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mar 28 2014

Homilía 85 – Apocalipsis – Yérontas Mitilineos

 

 

Apocalipsis de Juan

1. Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más (Apoc 21,1).

Homilía 85, realizada en el año 1980. Después de la renovación de todo el mundo del universo, el Evangelista sagrado ve a continuación del capítulo, el alojamiento de la nueva Jerusalén que baja del cielo; es decir, la Iglesia, que habita en este nuevo espacio renovado. Toda esta renovación del universo y de los hombres piadosos que resucitarán con sus nuevos cuerpos incorruptos, se llama por el Señor παλιγενεσία (paliyenesía, regeneración, renacimiento, re-creación). Lo que hablaremos hoy se llama en una palabra paliyenesía. Esta prometió el Señor a sus alumnos y a través de sus alumnos para los creyentes de todos los siglos. Escuchadla Mateo 19, 28-29: “Y Jesús les dijo: Amín, de verdad os aseguro que en la παλιγενεσία regeneración cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre los doce tronos, para juzgar las doce tribus de Israel y todo aquel que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o hijos, o tierras, por mi nombre, en la παλιγενεσία regeneración recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna”. Además, esta regeneración, queridos míos, es el propósito, objetivo final del cristianismo, es el objetivo de todas las luchas, esfuerzos y sudores. Para esta regeneración luchamos, que seamos los habitantes de este nuevo mundo. Si se corta esta realidad esjatológica, es decir, decimos que no existe esta regeneración, entonces se sustrae todo el significado y sentido del mensaje del Evangelio.

Debo deciros, aunque lo he repetido muchas veces en mis homilías, que el cristianismo no es un sistema social para solucionar los problemas sociales o el problema social, para que digan que el cristianismo está imposibilitado y no puede solucionar el problema social y por lo tanto está fracasado y pasado. Esto es un error grandioso de punto de partida cien por cien. El comienzo a interpretar las cosas es equivocado desde su punto de partida. Simplemente sería un error trágico decir que el cristianismo es un sistema social, así lo subestimamos y lo hacemos totalmente humano. El cristianismo es salvación ontológica (realidad existencial). Si uno estudia aunque sea elementalmente el Evangelio encuentra aquellos párrafos que componen la columna vertebral del cristianismo en el espacio espiritual y ético. Por ejemplo uno que dice: “Bienaventurados los que por su voluntad son pobres porque de ellos es la realeza de los cielos”. ¿Si por su voluntad son pobres, entonces qué sistema social alguna vez bien-aventuraría o felicitaría la pobreza? Poder ser rico, poder vivir, comer y beber con todas tus comodidades materiales para ser feliz y después yo que te diga que serías feliz si voluntariamente negases los bienes materiales. ¿Pregunto? ¿Qué sistema social te dice esto? Ninguno. Muchas veces lo he dicho, si yo quisiera ser diputado y saliera al balcón a decir: Votadme y os obligaré a que todos seáis pobres ¿Quién me votaría, quién? Pues, esto dice el Evangelio. ¿Cómo es posible que el cristianismo pueda resolver el problema social? Simplemente porque no es un sistema social. Es religión apocalíptica (revelada de Dios). (Dios ha religado lo increado de Él con lo creado mediante la energía increada jaris y se revela mediante ella a los hombres triádicamente). ¿Por qué no piden al budismo o al islamismo resolver el problema social? Simplemente porque son “religiones” creadas por hombres mortales y no resucitados. El cristianismo no tiene ninguna relación con el sistema social. El cristianismo es verdadera religión, verdadera fe, basada sobre los acontecimientos y es salvación ontológica, resurrección de los muertos. Además, la realeza increada de Dios no es comida ni bebida. Lo dice claramente san Pablo, cuando resucitemos en la realeza de Dios no comeremos, ni beberemos, ni nos casaremos, tampoco desarrollaremos cultura, nada de todo esto. Todo esto es totalmente ajeno, extranjero, es terrenal, es de la secularización y de las pretensiones que existen en ella. Son cosas totalmente extranjeras, ¿por qué pues, debemos de decir que el cristianismo deberá servir situaciones mundanas materialistas? ¿Por qué? Por un lado y esta interpretación no es mía, si decimos que el cristianismo debe resolver el problema social es herejía al nivel social. Tal y como decimos que tenemos herejías al nivel teológico o ético. Cuando digo que la lujuria o la prostitución no es nada, es herejía al nivel ético. Si digo que Dios no es trinitario es herejía al nivel teológico. Si digo que el paraíso está aquí en la tierra y que aquí tengo que comer y beber disfrutando materialmente es herejía al nivel sociológico. De todas formas herejía. Y cada herejía subestima el cristianismo. Haciendo un intermedio sobre el tema, os digo esto, porque últimamente muchas cosas se oyen y perturban y remueven a muchos. Tienen la sensación que el cristianismo ha fracasado. ¿Por qué ha fracasado? Cristo ayer, hoy y el mismo en los siglos.

Sólo podemos decir que el cristianismo ha fracasado cuando no se haya realizado la resurrección de los muertos y cuando el universo no se haya regenerado. Sólo entonces podemos decir que tenemos fracaso del cristianismo. Pero estas cosas no ocurren, no existe eso. De todos modos, tal y como os he explicado y lo repito, si se corta esta realidad esjatológica, es decir, que no tenemos regeneración, entonces del cristianismo se extrae todo el sentido y significado; el Evangelio ya no tiene ningún significado, nada. No olvidéis que estas tesis, queridos míos, son del anticristo. Repito del anticristo. No os remováis ni os perturbéis, tened cuidado, cada uno puede votar lo que quiera es su derecho, pero no puede decir que el cristianismo ha fracasado o que el cristianismo servirá a las cosas del Cesar, no puede estar diciendo esto. El Señor lo dijo claro: “Lo que es del César para el César y lo que pertenece a Dios para Dios”. Lo que pertenece al César se lo darás, tu impuesto, tu voto, es tu derecho. Pero lo que pertenece a Dios se lo atribuirás a Dios. No las mezclas, hermano mío, estas cosas. El Señor lo dijo muy claro esto.

