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ene 18 2016

La sencillez en Cristo y la fantasía

 

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Por Yérontas Atanasio Mitilineos

“En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en la realeza increada de los cielos” (Mt 18,3). Es decir, no obtendréis ni gozaréis la jaris (gracia, energía increada) o doxa gloria increada o el paraíso.

(Por el traductor: Amigos míos, uno escaneándose a través de los Santos Padres y especialmente en este pequeño texto, puede percibir y entender el “porqué” el término “reino” que no existe en ninguna de las Escrituras originales, es una palabra que crea confusión y error de percepción y hay que utilizar el término “Realeza increada o reinado de la Realeza increada. Los ortodoxos Cristianos hispanohablantes así me lo han confirmado con su experiencia y ascesis”.

Dios es el bien infinito, y lo afirmo: “bien infinito”; increado, bondad y belleza divina. Y además, tiene gnosis, es decir: conocimiento del mal sólo teórico y no práctico. El hombre adquiere ésta gnosis sólo transgrediendo el mandamiento del mal. De hecho, el fruto del paraíso de por si no tenía nada de bien ni de mal, pero fue la desobediencia la que proporcionó al hombre adquirir la experiencia del conocimiento de lo bueno y de lo malo, y como resultado de esto: el mal de la muerte. Así los primeros en ser creados fueron los que probaron la experiencia del mal, puesto que sólo conocían la experiencia del bien.

No obstante, al entrar la experiencia del mal inmediatamente se expulsó y se marchó un elemento muy importante: la sencillez, la sencillez en Cristo (término teológico); este es un tema de gran envergadura. Porque desgraciadamente el hombre no volverá a adquirir ésta sencillez con mucha facilidad. Creo que la sencillez en Cristo es el eje y el resultado de todas las virtudes en altísimo grado. Permitidme decir que, si el discernimiento es superior a la agapi (amor desinteresado), es porque la virtud regula la agapi, y si la agapi, la fe y la esperanza son consideradas como las mayores virtudes, permitidme decir que por encima de todas estas está la sencillez en Cristo. Es imposible adquirir esta sencillez en Cristo sino se tiene la agapi, la fe, la esperanza y el discernimiento a través de la humildad divina como fuente de todas las virtudes.

Si se pierde la sencillez en Cristo, automáticamente se pierden todas las virtudes. Si queremos retomarla, entonces debemos luchar con mucho esfuerzo y anhelo sobre todo el conjunto de virtudes; y con todo y eso no podríamos retomarla y conservarla como era antes de perderla.

Pero, ¿qué es la sencillez? Los santos Padres de nuestra Iglesia nos cuentan lo siguiente: En primer lugar, ¿qué no es sencillez en Cristo? El hombre contemporáneo mundano llama sencillo a lo que no es complicado ni complejo en su vida, pero por ejemplo, pensemos en lo que entendemos por comer o vestir “sencillo”. Sencillez es la cualidad de sencillo (que no tiene composición, carece de ostentación o no ofrece dificultad). Este adjetivo puede aplicarse a las personas o a los objetos. Una cosa sencilla puede ser aquella que no tiene artificio ni gran elaboración.

Ahora escuchemos el significado de sencillez según la Santa Escritura: es a lo que llamamos nus sencillo, (espíritu del corazón y mente unidos), es una virtud difícil de adquirir. Cuentan San Isaac el Sirio y otros santos Padres, que cuando veamos una forma o figura se debe percibir tal y como es, sin añadir ni restar fantasía al mismo.

Según san Nicodemo el Aghiorita en su libro “Manual de consejos” comenta: la fantasía es un estado o situación post caída. La fantasía con el recuerdo son un sentido común interior, donde el que imagina y recuerda claramente todas las cosas que nuestros cinco sentidos externos les ha dado tiempo percibir y presentir”. El hombre tenía sólo nus (espíritu y mente unidos) sin fantasía y adquirió esta fantasía después de la caída, y esto no es fácil de explicar, porque precisamente la fantasía está tan ligada al nus (espíritu) y a la mente del hombre, que no hay forma de concebir al hombre sin ella.

