Los pazos y la depresión

Pazos depresion

ΤA ΠΑΘΗ ΚΑΙ Η ΚΑΤΑΘΛΙΨΗ

ΤΙ ΕΙΝΑΙ ΚΑΙ ΠΩΣ ΘΕΡΑΠΕΥΟΝΤΑΙ

LOS PAZOS Y LA DEPRESIÓN QUÉ SON

Y CÓMO SE “PSICOTERAPIAN”, SANAN

 

En este trabajo pequeño intentaremos con la Jaris (energía increada) de Dios y las bendiciones del Yérontas- hablar sinópticamente sobre el pecado y los pazos, como causas de las llamadas patologías psíquicas y muchas veces somáticas (corporales). A continuación presentaremos qué dicen los santos Padres sobre la depresión, sobre sus causas y su terapia.

Las llamadas enfermedades psíquicas, con cúspide la depresión, en realidad son enfermedades espirituales, según nuestros Santos. Se deben a la sumisión del hombre a los pazos. Los instigadores de los pazos son el mundo, el hombre viejo y el diablo.

En este pequeño trabajo, en Dios, intentaremos indagar más analíticamente el principio de los pazos, sus identidades, la forma que son creados y el nacimiento mutuo entre ellos. Finalmente, veremos la conexión de estos con las enfermedades somáticas (corporales) y las llamadas enfermedades psíquicas como también el modo de su terapia.

Por supuesto que nos centraremos más en la depresión, la enfermedad que los Santos Padres la definen como ακηδία (akidía, acidia o pereza espiritual), αθυμία (azimía, desánimo, desgana), θλίψη (zlípsi, tristeza, pena, sufrimiento, aflicción).

Rogamos por las intercesiones de la Santísima Zeotocos (madre de Dios) y todos los Santos, que el trabajo presente sea una pequeña piedrecita en la edificación de nuestra salud psicosomática. Para doxa=gloria del Dios Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Hieromonje Sabas el Aghiorita, 10 junio 2011

Fiesta de los santos Mártires Alejandro y Antonina.

 

Introducción

Los Santos Padres que son nuestros verdaderos médicos espirituales, nos han apocaliptado=revelado todo lo que uno debe conocer sobre los pazos. Por supuesto que en la praxis (acción) diaria es mejor que no afrontemos los pazos de manera agresiva. El bienaventurado Yérontas Porfirios sugería que: debemos abandonar las debilidades y el mal, y que no nos preocupe la existencia de ellos. Al contrario, tenemos que esforzarnos en encontrar las maneras de amar a Dios. La mejor manera de afrontar los pazos, el pecado y el diablo es el desprecio.

El Yérontas, claro está, que con sus dichos no daba a entender que debemos ser ignorantes sobre lo que son los pazos, cómo se crean y cómo se sanan. Simplemente no quería que “nos sangremos”, afrontándolos “cara a cara”. Por eso aconsejaba que los despreciemos y nos dirijamos hacia la Luz Increada de Dios.

San Isaac el Sirio dice: “Debes vencer los pazos con buenos loyismí, recordando las virtudes, en vez de intentar vencerlos con la impugnación o refutación. (La llamada guerra de impugnación o contradicciones). Porque los pazos cuando son excitados y movidos contra ti, para combatirte, entonces es cuando forman en tu nus varias imágenes y planos que promueven y provocan el pecado. Esta guerra contra nuestro nus tiene una fuerza muy grande, puesto que remueve los recuerdos antiguos y nos alborotan. Pero cuando al ataque de ellos, te cubres con buenos loyismí, como hemos dicho, entonces ya no aparecerá ni sombra de los pazos en tu nus después de la expulsión de estos.

El pecado y los pazos conducen al hombre, de acuerdo con el Yérontas Porfirios, en la tristeza, melancolía, sufrimiento, ansiedad y depresión. En la Santa Escritura tenemos el ejemplo- descripción de Saúl, quien pecó y se sintió dominado por profunda melancolía y demonización. Dice la Escritura: “En aquel tiempo el Espíritu del Señor se había alejado de Saúl. Otro espíritu, por concesión de Dios, espíritu maligno le perturbaba. Los sirvientes de Saúl dijeron: he aquí, pues, un espíritu maligno, por concesión de Dios, te está ahogando” (1Re 16, 14-15). Los pecados y los pazos de Saúl, le condujeron a la depresión.

También tenemos el incidente con Nabucodonosor, quien después de sus éxitos y triunfos dentro y fuera de su imperio, se enajenó a causa de su gran prepotencia y soberbia. Sufrió un tipo de locura, la llamada likantropía (hombre lobo), por la que abandonaba los hombres y vivía como una bestia salvaje. Después de siete años, cuando reconoció la grandeza de Dios y se hizo humilde, entonces consiguió la terapia, y fue sanado de la locura (Dan 4,28-37).

En el Antiguo Testamento, en el libro del Profeta Daniel se escribe: «Todas estas cosas ocurrieron al rey Nabucodonosor. Doce meses después de este sueño, mientras estaba caminando sobre el templo de su reinado en Babilonia, tomó la palabra y dijo: “esta no es la gran Babilonia, la que yo he reconstruido como capital de mi reino con mi gran poder y fuerza, de manera que divulgue mi grandeza y mi gloria”. Mientras aún estaba este discurso en la boca del rey, vino una voz del cielo. “En ti, rey Nabucodonosor, se dirige este logos: tu reinado se ha pasado, se ha quitado de ti. Te expulsarán de la sociedad de los humanos y morada será entre bestias salvajes. Te alimentarán con hierbas, como un buey y pasarán siete épocas por encima de ti, hasta que conozcas que el Altísimo Dios es el Señor del reinado de los hombres y que Él entrega al reinado en aquel que él quiere.»

Exactamente en aquel momento fue cumplido para Nabucodonosor el sueño de la profecía. Porque él perdió su razón, su cordura, y fue expulsado de la sociedad de los humanos, comía hierba como un buey y la lluvia del cielo mojaba su cuerpo, hasta que sus pelos crecieron como los del león y sus uñas se hicieron como de los buitres rapaces.

«Después del paso de este espacio de tiempo, yo Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo y mi lógica retornó a su sano juicio. Glorifiqué al Altísimo porque Aquel realmente es el poder eterno y Su reinado y realeza de generación en generación» (Dan 4, 28-37).

De los ejemplos anteriores se deduce que el pecado y sobre todo la prepotencia y el orgullo, conducen a la melancolía-depresión, en la locura y en la demonización. La metania, la humildad, la agapi y la alabanza a Dios sanan la psique enferma, porque expulsan el factor enfermizo, que es el pecado.

Dice san Simeón el Teólogo: “Tal y como es la enfermedad del cuerpo, así también es el pecado en la psique. Por eso, la medicina de la psique no se ocupa de otra cosa que la lucha contra el pecado y sus causas, que son los pazos”.

El método terapéutico de la Iglesia Ortodoxa apunta hacia la terapia radical del hombre, de la liberación del pecado y los pazos y la sustitución de ellos con las virtudes, con la Divina Jaris (gracia, energía increada) y con el Cristo. Entonces el hombre es realmente sano psicosomáticamente y feliz en Cristo Dios.

El trabajo presente tiene tres partes:

A´ parte se hace referencia de lo qué son los pazos, según los Santos Padres, cómo estos se crean y el método de terapia, es decir, cómo se sanan.

B´ parte se presenta la definición, la causa y la terapia de la depresión, según los Santos Padres. Se da un énfasis en la enseñanza de los carismáticos y santos Yérontas contemporáneos.

C´ parte presentamos los salmos que utilizaba san Arsenio para la terapia de varias enfermedades psíquicas-espirituales, y continuación hay oraciones relativas con la depresión.

Ojalá, que el Médico (Psicólogo y Psiquiatra) de nuestras psiques y cuerpos Señor Jesús Cristo bendiga este pequeño trabajo humilde, de modo que resulte –aunque sea lo mínimo- beneficiosa y terapéutica para todos nosotros.

 

PARTE A : LOS PAZOS

A1) Qué son los pazos

Los pazos son las fuerzas y energías psíquicas que han tomado el camino equivocado.

Los pazos son direcciones equivocadas, que tienden a obtener las distintas fuerzas de nuestra psique. La sujeción y subordinación en estos, aleja nuestra existencia del camino hacia el “como semejanza”. El hombre debe con la Jaris (gracia, energía increada) de Dios, resistir en estos, despreciarlos y dirigirse hacia el bien, la virtud y la agapi (amor desinteresado) a Dios y a su prójimo.

«Preguntaron una vez al Yérontas Paísios:

-Yéronta, cuándo el Profeta David decía: “Apóyame con espíritu hegemónico”, ¿qué pedía?

– David pedía de Dios que le diera el carisma de gobernar, dirigir, porque tenía que gobernar a hombres. Pero también cada hombre necesita “espíritu hegemónico” porque se tiene que gobernar a sí mismo, para que los pazos no lleven la batuta y le gobiernen.

– ¿Yéronta, qué son los pazos?

Yo los pazos los veo como fuerzas de la psique. El Dios no da defectos, sino fuerzas y energías. Pero cuando no las explotamos, ni desarrollamos para el bien, viene el tangalaki (diablillo), las explota y se convierten en pazos, y después refunfuñamos y nos metemos contra el Dios. En cambio, si las desarrollamos y aprovechamos bien, las dirigimos contra el mal, entonces nos ayudan en nuestra lucha espiritual.

Por ejemplo, la ira o enfado, muestra que la psique tiene hombría, es la que ayuda en la vida espiritual. Alguien que no es irascible y no tiene valentía, no puede poner el sí mismo fácilmente en su sitio. El hombre irascible en la vida espiritual si desarrolla y explota bien la fuerza que tiene, es como un coche fuerte que cuando toma la recta nadie lo alcanza. Pero si no la desarrolla y se deja incontrolado al sí mismo, parece al coche que corre con velocidad excesiva en un camino anómalo, en mal estado y cada dos por tres se descarrilla.

El hombre debe conocer las fuerzas que tiene y girarlas hacia el bien. Así con la ayuda de Dios llegará en un estado espiritual bueno.

Por ejemplo, al egoísmo dirigírlo contra el diablo y no darse por vencido cuando va a tentarle. La tendencia a la charlatanería, santificarla, cultivando la bendición u oración del corazón o de Jesús. ¿No es mejor hablar con Cristo que charlatanear y pecar? Es decir, según el cómo el hombre utilizará las fuerzas psíquicas, puede hacerse bueno o malo.

De lo anterior entendemos que los pazos son fuerzas de la psique que no se utilizan para el bien. Y en vez de ayudarnos, a acercarnos y a unirnos con el Dios, nos alejan de Él. Deberemos conocer estas fuerzas psíquicas, las cuales son regalo de Dios y desarrollarlas de manera para unirnos con el Dios. Entonces el Dios será glorificado y nuestros semejantes beneficiados.

La ira o la parte irascible de la psique, se nos fue regalada de Dios para movernos hacia Él con ímpetu, con entusiasmo y con determinación, de manera que Le amemos más que todos y todo. Utilizándola correctamente esta fuerza, podemos contener también a nosotros mismos del mal: Podemos destruir los malos loyismí (pensamientos, reflexiones, ideas, imaginaciones) que siembra el maligno y los malos deseos que aquel, el diablo, remueve en nuestra psique.

Pero nosotros, por regla general, hacemos todo lo contrario que lo anterior; utilizamos la ira para ir contra nuestros prójimos, para defendernos y para vengarnos.

La corrección de esta dirección mala de la parte irascible de nuestra psique, se consigue con la agapi universal (amor increado), el silencio y la oración.

El deseo, anhelo o la parte anhelante de la psique, se nos fue dado de Dios para anhelar y amar a Dios. Nosotros todo lo contrario, esta fuerza la utilizamos para desear las cosas del mundo, los placeres carnales, el dinero y la vanagloria mundana.

La terapia de esta mala dirección de la parte anhelante de nuestra psique se consigue con la continencia, autocontrol y autoexamen: continencia en la comida, en dormir, en el descanso corporal, en los viajes inútiles, en los logos-conversaciones o compañías inútiles.

El egoísmo, decía otra vez el Yérontas Paísios, se nos fue dado para que no nos demos por vencidos en nuestro combate con el diablo y no entregar nuestras armas al enemigo. Pero nosotros utilizamos el egoísmo para atacar a nuestros hermanos y aún hasta al mismo Dios.

El nus (el espíritu o energía del corazón humano) o la parte logística de la psique, se nos fue dado por Dios para orar incesantemente y no enaltecernos, cultivando varios loyismí levitados y alienados. La terapia de la parte logística de nuestra psique se consigue con la oración incesante.

Cuando hacemos funcionar así los regalos de Dios, entonces realizamos el propósito de nuestra existencia y nos asemejamos a Dios, el Cual no tiene pazos sino Divinas Fuerzas y Energías Increadas, benefactoras para toda la creación.

El ser humano es unidad psicosomática

El hombre está constituido con cuerpo y ψυχή (psijí) psique o alma. Cada elemento por sí solo no constituye al hombre. San Justino, filósofo y mártir, dice que la psique por sí misma no es el hombre, sino que se llama psique del hombre. Tampoco el cuerpo se llama hombre, sino cuerpo del hombre. “Como el hombre no tiene ninguno de estos dos elementos por sí solos, entonces no es humano, pero se llama humano o hombre esto que resulta del cruce y unión de los dos; y el Dios ha llamado a la vida y a la resurrección al hombre entero no una parte, o sea, lo que es la psique y el cuerpo.” (San Justino: Sobre la Resurrección).

El hombre pues, no es dos “cajitas” independientes, o dos partes separadas: psique y cuerpo. Al contrario, es una unidad psico-somática inquebrantable, que cuando esta unidad se disuelve, entonces hablamos para la muerte del hombre.

«La psique se crea junto con el cuerpo. El embrión “con su concepción, toma también su psique”. Junto con la concepción se crea la psique y opera tanto la psique como el cuerpo» (San Juan el Sinaita). «Cuanto más crece el cuerpo, tanto se manifiesta también la psique con sus energías» (Ierotheo Vlajos: “Psicoterapia Ortodoxa”).

Nuestras dos partes, psique y cuerpo, están interrelacionadas y el uno contiene al otro. Pero por muy paradójico que parezca, es verdad: Lo que contiene es la psique y lo contenido es el cuerpo.

San Gregorio Palamás dice: «Los ángeles y la psique del hombre, que son entes incorpóreos o inmateriales, no están en un lugar, ni en todas partes. La psique, es la que contiene el cuerpo con el que se ha creado y se encuentra en todo el cuerpo, no en un lugar o sitio, ni como contenido del cuerpo, sino que lo compone, lo contiene y lo vivifica, pero a la vez tiene también el “como o a imagen de Dios”. Tal y como el hierro candente tiene el color rojo del fuego, el fuego rodea lo negro del metal, lo mismo la psique rodea el cuerpo.

La psique no está sólo dentro, sino dentro, sobre, alrededor y fuera del cuerpo». San Juan el Damasceno dice: “no está la psique dentro del cuerpo sino el cuerpo dentro de la psique”.

La psique da vida al cuerpo. Si ella enferma entonces también enferma el cuerpo. Si se va totalmente del cuerpo, entonces el cuerpo queda totalmente muerto, de σώμα (soma) cuerpo se convierte en πτώμα (ptoma) cadáver. Y cae al suelo como un saco vacío.

El corazón es el centro de la psique, el órgano hegemónico.

La parte logística (el nus) de la psique está unida con el corazón y es el trono de la Divina Jaris (gracia, energía increada).

«San Gregorio Palamás, teniendo en cuenta que existen personas que colocan la psique en el cerebro, como una acrópolis* (los helenizantes) y otros la ponen dentro al corazón “como espíritu psíquico”, como vehículo auténtico, (los Judaizantes); pero nosotros, dice, conocemos exactamente que lo logístico se encuentra dentro al corazón pero no en un vaso sanguíneo o como recipiente, puesto que es inmaterial, ni fuera del corazón puesto que está adjunto.

*acrópolis (extremo o el punto más alto de la ciudad).

El corazón (como esencia) del hombre es el órgano hegemónico, según san Gregorio, el trono de la Jaris (gracia, energía increada). Allí se encuentra el nus y todos los loyismí de la psique. El santo sostiene que esta enseñanza la hemos recibido del mismo Cristo, Quien es el creador del hombre. Recuerda el logos de Cristo “Oíd, y entended: No lo que entra en la boca contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, esto contamina al hombre” (Mt 15,11) y también: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. (Mt 15,19). El santo aún expone también el logos de san Macario: “el corazón (esencia) domina y reina todos los órganos y cuando la Jaris de Dios haya dominado el corazón, domina y reina en todos los loyismí y en los miembros; porque allí está el nus (energía) y los loyismí de la psique».

Por eso el propósito básico de la terapia es, según el santo, “retornar el nus esparcido por los sentidos y de afuera introducirlo al corazón, que es la caja de los loyismí y el primer órgano logístico carnal” (Obras san Gregorio Palamás, tomo 2º, pag 124-126).

Qué es la psique y cuáles son sus partes.

Según san Juan Damasceno la psique es esencia simple, viva, incorpórea o inmaterial, de naturaleza invisible por los ojos físicos, lógica y noerá (espiritual), sin forma definida, utiliza soma (cuerpo) orgánico y proporciona en este la vida, el nacimiento, el crecimiento y el sentimiento, sentido o sensación. No tiene el nus separado de ella, sino que nus es la parte más limpia y pura, exactamente lo que es el ojo para el cuerpo es el nus para la psique. La psique es independiente, voluntariosa y energética. Es vulnerable, (es decir, cambia, altera su voluntad), porque también es creada. Todas estas cosas las tiene por naturaleza, puesto que las ha recibido de la Jaris (gracia, energía increada) de Aquel que la ha creado. De la Jaris la psique ha recibido su existencia y el ser por lo que es por naturaleza.

La psique tiene tres partes: Λογιστικό, (logístico), Θυμικό (zimikó, irascible o emocional, Επιθυμητικό (epizimitikó, anhelante, voluntarioso). Estas cosas las estudiaremos ahora, para que sea entendido el mecanismo de la creación de los distintos pazos.

Escribe san Juan el Damasceno que: «La psique la llamamos tripartita, porque tiene lógica (o lo logístico), lo irascible (o emoción) y lo anhelante (o voluntad). De modo que con lo lógico reflexionar y razonar, con lo irascible enojarse y enfadarse contra los demonios, teniendo la fortaleza y la valentía contra ellos; y finalmente con lo anhelante amar a Dios.

El anhelante o voluntarioso se divide en tres partes:

  1. a) Al Divino
  2. b) Al físico o natural
  3. c) Al carnal, que es diabólico.

Divino es que uno ame a Dios. Físico o natural es que uno ame por naturaleza. Y carnal es que uno ame contranaturalmente. Por ejemplo, natural es el matrimonio, contra natural es la lujuria, prostitución y los similares…»

San Gregorio Palamás, refiriéndose en que la psique es como imagen de la Santa Trinidad y escribiendo que la Santa Trinidad es Nus, Logos y Espíritu, dice que la psique está creada como imagen Suya, es “noerá, lógica y espiritual”. Por eso debe guardar el orden divino y estar totalmente entregada a Dios. Ver sólo a Dios y adornarse con la continua memoria y contemplación y con la calurosísima y candente agapi (Filocalía t.4).

La psique mediante los pazos y los pecados, se disgrega, por eso necesita estar uniéndose, unificándose y ofreciéndose a Dios. Esta unificación se logra de muchas maneras, principalmente con la aplicación del logos de Dios. San Teolepto de Filadelfia, recalca principalmente el valor de la oración. «Y la oración pura y clara, une hacia sí misma el nus, el logos y el espíritu. Y por el logos pronuncia el nombre de Cristo, por el nus se acerca, toca sin encantarse o quedarse extasiado a Dios, y por el espíritu el recogimiento, la devoción, la humildad y presenta la agapi, y así suplica la sin principio ni fin Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, el Dios uno. (Filocalía t.4)». Con el logos mencionamos continuamente el nombre del Cristo, con el nus nos acercamos y tocamos a Dios sin encantarnos y con el espíritu nos apoderamos de la devoción, la humildad y la agapi.

De esta manera se unen e unifican las tres fuerzas o energías de la psique y se ofrecen a la Santa Trinidad. «Así se consigue la “Psicoterapia” terapia, sanación de la psique… La disgregación de las fuerzas de la psique constituye enfermedad y la unificación constituye la terapia, sanación (o psicoterapia)… » (Ieroteo Vlajos: “Psicoterapia Ortodoxa”).

Las fuerzas y energías de la psique

Las fuerzas y energías de la psique se distinguen en:

  1. a) Gnósticas o sentidos de la psique, y
  2. b) Vitales o apetitosas (estas como dijimos son el anhelo, deseo y la ira o emoción, San Juan el Damasceno).

 

  1. a) Fuerzas gnósticas o sentidos de la psique

Son cinco las fuerzas gnósticas o sentidos de la psique:

a1) νούς nus

a2) διάνοια (diania, mente, cerebro, intelecto)

a3) δόξα (doxa, gloria u opinión)

a4) φαντασία fantasía, imaginación

a5) αίσθηση (észisi, sentido, percepción, sentimiento o sensación).

 

a1) νούς nus

a1) El nus es el sentido espiritual de la psique, que con su propia energía puede verse, autovisionarse y mirar hacía sí mismo, sin búsquedas (investigación y silogismos).

El nus es como imagen del Trinitario Santo Dios. Tal y con el Dios es Nus (Padre), Logos (Hijo) y Espíritu (E. Santo), así también el nus es nus, logos (innato, connatural con el nus) y espíritu.

El logos es inherente o innato con el nus y se discierne en voz o logos interior y en logos oral o verbal. Se distingue de la lógica que conecta con la diania (mente, cerebro).

Cuando estos tres (nus, logos y espíritu) se unifican y se hacen uno, por la oración noerá-espiritual pura y clara, entonces el hombre funciona como imagen y semejanza de Dios, Su Creador. (Por eso debe mantener este orden, e implicarse enteramente a Dios. Ver solamente a Dios, adornarse con la memoria continua, la contemplación y la candente agapi hacia Él).

En la situación maligna, viciosa con pazos, el logos del nus se identifica con la razón o lógica y el nus se esclaviza en la diania-lógica (mente-razón). Entonces el logos inherente, innato se confunde – sufre un cortocircuito por las resoluciones de la mente lógica.

En la situación saludable con apacia (sin pazos), el logos liberado de su esclavitud en la razón de la mente lógica, expresa las experiencias del nus y las describe como frases lógicas con la ayuda de la diania- mente lógica.

El nus tiene esencia y energía. La esencia del nus se encuentra en el corazón (psicosomático). La energía de nus deberá encontrarse también al corazón y estar unida con su esencia, y así el nus debe estar orando continuamente. Entonces funciona correctamente. El funcionamiento correcto del nus consiste en estar orando continuamente con el logos, sea por el logos innato (o la voz interior) o por el oral, en sinergia y cooperación con su espíritu.

a2) διάνοια (diania, mente, cerebro, intelecto) es una fuerza de la psique con la que la psique reflexionando con silogismos o razonando puede conocer las cosas. Por eso se llama diania (del verbo διανοίγω dianigo abrir), porque de alguna manera abre un camino. La diania conecta con la lógica y está en el cerebro o enkéfalo. Por ella conocemos nuestro ambiente y no a Dios. Por el nus y sólo por él, conocemos a Dios, es decir, participamos de las energías increadas divinas y no de Su esencia. Ninguna otra de las cinco fuerzas psíquicas gnósticas se puede utilizar eficazmente para que el hombre conecte y se una con el Dios.

a3) δόξα (doxa, gloria u opinión), es la fuerza de la psique con la que sin causa conoce las cosas y opina sobre estas.

a4) φαντασία fantasía, imaginación es la fuerza de la psique insensata, animal*. La fantasía es la fuerza entre el sentido (sensación, sentimiento y percepción) y la doxa=gloria. El sentido crea una fantasía y ella una doxa, opinión. Esta doxa se hace objeto de examen por la diania, si es verdadera o no. San Juan el Damasceno dice que con lo que se ha examinado y razonado si es verdadero se llama también nus.

A través de la fantasía, los loyismí que provienen del ambiente o de la memoria, infectan y manchan el corazón. Por eso la fantasía se llama por los santos Padres “puente de los demonios”.

*Archimandrita Zacarías Zajaru: “Teología del Yérontas Sofronio”: «La fantasía como función del nus, o sea, de la psique, conecta con la energía de los pazos gordos, los carnales; este es el primer tipo de fantasía.

El segundo tipo de la fantasía se llama alucinación o ensoñación.

El tercero tipo de fantasía tiene carácter intelectual y está basada más bien en las representaciones de la memoria y el proceso del pensamiento… útil para la solución de problemas en el mundo y el desarrollo de la cultura técnica… (La llamada fantasía creativa), el tipo tercero, según el Yérontas Sofronio no es tan útil para la adquisición de la oración pura y clara.

El cuarto tipo de fantasía es el más peligroso para el hombre de oración. La razón o lógica humana intenta captar el misterio de Dios y recomponer aquellas cosas que la superan… la enfermedad de la religión. Aunque muchos, la estiman de tal punto que la llaman “creación teológica”, para el Yérontas no es otra cosa que el camino hacia el engaño… crea a Dios según la semejanza e imagen humana (Pag 237). …Para que el fiel llegue a la oración pura y clara que es el fruto perseguido por la oración noerá de la hisijía, debe sobresaltar y superar todos los tipos de fantasías e imaginaciones» (Pag 239).

a5) αίσθηση (észisi, sentido, sentimiento, sensación y percepción) es fuerza de la psique con la que percibe y siente las materias, es decir, las personas y las cosas materiales.

«El cortocircuito entre el nus (corazón) y la diania (mente, cerebro)»

En nuestro estado post caída, es decir, con pazos malos, vicios, la energía de nuestro nus, (la llamada noerá energía) se ha desenrollado y se ha pegado en nuestra diania (mente, cerebro); por lo tanto, se ha hecho un cortocircuito entre el nus (corazón) y la diania (mente, cerebro)».

Escribe el padre Romanidis: «Dicha enfermedad consiste en que existe cortocircuito entre el espíritu del corazón del hombre (entre el nus o la noerá energía según los padres) y el cerebro. En la situación fisiológica, normal, la noerá energía se mueve cíclicamente como una manivela, orando dentro al corazón. En su situación enfermiza la noerá energía no se manivela o no se mueve cíclicamente. Pero estando desplegada y arraigada en el corazón, se pega al enkéfalos-cerebro y crea un cortocircuito entre el cerebro (diania-mente, intelecto) y el corazón. Así los conceptos o nociones del cerebro, los cuales todos están tomados del ambiente, se convierten en conceptos o pensamientos de la noerá energía que siempre está sembrada, arraigada en el corazón. De este modo el paciente se convierte y se hace esclavo de su ambiente. A causa de esto, algunos conceptos o nociones que provienen de su ambiente los confunde con su dios o sus dioses». (“La religión es una enfermedad neurológica del hombre y la Ortodoxa su terapia y sanación”).

Esta es la enfermedad de la religión, identificación de lo creado con lo increado o en otra palabra idolatría; la terapia y sanación de esta enfermedad es la Ortodoxia, en donde está en vigencia el principio de que “entre lo creado e increado no existe absolutamente ninguna similitud”, es decir, entre el Dios y Sus creaciones.

El proceso de perversión y oscurecimiento del nus es de la siguiente manera:

  1. Los sentidos, cuando no están gobernados correctamente por el loyismós interior, introducen la muerte (espiritual) en la psique. Como dice la Santa Escritura: “Se introdujo la muerte por las ventanillas” (Jer 90.20.2).
  2. Los distintos mensajes de los sentidos crean las fantasías. Según los santos Padres, la fantasía es la caja de los sentidos.
  3. Las fantasías crean las doxas, es decir, opiniones sobre las personas, los acontecimientos y las cosas.
  4. Las doxas (opiniones) se convierten en objetivo de maquinación o tratamiento por la diania (mente, intelecto o cerebro), si están de acuerdo con la verdad o no.
  5. El resultado del tratamiento, esto que se ha considerado correcto, se llama también nus, dice san Juan el Damasceno. Cuando hay “cortocircuito entre nus-corazón y diania-mente, entonces los dictados de la diania (los loyismí) contaminan e infectan la psique. Cuando el corazón no está vigilado por la incesante oración del corazón o de Jesús, bajan al corazón y lo infectan. Entonces el nus se convierte en esclavo de la lógica, de los sentidos, de la fantasía y del ambiente. Así el hombre hace Dios el sí mismo y el ambiente, a través de la fantasía. San Andrés de Creta dice en el gran Canon: a través de la fantasía me he convertido en auto-ídolo.

La Iglesia Ortodoxa con su terapéutica ortodoxa y sobre todo con el método de la incesante metania (arrepentimiento, introspección, conversión y confesión) de la oración del corazón o de Jesús, disuelve este cortocircuito, limpiando el corazón de todos los loyismí, aún hasta los buenos, delimitándolos en la diania (mente, cerebro).

  1. b) Las fuerza vitales o apetitosas de la psique

Dos son las fuerzas vitales o apetitosas de la psique:

b1) la voluntad (la ira) y

b2) la predisposición (deseo, anhelo)

La ira y el deseo contaminan la parte logística de la psique, cuando no funcionan correctamente.

Escribe san Juan el Damasceno: “Si en la parte irascible de la psique hay agapi (amor desinteresado) y filantropía y en la parte anhelante (deseo) hay pureza y templanza, (o sea, conducta sana, serena y humilde), entonces el loyismós está iluminado. Si en lo irascible hay odio al humano y en lo anhelante (deseo) vicio e inmoralidad, entonces el loyismós está ennegrecido, oscurecido.

El movimiento equivocado de las fuerzas psíquicas a causa de los loyismí.

Los pazos son malos hábitos, vicios y apegos (amores insensatos animales, odios irrazonables hacia personas y cosas).

Dice san Juan Damasceno: “Pazos es una costumbre, hábito o vicio que se crea de la combinación del loyismós que infunde y estimula el enemigo, y de una manera continua meditación y fantasía” (Filocalía t.2). Las fuerzas psíquicas extraviadas aman lo que no tiene que amar y también odian lo que no deben odiar. El extravío-perversión se hace a través de los loyismí.

Los loyismí y la procedencia de ellos

¿Qué son los loyismí y de dónde provienen?

Cuando decimos loyismí, no damos a entender simplemente los pensamientos, sino las imaginaciones, fantasías, meditaciones, ideas y representaciones, bajo las cuales cada vez existen también los correspondientes pensamientos. Las imágenes y fantasías junto con los pensamientos se llaman loyismí.

Primera y principal causa de los loyismí al hombre es el pecado original. Hasta entonces el nus del hombre era uniforme, (entero, sencillo), es decir, no se dividía o disgregaba en otras cosas a parte de Dios. Desde el momento del pecado original, empezó a trabajar el loyismós de la duda y a continuación todos los demás loyismí.

Segunda causa que provoca los loyismí son los órganos perceptivos o sensitivos, cuando estos no son gobernados por el soberano nus. Especialmente el oído y la vista. Hoy, a causa de la tecnología, los sentidos reciben más incitaciones que antiguamente. Por eso la lucha también con los loyismí es más intensa.

Tercera causa son los pazos que existen al hombre. De estos, los demonios “toman los motivos para mover en nosotros los loyismí malignos y viciosos”. Es decir, los pazos son el motivo que aprovechan los demonios en mover contra nosotros los malos loyismí.

La cuarta causa son los demonios. San Gregorio el Sinaita recalca característicamente: “Los loyismí son conceptos, palabras de los demonios y precursores de los pazos.

Y san Isaac el Sirio apunta que también la voluntad natural que está en nuestro interior crea loyismí, como también las declinaciones y tendencias que tiene nuestra psique.

Particularmente esta guerra es intensa a los monjes, quienes muchas veces llegan en una lucha con el demonio de cuerpo a cuerpo durante el ataque sorpresa de los malignos loyismí. Por eso san Máximo el Confesor recalca que esta guerra es mucho más difícil que la guerra sensible de las cosas.

Incluso los malos astutos loyismí puede que se presenten también por el temperamento o composición particular del cuerpo y de la dieta diaria, como también de los movimientos del mismo cuerpo.

De todas las causas anteriores provienen los loyismí indecentes.

Las clases o tipos de los loyismí

Básicamente distinguimos ocho loyismí de la maldad, quienes tienden a extraviar nuestras fuerzas psíquicas y alejarlas de Dios. Estos loyismí según san Juan el Damasceno son los siguientes:

LA GULA

LA LUJURIA

LA AVARICIA

LA IRA

LA TRISTEZA

LA ACIDIA O PEREZA ESPIRITUAL

LA VANAGLORIA

LA SOBERBIA U ORGULLO

El que nos molesten o no estos ocho loyismí, no está en nuestro poder. Pero en insistir y permanecer en estos y mover o no mover los pazos, esto sí que está en nuestro poder. Los loyismí hasta que lleguen a convertirse en pecado, siguen un camino concreto.

El camino del Asalto del loyismós maligno hasta el Pecado.

El Asalto del loyismós maligno, la combinación y la lucha o combate, preceden del pazos. Después del Pazos sigue el consentimiento o conformidad, la acción con su energía maligna y la cautividad. Qué es cada uno de estos, nos lo explica san Juan el Damasceno:

“ASALTO, COMBINACIÓN, LUCHA, PAZOS, CONSENTIMIENTO, ACCIÓN Y CAUTIVIDAD.

Asalto es el simple recordatorio del diablo. “Haz esto o aquello”, igual que le ha ocurrido al Señor y Dios nuestro, por ejemplo: “Di que se conviertan las piedras en panes” (Mt 4,3).

Como hemos dicho esto no está en nuestro poder y nuestra competencia, por lo tanto, es inocuo y no somos responsables nosotros por los asaltos demoníacos.

Combinación, es la aceptación del loyismós que nos dicta el enemigo y, de una manera u otra, el estudio o reflexión del maligno loyismós y la conversación hedónica con este con nuestra predisposición y voluntad.

Pazos es el hábito que se crea de la combinación del loyismós que infunde el enemigo, y de una manera continua estudio del loyismós, meditación y fantasía.

Lucha o combate es la resistencia contra al loyismós, que se hace para anular el pazos que este contiene, es decir, el loyismós maligno, vicioso o el loyismós por consentimiento, como dice el Apóstol: “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley” (Gal 5,17).

Cautividad es el rapto forzoso e involuntario del corazón que está padeciendo de anterior hábito, vicio largo y larga costumbre al pecado.

Consentimiento es la conformidad al pazos que contiene el loyismós.

Acción, operación y energía es la misma praxis y energía del maligno loyismós al que hemos consentido.

Aquel que afronta con serenidad el primero, es decir, el asalto, o lo expulsa inmediatamente con refutación y firmeza, éste ha expulsado con una acción también todo el resto. Aquel que no resiste a los malos loyismí, oscurece su nus, peca y lo llena de pazos.

Los loyismí viciosos, malignos oscurecen al nus.

Los pazos son patologías, enfermedades espirituales establecidas a causa de las múltiples caídas al pecado. El nus se va de la Luz (increada), que es el Dios, y cae en la oscuridad. A continuación se oscurece toda la psique y entonces el hombre entero, como es unidad psicosomática, se enferma.

Después de la caída “se ha obscurecido el nus de Adán” y se crearon los distintos pazos. La principal enfermedad y el pazos principal es nuestro oscurecido, ennegrecido nus. Causa de esta situación es el hombre y no el Dios.

El oscurecido nus, oscurece también la parte anhelante e irascible de la psique y en general al hombre entero. Y de aquí con la utilización-movimiento voluntario del nus equivocado, viene la sujeción, subordinación en los malos loyismí y el uso equivocado del resto de las fuerzas psíquicas y se crean los distintos pazos.

El movimiento equivocado del nus

El hombre, pues, por influencia e instigación del demonio, utiliza equivocadamente la parte logística de la psique, es decir, del nus. En vez de, mediante la oración, tenerle dirigido hacia el Dios, le gira y le dirige hacia las creaciones. Así el nus se convierte en apasionado, vicioso con pazos, patologías y pierde la vista a Dios y se somete a la lógica, a los sentidos, a los demonios, a los pazos y a la fantasía. Se llena de loyismí, que provienen del ambiente y principalmente de los demonios y se convierte en esclavo de ellos.

Así permanece contaminado, manchado, animal o demonizado, privado de la divina Luz increada y de la energía increada del Espíritu Santo. Esto ocurre porque se ha ido de Dios. San Gregorio Palamás nos enseña que: “El nus que se ha alejado de Dios se convierte en bestial y demoníaco…”

Es decir, cuando el nus se aleja de Dios, se convierte en bestial, animal, hedonista y buscador de los placeres carnales, o demoníaco, (orgulloso, arrogante, prepotente, iracundo, acusador de Dios), lleno de angustia, ansiedad, trastorno y conflicto; y mientras se ha alejado de lo fisiológico, deja de funcionar por naturaleza y desea las otras cosas, es decir, las contranaturales.

Haciendo mal uso de lo logístico, es decir, del nus, el hombre cae en la ignorancia de Dios.

El nus, en vez de ser el gobernador de la psique y del hombre entero, se subordina en la diania (mente, cerebro), en la lógica que es una fuerza, energía de la psique inferior en relación con la energía del nus y así es incapaz de ver a Dios.

Entonces la psique de este hombre de quien su nus está dominado por la diania-lógica se llena de soberbia, orgullo.

Y el orgullo convierte al hombre en insensato.

San Máximo el Confesor nos enseña claramente que el mal uso o abuso de lo logístico de la psique es la agnosia-desconocimiento y la insensatez.

El movimiento equivocado de lo irascible de la psique.

El hombre con el nus oscurecido también utiliza equivocadamente su parte irascible de la psique y cae en la tiranía de sí mismo y a los demás.

San Juan el Damasceno escribe que: “El odio y la ira son buenos si se dirigen contra aquellos que impiden la sanación y salvación de la psique y la unión con el Dios por obediencia, y también contra los que le alejan de Dios, es decir, contra el diablo y sus obedientes”.

Desgraciadamente el hombre muy a menudo gira su ira contra sus hermanos, en vez de luchar, (utilizando bien la energía de su ira), de modo que logre la conexión y comunión con el Dios y esforzarse exclusiva y solamente en esto. Se enfada contra los que cometen alguna injusticia o supone que son injustos con él. Se enfada y se enfurece, defendiendo su mal carácter, luchando para la satisfacción de sus pazos y sus deseos. Incluso se enfada contra el Dios o contra sí mismo. Así en vez de ejercitar la agapi se llena de odio.

El movimiento equivocado de lo anhelante de la psique

El hombre con pazos y vicios, también utiliza equivocadamente lo anhelante y cae en la indecencia y la filaftía (egolatría, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo). En vez de desear con toda su psique, totalmente a Dios y sólo a Él, dirige su deseo, anhelo hacia miles de otras cosas o personas, creando así el anhelo para estas. Haciendo mal uso de lo pasional (anhelante e irascible) de la psique, el hombre se llena de odio e indecencia, tal y como nos enseña san Máximo el Confesor. Sobre todo haciendo uso deplorable de lo anhelante, se dirige eróticamente hacia sí mismo. Así se hace egoísta y ególatra.

Según los Santos Padres, la filaftía-egolatría es la raíz de todos los males.

La φιλαυτία (filaftía) egolatría se define como un estado vicioso, con pazos y apasionado hacia el cuerpo. De esta nacen las grandes amistades enfermizas. Los tres pazos puntales: φιληδονία (filidonía) amigo o amor al hedonismo, placer; φιλοδοξία (filodoxía) amigo a la doxa=gloria mundana, vanagloria, ambición y φιλαργυρία (filaryiría) amistad al dinero, avaricia, codicia. Estas generan el resto de los pazos.

El mal uso, abuso y el buen uso de las fuerzas y energías psíquicas.

De acuerdo, pues, con lo anterior, el mal uso del nus y de lo pasional (anhelante e irascible), conduce correspondientemente a la ignorancia, al odio, a la indecencia y a la filaftía (egolatría).

Al contrario, el buen uso, el natural, de las tres fuerzas de la psique (logístico, irascible y anhelante) es la gnosis-conocimiento, la agapi, la templanza y la modestia (humildad).