(12) Pues, es relevante, que el primer libro de la Santa Escritura, el Génesis empieza con la creación del cosmos-mundo y el último el Apocalipsis termina con la regeneración del cosmos-mundo. Leemos por ejemplo al primer libro: “En el principio creó Dios el cielo y la tierra” ¡Qué majestuosidad! En el último libro del Apocalipsis, penúltimo capítulo, 21,1: “Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron y el mar ya no existía más.” ¡Majestuosidad! ¿Y quién es el creador tanto del primer, como del segundo cielo y tierra? Quién otro puede ser, queridos míos, sino Él mismo, el santo Dios Trinitario. Es el Padre que crea por el Hijo en Espíritu Santo. Escuchad cómo el Evangelista Juan escribe esto al prólogo de su Evangelio:

1 Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ Λόγος… (en arjí in o logos)

1. En el principio el Logos era, es y será eterna e infinitamente; y el Logos existía con Dios y está en Dios; y Dios era y es el Logos.

En el principio, el espíritu infinito, el de la creación espiritual y material existía siempre como el Hijo y Logos de Dios que nace del Padre como infinito y vivo Logos de Nus infinito, perfecto y sabio. El Logos como segunda hipóstasis de Santa Trinidad existía y está siempre inseparable de Dios y el Logos es Dios perfecto e infinito tal como el Padre y el Espíritu Santo.

2 Él existía y está desde el principio de la creación siempre unido a Dios.

3 Todo fue hecho por él y sin él, es decir, el Logos de Dios, no se hizo nada de todo lo creado.

Esto en la primera creación. En la segunda re-creación o regeneración Apocalipsis 21,5: “Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas cosas.” ¿Quién? Es el mismo.

La primera vez como Dios Logos y la segunda como encarnado, humanizado Dios Logos. ¡Qué grandeza, qué profundidad! Y nosotros nos ahogamos, queridos míos, en una cuchara de agua, si comeremos bien o no. Pobreza, pobreza, qué miserables somos. Pues, si sintiésemos así las cosas en nuestro interior, si sintiésemos esta majestuosidad de Dios, de manera que pudiésemos decir, cuánto podrían amar los hombres al humanizado Dios Logos por su potencia, su energía, su sabiduría, su agapi-amor. Pero otra vez debo de recordaros, por vuestro agapi, lo que decíamos en el penúltimo tema, que el mundo antiguo que se va y toma su lugar el nuevo, no desaparece del todo, no se anula al cero, no se desmaterializa, sino que se renueva. (16´) Es lo que dice san Andrés, metástasis (traspaso) de la corrupción a la incorrupción. El mismo cosmos-mundo pasa de la corrupción a la incorrupción. Permanece en su sitio y cambia, nada se va sino que cambia de la corrupción a la incorrupción. Atención, esto es dogma de fe. Es un punto de partida. Porque para el tema de la resurrección de los muertos es el cuerpo que se hace nuevo. En este caso no tenemos una situación o estado espiritual. Por eso os leeré el 11º canon del 5º Sínodo Ecuménico que asegura este caso. Repito es de suma importancia. Dice el canon 11: “aquel que dice que el juicio futuro significa anulación total de los cuerpos, es decir, que no existirán y que el fin del tema es que llegaremos a la materia inmaterial, es decir, que el mundo habrá perdido su hipóstasis material (base substancial) y que en lo referente a la materia no habrá nada al final, sino que habrá nus o espíritu desnudo y no materia, el que dice esto que sea anatematizado (separado de la Iglesia)”. Esto es lo que dice la Iglesia.

Anatema quiere decir separado, es decir, no pertenece a la Iglesia es herético. ¿Lo habéis oído? Es un significado fundamental. De este punto de salida empezamos para el cuerpo de Cristo para nuestra salvación ontológica, porque esperamos salvación del cuerpo etc. Si, pues, esta tesis no la asimilamos, no la digerimos bien y no la creemos, entonces no hacemos nada. Y si permanecemos en nuestra opinión, habéis oído lo que dice el canon: sea anatematizado. Es decir, que esté separado, es herético aquel que no acepta esta tesis.

En la pregunta: ¿Qué precede? ¿La regeneración de los cuerpos humanos o la regeneración de la creación? Sobre esta pregunta contesta san Nicodemo el Aghiorita de la siguiente manera: Lo normal es que sean primero renovados los hombres y hacerse incorruptos por la resurrección y (20´) después renovarse y hacerse incorruptibles todos los elementos y la creación. Por lo tanto primero los hombres y después la creación. Como primero se hizo corrupto el hombre dentro del paraíso, cuando infringió el mandamiento de Dios; y después se corrompió la creación para el hombre; así también primero debe de hacerse incorrupto el hombre y después para el hombre que se haga incorrupta la creación. Es decir, con el mismo orden de entonces ahora la renovación. De la misma manera que se hizo entonces la corrupción se hará la renovación, es decir, primero cayó en la corrupción el hombre y ahora primero se regenerará o renovará. Después siguió la corrupción de la creación y ahora seguirá la renovación de la creación. Y esto se ve por aquello que dice a los tesalonicenses, capítulo 4º el mismo Pablo, es decir, “que en el tiempo de la resurrección aún habrá hombres vivos. Los cuales en ráfaga cambiarán y se harán incorruptibles.” No sería posible que quedaran vivos los hombres si primero se renovara la creación. ¿Por qué? Porque con el fuego de aquella energía súper drástica y súper cáustica (o ardiente) serían destruidos y disueltos por ella. Porque el universo sufrirá pírosis, un calentamiento, terrible. Entonces no podrían permanecer. Pero, primero es la creación y la renovación de los hombres y después la recreación de la creación. Sí ¿pero dónde estarán los hombres que se renovarán? Lo dice el Apóstol Pablo en la primera epístola a los tesalonicenses que: “…seremos arrebatados sobre nubes al aire hacia el encuentro del Señor…” (1Tes 4,17). Se hará algo, Dios sabe dónde y cómo, pero el encuentro de los fieles con Cristo no se hará encima de la tierra o en el universo. Y cuando el Evangelista Juan ve “que está bajando al nuevo sitio la Nueva Jerusalén” (Apoc 21,2), entonces renovado el cosmos-mundo bajarán los fieles a habitar.