¿Qué es la fantasía? El grueso de la fantasía es mayor que el del nus (espíritu del corazón de la psique), pero, sin embargo, es más sutil que la percepción de los sentidos. Ésta se encuentra y se mueve entre el nus y los sentidos. Por ejemplo, vemos un objeto y esto que observamos no puede ser filtrado directamente por el nus sino que pasa por el almacén “fantasía”.

La fantasía se nutre de los sentidos y a su vez del nus, y según su percepción manipula a la vista añadiendo o restando. A menudo pensamos que esto proviene del nus porque carecemos de discernimiento entre el nus (espíritu del corazón) y la fantasía.*

*Añadido de san Máximo el Confesor: “La fuerza perceptual debemos atribuirla a la psique y al nus. Lo fantasioso, pues, debemos someterlo a la parte perceptiva de la psique. La fuerza imaginativa o fantasiosa se divide en tres partes. La primera parte representa las percepciones en relación con las cosas que hacen sensible a la percepción. La segunda parte es donde permanecen las cosas de las imágenes después de la percepción y que son recreadas sin que estén basadas en algo y que especialmente la llamamos fantasía. Y la tercera parte es donde se sitúa lo que percibimos con la fantasía, el placer o la tristeza, pena o dolor. Y en relación con el Dios, como hemos dicho, no tiene lugar ninguna fantasía, porque en general Dios lo transciende todo, está por encima de todas las cosas y conceptos”.

(Ver también sobre la fantasía: “La Fantasía – Instrucción terapéutica ” por Ieroteo Vlajos, y “La guerra invisible – Cap. 25 Cómo debemos corregir nuestra la fantasía y nuestro recuerdo”, por san Nicodemo el Aghiorita).

Según la percepción mundana nus y fantasía se identifican, pero según la percepción cristiana ortodoxa no se identifican sino que la fantasía actúa como intrusa, es decir, es como una concha que se pega al barco del nus y que viaja con el arrastrándola y transportándola. Así es como el nus transporta a la fantasía vaya donde vaya, y por ende la fantasía actúa como intrusa.

El Cristo que es el Nuevo Adán, tal y como fue Adán antes de la caída, carecía de fantasía, tenía sólo nus (espíritu unido con la mente en uno).

Por lo tanto, la capacidad que tiene la fantasía de añadir, restar y deformar se considera propia de los “hombres intelectuales” asimismo como la producción de la poesía, de la pintura etc. La fantasía es un sentido psíquico que sin ella el hombre no es capaz de crear.

La sencillez en Cristo significa ver los objetos o las personas sin cambiar el concepto y la forma o figura de ellos, que los veas tal y como son. Esta sencillez sólo la tienen los niños. Por eso el Cristo dijo: “si nos os convertís en niños no entraréis en el reinado de la realeza increada” y no gozareis de la jaris y la doxa (gloria, energía y luz increadas). Sobre esta sencillez nos habló nuestro Señor y la buscó en los hombres, pero no la encontró, y sólo la encontró en los niños que no tienen malicia, y nos advirtió de que si no la poseemos en esta vida no seremos aceptados en el reinado de Su realeza increada.

Pero diríamos, Señor mío, por qué has puesto de ejemplo a los niños y dijiste: “si nos os convertís en niños no entraréis en el reinado de la realeza increada” y no gozareis de la jaris y la doxa divina.

Amigos míos, el Señor habla sobre los niños para ejemplificar el elemento de la sencillez. Cuando un niño ve una figura o forma y le dices: ¿qué forma o figura es esto o qué cosa es esta? Te responderá: es tal cosa y nada más. Su mente nunca podrá distorsionar y deformar. Por tanto, este es el nus en Cristo (mente y espíritu unidos), la sencillez en Cristo, el sencillo y sincero nus en Cristo al que nos referimos.

Ahora os pregunto: si nuestra mente con la fantasía ha adquirido malicia, decidme, ¿podemos retornar a la primera percepción o posición de la sencillez, por mucho que hagamos y vayamos a confesarnos, comulgar etc.? Explicadme si esto es fácil o difícil. ¡Amigos míos, es terriblemente difícil! Por esta razón no es una sagacidad, como dicen algunos, sino que algunas cosas mejor no probarlas para conocerlas.

