La resurrección de los muertos

Κυριακή-Απόκρεω

YÉRONTAS ATANASIO MITILINEOS

Índice de Contenido

Homilía 1

La Resurrección de Cristo y la resurrección de los muertos, como es conocido, son los dos grandes dogmas en que se fundamenta el Cristianismo. Si estos faltaran, la enseñanza y la fe de los Cristianos sería vacía, sin sentido, como nos asegura el Apóstol Pablo en la 1 Epístola a los Corintios, capítulo 15, 13-14: “Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana y vacía es entonces nuestra predicación, vana y vacía es también vuestra fe”. Pero estos dos dogmas constituyen el centro y el núcleo de la Santa Escritura y del kerigma de los Apóstoles, y principalmente por estos dos dogmas fueron perseguidos, juzgados y condenados por los enemigos del Evangelio (Hec 4,1-3 y 24,2).

Con la jaris (gracia, energía increada) y bendición del Santo Dios Trinitario, nuestro Santo Monasterio entrega a la tripulación de la Iglesia los textos de las homilías grabadas de nuestro bienaventurado Yérontas Atanasio, que se refieren a este tema fundamental de la resurrección de los muertos.

Con estas homilías el bienaventurado Yérontas termina la serie interpretativa de ciento cincuenta y siete (157) homilías sobre el Evangelio de Luca, que duraron 6 seis años. Pero para los Padecimientos-Pasiones y la Resurrección del Señor se ha hecho una referencia paralela de los cuatro Evangelistas.

Dice nuestro Yérontas: “El Cristo no se ha resucitado para sí mismo, sino para nosotros”. La Resurrección de Cristo es la demostración y certificado de la resurrección de los muertos. Y como dice Pablo: “Cristo resucitó primero de entre los muertos y se hizo primicia de todos los que durmieron o murieron” (1Cor 15,20).

El lector con el estudio de estas homilías comprobará y sentirá una intensa necesidad de redención y salvación de modo que viva diariamente con la esperanza de la resurrección de los muertos en la vida del futuro siglo.

En todos ellos que han contribuido en la preparación de los textos, nuestra hermandad del Monasterio desea una bendición en abundancia por el Santo Dios.

Mayo 2012

 

Relación de la Resurrección de Cristo y la resurrección de los muertos

Queridos míos, en la bendición de la santa Anáfora de la Liturgia de san Basilio, leemos los siguientes logos: “y por la Cruz bajando al Hades, para cumplir con todo, disolvió los sufrimientos de la muerte; resucitando el tercer día, condujo a toda carne en la resurrección de los muertos… se hizo primicia de los dormidos (muertos), el primer nacido de los muertos, para que él sea el primero en todo y de todos” (Divina Liturgia, san Basilio).

Tal y como es conocido, la Divina Liturgia en su estructura es un resumen breve de todo el contenido de nuestra Fe y enmarca el Misterio de la Divina Efjaristía. Sólo si este Misterio se enmarca con el contenido de la Fe, entonces podemos decir que se hace comprensible, o mejor dicho, se aprovecha adecuadamente. Porque, como entenderéis, con decir que celebraremos la Divina Liturgia, que comulgaremos, etcétera, sin saber qué son todas estas cosas y sin conocer el marco que se mueve el Misterio de la Divina Efjaristía, está claro que este Misterio no lo podemos aprovechar adecuadamente para beneficio propio.

El texto que os he leído observamos que hay una conexión y unidad armónica e inseparable entre el acontecimiento de la Resurrección de Cristo y el futuro acontecimiento de la resurrección de los muertos.

Os lo volveré a leer: “y por la Cruz bajando al Hades, para cumplir con todo, disolvió los sufrimientos de la muerte; resucitando el tercer día, condujo a toda carne en la resurrección de los muertos”. Es decir, el Cristo con Su propia Resurrección ha abierto el camino para la resurrección de los muertos –aviso: dice que ha abierto el camino-, ha abierto el camino a cada ser humano, pecador y justo, pequeño y mayor, a cualquiera, desde Adán y Eva hasta que hayan hombres. Por lo tanto, resucitará “todo cuerpo o toda sarx-carne humana”, todo ser humano.

Y continúa: “y se hizo primicia de los dormidos (muertos), el primer nacido de los muertos, para que él sea el primero en todo y de todos”. Es decir, el Cristo es el primero que resucita de los que han dormido (muerto), para que sea Él en todo el primero, abriendo Él el camino de lo que se va a efectuar en cada ser humano. Como, por ejemplo, el Cristo resucitó para que nosotros también resucitemos; el Cristo ascendió a los cielos para que nosotros también ascendamos al cielo; el Cristo se metamorfoseó (transformó) en el monte Tabor, para que también nos metamorfoseemos, transformemos nosotros. Por consiguiente, vemos que todas aquellas cosas que existen como acontecimientos en la persona de Cristo no son nada más que una preapertura del camino, una preparación de lo qué seremos también nosotros.

Por esta razón si uno nos preguntara por qué resucitó el Cristo, se le podrían dar dos respuestas fundamentales. Una es que con Su Resurrección el Cristo ha demostrado Su deidad, porque esta es un milagro sobrenatural, es algo que una persona no lo podría hacer, sino sólo Dios. Por lo tanto, Jesús Cristo demuestra que es Θε­άν­θρω­πος (zeánzropos) Dios y hombre, porque Su Resurrección se refiere a Su cuerpo, pero Su deidad es la que ha dado la Resurrección al cuerpo.

Aquí está claro que vemos otra cosa también; que los milagros de Cristo, Su enseñanza, Su vida santa y ética, todas estas cosas son consagradas con Su Resurrección. Porque, si lo queréis, también otros sabios e importantes hombres han enseñado cosas bellas, pero no eran dioses. Milagros también hicieron los Profetas del Antiguo Testamento, pero no eran dioses. Pero aquí la Resurrección de Cristo consagra y certifica lo que tenía relación con Su persona, sea milagros, sea enseñanza o vida santa.

Y la segunda respuesta es que el Cristo resucitó para abrirnos el camino para que también resucitemos nosotros.

Por tanto, dos son las respuestas sobre la Resurrección de Cristo: para que sea demostrada Su deidad y la segunda para que se abra el camino para que resucitemos nosotros también.

Si tendríamos que preguntar en comparación cuál de las dos preguntas sería la primera, rotundamente diríamos: la que hemos dicho segunda; porque el Hijo de Dios no se hizo hombre para Sí Mismo, sino para nosotros; ni se crucificó, ni resucitó para Sí Mismo, sino para nosotros.

Creeríais, queridos míos, -y es cómico uno decir esto- que ¿el Cristo resucitó para adquirir vida? ¿Qué vida? ¿La humana?… Puesto que es Dios, ¿para qué necesita la vida humana?… Y después subir al Padre con Su naturaleza humana, ¿tenía necesidad de vivir y debería resucitar para Sí Mismo?… Es de chiste que uno diga esto. Amigos míos, el Cristo resucitó para nosotros, es decir, para abrir el camino de nuestra resurrección.

Por tanto, el peso específico de la Resurrección de Cristo cae en nuestra resurrección. La primera respuesta es presuposición de la segunda. Es decir, yo no podría saber que seré resucitado, si el Cristo por Su Resurrección no demostraba que es el Dios, y sobre todo Dios omnipotente que me resucitará. Así que la demostración que el Cristo es el Dios se da por Su Resurrección, con todo aquello que hemos dicho en homilías anteriores; y esta demostración ratifica la fe de que también mi resurrección se puede realizar al futuro.

Así que, cuando decimos que el Cristo ha resucitado, esto significa que todos los hombres resucitarán. Porque la Resurrección de Cristo y la resurrección de los hombres es una y la misma praxis en dos puntos del tiempo; un punto del tiempo lo contiene la Resurrección de Cristo, en cambio el otro, que pertenece al futuro, lo contiene nuestra resurrección. Pero, repito, la Resurrección de Cristo y la nuestra es una y la misma praxis.

Hay un vínculo tan estrecho entre la Resurrección de Cristo y la resurrección de los muertos, de modo que aquel que niega una resurrección obligatoriamente niega la otra. Hermano mío, si niegas la Resurrección de Cristo, niegas la resurrección de los muertos. Si niegas la resurrección de los muertos, entonces niegas la Resurrección de Cristo. Porque no tiene sentido ni significado la Resurrección de Cristo, si no resucitamos nosotros también. El Cristo, -permitidme la expresión- no ha resucitado para hacer figuras ante los hombres, como si fuera un clown y decir: “¡He aquí, ahora vosotros me hacéis esto, yo ahora hago aquello!…” El Dios no juega.

Así que si creo que el Cristo ha resucitado, entonces creo también que los muertos resucitarán. Tened mucho cuidado en este tema, mucho. Que nadie me diga: “Yo creo en la Resurrección de Cristo pero no puedo creer en la resurrección de los muertos”.

Precisamente esta falta de fe obliga a Pablo a escribir en la 1ª Epístola a los Corintios un capítulo entero, el 15º, con este tema; un capítulo amplio pero también muy importante. Naturalmente, aunque faltara este capítulo, el acontecimiento o tesis de la resurrección de los muertos está tan esparcido dentro de la Santa Escritura, de modo que no podríamos decir que este capítulo es una exclusividad. Pero es un capítulo muy importante que nos da una testificación más, dentro de tantas otras que hay en el Nuevo Testamento, y sobre todo, de manera sistemática. Es decir, permitidme calificar este capítulo como un estudio condesado sobre la resurrección de los muertos.

Como entenderán, amigos míos, hemos terminado con el tema de la Resurrección de Cristo y también sobre la Ascensión, ya que hemos hablado extensamente en homilías anteriores. Y ahora con la ayuda de Dios, vamos a hablar sobre la resurrección de los muertos, este tema tan interesante, que nadie puede decir que no le interesa porque concierne a todos.

 

El apóstol Pablo sobre la Resurrección de Cristo y la resurrección de los muertos

El apóstol Pablo pues, quien conecta la Resurrección de Cristo con la resurrección de los muertos, justamente, yo diría, que habla con pasión sobre este tema. Observaremos cómo se refiere exactamente en la relación de la Resurrección de Cristo y la resurrección de los muertos, analizando algunos puntos del capítulo 15 de la 1ª Epístola a los Corintios: 12 Pero si (por nosotros los Apóstoles) se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?

Por supuesto que esto lo escribe, mientras que antes, el acontecimiento de la Resurrección de Cristo lo consolidó profética e históricamente. El apóstol Pablo es magnífico, cuando escribe un tema antes lo consolida. Es cierto que un tema tan grande no lo dejaría sin consolidación. Por eso dice: “Porque primeramente os he enseñado lo que a mi vez recibí: Que Cristo murió en la cruz por nuestros pecados, conforme lo habían profetizado las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1Cor 15,3-4).

Atención: Por esto ponemos en el Símbolo de la Fe esto: “conforme las escrituras”; esto no es una nimiedad. Esto significa que la Crucifixión, la Muerte y la Resurrección del Mesías están de acuerdo con las profecías. El que sería padeciente el Mesías está claro, pero estaba fuera de toda lógica. Sin embargo los hebreos en esto han fallado, y hasta hoy en día siguen fallando, porque no han podido captar y entender que el Mesías sería padeciente o que sufriría. Pero si leen los Profetas, verán que esto está muy claro. Hasta un niño pequeño si lo ponéis a leer los Profetas en este punto, lo percibirá y lo entenderá inmediatamente.

Leed el capítulo 53 de Isaías, y allí veréis muy claro que el Mesías es padeciente. Leed el Salmo 21 y veréis el pazos-pasión del Mesías. ¡Los hebreos, aunque consideraban estos textos mesiánicos, creían que el Mesías no muere, sino que viene del cielo, así descolgado! (Jn 12,34). Así pues, esto “conforme las escrituras” es la Muerte del Mesías; pero también la Resurrección es “conforme las escrituras”. Por lo tanto, entra el elemento de la profecía.

Después tenemos el elemento histórico, la Parádosis (divina Entrega y Tradición). Es decir, se refiere que la Muerte y la Resurrección de Cristo sucedieron cuando era gobernador de Jerusalén Poncio Pilatos; esto es un elemento histórico. Pero la principal fundamentación histórica es la parádosis (divina entrega y tradición) de aquellos que fueron testigos presentes de los acontecimientos de la Muerte y la Resurrección de Cristo. Y el apóstol Pablo los enumera: “y que apareció a Cefas o Pedro y después a los doce Apóstoles. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen o están muertos”. -Por lo tanto eran más de trescientos aquellos que vivían aún, cuando escribía la epístola, eran testigos presentes que vieron a Cristo resucitado- “y al último de todos a mí, porque también se me apareció a mí” (1Cor 15, 3-8).

Mientras consolida, ratifica la Resurrección de Cristo profética e históricamente, después procede a demostrar la resurrección de los muertos. Queridos míos, estas cosas no son infundadas. Por eso uno que estudia sin prejuicios, desapasionadamente y ve correcta y realmente aquellas cosas que ofrece el logos de Dios, las acepta sin duda; y aquí en el caso nuestro acepta que la Resurrección de Cristo y la resurrección de los muertos conectan inquebrantablemente.

Aquí pues, el Apóstol Pablo con este silogismo suyo: “Si predicáis y ratificáis que el Cristo ha resucitado, ¿cómo incoherentemente algunos de vosotros decís que los muertos no resucitan?”, quiere indicar que los que no aceptan la resurrección de los muertos se contradicen, racionalizan y son infieles. En otras palabras, quiere indicar que la incredulidad de ellos en la resurrección es una negación de la potencia de Dios y de Sus increadas energías, sabiduría, agapi y justicia. Esta negación está basada en un racionalismo muy corto y mezquino, es decir, al “¿cómo es posible que se haga esto?”. Estas cosas por supuesto que las veremos más analíticamente, ahora simplemente hacemos una introducción en el tema de la resurrección de los muertos.

No digamos, pues, “¿cómo es posible que se haga esto?” Por cierto que si nos llamaran a nosotros a resucitar muertos, entonces podríamos poner esta pregunta; pero cuando es el Dios que se hace cargo de la resurrección de los muertos, “¿es permitido preguntar, cómo se puede hacer esto?” ¿Pero esto es cuestión nuestra, cuestión de nuestras capacidades o de las habilidades de Dios? Si, pues, salimos de nuestras capacidades y posibilidades, si salimos de nuestro pobre racionalismo y decimos que a Dios todo es posible, inmediatamente creemos en la resurrección de los muertos, y no ofendemos la potencia y energía increada de Cristo Dios. Sin embargo, en el mismo capítulo más abajo san Pablo – y lo analizaremos más tarde-, dirá: “¡Porque algunos tienen gran ignorancia de Dios y no saben quién es el Dios, y esto lo digo para avergonzaros!” (1Cor 15,34).

El Apóstol Pablo, pues, en este capítulo consolida la resurrección de los muertos profética e históricamente. No sólo proféticamente, ni sólo históricamente. Os expliqué alguna vez que la profecía con el acontecimiento es como el agua con el cemento. El cemento es polvo y el agua es blanda, es líquido. Pero poned agua al cemento y veréis que se hace duro como una piedra! ¡Poned el acontecimiento con la profecía para ver que se hace como piedra, roca! Es decir, se consolidan, y nunca uno puede dudar por el cómo y porqué.

El Apóstol Pablo utiliza el método de “reductio ad absurdum o reducción al absurdo”. Es un método lógico con el que demostramos que una frase es falsa. De acuerdo con este método empezamos de la frase concreta que queremos demostrar que es falsa, y con silogismos lógicos resultamos que la frase es falsa. Así, pues, el Apóstol Pablo, utilizando este método por la frase u oración “porque si no hay resurrección de muertos”, la que quiere demostrar que es falsa, y resulta a la conocida de antes frase falsa “tampoco Cristo resucitó” (1Cor 15,13).

Esto por supuesto que lo dijo para los que niegan la resurrección de los muertos, que en realidad niegan también la Resurrección de Cristo. Porque, ¿qué es lo que ha resucitado de Cristo? Pues, Su naturaleza humana. Pero ya que resucitó la naturaleza humana, ¿cómo niegan la resurrección de los muertos? Por tanto, si niegan la resurrección de los muertos, significa que niegan la divina naturaleza de Cristo; es decir, el Cristo no tiene naturaleza divina, para poder resucitar la naturaleza humana. Por lo tanto, -muy acertadamente Pablo dice – en realidad “si no hay la resurrección de los muertos, entonces tampoco el Cristo ha resucitado”. Es como si les dijera: “No os metáis en muchas tonterías; para vosotros el Cristo no ha resucitado, porque aparece como hombre, y vosotros negáis que un hombre puede resucitar. Pero si es Dios, entonces como Dios, es capaz de resucitar todos los hombres”.

 

Consecuencias por la negación de la resurrección de los muertos

Pero esta negación de la resurrección tiene también consecuencias. Y lo digo esto porque igual que entonces en la época del Apóstol había muchos Cristianos en Corinto, y naturalmente en otras partes, que niegan la resurrección de los muertos, así también hoy en día tenemos este tipo de negadores, y son muchos. Yo llego hasta el punto que, cuando algún hombre está muriendo y me pide confesarse –por supuesto como ya no hay márgenes, son los últimos momentos de la persona- entre las preguntas que pongo es también esta: “¿Cree usted que resucitaremos de los muertos?”. Es el mayor consuelo que se puede dar a una persona así. Pero muchas veces escucho la respuesta: ¡“Yo qué sé, o cómo puedo saberlo esto”! Y cuando le digo: “Sí, porque lo ha dicho el Cristo”, entonces me dice: “Creo en Cristo”. Pero es obvio que yo no puedo contemplar o medir el fondo de una aceptación de este tipo, no lo sé, esto lo contempla y lo mide Dios.

Yo sólo añadiría una cosa más: que si nos privamos a nosotros mismos de los conocimientos de estos temas tan grandes, no esperemos a encontrarnos en la Realeza increada de Dios. Porque si no tuviera importancia que los Cristianos crean o no en la resurrección de los muertos, entonces ¿por qué el Apóstol Pablo habla con tanto temperamento y pasión sobre este tema? ¿Por qué? Esto tiene sentido. Repito, no creamos que nos encontraremos en la Realeza increada de Dios, si no aceptamos estos temas grandes, que para nosotros son realmente nuestra vida.

Pues, si no creemos en la resurrección de los muertos, esto tiene las siguientes consecuencias:

Primera consecuencia es que si negamos la resurrección de los muertos, negamos también la Resurrección de Cristo.

Segunda consecuencia es que negamos la fe universal a la persona de Cristo y Su obra redentora. ¿Pero si no resucitan los muertos, por qué el Cristo resucitó? Entonces, ¿dónde está la redención? Sabéis, que redención significa sotiría sanación y salvación. ¿Sabéis qué quiere decir redención y salvación? Decimos salvación, ¿pero sabéis qué quiere decir salvación? Me habéis preguntado muchas veces qué es salvación, y os lo he contestado. Si no preguntamos para aprender qué es exactamente salvación, redención no la buscamos por allí y por allá. Atención a esto. Salvación dicen muchos que es salvar mi psique-alma. Es decir, ¿que mi psique permanecerá inmortal allí donde está y encontrará un buen lugar?… Pero esto también lo decía Platón (en Fedón). ¡No os parezca extraño que diga que esto es herético, es un error, es decir, que la psique encontrará un buen lugar, en los siglos de los siglos!

Las psiques-almas de los justos, queridos míos, no están contentas allí donde están sin sus cuerpos. No están en el país de los bienaventurados; sino que pre-saborean la bienaventuranza. Las psiques ruegan a Cristo, debajo de Su trono, y dicen: “¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?”. Y la respuesta vino rápidamente: “se les dijo que esperasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también deben ser muertos como ellos” (Apo 6, 10-11). Esto significa que nuestra bienaventuranza no es estar en un lugar bueno como psiques-almas. Esto no es salvación, redención; que lo sepamos bien esto. Salvación, redención quiere decir volver estar en pie yo, que me han puesto al sepulcro. Es decir, ¡que resucite a la vida bienaventurada para que mi cuerpo disfrute también la vida bienaventurada! Porque la psique no está sola. Os lo volveré a decir, muchas veces, hasta que acabemos estas 5-6 homilías sobre este tema, si el Dios quiere hasta el Pentecostés. El hombre no es sólo psique es cuerpo y psique. Ni sólo psique, ni sólo cuerpo, sino las dos.

Me referiré en algunos testimonios de los Padres sobre este tema. El hombre es creación completa de Dios, con psique y cuerpo. Y la salvación, redención quiere decir que vuelvo a tener los dos unidos, por los siglos de los siglos. Esto quiere decir salvación; no nos engañemos en otros senderos. Os indicaré también posiciones heréticas sobre el tema de la salvación y sobre el tema de la psique; pero esto veremos en un futuro próximo.

Sobre esta segunda consecuencia que dijimos que es la negación de la obra redentora de Cristo, si uno no cree en la resurrección de los muertos, el Apóstol Pablo dice lo siguiente: “Y si Cristo no resucitó, vana y vacía es entonces nuestra predicación (kerigma), vana y vacía es también vuestra fe” (1Cor 15,25). ¡Es decir, que yo aquí ahora, permitidme la expresión, os digo tonterías y charlatanerías¡

Es cierto que los atenienses se rieron en Areópago, cuando el Apóstol Pablo les habló sobre la Resurrección de Cristo. Se rieron los atenienses porque consideraron sus palabras tonterías y le dijeron “charlatán” (Hec 17,18). ¡Qué tonterías dice este… resucitaremos…! qué cosas son estas!…

Si, pues, dice Pablo, no hay resurrección de los muertos, entonces mi kerigma es una tontería, pero vuestra fe a la vez una tontería, algo vacío, tonto, la nada, que no tiene contenido.

No me digáis que el Evangelio se hace para ser un nada, porque habla de la agapi, habla de esto o lo otro. ¡Queridos míos, sin la Resurrección de Cristo, todo está suelto! ¡Todo! Aquello que fundamenta y también pone techo encima de la enseñanza del Evangelio, ¡es la Resurrección de Cristo y la resurrección de los muertos; cimiento y techo del edificio! ¡Esto también es el núcleo y el núcleo de nuestra salvación! ¡Si no creemos en esto, entonces todas las demás cosas están sueltas, descolgadas!

Por esta razón, aquellos que quieren atacar el Evangelio, no atacan los mandamientos y los logos de Cristo, sino que atacan la Resurrección de Cristo. Si alguna vez podrían derrumbar el edificio que se llama Resurrección, entonces está claro que se derrumbaría todo el Evangelio. Por eso veis que los hombres malvados, viles y enemigos, combaten principalmente contra la Resurrección de Cristo y no contra otro punto del Evangelio.

Tercera consecuencia de la negación de la resurrección de los muertos es la aseveración de los negadores de que esto es la mayor mentira que apareció jamás en la historia; es decir, que se predique que hay resurrección de los muertos. He aquí como lo dice Pablo: “Y somos hallados falsos testigos de Dios, porque hemos testificado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan, (si se supone que los muertos no resucitan, entonces no le hubiera resucitado) (1 Cor 15,15). Es decir, nosotros los Apóstoles nos convertimos en pseudoprofetas y falsos testigos ante el Dios y los hombres… ¡Y qué pseudoprofetas!… Predicamos que el Dios ha resucitado a Cristo, a Quien no resucitó, ya que existe la afirmación de que los muertos no resucitan. ¡Esto sería la mayor mentira de la historia!

¿Pero los Apóstoles eran realmente predicadores de una mentira tan grande? ¿Y quién, queridos míos, daría su vida para una mentira tan grande? ¿Quién hace esto?… El mismo apóstol Pablo lo dirá más abajo: “Si no hay resurrección de los muertos y esto no está fundamentado, ¿por qué nosotros peligramos a toda hora?” (1Cor 15,30). ¿Por qué razón voy a entregar mi vida?

Cuarta consecuencia sobre la negación es la no absolución ni perdón de nuestros pecados. Porque el kerigma del Evangelio es kerigma de metania y de perdón, absolución de los pecados.

Dice el apóstol Pablo: “Porque si los muertos no resucitan”, -seis veces repite esta frase- “tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana, vacía e inútil; aún estáis sumergidos en vuestros pecados” (1Cor 15,16-17), entonces estáis sometidos en vuestras culpabilidades y vanamente lucháis y movéis. Es como si dijera: ¿No hay resurrección de los muertos? Tampoco el Cristo resucitó. ¿Si no resucitó el Cristo? ¿Para qué, pues, esperáis la absolución de vuestros pecados?

Pero continúa Pablo: “Entonces también los que durmieron o murieron con fe en Cristo están perdidos” (1Cor 15,18). Es decir, si no hay resurrección de los muertos, entonces aquellos que han muerto con la esperanza de la resurrección de los muertos, -puesto que no existe- se han perdido; es decir, no se han perdonado sus pecados y están con todo el peso de sus culpabilidades.

Quinta consecuencia de la negación de la resurrección de los muertos, y ruego que tengáis atención: “Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, somos los más miserables y los más dignos de conmiseración de todos los hombres” (1Cor 15,19). ¿Qué significa esto?

El hombre creyente está llamado a llevar su cruz. Como conocéis, el Evangelio es fuertemente anticósmico o antimundano, y pide de cada fiel girar y ser lo contrario del llamado “hombre natural”. Es decir, natural no como ha salido de la mano de Dios, sino “natural” como lo cree el mundo. No hay mayor antítesis que el hombre del Evangelio con el hombre llamado por el mundo “natural”. Debe el fiel luchar en toda su vida contra sus pazos y situaciones, que alegremente permite y cultiva la “vida natural”.

Un paréntesis: El año pasado hice una homilía a un cuartel general del ejército y dije esta oración que hemos dicho antes de empezar; “Ilumina a nuestros corazones… para poder pisotear los deseos carnales…” Un soldado con estudios y título de universidad, me dice: “Padre perdóname; ¿qué sentido y significado tiene esto de “para poder pisotear los deseos carnales”? Porque aquí tomamos medicamentos para poder disfrutar hasta la saciedad de los deseos carnales, y ¿usted me dice ahora “para poder pisotear los deseos carnales”?… ¿Qué sentido y significado tiene esto? ¿Pues, quién hablaba? Pues, un hombre “natural”. No podía entender ni lo más mínimo del espíritu del Evangelio.

Por consiguiente, en toda nuestra vida debemos resistir a este clima “natural”, -natural lo pongo entre comillas- a este clima mundano, pecador, a este clima antiespiritual. ¿Y qué debo hacer? “Llevando en el cuerpo siempre por todas partes la necrosis de Jesús Cristo” no “en el espíritu”, como dice san Pablo, es decir, mortificando los pazos. Así pues, si se supone que no creo en la resurrección de los muertos, ¿entonces en realidad por qué tengo que estar en contra del mundo (de los pazos y pecador), puesto que no resucitaré? Entonces pierdo mi vida presente. ¡Y no sólo no la pierdo sino que soy también el hombre más tonto que jamás ha existido en la tierra! Por eso el apóstol Pablo dice que “si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, somos los más miserables y los más dignos de conmiseración de todos los hombres” (1Cor 15, 19).

Realmente el hombre pecador puede que no crea en la existencia de la vida eterna, y la pierde; pero por lo menos gana la vida presente; comerá, beberá e irá de juergas… ¿Por qué razón no va a ir de juergas, comer y beber? Me diréis que: “esta vida suya no será más de cien años”. Aunque sea cien años, esta vida ve ante sus ojos y esta ganará. Pero el hombre espiritual, que se supone que no encontrará otra vida, pierde también la presente, puesto que practica y lucha vanamente y tiene el elemento ascético (practicante) en su vida, ¿es o no es un tonto? Por eso dice Pablo hipotéticamente que seremos los más miserables de todos los hombres, si no hay resurrección de los muertos.

Me diréis que estas situaciones son extremas y no creéis que las cosas sean así. Pues, queridos míos, aquello que observamos en los Cristianos –no sólo en Grecia, sino en todas partes donde hay cristianos- es lo siguiente: Como hay un secularismo, es decir, un cristianismo mundanizado, se nos han escapado los conceptos y nociones profundos de nuestra Fe, y creemos que el Evangelio simplemente es una manera de hacer una vida bella.

Por eso amigos míos os he dicho que hemos perdido el sentido y significado del Cristianismo. Lo hemos olvidado. Me sobrecoge un vértigo cuando pienso qué revisión y reconsideración tenemos que hacer para encontrar nuestra fe correcta, ortodoxa. Hemos mezclado nuestra vida con tantas cosas, la hemos hecho secularizada, buscando sólo el interés propio en esta vida.