Los tres gigantes

Los Santos Padres nos han hablado también para los tres gigantes de los pazos que son: ραθυμία (racimía) pereza, negligencia, desgana espiritual y física, λήθη (lizi) olvido y άγνοια (agnia) desconocimiento, ignorancia y oscuridad.

Cuando estos tres pazos han dominado en la psique, entonces de ellos nacen todos los pazos y sobre todo los llamados psíquicos, los cuales oscurecen al nus del hombre.

Cuando el hombre se convierte en filaftos-ególatra, entonces domina en su interior la ignorancia de Dios, el olvido de Él y la ραθυμία (racimía) pereza, negligencia, desgana espiritual y física.

Todos estos son el clima propicio en el que se desarrollan y prosperan el resto de los pazos con puntales la φιληδονία (filidonía) amigo o amor al hedonismo, placer; φιλοδοξία (filodoxía) amigo a la doxa=gloria mundana, vanagloria, ambición y φιλαργυρία (filaryiría) amistad al dinero o avaricia, codicia.

Discernimiento de los pazos en psíquicos y somáticos o corporales

Los pazos se distinguen en psíquicos y somáticos. Los primeros conectan con la psique y los segundos principalmente con el cuerpo.

De todos modos todos los pazos son entrelazados, afectan y manchan al hombre entero. Entre estos hay una pugna, un cruce y un nacimiento recíproco y un solo sentido dual correspondiente entre ellos.

Escribe san Juan el Damasceno. “Pazos psíquicos son la ραθυμία (racimía pereza, negligencia, desgana espiritual y física), ληθη (lizi olvido) y άγνοια (agnia ignorancia y oscuridad espiritual).

De estos tres se oscurece el ojo de la psique, es decir, el nus y está dominado por todos los pazos que son los siguientes: Impiedad, kakodoxía, es decir, cada herejía, blasfemia, ira, enfado, enojo, odio al hombre, amargura, crítica condenatoria, katalaliá (maledicencia), tristeza sin razón o melancolía, miedo, cobardía, riña, envidia, vanagloria, arrogancia, hipocresía, mentira, ambición, codicia, amor materialista, malicia, vicio, apego apasionado en algo, relación excesiva con cosas terrenales, acidia (pereza, negligencia espiritual), mezquindad, gemidos, prepotencia, engreimiento, fraude, desvergüenza, adulación o halago, doble moral, consentimiento de pecados en la parte pasional de la psique y la meditación continua sobre ellos, vagando con los loyismí y las meditaciones y la filaftía (excesivo amor a sí mismo y al cuerpo, egolatría) la madre de todos los males, más el orgullo o soberbia raíz de todo mal, la avaricia, la mala conducta y la vileza o mala astucia.

Pazos somáticos son: gula, embriaguez, variedad de hedonismo, lujuria, adulterio, lascivia, impureza, incesto, pederastia, zoofilia, malos deseos y todos los pazos indecentes y antinaturales. Robo, sacrilegio, atraco, toda comodidad corporal y deleite de las voluntades carnales, y sobre todo cuando el cuerpo está sano.

Oráculos, presagio o adivinaciones, escándalos, amor a los adornos, fanfarronerías, alardes, cosméticos para la cara, gandulería, juegos del azar, abuso de las cosas placenteras del mundo, excesivo amor al cuerpo que infla al nus y le hace terrenal y bestial y no le deja levantarse hacia el Dios y hacia los trabajos para las virtudes” (San Juan el Damasceno).

Malos funcionamientos y desviaciones que resultan de distintos pazos.

El hombre apasionado, patológico lleno de pazos y vicios, está repleto de malos funcionamientos psicosomáticos y desviaciones, en concreto:

Su independencia o autosoberanía en vez de moverse hacia el Bien, es decir, hacia el Dios, se mueve al contrario y constituye al hombre en enemigo de Dios. El mal uso de la independencia o autosoberanía conduce también al mal uso de todas las demás fuerzas y energías psíquicas y físicas de los hombres.

En vez de hablar con su logístico (del nus) a Dios, dominando sobre la lógica, esclaviza el nus en la lógica-diania (mente) haciéndose orgulloso “oponiéndose” a Dios.

En vez de dirigirse con toda su voluntad-anhelante hacia el Dios, se lanza contra sus semejantes.

En vez de autodominarse, contenerse y abstenerse y por consiguiente disfrutaría de la salud psicosomática, busca los disfrutes y placeres carnales, convirtiéndose como una bestia.

En vez de moverse con toda su fuerza y energía del deseo y anhelar a Dios, se mueve hacia las creaciones y se convierte en idólatra.

En vez de estar dirigiendo constantemente su nus hacia el Bien Supremo y el mayor placer-hedoní de todos los placeres que es el mismo Dios, esclaviza su nus en la fantasía en los sentidos y los placeres que vienen a través de estos.

Así se convierte esclavo de su ambiente, de los sentidos y de los apasionados y malignos recuerdos que se han atesorado en la fantasía. El hombre se convierte en voluptuoso (hedonista), dominado por la razón y finalmente ignora a Dios (ateo).

Domina el elemento ἄ-λογο (animal o instinto animal, ilógico e insensato). La causa es porque no hay comunión de la psique con el Dios. El hombre se hace a-Logos (ilógico) porque no conecta con el Dios-Logos, ni está en comunión y unión con Él.

En la situación apasionada, patológica con pazos y vicios, todo el hombre funciona mal. Padece psíquica y físicamente. Vive una tragedia, tal y como lo describen los Padres Eclesiásticos y también los contemporáneos escritores filosofantes e intelectuales. Estos sobre todo llegan hasta el punto de sostener que no existe la felicidad y la verdadera jará-alegría (Huberto Ecco). Realmente no existe verdadera jará-alegría allí donde la buscan los hombres del mundo. Pero existe en la Iglesia Ortodoxa, en la unión del hombre con su arquetipo, nuestro Señor Jesús Cristo (mediante su energía increada Jaris y nos proporciona la jará-alegría verdadera).

Los pazos son la causa de muchas enfermedades espirituales y somáticas (físicas o corporales).

La santa Matrona, santa contemporánea y “octava columna de Rusia”, según la profecía de san Juan de Cronstand, enseñaba que los pazos y los demonios crean estas cosas que los hombres contemporáneos llaman enfermedades psíquicas.

Enseñaba la santa Matrona: “No existen enfermedades psíquicas, existen las espirituales: que son los hombres débiles, agotados, infectados y contaminados de pazos por los astutos espíritus malignos… Existen “por fantasía” enfermedades imaginativas que alguien las envía”. Con la palabra “alguien” evidentemente daba a entender el astuto diablo.

Escribe el padre Methodio Critikós: “Lejos de Dios el hombre es como el pez que está fuera del agua, no es ya el hombre real, el hombre fisiológico. Está enfermo e inválido, está lesionado y caído… es existencia anormal no natural.

San Juan el Damasceno, en la admirable obra, “Edición exacta de la Fe Ortodoxa”, escribe: “En su estado natural, todas las creaciones están subordinadas y obedecen al Creador. Pero cuando alguno de las creaciones se desboca voluntariamente y muestra desobediencia al Creador, entonces forma en su interior la maldad. Porque la maldad no es alguna existencia, ni atributo de alguna existencia, sino algo que ha ocurrido. Es decir, desviación voluntaria del estado natural al contranatural. Y esto es exactamente el pecado” (Capítulo 4).

El hombre pues, habiendo perdido, a causa del pecado, la base fundamental, natural y pragmática de su existencia, que es la conexión y comunión con su Dios y Creador, se tambalea la armonía interior desde los cimientos, está perturbado, mientras que las fuerzas y energías de la psique se descomponen.

El hombre individualista siendo autónomo y alejado de Dios, le inunda la turbación, la inquietud, el miedo, la angustia y la ansiedad, mientras que dentro de su psique, al subconsciente, se crean culpabilidades. Intenta sostenerse en cosas que no pueden apoyarle verdaderamente, en cosas o situaciones y personas de este mundo. En este intento y esfuerzo suyo se desarrollan en su interior fuerzas y energías de dependencia de estas cosas -los llamados pazos- que oprimen y tiranizan su vida.

Por ejemplo, el hombre privado del deleite o placer (hedoni) de la comunión con el Dios, persigue los placeres (hedonismo) y está hecho rehén del pazos de la filhidonía (amor al placer mundano, carnal, voluptuosidad, hedonismo), el cual, al ser realmente insatisfecho, conduce a la depresión.

Habiendo perdido su fe a la providencia de Dios, intenta satisfacer sus inseguridades y sentirse seguro, logrando bienes materiales, dinero, fortuna, etc, y este pazos de la avaricia, codicia le llena de distintos tipos de angustias, sufrimientos y ansiedades.

Al no conocer el honor y la doxa (gloria) que le regala la relación con el Dios, empieza pensar y sentir que vale la pena imponerse a su ambiente, persiguiendo axiomas, queriendo impresionar y provocar la admiración de los demás. Así en su interior se engorda el pazos de la vanagloria que puede conducirle a la paranoia con sus múltiples formas y variedades (Archim. Methodio Kritikós: El pecado y los turbaciones psíquicas”).

La perversión del hombre se hace muy grande, cuando acepta sin sano juicio y discernimiento todas las cosas que el cosmos-mundo tiene y apremia como supervalores. El mundo realmente presenta y apremia los principales pazos humanos: la avaricia, la ambición, la codicia, la vanagloria y la filidonía (hedonismo, voluptuosidad). Estos son los ideales del hombre mundano o cósmico. Para resistir al mundo y a la conducta y moral mundana, el hombre debe tener fe en Dios. Sin la fe se siente hastío, vano, vacío e indeciso.

Buscando desesperadamente en mantenerse o autosostenerse de sus pelos, como el que se está ahogando, este hombre se entrega entonces a los distintos pazos, a la filaftía (egolatría), al egoísmo y al orgullo, funcionando y trabajando principalmente en estos pazos. Estos regulan el pensamiento, las elecciones, las decisiones y los actos de toda su vida, con resultados lamentables, tanto para el mismo como para su ambiente y la sociedad.

Trabajando en los pazos, el hombre se angustia, se decepciona, se desespera, se deprime, se entristece y se enfada y algunas veces llega ser paranoico y enajenado. Cada vez vive más al atolladero del pecado, mientras que el diablo adquiere derechos sobre él y le fatiga haciéndole sufrir hasta endemoniarlo.

En un texto conciso en relación con el tema san Cirilo de Alejandría escribe: “Mientras el nus permanece libre de los placeres indecentes, disfruta la serenidad, la paz, el sosiego y logra la ataraxia (imperturbabilidad). Además, resplandece sobre el interior de él la pura y limpia luz de la nipsis, que regala el Dios, mientras que la voz o logos de Dios también truena al corazón los pensamientos y conceptos sanos y divinos. Pero cuando el corazón en algún momento haya aceptado e introducido el soborno de la malvada e indecente hedoni (placer), entonces el satanás lo inunda con ruidos y genera en el interior del corazón loyismí malignos astutos. También, lo corrompe y lo llena de oscuridad espiritual, dominado de conflictos, guerras y batallas”.

Estudiando pues, nuestra santa Parádosis (divina entrega, tradición) y la teología de nuestra Iglesia Ortodoxa, llegamos a la conclusión que la relación entre pecado y perturbaciones psíquicas es relación de causa y efecto o resultado. El pecado es la causa de la enfermedad, las enfermedades psíquicas son resultado-síntomas lamentables, duros y tormentosos “Mi cuerpo está todo enfermo y no tiene curación, debido a tu furor, no hay paz en mis huesos en tu persona debido a mis pecados” (Sal 37,4).

Los trastornos psíquicos son debidos al pecado, como por supuesto todos los trastornos dentro de nuestro mundo, incluidas también las enfermedades físicas, incluso cuando no hay una aparente responsabilidad personal del paciente. Puesto que todos los hombres en este mundo somos post caída, es decir, descendientes del Adán caído, heredamos la corrupción y la enfermedad, tanto de la psique como del cuerpo.

Otras veces, los trastornos psíquicos se deben a pecados personales que ha cometido el paciente, los cuales permanecen sin ser confesados y sin estar en metania, entonces crean (congelan) las culpabilidades que llegan hasta la ensomatización o incorporación al cuerpo.

Otras veces, los trastornos psíquicos son debidos a la influencia y la repercusión que tienen los pecados de otras personas, por ejemplo, los padres. El Señor, a través de la Santa Escritura nos enseña: “porque yo soy Señor tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y que hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos (Deut. 5, 9-10).

Está comprobado muchas veces que cuando los padres se separan y se divorcian, el hijo sufre, padece depresión. Observa el padre Metodio: “Me decía un sacerdote del ejército que investigando los casos de los suicidios de soldados, la mayoría eran hijos de familias destruidas. El pecado ha anidado en la psique del hijo. El pecado de los padres ha llenado de trastornos psíquicos al hijo. Entendemos cuánta responsabilidad llevamos en nuestra sociedad, puesto que estamos todos uno al lado del otro e influimos al otro.

Una vez en una charla con el Yérontas Paísios en la Santa Montaña había escuchado decir: “Las causas de los trastornos psíquicos principalmente son tres. Existen las causas orgánicas, en los órganos, y entonces necesitamos ayuda médica. Existen los trastornos psíquicos que son debidos al pecado, a los pazos y al egoísmo. Entonces al hombre le hace falta metania, perdón y ascesis o ejercicio espiritual. Y existe también el caso del endemoniado. Entonces hace falta, mientras pueda este hombre, comprender, en qué se ha equivocado y que sea conducido a la metania y también en nuestra Iglesia con sus sanaciones demoníacas”. Me acuerdo que una vez había dicho que: “Muchas veces tenemos un endemoniado e intentan quitar el demonio con máquinas. Como también algunos sacerdotes creen que los enfermos psíquicamente son endemoniados e intentan sanarlos sólo con los medios eclesiásticos, mientras que hace falta que le envíen también en alguna otra parte”.

Por lo tanto, los pazos son las principales causas de todas las enfermedades y sobre todo las llamadas psicosomáticas.

En principio todas las enfermedades son psicosomáticas. “Enferma el cuerpo, enferma también la psique”, decimos a la pequeña oración a la Santísima Madre Zeotocos. Toda enfermedad de la psique por supuesto afecta también de una manera en el cuerpo.

El hombre se enferma primero en el nus y después en la psique y en el cuerpo. El oscurecimiento del nus, el mal funcionamiento o también la total inactividad de la energía del nus, la noerá, es la raíz de todas nuestras enfermedades psicosomáticas.

Los pazos son movimientos contra la agapi

Según los logos del Señor, Quien nos ha mandado “amar a nuestros hermanos tal y como Él nos ha amado” (es decir, hasta la muerte), deberemos amar a todos más que a nuestra vida y nuestra existencia. Debemos de superar el instinto de autoconservación, tratando de dar nuestra agapi a Dios y al prójimo. Si hiciera falta sacrificar hasta nuestra vida por nuestros hermanos. Los pazos nos desorientan y nos alejan de Dios y de nuestros semejantes, nos trastornan y nos pervierten.

Los pazos con soberana la filaftía (egolatría), nos empujan a amar egoístamente a nosotros mismos, sin tener ninguna disposición para el mínimo sacrificio por Dios y nuestros hermanos.

Cada virtud es un movimiento de agapi hacia el Dios y el prójimo. Cada maldad es un movimiento contrario a Dios y al prójimo.

Cada virtud es una salida de nosotros mismos, de nuestro auto-encarcelamiento. El Dios es agapi (amor, energía increada). El hombre está creado a ser similar a Dios. Está creado para que se convierta y haga él también agapi. Por lo tanto, cuando nos movemos hacia el Dios y hacia los otros agapíticamente (amorosamente), realizamos y cumplimos nuestro propósito y destino.

Al contrario, cada maldad, cada pazos, son también un movimiento hacia nuestro sí mismo, auto-amor y narcisismo. Por lo tanto, los pazos son movimientos contrarios a nuestro propósito y destino, que es que nos convirtamos y hagamos agapi. Son movimientos contrarios al “como semejanza”. El hombre se ata con cadenas y se autoencarcela mediante los pazos, que desgraciadamente los ama después de cierta edad. El Yérontas Paísios decía que a partir de los 30 años el hombre ama sus pazos.

 

A2) Cómo se crean los Pazos

Mecanismo de creación de los pazos y recapitulación pequeña de lo anterior

Los pazos son un funcionamiento contranatural de las distintas fuerzas y energías humanas. Como se ha referido, según san Juan Damasceno, nuestra psique es tripartita o tiene tres fuerzas básicas:

  1. Lo λογιστικό logístico (nus, diania, doxa, fantasía y sensación o sentido), para que estemos orando, pensando en Dios y Sus cosas.
  2. Lo θυμικό cimikó (irascible, enοjo) para que nos enojemos o enfademos con los demonios y nuestros malos loyismí
  3. Lo επιθυμιτικό epicimitikó (anhelante, deseo) para que amemos a Dios.

En principio el nus, a continuación el irascible (ira o enfado) y el anhelante, con nuestra voluntad, es decir, nuestra independencia, se mueven contranaturalmente y nos conducen a la separación de Dios (=pecado). Estas fuerzas a continuación arrastran también el cuerpo al pecado, (es decir, a la separación de Dios).

La causa del pecado es la enfermedad de la voluntad humana; el mal uso o uso contranatural del regalo dado por el Dios al hombre, que se llama independencia o autosoberanía.

En vez el hombre de someter su voluntad a la divina voluntad y hacer todo lo que haga falta para cumplir la Divina voluntad, forma y sigue sus propias voluntades egoístas que son contrarias a la voluntad Divina.

Cuando las voluntades y deseos egoístas son satisfechos, conducen al hombre al pecado y a los pazos. El motivo para la creación de estas voluntades y estos deseos perversos son los impulsos (sugestiones e instigaciones):

  1. Sugestiones o impulsos del maligno
  2. Sugestiones o impulsos del mundo-cosmos
  3. Sugestiones o impulsos del antiguo hombre, que tenemos todos en nuestro interior.

Así la libertad humana o la independencia está sometida a las sugestiones, los impulsos y los loyismí y así se comete el pecado.

La continua repetición de un pecado crea el pazos correspondiente.

El mal, el pecado y los pazos no fueron creados por el Dios. El Dios es el único por naturaleza Bondadoso, Bueno, con perfecta Apacia (sin pazos) y el Ser o Existencia real. El mal al contrario no existe, sino que se define como ausencia del bien.

Los pazos ausencia de las virtudes

Cuando las virtudes no existen, cuando no las ejercitamos, no las practicamos, entonces caemos en la esclavitud del pecado y de los pazos.

Cuando nos vamos de la luz, vivimos en la oscuridad. Cuando el Dios no opera en nuestro interior, entonces opera el hombre antiguo o el demonio.

Dice san Gregorio Palamás: “Cuando el Dios no opera en nuestro interior cualquier cosa que hacemos es pecado”.

Cuando el hombre no está conectado y unido con el Dios, de modo que opere el Dios por él, entonces el hombre peca.

La continua conexión y comunión con el Dios se mantiene a través de la vida mistiríaca (participación en los misterios de la Iglesia Ortodoxa) y la vida ascética o practicante.

El papel primordial y especial juega la oración incesante en contrición y devoción. Esta oración no expresa otra cosa que la metania incesante del hombre pecador pero creyente.

Sin la conexión y comunión con el Dios, el hombre se oscurece y pierde su participación de la Divina Luz Increada, por consiguiente vive Su ausencia, es decir, en la oscuridad del diablo.

El Señor nos ha hablado sobre esta “metania incesante, de la que el elemento básico es la oración incesante: “Μετανοεῖτε (metanoite) estaos en metania continuamente porque ha llegado la Realeza increada de Dios”; no dijo Μετανοῆστε metanoiste una vez sólo, sino Μετανοεῖτε (metanoite), es decir, estar en metania corrigiendo, enderezando continuamente vuestro camino, de modo que no perdáis la Realeza increada de Dios. (Estado de estar con la energía increada divina).

Metania incesante, significa búsqueda constante de la Divina Misericordia Increada, el Divino Perdón por nuestros pecados; y a la vez esfuerzo permanente para la corrección.

Conclusivamente, metania incesante significa oración incesante y atención de modo que:

  1. Evitemos el pecado y los pazos
  2. aplicar y cumplir los Divinos Logos-Mandamientos

Los pazos se crean cuando no nos arrepentimos y no estamos en metania constante.

Cuando no estamos en metania, nο nos arrepentimos, no nos confesamos, cuando falta lo bueno, cuando no utilizamos bien nuestras fuerzas y energías psíquicas y físicas, cuando la virtud está ausente, entonces “existe y está” el mal, el pecado y los pazos como ausencia del bien y de la virtud.

Un pecado que se repite muchas veces y el hombre no se arrepiente, no está en metania por esto, entonces la repetición crea un hábito malo. El hábito malo empuja al hombre para cometer los males más fácilmente y cada vez con más intensidad en un pecado concreto. El mal hábito o mala costumbre se llama pazos y vicio (patología).

Por ejemplo, un hombre que se ha enfadado una vez sin razón, ha caído al pecado de la ira animal, insensata. Si recae muchas veces crea en su interior una costumbre o hábito que se llama pazos de la ira o enfado. Así cada vez que sea perjudicado, se enturbia.

Se enfada fácilmente con lo más mínimo, porque opera en su interior el pazos de la ira. Cuando más opera este pazos, tanto más fácilmente cae en esto y mucho más fácil se esclaviza. Se necesita, pues, un movimiento decisivo de la voluntad humana, la cual en combinación con la Divina Jaris (gracia, energía increada) conducirá al hombre a la metania, de manera que pueda expulsar el pazos concreto.

Este hombre ha hecho mal uso muchas veces de la fuerza psíquica que se llama ira o enfado, que es un regalo de Dios, porque lo ha dirigido en dirección equivocada. Así ha adquirido el pazos de la ira o enfado injusto. A causa de este pazos, se dirige contra aquel que debería amar, no sólo igual que a sí mismo (como dice el mandamiento del A. Testamento), sino mucho más como dice el N. Testamento. A la vez, deja sin combatir los que realmente le enturbian y castigan, es decir, los demonios, más los loyismí y los deseos que ellos inspiran, no enfadándose justamente contra ellos, según la Escritura: “Enfadaos pero no pequéis”. Cuando la ira se utiliza para la defensa de Dios, por ejemplo, cuando es blasfemado Su Santo Nombre o para la defensa del prójimo, cuando le están perjudicando, entonces la ira es imprescindible, no es pecado y es justísima.

Las causas de los pazos: el movimiento equivocado de la independencia, de la sugestión y del impulso del maligno.

El descubridor del mal es el astuto maligno, el diablo. Él sugestionó, impulsó y puso al hombre el deseo de la deificación sin el Dios. La libertad y la voluntad humana consintieron. El hombre autónomo, sin el Dios, buscó la bienaventuranza, felicidad y el placer (hedoní). Así empezó a pecar y a crear los distintos pazos.

“La psique, puesto que se desvió de las virtudes a través de la filihidonía (voluptuosidad, amor al hedonismo, placer), formó los pazos y los fijó en contra sí mismo”, dice el abad Doroteo en la Filocalía.

El deseo para el placer (hidoni) para cualquier tipo de disfrute, gozo, tanto psíquico como somático-corporal, (estos que vienen de los elogios humanos o por la acumulación de riqueza, poder o adquisición de altos cargos, etc), ha hecho que se desvíe la psique de la vida natural. El hombre se ha movido independientemente hacia el pecado.

Por lo tanto, el pecado, primordialmente es una enfermedad de la voluntad y de la independencia (o libertad). A continuación se extiende y domina toda la hipostasis (base substancial) humana.

En principio el nus se mueve equivocadamente. A continuación la parte pasional (irascible y anhelante) de la psique es arrastrada en movimiento equivocado.

¿Cómo se crearon los pazos?

El hombre por naturaleza, el primer Adán, antes de la caída estaba sin pazos. Todas sus fuerzas psíquicas se movían fisiológicamente, hacia el Dios. El hombre amaba “con toda su psique, con toda la fuerza de su voluntad, con toda su mente-diania y con todo su corazón a Dios”. El Dios ha dado a la psique humana todas las fuerzas, lo que hacía falta, para conseguir su propósito y finalidad: ser como semejanza con Él.

Después de la caída, la voluntad e independencia humana se utilizaron equivocadamente y el hombre se separó de Dios. Después de la caída del Paraíso se comportó egoístamente, no quiso pedir perdón a Su Creador y perdió la conexión y comunión con Él.

El primer pecado fue la desobediencia al mandamiento del ayuno. El hombre cayendo en una negligencia (en el imperceptible olvido de Dios y la pereza física y psíquica), incitado e impulsado por el maligno, se separó y se hizo autónomo, perdiendo así la “visión” de Dios.

Buscó su zéosis, auto-deificación exclusivamente con sus propias fuerzas, sin la ayuda de Dios.

Hizo ídolo el sí mismo y las creaciones. Buscó el placer en las creaciones. Esclavizó su nus a los sentidos y al ambiente.

Eva “vio” el fruto prohibido, lo deseó y después lo “comió”, desobedeciendo a Su Creador.

El primero en ser creado hombre intentó encontrar la felicidad mediante la agapi insensata hacia sí mismo, abandonando su Creador. El olvido y la racimía (pereza, desgana espiritual y física) le dominaron. Se esclavizó en la filaftía (amor excesivo de sí mismo y al cuerpo). Su nus oscurecido co-arrastró también las demás fuerzas psíquicas al funcionamiento contranatural, paranormal. Se movió amorosamente y venerandamente hacia las creaciones y los placeres terrenales.

A consecuencia del Pecado Original fueron introducidos al hombre;

  1. La tendencia hacia el pecado y
  2. Los distintos pazos irreprochables (hambre, sed, dolor, tristeza, pena…).

Estos pazos que fueron dados por el Dios, cuando se usan para la razón correcta y son satisfechos con medida, no conducen al alejamiento de Dios (al pecado). Cuando se súper-satisfacen o se sub-satisfacen, entonces se convierten en pazos reprochables (pecadores).

Después de la caída, el hombre, según san Gregorio Palamás, con su voluntad desgraciadamente ha creado los distintos pazos, haciendo:

  1. Mal uso de sus fuerzas y energías psíquicas
  2. Cayendo en la satisfacción sin medida de los pazos irreprochables convirtiéndolos en reprochables.

 

A3) Cómo se sanan los pazos

El hombre que no ha hecho la catarsis de sus pazos es un psicópata, según los Santos Padres. El verdadero hombre psicó-pata es todo hombre que está encadenado en sus pazos. Por su puesto también el depresivo –en el sentido patrístico- es un psicópata. La psico-patía consiste en que el corazón del hombre no está limpio, sanado, puro, sino contaminado e infectado de los loyismí y de las cadenas de los pazos.

Este hombre necesita terapia, sanación. La terapia es la catarsis y la iluminación del nus, a través de la vida ascética, practicante y mistiríaca (participación a los misterios ortodoxos en la Iglesia). Entonces el hombre deja de ser un psicópata y se libera también de la depresión.

El Padre J. Romanidis enseña: “Toda persona es un psicópata, según los Padres de la Iglesia. Cada persona es psicópata en el sentido Patrístico de la palabra. No es necesario que uno sea esquizofrénico para ser psicópata. El término “ψυχοπάθεια psijopacia”, psicopatía en el aspecto Patrístico, es que esta enfermedad está en aquel hombre que en su interior no funciona correctamente la energía de su nus. Es decir, del hombre que está lleno de loyismí impulsivos (pensamientos simples o compuestos con la fantasía, ideas, o reflexiones), no sólo malos, sino “buenos” también.

Aquel que tiene los loyismí, buenos y malos dentro a su corazón, será considerado por parte Patrística como un psicópata. Aunque estos loyismí sean éticos, los más éticos, o no éticos, inmorales, indecentes o cualquier otra cosa. Es decir, según los Padres de la Iglesia, aquél que no ha pasado por la catarsis (sanación) de la ψυχή (psijí psique, alma) de los pazos y no ha llegado al estado de la iluminación por la Jaris (energía increada) del Espíritu Santo, es un psicópata. Pero no en el sentido de la Psiquiatría. El psicópata para el psiquiatra es otra cosa. Es aquel que padece de psicosis, es el esquizofrénico. Pero para la Ortodoxia uno que no ha pasado por la catarsis de su psique de los pazos y no ha llegado a la iluminación ¿es normal o no es normal? Este es el caso” (La religión es una enfermedad neurológica y la Ortodoxia su terapia y sanación, pag 67-76).

El hombre antes de la caída no era psico-pata. La energía de su nus, la noerá, funcionaba normalmente. Ierotheo Vlajos apunta que: “En el hombre antes de la caída el nus recibía o tomaba la divina Jaris (gracia, energía increada) y esta se proporcionaba en su cuerpo y desde allí resplandecía en toda la creación. Después de la caída todo ha cambiado. La psique absorbe el cuerpo y se crea la filaftía (excesivo amor a sí mismo y al cuerpo) y los pazos psíquicos. El cuerpo absorbe la creación y se crean los pazos somáticos o corporales y continúa el problema ecológico. Esta expresión de los pazos crea también los problemas sociales. Por lo tanto, es necesaria la terapia. Deberá el cuerpo someterse a la psique y la psique se inspire de la divina Jaris (gracia, energía increada) de Dios (Teología Ortodoxa Níptica).

La terapia del hombre psicópata de la post caída contiene:

  1. La apocatástasis, restablecimiento de la oración noerá o de Jesús dentro de su corazón
  2. La expulsión de la filaftía y la restitución de ella con la agapi desinteresada -la en Espíritu Santo- hacia el Dios y el prójimo.

El egoísmo y la filaftía

El egoísmo que está vinculado y conectado por excelencia con el orgullo o soberbia, naturalmente conecta también con la filaftía (egolatría). De la filaftía nacen todos los pazos. Producto de la filaftía es también el egoísmo.

Decía el bienaventurado yérontas Paísios, cuando le preguntaron sobre la filaftía. “Filaftía es hacer los favores de tu antiguo hombre, es decir, amar a tu antiguo hombre. También la gula, el egoísmo, el enfado y la envidia tienen como almacén de alimentación la filaftía (egolatría).

El amor al yo, la autoalabanza y el que uno se considere como el centro del mundo, esto es la catástrofe del hombre.

El cerrojo al yo y el giro de la fuerza y energía amorosa del hombre hacia sí mismo, es el funcionamiento de la auto-encarcelación, autodestrucción y autodisolución de la persona humana.

El hombre es un ser social. Está creado para amar a Dios y su prójimo. Para lograrlo debe dejar de ser ególatra. Para amar con la divina agapi (amor, energía increada:

  1. Desinteresadamente
  2. Sin límites, ni distinciones
  3. Con su sacrificio, que puede llegar hasta la muerte, debe combatir la filaftía.

Deberá luchar constantemente salir y olvidarse de la enferma agapi que es amor a sí mismo y estar moviéndose amorosamente hacia el Dios y su prójimo.

Esta “salida” por supuesto no es un esparcimiento del nus hacia las creaciones. Es un descubrimiento de nuestro verdadero yo o nuestro sí mismo, de la esencia de nuestra psique y después el encuentro de Dios, es negación del egocentrismo y de la voluntad egocéntrica y generalmente del antiguo hombre. Es la negación “de nuestro antiguo mal carácter”, según el logos del Señor: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo…” (Mt 16,24).

Para que se logre la liberación de la filaftía, deberá hacerse la catarsis del corazón de los pazos a través de la metania.

Esta catarsis es obra del Espíritu Santo, Quien colabora y coopera con la voluntad humana.

La concentración del nus al corazón y la búsqueda incesante de la misericordia (increada) de Dios es imprescindible para la activación, energetización de la energía catártica o sanadora del Espíritu Santo, la cual existe al centro del corazón del hombre bautizado.

El nus del hombre debe encontrarse al corazón.

El nus del hombre, según los Santos Padres, debe encontrarse dentro al corazón del hombre. No debe estar esparciéndose hacia fuera mediante los sentidos, sino que vuelva “en sí mismo” permaneciendo al corazón orando.

La energía del nus que se esparce al ambiente por los órganos sensitivos, deberá volver a la esencia del nus que está en el corazón del hombre. (Tal y como el Dios tiene usía (esencia, sustancia) y energía increadas, así también el hombre (nus) imagen y semejanza de Dios tiene usía-esencia creada que está dentro al corazón que también se llama corazón profundo y energía creada que se llama noerá energía. La noerá energía opera o energiza al corazón del hombre sano espiritualmente como incesante oración noerá (del nus) o del corazón y al cerebro como diania-mente, lógica).

Entonces, cuando se haya completado este retorno, el nus por sí mismo se eleva y ve a Dios, según san Basilio el Magno. Entonces es cuando la noerá energía del hombre funciona correctamente. Entonces el nus, es decir, la psique, según los Santos Padres funciona con naturalidad. La oración noerá es la demostración de la psique sanada. Mientras el hombre no ora, está psíquicamente enfermo o muerto.

Enseñaba el Yérontas Sergio: “Que entendamos y concienciemos bien que, tal y como el cuerpo sin comida se enferma y muere, así también la psique sin la oración se enferma y muere. La oración es el alimento de la psique”. Para que la psique esté sanada el hombre debe orar.

El restablecimiento de la noerá oración.

La Iglesia tiene como propósito el restablecimiento, apocatástasis de la unión del hombre con el Dios, la ininterrumpida comunión noerá (con el nus) con Él y esencialmente la noerá oración o de Jesús en las psiques de Sus miembros.

El Padre Romanidis nos enseña que: “La terapia de la psique “psicoterapia” del hombre es la principal ocupación de la Iglesia Ortodoxa. La Iglesia siempre sanaba, “psicoterapiaba” al espacio de la psique. Había comprobado de la tradición hebraica y del mismo Cristo y los Apóstoles que en el espacio del corazón natural funciona algo que los Padres llamaron “nus”. Es decir, tomaron el nus tradicional que significa diania (mente, intelecto) y logos e hicieron una diferenciación. Llamaron nus esta energía noerá, la cual funciona al corazón del hombre sano psíquicamente. No sabemos cuándo se hizo esta diferenciación, porque ocurre que algunos Padres con la misma palabra, nus, llaman también la lógica o la mente y también la energía noerá cuando ella baja y funciona en el espacio del corazón.

Por lo tanto, desde este aspecto, la noerá energía es una y única energía de la psique, la cual en el cerebro funciona como lógica y al corazón como nus. Es decir, el mismo órgano el nus, ora incesantemente al corazón (se entiende a los que tienen la oración cordial incesante) y a la vez piensa, por ejemplo, matemáticas y cualquier otra cosa en el enhkéfalos-cerebro (J. Romanidis: Teología Patrística).

En los textos de los Santos Padres se habla mucho sobre el regreso del nus al corazón, el retorno de la energía en la esencia. Dice san Basilio el Magno que “el nus que no se esparce hacia fuera y no se dispersa mediante los sentidos al mundo, regresa a sí mismo y por sí mismo sube, eleva al concepto y significado de Dios. A continuación, siendo sobreiluminado de la belleza de Dios, de la divina Jaris (gracia, energía increada), de la Luz Increada de Dios, no se interesa por las cosas terrenales y olvida hasta su propia naturaleza, es decir, este hombre no se preocupa con desesperación de lo qué va a comer, ni qué va a vestir”.

El regreso del nus desde su esparcimiento, al corazón, es decir, el retorno de la energía del nus a su esencia, es la terapia del nus, su apocatástasis, restablecimiento a su naturaleza.

Entonces, el corazón mediante la incesante oración noerá o cordial, ha hecho la catarsis y se adviene en su interior, como inclino, el Espíritu Santo con Su fruto, que es “agapi, alegría, paz, tolerancia, magnanimidad, fe…” Entonces, naturalmente, desaparecen los pazos, el egoísmo y por consiguiente desaparece también la lipi (tristeza, aflicción, angustia, pena, sufrimiento) y la depresión.

La terapia general de los pazos

La terapia y sanación de nuestros distintos pazos se consigue cuando utilizamos correctamente el regalo de la libertad (independencia) y cooperamos con la Divina Jaris (gracia, energía increada), viviendo dentro a la Iglesia.

Entonces por la Divina Jaris se lograrán las siguientes:

  1. Catarsis, restablecimiento y funcionamiento de la noerá energía en nuestro interior
  2. Redirigir la parte pasional (irascible y anhelante) de la psique hacia el Dios.

En concreto mediante la Divina Jaris, se deberá:

  1. Con la pura oración incesante, dar alas a la parte logística de nuestra psique
  2. Dominar la parte irascible mediante la agapi
  3. Domeñar la parte anhelante (deseo) con la contención o autodominio.

Paralelamente, por supuesto que se deberán combatir los gigantes de los pazos:

  1. La Ἀγνοια (agnia) ignorancia o desconocimiento.
  2. La Λήθη (lizi) olvido
  3. La Ραθυμία (racimía) pereza, desgana espiritual y física, apego a la carne y a la conducta carnal.

Para la consecución de la terapia “psicoterapia” del Cristiano que es la consecución de la Catarsis y la Iluminación, hace falta la sinergia de Dios y del hombre. (Sinergia=cooperación de la energía de la voluntad humana con la energía de la voluntad Divina).

El hombre coopera con la Divina Jaris siguiendo las instrucciones de su guía espiritual. Sin guía espiritual que tenga el discernimiento de espíritus no se puede vivir la vida espiritual y lograr la catarsis de los pazos.

La preparación para que el hombre reciba la Divina Jaris se hace con la vida ascética (practicante, ejercicio espiritual), que prepara la psique de manera que pueda recibir la deificante energía increada, la Divina Jaris.

Cuando el hombre está en hisijía y metania, ayuna y se autocontiene, se esfuerza corporalmente y ora, poco a poco se hace receptivo del Espíritu Santo, de la Divina Jaris increada. Esta Divina Jaris Increada refuerza al hombre en la lucha ascética, practicante y opera la Catarsis y la Iluminación. Y uno se pregunta: ¿cómo se proporciona la Divina Jaris increada al cristiano practicante? Pues, a través de los Santos Misterios, y sobre todo con la asidua Santa Confesión y la Divina Comunión o Efjaristía.

Aquello que contribuye por excelencia a la Catarsis del Corazón es la obediencia al guía Espiritual (Pnevmatikós), y la incesante invocación del Divino Nombre, que también se acompaña con el ayuno a medida y la vigilia. Paralelamente el Cristiano lucha por cortar las causas de los pazos y hacer lo humanamente posible para domeñarlos.

“Inmediatamente después de la Resurrección de Cristo y la aparición de la Iglesia, se distinguían como cristianos los que imploraban el nombre de Cristo y la ya nueva elección de Dios con la lucha de guardar Su nombre. Tal y como el Señor dijo que “no podemos vivir en el siglo” si no comemos el cuerpo del Hijo del hombre y no bebemos de Su sangre, así también los mártires o testigos de Su Resurrección, muy temprano afirmaron que “no hay otro nombre que se haya dado desde el cielo que pueda sanarnos y salvarnos”.

La invocación, pues, del nombre del Señor Jesús Cristo y la participación de Su Cuerpo y Sangre, se hicieron los dos polos básicos sobre los cuales se realiza la sanación y salvación del nuevo pueblo, que fue cobrado con “la pasión de Su muerte”.

Para que sean vencidos los pazos, deberán ser vencidos también los pecados de las tres partes de la psique. Por eso terminaremos nuestra pequeña referencia sobre los pazos con la referencia de los pecados de las tres partes de la psique y la terapia de cada correspondiente pecado. A continuación nos referiremos a la prevención de los pazos y los pecados, por la lucha contra los correspondientes loyismí.

Cuáles son los pecados de las tres partes de la psique y cómo se sanan.

San Juan Damasceno escribe: “La psique se divide en tres partes, lo logístico, lo irascible y lo anhelante (deseo).

Los pecados de lo logístico son: Incredulidad, herejía, blasfemia, desagradecimiento y las condescendencias a los pecados, que se hacen de la parte pasional. La sanación y terapia de estos males es la fe decididamente a Dios y a los dogmas ortodoxos de la piedad sin engaño y verdaderos, el ininterrumpido estudio de los logos del Espíritu, la pura, clara e incesante oración y el agradecimiento a Dios.

Los pecados de lo irascible son los siguientes: crueldad, odio, antipatía, resentimiento, envidia, asesinato y estudio continuo de los parecidos a estos. La sanación y terapia de estos es la filantropía, la agapi, la apacibilidad, filadelfia, simpatía, sin maldad y la bondad.

