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Ago 07 2020

En la Metamorfosis del Señor

 

 

En la Metamorfosis del Señor

 

* Metamorfosis Μεταμόρφωσις  – Quiere decir, transformación, conversión continua por la jaris y doxa (energía y luz increadas) del monte Tabor, cambio de forma de pensar y actuar en Cristo. En verbo metamorfosearse, más se asemeja o es sinónimo de los verbos del N. Testamento: estar metanoizando, transformándose, convirtiéndose y haciéndose en hijos de Dios. Por ejemplo, metamorfoseando el odio en agapi-amor, el egoísmo en humildad, el conflicto en paz… Con este sentido está en todas mis traducciones.
En sentido mundano también quiere decir transfiguración, mutación. La palabra transfiguración da entender cambio de figura, y figuras son también los demonios que se transfiguran en ángeles de luz demoníaca y creada.
Según san Pablo la metamorfosis no es exterior y superficial, sino interior, psíquica y espiritual «… sino que os estéis metamorfoseando continuamente por la renovación de vuestro nus, discerniendo y comprobando cuál es la voluntad de Dios, que es buena, perfecta y es la que gusta a Dios» (Rom 12,2).
Metamorfosis verdadera es la continua formación, conversión y renovación del pensamiento, los deseos, las conductas y movimientos del corazón y su voluntad. Para la consecución de esta metamorfosis la Santa Escritura y la Tradición de los Santos Padres nos muestran dos caminos. Primero, el camino místico. Aquí domina la jaris (gracia, energía y luz increada); el cristiano sube al monte Tabor de la Metamorfosis con la jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo que recibe de los Santos Misterios. Segundo, la metamorfosis del hombre no se hace mecánicamente, simplemente con la participación típica en los Santos Misterios (o sacramentos), sino también con la ascesis o ejercicio espiritual, el esfuerzo personal y la lucha del hombre para la formación y crecimiento espiritual de las tres partes de la psique por igual.
Los verbos μετανοώ (metanoó, cambio de mentalidad, arrepentirse y confesarse, metania), γίγνεσθαι, (gígnesze) convertirse y hacerse, convirtiéndose y haciéndose hijos de Dios (Jn 1,12) y μεταμορφόνω (metamorfono), transformarse, convertirse y cambio de mentalidad e imagen se enlazan entre sí y lo común de los tres es estar convirtiéndose, es decir, estar metanoizándose, metamorfoseándose y haciéndose; dentro de las Santas Escrituras manifiestan un tiempo continuo hasta la muerte, junto con el verbo κατηχούμαι (katijume, catequizarse) que es recibir catequesis.
Esta doxa (gloria, luz increada) espera a cada creyente; “los justos resplandecerán como el sol” y “seremos semejantes a Cristo”, dice el Evangelista Juan.)

 

Homilía 26 año 1996

Tal y como confesamos en el Símbolo de la Fe, nuestro Señor Jesús Cristo es “Luz de Luz” (increada). Y esta Su cualidad o atributo por ser “Luz de Luz”, mostró por poco tiempo en el monte Tabor. Y no sólo la mostró para Sus santos Discípulos, sino para nosotros también.

Mostró a Sus Discípulos que es “Luz de Luz” para fortalecerlos, porque iba a suceder Su muerte cruciforme y se tambalearía la fe de ellos, por muy fuerte que fuera. Por consiguiente, deberían ver algo de Su doxa (gloria, luz increada) para que sean consistentes y firmes en tiempo de tentación. Y aún para mostrar que ellos deben convertirse y hacerse Luz, participando en Su Luz increada y que esta Luz deberían difundirla al mundo.

Por tanto, se hizo la Santa Metamorfosis para los santos Discípulos y los Apóstoles, pero se hizo también igual que todas las obras del Señor y “para nosotros y para nuestra sotiría redención, sanación y salvación”. Y la Cruz, la Muerte, la Resurrección y la Metamorfosis como todos los demás acontecimientos se hicieron “para nosotros y para nuestra sotiría redención, sanación y salvación”.

¿Y qué relación puede tener la Metamorfosis del Señor con nuestra sotiría? Tiene y sobre todo tiene relación grande. Porque nos indica que el propósito y finalidad de la vida cristiana no es simplemente que nos hagamos mejores personas, hombres más morales y más pacíficos, sino que el propósito de nuestra vida es que participemos nosotros también en la deidad de Cristo. Hacernos dioses por la Χάρις Jaris, (gracia, energía increada). Hacernos partícipes de esta misma Luz increada, la cual resplandeció en el monte Tabor.

Dicen los Santos Padres que esta es la “la Realeza increada de Dios”. La realeza increada de Dios la doxa (gloria, luz increada) de Dios y Su luminosidad es esta Luz increada, la Tabórica Luz, la cual resplandeció entonces. Y debemos también nosotros apropiarnos de esta Luz increada. Si no nos apropiamos de esta y quedamos en nuestro skotos (oscuridad e ignorancia), no se ha conseguido para nosotros el propósito y la finalidad por el cual el Cristo vino en el mundo. Si nosotros no nos hacemos luz, participes en la Luz increada de Cristo, aún no se ha conseguido nuestra sotiría redención, sanación y salvación. Y tal y como recalca el santo Yérontas, el Padre Sofronio de Esex (Athonita), sotiría redención, sanación “psicoterapia” y salvación para los ortodoxos es la zéosis, (“Contemplar a Dios tal y como es”, pág 279-280). Por tanto, si no participamos de esta Luz, que es la Divina Luz Increada, aún no tenemos la zéosis y nuestra sotiría.

¿Y cómo participaremos nosotros también de esta Luz Divina que resplandeció en el monte Tabor, ya que somos tan débiles y pecadores? Lo dicen de nuevo los santos Padres. Los discípulos para ver la Luz increada subieron al monte y el Dios (el Cristo) apareció, descendió (San Gregorio Palamás. Homilía 34 “En la santa Metamorfosis” pag, 279-280). El Dios desciende, condesciende y se ofrece, pero espera también de nosotros que subamos. No basta sólo con que baje Dios, si nosotros no subimos. Y el Santo Dios por su infinita agapi (amor incondicional y energía increada) por su parte siempre desciende, y el hombre por su parte debe subir espiritualmente. Porque esto significa subida al monte Tabor: que el hombre suba espiritualmente. Que deje abajo todos los pazos, todas las dificultades, lo que tiene apegado en la tierra y así de libre poco a poco vaya subiendo (San Gregorio Palamás idem pág 386). Y cuanto sube tanto más ve y contempla. Y cuando llega en la cima entonces hacerse digno de ver el espectáculo completo. El único espectáculo.

Puede que veamos cosas bellas, viajar por todo el mundo y ver lugares bellos y obras de arte bellas, todas estas cosas puede que sean buenas. Pero, si no hemos visto este espectáculo divino, no hemos visto esto que debemos ver que es el espectáculo por excelencia que debemos ver. Y dije que cuanto sube el hombre, ve, que significa que desde el momento que vuelve a la metania, siente su pecaminosidad y debilidad, comienza a amar a Dios, creer en Dios, a orar y a luchar contra sus pazos, desde entonces comienza también ver vagamente poco a poco la divina Luz increada. Pero cuanto sube, cuando se catartiza, se purga y se sana de los pazos, mientras va adquiriendo las virtudes estará viendo, contemplando más. Los Santos de nuestra fe son aquellos los que subieron en la cima del monte, tal como subieron los tres discípulos junto con el Señor, y por eso vieron la doxa (gloria luz increada) de Dios.