Desgraciadamente el Cristiano actual acepta el Evangelio bajo este espíritu, bajo el espíritu de una vida presente feliz. ¿Qué puntos del Evangelio acepta? Sólo acepta aquellos puntos que hablan de agapi, de caridad, de cooperación, conseguir felicidad… ¡Pero el Evangelio no viene a asegurarnos la felicidad, viene a darnos la resurrección! Cualquier peripecia o circunstancia que suceda en nuestra vida, muertes, pruebas, tentaciones… cualquier cosa que caiga sobre nuestra familia y nuestra cabeza, nosotros debemos llegar allí: en la resurrección. Pero en la resurrección de los justos, porque tenemos también la resurrección de los pecadores (Jn 5,29). Quién, pues, entiende esto. ¡Quién regula su vida de modo que se encuentre en este punto, en estos senderos!

Está claro que no negamos el Evangelio; pero hemos recibido y aceptado también influencias extranjeras, fuera del Evangelio, con el resultado que como Cristianos tengamos un mosaico de una cosmoteoría y una bioteoría. Utilicé ahora estas dos palabras que jamás las he utilizado cuando he hablado al espacio del Cristianismo, porque el Cristianismo no es una cosmoteoría ni una bioteoría. No es una teoría que habla para el mundo, para Dios y para la vida, como las teorías de este mundo; ¡sino que el Cristianismo es apocálipsis-revelación! Pero desde el momento que abandono el verdadero sentido y significado del Cristianismo que es la Resurrección de Cristo y la resurrección de los muertos, desde aquel momento estoy conducido y arrastrado de distintas orientaciones cosmoteóricas y bioteóricas.

No es casual, queridos míos, que nuestra Iglesia festeja cuarenta días el acontecimiento de la Resurrección. ¡Porque lo considera el centro de nuestra fe y el centro de nuestro Culto! ¡Incluso cada Domingo es Pascua! ¡Cada Divina Liturgia es Pascua! ¡Es un honor la mención a la Resurrección de Cristo y la resurrección de los muertos! No es casualidad que en cada Liturgia del Diakenisimo (semana después de la pascua), junto con las vísperas, decimos el “Cristo ha resucitado” cincuenta-sesenta veces. Además en cada oda del canon de la Pascua, decimos tres veces el tropario “¡Cristo ha resucitado de los muertos, por la muerte pisoteó la muerte y los que están en las tumbas les ha regalado la vida!” ¿Y qué quiere decir “Cristo ha resucitado” y también ¡“los que están en las tumbas les ha regalado la vida”! Es de los troparios más cortos de nuestra Iglesia, pero de los más potentes, que indica exactamente esta conexión, unión: Que el Cristo ha resucitado y resucitará también a los muertos. No sólo que el Cristo resucitó, ni simplemente que los muertos resucitarán, sino que el Cristo resucitó y que Él resucitará a los muertos. Ve uno, pues, en este pequeño tropario, tan potente, que se repite continuamente para que nos quede grabado.

Pero sucede aquello que ocurre a nosotros los hombres al ejército; cuando nos dicen sobre la teoría para el arma. Decimos la teoría dos tres veces y la aprendemos. Pero la regla dice que esta teoría se debe repetir siempre. Y continuamente hablamos sobre el arma: “El arma tiene esta parte, aquello o lo otro…” Pero si se dice 5-6 veces después reaccionas y ya no escuchas. Igual que el reloj cuando toca y estás durmiendo a lado; la primera vez despiertas, después de varias veces ya no despiertas. O cuando estás durmiendo cerca en la estación de trenes; la primera noche que pasan los trenes no dormirás nada, pero después de la segunda, tercera noche ya no los escuchas.

¡Lo mismo nos pasa a nosotros, decimos cincuenta veces “Cristo ha resucitado”, y nuestras orejas ya no lo escuchan! En nuestros saludos durante cuarenta días decimos “Cristo ha resucitado” y respondemos “de verdad ha resucitado”, pero nuestros oídos ya no lo escuchan. Ya se ha hecho un estereotipo. ¡Es una desgracia, realmente una desgracia! Por eso uno puede ser que diga “Cristo ha resucitado” en toda su vida y si le preguntas: ¿Crees en la resurrección de los muerto? y te responda: ¡Yo qué sé!… ¡Pero tú lo decías! ¡Tantos años lo decías!… ¡incluso el “Credo o Símbolo de Fe” no decías “espero la resurrección de los muertos”! ¡Esto que es el dogma fundamental de nuestra fe!…

Hay una sexta consecuencia. Dice el Apóstol Pablo: “De no ser así, ¿a qué viene el bautizarse por los muertos, con la esperanza de unirse con los otros fieles muertos que creen que viven en la Iglesia celeste, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué bautizarse por los muertos? (O por qué bautizarse, puesto que no entrarán ninguna comunión con los muertos, puesto que los muertos ya no viven en la tierra ni en el cielo)” (1Cor 15,29).

Es un pasaje difícil, que en la época que escribía el Apóstol era fácil ser comprendido por los lectores. Pero hoy este versículo nos dificulta un poco, pero una mejor interpretación que se da es que se trata del bautismo del Martirio. Por tanto la interpretación del pasaje es la siguiente. ¿Por qué bautizarme al bautismo del Martirio, si no hay resurrección de los muertos? ¿Por qué razón? ¿Por qué me voy a sacrificar? Es decir, indica que puesto que uno muere en martirio, como cree en la resurrección de los muertos, se convierte en héroe y mártir; pero si no cree, no tiene sentido morir heroicamente.

Y para que veáis que esto realmente no tiene sentido, vamos a ver el argumento de Pablo al revés, en otro contexto. Dice Pablo: “¿Por qué voy a sufrir una muerte en martirio, si no voy a resucitar?” Por lo tanto, para sufrir una muerte por martirio, debo creer que resucitaré, pero si no creo ¿para qué voy a ser mártir? ¡El materialista no cree en nada, ni en Dios, ni en resurrección ni en psique-alma inmortal! Y le veis que muere por algunas ideas! Muere por la libertad, para la justicia social y los bienes materiales. Pero todas estas cosas no las disfrutará.

Digamos que muero para estar comiendo bien. ¿Escuchad una cosa paradójica, incoherente: muero, combato, lucho, hago la guerra y salgo en las calles para conseguir comer bien! No tiene importancia si alguien dice: Si me muero, bien, pero lo prefiero aunque no alcance a disfrutar nada. ¿Pero es más preferible jugar mi vida cara o cruz? ¡Quién jugaría alguna vez su vida cara o cruz con una moneda, por ejemplo si alguien le dijera: si la moneda sale cara, te daré un millón de euros; si sale cruz te cortaré la cabeza! Las posibilidades serían cincuenta a cincuenta por ciento. Pregunto: ¿Quién peligraría que sea cortada su cabeza para recibir dinero? Más bien diría: “¡No. Prefiero mi cabeza en su sitio aunque sea pobre!” ¡Pero con qué lógica diría uno: si lo consigo y vivo ganaré los euros; y si no, no pasa nada!” O sea, ¿qué? ¿Perder su vida?… ¡Pero esto es tonto, necio!

¡El que uno muera para cosas que le gustaría disfrutar, pero como ya no vive, no las disfrutará!, ¿no es una necedad? Por eso la muerte del materialista que muere por una idea es incoherente. ¡Sí, incoherente! Pero el hombre fiel muere en martirio porque hay recompensa, que es la resurrección de los muertos, la Realeza increada de Dios.

Pero el Apóstol Pablo utiliza también un argumento personal, sobre este sexto argumento, y dirá: “¿Y por qué exponernos nosotros al peligro a cada instante? Hermanos, os aseguro que todos los días estoy al borde de la muerte por predicar el Evangelio; y que vosotros sois mi gloria en Cristo Jesús, Señor nuestro. Si en Éfeso luché contra hombres que parecían fieras, ¿de qué me sirvió? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos, como dicen los infieles y materialistas” (1Cor 15,30-32).

El apóstol Pablo, amigos míos, era un hombre muy importante, tenía una carrera. Pablo no era un hombre cualquiera. Pero no simplemente dejó su carrera, sino que entró en esta peripecia sin precedentes, que el final de esta peripecia fue que le degollaron la cabeza. ¿Por qué lo hizo esto? Porque creía en la resurrección de los muertos. Por eso dice: “Hermanos, os lo juro que todos los días estoy al borde de la muerte por predicar el Evangelio; y que vosotros sois mi gloria en Cristo Jesús, Señor nuestro” (1Cor 15,31). ¡Habéis visto, el apóstol Pablo hasta jura, utiliza el juramento para certificar la resurrección de los muertos!

Y “si en Éfeso luché contra hombres que parecían fieras, ¿de qué me sirvió?”. Quizás esto es una metáfora. Por supuesto que luchó con hombres que parecían fieras y lo pasó muy mal en Efeso, cuando aquel famoso platero llamado Demetrio, levantó toda la ciudad contra Pablo. ¡Y sabéis lo que es toda una ciudad gritando por muchas horas dentro al estadio de Efeso contra Pablo: “¡Grande es Artemisa-Diana de los efesios!… (Hec 19,23-41). ¡Imaginaos que uno sea visitante en aquella ciudad, y sepas que toda ciudad se ha levantado contra ti! Creo que Pablo no utiliza por casualidad la expresión “que en Efeso luchó contra hombres que parecían fieras”, si no hay resurrección de los muertos.

Finalmente existe también la sexta consecuencia por la negación del dogma de la resurrección de los muertos. “Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos, como dicen los infieles y materialistas” (1Cor 15,32). Realmente, si uno niega la resurrección de los muertos, entonces este vive la forma más grosera y absoluta del materialismo. Un hombre de este tipo se asimila con la bestia. ¡Y si debemos de morir como bestias, entonces también podemos vivir como bestias; ya no somos seres humanos!

Esta frase “comamos y bebamos” la utiliza también el profeta Isaías en el capítulo 22,13. Allí se refiere que mientras el Dios amenaza con catástrofes, hambre, males…, este pueblo de los judíos presenta una plena insensibilidad e infidelidad, y contesta: “Para qué razón; no pasa nada… Dios todas estas cosas que nos dices no nos interesan… “comamos y bebamos porque mañana moriremos”… a quién importa todo esto que tú dices”. Esta respuesta del pueblo indica una terrible infidelidad a las amenazas de Dios. ¡Para que veáis la degeneración lamentable y miserable que hay en algunas épocas!

Así, pues, vemos al Apóstol Pablo, quien contiene la verdad, resaltarla con persistencia y también quiere indicar la relación inmediata que hay entre la Resurrección de Cristo y la resurrección de los muertos.

El tratamiento o planteamiento equivocado de la muerte

Ahora pongamos atención a lo siguiente: en la vida presente intentamos crear algunos contrapesos o compensaciones en el fenómeno de la muerte y en un futuro inmediato os analizaré el tema especialmente. Por ejemplo, decimos: “Θά­να­τος (zánatos) Muerte; ¿qué es la muerte? Es una cosa natural”. ¿Pero quién os ha dicho que la muerte es una cosa natural! Sin embargo decimos: “¡pero quién ha hecho la muerte, ha quedado alguno vivo; todos moriremos! Hermanos míos, ¿quién os ha dicho que el Dios hizo la muerte! ¿Quién lo dijo esto?… que las cosas son muy sencillas. ¿No son nada sencillas ni naturales!

Y ahora, puesto que no creemos en la resurrección de los muertos, ¡debemos… dulcificar la muerte, deberemos… limarla, para que la muerte no sea dura! ¡Hacemos, hacemos… y qué no hacemos!…

Primero de todo empezamos a consolar a los que están en luto con el siguiente refrán: ¡Qué vamos hacer así es la vida! ¡Así es la vida! Y otra vez “¡así es la vida! Todavía hacemos otra cosa más. Intentamos embellecer la muerte, animar aquellos que están en luto a salir del clima de luto, diciéndoles que salgan y se entretengan o distraigan… y muchas cosas así. Incluso que no debemos vestirnos con nada de luto, para no dar al luto un tono de peso fuerte. Ya ni si quiera ponemos nuestros muertos a nuestras casas. ¡Todas las cosas se hacen muy “civilizadamente”… pero muy “civilizadamente, de modo que apenas uno se está muriendo en un hospital, los demás no deben venir a verle porque se impactan y caen en estado de shock!… Sobre todo si ven algún sacerdote ir a la habitación, o va con la Divina Comunión, esto significa que viene la muerte… y quedarán helados de miedo!… y si estos hombres padecen de corazón, terminarán allí de repente!… ¡Y así, con cuidado, sacaremos de la habitación a uno que está a punto de morir y lo llevaremos a una habitación especial, o si muere le sacaremos por la puerta de atrás del Hospital, no por la puerta de adelante, para que no se vea que sale un ataúd del Hospital!

Con todas estas maneras intentamos suavizar el sentimiento de la muerte. Está claro que no podemos vencer la muerte, e intentamos suavizarla en nuestras psiques y en nuestros ojos.

¡Queridos míos, la muerte es horrible y terrible!… Os la presentaré tal y como la presenta nuestra Iglesia. “¡La psique, dice, tiene una lucha fuerte cuando sale del cuerpo!” (Pequeño libro de bendiciones). ¿Por qué? Porque de aquello que está entero se va un trozo o parte suya! ¿Por qué entonces voy a embellecer la muerte?… Por lo tanto, puesto que la muerte es horrible, sólo una manera tengo para tratarla y afrontarla: «¡Χρι­στός Ἀ­νέ­στη , Jristós anesti Cristo ha resucitado, y “¡espero la resurrección de los muertos!” ¡Entonces para mí la muerte es ya como el ratón que juega con la gata! Ya no tiene fuerza. La gata ha mordido tantas veces al ratón y está vivo, pero débil. ¡Por supuesto que pagaré el impuesto de la muerte, pero resucitaré! ¡Seguro que resucitaré!…

Pues, como entenderéis, todas estas formas de afrontar la muerte son extranjeras del espíritu del Cristianismo. El Cristianismo, amigos míos, es exactamente tal y como os lo proyecto. Y os rogaría mucho –y no exagero- que tengamos siempre cuidado en cómo vemos exactamente las grandes verdades dentro en logos de Dios, que están salvaguardadas ortodoxamente dentro en nuestra Iglesia.

Por supuesto que sobre este tema veremos muchas cosas. Veremos lo que dice el Antiguo y el Nuevo Testamento y los Padres de nuestra Iglesia. Veremos cómo se hará esta resurrección, cuándo será y como serán todas estas cosas.

Pero todas estas cosas, con la ayuda de Dios, las diremos en los siguientes cinco domingos que nos quedan hasta el domingo antes del Pentecostés. Por eso, rogaría que todos vosotros que con muchas ganas hayáis seguido nuestros temas sobre la Resurrección de Cristo, con las mismas ganas de seguir viniendo y participando en la segunda parte, que es la resurrección de los muertos.

Domingo 13 Abril 1983.

Homilía 2ª El Antiguo Testamento sobre la resurrección universal de los muertos

La verdad sobre la resurrección de los muertos es dogma de Fe exclusivamente cristiano, que nunca el pensamiento filosófico lo ha captado; es decir, pertenece exclusivamente en el espacio de la sabiduría, la fuerza, la energía y la agapi increadas de Dios.

Sin embargo, como el Dios no ha dejado de dar testimonios sobre Sí Mismo desde la época de Adán hasta la época de Abraham, exactamente así también no ha dejado sin testimonios sobre la verdad de la resurrección universal de los hombres.

Así pues, en los libros del Antiguo Testamento observamos una apocálipsis-revelación continua, progresiva y más precisa de esta verdad grandiosa sobre la resurrección de los muertos. Vale la pena ocuparnos con este testimonio que da el Cristo dentro de Su logos, en el Antiguo Testamento, y ver cómo de Su logos conduce progresivamente, como os dije, cada vez más a la aclaración del tema.

 

La historia del heroico Job

Es conocida la historia de Job, con el horror de su lepra, paralelamente con la amargura de los logos de sus tres amigos que fueron a consolarle. Y Job, entre otras cosas, dijo a ellos unos logos dignos de señalar. Estos constituyen el punto esencial de todo aquel diálogo admirable que se hizo entre Job y sus tres amigos reyes, que fueron como consoladores de la desgracia del anterior soberano Job. Estos logos son los siguientes:

Conozco que Aquel eterno me liberará de los males y sufrimientos de esta vida mía terrenal; resucitará mi cuerpo, que saborea y sufre agotándose de todas estas calamidades, porque esta resurrección se co-realizará por el Señor y omnipotente Dios. Estas cosas que yo conozco en mi interior muy bien, las conozco con el ojo (espíritu) de mi psique. Las ve el ojo de la fe y nadie más. Todas estas las cosas considero ya realizadas, con la esperanza que me da mi fe que reposa en mi corazón (psicosomático).

Por tanto, Job, pues, supera su enfermedad y a sí mismo, y ve esta grandeza, que nadie la ve, sino sólo él. Con el ojo (espíritu, nus) de su psique ve que el Dios le resucitará, le dará una piel nueva y un cuerpo nuevo.

No diga alguien que le daría curación. No olvidemos que detrás de las dimensiones históricas de un acontecimiento del Antiguo Testamento hay aquello, lo lejano, que se realiza a la persona del Mesías y a Sus obras. Si no fuera así todas estas cosas la Santa Escritura no las salvaguardaría. Si realmente queremos entender el logos de Dios y estar en su espíritu verdadero, tal y como ha descrito el Espíritu de Dios estas grandes verdades, así deberemos ver las cosas.

 

 La profecía de Oseas

Oseas en capítulo 13 pasaje 14, escribe: “¡Pero yo los libraré del poder del hades; los salvaré del poder de la muerte! ¿Dónde están, muerte, tus estragos? ¿Dónde están, hades, tus azotes? ¿Dónde está tu aguijón envenenado?”. Es decir, ¿dónde está tu condena que traído para que mueran todos los hombres, oh muerte? ¿Dónde está tu aguijón envenenado, como el de una avispa, oh hades, que recogías las psiques de todos!…

Este logos no recuerda aquel logos admirable que más tarde dirá el Apóstol Pablo en Su Epístola a los Corintios 15,55, y que volveremos muchas veces en esto. Dice exactamente las mismas palabras.

 

Profecía de Isaías

El profeta Isaías en capítulo 25 pasaje 19, lo escribe más claro aún: “Resucitarán los muertos, y se levantarán los que están en la tumbas”. Como veis, vamos progresivamente y más precisamente. Aquí observamos, hermanos míos, que hay un realismo, es tan intenso en las profecías siguientes que nos sorprende, y excluye toda cuestión de alegoría o metáfora.

 

La historia de los siete Macabeos

También son famosos los últimos logos de los siete Macabeos, que murieron por martirio junto con su madre Salomé y el maestro de ellos Eleazar en la época de Antíoco el Epífanes, uno de los descendientes de Alejandro Magno. (Los festejamos el 1 de Agosto).

Es sabido que Antíoco el Epífanes realmente torturó los hebreos de entonces -pero los piadosos hebreos; no todos- porque deseaba helenizarlos. Además, por esta razón se ha escrito la Sabiduría Sirac, para poner un parapeto, un impedimento contra la helenización de los hebreos.

Por favor, poned atención a este punto, quizás vais a decir en vuestro interior: “¿Pero no era bueno que los hebreos se helenizaran? ¿Por qué no helenizarse y convertirse en helenos?”

Pero cuando decimos Helas, helenismo, espíritu helénico, no damos a entender un espacio geográfico, sino una mentalidad y una forma de pensar. Porque si pensamos que Hélade (Grecia) se había extendido entonces hasta los confines de la tierra, y después perdimos todas aquellas conquistas que se habían hecho por Alejandro Magno, esto no significa que la Hélade (Grecia) se ha borrado. En principio por supuesto que aún hay una Hélade (Grecia) geográficamente, que es nuestro país ahora. Pero no quiero dar a entender esto. Cuando decimos Helas (Grecia) damos a entender la forma de pensar, el espíritu y la mentalidad helénica. Helás, pues, no es simplemente un lugar geográfico. Además como Helás, helenista en sentido amplio se puede calificar también el Occidente entero. Europa y América se pueden calificar como Helás, helenistas. ¿Por qué? Porque Occidente piensa helénicamente. Cuando decimos helénica, entendemos que el pensamiento y la fundamentación de la civilización occidental es helénica (griega).

Esto, pues, quería imponer Antíoco el Epífanes en Palestina, a los hebreos. No quería simplemente conquistarlos –además Palestina ya estaba conquistada por Alejandro Magno- tampoco quería tenerlos cautivos, porque los hebreos hacían a menudo revoluciones para liberarse. No. Quería imponer un cambio de mentalidad y de pensamiento a los hebreos. Por eso por primera vez en la historia de los hebreos se fundaron en Jerusalén gimnasios y academias tipo helénico. Quería hacer que los hebreos pensasen helénicamente.

Igual que hoy, por una parte sí, occidente piensa helénicamente, pero por otra parte, sus frutos ya no son helénicos. Sus cimientos son helénicos. Por eso vemos que el espíritu helénico que occidente ha tomado de Helade (Grecia) vuelve en Grecia pero no es aquello que ha salido de aquí.; es algo distinto. ¡Lo veis! Por ejemplo Yanis sale de Grecia y Jony o Juan vuelve en Grecia! No es exactamente lo mismo.

Así, pues, estas cosas que retornan, finalmente vienen para destruir Grecia. Pues, tal y como nosotros ahora pensamos que entrando el espíritu occidental que está degenerado y perdemos nuestra identidad helénica e intentamos hacer una resistencia, exactamente lo mismo intentaban hacer también los hebreos del siglo II antes de Cristo. Espero que ahora me entendáis. Es decir, luchaban para afrontar la corriente del pensamiento helenista, que estaba entrando en la patria de ellos y quería cambiarlos de aquello que tenían: la fe en el verdadero Dios, con todas las esperanzas proféticas sobre el Mesías, como Redentor de la humanidad. Por lo tanto el tema realmente es enorme. Podría hablaros horas sobre esto, pero salgo de mi tema.

En aquellos días, pues, martirizaron los siete Macabeos con este admirable martirio, que es modelo del martirio cristiano, único de este tipo dentro en el Antiguo Testamento. Por supuesto que los hebreos han sufrido mucho durante sus operaciones bélicas, derrotas de distintos enemigos, etcétera, pero el martirio para la fe nunca se les fue impuesto. Sólo los siete Macabeos martirizaron para la Fe, y así, como os dije, son prototipo o modelo del martirio cristiano. La manera por la que estos siete jóvenes héroes afrontan el martirio es ejemplar.

Había una madre, viuda, que había muerto su marido con quien había tenido siete varones, muy guapos, uno más bello que el otro. Entonces Antíoco el Epífanes había impuesto a los Israelitas que coman carne de cerdo, porque esto era una forma de poder desarraigar las “profundidades” de la Ley. Igual que hoy, decimos que vamos a quitar el ayuno, cambiar las fechas de la Pascua, de modo que la celebremos con otras religiones y los heterodoxos, hacer la semana de diez días en vez de siete… unas cosas así que se asimilan a los tipo extranjeros, mientras que la realidad no es otra cosa que un anzuelo para desarraigar la esencia. No os impresione esto. Así pues, que no se considere una cerradura de mente el que estos siete jóvenes insistían en no comer carne de cerdo. Esta era la razón. No era una cabezonería.

Así cuando fueron llamados a comer carne de cerdo, dijeron no. Entonces Antíoco el Epífanes los amenazó que los torturará. Vale la pena que leáis en II Macabeos capítulo 7º. Todo el capítulo se refiere al martirio de ellos. Os ruego mucho, que en vuestras casas lo leáis. El libro original está escrito en Helénico; tiene una lengua muy bella, no es de traducción. Recopilo algunas respuestas de estos siete jóvenes.

Mientras martirizó el primero, vino la tanta del segundo y a punto de expirar, dijo a Antíoco el Epífanes: “¡Tú, criminal, nos quitas la vida presente; pero el Rey del mundo nos resucitará y nos dará después una vida eterna a los que morimos por sus leyes!”.

Y el tercero, extendió las manos con valor, diciendo con gallardía: “Del cielo, es decir, de Dios, he recibido estos miembros, y ahora los desprecio por amor de sus leyes, porque tengo la esperanza y sé que un día el mismo Dios me los devolverá”.

¡Atención! ¡Estamos en II siglo antes de Cristo. ¡Es realmente impresionante ver cómo el Espíritu de Dios describe todas estas cosas en el libro de la Santa Escritura! ¡Os impresiona!… No dice nada sobre la psique-alma, no habla nada sobre ella; habla sobre los miembros del cuerpo. Porque al martirio, si lo quieren, no puede entrar la psique. ¿Dónde va a entrar? ¿En la ruedas? ¿En las sartenes, en los aceites candentes? ¿Dónde?… El cuerpo y sus miembros sufren estas cosas. Además lo dijo, que los miembros del cuerpo padecen, y pierde estas cosas que le ha dado el Dios, y las volverá a tener. ¡Recuperará sus manos, sus pies, sus ojos, todo! ¿Os llama la atención esto, el que habla sobre revivificación de los miembros del cuerpo humano? ¡Qué realismo!

Y el cuarto a punto de morir, dijo: “Es preferible sucumbir en manos de hombres, teniendo en Dios la esperanza de ser resucitados de nuevo por él. Pero para ti no habrá resurrección para la vida, sino de juicio”. ¡Maravilloso!

Finalmente Antíoco ve que es vencido por estos jóvenes que permanecen firmes en su Fe, a pesar del horrible martirio que sufren, cree que satisfará su egoísmo ganando el último, el séptimo que era el más pequeño. Así que creyendo que la madre de ellos, Salomé, ahora tiene mucho dolor -¡admirad por favor; estaba presente al martirio de sus hijos!- y creyendo que como madre influiría a su hijo pequeño que hiciera culto a los ídolos y comer carne de cerdo, manda a ella su hijo pequeño para que le hable, calculando que una madre podría en momentos así decir a su hijo: “Hijo mío, por favor, ten piedad de mí; he perdido seis hijo, tus seis hermanos, no quiero perderte a ti también”. En esto calculaba Antíoco.

Escuchad ahora qué dijo esta gloriosa y bienaventurada madre a su hijo: “Hijo mío, ten compasión de mí, que durante nueve meses te llevé en mis entrañas, y te he amamantado durante tres años y te he alimentado y te he criado y educado hasta la edad que ahora tienes. Te pido, hijo mío, que mires al cielo y a la tierra y a todo lo que hay en ella, que reconozcas que Dios lo hizo todo de la nada y que de la misma manera hizo el género humano”.

Esta expresión “Dios lo hizo todo de la nada” es única en la Santa Escritura que la envidiarían todos los sistemas filosóficos. Está claro que está fuera de toda lógica, es cuestión sólo de apocálipsis-revelación que de la nada se ha creado todo. Esta frase la ha tomado san Basilio y la puso en su Divina Liturgia. Porque Aristóteles decía que de la nada o del cero igual nada o cero, o nada se ha hecho de la nada, en cambio la apocálipsis-revelación de Dios dice que “todo se ha creado de la nada”. ¡Esto dijo una madre a su hijo pequeño!

No temas a este verdugo; hazte digno de tus hermanos y acepta la muerte, para que tengas parte en la misericordia con tus hermanos». O sea, acepta la muerte por martirio para volver a tenerte otra vez con tus hermanos en el tiempo de la misericordia (increada) de Dios. Atención; ¿cuál es esta misericordia de Dios? ¡Es la resurrección de los muertos! Es decir, ¡cuando el Dios dará Su misericordia, compasión para que sean resucitados los hombres, entonces mis hijos, tú junto con tus hermanos os volveré a tener!

¡Habéis visto, por favor, la magnitud de la confesión de fe en la resurrección universal de los muertos!… ¡Nos sorprende y nos maravilla, queridos míos! ¡Pero iré un paso más allá: habéis visto la psique-alma de una madre, admirable y bienaventurada, una madre heroica de la Fe y de la patria!…

De verdad, amigos míos, no sé cómo nosotros veríamos a nuestros hijos, y qué les aconsejaríamos. Posiblemente tendríamos miedo que les pase algo, si estuviesen en un peligro así, y sobre todo por la Fe de ellos. ¿Quizás estamos preparados abandonarlo todo por tal que nuestro hijo no sufra? ¿Qué madre tendría el valor de decir estas palabras a su hijo como las que dijo Salomé? Pero estas cosas se han escrito sobre Salomé como modelo, ejemplo. Y no creáis que el honor y el valor sería menor, a cualquier época, si una madre hablase así a sus hijos. ¡Durante el día del Juicio, el día que el Dios nos pedirá cuentas, ella también será glorificada a lado de Salomé con aquellos gloriosos hijos suyos! ¡Sí!

