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Nov 13 2019

Los portadores de la Apocálipsis revelación

 

 

 

DOGMÁTICA EMPÍRICA I

DE LA IGLESIA CATÓLICA APOSTÓLICA ORTODOXA

 

Introducción 

Entre los santos θεόπτοις zeoptis (los que ven la divina luz increada) y que se llaman también glorificados o deificados están incluidos los Profetas. Profetas son los santos aquellos que predicen las cosas futuras, pero también aquellos que enseñan los misterios del reinado de la Realeza increada de Dios, que los conocen personalmente. Pero esto presupone un nivel de vida espiritual y experiencia en un grado grande de la divina Jaris (energía increada gracia). Por lo tanto con el término Profeta es calificado y llamado el santo que tiene κοινωνία (conexión, comunión y unión) con Dios, conoce por apocálipsis-revelación la voluntad de Dios, ha alcanzado la zéosis y se convierte en didáskalos-maestro del laós-pueblo.

Con este sentido y significado Profetas se llaman los justos del Antiguo Testamento, que son mandados por Dios a los hombres para conducirlos al camino correcto y ortodoxo de la sotiría redención, sanación y salvación. Por regla general, el Profeta decía a Dios que lo había llamado: “Hable, Señor lo que tu siervo escucha” y a continuación predicaba al pueblo: “Tal cosa dice el Señor”. Hombres santos de este tipo se llamaban por el pueblo, “visionarios” y “contemplativos”, porque veían la doxa-gloria luz increada de Dios. Ellos apocaliptaban-revelaban la voluntad de Dios a los hombres, a los que eran receptivos de esta apocálipsis-revelación.

Los Profetas del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento

En el Antiguo Testamento vemos que la aparición de los Profetas y sus logos, y ellos son los líderes del pueblo, por eso no se debe considerar que el Antiguo Testamento es simplemente un libro histórico. Los Patriarcas y los Profetas habían llegado a la zéosis.

«Si uno lee con atención el Antiguo Testamento para ver quiénes son estos Patriarcas y Profetas verá una cosa sorprendente. En las vidas de los Santos y del Nuevo Testamento, Patriarca y Profeta es aquel que ha llegado a la zéosis-zeoptíavisión de la luz increada, ha pasado de la catarsis y ha llegado a la iluminación.»

Todos los Profetas tenían experiencia espiritual, es decir, no eran hombres con el pensamiento lógico de la mente desarrollada, la reflexión intelectual y la fantasía, tal y como lo vemos en los filósofos que había en los tiempos de ellos.

«En el Antiguo Testamento habían hombres que se llaman Profetas y estos Profetas poseían cierta experiencia. Esta experiencia está descrita, a la medida que se puede describir, en el Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento tenemos algo similar. Y después, combinadas con esta experiencia de los Profetas y de los Apóstoles es también el kerigma de ellos y el método completo con el que se esfuerzan en introducir en los fieles la misma experiencia.»

El principio de la experiencia espiritual de ellos era la energía y operación continua de la noerá oración en el corazón.

«Este mismo salmo 50, en la tradición patrística, es sobre la noerá oración del corazón, que significa que David tenía la noerá oración del corazón y los Profetas también. La noerá oración del corazón no es un descubrimiento, por ejemplo de san Simeón el Nuevo Teólogo o de san Gregorio Palamás, etc., está también en el Antiguo Testamento, según los Padres de la Iglesia.»

Los Profetas en el Antiguo Testamento llegaron en δοξασμός doxasmós glorificación, que en la lengua de los Santos Padres se identifica con la zéosis. Diciendo δοξασμός doxasmós glorificación, entendemos la visión expectación de la doxa-gloria luz increada del Logos no encarnado. Esta zéosis de los Profetas era provisional.

«La experiencia de la zéosis y de la doxa-luz increada gloria es una situación provisional, porque a pesar de poseer esta experiencia, morían, es decir, morían y han resucitado por la bajada de Cristo al hades. De nuevo resucitaron los Profetas del Antiguo Testamento. Tenemos la imagen-icona de la resurrección de Cristo, que sobre este tema la enseñanza de los Padres es obvio y clarividente.»

Esta participación en este δοξασμός doxasmós glorificación se llama zéosis. Por lo tanto los Profetas del Antiguo Testamento llegaron a la zéosis, pero sin unirse aún con la naturaleza humana de Cristo, la que entonces todavía no había sido tomada por el Logos increado.

