La guerra invisible – San Nicodemo el Aghiorita

 

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La guerra invisible, san Nicodemo el Aghiorita

Índice de Contenido

La guerra invisible” es muy ecuánime y justo y este título merece este libro tan psicoterapéutico y terapéutico espiritualmente. Porque muchos libros divinos del Antiguo y Nuevo Testamento inspirados por el Dios, tomaron su nombre inmediatamente por las mismas cosas que enseñan; así por ejemplo, el Génesis de Moisés se llama así, porque se refiere sobre el nacimiento y Creación de la nada (del cero); y los cuatro Evangelios porque describen históricamente la buena noticia, los redentores, sanadores y salvíficos mensajes para los hombres. Uno sería ciego si no viera, por el material expuesto en este libro, porque se ha llamado “Guerra invisible”, precisamente porque se ocupa de estas cuestiones y razones.

Porque no enseña sobre una guerra visible, ni para enemigos físicos y vistos por el ojo, sino sobre una guerra invisible que se hace en la mente, cerebro y en el corazón o espíritu, y en la que toma parte todo cristiano inmediatamente desde el momento del bautismo, donde se ha comprometido ante el Dios combatir hasta la muerte, a causa del este nombre divino. Por eso, en relación con esta guerra se ha escrito parabólicamente en los Números… Por eso este libro (del A. Testamento) se llama Guerra del Señor (Num 21,14), y enseña sobre enemigos incorpóreos e invisibles, los cuales son los distintos pazos, las voluntades de la carne y los malvados demonios, quienes odian a los hombres y no paran de atacarnos y guerrearnos día y noche. Como dijo el apóstol Pablo: “Porque nuestra lucha no es contra gente de carne y hueso, sino contra los principados y potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso y pecador, contra los espíritus del mal, que se encuentran en los espacios entre cielo y tierra” (Ef 6,12).

Y los soldados que combaten en esta guerra son todos los cristianos, como aprendemos de este libro. Como Capitán General se presenta nuestro Señor Jesús Cristo, rodeado de todas las legiones de Ángeles y Santos; el lugar donde se realiza esta guerra es nuestro propio corazón y todo el hombre interior, y el tiempo de esta guerra es durante toda nuestra vida.

¿Cuáles son las armas con las que equipa a sus soldados esta Guerra Invisible?

Escuchadlos; el casco de los soldados, son la completa desconfianza y desesperanza de ellos mismos; la bandera de ellos es la camisa de hierro, que es el ánimo hacia el Dios y la esperanza confiada, segura; el tórax y el corpiño es el estudio de los pazos-padecimientos del Señor; el cinturón es la abstinencia de los pazos carnales; los zapatos y la camisa de hierro son la humildad y el reconocimiento de la enfermedad de uno mismo; el escudo es la paciencia en las tentaciones y el alejamiento de la negligencia; la espada que está en una mano es la oración divina, tanto la llamada noerá, del corazón o de Jesús, como la oral, como también aquella que se hace por el estudio; y mástil o lanza tridente que tienen en la otra mano es no consentir el pazos que les está atacando y combatiendo y lo expulsen con ira y así con su corazón llegan a tenerlo asco y repulsión.

Alimento que toman para el fortalecimiento contra los enemigos es la continua divina Comunión o Efjaristía, tanto del misterio del sacrificio de la Divina Liturgia, como también del espiritual; y el aire iluminante y sin nubes, por el cual ven de lejos a los enemigos, es la continua práctica del nus en conocer correctamente las cosas y el continuo ejercicio de la voluntad en querer agradecer sólo a Dios, más la hisijía paz y serenidad del corazón.

Aquí en esta Guerra Invisible, o mejor dicho, en esta Guerra del Señor, los soldados de Cristo aprenden las diversas estafas, engaños y maquinaciones de todo tipo, los difíciles estratagemas y artes, que utilizan contra ellos los enemigos inteligibles a través de los sentidos, de la fantasía y mediante la reducción de la devoción o piedad; y mediante de los cuatro asaltos, ataques que traen la muerte (espiritual); es decir, la incredulidad, la desesperación u oscurantismo, la vanagloria y la transfiguración de los demonios en ángeles de luz. Y a continuación los soldados estudian también cómo contraatacar, disolver y destruir las maquinaciones de los enemigos. Y aquí ya son enseñados qué orden y ley deben guardar y mantener y con cuánta valentía deben luchar. En resumen, en este libro cada ser humano que ama su sotiría sanación, redención y salvación, aprende cómo vencer a los enemigos invisibles, para obtener los tesoros, es decir, las virtudes divinas y verdaderas, para recibir el premio y la corona inmarchitable, que es la unión con el Dios, tanto en el siglo presente como en el futuro.

Queridos lectores, amigos de Cristo, recibid este libro con alegría y aprended de este el arte de la Guerra invisible; ocupaos no sólo simplemente de luchar, sino combatir legalmente como se debe, para que seáis coronados (con la doxa gloria luz increada). Porque, según el apóstol Pablo: “Y el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente, si no se atiene a las reglas del deporte” (2 Tim 2,5). Armaos con las armas que os enseña, para con estas matar vuestros enemigos inteligibles e invisibles, los cuales son los pazos que corrompen la psique y los demonios que son los creadores de estos pazos. “Revestíos de la armadura de Dios para que podáis resistir las tentaciones y maquinaciones del diablo” (Ef 3,10-17).

Acordar que en el bautismo os habéis comprometido que negáis y combatís al Satanás, todas sus obras, todo culto de él y todo pecado; las cuales obras de él son el hedonismo, la voluptuosidad, la vanagloria y la avaricia y todos los demás pazos. Por lo tanto, luchad a lo que podáis, para ponerle en fuga, avergonzarle y derrotarle totalmente con toda vuestra perfección. Por esta victoria, la recompensa y el salario que tendréis será muy grande. Escuchadlo esto de las mismas palabras por la misma boca del Señor, Quien en el libro del Apocalipsis nos promete: “Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios” (Apo 2,7). “El vencedor no será víctima de la segunda muerte” (Apo 2,11). “Al vencedor le daré el maná oculto, escondido…” (Apo 2,17). “Al vencedor le entregaré el poder que yo he recibido de mi Padre y también le daré la estrella de la mañana” (Apo 2,28). “El vencedor será revestido de vestiduras blancas, yo no borraré jamás su nombre del libro de la vida y reconoceré su nombre delante de mi Padre y de los ángeles” (Apo 3,5). “Al vencedor le haré columna del templo de mi Dios…” (Apo 3,12). “Al vencedor lo sentaré conmigo en mi trono…” (Apo 3,21). “El vencedor heredará todo; y yo seré su Dios, y él será mi hijo” (Apo 21,7).

¡Veis cuántos axiomas! ¡Veis cuántos salarios! ¡Veis esta corona multiplicada por ocho y que está llena de flores y es inmarchitable, pero hermanos cuántas más coronas os harán si vencéis el diablo! ¿En esto pues, tenéis que estar practicando e instruyéndose en la continencia o autodominio y en la lucha y “guardad bien lo que tenéis, para que nadie os quite vuestra corona (de luz increada)” (Apo 3,11). Porque es una vergüenza grande que aquellos que se entrenan en el pentatlón y hacen luchas y esfuerzos exteriores, tienen continencia casi en todo, para que reciban una corona marchitable y corruptible de olivo o de laurel o de cualquier otra planta. Y vosotros, que habéis recibido una corona inmarchitable, paséis vuestra vida con negligencia e indiferencia. Pues, que os convenza por eso Pablo que dice: “¿No sabéis que los que corren en el estadio todos corren, pero sólo uno consigue el premio? Corred de modo que lo conquistéis. Los atletas se privan de muchas cosas, y lo hacen para conseguir una corona corruptible; en cambio, nosotros, por una incorruptible” (I Cor 9,24-25).

Así que, esta victoria y la brillantez de estas coronas deseo que disfrutemos. Y acordaos, hermanos míos, pedir al Señor que perdone mis pecados, de éste que se ha hecho ayudante vuestro, para la edición de este bello libro; pero más que nada, acordaos de levantar los ojos hacia el cielo y agradecer y glorificar al Primer Causante y Autodidacta Dios y a vuestro capitán general Jesús Cristo, y decir cada uno hacia Él aquello que dijo Sorozábal: “De ti viene la victoria… Y la doxa (gloria, luz increada) es tuya y yo soy pariente tuyo” (II Esd 59). Y esto del profeta David: “Tuya es, Señor, la grandeza, el poder, el honor, la majestad y la gloria, pues todo cuanto hay en el cielo y en la tierra es tuyo” (I Cron 29,11). Ahora y para siempre. Amén.

 

Capítulo 1: En qué y cómo se encuentra la perfección cristiana. Cómo uno debe combatir. Las cuatro armas necesarias para esta guerra.

La mayor y más perfecta hazaña que una persona puede pensar, es acercarse de una manera a Dios y unirse con Él. La perfección cristiana es requerida como mandamiento y es entregada al Nuevo Testamento, porque dice el Señor: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mt 5,48). Y Pablo dice: “Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar” (I Cor 14,20); “Que seáis perfectos y en todo cumplir con la voluntad de Dios” (Col 8,12); “Seamos conducidos en la perfección” (Heb 6,1). La perfección fue proclamada como mandamiento en el Antiguo Testamento, porque dice el Dios a los Hebreos en el Deuteronomio: “Que seas perfecto ante el Señor tu Dios” (18,18). Y David manda lo mismo a su hijo Salomón: “Y ahora hijo mío, conocerás a Dios de tus padres y le servirás con todo tu corazón y el ánimo de tu psique” (I Cron 28,9). Deducimos pues, que el Dios requiere de todos los cristianos que se ejerzan y estén plenos de perfección, es decir, el Dios pide de nosotros hacernos perfectos en todas las virtudes.

Por tanto, si tú, querido lector en Cristo, deseas llegar en esta cima, primero debes conocer en qué consiste la vida espiritual y la perfección cristiana. Porque son muchos los que dicen que esta vida y perfección, se encuentra en los ayunos, en las vigilias, en las prosternaciones y otros similares ejercicios duros del cuerpo. Otros por su lado dicen que se encuentra en la abundancia de las oraciones y en los largos oficios. Otros creen que la perfección se encuentra completa en la oración del corazón o de Jesús*, en la soledad, en la huida del mundo, en el silencio y en la instrucción por el canon o regla; es decir, que caminen con la regla y con la mesura, y que no lleguen en excesos ni en escaseces. (*Sobre esta oración ver más abajo capítulo 46). Pero estas virtudes, por sí solas, no son esto que buscamos y pedimos como perfección cristiana, sino que unas veces son los medios e instrumentos para que uno llegue a la jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo, y otras veces son fruto del Espíritu Santo.

De que son instrumentos muy fuertes y dinámicos, para el deleite de la jaris del Espíritu Santo, no hay ninguna duda, porque vemos muchos virtuosos que las utilizan como debe ser, con este propósito; es decir, para obtener el poder y la fuerza contra la maldad y la flojedad, para que sean fortalecidos contra las tentaciones y engaños de los tres enemigos comunes, o sea, de la carne, del mundo y del diablo; para que de estas reciban ayuda espiritual que es necesaria a todos los siervos de Dios, y sobre todo a los principiantes, y sencillamente para que se hagan dignos de recibir los carismas del Espíritu Santo; tal y como los enumera el profeta Isaías: “espíritu de sabiduría y de prudencia, espíritu de voluntad y de valor, espíritu de conocimiento y de piedad y espíritu de temor del Dios” (Is 11,2).