¡Pero una cosa sola os ruego: crear y educar nuestros hijos con espíritu heroico! Sólo esto os digo. ¡Con espíritu heroico debemos instruir a nuestros hijos, y no con espíritu blando, espíritu de buena vida cómoda y ay que no le pase nada, que no sufra nuestro hijo y al futuro veremos!… No queridos míos, no; ¡con espíritu heroico debemos instruir y educar a nuestros hijos! Pero por supuesto que nuestros hijos deben ver este espíritu heroico también en nosotros. ¡Cread y educad héroes de la Fe y de nuestra patria! Porque, no lo olvidemos, si alguna vez nos atacan los enemigos, no combatirán helenos cualesquiera, sino aquellos que creen en Dios. Así son las cosas y creo que estáis de acuerdo también vosotros. Su patria la aman sólo aquellos que creen y aman a Dios; de otra manera dirán aquello histórico de los franceses «¿Pour­qu­oi, por qué. Está claro que nadie quiere la guerra, pero cuando peligran la fe y las cosas sagradas uno combatirá. Pues, combatirán sólo aquellos que son héroes de la Fe.

De todas formas, las palabra de esta mujer, Salomé, son un monumento de verdadera educación, de percepción ortodoxa en la relaciones de padres e hijos y la fe ortodoxa a Dios; además, apocaliptan-revelan también una fuerza profética por la futura resurrección de los muertos, que es una fe universal.

 

La historia de Judas el Macabeo

Judas el Macabeo –está en II Macabeos, capítulo 12- en una batalla habían muerto bastantes soldados suyos y cuando fueron a enterrarlos, se dio cuenta que en el seno de ellos tenían unos amuletos idólatras. Diríamos que eran como los amuletos que muchas veces algunos hombres toman de los magos –como huesos o alas de murciélagos, pétalos, etcétera- y se los ponen encima supuestamente como si les protegieran, o no tengan mal de ojo y todos estos cuentos que dicen. Pues, Judas el Macabeo percibió que los soldaros que habían muerto, tenían este tipo de amuletos encima de su cuerpo, y observó que sólo aquellos que llevaban amuletos habían sido matados. Entonces entendió que el Dios los había castigado, porque llevaban estos objetos idólatras.

Y qué hizo: “Contó los soldaos muertos e hizo una colecta soldado por soldado y reunió hasta dos mil dracmas de plata, que envió a Jerusalén para que ofrecieran un sacrificio por el pecado; e hizo muy bien por esta acción elevada y noble, inspirada en el pensamiento de la resurrección de los muertos. Puesto que si él no hubiera esperado que aquellos muertos habían de resucitar, vano, tonto y superfluo hubiera sido orar por ellos” (II Mac 12, 43-44). Es decir, que uno haga sacrificios para hombres que habían caído en pecado, si no hay resurrección de los muertos, esto sería una nimiedad y una tontería.

¡De modo que el sagrado historiador hasta pone un comentario sobre la resurrección de los muertos! Este comentario nos recuerda a Apóstol Pablo que dice: “Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana, vacía e inútil; aún estáis sumergidos en vuestros pecados” (1Cor 15,16-17). Pero, como os dije, progresamos más en la apocálipsis-revelación del realismo de la resurrección de los muertos.

 

La profecía de Daniel

El Profeta Daniel nos describe de forma precisa y clara la resurrección de los muertos. Escuchad lo que dice en el capítulo 12: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán; unos para la vida eterna, otros para la vergüenza y la ignominia perpetua” (Dan 12,2). Dice muchos, que quiere decir todos, y no dice han muerto, sino de los que están dormidos en el polvo de la tierra, todos resucitarán. Os recordaré algo del N. Testamento. Cuando el Cristo dice: “Ésta es mi sangre, la sangre de la alianza, que será derramada para muchos” (Mt 26,28 Mrc 14,24). No da a entender que el Cristo ha derramado Su Sangre simplemente para muchos, sino para todos los hombres.

También aquí vemos que dice que la muerte es “dormir”. ¿Sabéis por qué habla sobre “dormir”? Porque cada hombre que duerme, despierta, es decir, cada hombre que muere resucita. Además, habla sobre el “polvo de la tierra”. ¡Realismo terrible e admirable! Incluso dice que la resurrección será en dos categorías de hombres: una categoría es “en resurrección de vida”, que es la vida eterna; y la otra es “en resurrección de juicio”.

Aunque en Salmo 1º se dice algo que lo explotan los testigos de Jehová. Dice: “por eso no resucitarán los impíos para juicio” (Sal 1,5). Pero esto no significa que los impíos no resucitarán sino que no resucitarán para la vida eterna. Porque estas cosas serían contradictorias entre sí. Resucitarán todos, pero no todos para la vida eterna sino en resurrección para juicio, es decir, condena.

Y continúa Daniel: “Los justos brillarán entonces como el resplandor del firmamento, por toda la eternidad y serán muchos como las estrellas”. ¡Así que se salvarán muchos!… Una vez preguntaron al Señor: “¿Señor serán pocos los salvados?”; y no dijo si serán pocos ni muchos, sino: “que luchéis para entrar” (Lc 13,23). Aquí vemos que son muchos que se salvarán. ¿Sabéis por qué? Para que no digan los hombres: ¿Cuántos se salvarán; ¿si en los diez billones de hombres sólo una decena se salva, entonces el Dios no tendrá compasión para el resto?”. Sabéis existe esta psicología en los hombres de que el Dios tendrá compasión y pena por nosotros, y algo hará.

Atención, hermanos míos: no se hará ni más ni menos de lo que logos de Dios apocalipta-revela. El Dios no miente ni juega. Si fuera de hacer algo nos lo diría. No olvidemos que en las profecías cuando habla de amenazas de guerras para los hebreos, a la vez también ofrece la redención. Dice: “Os castigaré, os mandaré cautivos en Babilón, después yo castigaré aquellos que os han secuestrado en el cautiverio; y otra vez os restableceré” (Sal 77,61-66· Is 13,2· Jer 37,16-19· Ez 25,1-17, etc). ¿Por qué el Dios lo dice por adelantado? Porque el Dios no miente y no duda decir aquello que va hacer. Cuando pues, no deja margen de apocatástasis o restablecimiento, no vayamos a creer que todos serán salvados y restablecerá todo, como decía Orígenes; en el sentido que incluso el diablo será perdonado, y entonces todo será muy bonito. No, amigos míos, no; ¡la realeza increada de Dios es eterna y el Infierno será eterno! Esto no debe engañarnos y nos escape, creyendo que se hará algo distinto. Por eso aquí dice que serán muchos los que se salvarán.

¡Y sabéis qué terrible será! Os diré un pequeño ejemplo de la vida escolar, y los que fuisteis alumnos entenderéis la psicología de la cosa. No estudiáis vuestras asignaturas, y creéis que muchos alumnos no aprobarán el curso, como vosotros y así tendréis compañía. Pero veis que aprueban casi todos, y tú quedarás al mismo curso, sólo tú y un par o tres más. ¡Qué sorpresa! ¡Así que han aprobado los otros, y nosotros hemos quedado al mismo curso!… He aquí amigos míos, esta es una sorpresa agónica, terrible. Los que fueron alumnos y tuvieron un poco de agonía en sus interiores por los exámenes, entienden el lenguaje que hablo. Sorpresa terrible. ¿Sabéis qué piensan algunos alumnos que han tenido un fracaso en los exámenes y en septiembre volverán a examinarse? ¡Ojalá que haya una guerra, así los profesores no vayan a examinarlos!… Sí es así; y no es injustificable. ¡Esto manifiesta que la sorpresa será terrible, si vemos muchos salvarse, y nosotros quedarnos fuera!

La profecía de Daniel aún muestra también el futuro de los hombres dentro en la realeza increada de Dios, y dice: “Los justos brillarán entonces como el resplandor del firmamento, por toda la eternidad”. ¡Brillarán!!! ¡Brillarán!!! El Cristo dijo: “Entonces los justos resplandecerán como el sol en la realeza increada de su Padre” (Mt 13,43). Y lo mostró en Su Metamorfosis. Pero este tema sobre el futuro de cuerpo nos ocuparemos en futuras homilías.

Y dice a Daniel el ángel que le apocalipta-revela todas estas cosas: “Y tú, Daniel vete a descansar; y pasarán tiempos y tiempos hasta que todo esto se haga; entonces cuando se cumplan los tiempos tu resucitarás y te encontrarás entre los que son semejantes a ti, con los justos” (Dan 12,13).

¿Habéis visto? ¡Resucitarás! ¡De modo que en este caso la muerte con esta condición de resurrección, es un descanso, no una disolución! ¡Cosa terrible es la muerte…horrible! …¡pero con la esperanza de la resurrección, es descanso! Es algo que lo esperan los Santos con alegría.

La profecía de Ezequiel

Este realismo de Daniel compite con el realismo de la visión del profeta Ezequiel. Es aquella profecía que leemos cuando hacemos la procesión del Epitafio en la Iglesia. Esta lectura y profecía de Ezequiel, diría que sobresalta especialmente en todo este Oficio, que por supuesto son las vísperas del Sábado Grande. ¡Es magnífica! ¡Es una profecía bella, llena de esperanza! Os dije que compite en realismo con lo que escribe Daniel, escuchadla: “El Señor puso su mano sobre mí, me trasladó por medio de su espíritu y me dejó en medio de la vega, que estaba llena de huesos” (Ez 37,1). 

¿Habéis entrado alguna vez en un desordenado osario de algún pueblo, que generalmente refleja su desorden? Porque realmente el cementerio y el osario de un lugar son el espejo de la ciudad o del pueblo; que lo sepamos esto. Si entras en un osario y veis los huesos medio fundidos, dentro de unos sacos tirados en un almacén, pulverizados por la lluvia y el viento, diréis: “¡Dios mío, Dios mío!” Amigos míos, que debemos cuidar nuestros cementerios y osarios muestra que creemos al futuro de nuestros seres queridos y de nosotros mismos. Pero cuando cuidamos la tumba o los huesos, no lo hacemos por vanagloria o simplemente así es, sino porque creemos en la resurrección de los muertos. Porque como veremos, y esto ya lo sabéis ya después de tantas homilías sobre la Resurrección de Cristo, que los mismos cuerpos nuestros resucitarán. ¡Pero por supuesto que no porque habría la necesidad recogerlas para que no se pierda ningún huesecito, no vaya ser que uno resucite y le falte algún huesecito…! No es por esto, sino por la misma manera que cuidamos la tumba o el panteón. Vamos encendemos una vela, un candil, ponemos incienso y flores; ¿por qué hacemos estas cosas? ¿Quizás el muerto va a oler las flores, o quizás -aquella tontería que dicen algunos- de que con la luz del candil o de la vela el muerto vea en el otro mundo, para que no camine en la oscuridad?… Cuando hacemos todo esto es en honor de la persona, que como imagen de Dios un día resucitará y estará de pie. Puesto que es en honor, ¿por qué no tener también la tumba limpia, cuidada y adornada, el tiempo que durará en la tumba, que expresa lo “espero la resurrección de los muertos” que decimos en el Credo o Símbolo de Fe.

Pues, en un ambiente así el Dios condujo a Ezequiel, en un campo lleno de huesos humanos, y nos apocalipta-revela: “2Me hizo pasar por ellos en todas las direcciones. Era una cantidad inmensa a lo largo de la vega y estaban completamente secos. 3. Y me dijo: «Hijo de hombre, ¿podrán revivir estos huesos?». Yo le respondí: «Señor Dios, tú lo sabes». 4. Y me dijo: «Profetiza sobre estos huesos y diles: ¡Huesos resecos, escuchad el logos del Señor! Nos dirá el Apóstol Pablo que la resurrección de los muertos se hará “por el logos de Dios” (1Tes 4,15) -¡concordancia entre A. y N. Testamento! Y dirás oh profeta: 5. Esto dice el Señor Dios a estos huesos: Yo haré que entre de nuevo el espíritu en vosotros y reviviréis. 6. Os cubriré de nervios, haré crecer sobre vosotros la carne, os echaré encima la piel y os infundiré el espíritu y viviréis, y sabréis que yo soy el Señor», ¡el sabio, el fuerte que ama a los hombres! No olvidéis estas tres: sabiduría, fuerza y agapi de Dios; son estas tres que darán la resurrección de los muertos. Estas pide el Dios de Ezequiel que diga a aquellos huesos.

Y el Profeta dice: 7. Yo profeticé como me había ordenado, y mientras profetizaba se sintió un ruido, un terremoto; hubo un estremecimiento y los huesos se juntaron armónicamente unos a otros”. Acordaos el terremoto, cuando el Cristo estaba encima de la cruz, que se abrieron las tumbas y salieron los muertos. Acordaos de esto. Esto no fue una profecía sino un acontecimiento. ¡Sabéis queridos míos qué significa que después de una profecía tener un acontecimiento! ¡Es terrible y admirable!

Continuamos la profecía: 8. Miré y vi aparecer sobre ellos los nervios, crecer la carne y recubrirse todo de piel. Pero no tenían el espíritu de vida. 9. Entonces él me dijo: «Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Esto dice el Señor Dios: ¡Ven, espíritu, de los cuatro espíritus y sopla sobre estos muertos para que revivan!», es decirhabla por cuenta mía al Espíritu Santo. Atención aquí por favorAquí de una manera el Dios Padre dice al profeta que se dirija al Espíritu Santo: “Estas cosas dice el Señor: Tú, el Espíritu Santo ven espíritu de los cuatro puntos cardinales y sopla en estos muertos y vivirán“, aquí espíritu quiere decir viento, aire y los cuatro espíritus son los cuatro puntos cardinales: Este, Oeste, Norte y Sur.

Así que el Espíritu Santo nos dará el soplo (en energía increada) de la resurrección. Pero la resurrección se hará en potencia de Cristo. Esto es lo que dijo el Cristo: “Pero yo os digo la verdad, os conviene que yo me vaya. Porque si no me voy, el Paráclitos (Espíritu Santo) no vendrá a vosotros, pero si me voy, os lo enviaré” (Jn 16,7). Y el Espíritu Santo que permanece en la Iglesia, Él nos dará la resurrección de los muertos. Pero atención a esto: nunca el Espíritu Santo vendría para darnos la resurrección de los muertos si el Hijo de Dios no se hiciese hombre y resucitar para que nosotros también resucitemos.

Y continúa: “10. ¡Profeticé como el Señor me había ordenado, y el espíritu entró en aquellos huesos, que se reanimaron y se pusieron en pie. Era una cantidad inmensa!…”. ¡Terrible y magnifico!… Habíamos dicho la vez anterior que por eso este período Pentecostario no nos arrodillamos, porque a la posición de levantados en pie es tipo o modelo de nuestra resurrección; es decir, que resucitaremos y estaremos en pie con los dos pies, los corporales. ¡No con pies espirituales, sino somáticos corporales!

Y después: “me dijo el Señor profetiza y diles a estos –los judíos- esto dice el Señor Dios: Mirad, yo abriré vuestras tumbas y os haré salir de vuestros sepulcros“.

Es cierto que esta profecía tiene dos dimensiones: una es nacional y la otra esjatológica. Pero decidme: ¿Se podría dar una imagen tan tremenda para un renacimiento nacional? Sin embargo el Dios la da; porque el renacimiento nacional es una dimensión o forma del siglo presente –realmente esto sucedió en los hebreos y pasó- pero detrás de esto está el renacimiento esjatológico universal: ¡la resurrección de los muertos! Por eso es grandiosa, terrible y realista esta imagen de la resurrección de los muertos.

Así que, amigos míos, vemos que esta imagen terrible del profeta Ezequiel se realizará por una y última vez más, se realizará en el “ésjato-último día”, donde se hará la resurrección de los muertos.

Pero aquí terminamos, de modo que el siguiente Domingo, si el Dios quiere, veremos cómo exactamente nos apocalipta-revela el Nuevo Testamento la resurrección de los muertos. Allí ya veremos de una forma muy clara que el centro, el núcleo por el que es dirigido el Nuevo Testamento entero, y también en general la Santa Escritura, es la Resurrección de Cristo y la resurrección de los muertos.

¡Cómo, pues, podemos no alabar a Dios, ni agradecerle por esta Su gran donación, que con Su sabiduría (increada) y Su agapi (amor, energía increada) trabajó la obra de nuestra resurrección psicosomática!

Que Dios os bendiga

 

Homilía 3: El Nuevo testamento sobre la Resurrección de los muertos

Como ya hemos dicho, queridos hermanos, la resurrección de los muertos es dogma exclusivamente de la fe Cristiana. Todo el Nuevo Testamento proclama dos kerigmas alegres: la Resurrección de Cristo y, en potencia de esta, la resurrección de los muertos. Pero vamos a ver algunos testimonios del Nuevo testamento, igual que hemos visto algunos del Antiguo Testamento.

Saduceos, Fariseos y la resurrección de los muertos

En la época de nuestro Señor había dos clases de judíos sobre la fe. Una clase era de los fariseos, que creía correctamente el contenido que había en el Antiguo Testamento. Es decir, creía en Dios, creía en la existencia de los ángeles y los demonios, o sea, los espíritus; creía en la existencia de la psique-alma, en la inmortalidad de la psique, como también en la resurrección de los cuerpos. Al contrario, la otra clase de judíos, los saduceos, no aceptaban nada más que la existencia de Dios; es decir, negaban la existencia de los ángeles, de los demonios, de que existe la psique-alma y mucho más que la psique fuera inmortal; o aún si aceptaban la existencia de la psique, no admitían la inmortalidad de ella. Pero también esta existencia de Dios, los saduceos la creían de una manera deísta1. Es decir, que el Dios hizo el mundo, pero está desinteresado ya para el mundo; exactamente igual que cuando compramos un reloj, lo damos cuerda y lo dejamos trabajar y ya no nos preocupa. Así pues, el Dios ha definido las leyes en el mundo y el mundo se mueve en potencia de estas leyes, y ya este Dios no se interesa para este mundo. O sea que no creían que existe la continua providencia de Dios dentro en el mundo. (1Deísmo: es una teoría filosófica que sostiene que el Dios ha creado el universo y las leyes naturales, pero desde entonces ha dejado de intervenir en el funcionamiento del mundo y las cuestiones de los hombres).

Una vez los saduceos quisieron reírse y burlarse del Señor y Le dijeron aquel mito conocido de las siete mujeres con los siete maridos que murieron todos y finalmente ella también; “El mismo día se le acercaron unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: “Maestro, Moisés dijo: Si muere un hombre casado sin tener hijos, su hermano se casará con la viuda para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos; el primero se casó y murió sin dejar hijos, por lo que la viuda se casó con el hermano siguiente. Igualmente el segundo y el tercero, hasta el séptimo. Finalmente murió también la mujer” (Mt 22, 23-27 Mr 12 18-27). 

La pregunta de los saduceos hacia al Señor fue: “Tú dices que los muertos resucitarán; pero entonces en la resurrección, ¿de quién de los siete será mujer? Porque todos la tuvieron por mujer” (Mt 22, 27 Mr 12,23). Por supuesto que esto no estaba escrito en el Antiguo Testamento; era un mito, una historia inventada y falsa. ¡Los Saduceos la habían inventado únicamente para dirigirse contra la fe de la resurrección de los muertos, y también para clavar a la pared o dejar sin palabra a nuestro Señor, porque supuestamente no sería capaz de responder a esta pregunta inteligente!…

Pero el Señor respondió de la siguiente manera: “Os equivocáis, estáis en un error, porque no entendéis las Escrituras ni el poder de Dios”. Es decir, el Señor esencialmente ha dado dos respuestas; les dijo que estaban en dos engaños, errores: uno es la ignorancia de la Escrituras –no del conocimiento creado; y el segundo error era la ignorancia del poder, la potencia y la energía increada de Dios.

Y continua el Señor: “Porque en la resurrección ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como ángeles en el cielo”. Es como si los dijera: ­“¿Por qué me preguntáis esto? No habéis leído nunca la Escritura para verlo esto, sino que os basáis en mitos que crea vuestra pobre mente vacía y la fantasía”. Por ejemplo, los hombres quieren sostener la existencia de la suerte y crean historias; y cuando uno les dice que no existe la suerte, le cuentan el mito, como si el mito fuera la demostración de su posición, y que la suerte existe. Cosas tontas, nimiedades y tonterías.

Pues, cuando el Señor responde y dice: “Ignoráis la Escritura. Cuando se haga la resurrección de los muertos ya no habrá casamiento o matrimonio”. Eso que dice “como ángeles del cielo”, no da a entender que expulsará los cuerpos de ellos –además esto lo veremos en otros pasajes que nos lo aclara este punto- sino que no tendrán necesidades biológicas, igual que los ángeles de Dios. Los ángeles de Dios no se casan, ni comen, tampoco beben. De la misma manera también los hombres que resucitarán no se casan, ni comen, tampoco beben.

Sobre todo esto es una respuesta a los testigos de Jehová o milenaristas, quienes presentan la Realeza increada de Dios de modo materialista. En aquellos folletos publicitarios de su herejía que esparcen generosamente de cualquier manera, contienen caricaturas que muestran un bienestar material: bellos jardines y patios con flores, bandejas con frutas, unos tocando guitarras, niños alegres jugando, animales cerca de ellos… Es decir, ¡presentan paisajes idílicos para mostrar cómo es la Realeza increada de Dios! ¡Dicen que la resurrección de los cuerpos será en el sentido que estaremos comiendo, casándonos!… En la pregunta: ¿Bien puesto estaremos encima de la tierra y no estaremos muriendo, llegará un día que habrá súper-población, entonces, qué pasará? La respuesta de ellos: “Entonces el Dios impondrá la esterilización a los hombres, y ya no recrearán hijos”. ¡He aquí la respuesta… cosas de risa! Los testigos de Jehová están siempre preparados a utilizar cualquier mito y su mala astucia, vileza para sostener estos mitos.

De todas formas el Señor aquí se refiere de la forma del cuerpo resucitado. Sobre la forma y el tacto del cuerpo hablaremos un poquito más abajo, cuando diremos cuál es este cuerpo nuestro resucitado.

Y añade a los saduceos: “Y acerca de la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que dijo Dios: Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos»(Mt 22,31-32). Pues, ¡oh analfabetos saduceos no habéis leído al logos de Dios que dice esto a Moisés! Esto lo había dicho antiguamente a Moisés (Ex 3,6).

Es decir, el argumento del Señor es el siguiente: “Cuando el Dios dice “YoSoY el Dios de Abraham” y esto lo dice a Moisés 500-600 años después de la muerte de Abraham, aunque había muerto no se ha perdido. Porque si se hubiera perdido, es decir, si hubiera vuelto en la tierra y se convirtiera en polvo, ¿cómo podría decir que es el Dios de una persona, de una existencia que se ha perdido?… Para que el Dios diga: ““YoSoY el Dios de Abraham”, significa que Abraham existe; y cuando dice; “YoSoY el Dios de Isaac y de Jacob” significa que ellos existen. De otra manera no diría que es el Dios de ellos…

¿Cómo yo puedo decir que soy el dueño de una casa o de un terreno, que ya los he vendido y no los tengo? Para decir que soy el propietario de una casa o terreno, debo estar preparado en cada momento poder demostrarlo y que existe. Así pues, cuando el Dios dice que “YoSoY el Dios de Abraham”, significa que Abraham existe. De todos modos esta es una demostración muy importante, que el Señor utiliza de la Escritura contra los saduceos, sobre la resurrección de los muertos.

 Demostraciones lógicas y la apocálipsis-revelación de Dios 

Como veis, el Señor no utiliza las conocidas demostraciones lógicas sobre la existencia de la psique-alma, sobre la inmortalidad de la psique, sobre la resurrección de los muertos, etcétera. No utiliza las llamadas “demostraciones lógicas”, estas que leemos al colegio en un libro sobre la Ética, por ejemplo, cuando dice que la psique-alma es inmortal, espiritual, etc.

Amigos míos, estas demostraciones puede que tengan un valor, pero el valor de ellas no es absoluto. Desde el momento que hay el antílogo, no tienen un valor absoluto. Os lo digo, para que lo tengáis en cuenta. No busquéis demostraciones sobre el Dios ni sobre la psique. Aquel que busca demostraciones lógicas sobre el Dios o la psique-alma está fuera de toda realidad. ¡Si queréis demostraciones, están puestas en la Santa Escritura; allí está la apocálipsis-revelación! Igual que uno puede decir que existe el Dios o la psique, lo mismo uno puede decir que no existe el Dios o la psique. ¿Cómo puedo saber que existe o no la psique? Sólo con la apocálipsis-revelación, sólo si se me apocalipta-revela. Como entenderéis, pues, el Señor no responde a los saduceos con las llamadas “demostraciones lógicas”, sino con la apocálipsis que da el mismo Antiguo Testamento, y en este caso el pasaje que se ha referido como prueba. La única prueba, demostración patente y potente es la apocálipisis.

Si me dijerais que el otro no acepta la apocálipsis, os respondería: ¡éste no merece ni es digno de saber que el Dios existe y que existe la psique! No le merece. Es aquello que responde la Santa Escritura: “¡Yo os dije que sois dioses e hijos de Dios, pero vosotros como hombres morís!” En otras palabras, vivís y percibís como seres biológicos, y como seres biológicos acabaréis vuestra vida en la tierra!… Esto da a entender como “humanos”, es decir, como los animales, sin ninguna búsqueda e inquietud espiritual. Pero el hombre que piensa, el que tiene elevaciones, transcendencias e inquietudes espirituales, éste aceptará la apocálipiss-revelación de Dios.

Por consiguiente, para el hombre que es digno y vale, la demostración es una: la apocálipiss-revelación de Dios. El Dios revelará el Sí Mismo a nosotros, y nosotros aceptaremos esta apocálipsis-revelación. El Dios nos dirá quiénes somos. Él nos ha creado y Él nos dirá quiénes somos. Si nos ocupamos y perdemos el tiempo buscando si existe la psique o no, entonces…

¡Amigos míos, hay tesis o teorías filosóficas que dudan aún hasta nuestra existencia, no sólo como psique, sino tampoco como existencia! ¡Sostienen que en este momento no vivimos realmente, sino que estamos viendo un sueño! ¡Es decir, que vosotros estáis en un estado de ensueño, y creéis que alguien os está hablando; y yo me encuentro en un estado de ensueño, y creo que tengo un auditorio adelante mío! ¿Es verdad, estáis soñando? ¡Un poquito más, y os convenzo que estáis soñando! ¿Posiblemente que estéis soñando?… ¡Si es verdad que estáis soñando, está claro que no hay nada delante de vosotros, estáis viendo un sueño! ¿Es verdad, estáis soñando? ¡Buscaros bien! Por supuesto podría decir alguien: “Si yo veo sueño, significa que existo, ¿cómo vería el sueño si no existiera? Esto lo dijo Descartes:

«Cogito, ergo sum», el principio filosófico que está basado todo el sistema filosófico de René Descartes (596-1650). «Puedo dudar por ciertas cosas que me rodean y por todo que estoy pensando. Pero los hombres a menudo fallan en sus silogismos, aún en temas sencillos, y no hay razón que crea que los sentidos no me engañan o que mis pensamientos no son más que sueños, como cuando estoy durmiendo. Puedo dudar, pues, por todo lo que pienso y creo, pero para una cosa en ningún caso puedo dudar: de que dudo. Pero inmediatamente me fijé que mientras yo quería pensar así, de que todo era falso, debería obligatoriamente pensar que yo que estaba pensando, soy algo. Y observando que esta verdad “pienso, por lo tanto existo” era tan fuerte y tan segura de modo que todas las suposiciones irracionales de los filósofos escépticos o pensadores no eran capaces de tambalearla, y he juzgado que podía sin duda tenerla como principio de la filosofía que buscaba.»

