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mar 10 2013

Parábola del Fariseo y el Publicano

 

Domingo del Publicano y del Fariseo (Lucas 18,9-14)

 

9 A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: 10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. 11 El fariseo, puesto en pie, oraba en su interior de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano 12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano, (yo soy virtuoso). 13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios mío, compadécete de mí, soy pecador. 14 Os aseguro que éste descendió a su casa justificado, salvado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado (y condenado de Dios); y el que se hace humilde será enaltecido (y glorificado de Dios).

 

 Fariseo, Publicano

 

La elevadora humildad

 

«El que se hace humilde será enaltecido y glorificado por Dios»

La entrada en el período del Triódion, empuja al hombre a abrazar la ascesis, (ejercicio espiritual), la μετάνοια (metania, introspección, conversión, arrepentimiento y confesión) y principalmente la humildad, como modo de vida. La Iglesia nos llama a que pasemos de aquellos pasos o escalones espirituales que nos conducen a la unión con el Dios. Las lecturas, la himnología y todos los oficios devocionales de este período, están enarmonados con el clima de devoción y recogimiento de los días y con las elevaciones espirituales, que plantean y proyectan como vivencia y experiencia de verdadera vida.

La parábola del primer Domingo del Triódion que es hoy, es muy didáctica o instructiva sobre los mensajes y sus conceptos. Se llama también el Domingo del Publicano y del Fariseo, de la conocida parábola evangélica. Exactamente nos quiere mostrar el camino espiritual del hombre, en el sentido de su pecaminosidad. Derriba los mecanismos del orgullo, el rodeo sobre el yo y el valor propio o autoestima del hombre. Estas situaciones, es decir, por un lado la elevadora humildad y por otro lado, el orgullo y el egocentrismo, encuentran su expresión en las personas del Publicano y del Fariseo de la conocida narración.

 

El auto-ídolo Το αυτοείδωλο

El caso del Fariseo, constituye el espejo de aquellos hombres que intentan de casar o acoplar su religiosidad superficial con las prendas de la hipocresía. Es la peor receta que conduce al hombre a la catástrofe y la perdición. Se trata de aquellos hombres que eligen aplicar los mandamientos de Dios de una manera típica propia y superficial, dejando echar raíces en sus corazones las cizañas de la dureza del corazón y la arrogancia. En esta situación, el hombre siempre lo ve todo como capacidad suya separándose de los demás. En realidad se encarcela a sí mismo al egoísmo y al orgullo. Es tanta la perversión que vive y la arrogancia que le domina, de modo que hace lo que sea para asegurar los aplausos y reconocimientos de los demás. Y eso, a pesar del hecho que con su egoísmo los desprecia y los rechaza. En esta fase o mejor dicho, por su contradicción, el hombre de “imagen de Dios” que es, se convierte en una personalidad dividida y desgraciada.

Desgraciadamente también en nuestros días vivimos una cultura corroída que promueve y deifica el orgullo y la autosuficiencia del Fariseo. Hoy el hombre edifica y organiza su vida en la arrogancia, crea modernas contemporáneas “torres de Babel”, todo lo convierte en ídolo y principalmente exilia de su vida la presencia y la jaris (gracia, energía increada) de Dios. Ha hecho la materia autoestima y con la crisis económica actual ve que todo se ha derribado y el mismo se hunde a la depresión, desesperanza y desesperación. El mismo con su arrogancia y exaltación ha convertido su vida en un infierno y totalmente desnuda de alegría, esperanza y optimismo.

 

La humildad Η ταπείνωση

El cómo el hombre puede superar este círculo vicioso, que con sus propias obras ha alimentado y superar los terribles problemas sin salida de su vida, nos lo indica el Publicano de hoy que plantea la parábola. Tenía el sentido de su pecaminosidad y lo que le hacía sentirse como una existencia trágica era el reconocimiento de su amputación de Dios y sus semejantes. De esta decaída suya no hacía responsable a nadie más que a sí mismo.

Sin embargo, el Publicano, a pesar de su vida pecadora, la conducta y actitud moral que abrazó, le despegó en excepcionales alturas espirituales inabordables. Sube tan alto que por la Iglesia es proyectado como prototipo o modelo de vida. Reconocía la presencia de Dios dentro de los demás humanos. Los contemplaba como “imágenes de Dios”. Por eso cuando era injusto con ellos veía que sus actos eran una afrenta, ofensa a la agapi divina. Por eso no omite decir: “Dios mío, campadécete de mí, soy pecador”. Es realmente aquí donde en la persona del Publicano se apocalipta=revela un gran milagro que se puede realizar en cada uno que quiera seguir el camino de él. Abrazó la elevadora virtud de la ταπεινοφροσύνη (tapinofrosini, conducta, moral y actitud humilde). Los Padres de la Iglesia recalcan mucho característicamente: “La prenda de la deidad es la ταπεινοφροσύνη (tapinofrosini, conducta, moral y actitud humilde). Además también la doxa (luz de luces increada) se revela en la humildad del hombre.

Queridos hermanos, cuando nos dejamos a nosotros mismos en ser receptivos a la jaris (energía increada) de Dios. Entonces el fruto que nace en nuestro interior es la apacibilidad y la humildad. Especialmente la virtud de la humildad que tanto es alabada de las escrituras patrísticas, constituye el cimiento de todas las demás virtudes y principalmente la base que puede apoyarse el hombre para pasar las estaciones de este gran período espiritual del Triodion. No olvidemos que: “…cualquiera que se enaltece, será humillado y condenado de Dios; y el que se hace humilde será enaltecido y glorificado de Dios).

Jristakis Efstacíu, Teólogo-Iglesia de Chipre

Fuente:aktines 
Traductor: xX.jJ 

 

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