«Los Padres de nuestros Padres en el Antiguo Testamento, es decir, los Profetas, poseen la zéosis sin la naturaleza humana de Cristo, después los Apóstoles ellos tienen también la zéosis con la naturaleza humana de Cristo.»

Esta experiencia de los Profetas supera y trasciende de los creados logos, verbos, dichos y conceptos. Es decir, tenemos los logos, verbos, palabras y conceptos creados de los Profetas, los que leemos en el Antiguo Testamento, pero tenemos también la misma experiencia de los Profetas.

«Para los Padres de la Iglesia, todos los Profetas habían alcanzado la zéosis y todas las palabras o dichos en el Antiguo Testamento son creados y llevan conceptos creados. Pero además de los logos y los conceptos creados existe también la experiencia de la zéosis de los Profetas, la cual experiencia de la zéosis no son los logos, dichos, verbos y conceptos creados.»

Por su zéosis, los Profetas se reconciliaron con Dios y se convirtieron Sus amigos. Desde el estadio de dulos esclavitud o servil pasaron al estadio de asalariado y de allí al estadio de amistad con Dios. De esto se deduce que los Profetas adquirieron la perfección, la que consiste de la agapi desinteresada (altruista, no egocéntrica), “la que no busca lo suyo” (1Cor 13,5).

Es característico que san Gregorio Palamás conecta la experiencia de la doxa-luz increada gloria de Cristo, la que tuvo el Protomártir Esteban y los Santos del Nuevo Testamento con la experiencia de la glorificación de Moisés del Antiguo Testamento.

A pesar que los Profetas del Antiguo Testamento llegaron a la zéosis-glorificación, sin embargo no consiguieron la salvación, ya que no se libraron de la muerte. La victoria sobre la muerte se hizo con la Cruz y la Resurrección de Cristo.

«Tenemos en el Antiguo Testamento estas experiencias de glorificación de los Profetas, los cuales llegan a la θεοπτία zeoptía visión de la luz divina. Esta zeoptía es la zéosis, glorificación de los Profetas, pero esta no está acompañada de la salvación, porque caen en la muerte, igual que todos los demás que mueren, es decir, son resucitados el día de la Crucifixión de Cristo, el día de Su bajada al Hades.

A partir de entonces se hace la Resurrección de los Profetas y tenemos la comunión de los santos más allá de la tumba. Ellos tuvieron zéosis dentro de la tumba, no más allá de la tumba, sepulcro. Después de la Resurrección de Cristo tienen la zéosis ahora también, porque participan en la primera Resurrección.»

Esta es la razón por la que los Profetas son constituidos en autenticidad del pueblo de Dios; así los aceptan los fieles para que sean conducidos ellos también a la zeotpía-zéosis. Ellos son las verdaderos Padres Espirituales y así se adquieren los hijos espirituales. La paternidad espiritual no es una situación mecánica, no es una relación típica, sino el misterio del renacimiento, del despertar espiritual y de la zéosis del hombre.

«En el Antiguo Testamento existe también toda esta enseñanza sobre la autenticidad. ¿Por qué el Profeta es la autenticidad? Porque tiene gnosis inmediata sobre Dios. El pueblo cree porque tiene confianza en la experiencia sobre Dios, la que tienen los deificados o glorificados. Admiten y aceptan los glorificados como autenticidad; es decir, los Profetas y los iluminados, los que están en este estado empírico. A ellos los aceptan como Padres Espirituales y a ellos siguen. A Moisés así lo aceptaron y a todos los Profetas.

Y después vemos que ellos los Profetas del Antiguo Testamento tenían también discípulos, es decir, hijos espirituales. ¿Y qué hacen con los hijos espirituales? Los conducen a la iluminación y a la zéosis. Esto es evidente. Por tanto, toda la relación entre Padres Espirituales e hijos espirituales está clarísima en el Antiguo Testamento. Por eso también en los Misterios de la Iglesia imploramos las oraciones y bendiciones de los Profetas del Antiguo Testamento. En las oraciones y bendiciones del misterio de la confesión, de la metania se refiere a David con el profeta Nathan. Repetimos la misma cosa con los Misterios hoy en día etc…»

Los Profetas en el Antiguo Testamento veían la Segunda Persona-Hipóstasis de la Santa Trinidad, el Logos no encarnado, ya que todas las teofanías de Dios en el Antiguo Testamento eran apocálipsis-revelación del increado Logos no encarnado.

Profetas no sólo existen en el Antiguo Testamento sino también en el Nuevo. El concepto de Profeta que antes se ha analizado, es atribuido también a los Apóstoles y a los Padres del Nuevo Testamento. Entre los Profetas está incluido también san Juan el Precursor que es el vínculo o lazo de conexión, unión entre Antiguo y Nuevo Testamento.