Sería una bendición si no hubiéramos adquirido nunca experiencia del mal y tuviéramos sólo experiencia teórica de ésta, así podríamos protegernos. Por eso vemos hombres que han vivido en el pecado y puede ser que se conviertan, se arrepientan y lleguen a hacerse santos, sin embargo, ya están fatigados, perturbados y torturados de estas situaciones anteriores. Estos ya han perdido esa sencillez, la del nus (espíritu y mente unidos al corazón).

Supongo que habréis entendido qué es la sencillez. Adán desde el momento que desobedeció el mandamiento de Dios, ha perdido esta cualidad o coyuntura que es la sencillez en Cristo.

Los Santos Padres dicen que el diablo se mueve en el espacio de la fantasía, Dios se mueve en el espacio del nus; por esta razón vemos muchas veces que cuando el diablo quiere engañar a una persona, se mueve en el espacio de la fantasía, porque sólo allí se puede mover y hacer que vea sueños, visiones y cosas extrañas que son del diablo. La fantasía es el puente entre el hombre y los demonios, a través de ella se introducen los demonios y molestan al ser humano. Así que debéis saberlo, el diablo siempre se mueve entre el espacio de la fantasía, al que manipula y explota salvajemente.

Y una cosa más es que, en el espacio de la fantasía tenemos que hacer el mayor combate de nuestra vida. Porque allí va el diablo para engañarnos desde el principio, y desde allí bajarán las energías al corazón. El deseo y la ilusión no son parte de la fantasía, sino que son fruto de la fantasía. El deseo entra y yace en el corazón. Por consiguiente, si quisiéramos hacer la guerra contra el mal, en principio no lo combatiremos en el espacio del corazón, sino que debemos hacerlo en el espacio de la mente para no dejar que la fantasía con su pensamiento nos baje al corazón. Y es allí donde haremos la guerra dura contra el diablo, sus proyecciones y sus ficciones.

El Santo Padre Paísios el Aghiorita en una de sus cartas llama a la fantasía “la televisión del diablo”. El hombre con la fantasía es como si viera la televisión, y sus proyecciones son del diablo.

El que quiera adquirir la sencillez en Cristo que empiece a desarraigar rápida y audazmente la serpiente de la fantasía, el maldito egoísmo y todo su sistema de posesión, la egolatría y la penumbra de la mala astucia y sus similares, y que abrace la fe absoluta en Dios. Él a su vez se ocupará de nosotros y nos regalará también la fuerza para vencer la hipocresía, los complejos sociales, los problemas de imagen y autoridad y todas estas devastadoras maldades y vicios que diariamente nos amenazan.

El primer arma contra el diablo es la humildad y con ella no seremos engañados. Humildad es aceptar inmediatamente que todas estas cosas no provienen de Dios y que yo aún no soy digno de ver cosas divinas. Se debe estar en alerta y prontitud, cada vez que veamos algo inmediatamente cambiemos de pensamiento. Como arma invencible debemos utilizar la oración del corazón o de Jesús, contacto consciente con Dios en esta oración: “Jesús Cristo, Señor, eléisonme, compadécete de mí o ten misericordia, ayúdame, sáname…”. Con el movimiento cíclico de esta oración (ver sobre “Movimiento cíclico de la psique”, por san Dionisio el Areopagita, y “Cuando lo unificado del nus se hace trinitario permaneciendo uno”, por san Gregorio Palamás, en www.logosortodoxo.com estos textos los tenemos traducidos al español).

Todas estas son las armas que tenemos para combatir al diablo y a la fantasía, y así venceremos con la ayuda de la jaris (gracia, energía increada) de Dios Trinitario.

Mateo 18

1En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reinado de la realeza increada de los cielos?

2Y Él, llamando a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo:

3 Amín, amín, de verdad en verdad, de cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el realeza increada de los cielos.
4Así pues, cualquiera que se humille y se convierte moderado y humilde como este niño, ése es el mayor en el reinado de la realeza increada de los cielos.

5Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.

Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.

!Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero !ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!

Mateo 19:14

Pero Jesús dijo: Dejad a los niños, y no les impidáis que vengan a mí, porque de los que son como éstos es el reinado de la realeza increada de los cielos.

