«

»

jun 05 2013

Domingo de la Samaritana (II)

Samaritana II

 

Veneración de la verdad

«Dios es espíritu y los que le adoran han de hacerlo en espíritu y verdad. »

El descubrimiento del sentido más profundo de nuestra vida pasa dentro de la verdad de la Iglesia, tal y como nos lo apocalipta=revela el mismo Señor. La lectura evangélica de hoy nos pone exactamente ante este gran desafío. Abrirnos y hacernos diáfanos, para poder recibir la gran verdad de la vida que es la que sana, salva y eleva al hombre en puntos espirituales altísimos.

Cronológica y festivamente nos encontramos a la mitad del camino hacia el Pentecostés. Quizá es el momento más adecuado para que nos hagamos partícipes de la apocálipsis=revelación que el mismo Señor hace en su encuentro con la Samaritana. Es decir, que el mismo es “el agua viva, el manantial para la vida eterna”. Una verdad que es imprescindible tocar existencialmente al hombre, aterrizarlo y elevarlo espiritualmente.

 Crística elevación 

El Cristo en la persona de aquella mujer, la Samaritana -la que era de otra etnia y arrastraba estigmas sociales y nacionales- encuentra a cada uno de nosotros individualmente por separado. Nos apocalipra=revela verdades impactantes. No es sólo un caso de un Judío que conversa con una Samaritana. Es el Hijo de Dios, el Sanador y Salvador del mundo que comunica con todos. Incluso con los más despreciados del mundo, para ofrecer generosamente la agapi y Su Jaris (gracia, energía increada). Su verdad que es la misma vida, fluye de su presencia como agua viva que realmente quita la sed de cada hombre, por muy cansado y castigado que esté. Nos dignifica como “personas o personalidades”, con su especial valor y nobleza espiritual. Toca mucho más al hombre contemporáneo que está deambulando al camino sin salida y se encuentra permanentemente desorientado, sin la brújula de la vida que es el mismo Cristo y su Iglesia. La gran certeza que tenemos de la verdad evangélica es que el Cristo espera en cada momento de nuestra vida para encontrarnos. Según el libro del Apocalipsis “está esperando en la puerta y llama”. Nos llama a todos y cada uno por separado, personalmente. “Las mismas ovejas las llama por su nombre”, para que seamos receptores de la oferta de su divina agapi (amor, energía increada).

En el pozo de la vida.

El Cristo está sentado al pozo de Job y conversa con la Samaritana, esta mujer hasta entonces desconocida, anónima y estigmatizada. La pide agua. El Señor pide de todos nosotros unos movimientos y actos. Pide el ofrecimiento de nuestra agapi (amor desinteresado) para así atrevernos a salir de nuestro yo y nuestro individualismo. Particularmente hoy que nos hemos abandonado a nosotros mismos sin piedad en los engranajes asfixiantes del egocentrismo, es extremadamente importante la correspondencia nuestra a la invitación del Señor a encontrarnos con él y quitarnos la sed a través de su verdad.

El agua viva

Igual que nosotros hoy, lo mismo también la Samaritana, al principio cuando el Cristo le pidió el agua que bombearía del pozo profundo, ella había funcionado más racionalmente. Su cerebro le dictó que el Judío es enemigo y en ningún caso valdría la pena cualquier oferta de él. Pero el Cristo quiere ofrecerla la luz verdadera de la vida, la increada. Mediante el diálogo que tiene con ella, da la capacidad a la mujer a sentir y ver su estado psíquico, su estado de pecado. Así es conducida al derrumbamiento de su egoísmo que hasta entonces era intransigente. Sobre todo hasta el punto que ahora ve claramente con los ojos de su psique. Reconoce, pues, las capacidades proféticas de su interlocutor. Se hace digna de ser receptora de la mayor apocálipsis=revelación: “YoSoY el que te habla”.

Queridos hermanos, el Cristo lo que nos pide es abrir nuestros corazones para recibir su agapi (amor, energía increada). Cuando nuestra existencia está iluminada de la divina presencia, entonces sentimos la necesidad de adorar verdaderamente a Dios. El verdadero culto, tal y como nos asegura el Cristo es “en Espíritu y verdad”. Es el sabor de que nuestra existencia se está renovando por la presencia de su agapi. Se transforma en Crística con todo el resplandor que puede emitir. Amín.

Jristakis Efstacíu, teólogo – Iglesia de Chipre. 

 

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ
Traductor: xX.jJ

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies