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feb 28 2014

La creación por el Ser desde el no ser de las existencias

 

cristo creacion

La creación por el Ser, desde el no ser de las existencias

 DE SAN GREGORIO PALAMÁS

 

Uno, estudiando las obras de san Gregorio Palamás, continuamente tiene la sensación de que encuentra y saborea la totalidad de las percepciones patrísticas de nuestra Iglesia, las cuales preexistían en el Padre agiorita. Tenemos, la  que no sería una exageración si formulásemos la opinión de que san Gregorio Palamás es el resumen y la correcta prolongación de la  teológica y empírica tradición patrística. Y esto ocurre con todos los temas. Además, el estudiante de las obras del Santo desde el primer momento claramente observa su apelación y utilización continua de lo que los Padres formularon, en relación con los temas que desarrolla.

Así a lo que respecta el tema por examinar, es decir, “La creación por el Ser de los seres, desde la inexistencia o no ser”, san Gregorio aparece semejante a sus Padres anteriores de la Iglesia. Pero, a la vez se destaca también como perfecto interpretador de ellos, de manera que con la libertad que le regala el Espíritu Santo puede moverse cómodamente y formular dentro de los marcos tradicionales ortodoxos sus respuestas frente a varias provocaciones de sus contemporáneos heréticos. Por eso, si en los siglos anteriores de Palamás, los Padres de la Iglesia lucharon para guardar el dogma de la hiperusia (superesencia) y súper desconocida Santa Trinidad, contra todos aquellos heréticos que rebajaban y ponían al Hijo y el Espíritu Santo al espacio de lo creado, ahora analógicamente san Gregorio Palamás defiende y formula que existe un abismo ontológico entre Dios Trinitario y el mundo creado. Esto ocurre, según el Santo, porque el Dios triádico es “el ων (on, existencia, ser) desde el principio”1, el cual como autoexistencia2 “produce del no ser o inexistencia muchos seres o existencias”3. Así que Dios considerado como “principio y superprincipiante” y como “ser y más que ser”, en ningún caso se incluye con las creadas, porque el mundo creado tomó su existencia del no ser o la inexistencia, por eso exactamente lleva en su interior por naturaleza la tendencia hacia la inexistencia5. Dice san Gregorio Palamás, que la enseñanza del Espíritu Santo nos declara “que Dios es el único ser o existencia real, siempre e incambiable ser”6. Por lo tanto, la distancia ontológica que distingue el increado Dios del mundo creado es incalculable, porque en ningún caso “lo que está producido de la inexistencia es igual co-eterno sin principio y del siempre ser (Dios)”7. Adicionalmente, el Santo queriendo formular más clara la esencia etérea del increado y creado e interpretar la dependencia del mundo creado del Dios trinitario, enseña que los seres creados son productos del libre movimiento de Dios y no de su esencia8. Por eso aquello que es producto de la voluntad de Dios, es ergo-obra empezada, porque es resultado de su energía y no de su naturaleza, entonces existe a causa de su participación en las no empezadas. En cambio aquellas que son productos de la esencia de Dios son sin principio y perpetuos de Dios, por lo tanto consubstanciales con Él. Así el Hijo, como nace del Padre, y el nacimiento es movimiento de la esencia del Padre, y el Espíritu Santo se proyecta por el Padre, y la proyección o procedencia es movimiento de la esencia del Padre, entonces las dos personas divinas, el Hijo y el Espíritu, son de la misma esencia que el Padre, por lo tanto son sin principio como el Padre, pero equivalentes, igual dimensión, potencia y energía con él. El Padre como progenitor del Hijo y proyector del Espíritu Santo, es “deidad teogonos, fuente de deidad y origen de deidad”, el que progresa o avanza naturalmente en el concepto de manera divina o según el modo de Diso; y no “del no ser o inexistencia” y por su voluntad el Hijo y el Espíritu Santo13. Dice el Santo que con esta forma inefable podemos llamar al Padre como causa de las dos personas divinas de la Trinidad, y que el Hijo y el Espíritu Santo son causados de este14. Pero este inefable misterio se formula sólo apofáticamente y ningún acoplamiento se puede hacer con lo que ocurre en la génesis de los creados. En este caso el principio creador es el Padre, el cual es fuente de todo dentro en la Triada pero también en la Triada económica, para que de esta manera se proteja el dogma de la monarquía (único principio) del Padre16, el cual Padre, por el Hijo, en Espíritu Santo crea todo17. Por consiguiente, el discernimiento entre esencia y voluntad-energía a Dios está claramente manifestada por lo dicho anteriormente y también de lo que más abajo se analiza. Porque los productos de la esencia del Padre como monarca (único principio) son increados, perpetuos y consubstánciales con él. En cambio los resultados de la divina energía son creados, no perpetuos ni sin principio. Esta diferencia ontológica de los productos de la esencia y los divinos progresos o proyecciones18 acentúa la desemejanza entre creado e increado y enseña, tal como se ha dicho, el discernimiento entre esencia y energías en Dios.