Son cosas asombrosas, maravillosas. Pero si queréis, no os sorprenda tanto llegando a la incredulidad, puesto que tenéis delante de vosotros un acontecimiento maravilloso que es la primera creación. Nosotros, todos los hombres estamos entre dos milagros. Uno que se ha hecho u otro que se hará. El primer milagro es la creación del mundo que uno queda sorprendido y asombrado como se ha hecho desde la nada esta creación, este universo. ¡Es un gran milagro anterior, lo vemos, lo vivimos, lo conocemos! El segundo milagro es el de la regeneración o recreación.

También hay la siguiente pregunta: Si se hará incorruptible la ilógica o irracional creación viva, los animales y las plantas. ¿Estos se harán incorruptibles? ¿Es decir, los animales se harán nuevos? ¿O sea, en este mundo nuevo habrá plantas y animales? ¿Cómo será este nuevo mundo? Contesta el mismo san Nicodemo: No, nos dicen los hermenéuticos Teofilactos, Mitrofanes, y Ecumenio. Ni los animales ni las plantas se harán incorruptibles según estos intérpretes. ¿Si acaso el mar y los ríos se renovarán y se harán incorruptos? No, contestan los mismos intérpretes. Porque no hará falta que el hombre haga ningún uso de estos en aquel siglo incorruptible. Simplemente, como os he dicho en otra homilía, no habrá ni reinarán las leyes biológicas. Os decía que quedarán abolidas, se anularán las leyes físicas y la ley de gravedad. Quedará abolido el plano, la forma de este mundo, quizás la forma esférica y también las leyes biológicas que predominan en los entes vivos, las plantas, los animales y los hombres. Porque en la Realeza increada de Dios, lo dijo bien claro el Señor, no se casan. Clarísimamente lo dice el Apóstol Pablo: “Los manjares para el vientre y el vientre para los manjares, pero Dios los exterminará… (1Cor 6,13). Por lo tanto un mundo realmente nuevo.

Ahora vamos a ver de qué manera se hará esta recreación o renovación del universo. La manera de renovación del universo nos la describe el Apóstol Pedro. También diríamos que la manera de renovación nos la describe también analíticamente el profeta Isaías. Este profeta tan rico que tantos temas le ha revelado el espíritu de Dios. Vamos a ver qué dice Pedro en su 2ª epístola capítulo 3: “5…que los cielos estaban desde el tiempo antiguo y la tierra que provino, salió del agua y por el agua subsiste y está asentada, y fueron hechos y asentados por el logos de Dios, 6 por lo cual el mundo de entonces pereció anegado por el agua; 7 pero los cielos y la tierra que existen ahora llevan atesorado dentro de ellos fuego que ha sido dado, atesorado por el logos; y está guardado para el día del juicio y la perdición de los hombres impíos… 10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón, y en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos, abrasados, serán disueltos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas… 12 Esperando nueva tierra y acelerando del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos siendo quemados se fundirán. 13 Pero nosotros esperamos, según nos lo tiene prometido Dios, otros cielos y otra tierra nueva, en los que habita la justicia” (2Ped 3, 5-13). Esto nos dice el apóstol Pedro.

(28) Como habéis visto es un recorte muy importante, muy apocalíptico (revelador) y vale la pena verlo y tratarlo más minuciosamente. El motivo, de lo que aquí se refiere el Apóstol Pedro, lo dan los que ponen en duda la rectilínea interpretación de la historia y de la creación. Cuando decimos rectilínea damos a entender que también existe la interpretación cíclica. Es decir, que el universo no hace otra cosa que repetir las mismas cosas, esta es su forma cíclica. En cambio su forma rectilínea es que ha empezado desde un principio y llegará a un final.

Me gustaría quedar un poco sobre el tema de la interpretación rectilínea y la cíclica, tanto de la historia como de la creación, porque vale la pena. Puesto que sobre esta percepción se sostiene la fe cristiana, sobre la Segunda Presencia de Cristo; o la percepción materialista de que nada pasará al final del mundo porque no hay final. Esto es de una importancia básica. El materialismo se sostiene sobre la percepción cíclica y es la percepción helénica. Todos los sistemas filosóficos antiguos helénicos tenían esta percepción cíclica sobre la historia y la creación, son dos cosas distintas pero co-caminantes. Es decir, que el cosmos vuelve al mismo punto de donde empezó. Cierto que esto por lo visto así parece. O sea, vemos que ahora es otoño, se hará invierno, primavera, verano y otra vez otoño. Por el intercambio de las épocas, del regreso de las estrellas al mismo punto, de la luna que se mueve y cada 27 días vuelve al mismo punto; el sol se mueve y en un año regresa al mismo punto. Por lo tanto, el universo dicen que es cíclico. Por consiguiente, dicen que el universo no tiene principio ni fin, por lo tanto es eterno. Pero sabemos que sin principio y eterno es sólo el Dios. Pero, si el universo es sin principio y eterno, entonces no se destruirá ni acabará nunca por lo tanto nunca vendrá el Cristo. Así que aquel que acepta la interpretación cíclica de la historia o de la creación, no acepta la Segunda presencia de Cristo. En cambio la Santa Escritura nos dice que el mundo tuvo principio, comienzo. “En principio Dios creó el cielo y la tierra”. En principio, y el mundo terminará. Por lo tanto como el mundo tiene principio tendrá también final, entonces la peonza no gira. La presencia de la creación tiene un camino recto empieza y termina. Puesto que acabará, el Dios vendrá al mundo, el Cristo vendrá. Así también la creación se ha creado por Dios, puesto que tenía principio. Si tenía principio entonces ¿quién la hizo? No existía por sí misma. Todos los antiguos filósofos, Platón, Aristóteles, los presocráticos etc., todos aceptan el movimiento cíclico del todo. Aquellos que expresaron más este movimiento cíclico fueron los filósofos estoicos. Os hablaré más abajo sobre esto.