Tampoco hay duda de que estas praxis o acciones son fruto del Espíritu Santo y como dijo Pablo, su resultado son “agapi-amor, alegría, fe, tolerancia, continencia, paz, magnanimidad, templanza, bondad, paciencia” (Gal 5,22), y en esto tampoco hay duda. Porque los hombres espirituales ejercitan el cuerpo con estos ejercicios, porque ha afligido a su Creador y para tenerlo siempre dominado y sometido a trabajar las cosas de Dios. Se silencian y hacen vida de monje, para evitar el más mínimo perjuicio y daño hacia Dios1. Oran y prestan atención al culto a Dios y a las obras de piedad, para que tengan el gobierno o régimen de los cielos, estudian la vida y los padecimientos de nuestro Señor, no para otra cosa sino para conocer más su propia maldad, y la bondad y compasión de Dios, siguen a Jesús Cristo olvidando y renunciando de sí mismos y llevan la cruz en sus hombros, para que sean calentados más de la agapi (amor, energía increada) de Dios y se aborrezcan de sí mismos.

Pero las virtudes que nos hemos referido, en aquellos que ponen todo el peso en estas, pueden provocar más daño y perjuicio que los pecados obvios; no a causa de estas, (porque estas son todas santísimas), sino porque aquellos que las utilizan, al fijarse sólo en estas, dejan su corazón correr detrás de sus propias voluntades y las del diablo; el cual diablo, al verlos que van directos por este camino, los deja no sólo que luchen con alegría en los ejercicios corporales, sino que con el pensamiento vano, que les susurra, se extiendan en las grandezas del Paraíso. De ahí que estos de este tipo creen que se han elevado hasta las legiones de los Ángeles y que sienten a Dios en su interior; y algunas veces sumergidos en este tipo de pensamientos y reflexiones raras y altas, creen que casi ya han dejado este mundo y han sido arrebatados hasta el tercer cielo.

Pero en cuántos errores están metidos y enredados estos hombres y cuán lejos están de la verdadera y bienaventurada perfección, uno los puede conocer por la vida, el carácter, los modales y las conductas éticas de ellos. Porque ellos quieren que sean considerados y preferidos de los demás por cualquier cosa. Son peculiares y tenaces en sus propias voluntades, son ciegos en sus propias cosas; pero examinan cuidadosamente los logos y las praxis de los demás, y si alguien les toca un poco la vana reputación de su honor que ellos creen que tienen, quieren que los demás tengan en cuenta su reputación; y si alguien los impide de aquellas reverencias y virtudes con las que se están ocupando (¡que Dios nos guarde de esto!), inmediatamente se enfurecen, se incendian de ira y se convierten en frenéticos.

Y si el Dios quiere traerles al conocimiento exacto de sí mismos y al verdadero camino de la perfección, les envías aflicciones y enfermedades o concede que vengan persecuciones, (que son pruebas con las que el Dios prueba sus auténticos y verdaderos siervos), entonces manifiestan las cosas secretas y ocultas de sus corazones, de que están pervertidos de la soberbia u orgullo. Porque en cada acontecimiento triste que les ocurre, no quieren seguir la voluntad de Dios, permanecen reposados en los justos, aunque ocultos juicios de Dios, ni quieren seguir el ejemplo del humillado y padecido Hijo, nuestro Señor Jesús Cristo y hacerse humildes teniendo como amigos sus perseguidores o enemigos, como instrumentos de la divina bondad y cooperantes en su sanación y salvación.

Así que es obvio que están en gran peligro. Porque estos teniendo su ojo interior, es decir, el nus entenebrecido, se ven a sí mismos con este ojo interior oscurecido; y pensando conseguir obras exteriores buenas, creen que han llegado a la perfección y critican, enjuician y condenan a los demás. Por eso no es posible para uno poder hacerles cambiar, sino sólo una ayuda especial y particular de Dios. Porque mucho más fácil se convierte en bueno el pecador evidente que el oculto y cubierto con la coraza de las aparentes virtudes.

Ahora, pues, que has conocido muy bien que la vida espiritual y la perfección no se sostiene en estas virtudes que hemos dicho, sepas que no se constituye de otras cosas más que la gnosis (conocimiento) de la bondad y la grandeza de Dios y de nuestra nimiedad, tendencia y declinación a cualquier mal contra la agapi de Dios y al odio, aborrecimiento de nosotros mismos; en la obediencia, sumisión no sólo a la voluntad de Dios, sino también en todas las creaciones, para la agapi de Dios y la repulsión, desobediencia de toda voluntad nuestra y la perfecta obediencia a la voluntad de Dios; incluso, todas estas cosas que las queramos hacer claramente para la doxa gloria luz increada de Dios y gustar sólo a Él; y porque así lo quiere Él, así debemos amarle y servirle. Por eso el apóstol Pablo en general nos manda que todas las obras “ya comáis, ya bebáis, hagáis lo que hagáis, hacedlo todo para gloria de Dios” (I Cor 10,31).

Esta es la ley de la agapi (amor, energía increada divina), esta que se ha escrito por la mano del mismo Dios en los corazones de sus siervos fieles. Esta es la abnegación de nosotros mismos, la que pide el Dios de nosotros. Este es el yugo dulce de Jesús y su peso ligero. Esta es la sumisión a la voluntad de Dios, a la que nos llama nuestro redentor y Didáscalos (Maestro) con su propio ejemplo y con su voz. Y verdaderamente, el que nos sometamos a la voluntad de Dios y que prefiramos siempre la de él y no la nuestra, esto nos lo ha enseñado con su voz el mismo jefe y perfeccionador de nuestra sanación y salvación Jesús Cristo, Quien nos ha pedido que oremos diciendo: “Padre nuestro el de los cielos…hágase tu voluntad tal y como en el cielo en la tierra también” (Mt 6,10); y con su ejemplo, desde el principio de su vida e inmediatamente cuando entró en el mundo, pidió hacer la voluntad del Padre, según Pablo que dice: “He aquí, vengo hacer tu voluntad” (Heb 16,9); y en la mitad del Evangelio esto decía: “he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad de aquel que me ha enviado” (Jn 6,38); y al final de su vida en la oración, esto mismo selló diciendo: “Padre, no se haga mi voluntad sino la tuya” (Lc 22,42).

Así que, hermano mío, tú que deseas llegar a la altura de esta perfección, y como es necesario hacer una lucha incesante con el sí mismo, para vencer y extinguir valientemente todas las voluntades grandes y pequeñas, obligatoriamente debes prepararte con ánimo y buena disposición para esta guerra; porque la corona no se entrega a cualquiera, sino sólo al guerrero valiente; la cual guerra, como es más difícil que cualquier otra guerra (porque luchamos contra nosotros mismos, y nos combate, ataca nuestro propio sí mismo), así también la victoria que conseguiremos será más gloriosa que cualquier otra y será muy bien recibida de Dios. Porque si quisieras matar tus desordenados pazos, los deseos y tus voluntades, gustarás más a Dios y le servirás mejor, en vez de hacer regresar al bien miles de psiques y tú dominado realmente de los pazos o en vez que te estés azotando hasta que te sangres o que hagas ayuno más que los antiguos eremitas. Casi lo mismo dice san Isaac: “Es mejor que te desates y liberes de la cadena del pecado que liberar esclavos de la esclavitud”, y otras muchas parecidas (Logos 23).

Porque, aunque el Dios ama más el regreso de las psiques que la necrosis de una voluntad pequeña, sin embargo, tú hermano mío, no debes querer, ni hacer nada más importante que aquello que pide el Dios, y de aquí en adelante lo quiere de ti exclusivamente; porque el Dios por supuesto que se contenta más por tu lucha para mortificar y enterrar tus propios pazos, en vez de que hagas cualquier otra cosa, aunque sea muy grande e importante, haciendo la vista gorda de tus propios pazos.

Ahora bien, como has aprendido de qué se constituye la perfección cristiana y para obtenerla debes hacer una guerra dura y continua contra ti mismo, es necesario que seas prevenido y suministrado de cuatro cosas, como armamento muy seguro e imprescindible, para que te conviertas en vencedor de esta guerra invisible y recibas la corona (o la doxa– gloria luz increada). Y estas son: a) no te fíes nunca de ti mismo, b) ten animo, coraje y esperanza en Dios, c) luchar siempre, y d) orar. Para estas quiero hablarte especialmente pronto si el Dios lo quiere (a continuación).

(1). Apunta que daño o perjuicio a Dios, para los teólogos es cada pecado, simplemente porque perjudica, daña, hiere y se opone a Dios. Pero como el pecado no existe como un ente vivo, perjudica, daña y se opone al ser de Dios y ya que es malo, perjudica la bondad de Dios; puesto que es enfermedad y debilidad, perjudica Su fuerza y el valor; ya que es desconocimiento y oscuridad, perjudica Su sabiduría. Y simplemente, puesto que el pecado se llama también imperfección y omisión, perjudica y se opone a las perfecciones infinitas de Dios; como es transgresión e ilegalidad, perjudica e hiere las leyes y los logos-mandamientos de Dios, y como todo logos contra Dios se llama blasfemia, porque perjudica la fama y el nombre de Dios, así también todo pecado se llama perjuicio y daño a Dios; y no sólo porque el pecado por sí mismo se opone y va de mal en peor, sino porque se hace en las creaciones de Dios y hace que sea blasfemado el Creador de estos, como si él también fuera así de malo y a continuación ha creado males de este tipo; puesto que la virtud de las creaciones, hace que sea glorificado y alabado también el Creador de estas.

(2) Mira amigo mío, cuan perfecto es el orden y el método que utiliza este libro; antes que cualquier otra cosa, aquí añade el principio, la perfección y la finalidad o propósito de toda esta guerra invisible, de modo que conociendo todos aquellos que tratan de entrar en la guerra y combatir, no sean engañados con alguna otra cosa, sino que sean dirigidos hacia este libro como punto de referencia y todas sus praxis (actos, acciones) sean conducidas hacia una dirección.

Capítulo 2: No debemos confiar en nosotros mismos, ni soltar las riendas de sí mismo.

El no confiarte de ti mismo, hermanos mío, es tan necesario en esta guerra, que sin esto, estate seguro que, no sólo no podrás conseguir la victoria que deseas, sino que ni si quiera podrás resistir a lo más mínimo, y esto grábalo bien en la memoria de tu nus. (8) El profeta Jeremías llama maldito y apóstata (tránsfuga) de Dios, aquel que confía en sí mismo, diciendo: “¡Maldito el hombre que confía en el hombre, que en el mortal se apoya y su corazón se aparta del Señor!” (Jer 5,17). San Basilio el Magno interpretando este pasaje dice: el tener esperanza en otro hombre y también el confiar de sí mismo, estas dos cosas las llama apostasía de Dios. Ves pues, el orden que utiliza este libro, porque comienza la guerra desde la filaftía (egolatría, excesivo amor a uno mismo y al cuerpo), la cual es la causa previa, la raíz y el principio de todos los otros pazos y males.