Dice san Gregorio Palamás, apoyándose en la enseñanza y tradición patrística, que cuando hablamos sobre los seres creados, hablamos fraudulentamente. Eso porque este sobrenombre (se refiere al ων on, ser) pertenece exclusivamente y por excelencia a Dios que es el “verdadero ser real”. Los seres se llaman con este término porque participan de las proveedoras divinas dinamis, potencias y energías20. Finalmente seres, según el Santo, se consideran las divinas progresiones y energías. En estas participan ontológicamente los seres creados y a causa de esta participación cada uno de los seres es, está y vive21. Sobre el tema en cuestión acude también a la enseñanza de san Dionisio el Areopayita22+++++++++++++++, para consolidar su tesis. La “del no, al ser” generación, existencia y mantenimiento de los seres se debe exclusivamente sólo en la cohesiva energía divina, la cual es increada y surge de la divina esencia. Por lo tanto, si las creadas tienen relación con Dios, esta relación se refiere única y exclusivamente en las divinas energías y esta co-participación funciona por la jaris23. En absoluto con la esencia de Dios que no tiene ni puede tener el mundo creado. La divina esencia es trascendental y no participada24. Al contrario que las divinas energías, la esencia de Dios es anónima e “inconcebible totalmente”25 y “ es superior, más que cualquier nombre”26. Además, supera hasta estas divinas proyecciones o progresiones, porque la esencia es la fuente y la causa de ellas27, siempre este concepto bajo la concepción y percepción estable de la monarquía (único principio) del Padre. Así la divina esencia jamás y en ningún caso se denomina y cualquier nominación no se refiere a la esencia, sino a las energías. Aún hasta nombre “Dios” (visible, espectable) como también Ων (On, ser, existencia) y otras nominaciones son consideraciones de las cosas que ocurren sobre Dios y no manifiestan la esencia y la naturaleza de Dios28. Las energías no son por sí mismas autohipostasiadas sino movimientos de la esencia de Dios se dicen naturales y esenciales son increadas y sin principio, pero sin identificarse con la esencia, tampoco provocan cualquier división o composición en ella29. Lo divino es increado sobre su esencia, sobre el discernimiento de las hipostasis de las tres divinas personas, pero también sobre el discernimiento de las divinas progresiones y energías30. Entonces las energías como esenciales y naturales movimientos de la divina esencia, existían antes de la creación31 y estas al tiempo preciso que Dios juzga, realizan la voluntad de Dios de generar, crear “desde el no ser o inexistencia” los seres creados. Por eso las creaciones son productos de las divinas progresiones mediante las cuales como resultados nosotros conocemos no la esencia sino la potencia y energía de Dios32. Las divinas voluntades y donaciones, como hacedoras de las creadas, se llaman y son seres o entes pragmáticos, reales33, porque los seres creados como creaciones existen a causa de su participación de las providencias y bondades de Dios34.

El sabio, sobre Dios, nus de san Gregorio Palamás, con lo que se ha expuesto anteriormente, aspiraba a uno e único fin: En cómo garantizar, consolidar lo increado de las uniones y discernimientos a Dios y proyectar, representar el abismo ontológico de dos tamaños o magnitudes desiguales creado e increado, y destacar la dependencia ontológica de los seres creados con las energías increadas. Según el Santo, cualquiera que se atreva a nombrar los discernimientos y entiende las divinas energías llamarlas energías creadas, entonces se hace seguidor fiel de Barlaam y Akíndinos, los cuales proclamando la energía creada porque es participada por las creadas35 y como insensatos rebajaban en creación también su unión, es decir, la divina esencia de la cual provienen las divinas energías. En Dios no es comprensible hablar sobre creadas e increadas. Solamente hablamos sobre las divinas y no de las creadas36. De otra manera, interpreta san Gregorio,  inevitablemente según Barlaam y Akíndinos “debemos hablar sobre creadas e increadas también durante la unión y el discernimiento”37, o  aún creamos un creado-increado sobre Dios y esto es válido para los Barlamitas, según el Santo, “de dos cosas contrarias cohabitadas en la deidad, caemos en el diteismo o dos dioses o doble deidad”38.

Paralelamente junto con lo anterior, san Gregorio Palamás enseñando sobre la diferencia de creado e increado, quiere recalcar que las divinas energías se disciernen de la divina esencia precisamente porque unen los seres creados con el increado Dios por la jaris y por sus causas existe relación ontológica entre creado e increado. Pero Dios Trinitario actúa en la creación y en la historia no como ser impersonal sino como Dios personal increado, por eso también sus energías son personales-increadas y no creadas39. Si las divinas energías son creadas, entonces el que introduce algo así “divide la una deidad en creadas e increadas, y este finalmente dividido de la divina jaris y separado de los piadosos y se une más a Arrio, Evnomio y Makedonio”40.

Guardar la correlación del dogma ortodoxo con el tema de la salvación que emprende san Gregorio Palamás, es correlativa con la enseñanza de los santos Padres de nuestra Iglesia, los cuales veían en la conservación y cumplimiento de la conducta prudente un equilibrio fino del principal tema sobre la sanación y salvación. Sobre el tema en cuestión, preguntado san Epifanio de Chipre: ¿por qué tanta lucha por los dogmas? Contesta: «Nuestro propósito no es que nosotros confesemos sobre la deidad… de la insensata composición de nuestra carne. Sino debemos de hablar y entender piadosa y ortodoxamente para que no seamos perdidos»41. La ortodoxa doxa- gloria, opinión y alabanza de la fe en Dios es un tema de vida o muerte. Si la hacedora providencia de los seres y las divinas progresiones son creadas, entonces, aparte de que tenemos de buscar –y esto infinitamente, por lo tanto vanamente- dónde ellas tienen su causa43, a la vez constituimos imposible la sanadora y salvadora gnosis de Dios. Los que adoptan una cosa así caen en la oscuridad total. Por fin, dice san Gregorio, ¿a dónde nos conducimos si llamamos las energías de Dios creadas? ¿Quizá, Dios es imperfecto y al tratar de hacer los seres creados necesitaba otras energías y potencias creadas? Y añade: ¿De dónde  muchos santos… sí no participan de la santidad de aquel? ¿De dónde muchos dioses… sí no participan de su deidad? ¿De donde los reyes y señores…, sí no participan de su realeza y señorío ¿Entonces participan de creada realeza, deidad y santidad como dicen. Lejos de esta blasfemia. Porque el que dice esto hace a Dios creación y llama creada también su realeza, su deidad y su santidad45. El argumento empírico-teológico de san Gregorio es que si las energías son creadas, entonces la zéosis del hombre es irrealizable, porque lo creado no puede salvar lo creado, por lo tanto, la sanación, salvación y la zéosis no se co-realiza por medios creados46.

A pesar de todo esto, desgraciadamente, apunta san Gregorio, y da a entender a Barlaam, Akíndinos, Grigorá y sus semejantes todos ellos pretenden que “cualquier otra cosa excepto la esencia es creada47, y aún son diceitas y politeítas (dos dioses o multi-dioses), los que aceptan increados los discernimientos que ocurren en Dios48. Finalmente el “engaño barlamita” tal como lo llama el santo, no sólo hace ídolo a Dios, sino que repite el trópico monarquianismo de Sabelio quien malamente aceptaba tres esencias destruyendo las divinas hipostasis, en cambio ellos con lo que enseñan, por distinta edición dicen “doble la esencia” mezclando y confundiendo de esta manea la esencia y la energía de Dios aceptando la «energía de la voz como fina50.» La energía divina tal como se dijo, según la enseñanza de los padres y la experiencia de nuestra Iglesia, es un lazo secreto de creado e increado, la cual energía realiza la relación ontológica y la supergenial unión del hombre y Dios51.