Entonces, queridos míos, la primera demostración o prueba para la resurrección de los muertos es la misma Escritura; es este pasaje que el Señor dijo a los saduceos. La segunda es su propia Resurrección, como demostración sobre acontecimientos. Es como si el Señor dijera: “Yo os he dicho que soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Aún os he dicho que el Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Y ahora os mostraré también con acontecimientos, con hechos: ¡Resucitaré! Y cuando yo resucite, os habré demostrado que YoSoY el Señor de la vida y de la muerte, soy el Vencedor de la muerte, YoSoy la Vida y la Resurrección” (ver Jn 11,25 y Apo 1,18, etc).

 El Señor sobre la resurrección de los muertos 

Sabéis, cuando el Señor habló sobre la psique-alma no utilizó ninguna prueba. Buscad toda la Santa Escritura, seguro que no encontraréis ninguna prueba lógica sobre la existencia de la psique. Sólo habla sobre el valor de la psique, así presupone la existencia de ella, por lo tanto la apocalipta-revela. Una vez el Señor había dicho: “No tengáis miedo de los que matan el cuerpo, pero no pueden matar la psique- alma; temed más bien al que puede perder la psique y el cuerpo en el infierno” (Mt 10,28), y esto sólo lo puede hacer el Dios

Atención a esto: ¿Qué pondrá el Dios en el infierno? ¡La psique y el cuerpo! Pero para que el cuerpo esté al infierno, significa que primero resucitará de la tumba, donde se había fundido, y después irá al infierno, siempre “por el logos de Dios” (1Tes 4,15), de acuerdo con el logos del Señor.

¡Habéis visto! ¡Dónde están aquellos que dicen que habrá sólo examen y remordimientos de conciencia! Por supuesto que serán exámenes y remordimientos de conciencia, pero será también castigo del cuerpo. Pero como no estará con el viejo cuerpo, sino con el nuevo, con sus nuevas cualidades, entonces ahora no podemos comprender exactamente cómo será el Infierno. El Señor lo asemejó con el “fuego que nunca se apaga”; y este fuego no ilumina, por eso habló de oscuridad o tiniebla. Habló del “gusano que no acaba nunca”, porque come continuamente los que están allí. Habló del “rechinar de los dientes”, cuando los hombres tocan sus diente y gritan del dolor (Ver Mt 8,13· 13,42· 50.22,13. Mr 9, 44-48. Lc 13,28. Etc.). Qué son todas estas cosas exactamente no lo sabemos. Nos las dijo sólo con imágenes terrenales, igual que sobre la Realeza increada de Dios también nos habló con imágenes terrenales, porque son cosas fuera de la presente realidad, tanto el infierno como la Realeza increada de Dios. Habéis visto pues, que el cuerpo también estará al Infierno, como también igual estará en la Realeza increada de Dios.

Una vez el Señor dijo a los de Capernaum: «Y esta es la voluntad de aquel que me ha enviado, que el que contemple al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna y yo le resucitaré en el último día. (Y esta es la voluntad de aquel que me ha enviado al mundo, que el que tenga los ojos de su psique limpios y purificados contemple al Hijo y crea en Él y tenga ya desde la vida presente la eterna y yo le resucitaré gloriosamente en el ésjato-último día del Juicio» (Jn 6,40). Cuál es este “ésjato-último día”; es el último día de la Historia, durante la cual se hará la resurrección de los muertos.

Habéis visto, por favor, qué dijo: “¡yo le resucitaré gloriosamente en el ésjato-último día!” El Señor dijo este logos para que no se crea que daba a entender la vida eterna de la psique. Simplemente porque, cuando antes dijo que Abraham, Isaac y Jacob están ante Dios -y son psiques, porque aún no han tomado sus cuerpos resucitados- esto significa que las psiques son inmortales, no mueren. ¿Entonces cómo va a resucitarlas en el ésjato-último día? Entonces pues, no resucitará las psiques -puesto que viven- sino que resucitará los cuerpos.

Cuando el Señor hablaba sobre el Misterio de la Divina Efjaristía, dijo: “El que come mi sarx y bebe mi sangre, mediante el misterio de la divina Efjaristía, tiene vida eterna y yo lo resucitaré al ésjato-último gran día del juicio” (Jn 6,54). Otra vez aquí, para que no se crea que se trate de la psique, dice “yo le resucitaré el ésjato-último día”. Si leéis el Evangelio según Juan, capítulo 6, 22-59, encontraréis que se repite cuatro veces estereotípicamente la frase “yo le resucitaré el ésjato-último día”. Esto indica que el Señor habla repetidas veces sobre la resurrección de los muertos.

Y otra vez dijo el Señor: “25 Amín, amín, en verdad de verdad os digo: viene la hora, y en ella estamos, en que los hombres muertos (espiritualmente) escucharán la voz del Hijo de Dios y los que escuchen y acepten los logos de su enseñanza vivirán (por los siglos de los siglos cerca de Dios).

26 Como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo tener vida en sí mismo. 26. Como el Padre tiene la vida increada eternamente en su interior y es la fuente increada de la vida, así también al Hijo, quien se ha hecho hombre de modo único dentro en toda la creación, tiene en su interior la vida y la transmite también a los demás.

27 Y le ha dado poder para juzgar y actuar como Juez, ya que él es el Hijo del hombre, (el Logos e hijo unigénito que se ha hecho hombre y es Juez de los hombres).

28 No os extrañéis de esto, porque llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz; 28. No os asombréis de todo esto que os he dicho. Ocurrirán cosas aún más admirables que estas, porque llegará la hora en que todos los muertos que en aquel momento estén en los sepulcros oirán la voz del Hijo de Dios y los ordenará resucitar;

29 y saldrán fuera, y los que han obrado bien, pasarán a la resurrección de la vida eterna y feliz. Y los que han obrado mal, para la resurrección de juicio y condena” (Jn 5, 25-29).

Este logos del Señor recuerda literalmente la profecía de Daniel, que nos hemos referido a la homilía anterior, que dice: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán; unos para la vida eterna, otros para la vergüenza y la ignominia perpetua. Los sabios brillarán entonces como el resplandor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas por toda la eternidad” (Dan 12,2-3) etc. Hay en este logos de nuestro Señor un realismo absoluto; no hay ninguna alegoría o metáfora aquí. ¡Sobre todo, cuando el Señor habla sobre las tumbas, y aún cuando habla de la salida de los muertos de las tumbas, esto indica un realismo terrible; indica una realidad que asusta cuando pensamos que nos levantaremos de nuestras tumbas! Se hará la resurrección de todos los seres humanos. No quedará nadie que no será resucitado, desde la época de Adán y Eva hasta el momento que el Cristo volverá. ¡Todos resucitarán! Esto se hará “a la hora o tiempo que viene” (Jn 5,28). ¿Y cuál será esta hora? Es el “ésjato día” de la historia, como antes hemos dicho.

Con lo “ahora es esta hora”, que dijo el Señor, daba a entender esto que mostró con la resurrecciones en aquel tiempo, de Lázaro y otras. Pero todos estos por supuesto que volverían a morir. Pero en Señor en aquella hora quería demostrar que tiene la fuerza de resucitar muertos. Pero lo “ahora es” incluso lo dijo para Su propia Resurrección. Por tanto se ha dado el sello y la demostración de que todos resucitaremos. Aún dice que “habrá resurrección de vida” y “resurrección de juicio”. Esto otra vez recuerda los logos de Daniel y de los siete Macabeos, como os recordareis de la anterior homilía (ver Jn 5,29. Dan 12,2 2Mac 7,14, Mr 7,14).

Cuando el Señor resucitó provisionalmente a Lázaro, el hermano de María y Marta, dijo lo siguiente: “YoSoY la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre” (Jn 11,25), el Señor no dijo sólo “YoSoY la vida”, porque esto se podría considerar que se refiere a la vida de la psique, pero dijo “YoSoY la vida y la resurrección”, porque la resurrección se refiere al cuerpo muerto.

Además, cuando el Señor resucitó de los muertos, entonces muchos de los que resucitaron, aunque fuera provisionalmente, fue para certificar que el Cristo “es la vida y la resurrección” de los hombres. ¿Y qué pasó allí”. Nos impresiona mucho esta narración del Evangelista Mateo (Mt 27,52). ¡Nos recuerda la visión de Ezequiel en la vega donde estaban esparcidos los huesos, y entonces comenzaron los huesos unirse armónicamente uno con el otro, que reciban nervios, piel, vida y soplo comenzando a moverse!

Uno diría que esto era una visión. Pero ahora observad en una realidad. Cuando el Cristo murió encima de la Cruz, se hizo un gran terremoto, lo recordáis: “y la tierra se movió y las piedras se rompieron y las tumbas se abrieron”. ¡Estas cosas aquí ahora son acontecimientos no es una visión, ni es una profecía! Dice a Profeta Ezequiel: “he aquí yo abro vuestras tumbas y os sacaré de las tumbas”. Esta es la profecía; he aquí ahora su realización: “se abrieron los sepulcros y muchos cuerpos de santos que estaban muertos resucitaron y, saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos” (7, 51-53). ¡Estas cosas son conmovedoras, amigos míos!

Los Apóstoles sobre la resurrección de los muertos 

Pero el centro del kerigma de los Apóstoles es la Resurrección de Cristo y la resurrección de los muertos. Los Apóstoles en sus kerigmas no se limitaron a decir no robar, no mentir y no matar. ¡Escuchadlo esto por favor! Por esto en la Confesión no digamos nunca no he robado, no he matado, ni he mentido. ¡No, estas cosas no son pecados; no delimitemos el contenido del Evangelio y su mensaje sólo en “no he robado, no he mentido y no he matado”!… El mensaje del Evangelio es la Resurrección de Cristo y, en potencia de esta, la resurrección de los muertos. Este es el mensaje alegre del Evangelio; este kerigma traen los Apóstoles en los confines de la tierra; ellos este mandamiento han recibido del Señor para decir a las naciones y los pueblos (ver Mt 28,19. Mr 16,15. Col 1,23).

Pues, vamos a ver algunos momentos. Son del libro de los Hechos de los Apóstoles y de las Epístolas.

Después del Pentecostés los Discípulos hablan públicamente sobre la Resurrección de Cristo y la resurrección de los muertos; por eso fueron detenidos por el jefe del templo y son conducidos a los soberanos. Es cierto que primero fueron echados a las cárceles y después fueron conducidos a los soberanos. Escuchad cómo:

“Mientras hablaban al pueblo, se les presentaron los sacerdotes, el oficial del templo y los saduceos, molestos de que enseñasen al pueblo y anunciasen que la resurrección de entre los muertos se había realizado ya en la persona de Jesús; los detuvieron y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente, pues era ya tarde” (Hec 4,1-3); porque hablaban sobre la Resurrección de Cristo y Su nombre.

También el Apóstol Pablo no duda en predicar la Resurrección de Cristo y de los muertos en este primer kerigma suyo en Atenas, la ciudad de los sabios y de la filosofía, del pensamiento y del logos humano. No dudó, ni se avergonzó en predicar la resurrección, después de una admirable introducción, que podría convertirse en una introducción filosófica. Pero no ha quedado en esto, porque si se quedara en esto y los atenienses le dijeran: ¡Bravo Pablo, fuiste admirable, magnífico, qué bien nos las has dicho! ¡entonces Pablo se hubiera borrado del mapa! ¡No es la bonita introducción filosófica, ni los bellos logos, tampoco los bellos pensamientos lo admirable, sino la Resurrección de Cristo y la resurrección de los muertos! Y había ido allí para hablar de la Resurrección de Cristo. ¿Y qué pasó? ¿Cómo recibieron los atenienses el kerigma de Pablo? Pues, los atenienses lo recibieron con burla y desprecio, (Hec 17, 16-34).

Aún el Apóstol Pablo no dudará ante el mismo consejero romano Félix y también ante los judíos acusadores, decir que “Yo soy juzgado hoy ante vosotros por la resurrección de los muertos” (Hec 24,21).

¡Veis que el centro y el núcleo del kerigma de los Apóstoles es la resurrección de los muertos, esto que desgraciadamente nosotros ignoramos!… Y dirá a nosotros también san Pablo en su epístola a los Corintios: ¡“para avergonzaos, os digo estas cosas” (1Cor 15,34), porque ignoráis cosas fundamentales de la vida!

Pero también ante Fisto y al rey Agripa que todos estaban juntos, cuando Pablo encadenado fue llamado hablar sobre el Cristianismo, dijo: “Pero con la ayuda de Dios me mantengo hasta hoy dando testimonio a chicos y grandes, no afirmando nada fuera de lo que los profetas y Moisés dijeron que había de suceder: que el Mesías tenía que padecer; que sería el primero en resucitar de entre los muertos, y así anunciaría la luz tanto al pueblo como a los paganos» (Hec 26,22).

¿Pero por qué dice “el primero”? Esto también lo dice a los romanos que es “el primogénito entre muchos hermanos” (Rom 8,29), es decir, es el primero que resucita y no vuelve a morir, y nosotros seguiremos, resucitaremos y no volveremos a morir. Así que habló para la Resurrección de Cristo y la resurrección de los muertos.

Y mientras pues, Pablo habla sobre la resurrección de los muertos, y Fisto el consejero romano, que no tenía ni idea del Antiguo Testamento, del logos de Dios, se levanta de repente y dice: «Estás loco, Pablo; las muchas letras te hacen perder la cabeza.» Y Pablo responde: «No estoy loco, excelentísimo Fisto, sino que hablo cosas verdaderas y sensatas», cosas bellas y lógicas que dice el logos de Dios.

Y entonces se dirige hacia Agripa, porque él era idumeo y conocía el Antiguo Testamento y le pregunta: “Rey Agripa ¿estás de acuerdo? ¿Crees en los Profetas? Yo sé que tú crees en los Profetas. Además las cosas que ocurrieron, la Crucifixión y la Resurrección de Cristo, no ocurrieron en un lugar desconocido y escondido sin que nadie se diera cuenta, sino en Jerusalén ante mucha gente. Por lo tanto excelentísimo Fisto no me he vuelto loco” (Hec 26,24-28).

Amigos míos, os quería decir algo. Hoy si hablamos a personas por primera vez sobre la resurrección de los muertos, no recibimos ninguna respuesta, nos escuchan pasivamente. Hombres que no saben nada sobre la resurrección de los muertos y no la creen, y cuando oyen sobre esta permanecen indiferentes. ¿Quizá no entiendan, ni profundizan al tema y no les interesa? No lo sé. Queridos míos, nunca he visto una reacción de parte de aquellos que escuchan estas cosas, y estoy seguro que tienen ignorancia para la resurrección de los muertos, a pesar que esta verdad está tan expandida dentro de la Iglesia. Estoy seguro que si oyen todas estas cosas que decimos aquí ahora, no reaccionarán; esto lo he vivido en todos mis años. Me diréis que: qué se puede hacer. ¿Sabéis lo que quería amigos míos? Cuando os hablé o os hablo sobre la resurrección de los muertos, pues, que os levantarais y decirme esto que dijo Fisto: “¡Páter Atanasio estás loco!… ¡Estás loco, dices que resucitarán los muertos!… Si me dijerais esto, os diría: ¡Bravo, gloria y gracias a Dios, ahora he visto vuestra reacción!

Sabéis que si alguien cae al suelo por una lipotimia, entendemos si ha muerto o no pinchándole con un alfiler a la pierna. Y si reacciona recogiendo la pierna, esto muestra que está vivo. Así pues, lo mismo aquí; si tenemos un auditorio que oye y no reacciona, qué diremos entonces: ¡Ha muerto el auditorio… no tiene interés! Así, pues, esto quería escuchar, pero no lo he escuchado nunca. Jamás he oído a alguien decirme: “¡Padre no estás bien… estás loco!…

Me temo que vosotros que me estáis oyendo, a pesar de tanto análisis detallado que se hace, uno podría decir: ¡Eh, basta ya, mucho nos has dicho! Me temo, por no decir que estoy seguro que, si os diera una hoja de papel en blanco y un lápiz y os hiciera un par de preguntas, si tendremos resurrección de muertos y cómo será esta, muy pocos me responderíais correctamente. ¡Posiblemente el diablo nos tapona los oídos… ¿Sabéis por qué os hablo así? ¡Queridos míos, hablo de tal manera para que se destaponen vuestros oídos! Lo repito: nuestros cuerpos resucitarán… que lo sepan esto!

El libro del Apocalipsis

Amigos, míos, nos hemos referido a la visión del profeta Ezequiel. Esto en primera fase se ha realizado durante la Resurrección de Cristo, cuando algunos de los muertos resucitaron, pero esto en la segunda fase será universal y se realizará generalmente en todos los muertos durante la Segunda Presencia.

Ahora vamos a referirnos a otra visión que ha visto san Juan el Evangelista. En el libro del Apocalipsis leemos lo siguiente: “Luego vi un gran trono blanco, y al que estaba sentado sobre él. El cielo y la tierra huyeron de su presencia sin dejar rastro. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono; fueron abiertos unos libros, y luego se abrió otro libro, que es el de la vida; y los muertos fueron juzgados según lo escrito en los libros, conforme a sus obras. Y el mar devolvió los muertos que guardaba, la Muerte y el Hades devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras” (Apo 20, 11-13). Allí hay muchas cosas sobre el tema, pero he tomado algo corto para no perder tiempo.

Es decir, que el Apóstol y Evangelista Juan describe las cosas que ha visto en una visión: “Luego vi un gran trono blanco, y al que estaba sentado sobre él”, no dice el nombre de Dios por respeto”. Y de golpe se fueron, desaparecieron el cielo y la tierra. Es decir, que tenemos nueva tierra y nuevo cielo: no ex nihilo-de la nada, sino que el mundo antiguo se fue, para que en su lugar venga el mundo nuevo, el antiguo pero renovado. Atención a esto: el antiguo pero renovado.

La Santa Escritura tiene un ejemplo en los Salmos que dice: “como un manto los enrollarás, como un vestido, y serán cambiados”, es decir, los cielos (Sal 101, 27 Heb 1,12). El manto es el abrigo. Cuando no tenemos dinero para cambiar de abrigo lo damos al sastre y lo hace reversible. Esto es lo que hará el Dios con la creación; la revertirá y le hará nueva, pero la misma. Cuando los hombres vean nuestro viejo abrigo revertido creerán que es nuevo. Esto pasará también con la creación.

Y continúa el Evangelista Juan: “Y vi a los muertos, grandes y pequeños”. Esto significa la resurrección universal. Todos resucitarán, los ancianos, los jóvenes y los niños, los recién nacidos, incluso los embriones que aún no han nacido. ¡Todos resucitarán! Los embriones que no tuvieron el honor a ver el sol… pero resucitarán porque tiene hipóstasis, forma o base substancial humana. No lo olvidemos esto. A pesar de que nosotros decimos que no es humano formado, y así podemos tirarlos en las cloacas de las ciudades… ¡Resucitarán también los embriones!

“Y el mar devolvió los muertos que guardaba”. ¡Curioso! Atención, por favor. ¿Por qué dice aquí que el mar entrega sus muertos? Es conocido que los hombres son enterrados en la tierra, ¿entonces por qué habla del mar? Toma el peor de los casos, como entrega representativa de los muertos. Se sabe que cuando una persona muere es enterrada en la tierra y allí permanecerá hasta la Segunda Presencia. ¿Pero aquel que se ha ahogado en el mar, qué habrá pasado? Primero es comido por los peces; ¿Y los huesos? Estos huesos como las piedras que están arrastradas por las olas continuamente durante siglos, y mezcladas con las algas se hacen redondas y después granos de arena, así también con los huesos, que finalmente desaparecen. ¿Dónde están? ¡Vete a saber ahora dónde están y cómo recogerlas¡ ¿cómo vas a recogerlos estos huesos que se han disuelto en el mar!…

Dice pues, que el mar dará los cuerpos de los muertos; aquí pone el mar, que es el caso extremo. Por tanto incluye también el fuego y la tierra. La tierra, el mar y el fuego entregarán sus muertos. Con estas expresiones quiere mostrar que la resurrección de los muertos no la impedirá nada, de cualquier manera que el hombre muera. Se ha fundido o no uno, le han comido los buitres, le han comido los gusanos, le ha quemado el fuego, le ha disuelto la bomba atómica… No importa; ¡Resucitará!

Y una cosa más. La tierra entregará los cuerpos muertos, la materia inicial, la cual será transformada, pero también la “muerte” y el “hades” entregarán a los que tienen. Cuando el Evangelista dice aquí “los muertos”, da a entender las psiques-almas y los cuerpos de los dormidos o muertos. Por supuesto que la muerte no es lugar; muerte es estado de ser, situación. Dice pues, que la “muerte” y el “hades” entregarán lo que tienen, es decir, las psiques-almas, y la tierra entregará lo que tiene, o sea, los cuerpos. Entonces, la tierra entrega los cuerpos y el hades las psiques, y tendremos otra vez unión de psiques y cuerpos, para tener esto que llamamos resurrección. Porque resurrección es recomposición, reunificación de las psiques-almas y de los cuerpos.

¿Decidme: existe mayor realismo que las cosas que leemos dentro en la Santa Escritura? ¿Puede uno leer la Santa Escritura elementalmente y decir que no encontrará estas cosas en ella? Por eso, queridos míos, yo ahora no hago otra cosa que exponer la Santa Escritura. Así que si leemos la Santa Escritura no tenemos ignorancia de las cosas.

I Epístola a los Corintios

El Apóstol Pablo de forma solemne nos dirá en su 1 Epístola a los Corintios: “¡Pero el Cristo resucitó primero de entre los muertos y se hizo primicia de todos los que durmieron o murieron! “ (1Cor 15, 20); es decir, es el primero de los muertos que resucitarán en el “ésjato-ultimo día”; es el primero y siguen todos los demás seres humanos, todos sin excepción alguna!

A continuación en la misma Epístola nos da en cinco líneas el diagrama explicativo de la muerte y la vida, diríamos la teología de la muerte y de la resurrección. Es grandioso esto, escuchadlo: “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre (Adán que cayó en el pecado), también por un hombre (el nuevo Adán, Cristo) vendrá la resurrección de los muertos. Porque así como por el hombre Adán todos morimos (a causa de la descendencia y relación con Adán), así también a través de la jaris-gracia, la energía increada y la unión con Cristo todos seremos vivificados. Pero cada uno con su debido orden o legión: Cristo, la primicia; luego los que son de Cristo, en su gloriosa venida. Luego el fin, cuando entregue la realeza al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Luego vendrá el fin, cuando ya habrá terminado Su obra real o sacerdotal y se habrá consumado la divina economía de la salvación de los hombres. Entonces el Cristo como hombre entregará su realeza increada al Dios y Padre. Entonces con su axioma real y sacerdotal ya habrá aniquilado toda potencia, poder y fuerza. Pero hasta este momento estará ejerciendo su axioma real y sacerdotal. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos bajo de sus pies. Y el postrero enemigo que será destruido es la muerte” (1Cor 25, 21-26). ¡Qué bonito!

Aquí con palabras sencillas, se da el diagrama completo de la teología de la muerte y de la vida. Cómo entró la muerte en el mundo; por un hombre, por Adán: “el día que comeréis de este fruto, por la muerte moriréis” (Gen 2,17), había dicho el Dios. Como los primeros en ser creados violaron el mandamiento de Dios, entró la muerte en la vida y al mundo. Así pues, morimos porque Adán murió. Y Adán murió porque violó el mandamiento de Dios. Algo similar, de la misma manera, y a través de un nuevo hombre se hará también la resurrección de los hombres. ¿Quién es este hombre que nos dará la resurrección de los muertos? Es Jesús Cristo, el nuevo Adán. El primer Adán es representativo de la muerte; el segundo Adán es representativo de la resurrección y la vida. Como con el primero vino la muerte, así con el segundo vino la resurrección. El primero desobedeció y murió; el segundo obedeció la voluntad del Padre, resucitó y resucitará a nosotros también. Así que tal y como con Adán todos morimos, así con el Cristo todos seremos vivificados.

“Pero cada uno con sus debidos ordenes”. ¿Quiénes son los órdenes o legiones? Son dos órdenes: los piadosos y los impíos; unos resucitarán en resurrección de vida, en cambio los otros, “en resurrección de juicio” (Jn 5,29). En otros puntos san Pablo habla más claro y preciso: ”El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor (1Tes 4,16-17). No le interesa qué pasará con los pecadores. Habla a los Tesalonicenses, a los santos, porque Cristiano quiere decir santo, y dice los santos heredarán la Realeza increada de Dios. No se interesa para nada para los pecadores; por eso aquí dice simplemente “cada uno con su orden o legión”.

A continuación dice: “Cristo, la primicia; luego los que son de Cristo, en su gloriosa venida. Luego el fin, cuando entregue la realeza al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia… Y el postrero enemigo que será destruido es la muerte” (1Cor 25,23-36). Por lo tanto, la resurrección de los muertos será la última praxis de la Historia. Muchos enemigos amenazan al hombre; también los demonios, las enfermedades, las distintas pruebas; pero el último enemigo que será vencido será la muerte.

La Tradición de la Iglesia sobre la resurrección de los muertos 

Queridos míos, la convicción sobre la resurrección de los muertos existía siempre en la Iglesia. Cuando el Apóstol Pablo en la Epístola a los Corintios habla sobre quinientos más o menos testigos presenciales de la Resurrección de Cristo y la remite a los Corintios diciendo que “muchos de estos aún viven”, y sobre estos testigos sostiene la gran verdad, sobre la resurrección de los muertos, esto significa que la Tradición de la Iglesia siempre consideraba como dogma fundamental de la fe la resurrección de los muertos. ¡Dogma fundamental! Si quitas esto, entonces también el otro, la Resurrección de Cristo es inútil.

¿Por qué voy a festejar que el Cristo ha resucitado? ¿Yo resucitaré?… ¡Si yo resucitaré a causa de Resurrección de Cristo, entonces aplaudiré a Cristo!… San Juan el Damasceno viendo las cosas que nos ha regalado el Cristo, se dirige a Él como a un hombre y le dice: “¡Felicidades Cristo! ¡Bravo Cristo!… Jesús, te aplaudo porque yo también resucitaré! (Expositio Fidei 77, 53-58). Si el Cristo, ha resucitado y yo no resucitaré, ¿entonces qué valor tiene que yo diga Cristo ha resucitado? Qué valor tiene que yo festeje la Pascua. ¿Qué valor tienen todas estas cosas que presentamos con celebraciones y fiestas, si el último enemigo, la muerte no es vencida? Esto es lo que festejamos: ¡con la muerte pisoteó la muerte, la victoria contra la muerte!

La Iglesia siempre ha mantenido y proyectó este dogma fundamental, la resurrección de los muertos. ¡Siempre!

San Clemente de Roma

San Clemente de Roma escribe: “Que nadie diga que este cuerpo no es juzgado ni resucita. ¡Habéis visto! El cuerpo será juzgado, dará cuentas a Dios! Sentaos, concentraos y estudiad bien, así conoceréis de qué manera sois salvados, de qué manera han mirado vuestros ojos y cómo se han hecho las cosas con vuestro cuerpo ¿No habéis afrontado el tema de la salvación con vuestros cuerpos? ¡Debéis pues, guardar vuestro cuerpo como templo de Dios! 

La salvación pues, la hemos recibido con nuestro cuerpo. Cómo se ha hecho esto. Decidme: ¿quién se ha bautizado en la pila? ¿el cuerpo o la psique-alma? El Cristo dijo: “El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tendrá vida eterna” (Jn 6,54). ¿Quién ha comido el Cuerpo y la Sangre de Cristo? ¿Nuestra psique o hemos abierto la boca? ¡Esta boca que abrimos cuando vamos al dentista! Perdonadme por el realismo. Pero no sé cómo hablar ya… ¡Así pues, con nuestra boca hemos tomado nuestra salvación! ¿Y a Cristo cómo lo hemos tomado? ¡Con Su Cuerpo! Esto quiere decir, pues, san Clemente de Roma, que el cuerpo resucitará.

Nosotros debemos, pues, cuidar nuestro cuerpo como templo de Dios. Con el cuerpo estáis llamados para la salvación, también con el cuerpo vendréis a la resurrección de los muertos.

Igual que el Logos de Dios, que era espíritu, se hizo cuerpo y nos ha llamado como cuerpos, como humanos con nuestra naturaleza humana, de semejante manera nos llamará cuando vuelva; y así también nosotros con este cuerpo resucitado recibiremos nuestra recompensa o salario. 