Así pues, los que dudan que el Cristo no volverá al mundo, escuchad como lo dice el mismo Apóstol Pedro: “¿Dónde está la promesa de su presencia? Porque desde el día que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación” (2ªPed 3,4). Veis como con simples palabras lo formula Pedro. Teniendo delante de él cristianos que dudaban sobre la Segunda Presencia de Cristo, por eso dijo el pasaje anterior. Y todo el tema es de la siguiente manera. Puesto que el cielo y la tierra se hicieron de agua y el agua fue la materia, el instrumento podríamos decir, por el que Dios castigó al entonces mundo pecaminoso de Noé; así también ahora Dios ha atesorado, ha sobre-escondido o ha almacenado fuego dentro en la materia de la que se constituye el cielo y la tierra, del cual fuego otra vez inundará la creación para hacer desaparecer el mal y los impíos. Esto es el argumento y la razón del Apóstol Pedro.

Es decir, tenemos un acontecimiento anterior que es el cataclismo de Noé. También tendremos un siguiente acontecimiento, el cataclismo no de agua sino de fuego. Como entonces hubo un acontecimiento, así también posteriormente tendremos un acontecimiento que es la catástrofe del todo por el fuego. Estas son las cosas que nos dice Pedro. (35´) Pero permitidme de tomar el texto detalladamente porque contiene mucha riqueza importante.

Es notable la frase “…ὅτι οὐρανοὶ ἦσαν ἔκπαλαι καὶ γῆ ἐξ ὕδατος καὶ δι᾿ ὕδατος συνεστῶσα τῷ τοῦ Θεοῦ λόγῳ… que los cielos estaban desde el tiempo antiguo y la tierra que provino, salió del agua y por el agua subsiste y está asentada, y fueron hechos y asentados por el logos de Dios.” (2ªPed 3,5). Existe la siguiente interpretación de Ecumenio: (36´) La tierra era de agua, el agua fue la causa material; en el agua está contenida y juntada la tierra. Y como interpreta Trémpelas: por el agua y el logos se ha realizado la creación de la tierra. Lo imagináis, queridos míos, qué verdad maravillosa existe en este punto. Observad. Como habéis escuchado que decíamos, hace tiempo en otro tema sobre el Génesis, que Dios hizo el cosmos-mundo por la luz. “Y dijo Dios hágase la luz y se hizo la luz”. Y decíamos que el principio del mundo se hizo de la energía, la luz es energía; y hoy sabemos muy bien, porque lo hacemos también en los laboratorios, que de la energía se puede hacer materia y la materia se puede hacer energía. Esto lo conocemos y tenemos también fórmula matemática y experimental de prestación y demostración. (38´) Pero aquí, cuando el zeópnefstos (inspirado de Dios) escritor dice que Dios creó la tierra del agua, esto significa que el primer elemento de la materia que se hizo de la luz ¡era el hidrógeno!!! Pero en su época el hidrógeno no era conocido, ni siquiera como nombre. Porque no podían decir que el agua se componía de dos gases, el oxigeno y el hidrógeno. Y el agua es tan rica dentro de la creación, que diríamos que el hidrógeno material es lo más abundante dentro de la creación. Porque tenemos dos partes de hidrógeno y una de oxígeno para hacer el agua. (39´) Cuando, pues, dice que la tierra se hizo de agua, significa que los elementos materiales se hicieron por el hidrógeno que está contenido en el agua. Del agua es una manera de expresión. Los elementos materiales se hicieron del hidrógeno. Pero el hidrógeno es el primer elemento que tenemos después del pase o traspaso de energía a la materia. Porque el hidrógeno es el cuerpo material más simple, pues está constituido de un protón y un electrón. Es el más simple. Cuando, pues, dice por el agua, significa que la creación, la ya creada creación material se hizo así. (40´) ¿Decidme, es o no es maravilloso esto? Y si queréis os puedo decir algo más. Un físico inglés llamado Prut dice que: Todos los elementos, es decir, los 92 elementos que existen dentro de la creación, son distintas condensaciones del hidrógeno. O sea, que son partes múltiples del hidrógeno. En esta teoría también intervienen otros factores. Pero no es el momento para desarrollaros eso, no hace falta. Sólo os digo que existe esta tesis. Realmente el catálogo que hemos hecho nosotros los hombres sobre los elementos de la creación que son 92 ¿sabéis que es exactamente? El orden en el que los hemos puesto es el orden del número específico, que significa cuantos protones contiene en su núcleo una materia. El hidrógeno tiene un protón. El helion tiene dos protones. El litio tiene tres protones. El virilito tiene cuatro protones. El boro cinco protones El antrax seis protones. El nitrógeno siete protones. El oxígeno ocho, etc. Esto quiere decir que tantos protones, tiene cada uno en su interior. Esto significa que si en un átomo de hidrógeno añado un protón, he creado el helión. Si añado otro, he creado el litio. Por lo tanto, tenemos repetición del hidrógeno. ¡Es admirable! Así se hace hoy en distintos laboratorios que hacemos disoluciones químicas, reacciones nucleares, etc.