«El último Profeta del Antiguo Testamento que fue glorificado es san Juan el Precursor, quien es el último Profeta glorificado pero también el primero que ha testificado sobre la encarnación del mismo Logos increado, que apareció a los Profetas del Antiguo Testamento. Y tenemos el lazo cohesivo y unión del Antiguo Testamento con el Nuevo, no con textos sino con testimonio vivo de la experiencia de la zéosis.»

En un pasaje del Apóstol Pablo están descritos los carismas que existen en la Iglesia; escribe: “28 y así los puso el Dios en la Iglesia, en primer lugar apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan a los necesitados, los que administran y los que tienen el don de lenguas (cada uno según su capacidad ha recibido su carisma y su sitio de Dios).

29 ¿Acaso son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Hacen todos milagros?

30 ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿Tienen todos el don de lenguas o el don de interpretarlas?

31 Procurad, pues, los dones mejores. Pero yo os muestro un camino más excelente todavía, el camino de la agapi, (agapi-amor divino y energía increada) (1Cor 12, 28-30)

Los Profetas de la Antigua Iglesia son los Obispos glorificados o deificados en el Nuevo Testamento. De los deificados, los Profetas eran elegidos Obispos en la antigua Iglesia.

Profetas en el Nuevo Testamento se llaman también Apóstoles y θεόκλητος zeóklitos-llamados de Dios.

«Sobre quién es el Profeta leeremos el capítulo 14 de la primera Epístola a los Corintios. Allí veremos qué son los Profetas. Y después leemos el capítulo 15 y otras Epístolas del Apóstol Pablo, para ver que los Profetas son la misma cosa que un Apóstol, porque igual que un Apóstol ha visto a Cristo en doxa-luz increada gloria, también el Profeta es aquel que ha visto a Cristo en doxa increada.

El que ha visto a Cristo en doxa increada se convierte en Profeta, éste en la antigua Iglesia se llama zeóklitos-llamado de Dios. Y zeóklitos es aquel en el cual apareció, develó Dios y ha sido llamado directamente de Dios, igual que el Apóstol Pablo, etc…»

Los Apóstoles en la antigua Iglesia no tienen obispados especiales, igual que los Profetas-Obispos, pero tenían autoridad de todos los obispos. Más tarde, este estado espiritual se ha perdido, y entonces los Obispos perdieron el carisma profético y no podían ejercer la obra profética que es la conducción pastoral de los fieles para llegar a través de la catarsis (psicoterapia), a la Iluminación y alcanzar la zéosis.

«De los mismos catálogos de obispos se ve que Pedro no es Obispo, es Apóstol. Porque el Apóstol no tiene obispado, sino que tenía autoridad en todos los obispados, el Apóstol constituía el obispado. Por tanto, por eso dice el Apóstol Pablo, primero Apóstoles, segundo Profetas, no dice segundo Obispos. ¿Por qué dice Profeta? Profeta no significa oficio-cargo litúrgico. Obispo significa estado espiritual; es aquel que ha llegado a la zéosis; después es maestro, etc…

Por lo tanto, la interpretación de que el obispo es aquel que ha alcanzado la zéosis, es de san Dionisio el Areopagita que es interpretación del Apóstol Pablo, es decir, interpreta al Apóstol Pablo que lo conoció personalmente y llegan a esta conclusión. Por eso se ve también en toda la Parádosis-divina entrega y tradición. Tenemos san Simeón el Nuevo Teólogo que dice que hoy en día hay algunos Obispos que en la época del Apóstol Pablo serían laicos que dirían el “Amín” no serían Obispos en aquella época.»

Hablando sobre los Profetas del Antiguo y del Nuevo Testamento, se ha localizado y dicho más arriba la diferencia entre ellos. Es decir, los Profetas del Antiguo Testamento veían el Logos no encarnado, en cambio los Profetas del Nuevo Testamento veían el Logos encarnado. Esta es la diferencia básica entre Antiguo y Nuevo Testamento.

«¿Qué es la diferencia entre Antiguo y Nuevo Testamento? En principio hemos dicho que es la encarnación. Por lo tanto, cada Profeta ha recibido la apocálipsis del mismo Cristo, del no encarnado Cristo, antes de hacerse el Cristo, cuando sólo era ángel del Señor, Logos increado etc…, puesto que Cristo se hizo con la encarnación.»