San Tatiano el Apologeta

San Tatiano el Apologeta escribe lo siguiente: Si el fuego extingue mi cuerpo no me inquieto, porque el mundo se ha hecho de materia evaporada e inexistente. Y si en los ríos, en las aguas y en los mares soy esparcido, incluso si me devoran las bestias salvajes, nada me pasará, porque me encuentro en las manos y en las cajas de rico Señor, mi Señor y Dios. O sea, que estoy en las cajas donde el Dios guarda Sus tesoros, allí me guarda y vigila el Dios.

El Rey Dios cuando quiera, esta existencia que está visible sólo por el Dios, la restablecerá como estaba antes. Decimos: este hombre se ha fundido, disuelto, ha desaparecido ya no existe. Pero este hombre no deja de ser visible a Dios; y cuando llegue la hora, a este hombre le restablecerá el Dios. Será otra vez hombre con su naturaleza humana. No tiene importancia si la calidad del cuerpo será nueva, como veremos a continuación.

San Isidoro el Pilusiotis

Os contaré ahora algo más de la Tradición de la Iglesia. San Isidoro Pilusiotis dice: “si la psique sola ha conseguido algo, entonces solo ella debe coronarse; pero si también el cuerpo ha tomado parte de la hazañas y de las luchas, entonces esto también debe ser coronado; porque está claro que es justo, correcto y natural que debe también el cuerpo tener las bendiciones y los premios”.

Por lo tanto, pues, la virtud del ayuno, pertenece al cuerpo; el pecado de la gula pertenece al cuerpo. La pureza, la prudencia es virtud que pertenece al cuerpo. La indecencia, la lujuria, el adulterio etc, son del cuerpo. Por lo tanto el peso de las virtudes o de los pecados cae al cuerpo. El cuerpo pues, será premiado por la prudencia, el ayuno, etc, y será condenado por la gula, el adulterio etc.

Si esto que os digo no es verdad, entonces qué sentido tiene el logos de Apóstol Pablo, en su 1 Epístola a los Corintios, capítulo 6: “Huid de la lujuria. Cualquier otro pecado cometido por el hombre queda fuera del cuerpo, pero el pecado de lujuria daña al propio cuerpo” (1Cor 6,18). Ya que con el cuerpo comete lujuria, entonces el cuerpo dará cuentas. ¿Puede uno cometiendo lujuria entrar en la Realeza increada de Dios? Por supuesto que no. Lo dice claro: “¿Es que no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis; ni los lujuriosos, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los invertidos, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los salteadores heredarán la Realeza increada de Dios” (1Cor 6, 9-10). Será juzgada, pues, la psique junto con el cuerpo, los dos darán cuentas a Dios.

Todavía lo dirá más claro san Pablo en su II Epístola a los Corintios: “pues todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba lo que mereció, conforme a lo que hizo con su cuerpo, bueno o malo” (2Cor 5,10). ¡Clarísimo!

Pues, amigos míos, estas cosas dice el logos de Dios. Pero como la hora ha pasado, si el Dios quiere, continuaremos el siguiente domingo.

 

Homilía

Continuamos, amigos míos, el testimonio de los Padres de nuestra Iglesia sobre el gran dogma de nuestra Fe, que es la resurrección de los muertos.

San Juan el Damasceno

San Juan el Damasceno, este gran santo dogmático de nuestra Iglesia y Padre de la dogmática como le llaman, escribe: “Creemos en la resurrección de los muertos, porque realmente existe; y cuando decimos resurrección, entendemos la resurrección de los cuerpos. Resurrección decimos la posición erguida, levantada de una cosa que ha caído. Porque las psiques son inmortales, y por consiguiente, ya que son inmortales, ¿cómo vamos hablar sobre la resurrección de ellas? Porque muerte se define como separación de la psique del cuerpo, y la resurrección es otra vez la cohesión de la psique y del cuerpo disuelto y animal caído”. ¡Qué bella descripción!

Es tan característico san Juan Damasceno, de modo que si tuviéramos sólo este fragmento suyo, nos daría una imagen completa sobre el tema de la resurrección de los muertos. Pero os remito al último capítulo 27 del cuarto libro sobre su “Dogmática”. Es un capítulo extenso de 3-4 páginas que contiene casi todas las cosas que os diré.

Dice pues: “Si definimos la muerte como separación de la psique de el cuerpo, entonces la resurrección no es otra cosa que de nuevo unión de la psique con el cuerpo y otra vez la elevación del cuerpo animal y disuelto”. Animal se llama cada cosa que vive. Y el hombre es animal, con la diferencia que “es animal contemplando hacia Dios”. En la Gran Víspera, por ejemplo decimos que “los animales con seis alas, los Serafín…”. Por lo tanto decimos Animal cada cosa que vive.

¡Habéis visto, por favor, qué significa muerte! Esto lo comentaremos más detalladamente en un futuro; pero ahora algo vamos a decir. Definimos que la muerte es separación de la psique del cuerpo. ¿Pero qué es resurrección? Es la cohesión, reunificación de la psique con el cuerpo. Pero la psique es inmortal; por consiguiente para tener otra vez unión, debe el cuerpo volver a ser como antes, es decir, resucitar.

Además, lo mismo dice el Apóstol Pablo: “Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción (o se entierra el cuerpo en estado de corrupción, cadáver), y resucita en incorruptible” (1Cor 15,42).

Los Sínodos Ecuménicos

Pero, por salir un poco de los Padres en concreto, todos los Sínodos Ecuménicos que expresan el espíritu de la Iglesia de Cristo, se refieren claramente al tema de la Resurrección de Cristo. Especialmente en el 7 Sínodo Ecuménico en sus actas se ha ocupado no simplemente de la resurrección de los cuerpos, sino también con la naturaleza del cuerpo que va a resucitar.

Los Símbolos de Fe

Todos los Símbolos de la Fe o Credos que siempre ha habido en la larga historia de los siglos de nuestra Iglesia, se refieren a la resurrección de los muertos.

El Símbolo de Fe de Jerusalén se refiere: “Creemos… también en la resurrección del cuerpo y en la vida eterna”. Está claro; “en la resurrección del cuerpo”, para que nuestra mente no vaya en otra cosa, que podría ser alguna metáfora, etcétera.

También el Símbolo de Fe de san Athanasio el grande, que se encuentra al principio del Gran Orologion, dice lo siguiente: “El que quiera salvarse, más que nada debe tener y mantener la fe completa; si no la mantiene entera, sin dudas y sin contradicciones, no se salvará. Fe católica o universal es…” Pero tomo el punto que nos interesa: Cuando el Cristo venga de los cielos para juzgar vivos y muertos, con Su Presencia serán resucitados todos los hombres con sus cuerpos y darán cuentas por sus praxis, etcétera”.

Y finalmente nos referimos a nuestro conocido Símbolo de Fe de Nicea, este que decimos por lo menos dos veces al día. Exactamente por eso nuestra Iglesia lo ha colocado al primer Matinal y después a la última víspera. De modo que comenzamos nuestro día con el Símbolo de la Fe y con esto terminamos. Pero si celebramos la Divina Liturgia, entonces escucharemos el Símbolo de la Fe una vez más. En nuestro conocido Símbolo de la Fe que se llama también de Nicea, decimos: ¡Espero la resurrección de los muertos! Y como las psiques-almas no mueren, la resurrección que espero es la de los cuerpos.

No creo que ya, amigos míos, que uno saliendo de este lugar, no haya entendido lo que decimos. Si fuera un maestro me dirían los alumnos: ¡Señor, basta ya, nos has mareado con este tema, lo has repetido tanto!

La praxis de nuestra Iglesia

Pero nuestra Iglesia quiere tener continua la memoria de la resurrección de los muertos. Veis que es un maestro que no se cansa a decirlo y repetirlo, quiere tener la memoria continua. Por eso cada domingo festeja la Resurrección de Cristo, la cual es realizadora de la resurrección de los muertos; es decir, es el único factor esencial de la resurrección de los muertos y también la victoria contra la muerte.

Durante el período de la semana después de la Resurrección, además del Canon de la resurrección que se escucha y es tan solemne, allí se expresa también la resurrección de los muertos; nuestra Iglesia psalmodía continuamente el pequeño y muy preciso tropario: “Cristo ha resucitado de los muertos, por la muerte pisoteó la muerte, y los que están en la tumbas les regaló la vida”. Por cuarenta días nuestra Iglesia canta este tropario, y cierra todo Oficio con “Cristo ha resucitado”, en vez de “por las bendiciones de nuestros Padres…” Porque realmente este tropario es muy pequeño, pero característico y magnífico, nos informa para todo. “Cristo ha resucitado de los muertos, por la muerte pisoteó la muerte, y los que están en la tumbas les regaló la vida”; ¡qué realismo: regaló vida!

Los negadores y los enemigos de la resurrección de los muertos

Pero, amigos míos, habían también hombres negadores y enemigos de la Fe, que negaron la resurrección de los muertos. La resurrección de los muertos es antiquísima, aún desde el tiempo de los Apóstoles. Pero lo bueno es que mientras que los Apóstoles son los predicadores de la Resurrección de Cristo y de la resurrección de los muertos, los mismos Apóstoles son los que fueron guerreros enemigos contra los negadores de la Resurrección. Esto significa que uno no puede decir que los Apóstoles han malinterpretado las cosas y sostuvieron algo que está fuera de lugar, que no tiene sentido y es paranoico o que el kerigma de ellos se malinterpretó, es decir, que ellos han predicado sobre una resurrección ética digamos y no real. No. Doxa-gloria y gracias a Dios, los Apóstoles vivían cuando se entendió mal la resurrección de los muertos, y los mismos Apóstoles de Cristo se ocuparon, afrontaron y combatieron a los negadores de ella.

Himeneo y Fileto

El Apóstol Pablo por ejemplo se refiere a Timoteo: “Evita las palabrerías vacías y profanas, que contribuyen cada vez más a la maldad, y su enseñanza se extiende como gangrena. Éste es el caso de Himeneo y Fileto, los cuales se desviaron de la verdad diciendo que la resurrección se ha realizado ya, y pervierten la fe de algunos” (2Tim 2,16-18).

Himeneo y Fileto eran dos cristianos quienes negaron la Resurrección de Cristo y la Resurrección de los muertos, diciendo que la resurrección ya se había hecho. Sin embargo, qué daban a entender con esto y qué da a entender el Apóstol Pablo, lo veremos un poquito más abajo. Ahora vamos por orden sobre todos aquellos que negaron la resurrección de los muertos, antiguos y más nuevos.

Los racionalistas

Y primero, amigos míos, son los Racionalistas antiguos y nuevos. Los Racionalistas son aquellos que intentan juzgar, razonar y medir todo con la medida de la razón. Pero os lo digo y que lo sepáis para siempre que nuestra razón o lógica es limitada. La mente humana no puede entenderlo todo; no es posible que llegue a entender algo alguna vez, si hoy no lo entiende. Debemos saber que esto se ha demostrado también filosóficamente. Cant además demostró que en la mente humana hay límites. No es posible que la mente humana llegue a entenderlo todo, porque tiene límites, está limitado, por mucho que se suponga que ha progresado. ¡Cómo, pues, podemos hablar de algo que está más allá de nuestra lógica que esto no existe, como en el caso de la resurrección de los muertos!

El hombre racionalista es el hombre “natural”. No es el hombre del espíritu, el hombre de la jaris (gracia, energía increada), el hombre de la fe, sino el hombre tal y como es, que tiene mente con unos límites. Este hombre puesto que está privado de la divina iluminación, no puede nunca entender cómo es posible un cuerpo que se disuelve en la tierra pueda otra vez reconstruirse y vivir eternamente.

Los materialistas

Además de los Racionalistas están también los Materialistas. Los Materialistas niegan a Dios y la psique-alma. Naturalmente cómo van a aceptar la resurrección de los muertos, puesto que lo niegan todo. Sólo aceptan lo que ven, lo que sienten y lo que entienden. Muchas veces hasta niegan cosas que están dentro de la razón, no sólo las que están fuera de la lógica. Sólo lo que perciben sus sentidos aceptan. Tampoco es posible que los Materialistas acepten la resurrección de los muertos porque para ellos “todo fluye” (Aristóteles). Dicen que nuestro cuerpo se ha hecho de la tierra, y esta tierra sacará hierbas, y las hierbas las comerán los animales vivos, cabras, ovejas etc, y las cabras o los corderos los comerán los hombres, y así un hombre circula dentro en el otro hombre. Así pues, dicen que “todo fluye”, todo se altera, y cada uno se mueve dentro del otro en un movimiento continuo y perpetuo. Así, el Materialismo considera imposible que pueda haber resurrección de los muertos. ¡Esto está más allá de los límites de la razón!

Los panteístas

Después tenemos los Panteístas (todo dios). Atención, estas cosas son de los antiguos y también de los más nuevos negadores. Entonces había Materialistas y Panteístas actualmente también. Por ejemplo, el Budismo que se ha expandido en occidente, y los que leen y aceptan los libros budistas, aceptan el Panteísmo. Pero también la Teosofía, el Espiritismo y la Masonería, todos estos que tienen origen de oriente, aceptan el Panteísmo, tienen una base panteísta. Cada cosa que opera, aún cuando hablan sobre el espíritu, está dentro al universo creado. Por tanto el Panteísmo sea de los antiguos o de los nuevos, niega la resurrección de los muertos, porque el Panteísmo identifica a Dios con la creación y con los hombres.

Según el panteísmo (todo dios), cada cosa que por un momento existe, al momento siguiente no existe; se une con el inconsciente universo, y no mantiene ninguna conciencia personal. Esto es el Panteísmo. Pero la resurrección de los muertos presupone el mantenimiento de la personalidad y la individualidad del cuerpo. Pero, según el Panteísmo, no se mantiene la personalidad, ni la individualidad del cuerpo. Según este, aquel que muere se une con una gran psique-alma, el gran espíritu del universo, que es este universo y nada más.

Es como si tuviera una superficie de agua, donde sobresalta un chorro de agua. Este chorro de agua tiene una hipóstasis o forma substancial cuando sale de la superficie del agua, es decir, del volumen del agua. Pero vuelve a caer dentro al agua y entonces vuelve ser igual que antes. Esto dice el Panteísmo. Cuando muero, entonces me uno con el universo. Así que no se mantiene la individualidad, ni la personalidad del espíritu. Todos los Panteístas, sea que se llamen teosofistas, sean masones o espiritistas, aunque hablan de vida en el más allá, etcétera, tienen como base el Panteísmo. No lo olvidemos nunca esto.

Pero también esto que ellos lo llaman nirvana no es otra cosa que una bienaventuranza, aunque nunca se ha dado la respuesta qué es exactamente. Es una bienaventuranza al cero, a la inexistencia. Digamos o supongamos que en esta vida sufro muchas cosas. Pero antes de yo nacer estaba feliz. Según el Panteísmo, antes de yo nacer, existía. Por supuesto que no tenía conciencia, pero estaba feliz. Pero, otra vez después de mi muerte, seré feliz, porque estoy hundido dentro al nirvana, dentro en la bienaventuranza de la inexistencia. Es decir, soy una existencia en inexistencia, una existencia que carece de personalidad, conciencia e individualidad sobre el cuerpo. Por lo tanto, cómo es posible un Panteísta aceptar la resurrección de los muertos, ¿Es posible? No.

Los Gnósticos

Tenemos también los Gnósticos, antiguos y nuevos. Amigos míos, la Masonería, os lo he dicho muchas veces, tiene una dimensión gnóstica, es decir, que no es otra cosa que una nueva forma del antiguo Gnosticismo. Es conocido que el Gnosticismo de cualquier forma que se haya aparecido en la historia, siempre se sostiene a la dualidad, es decir, en la presencia de la materia y del espíritu. Sostiene que el espíritu es creación de un dios bueno, en cambio la materia es resultado de un dios malo, quien también es principio. Tenemos pues dos principios, una dualidad; el principio del bien y el principio del mal.

La dualidad no es otra cosa que el intento del hombre a interpretar el bien y el mal que existe dentro en el universo. Así, pues, todos los antiguos sistemas filosóficos, aún el de Platón, en su base son dualistas. Y hasta los actuales sistemas filosóficos de oriente, Budismo, etcétera, la base de todos es dualista. Se ve pues, cómo el Gnosticismo viene ahora a influenciar también en algunos cristianos, como es Himeneo y Fileto -a los cuales el Apóstol Pablo les condena- porque sostienen una resurrección espiritual o ética, excluyendo la resurrección de los cuerpos.

La resurrección espiritual

¿Cuál es esta resurrección espiritual? Por favor, prestad atención. Aquí hay un gran peligro, y correctamente el Espíritu de Dios puso dentro en la Santa Escritura esta condena de Himeneo y Fileto. Siempre, en cada época, especialmente en nuestros días, esto último tiene mucho valor e importancia. Prestad atención. Es conocido que cuando nos bautizamos renacemos; pero renacemos de nuestro estado pecador, por el pecado espiritual. Esto significa que tenemos resurrección. Estábamos caídos por el pecado, y ahora nos levantamos, erguimos en la santidad y la virtud. Éramos la imagen caída de Dios, y ahora esta imagen se levanta, es decir, tenemos resurrección. Pero esta resurrección tiene carácter espiritual, dimensión espiritual.

Aún cuando decimos “soy pecador, y ahora me estoy haciendo santo”, esto significa que he resucitado moralmente. Os recuerdo la parábola del hijo pródigo (15, 11-32). Qué dijo el padre a su hijo mayor, cuando aquel envidió y no quiso entrar a la casa, al momento que escuchó la gran fiesta por haber vuelto su hermano “el hijo menor”. Dijo: “Hijo mío, debías alegrarte por tu hermano, porque estaba muerto y ha vivido, estaba perdido y se encontró”. ¿Veis? “Estaba muerto y vivió”, es decir, resucitó; resucitó de su muerte ética.

Himeneo y Fileto, pues, tal y como dicen también todos los tergiversadores de la interpretación de la Santa Escritura, decían: ¿Te has bautizado?, pues, te has renacido, te has hecho hombre nuevo; ¿entonces te has resucitado! Por lo tanto, ¡esto es, ya no hay más; no hay otra resurrección! Esto es aquello que dice san Pablo para los “que dicen que la resurrección ya se ha hecho”.

Afrontamiento de los negadores de la resurrección

Y ahora, doxa-gracias y gloria a Dios, el mismo Apóstol se hace cargo en afrontarlos. Escribe a Timoteo: “Ésta es la recomendación que te hago, Timoteo, hijo mío, en conformidad con los augurios que anteriormente se hicieron sobre ti: apoyado en ellos libra el buen combate, mantente firme en la fe, ten la conciencia limpia. Por despreocuparse de la conciencia, algunos naufragaron en la fe, entre los que se encuentran Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar” (1Tim 1,18-20). Aquí se refiere a una nueva persona que es Alejandro, mientras que en la segunda epístola se refiere a Himeneo y Fileto, es decir, los ha entregado al Satanás o por enfermedades para que sean instruidos a no blasfemar y que los ha quitado de la Iglesia como heréticos.

Tenemos dos parádosis tradiciones y entregas al Satanás; (el verbo paradido es entrego); una tradición es la entrega de la psique-alma mediante la excomunión o anatema le corto de la Iglesia y le pongo en manos del Satanás- y la otra es caer el cuerpo en enfermedades indescriptibles. Acordaos de aquel incesto de Corinto por el que Pablo dice: “este tal sea entregado a Satanás, con el fin de que, aunque quede corporalmente destrozado, pueda salvarse el día del Señor” (1Cor 5,5), o sea, que se centre y sane su mente, para que no sea incesto. Y ahora dice lo mismo: “Los he entregado al Satanás”; pero no nos explica si los ha entregado corporalmente o espiritualmente. Corporalmente o somáticamente quiere decir que enferman y espiritualmente quiere decir que se endemonian. Los ha entregado, pues, al satanás para que no blasfemen, o sea, para que no digan que ya se ha hecho la resurrección de los muertos, puesto que ya no se ha hecho. Queridos míos, la resurrección de los muertos la esperamos, aún no se ha hecho. Y la resurrección de los muertos no es espiritual o ética, sino corporal. ¡Está clarísimo!

Negación recta e indirecta de la resurrección de los muertos

Como veis, es característico que aquí la negación de la resurrección de los muertos no es recta, sino indirecta. Es decir, Himeneo, Fileto y Alejandro no niegan la resurrección, sino que la falsifican. Esto hace el diablo, amigos míos. Es el método del Satanás, que infunde en muchos de los cristianos no sólo que nieguen, sino que falsifiquen algo. Dicen: “No niego a Cristo, voy a la Iglesia y me santiguo”. Pero esto, por sí mismo no salva; y si les dices el resto te responden: “Basta, no acepto estas cosas”. Pero si el Diablo les dijera que no vayan nunca en la Iglesia, entonces reaccionarían. ¡Así que les infunde que vayan a la Iglesia o confesarse, aunque sea una vez al año o a veces una vez… en cincuenta años! ¡Le dice el diablo, toma la comunión o efjaristía no pasa nada! Pero no quiere que te acerques y te ocupes de la vida espiritual. ¡Y veis que apenas uno se acerque un poco más a la Iglesia, caen todos encima de él como moscas y le critican o se burlan! Aquí pues, tenemos la perversión de la Iglesia. Esto es lo característico.

La resurrección para nosotros hoy

Hoy en día, amigos míos, está expandida esta percepción pervertida sobre la resurrección de los muertos y la Resurrección de Cristo. No olvidaré nunca, cuando una vez leía un artículo sobre la Resurrección de Cristo en un periódico serio de Atenas. ¡Escribía sobre la resurrección de la naturaleza y sostenía que la Resurrección de Cristo no es otra cosa que resurrección de la naturaleza, por eso celebramos la Resurrección de Cristo en primavera, porque la primavera es la resurrección de todo!… ¡Cosas terribles, terribles! Es decir aquí tenemos resurrección que la entienden, sea espiritualmente o moralmente, sea como un traspaso, alteración o de manera panteísta o natural. No confiesan la fe correcta, que Cristo resucitó de los muertos y que resucitaremos también nosotros con nuestros cuerpos, estos cuerpos que tenemos hoy que son corruptibles y mortales.

Aún hay una percepción negativa más sobre la resurrección de los muertos. Por favor, prestad atención también en esta; es antigua y contemporánea.

¡Algunos entienden la resurrección como mantenimiento del género! Es decir, ¡que nosotros moriremos, pero estaremos viviendo a la persona de nuestro hijo. Cuando muera nuestro hijo, él estará viviendo en la persona de su hijo y nosotros en nuestro nieto! Por consiguiente en este momento, por ejemplo, Adán vive, porque vive dentro de nosotros; su esperma, su existencia está dentro de nosotros. Así pues, cuando decimos resurrección, para ellos no es otra cosa que la existencia y el mantenimiento del género dentro en la historia.

La resurrección de los muertos según los judíos

Os parecerá extraño si os dijera que esta teoría tonta, la sostienen también los judíos. La sostenían los antiguos judíos, los saduceos, pero la apoyan también los nuevos hasta hoy en día. Pero está claro que de manera natural, porque los saduceos no creían a la resurrección de los muertos. Lo recordareis en el Evangelio de Mateo. Por eso habían dicho aquel mito tonto, de una mujer que según la ley, como no tenía hijos, y los siete hermanos correspondientemente que se casaban con ella y sus supuestos maridos morían uno detrás del otro. Y habían preguntado al Señor al final de quién será mujer en la resurrección. Habían dicho este argumento para atraparle y ponerle en una situación difícil; pero el Señor los demostró que tenían plena ignorancia de la Escritura (ver Mt 22,23-32. Mr 12,18-27 y homilía 3).

Los judíos pues, creen pero no en la resurrección de los muertos, sino a la resurrección de su linaje o de su pueblo. Pero si les preguntáis: ¿Cómo interpretan entonces los Profetas, por ejemplo, la visión de Ezequiel? Lo interpretan de modo nacional. Por supuesto que existe esta primera dimensión pero no se agota en esta interpretación, porque a Dios no le interesa tanto la historia de un pueblo, sobre todo de parte mundana tan insignificante. ¿Qué era Israel durante toda su historia? Un trocito de la tierra, que es difícil de encontrar hasta en el mapa. La historia de Israel fue una de las historias más humildes, de parte militar, de arte, de civilización, etc. La historia más insignificante de la tierra fue la de Israel. Pero tiene su singularidad. ¡Esta singularidad hace la historia de Israel que sea por encima de todas las historias nacionales y de todos los pueblos: es decir, que allí dentro gobernaba el Dios, para que se haga el Israel tipo o modelo de todas las naciones y pueblos!

Sí, pues, allí habla el Dios con la visión de Ezequiel, y da una dimensión nacional. Pero no se agota en una visión nacional aquella admirable visión de Ezequiel. Simplemente esto, junto con la presencia de Israel, es también un tipo o modelo, una imagen histórica que se agotará con el acontecimiento de la resurrección de los muertos.

¿Qué dicen, cómo lo interpretan los judíos este sueño? Pues, ¡que simplemente sobrevive Israel y que esto se llama resurrección de los muertos! Queréis ver cómo lo interpretan los contemporáneos judíos: os digo de una copia de la revista semanal judía “Crónicas” 11, en septiembre de 1978, que dice:

“Jehová es uno y único Dios, el Dios de Israel, quien castiga los pecados de este pueblo en vida, le sigue, le protege y le considera elegido y le predestina a dominar la tierra”. Habéis visto “dominar la tierra…” ¡Sionismo! Vida después de la muerte no existe, y las tumbas de los judíos nunca se abren. He aquí, pues, lo que creen los nuevos saduceos. ¡No creen en la resurrección de los muertos, sino a la resurrección de su etnia y la presencia de su etnia dentro en la historia!

Observad, por favor, cuántas teorías existen que intentan tergiversar la gran verdad de la resurrección de los muertos. Por eso os dije que escucharéis cualquier teoría y deberéis estar informados y asegurados.

La reencarnación, metensarcosis o metempsicosis

Pero debemos decir aún una última teoría, que en nuestra época ha empezado de una manera otra vez a crear alguna inquietud a los hombres, es la reencarnación o metempsicosis y esta teoría también niega la resurrección de los muertos. El término que predomina es como metempsicosis, pero no es correcto; lo correcto es reencarnación o metensarcosis, porque no tenemos cambio de psiques, sino de cuerpos, mientras que la psique permanece una y sola. Por lo tanto estaremos diciendo reencarnación, este el término más correcto.

¿Qué es esta teoría? Cuando decimos teoría es simplemente una creencia, un creer. No es nada seguro simplemente es una teoría. Es una teoría sobre un reciclaje perpetuo o eterno de las existencias y de continuas reencarnaciones, hasta que venga en la psique la plena catarsis. En palabras sencillas, digamos que el hombre muere, y su psique entra en un cuerpo nuevo. Este cuerpo puede ser de un humano, de un animal y alguna vez de algún vegetal, es decir, algo muy inferior. Y otra vez comienza la vida, con un nuevo nacimiento, y otra vez comienza un intento de mejoramiento. Pero como no puede el hombre o este animal mejorar, otra vez cuando muera, la psique entrará en un nuevo cuerpo, por tercera, cuarte vez, etcétera. Este ciclo se supone que dura 3.000.

Esta creencia en la reencarnación, amigos míos, es muy antigua. La encontramos en los hindúes y en otros pueblos orientales, y sobre todo antes del budismo. El budismo como sabréis, comenzó antes del siglo sexto antes de Cristo. Los egipcios desde que encontraron allí en su tierra Egipto creían en la reencarnación siempre. La encontramos, pues, en oriente. Pero también en la parte helénica se manifestó la reencarnación con Pitágoras, quien según Heródoto, la recibió de los egipcios. De Pitágoras y de los Órficos la recibió Platón, y de éste Plotino. Así que vemos también en la antigua Grecia existe esta percepción de la reencarnación. Sin embargo, a pesar de esto, Platón no se quedó en esto en su principal teoría sobre las psiques y el futuro del hombre. Platón esta teoría la dejó algo de lado, aunque la adoptó.

