con otros cuerpos. Es totalmente indecisa y desordenada, según San Diádoco. Proporciona alegría irracional incontrolable, engreimiento vanidoso, perturbación y deleite áspero y atrofiado; sería justo decir que influye sobre todo en la parte anhelante (volitiva) de la psique como falsa hidoní (placer) templada. Como material para incendiarse, se aprovisiona de las hidonés (placeres carnales) y tiene como cooperador la insaciable panza (estómago). Desde ella absorbe, excita y estimula la totalidad de la carne del cuerpo y de ella toma el pretexto para cooperar e incendiar la psique y arrastrarla hacia sí misma, de modo que el ser humano adquiera el hábito, apego-adictivo, en la voluptuosidad patológica (hidonopazia, hedonismo) y poco a poco expulsa la χάρις (jaris gracia energía increada) de su interior.

 

C) Quince capítulos sobre la hisijía; sobre los dos modos de la oración y cómo tenemos que activar, operar la oración; Sobre la respiración; Cómo debemos salmodiar; Sobre la diferencia entre los que salmodian; Respuesta a las objeciones anteriores; Sobre el engaño, error o fraude; Sobre la lectura;

 

Sobre los dos tropos (modos, maneras) de la oración

Existen dos tropos, modos y maneras de unión o mejor una doble entrada de la oración del corazón o noerá que el espíritu activa u opera en el corazón.

Con estos tropos, (modos, maneras) primero el nus (espíritu de la psique) se encuentra en el corazón antes de la oración adhiriéndose, uniéndose al Señor, (1Cor 6,17) (contacto consciente en el corazón con el nombre Señor Jesús Cristo…) según la Escritura; y el segundo es que la energía de la oración, mientras se mueve progresivamente en un fuego gozoso, atrae el nus y lo liga y lo compromete a la invocación del Señor Jesús y a la unión con Él. Porque aunque el espíritu opera en cada uno como le place (1Cor 12,11), tal como dice el Apóstol, a pesar de esto, a veces en algunos precede una manera de la otra, con los tropos, modos o maneras que antes nos hemos referido. Y otras veces la energía opera en el corazón, mientras se van reduciendo los pazos por la continua invocación de Jesús Cristo y reaparece el divino calor, “porque nuestro Dios es fuego abrasador”, que abrasa los pazos, dice la escritura (Heb 12,29 · Deut 4,24). A veces, el Espíritu atrae el nus hacía sí mismo, delimitándole en la profundidad del corazón (psicosomático) y le impide de sus acostumbrados rodeos e idas y venidas por ahí fuera. Entonces ya no está conducido como preso por los Asirios, lejos de Jerusalén, sino que regresa admirablemente de Babilonia a Sión, de modo que diga también él junto con el Profeta: «A Ti se te deben himnos, Dios mío, en Sion y te ofreceremos nuestra promesa en Jerusalén (Sal 64,2)» y “Cuando el Señor devuelva los presos en Sión, se complacerá Jacob y se regocijará el Israel” (Sal 125,1 y 52,7).

Con estos nombres se sobreentiende el nus práctico y el «zeoritikos«, contemplativo, quien con la ayuda de Dios vence los pazos mediante la práctica y ve a Dios con la zeoría contemplación espiritual, a medida de lo posible. Entonces el nus (espíritu del corazón), como está llamado al rico banquete, disfruta con el divino goce y canta con salmos: “Me preparas una mesa ante mis enemigos que me afligen y me entristecen” (Sal 22,5), es decir, de los demonios y los pazos.

 

Cómo tenemos que activar, operar la oración

  1. Dice Salomón:»Siembra, desde la mañana tu grano – se refiere de la oración – y por la tarde-noche que no cese tu mano” (Ecl 11,6), para que no cese la continuidad de la oración y quizás pierdas la hora que serás escuchado. “Porque – continua Salomón- no conoces qué va a prosperar, esto o aquello”. Y mientras te sientas en un taburete corto desde por la mañana, limita la energía de tu nus (espíritu de la psique) y tu mente con tu energía lógica en el corazón y mantente allí esforzándote, y con dolor en el pecho, los hombros y el cuello, clama con perseverancia psíquicamente o espiritualmente el «Kirie-Señor Jesús Cristo, compadécete de mí». Porque dice la Escritura: “Los que me comen tendrán más hambre”. La misma comida de los tres nombres “Señor, Jesús, Cristo” se come continuamente. Después, como es angustioso y laborioso, quizás pesado por la repetición, gira con tu nus y mente o la atención de tu nus a la otra mitad de la oración y di: «hijo de Dios, compadécete de mí o ten misericordia, compasión de mí, soy pecador”, (o estoy enfermo en sentido espiritual)*. Y diciendo la mitad de muchas maneras, no debes de cambiarlo continuamente por pereza o indolencia. Porque no se arraigan las plantas si continuamente las trasplantas.

Más, retenga el aliento de la respiración para que no respires con facilidad, porque la brisa de las respiraciones o las tempestades, subiendo desde el corazón oscurecen el nus, agita el aire de la diania (mente, intelecto), alejando la atención del nus y su energía del corazón. Entonces le entrega cautivo al olvido, o le hace repasar y estudiar otras cosas por otras y se encuentra sin darse cuenta en aquellas cosas que no debe ni necesita. * (Ver ALFAωMEGA GRAN LÉXICO ORTODOXO: Kirios Κύριος Señor y «Κύριε ελέησον Kirie eleison». https://www.logosortodoxo.com/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/

Ahora si ves las suciedades de los malos astutos espíritus, o sea, de los loyismí que se presentan y cambian de forma en tu nus y tu mente, no te asombres ni te desconciertes y si te aparecen pensamientos, nociones y conceptos de cosas bondadosas no hagas caso, no prestes atención a estos. Sino que reteniendo tu espiración, a medida de lo posible, (apretando un poco los dientes), concentrando y cerrando tu nus y tu mente en el corazón (el centro interior, al fondo donde nace la vocecita de la conciencia) y activando la invocación del Kírios-Señor Jesús continuamente con persistencia, entonces a estos los quemas rápidamente y los delimitas, azotándoles latigazos invisiblemente con el divino nombre. Porque dice Juan el Sinaíta, en la Escalera: “Con el nombre de Jesús fustiga latigazos a los enemigos, no hay un arma más fuerte que esto en la tierra y en el cielo».

 

Sobre la respiración

  1. Cómo debes detener y controlar la espiración, testigo es Isaías el Anacoreta que habla de esto y muchos otros Padres. Uno dice: “Domina y disciplina tu nusespíritu de la psique unido con la mente que es incontenible e indisciplinado”, es decir, la fuerza de la dinami (potencia y energía) satánica es la que le empuja y le dispersa, le desvía y le trastorna, es la que por nuestra negligencia, después del bautismo, regresó en la psique-alma indolente y descuidada junto con otros espíritus más malignos, e hizo esta última situación peor que la primera, como dice el Señor (Mt 12,45). Otro dice que el cristiano o monje practicante debe tener la memoria/recuerdo de Dios en el lugar de la respiración; otro, que la agapi (amor incondicional) de Dios debe retener la espiración. San Simeón el Nuevo Teólogo dice: “Limita y comprime también la respiración, para que no puedas respirar cómodamente”.

San Juan Sinaita, el de la escalera: «une con tu respiración el recuerdo de Jesús y entonces conocerás el beneficio de la hisijía (serenidad y paz divina interior de nus, corazón o de la psique)». Y Apóstol Pablo decía que ya no vivía él, sino Cristo dentro de él (Gal 2,20), quien operaba y le inspiraba en la vida divina. Y el Señor dijo que “el espíritu por donde quiere sopla” (Jn 3,5), tomando Su ejemplo por el sentido del soplo del aire. Con el bautismo pues, nos hemos purificado, limpiado y psicoterapiado y recibimos el compromiso o las arras del Espíritu y el “intimo, interno logos inherente» que dice Santiago (1,21), como grano que se sembró y se juntó en nuestro interior diríamos, en una participación no mezclada, el cual logos nos efectúa la zéosis (o nos deifica, glorifica) sin que el mismo sea disminuido o restringido, y con bondad nos une con el completísimo Dios.