Los pecados de lo anhelante son los siguientes: Gula, avaricia de la panza, alcoholismo, lujuria, suciedad, lascivia, deseo de la vana gloria y amor al dinero, el oro, la riqueza y los gozos carnales. La sanación y terapia de estos es el ayuno, la contención y el autodominio, la pobreza y entrega del dinero a los pobres y el deseo de los bienes futuros, el anhelo de la realeza increada de Dios y el deseo de la adopción divina”.

La prevención por la lucha contra los malos loyismí.

Hemos dicho que los malos loyismí son el principio del pecado y la creación de los pazos. Se deberá, pues, combatir los ocho loyismí básicos de la maldad, para que sean combatidos los correspondientes pecados que estos nos conducen.

La manera se nos la enseña san Juan el Damasceno:

“La abolición de los ocho pazos que se haga de la siguiente manera:

Con la contención, autodominio y ayuno se anula la gula.

Con el divino anhelo y el deseo de los bienes futuros se anula la lujuria.

Con la simpatía hacia los pobres se anula la avaricia.

Con la agapi y la bondad hacia todos se anula la ira.

Con la alegría espiritual se anula la lipi (tristeza, pena, aflicción) mundana o según el mundo.

Con la paciencia, la esperanza y el agradecimiento hacia el Dios, se anula la acidia (desgana, pereza espiritual).

Con el trabajo secreto a las virtudes y la oración continua con quebrantamiento del corazón, se anula la vanagloria.

Con el no juzgar ni acusar uno al otro o despreciarlo, tal y como hacia el arrogante Fariseo, sino que se crea a sí mismo como el último de todos, anula la soberbia, el orgullo.

Pequeño epílogo

Todo lo anterior es una referencia sinóptica sobre qué son los pazos, cómo se crean, cuáles son sus resultados y cómo se sanan o “psicoterapian”. Bendigamos y deseemos, pues, con la Jaris de Dios y las bendiciones de la Zeotokos y Todos los Santos, que nos convirtamos en vencedores en la lucha contra nuestros pazos, para que seamos dignos de la Divina Iluminación y la Realeza increada de Dios.

FIN DE LA PARTE A y DOXA-GLORIA y GRACIAS A DIOS

 

PARTE B: LA DEPRESIÓN

Introducción

Como introducción en el tema exponemos un texto muy conciso del hombre sanado o “psicoterapiado” verdaderamente, es el sabio Yérontas Porfirio, donde se refiere:

  1. Sobre mecanismo causal y patológico de la creación de la depresión, y
  2. la terapia de la depresión.

Ocurre muchas veces, observa el Yérontas, que el hombre de hoy en día siente tristeza, aflicción, depresión, melancolía, parsimonia, indolencia, pereza, acidia y todas estas cosas satánicas. Sucede que esté entristecido, angustiado, melancólico y llorando, y no da ninguna importancia a su familia; gasta un montón de dinero en psicoanalistas para tomar fármacos. Todas estas cosas los hombres las llaman “inseguridad”. Nuestra religión Ortodoxia cree que todas estas cosas son tentaciones (del demonio).

El dolor es una fuerza psíquica que el Dios ha puesto en nuestro interior con el fin de hacer el bien, la agapi (amor desinteresado, cariño), la alegría y la oración. En vez de esto, el diablo consigue y toma esta fuerza y energía de la batería de nuestra psique y la utiliza para el mal, la convierte en depresión y trae en la psique parsimonia, desánimo, indolencia y acidia.

De lo anterior llegamos a la conclusión que la causa de los problemas psicológicos y de la depresión son los pazos y el astuto maligno que las promueve y estimula.

Y continúa el Yérontas apocaliptando (revelando) también la terapia o psicoterapia: “El gran arte, pues, el gran secreto, para que seas liberado de la depresión y todas estas cosas negativas es que te entregues a la agapi (amor, energía increada) de Dios.

Epigramáticamente expresando las palabras del Yérontas, decimos que el egoísta está siendo robado por el astuto maligno. La fuerza y energía del dolor, que es un regalo de Dios para utilizarlo para amar a Dios y al prójimo, el diablo lo convierte en tristeza, sufrimiento y depresión.

La terapia de esta desviación es la humildad, como preparación para que sea atraída la Divina Jaris (energía increada) y después la agapi a Dios a través del Culto y la oración.

 

B1) Que es la depresión

La desorientación del hombre contemporáneo.

Desgraciadamente existe la desorientación del hombre actual. El hombre contemporáneo es un paciente psíquico, puesto que es post caída.

La desorientación emana de la pseudoiluminación de Occidente (de las luces creadas), que no “mira” hacia el Dios, por eso la gnosis creada (conocimiento) de occidente no puede sanar, “psicoterapiar”, los pacientes psíquicos que son todos los hombres. Los pazos, que son una triste y lamentable herencia de todos los hombres de post caída, no se sanan o “psicoterapean” sino sólo con la Divina Jaris (gracia, energía increada). Con la Jaris, y solamente con la Jaris, el hombre se convierte psíquica y espiritualmente sano, saludable y se hace persona con personalidad.

“El hombre que no cree en Dios y en la futura vida eterna”, decía el Yérontas Paísios, “condena eternamente su psique, y permanece inconsolable también en esta vida”. Creo que todo el esfuerzo debe ir hacia esta dirección; porque vemos que casi toda Europa ha puesto toda la ciencia (la creada gnosis humana) para [supuestamente] restituir la imagen de Dios; además, para que no sean [o sea, que no lo son], los mismos [casi todos] girados o dirigidos hacia el Dios, y para que no pidan también Su divina intervención, sufren ellos mismos y a continuación hacen sufrir y fastidian a pequeños y grandes; y naturalmente la naturaleza [da a entender el ambiente natural], a la que poco a poco la deforman y distorsionan, también empezaron a deformar y distorsionar a los hombres y “tratarlos” en los psiquiátricos con electroshock” (Yérontas Paísios: “Psicología”).

Los curas o sacerdotes contemporáneos, en mucho, ejercen una pastoral secularizada, mundanizada, ocupándose de la asistencia social, con bailes y fiestas tradicionales, con corros y con las “paredes”, en vez de la terapia, psicoterapia de las psiques. Escribía el bienaventurado Yérontas Paísios: “Veo la pobre juventud abandonada de los guías espirituales”, porque los hombres espirituales se ocupan del bienestar social (mientras que por el estado u otros estamentos, existe la previsión o ayuda estatal y hace mejor el trabajo en este sector que muchos curas) y el trabajo del guía espiritual desgraciadamente lo hacen los psiquiatras, que la mayoría de ellos no aceptan la psique (alma) o la aceptan a su manera propia de ellos, y no reconocen el valor de la psique, y que una psique vale más que todo el mundo, tal y como nos ha dicho el Cristo. “Si no existiesen los libros psicológicos, tendríamos o tendremos menos suicidios, porque muchos que los leen se condenan a sí mismos, en cambio la jaris (energía increada) de Dios expulsa también los problemas hereditarios y trae alegría”.

El Cristo no va a preguntar a nosotros, los sacerdotes, cuántas Iglesias has construido, sino cuántas psiques con Su Jaris has “psicoterapiado”, sanado y salvado.

Según los Yérontas Porfirio y Paísios, detrás de la psico-patología contemporánea, que cada vez se expande más, se esconden los pazos y los demonios.

Un hijo espiritual del multi-carismático Yérontas Porfirio relata: “En uno que tenía molestias estomacales y ardores, el padre Porfirios dijo que tenía estas molestias, porque es muy sensible y por la tristeza provenían también las molestias corporales. Entonces aquel le preguntó si es malo ser sensible. Y el Yérontas contestó: “Es malo que uno sea muy sensible como tú, porque tú con tu tristeza o disgusto provocas varias enfermedades somáticas (corporales)”. Y le pregunta si conoce la implicación del astuto maligno en las afecciones y enfermedades psíquicas. -Contesta que no; “entonces apréndelo de mí” respondió el Yérontas. (Conversaciones sobre la depresión con el Yérontas Porfirio, pag 12).

Esto no significa que todos los que padecen enfermedades psíquicas son endemoniados, sino que se refiere en aquella opinión del Yérontas, que más arriba hemos comentado, en que la mayoría de los problemas psicológicos son cosas tentativas (demoníacas), y tienen relación con el “hombre viejo” y con el estado de caída en el que vivimos.

Psiquiatra o Pnevmatikós (guía espiritual)

Para que sean sanadas las distintas enfermedades psíquicas y psicológicas, se deberá alejar sus causas, que son los pazos (con soberano el egoísmo) y también los demonios con sus energías.

Preguntaba el padre Porfirios: ¿Qué quiere decir, angustia, ansiedad, nervios y enfermedades psíquicas? Y contestaba: Yo creo que está el diablo detrás todo esto. No nos supeditamos a Cristo con agapi (amor, cariño); entonces entra el diablo y nos enreda.

Estos, por supuesto, (los pazos y los demonios) no se alejan con cápsulas o pastillas, ni con electroshock, sino con el Misterio de la Confesión General. El hombre debe confesarse con sinceridad los pecados de toda su vida, los principales acontecimientos que han marcado su vida, y cómo los ha afrontado, tal y como enseñaba el Yérontas Porfirios (Vida y logos, pag 370).

El Yérontas Paísios a la vez sugería a los enfermos que se aconsejaran de médicos cristianos, porque el Dios les ilumina según el caso; pero repetidamente había expresado su disconformidad hacia los libros psicológicos, como para la misma “psicología” y “psiquiatría” que se ejerce por científicos y médicos quienes no creen en la existencia de la psique humana, tal y como la acepta la teología de la Iglesia Ortodoxa Oriental. Realmente el mismo era un profundo conocedor, por la Jaris (energía increada) de Dios, del misterio de la psique espiritual, intuitiva y lógica que habita al hombre, de las manifestaciones fisiológicas y patológicas de ella, se entristecía y sufría mucho cuando veía los graves errores y fallos en el tratamiento de estos enfermos, que tenían consecuencias serias para el enfermo y su ambiente.

Dado que la mayoría de los profesores académicos de la psiquiatría consideran que “los fenómenos psíquicos” tienen sólo un fondo biológico- consideración que consiste en la negación en el hombre de la existencia de la psique inmaterial, espiritual, intuitiva y lógica – el Yérontas estaba muy cauteloso o negativo ante las muchas terapias que aplicaban los mencionados antes “psiquiatras”.

El Yérontas Paísios, estando de acuerdo con el Yérontas Porfirio, consideraba que la causa de la mayoría de las enfermedades psíquicas son espirituales y que los psicofármacos no sanan ni psicoterapian al hombre, sino que le mantienen en un estado de carácter represivo contenido, y que es posible que se utilicen con mesura en casos de pacientes graves psíquicamente, hasta que sea factible una comunicación real con ellos. (Yérontas Paísios: Psicología y problemas psicológicos).

Después, la contribución del misterio de la Confesión General es determinante para la terapia psíquica y espiritual, definitiva y total, con la Divina Jaris (energía increada).

Dios quiera que cese la desorientación del hombre actual que tiende a destituir el guía Espiritual con el psicólogo o psiquiatra quien vanamente busca la terapia psíquica allí donde no existe.

Observa el Yérontas Paísios: “Quieren calmar y tranquilizar al hombre con pastillas tranquilizantes o con teorías del yoga, y la verdadera tranquilidad y serenidad interior no la pretenden, que viene cuando el hombre se hace humilde, para venir el divino consuelo en sus interiores, (Cartas del Yérontas Paísios).

La verdadera tranquilidad, serenidad y calma viene con la Divina Jaris (energía increada), la cual es adquirida de los humildes. “La formación exterior con ansiedad, angustia y estrés, recalca otra vez el Yérontas, conduce diariamente centenares de hombres (¡aún hasta niños pequeños con angustia y ansiedad!), a las psicoanálisis y a los psiquiatras, y construye continuamente Psiquiátricos y recicla psiquiatras, con cursos de formación, que no creen en Dios ni aceptan la psique. Por consiguiente, ¿cómo es posible que estos hombres puedan ayudar las psique, puesto que los mismos están llenos de ansiedad, angustia y estrés? ¿Cómo es posible que el hombre sea consolado verdaderamente, sin creer en Dios y en la verdadera vida, la vida después de la muerte, la eterna? “El hombre cuando capte el significado más profundo de la verdadera vida, entonces se va toda su ansiedad, angustia y estrés, entonces viene el divino consuelo, y se sana”. Si uno fuera al Psiquiátrico y leyera a los enfermos textos del Abad Isaak, se sanarían los que creen en Dios, porque conocerían el significado y sentido más profundo de la vida, (Yérontas Paísios: Hacer sencilla y sincera vuestra vida para que se vaya la ansiedad, la angustia y el estrés).

La terapia o psicoterapia existe sólo al verdadero psiquiátrico, en la Iglesia Ortodoxa, y es dada gratis por el Médico de nuestras psiques y nuestros cuerpos, nuestro Señor Jesús Cristo.

La lucha consiste en la divinización de nuestro “recipiente”, de nuestra psique y nuestro cuerpo.

La salud psíquica y espiritual y la sanación tienen gran repercusión al cuerpo. Porque lo que es relacionado con la psique, se relaciona también con el cuerpo, que en la Ortodoxia de ninguna manera se desprecia.

Depresión: la enfermedad galopante del mundo

La depresión es la enfermedad con el desarrollo más galopante en todo el mundo. La causa de este crecimiento grande es el gran egoísmo de los hombres contemporáneos, la entrega desenfrenada de ellos en el orgullo, la soberbia y todos los demás pazos.

Según las previsiones oficiales del Organismo Internacional de la Salud, el año 2020 la depresión será la enfermedad más frecuente al mundo desarrollado y del 5º lugar pasará al 2º de la lista de enfermedades que provocan la pérdida de años de vida, invalideces y malos funcionamientos sociales. La 1ª posición será para las cardiopatías isquémicas. Hoy en día (2011) hombres en todo el mundo, superiores de 45 años padecen de represión uno de cada tres, mientras que en diez años, según estimaciones el porcentaje aumentará en 50%.

Parece que la depresión, prefiere sobre todo las mujeres, después de la edad de 40-45, la frecuencia de su aparición es tres veces mayor en las mujeres que en los hombres.

La situación cada vez empeora: después de una nueva investigación a una escala amplia se ha demostrado que 156.000.000 de hombres –número que corresponde al 35% de los europeos- presentan cada año una distorsión o anomalía psíquica y neurológica.

Las conclusiones anteriores se dieron a conocer en la prensa por el Colegio Europeo de Neuropsicofarmacología en Londres, y provinieron después de tres años de investigación en 30 países, de los que 27 pertenecen al mercado común. Los tres que faltan son Noruega, Suiza e Islandia. (Revista “Democracia” 6-9-2011).

La enfermedad psíquica más frecuente es la depresión, donde se ve que la primacía la tienen las mujeres de 25 a 40 años, principalmente en aquellas mujeres que hacen grandes esfuerzos en combinar cerrera y familia. Cuatro de los diez europeos padecen algún problema de salud psíquico. Además de la depresión, dominan los estados angustiosos, ansiosos, insomnio etc, y llegan hasta la esquizofrenia.

Realmente son lamentables estas afirmaciones. Lo interesante es que no afectan sólo ciudadanos de países pobres, como nuestra patria, sino principalmente países ricos como Francia, Suiza, Alemania, Inglaterra…

Lo que recalcan los resultados de esta investigación es que el dinero no regala la felicidad al hombre. Estos países tienen dinero pero no tienen una relación esencial con el Dios, viven al ateísmo, a la herejía y al pecado. Por eso, apenas algo ocurra en sus economías, cuando no pueden divertirse en sus vidas, los habitantes se deprimen, se desesperan y enferman psíquicamente. No tienen donde apoyarse. El dios dinero de ellos, no puede quietarlos, asegurarlos, sanarlos y salvarlos. Sólo el Jesús Cristo regala la paz, la serenidad y la seguridad para el presente y para el futuro. Los que conectan y se unen con Cristo Dios no se desesperan ni se deprimen nunca.

El alejamiento del hombre de Dios y su alteración o enajenación.

Vivimos en un mundo que se está hundiendo cada día más a la depresión, al tedio, al aburrimiento, a la soledad y al mundo carnal y materialista. Todas estas cosas son el amargo resultado del alejamiento de Dios. Desgraciadamente la gran mayoría de los hombres ha negado su Creador.

Cuando los hombres se alejan de la vida natural, la sencilla, observa el Yérontas Paísios, y se mueven hacia el lujo, tanto más aumenta el ἄγχος (anjos ansiedad, angustia y estrés). Y mientras se alejan de Dios, es normal que no encuentren descanso, reposo en ninguna parte. Por eso corren inquietos aún hasta la luna- como la correa de la maquina alrededor de una rueda-, porque en todo nuestro planeta no cabe tanta inquietud.

Del bienestar mundano y la felicidad mundana sale mucho ἄγχος (anjos ansiedad, angustia y estrés). La formación exterior con el ἄγχος (anjos ansiedad, angustia y estrés), recalca otra vez el Yérontas, conduce diariamente centenares de hombres (aún niños pequeños con angustia) a las psicoanálisis y a los psiquiatras, y construye continuamente Psiquiátricos y recicla con cursos de formación psiquiatras…

¡Y los distintos turistas que vienen de países extranjeros y caminan dentro de tanto calor, ruido y polvo, imagínate lo que sufren! ¡Qué presión interior tendrán de manera que este ahogo exterior lo consideren como un descanso, alivio o respiro!

Cuando veamos un hombre con mucho ἄγχος (anjos ansiedad angustia y estrés) y tristeza, mientras que lo tiene todo –que no le falta de nada- sepan que no le falta otra cosa que el Dios.

Decía el padre Porfirio que: “toda la gente, los que creen y los que no, esta cosa les consume… el alejamiento de Dios que trae la soledad. Y cuando niegas el misterio… un misterio… Se han hecho tantos médicos psiquiatras, psicoanalistas, psicólogos que reciben enfermos… ¿ay, qué enfermos? ¿Quién eres tú que tratarás con enfermos? Y al final, resulta: ¿Qué ves doctor? “No no tienes nada… tienes inseguridad”. ¿Qué quiere decir inseguridad? “No tienes nada, tomate esto”. Si no te entregas a ti mismo a Dios, ¿qué te va hacer esto? Hoy te narcotizará o te drogará, y mañana puede ser que te venga más grande, (Yérontas Paísios: “Hacer sencillas vuestras vidas para que no tengáis ἄγχος (anjos ansiedad angustia y estrés)”)

El deprimido y preocupado hombre contemporáneo de Occidente o con mentalidad occidental, vive en el ocaso de su cultura, porque se ha apoyado en la autonomía, fuera de Dios, en la razón y en la satisfacción de sus pazos.

Han transformado la verdad de Dios en mentira y han reverenciado y hecho culto la creación y no al Creador… Por eso el Dios los ha entregado en pazos indecentes” (Rom 1, 25-26). El Dios ha dejado que aprendamos de las cosas que padecemos. Del anterior lema del Apóstol Pablo se deduce que el hombre sea entregado –por concesión de Dios- en distintos pazos que le deshonran y ridiculizan. La causa de esta concesión pedagógica Divina es el pecado, es la pereza espiritual y física, es el hecho que los hombres no han querido conocer a Dios. “No se preocuparon de tener el conocimiento correcto de Dios” (Rom 1,28), es decir, tener auténtica percepción, sentido y gnosis (increada) de Dios en sus interiores, a través de la agapi y del giro total de ellos hacia el Dios.

El resultado es que sean entregados de Dios al oscurecimiento del nus, en un nusreprobado” (Rom 1,28), incapaz de discernir la verdad; por consiguiente, sus obras son indecentes y pecadoras, obras de las tinieblas.

Los actos y los resultados de los pazos son desviaciones terribles de los hombres, alteración y corrupción de la persona humana. Los hombres se han llenado “de toda injusticia, maldad, avaricia y perversidad. Están repletos de envidia, homicidios, contiendas, engaños, mala intención. Son contenciosos, calumniadores, aborrecedores de Dios, insolentes, soberbios, jactanciosos, inventores de males, desobedientes a sus padres, insensatos, desleales, crueles y sin misericordia…” (Rom 1,29-31).

Este aislamiento de todos, esta falta de agapi y comunión real, no se sana con las pastillas o electroshock, sino con humilde confesión y auténtica metania. Si el hombre no se convierte, está conducido a la muerte existencial.

El suicidio: el peor resultado del alejamiento de Dios

El resultado final de los pazos, del pecado y del alejamiento de Dios, es la muerte espiritual; conjuntamente también la muerte biológica anticipada.

La Santa Escritura nos enseña: “El resultado del pecado es la muerte” (Rom 6,23).

Realmente la sumisión a la carne o cuerpo y al pecado fructifica la muerte. Esto recalca san Pablo, que ocurría desde los tiempos del A. Testamento, entonces que los hombres estaban esclavizados en la letra de la Ley y al pecado viviendo “por la carne”. Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones que eran pecaminosas por la ley, obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte” (Rom 7,5).

El suicidio es el resultado de egoísmo grande, al no ser que el hombre no esté bien de la cabeza.

Una persona tuvo la siguiente conversación con el Yérontas Paísios: “Yéronta algunos hombres cuando encuentran una gran dificultad en sus vidas, inmediatamente piensan suicidarse.

-Se mete el egoísmo en medio. La mayoría de los que se suicidan escuchan al diablo, que les dice que si acaban con sus vidas se salvarán del calvario interior que viven, y por el egoísmo se suicidan. Por ejemplo, si uno comete un robo y se demuestra que ha robado, dice: ay de mí, estoy ridiculizado y, en vez de arrepentirse, hacerse humilde y confesarse para que sea redimido, se suicida. Otro se suicida porque su hijo ha quedado paralítico. Dice: ¿Cómo voy a tener yo un hijo paralítico? y se desespera. Si es responsable sobre esto, pues que se arrepienta. ¡Cómo pone fin a su vida y deja su hijo a la calle! ¿No es más responsable después?

-Yéronta a menudo oímos para alguien que se ha suicidado, porque tenía problemas psicológicos.

-Los psicópatas, cuando se suicidan, tienen atenuantes, porque sus mentes están pervertidas. Ellos aunque vean una nube, sienten un aplacamiento interior. Si tienen una tristeza o disgusto tienen doble nubosidad. Pero para los que se suicidan sin ser psicópatas –como también para los heréticos- la Iglesia no hace ninguna oración, los deja al juicio y a la misericordia de Dios. El sacerdote no hace memoria de sus nombres en la Proscomidí, ni saca una ración para ellos, porque con el suicidio niegan y desprecian la vida que es un regalo de Dios. Es como si lo tiraran todo a la cara de Dios, (Yérontas Paísios: “Vida familiar”, pag 262-3).

Hoy en día ha crecido mucho nuestro el egoísmo, el desprecio hacia el Dios y nuestra autoconvicción, que también ella es una forma de egoísmo. Por eso cultivamos y fructificamos la lipi, la aflicción, la tristeza, la ansiedad, la angustia, la agonía, la amargura, el sufrimiento psíquico, la depresión y la muerte.

Las estadísticas son lamentables. En todo el mundo 340.000.000 de hombres actualmente sufren serios problemas de salud psíquica. En Europa y América la Organización Mundial de la Salud dice que casi la mitad de la población padece de depresión, melancolía y está continuamente malhumorada y desanimada.

El intento mediante la psicología y sus libros para sanar el sufrimiento psíquico y cubrir el vacío psíquico, muchas veces conduce a la decepción, desesperación y al suicidio. Dice el Yérontas Porfirios: “Muchos que leen estos libros de psicología, se condenan a sí mismos y son conducidos al suicidio, en cambio la jaris (energía increada) de Dios expulsa y destruye hasta las enfermedades hereditarias y trae alegría”.

La vida autonomizada, separada de Dios y el intento de autoayuda a través de la psicología, conduce a la muerte psíquica y muchas veces también a la física.

Tal y como señaló el director del Sector de Salud Psíquica del Organismo Internacional de Salud, el 25% de todos los hombres en algún momento de sus vidas peligran en manifestar una o más perturbaciones psíquicas, mientras que una de cada cuatro familias tiene por lo menos un miembro enfermo, con todas las consecuencias que esto acarrea, principalmente a causa del estigma y las distinciones. En este momento más de 120.000.000 millones de personas padecen de depresión y se espera que el 2020 sea la segunda enfermedad más frecuente. ¡Un millón de personas se suicidan cada año a causa de esta enfermedad, mientras que 10-20 millones tienen tentaciones de suicidios!

Cada año en la Unión Europea 59.000 personas se suicidan, mientras que el número de los que intentan poner fin en sus vidas es diez veces mayor. El 90% de los suicidios es debido a perturbaciones psíquicas y emocionales. Según el comisario Europeo para la Salud y la Protección de los Consumidores, Marco Kiprianos: “Las enfermedades psíquicas constituyen un asesino invisible de Europa. Son igual de mortíferas que las muertes físicas, como el cáncer; y la cifra de Europeos que se suicidan supera la cifra de los accidentes mortales de coches o asesinatos”. Casi 44 suicidios por cada 100.000 habitantes ocurren cada año en Lituania.

La depresión, el ἄγχος (anjos, ansiedad, angustia y estrés), varias fobias o miedos y las inseguridades, son consecuencias del pecado y de los pazos. El gran egoísmo, la soberbia, el orgullo y la filaftía (egolatría, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo) conducen a la depresión y la desestructuración psíquica de las personas.

Los resultados por la increencia, la exaltación, la autonomía y la separación de Dios, son lamentables: El 28% de los empleados de Europa manifiestan que sufren de ansiedad laboral. En Grecia el porcentaje se eleva hasta el 55%. La mala salud psíquica afecta 1 en cada 4 ciudadanos. El año 2020 la depresión será:

  1. a) la causa más frecuente de enfermedades en el mundo desarrollado y,
  2. b) la segunda causa de incapacidad en todo el mundo.

Los llamados problemas psicológicos son esencialmente problemas espirituales.

La cultura del hombre contemporáneo es una “cultura de caída” y de los pazos. La esclavización a la materia y al sensualismo, ha traído la lipi aflicción, tristeza, sufrimiento, la decepción y la desesperanza.

Decía el Yérontas Sofronio Sajarof: “La desesperanza es la perdida de la conciencia de que el Dios quiere darnos la vida eterna. El mundo vive en la desesperanza. Los hombres se han condenado a sí mismos a la muerte. Debemos luchar cuerpo con cuerpo con la acidia (pereza y desgana espiritual).

Según san Juan el Clímaco: “Acidia significa parálisis de la psique y distensión del nus, pereza e indiferencia para la ascesis o ejercicio espiritual y odio hacia las promesas divinas o las monásticas. Acidia también es esto que dicen los mundanos, cuando acusan a Dios de que no es caritativo ni filántropo, y que trae debilidad al momento de psalmodiar y orar. (San Juan el Clímaco: Logos 13).

La comodidad corporal y la insaciable satisfacción de los pazos, ha traído el tedio, la acidia y la expansión de la decepción. La riqueza, el bienestar y la opulencia no han solucionado los problemas psicológicos sino que los han aumentado.

Finalmente, observa el Yérontas Paísios, los hombres son torturados también de la riqueza, porque los bienes materiales no les llenan, entonces el castigo y el tormento es doble. Conozco hombres ricos que lo tienen todo, pero no tienen hijos y se torturan. Están asqueados y se torturan con todo. Le digo a uno: vale, ya que tienes tiempo libre haz algo espiritual. Lee una hora algo espiritual, léete el Evangelio. -No puedo, contesta. Haz algo bueno, vete a un hospital, visita algún enfermo. -¿Para qué voy a ir allí, qué sacaré de esto? Vete en tu barrio y ayuda algún pobre. -No, no me agrada esto tampoco. ¡Imaginaos, tiene un montón de casas, tiene todos los bienes materiales y que esté atormentándose! ¡Sabéis cuántos hombres de este tipo existen, y se están torturándose, hasta el punto de volverse locos! ¡Es terrible! Los que no trabajan y viven solamente de rentas son los más atormentados. En cambio, si tuvieran por lo menos algún trabajo, estarían mejor.

La desesperanza y el suicidio, a causa de la ausencia de la verdadera alegría y del vacío existencial, tiende a ser moda.

El hombre actual, mediante sus ilustres representantes, predica que no existe la felicidad. Recientemente un gran escritor de renombre manifestó: “No creo en la felicidad. Creo sólo en la inquietud… Aquellos que dicen que están felices en sus vidas son idiotas… La verdadera felicidad es la inquietud” (Huberto Eco).

Si la inquietud fuera felicidad, entonces todo el mundo debería nadar en océanos de felicidad, puesto que la inquietud, la ansiedad, la angustia, el estrés y la perturbación es una característica de la mayoría de las personas contemporáneas. Al contrario, la verdadera felicidad difícilmente se encuentra hoy en día, por no decir que es casi inexistente… especialmente en los más jóvenes.

Vivimos en un mundo que crea psiques envejecidas. Recientemente una actriz famosa, manifestó entristecida: “Me asusta mi propio cansancio y tedio, mi propia apatía. Por lo menos en el espacio particular intento corresponder lo más humanamente posible. Pero no lo consigo. Más me entristece, asusta y apena el envejecimiento de la psique, su tedio y marchitamiento” (Aneza Papadópulos). El envejecimiento de la psique crea también el envejecimiento del cuerpo…

Estas manifestaciones afirman el hecho de que el que quiera “pertenecer” en este “mundo”, se tortura, atormenta y finalmente muere. ¡Viviendo según su mentalidad mundana, sometido y esclavizado en los pazos que consisten en esto que llamamos mundo-cosmos (Filidonía-amor al hedonismo, placer, Filodoxía-amor a la gloria vana, Filaryiría-avaricia, codicia, amontonamiento de riquezas materiales), vive obligatoriamente también los resultados de los pazos, que son la tristeza, sufrimiento, tedio, depresión, ansiedad, angustia, estrés, envejecimiento psíquico y muerte psíquica!

La agapi hacia el mundo (la conducta mundana) conduce a la tristeza y la Depresión

El Abad Isaac el Sirio identifica el mundo-cosmos con los pazos. He aquí lo que nos enseña. “Cuando queremos nombrar todos los pazos juntos los llamamos “cosmos-mundo”. Y cuando queremos discernirlos y darlos cada uno su nombre los llamamos “pazos”. Y los pazos, tal y como uno sucede al otro, forman el camino del cosmos-mundo, y allí donde terminan los pazos deja de existir el camino del cosmos-mundo… Allí donde cesa la energía y acción de los pazos, allí muere también con ellos el mundo-cosmos.

Dijo un sabio sobre los santos que: cuando vivían estaban ya muertos, porque, mientras vivían con sus cuerpos no hacían una vida carnal. Y tú cuídate de ver cuáles pazos viven en tu interior, para que entiendas cuánto perteneces al mundo y a causa de cuáles pazos estás atado y de cuáles te has liberado… En pocas palabras, el mundo-cosmos es la vida en pazos y la conducta o moral carnal. El que se ha liberado de los pazos ha salido del mundo-cosmos.

El cristiano ortodoxo está llamado a salir del mundo, es decir, liberarse de sus pazos. El que quiera ser amigo del cosmos-mundo se constituye en enemigo de Dios”… y también de sí mismo (San Isaac el Sirio). Vive sometido y esclavizado a una insoportable tristeza, depresión y sufrimiento…

Cuando no quiere estar en metania, arrepentirse, convertirse, salir del mundo y amar a Dios, permanece atado con las cadenas de sus amados pazos. La conclusión es natural: La sumisión en los pazos conduce a la aflicción, a la tristeza, al sufrimiento y a la depresión.

La negligencia, la pereza física y espiritual, el olvido de Dios y la ignorancia, conducen a la formación de varios pazos en nuestro interior.

Los pazos cuando actúan, tienen como resultado la aflicción, la tristeza y la depresión.

Cuando el hombre vive de acuerdo con los mandamientos de Dios, dentro a la Iglesia Ortodoxa con verdadera metania (se entiende bautizado), entonces tiene activada la jaris (gracia, energía increada) del Santo Bautismo. Entonces está claro el fruto del Espíritu Santo que es “agapi (amor desinteresado), alegría, tolerancia, magnanimidad, indulgencia, bondad, fe, apacibilidad y contención o autodominio” (Gal 5, 22-23). Cuando falta la Jaris o está desactivada, entonces realmente se ausentan los carismas o virtudes anteriores del Espíritu Santo y el hombre tiene lo contrario de estos; es decir, odio, rencor, resentimientos, tristeza, sufrimiento, tedio, depresión, angustia, ansiedad, estrés, tormento, desesperación, maldad, infidelidad, ira y dureza. Los pazos funcionan de la siguiente manera:

  1. a) Cautivan al hombre, pierde su libertad y le esclavizan, entonces se convierte en esclavo de estos.
  2. b) La psique del hombre enferma. No siente sus carismas espirituales, ni puede desearlos. Por supuesto que no todos pueden llegar a la apacia o sin pazos, pero con el Dios todos pueden reconciliarse, sanarse y salvarse y (San Juan el Clímaco).
  3. c) Los pazos quedan como una pared o diafragma ante la Jaris Bautismal y las virtudes de la psique dadas por el Dios. Si no se derrumban estas paredes con la metania, la aplicación y el cumplimiento de los mandamientos, entonces no se pueden ver y aparecer los carismas espirituales que se encuentran detrás de estas paredes.

Tal y como uno no puede ver al sol cuando hay niebla, así lo mismo no puede ver la belleza de la psique, cuando está cubierta de la niebla de los pazos.

Los pazos son como una sustancia dura que impide que funcionen los distintos carismas al hombre. Así el hombre a continuación se encuentra en la oscuridad, en la tristeza, en la depresión y no puede salir al espacio de la vida de la alegría y de la luz.

Por ejemplo, el avaricioso, codicioso no conoce la alegría de la caridad, ni tampoco el que está apegado al mundo conoce la jaris, el favor de las lágrimas y el luto.

Todos estos se encuentran como en una lucha oscura tocando las tinieblas, la oscuridad. Porque la luz pertenece a los bondadosos y en aquellos que han hecho la catarsis de los pazos en sus psiques.

  1. d) Finalmente, los pazos nos expulsan de la luz y la vida. Y como el Cristo es la luz y la vida, nuestros pazos nos alejan de Dios que es la Vida y nos conducen a la muerte.

Los verdaderos “antisistema, anarquistas o revolucionarios”

Vivimos en un mundo improcedente, con multitud de psiques muertas con cuerpos vivos. Los pazos movidos por el astuto maligno, nos dominan y los resultados de ellos son lamentables. Siempre son el estrés, la ansiedad, la angustia, el sufrimiento, la depresión y la muerte espiritual.

El stárets Zacarías escribe a una psique: “Vuestros pazos os ultra-fortifican y la oración se debilita y uno ni siquiera quiere orar. La atención se consume en varios deseos y pazos. Exactamente entonces, como si fuera a propósito, se encuentran este tipo de fracasos interiores y exteriores que hacen al hombre caer en la depresión. Este pazos, la depresión mata todo lo sano y divino, cualquier cosa viva y humana”.

El maligno intenta decirnos que “la metania no existe” o “que el Dios ya no nos quiere”. Deberemos resistir de toda sugestión e impulso demoníaco de este tipo, para que no caigamos a la pasividad y la desesperanza a causa de nuestros pecados y pazos.

Escribía el stárets Zacarías: “No os deprimáis bajo ninguna condición o cuestión. La depresión es el centinela que mata, destruye la energía que es imprescindible para la recepción del Espíritu Santo dentro al corazón. Una persona deprimida pierde la capacidad de orar y es un muerto, en lo que respecta a las luchas espirituales (Apotegmas de Santos y Yérontas Rusos).

Esta depresión y desesperanza que contiene la ausencia de lucha espiritual es la mayor alegría del astuto maligno. Cuando eludimos las causas y los motivos de los pazos, entonces nos salvamos de la guerra del astuto maligno.

Cuando sucumbimos, aunque sea sólo con los loyismí en la diania (mente, cerebro), el diablo siembra loyismí supervisores para afligirnos, entristecernos y desesperarnos.

Deberemos resistir en esta lipi (tristeza, pena) demoníaca y hacer la metania sin perder tiempo para que retorne la esperanza y la alegría.

Podemos decir: “Señor, otra vez he cometido el error o me he equivocado, ayúdame para no recaer”.

El Yérontas Paísios recalcaba que nunca debemos desesperarnos, sino que luchemos con prudencia y sabiduría.

Decía que si nosotros no damos motivos “la guerra no viene sola”. La culpa es de nuestros pazos que los dejamos y no los combatimos. Cuando no evitamos las causas, no puede ser, vendrá la guerra.

Estate muy atento en tu nus. No te cargues de lipi (tristeza, aflicción y pena) o problemas inútiles, vanos y muchas más. El agua cuando está limpia y serena ves en el fondo hasta un alfiler. Así también es el nus.

Debes estar aprendiendo las malas astucias de la tentación, para que te salves y no pueda más perjudicarte. Y atención, cuando no puede hacernos caer con las praxis o actos, entonces nos lanza los loyismí. Intenta derrumbar al hombre y después le envía loyismí supervisores para enviarle a la desesperación.

Estas cosas debes conocerlas. Lo recalco, nunca aceptes la desesperación, la decepción por cualquier cosa, de ninguna manera. Y a los loyismí que te vienen por la tentación, tú diga esto: “¡Aunque vaya al infierno, estaré en mejor situación que tú! No tengo miedo, porque yo puedo arrepentirme y convertirme y el Dios es todo Agapi. Nunca y para nada la desesperación. No aceptes las aflicciones, las tristezas y los sufrimientos. No pienses con tristeza y pena convirtiendo tu nus pesado y aplacado. Sólo di esto: Cristo Dios mío, te ruego que no me abandones. Cualquier cosa que te ocurra, no te entristezcas ni apenes mucho, sólo esto estate diciendo: “Cristo Dios mío, Tú no me abandonas”. Y tendrás serenidad, tranquilidad y paz en tu psique. Que no te dominen ni la alegría ni la tristeza o pena” (Yérontas Paísios: “Que no te domine la alegría ni la tristeza o pena”).

En la pared de una escuela sin querer he leído: “Morimos a los 18 y nos entierran a los 80”; es decir, los hombres actuales confiesan que son cadáveres andantes. Circulamos con psiques muertos y cuerpos en movimiento o móviles.

-Y la pregunta es: ¿Por qué?

-Porque sucumbimos en el peor poder que pueda existir: en la tiranía de los pazos, que nosotros mismos solos los creamos e instauramos en nuestro interior. Los pazos nos esclavizan, nos deprimen, nos doblegan y nos matan psíquica y físicamente.

Ejercen el peor poder tiránico sobre nosotros. Este es el poder que tiene que caer.

En este sentido el Cristiano que lucha contra sus pazos, es auténtico “antipoder, antisistema o revolucionario” y vencedor de la depresión.

Cuando el hombre con la ayuda de Dios vence sus pazos, entonces está en el camino correcto para su verdadera plenitud como persona o personalidad, para experimentar y vivir la verdadera alegría divina.

El hombre está llamado hacerse persona o personalidad.

El hombre realmente está hecho con la perspectiva de convertirse y hacerse persona o personalidad, es decir, perfeccionarse a través de la en Cristo agapi (amor desinteresado, energía increada), de la perfecta comunión y unión con el Dios y el prójimo. Pero para conseguir esto, el hombre debe hacerse humilde, humillando su egoísmo se hace receptivo de la ayuda Divina, es decir, de la Jaris divina (gracia, energía increada). Verdadera persona se convierte y se hace el hombre cuando a los que tiene enfrente, es decir, a Dios y sus semejantes, los ama realmente, y cuando está en verdadera conexión, comunión y unión con ellos a través de la en Cristo agapi y finalmente se hace uno con Él.

El Apóstol Pablo hablando sobre la comunión y unión del hombre con el Dios, utiliza la expresión “Persona a persona o cara a cara”, dice: “Ahora vemos por el espejo en enigma, entonces veremos persona en persona o cara a cara” (1Cor 13,12).

Si pensamos que este pasaje se refiere a la oración del corazón, noerá o del Jesús, es decir, a la iluminación del nus (por el espejo en enigma) y a la zéosis o glorificación, es decir, a la contemplación (zeoría) de Dios (persona a persona o cara a cara); entonces podemos entender que el hombre se puede considerar como persona con personalidad, cuando se haya unido con el Dios mediante la zéosis y en estado de zéosis continua. Además, este es verdaderamente el hombre real, pragmático… Puesto que el Dios es Persona, significa que el hombre se convierte y se hace persona* cuando se ha unido con el Dios.