(43´) Una cosa más si queréis, porque es muy conocida de la edad media y era el sueño de los alquimistas. La cosa era cómo haremos de los metales malos, metales elegantes, cómo haré del hierro oro. Sueños, mezclaban ciencia y magia. Hoy sabemos que el hierro tiene como número específico 26. Es decir, tiene 26 protones en su núcleo y el oro tiene en su núcleo 79 protones. Si consigo meter ahí dentro del hierro protones y llegar al número 79, cosa muy difícil, entonces tengo el oro. Dificilísimo, hace falta más dinero que comprar el oro. Pero esto es otra cosa, decimos como se ha creado el mundo. Si en los 26 protones del hierro los añado hasta llegar a los 79, entonces el hierro se ha convertido en oro. Así que, ¿cómo se ha hecho el cosmos-mundo? Diríamos que de la repetición del hidrógeno, en groso modo aunque no es una expresión buena. ¿Y el hidrógeno de dónde? De la luz. ¿Y la luz? “Dijo Dios: hágase la luz y se hizo la luz” (Gen 1,3). He aquí cómo se ha hecho la creación. Dice los cielos y la tierra se han hecho “del agua”. He aquí está, “del agua”. (44´) Y el agua contiene el hidrógeno que no podía el Evangelio escribir hidrógeno porque el hidrógeno no era conocido. Pero, dice una cosa más, no dice sólo “del agua” sino “por el agua”. ¿Qué quiere decir “por el agua”? Lo “del agua” quiere decir que empieza del hidrógeno y “por el agua” quiere decir que multiplico el hidrógeno y hago los elementos que existen; que son nuestros conocidos 92 elementos que componen nuestro conocido mundo material. No os impresiona queridos míos, volveré a poneros la frase de san Pedro: “…ὅτι οὐρανοὶ ἦσαν ἔκπαλαι καὶ γῆ ἐξ ὕδατος καὶ δι᾿ ὕδατος συνεστῶσα τῷ τοῦ Θεοῦ λόγῳ… que los cielos estaban desde el tiempo antiguo y la tierra que provino, salió del agua y por el agua subsiste y está asentada y fueron hechos por el logos de Dios.” (2ªPed 3,5). Aquí dice,…ἐξ ὕδατος καὶ δι᾿ ὕδατος… de agua y por el agua… ¿qué significado tiene este concepto? Pero aquí pone un tercer factor, …συνεστῶσα τῷ τοῦ Θεοῦ λόγῳ… fueron hechos o consistentes por el logos de Dios. Sí, porque estas cosas no se hacen al azar. Se han hecho por el logos de Dios. Nus (genio) sabio ha hecho todas estas cosas. Y este nus es el Dios. Porque dentro de esta sabiduría sin duda no podemos hablar de suerte. Ahora escuchad y elogiad: “οἱ δὲ νῦν οὐρανοὶ καὶ ἡ γῆ τῷ αὐτοῦ λόγῳ τεθησαυρισμένοι εἰσὶ πυρὶ τηρούμενοι εἰς ἡμέραν κρίσεως καὶ ἀπωλείας τῶν ἀσεβῶν ἀνθρώπων. Pero los cielos y la tierra que existen ahora llevan atesorado dentro de ellos fuego que ha sido dado, atesorado por el logos y está guardado para el día del juicio y la perdición de los hombres impíos” (2Ped 3,7). Cuando dice cielos, no son cielos espirituales, no es el espacio en el que está Dios o los ángeles. (46´) Aquí cielos para el Apóstol Pedro son los cuerpos materiales celestes, son las estrellas, las galaxias, son las incontables estrellas del cielo, por eso pone en plural los cielos y significa el universo. Así que los cielos tienen tierra. Claro, esto hoy ya lo sabemos, cuando fuimos a la luna, hemos cogido un poco de tierra de ella y la hemos traído aquí. (46´) Ya sabemos que todo el universo es material. Dice, pues, que los cielos y la tierra por el logos de Dios han sido atesorados, es decir, han ahorrado o atesorado en sí mismos “fuego”. Es decir, que la materia esconde en su interior fuego. Cierto que esto no es difícil que lo veáis. En principio, ¿no sacamos el fuego de la materia? Todas las plantas ¿no contienen en su interior el sol? Sí contienen el sol. ¿Por qué las maderas se queman? Porque cuando la planta crecía, tomaba energía. Tomaba la energía y la hacía materia. ¡Terrible! La planta esto es lo que hacía. Tomaba la radiación solar, la luz, la energía y transformaba la energía de la luz en madera. Y nosotros después cogeremos la madera, -sabiduría de Dios-, y la pondremos en nuestra chimenea para sacar aquello que ha tomado del sol. Es decir, que ha tomado fuego, luz, energía. Tomad un hierro y golpearlo con otro, sacará chispa. Pero no es esta la chispa, cuidado. (48´) ¿Qué significa que la materia del universo contiene fuego? Hoy lo sabemos. No es simplemente este fuego sino que es energía nuclear. La cual, es cierto, que no se libera fácilmente, es difícil que nosotros podamos hacer esto. Esto es obra de Dios. Pero lo que sobretodo tiene importancia es que el mundo material, es decir, la materia tiene en su interior la llamada energía nuclear.

Este pasaje, escuchad como lo interpreta Trempelas: La materia, es decir, los cielos y la tierra traen, llevan tesoros de fuego. Se ha almacenado en los cielos y la tierra fuego. (Veis que no utilizo interpretaciones mías, sino de los santos Padres, porque uno puede decir que interpreto equivocadamente).

Pues, ni más ni menos, el Apóstol Pedro nos quiere decir que se inflamará con energía nuclear. ¿Lo captáis esto? Vamos a ver lo que escribe Isaías sobre esto 34,4: “Se fundirán todas las dinamis (fuerzas, potencias) de los cielos y el cielo se doblará como libro.” El ejemplo sobre esto nos lo dice san Nicodemo el Aghiorita: (50´) Dice que tal y como cuando tomas una hoja de papel y la quemas, se reduce y también hace ruido (lo veremos sobre el ruido) y quemándose cambia de niveles. Esto es lo que sufrirá el cielo y dice que se doblará como libro y todas las estrellas caerán como las hojas de los árboles o de la parra en el otoño. Pero cuidado. Este fuego, por consiguiente, es creado no increado. Es el que está contenido dentro de la materia, por lo tanto fuego creado, luz creada, energía creada. Ahora bien, este fuego que está dentro en las estrellas, en la tierra lo sabemos ahora por la ciencia. Escuchad cómo lo dice san Nicodemo el Aghiorita 230 años atrás: La naturaleza del fuego y la energía la que se encuentra atesorada, almacenada en el cielo o en el éter del cielo y la que se encuentra en los senos de la tierra, tendrá que reunificarse, concentrarse toda en un lugar por la pantocratórica y omnipotente voluntad de Dios. Se ha de hacer aquel río legendario del cual dijo Daniel: “Y río de fuego había delante del trono del Juez Cristo.” (52´) Todo este cosmos-mundo material y todo el mega-enorme y difícil de imaginar volumen y masa del todo, se ha de hacer en un horno candente. Un horno miríadas y millares de veces, dentro del cual han de estar quemándose, cielos, elementos, plantas, animales a-logos o ilógicos y hombres pecadores quemándose. Es decir, esto que tenemos miedo de un enfrentamiento nuclear que se puede hacer sobre la tierra, cuando chocarán “sus altezas las grandes potencias mundiales”. Pues, sí, esto pasará alguna vez. Pero se hará no haciendo guerra los hombres entre ellos, sino que se hará dentro de la creación. Se hará cuando Cristo vuelva.