Pero como hemos sido negligentes, desobedientes y descuidados hacia los mandamientos (logos, principios espirituales) los cuales contribuyen en la permanencia de la Jaris (gracia, energía increada), pues, por este descuido nuestro, recaemos otra vez en los pazos. Y en vez de la respiración del Espíritu Santo, somos colmados por los soplos de los astutos y malignos espíritus, y está claro que de esto vienen el bostezo, el estiramiento y las derrotas, como dicen los Padres. Porque aquel que ha adquirido el Espíritu y se ha psicoterapiado, sanado y purificado por Él, es por Él inflamado, Él le inspira y le insufla la divina vida y habla, piensa, entiende y se mueve, según el logos del Señor: “no sois vosotros los que habláis, es el Espíritu de mi Padre que habla en vuestro interior” (Mt 10,20). Igual también aquel que tiene el espíritu contrario y está dominado por él, dice y hace las cosas contrarias.

 

Cómo debemos salmodiar

  1. “Cuando uno esté cansado y agotado –dice san Juan el Clímaco- que se levante y ore; luego sentarse nuevamente y siga con valentía o coraje su anterior trabajo espiritual”. Porque si esto lo dijo para el nus (espíritu de la psique), o sea, al decir que cuando obtenga la vigilancia y custodia o guardia del corazón, debe hacer estas cosas, pero no es inoportuno decir también lo mismo sobre la psalmodía. Se dice que preguntaron al gran Barnasufio sobre cómo se debe salmodiar y el yérontas-anciano sabio respondió: “La Horas y las Odas son tradiciones eclesiásticas pero han sido correctamente dadas, para que haya una uniformidad. Pero los skites* no salmodian las Horas ni tienen la Odas; sólo tienen el trabajo manual y lectura en meditación o reflexión solitaria y breves frases de oración. Por tanto, cuando te mantienes en la oración, debes decir el Trisagio y el Padre nuestro y rogar a Dios que seas liberado del viejo hombre; pero no te detengas y te demores en esta oración, porque todo el día tu nus (espíritu del corazón) debe estar en la oración”. *(Skiti es pequeño asceterio o caseta con 1,2 hasta 5-10 ascetas).

Esto que quiere decir el yérontas-anciano sabio es que la “lectura en meditación o reflexión solitaria” es la oración del corazón, y “breves frases de oración” es detenerse uno en la salmodia. Y lo dice claramente san Juan el Clímaco: “Obra de la hisijía (serenidad y paz divina interior) es la despreocupación de todo, la oración continua, insistente –esto es detenerse en la salmodia- y tercero es la actividad íntegra del corazón”. Esta es la cátedra de la oración y por consiguiente también de la ησυχία hisijía (serenidad y paz divina interior).

 

Sobre la diferencia entre los que salmodian.

  1. ¿A qué es debido la diferencia que unos enseñan mucha salmodia y otros poca o nada, y otros dicen dedicarse sólo a la oración y al esfuerzo corporal, o de algún trabajo manual o de las metanias (prosternaciones, genuflexiones) o de cualquier otra actividad fatigosa? La solución es la siguiente: Los que han encontrado la jaris (gracia, energía increada) por la ascesis, práctica después de muchos esfuerzos, fatigas y mucho tiempo, esto es lo que han aprendido y esto enseñan. Pero desconfían y no aceptan aquellos que con profunda gnosis (conocimiento espiritual), por la misericordia de Dios y en poco tiempo por su fe ardiente, como dice san Isaac, han alcanzado la divina jaris. Por esto también ellos acusan a estos hombres arrastrados inconscientemente por la ignorancia y la presunción o engreimiento, y aseguran que si se hace de otra manera, se trata de engaño y no de la energía y acción de la jaris. Y no conocen que es fácil al Señor, según la Escritura, de enriquecer de repente al pobre, y el Proverbio que dice: “Principio de sofía-sabiduría es adquirir la sabiduría”, quiere decir, la jaris. Y el Apóstol sonríe a los discípulos que ignoraban la jaris, diciendo: “¿No conocéis que Jesús Cristo está dentro de vosotros? A no ser que no estéis formados a la vida en Cristo” (2Cor 13,5), es decir, los que no progresan a causa de su negligencia. Por eso por su incredulidad y orgullo no aceptan las extraordinarias propiedades de la oración que son operadas en algunos por el espíritu de modo particular.

 

Respuesta a las objeciones anteriores

  1. Tú qué dices estas cosas, dime: si uno ayuna, se contiene, se autodomina, vela, se detiene en pie en la oración, hace metanias (prosternaciones, genuflexiones) y se dedica a la pobreza voluntaria y a tener luto espiritual según Dios, ¿estas cosas no son praxis, prácticas? ¿Cómo, pues, nos dices que sin la ascesis práctica proponiéndonos sólo la salmodia es imposible mantener y poseer la oración? ¿Estas cosas no son praxis, práctica?

Respuesta: Si uno ora con la boca y su nus y mente deambula por ahí, ¿qué beneficio obtiene? Pues, uno construyendo y el otro derrumbando, no hay ningún beneficio, sino esfuerzo perdido e inútil (Sir 34,23). Igual que uno trabaja con el cuerpo, así debe trabajar también con el nus (espíritu del corazón) y con la mente, para que no se encuentre justo en el cuerpo, en cambio en la psique-alma será lleno de toda acidia, suciedad e impureza. Esto lo confirma el Apóstol diciendo: “Porque si oro a Dios con el carisma de lengua, ora mi espíritu del corazón de la psique que se encuentra bajo la jaris-gracia energía increada del Espíritu Santo, pero mi mente o intelecto queda sin fruto, porque no puede conceptuar, intelectualizar y ofrecer beneficio espiritual a los demás. Entonces, ¿qué hacer? Oraré con el carisma en espíritu, pero oraré también con la mente-intelecto y el logos, entendiendo y explicando lo dicho. Cantaré salmos con el carisma en espíritu (silenciosamente), pero también los cantaré con la mente o intelecto y el logos” (1Cor 14, 13-15), y también: “pero en la Iglesia prefiero hablar cinco palabras que sean entendidas por mí y por los otros, para enseñar también la verdad de Dios a otros, que decir diez mil palabras en lengua desconocida para ellos” (1Cor 14,19).

Testigo de esto es también san Juan el Clímaco que en su logos “sobre la oración”, dice: “Pablo el gran obrero de la grandiosa y perfecta oración, dice: “quiero decir cinco palabras con mi mente o intelecto y el logos” etc… Existen muchos trabajos espirituales, pero son parciales. Grande que contiene también todas las demás, como fuente de las virtudes, es según san Juan el Clímaco la oración del corazón (o de Jesús) mediante la cual encontramos todo bien. San Máximo el Confesor dice: “No hay nada más tremendo que el concepto de la muerte, y nada más espléndido que la memoria/recuerdo de Dios”; mostrando así la excelencia y la grandiosidad en práctica de este trabajo. Pero algunos hoy en día que ni si quiera quieren escuchar que existe la χάρις jaris (gracia, energía increada) en los tiempos actuales, porque están oscurecidos por su gran insensibilidad, ignorancia y poca o nada de fe.