Además, el Profeta del Nuevo Testamento es miembro del cuerpo de Cristo, ve a Dios en cuerpo de Cristo, la zéosis es un estado fijo y estable, la Iglesia es el Cuerpo de Cristo Resucitado, y uno viviendo unido con el Cuerpo de Cristo, vive la victoria sobre la muerte.

El carisma profético

El carisma de la profecía no es simplemente una simple visión, sino un estado espiritual especial y particular. El Apóstol Pablo refiriéndose a la profecía, la enlaza y la conecta con la interpretación o hermenéutica y esta enseñanza la considera gran carisma. Escribe: “1 Con relación a los dones espirituales, hermanos, no quiero que lo ignoréis.

2 Sabéis que cuando erais gentiles, paganos, estabais arrastrados y empujados a los ídolos inanimados y mudos.

3 Por tanto, os hago saber que nadie que hable movido por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar y confesar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo (inspirado por y con Su energía increada jaris-gracia).

4 Ciertamente, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo.

5 Y hay diversidad de ministerios y actividades, pero el Señor es el mismo” (1 Cor 14, 1-5)

“Con el “clamar u orar en idiomas o lenguas” da a entender la noerá oración del corazón o monóloga y con el profetizar significa la interpretación.

«Y lo bello es que el Apóstol Pablo habla en la parroquia y dice: “…quiero que todos claméis en lenguas-idiomas (oración del corazón o monóloga) para profetizar”. Es decir, que seáis todos Profetas del Antiguo Testamento y que seáis intérpretes. Adquirir todos la noerá oración del corazón o monóloga, para así poder vosotros mismos a interpretar. Por eso tenemos este fenómeno, tenemos estos, según el mundo monjes analfabetos que poseen la espiritualidad, los Salmos, el Antiguo Testamento y hacen hermenéutica o interpretación.»

El carisma profético es hermenéutico o interpretación de la Santa Escritura, no tiene ninguna relación con los análisis intelectuales filosóficos y científicos.

«”Oraré para interpretar o hacer hermenéutica (1Cor 14,13), significa “orar para profetizar”. Por lo tanto el carisma profético es hacer interpretación o hermenéutica. En esto deben de poner atención y tener cuidado, sobre todo los de academia, los maestros de la Santa Escritura que hacen interpretación. La interpretación o hermenéutica de la Santa Escritura es una carisma, según el Apóstol Pablo.»

Por supuesto que, hay una relación estrecha entre los dos carismas, o sea, del carisma de “clamar u orar lenguas o noerá oración del corazón o monóloga” y del carisma de enseñar sin error, sin confusión, in-equivocadamente.

«El carisma de la profecía, resulta del carisma del “orar en idiomas o lenguas o noerá oración del corazón o monóloga”. El que posee uno, posee también el otro, uno depende del otro, y dice: “Quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas o idiomas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza (teologiza) que el que habla en lenguas, al no ser que el mismo las interprete y explique para que la iglesia, los creyentes, reciban edificación espiritual” (1 Cor 14,5). Pero esto no es absoluto, porque añade “al no ser que el mismo las interprete y explique”.

¿Pero quién interpreta? El mismo el que “ora lenguas o idiomas y posee el don de la noerá oración del corazón o monóloga”, debe interpretar o hacer hermenéutica. ¿Y esta interpretación qué es? Efectivamente, es profecía. La interpretación o hermenéutica misma es profecía. Mirad otra vez: “Quisiera que todos vosotros hablaseis en idiomas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza (teologiza) que el que habla en idiomas, al no ser que el mismo las interprete y explique para que la iglesia, los creyentes, reciban edificación espiritual”. Aquel que clama u ora en idiomas o lenguas debe interpretar, “para edificación de la Iglesia”.»

Sobre el carisma profético es la visión de Dios “cara a cara”. La enseñanza profética es el resultado de la zeoptía-visión de la divina Luz increada o de Dios.

«Conocer uno a Cristo por la experiencia, esto es el grado superior y sublime del carisma profético. Es decir, es lo de “cara a cara” (1 Cor 13,12), conocemos “cara a cara” a Dios como el Apóstol Pablo nos lo dice claramente “cara a cara, prósopon con prósopon”.

Por tanto, aquel que conoce “cara a cara” a Dios y posee también oración incesante en su interior, éste tiene el carisma “clamar u orar en idiomas”. ¿Para qué? Para profetizar, (o teologizar). Por lo tanto, éste ya lee el Antiguo Testamento y ve en todos los salmos a Cristo, en todo ve a Cristo que está en comunión con los Profetas.»