Provoca admiración y anonadación, queridos míos, la opinión de san Gregorio Palamás. Naturalmente san Nicodemo el Aghiorita escribiendo estas cosas, no sé si tenía plena conciencia e información, tanta como la que podemos tener nosotros hoy con los datos de la ciencia. Pero me sorprende mucho la opinión de san Gregorio Palamás a la que se refiere san Nicodemo que: “El fuego conocido por nosotros, este fuego natural que antes he comentado sobre la madera y el hierro; que el fuego conocido será consumado por aquel fuego finísimo que no será otra cosa que la energía nuclear del universo.” Esto hoy lo decimos con palabras nuestras. Dice también el siguiente ejemplo: Tal como este fuego come, consume las hojas, y este fuego conocido el que quemamos es muy fino en relación con las maderas; así, dice, el fuego aquel que saldrá de dentro de la materia consumirá, comerá también este fuego que utilizamos. Y es tan gordo este fuego en relación con el fuego que está en la materia, como si fueran maderas gordas. Esto es asombroso. Porque uno ve que la energía nuclear realmente es incomparablemente superior al fuego que yo haré poniendo maderas a quemar para cocinar o asar mi comida. Yo esto lo considero muy importante de la manera que lo formula san Gregorio Palamás.

(55´) Aún más, el Apóstol Pedro dice que: “…los cielos pasarán con gran estruendo, ruido… (2Ped 3,10)”. Es decir, los cielos pasarán, ¿qué es pasarán? Pues pasarán de la corrupción a la incorrupción con estruendo, ruido. ¿Qué será este ruido? Es difícil para uno observar estas cosas. Sabemos y decimos que las explosiones del sol son terribles y se hacen mientras existe el sol. Pero estas explosiones no llegan a la tierra. (56´) Porque no hay un medio que transporte y transmita el sonido. Porque no existe atmósfera, ya que esta está unos cuantos kilómetros por encima nuestro. Decimos más o menos 500 km y después se va afinando y naturalmente no es portadora del sonido, por eso no escuchamos las explosiones del sol. Pero aquí dice que los cielos producirán este cambio suyo con estruendo, con terrible ruido. Aquí otra vez nos vemos obligados a recordar la explosión nuclear. Cuando cae una bomba nuclear. ¿Qué explosión y ruido hace?

Y continúa el Apóstol Pedro: “…y los elementos ardiendo serán desechos, disueltos y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas” (2Ped 3,10). ¿Cuáles son estos elementos que serán quemados? Según san Nicodemo el Aghiorita son los cuatro elementos que componen el cosmos-mundo. El agua, el fuego, el aire y la tierra. Pero según otra opinión más posible, son los cuerpos celestes, es decir, el sol, la luna y las estrellas. Versión que está sostenida inmediatamente seguida por el texto que dice “…elementos y la tierra…”. Por consiguiente, la tierra no es los elementos sino “elementos y tierra” y realmente ¿qué escribe Isaías? Dice que: “y se disolverán todas las dinamis de los cielos”. Y Cristo qué dice: “…se removerán las dinamis de los cielos” ¿Cuáles son las dinamis? No son los ángeles, sino los cuerpos celestes. Que significa que no son los cuatro elementos que os he dicho, sino que es el universo que realmente se inflamará, encenderá. Es decir, todas las estrellas todo se encenderá. Es destacable el verbo disolverán, desharán, dice que todos los elementos se quemarán, se disolverán y desatarán.

Homilía 86 continuación de la 85: ¿Qué significa que los elementos se disolverán? Recordaos que elementos para san Nicodemo el Aghiorita son aquellos que se creían durante la antigüedad y que componen la creación. La tierra, el agua, el aire y el fuego. Pero como dice que “…la tierra y todo lo que está sobre ella arderá” (2Ped 3,10). La interpretación más posible es que los elementos de la creación son el sol, la luna y las estrellas y esta opinión ya es acertada. Pero esto de “que se disolverán los elementos”, sea que se trate de cuerpos celestes, sea de los elementos estos que existen aquí encima de la tierra, los nuestros conocidos noventa y dos 92 elementos, -cierto que no digo sobre los elementos compuestos, amplios y fugaces de los laboratorios- se ve que se quemarán o encenderán, es decir, que cambiarán de composición y se harán otra cosa. ¿Qué será esta otra cosa? no lo conocemos. Es aquello que dice el apóstol Pablo, que: “ojo humano no ha visto, oído humano no ha escuchado y en el corazón de hombre no se ha elevado…” Es decir, estos no fueron objetos de deseo, porque exactamente no han podido permanecer y pasar dentro en la percepción del hombre, porque son secretos inexplicables, inefables e indecibles y como tales no es posible que sean captados y comprendidos. Dice el apóstol Pablo: Escuché dichos secretos inexplicables, indecibles”. Pero todas estas “son las cosas que el Dios ha preparado para aquellos que le aman” dice Pablo. Pero la frase que todas se quemarán, todas aquellas que están sobre la tierra, se podría decir que son las obras de la fisis-natura, de la ciencia, del arte, de la tecnología y generalmente de la cultura. Todas estas serán quemadas. ¿Hemos pensado alguna vez de verdad que lo que existe sobre la faz de la tierra pasará, se irá, se quemará y no habrá nada?

Cierto que es admirable el esfuerzo que el hombre con su ciencia busque encontrar muchas cosas encima de la tierra. (5´) Por ejemplo de la arqueología o la paleontología…