Porque nosotros realmente por nuestra naturaleza siendo seres corruptos desde el tiempo de la infracción de Adán, tenemos una gran idea y consideración de nosotros mismos, lo que no es más que una gran mentira, pero nosotros con una impresión engañosa o un autoengaño creemos que somos algo. (9) Esto es un defecto que difícilmente es reconocido y no gusta a Dios, el cual quiere que nosotros tengamos un conocimiento sin dolo ni engaño sobre esta verdad indudable. (9) El que creamos que somos algo esto se llama soberbia (jactancia, presumir, orgullo y vanagloria), es un pazos muy malo y se genera por la filaftía (egolatría, excesivo amor a uno mismo y al cuerpo); y la filaftía se convierte en raíz, principio y causa de todos los demás pazos; es tan fino este pazos de la vanagloria o jactancia, de modo que por su gran sutilidad, finura y ocultación, aquellos que lo tienen no lo sienten. Porque la primera puerta del nus, por la que trata de entrar la jaris (gracia, energía increada) de Dios y habitar al hombre, este maldito pazos se detiene allí, cierra la puerta (u obstruye el nus, su energía del) y no deja entrar la jaris, la cual justamente se marcha. Porque, ¿cómo puede venir la jaris para iluminar o ayudar al hombre aquel que se cree grande? El Señor que nos libere de este pazos tan eosfórico (diabólico) y nos sane a los que padecemos de esta enfermedad, la soberbia (orgullo y vanagloria). El Señor castiga este pazos mediante el profeta que dice: ¡Ay de aquellos que se creen que son sabios! (Is 5,21). Y el apóstol Pablo nos pide esto: “No seáis orgullosos, poneos al nivel de los humildes. No os consideréis los sabios (Rom 12,16); y Salomón dice: “No te creas a ti mismo sabio” (Prov 12,16).

Es decir, toda jaris, (gracia, energía increada) y virtud provienen únicamente de Él que es la fuente de todo bien; y que de nosotros no provienen bienes, ni buenos loyismí (pensamientos, reflexiones unidas con fantasías) que le gusten. Aunque esta verdad muy necesaria, es decir, no confiarnos de nosotros mismos, es obra de la mano divina, que acostumbra dar a sus amados amigos, unas veces con iluminaciones y apocalipsis (revelaciones interiores), otras veces con latigazos y aflicciones, otras veces con tentaciones violentas y casi invencibles, y otras veces con otros medios que nosotros no los entendemos ni captamos; con todas estas cosas quiere que por nuestra parte hagamos aquello que es debido y es posible en nosotros. Por eso, hermano mío, aquí te pongo cuatro maneras o modos con los que podrás, con la ayuda de Dios, conseguir esta duda sobre ti mismo, es decir, no confiarte de ti mismo.

Primera manera es conocer tu nimiedad (10) y pensar que solo no puedes hacer ningún bien de los que te convertirán en digno de pertenecer en la realeza increada de los cielos. (10). Por eso san Crisóstomo dice que aquel que se cree de sí mismo que no es nadie, éste más que nadie se conoce a sí mismo. San Máximo el Confesor dice: Condición de la virtud es el reconocimiento de la enfermedad humana y la percepción y conocimiento de la fuerza y energía increada divina que trae la unión (Filocalía c.3 v.79); y san Pedro el Damasceno dice: “No hay mayor cosa que conocer tu propia enfermedad y desconocimiento, y nada peor que la ignores” (Filocalía, Sobre el desconocimiento).

Segunda manera es pedir para esto muchas veces ayuda a Dios con ardientes y humildes súplicas, porque este es carisma Suyo; y si quieres recibirlo, primero debes pensar en ti mismo, no sólo desnudo de todo lo tuyo y de ti mismo, sino pensar también que es imposible que lo consigas por ti mismo; hablar con familiaridad muchas veces ante la grandeza de Dios, y creo firmemente que a causa del océano de Su compasión, esta ayuda te la concederá cuando Él sepa que tú la disfrutarás, esto no lo dudes.

Tercera manera es acostumbrarte tener temor de ti mismo; y también temer los innumerables enemigos, a los cuales no eres capaz de hacer ni la mínima resistencia sin la ayuda de Dios; temer la fuerza de la costumbre de ellos que te atacan y combaten con astucias, estratagemas y transfiguraciones en ángeles de luz y sus innumerables artificios y trampas que te ponen ocultamente en el camino de la virtud.

Cuarta manera es cuando caigas en algún defecto, piensa automática y claramente en tu absoluta debilidad; porque por esta razón o propósito el Dios concedió que caigas, para que conozcas mejor tu enfermedad (11) y así aprendas no sólo a despreciarte de ti mismo como un nadie, sino que quieras que te desprecien también los demás como enfermo de este tipo. Porque sin esta voluntad, no es posible que se consiga esta virtuosa desconfianza (de sí mismo), la cual tiene su cimiento en la verdadera humildad y en la gnosis (conocimiento) de hecho de la prueba que hemos mencionado. (11) No solamente cuando uno cae en algún pecado, sino también cuando caiga en distintas desgracias y sufrimientos, y sobre todo enfermedades corporales crónicas, debe conocer su humilde conocimiento de sí mismo y su debilidad, así se hace más humilde, porque por este propósito se concede de Dios que nos vengan las tentaciones, las del diablo, las de los hombres y las de la naturaleza. Por eso también el apóstol Pablo pensando este propósito, decía que le persiguieron muchas tentaciones mortales en Asia: “Tuvimos como segura la sentencia de muerte, para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios, que resucitará a los muertos” (II Cor 1,9). Y en brevedad, aquel que quiere conocer su enfermedad en praxis o de hecho, pues, que se observe, no mucho tiempo, sino sólo por un día sus propios loyismí (pensamientos, reflexiones y fantasías), más las palabras que ha pensado, habló y las obras que hizo, y así encontrando que la mayoría de sus loyismí, las palabras y las obras estás equivocadas, torcidas, necias y malas; de esta prueba entenderá lo enfermo que está y de esta comprensión y este conocimiento verdadero, por supuesto que se hará más humilde, y en el futuro no tendrá confianza de sí mismo.

 

Por tanto, el conocerse a sí mismo, cada uno ve cuánto imprescindible es esto para aquel que quiere unirse con la luz increada celeste; por el cual autoconocimiento, el Dios acostumbra conceder su compasión a los orgullosos y preventivos, mediante muchas caídas, es decir, dejándoles caer de manera justa en algún defecto (por el que creen que se pueden proteger) para que conozcan su propia debilidad, y ya no confíen en sí mismos para nada.

Pero este medio tan miserable y obligatorio, no acostumbra a utilizarlo siempre el Dios, sino solo cuando los otros medios, los más libres, como hemos dicho, no provocan al hombre este reconocimiento de sí mismo; entonces concede caer en errores grandes o pequeños el hombre, cuando mayor o menor es su orgullo y reputación que tiene para sí mismo; de modo que, allí donde no hay ninguna reputación o consideración de sí mismo, -igual que ha ocurrido en la Virgen María-, allí igualmente no hay ninguna posibilidad de caída. Por lo tanto, tú cuando caigas, inmediatamente con tu humilde loyismós (pensamiento, reflexión) corre en la humilde gnosis (conocimiento) de ti mismo, y con oración persistente pide de Dios que te otorgue la verdadera luz increada, para conocer tu nimiedad y no tengas confianza para nada de ti mismo, si quieres no recaer y caer en mayor perjuicio, avería y corrupción.

Capítulo 3: La esperanza y la confianza en Dios

Es muy necesario que en esta guerra no confiarnos en nosotros mismos, como hemos dicho; sin embargo, si sólo nos desesperamos, es decir, si sólo expulsamos toda convicción de nosotros mismos, por supuesto que o huiremos o seremos vencidos y atrapados por los enemigos. Por eso junto con la completa abnegación de nosotros mismos, nos hace falta también la plena confianza y esperanza a Dios, es decir, esperando todo bien, ayuda y victoria sólo de Dios. Debido a que nosotros no somos nada, pues, no esperamos nada más que derribos y caídas de nuestro sí mismo, por las que no debemos tener ninguna confianza en nosotros mismos, y de esta manera seguro que disfrutaremos de Dios toda victoria, inmediatamente apenas hayamos armado nuestro corazón con una esperanza viva en él; y recibiremos su ayuda según el Salmo “en él tuvo esperanza mi corazón y fui ayudado” (Sal 27,11).

Esta esperanza junto con la ayuda, podemos conseguirlas por cuatro razones.

  1. a) Debido a que pedimos de un Dios que es Omnipotente puede hacer lo que quiere y a continuación puede ayudar también a nosotros.
  2. b) Porque pedimos de un Dios que realmente es infinitamente sabio, conoce todo con absoluta perfección, por lo tanto, conoce todo aquello que nos conviene para nuestra sotiría (redención, sanación y salvación).
  3. c) Porque pedimos esta ayuda de un Dios quien al ser infinitamente bondadoso y con una agapi (amor, energía increada) y voluntad que no se pueden describir, está siempre preparado para darnos de un momento a otro toda la ayuda que nos hace falta para la victoria espiritual total de nuestro sí mismo, inmediatamente cuando corremos en sus brazos con esperanza firme y estable.

¡Y cómo es posible que este buen Pastor muestro, quien corría treinta y tres años buscando la oveja perdida, quedándose ronco de tanto gritar, que caminó en un camino duro y espinoso, que derramó toda su sangre, cómo es posible digo, que no gire sus ojos ahora hacia este cordero que corre detrás suyo con anhelo, gritándole y rogándole! ¡Cómo puede no escucharlo y no ponerlo en sus hombros divinos, haciendo fiesta junto con todos los Ángeles del cielo! Y si el Dios no deja de buscar con gran esmero y amor, para encontrar, según la parábola, la moneda perdida, el sordo y el ciego pecador, ¿cómo es posible ahora abandonar a este que como cordero perdido, clama y llama a su propio Pastor? ¿Y quién se va a creer alguna vez que el Dios que está tocando al corazón del hombre, deseando entrar en el interior y cenar, según el Apocalipsis dándole sus carismas; y cuando el hombre le abre la puerta y le invita, él debería hacer de sordo y no querer entrar? Los logos del Apocalipsis son: “Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo” (Apoc 3,20).

  1. d) Cuarta manera para obtener uno esta ayuda y esperanza de Dios, es correr con su memoria a la verdad de la divinas Escrituras, las cuales en tantas partes indican claramente que aquel que tiene esperanza en Dios nunca se ha quedado sin ayuda y avergonzado. “Observad las antiguas generaciones y reflexionad; ¿quién se ha confiado a Dios y se ha avergonzado?” (Sirac 2,9). Por eso aquel rey Avgaro, mientras restauró aquel icono de nuestro Señor hecho a mano, encima de la Puerta de entrada a la Ciudad de Edesa escribió estas palabras: “Cristo Dios, el que tiene esperanza en ti no fracasa nunca”.