Vino un sacerdote piadoso desde el mundo y me dijo que estaba muy entristecido. Me explicó la razón. Quiso visitar a un asceta de la Santa Montaña Athos al que amaba mucho. Para visitarlo saltó de la valla que había alrededor de su caseta (el asceta era san Paisios el Aghiorita). Cuando se acercó en la kelia (celda) que estaba el asceta, miró por la ventana y le vio entero dentro en la Luz, la Luz increada, en la Luz Tabórica y se asustó. Después el asceta abrió la puerta y el sacerdote le vio en su forma acostumbrada, natural, no “en la Luz de la Metamorfosis”. Entonces el asceta le dijo: “escucha cura; como has cometido este grave error, te pongo un canon-regla o epitimio, por tres años no me verás”. Este sacerdote piadoso vino aquí lamentando y llorando porque por tres años no podía volver a ver a aquel santo Yérontas. Por tanto, he aquí que hoy en día existen hermanos nuestros tanto monjes como laicos, los cuales viven, experimentan la doxa de la Metamorfosis, la Luz Increada.

Pues, hagamos todos, hermanos míos, esta lucha, primero yo y después también vosotros. Cada día que subamos poco a poco. No es fácil para uno subir al monte Tabor haciendo saltos. Quizás es también peligroso el que uno quiera subir inmediatamente. Pero luchemos cada día por nuestra oración, la cual debemos pretender que sea pura, oración ardiente y con anhelo a Dios. Con nuestra obediencia, con nuestra humildad e indulgencia, con nuestro perdón y con nuestro esfuerzo a vencer los pazos carnales, los cuales infectan y manchan nuestra psique y nuestro cuerpo, y con las lágrimas de metania, limpiando la basura de nuestra psique, subiendo más y más. Y si el Dios ve que tenemos humidad activa, entonces nos mostrará más Su Luz. Porque tal como estamos no sé si nos conviene ahora que el donador Señor mostrarnos Su Luz increada, tal como lo muestra a Sus Santos, porque puede que suframos perjuicio, enorgullecernos y perderlo todo. Por eso, quizás ahora debemos orar: “Señor no nos muestres la Luz increada, porque no estamos aún cultivados. Darnos algo de sentimiento y sensación, tanta que no caigamos al orgullo. Y si con Tu ayuda llegamos a adquirir la santa humildad, la profunda humildad, y si quieres mostrarnos algo, no porque nos lo merecemos, sino a causa de Tu filantropía, muéstranos algo, para consolarnos y atraernos mucho más cerca de Ti, para prepararnos para eterna doxa y bienaventuranza”.

Humildemente lo deseo que el Señor nos ayude a todos hacer esta lucha y vayamos subiendo para encontrarLe, a Él que entonces descendió y desciende cada día para encontrar a las psiques que tienen el divino eros (amor ardiente), y consolar, iluminar y apoyar a conseguir el propósito y finalidad por la que hemos venido todos nosotros en el mundo, que es hacernos partícipes de esta Luz increada, de esta doxa increada y este resplandecimiento, es decir, de la bienaventurada zéosis-θέωσις!!!

 

Homilía 27. Año 2004 

Igual que todos los acontecimientos que nos relatan los santos Evangelistas, se hicieron “para nosotros y para nuestra sotiría redención, sanación y salvación”, así también la divina Metamorfosis del Señor también se hizo “para nosotros y para nuestra sotiría”. No existe nada algo en la vida del Señor que no tenga significado soteriológico que no trate y concierna nuestra salvación. Además que, por eso se ha encarnado y hecho hombre. Se hizo hombre para nuestra sotiría. Y el hecho del día de hoy, que es la Metamorfosis del Señor, ella nos muestra no sólo la deidad del Señor y la doxa increada que tenía de el Padre “antes que el mundo se creara” (Jn 17,5), pre-eternamente, perpetuamente y la que por poco manifestó, develó a Sus discípulos, porque no los develó en plenitud Su doxa (gloria, luz increada), sino que algo de Su doxa, “a medida que ellos podían”, como dice la himnología de la Iglesia, pero nos mostró también cuál es propósito y la finalidad de nuestra vida. Es participar de la divina Luz increada, de la doxa increada de Dios y de la Realeza increada de Dios. Porque según los santos Padres Realeza de Dios es esta. Es Su doxa increada, es la expectación de la persona/cara/rostro del Señor.

