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Oct 10 2018

Teología de la sencillez

 

 

Hoy en día todos estamos cansados a causa de la falta de sencillez y la buscamos con dolor. Porque, si examinamos con atención los fenómenos de nuestra vida social y principalmente los invisibles, ocultos e interiores, comprobaremos que todos estos provienen de una personalidad dividida y fraccionada, y que son complejos y complicados. Por esta razón, el logos sobre la sencillez, sobre todo el logos teológico sobre ella es de especial actualidad.

Realmente no es sólo el pensamiento filosófico sobre el Dios que habla sobre Su sencillez, sino también los santos Padres hablan de esto. El Dios, como es libre de todo pazos (pasión, emoción y vicio) básicamente es sencillo. El Dios es agapi (amor, energía increada), caridad y filantropía, incluso humildad. Ya que el Dios es agapi, esto indica que es también humildad. Y los que se han hecho dignos de verle y contemplarle, quedaron cautivados de Su humildad, apacibilidad y mansedumbre de modo que en toda su vida hablan de ella. Un antiguo maestro eclesiástico escribe: “El Dios es todo y sencillo”. Muchos Padres destacaron este punto de vista, como san Atanasio el Grande: “El Dios no es compuesto ni complejo… porque su esencia es simple, sencilla”. Y en otro punto dice: “El Dios es sin pazos (pasiones, padecimientos, emociones y vicios) y sencillo, y con apacia (impasibilidad) sin pazos e indivisible es padre del hijo, es decir, del Logos y Dios” (Orationes tres contra Arrianos 26,69.5 y 26,69.21)

La doctrina sobre la sencillez de Dios no contradice la apocálipsis (revelación) del Dios Trino y el discernimiento entre Su esencia y energía increadas. Sobre el primer tema hemos hablado en otra homilía. Aquí hablaremos un poco sobre el discernimiento entre esencia y energía (increadas), que para la Ortodoxia es una cuestión de vida o muerte. Los santos Padres, como san Basilio, san Gregorio Palamás y otros, dijeron que: “Las energías (increadas) de Dios son varias, pero la esencia (increada) es simple, sencilla” (san Basilio). Y “la síntesis no se introduce por operar y por la energía, sino por el padecer (sufrir) y por el pazos, pero el Dios energiza, opera sin pazos”, (san Gregorio Palamás).

El Dios no tiene pazos, por eso la enseñanza sobre discernimiento de esencia y energía (increadas), no elimina la sencillez de Dios. Por lo tanto, “no está compuesto o complejo a causa de la energía”, san Gregorio Palamás. Además, a pesar de que hablamos sobre el discernimiento entre esencia y energía, “la esencia y la energía naturales divinas son inseparables, e indivisibles”.

Así que, según la enseñanza de san Gregorio Palamás, que es la enseñanza dogmática de la Iglesia consolidada y garantizada sinódicamente, la energía “se divide indivisiblemente” de la esencia divina, y la esencia divina “es participada sin mezclar” puesto que la divina energía constituye el fulgor de la naturaleza divina. “…La energía increada no se conoce mediante su esencia increada, sino que de la energía increada nos informamos que la esencia increada existe, pero no lo qué es. Por eso Dios se hace conocido a nosotros no de Su esencia increada, sino de Su providencia, según los Teólogos. Y la energía difiere de la esencia también en esto: aquello que informa es la energía increada y lo que conocemos a través de ella de que existe es la esencia increada”.

Todas estas cosas, que quizás, no todos pueden concebirlas y captarlas muestran la verdad, de que el Dios es sencillo.

Puesto que el Dios, a pesar del discernimiento de Sus Hipostasis o Personas y el discernimiento entre esencia y energía (increadas), es sencillo, esto significa que el hombre también mientras participa, conecta y comulga con el Dios se convierte y se hace sencillo.

El hombre cuando más está en metania (arrepentimiento y confesión) más sanado está interiormente, se unifica el hombre interior y tanto más sencillo se va convirtiendo. La metania le limpia, le “psicoterapia”, le sana y le unifica. San Casiano el Romano, escribía que: “aquel que revela y comparte sus pensamientos en poco tiempo se sana, y el que los oculta se enferma”. Así que la apertura del cristiano a su padre espiritual, que toma el lugar “del ángel de la metania”, más la vigilancia y cuidado de cada cosa que se hace y opera en su interior, “impiden la formación de complejos”. Y no empeoran ya las heridas que se han encontrado las huellas y se han hecho evidentes. Puesto que la composición se introduce por los pazos y nuestra liberación o metamorfosis (transformación) de ellos hace que seamos convertidos en sencillos.

Pero, principalmente el hombre adquiere la sencillez y se enriquece en ella, cuando está introducido a la zeoría (contemplación y unión) con la Luz increada, es decir, al Mismo Dios, porque entonces también el mismo hombre se une con Dios y se convierte en y por la Jaris (gracia, energía y luz increada) esto que el Dios es por naturaleza. Por lo tanto, la sencillez, no es cuestión de unas acciones exteriores simples, (ropa, movimientos, actos, formas etc.), sino la renovación y la unión interior con el Dios.

Por lo tanto, los Santos y los sanados son por excelencia hombres sencillos y naturalmente lo mismo son sus logos, palabras. Sus logos, sus bromas, sus praxis, a pesar de que son sencillas, son “agraciadas” plenas de jaris (energía increada). Según san Pedro el Damasceno: “los santos Padres Doroteo y Casiano, siendo sabios, han escrito sencillo… porque el nus (espíritu del corazón psicosomático) de los dos es uno e unificado con la mente y dado de un Espíritu Santo y el propósito es para beneficio de todos”. Por eso toda la teología en realidad es “amplia y diminuta” y el Evangelio “amplio, magno, profundo y apenas conciso y abreviado” (san Dionisio el Areopagita).

* * *

Todas estas cosas que hemos mencionado anteriormente muestran las características de la sencillez. La sencillez cristiana está conectada y asociada con la humildad, la agapi, la veracidad, la naturalidad, la mansedumbre y la participación, comunión del Santísimo Espíritu. Estas cosas son acontecimientos interiores y después resplandecen también exteriormente. Por ello, el modo de vivir de los hombres apostólicos es sencillo, según san Atanasio el Grande; y los cristianos que tienen “la sencillez en Cristo” (término teológico) son niños en Cristo, no en la mente, sino en el corazón, como cordero alegóricos, según san Cirilo de Alejandría. Por lo tanto, la sencillez es fruto de la vida espiritual completa.

Debemos adquirir esta sencillez divina, la riqueza de la sencillez en Dios, en Cristo. Desgraciadamente, toda nuestra vida está compuesta, compleja y mentirosa. Tal y como dice san Doroteo: “toda la vida del hombre mentiroso es una mentira”; porque el hombre no es sencillo, sino doble o de doble moral, una cosa es interiormente y otra cosa exteriormente, y así por duplicado en toda su vida está mofado y burlado”.

Dicho de otra manera, interiormente somos de una manera y exteriormente de otra, literalmente somos personalidades divididas. Unas cosas pensamos y otras deseamos. ¿Cómo podemos considerarnos hombres sencillos con este tipo de estado interior? ¿Cómo con esta división que introducen los pazos, podemos comportarnos con esta santa y divina sencillez y vivir socialmente?

¡Pues, sólo con la sencillez en Cristo!

“¡En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en la realeza increada de los cielos” (Mt 18,3). Es decir, no obtendréis ni gozaréis de la jaris (gracia, energía increada) o doxa-gloria increada o paraíso.

Metropolita de Lepanto, Ierotheos Vlajos

Traducido por XX.JJ

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