  1. Los que salmodian poco, creo que hacen bien, porque prefieren la medida –ya que “todo hecho a su medida es perfecto”, según los sabios-, para que no gasten toda la dinami (potencia y energía) de sus psiques-almas en la práctica y su nus (espíritu del corazón) por indiferencia para la oración tenga atonía en ella. Así que salmodian poco, mientras que se extienden más en la oración. A veces, quizás suceda que cuando el nus se agota por la oración noerá espiritual continua y la perseverancia en la concentración, pero descansa un poco si se deja libre en la extensión de la salmodia y dejando un poco la rigidez de la hisijía. Este es el orden perfecto y se enseña por los sapientísimos Padres.
  2. Los que no salmodian del todo, hacen bien si son avanzados en la virtud. Ellos no hace falta que canten salmos, sino que tengan silencio e incesante oración y zeoría (contemplación espiritual), si han llegado en la iluminación. Porque están unidos con Dios y por supuesto no tienen necesidad de sustraer su nus (espíritu de la psique) de Él y provocar confusión en el nus. Como dice san Juan el Clímaco, la caída del obediente es hacer su propia voluntad, y del hisijasta interrumpir la oración. Porque el nus de los hisijastas se convierte adúltero si se aleja del recuerdo de Dios, que es como su novio y se conecta eróticamente poniendo su amor con pequeñeces y cosas menores. En cuanto al enseñar también a otros este orden o esta línea, no conviene a todos. Con los simples, que son obedientes y sin estudios, sí; porque la obediencia contiene toda virtud a causa de la humildad. Pero en aquellos que no son obedientes, no se debe enseñar, para que no sean fácilmente engañados, sean simples o con estudios, porque el que sigue su propia voluntad no puede evitar la presunción o engreimiento, por el cual como resultado natural viene el engaño (error, fraude), como dice san Isaac. Pero algunos, como no sospechan el engaño (error, fraude) que se puede hacer, enseñan a cualquiera a ejercer o practicar sólo esta praxis, para acostumbrarse, dicen, y el nus ame el recuerdo de Dios; pero esto no se puede hacer, en concreto a los desobedientes o a los sin regla, que siguen su propio ritmo. Porque el nus de ellos está aun sucio e impuro por la negligencia y la altanería y no se ha hecho aún la catarsis antes con las lágrimas; así forman en sus interiores no la oración, sino más bien las imágenes repugnantes e indecentes de los loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía), ya que los espíritus sucios e impuros que están en el corazón se atormentan por el tremendo nombre de Señor Jesús Cristo y rugen para matar al que les está azotando. Si el desobediente o el sin regla que va a su propio ritmo escucha o es enseñado en este trabajo espiritual dos cosas le sucederán: Si se esfuerza y se presiona a sí mismo, se engaña y queda incurable; y si muestra negligencia queda sin progreso en toda su vida.
  3. Ahora diré algo yo también de mi poca experiencia. Cuando te sientas practicando la hisijía de día o de noche, rogando continuamente a Dios con humildad y sin loyismí (pensamientos simples o compuestos con fantasía), y tu nus (espíritu de la psique) se cansa de clamar y se duela el cuerpo y el corazón por la intensa concentración de la invocación continua de Jesús, de modo que no sientes ya calor ni alegría y gozo- por los que nacen la buena disposición y la paciencia del luchador-, entonces levántate, quédate en pie y salmodia tú solo o con el discípulo que vive contigo, o ocúpate de la reflexión, meditación de algún verso bíblico o con el recuerdo de la muerte o con algún trabajo manual, o con la lectura cuidadosa o de cualquier otra cosa y preferiblemente estando en pie para fatigar el cuerpo. Y cuando estás en pie y salmodias solo, di el Trisagio y después la oración psíquicamente o noerá espiritualmente y con el nus (espíritu de la psique) en contacto consciente atento al corazón. Si se acerca la acidia, di también dos o tres salmos y dos troparios con katánixis (dilatación del corazón, compunción) sin salmodiar. Como dice san Juan el Clímaco, “porque los que están en este estadio no cantan melodías”. Porque les basta para gozar el dolor del corazón que se hace para la piedad, como dice san Marcos, y el calor del espíritu que se les es dado para que tengan la jaris (gracia, energía increada), el deleite y el gozo. Después de esto di también la oración noerá con el nus o psíquicamente (contacto consciente), sin distraer la atención, y también el aleluya. Este es el orden indicado de los santos Padres, Barbasufio, Diádoco de Fótica y otros. Y como dice san Basilio, uno debe intercambiar y variar los salmos cada día, porque esto excita la buena disposición y para que el nus no se encuentre salmodiando siempre lo mismo; el nus (espíritu de la psique) debe tener libertad, y así es reforzado más su buena disposición. Por otro lado, si estás junto con el discípulo fiel y salmodias, él que diga los salmos y tú místicamente o secretamente vigiles tu corazón y estar orando, vigilándote y custodiándote a ti mismo. Y debes despreciar todos los conceptos que aparecen en tu corazón, sean sensibles, sean inteligibles o intelectuales, por la ayuda de la oración. Porque hisijía (serenidad y paz divina interior) significa y es la deposición de todos los conceptos, los que no son tan divinos y no provienen del espíritu, y esto hasta el tiempo adecuado, para que no estés atento en estos como supuestos buenos y pierdas lo más grande y mejor.

 

Sobre el engaño, error o fraude.

  1. Por tanto, oh amante de Dios, ten mucho cuidado y atención, con exactitud y gnosis (conocimiento espiritual). Cuando allí donde estás trabajando esta obra espiritual, veas alguna luz o fuego exteriormente o interiormente o cualquier otra figura supuestamente de Cristo o de un Ángel o cualquier otro, no aceptes estas cosas para no sufrir algún daño. Ni tampoco tú mismo observando estas imágenes dejes con la atención de tu nus (espíritu de la psique) sean imprimidas. Porque todas estas cosas que se transforman exteriormente con desorden, se hacen para engañar la psique-alma. El verdadero principio de la oración es el calor del corazón, el cual quema los pazos provocando en la psique apacibilidad y alegría con anhelo ardiente y una certeza plena, libre de toda duda. Porque, dicen los Padres, que todo que viene en la psique-alma sea sensible, sea inteligible o espiritual, si la psique está en duda de esto y no lo acepta, no es de Dios, sino que lo ha enviado el enemigo. Y si ves que tu nus es atraído en algo exterior o de de arriba de cualquier potencia invisible, no lo creas ni lo dejes que sea atraído, sino presionarlo inmediatamente en su obra. Las cosas de Dios, dice san Isaac el Sirio, vienen solas sin que lo sepas nunca. En cambio, el enemigo natural, el demonio que actúa interiormente allí en el medio en el lomo o alrededor de la cintura o el ombligo –donde está la parte anhelante y ansiosa de la psique- transforma las cosas espirituales con la fantasía en otras cosas en vez de lo que son. Así en vez de calor provoca su propio ardor anómalo, de modo que fastidia y agota la psique y en vez de gozo y alegría tae una alegría irracional, animal y una dulzura molicie u ociosa, que generan la presunción o jactancia y la arrogancia. E intenta esconderse de los inexpertos y por el engaño que produce los hace creer que es la energía (increada) de la jaris (gracia). Pero el tiempo, la experiencia y el sentido le revelarán en aquellos que no ignoran totalmente su mala astucia. Porque dice la Escritura: “El paladar del faringe distingue las comidas” (Sir 36, 19), es decir, el sabor espiritual revela sin engaño todos los engaños y qué tipos o clases de engaños o fraudes son.