Por tanto, por una parte el Señor se metamorfosea para que se aseguren Sus Discípulos de que realmente es el Hijo de Dios y Dios verdadero, ya que se escandalizarían después de poco por Su muerte cruciforme, pero por otra parte, se metamorfosea para decir en nosotros también que “lo que ha sucedido en mi debe hacerse también en vosotros” (San Gregorio Palamás, EPE Logos 2,3 tomo 2, párrafo 54 pag 514).

Estamos llamados todos a metamorfosearnos. Por supuesto que el Señor se ha metamorfoseado por Su propia dinami (potencia y energía). Pero como nosotros debemos metamorfosearnos “de doxa en doxa” (2Cor 3,18), tal como dice el Apóstol Pablo, no por nuestra dinami, sino por la Jaris (Gracia energía increada) y la Luz increada del metamorfoseado Señor.

Sobre esta Luz increada hablaba también el Antiguo Testamento (Sal 35,10 Éx 24,17), y algunos como Moisés recibieron la doxa de Dios (Éx 24, 29-3), pero nadie en el Antiguo Testamento se atrevió tanto por mucho que haya recibido la jaris y la doxa de Dios a decir que “yoSoy la luz del mundo” (Jn 8,12). ¡Sólo el Jesús Cristo se atrevió en vida a decir estos logos, porque Él es el Dios!

¿Y ahora nosotros con nuestros pazos y pecados cómo vamos a participar de la divina Luz increada? ¿Cómo nosotros nos haremos también luz? ¿Cómo retrocederán los pazos de nuestro interior que es σκότος skotos (oscuridad e ignorancia), y nuestros pecados que también son skotos? ¿Y cómo poco a poco el skotos que está en nosotros irá reduciéndose y aumentando en nuestro interior la Luz de Cristo? Esta es nuestra lucha, ascesis y práctica. Por eso hoy cada Cristiano debe hacerse imitador de Cristo y lo que sucedió a Cristo se debe hacer también en nuestra vida. Tal como dicen también los santos Padres debemos ir caminando por los escalones del perfeccionamiento espiritual, de los grados de la edad espiritual de Cristo, y lo que sucedió en Cristo que se haga también en nosotros.

Por tanto, en nosotros también se debe hacer la metamorfosis por la Luz increada de la Metamorfosis del Señor nuestro. Y aquí está nuestra lucha; el cómo por nuestra metania, por nuestra oración, por nuestra obediencia y por nuestra participación al iluminador Cuerpo y Sangre del Señor, porque también la Divina Comunión o Efjaristía es Luz increada, cómo, participando de todos estos carismas de nuestro Dios Triuno podremos nosotros también poco a poco reducir nuestro skotos (oscuridad e ignorancia) y que aumente la Luz increada de Cristo.

Bienaventurados los que hoy viendo al Señor metamorfoseado y viendo también nuestro sí mismo, y por nuestro sí mismo nos entristecemos porque no vemos esta Luz increada que brille en nuestra existencia, y en cambio por el Señor metamorfoseado nos alegramos, Le agradecemos y Le alabamos.

Pero hoy humildemente Le rogamos que nos ayude a desear y anhelar la Luz increada, la Luz de Su cara/persona. Anhelar a destituir al hombre interior y hacerlo luminoso como luminoso es el Cristo, tal y como es todo Luz, todo Resurrección y todo Verdad. Y luchando así este combate bueno, aplicaremos y cumpliremos también nosotros la santa voluntad del Señor. Porque la voluntad del Señor, como muchas veces hemos dicho, es hacernos dioses por la Jaris-Gracia increada. ¿Y cómo nos haremos dioses por la Jaris, si aún estamos dentro en el skotos (oscuridad e ignorancia) y aún no inundado en nuestra existencia la Luz increada de Cristo?