Marcos 10:15

Amín, amín, de verdad en verdad os digo: el que no reciba el reinado de la realeza increada de Dios como un niño, no entrará en él.

Lucas 18:17

Amín, amín, de verdad en verdad os digo: el que no recibe el reinado de la realeza increada de Dios como un niño, no entrará en él.

Adaptación y traducción al español de la homilía 26 “Τί ἦταν τό Δένδρον τοῦ Καλοῦ καί τοῦ Κακοῦ καί τί εἶναι ἡ ἐν Χριστῷ ἁπλότητα” Discurso original: (http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/apanthseis_aporivn/apanthseis_aporivn_026.mp3)

Traducido y adaptado por: Jristos Jrisoulas y Elena Jrisoulas Lafuente (Licenciada en filología hispana),

 

  1. Βασιλεία τοῦ Θεοῦ/τῶν ουρανῶν (vasilía tu Zeú/ton uranón) Realeza de Dios/de los cielos, el nombre Reino (βασίλειο vasilio) no está en ninguno de los textos originales Helénicos del Nuevo Testamento.

Si bien “Reino” en castellano también tiene el significado de “nuevo estado de cosas en que rige la voluntad de Dios”, no es el significado habitual de la palabra (territorio o conjunto de personas que lo gobiernan); por lo cual ponemos realeza que es la más cercana a la teología helénica original. Realeza (cualidad, atributo) es el elemento básico de las enseñanzas de Jesús y el tema central de los libros del Nuevo Testamento, donde, con esta expresión, se manifiesta una nueva época que se inaugura con la obra de Χριστός (Jristós) Cristo, en la que domina, en vez de odio el amor; en vez de la oscuridad, tinieblas, la luz; en vez de la incredulidad, la luz de la fe; en vez de la desesperación, la esperanza. La nueva época se anuncia ya como actual presente, pero también esperada por completo en el futuro con la Segunda Presencia venida de Cristo. La realeza increada de Dios es el predominio entero de la energía increada de la voluntad de Dios en la vida de los hombres, tanto en la personal “la realeza de los cielos está dentro, en vuestro interior” (Luc 17,21), como en la vida social “que venga tu realeza en nosotros, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo” (Mateo 6,10). La realeza de Dios, como realidad terrenal del presente, se materializa en las personas por la vida santa de los cristianos, “los hijos de la realeza” (Mt. 8,12), y entonces coincide con la institución de la Iglesia.

Realeza de Dios es el Paraíso, la comunión del hombre con Dios. Esta Realeza la vivimos desde ahora como en el noviazgo, en cambio entonces la viviremos como en la boda. La Realeza de Dios no tiene fin. Es eterna, increada e interminable. Nada tiene que ver con reino, porque este término manifiesta un estado creado.

La realeza increada es sinónima con la Doxa (gloria, luz increada) y la Jaris (gracia, energía increada).

San Máximo el Confesor en la Filocalía nos dice que: «la realeza (increada) es el Espíritu Santo de Quien percibimos su increada energía Jaris y la zeoría (expectación) de la increada Luz, la cual hemos perdido por la desobediencia a Dios. Porque, el nombre de Dios y Padre en hipostasis (base substancial) es el Hijo Unigénito, y la realeza de Dios y Padre en hipostasis es el Espíritu Santo procedente del Padre.

  1. La realeza increada de Dios se encuentra como energía increada en todos los que creen pero se energiza o activa en aquellos que voluntariamente han expulsado la vida natural de su psique-alma y del cuerpo y han adquirido sólo la vida del Espíritu y pueden decir: “ya no vivo yo, pues es Cristo el que vive en mi interior” (Gal 2,20).
  2. Algunos dicen que la realeza increada de los cielos es la vida de los dignos y los merecedores en los cielos. Otros dicen que es semejante con la situación de los ángeles de los salvados. Otros dicen que es la forma de la belleza divina de aquellos que se han revestido la imagen celestial (1Cor 15,49). Creo que estas tres opiniones todas coinciden. Porque en todos según la calidad y la cantidad de la virtud de la justicia se concede la jaris (energía increada) futura».

Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” 

Traducido y adaptado por: Jristos Jrisoulas y Elena Jrisoulas Lafuente (Licenciada en filología hispana)

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