 

Sobre la lectura

  1. Ya que eres obrero, dice san Juan el Clímaco, las cosas que vas a leer que sean prácticas y poder practicarlas. Porque el trabajo de los prácticos hace innecesaria la lectura de otras cosas. Leer siempre lo relativo con la hisijía (serenidad y paz divina interior), por ejemplo, la Escalera, a san Isaac el Sirio, las obras de san Máximo, las de san Simeón el Nuevo Teólogo y de su discípulo san Nikitas Stzatos, las de san Hisiquio de Baza, las de san Filoteo el Sinaita y los similares. Deja el resto de momento por poco tiempo, no porque son obras para rechazar, sino porque no te ayudan a tu propósito y finalidad, sino que distraen la atención del nus (espíritu de la psique) y de la mente de la oración llevándole al estudio de las cosas exponen. Hacer la lectura solo, no con voz de ostentación orgullosa, sino con atención, guardia, sin preocupación por la entonación o la elocuencia o melodía hedónica (placentera), o si no hay otros presentes no te arrastre tu pasión-pazos sin darte cuenta y leas para gustar a algunos como si estuviesen presentes; ni tampoco seas insaciable en la lectura, porque “todo hecho a su medida es perfecto”; ni leer con rudeza o con languidez, sino con modestia, regularidad y buen ritmo, con el nus (espíritu de la psique), o con la psique o con la lógica en contacto consciente con lo que lees. Con todo esto uno potencia el nus y adquiere la fortaleza y el hábito de orar con potencia conscientemente. En cambio, si hace lo contrario de lo que hemos dicho, entonces obtiene la relajación, el oscurecimiento, aturdimiento o delirio, de modo que sienta dolor en su nus y en su cerebro teniendo atonía o flojera en la oración.
  2. Ten cuidado y atención también en cada momento la disposición de tu intención y examínala con exactitud hacia dónde declina, es decir, si estás sentado en la hisijía o en salmodia o en estudio o en oración o trabajo en cualquier virtud según la voluntad de Dios para el mismo bien y a favor del beneficio psíquico, para que no seas engañado sin darte cuenta. Porque las trampas del enemigo son muchas y observa continuamente a escondidas hacia dónde declina la predisposición de la intención del ser humano sin que la mayoría de los hombres lo sepan esto, y quiere siempre pervertir de forma inadvertida sin ser vista su obra, para que no se haga conforme la voluntad de Dios. Pero por mucho que él nos haga la guerra con persistencia y se acerque descaradamente, si tienes firme y fija tu intención hacia Dios, raramente serás engañado y burlado, aunque sin quererlo, la inclinación de la voluntad puede ser por él forzada. Y puede ser que alguno sea vencido involuntariamente o también por debilidad, pero siempre es perdonado por Aquel que conoce las intenciones y los corazones. Este pazos, quiero decir, la vanagloria, no deja al cristiano y al monje a progresar en la virtud; sino que mientras sufre las fatigas, al final se encuentra sin fruto. Porque siempre se presenta en los tres, es decir, al principiante, al intermedio y al perfecto, y los despoja del trabajo de las virtudes.
  3. Diré algo por mi experiencia. Sin las siguientes virtudes el cristiano o el moje no progresan nunca: el ayuno, la continencia, la vigilia, la paciencia, la fortaleza, la hisijía, la oración, el silencio, el luto espiritual y la humildad. Estas virtudes se generan y se custodian alternativamente una con la otra. Del ayuno continuo se marchita el deseo y nace la continencia y autodominio. La continencia genera la vigilia, ésta da a luz la paciencia, ésta la fortaleza, la fortaleza genera la hisijía, ésta el silencio, el silencio produce el luto según Dios y éste la humildad. Y a la inversa la humildad genera el luto espiritual según Dios y a continuación encontrarás correspondientemente las hijas que den a luz a las madres una después de la otra. Este nacimiento recíproco constituye la mayor de las virtudes. Y por otro lado, las cosas adversarias y opuestas son claras en todos.
  4. Aquí debemos referirnos también en las fatigas y en los dolores del trabajo espiritual, y exponer con claridad cómo debemos ejercitar cada trabajo, no vaya ser que alguno caminando sin esfuerzo y fatiga, limitándose sólo a escuchar y no consiga frutos, y acuse a mí o a otro, de que las cosas no son como las hemos dicho. El dolor del corazón y la fatiga del cuerpo está demostrado que hacen obra verdadera y manifiestan la energía del Espíritu Santo, la cual se te fue dada por medio del bautismo, como también a todo fiel. Esta energía fue enterrada por los pazos a causa de la negligencia en los mandamientos-logos, y espera con su misericordia infinita nuestra metania, para que finalmente no oigamos decir, a causa de nuestra esterilidad: “Quitadle el talento; y lo que cree que posee se le quitará” (Mt 25,28-29), y seamos enviados al infierno castigándonos eternamente en la gehena. Porque cada trabajo espiritual y corporal que es sin dolor o sin fatiga, nunca trae fruto a quien lo ejercita y practica. Y la realeza increada de Dios se adquiere con la violencia y duro esfuerzo, y los que la arrebatan ejercen violencia a sí mismo, dijo el Señor” (Mt 11,12); con la palabra “violencia” daba a entender el sentimiento fatigoso del cuerpo en todo. Porque quizás hay muchos que han trabajado y trabajan sin fatiga muchos años pero al hacerlo sin diligencia y sin la disposición de la fuerza ardiente del corazón, están por eso sin catarsis, vacios de limpieza y pureza y desconectados sin participar del Espíritu Santo, ya que han rechazado la rudeza de los esfuerzos y de las fatigas. Porque aquellos que trabajan con negligencia y relajación, quizás piensen que se esfuerzan mucho, según su propia opinión, pero nunca cosechan fruto, exactamente porque no se esforzaron y no sintieron profundamente el dolor por este trabajo (espiritual). Sobre esto atestigua uno de los Padres, diciendo: “Aunque todas actividades de nuestra ascesis son importantes, sin embargo si el corazón no está lleno de dolor o sufrimiento (espiritual), todas estas son fraudulentas, bastardas y están perdidas”.

Incluso puede ocurrir que viviendo sin fatiga y sin dolor o sufrimiento (espiritual), seamos empujados por la acedia en distracciones inútiles y nos oscurecernos creyendo que encontraremos consuelo, cosa que no sucede; simplemente nos atamos con indisolubles cadenas invisibles y nos quedamos inamovibles e inactivos para cada obra, mientras va creciendo en nuestro interior la relajación, y en concreto si somos principiantes. Porque a los perfectos todo es útil cuando se hace a su medida.

Esto lo atestigua también Efrén el grande, diciendo: “Que te esfuerces fatigosamente en las fatigas ascéticas o espirituales, para evitar las fatigas vanas y los esfuerzos vanos de las distracciones”. Si no se suelta nuestra cintura, según el Profeta, (Is 21,3), por el esfuerzo agotador del ayuno y no nos vienen en el corazón las presiones de los dolores espirituales como de un parto, no daremos a luz el “espíritu de la σωτηρία sotiría (redención, psicoterapia, sanación y salvación). Pero algunos de nosotros nos jactamos y presumimos pensando en el largo tiempo transcurrido en la ascesis, en el inútil desierto, y en su relajamiento como hisijía; pero en la hora de nuestra muerte sin duda alguna reconoceremos que tipo de fruto tenemos.

  1. No es posible que uno solo aprenda por sí mismo la ciencia de las virtudes, aunque algunos se hayan erigido como maestros. Porque es presunción o jactancia caminar y operar uno solo y no con el consejo de aquellos que han progresado; o más bien, genera la presunción o la jactancia y engreimiento. Es decir, si el Hijo, no hace nada por sí mismo sino tal y como le ha enseñado el Padre, (Jn 8,28), y el Espíritu no hablará por sí mismo (Jn 16, 13), ¿quién es aquel que ha ascendido en tanta altura de la virtud, de modo que no tenga necesidad de alguien que le inicie e instruya místicamente? Se ha engañado pensando y creyendo que tiene virtud, mientras lo que lleva es arrogancia y presunción. Por eso debemos obedecer en aquellos que conocen los esfuerzos y fatigas de la práctica de la virtud y así ejercitarla. Es decir, el ayuno agotador, la continencia o autodominio a los placeres (hedonismo), la persistente vigilia, el estar fatigosamente en rodillas, la persistencia en estar inamovible en pie, la humildad pura no fingida, el quebrantamiento y el gemido incesante, el silencio bendito saboreado como con sal (Col 4, 60), y la paciencia en todo. Uno no debe estar siempre en reposo, ni sentado solo antes del tiempo de la vejez o de la enfermedad. Porque dice la Escritura: “Serás alimentado por tus esfuerzos y fatigas de tus virtudes” (Sal 127,2), y “la realeza increada de los cielos se concede a los que se esfuerzan duramente o ejercen violencia sobre sí” (Mt 11,2). Por lo tanto, el que se esfuerza y ejerce y realiza cada día con buen ánimo y buena disposición los anteriores trabajos espirituales, éste con la ayuda de Dios segará y recibirá también el fruto en su tiempo.