Y en la doxología también psalmodiamos “en tu luz contemplamos la luz”. Realmente podríamos contemplar la divina Luz increada sólo por y en la Luz de la persona/cara de Cristo. ¡Tenemos a Cristo iluminando! ¡Tenemos Zeotokos iluminadísima! ¡Tenemos Santos iluminados! Y nosotros estamos llamados a hacernos Luz. Que el Dios nos ayude a anhelar esta Luz por las bendiciones de todos los Santos, los cuales consiguieron la iluminación, el resplandecimiento, la θέωσις zéosis, vieron la Luz increada de la Metamorfosis y muchos de ellos fueron vistos dentro en esta Luz increada de la Metamorfosis. Porque los Santos no sólo vieron la Luz de la Metamorfosis, sino que les vieron dentro en esta Luz increada, los que fueron dignos que sean vistos. Nos acordamos de la vida de san Gregorio Palamás, que hemos leído hoy su logos y que es por excelencia el teólogo de la Luz increada y de la Jaris increada, que, cuando vino el momento de entregar su santa psique-alma, dos sacerdotes que estaban allí cerca de él, uno hieromonje y el otro casado, sacerdotes dignos, vieron su rostro/cara resplandecer toda dentro en la Luz increada de la Metamorfosis (San Gregorio Palamás y el Antipapa” pag 189, por hieromonje Atanasio Parios). Porque no era posible que san Gregorio Palamás quien vino a la Santa Montaña Athos en la edad de veinte años y anhelaba liberarse de su skotos (oscuridad e ignorancia) espiritual clamando continuamente hacia Cristo “φώτισόν μου το σκότος fótisón mu to skotos, ilumina mi oscuridad e ignorancia (espiritual)” que no sea escuchada su oración y no resplandezca en su interior la Luz increada de Cristo.

Esta Luz increada, pues, que deseemos y anhelemos también con un santo celo ardiente. Roguemos al Señor a que nos ayude a luchar por esta Luz, la Luz eterna, la Luz increada, la Luz que es la Realeza de Dios, y por la cual estamos llamados. Y si desde esta vida hayamos visto nosotros también algo de esta Luz increada, tenemos la esperanza que el Señor nos hará dignos a vivir también en la Luz increada de Su Realeza celestial, la que deseo y bendigo por todos vosotros. Amín.

 

Homilía 28 año 2013

¿Quién hombre piadoso, quién fiel Cristiano no desearía encontrarse al monte de la Metamorfosis junto con el Señor y las restantes personas que le rodeaban, para disfrutar un poco de la doxa increada de Dios?

Sin embargo es posible ahora también ver también nosotros algo de la doxa increada de Dios. Pero esto puede ser mientras existan las condiciones y presuposiciones gracias a las cuales los discípulos vieron la doxa increada de Dios.

Primera condición: Es que estemos siempre cerca de Jesús. Los discípulos no dejaron a Jesús. Estaban siempre cerca de Él. Le seguían y Le acompañaban. Por supuesto que tenían sus debilidades, aún tenían inmadureces, pero le amaban. Querían sólo a Jesús no querían nada más. Y esto les hizo estar unidos con el Cristo.

Segunda condición: que vivamos en la Iglesia. Porque la Metamorfosis no se hizo individualmente, no se hizo delante sólo de determinados individuos. Se hizo en κοινωνία kinonía comunidad y comunión de hombres fieles, en este caso ante los Profetas y los Apóstoles. Y allí resplandeció la doxa del Señor. Muchos creen que pueden con su propia individual piedad ver, contemplar a Dios. Error. Sin la comunión y unión eclesiástica y los Misterios de la Iglesia, el Dios no se ve, no se contempla.