* Metropolita Ierotheo Vlajos: “La persona en la tradición Ortodoxa”: «Tal y como el término ἄνθρωπος anzropos (ser humano, hombre), según los santos Padres no podemos adjudicarlo solamente en aquellos que viven, sino principalmente a los que son partícipes de las energías increadas de Dios, catártica, iluminadora y deificante, así también con el término persona, podemos utilizar para los que están caminando hacia la zéosis o deificación por la Jaris (gracia, energía increada) y son los deificados por la jaris. Así como el “como imagen” es semejanza en potencia y la semejanza imagen en energía, así también el ser humano con su existencia biológica es en potencia ἄνθρωπος anzropos y persona. Se convertirá y se hará realmente ἄνθρωπος anzropos, cuando participa de la Energía Increada de Dios. Ya que el Dios es Persona, significa que el ἄνθρωπος hombre se convierte y se hace persona con personalidad cuando se haya unido con el Dios.

El hombre es una creación positiva de Dios, es constituido de psique y cuerpo, y es el resumen de toda la creación. Se constituye de noeró (espiritual humano) y sensitivo y en su interior existe la entelequia, es decir, un principio hacia el fin. Esto se llama principio hipostático (substancial o personal). Esto es la imagen y semejanza. Esto lo define san Gregorio el Teólogo».

El hombre se convierte en persona, cuando se encuentra en relación verdadera con el otro y perfectamente con el Otro, el Dios. Cuando participa de Su Deificante Energía Increada. Cuando avanza hacia la Zéosis o Deificación.

El hombre se perfecciona y está en plenitud cuando se encuentra en verdadera agapi con la Persona de Dios y del prójimo. La forma de existencia egocéntrica, individualista, autónoma y auto-ocupación, destruye y disuelve la persona o personalidad humana, que es una exigencia de nuestra existencia; ya que tenemos en nuestro interior el programa del Creador, que es el “como semejanza”, que nos impulsa aparecernos o asimilarnos al Dios Trinitario de la Agapi (amor, energía increada). Esta disolución y la resistencia al programa de nuestro Divino Creador, este “suicidio hipostático-substancial o subsistencial”, en el que nos condenamos a nosotros mismos a través del egoísmo, nos conduce a la decepción, a la lipi (aflicción, tristeza y pena) y a la depresión.

El hombre egoísta realmente está enfermo espiritualmente. Según cómo se ama enfermizamente a sí mismo, análoga es conducido a la lipi y a la depresión, y como no sirve a Dios por eso también sufre. No conecta ni comulga verdaderamente con el Dios ni con los otros.

El bienaventurado Yérontas Paísios decía: “Los hombres que están alejados de Dios siempre se encuentran inconsolables y se atormentan o se autocastigan doblemente. Aquel que no cree en Dios y la vida futura, además de quedarse inconsolable, condena también a su psique eternamente. Al tipo de jefe que trabajarás, de este también cobrarás. Si trabajas con un jefe negro (duro) te hace la vida negra (dura) desde aquí. Si trabajas al pecado cobrarás del diablo. Si trabajas la virtud cobrarás de Cristo. Y cuanto más trabajas a Cristo, tanto más serás abrillantado, iluminado y deleitado.

La exagerada y patológica agapi-amor que tiene el egoísta para sí mismo, le impide amar y por lo tanto tener comunión y conexión con cualquier otro y sobre todo con el Dios. Por eso el egoísta no puede llamarse persona perfeccionada verdaderamente. El ser humano se hace verdadera persona con personalidad cuando niega su egoísmo y en Cristo ama a todos.

Al hombre egocéntrico-deprimido, el nus que es el ojo de la psique no funciona correctamente. En vez de mirar hacia el Dios, mira apasionadamente hacia sí mismo y sobre todo a su cuerpo (filaftía) y está perturbado y castigado por la lipi, (aflicción, tristeza, pena), el vacío, la insatisfacción y la depresión.

Los cuatro tipos de la λύπη (lipi, aflicción, tristeza y pena)

74- Λύπη (lipi): pena, tristeza, pesar, depresión, aflicción interior psíquica, dolor, sufrimiento, es uno de los ocho pecados capitales. Existe la lipi “según Dios” y la lipi “según el cosmos-mundo”. La primera se identifica con la metania y el luto que nace de la esperanza a Dios y empuja al hombre hacia la lucha y el ejercicio espiritual. La segunda todo lo contrario, desanima al hombre y le conduce en la desesperación, melancolía, en un parálisis psicosomático y la depresión. La lipi por la pobreza o faltas materiales conduce a la muerte de la psique, según Apóstolos Pablo (2Cor 7,10). San Gregorio Palamás escribe: si investigas la lipi mundana, encontrarás que está inmersa en los pazos y proviene de ellos y el materialismo, en cambio, la lipi según Dios te conduce a la metania y sin duda a la “psicoterapia” sanación y salvación de la psique.

Según san Juan el Damasceno existen cuatro tipos de lipi:

  1. a) ἄχος (ajos) que es dolor, tristeza y sufrimiento de la psique-depresión
  2. b) ἄχθος que es aplacamiento, peso, pesadez y tristeza de la psique.
  3. c) la lipi envidiosa
  4. d) la lipi piadosa o compasiva.

La primera es lipi es dolor, tristeza y sufrimiento, que te deja atónico y afónico.

La segunda es lipi la que provoca peso, pesadez y fatiga en la psique.

La tercera es la lipi que proviene de la envidia por los bienes ajenos.

La cuarta lipi, es la compasiva, que proviene por la tristeza por los males ajenos.

Qué es la lipi y la depresión según los Santos Padres.

Se debe recalcar que la lipi (aflicción, tristeza, pena,) es un regalo de Dios, que fue dado después de la caída y está incluida en los pazos irreprochables.

San Crisóstomo nos enseña: “La lipi la ha puesto el Dios en nuestro interior. Pero no para que la utilicemos en vano, perjudicialmente, en tiempo inadecuado y en situaciones contrarias a nuestra naturaleza, sacudiendo así la salud de nuestra psique y cuerpo, sino para obtener de ella mayor beneficio espiritual. Por eso no debemos entristecernos cuando pasamos y sufrimos algo malo, sino cuando hacemos algo malo. Pero nosotros hemos invertido las cosas. Así que aunque cometamos incontables males, no nos entristecemos ni apenamos ni nos avergonzamos por nada. Pero si alguien nos hace lo más mínimo, entonces nos perdemos, nos enfadamos y nos hacemos pedazos y no pensamos que los sufrimientos, las tristezas y las tentaciones manifiestan la preocupación de Dios por nosotros más que los acontecimientos agradables, (textos de san Juan el Crisóstomo: “Temas de vida”).

La lipi es una fuerza de la psique que se nos fue dada por el Dios como ayudante a nuestra metania.

La lipi según Dios conduce a la verdadera metania, “a la metania sin remordimientos”.

Recalca san Crisóstomo: “Por eso existen la lipi (aflicción, tristeza, pena) y el desanimo, no para que nos dominen cuando muere una persona querida o cuando perdemos dinero y cuando sufrimos algún fracaso, sino para ayudarnos en nuestra lucha espiritual. Que nos aflijamos, nos apenemos, pero no por algún perjuicio o tristeza que nos provoca alguien, sino por nuestros pecados porque entristecemos a Dios. Porque los pecados expulsan lejos a Dios, mientras que las tristezas y sufrimientos que sufrimos de los demás Le hacen permanecer cerca de nosotros como protector”.

Pero cuando esta potencia de la lipi dada por el Dios, la ha dominado el maligno, entonces se convierte el medio para nuestra perdición, puesto que a través de ella nos conducimos a la indiferencia, acidia, depresión, no confesión, ni metania, desesperanza y a la muerte espiritual y física-suicidio.

Con la terminología de los santos Padres, la depresión podría definirse como lipi (tristeza, aflicción, pena) demoníaca, energía demoníaca, desánimo, acidia, cautividad de los loyismí y pérdida del trabajo para la realización del “como semejanza a Dios”. La lipi no según el Dios está incluida en la categoría de lipi patológica en general.

Más allá de esto, observa Jean Claudet Larchet, la lipi aparece como un estado o situación de la psique que contiene desánimo y decepción, atonía y flojedad, peso psíquico y dolor, cansancio y estrés, disposición triste, presión y depresión, que a menudo están acompañados de melancolía, desesperación y hasta agonía.

La λύπη (lipi, aflicción, tristeza y pena) beneficiosa y la demoníaca.

El diablo consigue engañar al hombre de manera que administre mal la fuerza y energía de la llamada lipi. Crea al ser humano la lipi demoníaca y la depresión. Especialmente ataca a los que combaten e intentan amar a Dios.

El enemigo, enseñaba el Starets Parthenio, “trae depresión en cada psique que quiere sanarse y salvarse”. La lipi demoníaca-depresión proviene a causa de acontecimientos y tentaciones interiores, o por acontecimientos exteriores (accidentes, muertes, calumnias, difamaciones, cacologías e injusticias). El combatiente espiritual deberá combatirlas de cualquier manera.

Observa san Juan el Crisóstomo: “No deben afligirse, entristecerse y apenarse aquellos que son difamados, calumniados sino los que difaman y calumnian. Porque no serán llamados en apología o no darán cuentas los primeros por lo que se dice sobre ellos. Los que deben templar e inquietarse son los segundos, porque ellos tarde o temprano serán arrastrados al Tribunal de Dios donde rendirán cuentas por las difamaciones y calumnias que han salido de sus bocas. De todos modos los que son difamados deben inquietarse si las cosas que dicen sobre ellos son verdaderas” (San Juan Crisóstomo: “Temas de vida”).

¿Cuánto, pues, el Cristiano debe entristecerse, afligirse y apenarse?

Contesta también san Crisóstomo: “Solamente por dos razones. Cuándo él mismo o su prójimo están contrarios con el Dios y Su santa voluntad”.

Cuando nos hacen alguna injusticia debemos alegrarnos. Nos enseña san Crisóstomo: “En todo caso si algunos nos acusan, pues, que no nos preocupemos, sino sólo cuando nos acusan justamente. Si nos juzgan o acusan justamente, entonces debemos llorar, arrepentirnos y confesarnos. Si por otro lado, nos juzgan y acusan injustamente, deberemos llorar por ellos y para nosotros bienaventurarnos o bendecirnos, trayendo en la memoria de nuestro nus los logos del Señor: “11 Bienaventurados y felices seréis los que os habéis convertido en mis discípulos cuando os injurien, os persigan y digan contra vosotros todo tipo de calumnias y mentiras por causa mía. 12 Alegraos y deleitaos porque vuestra recompensa en los cielos será grande e incalculable. Porque también persiguieron a los profetas que ha mandado Dios antes que vosotros” (Mt 5,11-12). No tendremos tristeza, depresión y desánimo, sino que sentiremos alegría y deleite porque la recompensa en los cielos será grandiosa” (Temas de vida).

En la vida de la santa Singlitikí leemos que decía a sus hermanas que se habían juntado con ella: “Existe la lipi beneficiosa y la perjudicial. La beneficiosa que es cuando el hombre se lamenta por sus pecados, cuando se entristece por la ignorancia espiritual de su prójimo, cuando se inquieta no vaya ser que se deslice de su propósito y cuando está ansioso en lograr la virtud. Pero existe también la lipi que infunde el enemigo, y es totalmente insensata y paradójica. Por algunos se llama también acidia. Esta lipi debemos expulsarla con la oración, principalmente con la psalmodía, pensando que en la vida presente ningún imprudente e insensato está sin lipis (tristezas, aflicciones, angustias y sufrimientos) de este tipo.

Nos enseña san Crisóstomo: “No dejemos que la lipi nos domine tanto de modo que nos conduzca en actos insensatos, o en introversión indiscriminada e indiscreta. ¿Tenemos una tentación, una prueba, una desgracia? El Dios que ha concedido la tentación, conoce también cuando debe terminar. Él como omnipotente puede liberarnos de todo mal, cuando sea el momento adecuado, sobre todo cuando hemos hecho la metania, nos hemos arrepentido y confesado por nuestros pecados y retornamos junto a Él (Temas de vida).

La λύπη (lipi, aflicción, tristeza y pena)-acidia perjudicial.

Escribe el abad Kasiano: “El horroroso y abominable espíritu de la lipi (aflicción, pena, tristeza) cuando ha dominado la psique del hombre y la ha oscurecido entera, la impide de toda acción o praxis buena y la llena de toda maldad. Porque no la permite orar con ánimo y buenas ganas, no la deja resignarse y tener paciencia por el beneficio de las lecturas divinas y convierte al hombre iracundo y agresivo hacia sus hermanos, genera el odio y llega estar hasta contra el monaquismo. Y en general la lipi, cuando ya haya creado la confusión en todos los pensamientos sanadores y salvadores de la psique y haya paralizado la actividad y la esperanza en ella, la lleva hasta el punto de ser como una psique atontada y maníaca, atándola con el pensamiento de la desesperación.

Así como la polilla roe la ropa y el gusano la madera, así también la lipi carcome la psique del hombre. Convence al hombre en evitar toda buena compañía y relación espiritual, y no le permite recibir y aceptar un consejo ni de amigos auténticos, ni que les dé una respuesta buena y pacífica, sino que mientras los haya dominado en toda la psique, la llena de decepción, disgusto y acidia. Y entonces pone la psique en evitar a los hombres, porque para ella se hacen causantes de perturbación y conflicto. Y no la deja entender que la enfermedad no se debe a cosas exteriores, sino que la tiene de su interior y se manifiesta entonces cuando vengan las tentaciones y con la prueba traerán le enfermedad en la superficie. Porque el hombre cuando no tiene almacenados en su interior los motivos de los pazos, nunca puede sufrir daño y perjuicio de otro.

Por eso nuestro Señor Jesús Cristo, el Médico o Psicoterapeuta de nuestras psiques, el único que conoce exactamente, como Creador que es, los traumas psíquicos y determina las terapias adecuadas, no nos pide que evitemos y cortemos las compañías y relaciones con los hombres, sino que cortemos las causas de los males que están en nuestro interior. Porque conoce que la salud de la psique no se consigue con la separación de los hombres, sino con la relación y compañía con hombres virtuosos y con continua ascesis o ejercicio espiritual.

Aquel pues, que por algunas supuestas razones buenas o excusas abandona sus hermanos que esté seguro que con su marcha no corta los motivos de la lipi, sino que lo único que ha hecho es un intercambio de motivos, porque la enfermedad que tiene en su interior la removerá otra vez a causa de otros acontecimientos (Pequeño Evergetinós). Aquí el santo contesta a los que se halagan a sí mismos, porque no se atreven afrontar a los demás. Los depresivos para afrontar las lipis que les provocan los demás, se aíslan pero sin salvarse de la lipi, la cual no tiene como causa los otros hombres, sino los pazos que están dentro del reprimido hombre.

Por eso, continúa el abad Casiano, no consideremos ninguno de los demás como causante de las turbaciones de nuestros pazos, sino solamente a nosotros mismos, y toda la guerra nuestra que sea contra los pazos que están en nuestro interior. Porque si estos, con la ayuda de Dios, los erradicamos de nuestro interior, no sólo con hombres sino también con bestias salvajes podremos vivir, tal y como dijo el bienaventurado (Job 5,23).

El espíritu de la λύπη (lipi, aflicción, tristeza y pena) y su tratamiento.

Observa san Crisóstomo: “El continuo ataque o asalto por el pecado muchas veces disuelve la intensidad de los loyismí y cansa al combatiente espiritual provocando la llamada acidia (pereza, desgana y desánimo por lo espiritual). Realmente el diablo con “sus flechas candentes” nos tienta e intenta someternos a su instigación o hartarnos y caer a la lipi-acidia a causa de la continua tensa guerra. No debemos acobardarnos ni asustarnos sino resistir.

Primero de todo” nos enseña el abad Casiano, “debemos luchar contra el espíritu de la lipi, que nos trae la desesperación, la ansiedad y la angustia, alejándola de nuestro corazón con la esperanza a Dios. Porque este espíritu maligno no ha dejado a Caín hacer la metania y arrepentirse, después de matar a su hermano, ni a Judas después de la traición al Señor. Debemos cultivar sólo aquella lipi que consiste en la metania por nuestros pecados unida con la bondadosa esperanza, que nos preparará para adquirir los bienes celestes. Esta es la que bendice también el Cristo Dios: “Bienaventurados y felices los que están en luto, afligidos por sus pecados y del mal que domina el mundo, porque ellos serán consolados por Dios” (Mt 5,4). Esta es la que alaba también el apóstol Pablo con la frase: “Porque la lipi-luto o tristeza que es según el Dios produce metania, arrepentimiento para salvación…” (2Cor 7,10).

Esta lipi (aflicción, pena, tristeza) sanadora y salvadora, pues, alimentando la psique con la esperanza que sigue por la metania, está mezclada con alegría. Por eso hace al hombre diligente, obediente y con buen ánimo para cada obra buena, fácil de acercarse uno a él, apacible, tolerante, indulgente y paciente para todo esfuerzo bondadoso, puesto que es lipi según Dios. Y con esto se hacen ya evidentes los frutos del Espíritu Santo al hombre, es decir, agapi, alegría, paz, tolerancia, bondad, fe, contención (Gal 5,22).

Los frutos de la lipi contraria son los siguientes: acidia, desesperación, ira, odio, contradicción, conflictos, desesperanza y holgazanería a la oración y a la psalmodía. Esta lipi debemos evitarla como la lujuria, la avaricia, la ira y los demás pazos. Esta lipi se sana con la oración y la psalmodía, con la esperanza a Dios y el estudio de los logos divinos y con la paciencia en las tentaciones.

Porque si no encuentra al monje o al cristiano protegido con estas armas, le convierte en inestable y fantasmagórico, perezoso y vago, conduciéndole a visitar muchos monasterios y que no se ocupe de otra cosa más que donde hay banquetes y fiestas. Porque la diania (mente) de este que ha caído en la acidia no sueña más que fantasías de lo que hemos comentado. Y con esto le condiciona también para cosas mundanas. Y al monje poco a poco le introduce en ocupaciones perjudiciales hasta el punto de echarle de la vida monástica.

El apóstol, conociendo lo fuerte que es esta enfermedad y queriendo desarraigarla de nuestras psiques, manifiesta las causas por las que se produce y dice: “Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no camina según la enseñanza que recibisteis de nosotros. Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros; no porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis. Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesús Cristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan” (2Tes 3,6-12).

Las causas de la acidia-lipi (aflicción, tristeza, pena) y la terapia por el trabajo.

Continúa el Abad Casiano: “Escuchemos con qué claridad nos revela el apóstol las causas de la acidia. Aquellos que no trabajan los llama desordenados o trastornados, manifestando con una palabra mucha malicia. Porque el desordenado también no es piadoso, es descarado al hablar y ligero en acusaciones, y por eso inadecuado para la hisijía (paz y serenidad) y esclavo de la acidia. Nos pide, pues, que nos alejemos de ellos como si tuvieran una enfermedad trasmisora. Y después con la frase “y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros”, manifiesta que estos son orgullosos, despreciadores y derrocadores de las tradiciones apostólicas. Y a continuación dice: “ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros”. ¡Hay que ver! ¡El maestro de la naciones, el predicador del Evangelio que subió hasta el tercer cielo, el que dice que el Señor ordenó a los predicadores del Evangelio que vivan del Evangelio (1Cor 9,14), el mismo trabajaba día y noche, con esfuerzo y cansancio para que no sea carga de nadie!

¿Entonces, qué haremos nosotros, que frente al trabajo nos mostramos tediosos y buscamos el reposo del cuerpo? Nosotros, quienes no nos ha sido confiado el anuncio del Evangelio, ni la preocupación de las Iglesias, sino sólo el cuidado de nuestra psique. Pero para indicar más claro el perjuicio que trae la inactividad, resulta: “no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno”. Porque de la inactividad nace la curiosidad, de la curiosidad la falta de disciplina y de ella toda malicia. Y para determinar la terapia de ellos, añade: “A los tales mandamos… que trabajando sosegadamente, coman su propio pan”. Además hace una reprimenda más severa: “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma”.

Estos preceptos apostólicos teniendo en cuenta los santos padres de Egipto, no dejan a los monjes nunca inactivos, porque conocen que con la paciencia en el trabajo expulsan también la acidia, y se suministran de alimentos, y también ayudan a los necesitados. Éstos no trabajan sólo para obtener su propia comida, sino para proveer a los extranjeros, a los pobres y a los presos con su propio trabajo; a causa de su propia fe, las buenas obras que hacen se convierten en un sacrificio santo y grato a Dios. También dicen los padres que el trabajador combate muchas veces solo con un demonio por el cual está oprimido, en cambio el inactivo u ocioso está apresado por miles de espíritus malignos” (Pequeño Evergetinós).

Los santos Padres profundos conocedores de la psique humana, hacen una diagnosis correcta y distinta entre las dos formas de lipi (aflicción, pena, tristeza) y nos dan la terapia de la depresión, que es el combate contra los pazos a través de la oración, la psalmodía y en general la vida ascético-mistiríaca.

El hombre sanado administra correctamente la lipi. Al contrario el que está con pazos la utiliza malamente y cae en la depresión.

Si la depresión no es tratada y no se afronta, sus resultados son desastrosos y lamentables.

Los resultados de la depresión = Los depresivos acusan a Dios

La lipi demoníaca tiene realmente resultados lamentables. “La psique que sufre de lipi y desánimo, observa san Crisóstomo, no puede beneficiarse nada de todo que la dices, ni tampoco puede decir algo útil y beneficioso. Tal y como una nube densa, que cubre el sol, impide sus rayos que lleguen hasta la tierra, así también la lipi, como otra nube, cubre la psique y no deja los rayos de la lógica a iluminarla. Por eso el hombre afligido, oprimido y entristecido exageradamente por regla general se vuelve paranoico o se hunde al silencio. Incluso los demás que le ven también prefieren callarse (San Crisóstomo: Temas de vida”).

Es admitido que: “Los llamados padres nípticos de la muy estudiada Filocalía, se refieren continuamente a los resultados de la profunda tristeza y sufrimiento, de la acedía y de la insoportable pena que machacan, oprimen y atormentan tanto al hombre, y que nosotros hoy en día llamamos depresión.

La depresión oscurece la psique, impide al nus pensar correctamente y trabajar creativamente. No le deja estudiar y aprender, ni le deja en apacibilidad y paciencia, sino que le incita al nerviosismo, a la angustia, a la ansiedad, al estrés y al aislamiento.

Sobre todo considera a los otros como causantes de su problema y se libra de las responsabilidades de sí mismo, y así no lucha para subsanarse y “psicoterapiarse”.

Este estado de profunda y pesada tristeza, nos dicen los teoforos (portadores de la luz increada de Dios) santos Padres, paraliza la psique, afloja el nus y crea parsimonia, intolerancia e indiferencia para toda lucha y enemistad para el trabajo.

San Juan el Clímaco a los que padecen así los califica como acusadores de Dios y que el Dios supuestamente no es caritativo con ellos, no quieren orar, ni estudiar y a menudo se quejan de dolores de cabeza, fiebre y dolores estomacales.

El depresivo se castiga a sí mismo y su ambiente.

Los depresivos castigan y torturan a los que conocen sin quererlo. Se complacen de estas cosas, porque son activados por el enemigo diablo que odia al hombre. De esto se ve que la causa de la depresión, son los pazos y los correspondientes demonios de los pazos que los promueven.

Decía el Yérontas Porfirio: “Los hombres que tienen estas reacciones, esta costumbre… cuando les dices no, no puedo etc., se deprimen y sufren. Pero cuando ven a los demás que sufren se complacen y se alegran y lo hacen cada vez más. Me dirás: ¿es posible que ocurra esto? Pues, sí, sin que lo captemos y entendamos el diablo trabaja y opera.

Los depresivos cuando no se hace la voluntad de ellos, hacen sufrir a los que están en su alrededor. Son activados por el espíritu maligno. El espíritu maligno puede provocar también estropicios y dolores.

Decía el Yérontas en relación: “Ver una persona que caiga al suelo, que haga como si padeciera de epilepsia para llamar la atención y tengan compasión de él o porque no le han dado a él los zapatos nuevos sino a su hermano… Si le diésemos el más mínimo motivo empezaría a romper los cristales, las sillas, los vasos… Es decir, ¡estas cosas se hacen de una forma misteriosa, o sea, demoníaca!

Los depresivos, los claustrofóbicos sufren y hacen sufrir a los demás sin quererlo. “Esto se hace… sin que lo entiendan”.

Decía sobre un caso el Yérontas Porfirios: “Quería castigar mucho a sus padres… su casa, sus hermanos… Pues, tenía un demonio, se asustaba subir al tranvía. Y a su Padre cuando estaba con él le obligaba a tomar un taxi para ir en todas partes, y muchas otras cosas… En todo caso, mientras yo he pactado con él que se vaya y libere de sus padres, para que sea liberado de estas cosas. Pues, con toda la devoción se entregó a la agapi a Dios y lo ha expulsado todo. ¡Entendéis! Y esto lo he visto en muchos. Hijos míos, esto atormenta y fastidia mucho hoy en día la gente, estas cosas que son tentativas, demoníacas…, estas cosas demoníacas que captan a los jóvenes, se marchan de sus casas, dejan los estudios o se enganchan en las drogas y meten a los padres en un montón de problemas.

El hombre abre la puerta al maligno espíritu, por consiguiente está activado por este y puede parecer que sufra hasta de epilepsia. Decía el Yérontas Porfirios a un hijo espiritual suyo, que parecía que padecía de epilepsia, pero en realidad estaba promovido por el maligno espíritu, que tenía mucho y gran egoísmo, cosa que se manifestaba con el deseo de que todos le amen.

Generalmente, el hombre sano espiritualmente da reposo y alegría a los que están a su alrededor, en cambio el enfermo y dominado por el demonio hace sufrir, fastidia y fatiga su ambiente sin quererlo.

 

B2) Cómo se crea la depresión

Cómo se crea la depresión.

Posiblemente las causas de la tristeza (pena, sufrimiento) sean muchas, pero por regla general es la resultante de la acción patológica de la fuerza y energía pasional (de lo irascible y lo anhelante) de la psique; por lo tanto, está unida:

  • Con el deseo, anhelo
  • Con la ira o enfado, enojo…

De la misma manera se introduce en la psique:

  • Por acción y energía demoníaca inmediata
  • y puede nacer en la psique sin motivo evidente.

La causa más frecuente de la lipi (aflicción, tristeza, pena) es la frustración y cancelación de uno o más deseos… como también frustración del placer (hedoni) que está unido con el deseo”. Así que la persona que está afectada y padece de esta lipi mala, se demuestra que está apegada a los bienes sensibles y a los valores mundanos. Por eso conecta y está unida con todos los pazos, puesto que estos contienen y están entrelazados con el deseo ardiente. He aquí pues, cómo en el fondo de la depresión, en la lipi no según el Dios, se esconden todos los pazos y detrás los demonios.

La depresión es la mala administración de la λύπη (lipi, aflicción, tristeza y pena) a causa del efecto demoníaco.

La lipi, como se ha dicho, es una potencia y energía que se nos fue dada por el Dios después de la caída, para que seamos ayudados en la metania. Pero nosotros a causa de los pazos y la instigación o efecto del maligno, la utilizamos malamente y caemos al estado de la depresión.

Mientras el hombre vivía al Paraíso, escribe Jean Claude Larchet, no conocía la lipi, que apareció después del error de Adán…

Debemos distinguir dos formas de lipi. La primera constituye una parte de esto que los santos Padres llaman “pazos naturales e irreprochables”, es decir, los que se han ensomatizado, incorporado a la naturaleza humana después del pecado original, y que no son malos; a pesar de que contienen y facilitan el testimonio de la caída de su perfecto estado anterior. La forma de la lipi que es parte de los pazos naturales, no sólo es “irreprochable” sino que se puede y se debe utilizar como base para una virtud: “La lipi según el Dios” (2Cor 7,10). Dicha virtud en concreto permite al hombre a entristecerse por su caída y llorar por sus pecados, apenarse por la pérdida de la primera perfección y entristecerse por su alejamiento de Dios; y que esta virtud constituye el estado de la metania y del luto espiritual, de la devoción y de la contrición, y encuentra su realización en el carisma de las lágrimas. Esta virtud es absolutamente imprescindible para el hombre caído, de modo que pueda reencontrar el camino de la Realeza increada y el estado edénico en su re-perfeccionamiento en Cristo. He aquí por qué san Máximo escribe: “los pazos se convierten en buenos en los hombres valientes, cuando… los utilizan para la adquisición de la cosas celestes, tal y como la lipi que muestra arrepentimiento de un mal en un momento presente”.

Al contrario la segunda forma de lipi (equivalente intelectualmente con la palabra desánimo)… es un pazos y una enfermedad de la psique: que consiste en el uso equivocado de la lipiEn vez de utilizar la lipi para llorar por sus pecados y apenarse por su alejamiento, separación de Dios y la pérdida de los bienes espirituales, el ser humanos utiliza las contrarias: llora por la pérdida se los bienes sensibles, materiales, se lamenta y se entristece por su dificultad de satisfacer cualquier deseo y disfrutar de cualquier placer esperado, e incluso porque se ha enturbiado en las relaciones con sus semejantes. Utiliza pues, la lipi no fisiológicamente sino contra-natura, anormal. En este pazos, dice Jean Claude Larchet, el hombre manifiesta un doble comportamiento patológico: por un lado no se aflige, ni entristece por lo que de verdad debería hacerlo firmemente: que es la causa del régimen de caída; y esto realmente es una situación triste y lamentable; en cambio, se aflige y se lamenta por objetos, situaciones y condiciones… que no valen la pena. La fuerza de la tristeza que dispone el hombre, no sólo no le es útil para vivir según la voluntad de Dios, que la ha regalado para que se distancie del pecado; sino todo lo contrario, se utiliza inoportunamente, paradójicamente e insensatamente en relación con su propósito natural y también para expresar su apego, adicción al mundo (de los pazos), y finalmente se pone al servicio del pecado de una forma paradójica” (Jean Claudet Larchet: “El método terapéutico de las enfermedades espirituales”).

Los pazos y los demonios que los incitan son los que pervierten al hombre y le conducen hacer una mala administración de su lipi (aflicción, tristeza, pena). El principal pazos que promueve al hombre a la lipi reprochable, culpable y pecadora, es el egoísmo-orgullo y por eso conduce a la depresión.

Egoísmo-Orgullo: la causa principal de la depresión y los otros problemas psicológicos.

El egoísmo y los pazos conexos con este (orgullo, soberbia, filaftía-egolatría, voluptuosidad, avaricia, codicia, vanagloria) es la principal causa de todos los otros problemas llamados psicológicos, como se demostrará a continuación.

Vivimos en un mundo lleno de pazos psíquicos y somáticos (carnales). Uno de los principales pazos del hombre contemporáneo es el orgullo o soberbia.

Este pazos es el Cuartel General, decía el bienaventurado Yérontas Paísios. “El orgullo, el egoísmo, la vanagloria, la ambición, la codicia… además de la exaltación que es un grado luciférico (demoníaco), son el mismo pazos con pequeñas diferencias y graduaciones. El egoísmo es el hijo travieso del orgullo, persistente y tozudo. Igual que los árboles que no se doblan finalmente se rompen por el aire, así también el hombre que tiene egoísmo, como no está doblado finalmente rompe su cara. ¡El egoísmo es un mal grandioso! ¡Y aunque el egoísta no reposa, él otra vez de nuevo insiste…!”(Logos 5: Los pazos).

El egoísmo en las manifestaciones exteriores se diferencia algo de su madre la soberbia (orgullo). “El egoísta, enseñaba el Yérontas Paísios, tiene voluntad, obstinación, tozudez, en cambio el orgulloso puede que no tenga voluntad ni tozudez. Digamos por ejemplo: en la Iglesia veneráis los iconos con un orden. Una hermana si tiene egoísmo y otra se pone delante de ella y toma su tanta, ella bajará su cara y puede ser que no vaya a venerar. Puesto que ha venerado aquella antes que yo, dirá, no voy a venerar. En cambio si tiene orgullo, se molestará también, pero no reaccionará así; puede ser que diga hasta que no pasen primero las otras yo no pasaré y con una supuesta amabilidad, pasar, pasar… Las dos se molestan, pero la egoísta lo manifiesta exteriormente con la tristeza y la tozudez, en cambio la orgullosa con la ironía, el desprecio y la desvalorización.

El resultado del orgullo y del egoísmo es la depresión y los llamados problemas psicológicos, los cuales en realidad son espirituales, (según los contemporáneos Yérontas carismáticos Paisios y Porfirios).

“El egoísmo trae siempre λύπη (lipi, aflicción, tristeza y pena) y ἄγχος (anjos ansiedad angustia y estrés)

Decía el Yérontas Paísios: “El egoísmo trae siempre lipi y anjos. El maligno astuto quiere vernos entristecidos y él alegrarse… el diablillo quiere que no se alegre nadie”.

El egoísmo conduce a la lipi… en aquella lipi que no es según el Dios. Conduce a la profunda lipi inconsolable, la cual a continuación frecuentemente conduce a la desesperanza, desesperación, oscurecimiento de la mente y del nus e incluso hasta el suicidio.

Al contrario, la lipi según el Dios conduce a la metania. La metania trae la verdadera alegría al hombre, que es el resultado del restablecimiento de la conexión y comunión con el Dios y la energetización, activación del Espíritu Santo. Al hombre que ha hecho la metania, el Espíritu Santo revela Su fruto, que es agapi, alegría, paz, fe, tolerancia, bondad… (Gal 5,22).

El egoísta -por lo tanto no arrepentido o sin metania- está siempre triste. El egoísmo abre la puerta al diablillo, quien influye al hombre, arrojándole a la lipi-depresión y a los distintos llamados “problemas psicológicos”.

Un papel catalizador en la creación del egoísmo y la depresión juega la mala educación, que por regla general sufren todos los hombres, cuando sus padres no son espirituales, ni limpios, ni hacen la catarsis. Esto se demuestra de lo siguiente: Desde niños crecemos con una educación equivocada. La educación de la mayoría, desde niños, es una cultivación cuidadosa de un espíritu muy egoísta. Desde muy temprano nace un deseo fuerte por distinguir, ser elogiado, impresionar y ser el primero. Nace un exagerado interés sobre la ropa, el peinado, la dedicación y entrega a cosas indignas de comentar.

El gran egoísmo conduce al protagonismo, a la negación a los demás y a la utilización de exageraciones, mentiras e injurias. Algunos sobre todo llegan a servir el mal y la fealdad, únicamente para que se hable de ellos y sean promocionados. Con este rumbo y esta perspectiva, ¿qué ocurre?

Muy frecuentemente, como las cosas no vienen exactamente como queremos, inmediatamente nos lamentamos, nos entristecemos, nos atormentamos, nos deprimimos, nos angustiamos, nos decepcionamos y nos encerramos a nosotros mismos. Se presenta una profunda tristeza y sufrimiento en nuestro interior, de que no nos cuidan bien y no nos aman lo que queremos, no reconocen nuestro valor y no estiman ni aprecian nuestras virtudes y habilidades.

Pues, un no reconocimiento, una observación, una reprimenda, nos avergüenza, nos remueve y nos entristece. Esto ocurre porque se ha picado o herido nuestro egoísmo, se ha revocado la buena idea que teníamos sobre nosotros mismos, la cual por supuesto deseamos que la tengan también los otros. Es muy triste que hombres jóvenes dignos y valientes que lleguen hasta al ineludible suicidio, porque no aguantan un fracaso, una decepción, un desprecio, un ataque y un empobrecimiento repentino.

Un humilde, un verdadero Cristiano, todos estos acontecimientos amargos los afronta con más serenidad y sangre fría, con más optimismo y esperanza. Sobre todo algunas veces pueden convertirse en motivos de fuerte y grande maduración espiritual y cultivación psíquica. Un disgusto alargado trae la tristeza, el sufrimiento y la pena y a continuación la terrible depresión que hoy machaca y azota a muchos.

La depresión puede inactivar al hombre fatigosamente. La depresión por regla general tiene como causa habitual la abundancia del egoísmo. El humilde tiene anticuerpos fuertes, no es fácil caer y ser dominado por la depresión. Finalmente, creemos que el egoísmo exagerado es una pura necedad, en cambio la auténtica humildad es una elección para un beneficio espiritual muy grande.

El egoísta está siempre insaciable, insatisfecho, inseguro, ansioso y angustioso. Al contrario el humilde está sereno, sosegado, satisfecho, contento, sin miedos y calmado.

El egoísta padece del cómo le ven los demás, cómo le estiman, cómo le elogian y admiran. Así está continuamente inquieto… Pero los otros tienen sus problemas y no se ocupan tanto de él.

Autocastigado y autofastidiado sufre mucho de los enfermizos deseos, fantasías e ideas.

La falta de humildad y la falta de instrucción y aprendizaje humilde de los papás en la Santa Tradición de nuestra Iglesia, perpetúan el problema y conduce a la formación de nuevas generaciones de hijos cada vez más y más problemáticos, llenos de egoísmo.

La principal causa, decía el Yérontas y Santo Porfirio, de la depresión y de todas estas cosas que las llaman tentativas, satánicas, como es la pereza, la acidia… junto con todas estas cosas psicológicas, es decir, tentativas, demoníacas, es que tienes un gran y abundante egoísmo en tu interior.

El papel del maligno astuto y los llamados “psiquiatras”

Nos impresiona que el santo Porfirios todos los problemas “psicológicos” anteriores los llama tentativos, es decir, demoníacos. Proclama que son resultados de energías demoníacas, influencias demoníacas, que por supuesto el hombre las “incorpora en su seno” con el libre consentimiento de su independencia.

Decía el bienaventurado Yérontas, refiriéndose a una mujer que padecía de depresión: “Me decía que, ella estaba estirada al sofá o enrollada en una manta y hambrienta, así vivía la depresión.

Es un sentimiento o emoción desagradable que te posee y te inmoviliza. No puedes pensar aquello u lo otro. Crees que piensas en cosas serias, mientras que tú estás clavado en una idea. La depresión es un cautiverio a una idea, a un loyismós y a una instigación demoníaca. Tengo muchas cosas que deciros de gente que estaban poseídas de este tipo de sentimientos, emociones, es decir, sentimientos demoníacos.

O sea, el diablo, nuestro mal carácter, consigue y toma de la batería de nuestra psique la fuerza y energía que tiene para hacer el bien, la agapi, la alegría, la paz y la conexión, unión, nuestra con el Dios. Él logra y toma de nosotros esta energía y la convierte en aflicción, pena, depresión, y no sé que más dicen los llamados psiquiatras. Nosotros no las llamamos así estas cosas… lo llamamos energía demoníaca, satánica. Lo llamamos acidia, los llamamos loyismí, y decimos: el diablo de la acidia, el diablo de la lujuria, el diablo de la lipi, tal o cual… Para cada energía satánica que nos crean, tenemos distintos nombres correspondientes. Recalcaba que: nuestra Ortodoxia, al diablo le ha hecho dogma, ha dogmatizado sobre el diablo; si quitas el diablo… entonces todo lo de nuestra religión ortodoxa no vale nada”.

Sobre todo recalcaba el Yérontas que: los microbios inmateriales de la enfermedad neurótica, los cuales no tienen hipóstasis-base substancial, (obviamente daba a entender los demonios, los cuales no tienen hipóstasis material, puesto que son ángeles-espíritus caídos), vuelan como los mosquitos y asaltan la psique. (Hacía una representación sobre los vuelos de estos microbios moviendo los dedos de su mano).

A un hijo espiritual suyo, que ayudaba a un enfermo neurótico, le aconsejaba que tenga cuidado no vaya ser que se infectara también él, diciéndole: “Es bueno que ayudes al neurótico, pero debes proteger también tu psique con la jaris (gracia, energía increada) de Cristo”. Su hijo espiritual debería tener cuidado, para que no se le fuera transmitida la misma enfermedad. Evidentemente el Yérontas da a entender la influencia demoníaca que podía recibir si no tuviera nipsis y oración, y si no se ocupara de encontrarse en estado de continua humildad y agapi en Cristo.

Por consiguiente, el muy perspicaz y poli-carismático Yérontas hablaba de demonios, los cuales influyen al enfermo neurótico y también a los que se encuentran cerca de él, estimulándoles los pazos y sobre todo el egoísmo.