Es inquietante el caso, amigos míos, porque hoy en día tenemos una revivicación de las religiones occidentales, el budismo, por ejemplo, y una invasión impulsiva de estas religiones occidentales, de la llamada meditación (dialogismo) espiritual al mundo occidental. En Europa y en América, naturalmente también en Grecia; y tenemos muchas víctimas, que ponen atención a esta meditación espiritual oriental. Dicen que uno allí va a encontrar la serenidad y la paz y tantas cosas de este tipo, de manera natural y de modo panteísta siempre. No olvidemos esto nunca; que siempre con base panteísta* (todo dios, todo vale). Por lo tanto esta situación existe. Desgraciadamente estas cosas se proyectan por las televisiones y otros medios de comunicación, periódicos, revistas, etc, y el que no sabe, nuestro pueblo es arrastrado y engañado. ¿Pero por qué no sabe? ¡Pues, debería de saber! *(Panteísmo: opinión y alabanza en la cual la fisis-naturaleza y el Dios se identifican, son uno, por lo tanto el mundo es dios o divino. Acepta que el Dios es el único ser real, y el mundo es Su manifestación, Su procedencia o emanación).

Me diréis: ¿Estas cosas no nos las habéis dicho para saberlas? Sí, ¿pero habéis preguntado para saber? No echemos siempre la culpa y responsabilidad a los demás, de que estas cosas debían dárnoslas aquellos que saben; y el pueblo también debe interesarse y buscar para saber y aprender. Cierto que a vosotros os elogio, porque venís aquí exactamente para esto, estas cosas no las digo para vosotros. Pero los otros, la mayoría, por estos sufro, me dan lástima amigos míos, cuando veo en la televisión que se desarrollen teorías como esta de la reencarnación, y tragan estas teorías como pastillas, como si no existiera otra cosa más. ¡Decidme, son dignos de pena y lástima estos hombres!

Me diréis otra vez: ¿qué deberían hacer?

Yo los preguntaría, ¿hermano, te has bautizado, eres cristiano y no tienes ninguna inquietud en tu interior y preguntar? ¿Has oído alguna vez a tu madre o padre hablar sobre la reencarnación? ¿Has preguntado si es correcto esto, si la Iglesia en la que perteneces lo acepta?… Pero si no crees a Jesús Cristo, entonces eres digno de tu suerte amigo mío. Pues, otra vez me das pena y lástima, porque eres digno de tu suerte; porque cuando tú niegas a Cristo, es normal que entre una legión de demonios en tu psique y te conviertas en residencia de demonios! ¡Es normal que vengan los demonios, habiten en tu interior y te susurren y te traigan todo tipo de engaños, mitos y tonterías en tu mente necia!

Como existe esta percepción de la reencarnación -o metempsicosis, como se dice por muchos- por eso es interesante a examinar y saber algunas cosas sobre este tema.

Pues, esta teoría de reencarnación no es más que un fantasía clara. Es decir, se inspecciona y controla de la manera más sencilla de que esta teoría es una fantasía tonta.

¿Qué dice esta teoría? Dice que cuando te mueras, si tu psique no se ha perfeccionado, vuelve atrás en otro hombre, o si eras muy pecador entra en un animal. Por ejemplo, si tienes ira, digamos que te conviertes en un burro; si tenías gula te conviertes en un cerdo; si tenías orgullo te conviertes en pavo real… etcétera.

Dicen que el propósito de la reencarnación es el mejoramiento de la psique. Pero preguntamos: ¿Cuándo nuestra psique imperfecta y pecadora entra en un animal, el animal tiene lógica y conciencia de modo que podamos conseguir el mejoramiento de nuestra psique? Pero el animal no tiene lógica, ni conciencia; ¿entonces por qué entrar la psique humana en este? Me diréis que entra en un humano. Sí, pero para que pueda tener mejoramiento debe tener la memoria de la antigua vida y la autoconciencia, de que una vez estaba con aquel cuerpo, mientras que ahora está con este nuevo cuerpo; y que entró en otro cuerpo y nació nuevo humano, porque el antiguo se envejeció y no le dio tiempo perfeccionarse. Pero este nuevo hombre, o animal, debería mantener su memoria y su autoconciencia. ¿Pero quién de vosotros mantiene autoconciencia de que antes de nacer estaba en otra existencia? ¡Que levante la mano por favor… Nadie! Pues, no se mantiene la autoconciencia, si se supone que la psique va en otro cuerpo, o en un animal que allí no hay ni siquiera lógica. Por lo tanto, qué sentido tiene esta mejora de la psique con la reencarnación.

Pero me diréis que habéis oído a la radio o habéis oído en alguna parte que se refieren casos de hombres que mantienen una memoria de que una vez habían vivido. Digamos que el tal así de repente dice: “¡Sabéis… este hombre le había visto cuando… cuando vivía en otro cuerpo!

Pues, prestad atención y veréis lo que ocurre en este caso. La reencarnación hoy en día, pero desde siempre, la patrocinan la Teosofía y el Espiritismo. ¿Sabéis lo que es el Espiritismo? Es un sincretismo (que es una mezcla de religiones), un Gnosticismo, recortes pegados, mezclas; un poco budismo, un poco cristianismo, un poco de esto o de lo otro, pero su mayor parte es budismo. Pero la reencarnación la promociona también el Espiritismo. El espiritismo era la base de la antigua religión de Grecia. Habían oráculos y videntes o adivinos, y los helenos no hacían ni el mínimo movimiento si no fueran aconsejarse por ellos. La base pues era la adivinanza, el Espiritismo. Así pues, la Teosofía y el Espiritismo patrocinaban la teoría de la reencarnación.

Si tenemos en cuenta que hoy en día, como existe el espiritismo que promociona y proyecta la reencarnación, está claro que sean verificadas estas cosas que dicen algunos hombres, de que han vivido una supuesta vida anterior y que comenten algunos acontecimientos que les conciernen. Dice uno por ejemplo: “Me acuerdo que estaba co-habitando con tal en Nueva York”. Realmente, mientras preguntan primero a este cuándo se ha marchado la psique y de aquí este responde que el otro murió hace un año, a continuación van a Nueva York y comprueban que tal no existe. Le pregunta si había co-habitado el año pasado con tal, y él responde sí, que tenía un vecino que ha muerto el año pasado. La psique pues de aquel se ha marchado y vino ahora en este.

Amigos míos, cuando tenemos un caso así, debemos decir que tenemos representaciones imprecisas de la edad de niño; porque realmente existen hombres que no están en un buen estado psíquico y creen que han vivido en otra parte; o hay división de personalidad, psicopatología, es decir, finalmente tenemos el fenómeno espiritista, puesto que el Espiritismo patrocina y proyecta la reencarnación.

¡Los espiritistas, amigos míos, no dudan de que hasta los santos son de ellos! ¡Últimamente se ha constituido en Atenas una asociación teosofo-espiritista, con el título San Nektario… donde invocan supuestamente el espíritu de san Nektario! Pero amigos míos son los demonios que aparecen y no san Nektario!… Estos hombres ya son tan egoístas, que el Dios permite que tengan este espíritu de engaño. ¡Es terrible esto… este espíritu del engaño!

¡Últimamente han caído en mis manos unos libros de este tipo, que desgraciadamente presentan personas que están allí con renombre en la sociedad helénica!… Y uno piensa: “¡Dios mío, sólo una cosa te pido y te ruego, hasta que cierre mis ojos que esté derecho, firme y correcto en la fe ortodoxa!” Pues, amigos míos, allí veréis que mezclan el Evangelio desde el principio hasta el final, y sostienen que supuestamente invocan el espíritu de Jesús Cristo, el espíritu de san Juan Bautista, de san Nektario y de otros Santos, diciendo esto u otro!… En una parte del libro de ellos dice sobre la aparición del espíritu de san Nektario. “Por un momento, dice, cuando estábamos orando hubo un vaciamiento eléctrico, y dijimos todos: ¡es san Nektario! Y comenzamos todos a orar a san Nektario, quien nos ha informado de varias cosas…”, etcétera. Estos hombres, son pobres, desgraciados seres humanos que en ellos operan los espíritus malvados, los demonios. Los espiritistas tienen también oraciones, porque el Espiritismo es religión; esto lo demuestra el memorable Panagiotis Trémpelas.

Toman personas de la Santa Escritura y dicen que sostienen la reencarnación a base de la Santa Escritura. Tenemos un acontecimiento así en el Evangelio de Luca. Pero Orígenes en su época lo afronta de manera admirable y bella. Os he dicho que estas cosas son antiguas, no son nuevas. Os lo leeré y después lo analizaré: Es en el Evangelio de Luca, homilía 4, una serie de Padres Helenos y Escritores eclesiásticos, tomo 15, página 17.

Es decir; El Cristo dijo que Juan ha venido “e irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías” (Lc 1,17), o sea que tiene las características del profeta Elías. Pero aquellos que creían en la reencarnación, sostenían y decían que “el espíritu de Elías vino y se encarnó en la persona de Juan”! Por lo tanto la Escritura habla de la reencarnación, y sobre todo que testigo de esta es el mismo Cristo, que dijo que Juan es “en poder de Elías”. Y genialmente dice Orígenes: “Si Elías hubiera muerto, podríamos decir que se ha dado un algo, -aunque lo “en poder” característicamente quiere decir, con las energías de Elías; no es que sea el mismo Elías- aunque sea se podría, dice Orígenes, decir que era el Elías, de quien la psique entró en el vientre de Elisabeth, y nació Juan. Pero Elías no murió, sino ascendió. ¿Cómo podemos sostener que tenemos una psique en dos cuerpos?, es algo imposible. Así de esta manera excelente e inteligente lo afrontó Orígenes.

Que nos aseguremos

Como veis, amigos míos, todas estas cosas son muy importantes. Y debemos conocer aquellos que niegan la resurrección de Cristo, de manera que no caigamos víctimas de estas posiciones y teorías paranoicas. Os ruego, pues, como dice san Cirilo en sus catecúmenos de entonces, que nos aseguremos. Asegurémonos con todo aquello que aprendemos, y que mantengamos nuestra fe completa, entera en la Iglesia y en la verdad que el Cristo resucitó corporalmente y que nosotros resucitaremos corporalmente. ¡Resucitaremos con resurrección real y resucitarán nuestros cuerpos que tenemos ahora!

Pero, primero el Dios, continuaremos el domingo que viene.

Homilía 5

“Porque si no hay resurrección de muertos… vana es nuestra fe”

La resurrección de los muertos es el resultado natural del misterio de la Encarnación del Logos Divino. Con razón el apóstol Pablo escribe: “Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó (puesto que él también tenía cuerpo como el nuestro). Y si Cristo no resucitó, vana y vacía es entonces nuestra predicación, vana y vacía es también vuestra fe” (1Cor 15,13-14). Veis pues que el resultado natural del Cristianismo es la resurrección de los muertos. Allí debemos llegar, no es posible que sea de otra manera.

La verdad es que nos hemos bautizado cristianos, muchos años estudiamos y escuchamos el logos de Dios, pero me temo que no hemos captado bien el sentido y significado del cristianismo. Mucho me temo de esto. Sería bendito que de vez en cuanto tener un diagrama completo sobre qué es el Cristianismo, de modo que uno vea de una manera sinóptica toda la obra de la divina Economía; es decir, qué es el hombre y cómo ha caído, o más bien, el cómo el Dios dejó caer al hombre; porque le hizo libre, pero que le ama y viene a salvarle. Pero esta salvación no se refiere sólo a la psique; se refiere al cuerpo y psique-alma; y eso porque el Dios ama al hombre como también toda Su creación; y la vuelve a traer otra vez cerca Suyo, para que vivan dentro en Su eternidad, en Su vida y Su alegría.

Cierto que esto que os he dicho con dos frases se puede analizar en una hora y constituirse realmente en un diagrama general del Cristianismo, porque muchas veces nosotros nos quedamos en detalles y perdemos el total, y esto por supuesto es un peligro.

¿De dónde procede la resurrección de los muertos?

Hemos dicho, pues, que la consecuencia natural de la Resurrección de Cristo es la resurrección de los muertos; porque sería incomprensible que la cabeza de la Iglesia que es el Cristo, resucitase y vivir, en cambio el cuerpo, que es la Iglesia, no resucitara y permanezca muerto.

Por ejemplo, cuando comulgamos el Cuerpo y Sangre de Cristo, los comulgamos de forma sensible, es decir, pragmáticamente tomamos el Cuerpo y Sangre de Cristo, de modo en misterio, y esto lo recibe también nuestro cuerpo y nuestra psique. Así pues, si no existiera la posibilidad de unirnos con el Cristo, ¿qué sentido tendría este ultimísimo Misterio de la Divina Efjaristía? (Y se llama ultimísimo, porque el Bautismo es la introducción, en cambio todos los demás misterios obligatoria y voluntariamente conducen a esto, que es la unión con el encarnado Hijo de Dios). Cómo sería posible realizarse este misterio, si se supone que no es factible esta unión y no nos hiciéramos “congénitos, inherentes” con el Cristo, como dice el Apóstol Pablo (Rom 6,5).

El que me convierta en “congénito” no se refiere sólo a la psique, sino en mi existencia completa. Por eso el apóstol Pablo dice a los Corintios: “Dios resucitó al Señor, y nos resucitará también a nosotros con su poder… Pero el que se une al Señor es un solo espíritu con él… ¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros, y que habéis recibido de Dios? Ya no os pertenecéis a vosotros mismos” (1Cor 6, 14-20).

Prestad atención en algo: Yo digo existencias, en cambio Pablo dice “cuerpos”; naturalmente se sobreentiende también las psiques. ¿Pero, por qué pone cuerpos? Pone cuerpos porque quiere recalcar el cuerpo, porque sus lectores estaban influenciados bajo la percepción platónica, no podían entender el cómo es posible que se salve el cuerpo. Los helenos bajo esta intensa percepción dualista que había empapado en sus entrañas y células, nunca podían captar la salvación del cuerpo; por eso el Apóstol dice: ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo…? Y continúa: “¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros, y que habéis recibido de Dios?…” (1Cor 6,19). Toma dos posiciones: primera que el cuerpo humano es “miembro del cuerpo de Cristo” y segunda que “es templo del Espíritu Santo”. Aquí con el primero, “vuestros cuerpos son miembros de Cristo”, alude la Cena Mística, la Crucifixión y la Resurrección, es decir, la Encarnación; y con la segunda “sois templo del Espíritu”, alude el Pentecostés. Por tanto, vemos que el cuerpo humano tiene una posición especial en nuestra redención y salvación. No nos llama la atención que el apóstol Pablo no habla nada pera el espíritu en este pasaje, sino sólo para el cuerpo.

Y dirá en la epístola a los Romanos: “Y si el Espíritu Santo del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos vivificará también vuestros cuerpos mortales por obra de su Espíritu Santo, que habita en vosotros” (Rom 8,11). El apóstol Pablo es totalmente realista, aquí no cabe ninguna metáfora o alegoría. Vivificará vuestros cuerpos, porque en vuestro interior reside el Espíritu de Dios, es decir, si os habéis unido con el Cristo también os habéis unido con el Espíritu Santo. El Espíritu Santo no subestima nuestro cuerpo, ni permanece en una altura para que no sea manchado de nuestra naturaleza humana; nos purifica, nos limpia y nos sana y reside en nuestro interior.

El cristianismo y el cuerpo humano

Nunca en la humanidad, y especialmente los Helenos, jamás han imaginado y pensado una altura tan grande para el cuerpo humano. ¡Acusan al Cristianismo, amigos míos, que subestima y desprecia el cuerpo! Los helenos son los que subestimaron el cuerpo; y cuando digo Helenos me refiero a los antiguos Helenos que han filosofado sobre todas estas cosas y temas. Los helenos subestimaron el cuerpo, y lo despreciaron porque le hicieron culto. Vemos la belleza del cuerpo estampada en sus estatuas, a las cuales dieron nombres divinos de dioses/as, como Afrodeta de Melos, Ermes de Praxitelis, Zeus, Atenea, etcétera. La belleza del cuerpo humano fue estampada sobre la estatua inanimada; y la palabra άγαλμα (agalma) estatua en griego quiere decir, me regocijo, me alegro o deleito de algo que veo. Echar una ojeada a los billetes de mil dracmas y veréis el rostro de Zeus. ¡Si conocemos un poco de arte, sentiremos realmente que se trata de una forma o representación magistral! Es la belleza de la creación humana, la estampa de la belleza humana.

Así pues, como los helenos alabaron el cuerpo, el Dios permitió que lo condenen. Por eso los vemos tener una tendencia fuerte hacia el dualismo (dos principios del mundo, el espíritu y la materia); y que consideren el cuerpo como principio del mal, la palabra “principio” en el sentido filosófico. Por lo tanto, si la causa del mal es la materia, entonces también el cuerpo no tiene valor e importancia, y así lo condenamos.

Pero el Cristianismo no hizo culto, no alabó al cuerpo, sino que lo elevó en alturas invisibles. ¿Cuáles son estas alturas invisibles? El cielo. ¿A qué cielo? ¡Al trono del Santo Dios Trinitario! Sí. ¡Cuando el Cristo ascendió, se llevó Consigo también la naturaleza humana en esta vida de la Santa Trinidad! Nunca los hombres se podrían imaginar, y especialmente los helenos, percibir que el cuerpo humano llegaría en esta altura. Y no llega a esta altura a base de una teoría, no de una percepción de nuestro nus (espíritu), no lo hemos imaginado así, sino que los Discípulos ven el cuerpo humano de Cristo, con su naturaleza humana ascendiendo al Cielo; “Dicho esto, lo vieron subir, hasta que una nube lo ocultó a su vista” (Hec 1,9). Por eso os dije que el Cristianismo elevó tanto el cuerpo. ¡Oh si supiéramos qué es el Cristianismo… si supiéramos qué es… que tanto le subestimamos, nos burlamos e ironizamos de él…!

¿Quién resucitará los muertos?

La resurrección de los muertos está absolutamente de acuerdo también con la omnipotencia de Dios, o que procede de la omnipotencia de Dios. Si el Dios es el Creador omnipotente, es decir, el que lo ha creado todo, ¿entonces por qué no podría resucitar también los cuerpos humanos?

Dice un antiguo Apologeta, Atenagoras: “¿No nos es bastante la génesis, la formación y la constitución de la creación como demostración de la resurrección de los cuerpos?” (Legatio a la Resurrección). Puesto que tenemos la creación, entonces podemos tener también la recreación. Porque ya que el Dios ha creado el universo desde la nada, y después de la tierra, de la materia existente, hizo al hombre, esta creación admirable, ¿por qué no puede resucitar el cuerpo cuando esto muere?

¡No hemos captado qué es el ser humano! Además, cómo lo vamos a captar, al no ser que nos sea apocaliptado-revelado; pues, y se nos revela. Además, todos los sistemas filosóficos que se ocupan de la antropología intentan entender qué es el hombre. Pero sólo el logos de Dios nos lo apocalipta-revela. Los sistemas filosóficos, en definitiva, condenan y son injustos con el hombre. Comparad corrientes filosóficas existenciales contemporáneas cómo condenan al hombre, cómo le suben y le bajan. Supuestamente dicen que quieren subirle, y en realidad le condenan; es decir, caen al mismo error que los antiguos filósofos helenos.

Así que, puesto que el Dios –permítanme la expresión- pudo crear al Hombre, ¿por qué no puede recomponerle? Porque construir una casa sin tener piedras o ladrillos, no sólo es difícil, sino imposible; pero si se ha derrumbado la casa y tengo las piedras y los ladrillos en la tierra, es más fácil volver a construirla. Por lo tanto, la recreación del hombre, es decir, la resurrección, es más fácil que la creación de Adán. Y como Adán es un hecho dado, por lo tanto, de parte de la potencia Dios está dada también la resurrección de los muertos.

Además el apóstol Pablo recalca en los Corintios: “Dios resucitó al Señor, y nos resucitará también a nosotros con su poder” (1Cor 6,14) y Su energía increada. El Dios, amigos míos, es potente; y si Le quitamos esta cualidad Suya, ¡blasfemamos! El Dios es omnipotente, y en Él “todo es posible” (Mt 19,26. Mc 10,27 Lc 19,26, etc.).

Si una vez los Corintios fueron incrédulos sobre la resurrección de los muertos, el apóstol Pablo les escribió el inolvidable capítulo 15 sobre la resurrección de los muertos en su primera epístola. Está claro que esta incredulidad de ellos, gracias a Dios, ha dado algunas veces la oportunidad y motivo que se escriban cosas inmortales y seguras para los hombres posteriores. Los Corintios no creían, porque no podían imaginar que fuera posible esto, o sea, no podían captar, ni percibir la potencia de Dios. Es cierto, cómo lo iban a captar, puesto que estos hombres se habían criado y educado de sus progenitores con una fe a una deidad que se llamaba Zeus y lo único que podía hacer era gobernar los truenos, las nubes, las tormentas y los relámpagos!… ¡Cómo iban a captar estas cosas, captar la verdadera fuerza, potencia y energía increada de Dios!… Por eso el Apóstol Pablo les dice: “Algunos de vosotros tenéis ignorancia de Dios, no sabéis quién es, y esto lo digo para avergonzaos, porque no conocéis que el Dios es potente y puede con todo” (1Cor 15,34).

Pero la resurrección de los muertos, amigos míos, es cuestión también de la justicia de Dios. Es decir, ¿cómo es posible que la psique peque y peque también cuerpo, y la psique sea castigada, en cambio el cuerpo que quede sin castigo, porque se disolverá en la tumba?…

Todavía el apóstol Pablo dice: “Cualquier otro pecado cometido por el hombre queda fuera del cuerpo, pero el pecado de lujuria daña al propio cuerpo” (1Cor 6,18). Si esto lo tomamos, entonces durante el día del Juicio, puesto que el pecado pertenece al cuerpo que se ha disuelto y no resucitará, entonces la psique no deberá dar cuentas por algo que ha hecho. ¿Entonces, por qué la psique tiene que dar cuentas a Dios para la lujuria que pertenece como pecado exclusivamente al cuerpo?… ¡Por lo tanto, la psique no es acusada y no es el hombre responsable por sus pecados carnales, ni culpable! ¿Pero es justo esto?… ¡Cómo lo veis?

Pero también viceversa, sobre el tema de la virtud. Porque cuando el cuerpo se autocontiene, ayuna y permanece puro, casto en toda la vida y lucha sobrenaturalmente en mantenerse alejado del pecado, ¿por qué entonces este cuerpo no debe ser premiado y elogiado? ¡Es justo esto?…

Escuchad lo que dice Pablo en la 2 epístola a los Corintios: “pues todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba lo que mereció durante su vida mortal, conforme a lo que hizo, bueno o malo” (2Cor 5,10). Veis que tomo pasajes de la Santa Escritura sólo para ratificar estas verdades, de manera que no diga alguno que estas cosas las digo por mi fantasía. También dice que “compadeceremos todos”, da a entender también los muertos y los vivos, porque el Cristo es Juez de vivos y muertos. Esto lo decimos en el Símbolo de la Fe “juzgará vivos y muertos”; “vivos” son aquellos que entonces estarán viviendo, y “muertos” son los que ya han muerto y resucitarán. No dice que cada uno compadecerá con las cosas del espíritu o de la psique, sino “con las de su cuerpo”. El Apóstol se refiere a la resurrección de los muertos, por eso recalca el cuerpo. ¡Veis, por favor, qué claro lo dice!

Es sorprendente y a la vez una desgracia, cómo se ha introducido en la tripulación cristiana, la percepción de que el cuerpo no tiene lugar o posición en la salvación. Es de lo más curioso. Creo que la mayor victoria que conseguiría el diablo sobre los cristianos, sería que consiguiera a convencerlos que no tengan en cuenta la resurrección de los cuerpos. ¡La más terrible y fatal perversión!

¡Y esta percepción no sólo existe al pueblo, sino también al clero, teólogos, obispos, metropolitas! ¡Que no os sorprenda esto, ha hecho tanto daño el diablo… tanto, tanto!

Últimamente he leído en la revista “Vida”, que el archiobispo anglicano de Canterbury, le preguntaron entre otras cosas sobre la resurrección de los muertos. ¡Por supuesto que el tema no pertenece exclusivamente en el espacio de la Ortodoxia, sino que es dogma de fe de primera magnitud en todas las confesiones cristianas, porque es la consecuencia del Cristianismo, el propósito, el final!… Pues dijo este archiobispo que no cree en la resurrección de los muertos!… ¡un archiobispo!

Me diréis que es anglicano. Amigos míos, no tiene importancia, porque ya os he dicho que este dogma lo tienen los romanocatólicos y los protestantes, ya que tenemos el mismo Símbolo de Fe, que dice “espero la resurrección de los muertos”, aunque ellos han añadido la herejía del filioque (que el Espíritu Santo procede del Hijo también). Pero aunque no tuviéramos esto, toda la Santa Escritura habla sobre la resurrección de los muertos y este es su propósito. El logos del apóstol Pablo que dice “si no hay resurrección de los muertos, vana es nuestra fe” es esencial y cierto. ¡Es para tirarse uno de los pelos, es incomprensible que no creamos en la resurrección de los muertos!

Por eso me veis hablando así con este tono y he hecho tanto sobre estos temas en un año entero, y es una pena que sea aniquilado todo esto; porque conozco muy bien que nuestra célula se ha empapado con estas percepciones que dominan, de que es impensable que el cuerpo resucite.

Pero san Cirilo de Jerusalén, también sobre el tema de la justicia de Dios, en su 18 catequesis, dice lo siguiente: “Sin el cuerpo no se ha hecho nada; con el cuerpo cometemos lujuria y con el cuerpo nos mantenemos puros; con las manos arrebatamos, robamos, y con las manos damos caridad; y el resto de la misma manera. Como todo lo que hemos hecho nos ha servido el cuerpo, este también disfrutará lo que le pertenece, sea como disfrute, sea como castigo e infierno eterno”.

Los hombres, amigos míos, existirán en el Infierno con los cuerpos, y en la Realeza increada de Dios existirán igual con los cuerpos. Que lo entendamos bien esto. No son sólo las psiques-almas. Esto es un error, engaño platónico, una herejía platónica de las más terribles que ha dominado en las percepciones de los cristianos. San Justino en su diálogo con Trifón dice lo siguiente: “Aquel cristiano que dice que no existe la resurrección de los muertos y que las psiques están en el cielo, este no es cristiano” (Diálogos con Trifón 80,4 .1-3).

Y añade san Juan el Damasceno: “¡Existe pues, la resurrección! Porque el Dios es justo y da recompensa en aquellos que Le esperan con paciencia. Si sólo pecara la psique sería justo que sólo ella fuera castigada; si la psique viviera sola con la virtud, sería justo que sola ella disfrutara de alabanzas; pero como junto con el cuerpo ha cometido las cosas buenas o las malas, entonces junto con el cuerpo disfrutará la alabanza o el castigo”.

Pero aún hasta la verdad de la resurrección de los muertos, amigos míos, es resultado de la sabiduría (increada) de Dios. Ay esta sabiduría de Dios… ¡Sólo aquel que hubiera visto todo el plan de Dios, tal y como se nos ha apocaliptado-revelado, podría aproximarse algo! Lo que no se nos ha apocaliptado-revelado, nos será revelado en la Eternidad. Ante esta san Pablo queda asombrado: “¡Qué profundidad de riqueza, de sabiduría y de ciencia la de Dios! ¡Qué incomprensibles son sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!” (Rom 11,33). Pero el caso es cómo uno ahonda en esta sabiduría increada.

Si después de la caída fuera liberada la psique de las cadenas de la materia, como vino la muerte del cuerpo, entonces para qué razón fue creado este mundo tan bello y admirable, dentro en el cual fue implantada la potencia de Dios, Su sabiduría y Su agapi (amor y energía increada). O sea que, lo que el Dios crea de la nada, no vuelve en la nada, que lo sepáis bien esto. Todo que el Dios ha creado “es muy bueno” (Gen 1,31), por lo tanto se arreglarán aquellas cosas que se dañaron, pero no volverán a la nada. Con la nada sólo tiene relación el Dios, el hombre no tiene nada que ver con esto. Si yo quiero suicidarme, pues, me suicido; pero lo único que conseguiré será separar mi psique del cuerpo y no me convertiré en cero, en nada.

Pero el Cristo me resucitará, porque esto es elemento que tiene relación con la naturaleza de los seres humanos. Y la resurrección será obligatoria tanto si quiero como si no, me guste o no, resucitaré. Sólo una cosa no es obligatoria: la voluntad para la salvación. La resurrección será obligatoria, porque se refiere a la naturaleza humana. Entonces el Dios no me devolverá a la nada, porque quiere que esté en la existencia. Lo que hace el Dios, pues, lo hace de la nada, pero no lo vuelve en la nada. Y lo hace sabio, bello y con propósito, ¿por qué pues tiene que volver a la nada? ¿Quizá será porque se ha oscurecido o entenebrecido y ha entrado la muerte que lo ha revuelto todo?… El Dios lo arreglará todo. Todas las cosas permanecerán en su sitio y todo se hará incomparablemente más bello.