San Gregorio Palamás tocando el espacio de la teología, tal como dijimos, considera al Padre como la causa primordial del Hijo y del Espíritu Santo. La persona del Padre, por otro lado en el espacio de la economía es la fuente, la causa también de las creadas52. El Padre es “monarca-único principio” y la “causa hipostática” de las otras dos personas divinas endotriádicamente, pero a la vez es también la fuente de la divina voluntad y las divinas energías exotriádicamente (exteriormente trinitario). Ninguna energía del Padre se manifiesta en la creación aisladamente. Sigue la forma de manera divina o según Dios “del Padre, por el Hijo y en Espíritu Santo”, percepción la cual primero la desarrolló san Atanasio el Magno56, y que a continuación adoptaron también los otros Padres, como san Epifanio57, san Basilio el Magno58, etc. Esta forma divina de movimiento económico no expresa imperfección, esclavitud o sumisión de las dos divinas personas al Padre. Cada persona divina energiza u opera en la creación y en la historia con plena iniciativa propia. Este movimiento interpreta la equivalencia de las divinas personas y expresa la misma libre voluntad de ellas59, la cual surge de la identidad su esencia y hace funcionar la secreta unión de las divinas energías. Vale la pena señalar que sobre el tema en cuestión, san Gregorio Palamás describiendo el papel de la Trinidad económica, en ningún caso teologiza en los marcos de la economía. Mantiene este principio del discernimiento entre teología y economía, principio que lo ha introducido primero san Atanasio el Magno60, y a continuación siguieron sin desviarse todos los Padres ortodoxos. Así, explica el santo, las cosas que funcionan en el espacio de la Deidad, funcionan por esencia, en cambio las que tienen relación con la economía funcionan por la divina voluntad y energía. Por lo tanto, trabajo de la divina naturaleza es el perpetuo nacimiento del Hijo y proyección del Espíritu Santo, movimiento que no tiene ninguna relación con las existencias o seres creados, en cambio trabajo de la divina voluntad y proyección es la constitución de la creación en tiempo y por absoluta libertad. Esto certifica que la naturaleza divina precede y aventaja o está por encima de la divina voluntad61, “la cual no recae en tiempo ni está llevada por alguna necesidad”, como también interpreta san Epifanio62. En este punto exactamente se culmina la argumentación de la realidad sobre discernimiento de esencia y energía a Dios, la cual interpreta y asegura la consubstancialidad del Hijo y del Espíritu Santo respecto al Padre y entre las divinas personas y determina la diferencia entre creado e increado, hecho por el cual tanto luchó san Gregorio Palamás. Entonces lo creado no está hecho por la naturaleza de Dios y Padre… sino de la voluntad63.

De todos modos es impresionante por parte de Palamás su acercamiento a los demás padres sobre sus interpretaciones teológicas o económicas. Sobre el tema en cuestión se refugia a san Basilio el Magno, san Cirilo de Alejandría etc, para explotar el versículo triadológico del salmo 32,6: “Porque con el logos de Dios fija los cielos y el espíritu de su boca toda su dinamis-potencia y energía”. Con el desarrollo de este versículo garantiza lo inseparable de la energía creativa de las divinas personas en la economía para todas las creadas, visibles e invisibles, la cual sigue la forma de manera divina “del Padre, por el Hijo y en Espíritu Santo”; y a la vez exalta lo consubstancial y equivalente de las tres divinas hipostasis54 de tal manera que sean distinguidas las uniones y los discernimientos, puesto que de la “naturaleza trishipostasiada” la común energía de la Trinidad es causa de las exteriores y se divide en miriadas65++++++++++++.