El orgullo-egoísmo es una enfermedad del caído Lucifer. A causa de esto ha caído de su sitio como arcángel, arrastrando también muchos más ángeles, quienes se convirtieron en demonios.

Esta idea de orgullo-egoísmo el diablo la induce también al hombre. Cuando el hombre la acepta se hace pariente del malvado… entonces recibe la energía demoníaca en su existencia… se hace egoísta-orgulloso y psíquicamente enfermo.

Pero los llamados “psiquiatras” –según la terminología del mismo Yérontas- falsifican la verdad, puesto que no dicen la causa de la depresión y los otros “problemas psicológicos” que son: a) los demonios, que engañan al hombre de manera que haga mal uso de su lipi (aflicción, tristeza, pena) y b) de los pazos, que son creados y estimulados por los demonios, los cuales cooperan con la voluntad humana.

El yérontas ciertamente habla de los llamados psiquiatras y no de verdaderos psiquiatras, puesto que sólo el Cristo y Su Santa Iglesia Ortodoxa es el verdadero médico de la psique del hombre. El “otro lenguaje” y terminología de los “llamados” psiquiatras existe porque niegan la existencia del diablo y sus energías.

La realidad es que el diablo consigue engañar al hombre y desviarlo de los caminos correctos del Señor, conduciéndole en hacer mal uso de su energía psíquica. El hombre entrega voluntariamente su energía psíquica al enemigo. Hace mal uso de la lipi (tristeza, aflicción, pena), que es la fuerza que es dada de Dios para hacer la metania. El hombre en vez de utilizarla según el Dios y ser conducido a la metania, se encierra (con la incitación del malvado) en sí mismo, alimentando su egoísmo, y así se conduce a la depresión.

Todos los enfermos psíquicos tienen como centro el sí mismo” (sus propios yo)”

Otro Starets (o Yérontas) contemporáneo, el Starets Sergio, está de acuerdo con lo dicho por el Yérontas Porfirio que apenas hemos presentado. Decía el Starets Sergio: “En la base de las enfermedades psíquicas está la consideración de nuestro sí mismo (nuestro yo-ismo) como centro de las cosas. Todos los enfermos psíquicamente tienen como centro el sí mismo (su yo-ismo). Aquí el Yérontas Sergio se identifica totalmente con el Yérontas Porfirio que habla sobre el egoísmo como causa de la depresión.

Y continúa: “Por supuesto que esto no significa que los mismos son los responsables de su enfermedad. El orgullo o soberbia, como también los demás pazos, tienen en el individuo distintas procedencias: la voluntad personal, y también lo hereditario, el ambiente familiar, la sociedad, las relaciones personales y la historia personal de cada uno. Cada Padre espiritual debe ser también psiquiatra. Cada enfermedad psíquica tiene como base los problemas espirituales. Y aquí el Yérontas Sergio se identifica con el Yérontas Porfirio, que enseña que detrás de los llamados problemas “psicológicos” se esconden los problemas espirituales y los demonios.

Observa el Yérontas Sergio: “La espiritualidad cubre y contiene todo. Por lo tanto, una praxis espiritual puede sanar”. Aquí el Yérontas contesta a los que dicen (supuestamente) que se necesita el Guía Espiritual y el psiquiatra-psicólogo para los problemas psicológicos. Todos son problemas espirituales y necesitan la Divina Jaris (gracia, energía increada) para que sean sanados.

El psiquiatra que no es un hombre espiritual, apunta certeramente el Yérontas Sergio, puede aliviar un poco al enfermo, ayudarlo a reencontrase a sí mismo y a mejorar sus relaciones con los otros. Pero en el fondo le deja vacío, porque no le dice cómo va a encontrar el sentido y significado de su existencia, que por su lado lo hace el Pnevmaticós o Guía espiritual. He aquí la enorme diferencia de lo que ofrecen unos y otros. La ausencia del sentido y significado de la vida, hoy en día es el mayor problema para el “civilizado” hombre contemporáneo.

También la terapia de los psiquiatras no se hace al fondo sino en la superficie de la existencia humana; es una terapia principalmente en el comportamiento y no en el ser, en la esencia de la psique humana.

Los psicólogos y psiquiatras ignoran la psique humana y muchos niegan la existencia de ella. Al contrario con lo que sostiene Fruid, apunta el Stárets, la base de las enfermedades psíquicas no es la sexualidad, sino el orgullo o soberbia. La enfermedad del diablo (arrogancia-orgullo) es la que enferma también la existencia humana. Observa el Yérontas Paísios: “El orgullo genera el egoísmo”.

El diablo entrando a la orgullosa-egocéntrica psique, la llena de lipi (tristeza, aflicción, pena) cansancio, fatiga y desesperación.

Uno preguntó al Yérontas Paísios sobre el agobio y la tristeza que le venían por sus recaídas.

“¿Yéronta?: me venzo de la tristeza por mis recaídas y me canso en mi combate.

-Es del egoísmo. Porque en realidad no “te redoblas”, por eso después te agotas. No hay humildad, metania y contrición; existe egoísmo y el egoísmo siempre trae lipi-tristeza, agobio, ansiedad y angustia. Cuando el hombre no tiene o no está en metania, sino que se aflige, se entristece y se agobia por el egoísmo, la autocomplacencia y del como ha caído a los ojos de los demás, entonces existe en su interior agonía, ansiedad, veneno y dolor.

El hombre depresivo vive exactamente la lipi-tristeza, el veneno y el dolor, porque no se doblega, (no cae del burro, diríamos en español llano), no se hace humilde, no hace la metania, confesión y arrepentimiento, sino que se entristece, se agobia y se deprime a causa de su egoísmo herido y su autocomplacencia.

Muchas veces la tristeza exagerada por los pazos y por nuestras caídas esconde un intento autónomo, separado de Dios, de mejoramiento ético y un grandioso egoísmo.

El stárets ruso Macario escribía a una persona evidentemente deprimida: “Dices que tu impotencia a resistir la tentación, tu lentitud a vencer tus pazos y en general tu debilidad ética te presionan mucho, cosa que simplemente demuestra que sostienes tu salvación en tus propias fuerzas… Cómo y de qué otra manera lograremos la humildad, sino es únicamente a través de la observación y contemplación de nuestro sí mismo, ver continuamente tal y como somos –ver que eres el peor de los pecadores. La Rusia de los starets del siglo 19º estaba bastante familiarizada con la depresión… La depresión se consideraba como un síntoma del orgullo, y su terapia era la humildad, (Michael Lopukhin: ¿Puede la depresión ser una ocasión?).

Por lo tanto: Los pazos y principalmente el egoísmo-orgullo provocan la tan difundida enfermedad de nuestra época que es la depresión.

La impotencia somática o corporal también crea desánimo y  melancolía.

El cansancio físico exagerado, como también la impotencia corporal puede alguna vez conducir en un estado de acidia y melancolía. San Juan el Clímaco, personifica la acidia, y dice al respecto: “Mis madres son muchas y distintas dice la acidia. Unas veces insensibilidad psíquica, otras olvido de lo arriba, y algunas veces cansancio exagerado (sea psíquico o físico).

Lo mismo escribe también san Teófanes el Recluso a un hijo espiritual que tenía impotencia física: “El Dios con Su bondadosa y sabia voluntad, economiza o procura todo para nuestro interés. Respecto al desánimo que se apodera de ti algunas veces, esto es debido a tu impotencia física. La impotencia, cuando dura mucho, crea en la psique un sentimiento de abandono de los otros, un sentimiento que genera al corazón miedo y melancolía.

 

B3) Cómo se sana la depresión, según los Santos Padres 

La psiquiatría contemporánea confiesa su ignorancia e impotencia sobre una terapia esencial de la psique humana. El profesor de la psiquiatría k. Stefanís en su libro “Temas de la Psiquiatría”, escribe: “de muchas enfermedades psíquicas ignoramos la causa. Y las que especulamos con base la existencia de factores biológicos, por regla general no se trata de algo especial, sino de un tejido o red de factores entrelazados, con principales la dotación genética, la personalidad, las experiencias especiales de la vida y el ambiente socio-cultural del individuo”. El mismo profesor en otro párrafo del libro escribe: “Las excesivas esperanzas iníciales de que los psicofármacos curarían las perturbaciones psíquicas, tal y como los antibióticos curan las infecciones, se desmintieron. Para la gran masa de los enfermos, los psicofármacos no han traído sanación y salud nunca, sino más o menos una pequeña mejora o interrupción de los síntomas”.

Realmente, los distintos psicofármacos no calman verdaderamente la egópata psique humana ni la sanan. La verdadera terapia se consigue cuando el hombre se ha hecho humilde y ha amado a Dios.

Una sencilla explicación de la depresión con base los Santos Padres.

El hombre humilde recibe la Divina Jaris (gracia, energía increada) en su psique y ella vivifica también su cuerpo, puesto que “el Dios a los humildes les da Jaris” (Sant 4,6). Al contrario, el hombre que padece de orgullo-egoísmo no recibe nada de Jaris Divina, en su psique, puesto que “el Dios a los orgullosos los resiste y los aborrece”. El orgullo o soberbia aísla al hombre de Dios.

El nus del hombre deprimido no comulga ni conecta con el Dios y no ora. Se ocupa enfermizamente de sí mismo y sobre todo con el cuerpo, teniendo un amor enfermizo hacia esto que se llama filaftía (egolatría). El resultado es que el hombre entero se marchita y se hunde.

El alimento de la psique no puede ser sacado de los elementos materiales. La psique-nus como espiritual que es, requiere alimento espiritual. Se alimenta con la Divina Energía Increada, la Divina Jaris. Pero cuando el hombre no se mueve agapíticamente hacia el Dios, cuando no tiene humildad, entonces no es receptivo de la Divina Jaris Increada, que por un lado, se derrama abundantemente hacia todos, y por otro lado, es recibida de los apacibles y de los humildes más los que están en hisijía.

La mínima energía natural humana que se proporciona hacia la psique e intenta vivificarla, alguna vez se agota. El cuerpo queda inactivo y la psique sin energía y vida se deprime. El hombre está muriendo lentamente, porque no quiere comulgar y conectar con la raíz de su existencia que es el Dios. Con los aislantes pazos, la filaftía (egolatría), el orgullo-soberbia y el egoísmo impiden la Divina Jaris llegar a la psique deprimida y al cuerpo “marchitado”.

Cuando los “aislantes” pazos y sobre todo el egoísmo-orgullo son alejados, con la ayuda de Dios, a través de la metania y la verdadera vida eclesiástica, entonces el hombre vence la depresión, entonces está sanado, curado verdaderamente.

Decía el Yérontas Porfirios a una mujer con depresión: “La principal causa y todas estas cosas que las llamamos tentativas, demoníacas, como es la negligencia, la pereza, la acidia que junto con estos tantas cosas más que las llamamos psicológicas, es que tienes en tu interior grande y mucho egoísmo. Pues este es el gran arte, continúa el Yérontas, el cómo te entregarás a la agapi de Dios, a la adoración de Él y a la oración. Pero hagas lo que hagas, si no logras la humildad, no haces nada. Sólo con narcóticos, drogas intentarás calmarte y dormir. No se consigue nada. No penséis que podéis hacer algo con buenos médicos o con fármacos buenos. Puede que el médico te dé un fármaco o pastilla y por momento que se haga algo, pero te captará otra vez la tentación. El secreto es la humildad” (Conversación sobre la depresión).

La verdadera humildad como también la auténtica agapi a Dios, se consiguen sólo cuando el hombre vive como célula viva de la Iglesia Ortodoxa y por la Divina Jaris Increada que existe dentro de la Iglesia. Entonces se realiza el camino del hombre caído hacia al “como semejanza de Dios”, que es un proceso terapéutico. Se trata de una terapia realmente completa, que tiene como primer estadio la catarsis de la psique de los pazos. Dentro de esta terapia general se realiza también la liberación de la psique del pazos demoníaco de la lipi-tristeza-acidia-depresión.

Principios y medios terapéuticos para la depresión, según los Santos Padres.

Según el Yérontas y ahora Santo Porfirio, el diablo consigue tomar la fuerza de la psique dada de Dios que se llama dolor y le convierte en tristeza y depresión (infección, estímulo y energía satánica)

Sin embargo, existe un secreto, enseñaba el Yérontas, para transformar la energía satánica en buena. Es difícil pero necesita alguna preparación. La preparación es la humildad. Con la humildad se capta, se arranca la jaris (energía) de Dios; entonces se entrega a la agapi de Dios, a Su adoración, Su culto y oración. Pero aunque lo hagáis todo no conseguiréis nada si no tenéis humildad (Vida y logos). La entrega a la agapi de Dios mediante el culto, la adoración y la oración es la plena terapia y sanación de la depresión.

 

Los medios terapéuticos-fármacos para la depresión

Los medios generales terapéuticos son:

  1. La vida dentro a la Iglesia- Ortodoxa Parádosis (divina entrega) Tradición
  2. La divina Jaris (gracia, energía increada)
  3. La sinergia (cooperación) humana

 

Medios terapéuticos especiales

  1. La fe correcta, la ortodoxa
  2. Confianza a la Divina Agapi (amor, energía increada) y a la Divina Providencia
  3. Aplicación de los logos-mandamientos evangélicos
  4. Agapi-amor hacia Dios (Divino Eros)
  5. Hisijía
  6. Oración
  7. Humildad y humilde conducta interior
  8. Obediencia
  9. Alegría espiritual y rechazo del desánimo
  10. Trabajo
  11. Estudio espiritual
  12. Ocupación con el jardín, las flores y el arte
  13. Música Bizantina
  14. Paseo y recuerdos bellos
  15. Expulsión de todos los loyismí desde el principio
  16. Expulsión de la envidia y la arrogancia
  17. Lucha contra el deseo que nos quieran
  18. Paciencia
  19. Recalentamiento del celo espiritual
  20. Cierre de la televisión y videojuegos
  21. Metania y Santa Confesión

 

Medios generales terapéuticos

  1. La vida dentro a la Iglesia- Ortodoxa Tradición (Parádosis=divina entrega)
  2. La divina Jaris (gracia, energía increada)
  3. La sinergia (cooperación) humana

 

  • Vida dentro a la Iglesia- Ortodoxa Parádosis (divina entrega) Tradición

1a) Sólo la Iglesia nos sana verdaderamente. Nos libera de los pazos y la depresión.

Desde el momento de la caída y después, sólo la Iglesia Ortodoxa a través de Cristo hace terapia y sana al hombre. ¡Ay de nosotros!… Todos los hombres no hemos guardado el tesoro del Santo Bautismo y del Santo Crisma. Hemos caído lamentablemente en la cloaca de la filaftía (egolatría, amor excesivo a sí mismo y al cuerpo), al egoísmo, al hedonismo, a la avaricia y a la vanagloria. La causa de nuestra caída es el mal uso de la independencia, de nuestra libertad. Nuestro olvido del Dios, la ignorancia y la pereza espiritual y física nos han dominado. La Iglesia, como madre-enfermera cariñosa ha tomado el papel terapéutico. Nos revive, resucita con Su oración y la metania, con los Santos Misterios y Su ciencia terapéutica ascética. Sin estos es imposible que sea sanada “psicoterapiada” la caída naturaleza humana, y generalmente de los llamados “problemas psicológicos” (depresiones, miedos, inseguridades…). Sin la terapia “psicoterapia” de la psique de los pazos, la psique no puede tener salud, tampoco el machacado por el pecado cuerpo humano.

1b) Sólo el interés por la Iglesia sana al hombre

Todos los hombres permanecen enfermos psíquicamente, (con muchos problemas psíquicos y somáticos), mientras continúan viviendo en la tan extendida situación de acidia, es decir, despreocupación y pereza para la sanación y salvación de sus psiques.

Sólo si hombre se interesa por la fe ortodoxa y se incorpora correctamente en la Iglesia, entonces se sana de los pazos y de la depresión.

Dijo el Señor: “aprended de mí que soy apacible e humilde del corazón y encontraréis alivio y reposo para vuestras psiques” (Mt 11,29). Aquel hombre que busca real y verdaderamente liberarse de la depresión y todos los demás problemas que tiranizan su psique, debe contraer una relación familiar con el Cristo Dios, de modo que sea enseñado y aprenda estas palabras muy sencillas. Es decir, adquirir gnosis-conocimiento de la apacibilidad y la humildad de Cristo Dios. Cómo puede uno hacerse pariente de Cristo, nos lo dice el mismo Señor: “Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre celestial que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mt 12,50).

Veamos, pues, qué nos pide el Dios Padre tanto en el Monte Tabor como al Río Jordán, o sea, en la Divina Metamorfosis y en el Santo Bautismo correspondientemente. “Éste es mi Hijo amado, mi predilecto, en quien tengo complacencia; escuchadlo”, (Mt 17,5). ¿Cómo empieza, pues, el Señor Su enseñanza en la tierra? Con las mismas palabras que san Juan el Precursor preparaba el camino del Señor para que anduviera entre nosotros: Μετανοεῖτε (matanoite) estad en metania continua (convertíos y arrepentíos), porque ha llegado la Realeza (increada) de Dios (Mt 4,17), “Μετανοεῖτε (matanoite) estad en metania continua (convertíos y arrepentíos) y creed en el Evangelio” (Mrc 1,17).

Esto prácticamente se entiende de la siguiente manera: Mientras que el hombre crea con todo su corazón y su mente a Jesús Cristo como el único Sanador, Redentor y Salvador y se hace miembro de Su Santa Iglesia Ortodoxa mediante el Santo Bautismo Ortodoxo y el Crisma (o Crismación, Unción); entonces diariamente (con pleno conocimiento y el santo esfuerzo de aplicación y cumplimiento de la voluntad de Dios), utiliza al principio con frecuencia la Santa Confesión, sin la cual no hay alivio ni reposo. Así con la conducción del padre espiritual experimentado y mediante la metania se despoja de los pazos adquiriendo poco a poco psique sana, pura y limpia, como también cuerpo sano y puro. Se convierte y hace dios/a por la Jaris (gracia, energía increada) y templo del Espíritu Santo. Porque el Espíritu Santo es el Paráclitos (Suplicante) y nuestro Cristo luz (increada) de luz (increada), la psique y el corazón del arrepentido y convertido se llenan de súplica, consuelo y luz (increada). A dónde van a encontrar entonces lipi-tristeza, agonía, gemido, pena, depresión, sufrimiento, dolor u otros loyismí que atormentan y castigan al nus y al cuerpo. Desaparecen sin ningún otro intento y esfuerzo y sin pastillas. El corazón se convierte en Paraíso y cualquier ataque que trae el Satanás con distintas fobias, se inutilizan y se convierten ridículas y de risa. ¡Dios mío, es todo tan sencillo, cuando Te hemos amado verdaderamente y Te hemos confiado todas las cosas de nuestra vida! Pero la ignorancia, oscuridad de muchos es la que dificulta y muchas veces destruye nuestra alegría y nuestro alivio y reposo.

1c) La Iglesia Ortodoxa, la Tradición ortodoxa cambia al hombre y le sana

Viviendo dentro a la Iglesia nos hacemos la catarsis, nos iluminamos y nos deificamos. A través de la metania y la ascesis (práctica, ejercicio espiritual), la obediencia y la hisijía, y sobre todo mediante la oración incesante y la vida mistiríaca (participación a los Misterios, sacramentos de la Iglesia Ortodoxa), nos transformamos ontológicamente, nos sanamos existencialmente y vivimos realmente la Vida verdadera.

El Yérontas Porfirio veía la Iglesia como un gran centro psíquico terapéutico. Por eso decía: “En realidad la Ortodoxia transforma, metamorfosea al hombre y le sana”. En la Iglesia cambiamos ontológicamente, no simplemente nos hacemos buenas o mejores personas, mejorando moralmente, sino lo contrario, nos convertimos y hacemos “nueva creación” y “dioses/as por la Jaris” (gracia, energía increada).

2) La divina Jaris (gracia, energía increada)

2α) La Divina Jaris increada se proporciona a través de los misterios de la Iglesia Ortodoxa, sana al hombre psíquica y físicamente.

La verdadera salud, la existencial, esta que abarca al hombre entero, no es posible sino sólo dentro a la Iglesia. La terapia se hace a través de la Divina Jaris (gracia, energía increada). Es el medicamento universal, terapia y sanación para todas las enfermedades psíquicas y somáticas (físicas) y solución para todos los problemas.

El Yérontas Porfirios, sanado por la Divina Jaris (energía) increada, decía: “La Jaris increada de Dios cambia al hombre, le metamorfosea, transforma psíquica y físicamente. Entonces desaparecen todas las enfermedades”.

Decía que con la divina Jaris (energía increada), alteramos o convertimos lo malo en bueno. Esta es la obra del luchador espiritual. Cuando uno ora estando en alerta, atención y humildemente, entonces atrae la Divina Jaris increada. Esto el Señor nos dijo: hacerlo incesantemente, sobre todo en el momento de la tentación. “Estaos en alerta, atentos y orad para que nos os moleste la tentación; porque el espíritu está bien dispuesto, pero la carne enferma” (Mt 26,41).

Entonces el mal no nos puede perjudicar, la tentación es repelida y la fuerza y energía que el maligno iba a robar, es canalizada hacia al “nuevo, renovado” hombre. La Divina Jaris increada que es atraída por el hombre que está sobrio en nipsis y en oración humildemente, “redirige” la fuerza y la energía psíquica del hombre desde el mal hacia el bien. Así se eliminan todos los pazos y la depresión.

2b) Los estadios de terapia de los distintos pazos y la depresión generalmente.

La existencia humana no se sana sino sólo a través de la energía increada de Dios, es decir, de la Divina Jaris, la cual existe solamente en la Iglesia Ortodoxa. Sólo la Iglesia Ortodoxa puede sanar la psique del hombre, porque solamente ella la conoce.

Los Santos Padres “que reunieron toda la ciencia sobre la psique” son los verdaderos e únicos psiquiatras nuestros, encabezados por nuestro Cristo Dios, Quien es llamado en nuestros textos sagrados como: “El médico de nuestras psiques y nuestros cuerpos”.

La psique humana no se sana con enfoques filosóficos, como son todos estos llamados malamente métodos “psicoterapéuticos”, – que uno de ellos es también el psicoanálisis- sino con la “ciencia de la psique” que es la tradición patrística ortodoxa.

Ella tiene como eje central terapéutico los tres estadios de la vida espiritual:

1º) La catarsis (sanación, terapia, purificación o purgación) de los pazos a través de la metania (cambio de mentalidad, introspección, arrepentimiento, conversión y confesión,) la ascesis (ejercicio espiritual), la oración incesante, la vida mistiríaca y la expulsión de todos los loyismí del corazón para que sea purificada y limpia la energía noerá (perceptiva o espiritual) de la psique.

2º) La Iluminación por la jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo y

3º) La Θέωσις (osis), glorificación o deificación otra vez por la jaris increada del Espíritu Santo.

El metropolita Ierotheo Vlajos nos enseña: «Para la terapia del hombre, según la enseñanza de los Padres de la Iglesia y toda la praxis terapéutica de la Iglesia, se requiere la combinación entre misterios y ascesis (ejercicio espiritual). La ascesis, como aplicación de los logos-mandamientos de Cristo, precede de los misterios y los acompaña. Concretamente, el Bautismo, es catarsis (sanación, terapia, purgación) del como imagen y la integración del hombre en la Iglesia; es el nacimiento. El misterio de Χρίσμα (jrisma, crismación, unción) es el movimiento-iluminación del nus, que se revela con la oración y por eso en la lengua latina es caracterizada como confirmatio (confirmación), es decir, confirmación de que el bautizado es templo del Espíritu Santo. La divina Efjaristía es vida, porque el bautizado comulga del Cuerpo y Sangre de Cristo.

La ascesis, ejercicio espiritual en Cristo, consiste en el paso del hombre de los grados de la vida espiritual, que son: κάθαρση (zarsi, catarsis, sanación, terapia), φωτισμὸς (fotismós, iluminación) y θέωση (osis o glorificación o deificación).

La catarsis según san Máximo el Confesor, es la superación de la ἡδονῆ (hidoní, hedonismo, placer) y la ὀδύνη (odini, dolor, pena, sufrimiento).

La iluminación es la superación del olvido, de la ignorancia y del desconocimiento, y

La zéosis (glorificación, divinización) es la liberación incluso de la fantasía.

La coordinación entre misterios y ascesis, la hace el deificado o glorificado Padre Espiritual.

En la Iglesia primitiva, como había una clase particular de catequizados, también lo había para los que estaban en metania; Lo vemos en los cánones de san Basilio el Grande, san Gregorio de Nicea y otros Padres.

De todos los textos de la Santa Escritura y de los Padres de la Iglesia, se ve claramente que la terapia del hombre se consigue en la Iglesia, que es una comunidad-familia especialmente eclesiástica. No se trata de un lugar idealizado, donde dominan las ideas, sino de una familia espiritual, donde existen padres, hermanos, comunión de ángeles y hombres, domina la vida común en sociedad con el culto y los misterios (sacramentos). La vida personal está conectada con la vida social, por lo tanto, no se pueden cultivar aspectos de terapia, sanación y salvación, egocéntricos e individualistas», según Ierotheo Vlajos.

2c) “El primer movimiento lo hace el Cristo Dios”

El primero que se mueve hacia nosotros –con el propósito de sanarnos- es el Bondadoso Señor; el Yérontas Porfirios orando incesantemente decía: “El Señor nos llama: «Venid hacia a mí todos los afligidos, castigados y enfermos psíquica y físicamente y yo os daré alivio, reposo y sanación a vuestras psiques» (Mt 11,28). Si el hombre corresponde correctamente a esta llamada de Dios, es sanado. La correspondencia consiste en amarle, orar y participar en la vida de la Iglesia a través de los Misterios y la vida ascético-hisijasta. La ascesis-hisijía nos prepara adecuadamente, de modo que nos convirtamos en receptores de la Divina Jaris, la energía increada, que viene a través de los Misterios, la oración del Corazón o de Jesús y el estudio del Logos Divino.

2d) El Cristo con Su Jaris divina e increada sana al hombre entero, aún hasta las profundidades de la psique.

Las profundidades de la psique del hombre (aún el llamado subconsciente), que están cargadas de distintas vivencias, experiencias penosas y angustiosas, culpabilidades y depresión, son conocidas sólo por el Dios. Con Su divina Jaris increada estas también se sanan, decía el Yérontas Porfirios. Le dijo a uno, ¿qué son estas frustraciones (un médico que le hizo una pregunta escrita), y si tienen relación con lo hereditario? ¿Qué son estas cosas hereditarias? Todo esto qué escribes son del hombre viejo que tenemos en nuestro interior.

Pero cuando hemos amado a Cristo con toda nuestra psique, cuando venga el divino eros (amor, energía increada) en nuestro interior, entonces todos los problemas se van y nos llenamos de alegría espiritual.

Dice otra vez el Yérontas Porfirio (dirigiéndose al médico que había escrito el libro), tú estas cosas las conoces, tantas veces te las he dicho: “Los psiquiatras y los psicólogos hablan de frustraciones y cosas hereditarias, porque no conocen la psique humana, que sólo con el divino eros (amor, energía increada) se sana y vive la en Cristo alegría. Las enfermedades se deben en el pecado (pecado como enfermedad física, psíquica y espiritual)”. Pero cuando el Cristo habite dentro en toda la psique, entonces se va el pecado, la enfermedad.

La Divina Jaris (gracia, energía increada), el Cristo, viene en la psique del hombre con la vida ascética y mistiríaca (participación en los misterios-sacramentos de la Iglesia Ortodoxa). Especialmente ayudan la confesión y la oración noerá (del corazón o de Jesús). La bendición u oración «Κύριε Ἰησοῦ Χριστέ, Υἱέ τοῦ Θεοῦ ἐλέησόν με Kirie (Señor) Jesús Cristo, Hijo de Dios eleisón me» contribuye mucho en la consecución de esta obra. Esta oración sana y limpia la psique, mas mantiene y frena el nus.

2e) El divino psicoanálisis.

Las partes de la psique que son consideradas como difíciles de penetrar y desconocidas para muchos, como el subconsciente, realmente se pueden sanar con la Jaris, la energía increada de Dios.

La divina psicoanálisis, como la llamaba el Yérontas Porfirios, es muy superior y eficaz que la humana, al contrario, la humana psicoanálisis perjudica mucho.

El Yérontas Paísios también habla sobre las culpabilidades frustradas, que se deben eliminar con la confesión. La “conciencia taponada” es como un gusano que corroe los interiores de la psique. Dice el mismo Yérontas que: “si ves que no tienes paz y serenidad sino tristeza, sepas que en tu interior hay algo desarreglado y debes encontrarlo para arreglarlo. Supongamos que cometes un error y te angustias y sufres pero no lo confiesas. Te ocurre un acontecimiento agradable y te pasas a la alegría. Esta alegría tapa la tristeza y poco a poco el problema lo olvidas, no lo ves, porque ha sido tapado por la alegría. Pero aquello interiormente trabaja…” No basta con encontrar el pecado. Debes también confesarlo, para sanarse la psique de la tristeza, la angustia y la depresión que aquello provoca.

Observa el honorable Ierotheo Vlajos: “Hoy muchos enseñan que el hombre puede llegar al conocimiento de mismo con la psicoanálisis y la autoanálisis, pero esto es un engaño y puede conducir al hombre en resultados horribles. Cuando uno se autoanaliza, entonces es posible que llegue hasta en algún tipo de esquizofrenia.

El método ascético es sencillo. Con la nipsis vigilancia, atención del nus, con la catarsis y el regreso del nus al corazón a través de la metania y la oración del corazón (o de Jesús), con la aplicación y el cumplimiento de los logos-mandamientos de Cristo-, buscamos a liberar el nus de las imágenes, fantasías y del cautiverio de la cosas sensibles y así regresando al corazón, puede ver su devastación interior.

El conocimiento de nosotros mismos viene con la energía increada del Espíritu Santo. Sólo cuando la Jaris increada de Dios, con nuestro trabajo, haya iluminado la psique, conocemos con cada detalle nuestro “ser” con exactitud. Por eso la terapia del nus nos revela la existencia de los pazos, por lo tanto, iluminados del Espíritu Santo y fortalecidos de Él, podemos luchar contra ellos, según Ierotheo Vlajos. (De su libro “preguntas y respuestas sobre la Psicoterapia Ortodoxa”

La terapia de la psique es principalmente y sobre todo la vivificación y la iluminación del nus. No es simplemente encontrar las vivencias, experiencias frustradas. San Diádoco de Fótica, dice: “sanar y purificar el nus, sólo es posible con el Espíritu Santo” (con el Dios energizando, operando y el hombre sinergizando, cooperando).

La verdadera psicoterapia y psicoanálisis se realiza con el misterio de la Divina Confesión. Decía el Yérontas Porfirios que la psique, por excelencia se sana con la Confesión General que debe ir haciendo de vez en cuando el hombre que está sanándose y sanado espiritualmente. (Ver más abajo)

 

3) La sinergia humana

(El término sinergia significa cooperación, colaboración de la energía de la voluntad humana con la energía increada de la voluntad de Dios).

3a) Es imprescindible la cooperación de Dios y del hombre para “desenredar” al hombre

Sin la cooperación del hombre con la Divina Jaris (gracia, energía increada) no se consigue la expulsión del egoísmo y en general la terapia del hombre entero.

El hombre espiritual es aquel que “trabaja con la Jaris”, como decía característicamente el Yérontas Aghiorita Paísios.

El Dios no viene al hombre que tiene muchos conocimientos mundanos, intelectuales o espirituales, sino al que tiene mucha humildad; al que ha vivido y experimentado Su logos: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5).

Este hombre siente con absoluta necesidad la continua búsqueda de la ayuda Divina, que es la Divina Energía Increada (la Divina Jaris): La común energía increada deificante del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, la que se llama también Espíritu Santo.

Viendo sus desastres espirituales, su enredo interior, gira –con la oración incesante- hacia el Dios y le pide ayuda. Así se sana y se libera de los pazos y la depresión que estos provocan.

3b) El hombre sanado por la Iglesia, como coopera con la Divina Jaris, no es castigado y atormentado de los llamados psicológicos problemas y enfermedades (depresión, inquietudes, fobias, inseguridades, estrés…)

Hoy en día, tal y como se ha referido anteriormente, los hombres por excelencia nos atormentamos y nos castigamos de la depresión, la angustia, la ansiedad, las fobias o miedos y las inseguridades. La causa es que nos hemos encerado en nosotros mismos y no nos esforzamos amar a Dios.

Los Santos que son los verdaderos hombres saludables, sanos, nos muestran el camino de retorno a Dios. Los mismos se han sanado con la Jaris (energía increada) de Dios y son los prótipos, modelos para nuestra terapia, sanación.

El hombre sanado, el saludable espiritualmente, no padece de los llamados problemas psicológicos, sobre todo de la depresión. El Yérontas conocía muchas cosas sobre estos problemas llamados psicológicos y de los llamados psiquiatras. Decía: “La depresión es un sentimiento, emoción desagradable que se apodera de uno y le inmoviliza”. La depresión es un autoengaño, es un cautiverio del hombre a una idea. Cree que el pensamiento es suyo, pero en realidad es del astuto Maligno.

Los depresivos, los neuróticos, los angostos y los ansiosos tienen egoísmo, influencia demoníaca. Decía que este tipo de hombres no aceptan nada, no aceptan que sean tocados, se irritan en seguida por cualquier cosa que les digas, “haz esto así u lo otro de esta manera”.

Te contestan: no puedo hacerlo, lo dice la ciencia.

-Mira le digo: desgraciado, hazlo aunque lo diga la ciencia. Di que haré obediencia al Yérontas, ¿Entiendes?

Esto es algo demoníaco, es algo que podíamos decir que lo tiene el hombre, no lo sé, lo tiene como el salvaje que está en el desierto.

El egoísmo que conduce en problemas psicológicos y en depresión, es un estado del hombre viejo, del hombre post caída, del hombre “asalvajado” enfurecido por los pazos y fugitivo de la Divina Majestuosidad. Para que sea sanado y salvado debe unirse con el Dios. Como el hombre no puede subir a Dios, por eso debe cooperar con la Divina Jaris, haciéndose humilde y obedeciendo los divinos logos-mandamientos.

 

Medios terapéuticos especiales para la depresión

 

  1. La fe correcta, la ortodoxa
  2. Confianza a la Divina Agapi (amor, energía increada) y la Divina Providencia
  3. Aplicación de los logos-mandamientos evangélicos
  4. Agapi hacia Dios (Divino Eros)
  5. Hisijía
  6. Oración
  7. Humildad y conducta interior humilde
  8. Obediencia
  9. Rechazo del desánimo y alegría espiritual
  10. Trabajo
  11. Estudio espiritual
  12. Ocupación con el jardín, las flores y el arte
  13. Música Bizantina
  14. Paseo y recuerdos bellos
  15. Expulsión de todos los loyismí desde el principio
  16. Expulsión de la envidia y la arrogancia
  17. Lucha contra el deseo que nos quieran
  18. Paciencia
  19. Recalentamiento del celo espiritual
  20. Cierre de la televisión y videojuegos
  21. Metania y Santa Confesión

 

 

  • Fe correcta, ortodoxa

Por supuesto que no puede sanarse uno si de hecho no cree en la Iglesia ortodoxa y en la enseñanza de nuestro Θεάνθρωπο (zeánzropo) Dios y hombre Cristo. Dice san Atanasio el Grande: “Los Padres, todos en una voz y opinión, nos han transmitido que no hay otro cimiento y medio seguro para la adquisición del perfeccionamiento de la virtud que la humildad, que proviene de la fe, la apacibilidad y la perfecta pobreza. Mediante estas se logra la agapi perfecta con la jaris (energía increada) de nuestro Señor Jesús Cristo”.

Cuando se haya realizado todo esto, entonces realmente el hombre cambia y encuentra la raíz de su existencia, el verdadero cimiento, que no es otra cosa que “el Puesto… Jesús Cristo”. Entonces se sana espiritualmente, salvaguarda su hipóstasis (base substancial, personalidad o persona) y se hace “como o a semejanza del Santo Dios Triádico”, realizando el propósito y la finalidad de su vida, es decir, convertirse y hacerse dios/a por la jaris increada.

  • Confianza a la Divina Agapi (amor, energía increada y a la Divina Providencia

La confianza en la Divina Providencia, no sólo expulsa la demoníaca acidia-depresión que paraliza y mortifica la psique, sino lo contrario: llena la psique con la alegría espiritual que es el antídoto contra la lipi-tristeza-depresión,.

Dice san Juan el Crisóstomo: “Así como el río, que está ramificado en partes incontables por donde pasa riega toda la tierra, así también la providencia de Dios se derrama en todas partes, se esparce en abundancia, viene con fuerza y lo llena todo. No sólo nos regala seguridad y ayuda omnipotente, sino también alegría espiritual”.

Escribía san Teófanes el Recluso a un hijo espiritual suyo que padecía de acidia: “No olvidéis nunca que el Dios está con vosotros. Todos somos Sus hijos. No tiene hijos desheredados, y no abandona a nadie. Todo lo concede para nuestro bien, incluso las más grandes desgracias. Creo que lo habéis captado. Por eso habéis entregado ya vuestra confianza y vuestra vida en Sus manos. El que tiene esperanza en Dios, se hace digno de recibir su misericordia (increada energía). Estad implorando la intercesión de la Señor Zeotocos”.

  • Aplicación de los Logos-Mandamientos Evangélicos

La aplicación de los logos-mandamientos evangélicos, es decir, las instrucciones terapéuticas concretas del Señor junto con la jaris (energía increada) de Dios es lo que sana, “psicoterapia” y cura dentro a la Iglesia.

La vida en la Iglesia no es teorética, ni un vuelo aéreo de ideas. Al contrario, es una aplicación muy concreta de las instrucciones-mandamientos de nuestro Creador Dios para la realización de nuestro destino y finalidad, es decir, del “como semejanza”.

La aceptación teorética de la Verdad no sana al hombre. El hombre permanece insano, confundido y enfermo psíquicamente, si no ha avanzado de la fe teorética, (la que también tiene el diablo), a la fe innata, encarnada, concienciada y viva, que se crea a través de la metania (catarsis e iluminación).

El Yérontas y Santo Porfirios recalcaba que para que seas sano espiritualmente no basta sólo con no negar la verdad. Existen algunos que mientras no rechazan a Dios y las cosas de la fe, sin embargo están confundidos y enfermos psíquicamente.

La fe viva, “la fe que obra, operara por la agapi” (Gal 5,6), es la que sana al hombre.

  • La agapi a Dios (Divino eros).

4a) La terapia de los pazos y de la depresión radica en amar a Dios “con toda la psique, con todo el corazón y con toda la diania-mente” (Mrc 12,30)

Decía el Yérontas Porfirios que es una exigencia de nuestra psique tener Eros Divino, vivir la locura divina.

El hombre cuando no satisface esta exigencia de la psique y vivir en la Ortodoxia que es agapi, es eros, es entusiasmo, es locura, ganas y afán de lo divino, permanece un enfermo estable, sin sanarse, ansiado, angustiado, vacío, insatisfecho, y en la negrura, en la melancolía y en la depresión. La agapi en Cristo, la abnegación y la salida de la filaftía (egolatría) son el antídoto contra el egoísmo y la depresión.

El hombre está llamado amar a Dios, de acuerdo con el primer mandamiento. También está llamado amar a su prójimo, saliendo de su enfermiza agapi que tiene sobre sí mismo y las creaciones. Entonces, según el sabio psiqui-atra Porfirio, sale también de la depresión.

Recalcaba el Yérontas que la terapia de la depresión es el Divino Eros: la agapi a Dios es la cosa más grande, es la Divina Energía Increada que cautiva la psique, la rellena plenamente, la sana, cura, es la psicoterapia perfecta.

El Yérontas teológicamente es muy exacto. Nos decía que cuando el hombre quiere moverse hacia el Dios y amarle, entonces el Dios viene y llena la psique de este hombre con Su Energía Increada que se llama Agapi a Dios o Divino Eros.

Entonces la psique del hombre está cautivada de la agapi de Dios, mientras que a la vez se libera de una idea (o loyismós) que es el elemento y componente básico del pedestal de la depresión.