 

D) Varios capítulos: Cómo el hisijasta debe permanecer sentado en la oración y no levantarse rápidamente. Cómo debemos hacer y decir la oración noerá de Jesús o del corazón. Cómo debemos hacer y decir la oración noerá de Jesús o del corazón. Cómo debemos refrenar y disciplinar el Como tenemos que expulsar los loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía, ideas). Cómo debemos salmodiar. Sobre la gula o glotonería de la panza (estómago). Sobre el engaño (error, fraude) y varias cuestiones.

 

Cómo el hisijasta debe permanecer sentado en la oración y no levantarse rápidamente.

Unas veces debes sentarte lo máximo posible en un banquito, y otras veces, pocas por eso, en una alfombra, para algún reposo. Ese estar sentado en oración se debe hacer con paciencia, como dice el Apóstol: “Permanecer con perseverancia en la oración” (Col 4,2), y no debes ansiarte y levantarte rápidamente a causa de la fatiga y la voz o grito interior espiritual y el apretón incesante del nus (espíritu de la psique). Porque dice el Profeta: “Me han tomado los dolores como a una mujer en parto” (Is 21,3). Más bien, debes inclinarte hacia abajo y recogiendo tu nus y tu mente en tu corazón (psicosomático), por su puesto si el corazón se ha abierto en implorar al Señor Jesús para que venga a ayudarte. Y si se cansan tus hombros y a menudo también duele la cabeza, tú debes tener la esperanza y la paciencia en esto con diligencia y eros (amor ardiente), pidiendo en el interior de tu corazón al Señor. “La realeza increada de Dios pertenece a los que se esfuerzan duramente y ejercen violencia sobre sí, y ellos la arrebatan” (Mt 11,12). Con estas palabras el Señor verdaderamente indicó que persistamos en esto y en estos esfuerzos y fatigas. Porque la paciencia, la esperanza y la perseverancia en todo, son las que generan los esfuerzos del cuerpo y de la psique-alma.

 

Cómo debemos hacer y decir la oración noerá de Jesús o del corazón.

Los Padres algunos aconsejan decirla íntegramente: “Kirie Jesús Cristo, Hijo de Dios, eléisonme, compadécete o ten compasión, misericordia de mí que soy pecador”, (o enfermo espiritual). Otros aconsejan la mitad: “Jesús Hijo de Dios, eléison me”, que es más fácil para el nus que se siente débil. Porque nadie puede invocar por sí mismo místicamente al “Señor Jesús” (1Cor 12,3) sin la energía increada jaris del Espíritu Santo, -porque esto sólo con el Espíritu Santo se hace lúcidamente y perfectamente- es como niño que aún murmura o balbucea y no puede articular la oración completamente. Pero no se debe cambiar continuamente las invocaciones de los nombres, por pereza, sino ocasionalmente de forma dispersa, para asegurar la perseverancia.

Otros enseñan decir la oración oralmente con la boca, otros con el nus (contacto consiente con la energía de la mente y atención del nus en el corazón); yo digo con los dos métodos. Porque unas veces diciéndola se debilita la boca por cansancio y otras el nus por pereza. Por eso debes orar con las dos maneras; con la boca oralmente y con la atención del nus (espíritu del corazón), pero debes estar sereno, tranquilo e imperturbable (con ataraxia), para que no provoque confusión la voz en el sentido, sentimiento (o emoción) e impida y distraiga la atención del nus. Llegará el tiempo que el nus se acostumbrará y progresará en esta obra y adiestrado así recibirá la potencia y energía increada del Espíritu para orar totalmente, perfectamente e intensamente. Entonces ya no necesitará hablar con la boca –además, que no podrá- contentándose en hacer esta labor en silencio exclusivamente y totalmente con el nus (la energía de la mente, cerebro y la atención del nus en el corazón psicosomático al fondo donde sale la vocecita íntima contacto consciente con el Divino Nombre).

 

Cómo debemos refrenar y disciplinar el nus

Debes saber que nadie puede retener y dominar el nus (espíritu de la psique), sino le retiene y no le domina el Espíritu Santo. Porque el nus es incontenible, no es que sea por su naturaleza inquieto, sino que se ha familiarizado y acostumbrado a deambular, desde su origen, desde el principio por nuestra negligencia. Es decir, con la transgresión de los mandamientos dados por el Logos de Dios, Quien nos ha regenerado y renacido, nos hemos separado de Dios y hemos perdido la percepción, el sentido espiritual y la unión que teníamos junto con el Dios. Puesto que el nus resbaló de allí y se separó de Dios, es descarriado y arrastrado por todas partes como prisionero. El nus no se puede parar y disciplinar de otra manera, sino se resigna y se somete a Dios y le detenga y domine Aquel, uniéndosele a Él con regocijo, gozo y alegría, rogándole continuamente con constancia, y confesándole cada día mentalmente y espiritualmente de corazón todas sus culpas y pecados. Dios perdona inmediatamente aquellos que piden e invocan continuamente Su santo nombre con humildad, devoción y quebrantamiento del corazón. Porque dice el Salmista: “Que confeséis al Señor e invoquéis Su santo nombre” (Sal 104,1). Pero también la retención de la respiración y el apretón de los dientes, retienen el nus, pero sólo parcialmente y otra vez se dispersa. Pero cuando deviene la energía de la oración, entonces ésta realmente retiene y conserva el nus y su energía cerca de sí, le regocija, le alegra y le deleita, y le exculpa y le libera de la prisión. Pero a pesar de esto, sucede que algunas veces, mientras el nus ora y permanece inmóvil en el interior del corazón, la diania (mente, cerebro, intelecto) deambula, vaga y estudia otras cosas. Ella no se sujeta ni se somete a nadie, salvo a los perfectos por la Jaris energía increada del Espíritu Santo, los cuales han llegado al estado soñado con la dínami potencia y energía increada de Jesús Χριστός Jristós-Cristo.

 

Como tenemos que expulsar los loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía, ideas)

Ningún principiante puede expulsar un loyismós (pensamiento) sin que el Dios lo haya expulsado primero. Sólo los fuertes pueden combatirlos y expulsarlos. Incluso ellos, no los expulsan por sí mismos, sino que se mueven y combaten contra los loyismí con la ayuda de Dios, en realidad revestidos con la armadura de Dios.

En cuando a ti, cuando te acosen los loyismí (pensamiento simples o unidos con la fantasía, invoca intensamente y persistentemente al Señor Jesús Cristo y ellos huirán, porque sufren y no soportan el calor del corazón que sobresalta por la oración, y se van como si los quemara el fuego. “Con el nombre de Jesús, nos dice San Juan de Clímaco, azota los enemigos”. “Porque nuestro Dios es fuego devorador que quema la maldad y la malevolencia de ellos” (Heb 12,29). El Señor, que es rápido en ayudar, enseguida se vengará de los enemigos o demonios en el lugar donde están los que claman hacía Él con toda su psique día y noche (Luc 18,7). Por otro lado aquel que no tiene la energía de la oración, lo aplasta de otro modo, haciendo como Moisés, (Ex 17,11). Se levanta de pié y extiende los brazos con los ojos hacia el cielo, y el Dios los ahuyentará; después vuelve a sentarse y sigue la oración con persistencia. Esta manera la usa aquel que aún no tiene fuerza para la oración.