Y tercera condición: Los discípulos vieron este espectáculo, ya que subieron juntos con el Señor en el monte Tabor, el monte de la apacia*, tal y como psalmodiamos en la Iglesia. La apacia es la condición y presuposición para que podamos ver la doxa increada de Dios. La áskisis*-ascesis ortodoxa, ejercicio espiritual por la que intentamos vencer nuestros pazos, es condición para poder ver, contemplar la doxa increada de Dios. *(Ver: 5 Ἀπáθεια Apacia, sin pazos, impasibilidad, sin pasiones… y 7 Ἄσκησις, áskisis o ascesis, ejercicio, práctica http://www.logosortodoxo.com/minilexico/)

Y aquí vemos que el monte Tabor no es una montaña alta, es una montaña baja, una montañita diríamos, sin embargo la himnología de nuestra Iglesia lo relató como “montaña alta”, porque la apacia es algo difícil de conseguir, pero no imposible.

Por tanto, ya que estamos en la Iglesia, mientras estamos unidos con el Cristo y luchamos contra nuestros pazos, tenemos la esperanza de ver también nosotros desde esta vida algo de la doxa increada de Dios, de la Luz de la persona/cara de Cristo, del esplendor de Cristo. Y esto es la verdadera felicidad y alegría. Todas las demás alegrías del mundo son vanas, son provisionales. Vienen y se marchan. Pero esta alegría, ver la Luz increada de Cristo, es una alegría que acompaña al hombre en toda su vida. Y la disfruta y se alegra porque la espera y la anhela. Y no existe otra mayor alegría de la que uno ver la persona/rostro del Cristo, del mismo Señor, tal y como Le vieron los santos Apóstoles y Sus discípulos.

Agradecemos al Señor, el cual “por nuestra sotiría sanación, redención y salvación” se metamorfoseó. Hizo toda la obra de la divina Economía pero también Su metamorfosis, para informarnos y confirmarnos sobre Su deidad, de modo que no tengamos pensamientos de poca fe o fe nula y para demostrarnos que podemos desde esta vida alegrarnos también nosotros por una alegría grande y verdadera, la visión, expectación de su Santa persona/cara/rostro, la expectación de Su doxa increada, la expectación del Dios Trinitario.

Les deseo y bendigo que la Jaris increada del metamorfoseado Señor ayude también a nosotros que nos vayamos metamorfoseando más y más y nos vayamos madurando espiritualmente, para que tengamos la esperanza poder ver algo también en esta vida, pero sobre todo tener la esperanza de que nos haremos dignos de la Realeza increada de Dios, vivir este milagro que vivieron los santos Apóstoles junto con los Profetas del Antiguo Testamento, el profeta Moisés y el profeta Elías en el monte Tabor de la Metamorfosis.

No sé si os acordáis algo que os he dicho, que cada año en este día en el Tabor, la hora que se hace la vigilia-agripnía, aparece una pequeña nube luminosa y cubre el Monte. Esto lo han visto muchos hombres y que han ido allí y me lo han dicho; me lo han confirmado. Es un milagro contemporáneo que se hace y muestra que realmente se hizo la Metamorfosis y que realmente resplandeció la nube luminosa allí y realmente se escuchó la voz del Padre: “Este es mi hijo bienamado a quien he dado complacencia” (Mt 17,5), 

Por tanto, ¡doxa (gracias y gloria) y honor al metamorfoseado Señor! Agradecimiento y gratitud, porque nos ha hecho dignos también a nosotros estar cerca de Él, seguirle e ir haciéndonos partícipes de Su eterna alegría!!!

Yérontas Gheorgios Kapsanis (†1935-2014)

Kaz-igúmenos co-guía del Monasterio san Gregorio, Athos

Traducción de  Χx.Jj

 

 

 

 

 

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