Hermano mío, ármate con estas cuatro maneras. Y comienza la obra y la lucha para vencer; y seguro que de estas obtendrás no sólo la esperanza total y firme a Dios, sino también tu desconfianza total en ti; por la que no dejo de recordarte también en este capítulo, que tienes mucha necesidad del conocimiento de ella; porque en el hombre está tan pegada la confianza de sí mismo y de una manera tan fina y sutil que casi siempre vive escondida en el interior del corazón, nos autoengaña y parece que no tenemos confianza en nosotros mismo y tenemos esperanza a Dios. Por tanto, para que tú te alejes lo más que puedas de esta vana consideración y reputación, y trabajes la falta de confianza en ti mismo y la esperanza a Dios, es necesario e importante que preceda el pensamiento de tu debilidad antes que el pensamiento de la omnipotencia de Dios, y con estos dos pensamientos juntos preceder antes de toda praxis nuestra.

 

Capítulo 4: Cómo uno puede conocer si trabaja con la desconfianza de sí mismo y con la confianza completa a Dios

Muchas veces creen algunos osados que no se fían de sí mismos y toda su esperanza y convicción la tienen en Dios; pero no es así. Y sobre esto se cercioran por el resultado que les viene sobre su decadencia, cuando suceda. Porque por casualidad ellos sufren y se entristecen por sus decaídas, y de una manera se decepcionan y creen que de ahora en adelante pueden hacer el bien, esto es una señal segura de que antes de su decaída creían en sí mismos y no a Dios. Y si el sufrimiento y la desesperación de ellos es grande, está claro que mucho creían en sí mismos y poco a Dios; porque el que no confía mucho de sí mismo y tiene esperanza en Dios, cuando recaiga no se extraña tanto ni puede sufrir y entristecerse excesivamente, puesto que conoce que esto le ocurre por la debilidad de sí mismo y la poca esperanza que tiene a Dios; sobre todo entonces desconfía más de sí mismo y con más humildad tiene esperanza a Dios, odiando más que nadie los pazos perversos y desordenados que son la causa de su decaída con un gran dolor pacífico y sereno, por la tristeza en Dios; y así por supuesto que obtiene desconfianza de sí mismo, pero persigue con mayor valentía, coraje y determinación hasta la muerte de los enemigos.

Estas cosas que he dicho, deseo que las piensen algunos que creen que son virtuosos y espirituales, quienes cuando caen en algún defecto no pueden ni quieren pacificarse; y algunas veces queriendo liberarse del gran sufrimiento, aflicción y molestia que están pasando a causa de su excesivo amor a sí mismos, únicamente por esto corren inmediatamente a su padre espiritual, al cual principalmente tenían que haber ido antes para que sean lavados de la contaminación del pecado y tomar fuerza contra el sí mismo con el divino misterio de la metania (confesión, arrepentimiento e introspección).

 

Capítulo 5: El error que cometen muchos creyendo como virtud la pusilanimidad

En relación a esto, hay muchos que se encuentran en engaño, porque los que creen como virtud la pusilanimidad y la tristeza excesiva que les acompaña después del pecado, no conociendo que el pecado proviene del orgullo oculto y la superstición que se han cimentado sobre la esperanza y la confianza que tienen de sí mismos y sus propias fuerzas. Porque estos creyendo en sí mismos de que son algo se confiaron de una manera, y con la prueba de la caída ven que no tienen ninguna fuerza, se atormentan y se extrañan como si fuera una cosa nueva y se desaniman viendo caído al suelo aquello que se habían confiado y depositado todo su ánimo y todas sus esperanzas (es decir, en la confianza de sí mismos). Pero esto no sucede al humilde, el cual sólo a Dios tiene la esperanza y el ánimo, sin tener ninguna esperanza de sí mismo. Por eso cuando cae en cualquier tipo de error, aunque siente dolor y tristeza, no se atormenta ni se extraña. Porque conoce que esto le ha ocurrido por su miseria y la debilidad de sí mismo, la que conoce muy bien con la luz y energía (increada) de la verdad.

 

Capítulo 6: Otras experiencias por las que se obtiene la desconfianza de nosotros mismos y el ánimo y la confianza a Dios

Debido a que toda la fuerza, con la que vencemos a nuestros enemigos, nace de la desconfianza a nosotros mismos y de la esperanza a Dios, es necesario hermano mío que te suministres de estas noticias, para que con la ayuda de Dios logres esta fuerza; Sepas, pues, con certeza que no te servirán ni las cualidades, sean naturales o adquiridas, ni todos los carismas que se dan gratis, ni la gnosis de toda la Santa Escritura, ni la manera que hemos trabajado tantos años y nos hemos acostumbrado en este ejercicio, sin una especial ayuda y refuerzo de Dios en nuestro corazón para que nos fortalezca para hacer todo esto; todas estas cosas no nos harán cumplir con la voluntad divina, aunque en cada bien gustado de Dios que debemos hacer y en cada peligro que debemos evitar y en cada cruz que debemos levantar según su voluntad, digo, si no eleva nuestro corazón una fuerza especial de Dios y no nos fortalezca para realizar estas cosas, como dijo el Señor: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,15). Así que nosotros debemos en toda nuestra vida, en todos los días, horas y momentos tener esta opinión determinante de que de ninguna manera y con ningún loyismós confiaremos y tendremos esperanza en nosotros mismos, nunca.

Junto que aquella cosas que te dije al tercer capítulo para la esperanza a Dios, , conozca que no hay nada más fácil para Dios que vencer tus enemigos, tanto lo pocos como los muchos, tanto los antiguos como los fuertes, tanto los nuevos como los débiles. Pues, una psique aunque esté cargada de pecados, aunque tenga todos los defectos del mundo; aunque esté tan contaminada que uno no puede imaginar, aunque haya probado y utilizado todos los medios y luchas para dejar el pecado y hacer el bien y no ha podido nunca obtener ni una pequeña parte del bien, y que progresa más en el mal, a pesar de todo esto, no debe parar nunca de tener esperanza a Dios, ni debe abandonar nunca las armas y las luchas espirituales, sino que siempre debe luchar con valentía y coraje. Porque debe conocer que en esta guerra invisible nunca pierde aquel que no cesa de luchar y tiene esperanza a Dios; quien nunca deja de ayudar a sus guerreros, a pesar que algunas veces deja que queden heridos; Que luche pues, cada uno, porque de esta guerra depende y se sostiene todo. Y lo medicinal, curativo está preparado y efectivo para que sea dado a los guerreros que buscan a Dios y su ayuda, con esperanza firme. Porque en tiempo que menos lo esperan desaparecerán sus enemigos, tal y como se ha escrito: “Ha perdido su fuerza luchadora el guerrero, enemigo de Babilonia” (Jer 51,30).

Capítulo 7: Cómo debemos instruir nuestro nus para protegerle de la ignorancia

Pero la desconfianza en nosotros mismos y la esperanza en Dios que son tan imprescindibles para esta guerra, si estas dos se quedan solas, no sólo no venceremos sino que caeremos en muchos males. Por esta razón, junto con estas se necesita también ejercicio (práctica) que es la tercera cosa que hemos mencionado al principio, y que se debe hacer primero con el nus y con la voluntad. Con el nus debemos protegernos de la ignorancia, la cual es muy adversa al nus, debido a que oscurece y embota al nus y le impide del conocimiento (gnosis) de la verdad que es su propio objetivo. Por eso es necesario ejercitar al nus de modo que se convierta lúcido y limpio para poder discernir aquello que nos hace falta para la catarsis, sanación de nuestra psique de los pazos y adornarla con virtudes.

Esta lucidez del nus, podemos obtenerla de dos maneras. Primeramente y más necesaria es la oración, con la que rogamos al Espíritu Santo esparcir su divina luz increada y energía en el interior de nuestros corazones, que por supuesto lo hará si realmente lo pedimos sólo de Dios, si hacemos su santa voluntad y si sometemos cualquier cosa nuestra al consejo y pregunta a nuestros Padres experimentados y espirituales.

La segunda manera es un profundo ejercicio del pensamiento y estudio de las cosas, para conocer qué cosas son buenas y qué son malas, no como juzgará equivocadamente el sentido y el mundo, sino tal y como juzgará el logos correcto y el Espíritu Santo; es decir, la verdad de las Escrituras inspiradas de Dios y de los Padres y Maestros de nuestra Iglesia los que son portadores del espíritu divino o de la divina energía y luz increadas. Porque cuando este pensamiento y estudio se hace correctamente y como es debido, entonces nos hace conocer claramente que deberemos considerar nada (cero), vanas y falsas todas aquellas cosas que ama y busca de varias maneras este mundo corrupto, falso y ciego.

Es decir, los honores, el hedonismo, los placeres y la riqueza de este mundo no son otra cosa que vanidad y muerte (espiritual) de la psique; y que los desprecios, calumnias e insultos que nos hace el mundo, nos producen doxa (gloria) verdadera y los sufrimientos o tristezas, alegría; con perdonar a nuestros enemigos y hacerles el bien, es magnanimidad y una de las mayores similitudes con el Dios; y vale más que uno desprecie al mundo que sea el dominador o soberano de todo el mundo; y obedecer, a uno le hace diligente y bien dispuesto, más bien es una praxis de psique valiente y magnánima que en vez de someter y mandar grandes reyes.

Puesto que el conocimiento humilde de nosotros mismos, debe ser preferido más que todas las grandezas de las ciencias y el vencer y mortificar nuestras voluntades y apetitos por muy pequeños que sean, es digno de mayor elogio que combatir y vencer muchos castillos y ejércitos enemigos con armas en la mano y hacer milagros o resucitar muertos.

 

Capítulo 8: Por qué no discernimos correctamente las cosas y de qué manera podemos conocerlas

La causa que no discernimos correctamente todas estas cosas que hemos dicho y muchas más, es porque no pensamos lo qué son en su profundidad, sino que tomamos la agapi-amor, cariño o el odio hacia ellas e inmediatamente las estudiamos de sus formas y apariencias exteriores. Así que cuando la agapi o el odio hacia estas cosas se anticipan y oscurecen nuestro nus, entonces no puede discernir correctamente cómo son de verdad. Por eso san Gregorio el Teólogo de acuerdo con esto dice que la verdad acostumbra a ser robada de la agapi o del odio; no hay nada más agradable a los hombres que hablar sobre las cosas ajenas, y sobre todo cuando están afectados e influenciados por el odio o la simpatía a alguien a causa de los cuales desaparece la verdad (Logos apologético). Así que hermano mío, si no quieres que este engaño tenga sitio en tu nus, presta mucha atención, y cuando con una ojeada ves o estudias con tu nus alguna cosa, detén y aguanta lo que puedas tu voluntad y no dejes que esta cosa sea amada ni odiada, sino obsérvala solamente con tu nus.

Pero ante todo, piensa tranquilamente que si esta cosa es lamentable y opuesta a tu tendencia natural, entonces eres inducido por tu odio a rechazarlo. Pero si esta cosa te produce agrado, entonces eres inducido por la agapi-amor para quererla. Porque cuando el nus no está mareado por el pazos, entonces está libre, lúcido y limpio y puede conocer la verdad y traspasar a la profundidad de la cosa y ver dónde está escondido el mal, si está bajo un falso agrado o si el bien está cubierto bajo una superficie del mal.