Para todos los Padres de la Iglesia y para san Gregorio Palamás el discernimiento de esencia y energía a Dios edificaba también otro marco de fe y vida, que es aquello de la gnosis teológica. Esta forma o plano ortodoxo explica cómo y porqué Dios se conoce pragmáticamente de los creados por sus energías, por supuesto no por su esencia, la cual es inaccesible. Esta comunión la expone el Santo con el logos de san Máximo: “… el digno y merecido de aquella conexión inefable e inenarrable… se convierte todo o que es Dios pero sin identificarse con la esencia”66. Así que “los dignos” se harán herederos no de la naturaleza y la esencia de Dios sino de la deificante jaris y la divina realeza, la cual aunque no es la naturaleza de Dios porque ella es inaccesible, sin embargo, es energía natural que sigue naturalmente a Dios y se considera siempre inseparable de él67. Tal como el sol, enseña san Gregorio, es tanto el rayo como el cuerpo por el que proviene el rayo y por un lado el cuerpo como está sobre o por encima es inabordable, inaccesible y por otro lado el rayo como sufrida o experimentada es accesible o abordado, pero el sol y el rayo no constituyen por eso dos luces ni dos soles; así deidad se llama y es tanto el regalo divino, es decir, la energía, como también la principiantísima divina naturaleza, la cual por sí misma lo regala, pero sin tener, ser dos deidades68, la que está sobre o por encima, inaccesible y la sufrida e accesible, tal como lo percibían y entendían Barlaam y Akíndinos la esencia y las de forma divina proyecciones y energías. Por lo tanto, entre Dios y los seres creados no hay como intermediario un dios sufriente –lejos de esta blasfemia-, sino abismo ontológico indestructible, el cual tiene como puente con las naturales y esenciales divinas energías, las cuales sus existencias de no dependen las creadas, sino que son perpetuas y sin principio71. Así que las divinas energías como increadas preexisten antes de todos los creados.

Pero los seres aunque son creados y tienen principio, como logos (causas) de los seres existen antes de la creación en la divina voluntad como “paradigmas” como “proyecciones” o como “voluntades divinas y bondadosas” “definidos, designados y creadores de los seres”72. La existencia y la estructura de cada ser creado expresa de manera absoluta aquello que existía perpetuamente en la voluntad de la Deidad trinitaria. Por lo tanto, esto que Dios quiere eternamente y existe perpetuamente en su voluntad, esto también es lo que se realiza, cuando Dios decida con sus energías, las cuales analógicamente se llaman “creadoras de esencia, vida y sabiduría, o esenciativas, vivificantes y sapienciales”73. Se llaman energías de Dios, porque Dios según su voluntad, define proporcionalmente como productor, adornador y cuidador de todo; unos de los seres o existencias participan de su esenciativa energía de manera que existan sin psique; otros aparte de existencia tienen también vida y sean vivos porque participan de la vivificante energía; y otros participar y tener también la energía sapiencial de Dios y por eso ser lógicos. Pero los seres que han recido vida lógica y noerá (espiritual humana) y voluntariamente se dirigen hacia Dios y llegan a unirse con él y viven divina y supergenialmente, estos se hacen dignos de participar también de la deificante, glorificante o divinizante jaris y energía. Entonces, la forma de los múltiples tipos de los seres o creaciones es análoga de la participación de los seres a las divinas energías75. Así que mientras cada ser en especial y todos los seres en general, se encuentran en una inmediata relación y dependencia con la preeterna voluntad de Dios y participan de sus increadas energías diversamente75; a la vez la manera de existencia y funcionamiento de estos, formula, estampa los logos (causas) de la creación y de la divina economía, los cuales como logos de los seres existían preeternamente en la creadora voluntad de la Santa Trinidad76. Es por esta la razón que dice san Gregorio: “Dios contemplaba todo antes de su nacimiento77. Por lo tanto, queda rechazado todo concepto sobre divinas energías creadas, puesto que mediante lo creado como estampa materializada de la divina voluntad, también podemos y ascendemos a la gnosis del increado Dios. Así los logos de los seres constituyen fuente de teognosía, porque cada ser tiene construcción divina. Esto lo expone el Santo basándose a san Dionisio el Aeropayita78. Y esto coincide con san Basilio el Grande quien dice que la creación con su silencio clama su propio creador y Señor79. Sin embargo, no se le escapa a san Gregorio que la verdadera instrucción y gnosis de Dios, empieza con la catarsis (sanación) del nus que tiene como cimiento el temor a Dios. A continuación del temor nace la continua súplica de contrición y recogimiento hacia Dios y la guardia de los mandamientos divinos; y cuando mediante ellos sea realizado el intercambio con Dios, entonces el temor se transforma en agapi-amor y el dolor, angustia de la oración se convierte agradable y brota la flor de la iluminación80. Este divino regalo es privilegio sólo del hombre, porque es el único de los seres quien está hecho como imagen de Dios y puede libre y personalmente dirigirse hacia Él e hipostasiar (fundamentar) las divinas energías en su interior81. Por los tanto, los purificados, sanados o los que han hecho la catarsis, conocen empíricamente “por… la divina fotofania (alumbramiento interior) hecha en sí mismos, que es Dios y qué clase de luz es o más bien fuente de luz espiritual e inmaterial”82. Por consecuencia, el hombre conoce a Dios con su experiencia personal vivida de la divina jaris, como también mediante los seres creados, los cuales a causa de su creación divina llevan consigo su relación con Dios.