La depresión es negrura, oscuridad demoníaca, pero el hombre la consiente, coopera en la creación y aceptación de ella. Se pregunta san Gregorio el Teólogo: “Qué voy a decir sobre la lipi (tristeza, aflicción, pena) y la acidia, que esto, los inventos del nus, yo lo llamo oscuridad, negrura”.

La depresión, enseñaba san Porfirio, en la psique es cautividad en una idea, que por supuesto instiga el astuto maligno o crea, inventa por su cuenta el hombre con pazos. Podríamos sustituirlos con las ideas compulsivas o pensamientos compulsivos de los “llamados psiquiatras”.

El eros se vence con eros, nos dicen los Santos Padres. La agapi enfermiza hacia nosotros mismos (egolatría y egoísmo), que es la raíz de la depresión, se vence por la sana agapi a Dios y al prójimo.

4b) La agapi a Dios libera al hombre del encarcelamiento de la egocéntrica depresión.

La agapi hacia el Dios y la agapi de Dios hacia el hombre, cautiva la psique a través de la Divina Jaris (energía increada). Así la psique se des-cautiva, libera de la depresión, que es una mala dirección de la fuerza y energía psíquica, a causa del diablo. Con la depresión el hombre en vez de utilizar sus fuerzas psíquicas para amar verdadera y desinteresadamente a Dios, las utiliza para venerar y adorar su yo. Pero no está hecho para funcionar auto-amándose, sino para llegar al Divino Eros, moviéndose agapíticamente hacia el Bien Supremo, a Dios. El mal uso de las fuerzas y energías psíquicas le conduce al desastre, a la lipi (aflicción, tristeza y pena) y a la depresión.

El Yérontas, queriendo ayudar a una mujer deprimida, la aconsejaba en principio que hiciera algo que le gustase, por ejemplo, cuidar del jardín, ocuparse de la música… y sobre todo la agapi a Dios.

Es la cosa más grande, la que cautiva la psique, porque no es solamente una energía y acción de la psique hacia el Dios, sino que lo importante es que la jaris (energía increada) de Dios es la que rellena la psique y la convierte en otra cosa. Es decir, esto que se había apoderado de ella era una fuerza y energía psíquica y en vez de hacerse el bien, el diablo esta energía psíquica la convirtió en depresión y atormentaba y castigaba al ser humano. (Conversación sobre la depresión, pag 11-12).

La agapi hacia el Dios, para que sea conseguida, requiere la humildad según Cristo, la abnegación y la metania.

Pero para que el hombre pueda negarse a sí mismo, de su egolatría y de sus voluntades egoístas, deberá primero encontrar su auténtico yo o sí mismo, el corazón profundo, el centro de su hipostasis (base substancial) psíquica, la esencia de su nus.

El descubrimiento del centro hipostático se hace por la bajada de la noerá perceptiva energía (del nus) dentro al profundo corazón del hombre. Allí deberá concentrarse la energía noerá y allí también el nus orando sin cesar. El hombre está llamado a alejarse de la negligencia que conduce al desánimo, la pereza espiritual y física y la pereza al olvido de Dios. Debe parar el nus de levitar y vagar por ahí en las creaciones. El recuerdo a Dios, el mantener el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo, deberá hacerse la exclusiva y única preocupación y ocupación.

218) Archimandrita Zacarías Zacaru, Santo Monasterio san Juan el Bautista, Essex Inglaterra, “La oración de Jesús”: «El Nombre Jesús fue dado por apocálipsis (revelación) de lo Alto. Proviene de la sin principio ni fin energía increada del Divino Ser y para nada es una invención humana. Esta apocálipsis es acto y energía increada de la deidad y añade al nombre doxa (gloria, luz increada) sobrenatural. Este nombre conecta y es unido ontológicamente con la llamada Persona, el Cristo. La oración por este nombre tiene su piedra angular en los logos del Señor que proclamó un poco antes de subir a Gólgota: 24 Hasta ahora no habéis pedido nada implorando en mi nombre. A partir de ahora pedir continuamente y recibiréis, para que vuestra alegría y gozo sean completas, y lo estaréis comprobando por el hecho que el Padre escuchará vuestras oraciones… (Jn 16,24);…de verdad en verdad os digo que todo lo que pidan en mi nombre al Padre os lo concederá (Jn 16,23.) Estos logos de Cristo son a la vez mandamiento y promesa. La digna imploración de Su nombre cumple el mandamiento y vivifica Su presencia. El que está orando incesantemente se coloca a sí mismo al camino de los mandamientos, al camino del Señor y el camino es Él Mismo. Por consiguiente, a Cristo le encuentra como co-caminante y se une con Él. El nombre de Jesús Cristo se convierte en forma y lugar de unión del fiel con el Salvador Dios. Cuando invoca este nombre con devoción, tal y como Dios manda, obtiene la complacencia del Espíritu Santo y vive para siempre ante la Persona del Señor.»

Realmente, “la misión de los escogidos del Señor consiste en que guarden este nombre, padezcan por este y que consideren como privilegio la deshonra o burla, y por esto también están preparados para morir por el nombre del Señor Jesús. Miembros del cuerpo de Cristo son aquellos que sobre ellos se ha invocado el nombre de Jesús Cristo y los mismos invocan el nombre de Jesús Cristo. En pocas palabras, el nombre del Señor Jesús sella al fiel y le convierte en templo de la Deidad, lugar de la presencia carismática del Espíritu Santo” (por el mismo Zacarías Zajaru).

Para que el hombre tenga memoria o recuerdo a Dios, deberá de alejarse y cesar de cualquier otro recuerdo mundano y angustiosa preocupación. El hombre debe estar en hisijía, alejándose de las preocupaciones vanidosas, para que pueda hacer la catarsis.

  • Hisijía

El término hisijía, por el Alfa omega, gran léxico ortodoxo helénico-español:

40 Ἡσυχία Hisijía o hesyquía: en general es tranquilidad, serenidad, calma, silencio interior y exterior. Ἡσυχία (hisijía), en la tradición ortodoxa como término ascético-teológico, principalmente es la paz del corazón, el estado del nus en serenidad sin perturbaciones ni molestias, permanencia en Dios, la liberación del corazón de los loyismí pensamientos, logos, ideas y fantasías y la liberación de los pazos influenciados por el ambiente, de manera que permanezca en Dios. Es vivencia, experiencia interior y no se relaciona necesariamente con las condiciones exteriores. La hisijía es el único camino por el que el hombre llega a la zéosis o al semejanza. La hisijía del cuerpo es el ayudante para llegar el hombre a la noerá hisijía (espiritual del nus y del corazón).

San Simeón el Nuevo Teólogo dice: «Hisijía es estado imperturbable del nus y del corazón, serenidad, libertad y gozo de la psique, base sin olas, contemplación de la luz, rapto del nus, homilía ilustre y clara hacia Dios, ojo vigilante sin dormir, oración noerá o del corazón, asimilación y unión con Dios y finalmente zéosis y descanso sin dolor de los grandes dolores de la ascesis».

Hablando sobre la nipsis ortodoxa, entendemos alerta, atención y prontitud del hombre en mantener y tener su nus limpio y liberado de distintos loyismí e imágenes que mortifican su libertad interior y su limpieza, separándole de su comunión y conexión con Dios, que consiste en la gnosis (increada) de Dios. Esta nipsis se califica de los Padres de la Iglesia como “santa hisijía”.

Así, pues, hisijía o hesyquía entendemos el método aquel que utiliza todo hombre para unirse con Dios y superar la muerte, que es uno de los mayores problemas del hombre.

5) Hisijía principio de la catarsis y la terapia.

El hombre puede volver a sí mismo mediante la acción de cortar la distracción y el esparcimiento al ambiente que se crea por los sentidos. Cuando el hombre vuelve y se encuentra a sí mismo, igual que el hijo pródigo, entonces se recuerda de la casa Paternal, y piensa: “Me voy hacia mi Padre” (Lc 15,18).

El hombre al haberse encontrado a sí mismo entonces se puede mover hacia el Dios. Entonces logra comulgar y conectar verdaderamente con el Dios.

Sólo saliendo del hombre viejo, el de la negligencia, de la pereza, del olvido y de la ignorancia a Dios, sólo despojándose del viejo hombre, sólo y sólo entonces puede vestirse al nuevo hombre, al hombre creado según el Cristo. El hombre estando en metania, negándose al hombre viejo y vaciando su yo (egoísmo) de su corazón, crea un lugar para habitar el Dios.

El hombre con la oración incesante del corazón puede amar a Dios. Entonces puede amar auténticamente también a su prójimo como hijo de Dios. Entonces el corazón se purifica y se limpia de todo loyismós y todo deseo maligno, insensato y apasionado.

Queda sólo un loyismós, un deseo y un anhelo al corazón del hombre que ha hecho la catarsis y se ha purificado, sanado: el deseo estar continuamente dentro al Cristo y el Cristo al interior de este.

En este sentido, pues, está llamado el hombre salirse de sí mismo: salir de su filaftía (egolatría), de su egoísmo, de su narcisismo, de su autoalabanza y de su voluntad.

El hombre debe dejar de amar las creaciones y el sí mismo. Así creará el espacio y la limpieza en su corazón, de modo que pueda caber dentro en el corazón el Dios y por el Dios todo el mundo. El hombre debe hacer la catarsis de los pazos, iluminarse por el Espíritu Santo y finalmente convertirse en residencia del Santo Espíritu. Así el hombre se hace “País (región o espacio) del Incabible” y dios/a por la Jaris.

  • La oración

6a) La oración con anhelo y devoción es el antifármaco de la depresión

La mejor manera y la más efectiva para que el hombre ame a Dios, de modo que pueda salir de la depresión, es, según el multicarismático Yérontas Porfirio, la oración con anhelo y devoción.

Enseñaba el mismo sabio guía, que debemos amar a Cristo como la madre ama a su hijo, con anhelo y devoción.

La oración sana al deprimido, porque conduce a la agapi según Dios y a la auténtica humildad. Al humilde viene la Jaris de Dios y el bien cautiva la psique liberándole de la depresión.

Las tentaciones, las distintas aflicciones, injusticias y varios dolores y sufrimientos que nos ocurren, tienden a arrojar la psique a la acidia. Entonces también deberemos orar.

San Atanasio el Grande dice que debemos seguir el prototipo o modelo y la práctica de nuestro Cristo, que está en el Salmo: “Repartirán mis prendas entre ellos… pero Tú Señor, no alejes tu ayuda de mí”. El Señor nos enseña de esta manera que, cuando caemos en tentaciones, deberemos invocar a Dios para no caernos en la acidia, ni huir de nuestras tristezas y sufrimientos.

Aunque “repartan nuestras prendas”, Tú Señor no alejes tu ayuda de nosotros.

Por lo tanto, la oración es un medio de prevención muy importante contra la acidia y la depresión, en la que tiende arrojarnos el astuto malvado cuando nos ocurren injusticias, aflicciones y sufrimientos.

La oración es también un arma o medio importantísimo e imprescindible para que uno sea liberado de la acidia-depresión.

Pero para que sea correcta y efectiva la oración se deberá hacer con anhelo, devoción y con Divino Eros. Dice san Atanasio el Grande que los demonios intentan arrojarnos en loyismí indecentes y en la acidia, cuando ven que nos estamos preparando para la oración.

La nipsis, el esfuerzo de concentración en nosotros mismos, pero más que todo, el Divino Eros y la humildad, nos ayudarán para vencer el asalto demoníaco y hacer la oración correctamente. Esta oración encenderá más en nuestro interior el celo Divino, la agapi según el Dios y a la vez aumentará la humildad.

El Divino Eros (agapi) y la humildad son las principales características que tiene el hombre sanado espiritualmente. Agapi y humildad, esta es la “frecuencia de Dios”, decía el Yérontas Paísios, a través de la que nos conectamos y comunicamos con el Dios y Le atraemos.

He aquí cómo el Yérontas Porfirios aconsejaba una mujer deprimida: “Más que nada, la dije, que se ocupara de la oración y dar especial importancia en el concepto de que debe conocer y amar a Cristo. La dije muchos ejemplos, ¡cómo muchas veces vemos una madre abrazar con anhelo a su hijito, lo tiene en sus brazos y lo besa con cariño!”

¿Cuál es la causa principal de la depresión, de la indolencia, de la acidia, de la pereza y en general de los llamados problemas psicológicos? Contesta el Yérontas: el egoísmo.

El Yérontas todos los problemas psicológicos los llamaba tentaciones, es decir, demoníacos. Los considera, tal como realmente son: energías e influencias demoníacas, estímulos demoníacos. Los llamados “psiquiatras”, para que no utilicen la palabra diablo o demonio quien promueve al hombre de manera que se comporte egoístamente, han inventado otras palabras, como inseguridad, ansiedad, angustia, estrés, poca autoestima, fobias, neurosis, psicosis…

Decía que: “Especialmente… todas estas emociones, las satánicas que las llamamos pereza, acidia, desesperanza, decepción… estos llamados psiquiatras, todo esto lo llaman inseguridad y de varias maneras para que no digan la palabra diablo… y realmente nuestra religión ortodoxa ha dogmatizado sobre el diablo”.

Pero si quitamos lo dogmático y lo relativo con el diablo, se destruye la fe correcta, la ortodoxa.

La psiquiatría insidiosamente ataca la fe ortodoxa, porque no acepta la existencia del diablo.

El diablo cultiva al hombre el egoísmo, la filaftía (egolatría) y el individualismo. El egoísmo, este gran egoísmo, es quien abre la puerta al diablo para influir al hombre, es la base y la causa de la introducción y acción del astuto malvado al hombre. Es la causa de la depresión.

La terapia de la depresión es todo aquello que destruye y expulsa al egoísmo: la humildad, pasar desapercibido, la paciencia, las lágrimas, la metania, el ayuno, la vigilia, el ejercicio del cuerpo y poner el yo bajo de todos los demás siendo el último y el más pecador de los hombres, inferior a los demonios y el más indecente de las creaciones, tal y como nos enseña san Gregorio el Sinaíta.

6b) La oración cambia la depresión en alegría.

La co-crucifixión con el Cristo, a través de la oración, cortar la voluntad y resistir a los pazos, expulsan la depresión.

Enseñaba el stárets Zacarías: “Mucho más rápido seréis crucificados en la cruz, cuando oréis como oraban muchos de nuestros héroes espirituales de los antiguos tiempos. Decid: “Ha resucitado el Dios y se han esparcido sus enemigos y los que le odian se han fugado por su persona”. Que lo leáis este canon de la Honorable y Vivificante Cruz de Cristo, y entonces seréis crucificados otra vez en la cruz. Rogad al Consolador de nuestras psiques y cuerpos, que os ablande, os perdone y entre en vuestras psiques para expulsar lejos la terrible depresión que os aplaca”.

Decía el Yérontas Porfirios que: “Los Santos habían encontrado una manera de transformar la depresión en alegría. Lo hacían con entrega total a Dios; Con la agapi a Dios y con la oración, y por eso los Apóstoles clamaban con orgullo: “me alegro de mis padecimientos”. Tan fuerte que era el sentimiento, emoción de la depresión que podía destruirlos y este sentimiento tan fuerte, diríamos una fuerza y enegía psíquica, ellos lo tomaban y lo entregaban a Dios, lo hacían oración y lo convertían en alegría y gozo en el Señor.

El sentimiento de la depresión, que es una fuerza psíquica nuestra, la que tiende utilizar el malvado astuto, como decía el Yérontas, debemos entregarlo a Dios.

Si ponemos mucha atención a lo que dice el Yérontas, entendemos lo que ocurre con la depresión. El Yérontas dice: es una fuerza psíquica nuestra, pero puede declinar, tender a tomar una dirección mala y destruirnos.

¿Cuándo? -Cuando el hombre con su egoísmo abre la puerta al astuto malvado.

Si, por el contrario, esta fuerza psíquica el hombre la entrega a Dios, entonces esto se hace oración ardiente, alegría y gozo en Señor.

Nuestra psique tiene la fuerza para hacer el bien, la oración, la agapi, la alegría, la paz y nuestra unión con el Dios. El diablo nos toma esta fuerza y energía y la convierte en sufrimiento, tristeza y depresión.

El Yérontas ciertamente dice que estos sentimientos de la depresión son satánicos. Los “llamados psiquiatras” manipulan la verdad, puesto que no dicen la causa de la depresión y de los demás “problemas psicológicos” que son los pazos y finalmente los demonios. Al contrario hablan de reducida autoestima y autoconvicción aconsejando esencialmente a crecer el egoísmo humano. Actuando así, el desgraciado hombre deprimido se enferma más y peor.

El hombre sano espiritualmente convierte la depresión en alegría con la oración llena de agapi hacia el Dios.

6c) La oración incesante

La ira, el enfado, la acidia, la lipi-tristeza, la aflicción, el sufrimiento, la depresión y todos en general se reprimen y sofocan con la humilde oración incesante.

Observa san Teófanes el Recluso: “¿cómo lo conseguían los antiguos ascetas que vivían encerrados en una celda, no veían a nadie, no escuchaban nada y no tenían ningún consuelo?

-Con la jaris (gracia, energía increada) de Dios.

¿Y cómo conseguían atraer la jaris?

-Con la oración incesante. He aquí el arma más efectivo contra la acidia y la depresión. Nosotros no sólo no oramos incesantemente, ni siquiera con frecuencia. Y nuestra oración, cuando la hacemos, la hacemos sin atención y fríamente” (San Teófanes el Recluso: Instrucción en la vida espiritual”.

Uno debe directa e inmediatamente cerrar la puerta al diablo a través de la oración. El esfuerzo constante para la oración mantiene al hombre en prontitud, de manera que sean afrontados triunfalmente los asaltos y ataques de los malos loyismí.

Nos relata el Yérontas Porfirios: “Le decía a un señor que haga algo… Me contesta no puedo. Le digo, por favor hijo mío, y yo que soy anciano incapacitado, quiero que me hagas esta cosa. No, no puedo. Estábamos al sótano y me dice: lo que me pides no lo dice la ciencia. Le digo: hijo mío, para qué quieres la ciencia. Ves y hazme esta cosa, es necesaria, porque no tengo otro que me lo pueda hacer. –Yo no puedo, responde.

En aquel momento, me vino algo malo. Es decir, exasperación, rabia y enfado contra el chico. Pues, lo capté y lo comprendí. El secreto está en darte cuenta antes del tiempo. Si lo dejas y te capta, ya estás atado. Pues, allí quería gritar enfadado con exasperación y en definitiva, no sé qué hacer, pero en aquel momento me inspiré una bella oración”.

Aún hasta el Yérontas peligró de la ira, la rabia y la exasperación y caer en la antipatía hacia su prójimo. Hace falta que estemos muy atentos, es imprescindible la nipsis. El hombre sano espiritualmente ora incesantemente, entonces impide al malvado dominar sobre él. Al principio del asalto demoníaco en vez de atormentarse, ora y el malvado se aleja.

  • Humildad-conducta interior modesta y serena

7a) la humildad: preparación imprescindible de la psique para escapar de la depresión

El hombre en estado de depresión está preso de su loyismós. Según la psiquiatría mundana, al candidato a la depresión nacen automáticamente algunos pensamientos por cualquier motivo y también por un acontecimiento insignificante. Estos activan las distintas “percepciones negativas” (Beck, 2004). Este tipo de pensamiento puede ser, por ejemplo, que “nadie me ama o “nadie me entiende o no puedo conseguir nada. Cuando haya aceptado un pensamiento automático de este tipo, empieza la cuenta atrás y le lleva en un estado de desesperación y depresión. (Monja Irene: Afrontar la depresión).

Con la terminología patrística, estos pensamientos “autómatas” se llaman loyismí. El hombre cuando los acepta se enferma. Se hace preso de estos. La pregunta es: ¿Cómo el hombre cambiará de dirección en el camino que tiende a tomar la fuerza de la psique, cuando ella tiende a ser cautivada por el astuto malvado, para no caer en la situación que se llama depresión? Los pensamientos autómatas, según la terapéutica Patrística, no son en realidad autómatas, sino que tienen su fuente y origen: a) al astuto malvado y b) a los pazos que los demonios los esconden.

“La terapia por parte mundana, como terapéutica gnosiológica, en un primer nivel aspira en ayudar al individuo aprender a reconocer inmediatamente sus “pensamientos, conceptos autómatas” y no aceptarlos como verdaderos, y en un nivel más avanzado, a entender que estas percepciones suyas son equivocadas y no le convienen ni le benefician, y así podrá cambiar estos pensamientos y sustituirlos con otros más sanos, que le conducirán en una mayor autoestima y autoaceptación, (Monja Irene: Cara a cara con la depresión).

Pero verdadera autoestima tiene el hombre que manifiesta la imagen de Dios y se asimila con Él. Verdadera autoestima y auténtica autoaceptación tiene sólo el humilde.

De acuerdo con los Santos Padres, la raíz de todas las enfermizas situaciones espirituales es el orgullo o soberbia, e hijos inmediatos del orgullo son el egoísmo y la depresión.

Para golpear el orgullo y evitar la depresión uno deberá tener nula la autoconvicción mundana y plena convicción Divina.

El hombre deberá conocerse realmente a sí mismo y conocer que no es “nada o un don nadie”. San Crisóstomo enseña ciertamente que aquel que se cree a sí mismo como un don nadie, aquel más que nadie se conoce a sí mismo. No debe confiar en sus propias fuerzas, sino plena confianza a la Divina Fuerza, a la Energía increada y al Ayuda Divina. El hombre deberá estar siempre en prontitud, en alerta, de modo que no acepte los distintos loyismí (los llamados según la psiquiatría mundana como “pensamientos autómatas, los cuales cuando son aceptados crean percepciones erróneas), estos cuando son consentidos y aceptados, cautivan al hombre y le conducen a la depresión. Cuando el hombre no tiene confianza en sí mismo y autoconvicción, sino todo lo contrario, es humilde, no tiene ninguna esperanza de sí mismo y tiene plena esperanza en Dios, entonces puede afrontar los distintos loyismí.

Muchos siglos antes que los terapéuticos gnosiológicos hablen de negativos “pensamientos autómatas” y las correspondientes emociones, los Padres de nuestra Iglesia habían estudiado estos fenómenos los cuales llamaban “loyismí”. Tal y como para la terapia gnosiológica contemporánea, como primer estadio es importante que uno reconozca los pensamientos autómatas y no los acepte como verdaderos, los padres nípticos hablaban de estar en alerta y vigilancia, de modo que apenas venga en el nus el loyismós malo, no consentirlo, ni sucumbir en él con nuestra voluntad, porque a continuación nos hará lo que él quiera, sin que nosotros podamos controlar la situación. Entonces se apodera de nosotros el correspondiente pazos.

El Yérontas Porfirios lo expresa esto con palabras sencillas: “El secreto está en estar antes que él y no darle tiempo. Si le dejas y te capta, ya estás pillado”. Para que no te capte debes ser humilde, modesto.

La humildad, según el Yérontas, es el movimiento y estado preparatorio que se requiere para que sea invertido el mal camino de la psique del hombre a causa de los loyismí. Este pues es el secreto, cómo podrá uno invertir allí donde está capturado por algo malo, y pensar una otra cosa. Es un poco difícil, pero cuando se ha preparado… Preparación es humildad, ¡eh, esto es!

Para que se haga el giro hacia el bien, se necesita también atraer la Jaris (energía increada) de Dios. Pero la Divina Jaris viene al humilde. Entonces el hombre encuentra la fuerza para girar y volver hacia el Dios.

Decía el Yérontas: “Quiero decir que no es fácil girar así. El arte está allí, no solamente es girar sino también tener la fuerza de atraer y arrancar la Jaris increada de Dios. El movimiento del giro que te haga unirte con Él.

Para el giro se necesita la sinergia, cooperación del hombre con el Dios, entonces el hombre se va, sale de la depresión.

Cuando la Jaris increada de Dios haya atraído al hombre, entonces sale de la depresión sin entenderlo. Decía que: cuando te unes con el Dios y te has entregado a Él, no tratarás de mirar ni recordarte de que detrás de ti vino y te tiraba el espíritu contrario; ¡eh, ya está, se ha marchado aquello! ¿Lo entendéis? Esto sí que lo podéis entender: lo expulsas sin entender, ni darte cuenta. A partir de allí, te dedicas tanto a lo otro y lo vives, de modo que ya no miras qué hace, si está atrás o no; si lo haces te arrastrará (Conversación sobre la depresión.

7b) Humildad: el gran fármaco terapéutico

La humildad es el gran secreto y medicamento para la terapia de los distintos “llamados problemas psicológicos” y también de la depresión. La humildad es lo contrario del egoísmo y del orgullo, por eso combate la depresión, que como se ha dicho, ella emana de estos.

Nos enseña el Yérontas Cleopa Hilie, basado en el libo “la guerra invisible de san Nicodemo el Aghiorita”, sobre la humildad, que primero, no debemos tener confianza nunca en nosotros mismo y en nuestra fuerza. Segundo tener absoluta confianza y esperanza a Dios.

Primero: Nunca debemos tener confianza nunca en nosotros mismos. La Santa Escritura nos dice: “Maldito el hombre que confía en el hombre, y sostiene su debilidad en este y su corazón se ha apartado del Señor” (Jer 17,5). Y el profeta Isaías dice: “¡Ay de los que se creen sabios en sus propios ojos, y de los que se hacen ver prudentes delante de sí mismos!” (Is 5,21). El apóstol Pablo nos enseña lo mismo: “No te consideres a ti mismo sabio” (Rom 12,16), en cambio Salomón dice: “No te consideres sabio en tu propia opinión; Teme a Dios y apártate del mal” (Prov 3,7).

Por lo tanto, nuestro primer trabajo espiritual es la lucha para conocer nuestra debilidad y nimiedad. El que se considera a sí mismo como un don nadie o nada, dice san Crisóstomo, este conoce a sí mismo mejor que cualquier otra cosa; en cambio san Pedro el Damasceno dice que “nada es superior para el hombre que conocerse a sí mismo, conocer su debilidad, su oscuridad y su ignorancia”.

Segundo: Tener esperanza y confianza sólo en Dios. En combinación con nuestra total desconfianza y desesperanza de nosotros mismos y la plena confianza sólo en Dios, hacia quien clamamos: Señor, no me abandones, Señor Dios mío no te alejes de mí, Señor de mi sanación y salvación ayúdame” (Sal 37,22). Esta confianza perfecta nuestra en Dios está basada en cuatro logos, y en concreto:

  1. Confiamos en Dios, porque es Pantocrator (Omnipotente), nos ofrece lo que es útil y beneficioso para nuestra sanación y salvación y nos ayuda en cualquier parte y lo que haga falta.
  2. Confiamos en Dios, porque es Conocedor de todo, conoce todo lo que ocurre y lo que va a ocurrir en nuestra vida.
  3. Entregamos y confiamos en Dios nuestro yo o carácter, porque es Bondadoso, nos ama con una indescriptible agapi (amor, energía increada), siempre preparado para ayudarnos.
  4. El que tiene esperanza en Dios no se avergüenza (Rom 5,5), porque “el Señor salvará las vidas de sus siervos y no fracasarán en sus vidas los que tiene esperanza en Él” (Sal 33,23).

Cuando estas dos, la absoluta desconfianza de nosotros mismos y la absoluta esperanza, confianza en Dios, en combinación con las tres siguientes:

  • Askisis (ascesis práctica, ejercicio espiritual) y esfuerzo, de modo que el hombre pueda combatir y enfrentarse a sus pazos.
  • La oración incesante
  • La confesión regular, (por lo menos una vez al mes) y la continua Divina Efjaristía o Comunión, entonces el hombre vence los distintos llamados “problemas psicológicos” y también la depresión.

Todos los medios y técnicas humanas no benefician en nada si no coexiste la humildad.

El Yérontas Porfirios decía: “Este es pues el gran arte, el cómo te entregarás a la agapi de Dios… más que todo lo demás. Por supuesto que puedes hacer muchas cosas, pero humanas. ¡Pero lo más grande es entregarte a la agapi de Dios… a la adoración y al culto a Dios, a la oración!… pero hagas lo que hagas, sino consigues la humildad no haces nada.

Sólo con los narcóticos estarás intentando dormir y calmarte… No se hace nada, no penséis que con los buenos médicos y los fármacos buenos haréis algo… Puede que por un momento, si te dicen que es bueno, que te impresiones… darte un fármaco y se haga algo. Pero te capta otra vez la tentación. El gran secreto es la humildad.

Tres cosas nos conducen a la humildad, según los Santos Padres:

  1. Ponernos a nosotros mismos por debajo de todos, inferiores, así humillamos a nuestro egoísmo y orgullo.
  2. Amar el esfuerzo y ejercicio del cuerpo
  3. Orar siempre

Estas cosas se hacen con obediencia al Guía espiritual y ayudan al hombre a expulsar la conducta vanidosa: la idea de que se cree que es algo, (la presunción o engreimiento,).

7c) La expulsión del engreimiento o presunción

La humildad que se consigue por cortar el engreimiento, es decir, la idea de quien se cree que “es algo”, que está en las profundidades de la psique del hombre egoísta y con pazos. El engreimiento o presunción, según san Nicodemo el Aghiorita, es la raíz amarga, la que se debe desarraigar para que el hombre sea liberado del orgullo, la arrogancia y la filaftía (egolatría) que es la raíz de todos los pazos.

El creer que somos algo, escribe san Nicodemo, en su libro “la guerra invisible”, esto se llama engreimiento, orgullo, soberbia o arrogancia, que es un pazos que nace de la filaftía (excesivo amor a sí mismo y al cuerpo, egolatría); esto por su parte se convierte en raíz, principio y causa de todos los demás pazos; es un pazos tan fino y oculto este engreimiento, de modo que por su gran finura, no lo perciben ni lo sienten en absoluto aquellos que lo tienen y padecen. Porque aquella primera puerta del nus, de la que va entrar la jaris (energía increada) de Dios y habitar al hombre, este maldito pazos está detenido allí, la cierra y no deja entrar la jaris, que con razón se marcha; ¿por qué, cómo puede venir la jaris a iluminar y ayudar al hombre aquel que se cree que es algo grande y superior, que es sabio y que no tiene necesidad de ninguna otra ayuda? Que el Señor nos proteja y libere de este luciférico, demoníaco pazos y enfermedad, (San Nicodemo el Aghiorita: La guerra invisible).

  • Obediencia

8a) La obediencia: humildad aplicada

Para que se vaya el engreimiento es necesaria la obediencia al Guía espiritual (Pnevmatikós).

San Diadoco de Fótica nos enseña que: “La obediencia se ha reconocido como el primer bien entre las demás virtudes básicas, porque expulsa el engreimiento, es decir, la gran idea que tenemos sobre nosotros mismos y genera en nuestro interior la humildad. Por eso en aquellos que la aceptan con gratitud se convierte en puerta que conduce a la agapi de Dios.

Adán infringió la obediencia y se resbaló al tártaro abismal. La obediencia amó el Señor y economizando nuestra sanación y salvación, se hizo hombre y obedeció Su Padre hasta la muerte– y esto que no era nada inferior de la grandeza de Aquel- para anular el crimen de la desobediencia humana con Su propia obediencia y devolver la bienaventuranza, la felicidad y la eternidad a la vida en aquellos que vivirán con obediencia.

Primero, pues, para esta virtud deben preocuparse los que quieren luchar contra el engreimiento diabólico. Y esta virtud con el tiempo nos indicará infaliblemente los caminos de las virtudes” (San Diádoco de Fótica).

El egoísmo que es el contrario de la humildad, se ve por el hecho de que el hombre que está dominado por él no quiere salir de su voluntad, no acepta los mandamientos, ni indicaciones y no hace obediencia. Tiene una profunda y grande idea de sí mismo, por eso no expulsa fácilmente sus deseos y sus ideas.

“Estos deprimidos, según el Yérontas Porfirios, y todos estos que tienen reacciones interiores malas y son atormentados, lo vemos cuando les dices algo de cortar su voluntad, allí reaccionan y son captados; ¿lo entiendes?”.

Estos que tienen depresión y reacción, tienen egoísmo, son agresivos y atacan contra aquellos que les cortan la voluntad.

El que no corta su voluntad a través de la obediencia, sino que hace lo que le da la gana, este vive dentro del espíritu malo, se tortura y se atormenta.

Decía el Yérontas a un tipo así “amante de su voluntad” obediente-desobediente, que padecía también de la depresión: “Haces… lo que quieres y así se fortaleció tu voluntad, y vives en este espíritu malo y te torturas”. Cuando el hombre obedece su voluntad, entra al dominio del malvado y se tortura.

El depresivo tiene egoísmo y esto se ve de su voluntad fortificada o cabezonería. El humilde (el sanado) no tiene voluntad propia, sino que siempre se esfuerza en aplicar la voluntad de Dios. Nunca se entristece ni se deprime, porque tiene obediencia que es humildad aplicada. En toda su vida acude a la oración “Padre nuestro” y sobre todo a la petición: “Hágase Tu voluntad”.

La obediencia es humildad aplicada. La humildad y la obediencia atraen la Divina Jaris, que es la que sana al hombre. Apunta un hijo espiritual del Yérontas Porfirios: “El caso es que el Yérontas insistía mucho al tema de la obediencia y la consideraba como deber y obligación simultáneamente para cada hijo espiritual.

El mismo, queriendo mostrar la magnitud del significado que tenía para él la obediencia, en su Epístola-Testamento que dejó para todos nosotros dice lo siguiente: “…Me marché de mis padres a escondidas y vine en Kafsokalivia de la Santa Montaña Athos y fue obediente en dos Yérontas hermanos, Panteleimon e Ioanikio. Tuve la suerte de que eran muy devotos y piadosos y los amé mucho, por eso con la bendición de ellos, les hice obediencia extrema. Esto me ha ayudado mucho, sentí también gran agapi hacia el Dios y lo he pasado muy bien”. La correcta obediencia hace la vida sin sufrimiento, ni tristeza, llena de gozo, alegría y despreocupación.

Dijo el abad Moisés a un hermano: “Ven, hermano mío, a la verdadera obediencia, donde existe la humildad y la fuerza, la alegría y la paciencia, la tolerancia y la filadelfia, la contrición y la agapi. Porque el que hace obediencia pura, ha adquirido todos los mandamientos de Dios.

8b) Cortar la voluntad

El que no combate su voluntad a través de la obediencia al Padre Espiritual o Yérontas, vive la vida bajo la influencia del malvado espíritu y se tortura. Los hombres sufren, se atormentan y hacen sufrir, porque no pueden cortar su voluntad el uno al otro, según lo dicho “Obedeceos los unos a los otros”.

Esta voluntad, según los Santos Padres, es como muralla de cobre que nos separa de Dios, porque nos impide hacer la voluntad de Dios. Leemos en el Gerontikón: “El abad Pimín dijo que la voluntad del hombre es una muralla de cobre entre él y Dios, piedra que gira y golpea al mismo hombre. Si la abandona, dirá él también como el profeta David: “En y con mi Dios superaré la muralla” (Sal 17,30). Si por otro lado, el derecho coopera con la voluntad, entonces el hombre está vencido”.

Se requiere una fuerte y sangrienta lucha para la expulsión de la voluntad propia. La experiencia Patrística ha calificado como martirio y cruz… la lucha por cortar la voluntad propia. Esta lucha es el elemento básico de la espiritualidad ortodoxa. Porque cuando uno satisface su propia voluntad, en principio disfruta el deleite de la hidoní-placer, pero esto es efímero, breve y engañoso, resultando rápidamente a la decepción y la amargura. Por eso el cortar la voluntad se valoriza más que el ayuno y la oración, los cuales sin obediencia aumentan el egocentrismo y refuerzan la filaftía (excesivo amor a sí mismo y al cuerpo, egolatría). El que persiste en su voluntad, tiene gran confianza de sí mismo y no puede conocer la voluntad de Dios.

Los que no niegan su voluntad, padecen de la enfermedad del orgullo y la autoconvicción.

Escribe san Siluán el Athonita: “El hombre orgulloso no busca la voluntad de Dios, sino que prefiere dirigir él su vida, (se entiende haciendo su propia voluntad). No entiende que sólo con su lógica humana no basta para ser guiado. Y yo cuando vivía en el mundo, antes de conocer el Señor y el Espíritu Santo, me sostenía en mi lógica, razón. Pero cuando con el Espíritu Santo he conocido a nuestro Señor Jesús Cristo, a Dios, entonces mi psique fue entregada a Dios y le acepto por cualquier cosa triste que me ocurra y digo: ¡El Señor me ve… qué voy a temer! Pero anteriormente no podía vivir de esta manera.

Para el que se ha entregado a la voluntad de Dios, la vida se convierte y se hace mucho más fácil, porque en las enfermedades, en la pobreza y en la persecución piensa: “Así complació el Dios, debo soportar por mis pecados” (San Siluán el Athonita, por Sofronio Sajarof).

El hombre sano espiritualmente, se deja y se entrega a Dios. Hace obediencia y todas las cosas le van bien, porque no quiere nada de lo suyo, sino siempre lo que el Dios quiere. Aquel que tiene y obedece a su propia voluntad, éste sufre y hace sufrir a los demás.

El Yérontas Porfirios era muy severo ante al hombre que no quería hacer obediencia… Decía que un Yérontas tiene obligación y deber en cortar la voluntad de su obediente, porque trata de ayudarlo espiritualmente. Así se sana el hombre, porque se va el egoísmo, la filaftía (egolatría) que es la raíz de todos los pazos.

…¡así se va también la depresión!

  • Expulsión del desánimo y la alegría Espiritual.

La expulsión del desánimo se hace con el cultivo de la alegría espiritual. Para expulsar la lipi (tristeza, aflicción, pena)-depresión demoníaca, debemos cultivar la alegría y el gozo espiritual. No debemos dejarnos en la situación enfermiza del desánimo, sino expulsarlo enérgicamente. Esto lo conseguiremos sea diciendo la oración de Jesús, sea psalmodeando, cantando o pensando en la Divina Agapi (amor, energía increada) que nos ha puesto en el camino de la sanación y salvación. Seamos agradecidos al Señor que nos ha salvado con la Divina Jaris Increada y nos ha hecho ciudadanos de la Santa Iglesia Ortodoxa.

Decía san Serafín de Sarof: “Para mantener la paz psíquica, debes expulsar lejos el desánimo y esforzarte en ser alegre, según el logos del sabio Sirac: “La tristeza, depresión ha arruinado muchos, no hay beneficio en ella” (S.Sir 30,25).

  • Trabajo

El trabajo con entusiasmo y obediencia es un fármaco importante.

El trabajo en general sobre todo el manual y el cansancio corporal es un fármaco dado por el Dios contra la acidia y la depresión.

En el libro “Gerontikón” se refiere lo siguiente: “El abad Antonio cuando andaba por el desierto una vez ha caído en la acidia y gran oscurecimiento de su nus por los loyismí y decía a Dios:

“Señor, quiero sanarme y salvarme, pero no me dejan los loyismí. Enséñame qué hago con mi sufrimiento y tristeza. Cómo voy a sanarme y salvarme”.

Se levantó y se alejó un poco de su celda. Entonces ve uno que se parecía a él que estaba sentado y trabajando; después se levanta deja su trabajo manual y oraba, después se sentó otra vez y tejía con las manos – porque tenía este trabajo manual- y otra vez trabajó mucho y volvió a orar. Era un ángel enviado por el Señor para rectificar y apoyar a san Antonio. Pues, el ángel se dirigió a él y le dijo:

“Así tienes que hacer, y así te sanarás y te salvarás”.

Apenas escuchando esto el abad Antonio sintió gran alegría y ánimo. Se liberó de la acidia, hizo lo que le dijo el ángel y avanzaba al camino de la sanación y salvación.

Para que el hombre sea sanado y liberado del dominio demoníaco, del pazos del egoísmo que conduce a la depresión, el Yérontas Porfirios indicaba, como se ha dicho, al fármaco, medicamento del Eros Divino.

Otros medios ayudantes que sugería y utilizaba el Yérontas son: trabajo con entusiasmo, ocupación con la música, con la psalmodía o música bizantina u otra cosa que le gustaba al enfermo. Trabajar y actuar con entusiasmo, etc, ayuda al hombre a salir del dominio demoníaco de los pazos y la depresión.

Decía a un obediente hijo suyo espiritual que era depresivo: “Mañana iremos a la ermita del Paráclitos, celebraremos la Divina Liturgia y después plantaremos y así lo hizo. Y trabajarás como un loco con la pala y te vas acordar bien de mí”.

Si el hombre tiene entusiasmo, hace algo que lo demás le ven y se ríen, en cambio él vive una vida con entusiasmo.

