«

»

mar 23 2013

Domingo de ayuno de quesos y lácteos

 

Lectura Evangélica: Mateo 6:14-21

 

14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas y pecados, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 pero si no perdonáis a los hombres sus ofensas y pecados, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas y pecados. 16 Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 17 Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, 18 para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. 19 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corroen, y donde ladrones minan y hurtan; 20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corroen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

 

Cristo Pastor

Domingo de ayuno o de quesos y lácteos

 

Por el traductor: aquí las palabras clave son: μνησικακία (mnisikakía) y ανεξικακία (anexikakía).  Μνησικακία (mnisikakía=rememorar el mal, resentimiento, rencor, odio, aversión), viene del μνημη (mnimi= memoria, recuerdo) y κακία (kakía=maldad). Aνεξικακία (anexikakía=sin maldad, sin rencor ni odio, tolerancia e indulgencia). San Juan el Clímaco tiene un capítulo grande sobre la virtud de la ανεξικακία (anexikakía), y como se sana el pazos de la  μνησικακία (mnisikakía).

«…pero si no perdonáis a los hombres sus ofensas y pecados, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas y pecados.»

 α. Al último escalón para nuestra entrada al Gran Cuaresma, nuestra Iglesia viene con la lectura evangélica que es parte de la homilía en el Monte de los Olivos del Evangelio de Mateo; para acentuar lo que ha sostenido en los anteriores Domingos introductivos del Triódion, que: no es posible caminar este período bendito, que desmοboca a la Cruz y la Resurrección del Señor, es decir, no podemos tener una relación real con nuestro Señor, si no expulsamos de encima nuestro las “máscaras” de la hipocresía y no paramos ante Él con nuestro auténtico rostro, persona, esto que crea la verdadera μετάνοια (metania, , introspección, conversión, arrepentimiento y confesión);  es decir, sin las capas de μνησικακία (mnisikakía) del resentimiento, rencor, con verdadero ayuno que se hace para nosotros mismos, con conciencia de que es el centro específico de nuestra vida, nuestro verdadero tesoro, que no se encuentra en los marcos asfixiantes de este mundo pasajero, sino a la Realeza increada de Dios. Y esto significa que la Gran Cuaresma funciona como tipo o modelo de toda nuestra vida, puesto que la lucha del cristiano es cómo mantener íntegra su verdadera persona o personalidad, aquello que salió de la santa pila del bautizo de nuestra Iglesia como miembro de Cristo. El Señor, pues, recalca: Nadie puede estar con el Dios y mantener el regalo de su Jaris (gracia, energía increada) sin antes no pide perdón interrumpidamente a su prójimo: “Si no perdonáis los pecados, errores y fallos de los demás, tampoco vuestro Padre perdonará los vuestros”.

 

β. 1. La verdad es que este aviso del Señor es de importancia integra y decisiva, ya que la μνησικακία (mnisikakía, resentimiento, rencor, odio), como memoria de maldad para los demás y la debilidad nuestra de ofrecimiento continuo de perdón sobre posibles transgresiones de ellos hacia nosotros, constituye casi uno de los problemas básicos y permanentes en nuestras relaciones con los demás. Palabras ofensivas, malos comportamientos, actitudes indiferentes de nuestro entorno inmediato o más amplio, vienen muchas veces a provocar y picar nuestro egoísmo, quien requiere la aceptación y el elogio, quizás hasta la dominación sobre los demás, anulando así casi la única y exclusiva condición de la presencia de Dios en nuestras vidas que es: la agapi (amor desinteresado).

De otras palabras, la μνησικακία (resentimiento, rencor, odio, aversión), es el mayor obstáculo para permanecer en Dios, puesto que «ο Θεός αγάπη εστί el Dios es agapi (amor desinteresado, energía increada)», mientras que revela ampliamente al egoísmo que se ha entronado como rey en nuestro corazón, por lo tanto también la prevalencia del pecado sobre nosotros.

2. Nuestro Señor está claro: si de nuestros corazones, es decir, de nuestro profundo yo, no expulsamos nuestros resentimientos, rencores, odios y no luchamos para ser indulgentes, tolerantes y sin resentimientos, sin rencores, ni odios con agapi en nuestro interior, no veremos el rostro, persona de Dios ahora, ni en el siglo futuro. Y desde este punto entendemos que esta lucha no es un impedimento nuestro: perdemos algo, pero nuestro enriquecimiento es que expulsamos lo que compone el veneno de nuestra psique y la energía demoníaca y nos quedamos la jaris (gracia, energía increada) de Dios y la aumentamos.

Esta verdad el Señor no la predicó sólo con las palabras anteriores, en versión positiva y negativa, que claro está, sólo con estas basta, para la importancia que tiene estar con la ανεξικακία (anexikakía=sin maldad, sin rencor ni odio, tolerancia e indulgencia), también la predicó con la oración principal, el conocido “Padre nuestro”: “y perdona nuestros pecados, tal como nosotros perdonamos los pecados de los demás”. El perdón de Dios hacia nosotros tiene como única condición el perdón nuestro hacia nuestros semejantes. Es decir, el Señor “ató” nuestra sanación y salvación con la buena relación nuestra con los demás. Esto que recalcó el evangelio de domingo pasado sobre el Juicio final, viene hoy a recalcarlo de distinta manera.