De acuerdo con el plan del Dios trinitario, la voluntariosa y creadora energía divina, que se llama también Dios83, no sólo produjo los seres en el ser y diversamente85, sino que provenía para ellos con su dinamis-potencia y energía cohesiva y vigilante86. Todo participaba de la providencia de la surgente deidad causa de todo85. El principio del mal comienza por la desviación de los seres lógicos que hicieron mal uso de su independencia que les regaló Dios87. Primero decayó el diablo, quien tiene naturaleza noerá y lógica88 y se hizo intermediario y causante de la necrosis (mortificación oscurecimiento)89. “Deseó orgullosamente asimilarse en el poder como el Hacedor”90. Así que fue abandonado de Dios, puesto que él le abandonó primero. Esto ocurrió porque Dios es bondad viva y vivificador de los vivos y como bondadoso no acepta que le toquen los participes del mal, el diablo91. Por consecuencia el diablo como llegó por su propia voluntad al mal se hizo espíritu muerto (espiritualmente), en el sentido que la muerte se interpreta por el Santo como privación y expulsión del “vida real” y debilidad de los creados a participar en la jaris increada 92. Así el diablo comulgando, estando en comunión con la apostasía, también tomaba comunión de su propia oscuridad y necrosis93. El concepto de muerte, tal como se interpreta por san Gregorio Palamás y los demás Padres, particularmente para los seres lógicos, significa la alteración, enajenación de ellos de la vida de Dios. Esta realmente es la tremenda muerte, apunta el Santo, vivir inmortalmente y a la vez haber muerto o estar muertos. Dice que muchos de los vivos aquí, están muertos porque: ¿cómo pueden vivir si tienen sólo la vida creada?94 Esta percepción del Santo está absolutamente de acuerdo y alineada con todo que repetidamente recalca sobre lo creado e increado. La ascensión del no ser al creado a ser no le asegura la vida real verdadera sino comulga, participa de esta vida, porque trae consigo innata la tendencia hacia el no ser, la muerte. En este tema es clarísimo el Santo95. Desgraciadamente en esta red de la muerte ha caído el hombre. Con su voluntaria infracción del mandamiento de la vida96, el hombre giró por sí mismo y toda la creación lejos de Dios. El mundo sensible se creó antes que el hombre, pero para el hombre aclara el Santo97. El hombre no se había creado sólo para ser gobernado, sino también gobernar en todo sobre la tierra98. Adán fue dotado con el “como imagen” y con el poder y posibilidad del “como semejanza”, siendo partícipe “del divino alumbramiento y esplendor”99. Así, según el Santo, la naturaleza humana trinitaria, la cual se hizo como imagen de la “sublime Trinidad”, porque es nus (noerá), logos (lógica) y espíritu (espiritual) correspondía al tripartito de la Deidad: Nus, Logos y Pnevma (Espíritu), así debía mantener, guardar su orden. Que sea seguidora de Dios.  Que sea aparejada sólo en Él. Y en él esté sometida y convencida sólo hacia él, ver y estar contemplando hacia él siempre, teniendo continuamente su memoria dirigiendo hacia él su ardiente agapi100. Desgraciadamente los progenitores fracasaron. Voluntariamente se alejaron ellos mismos de la memoria y contemplación de Dios. Despreciaron y rechazaron el mandamiento de Dios, se pusieron de acuerdo con el espíritu muerto del satanás y comieron del árbol prohibido, a pesar de la opinión del Creador. Así quedaron desnudos de las prendas alumbrantes y vivificantes que se dan por el supremo esplendor de arriba, y se convirtieron también ellos muertos, hay que pena, como el satanás. Como el satanás no es sólo espíritu muerto, sino que mortifica también a los que se le acercan, pues este contribución mortificante se aplicó al hombre en la praxis101. Por lo tanto, el pecado del Adán no era sólo una infracción de un mandamiento ético. Era un fracaso ontológico de su libertad de unirse a sí mismo con la creación de la cual era el soberano, con Dios, para vivir el mundo. Esencialmente con la desobediencia el hombre traía en participación el mundo creado con el creado sí mismo, es decir, el de no ser o inexistencia ser, puesto que el mismo quiso hacerse Dios. Así que partió la totalidad de la creación de la vida real y la conducía a la inexistencia  o no ser, la muerte. Señala el Santo, que sin darse cuenta el hombre destruyó y desgarró miserablemente su innata belleza y rompiendo y dividiendo con su insensatez al mundo interior de su triádica y supercósmica psique102 que por la agapi se estaba transformando. Los ángeles con sus ojos contemplaban la constitución del hombre y “el hombre formado por la jaris de Dios” y “veían otro Dios” dice san Gregorio103. Pero vio también el ojo maligno, la serpiente del mal inicial. Esperó «…entró, sedujo –hay de nuestra facilidad y la maldad de aquel- introdujo el virus en la psique y mortificó lo vivido allí, … ennegreció la psique; se nos redujo la belleza divina, nos hemos privado de la forma divina, echamos la luz, nuestra semejanza a la luz sublime la hemos corrompido, nos hemos rodeado de la prenda de las tinieblas…”104 “Hay que daño en qué nos hemos convertido” (se refiere a nuestra persona con rostro como hombres)105. Así nos hemos degradado terminando en la patología de los seres creados. Ahora gemimos deseando lo que hemos perdido106.