Pero si la voluntad se ha anticipado en querer, amar u odiar esta cosa, el nus ya no puede conocer bien ni como es debido; porque aquella disposición, o mejor dicho, aquel pazos que entró al medio como una pared, marrea al nus tanto que cree una cosa distinta de lo que es verdaderamente y siendo así la traspasa al deseo, el cual en cuanto va por delante quiere u odia más aquella cosa, tanto que el nus se va oscureciendo más y más y así vuelve aparecer otra vez el deseo de aquella cosa y se hace más que nunca amada u odiada. Así que si no se cumple la regla anterior que he dicho y que es muy necesaria para todo este ejercicio, es decir, que detengas y aguantes tu deseo de la agapi o del odio a esta cosa, estas fuerzas de la psique que son el nus y la voluntad, progresan siempre malamente, como en un círculo, de la oscuridad a más profunda oscuridad y del error a mayor error.

Pues, amigo mío, vigílate y protégete con todo tipo de atención y cuidado de la apasionada agapi u odio de cada cosa, por la que no llegaste a investigar bien anteriormente con la luz del nus y el logos correcto, con la luz increada de la santas Escrituras y con la luz increada de la Jaris-gracia, la oración y el juicio de tu padre espiritual, para que no te equivoques y consideres lo verdaderamente bueno como malo y lo verdaderamente malo como bueno. Puesto que esto suele ocurrir sobre todo en algunas obras que por sí mismas parecen buenas y santas, pero solamente en casos concretos; es decir, se hacen fuera del tiempo y de tal manera que provocan mucho daño y perjuicio, ya que conocemos muchos que han peligrado en semejantes obras admirables y santísimas.

 

Capítulo 9: Cómo debemos vigilar y proteger nuestro nus de las acciones polifacéticas y de la curiosidad

Como es necesario que vigilemos y protejamos nuestro nus de la ignorancia, como hemos dicho antes, así lo mismo es necesario que nos protejamos de los actos polifacéticos o múltiples conocimientos mundanos, que son los contrarios de la ignorancia. Porque cuando llenamos el nus con muchos loyismí vanos, desordenados y perjudiciales, entonces le debilitamos y no puede entender aquello que conviene a nuestra verdadera mortificación y perfección. Por eso, debes estar muerto totalmente a cada investigación u ocupación en cosas terrenales, aunque sean permitidas, pero que no son necesarias. Y recogiendo tu nus en tu interior, a medida de lo posible, hazle ignorante de todas las cosas de este mundo.

Los mensajes, las noticias nuevas y todos los cambios y alteraciones del mundo y de los reinos, que sean para ti como si no existieran para nada. Por eso san Basilio el grande aconseja que todas las habladurías mundanas que sean para nosotros como un pequeño sabor amargo. Y el profeta David, dice: “Los soberbios me han cavado hoyos; Mas no proceden según tu ley Señor” (Sal 118,85). Incluso si te las están ofreciendo por los demás, oponte a todas estas cosas y aléjalas del corazón y de tu fantasía. Que seas un amante cuidadoso en entender las cosas espirituales y celestes, no queriendo conocer otra lección en el mundo que el Crucificado, Su vida y muerte y lo qué quiere de ti; y por supuesto que agradecerás mucho a Dios, el cual tiene como elegidos y amados aquellos que le aman y se ocupan en hacer Su voluntad.

Debido a que cualquier otro asunto e investigación es egoísmo y orgullo, cadenas y trampas del diablo, quien como astuto, viendo que la voluntad de aquellos que se cuidan de la vida espiritual es fuerte y potente, busca vencer el nus de ellos con este tipo de curiosidades, para dominar de esta manera lo uno y lo otro. Así que muchas veces acostumbra a inspirar pensamientos supuestamente altos, finos y curiosos, sobre todo a los ágiles de nus y en aquellos que son fáciles de presumir y vanagloriarse.

Porque ellos cautivados por el placer y la conversación de aquellos pensamientos altos con los que falsamente creen que disfrutan de Dios, se olvidan hacer la catarsis de sus corazones y se fijan del humilde conocimiento de sí mismos y de la verdadera mortificación (de los pazos); y así mientras son atados con la cadena del orgullo, se convierten en ídolos de su propio nus, y a continuación, poco a poco, sin darse cuenta llegan a creer que ya no tienen necesidad de consejo ni instrucción de los demás, porque se han acostumbrado en cualquier necesidad a correr detrás del ídolo de sus propios juicios y razonamientos; cosa que es muy peligrosa y difícil de sanarse; porque el orgullo o la soberbia del nus es más peligrosa ya que aquella de la voluntad.

Debido a que por un lado el orgullo de la voluntad, siendo claro en el nus, se puede sanar fácilmente alguna vez, si se somete en aquello que debe. Pero el nus cuando tiene opinión fija de que su juicio o razón es mejor que el de los otros, ¿de quién podrá sanarse y cómo se someterá al juicio de los otros aquel que no tiene tan buen juicio o razón como el suyo? Si el ojo de tu psique que es el nus con el que el hombre puede conocer y limpiar el orgullo de la voluntad, el mismo nus está enfermo, ciego y lleno de orgullo, ¿entonces después quién puede sanarlo? Y si la luz es la oscuridad y la regla equivocada, ¿quién quiere y puede iluminar o arreglar todo lo demás? Por eso debes resistir lo más rápido a este peligroso orgullo del cerebro, antes de que traspase a la médula del nus de tus huesos y así resistiendo, pon una brida en la agudeza de tu nus y somete tu propia opinión en la opinión de los demás y conviértete como niño tonto para la agapi de Dios y serás más sabio que Salomón: “Que nadie se engañe. Si uno se considera sabio según las reglas de este mundo y pasa por tal entre vosotros, que se haga tonto y llegará a ser sabio” (1 Cor 3,18).

Capítulo 10: Cómo debemos ejercitar nuestra voluntad para que en todas nuestras praxis interiores y exteriores quiera y tenga como propósito u objetivo finalizador sólo el agrado de Dios

Más allá del ejercicio y la formación de tu nus, debes gobernar también tu voluntad de tal manera que no le dejes que se dirija hacia sus deseos; la voluntad se tiene que hacer toda una con la voluntad de Dios. Piensa bien que querer y pedir aquellas cosas que gustan a Dios, esto no es bastante para ti; además de esto, como movido de Dios, debes querer solo un fin: gustar a él claramente. Por esta razón tenemos mayor y más pelea con la naturaleza que las cosas que antes hemos dicho. Porque nuestra naturaleza se desvía sola tanto, que en todas las cosas, incluso algunas veces de las cosas buenas y espirituales, busca su descanso y su agrado e incautamente se alimenta de esta desviación como si fuera de comida.

Por eso cuando nos son ofrecidas las cosas espirituales, inmediatamente las vemos y las deseamos, pero no estamos promovidos por la voluntad de Dios o sólo para agradar a Dios, sino por aquella alegría y placer que viene en nosotros queriendo aquellas cosas que el Dios quiere. Este error, engaño está más escondido aún que aquello que hemos deseado como espiritual bueno y mejor. Porque no basta sólo que queramos aquellas cosas que quiere el Dios, sino que las queramos también cuándo, cómo y por qué las quiere; Por eso el Apóstol nos pide que probemos cuál es la voluntad de Dios; “No os conforméis a este siglo, sino transformaos, metamorfoseas por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Rom 12,2). Así que al desear al mismo Dios, en esto por regla general se encuentran muchos engaños que son causa y producto de nuestra φιλαυτία filaftía egolatría, excesivo amor a uno mismo y al cuerpo. Porque muchas veces ambicionamos más a nuestro propio bien e interés en vez de la voluntad de Dios, el cual sólo por su doxa-gloria se agrada y quiere que le amemos, anhelemos y obedezcamos, como hemos dicho antes.

Así que, hermano mío, para que seas protegido de esta cadena que impide el camino de la perfección, y para progresar en el querer hacer que cada praxis tuya sea sólo para la voluntad, la doxa-gloria y el agrado a Dios, (el cual en cada praxis y loyismós quiere que sea sólo él principio y fin), utiliza esta manera o método.

Cuando tratas de emprender alguna praxis que la quiere el Dios, la que simplemente es buena, no dirijas tu deseo inmediatamente en quererla si primero no elevas tu nus a Dios para ver si es también Su voluntad para quererla, si él quiere así y si dentro de esta gustas solamente a él. Y cuando pienses que de esta divina voluntad está movida tu inclinación, entonces debes querer aquella praxis y realizarla, porque el Dios quiere y que es sólo para su doxa-gloria y su obediencia.

De la misma manera, cuando quieres detestar aquello que no quiere el Dios, es decir, el mal, no lo detestes inmediatamente, si primero no has fijado la mirada de tu nus en su divina voluntad, la cual quiere que lo detestes para agradar a él. Debido a que el engaño de la naturaleza es muy fino, por eso esto es conocido en pocos, porque la naturaleza siempre busca para sí misma; y muchas veces hace ver en nosotros que nuestro propósito es agradar sólo a Dios, pero la verdad no es así.

Por eso ocurre muchas veces que creamos que aquello que queremos o no queremos no es para nuestro interés propio, sino sólo para gustar a Dios. Así que para evitar este engaño, la verdadera terapia es la catarsis, (sanación y purgación) del corazón, que es expulsar al antiguo hombre y revestirnos el nuevo (y en esto nos orienta toda esta guerra).

Pero, para enseñarte el arte para hacer esto, escucha. Al principio de cada praxis tuya, a medida de lo posible, debes salir de cada voluntad tuya y no quieras hacer ni detestar ninguna cosa, si primero no has entendido que en esto estás promovido y arrastrado sólo por la simple voluntad de Dios. Y si en todas tus obras exteriores y sobre todo en las interiores de la psique, no puedes sentir siempre esta energía de que estás promovido de Dios para gustarle, por lo menos estate contento que la tienes en potencia; es decir, que tú por ti mismo tengas siempre verdadera opinión y convicción en gustar a Dios en cada praxis y obra tuya. Sentirnos activa la inducción de Dios, esto se hace con divina y espiritual iluminación en el nus, con la que en los limpios y purificados se apocalipta-revela la voluntad de Dios contemplativamente o con inspiración de Dios con un logos o con otras energías y actos de la divina Jaris (gracia, energía increada), la cual es un calor que da vida, una inenarrable alegría, resaltos espirituales, fervor espiritual, lágrimas de corazón, agapi y los demás pazos-pasiones y emociones divinas y nobles, las cuales no son obtenidas por nuestra voluntad sino de Dios, movidos por él y pasionalmente; mediante la percepción y sentimiento de todas estas cosas nos informamos que aquello que pedimos hacer es según la voluntad de Dios. Pero antes de todo esto, sobre nuestro tema, tenemos el deber de hacer oración ardiente y lúcida a Dios, una vez, dos y muchas veces.

Pero en las obras que durarán algún tiempo, no sólo al principio es bueno que te motives a ti mismo en este agrado a Dios, sino que hasta al final debes estar ocupándote de renovar este agrado con la memoria o recuerdo, porque si no haces así peligras en enrollarte en las cadenas de la agapi física, la cual declina más hacia sí misma que a Dios; y muchas veces después de algún tiempo acostumbra hacernos inconscientemente cambiar las cosas modificando nuestros primeros objetivos y fines. Por eso san Gregorio el Sinaita escribía que: “estate atento también en la predisposición, intención y con exactitud investiga cada hora hacia dónde declina; si estás sentado en la hisijía por Dios para este bien o para beneficio psíquico, sea psalmodiando, sea orando o trabajando para alguna virtud, ten cuidado no seas capturado sin saber lo que haces. (Filocalía c.12).