El entusiasmo –aunque sea exterior- es decir, participación activa a la obediencia, (aunque sea con el cuerpo), provoca la primera salida de la depresión. La jaris (energía increada) de Dios completará la obra del hombre, si el hombre se hace humilde. La humildad del cuerpo a causa de la obediencia y el trabajo, ejercicio físico entusiasta, hace también humilde la psique.

El ejercicio del cuerpo y la humildad sanan al hombre espiritualmente, porque a través de la Divina Jaris que la atraen, expulsan los pazos y la depresión. San Máximo el Confesor escribe: “La humildad y el ejercicio físico, liberan al hombre de cada pecado. La humildad expulsa y corta los pazos de la psique y el ejercicio físico del cuerpo”. Por eso el bienaventurado David, aplicando esto, dice a Dios en su oración: “Señor, mira mi humildad y el esfuerzo de mi cuerpo, y perdona todos mis pecados” (Sal 24,18).

Así que, por la humildad, el hombre se prepara para que venga la Divina Jaris, de modo que llegue a la agapi hacia Dios. Entonces también se sana.

El trabajo, el interés para la vida, y principalmente el interés para la Religión ortodoxa y la humildad, sanan la depresión.

  • Estudio espiritual

Con el estudio de las Divinas Escrituras expulsamos la acidia-melancolía-depresión.

San Atanasio el Grande, interpretando el salmo: “tuvo o tiene sueño mi psique por la acidia”, nos recalca que “no hay otra manera de expulsar el maligno espíritu de la acidia que el estudio de los divinos logos y los sabios divinos”. El estudio tonifica la nipsis, fortifica la virtud, protege de los malos loyismí, proporciona “material” para la oración y llena de gozo la psique deprimida.

El principal fármaco sobre la depresión, tal y como se ha escrito, es la humildad y el divino eros. El Logos de Dios tiene escondida fuerza y energía mística, regenerativa, creativa, curativa (limpiadora, catártica) e iluminante. Cuando estudiamos el Logos Divino nos llenamos de alegría y luz (increada). La psique se catartiza (limpia, purifica) de los loyismí y se libera de la ignorancia y la oscuridad. Por el estudio en humildad del Logos de Dios comulgamos, conectamos y nos unimos con el Enhipostasiado (personificado) Logos de Dios, el Cristo. El estudio del Logos Divino es la forma de divina-comunión y unión con el Dios. (Además, por eso en la Divina Liturgia la primera parte es “la liturgia del Logos” de Dios, donde escuchamos la lectura evangélica y la apostólica, como también el kerigma interpretativo en relación).

Cuando se ha conseguido esta unión, entonces naturalmente desaparece la acidia-depresión.

  • La ocupación con el jardín, las flores y el arte

El estudio del logos de Dios como también la ocupación con el arte, el jardín… expulsa la acidia-depresión.

El Yérontas Porfirios aconsejaba el estudio de los sabios divinos y la ocupación por el arte, el interés por la vida y el trabajo, el jardín, las flores, la música… como añadidos después de lo que decía sobre el Eros Divino, que lo consideraba como el fármaco principal para la depresión. El arte, el jardín, las flores… son cosas muy importantes. El estudio de la Santa Escritura, el interés por la Religión Ortodoxa, por la agapi de Dios… ¿Para qué quieres estos psiquiatras, psicólogos, psicoanalistas, los psicofármacos y los narcóticos o las drogas?

No hacen falta los psiquiatras y los psicofármacos, sino sólo si se ha tocado o enfermado el sistema nervioso del hombre a causa de una grave enfermedad psíquica.

En primera fase, para que uno “salga” de la depresión ayudan mucho las siguientes: trabajo con entusiasmo y ocupación con algo que mueva mucho el interés del hombre y con algo que movilizará también su cuerpo. Esto puede ser la ocupación con el jardín, las flores, la naturaleza, el arte… La “salida” alegre del cuerpo de la depresiva inactividad y el cansancio que esto implica que lo hace humilde, humilla al cuerpo. La humildad del cuerpo ayuda también la psique hacerse humilde y moverse hacia el Dios.

  • Paseo y recuerdo de momentos bellos

Un fármaco importante contra la depresión es la vida en la naturaleza, el paseo terapéutico en la montaña, en el bosque y el recuerdo de los momentos bellos del pasado.

Relata una mujer, que recientemente había muerto su marido, qué la había aconsejado el Yérontas Porfirios hacer cuando estaba melancólica y deprimida por la muerte de su marido, considerada por ella como “muerte prematura”: “En aquellos momentos, me ayudó mucho el Yérontas Porfirios, que es normal que uno se deprima, cuando empiezan a torturarte las preguntas: ¿Dios mío, por qué ha muerto tan temprano y joven? Sentía entonces una acidia y un hundimiento al sofá y no podía levantarme”. Entonces me aconsejaba: “Apenas te sientas esta cosa, salta y ponte en pié, y ves a dar una vuelta por la montaña.” Y cuando le pregunté si podía salir cuando era de noche, me contestó: “Sí, puedes salir, trae en tu mente todas las bellas imágenes, como aquel parque que habíais visitado con tu marido y tus hijos, o aquella bella puesta del sol que habías disfrutado al mar… Que expulses los malos loyismí y estate diciendo: “Kirie (Señor) Jesús Cristo ten compasión o misericordia de mi marido y de nosotros”. Me insufló exactamente esta convicción: de que existe comunicación y comunión entre la Iglesia viviente, militante* y la triunfante* (celeste).

* Militante Iglesia: el conjunto de los fieles que se encuentran en la tierra y luchan dentro, en la Iglesia Ortodoxa.

*Triunfante Iglesia: el conjunto de los salvados santos y justos que presaborean la Realeza Increada de Dios.

  • Música Bizantina

La música bizantina sana la depresión. La música Bizantina es la música de la Iglesia, es la música de los ángeles. La psique deprimida se sana, se diviniza y santifica por esta música. Cuenta el Yérontas Porfirios que: una vez un Rey, Saúl, tenía un demonio, e iba a David y le psalmodiaba, cantaba y el demonio se marchó. Iba con el libro de salmos y el salterio que es un órgano. Cuando estaba captado por el demonio de la melancolía o el demonio de la acidia, iba a David, le cantaba y tocaba el salterio y así se marchaba el demonio. ¡Dónde están estos que corren para encontrar terapia para la depresión! Cuando aprendan la música bizantina y ven que viene la negrura, enseguida ¡bam! un canto bizantino y la negrura que viene a captarte, como una especie de melancolía psíquica, se convierte en himno, alabanza a Dios. Yo esto lo creo absolutamente. Os digo que, un músico que ama la música y es piadoso, puede una dificultad hacerla música o una obra preparada para cantarla, psalmodearla y ejecutarla. Y así, en vez de estar llorando y deprimirse, ofrece una doxología-alabanza a Dios.

Los Padres de la Iglesia recalcan frecuentemente, en sus obras escritas, el papel de la música eclesiástica en la formación y el cultivo de la moral cristiana y animan a los cristianos con la música alabar a Dios. La música para los Santos Padres es el medio para apaciguar los pazos, de la catarsis psíquica y el deleite y gozo espiritual.

Escribe san Basilio el Magno: “La psalmodía serena y calma las psiques, provoca paz y reduce los ruidos y las olas de los loyismí”.

San Atanasio el Grande, escribe: “Con la psalmodía, la turbación, la salvedad y el desorden que existe en la psique se regulariza, pero la depresión se sana”.

Finalmente, san Juan Crisóstomo, observa: “Con la psalmodía hasta el aire se hace santo… La diania-mente escucha la voz y cambia, se introduce la melodía y expulsa los pazos de la avaricia y de la ambición”.

La música bizantina cuando la utilizamos, nos santifica, diviniza sin mucho esfuerzo.

El Yérontas Porfirios enseñaba: “La música bizantina es muy útil. No debe haber ningún cristiano que no sepa o que no escuche música bizantina. Todos debemos aprenderla. Tiene relación inmediata con la psique. La música santifica al hombre pacíficamente. Sin esfuerzo, deleitando, te conviertes santo”.

San Teófanes el recluso, escribía a un hijo suyo espiritual, “que oréis los dos troparios de la Panayía o Santísima: Te alabamos y bendecimos todas las generaciones, Zeotocos Virgen; porque en Ti ha cabido el Incabible Cristo Nuestro Dios y complació. Bienaventurados y felices somos porque te tenemos como Protectora; porque intercedes por nosotros día y noche… por eso te clamamos: alégrate tú que estás llena gracia increada, el Señor contigo”; y “Zeotocos Virgen, tú que eres el castillo invencible y la fortaleza de la salvación, te rogamos: Convierta las voluntades contrarias en diversión, la pena y la tristeza de tu pueblo conviértela en alegría, ruega por la paz del mundo, porque tú eres la Zeotocos, y nuestra esperanza”.

  • Expulsión de todos los loyismí desde el principio

La no aceptación del mal loyismós desde el principio.

El loyismós es la causa inicial del pecado, del pazos, de la depresión y finalmente de la enfermedad y muerte espiritual. El hombre no debe sucumbir al loyismós malo desde el principio. También los buenos loyismí debemos cortarlos a través de la oración de Jesús, de modo que el corazón quede libre, limpio y claro.

El abad Doroteo, interpretando el salmo: “Bienaventurado y feliz aquel que captará los niños y los arroje a la piedra”, dice: “bienaventurado es aquel que los astutos malvados loyismí desde el inicio no los permite entrar y crecer en su interior, así no se realiza el mal. Al contrario, enseguida, cuando aún son débiles y pequeños, los captará y los arrojará en la piedra, que es el Cristo, y los extinguirá con su huida a Cristo. He aquí cómo todos, el Yérontas y la Santa Escritura están de acuerdo y bendicen aquellos que luchan para cortar los pazos aún hasta los pequeños, antes de probar el dolor y la amargura que estos producen”.

Si el hombre desde el principio no corta el loyismós malo, entonces se convierte en pedestal del malvado espíritu. Muchas veces al hombre se activan enérgicamente, compulsivamente los malos loyismí, sean suyos o estimulados por el espíritu maligno sin darse cuenta ni lo entienda, y entonces es arrastrado impetuosamente perdiendo su autodominio, autocontrol y hace lo que hace, esto que más tarde cree que no lo quería hacer, pero que en realidad él lo quiso también sin darse cuenta. Coopera con el loyismós malo y por un momento en su interior dice sí al malo loyismós y después se deja y actúa descontroladamente, haciendo cosas que quizás después no se acuerda. Pero al momento inicial ha sucumbido con su voluntad y así fue captado por el pazos.

Esto el Yérontas Porfirio lo llama “modo misterioso”, porque no es percibido inmediatamente de los todos los demás, pero es verdad que ocurre. Por eso, hace falta atención al primer momento que viene el malo loyismós, despreciarlo y girarnos inmediatamente a Cristo, para que no sea captada y cautiva nuestra voluntad y después sin controlar la situación, nos hace lo que quiere. El hombre sano espiritualmente no sucumbe al malo loyismós desde el inicio.

  • Expulsión de la envidia y la codicia o ambición.

El combate contra la envidia y la codicia.

El egoísmo tiene varias formas y distintos resultados. Los hijos terribles del egoísmo que provocan gran sufrimiento y depresión al hombre son la envidia, la codicia y el deseo que nos amen.

Observa san Juan el Crisóstomo: “La codiciosa envidia es una bestia salvaje que no sólo perjudica a los otros, sino también al mismo hombre envidioso y codicioso. Este, primero se tortura, se funde y sufre psíquica y somáticamente. Clama el divino Crisóstomo (boca de oro) ¡hay envidia, codicia raíz de la muerte! ¡hay envidia, codicia, complejo de múltiples enfermedades, fuego inapagable y clavo metido al corazón! Es verdad, ¿qué clavo hiere y produce tanto dolor al corazón como la envidia del envidioso y codicioso? Realmente la envidia, codicia reduce del hombre la serenidad y la paz interior, le perturba y le revoluciona, le tortura y le llena de sufrimiento, tristeza y depresión sacándole de sus casillas, o produciéndole enajenación mental. Sobre todo cuando la codiciosa envidia, es muy grande y se ha apoderado del hombre, entonces le altera también exteriormente: Se convierte pálido, se debilita y adelgaza, se marchita y se funde… Tal y como la polilla come la ropa y la destruye, así lo mismo al envidioso le come la envidia, codicia” (San Crisóstomo).

El Yérontas Porfirios recalcaba que el hombre espiritual debe combatir todas estas cosas. Decía a un hijo suyo espiritual: “Lejos de la envidia, codicia, carcome al hombre. Por envidia, una monja hacia otra, creyó que su hermana había hecho un mal gesto contra su Guía espiritual y lo decía como si fuera una realidad.

Todo es posible en el hombre envidioso, codicioso. Yo todo esto lo he vivido. Los hombres me tenían a mí como buena persona y venían muchos a confesarse. Y me las decían estas cosas con franqueza.

Lejos de estas quejas enfermizas, amemos a Cristo con pasión, con Divino Eros.

Bienaventurado y feliz el monje o cristiano que ha aprendido amar a todos místicamente. No pide de los otros que le amen, ni le importa si le aman.

Tú ama a todos y ora místicamente en tu interior. Llegará el momento que amarás sin presión y sentirás que todos te aman. Una canción mundana dice: “No me pidas que te ame. El amor no se pide, sino nace sola en las hojas del corazón”. Tómalo esto espiritualmente. Pero tú derrama naturalmente de tu corazón la agapi de Cristo. No te preocupes si te aman, Tú sólo derrama de tus labios la agapi de Cristo hacia todos. Entonces místicamente viene un cambio, una alteración en todo conjuntamente. Esto que te digo es la mejor misión divina.

  • El combate que nos quieran o amen

La humildad, como se ha dicho, es el fármaco puntal contra la depresión. Una manera esencial –según los Santos Padres- para que la logremos es rebajarnos, ponernos nosotros por debajo de los demás.

Para poder rebajarnos y ponernos debajo de los demás, “en la última posición”, deberemos combatir un profundo deseo que está en nuestro interior: es el deseo que nos amen y nos acepten.

Cuando queremos que nos amen, manifestamos nuestra agapi enfermiza que tenemos de nosotros mismos y nuestro egoísmo. He aquí lo que aconsejaba el Yérontas Paísios: “Orar y amar. Amar a Dios y a los humanos. ¿No ves aquí, lo que hace la agapi de Cristo? No preguntes en tu interior “si te quieren los otros”. Si tú primero los amas sepas que ellos también te aman lo mismo”.

El hombre que tiene gran egoísmo quiere ser el centro de atención de todos. También tiene envidia cuando aman a los otros, a los que él espera que le amen.

El sabio Porfirios decía a una hija espiritual, que los otros creían que padecía de epilepsia: “Tú tienes gran egoísmo en tu interior, quieres que todos te amen. Y muchas veces cuando ves que tus padres se cuidan de tu hermano, ¡entonces tú lo haces sola, eh! Tú sabes cómo se hace y lo haces. La digo: abre el corazón y se apodera de ti el demonio y de allí ya te pierdes, caes al suelo, sacas espuma de la boca, te pegas y te muerdes los labios. ¡Acuérdate, y recapacita hija mía! –Pues, sí, esto es lo que hago, me contesta. La digo: ¿Por qué lo haces? Me responde: mira, cuando me entristecen y me enojan, no tengo otra cosa que hacer, por eso hago esto, para que lo entiendan, así no me entristecen y para que me amen y me den lo que quiero”. Las aparentes epilepsias en esta chica no eran otra cosa que manifestaciones de la envidia y del egoísmo herido.

El hombre no lo entiende, muchas veces actúa con mucho egoísmo, porque está cautivo y dominado por el malvado astuto. Pero inicialmente retrocede inconscientemente y sucumbe al mal astuto maligno. El hombre sano espiritualmente no busca ni pide la agapi de los demás, ni se interesa de sí mismo, por lo tanto no padece cuando los otros son indiferentes hacia él e incluso cuando le perjudican de cualquier manera.

  • Paciencia-recalentamiento del celo espiritual

El combate contra la acidia-atonía psíquica con la paciencia y el descubrimiento de las maneras de recalentamiento del celo y el trabajo.

No debemos permanecer inactivos, sino combatir la acidia y la atonía psíquica. Para el combate contra esto, debemos inventar maneras de recalentamiento de nuestro celo para las cosas espirituales, para el Dios. Ayudan mucho la paciencia y el trabajo. La oración a la Santísima Zeotocos debe acompañarnos siempre y especialmente cuando estamos tentados de la acidia-depresión.

San Teófanes el Recluso aconseja: ¿Os capta la acidia? Inventar maneras de recalentamiento del celo y del ánimo. ¿Quién no se ha torturado por esta atonía psíquica? Hacemos de todo para vencerla y no conseguimos nada. No nos queda otra cosa que esperar con paciencia y esperanza a que intervenga el Señor. Cuando Él quiera nos dará nueva vida, nos consolará y nos fortificará. De todos modos probar también de esta manera: Ocupaos de un trabajo que requiere esfuerzo y sacrificio. Quizás así se movilice vuestra psique. De otra manera, no tenéis otra cosa que tener paciencia, como os dije. Este sentimiento de acidia y atonía es transitorio. Algunas veces proviene del cansancio físico o por debilidad, otras veces es debido a una situación de espera.

Que la Señora Zeotocos interceda a Su Hijo para nuestro fortalecimiento…

  • Cierre de la televisión y los videojuegos

Además, de todos los demás males, (indecencia, violencia, pazos, el no desarrollo ético de la persona, el lavado de cerebro, la maledicencia y la crítica mala) que trae junto con estos la televisión-la caja del demonio, como lo había profetizado san Cosme de Etolia- ahora se ha añadido también un conocimiento científico: La televisión y los videojuegos que causan la depresión adolescente. Largo tiempo viendo la televisión o los videojuegos, puede conducir en depresión también a los adolescentes, según una investigación científica que alarma sobre el peligro de las repercusiones de la salud psíquica de los jóvenes a causa de la continua influencia de los juegos electrónicos. Tal y como se refiere la Agencia Francesa, una investigación de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburg de Estados Unidos, encabezada por Brian Primak y fue publicada por la revista científica “Archives of General Psychiatry”.

En 1995 se han examinado miles de adolescentes que no habían presentado ninguna depresión, antes de que aparezcan en abundancia el internet y los DVD, pero siete años más tarde, cuando los participantes tenían 22 años término medio, el 7,4% había manifestado síntomas de depresión.

Los adolescentes habían dicho que más o menos 2,3 horas veían la televisión, 2,34 horas la radio, 0,62 horas los videocasetes y 0,4 horas jugaban con videojuegos en el ordenador (en otros estudios actuales estas horas han aumentado más).

Estas horas fueron reducidas de otras actividades, como el deporte, las compañías, el estudio… que protegen de la depresión. Se ha comprobado que las adolescentes y las mujeres jóvenes tienen menos posibilidades de desarrollar la depresión en relación con los varones jóvenes, cuando dedican el mismo tiempo en los medios electrónicos.

Según un estudio, la depresión que a menudo se relaciona con la tercera edad, en realidad empieza desde la edad de joven o en los primeros años de mayoría de edad.

Los investigadores recalcan también que la frecuente exposición en los medios electrónicos, puede animar y aumentar la agresividad, las fobias, la ansiedad, la angustia e impedir el desarrollo de la identidad del joven, mientras que si las horas de seguimiento son de noche, se perturba la capacidad de dormir.

La investigación incita a los padres que intervengan y animen, entre otras cosas, la incorporación social del hijo.

Es cierto que, nosotros conocemos que la incorporación social del hijo, no sólo no protege de la depresión y de todo que nos hemos referido, sino incluso de muchos más peligros que se han comentado recientemente. Sólo la incorporación Eclesiástica del hijo, como miembro vivo y activo a la Iglesia Ortodoxa puede traer los resultados deseados y sobre todo los según el Dios.

La confesión regular, desde la edad de los cinco años, el ejercicio espiritual con medida (prosternaciones, composkini-tipo rosario ortodoxo para la oración de Jesús, ayuno, etc,), la frecuente Divina Comunión o Efjaristía, el estudio diario de la Santa Escritura, Vidas de los Santos y Padres de la Iglesia (adaptada a la edad de cada joven), enseñanza sobre la oración noerá o del corazón o de Jesús (Señor Jesús Cristo eléison me), son elementos imprescindibles para la educación del niño, de modo que viva la alegría del Paraíso desde esta vida. De otra manera, estará viviendo en el tedio, la desgana, la depresión y el presabor del infierno, a través de los medios de comunicación, los distintos videojuegos, las drogas, la variedad de los pecados y la muerte espiritual, que es el resultado de la vida fuera de la Iglesia.

  • Metania y Sagrada Confesión

20a) El divino Misterio de la Metania y Confesión

Nuestro contemporáneo gran Teólogo, san Justino Popovits en su obra “Camino a la Teognosía”, escribe: “La psique de cada hombre, de cada ser humano y la psique de la humanidad están enfermas y heridas incurablemente. Esta herida no pueden sanarla ni la Ley, ni los Profetas, nadie, sino solamente el Cristo. El Cristo vino al mundo para sanar al hombre y derogar el pecado, reconectar y volver a unir al hombre con la fuente de la vida, que es el Dios, retornarlo en su integridad de antes de la caída. La absolución, perdón de los pecados a través de Jesús Cristo es la gran donación de Dios al mundo, es el Evangelio”. Esta absolución tan psicoterapéutica y la rica donación de la Divina Jaris (gracia, energía increada), se proporcionan por excelencia con el Misterio de la Sagrada Metania y Confesión.

20b) La Metania y la Confesión: el perfecto método terapéutico de los pazos y de la depresión.

La terapia del hombre enfermo espiritualmente, empieza con la metania y la confesión. Los hombres buscan vanamente alivio en los psiquiatras y psicólogos. Decía el Yérontas Paísios: “Los hombres se han alejado de sus guías espirituales (Pnevmatikós) y así los han ahogado los loyismí y los pazos, acabando de hacer la confesión en los psiquiatras… para olvidar el problema que les preocupa… y apenas pase un poco de tiempo reaparece y otra vez lo mismo; este trabajo se hace. Pero si uno se arregla interiormente, duerme como un corderito y no necesita pastillas, ni nada”.

La impotencia de los psicofármacos en sanar las dificultades psíquicas, observa el doctor Sotiris Abramidis, me la había recalcado el Yérontas Porfirios muchas veces de forma muy categórica.

“¿Eh, me dice… lo crees esto que te he dicho. Lo has visto?”

“…los problemas de los hombres no se solucionan con estas cosas. Estas cosas no las quiero, (los psicoanálisis, las interpretaciones y las terapias psicoterapéuticas, son consideraciones humanocéntricas de nuestros problemas), decía el Yérontas”.

El que uno oiga a estos hombres solamente…, a veces también trae calma relativa. Si explicamos que las migrañas, fuerte dolores de cabeza, no se deben al grueso del cerebro y que los pulsos precordiales no son peligrosos, con esto basta, dicen los libros. Pero no lo dice la experiencia clínica. Estos enfermos no corresponden fácilmente a las intervenciones médicas, sino sólo si uno ve más allá de los síntomas y da otro sentido y concepto a la vida de los enfermos.

Y naturalmente no se soluciona el problema con ansiolíticos o antidepresivos, o las tonterías de hipnosis que aplican muchos psiquiatras-psicoanalistas.

“Se van allí y pierden tantas horas… gastan un montón de dinero… y no vienen en nuestra Iglesia, al Guía espiritual (Pnevmatikós), para decirles lo que se esconde detrás de todo esto que están sufriendo y realmente sanarse bien”, nos decía el Yérontas Porfirios.

Especialmente los hombres que padecen de depresión, y otros que quieren estar realmente en metania, convertirse, arrepentirse y confesarse, deberán empezar la terapia de sus psiques con una Confesión General.

20c) La terapia de la Depresión empieza con una buena Confesión General.

El gran Yérontas Paísios, recalcaba: “Los hombres se han alejado del misterio de la confesión, por eso están ahogados de los loyismí y los pazos. ¡Tantos vienen y me piden que los ayude en alguno de sus problemas, y no se confiesan, ni van a la Iglesia! Los pregunto: ¿Vas a la Iglesia? No, me contestan. ¿Te has confesado alguna vez? No. He venido para que me sanes. ¿Pero cómo? Debes metanoizar (arrepentirte, convertirte, y confesarte, cambio de mentalidad y de vida en Cristo) por tus errores, ir a la Iglesia, estar comulgando –cuando tienes la bendición de tu guía espiritual (Pnevmatikós)- y yo oraré por ti para que te sanes. ¡Te olvidas que hay también la otra vida y debemos prepararnos para allí, qué currículum entregaremos! Contestan: mira Padre estas cosas que dices, iglesias, otro tipo de vida… a mí no me preocupan ni me interesan. Estas cosas son cuentos. He ido en magos, en médium, en gurrús y no pudieron sanarme. Me han dicho que tú me puedes sanar. ¡Entonces qué haces en este caso! Por un lado, les hablas de confesión, de la vida futura, y ellos te dicen que estas cosas son cuentos, y por otro lado: “Ayúdame, estoy tomando pastillas”. ¿Entonces qué, se sanarán de forma mágica? (Paísios: Logos c´)

El Yérontas Porfirios recalcaba que el hombre se libera del mal a través de la vivencia del muy filántropo misterio de la metania. Decía que: “No hay mayor cosa en esta vida que esto que se llama metania y confesión”.

En la confesión el hombre siente el intercambio con el Dios, se libera de la culpabilidad y se llena de alegría.

Este misterio es la donación de la agapi de Dios al hombre”. ¡Estudiando este misterio, entendemos cuánto nos ama el Dios!

Para el hombre de Dios no existen impases y situaciones depresivas, porque existe el Pnevmatikós, que –con el poder que ha recibido de Dios para “absolver y desatar”- lo perdona todo y conduce. Sin la metania el hombre no puede vivir verdaderamente la Vida real, no puede agradar a Dios.

La metania verdadera es la que afina la psique, la diviniza, la santifica. Si el hombre peca, recalca el Yérontas, si la psique se destruye haciéndose pedazos y se convierte indigna de la agapi de Cristo, entonces el Cristo corta las relaciones.

Decía que, con la confesión se hace la catarsis de los pazos y la mortificación. Según los Santos Padres, la catarsis de los pazos, no se hace sólo con el estudio y con el esfuerzo humano, sino principalmente con la vida mistiríaca (participación en los misterios ortodoxos) y sobre todo con la constante metania-confesión.

San Cosme de Etolia, instaba a los hombres: “Si podéis confesarse cada día es divino y bueno. Si no podéis cada día es bueno una vez a la semana, o una al mes o cuatro veces al año”.

Con la confesión se evita también el repliegue de los pecados al interior, al subconsciente, al fondo de la psique y también la sibilina corrupción interior de estos. En caso que esto ya ha ocurrido…la confesión general y la vida espiritual los eliminan.

Apunta un hijo espiritual del Yérontas Porfirio: “Una señora se acordó y me contó lo siguiente: una vez el Yérontas me dijo que: muchas de vosotras las mujeres, si tenéis algo estropeado e inútil, viejo y agujereado, cacerolas, ropa, zapatos… cosas rotas, vais y las dejáis en vuestro trastero, echáis la llave y tranquilas. Pero no sabéis que llegará un momento que este trastero vuestro o este almacén de antigüedades con trapería y chatarrería, lo encontrarán y os pondréis en evidencia. Me quedé sorprendida de las palabras del Yérontas. Fue un simbolismo claro, referido a nuestros pecados que no los hemos eliminado con la metania y la confesión, sino que los hemos arrojado de prisa en el almacén del olvido y del subconsciente, para liberarnos de la presencia molesta de estos; y que el Dios los “encontrará” y los retornará en nuestra memoria “el día del juicio”. Él ya los conoce, mientras que nosotros los ignoramos.

Cuando rechazamos nuestros pecados, estos alguna vez nos pondrán en evidencia, se vengarán de nosotros. La vergüenza y el ridículo público, será durante la Segunda Presencia del Señor, donde se revelará todo lo escondido. Por eso, que cuidemos desde ahora vaciar el trastero o almacén de la porquería, de modo que nuestro vengador diablo no encuentre nada durante el día del Juicio, por lo que pueda acusarnos ante el Dios.

Con la confesión se cortan los derechos del diablo y el hombre se libera del peso depresivo del pecado y de las culpabilidades que esto crea. Decía el Yérontas Paísios: “Por lo menos los hombres que vayan a un Guía Confesor o Pnevmatikós para confesarse y así irá la influencia y efecto demoníaco para que puedan pensar un poco. Ahora no pueden ni pensar a causa de la influencia y del estímulo demoníaco. La confesión corta el derecho del diablo”.

Cuando confesamos un pecado no debemos volver a recordarlo con detalles. Pero debemos recordarnos cada uno que: “soy uno de los mayores pecadores del mundo”.

20d) El no recuerdo de los pecados ya confesados.

Enseñaba el Yérontas Porfirios que no debemos recordar los pecados que confesamos. El recuerdo de los pecados hace mal.

Con la confesión son perdonados los pecados. Cuando uno se confiesa correctamente con sinceridad, sin esconder nada, es más que seguro que ha recibido la absolución de Dios. Si deja al malvado que le perturbe trayéndole dudas con el pensamiento: “¿quizás, se me habré sido perdonado?” y recordamos los pecados confesados como si aún no fueran perdonados, entonces esto es infidelidad al misterio. Es una trampa del malvado astuto, para tenernos en turbación y tormento y arrojarnos a la acidia y la desesperanza.

La lipi tristeza, aflicción, sufrimiento exagerado por los errores del pasado es una trampa demoníaca. Observa el Yérontas Porfirios: “No es sano que uno se entristezca y sufra exageradamente por sus pecados y se rebele contra sí mismo hasta la desesperación.

Hay algunos que hablan humildemente, se compadecen y afligen de sí mismos regresando desesperados al pasado. Estos por desgracia no están en metania, no se convierten. Se autodesprecian con falsa humidad, cambian de opinión pero no se corrigen. Viven un sentimiento de inferioridad que no es otra cosa que el egoísmo herido.

Lo importante es, decía el Yérontas, qué haremos ahora, desde este momento y después… No debemos regresar atrás y ocuparnos de lo que no hemos hecho al pasado.

20e) Confesión con valentía y ánimo, alejando la vergüenza demoníaca.

Todos los Santos nos aconsejan que nos confesemos sin vergüenza.

Enseña san Juan el Crisóstomo, no es pecado acusar los pecados, sino justicia y virtud, si no fuera justicia y virtud el Dios no daría recompensa por la confesión. El que realmente la confesión tiene recompensa, escucha lo que dice: «Di primero tus pecados para que seas absuelto. ¿Quién se avergüenza hacer algo por lo que se convertirá justo? ¿Quién se avergüenza confesar los pecados, para liberarse a sí mismo de estos? ¿Quizá te induce a confesarlos para castigarte? Claro que no es para castigar, sino para perdonar.

En los tribunales mundanos ocurre que viene el castigo después de una confesión de culpa. Por eso, el salmo sopesando exactamente esto, es decir, no vaya a ser que teniendo miedo uno del castigo después de la confesión, niegue a confesar sus pecados, dice: “Confesad al Señor vuestros pecados, porque es bondadoso y la misericordia (increada) de Él permanece en el siglo”. ¿Si acaso, Él no conoce los pecados que tú vas a confesar? Pues, ¿qué más se hace en ti cuando no los confiesas? ¿Quizás no conoces que no puedes escapar de Su atención? Incluso aunque tú nos los confieses Él los ha visto; Él no los olvida. Porque dice: “He aquí yoSoy el Dios, yo por agapi elimino tus pecados y los olvido”. ¡Ves! Dice: “yo no me recordaré de tus pecados”; porque esto es propio de la filantropía; pero tú recordarlos, para que te sean motivo de corrección y sanación» (Homilía 37 de san Crisóstomo).

El Yérontas Porfirios vivía la metania y la confesión sin tener vergüenza. Acudía con ánimo y valor después de cada caída suya, a Cristo, (confesándose al Pnevmaticós o guía espiritual), porque le sentía como amigo.

El pecado no debe estar separándonos de Dios. Al contrario, debemos acudir con franqueza, con familiaridad y con confianza. No debemos sentirnos como extranjeros y separados de Él, ni cuando pecamos.

Deberemos estar alejando de la vergüenza demoníaca, confesando todos nuestros pecados con toda franqueza.

Dice san Crisóstomo: ¿Tienes vergüenza y te pones rojo al confesar tus pecados? Aunque tuvieras que confesarlos ante los hombres y seas despreciado, tampoco entonces deberías tener vergüenza; porque vergüenza e indecencia es pecar y no confesar tus pecados.

El diablo nos quita la vergüenza cuando pecamos y nos la devuelve cuando tratamos de confesarnos. Nos infunde desesperación y oscurecimiento para nuestra sanación y salvación y la idea de que ya no hay metania para nosotros. Pero debemos conocer que el Dios, como Padre caritativo, continúa amándonos a pesar de todas nuestras caídas hasta ahora.

20f) Nunca desesperación, agobio y oscurecimiento. El Dios siempre nos ama infinitamente.

El Dios nunca cambia su disposición hacia nosotros.”Él no deja nunca de amarnos, hagamos lo que hagamos. La teología que quiere a Dios bueno, cuando nosotros somos buenos y malo, cuando nosotros somos malos, es herética. Pero el Cristo siempre es inalterable, y “repetidamente se dice en los troparios (cantos) y oraciones de la Iglesia, “Cristo el médico de nuestras psiques y cuerpos”, observa el Padre Romanidis. El Cristo es siempre bondadoso y como médico intenta sanar, curar al hombre, no castigarlo o aterrorizarlo. La mala percepción y significado de un Dios que cambia, nos ha venido de Occidente e inspira un miedo y terror al hombre.

  1. Romanidis: “Teología Patrística”, nos dice: «Porque, ¿quién es el Cristo para los Cristianos Ortodoxos? ¿No se nombra repetidamente dentro de las bendiciones, las oraciones y los troparios de la Iglesia, como “el médico de nuestras psiques y cuerpos? ¡Si uno busca la tradición Papista (del Cesar papa) o la Protestante, éste título para el Cristo, como médico, no existe en ninguna parte! El Cristo, sólo en la tradición Ortodoxa se le llama “médico de nuestras psiques y cuerpos” (Divina Liturgia). ¿Pero, por qué esta tradición desapareció de los papistas y los protestantes y cuando les hablamos de instrucción terapéutica se extrañan? Porque la necesidad de catarsis (sanación) e iluminación, la necesidad de cambio interior, en la teología de ellos ha desaparecido. ¡Para ellos, aquel que cambia no es el hombre, sino Dios! El hombre para ellos no cambia, la única cosa que hace el hombre es que se convierte en chico bueno. Y cuando el hombre, de mal chico que era, se hace chico bueno, entonces el Dios le ama. ¡De otra manera Dios le detesta! Si se mantiene como chico malo, entonces Dios no le ama! ¡Es decir, si el hombre se convierte en chico bueno, entonces también Dios cambia y se convierte bueno; entonces allí donde no le amaba, ahora le ama! Cuando el hombre se hace chico malo, el Dios se enfada y cuando se hace bueno, el Dios se alegra! Desgraciadamente esto ocurre en Europa.

Pero lo malo es que no sólo en Europa se hace esto, sino también por algunos aquí en Grecia; muchos dentro de la Iglesia están dominados de este espíritu. (¿Esto pasa también en los Ortodoxos de las Españas y Cataluña?). ¡Ha llegado a ser la Ortodoxia una religión, y que el Dios cambia de disposición, humor y animo! Cuando el hombre es bueno el Dios le ama, cuando es malo el Dios no le quiere. ¡Es decir, el Dios castiga y recompensa!» (p. J. Romanidis: “Teología Patrística”).

La verdad es exactamente lo contrario: el Dios siempre nos ama.

“Hemos asegurado Su agapi y de cualquier manera que nos comportemos, sabemos que nos ama, decía el Yérontas Porfirios.

Cuando pecamos, que no dudemos y no tengamos miedo en acercamos libremente a Él diciendo: “Señor he caído, lo he hecho, perdóname”.

Este sin miedo y coraje está basado al perpetuo e irreductible sentimiento de que el Dios nos acepta y nos abraza cariñosamente, igual que el Padre del hijo pródigo. Pero no es una suspensión o anulación de nuestro respeto y piedad a Dios, sino la certeza de la agapi divina (amor, energía increada), la que nada es capaz de destruirla, según el Apóstol: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?… Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom 8. 35, 38,39).

El Cristo nos ama siempre y “él es todo”. Estas palabras del Yérontas Porfirio recuerdan aquellas palabras del gran Padre de nuestra Iglesia, san Juan el Crisóstomo (boca de oro), dirigidas hacia nosotros, poniéndolas en la boca de Cristo Dios: “YoSoY el padre, YoSoY el hermano, YoSoY la casa, YoSoY el alimento, YoSoY la ropa, YoSoY la raíz, YoSoY el cimiento, lo que tú quieras YoSoY; nada te faltará; Yo te serviré; porque he venido para servir y no para servirme; YoSoY también el amigo, el miembro y la cabeza, el hermano y la hermana, YoSoY todo, sólo que tú seas mío. YoSoY pobre para ti y gamberro para ti, en la cruz para ti y en el sepulcro para ti, arriba en lo alto ruego al Padre y abajo vine para ti como embajador enviado del Padre; Tú eres todo para mí, hermano y coheredero, amigo y miembro. ¡Qué más quieres? ¿Por qué te apartas de Él que te ama? ¿Por qué sufres y te agobias con el mundo? ¿Por qué bombeas agua en tinaja agujereada?» (San Juan el Crisóstomo-boca dorada)

Hay Alguien que ha muerto, y que ha muerto por nosotros y nos ama infinitamente. Este Alguien no es nuestro padre, ni nuestra madre, ni nuestro hermano/a, tampoco cualquier otro pariente nuestro o amigo, sino el Uno de la Trinidad. ¿Cómo, pues, se justifica tener vergüenza ir junto con Él ¿Cómo no verle como Amigo nuestro por excelencia?

“Para Él lo somos Todo”. ¿Qué mayor consuelo podemos desear para nosotros mismos? ¿Cómo podemos sentirnos solos, tirados al universo frío, inhospitalario e impersonal, (como dicen algunos ateos), melancólicos, abandonados, huérfanos y sin padre?

El Yérontas Porfirios vivía esta agapi de Cristo por eso clamaba: “Es nuestro amigo y hermano, es lo más bello y bueno que existe. Él es el todo y nos dice: ¡Sois mis amigos, no lo entendéis! ¡Somos hermanos! ¡Yo detengo el infierno en mi mano, no os amenazo, os amo! ¡Quiero que os alegréis conmigo! Así es el Cristo. No es depresión, ni tristeza, tampoco melancolía. El Cristo es el todo. Es la alegría, es la luz increada, que hace al hombre volar, verlo todo y todos, él se aflige y sufre por todos, quiere que todos estén cerca y junto con Él. Amad a Cristo y no deseéis nada más que Su agapi (amor, energía increada).

20g) Confesión general: “La Divina psicoterapia”.

El misterio de la Metania es el misterio de la psicoterapia verdadera. El hombre que está en metania se autocritica, se autojuzga, se autocondena y se hace humilde, así atrae la Divina Jaris (gracia, energía increada). Culminación de la Metania es la confesión de toda nuestra vida al Guía Espiritual (Pnevmatikós o Yérontas). La atención, pues después de la confesión de no repetir los mismos errores del pasado y el esfuerzo en hacer las cosas buenas y correctas, esto completa y culmina el proceso psicoterapéutico.

Es bueno que se repita de tiempo en tiempo la confesión general de toda nuestra vida. Esta confesión general, enseñaba el multicarismático y sabio Yérontas Porfirios, sana al hombre, no sólo de los daños de los pecados personales, sino también de los distintos problemas y traumas psicológicos, como también de las vivencias y herencias de nuestros antepasados.

Esta importante liturgia (proceso, función) del Misterio de la confesión, es decir, la terapia o “psicoterapia” de los traumas psicológicos del hombre, nos fueron “apocaliptados” revelados por el Yérontas.