Si el Dios quiere y nos hace dignos de vivir, desde octubre empezaremos la interpretación del libro del Apocalipsis. Allí en los últimos capítulos veremos el futuro de la creación. Pero os digo de antemano, que el futuro de la creación no es la nada o el cero. No se ha creado el universo para que se convierta en un desierto vasto. Este universo se hará nuevo, dentro de este estará habitando la santidad, la justicia, como dice apóstol Pablo (2Ped 3,13). ¡Y se hará nuevo! Y aquello “he aquí, lo hago todo nuevo” (Apoc 21,5), que dice “el que está sentado al trono”, tiene un fondo esjatológico. “¡He aquí, lo hago todo nuevo!” (Apoc 21,5). Ni una molécula de la materia se convertirá en nada, en cero. Absolutamente nada. ¡Todo se hará nuevo! Porque la sabiduría de Dios no se suspende. Por consiguiente, ¿quién dicta el mantenimiento del hombre, que se hará con resurrección de los muertos? ¡La sabiduría increada de Dios es la que dicta la resurrección de los muertos!

El Señor dijo que: “los justos brillarán como el sol en la realeza increada de su padre” (Mt 13,43). ¡Resplandecerán como el sol! Y la medida de esta zéosis (deificación o glorificación) del cuerpo y de la psique y también de toda la creación la ha dado el Señor en Su Metamorfosis, para que no diga alguien que estas cosas son teorías. ¡Allí en la Metamorfosis de Su persona, el cuerpo resplandeció como el sol, pero sus vestimentas se hicieron blancas como la nieve o la luz! (ver, Mt 17,1-6. Mc 9,2-8). Resplandeció también Su cuerpo, la creación con psique-alma; pero resplandecieron también Sus vestimentas, la creación sin psique-alma; resplandecieron las dos. Vemos, pues que allí ha dado la medida de la reestructuración o renovación del cuerpo humano y también de la creación entera.

Finalmente, amigos míos, la resurrección de los muertos la dicta la agapi (energía increada y amor) de Dios. Cuando amamos las cosas que hemos creado no les dejamos nunca que se pierdan. ¿A vuestros hijos, los dejáis que se pierdan y que se destruyan o los cuidáis? ¿La casa que hacéis, dejáis que se pierda y se destruya o la mantenéis? ¿Cualquier objeto que amáis, una obra de arte por ejemplo, que lo habéis creado con mucho esmero y habéis puesto toda vuestra creatividad y agapi con toda vuestra alma, dejáis que se pierda? Creo que no. Decidme por favor, si todas estas cosas queridas en nosotros no las dejamos que se pierdan, entonces la creación de Dios, allí que está reflejada la potencia, la sabiduría, la justicia y la agapi de Dios, esta formación Suya que se llama creación, el Dios la dejará alguna vez perderse, y ser un desierto?… ¡Nunca, jamás! Como el Dios, pues, ama, dará también la resurrección de los muertos y la renovación de todo.

Escribe el apóstol Pablo a los Tesalonicenses que después de la resurrección de los muertos “seremos arrebatados en las nubes”. ¿Qué son estas nubes? Las nubes no serán nubes como las que conocemos, que unas veces avisan de lluvias y otras de verano, sino que será la divina doxa (gloria, luz increada). Será la nube aquella que recogió a Jesús subiendo a los cielos durante Su Ascensión (Hec 1,9). ¡No fue una nube de gotas de agua, sino la divina doxa! La nube es siempre el símbolo de la doxa. “Después nosotros, los vivos, los que estemos hasta la venida del Señor, seremos arrebatados juntamente con ellos entre nubes por los aires al encuentro del Señor. Y ya estaremos siempre con el Señor” (1Tes 4,17); y el Dios sabe dónde. Así estaremos siempre junto con Él por los siglos de los siglos… Esto es una señal de la infinita agapi (amor y energía increada) de Dios.

El misterio de la vida y de la muerte

Pero para que entendamos más y mejor el misterio de la resurrección de los muertos, amigos míos, debemos ver también el misterio de la muerte, como también el misterio de la vida. ¿Qué quiere decir muerte y qué vida?

Es verdad que el misterio de la vida lo sucedió el misterio de la muerte. El Dios puso a los primeros en ser creados la vida bajo condiciones. Dijo: “Si cumplís mi mandamiento, entonces viviréis; pero si no cumplís mi mandamiento, entonces por la muerte moriréis” (Gen 2,17). Pero estas condiciones no se cumplieron. O si queréis, en realidad fue una sola condición: no saborear o no comer el fruto; nada más. Por supuesto que existen también otras condiciones, que quizás no se recalcan; como esto que dijo: “Vigilad el Paraíso” (Gen 2,15). Los primeros en ser creados no vigilaron el Paraíso, no porque dejaron entrar al Diablo –puesto que es espíritu- sino que le dejaron entablar conversación con ellos. Por consecuencia no vigilaron, no estuvieron atentos de modo que guarden el Paraíso de la presencia del Diablo, que crearía la corrupción y la muerte. El Dios pues, puso condiciones; no condición. Estas condiciones, como os dije, no fueron cumplidas y así siguió la muerte o mejor dicho: el misterio de la muerte.

San Basilio el Grande en su Divina Liturgia, en la bendición de la santa Anáfora, dice sobre la creación del hombre lo siguiente: Has constituido al hombre, mientras tomaste polvo de la tierra, y cuando le honraste con Tu propia imagen, tú el Dios, le colocaste dentro al deleite del Paraíso, cuando antes le prometiste la vida eterna y el disfrute de los eternos bienes, pero bajo la condición del cumplimiento de los mandamientos, así no morirás. Pero como el primero en ser creado hombre te desobedeció a Ti, el verdadero Dios que le creaste, le has devuelto otra vez a la tierra; es decir entró la muerte. Pero también le prometiste vida.

Veis por favor, ¿qué belleza de teología! Sería muy bueno que estas bendiciones de la Divina Liturgia que se escucharan. ¡Especialmente la Divina Liturgia de san Basilio el Grande, tiene una estructura magistral, nos maravilla! Dentro en toda la Divina Liturgia de san Basilio el Grande, que dura una hora y media más o menos, los fieles perciben todo el diagrama del Cristianismo, un diagrama de lo total como dicen los mecánicos. Particularmente en la oración de la Anáfora no sólo tenemos una exposición, sino también hechos de la Divina Liturgia, tenemos logos y praxis, o sea acción. Esto, pues, da una imagen del misterio de la vida y de la muerte.

Pero atención; el misterio de la vida consiste en esto: el Dios no ha creado al hombre para que exista, sino para que viva; porque entre existencia y vida hay discernimiento. Existen también las montañas, pero no viven. Existen los animales, pero no viven la vida tal y como el Dios quiso darla a los hombres, con plena conciencia, es decir, elevación y participación a la vida divina, la increada.

La existencia sola, pues, ¿qué valor tiene? Los demonios también tienen existencia, pero no tienen vida. Los infernados tendrán existencia pero no tendrán vida. Cuántas veces oímos el verbo existir… En la ciudad de al lado, Volos, sale una bebida que se llama “existo” y yo añado: ¿pero vives?… El que existas es una palabra. Cuántas veces preguntamos: ¿Cómo estás, qué haces? Y el otro nos contesta: “existo”. ¿Pero vives? ¿Vives todo lo profundo del sentido y significado de la vida?… Así pues, el Dios no hizo al hombre para que exista, sino para que viva.

La vida del hombre, amigos míos, no sería como la conocemos hoy en día, sino que sería una vida de Dios, con el Dios y para el Dios. Es decir, sería un ciclo que empezaría de la existencia, entraría al espacio de la vida, con la libertad que el Dios ha dado al hombre, para llegar, con Su ayuda, dentro en la vida de Dios. Esta sería la vida de la zéosis (deificación o glorificación), la vida en Dios. Pero esta vida provisionalmente se ha suspendido; y se suspendió porque el hombre no ha cumplido las condiciones que puso el Dios, y en vez de esta vida entró la muerte.

Por supuesto que podemos decir que la muerte es “el salario del pecado” (Rom 6,23), como dice san Pablo a los Romanos. Pero a pesar de esto, debemos entender el misterio de la muerte a medida que podamos. Pero atención amigos míos, he dicho misterio, que significa que no entendemos nada; simplemente lo tocaremos. El misterio de la muerte sólo se puede tocar en la Muerte de Cristo. Pero qué podemos tocar allí… Cualquier cosa que hagamos dentro en el corazón de este misterio no podríamos entrar nunca.

Vemos al Señor que dice: “se muere de tristeza o muy entristecida está mi psique-alma… Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz” (Mt 26,38-39 Mc 14, 34-35). ¿Cuál cáliz? ¡La muerte! En cambio el Señor sabe que exactamente esta muerte será la que dará finalmente la vida, y no sólo a su naturaleza humana sino a toda la humanidad. ¡Le veis cómo está parado ante este profundo misterio de la muerte, este terrible misterio! Este misterio además lo describe también san Juan el Damasceno en sus troparios funerales, los cuales desde el aspecto teológico y literario son una obra maestra (Pequeño efjologio, oficio funeral).

A pesar de esto, -para que no nos quedemos en este misterio que no podemos comprender- exteriormente podemos definir la muerte como la define Nemesio en su logos “Sobre la naturaleza del hombre”, que este logos lo toma del Griego Crisipo: “La muerte es la separación de la psique-alma del cuerpo” (Fragmento lógicos y psíquicos, 790, 5-6). Y esta definición la dan todos, excepto los materialistas. Si preguntáis un materialista qué es la muerte, nunca os dirá que es la separación de la psique del cuerpo; porque no acepta la psique. Os dirá unas energías, unas fuerzas del cuerpo que ya se han desintonizado, y no tenemos esto que se llama muerte.

Expresiones bíblicas sobre la muerte

Pero existen aún algunas expresiones bíblicas sencillas sobre la muerte que la describen como una realidad, pero terrible.

El Salmo 88 dice: ¿Quién es aquel hombre que puede vivir sin probar la muerte?

Y el Salmo 102 dice: Los días del hombre son como la hierba, y su duración como la flor del campo; ¿Cuánto dura una flor?, brota y después se marchita; esto es el hombre.

San Jacobo (Santiago) dice: “Vosotros, que no sabéis qué pasará mañana. ¿Qué es vuestra vida? Sois humo, que aparece un instante y luego se disipa” (Sant 4,14).

Aún san Pablo a los Hebreos dice: “Y del mismo modo que está establecido para los hombres que mueran una sola vez y después haya un juicio” (Heb 9,27).

Y en Génesis dice: “Tierra eres y en la tierra volverás” (Gen 3,19).

Por cierto, en estas expresiones los nihilistas pueden encontrar argumentos fuertes, son aquellos que tienen como base filosófica el existencialismo, que resulta al nihilismo, o también los materialistas –además el nihilista no es algo distinto que el materialista. Pero las cosas no son así, simplemente se describe la vida y la muerte tal y como las vemos. Todo esto es una afirmación y descripción exterior del fenómeno de la muerte.

¿Es una cosa natural la muerte?

Amigos míos, el fenómeno de la muerte es el mayor problema del hombre y de toda la creación. Como existe la muerte, por eso existe también la filosofía. Si no existiera la muerte la filosofía no existiría. Intento saber, pensar y quizás con buena intención, cuál es mi futuro, qué pasará de mí, dónde me encuentro y quién soy. Quiero saber, porque me interesa el camino de mi existencia. ¡Pero el problema de la muerte supera todo problema humano! Si tenemos problemas económicos, estos están a un nivel inferior que el problema de la vida, porque aunque perdamos el dinero y nuestra salud, aún aunque perdamos personas queridas, y no sé qué mas, todo esto es inferior del gran tema, nuestra vida! Veis pues, que el problema de la muerte supera todo otro problema. ¡Por eso decimos, que me salve aunque lo pierda todo!, es decir, que no muera.

La presencia de la muerte hace fea la creación; pero sobre todo no da sentido a la vida ni en la presencia humana, ni al mismo universo.

Es decir: ¿por qué existo, para morir?… Respuesta insatisfecha. No vivo para no existir, no vivo para morir. No puede ser posible esto. Además, como yo vivo, por eso existe el universo. Si yo muero, por qué tiene que existir el universo. Entonces si existe la muerte no tiene sentido mi vida, ni el universo. En otras palabras, ¿por qué morimos, quién es el creador de la muerte? Esto no nos lo responderá nuestra lógica, pero se nos será apocaliptado-revelado. Igual que no sabemos sobre nuestra generación, de dónde provenimos, quiénes somos; pero se nos apocalipta-revela. Y del mismo modo que está establecido para los hombres que mueran una sola vez y después haya un juicio, veis que buscando solos decimos que descendemos de los animales. Pero se nos apocalipta-revela que no descendemos de los animales, sino que el Dios ha creado la primera pareja de seres humanos, y de allí descendemos. Pero esto es apocálipsis-revelación, no es invención con lógica de la mente. Así pues, también el tema de la muerte, como también quién es su creador, se nos apocaliptará-revelará.

Si viéramos la muerte con nuestros ojos físicos, amigos míos, responderíamos simplemente que es un fenómeno físico, natural, a pesar de la tragedia que trae esto con su presencia en nuestras vidas. Entonces como fenómeno natural, se define de Dios, y por lo tanto el Dios es el creador de la muerte. Además esto lo decimos; cuando vamos en algún funeral a consolar a alguien, ¿qué decimos? “Pues, esta es la vida así la hizo el Dios. Así lo quiso el Dios, que los hombres mueran”. ¡El Dios pues hizo la muerte!…

Pero atención, os dije con los ojos físicos. Sabéis que muchas veces cuando decimos algo físico o natural y que es ley física, significa que es un fenómeno que se repite, y adquirimos una experiencia de esta repetición suya. Esta es definición sobre lo qué es la ley física o natural, no hay otra respuesta. Siempre cuando dejamos una piedra al aire cae abajo y no va hacia arriba, decimos que es la ley de la gravedad. Muy bien; ¿pero qué quiere decir gravedad?, desconocido y oculto, no sabemos nada y nadie jamás lo ha investigado. Pero decimos la ley de la gravedad. Lo decimos porque cuando tiramos un objeto, esto cae hacia abajo. Pues esta ley se define por nuestra experiencia. Y esto no lo digo yo, lo he tomado de un libro científico, donde así se define la ley física o natural.

Por lo tanto, cuando decimos que la muerte es una cosa natural, y como todas las cosas naturales las ha hecho el Dios, entonces la muerte la ha hecho el Dios. Pero llegamos en una conclusión errónea, un resultado equivocado, porque esto no es lo dado, o dato sino lo buscado. Cuando decimos que siempre una piedra cae hacia abajo, ¿quién nos ha dicho que esto es un fenómeno natural y ocurre en todas partes del universo? Si vamos a otra parte, en la Luna o en Marte o más allá y allá, y decimos que es natural este fenómeno, quizás no sea así nos encontraremos en un fenómeno distinto. Por lo tanto aquello que vemos aquí, que es válido en nuestra tierra, quizás en otro punto del universo no es válido. Entonces, ¿qué es físico o natural? Desde el momento que preguntamos qué es físico o natural, desde este momento empieza lo que se busca y no lo dado o el dato. Por consiguiente, cuando decimos que el Dios hizo la muerte y es una cosa física o natural, no es el dato o lo dado sino lo que se busca, lo buscado.

Pero preguntamos: ¿quién hizo la muerte?, ¿es una cosa natural la muerte?, ¿y cómo es posible que sea la muerte una cosa natural, cuando es la mayor discordancia dentro en la armonía de la creación? ¿Cómo es posible que la muerte fuera una cosa natural o física y su creador fuera el Dios, cuando la muerte no da ningún sentido al hombre y su destino, ni al universo? ¿Es posible que la muerte sea una cosa natural?… ¿Y es posible que el Dios fuera el creador de la muerte?…

Todavía una cosa más: Si el Dios hiciera la muerte y después manda Su Hijo a vencer la muerte, ¿no es contradictorio esto? ¿Viene el Dios a meterse con la naturaleza que Él ha creado?… Pero cuando el Jesús Cristo vence la muerte y resucita a Lázaro, aunque sea provisionalmente, la hija de Jairo, el hijo de la viuda Naín y otros, como muestra de que seremos resucitados durante la resurrección común, quiere mostrar que no es un fenómeno natural; porque no habría mayor contradicción en la obra de Dios, por un lado, crear una situación natural, y por otro lado, viene el mismo después a arreglarla y anularla. Es impensable. Así que la muerte no es creación de Dios. ¿Entonces de quién es?

Naturaleza mortal o inmortal del hombre. ¿Cuál es la causa de la muerte?

El Dios no combate contra la naturaleza, sino que la arregla. En este caso contestaremos con una respuesta bella de san Teófilo de Antioquía, escuchadla: «¿El hombre se hizo mortal por su naturaleza? No, para nada. ¿Entonces, qué, se hizo inmortal por su naturaleza? Tampoco sostengo esto. Pero si alguien dice: No se hizo nada de las dos. Tampoco diríamos esto. Entonces, ¿qué?, el Dios no hizo al hombre mortal ni inmortal.

Si el Dios hizo al hombre inmortal por la naturaleza, le haría dios; pero si le hiciera mortal, entonces parecería que el Dios es la causa de la muerte. ¿Entonces, qué le hizo, mortal o inmortal?

Está claro que el Dios no hizo al hombre mortal ni inmortal, sino receptivo de las dos; es decir, tener la capacidad y posibilidad de recibir lo uno y lo otro, recibir la inmortalidad para hacerse dios por la jaris (energía increada), si cumple sus mandamientos y dirigirse hacia las cosas que consisten en la inmortalidad; -acordaos de esto que dijo san Basilio el Grande en la Divina Liturgia que antes os leí- pero si se dirige hacia las cosas que consisten en la desobediencia, entonces el mismo hombre se hace causa de la muerte, porque el Dios hizo al hombre libre y con su propia voluntad independiente, (San Teófilo de Antioquía: hacia Aftóliko, 2,27.1-12)

Así que, amigos míos, aquí vemos que el creador de la muerte no es el Dios. El Dios ha hecho al hombre receptivo de la vida y la muerte, es decir, sea para vivir sea para morir. Acordaos qué dijo a los primeros en ser creados: “Habéis oído mi mandamiento; tendréis ἀ­θα­να­σί­α (azanasía o atanasia inmortalidad) de la vida; si no me escucháis, moriréis” (Gen 2,17).

¿Dónde está, pues, la causa de la muerte, en Dios o en la fisis-naturaleza? Ni en Dios ni en la naturaleza, sino a la libre voluntad preferencia y predisposición del hombre. Al libre albedrío. Allí está. El hombre SOLO ha preferido la muerte. La muerte es el no ser o la nada, no existe, no tiene sustancia, esencia, en cambio la vida es ser, tiene sustancia o esencia; esto no lo olvidemos. Prestad mucha atención: la muerte no tiene esencia, igual que el mal no tiene esencia o sustancia. Sólo el bien tiene esencia, sustancia; es el Dios. El diablo en su esencia o sustancia no es malo, sino en su libre voluntad o albedrío; porque su esencia, sustancia la ha creado el Dios. Ni el hombre es malo o mortal en su esencia, porque le ha hecho el Dios; el hombre es malo o mortal en su preferencia o libre voluntad o albedrío.

Por lo tanto, queridos míos, el Dios no es el creador de la muerte. La muerte está en la preferencia o libre voluntad del hombre. Pero si el Dios quiere continuaremos en el próximo domingo. (Y si el Dios quiere, yo el traductor continuaré con la próxima, la sexta y última homilía del bienaventurado Yérontas, sobre la resurrección de los muertos).

 

Homilía 6

Amigos míos, os recordaréis que la vez pasada nos habíamos referido al fenómeno de la muerte y dijimos que es el mayor problema del ser humano. Habíamos analizado que si el Dios creó la muerte o no. Pero no habíamos acabado el tema. Ya que vimos varias opiniones patrísticas, vamos a ver ahora qué dice el logos de Dios sobre tema de la muerte.

«El Dios no hizo la muerte»

En el libro Sabiduría Salomón leemos lo siguiente: “Que no fue Dios quien hizo la muerte, ni se goza con el exterminio y la muerte de los vivientes. Pues todo lo creó para que perdurase, y sean saludables las criaturas del mundo; no hay en ellas veneno exterminador, el elemento de la corrupción, ni tampoco el Dios puso imperio del hades sobre la tierra, para que la muerte aprisione los hombres a cuenta del hades” (S. Sal 1,13-14).

En el mismo libro: ”Porque el Dios creó al hombre para la incorrupción y lo hizo a imagen de su propio ser. Mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen” (S. Sal 2,23-24), es decir, el diablo indujo a los primeros en ser creados a que pecaran.

Y os acordaréis aquello que dice san Teófilo de Antioquía, en su segunda epístola a Aftóliko, párrafo 27, de que el Dios no hizo los hombres mortales ni inmortales, sino receptivos de la muerte y de la inmortalidad. Si hubieran escogido el cumplimiento del mandamiento de Dios, entonces permanecerían incorruptibles e inmortales. Realmente, está claro. Y dice el Dios: “El día que comeréis de este fruto, por la muerte moriréis” (Gen 2,17). ¿Cuándo moriréis? Si desobedecéis y trasgredís mi mandamiento. Por lo tanto, si no desobedecéis y transgredís mi mandamiento no probaréis la muerte.

Vemos, pues, clarísimamente, que la muerte no es creada por el Dios, y por consecuencia no es fenómeno natural o físico. Esto que lo conozcamos bien. No digamos que así lo hizo el Dios. No, el Dios no hizo la muerte, tampoco es un fenómeno natural.

«El ésjato-último enemigo que se anula, aniquila es la muerte»

La muerte de lo más horrible que existe en la creación, es “el ésjato (extremo, postrero) enemigo”, tanto axiológicamente como esjatológicamente. Por eso la Resurrección de Cristo anula la muerte, porque realmente como dice el apóstol Pablo: “Y el postrero enemigo que será destruido es la muerte” (1Cor 15, 26). Postrero enemigo, pues, tanto axiomáticamente, de parte de cualidad, como cronológicamente o escatológicamente como último enemigo, se pondrá de lado, en potencia de la Resurrección de Cristo, puesto que resucitarán todos los muertos. Y cuando el Cristo nos resucitará “en el último-ésjato día”, ya como vencedor de la muerte, entonces se realizará también la Profecía de Isaías (15,6) y la de Oseas (13,4), como proclama san Pablo en su primera epístola a los Corintios (15, 56-57). Expresamente os digo los versículos, no sólo para que vayáis a la Santa Escritura, sino también como demostración y ratificación de que no lo digo yo, sino el logos de Dios.

Qué dice y proclama Pablo: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón venenoso? ¿Dónde, oh hades, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder y la fuerza del pecado, la ley” (1Cor 15, 55-56). Aquí se personifica Hades. Por supuesto que Hades no es persona, simplemente es personificado. Puesto que “el hades entregará sus muertos” (Apoc 20,13), como dice el libro del Apocalipsis de san Juan, y entonces ya no habrá hades.

El apóstol Pablo nos da un camino teológico de esta cosa y dice: “el centro de la muerte es el pecado”. Como la avispa con su aguijón que tiene veneno y envenena al que picará, así también el aguijón de la muerte es el pecado; “y la fuerza del pecado, es la ley”. Aquí cuántas cosas se podrían decir… pero sólo os diré algo en resumen.

El pecado tomó la fuerza, desde el momento que el Dios dijo a los primeros en ser creados, que no prueben del fruto de aquel árbol. Entonces entró la ley y desde aquel momento tomó potencia o fuerza el pecado. Es decir, podrían comer sin miedo de aquel árbol, si no se hubiera puesto la prohibición, si no se hubiera puesto la ley. Pero a pesar de esto: ¡“Pero las gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesús Cristo” (1Cor 15,57), porque el Cristo venció la muerte!

Engaños helénicos sobre la psique

Pero posiblemente alguien pregunte: ¿No sería bastante con que la psique se quedara inmortal, y podría así sola salvarse o condenarse? ¿Para qué hace falta el cuerpo, no es bastante que exista la psique sola? Además es una frase que la utilizamos casi diariamente: “Salvar mi psique”. Así decimos, “¡cuido de la psique para salvarme! ¿Pero esto es bastante?

Queridos míos, se trata de un engaño platónico. Y se han introducido en nuestra vida, en nuestra fraseología, en nuestra percepción y en nuestra fe, muchas cosas, demasiados engaños. Uno de estos engaños es que queríamos salvar sólo nuestra psique. No olvidemos que la filosofía platónica considera el cuerpo mortal, sin valor y sin importancia, y que la psique ha sido encerrada dentro en el cuerpo y allí dentro está fastidiada y sufre. El cuerpo pues, no tiene ningún valor. Sobre todo, ya que el cuerpo se considera la cárcel de la psique, ojalá que pudiéramos librarnos de este lo antes posible, (Platón, sobre el cuerpo).

En un diálogo bellísimo de san Justino el filósofo con Trifón, que he leído por casualidad, dice, al que cree en las posiciones platónicas, lo siguiente: “Dices que el cuerpo es la cárcel de la psique; Pero, ¿dime por favor, el homicidio es bueno o malo? Malo”, responde aquel. “¿Pero por qué es malo; puesto que con el homicidio el homicida contribuye a la liberación de la psique de la cárcel del asesinado? Por consiguiente, el homicidio es una praxis buena”.

Habéis visto, por favor, qué punto de vista o tesis. Aquí inmediatamente vemos el control de la cosa; porque entonces el homicida se consideraría realmente nuestro benefactor, si nos asesinara; o si no se encontrara un homicida, entonces nosotros deberíamos suicidarnos, precisamente para liberarnos de la cárcel que es el cuerpo y es molesto, porque allí dentro se ha encerrado la psique y sufre.

Todas estas cosas son engaños helenos; expresión que utilizan los Padres, con el sentido amplio de la palabra. Amigos míos, no hay una posición o tesis tal en el Cristianismo. Todos los sistemas filosóficos en su base son dualistas, es decir, consideran el cuerpo y la materia en general, como algo malo y el espíritu como algo bueno: consideran que son dos principios eternos, que continuamente combaten entre sí, sin que una pueda sobreponerse a la otra. El Dios hizo el cielo y la tierra, hizo las psiques y no hay principio del mal en la materia. EL Dios es el creador de la materia. La materia por sí misma no es mala, no existe, ni hay nada malo en ella.

Pero para la percepción platónica, la misma Encarnación de Dios es una cosa impensable e incomprensible. ¿El Dios hacerse hombre… impensable! ¡Si por entrar en el cuerpo una psique, que preexiste al cielo, es considerado como una condena, mucho menos si el Dios entrase en un cuerpo! ¡Si para la percepción platónica el hecho de la Encarnación es impensable, mucho más la resurrección de los muertos, y aún más la ascensión de los cuerpos! ¡Pero lo más impensable aún es que vivan los cuerpos en la Eternidad, en la misma Realeza increada de Dios! Por eso estas tesis o posiciones helénicas que están llenas de engaños, las ponemos de lado. Y la percepción de que sólo con la salvación de la psique nos basta, esto también es un engaño.

Además, decimos que la psique es por naturaleza inmortal. ¿Pero quién nos lo ha dicho esto?… La psique-alma no es inmortal por su naturaleza. ¡Pero atención, no me vais a decir que la psique es mortal! Hubo una herejía que decía que con la muerte biológica la psiques mueren junto con el cuerpo, algo que sostienen también los milenaristas o testigos de Jehová. No, pero prestad atención. San Juan el Damasceno en su 2º libro párrafo 17, dice: “Si el ángel que es esencia noerá-espiritual, recibió la inmortalidad, es decir, que el Dios quiere que los ángeles sean inmortales, mucho más la psique humana”. Por lo tanto, la psique humana no es por naturaleza inmortal. La posición de que la psique por naturaleza es inmortal es un engaño helénico (término utilizado por los santos Padres).