Por lo tanto, cuando uno no tiene mucho cuidado en esto, muchas veces comienza hacer una obra con el propósito de gustar sólo al Señor, y después dentro de poco es conducido sin percatarse en gustar su propia voluntad de tal manera que olvida la voluntad divina; y queda tan atado con el agrado, placer de aquella obra, que si el mismo Dios le obstruya con alguna enfermedad o tentación de los demonios o de los hombres o de cualquier otra manera, éste se disgusta y se trastorna completamente y queda atormentado y muchas veces juzga y condena a los demás de que fueron su obstáculo (por no decir que gime contra al mismo Dios), cosa que manifiesta claramente que su juicio no era totalmente de Dios, sino que nació de la raíz podrida y corrupta de la filaftía (egolatría, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo).

Porque aquel que se mueve sólo para la voluntad y el agrado a Dios, no prefiere más una obra superior y grande que la humilde e inferior, sino que quiere por igual las dos, porque son gustadas a Dios por cualquier razón que sólo Él conoce. Por consiguiente, si la obra es importante y grande o pequeña y humilde, permaneces igual en paz y reposado; porque de cualquier manera disfrutas de tu objetivo que era parecer agradable a Dios en todas tus obras sea en vida sea en la muerte. “Por eso, en el cuerpo o fuera del cuerpo, nos esforzamos con celo y fervor por agradar al Señor” (II Cor 5,9). Por lo tanto, amigo mío, que seas siempre cuidadoso y reservado contigo mismo e intentar dirigir tus praxis a este propósito final.

Sin embargo, si alguna vez estás promovido por el deseo de tu psique hacer el bien para evitar las situaciones del castigo y disfrutar del Paraíso, en esto también puedes pensar que tu propósito final es el agrado y el deseo de Dios, el cual quiere que entres en Su realeza increada y no al hades. Pero este fin uno no lo puede conocer correctamente por mucho poder y fuerza que tenga.

Para una obra, por muy pequeña y humilde que sea, si se hace sólo con el propósito de gustar sólo a Dios y Su doxa (gloria, luz increada), vale infinitamente más que muchas obras gloriosas, importantes y grandes que se hacen sin este propósito. Así junto con Dios es más agradable dar un céntimo a un pobre, sólo por hecho de agradar a Dios, en vez de despojarte de todos tus bienes para otro propósito y fin; y si lo haces con el propósito de disfrutar de los bienes celestes, no sólo es bueno sino también muy deseable. Este ejercicio, el querer gustar en cada praxis a Dios, al principio te parecerá difícil, pero después te será fácil.

El tener en cuenta esta infinita magnanimidad y recompensa digna de Dios, cuanto más profunda y continua se hace, tanto más continuas y ardientes son las praxis antes mencionadas de nuestra voluntad. Así mucho más fácil y más rápido obtendremos la costumbre de hacer cada praxis nuestra para la agapi y agrado del Soberano que es el único digno de ser amado. Finalmente, si quieres entender si el Dios te incita en cada praxis tuya, debes pedirlo a Él con ardiente oración, rogándole que te añada también esta jaris(o favor) junto con las innumerables jaris y donaciones que te ha hecho y te hace continuamente sólo por agapi sin ningún beneficio suyo.

 

Capítulo 11: Algunos pensamientos que promueven el deseo del hombre en querer hacer en cada cosa la voluntad de Dios

Para promover tu voluntad con mayor facilidad para querer en todo el agrado y la doxa (gloria) de Dios, acuérdate muy menudo que Él antes de distintas maneras te ha honrado y amado; te ha creado de la nada a imagen y semejanza suya y todas las creaciones las ha hecho para que te sirvan; y te ha redimido y liberado de la esclavitud del diablo, mandando no un ángel sino Su Hijo Unigénito para rescatarte no con precio de oro y plata, sino con su preciosa sangre y con la muerte más tormentosa e injusta, y después de todo esto en cada momento te protege de los enemigos; lucha para ti y con Su divina jaris (gracia, energía increada) tiene preparado tu alimento y tu honor en los inmaculados Misterios que es el Hijo bien amado.

Esto es una señal de grandioso honor e infinita agapi que tiene el Dios para ti, tan grande que nadie puede entender, y cuánto honor y respeto debemos nosotros a Su majestuosidad, que por nosotros ha hecho tantas cosas admirables.

¡Y si los reyes terrenales, cuando son honrados por los hombres se sienten obligados a recompensarlos, cuanto más nosotros los insignificantes debemos hacerlo al Rey del universo por el cual somos tan amados y apreciados! Además de lo que hemos dicho antes, ten siempre en tu memoria más que cualquier otra cosa, que la divina majestuosidad por sí sola es infinitamente digna de ser honrada y servida limpiamente por todos de una manera que le gusta.

 

Capítulo 12: La multitud de voluntades y deseos que existen en el hombre y la lucha que hay entre ellos

Conozca bien que en esta guerra en nuestro interior hay dos voluntades contrarias entre ellas; una es la voluntad de nuestra parte lógica de la psique, por eso se llama voluntad lógica y superior; y la otra es la del sentido y por eso se llama voluntad sensible e inferior, la cual por costumbre se llama también voluntad animal, voluntad de la disposición de la carne y del pazos; con la voluntad superior deseamos todos los bienes; y con la voluntad inferior e insensata deseamos todos los males. Así, pues, cuando nosotros queremos alguna cosa sólo con la voluntad del sentido, hasta que no la hayamos emparejado y combinado con la voluntad suprema y la lógica, no quiere decir que la queremos de verdad. Por lo tanto, toda la guerra invisible es esto, que la voluntad superior no se incline hacia la inferior. Porque la voluntad lógica que se encuentra entre la voluntad divina que está por encima y la voluntad sensible o del sentido que está por debajo, siempre es atacada tanto por una como por la otra. Debido a que cada una de ellas quiere arrastrarla, dominarla y someterla en sí misma. Estas tres voluntades se llaman también leyes por el apóstol Pablo (Rom cap. 7). La voluntad lógica, la ley del nus y la ley animal irracional que se encuentra en los miembros del cuerpo y va en contra de la ley del nus y del deseo de Dios, contra de la ley espiritual y de la ley de Dios con las que conecta la ley del nus; y añade también una cuarta que es la ley del pecado; que según san Juan Damasceno es el ataque o asalto que lanza el diablo con malos loyismí, en donde queda cautiva la ley del nus que se encuentra en los miembros del cuerpo; y el deseo lógico junto con la ley del nus, esto san Juan Damasceno lo llama conciencia.  

Por eso al principio, aquellos que se han acostumbrado al mal, sufren y se cansan mucho cuando deciden cambiar de forma de vida y entregarse a la agapi y al servicio de Dios. Porque las contradicciones que recibe la voluntad lógica de ellos de la lógica de Dios y de la lógica sensible (o carnal), las cuales permanecen en una parte y en otra y pelean, son pruebas muy fuertes y las sienten fuertemente, cosa que no ocurre en aquellos que ya se han acostumbrado vivir y reposar en las virtudes o en las maldades.

Porque los virtuosos se conforman fácilmente con la voluntad de Dios, en cambio los malos se inclinan fácilmente sin ninguna oposición a la voluntad del sentido (carnal o instinto animal). Por tanto, que no se jacte alguno que puede obtener las verdaderas virtudes cristianas y servir a Dios como es debido, si no se esfuerza de verdad para abandonar no sólo a los más grandes placeres sino también a los más pequeños en los cuales estaba dedicado con agapi-amor mundana. Y causa de esto muy pocos llegan a la perfección. Debido a que han dominado con esfuerzo los mayores placeres, no quieren después de todo esto presionar a sí mismos para vencer también sus insignificantes deseos, los cuales a todas horas les conquistan. Porque la perfección y la unión con el Dios es una cosa tan fina, de modo que el más mínimo obstáculo, tan fino como un pelo, puede privarnos de la unión con el Dios; como dice san Simeón el Nuevo Teólogo: “De modo que si por nuestra negligencia y descuido tenemos algún pequeño loyismós, o duda de fe, o cobardía, o cualquier otro pazos, no seremos dignos de tener como cohabitante en nuestra psique a Dios”.

Por ejemplo, hay algunos que no quitan una cosa ajena, pero aman excesivamente la suya propia; hay otros que no buscan honores con medios ilegales e indebidos, pero no las aborrecen como es debido, sino que las desean, y algunas veces las buscan de distintas maneras. Otros cumplen los ayunos estipulados por su obligación, pero están dominados por la glotonería y la gula comiendo más de lo necesario. Otros viven con continencia pero no se desapegan de las compañías que les gustan y les son grandes obstáculos en la vida espiritual y la unión con el Dios; y sobre todo aquellas compañías que se hacen con personas jóvenes y piadosas, de las que cuando menos teme uno, tanto más debe evitar. Aquí apunta, hermano mío, que por algunas tendencias naturales o pazos, los cuales ni se llaman mortales, ni excusables o perdonables, porque no se hacen por nuestra predisposición o voluntad, están sujetos a la idiosincrasia, temperamento de los cuerpos y estos se llaman imperfecciones, defectos y fallos naturales; por ejemplo, son muchos que por su naturaleza son amargados y melancólicos o depresivos; otros estrictos e irritables; otros ligeros en el loyismós e insostenibles; otros irascibles… y otros defectos naturales. Por lo tanto, debemos luchar también contra estos defectos, corrigiendo los excesos y las deficiencias con el discernimiento del logos correcto, transformándolos en virtudes. Porque ningún defecto natural, por muy salvaje que sea, no resiste tanto a la predisposición y a la voluntad que no pueda ser vencido con la jaris (energía increada) de Dios, con nuestro esfuerzo y cuidado y con nuestra diligencia. Digo que luchemos contra estos, porque aunque sean naturales y no voluntarios, sin embargo nos impiden al perfeccionamiento. Por lo tanto, de todas estas cosas que hemos dicho, en estas personas ocurre lo siguiente: que hacen obras buenas, pero deficientes y adecuadas con su deseo de honor y alabanzas del mundo. De estas cosas el resultado es que no progresan en el camino de la sotiría (redención, sanación y salvación), sino que regresan atrás y recaen en los primeros males; porque no aman la verdadera virtud ni son agradables a Dios que antes les liberó y les salvó de la tiranía del diablo; aún mas, de estas cosas continúan siendo siempre ignorantes y ciegos y en ningún momento ven el peligro que se encuentran, porque creen que están seguros y sin peligro.

Y aquí se manifiesta un engaño, que cuanto menos conocido es, tanto más perjudicial se convierte; porque son muchos que siguen la vida espiritual, pero aman más de lo debido a sí mismos, aunque en realidad no conocen amarse a sí mismos. Porque se ocupan más con aquellas luchas que declinan hacia sus deseos y dejan las demás que son contrarias a sus declinaciones y tendencias físicas y los deseos sensibles o carnales que justamente deberían pelear contra ellos a toda costa con todas sus fuerzas.

Por eso, hermano en Cristo, te pido que ames siempre la dificultad y la prueba que trae consigo esta guerra, aún si alguna vez seas vencido. Porque dice Sirac: “No odies el trabajo duro y cansino” (7,16). Porque aquí se encuentra todo. Porque cuando más fuerte amas la dificultad que trae la virtud y la guerra en los principiantes, tanto más rápido ganarás; y qué digo, si tu amas más la guerra dura y cansina contra los pazos, en vez de las virtudes y las victorias, naturalmente mucho más rápido obtendrás todo bien.