Pero aquel que tiene la energía de la oración, cuando se trata de los pazos del cuerpo, o sea, la acedía, pereza y lujuria, que son los pazos duros y pesados, muchas veces se levanta y extiende las manos hacia el cielo pidiendo ayuda. Pero esto lo hace pocas veces, por miedo a engaño y otra vez se asienta en la oración, no vaya ser que el enemigo traiga alguna fantasía de arriba, mostrándola con apariencia y como semejanza de la verdad. Porque para que el nus esté arriba, abajo y en el corazón y en todas partes sin que se equivoque de nada, esto es cualidad sólo de los kazarós (sanados, limpios, purificados) y los perfectos, quienes pueden mantenerle y guardarle sin perjuicio ni avería.

 

Cómo debemos salmodiar

Unos dicen poco, otros mucho y otros nada. Tú no debes salmodiar mucho, porque esto trae confusión, ni tampoco nada, porque le sigue la relajación y la negligencia. Imita aquellos que salmodian poco. Porque como dicen los filósofos del mundo (los sin sabiduría divina), “todo hecho a su medida es perfecto”. Salmodiar mucho es cosa de los prácticos a causa de su ignorancia y sus esfuerzos. Esto no es de los hisijastas, que les basta orar sólo a Dios en sus corazones y estar distanciados de los conceptos. Porque según san Juan el Clímaco, hisijía es la deposición de los conceptos tanto los sensibles como los inteligibles, intelectuales. Porque cuando el nus por mucho salmodiar agote toda su fuerza, entonces se debilitará y no podrá orar con fuerza y constancia. La mayor parte de la noche, dice san Juan el Clímaco, debes dedicarla en la oración (en contacto consciente, de corazón), en cambio para la salmodia poco. Así debes hacer tú también.

Cuando estás sentado veas que opera en tu interior la oración y no cesa de moverse en tu corazón, no la dejes y te levantes a salmodiar, hasta el momento que ella te abandone por economía o concesión de Dios. Porque en este caso abandonas a Dios de tu interior y te quedas hablando desde el exterior, cayendo de lo altos de las cimas a los bajos. Además de esto, traes también confusión y perturbas el nus en su serenidad y paz. Porque la hisijía por su nombre contiene también la praxis, porque la mantenemos con serenidad, tranquilidad y paz. El Dios es paz y serenidad más allá de toda confusión y griterío.

También nuestra salmodia debe ser angelical según nuestro gobierno y vida monacal y no carnal. Porque el salmodiar fuertemente alzando la voz, es símbolo de grito espiritual, y nos es dado por nuestra indolencia, pereza espiritual y rudeza, para que retornemos en las realidades verdaderas.

En aquellos que no conocen la oración, la cual es fuente de las virtudes, según san Juan el Clímaco, y riega como las plantas las fuerzas psíquicas, en ellos conviene salmodiar mucho, sin medida y tener siempre gran variedad y que nunca paren, hasta que por la mucha praxis persistente y fatigosa progresen en la zeoría contemplación espiritual y encuentren la oración noerá o del corazón que opere en su interior. Porque es distinta la praxis de la hisijía, y distinta la praxis del cenobio para el monje o la casa para el fiel. Cada uno allí donde fue llamado, que se quede allí (1Cor 7,24) y se salvará. Por eso tengo miedo a escribir, a causa de los más débiles, que te veo vivir entre ellos. El que se dedica y padece en la oración, de acuerdo con las cosas que ha oído y aprendido, se pierde si no tiene una persona que le conduzca. En cambio aquel que ha saboreado la jaris (gracia, energía divina), debe salmodiar con medida, según los Padres, y ocuparse el mayor tiempo con la oración. Y cuando viene la pereza espiritual o la negligencia debe salmodiar o leer los capítulos prácticos y hechos de los Padres. Porque el barco no precisa remos cuando el aire infla la vela y el viento es adecuado para atravesar ligeramente el mar salado de los pazos, y sólo cuando cesa el viento el barco es movido por los remos o por una barquita.

Ahora bien, si algunos plantean de modo contencioso a los Padres o algunos monjes de aquí, diciendo que ellos hacían la vigilia toda la noche estando en pié e incesante salmodia, les responderemos con la Escritura, que no todo es para todos perfecto, porque les falta el celo y son privados de dinami (potencia y energía). Pero las cosas pequeñas no pueden ser del todo pequeñas para los grandes, y las grandes para los pequeños por supuesto que no son perfectas. En cambio los grandes cumplen todas las cosas con facilidad. De hecho no siempre todos, ahora o en el pasado, son prácticos. Ni todos caminaron para mantener hasta el final el mismo camino. Muchos desde la práctica vinieron en la zeoría contemplación espiritual y reposaron dejando todo y sabatizando (descansando) según la Ley espiritual; gozan y deleitan sólo con Dios, saciados por el gozo y deleito divino, y la jaris (gracia, energía increada) no les dejaba salmodiar o estudiar alguna otra cosa distinta; siempre se encontraban en sorpresa, hasta el tiempo adecuado, habiendo alcanzado en parte a la perfección de lo que uno puede desear, como paga de señal de la eterna bienaventuranza y felicidad.

Otros se salvaron permanecidos hasta el final, hasta sus muertes, al estadio práctico, esperando la recompensa en el siglo futuro. Algunos han sido informados con plena certeza durante su muerte y sus cuerpos perfumaron después de la muerte en muestra de su salvación; pero tenían plena la jaris increada del bautismo como todos, pero a causa del cautiverio de su nus (espíritu de la psique) y de la ignorancia no comulgaron místicamente mientras aún estaban vivos.

Otros prosperan también en las dos, salmodia y oración, y así viven, teniendo en abundancia la jaris increada, perpetuamente movida y nunca son impedidos por nada.

Otros se han mantenido hasta el final principalmente en la hisijía, siendo sencillos y se limitaban sólo en la oración, haciendo muy bien, solos unidos con el Dios. Porque los perfectos, como dijimos, pueden todo con la jaris increada de Cristo que los fortalece (Fil 4,13). En Él pertenece la doxa-gloria en los siglos de los siglos. Amín.

 

Sobre la gula o glotonería de la panza (estómago)

¿Y qué diré sobre la panza (vientre o estomago), la reina de los pazos? Si puedes mortificarla y hacerla medio muerta, no cedas. A mí, amado mío, me tiene totalmente dominado y la adoro o la rindo culto como esclavo y súbdito estando en paz con ella, ella es cooperante de los demonios y residencia de los pazos. Ella es la que provoca nuestra caída, pero también nuestro levantamiento cuando la tenemos dominada y nos obedece. De ella hemos caído tanto de nuestro primer axioma como del segundo. Es decir, destruido nuestro primer axioma, fuimos renovados de nuevo por la jaris (energía increada) de Cristo. Y ahora de nuevo hemos recaído de Dios, porque hemos descuidado los mandamientos (logos, principios espirituales) de Dios que mantienen y aumentan la jaris (gracia, energía increada) con progreso, aunque por ignorancia nos enorgullecemos y creemos que estamos con Dios. Los cuerpos tienen muchas diferencias con respecto al alimento, tal como han dicho los Padres. Uno tiene necesidad de mucho alimento, otro de poco para el mantenimiento de su fuerza natural, y cada uno come según su fuerza y su constitución corporal. Pero el hisijasta debe pasar siempre con privación y no saciarse. Porque cuando el estómago está pesado, el nus se queda enturbiado y la fuerte, lúcida y limpia oración no puede decirla. Pero por la digestión de muchas comidas le entra sueño y quiere dormir rápidamente, entonces el nus es asaltado por muchas fantasías durante el sueño. Por tanto, para aquel que quiera salvarse y esforzarse duramente para el Señor, viviendo en la hisijía, creo que es suficiente con una libra de pan y tres o cuatro vasos de agua y vino durante el día. De las comidas que encuentra o le ofrecen, que coma a la hora adecuada un poco de todo, sin saciarse. Actuando así sabiamente sobre este tema, podrá evitar la soberbia con su orgullo, ya que estará comiendo de todo, pero tampoco abominará de las obras de Dios, que son “muchas y muy buenas” (Gen 1,31), y Le estará agradeciendo por todo. Este es el discernimiento de los prudentes. Pero para los enfermos y débiles en la fe y en la psique-alma, les sirve y les beneficia más abstenerse de las comidas; a ellos el Apóstol les pide que coman verdura (Rom 14,2), ya que no creen que Dios los protege.

Pero, ¿qué quieres que te diga a ti que me has pedido una regla y muy pesada, cuando ya eres anciano? Personas jóvenes no pueden aguantar esta regla pesada con medida, ¿cómo lo harás tú? Debes mantener tu libertad en todas las cosas, cuando comes algo. Si eres vencido, que vuelvas en la metania y volver a intentar, y no dejes de hacer así siempre, es decir, cuando caes que te levantes acusándote o reprochándote siempre a ti mismo y no a otro, y encontrarás reposo, ganando sabiamente la victoria por las caídas, según la Escritura. Pero no transgredas la regla que te he puesto y con esto te basta. De hecho nada fortalece tanto el cuerpo como el pan y el agua. Por eso el Profeta, dejando de lado todo lo demás, decía: “Hijo del hombre, comerás tu pan y beberás agua con medida” (Ez 4, 16). La comida tiene tres reglas: continencia, suficiencia y saciedad. Continencia es tener hambre después de la comida. Suficiencia es que no tengas hambre ni te sientas pesado. Saciedad es sentirse pesado después de la comida. Seguir comiendo después de haberse saciado, esto es la puerta de la glotonería o la gula, por la que entra la fornicación. Tú teniendo en cuenta estas cosas, elige a la medida de tu fuerza lo mejor, sin exceder los límites. Sólo los perfectos pueden tener hambre, saciarse y estar en todo fuertes, según el Apóstol: “Sé vivir humildemente con carencias y también vivir en abundancia; estoy enseñado a todas y cada una de estas cosas, a sentirme harto y a tener hambre, a nadar en la abundancia haciendo buen uso de las cosas y a soportar con serenidad estrecheces y carencias” (Fil 4,12).

 

Sobre el engaño (error, fraude) y varias cuestiones.

Presta atención a lo qué quiero que conozcas con exactitud sobre el engaño, de modo que puedas protegerte de él, no vaya ser que por ignorancia sufras daño grandísimo y pierdas tu psique-alma. La independencia o libre albedrio del hombre fácilmente se declina en conexión y comunión con los demonios, y sobre todo de aquellos hombres que no tienen experiencia, y es como si se gobernaran por ellos. Porque cerca y alrededor de los principiantes rodean los demonios preparando las trampas de los loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía) y las fosas para las caídas y la perdición mediante las fantasías. O sea que, la ciudad de ellos se encuentra bajo el poder de los bárbaros (demonios). Y no debemos asombrarnos si alguno ha sido engañado o ha salido fuera de sí (volviéndose loco), y acepta y recibe el engaño o ve cosas ajenas de la verdad, o dice por inexperiencia e ignorancia cosas que no debe. Porque muchas veces uno hablando por desconocimiento sobre la verdad, no conoce ni sabe decir las realidades rectas y ortodoxas, y así ha perturbado a muchos y con su tontería provocó vergüenza y risas contra los hisijastas. No es admirable que sea engañado y desviado algún principiante después de muchos esfuerzos; esto ha sucedido en muchos, actuales y antiguos que buscaban a Dios.

La memoria o recuerdo de Dios, es decir, la oración noerá (con el nus) o del corazón, es el trabajo más alto de todos los trabajos (espirituales). Ella es la cabeza de las virtudes, porque es la agapi (amor incondicional) a Dios. Y aquel que quiere acercarse a Dios con imprudencia, descaro y osadía, y se apresura a confesarlo claramente y adquirirlo por sí mismo en su interior, fácilmente es muerto por los demonios si Dios lo permite, porque ha pedido con descaro, audacia y arrogancia cosas que no convienen a su condición y buscó con arrogancia conseguirlas antes de tiempo. Pero muchas veces el Señor mientras nos ve muy atrevidos en las cosas grandes y altas, tiene compasión de nosotros y no permite que seamos tentados, para que cada uno se dé cuenta por sí solo de su orgullo y presunción y así vuelva a la metania antes de que se convierta en ignominia y burla de los demonios y sea digno de llanto por los hombres, y en concreto aquel que busca con magnanimidad y humildad y, los más grande, con obediencia, subordinación y pregunta a los expertos sobre esta obra admirable, no vaya ser que en vez de trigo siega sin darse cuenta pinchos y en vez de dulzura amargura, en vez de salvación encuentre su perdición. Porque sólo los fuertes y los perfectos pueden combatir a solas cara a cara siempre con los demonios y levantar contra ellos la espada del Espíritu, es decir, el logos de Dios (Ef 6, 17). Los débiles y los principiantes tienen como arma o fortaleza la fuga con devoción y temor, evitando la guerra y no atreviéndose antes del tiempo, y así escapan de la muerte.

Por lo tanto, si practicas y estás en la hisijía correctamente, esperando estar junto con Dios, nunca aceptes cualquier cosa que veas, sensible o inteligible, exteriormente o interiormente, incluso alguna visión de Cristo, o supuesto ángel o forma de santo, o fantasear o imaginar alguna luz con tu mente y tu nus y le des algún esquema o figura. Porque el mismo nus con la mente tiene por su naturaleza la dinami (potencia y energía) de formar las formas de las cosas que desea, en aquellos que aún no lo vigilan con atención y exactitud, y provoca daño también a sí mismo. Incluso el recuerdo de los bienes o de los males, acostumbra dar repentinamente forma a la percepción del nus y conduce a la fantasía, entonces el tal se hace por sí solo soñador fantasiasta y no hisijasta. Por eso ten mucho cuidado a no consentir y creer inmediatamente algo, aunque sea bueno, antes de que lo examines mucho y preguntes a los expertos, para que no seas perjudicado y dañado. En esta cosa debes ser dudoso manteniendo siempre tu nus y mente sin color, sin forma y sin esquema o figura. Muchas veces algo que el Dios ha mandado como prueba y como corona, muchos los ha perjudicado. Porque nuestro Señor quiere probar nuestra independencia o libre albedrío, hacia donde declina. Aquel que vio algo con la diania (mente, intelecto, cerebro) o con la percepción del sentido, incluso si proviene de Dios y lo acepta sin preguntar y sin tener la opinión de los expertos, fácilmente cae o caerá en el futuro en engaño como dócil y fácil de creer cualquier cosa.