3. Pero allí donde el Señor ha dado la “lección” más llamativa sobre la ανεξικακία indulgencia, tolerancia y sin maldad fue con Su propia vida, sobre todo cuando se encontraba encima de la Cruz.  Su Cruz, que contiene la perfección (san Marcos el asceta), era la apocálipsis=revelación de Su infinita agapi (amor, energía increada) y Su ανεξικακία, indulgencia, tolerancia y sin maldad, sobre todo frente de una humanidad la cual se había desviado tanto, de manera que quiso matar al mismo Creador y Benefactor de ella. “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”, son las palabras de Su oración a favor de los que le crucificaban.

Y este ejemplo del perdón, sin maldad, sin rencor y con tolerancia, indulgencia y sin maldad continuaron, con la ayuda por supuesto de la jaris( gracia, energía increada) del Mismo, también los Apóstoles, los Mártires y el resto de los Santos de la Iglesia. San Esteban por ejemplo: ¿qué otra cosa hace el momento que lo están apedreando salvajemente los Judíos? Repite los mismos logos del Señor con distintas palabras: “Señor, no los tenga en cuenta este pecado”. Lo mismo también san Dionisio de Egina, por nombrar algún santo más contemporáneo: “esconde y cubre a los perseguidores del asesino de su hermano y luego le facilitó la fuga”.

Así que la condición para que uno sea Cristiano, es la vivencia del perdón, sin maldad, ni rencor ni resentimiento. Uno no se puede llamar cristiano, sin perdonar a todos, aunque estos sean sus enemigos. Además, esto es el signo que distingue al mártir o testigo cristiano de cualquier otro tipo de mártir o testigo: el cristiano debe estar muriendo orando por sus perseguidores y enemigos, certificando de esta manera la autenticidad de su fe en Cristo Dios.

4. Está claro que la adquisición de la ανεξικακία (anexikakía=sin maldad, sin rencor ni odio, tolerancia e indulgencia) no es algo fácil. Requiere lucha continua y ardua. Se necesita “sangrar” uno interiormente. Es muy característico el ejemplo de aquel asceta en el libro “Yerontikón” que escupía sangre cuando se le acercó un otro hermano. Y en la pregunta del hermano ¿qué te ocurrió? Contestó: Hace un rato un hermano me ha amargado y rogué a Dios que sacara la amargura de mi interior. Y mira, el Dios me ha escuchado y mi amargura la hizo sangre y la he sacado.

El creyente sobre todo deberá pasar por algunas etapas que nos han indicado y definido los ascetas Maestros y Padres de la Iglesia. Por ejemplo, san Juan el Sinaíta, el llamado después el Clímaco o de la Escalera, nos habla sobre tres pasos sobre la ανεξικακία (anexikakía=sin maldad, sin rencor ni odio, tolerancia e indulgencia). Escribe que el primer paso es aceptar los ataques y desprecios, aunque que sea con tristeza, angustia y amargura de la psique. Al segundo paso llegan aquellos que habiendo pasado ya del primero, no se entristecen ni angustian por los ataques y reveses que ocurren, pero por supuesto tampoco se alegran. El tercer paso es el estadio de los perfectos, es de aquellos que no sólo no se afligen ni se amargan, sino que consideran como elogios las deshonras. Se trata del estado de perfeccionamiento que por el hombre actual autonomizado y racionalizado se considera como locura.

5. El mismo santo en otros puntos de sus logos procede en consejos concretos que pueden ayudar a uno superar el resentimiento o rencor. Algunos ejemplos.

- Si sientes amargura y odio por algún hermano y no tienes la fuerza de amarlo con tu corazón, por lo menos arrepiéntete ante él y acércate con palabras, con la boca. Quizá así te dé vergüenza por tus palabras y así lo amarás realmente.

- Si has escuchado que un hermano te ha acusado, tú no te dejes caer al pazos del resentimiento o rencor, sino superarlo diciendo para él palabras elogiosas.

- Si ves y escuchas algo que te mueve el pazos del juicio o crítica maligna (que es fruto del rencor o resentimiento), no digas que por agapi juzgas y criticas malamente, porque la agapi conduce en la oración secreta por aquel que se ha equivocado y no en acusación. Este modo de reacción –oración por aquellos que nos acusan- resulta según otro gran maestro ascético san Marcos el Asceta: “en un golpe y una herida para los demonios”.

 

c. La ανεξικακία (anexikakía=sin maldad, sin rencor ni odio, tolerancia e indulgencia), sobre todo ante el Cuaresma que nos empuja con todas sus expresiones en la revelación de nuestro auténtico yo, a pesar, tal como dijimos, de las dificultades de adquisición y vivencia de esta virtud, que es lo más indispensable para el camino nuestro como cristianos. No nos salvaremos de los posibles ayunos o de caridades o de nuestras oraciones, si todas estas cosas no resultan a la ανεξικακία (anexikakía=sin maldad, sin rencor ni odio, tolerancia e indulgencia), o no la tienen como condición. Porque, repito que esta virtud es expresión de la agapi (amor desinteresado) y será el criterio definitivo de nuestra vida. Amín.

Sacerdote Georgios Dombarakis 

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traductor: xX.jJ

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*