 

Capítulo 13: Cómo debe luchar uno contra la voluntad insensata o animal de los sentidos y la relación con las praxis que debe realizar la voluntad para poder adquirir las costumbres de las virtudes

Cada vez que por un lado el deseo insensato de los sentidos y por otro lado voluntad de Dios, atacan tu deseo lógico, y cada uno quiere vencer, tú debes ejercitarte de muchas maneras para que venza totalmente el deseo de Dios.

Entonces, a) cuando seas atacado de los movimientos de algún deseo insensato de los sentidos, debes resistir fuertemente para que la voluntad de la lógica no sea captada por ellos. b) Una vez que sean detenidos y parados, muévelos otra vez contra tuya para vencerlos y expulsarlos lejos con mayor ímpetu y fuerza. Y otra vez después de todo esto, vuelve a reclamarlos en esta tercera guerra c), en la que te acostumbrarás y los odiarás con toda la fuerza de tu psique y los tendrás asco. (23)

Estas tres guerras o combates, deben hacerse en todos nuestros deseos desordenados, (excepto los pazos carnales, por los que te hablaré en otro punto).

  1. Aquellos que han progresado en la práctica se han hecho fuertes del loyismós con liberarse de toda doxa-gloria falsa y absurda, han adquirido logos correcto a través de la zeoría-contemplación de los logos verdaderos y espirituales, estos que se encuentran en la divina Escritura, como también en la creación; por tanto ellos pueden resistir, rechazar y combatir contra los pazos y los loyismí con reacción irascible, es decir, unas veces con logos, lemas o versos de la divina Escritura contra los pazos y los loyismí que les atacan, puesto que con esta contradicción el Señor venció las tres tentaciones o ataques que le trajo el diablo, a) la tentación de la filidonía (hedonismo, sensualidad o voluptuosidad) , b) la filodoxía-vanagloria y c) la filaryiría-avaricia.

Y otras veces, contra al que trae la falsedad y el engaño de los sembrados loyismí y de los pazos que nos atacan, se liberan con el logos natural y correcto; por eso, para esto se dice que luchan directamente contra los enemigos, los vencen y son coronados. Pero los que son débiles en el loyismós, es mejor que combatan contra los loyismí y los pazos indirectamente; es decir, mientras sean atacados, inmediatamente correr en contacto consciente con Dios hasta que con la oración serenen los pazos y frenen las conversaciones con los loyismí, como enseña san Isaac el Sirio. (Aunque esto principalmente no se llama guerra sino huida de la guerra).

Pero estos enfermos, alguna vez cuando son atacados exageradamente de los pazos y los loyismí, o cuando conocen que en sí mismo tienen la fuerza, deben luchar también directamente contra los loyismí y los pazos, para que se vea también su propia valentía y la libertad de la voluntad contra este malvado, ya que esto también nos lo dice el mismo San Isaac el Sirio.

Sin embargo, cuando atacamos directamente los pazos y los loyismí, una ayuda invencible, como arma de guerra, es tener el nombre del Señor Jesús Cristo; es decir, «Κύριε Ἰησοῦ Χριστὲ Υἱὲ τοῦ Θεοῦ ἐλέησόν με Kirie-Señor Jesús Cristo Hijo de Dios, eleisón me, ayúdame, sáname, ten compasión o misericordia de mí…», sea con el corazón o con los labios, tal y como diremos más abajo en el capítulo 16º. Porque de esta manera también combatimos contra los enemigos y vencemos, y por eso no nos enorgullecemos porque adscribimos esta victoria al nombre vencedor del Señor.

Apunta también que el desprecio (al demonio) es el vehículo supremo y fuerte contra la guerra de los loyismí y los pazos. Es decir, que uno desprecie como ladridos de perros (sin dientes) los asaltos y ataques de los loyismí y los movimientos de los pazos y sobre todo aquellos que antes han llegado a guerrear contra ellos y expulsarlos; pero estos que con descaro le molestan, siendo serio y silencioso en sí mismo, ni si quiera girar a verlos ni escucharlos, cumpliendo aquel Salmo que dice: “Pero yo me hacía como sordo que no quiere oír y como el mudo que no abre la boca para hablar” (Sal 37,14); Pero que corra al camino de la virtud y del progreso, sin que sea impedido por los nimios sustos o espantos de los loyismí, y aquel que quiere pues, que utilice esta arma y será muy beneficiado.»

Por último, debes hacer también praxis opuestas en cada uno de tus pazos.

Por ejemplo, si alguien te ha deshonrado y tú sientes guerra de los movimientos de impaciencia, presta bien atención y sentirás que estos movimientos siempre combaten contra la voluntad lógica y superior e intentan someterla y hacerla condescender, consentir; entonces tú resista a estos movimientos con todas tus fuerzas y apresúrate con tu deseo lógico en no dar consentimiento a estos para no desviarte y decaer, diciendo tú también junto con Oseas: “resistiendo los destruiré” (1,2); y no parar nunca este combate, hasta que conozcas bien que el enemigo está casi cansado y ha quedado vencido y mortificado; pero ten mucho cuidado, vigila y protégete de la mala astucia del diablo. Porque cuando él entienda que resistimos fuertemente a los movimientos de un pazos, no sólo no los revoluciona en contra nuestra, sino que intenta pararlos a que no nos ataquen, para que no adquiramos formación y experiencia por este ejercicio para el hábito de las virtudes; y además, para hacernos caer al orgullo y a la vanagloria, convenciéndonos de una manera hábil de que somos soldados valientes y hemos derrotado rápidamente a nuestros enemigos.

Por eso tú, hermano mío, pasa a la segunda guerra, es decir, con la memoria despierta revoluciona contra tuyo aquellos loyismí que fueron la causa de tu impaciencia; y con continuos deseos y más violencia que la primera, expúlsalos lejos de ti, diciendo junto con David: “Perseguiré mis enemigos hasta que los destruya” (Sal 17,41). Pero como no es bastante con sólo expulsar nuestros enemigos, sino que debemos odiarlos con nuestro corazón, para que no seamos vencidos otra vez de ellos, por eso tú con la tercera c) guerra debes oponerte con tanto ímpetu a los loyismí de la impaciencia hasta que los odies y los tengas asco, diciendo aquello del Salmo: “Detesto y aborrezco la injusticia y la mentira” (Sal 118, 162) y “los he odiado con perfecto odio; y se hicieron enemigos personales” (Sal 118,21). Por último, para hacer perfecta tu psique con la costumbre o hábito* de las virtudes, debes hacer aún praxis interiores que son directamente opuestas a tu impaciencia según el Salmo: “Aléjate del mal y haz el bien” (Sal 33,14). *Por eso esta costumbre o hábito se llama segunda naturaleza, porque, como la naturaleza así también el hábito con facilidad proyecta sus energías y acciones.

Por ejemplo, si deseas obtener totalmente la costumbre de la paciencia, no basta sólo que te ejercites con las maneras de guerra que te he dicho, sino aún debes amar el deprecio que has recibido de aquel que te ha deshonrado o insultado, deseando que seas deshonrado e insultado otra vez, como la primera vez por el mismo hombre; y estar preparado a sufrir mayores desprecios e insultos, porque praxis similares son necesarias para hacernos perfectos en las virtudes. Porque de otra manera, las otras praxis por muchas y muy fuertes que sean no son capaces de extraer y extinguir la maldad de sus raíces. Por eso es necesario que allí donde antes estaba arraigada la maldad, en vez de ella, allí tiene que sembrar y arraigar la virtud que es contraria a la maldad, para que según los médicos, las cosas opuestas se conviertan terapia, curación de las opuestas (25).

  1. «Excelentemente aquí se enseña de acuerdo con san Isaac el Sirio, que es mejor engañar y vencer nuestros pazos con el recuerdo de las contrarias virtudes, en vez de poner resistencia. Sepas también que las tres partes de la psique que son lo logístico (lógico), lo anhelante (voluntarioso) y lo irascible (o emocional), nacen tres tipos de loyismí. De la parte logística (lógica) nacen los loyismí de increencia o infidelidad, ingratitud y gemidos a Dios, el no discernimiento o indiscreciones, ignorancia o desconocimiento y oscuridad y simplemente los llamados universalmente loyismí blasfemos; y de la parte anhelante (o voluntad) de la psique nacen los loyismí hedónicos de la filidonía (placer, voluptuosidad, hedonismo), los de la avaricia , los de la vanagloria y generalmente todos los llamados loyismí indecentes; y de la parte irascible de la psique nacen los loyismí de homicidios, de venganza, de odio, de envidia, de conflictos, perturbaciones y simplemente los llamados loyismí maliciosos, viles o astutos malos. Pues, tú debes vencer con las virtudes contrarias; es decir, la infidelidad con la fe inquebrantable a Dios; la ingratitud y el bostezo a Dios con el agradecimiento; la indiscreción o no discernimiento con el discernimiento del bien y del mal; la ignorancia y oscuridad con la verdadera gnosis (increada) de lo que realmente existe; y las blasfemias e insultos con las doxologías (alabanzas). Similarmente la filidonía (hedonismo) con la continencia y el ayuno; la vanagloria con la humildad; y la avaricia con la austeridad y la sencillez. Igualmente, la envidia y el odio con la agapi-amor; la venganza con la mansedumbre, magnanimidad y la paciencia; el conflicto y la perturbación con serenidad del cerebro o mente y la paz del corazón. Y generalmente como dice san Máximo el Confesor: En la parte anhelante (volitiva) de la psique poner la virtud de la continencia, autodominio; en la parte irascible la virtud de la agapi; y por supuesto que la luz de tu nus no se oscurecerá nunca, y los anteriores loyismí pueden fácilmente nacer de estos.»

Así que si nosotros no nos acostumbramos con muchas y continuas praxis a amar el desprecio y alegrarnos por ello, porque en la agapi-amor con el desprecio se cimienta la paciencia, y no nos libraremos nunca de la mala impaciencia, la que se fundamenta sobre el odio de que nos desprecien u ofendan. Por eso, permaneciendo viva la raíz de la maldad, brota siempre de una manera que se marchita la virtud y algunas veces la ahoga totalmente. En cualquier momento que se nos presente nos hace peligrar y recaer otra vez. Es cierto pues, que sin las praxis opuestas o contrarias que hemos dicho, no es posible que obtengamos la verdadera costumbre de las virtudes.

Conozca también esto, que estas praxis deben ser muchas y muy continuas de modo que puedan destruir totalmente el hábito del mal, que como ha arraigado y dominado en nuestro corazón, mediante la multitud de las malas praxis, así se debe desarraigar el mal con muchas y continuas praxis buenas; y entonces en nuestro corazón echaremos raíces del hábito de las virtudes; de hecho yo digo que deben ser muchas más las praxis buenas que las malas, para que el hábito se convierta virtuoso; porque muchas praxis no son como las praxis del mal que son sostenidas por la naturaleza, la cual está corrompida por el pecado.

Además te digo también esto; que si la virtud que ejerces lo requiere, debes aún hacer praxis exteriores similares a las interiores; por ejemplo; para obtener la paciencia no sólo debes amar con el corazón aquellos que te han despreciado o molestado de cualquier manera, sino que digas hacia ellos logos apacibles y de agapi; aún si puedes servirles con obras con su permiso (26).