Ya que durante el Pentecostés se ha apocaliptado-revelado “toda la verdad” significa que la profecía no es simplemente la revelación de las cosas futuras, las cuales ya son apocaliptadas-reveladas, sino la interpretación de la profecía de los Profetas. Y puede hacer hermenéutica o interpretar ortodoxamente los Profetas aquel que posee noerá oración en el corazón, la monóloga o de Jesús que es la continuación del carisma de “clamar u orar en idiomas”.

«El término “profecía”, san Cirilo de Alejandría, nos lo interpreta mucho y bien y dice: profecía ya no es sobre las cosas que sucederán al futuro, ya que las cosas que se han profetizado que se harían en el futuro ya están realizadas y todas están hechas.»

Lo importante es que el Apóstol Pablo dice que vendrá tiempo que las profecías quedarán abolidas o suspendidas. Escribe: “8 La agapi-amor jamás decae y nunca falla; Pero, las profecías que hay ahora como dones del Espíritu Santo desaparecerán, los idiomas cesarán o suspenderán y las gnosis, conocimientos caducarán.

9 Todo esto en la vida futura quedará abolido, porque parcialmente conocemos y profetizamos.

10 Cuando venga lo perfecto, entonces desaparecerá lo parcial e imperfecto” (1 Cor 13, 8-10).

«Pero aquel que llega a la iluminación del corazón adquiere el principio del cambio del hombre y comienza la agapi interesada y egocéntrica a convertirse en agapi desinteresada, altruista y no egocéntrica, la que comienza cuando el Apóstol Pablo nos dice: “viene lo perfecto”. Y cuando viene lo perfecto, entonces queda abolida o suspendida la profecía, clamor u oración de idioma o lengua que significa noerá oración del corazón, también queda abolida la gnosis y lo que permanece es la agapi (energía increada amor).»

Cuando el hombre llega a la zéosis-zeoptía (contemplación de la luz increada), entonces en aquel, en este momento, queda anulada o suspendida la interpretación del Antiguo Testamento, debido a que entonces ve a Cristo “en Su doxa-luz increada gloria”.

«Cuando dice que “serán son abolidas o en suspense las profecías”, significa que cesa la energía y acción de profetizar en aquellos que hacían interpretación del Antiguo Testamento, que significa que cesa la interpretación o hermenéutica; es decir, el propósito y objetivo de la Santa Escritura es conducir al hombre a la zéosis, a la zeoptía que es ver a Cristo en doxa-luz increada gloria.

Por tanto, cuando uno ve a Cristo en doxa-luz increada gloria, quedan abolidas o en suspense las profecías, porque uno tiene delante suyo al mismo Cristo en doxa. Desde este punto de vista, para el deificado o glorificado la Santa Escritura queda en suspense o abolida. No significa que queda inutilizada, sino que cesa durante la experiencia de la zéosis. Y el glorificado utiliza la Santa Escritura para salvaguardar los fieles, etc… y sean conducidos ellos también en la experiencia de la zéosis.

“Idiomas” cesarán, es decir, durante la experiencia de la zéosis la noerá oración del corazón cesa, queda en suspense. El orador ya no ora espiritualmente. Cesa la oración porque es sustituida por la realidad.»

Después de la zéosis-zeoptía retorna la noerá oración del corazón, porque la visión, contemplación de Dios no es fija en esta vida.

Profetas existen en todos los tiempos y en todos los siglos. Estos son los verdaderos líderes del pueblo de Dios, porque hablan por experiencia, sin error ni confusión. Por eso en la relativa parábola de Cristo, Abraham al rico que se encontraba al Hades y pedía que mandase a Lázaro a predicar a sus parientes la metania, respondió: “…a Moisés y a los profetas tienen; óiganlos,…si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (Lc 16, 29-31).

Pero en la otra vida donde habrá experiencia fija de Dios, no habrá Santa Escritura, será totalmente abolida, ya no hace falta.

«Cuando tenemos la experiencia fija de la zéosis en la otra vida, no habrá falta ni la Santa Escritura, ni la noerá oración, ni gnosis teológica ni dogmas, etc.…». Amín.

 

DOGMÁTICA EMPÍRICA I, DE LA IGLESIA CATÓLICA APOSTÓLICA ORTODOXA

Ioanis Romanidis e Ierotheo Vlajos

Traducido por Xx.Jj

 

1 comentario

  1. Gianluca

    Estos articulos son una fuente de verdad dificil de encontrar hoy en dia

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