Afortunadamente, dice el Santo, con la ancestral infracción expulsamos lo “como semejanza”, pero lo “como icona, imagen” no lo hemos perdido107. Pero los seres aunque se hicieron miserables faltándoles la doxa-gloria del creador y la creación parecía desnuda y desierta108 y todo progresaba hacia la inexistencia; finalmente no se demostró la creación tan miserable ni el bondadoso Dios se vio tan débil109; aunque la cadena de muertos nos sigue, y el Santo quiere decir nuestra entrega al pecado, la corrupción y el finalmente a la muerte110. El mismo Dios viene a la lavar la derrota de nuestros ancestros y sanar el trauma de la raíz del género humano111. La economía en Cristo constituye una nueva recapitulación de la primogénita creación. El Padre por el Hijo en Espíritu Santo celebra la regeneración, renovación del mundo112, con epicentro naturalmente el hombre, porque el hombre por su desobediencia quiso ser el principal dominante y el punto culminante de referencia de la creación, con consecuencia de hacerse grave la supervivencia de los seres en el período post caída. Ahora el mundo creado no es posible progresar hacia la inexistencia, sino que se reestructurará, mientras se desate, hacia lo más divino con la dinamis-potencia y energía del Espíritu Santo113; porque la ennegrecida naturaleza de Adán otra vez se ha deslumbrado y transformado en la doxa-gloria y esplendor de la Deidad114. Ahora el hombre y el cosmos pueden tener cierta la esperanza de la sanación y salvación. El punto culminante de nuestro regreso a la belleza ancestral constituye la Metamorfosis en el monte Thavor, recalca el Santo: «De este divino alumbramiento y brillantez, viendo la naturaleza desnuda por la trasgresión, el Logos de Dios se dolió pos su fealdad, y mientras la tomó encima Suyo por Su gran caridad, la mostró, otra vez encima al monte Tavor vestida más brillante, a Sus alumnos preferidos. (Mt 17,12). Es decir, presentó qué éramos una vez y que seremos por Él al futuro siglo, se preferimos aquí vivir Su voluntad, tal como dice la lengua de oro Juan.»115

Por Nikolaos Nikolaídis 

Profesor de la universidad de teología de Tesalónika

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