El principiante debe poner atención en la energía del corazón que es inconfundible no engaña, y todo lo demás que no lo acepte hasta el tiempo que se hayan apaciguado los pazos. Porque el Dios no se enfada contra aquel que tiene cuidado con exactitud a sí mismo, por el miedo del engaño, incluso si éste no ha aceptado lo que le envió, sin preguntar e investigar mucho; más bien le elogia como sabio, aunque contra algunos se enfadó. Pero no debe preguntar a todos, sino sólo uno, que le han puesto confianza en la conducción también a otros y tiene vida que brilla por la virtud, pobre pero que hace ricos muchos, según la Escritura (2Cor 6, 10). Porque muchos inexpertos han perjudicado muchos insensatos y tontos, de los cuales la pena o la maldición la tendrán después de la muerte. No conviene a todos conducir a otros, sino en aquellos que se dio el divino don de discernimiento, el cual por el Apóstol se llama “discernimiento de espíritus” (1Cor 12,10) y separa lo peor de lo mejor con la espada del logos. Cada uno tiene su propia gnosis-conocimiento y discernimiento, natural o práctico o de aprendizaje, pero no todos poseen el discernimiento del Espíritu. Por eso decía el sabio Sirac: “Los amigos por los que te apaciguas que sean muchos, pero tus consejeros uno entre mil” (Sab Sir 6, 6). Y no es corta la lucha para encontrar guía conductor que no se engaña tanto en las obras como en palabras y conceptos. El guía conductor que no se engaña, se ve por si su vida y su prudencia coincide con los testimonios de las divinas Escrituras y si es moderado. No es poco el esfuerzo duro y la violencia de sí que hace falta para llegar uno claramente a la verdad y hacer la catarsis de lo que es opuesto a la jaris (gracia, energía increada). Porque el diablo acostumbra a presentar su engaño con esquema o forma de la verdad, y sobre todo en los principiantes, transformando sus planes malvados y astutos en planes espirituales. Por esta razón, aquel que lucha para alcanzar la oración pura y lúcida, debe estar caminando dentro en la hisijía, como gran temor y luto espiritual y preguntar a los expertos para que le conduzcan a llorar siempre por sus pecados, que se entristezca y tenga miedo no vaya ser que se infierne o pierda a Dios y separarse de Él ahora o al futuro. Por lo tanto, cuando el diablo vea que uno vive en el luto espiritual o según Dios, no se queda allí, porque tiene miedo de la humildad que se produce por el luto espiritual. Pero si ve que uno fantasea con orgullo de que llegará en las cosas altas, teniendo deseo, anhelo satánico y no verdadero, entonces fácilmente le capta en sus redes como sirviente. Por eso es un arma muy grande para uno mantener la oración y el luto espiritual o según Dios, para que no caiga de la alegría de la oración en el orgullo o soberbia, sino que prefiera la jarmolipi-pena-alegre y así permanece sano, inocuo. Porque la oración sin engaño, es decir, el calor junto con la oración de Jesús, el cual puso fuego en la tierra de nuestro corazón (Lc 12,49), es la que quema los pazos como pinchos y produce en la psique la alegría, el gozo y la apacibilidad; y esta no viene ni de la derecha ni de la izquierda, ni tampoco de arriba, sino que emana en el corazón como fuente de agua por el espíritu vivificante. Solamente a ella debes anhelar y desear a encontrar y adquirir en tu corazón, manteniendo siempre tu nus (espíritu de la psique) y la mente sin fantasías y desnudo de conceptos y loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía), y no tengas miedo. Aquel que dijo: “Ánimo no tengáis miedo, yoSoy,” (Mt 14,27), Él que está con nosotros, al cual rogamos que nos proteja y defienda siempre, y no debemos acobardarnos y asustarnos, ni gemir cuando invocamos a Dios.

Ahora bien hay algunos también que se desviaron del camino y se dañaron sus cerebros, si te fijas verás que les ha sucedido por su autosuficiencia y altanería. Porque el que busca a Dios con sumisión u obediencia, con humildad y con preguntar a los otros, no será nunca dañado y perjudicado, por la jaris (energía increada) de Cristo, el Cual quiere que todos los hombres se sanen y se salven (Tim 2,4). Y si sucede alguna tentación, se hace para prueba y corona y empuja rápidamente la ayuda de Dios que la ha permitido o concedido, con los modos que Él conoce. Aquel que vive ortodoxamente y actúa y se comporta de modo irreprensible y se aparta de ser gustado a los hombres y de la altanería, incluso si todo el falange de demonios provoque contra él innumerables tentaciones, no le harán daño, como dicen los Padres. Pero aquellos que caminan con arrogancia y de acuerdo con su propia voluntad, ellos fácilmente sufren daño. Por eso el hisijasta siempre debe mantenerse en el camino real. Porque la hipérbole-exceso en toda cosa, por costumbre fácilmente lo acompaña el orgullo o la soberbia, la cual  sigue el engaño (error o fraude). Detén el respiro de tu nus, apretando un poco la boca durante la oración y no la respiración de la nariz, como hacen los inexpertos e ignorantes, para que no te hagas daño hinchándote de orgullo.

Las virtudes de la hisijía son tres, y debemos aplicarlas y cumplirlas con exactitud y examinar en cada momento si caminamos continuamente en la línea de ellas, no vaya ser que arrastrados por el olvido caminamos fuera de ellas. Y son las siguientes: la continencia o autodominio, el silencio y el auto-reproche, es decir, la humildad. Son virtudes generales y una sostiene la otra, y de ellas nace la oración y continuamente aumenta.

El principio de la jaris de la oración en algunos se presenta con distintas formas y se observa de muchos modos o maneras y se reconoce el reparto de los carismas del Espíritu, de acuerdo con Su voluntad, como dice el Apóstol (Heb 2,4), de modo que se vea también en nosotros el ejemplo del profeta Elías el Tesbita (3Re 19, 11-12). Es decir, en algunos viene como viento tremendo que disuelve las montañas de los pazos y destruye las piedras, es decir, los corazones duros, de modo que la carne se someta y se mortifique. En otros se presenta en principio como seísmo o terremoto, es decir, deleite en las entrañas, el cual los Padres lo han llamado skírtima sobresalto o pulsación, inmaterial y esencial; porque lo que es sin esencia es sin hipostasis (fundamento o base substancial) e inexistente. En otros, finalmente y en concreto en aquellos que han progresado en la oración, Dios opera como una brisa luminosa, blanda y pacífica, ya que dentro en sus corazones, como dice el Apóstol (Ef 3,17) habitó y habita el Cristo y se revela-apocalipta místicamente con la jaris (gracia energía increada) del Espíritu Santo. Por eso Dios decía a Elías en el monte Horeb que, “el Señor no está en el viento tremendo, ni al terremoto, -es decir, en algunas operaciones en los principiantes, que antes dijimos-, sino en blanda brisa de luz, allí está el Señor (3Re 19, 11-12). Con esto nos indicó la perfección de la oración.

“¿Qué hará uno cuando el demonio se metamorfosea, se transforma en ángel de luz (2Cor 11,14), y engaña al hombre?”

Por eso el hombre tiene necesidad de mucho y gran discernimiento, para conocer bien la diferencia del bien y del mal. Por lo tanto, no aceptes rápidamente los fenómenos o apariciones, por ligereza, sino que permanece a resguardo y después de largo examen y muchas pruebas mantener lo bueno y rechazar lo malo (1Tes 5, 21-22). Debes probar y discernir las cosas, y entonces creer. Debes conocer que las energías increadas de la jaris-gracia son evidentes, las cuales el demonio, por mucho que se metamorfosee en ángel de luz, no puede dártelas. Ni da apacibilidad, ni honestidad o indulgencia, ni humildad, ni aborrecimiento u odio de este mundo pecador, ni cesa el hedonismo o placeres y los pazos; estas realidades son operaciones de la jaris (gracia, energía increada). La energía del demonio es arrogancia, soberbia, altanería, cobardía, miedo y toda maldad. Por lo tanto por la energía puedes aprender y saber si la luz que resplandeció en tu psique-alma es de Dios o del Satanás. La lechuga buena es igual que la amarga a la vista y el vinagre es igual que el vino en apariencia, pero el paladar de la garganta los reconoce y el gusto los distingue. Así también la psique-alma, si posee discernimiento reconoce con la percepción, sentimiento y sentido espiritual los carismas del Espíritu Santo y las fantasías del satanás. Amín. 23/07/2022

Traducido por Jristos Jrisulas Χρῆστος Χρυσούλας  www.logosortodoxo.com

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