Todas estas cosas son admirables no son vanas, puesto que con la ciencia podemos conocer nuestra historia y conducirnos más cerca de Dios. Si la investigación que hacemos realmente nos podría ayudar para que nos hagamos personas más espirituales con el sentido fino de la palabra no el amplio; es decir, para que tengamos el Espíritu Santo, entonces no es vana la ciencia, ni el arte, tampoco la cultura. Pero si estas alejan al hombre de Dios y ellas pueden ser un argumento o tentativa de pisotear a Dios; por ejemplo, cuando en cada momento se susurra en nuestras escuelas contemporáneas la teoría del desarrollo, de cualquier manera y recalcan que se están alejando a los alumnos de la enseñanza del Evangelio, que dice que el hombre es creación de Dios y aceptan que el hombre es obra del azar y del desarrollo o evolución, o del mono que el mono demonio ha metido en la mente de algunos; ¿no creéis que esto impide mucho en ayudar al hombre a encontrar a Dios? De todos modos, sea lo que sea, todas estas cosas un día se quemarán, un día se disolverán, no habrá nada. Todas estas cosas constituyen una forma o plano de este mundo. Puede ser que alabemos a un artista o a un científico porque ha estudiado y ha llegado a alturas de conocimiento o porque ha ofrecido sus servicios. (8´) Pero esto también es una forma. Sólo se quedará su fe y su agapi-amor. Si yo como investigador microbiólogo he conseguido encontrar un microbio y se combate una enfermedad y esto lo hago para la doxa-gloria de Dios y la agapi-amor de mis prójimos, esto quedará. Es exactamente aquello que dice el Señor: “Os aseguro que un vaso de agua dado en mi nombre, no está perdida, tendréis vuestro salario”. Es decir, si la ciencia, el arte y la cultura se atan con Cristo, entonces se dignifican. Si no se atan con Cristo, entonces se in-dignifican. Repito, como son formas o planos del siglo presente, no suframos si no hemos conseguido algo.

Permitidme deciros, por agapi. No presionéis exageradamente a vuestros hijos, si alguna vez no han conseguido estudiar en una escuela superior. No se acaba el mundo si no lo hacen. No pasarán hambre. Tampoco viven sólo aquellos que terminan universidades superiores. Hemos convertido la ciencia y las buenas artes en ídolos. Creemos que sólo así nuestros hijos se progresarán, sólo así valdrán, si conseguimos que nuestros hijos lleguen allí a estas cimas. Es arrogancia esto. Os lo ruego mucho esto. ¿Sabéis cuál es el resultado al presionar los hijos a conseguir aquello que no ha conseguido, con perdón, vuestra arrogancia y queréis por la fuerza que lo consigan? Puede ser que vuestro hijo se enferme o se rompa su sistema nervioso. ¿Entonces qué hacemos?

Pues, que seamos simples, sencillos. Este es el valor de los temas que hacemos. Colocarnos y orientarnos espiritualmente, saber quiénes somos, cómo y dónde vivimos, qué nos haremos, qué se harán todas estas cosas que nos rodean; y entonces percibiremos que cualquier cosa que pasemos en esta vida tiene un valor relativo. Valor absoluto sólo tiene el hombre que permanecerá en la eternidad. En cambio todo cambiará de forma o plano, sólo el hombre no cambiará de forma, será el mismo.

(11) Escribe san Nicodemo el Aghiorita que el Teofílactos (santo de Bulgaria) dice que: “no sólo los cristianos creen que se ha de hacer la corrosión del todo por el fuego sino también los filósofos helenos”. Cierto que sabemos que la ciencia contemporánea cree en la llamada muerte térmica (sobre-calentamiento) del universo, a pesar de que no se trata de catástrofe por fuego, sino sobre la caída de toda energía superior en energía térmica como conocéis, y sobre el mismo nivel; por lo tanto, tendremos una “inmovilidad” del universo, o sea, una muerte del universo, la llamada muerte térmica. Cierto que no se trata de una agitación o perturbación del universo en el sentido que este fuego como energía saldrá de dentro de la materia y cambiará el universo, no es lo mismo esto. Pero podemos decir que también nuestra ciencia nos habla sobre un cambio de las cosas. Ella nos habla sobre una muerte del universo con este sentido no de regeneración o renovación. Quizás, esto que decían los antiguos helenos, que fuese el fuego de los filósofos estoicos que tenían la percepción sobre catástrofe periódica y de renacimiento del universo. Es decir, en una eternidad cíclica. O sea, que el universo en algún momento arde, se renueva y empieza otra vez la vida y las obras de los hombres etc. Pero, otra vez después de algún tiempo se requema y entonces tenemos un envejecimiento y una renovación. Quizás, esto quería decir san Nicodemo cuando se refiere a Teofílacto que decía que los helenos, fuera de la Santa Escritura, se referían a una renovación del universo por fuego.

¿En qué tiempo se hará esta combustión del universo y cuál es la duración que tendrá esto? Sobre el tiempo de la combustión, contestaríamos: El Señor conoce, nosotros no sabemos nada. (14´) Pero aquello que conocemos es que la Santa Escritura nos informa que esta catástrofe y recreación o renovación del universo coincide con la Segunda Presencia de Cristo. La cual será de repente, como el ladrón de noche. Esto particular y repetidamente se recalca dentro en la Santa Escritura. Es decir, la destrucción del universo por el fuego y la renovación no coincide con las previsiones científicas. Para que tengáis una icona, imagen, muy sencilla, es la siguiente: El sol según las mediciones puede vivir hasta cien millones de años. El sol nuestro que alimenta su sistema planetario, entre los cuales estamos también nosotros, la tierra. Después ya empezará a perder energía, en grado que no podrá contener los planetas sobre el que giran. Pero la edad de nuestro sol se calcula que es de cinco millones de años. Por lo tanto, tiene que vivir otros noventa y cinco millones de años. Esto como previsión científica. No quiere decir que esta destrucción y renovación del universo va a pasar después de noventa y cinco millones de años. Quiero que entendáis que las cosas que estamos diciendo no tienen ninguna relación con los pensamientos científicos. Todas estas cosas se harán con la Segunda Presencia de Cristo. Pero, en qué tiene valor una previsión. La previsión tiene el siguiente valor; el universo es posible que pueda morir potencialmente. Y no podemos hablar sobre la eternidad de la materia y de la energía en la forma que las sabemos. Pues esto.

(17) Así el materialismo, -aunque no es sólo en este punto que podía decir sino muchísimos-, en su base está superado, es obsoleto. El materialismo que estaba en el cenit el siglo pasado (1980 es la homilía), ahora sólo es algún reflejo. El materialismo está en bancarrota. La verdadera ciencia no se apoya sobre el materialismo, otra cosa es si la ciencia verdadera sirve a finalidades políticas. Si sirve en intencionalidades es otra cosa, pero la verdadera ciencia no puede permanecer al materialismo, porque este está ya caducado.