También es un engaño helénico de que la psique preexiste. No preexiste la psique; la psique es creada junto con el cuerpo; una vez hay concepción, a la vez tenemos el hombre. Y ἄν­θρω­πος ánzropos hombre o ser humano quiere decir cuerpo y psique. Al mismo momento. Ahora bien, cómo ocurre esta cosa, es un misterio. Pero las psiques no preexisten. Ni el cuerpo precede de la psique, porque entonces el hombre proviene de la bestia; tampoco que la psique precede del cuerpo, porque entonces aceptaríamos la teoría de Platón. Cuando el Dios hizo a Adán, le hizo a la vez psique y cuerpo, a pesar de que la descripción parezca que se haga primero el cuerpo y después lo sopla “espíritu de vida”, es cuestión de descripción. La creación de la psique y del cuerpo es a la vez.

Por lo tanto, la psique no es por sí misma inmortal. Sino que el Dios quiere que sea inmortal. Si la psique fuera inmortal por naturaleza, entonces también ella sería dios, sería increada, y por lo tanto no nacida. Pero increado y no nacido es sólo el Dios. Si aceptamos que la psique es inmortal entonces la igualamos y lo ponemos a lado de Dios.

Ni vale aquel engaño terrible, panteísta, que oímos a menudo y lo escriben también en redacciones los alumnos en las escuelas y aún en logos políticos, ¡de que la psique es una chispa divina de la esencia de Dios! ¿Una chispa divina?… ¿La psique es de trocitos de Dios?… ¡Entonces los trocitos de Dios, las psiques, pecan, y por tanto peca también la deidad!… Esto se controla. Las psiques son creaciones igual que los ángeles. No tienen ninguna relación con la esencia, sustancia de Dios. Otra cosa es que el Dios es espíritu, y también las psiques son espíritu; es otra cosa. Está claro que las psiques son gruesas en relación con el espíritu de Dios, de modo que no pueden ver, ni verán nunca la esencia o sustancia espiritual de Dios, es decir, la increada sustancia o esencia de Dios. Jamás. Así, pues, la psique no es inmortal; sólo el Dios por Sí Mismo es inmortal, y simplemente quiere que las psiques sean inmortales.

El apóstol Pablo dice a Timoteo: “… Dios es el único que posee la inmortalidad y que habita en una luz inaccesible e increada…” (1Tim 6,16). Nadie más tiene este tipo de inmortalidad.

Ya que la psique-alma es creación, por supuesto que es mortal. ¡Pero os dije que no muere, porque el Dios lo quiere así, que no muera la psique!

La composición del cuerpo humano

¿Pero qué es lo que consiste al hombre? ¿Qué es la psique y qué es el cuerpo? Pues, mejor dejar a san Justino el Filósofo y Apologeta, -siglo II dC- a describírnoslo, en su logos “Sobre la Resurrección”, párrafo 8: “¿Qué es el ser humano? No es otra cosa que un animal lógico, -animal en el sentido de vida, de ser- es existencia que está constituida con psique-alma y cuerpo. Esto es el hombre. ¿Quizás la psique por sí misma es el ser humano? O ¿quizás el cuerpo del hombre se llama ser humano? Pero no es así, se dice el cuerpo del hombre. Puesto que el hombre no es una cosa ni la otra, entonces es la conjunción de las dos cosas, de la psique y del cuerpo”.

Si tenemos en el ataúd un muerto, tenemos sólo su cuerpo que se ha convertido en cadáver, porque la psique se ha marchado. No es el ἄν­θρω­πος ánzropos hombre al que tenemos al ataúd ¡Atención a esto: no es el hombre! Ni la psique que se encuentra al hades o al paraíso es ἄν­θρω­πος ánzropos hombre, ser humano. Esto que tenemos en el ataúd es el cuerpo, cadáver, y allí al hades o al paraíso está la psique-alma. ν­θρω­πος ánzropos será cuando vuelvan a encontrarse estos dos juntos. Esto es el ἄν­θρω­πος ánzropos hombre, ser humano.

Y continúa: “El Dios ha llamado a la vida y a la resurrección al ἄν­θρω­πος ánzropos hombre, no sólo el cuerpo, ni sólo la psique; no ha llamado sólo una parte, sino al ἄν­θρω­πος ánzropos hombre entero”. (La resurrección, 593.D2-10).

Y justifica lo anterior con la praxis de la Iglesia con la siguiente manera: “Los dos fueron bañados al agua y han trabajado la justicia” (ib. 593.D2-10). Cuando fuimos bautizados al nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amigos míos, fueron bautizados el cuerpo y la psique. Puesto que se ha bautizado con nuestro cuerpo y nuestra psique juntos en la pila, esto significa que el hombre entero se salvará. ¡Sería muy curioso que se bautizara el cuerpo y se salvara sólo la psique! Además, «los dos, cuerpo y psique, han trabajado la justicia y la virtud“.

¿Qué salva el Cristo, el cuerpo o la psique?

Pero una cosa más. Si el cuerpo no resucitará, ¿entonces qué sentido tiene que la psique no muere? Atención por favor, para que veáis qué cosas contradictorias vivimos y no las hemos investigado nunca. Por una parte, aceptamos la inmortalidad de la psique, y por otra parte, no aceptamos la resurrección del cuerpo; aunque decimos en el Credo: “Espero la resurrección de los cuerpos”. Entonces, ¿qué sentido tiene decir que la psique no muere, y no creer en la resurrección de los muertos? ¿Qué significado tiene esto? Si el cuerpo no resucitará no tiene sentido la inmortalidad de la psique.

Dice san Justino el filósofo: “Si la resurrección es para el cuerpo que ha caído, el espíritu no cae”. La palabra ἀνά­στα­ση (anástasi, levantarse o ponerse derecho de pie) se refiere a algo que se ha caído y se ha levantado, se ha puesto derecho. La palabra πτῶ­μα (ptoma) cadáver, es del verbo πί­πτω (pipto) caigo. El espíritu no cae, el cuerpo sí. Y cuando decimos resurrección, entendemos levantamiento o elevación del cuerpo.

El mismo san Justino dice un argumento muy bueno: Si sólo la psique se salva, entonces “¿qué nuevo más nos ha traído el Cristo que Pitágoras y Platón y todos los filósofos que aceptan a Pitágoras y Platón, si la psique es inmortal y no existe la resurrección de los cuerpos?…“ (ib 595 C1)

El Cristo, amigos míos, salva al hombre entero. Y es muy característico que «ὁ Λό­γος σὰρξ ἐ­γέ­νε­το el Logos se hizo cuerpo y hombre” (Jn 1,14)». Atención el Dios tomó, adquirió naturaleza humana, precisamente para salvar al hombre entero; porque lo que no se toma o adquiere no se salva (san Gregorio de Nicea). No entró en un cuerpo, sino que se hizo hombre. Esto significa que ha adquirido cuerpo humano y psique humana, tomó, adquirió los dos para salvar los dos.

Aún es muy característico que el Señor nos ha dado Su cuerpo y Su sangre. No nos ha dado Su espíritu, sino Su Cuerpo y Su sangre, que se refieren a Su naturaleza humana. Estos dos Cuerpo y Sangre de Cristo, los tomamos con nuestra boca del cuerpo, y con estos dos se alimenta nuestra psique y nuestro cuerpo. Todas estas cosas son un terrible realismo.

Así, pues, queridos míos, el hombre entero, completo, resucitará y se salvará.

Los Padres sobre nuestro cuerpo resucitado

Pero nos viene la siguiente pregunta: ¿Cuál será la naturaleza del cuerpo resucitado; cómo será este nuevo cuerpo?

Dice san Juan Damasceno: “Tal y como estaba el cuerpo del Señor después de la resurrección y entraba con las puertas cerradas, sin cansancio, sin necesidad de comida, ni de dormir y ni de beber” (Expositio fidei 100.98-99). ¿Cómo será este nuevo cuerpo? El nuevo cuerpo será como este de Cristo; tal y como era el cuerpo de Cristo después de la resurrección, así será el nuestro. Además, el Cristo no tiene algo más ni menos para darnos de lo que nos ha dado. ¿Por qué? ¿Quizás tenía necesidad, el Dios que no necesita nada, adquirir la naturaleza humana? No. ¿Entonces por qué la adquirió? Pues, la adquirió para nosotros. Y no tomaría algo de más de lo que nosotros no podríamos llegar, porque esto que tiene Su naturaleza resucitada, esto exactamente quiere que tengamos nosotros también. Por consecuencia, aquello que era el cuerpo de Cristo, esto será también el nuestro.

Y divino Crisóstomo esto lo define de una manera admirable- y tenéis que memorizarlo porque es magnífico: “¿Cuál es este nuevo cuerpo? Es este, y no este. Será el mismo, pero no este”. ¿Qué significa esto? Escuchad cómo lo desarrolla más: “Esto por un lado es la esencia”. ¡Veis que será este cuerpo que veis! Será su antigua esencia o sustancia, no será otro cuerpo. Cuando el Cristo ha resucitado, no ha dejado su antiguo cuerpo como viejo en la tumba y tomó otro, no; su tumba estaba vacía. Por eso este año hemos hablado sobre la Resurrección de Cristo, para ver todo esto y entender algo para nosotros mismos. Por consiguiente no tomaremos algún cuerpo nuevo, con otro tacto y otra sustancia, la sustancia o esencia será la misma. “Pero no será exactamente este, porque estará mejorado; será este, pero no este” (San J. Crisóstomo: En la 1Corintios, homilía 41).

No sé como decíroslo. Es exactamente como el agua que se convierte en vapor o hielo, pero no deja de ser la misma cosa, la misma sustancia o esencia, aunque tenga otras cualidades, otra forma. Pero aquí no tenemos otra forma corporal. Más abajo dice que: “¡No blasfemes! No tomaremos otra forma; tomaremos la que tenemos”. Os he dicho un ejemplo, para que entiendan que permanece la sustancia, esencia, pero mejora la naturaleza.

Y el Apóstol Pablo, para indicar cuál será el nuevo cuerpo, utiliza el ejemplo del grano del trigo y de la espiga. “Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere y no se entierra en la tierra antes. Y lo que siembras no es el cuerpo o la planta que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; pero el Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo” (1Cor 15, 35-38). Esta es la respuesta para aquellos que niegan la resurrección de los muertos. Y se refiere al trigo. Por eso en la Memoria de los muertos ponemos trigo hervido (cóliba) para que nos recuerde la resurrección de los muertos.

Aquí el Apóstol Pablo utiliza este ejemplo vivo, para explicar el estado del muerto resucitado, es decir, tal y como sucede con el trigo que muere y se pudre para que salga la espiga del trigo y de este el fruto, lo mismo sucederá también con el cuerpo humano cuando resucitará. Hay una definición muy bella en la Agronomía que dice que una semilla es una planta fácilmente transportada. Cuando escuché esta definición, me ha entusiasmado. ¡Una planta fácilmente transportable!

Por consiguiente, la semilla del trigo contiene en su interior la espiga entera. Lo mismo también aquí, en nuestro interior ya tomamos el esperma de la inmortalidad. ¿Sabéis cuál es esto? ¡Es el Cuerpo y la Sangre de Cristo! Esto es el esperma de la inmortalidad. Por eso el Cuerpo y la Sangre de Cristo, se llama también fármaco, medicamento de la inmortalidad. Por eso procuramos que esté comulgado aquel que se va de la vida presente; para llevar consigo el fármaco de la inmortalidad, es decir, que resucite “en la vida eterna” (Mt 25,46).

La relación del cuerpo mortal y del resucitado

Pero de acuerdo con lo que hemos dicho entre el primer cuerpo, el mortal y el segundo, el resucitado, hay identidad y diferencia. ¿Y cuál es la diferencia o más bien, las diferencias?

Dice a continuación el Apóstol Pablo: “Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción (o se entierra el cuerpo en estado de corrupción, cadáver), y resucita en incorruptible. Se siembra en cadáver y fétido, se resucita en gloria; se siembra en enfermedad y resucita en poder y fuerza. Se siembra cuerpo animal y resucita cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, lo hay también cuerpo espiritual. (44. Se siembra cuerpo que estaba vivificado y dirigido por las fuerzas inferiores animales de la psique. Pero resucita cuerpo que estará vivificado y dirigido por las fuerzas espirituales de la psique. Existe el cuerpo animal y también el espiritual). Así también está escrito en el Génesis: Fue hecho el primer hombre Adán en psique-alma que vivifica el cuerpo; el ésjato- último o nuevo Adán es el Señor que está en plenitud de espíritu de Dios que transmite y da vida (espiritual). Pero el cuerpo espiritual no se hizo primero, sino lo animal y psíquico; luego lo espiritual. El primer hombre es creado de la tierra, terrenal; el segundo hombre es el Señor, es del cielo (el segundo hombre, el nuevo Adán, es el Señor, quien como Dios bajó del cielo y junto con su naturaleza divina, tomó la naturaleza humana y se hizo hombre). Como el terrestre, así son los terrestres; como el celeste, así son los celestes. (O el que era terrenal, es decir, mortal y corruptible, así son también sus descendientes; y aquel que es celeste, espiritual e incorruptible, así serán celestes también los fieles que por él renacen o despiertan espiritualmente en su nueva vida). Y así como hemos revestido la imagen del terrenal, revestiremos también la imagen y las cualidades del celestial (y nos convertiremos a imagen de él, es decir, resucitados, incorruptos e inmortales) (1Cor 15,42-49).

Y ahora dirá algo muy importante, prestad atención: “Hermanos os digo que la carne y la sangre no pueden heredar la realeza increada de Dios, ni la corrupción hereda la incorruptibilidad” (1Cor 15,50). ¿Cuál carne y sangre? Es la forma animal. Tal y como estoy ahora no puedo entrar a la Realeza increada de Dios. Es necesario que de psíquico, animal y biológico me convierta en espiritual, si no, no puedo entrar dentro en la Realeza increada de Dios. Y a continuación dice lo magnífico: “porque es necesario o debe este corrupto” – ¿Cuál este? ¡Este… el cuerpo este! Si tuviéramos a Pablo aquí nos indicaría: ¡este! -revestirse la incorruptibilidad y “este” –otra vez- revestirse la inmortalidad. Son dos cosas distintas la incorruptibilidad y la inmortalidad.

Por consiguiente, aquí vemos que nuestro cuerpo se hará incorrupto e inmortal; de otra manera no entra en la Realeza increada de Dios.

Pero vamos a aclarar en brevedad qué significa “cuerpo espiritual”.

¿Qué es cuerpo espiritual?

Dice san Teofilacto de Bulgaria: El cuerpo que ahora tenemos es animal, es decir, es gobernado por las fuerzas superiores e inferiores de la psique, y se vivifica también por las fuerzas físicas o naturales y de las psíquicas. Pero el cuerpo después de la resurrección, “el espiritual” tal y como lo llamó san Pablo, no será gobernado ya por la psique, sino por el Espíritu Santo”. Por eso se llama “espiritual”. Pero atención a esto: cuando decimos “cuerpo espiritual” no entendemos el inmaterial; esto es un engaño platónico; sino entendemos que nuestra existencia no es gobernada por las fuerzas animales, sino que será gobernada y mantenida ya por el Espíritu Santo. Así, puesto que el cuerpo se ha transformado y convertido en incorruptible de una manera mística, será mantenido en la incorrupción.

Y dirá otra vez san Juan el Damasceno: Nuestro cuerpo no estará cansándose, fatigándose, ni tendrá necesidad de comida, de bebida y de dormir, no tendrá ninguna necesidad… Y los hombres serán como los ángeles de Dios. No serán espíritus, como los ángeles, pero no tendrán necesidad de las cosas que necesitaban al mundo presente. No habrá matrimonio ni hará falta procreación de hijos”. Dónde están pues, los milenaristas o testigos de Jehová que dicen que la Realeza increada de Dios, que la llaman reino de la tierra y aquí en la tierra estaremos comiendo, bebiendo y casándonos pero sin hijos… estas son tonterías y engaños. Dice pues, el Apóstol Pablo que nuestro gobierno está en el cielo, de donde esperamos a Jesús Cristo, Quien a este humilde cuerpo nuestro, es decir, este que ha sufrido corrupción, lo transformará y lo hará “congénito, de la misma forma” que Su glorioso cuerpo. La doxa (gloria, luz increada) que tiene el Cristo la tendremos nosotros también. Por supuesto que no quiero decir que tendremos alteración de nuestro cuerpo en otra forma y otro cuerpo, no; sino que tendremos un pase de la corrupción a la incorrupción.

Estas cosas nos dice san J. Damasceno, pero vamos a ver en sinopsis qué dice la Santa Escritura y las cualidades de nuestro cuerpo resucitado.

La Santa Escritura sobre el cuerpo resucitado

El Señor dice: “Porque en la resurrección ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como ángeles en el cielo” (Mt 22,30 Mv 12,25 Lc 20, 35-36).

Y el Apóstol Pablo dice: “Los manjares para el estómago y el estómago para los manjares». Pero Dios exterminará ambas cosas. El cuerpo no es para la lujuria, sino para el Señor, y el Señor, para el cuerpo” (1Cor 6,13). No tendremos necesidad de comida. Si el Señor resucitado comió, ha comido de una manera incomprensible, para certificar que tiene cuerpo y no es un fantasma; no que tenía necesidad de comida.

Aún en el libro del Apocalipsis vemos lo siguiente: “Enjugará las lágrimas de sus ojos y no habrá más muerte, ni luto, ni llanto, ni pena, porque el primer mundo ha desaparecido». Y el que estaba sentado en el trono dijo: «He aquí, ahora hago nuevas todas las cosas» (Apoc 21, 4-5). Ya no estarán estas cosas primeras que son de la vida presente, tal y como las conocemos aquí “en el campo del llanto” (Sal 83,7). Y el que estaba sentado en el trono dijo: «¡he aquí hago nuevas todas las cosas!…»

También el Señor nos dice: “Entonces los justos resplandecerán como el sol en la realeza increada de su padre” (Mt 13,43). El cuerpo y la psique de ellos resplandecerán como el sol. Sí. Pero cómo. ¡Igual que Él se ha metamorfoseado al monte Tabor! Este es el futuro del hombre, la doxa (gloria, luz increada) al hombre. ¡Maravillosa doxa!!!

¿Qué hombre, por favor, qué sistema filosófico, que pensamiento humano ha elevado alguna vez al hombre en esta doxa!… Y hablan algunos como si supuestamente el cristianismo condenara al hombre… ¿Qué decís, le baja o le eleva a una doxa suprema que jamás ha captado mente humana?…

Pero estas cosas sucederán a los justos; ¿pero qué sucederá con los impíos y los pecadores?

Hay un discernimiento entre naturaleza y voluntad, tal y como lo define san Nicolás Cabásilas. Atención a este punto. Sobre la naturaleza y la inmortalidad se dará en todos, independientemente de nuestra voluntad, tanto si lo queremos como si no. Porque la naturaleza humana es común y no hemos sido preguntados para nacer. No nos dijeron: ¿quieres nacer? De la misma manera no seremos preguntados para resucitar. La Muerte y la Resurrección de Cristo ofrecen la inmortalidad y la incorrupción en todos nosotros exactamente de la misma manera, ya que tenemos la naturaleza de Cristo, que se hizo hombre y permaneció inmortal e incorruptible. ¡Por esta razón la resurrección es obligatoria! ¿Tanto si uno lo quiere como si no, resucitará!

Dice san Justino Pópovits el siguiente logos maravilloso: “¡Si los hombres han condenado a Dios a la muerte -sea crucificándole, sea proclamando que el Dios ha muerto- el Dios les ha condenado a la inmortalidad! Es una cosa terrible que quieras no existir, y no puedas. ¡Es terrible!

Esto, pues, es obligatorio, resucitaremos todos; pero la bendición será dada sólo en aquellos que habrán deseado la vida eterna y se unirán con Cristo en la vida presente. Por lo tanto entre naturaleza y voluntad hay discernimiento. Sobre la naturaleza tanto si queremos como no, seremos resucitados; pero sobre la voluntad, es decir, si queremos ganar la vida eterna o no, esto depende de nosotros. Por lo tanto, para los piadosos se hará “resurrección de vida” y para los impíos, infieles se hará “resurrección de juicio”. Los impíos, infieles tendrán inmortalidad e incorrupción, igual que los piadosos, fieles; pero no vida eterna, sino juicio y condena eterna.

Y el Señor dice: “y los echarán al horno ardiente: allí será el llanto y el crujir de dientes. Y éstos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna» (Mt 13,42. 25,46).

Apunta san Juan Damasceno al mismo libro 4 párrafo 100: “Este fuego eterno no es material, como es el fuego conocido, sino eterno, es aquello que conoce el Dios”. Entendemos cuál es, pero sin saberlo; es la doxa (gloria, luz increada) que procede de la esencia de Dios y para los justos como luz y no como fuego, y llega al Infierno como fuego y no como luz. La misma divina doxa, con la diferencia que en los piadosos, fieles es luz increada y en los impíos, infieles es como fuego increado, tal y como dice san Basilio el Grande en su libro “Seis días” homilía C 3.21-23.

Tomad el rayo del sol: Tiene muchos elementos; dos elementos básicos es la luminosidad y el calor. La luminosidad podemos mantenerla sin el calor, igual que el calor podemos tenerlo sin la luminosidad. Esto exactamente, amigos míos, sucede también con la doxa (gloria, luz increada) de los justos y el castigo de los injustos. Pero este es el “fuego”; pero cómo es esto. Sólo el Dios lo conoce.

Y dice a continuación: ¡Los que han obrado bien resplandecerán como el sol, junto con los ángeles, en la vida eterna junto con Jesús Cristo, a Quien estarán viendo siempre y estará vistos por Él, disfrutando sin final su deleite y gozo, alabando a Él junto con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos! Amín.

¿Cómo se hará la resurrección de los muertos?

Aún una última cosa más: ¿Cuál será el modo o manera de la resurrección, y cómo resucitaremos?

El apóstol Pablo en I Epístola 15,51-53 a los Corintios dice: “He aquí, os revelo un misterio nuevo y desconocido: No todos dormiremos, pero todos seremos transformados, cambiados y en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, (al final del último toque de trompeta); porque se tocará la trompeta (por el ángel), y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos metamorfoseados, transformados (es decir, todos muertos resucitados y vivos transformados tendremos el mismo cuerpo espiritual incorruptible). Porque debe este cuerpo corruptible revestirse de incorrupción, y este cuerpo mortal de inmortalidad”. Es decir, cuando el Cristo venga, entonces se hará la resurrección de los muertos. Por supuesto que estarán viviendo hombres sobre la tierra, digamos como nosotros en este momento. Por eso habla en primero plural incluyéndose él también. Veis que esto cuanto de acuerdo está con el logos del Señor: “no os toca a vosotros saber cuándo sucederán estas cosas” (Hec 1,6-7). Esto significa que Pablo no sabe cuándo se hará la resurrección de los muertos. Existen millones de seres humanos encima de la tierra; aquellos que entonces estarán viviendo no morirán sino que cambiarán, transformarán, y de corruptibles se convertirán en incorruptibles y de mortales en inmortales.; no probarán la muerte.

Cómo se harán estas cosas? Apóstol Pablo dice: “ἐν ἀ­τό­μῳ, ἐν ῥι­πῇ ὀ­φθαλ­μοῦ, en un momento del tiempo indivisible, en un abrir y cerrar los ojos». Lo ἐν ἀ­τό­μῳ, en átomo que es lo indivisible del tiempo, que significa que se corta y se corta hasta que no se corta más en trozos pequeños. Es decir, estas cosas se harán en fracción de segundo, tan pequeño que no lo podemos captar. Y como en aquella época no había ningún ejemplo para indicar el mínimo trocito del tiempo, el Apóstol utiliza el abrir y cerrar de los ojos. Pero esto es un espacio del tiempo largo. El abrir y cerrar de los ojos no nos impide ver, contemplar los objetos; vemos ininterrumpidamente los objetos. Tan rápido, pues, se hará el cambio de los vivos en inmortales e incorruptos, como también la resurrección de los muertos. ¡Tan rápidamente! Y continua: “y en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, (al final del último toque de trompeta); porque se tocará la trompeta (por el ángel), y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos metamorfoseados, transformados (es decir, todos muertos resucitados y vivos transformados tendremos el mismo cuerpo espiritual incorruptible)” (1Cor 15,52).

Dice aún en la 1 Epístola a los Tesalonicenses: “Ved, pues, lo que os decimos como logos del Señor: nosotros, los vivos, los que estamos todavía en tiempo de la venida del Señor, no precederemos a los que murieron. Porque el Señor mismo, a la señal dada por la voz del arcángel y al son de la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los muertos unidos a Cristo resucitarán los primeros. Después nosotros, los vivos, los que estemos hasta la venida del Señor, seremos arrebatados juntamente con ellos entre nubes por los aires al encuentro del Señor. Y ya estaremos siempre con el Señor (1Tes 4,15-17).

El Señor estará bajando y nosotros subiendo. Igual que sucedió con la Ascensión de Cristo. Por eso los ángeles dijeron: “De la forma que Le habéis visto subir, de la misma manera volverá otra vez sobre la tierra” (Hec 1,11). El apóstol Pablo dice al aire. Pero dónde. En alguna parte que sólo lo sabe el Dios. Pero atención, los pecadores no serán arrebatados en las nubes, permanecerán abajo en la tierra. ¿Y cómo irán al Infierno? Estas cosas las sabe el Dios. No, no nos pongamos hablar mucho de esto porque no sabemos más abajo. Pero ellos no vendrán al encuentro de Dios.

Amigos míos, perdonad que he ido un poco de prisa, para no dejaros a la mitad. Con la ayuda del Dios Trinitario, hemos llegado al final de los temas para este año, y como habéis visto, se refería a la Resurrección de Cristo y a la resurrección de los muertos. Con estos temas terminamos también la interpretación del Evangelio de Luca. Sobre los Padecimientos y la Resurrección he utilizado también los cuatro Evangelistas. Nos hemos ocupado casi seis años. Agradecemos realmente al bondadoso y filántropo Señor nuestro por Su gran bendición. Yo lo considero una gran bendición.

En los temas de estos años, como habréis entendido, la Encarnación del Logos de Dios, junto con todos los admirables acontecimientos que le caracterizan, resultan a sotiría (sanación, redención y salvación) del hombre. Esto consiste en la reconciliación del hombre con el Dios, la victoria contra el hades y la muerte, la resurrección del cuerpo y la vida eterna. Esto es la sotiría (sanación, redención y salvación).

Es muy bello lo que escribe Apóstol Pablo en la 1 Epístola a los Tesalonicenses, cuando empieza su tema sobre la resurrección de los muertos: “Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos, para que no os aflijáis y sufráis como los que no tienen esperanza” (1Tes 4,13). Esto pues, fue el objetivo de la interpretación también para nosotros aquí, de todo lo que se ha dicho y analizado, amigos míos, “¡para que no os aflijáis y sufráis como los que no tienen esperanza!”. Porque los que sufren y se afligen con la lipi (tristeza, sufrimiento aflicción) según el mundo, que es uno de los siete pecados mortales. Estos que sufren y se afligen así, no tienen esperanza de la resurrección. ¡El logos de Dios nos asegura y certifica que se hará la resurrección de los muertos!

También el Apóstol Pablo, mientras analiza el gran tema de la resurrección de los muertos en aquel capítulo 15 de la 1 Epístola a los Corintios termina de la siguiente manera: “Así que, queridos hermanos míos, estad firmes (en el dogma de la resurrección) y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1Cor 15,58).

San Cirilo de Jerusalén, sin embargo dice que la raíz de toda praxis y obra buena es la fe en la resurrección de los muertos, (Catequesis a los iluminados, 18.1, 1-4). Si sabemos que vamos a resucitar esto es la raíz de todo movimiento bueno, toda buena virtud y praxis. ¿Por qué? Porque conocemos, como dice san Pablo, que nuestro esfuerzo no es en vano y no se pierde; porque el ¡CRISTO HA RESUCITADO!…

Hermanos míos, esto lo recalca especialmente san Juan el Crisóstomo también, en su logos catequético, tomo 2: “Cristo ha resucitado, y no queda ningún muerto en la tumba. Porque el Cristo al levantarse de los muertos se ha hecho el primogénito o primicia de los dormidos resucitados; ¡a Él pertenece la doxa (gloria, luz increada) y el poder por los siglos de los siglos! Amín!

+Yérontas Athanasios Mitilineos Domingo, 18-5-1980

Monasterio Komnineon de “Dormición de la Zeotocos” y “san Demetrio”

40007 Stomion, Larisa, Fax y Tel: 0030. 24950.91220

Traducido por: χΧ jJ 

 

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