Nos relata un hijo suyo espiritual: “El Yérontas veía en el interior de la psique de los hombres lo que le apocaliptaba (revelaba) el Dios. Para un conocido mío me dijo: «Veo dentro a la psique de él no muy claramente, una cosa muy mala. Es un trauma; es muy viejo, es demoníaco. No sé exactamente qué es eso. Puede ser que el Dios me lo apocalipte (revele) más tarde». Y después de algunas semanas: «Esta cosa mala, que he visto en su psique puede salir, pero sólo si aquel se diviniza o santifica. Con esta divinización el hombre cambia. Por muy pecador que sea, los traumas psíquicos se van. Hoy en día los médicos estas cosas las llaman enfermedades psíquicas, pero en realidad es la influencia demoníaca y se debe a los pecados.» (Cerca al Yérontas Porfirios pág 122).

Junto con la absolución de los pecados, el hombre cuando se confiesa y está en metania, se corrige y se diviniza, entonces son sanadas las heridas que le ha provocado el malvado astuto, el mundo y su propia negligencia, desgana y pereza espiritual y física.

Observa el Padre Sarantis Sarantos: “Doxa-gloria y gracias a Dios Trinitario que ha legislado esta manera de absolución, perdón de los pecados de los hombres y la incorporación de ellos en el santo Rebaño de la Iglesia. Doxa-gloria y gracias al Dios Triádico, que ha mostrado y muestra incesantemente Su inmedible e increada misericordia-compasión y prepara su creatura corrupta para la comunión y unión personal eterna junto con Él, empezando por el diálogo redentor de la santa confesión.

Los hombres estigmatizados, traumatizados con problemas éticos, psicológicos, neurológicos, matrimoniales y familiares o cualquier otro tipo de problemas personales se “psicoterapian”, sanan y curan y progresivamente se preparan para participar en la inmensa familia de la Realeza increada de los Cielos” (Sarantis Sarantos). La energía terapéutica del Santo Misterio de la Confesión y Metania abraza la existencia psicosomática del hombre entero.

Enseñaba el Yérontas Porfirio: “El momento que cuentas estas cosas al Guía Confesor, viene la Jaris (gracia, energía increada) de Dios y te absuelve, libera de todas la experiencias malas y feas, de las heridas, las culpabilidades y de los traumas psíquicos, porque, en el momento que las dices, el guía confesor, ora ardientemente al Señor para tu absolución y liberación (Bíos y logos, pag 370). Hay situaciones que vive el hombre o conductas en las que está atrapado y esclavizado que son debidas a traumas de la edad embrionaria o de niño.

Cada hombre ha llevado en su interior también las vivencias de sus padres y especialmente de la madre (Bíos y logos, pag 369). La Jaris increada de Dios que resplandece del guía confesor durante una Confesión General, cicatriza estas sangrientas heridas abiertas.

La Divina Psicoanálisis”, tal y como llamaba el Yérontas el proceso anterior de la Confesión General, es la que conduce a la verdadera psicoterapia. Exteriormente la Confesión General, tal y como la describe el Yérontas, parece con la psicoanálisis. En realidad es algo muy superior y mucho más eficaz y efectivo. En el “psicoanálisis mundano” se hace una excitación y avivamiento de la psique del hombre, pero sin la posibilidad de terapia, sanación. Es una “palabrería interminable” que no conduce a ninguna parte y puede hasta perjudicar.

Por el “psicoanálisis mundano” se hace mucho daño y estropicio, puesto, cuando uno:

  1. Se recuerda del pasado, y
  2. se ocupa de los sueños

(Estas dos cosas nuestros Santos Padres nos las han prohibido hacer), porque no hacen otra cosa que remover el fango. Como resultado tenemos el obscurecimiento, enturbiamiento de la psique y la retrasmisión de las malolientes emanaciones, las cuales contaminan aún más al hombre.

Pero la Confesión General, como canaliza la Jaris (gracia, energía) terapéutica al consciente y al subconsciente del hombre, opera como una “psicoanálisis divina y psicoterapia verdadera”.

El Yérontas Porfirios se refiere a este tipo terapias a través de la Confesión General.

Para una Señora que se había confesado en él, decía: “En el momento que se estaba confesando, la estaba observando dentro en su psique y veía que la Jaris iba al interior de ella, tal y como yo la observaba. En todos los guías espirituales confesores o Pnevmatikós, está esta Jaris (energía increada) y cuando oran y bendicen, la irradian como canales o instrumentos” (Bios y logos 371-72).

Una vez aconsejaba a un hijo suyo espiritual lo siguiente: “Hijo mío, es muy bueno de tiempo en tiempo en nuestra vida que se haga una Confesión General, porque los distintos traumas psicológicos o varios acontecimientos serios, nos crean enfermedades físicas. En la confesión no contemos sólo los pecados, sino también los distintos loyismí, por ejemplo, miedos, fobias, tristezas, sufrimientos, que pasamos por distintos acontecimientos como muertes, seísmos, matrimonios, falta o poca de fe, etc. (Recuerdos del Yérontas Porfirios pag 14).

Concluyendo sobre la depresión.

Los Yérontas carismáticos contemporáneos y también los antiguos Padres teoforos (portadores de la luz increada de Dios), como conocedores profundos de la psique humana e iluminados de Dios, nos han apocaliptado-revelado los secretos de la depresión que tan extendida está en el mundo de hoy en día.

La causa de la depresión es el gran egoísmo. La Iglesia cultivando la humildad y la obediencia nos “psico-terapia”, nos sana.

La vida ascética ortodoxa o la práctica espiritual ortodoxa y la vida mistiríaca (participando en los misterios de nuestra Iglesia Ortodoxa) nos absuelve y libera de todos los pazos, pecados y de la depresión. Especialmente el Misterio de la Santa Confesión opera al hombre la catarsis de los pazos, y por consiguiente libera al hombre de la depresión. El Yérontas Porfirios la Confesión General la llamaba característicamente “la divina psicoanálisis”, porque por excelencia, el hombre se sana de todos los llamados problemas psicológicos y de la depresión.

Los hombres en vez de acudir inútilmente en los psiquiátricos y en los psiquiatras quienes ignoran la psique –muchas veces ni si quiera creen en la existencia de la psique- deberán acudir a menudo al filántropo Misterio de la Santa Confesión. Este divino Misterio no sólo es verdadera y Divina Psicoanálisis, sino también Terapia de la Psique y del Cuerpo.

San Gerásimo el Nuevo de la isla Kefalinía

Protector de los endemoniados y los psicópatas

San Gerásimo el Nuevo, de la isla del mar jónico Kafalinía, es el protector de los que padecen, están poseídos del demonio y de los psicópatas. Es el patrón de la isla. Nació el 1509 en el pueblo Tríkala de Corinto. Después de muchos recorridos y peregrinajes en Kostantinópolis, en la Santa Montaña, en Jerusalén, en Sinaí, en Egipto, en Creta y en la isla Zákinzos donde vivió seis años en una cueva, acabó en Kefalinía; allí fundó un monasterio para mujeres llamado Nueva Jerusalén y ejercitó hasta el final de su vida. Durmió en Dios el año 1579. En el monasterio se salvaguarda su santa reliquia entera, caliente y perfumando. El Santo es terapeuta de muchas enfermedades, principalmente psíquicas. Para ser más exactos, sana los endemoniados y los pacientes psíquicos. Estas terapias a menudo se hacen con el paso de la Santa reliquia por encima del paciente los días que es su fiesta (16 Agosto y 20 Octubre).

Epílogo

Ojalá que el deprimido hombre contemporáneo entienda que puede encontrar su terapia, sanación a través de la Iglesia Ortodoxa viviendo correctamente en Ella. La Confesión regular, la Divina Comunión o Efjaristía en combinación con la vida en ascesis o práctica espiritual ortodoxa, la oración incesante o del corazón, la profunda humildad, el Divino Eros y la agapi a los hermanos, libera al hombre de todos los pazos y de la depresión que estos crean.

Vengamos, pues, rogando al Señor, a la Santísima Zeotokos, a san Gerásimo que es el protector de los pacientes psíquicos y a todos los Santos que nos salvaguarden de la esclavitud de los pazos que crean la depresión y de varios más, los llamados problemas y traumas psicológicos.

FIN DE LA B´ PARTE DOXA-GLORIA Y GRACIAS A DIOS.

 

AÑADIDO:

ΑΓΧΟΣ (anjos) ANSIEDAD, ANGUSTIA Y ESTRÉS Y COMO SE AFRONTA

Introducción

Junto con la depresión, el ἄγχος (anjos ansiedad, angustia y estrés) es también una “enfermedad psíquica” muy extendida, que tiene consecuencias muy lamentables en todo hombre. Afecta la psique y el cuerpo. Provoca varias enfermedades y sobre todo las llamadas “psicosomáticas”. En nuestro estudio sobre la depresión exponemos complementariamente una pequeña referencia sobre el ἄγχος (anjos, ansiedad, angustia y estrés). La energía demoníaca que provoca ἄγχος (anjos), encuentra un campo apropiado y apto en un hombre con poca o nada de fe, al incrédulo. La solución del problema se encuentra en la plena dejación y entrega del hombre a la voluntad Divina.

ΑΓΧΟΣ (anjos) ansiedad, angustia y estrés y cómo se afrontan

Respuesta a una psique:

Me has pedido que te escriba un par de páginas sobre ἄγχος (anjos ansiedad, angustia y estrés). Qué es y cómo se afronta…

Sería bastante que te escribiese sólo dos líneas:

“Encomendémonos o dejémonos nosotros mismos, unos a otros y toda nuestra vida a Cristo Dios”.

Si cumplimos continuamente esta exhortación nunca seremos dominados por la influencia demoníaca que se llama ἄγχος (anjos ansiedad, angustia y estrés).

A pesar de esto, vamos a decir algo sobre este tema. De acuerdo con la Dogmática Ortodoxa todo se hace por complacencia o por concesión de Dios. Por lo tanto, todo es para nuestro bien, puesto que el Dios no hace nada malo.

Si reaccionamos, gemimos, lamentamos, renegamos, angustiamos y entristecemos a razón de varios acontecimientos, es como si dijéramos a Dios: “No me amas y nos haces las cosas bien y correctas”.

Con esta posición nuestra esencialmente blasfemamos a Dios y mostramos ingratitud. En la raíz de este comportamiento existe incredulidad a la Divina Providencia y a la Bondad de Dios.

A pesar de esto: el Omnipotente y Bondadoso Señor nos ha prometido que se cuidará de nosotros. Nos ha enseñado que “él se cuida de nosotros”.

Sólo nos pide que confiemos en Él y Le pidamos Su misericordia increada (energía increada), porque respeta nuestra libertad y nuestro “no”. Es nuestro Padre caritativo. Nos ha dicho que todo que nos haga falta para la vida terrenal se nos será añadido, basta que nosotros hagamos nuestros trabajos y ejercicios espirituales, como también pedir del Mismo que se haga Su voluntad.

Él conoce que somos débiles… Además Él nos dijo: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). Somos débiles como los niños, pero podemos, si lo queremos, estar en los brazos del Padre más caritativo, más Bondadoso, más Sabio y más Potente.

¿El niño en los brazos de su Padre tiene ἄγχος (anjos ansiedad, angustia y estrés)?

-¡Nunca! Cómo entonces nosotros. Somos los hijos amados de Dios y si lo queremos, nos tiene en Sus brazos.

Una cosa sola nos debe preocupar. No vaya ser que nos engañe el enemigo de nuestro Padre y nos convenza que marchemos de Sus brazos calientes, antiansiolíticos o antidepresivos. Entonces realmente sentiremos inmensa inseguridad y soledad…

Entonces el malvado astuto nos susurrará silbando: “Toma tu vida en tus manos. Tienes autoconvicción, autosugestión… lucha, trabaja para vivir…” ay de nosotros si le oímos y hacemos caso.

Debemos hacer lo contrario y retornar otra vez en los brazos de nuestro Padre.

He aquí como lo dice san Crisóstomo: “No te ocupes con agonía o angustia de tus propios asuntos, sino déjalas a Dios. Porque, si te cuidadas tú, te preocuparás como humano; pero si prevé el Dios, prevé como Dios. No te cuides de estas cosas, y seas indiferente de las más importantes, las espirituales, porque el Dios no pondrá interés sobre estas cosas (terrenales y materiales). Para que el Dios, pues, provea en grado grande para estas cosas, confíalas todas en Él. Pues, para que tus asuntos vayan bien y seas liberado de la angustiosa preocupación, cuídate para las cosas espirituales y desprecia las terrenales y materiales; porque así conseguirás la tierra junto con el cielo y ganarás los bienes futuros” (Homilía 68,5).

¡Por qué no escuchamos la voz del Señor y nuestro Padre caritativo!

Estudiemos atentamente el texto más antidepresivo, más antiansiolítico y más antiangustioso de todos los siglos.

Habla el Cristo Dios, Mt 6, 25-34:

25 Por tanto os digo: No os afanéis, estreséis e inquietéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? (El Dios, que os ha dado lo más precioso, ¿no os va a dar lo inferior?)

26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?

27¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?

28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no se fatigan ni hilan;

29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.

30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así con tanta belleza, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?

31 No os afanéis, ni angustiéis y ansiéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?

32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

33 Mas buscad primeramente la realeza (increada) de Dios y su justicia, (la energía increada, las virtudes y los bienes espirituales) y todas estas cosas (terrenales) os serán añadidas.

34 Así que, no os inquietéis y estreséis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su inquietud. Basta a cada día sus problemas y su propio mal” (Mt 25-34).

Por lo tanto, tenemos al Señor que se preocupa y se cuida de nosotros cariñosamente, nos ama infinitamente y nos abraza paternalmente. Tenemos Padre Bondadoso, Sapientísimo y Omnipotente. Él nos ha prometido: “Yo arreglaré y ordenaré todos vuestros asuntos y las necesidades reales. Vosotros sólo preocupaos de una cosa: Que estéis buscando a Mí y Mi Realeza (estado en energía increada), la virtud y el bien que YoSoY. Este es vuestro plan y programa. Así viviréis en el siglo (tiempo espiritual el eterno ahora y el futuro). La agapi hacia a Mí es la insignia de la vida verdadera, perfecta y llena de belleza. En un tratado necesario y capaz para que viváis realmente”.

Cuando no confiamos en nuestra persona, de nosotros mismos, de nuestro yo y nuestro loyismós, de nuestras fuerzas, de nuestra inteligencia y actividad…, sino que lo ponemos y entregamos todo en manos de Cristo, entonces cumplimos la exhortación litúrgica: ““Encomendémonos o dejémonos nosotros mismos, unos a otros y toda nuestra vida a Cristo Dios”. Entonces nos escapamos del ἄγχος (anjos ansiedad, angustia y estrés) que ahoga todas las naciones y todos los hombres que están sin Dios y sin fe en Él.

El ἄγχος (anjos ansiedad, angustia y estrés) realmente es incredulidad, falta y poca fe. Confiamos en nosotros mismos y no a Dios. Creemos sólo teoréticamente que existe el Dios, pero no confiamos en Sus logos-mandamientos, no seguimos Sus consejos y no buscamos Su voluntad. El Señor nos ha afirmado que “hasta los pelos de vuestra cabeza están contados”…

¿Quién de nosotros habrá contado sus pelos? El Dios lo ha hecho…

Quiere decirnos con esto que se preocupa hasta de las cosas mínimas… De estas que nosotros depreciamos y no aceptamos de ocuparnos. Si pues, se cuida y preocupa para nuestros pelos, para los pájaros y para los lirios del campo, ¿no se preocupará por nuestras grandes necesidades como alimento, casa y mantenimiento de nuestra vida?

Con una condición: Que busquemos a Él Mismo, que es la Vida, y Su Realeza increada (energía increada), es decir, tenerle como Señor en nuestra vida cumpliendo y aplicando Sus logos-mandamientos; que sea Él nuestro Rey. Entonces, Aquel se ha comprometido a proporcionarnos y asegurarnos los bienes necesarios para la vida.

Todo esto para que sea realizado, se presupone de parte nuestra la Fe en Él. Entonces mediante esta fe viva, encontraremos la fuerza de liberarnos de las cadenas de la razón humana, del viejo hombre, del mundo de los pazos y del malvado astuto, dueño de los males.

Cuando no pensamos con la razón mundana y cada problema no lo afrontamos con las pobres fuerzas humanas esencialmente inexistentes, sino que oramos y nos abrimos agapíticamente, cariñosamente a Dios, aplicando y cumpliendo Sus logos-mandamientos, entonces nos escapamos de las inquietantes y ansiosas preocupaciones que ahogan la psique y la hacen sentirse asfixiada con la inseguridad y con el ἄγχος (anjos ansiedad, angustia y estrés).

Cuando no tenemos un problema inmediato y opresivo, tampoco debemos olvidar el primer mandamiento, amar a Dios “de todo corazón, con toda la diania-mente, con toda la fuerza de la voluntad de nuestra psique”. Siempre deberemos persistir permanentemente a la oración al Señor, en dejar toda nuestra vida, nuestro sí mismo y todos, a Él.

Sin esta confianza inmensurable a Dios, a la Divina Providencia y a la Divina agapi (amor, energía increada), no podemos encontrar alivio y reposo para nuestras psiques-almas.

El Señor en Mt 11,28-30 nos exhorta:

28 Venid a mí todos los que estáis cansados, afligidos, oprimidos y cargados (por el peso de los pecados), y yo os aliviará y os haré descansar.

29 Llevad mi yugo sobre vosotros (que es la obediencia en mí), y aprended de mí, que soy apacible, afable y humilde de corazón; y hallaréis descanso y paz para vuestras psiques-almas;

30 (no duden, ni tengan miedo), porque mi yugo es bueno, fácil y útil, y ligera mi carga; (la carga de las obligaciones y deberes que yo os pongo es ligera y fácil de llevar, pero también yo os ayudo para llevarla).

El hombre que ora y en general el que se subordina a la voluntad de Dios, imita al humilde Cristo, Quien también como hombre oraba incesantemente y conectaba, comunicaba continuamente con Su Padre Celeste y subordinaba siempre Su voluntad humana a Dios, para darnos el verdadero prototipo, modelo de vida.

Cuando uno está subordinado la voluntad de Dios, entonces todo se hace como uno quiere; porque todo lo recibe y acepta como voluntad de Dios, puesto que esto pide continuamente con la oración incesante, diciendo “Kirie-Señor Jesús Cristo, eleisón me” y “hágase Tu voluntad”.

El Señor también nos ha enseñado la parábola “de la viuda y del injusto juez” para que no nos extenuemos y dejemos la oración, sino al contrario, que oremos continuamente, para así estar cumpliendo el primer mandamiento, que es la agapi hacia el Dios con toda nuestra existencia y energía de nuestra voluntad.

La oración incesante es uno de los tres caminos que nos conducen a la humildad, la que trae el verdadero alivio y reposo en nuestra psique y expulsa el ἄγχος (anjos ansiedad, angustia y estrés).

Otra fuente del ἄγχος (anjos ansiedad, angustia y estrés), además de la poca o nada de fe o incredulidad a la Divina Providencia y Agapi, es nuestra avaricia, ansia, vanagloria y ambición.

Quizás en un grado menor, la fuente del ἄγχος (anjos ansiedad, angustia y estrés) es también nuestra filidonía (amor al hedonismo, voluptuosidad, placerismo).

Estos pazos cuando son cultivados de distintas maneras: a) preocupaciones, b) ansiedades, de cómo me voy hacerme rico o cómo seré querido, gustado y aceptado… c) preocupaciones de cómo lo voy a pasar mejor etc.

La vida entonces se hace complicada, cuando uno para conseguir la multitud de sus deseos busca y utiliza la tecnología. El hombre se hace esclavo de los pazos y trabaja como una máquina para cubrir sus falsas “necesidades” y deseos.

La sencillez de la vida, el combate contra los tres “f” (Filidonía, filarguiría y filodoxía o sea amigo de hedonismo, avaricia o codicia y vanagloria o ambición) por la autocontención, autodominio, la austeridad, pasar desapercibido, la no vanagloria y la pobreza, austeridad o poca fortuna y la en Cristo humildad y agapi, expulsan el ἄγχος (anjos ansiedad, angustia y estrés), que en realidad son los pazos que acumulan todo esto.

Decía el bienaventurado Yérontas Paísios: “Haced vuestra vida sencilla para que se vaya el ἄγχος (anjos ansiedad, angustia y estrés). La sencillez la sigue la santificación, divinización de la vida, por lo tanto, desaparece la influencia demoníaca que se llama ἄγχος (anjos ansiedad, angustia y estrés).

Decía otra vez el mismo Yérontas: Cuanto más se alejan los hombres de la vida natural, la sencilla y avanzan hacia el lujo, tanto más aumenta el humano ἄγχος (anjos ansiedad, angustia y estrés). Y mientras los hombres se alejan de Dios, es de esperar que no encuentren reposo y alivio en ninguna parte.

Por lo tanto, fe y plena entrega, dejación a Dios, sencillez, divinización y santificación de nuestra vida y existencia, son los mejores antídotos contra el ἄγχος (anjos ansiedad, angustia y estrés) que nos amenaza diariamente.

 

PARTE C: ORACIONES PARA LA DEPRESIÓN

C1) Salmos que utilizaba san Arsenio de Capadocia

4º Salmo: Para que el Dios sane los hombres sensibles, que enferman de melancolía y depresión a causa del comportamiento de hombres duros de corazón.

Oh Dios de mi justicia, cuando clamo por mi oración tú me respondes. Cuando estaba en angustia y depresión, tú me diste desahogo; Ten misericordia de mí, y oye mi oración.

Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo estaréis duros de corazón; amando la vanidad y buscando la mentira, contra mí?

Sabed, pues, que el Señor de forma milagrosa me ha salvado en el pasado, a mí su hijo piadoso; y ahora el Señor oirá mi oración cuando yo a él invoco con toda mi psique-alma.

Temblad, y no pequéis; reflexionad en vuestro corazón y cuando estáis solos en vuestra cama, reexaminen vuestras culpas y pecados, arrepentíos y estaos en contrición y metania por estos.

Ofreced sacrificios acompañados con obras de justicia, y confiad en el Señor.

Muchos son los que dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Pero sobre nosotros, oh Señor, resplandeció la luz increada de tu rostro y nos hemos llenado de alegría.

Tú llenaste de gozo y deleite a mi corazón, que nunca prueban mis enemigos pecadores, a pesar de que ellos están en abundancia de frutos de la tierra, como trigo, vino y aceite.

Pero yo teniendo esperanza firme en ti, en paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Señor, me proteges, aseguras mi descanso y me haces vivir confiado.

27º (28º) Salmo. Para sanar los neuróticos y los que sufren de dolores a causa de los nervios.

A ti clamaré, oh Señor, mi Dios; no te desentiendas de mí, para que no sea yo semejante a los que descienden al sepulcro.

Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, cuando alzo mis manos hacia tu Santuario y desde las profundidades de mi corazón ardientemente te suplico.

No me arrastres y condenes juntamente con los malvados, ni con los que hacen injusticia, los cuales hablan de paz con sus prójimos, pero la maldad está en su corazón.

Trátales conforme a su obra, y conforme a la perversidad de sus hechos; dales su merecido conforme a la obra de sus manos.

Ellos no estudiaron ni valoraron lo que hace el Señor, ni la obra de sus manos, Tú los derribarás, y no volverás a edificarlos.

Bendito sea el Señor, porque oyó la voz de mi plegaria;

El Dios es mi ayudante y mi escudo; en él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón y mi cuerpo, y con toda mi voluntad le cantaré y le alabaré.

El Señor es la fortaleza de su pueblo, y el refugio salvador de su ungido.

Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad; y pastoréales, susténtales y sé su guía para siempre.

 

55º (56º) Para los hombres sensibles que se han herido psíquicamente de sus semejantes

Ten misericordia, compasión de mí, oh Dios, porque el hombre me ha pisoteado. Todo el día me combate y me oprime.

Todo el día mis enemigos me pisotean; porque muchos son los que pelean desde las alturas contra mí;

3 durante el día cuando me atacan no tengo miedo, porque en ti confío.

Con mis logos alabaré a Dios; en Dios he puesto mi esperanza; no temeré, lo que va a pensar y hacer contra mí el ser humano con su cuerpo corrupto;

Todos los días ellos pervierten mi causa; contra mí son todas sus reflexiones para mal.

Conspiran, se esconden y siguen mis rastros, como cuando le acechan a uno para exterminarle.

Sus vidas están llenas de maldad y no los salvarás, oh Dios, tú que con tu justo furor puedes conducir pueblos enteros a la perdición.

Señor, en ti he expuesto toda mi vida y tú has tenido en cuenta mis lágrimas, de acuerdo con tu promesa.

Mis enemigos retrocederán e huirán cuando te invoque. He aquí, yo te he conocido muy bien y me he convencido que tú eres mi Dios;

En gloria de Dios compondré mi himno y psalmodiaré al Señor larga doxología (o alabanza);

En Dios he confiado y no temeré lo que puede hacerme el hombre.

Oh Dios, debo cumplir los votos que te hice y te tributaré alabanzas.

Porque has librado mi psique-alma y mi vida de la muerte y mis pies de la caída, para que ande delante de Dios en la luz de la vida.

 

56º (57º) Para los hombres que sufren de dolores de cabeza y mucha tristeza, angustia y depresión.

Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí, porque en ti ha confiado mi psique-alma y en la sombra de tus alas me ampararé hasta que pasen los quebrantos y los peligros de los hombres malos.

Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que me favorece.

El me enviará la sanación y salvación desde los cielos y humillará a los que me acosan; Dios enviará su misericordia y su verdad.

Ha salvado mi vida de mis enemigos que parecen leones. He dormido con miedo y angustia, porque estos hombres, mis enemigos tienen dientes como leones, tienen armas y saetas, y su lengua es como espada aguda.

Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios, y sobre toda la tierra sea tu gloria.

Han tendido una trampa a mi camino y con sus amenazas han desalentado y deprimido mi psique-alma; han cavado hoyo delante de mí y en medio de él han caído ellos mismos.

Y ahora está preparado mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto para vencer las tentaciones y afrontar los peligros; yo te cantaré al son de instrumentos y compondré himnos en gloria tuya.

Despierta, psique-alma mía; despierta, salterio y quitara; me levantaré de mañana para alabarte, Señor.

Te alabaré entre los pueblos, oh Señor, y te cantaré entre las naciones.

Porque grande es hasta los cielos tu misericordia, y hasta las nubes tu verdad.

Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios, y sobre toda la tierra sea expandida tu gloria (increada).

 

97º (98º) Salmo. Para que el Dios dé consuelo a los afligidos y no sufran.

Cantad a Señor cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; Su diestra ha salvado su pueblo, y con su omnipotente brazo santo hizo estas maravillosas obras.

Señor ha hecho notoria la salvación de su pueblo y a vista de las naciones ha descubierto su justicia.

Se ha acordado de su misericordia que había prometido a Jacob y de su verdad para con la casa de Israel; los confines de la tierra han visto y conocido la salvación de nuestro Dios.

Aclamad a Señor todos los hombres de la tierra; deleitaos alabando, cantando y psalmodiando salmos a Dios.

Cantad salmos al Señor con el arpa y al son de instrumentos musicales;

Aclamad con trompetas y sonidos de bocina, delante de nuestro Rey

Señor.

Resuene el mar de alegría y todo lo que hay en él, el mundo y todos sus habitantes;

Los ríos aplaudan con alegría y los montes regocijaos delante de Señor, porque viene a gobernar y a juzgar la tierra.

Juzgará al mundo con justicia y a los pueblos con rectitud.

 

7º Salmo. Para los que han sufrido fobias por amenazas de hombres malos.

Señor Dios mío, en ti he confiado; sálvame de todos los que me amenazan, y líbrame de los que me persiguen.

No sea que alguien de ellos desgarre mi psique-alma como un león, y me destroce sin que haya quien me libere.

Señor Dios mío, si yo he cometido algún mal, si hay en mis manos injusticia;

si he devuelto mal por mal, que pierda mi esperanza y sea vencido por mis enemigos.

Por lo tanto que persiga el enemigo mi psique-alma y le alcance; que pisotee sobre el suelo mi vida y cubra con tierra mi gloria y honra.

Levántate, oh Dios, en tu ira, álzate en contra de la furia de mis enemigos, oh Señor Dios, en favor mío levántate para el juicio que mandaste.

Te rodeará congregación de pueblos, y presídelos tú, desde lo alto.

El Señor juzgará a los pueblos; júzgame, oh Señor, conforme a mi justicia, y de acuerdo a mi integridad.

Que acabe la maldad de los pecadores, mas establece y dirige tú al justo; Porque el Dios justo sondea la profundidad del corazón de los hombres, sus pensamientos y deseos.

Es justa hacia mí la ayuda de Dios, que salva a los rectos de corazón.

Dios es juez justo, fuerte y tolerante y está airado contra el impío cada día.

Si los pecadores no os convertís ni os arrepentís, él afilará su espada; Armado tiene ya su arco, y lo ha preparado.

Asimismo ha preparado armas de muerte y ha labrado saetas ardientes.

He aquí, el impío concibió maldad, se preñó de iniquidad, y dio a luz engaño.

Para captarme, pozo ha cavado, y lo ha ahondado y en el hoyo que hizo caerá.

Su maldad volverá sobre su cabeza, y su agravio caerá sobre su propia coronilla.

Alabaré a Señor conforme a su justicia y cantaré al nombre del Señor el Altísimo.

 

24º (25º) Salmo. Para los hombres que envidia la tentación y trae contrariedades continuas en sus vidas para que sean afligidos, perturbados, quejosos y entristecidos

A ti, oh Señor, que eres mi Dios, elevé mi psique-alma.

Dios mío, en ti confío, no sea yo avergonzado en la vida presente por mis pecados, ni se rían de mí mis enemigos.

Ciertamente ninguno de los que esperan en ti tendrá que avergonzarse,
se avergonzarán los caídos en pecados y vanidades.

Muéstrame, oh Señor, tus caminos y enséñame tus sendas.

Guíame en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación, y en ti he espero todo el día.

Acuérdate, oh Señor, de tus piedades y de tus misericordias, que son perpetuas.

De los pecados de mi juventud, y de mi ignorancia, no te acuerdes; conforme a tu misericordia acuérdate de mí, por tu bondad, oh Señor.

Bueno y recto es el Señor; por tanto, él enseñará a los pecadores el camino.

Encaminará a los humildes hacia la virtud, y enseñará a los apacibles su carrera.

Todas las sendas de Señor son misericordia y verdad, para los que guardan su alianza y sus testimonios.

Por amor de tu nombre, oh Señor, perdonarás también mi pecado, que es grande.

¿Quién es el hombre que teme a Señor? Él le indicará y le enseñará el camino que ha de escoger.

La psique-alma de él gozará de bienestar, y su descendencia heredará la tierra (el paraíso o la realeza increada en el corazón).

La comunión íntima de Señor es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto o testamento.

Mis ojos están siempre hacia Señor, porque él sacará de mis pies las trampas de la red.

Mírame, y ten misericordia de mí, porque soy hijo único, estoy solo y afligido.

Las angustias de mi corazón se han aumentado; sácame de mis congojas.

Mira mi humildad, mi esfuerzo y mis fatigas, y perdona todos mis pecados.

Mira mis enemigos, cómo se han multiplicado, y qué odio injusto y violento me tienen.

Guarda mi psique-alma, y líbrame de mis enemigos; no sea yo avergonzado, porque en ti confié.

Integridad y rectitud me guarden, porque en ti he esperado.

Redime, oh Dios, a mí y a Israel de todas sus angustias.

 

41º (42º) Salmo. Para los jóvenes que enferman por amor, cuando se hiere una persona y se entristece y se aflige

Como el ciervo sediento busca las fuentes de las aguas, así anhela por ti, oh Dios, mi psique-alma.

Mi psique-alma tiene sed de Dios, del Dios vivo y fuerte; ¿Cuándo iré y contemplaré la persona (rostro) de Dios?

Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras mis enemigos me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?

Me acuerdo de estas cosas, y mi psique-alma ora ardientemente dentro de mí, ¡de cómo iba en medio de la multitud y la guiaba hacia la Casa de Dios, entre cantos de alegría y alabanza, en el júbilo de la fiesta!

¿Por qué te deprimes, alma mía? ¿Por qué te inquietas? Ten esperanza en Dios, y yo volveré a darle gracias, a él, que es mi salvador y mi Dios.

Dios mío, mi psique-alma está deprimida: por eso me acuerdo de ti, desde la tierra del Jordán y el Hermón, desde el pequeño monte me acuerdo y te pido consuelo.

Un abismo llama a otro abismo, con el estruendo de tus cataratas del río Jordán; tus torrentes y tus olas pasaron sobre mí.

Pero de día mandará el Señor su misericordia (increada), y de noche su cántico estará conmigo, y mi oración al Dios de mi vida.

Diré a Dios: protector mío, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué tendré que estar triste y deprimido por la opresión del enemigo?

De mi depresión mis huesos se quebrantan por la burla de mis adversarios;
mientras me preguntan cada día: ¿Dónde está tu Dios?

¿Por qué te deprimes, psique-alma mía? ¿Por qué te inquietas? Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias, a él, que es mi salvador y mi Dios.

 

45º (46º) Salmo. Para los jóvenes que el enemigo impide casarse y tener familia.

Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las depresiones y tribulaciones.

Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar;

Aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza.

Los canales del río alegran la ciudad de Dios, que el Altísimo ha santificado para ser su lugar de residencia.

Dios habita en medio de ella, no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana.

Tiemblan las naciones, se tambalean los reinos; él hace oír su voz y se derrita la tierra.

El Señor de los ejércitos está con nosotros; nuestro baluarte es el Dios de Jacob.

Venid, ved las obras de Señor, que ha puesto en la tierra.

Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra. Que quiebra el arco, corta la lanza y quema los carros en el fuego.

Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones y enaltecido en toda la tierra.

El Señor de las potencias angelicales está con nosotros; nuestro baluarte es el Dios de Jacob.

 

C2) Oración larga

Oración larga para la liberación de la Depresión y los distintos problemas psicológicos.

Soberano Caritativo, Señor Jesús Cristo, Médico de nuestras psiques y de nuestros cuerpos, ven y sáname a mí tu siervo infame y pecador.

Me he alejado de Ti. He herido Tu Bondad y Tu agapi. He pecado en el Cielo y ante Ti. He cometido muchas ilegalidades. Estoy privado de toda virtud y salud psíquica y física. Mi cuerpo se ha enfermado. Mi psique se ha lesionado. Mi voluntad se ha extraviado. Todo en mi interior se ahoga y padece. He bajado hasta al Hades inferior.

Redímeme Señor del lamentable dolor, del ahogo psíquico y del peso de mi corazón que con justicia me están deprimiendo. He cometido todos los pecados. Estos me combaten. Estos me producen este inaguantable tormento y castigo. Kirie eléisón me. (Señor compadécete de mí). Mía únicamente es la culpa de este desastre de mi psique y cuerpo. El egoísmo se ha apoderado de mí. La negligencia me ha cautivado. La acidia me ha mortificado. Perdóname Señor y sana mi miserable psique. Aleja de mí el malvado espíritu que me produce el inaguantable ahogo de mi psique y cuerpo. Expulsa de mí el peso de la depresión que produce en mi corazón.

Libera mi psique y cuerpo de toda negligencia, acidia, exaltación, alucinación, desesperación, depresión, indiferencia, insensibilidad, oscurantismo y mortificación. Porque yo voluntariamente he llevado a mi psique en todo esto.

Perdóname, Señor, la multitud de mis pecados. Sáname de la multitud de mis pazos. Dame Señor fuerza para que yo no te entristezca ya más, a causa de la cantidad de los pazos que se han apoderado de mi desastrosa psique. Quítame la dura corcha del pecado. Expulsa de mí todo enemigo. Señor, dame paz en la vida y en la psique.

Límpiame de toda contaminación del espíritu y del cuerpo. Ayúdame a evitar los malignos espíritus que me producen oscuridad y depresión, agobio e infierno. Ayúdame a liberarme de la depresión, los miedos y los loyismí que me cautivan. Señor hágase Tu voluntad como quieres.

Por complacencia de Tu Bondad fueron destruidos mis enemigos y el viejo hombre junto con sus pazos y deseos. Hágase Tu voluntad en mí, de modo que yo siendo alegre y gozoso te siga, te alabe y te glorifique por todos los siglos. Visítame y refuérzame con tu Fuerza Previsora para que te cante himnos, a Ti, Señor caritativo junto con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos.

Compadécete de mí Señor y perdóname, estoy deprimido y enfermo en la psique y en el cuerpo. Tú eres la Alegría y la Luz increada, la Resurrección y la Vida, nuestra Primavera y Pascua gozosa. A Ti clamo Señor: no te abandonaré. Tú que has bajado hasta el Hades buscando la oveja perdida, es decir, a mí. Ten compasión de mí Señor, por las intercesiones de Tu Santísima Madre que es la gran alegría de todos y la potencia de Tu honorable y vivificante Cruz, la Madera de la Vida, por la protección de tus potencias celestes incorpóreas, por las intercesiones de los santos Arcángeles Miguel y Gabriel, por las intercesiones de los gloriosos Apóstoles, de todos los Santos y Mártires y de todos los padres Teoforos, Amín. (Teoforos, portadores de la luz increada de Dios).

C3) Oración sencilla y otra corta

Soberano Caritativo, Señor Jesús Cristo, Médico de nuestras psiques y de nuestros cuerpos, ven y sáname a mí tu siervo infame y pecador. Me he alejado de Ti. He herido Tu Bondad y Tu agapi. He pecado en el Cielo y ante Ti. He cometido muchas ilegalidades. Estoy privado de toda virtud y salud psíquica y física. Mi cuerpo se ha enfermado. Mi psique se ha lesionado. Mi voluntad se ha extraviado. Todo en mi interior se ahoga y padece. Redímeme Señor del ahogo psíquico que con justicia vivo y que lo han provocado la multitud de mis pecados. Yo tengo la culpa por el desastre de mi psique y cuerpo. Kirie eléisón me. (Señor compadécete de mí). El egoísmo se ha apoderado de mí. La negligencia me ha cautivado. La acidia me ha mortificado. Perdóname Señor y sana mi miserable psique. Aleja de mí el malvado espíritu que me produce el inaguantable ahogo en mi psique y cuerpo. Expulsa el peso de mi corazón. Libera mi psique y cuerpo de toda negligencia, acidia, exaltación, alucinación, desesperación, depresión, indiferencia, insensibilidad, oscurantismo y mortificación. Porque yo voluntariamente he llevado a mi psique en todo esto.

Perdóname, Señor, la multitud de mis pecados. Sáname de la multitud de mis pazos. Dame Señor fuerza para que no entristecerte más con los pecados y los pazos que actúan en mi interior. Quítame la dura corcha del pecado. Expulsa de mí todo enemigo. Señor dame paz en la vida y en la psique. Límpiame de toda contaminación del espíritu y del cuerpo, para poder evitar los malignos espíritus que me producen oscuridad y depresión, agobio e infierno. Ayúdame a liberarme de la depresión, los miedos y los loyismí para que no me cautiven más. Señor hágase Tu voluntad, de modo que yo siendo alegre y gozoso te siga, te alabe y te glorifique ahora y siempre y por todos los siglos.

Compadécete de mí Señor y perdóname, estoy deprimido y enfermo en la psique y en el cuerpo. Tú eres la Alegría y la Luz increada, nuestra Resurrección y Pascua gozosa. A Ti clamo Señor que prometiste que no nos abandonarás. Tú que has bajado hasta el Hades buscando la oveja perdida, es decir, a mí. Ten compasión de mí Señor, por las intercesiones de Tu Santísima Madre y de todos Tus Santos. Amín.

Otra oración breve

Soberano y Misericordioso Señor Jesús Cristo, sáname de la depresión y límpiame de toda melancolía, turbación y miedos. Líbrame del ahogo psíquico, del demoníaco sufrimiento y de la tristeza demoníaca que siento en mi psique y cuerpo. Tú que eres nuestra Alegría y Esperanza de todos en tierra y mar. Señor ten misericordia de mí por mis pecados. Quítame la dura corcha del pecado, de la oscuridad y la desesperación. Expulsa de mi toda melancolía, opresión y acidia. Hazme firme en Tu Agapi, Esperanza y Fe, por las intercesiones de Tu Santísima Madre y de todos los Santos. Amín.

Fin y Doxa-gloria y gracias a Cristo Dios.

Traducido por: χΧ jJ www.logosortodoxo.com (en español)

Hieromonje Sabas el Agiorita, http://hristospanagia3.blogspot.gr/

Copyright © All Rights Reserved

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*