Además, el Apóstol Pablo en la epístola de los Corintios nos dice: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos (moriremos); pero todos seremos transformados, en un tiempo átomo (indivisible), en un abrir y cerrar o ráfaga de los ojos, cuando sonará la ésjato (última) trompeta; Porque se tocará la trompeta y los muertos serán resucitados y nosotros los vivos seremos transformados” 2Cor 15, 51-52). Nos informa que la resurrección de los muertos, el cambio de vivos y muertos de la corrupción a la incorrupción y la ascensión de los justos y a continuación la combustión del universo será instantánea, en tiempo átomo (indivisible). Es decir, en tiempo cero. Para darnos una imagen que estas cosas se harán en tiempo cero, toma una formulación teórica y una imagen visible o práctica. Y nos dice que estas cosas se harán en átomo. El átomo quiere decir en un tiempo indivisible, lo mismo que podríamos decir de un trocito pequeñísimo de la materia que es indivisible. Es decir, en tiempo que no se puede cortar más, en este caso el segundo es un tiempo grande, sino milésimas de milésimas de segundo. Significa tiempo muy pequeño, porque no podía ser captada, comprendida su expresión en átomo, sea que se hablara para la materia o para el tiempo. Para la materia habló el filósofo Demócrito. La palabra átomo en lo que respecta a la materia pertenece a Demócrito. Diríamos que ni el mismo Demócrito podría captar qué es el átomo del que hoy hablamos. ¿Cómo pues, se podría representar eso con una imagen visible para que Pablo fuera entendido? Después de la palabra átomo pone en una ráfaga del ojo. Naturalmente que la ráfaga de los ojos es muy grande es una décima del segundo, pero no tenía otra imagen. Conclusión, en tiempo cero se harán todas estas cosas queridos míos. ¡Es sorprendente!

Hay una opinión que es científica, no sé si es verdad, que el universo vino del cero a la existencia, en tiempo cero. Y su desarrollo y transformación se ha hecho en largo tiempo, pero a la existencia vino en tiempo cero. Si esto que lo dice la ciencia es verdad entonces también su cambio se hará en tiempo cero, pero su cambio está depositado en la Santa Escritura, no como teoría científica, sino como verdad apocaliptada (revelada) por el mismo Cristo. Lo dijo el Apóstol Pablo: Tengo un misterio para revelarles, en logos del Señor, es decir, que esto lo dijo Cristo. (22,30´)

Pero a continuación el Evangelista Juan, en su visión de la ida del cielo y la tierra y la presencia del nuevo cielo y nueva tierra, es decir, el mismo universo que pasa de la corrupción a la incorrupción, nos dice: “…y el mar ya no existía más” (Apoc 21,1). O sea, que el sagrado Evangelista no ve mar en la tierra nueva. Ya nos hemos referido, qué escribe san Nicodemo el Aghiorita, comentando a Mitrofanes, Teofilacto y Ecumenio. Decíamos que el mar no existirá porque no le hará falta al hombre, tampoco las exigencias de la nueva creación.

Pero el mar es un símbolo. Primero significa el estado caótico y desorden de la creación. Segundo, como símbolo el mar significa las naciones de las cuales resurgirá la bestia el anticristo, creo que os recordáis cuando hablamos sobre esto. Dice que “la bestia resurgió, salió del mar” (Apoc 13,1), es decir, de las naciones. (24´) El mar, pues, es símbolo de dos cosas. Uno es el desorden del universo, porque dice que el universo estaba desordenado, no formado. Y el segundo es, que tenemos un modo de resurgimiento del mal para proyectarlo, pero siempre como símbolo. Así que con la desaparición del mar por la nueva creación, se simboliza la desaparición del mal, del pecado, de la diablura y del desorden, todas estas cosas ya no existirán. Es lo que escribe el Apóstol Pedro: “Pero nosotros esperamos, según nos lo tiene prometido el Dios, otros cielos y otra tierra nueva, en los que habita la justicia” (2Ped 3,13). Ya no hay miedo de resurgimiento del anticristo, ni desorden ni caos. Ya existe la realeza increada de Dios.

Muchos, queridos míos, por la lentitud de que estas cosas se realicen, creen que no pasarán. Tanto por la magnitud de las cosas que nuestro cerebro no llega a caber, como también porque tardan. Porque creen que no se harán. Creo que el fenómeno o caso no es nuevo, es antiguo. Como es antiguo, por eso el Apóstol Pedro en su segunda epístola escribe a aquellos que dudan diciéndoles que Dios va muy lento. Por esta razón les contesta diciendo porqué tarda Dios, primero: “No se retrasa el Señor en el cumplimiento de su promesa, como algunos creen; porque usa la paciencia y magnanimidad con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos por la metania se conviertan “(2Ped 3,13). Segundo: Para el cumplimiento del número de santos o cristianos para la realeza increada de Dios. Es decir, hasta que llegue la hora que se complete el número de santos o cristianos que estarán en la realeza de Dios. Como sabéis, en la Divina Liturgia, cuando acaba la santificación de los divinos regalos, decimos en cumplimiento de tu realeza Señor celebramos el Misterio. ¿Qué quiere decir cumplimiento? Es cuando se complete la realeza increada de Dios de santos o cristianos, que el número sólo es conocido por Dios, entonces vendrá el Cristo y se hará Su Segunda Presencia.

“Así que vosotros, oh amados míos, sabiéndolo de antemano, vivid en alerta y vigilancia, no sea que enseñados y arrastrados de falsos profetas y maestros caigáis de vuestra fe de la verdad cristiana. Antes bien, creced en gracia (increada) y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A Él sea la gloria ahora y hasta el día de la eternidad” (2 Ped 3, 17-18). Es decir, como veis nuestro comportamiento tiene que cambiar para que no seamos engañados de que no existe nada más allá y no caigamos de nuestro sostén que es Cristo y estar esperando todas estas cosas que el Señor nos ha anunciado.

Y continúa el sagrado Evangelista:

“Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa adornada para su marido. Apoc 21,2”. Amín

Yérontas Athanasio Mitilineos

©  Monasterio Komnineon de “Dormición de la Zeotocos” y “san Demetrio” 40007 Stomion, Larisa, Fax y Tel: 0030. 24950.91220

Traducido por: χΧ jJ

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