  1. «El divino san Juan el Crisóstomo (boca de oro), en su homilía 15, capítulo 5, sobre el Evangelio de Mateo, dice que el Señor en este capítulo enseña nueve grados, en los que los todos cristianos son elevados con sus divinos mandamientos o logos: 1) que los Cristianos no deben cometer ninguna injusticia a ninguno; 2) si alguien comete una injusticia contra ellos, ellos no deben vengarse con la misma injusticia; 3) que no hagan a los demás aquellas cosas malas que aquellos les han hecho, sino que tengan paciencia, se serenen y se pacifiquen; 4) no sólo que se pacifiquen sino que se entreguen voluntariamente a padecer con más ánimo estos pazos y estos males; 5) que sean dispuestos a padecer más de estos pazos que aquel que quiere hacerles mal; 6) no odiar aquel que les hace el mal; 7) amar de corazón aquel que les hace mal; 8) y beneficiarle 9) y rogar a Dios por él.

Y san Simón el nuevo Teólogo, en su logos en relación con la apacia (sin pazos, impasibilidad) y los carismas, añade junto con los nueve grados otros tres más grandes: 1) no sólo que oremos por aquellos que nos han hecho mal, sino que los marquemos en nuestra fantasía y besarlos sin pasión, con lágrimas de corazón, como amigos auténticos. Y tercero que uno se olvide totalmente de las cosas que le han pasado y no las recuerde, tanto cuando están presentes como cuando no están, sino que se comporte con ellos igual que con sus amigos, conversando y comiendo junto con ellos.»

Y estas praxis interiores y exteriores por muy difíciles que te parezcan por la debilidad de tu nus, por mucha dificultad que te traiga tu deseo, de ninguna manera debes abandonarlas, sino que luches por hacerlas. Porque, por muy débiles que sean, te mantienen estable y valiente en esta guerra y te facilitan el camino para vencer.

Estate con atención y concéntrate bien en ti mismo para combatir no sólo contra tus deseos grandes y eficaces de cada pazos, sino también contra los pequeños y ligeros; porque algunas veces los pequeños deseos abren el camino a los grandes, y entonces después de todo esto nacen en nuestro interior los malos deseos; y por el poco cuidado y esfuerzo que tienen algunos en extraer de sus corazones los pequeños deseos, mientras han dominado los grandes del mismo pazos, lo que a continuación sigue en ellos es que de repente e inesperadamente son dañados y vencidos por los enemigos con más potencia y desgaste que antes.

Te recuerdo también que vayas recortando y mortificando tus deseos y voluntades, incluso de cosas que son permitidas, pero que no son necesarias; y de este tipo son las muchas charlatanerías, las compañías, las comidas más grasientas y las similares. Porque de esto saldrán muchos bienes. Debido a que te harán más preparado y más animado para vencer a ti mismo y a las demás cosas. Debido a que te harás más fuerte y más experimentado en la guerra de las tentaciones, te escaparás de varias trampas del diablo y conseguirás cosas muy agradables y gustadas a Dios.

Pues, amigo mío, si sigues estos ejercicios divinos de la manera que te he dicho, estate seguro que en poco tiempo progresarás mucho y te convertirás en hombre espiritual verdadera y realmente, no falsamente, sólo de nombre. Porque si emprendes otra manera o método y otros ejercicios agradables a tu deseo, tanto que llegues hasta creer que te has unido con el Dios y conversas con él dulcemente, sepas que no es posible que obtengas la jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo o ninguna virtud; porque la jaris del Espíritu, tal y como he dicho en el primer capítulo, no es creada, ni nace con ejercicios agradables y similares con nuestra naturaleza, sino de aquellas cosas que ponen en la naturaleza cruces y esfuerzos corporales duros, y de aquellas que se recompone y se renueva el hombre a través de los deseos de las virtudes evangélicas y se une con su crucificado Creador.

Conozca también esto; que los hábitos del mal se hacen con muchas y continuas praxis de la voluntad lógica, porque es ella la que se entrega en los deseos insensatos del sentido o de los instintos animales. Así que los hábitos de las virtudes evangélicas se obtienen con hacer praxis continuas y muchas y que te entregues a la voluntad de Dios, por el cual estamos llamados e invitados unas veces a una virtud y otras veces a otra. Porque tal y como nuestra voluntad lógica no puede ser mala y terrenal nunca, por mucho que sea atacada por el deseo insensato de la carne y del mal, si no se entrega por sí misma a la carne y se someta a ella; así de esta manera nuestra voluntad lógica, nunca puede ser virtuosa y estar unida con el Dios, aunque está llamada e invitada por la jaris (gracia, energía increada) de Dios, si no se entrega totalmente a la voluntad y a la jaris de Él, tanto con praxis interiores como con exteriores.

 

Capítulo 14: Qué se debe hacer cuando la voluntad lógica superior parece que está vencida por la voluntad inferior insensata o animal y de los enemigos

Si alguna vez piensas que tu voluntad lógica no puede resistir para nada a tu deseo insensato y a los enemigos que te atacan, porque no sientes que anímicamente estás dispuesto y preparado contra ellos; entonces, tú hermano mío, debes permanecer firme y no abandonar la guerra, porque te estarás considerado como vencedor, puesto que no te estarás viendo claramente a ti mismo como vencido. Así como la voluntad superior para proyectar sus praxis no tiene necesidad de los deseos inferiores, así lo mismo, si ella misma no quiere no puede ser presionada y vencida nunca de los deseos inferiores por muy dura que sea la guerra que hacen. Porque el Dios ha regalado en nuestra voluntad tanta libertad y fuerza, de modo que aunque todos nuestros sentidos y todos los demonios y todo el mundo juntos se armen contra ella, a pesar de todo esto, nuestra voluntad puede con toda la libertad despreciar estas cosas y querer aquello que quiere, o no querer aquello que no quiere, y las veces que quiere y por aquel propósito que más le gusta.

Y si alguna vez los enemigos intelectivos o espirituales y tu deseo insensato, indecente, te atacan, te guerrean y te presionan tanto, deprimiéndote de modo que así debilitado no puedas hacer ninguna acción u obra espiritual contra ellos para ayudarte, pues, yo te digo que en este caso no te acobardes, ni tires por tierra las armas, sino que utiliza este vehículo contra ellos y diga contra los enemigos: “No cedo ni abandono esta guerra, ni tampoco ahora os dejaré ilesos”. “El Señor es la luz increada y mi sotiría (redención, sanación y salvación), ¿a quién podré temer? El Señor es la fortaleza y el refugio de mi vida, ¿ante quién puedo temblar?” (Sal 26,1). “Yo en Tu nombre aniquilaré los enemigos” (Sal 43,7); ahora bien, si te fortaleces mucho y otra vez caes vencido, como se ha escrito: “Por mucho que os unáis seréis aplastaos; y por mucho que os arméis seréis aniquilados” (Is 8,9). Por lo tanto, haz lo mismo que aquel que tiene en su contra al enemigo y le tiraniza y no puede hacer nada para pegarle directamente y prueba haciendo un paso atrás para poder herirle, así lo mismo haz tú también; reúne tus loyismí en tu interior, reflexiona y piensa que no tienes ninguna fuerza y así recurre a Dios que siempre puede y llámalo con ardiente oración, esperanza y lágrimas contra tu pazos que te está atacando, diciendo: “Señor ayúdame; Dios mío, Dios mío ayúdame, Jesús Cristo ayúdame, ataca a los que me atacan; toma tu escudo y tu armadura y ven a socorrerme” (Sal 34,1). “Santísima Zeotocos, Virgen, ayúdame, para no ser vencido por el enemigo”.

Por otro lado, si el pazos y tu enemigo te dejan un poco de tiempo, puedes ayudar la debilidad de tu voluntad contra el pazos, con el contacto consciente con Dios con reflexiones y ejercicios. Por ejemplo, cuando tú caes en alguna dificultad o cualquier otro castigo y tu deseo no puede o no quiere tener paciencia, ayúdate con estas cosas.

A´ Piensa que esta prueba que estás sufriendo, debes dignamente sufrirla, porque tú has dado motivo y con razón debes sufrir esta herida que tú mismo con tus manos has producido y dado a ti mismo.

B´ Si tú en esta prueba no tienes ninguna culpa, dirija tu loyismós en los otros muchos y grandes errores tuyos y piensa que por estos el Dios no te ha dado aún el castigo que mereces, pero que tú tampoco los has moderado como es debido; por lo tanto, la compasión de Dios ha tenido misericordia de ti para que no seas castigado eternamente, y te ha mandado esta prueba provisional; y debes aceptarla con alegría y gratitud.

C´ Piensa y reflexiona que cuando has molestado y lastimado la majestuosidad de Dios, si te ha dado tiempo y has hecho bastante del canon o deber por tus pecados; pero piensa que en la realeza increada de los cielos no entra nadie si no es mediante la entrada estrecha de las pruebes y las aflicciones. “Tenemos que pasar por muchas aflicciones y tribulaciones para entrar en la realeza increada de Dios” (He 14,22).

D´ El que tú también puedes entrar en esta realeza increada por otro camino, es decir, entrar dentro en la agapi (amor y energía increada) de Dios, esto ni siquiera lo pienses; porque también el Hijo de Dios junto con todos sus amigos entró en ella por medio de espinas y cruces.

E´ Piensa y reflexiona que esta prueba que estás sufriendo, es según la voluntad de Dios; es lo que debes pensar al principio de cada praxis tuya y aflicción que te sucede; tal y como te dije antes en el capítulo 10 y 11, es decir, querer que en todos tus actos y hechos se haga la voluntad de Dios; el Cual por la agapi que te tiene, se agrada y se alegra cuando te ve que sufres y luchas heroicamente como un valiente guerrero suyo. Pues, tú para que correspondas esta agapi (amor y energía increada) de Dios, por muy injusta y pesada que sea la prueba que sufres, tanto más lucha para sufrirla con paciencia y gratitud. Porque haciendo así, se ve que sufres en esta praxis y amas también esta dureza sólo por la divina voluntad, por la cual y cerca de la cual, cualquier cosa amarga parece dulce y toda cosa desordenada tiene orden y regla o canon perfecto.

Capítulo 15: Cómo uno debe luchar siempre valientemente con todas sus fuerzas

Si quieres estar venciendo a tus enemigos más rápido y fácilmente, hermano mío, es necesario luchar siempre valientemente contra todos tus pazos, pero más y especialmente contra tu filaftía (egolatría, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo), acostumbrándote a tener como amigos queridos los desprecios y los sufrimientos, que alguna vez te provoca el mundo; porque por no conocer uno esta guerra de sí mismo y contar poco con ella, ha ocurrido y ocurre siempre que las victorias sean difíciles, imperfectas, poco frecuentes y casi inexistentes.

Entonces pues, esta guerra se debe hacer siempre, incesantemente, es decir, continuamente hasta la hora de tu muerte y con una psique valiente que fácilmente conseguirás esta valentía, valor en tu psique si la pides de Dios; si por un lado, piensas al impulso o ímpetu maniático y el odio permanente que tienen contra ti los enemigos demonios y su multitud de legiones y ejércitos, pero por otro lado piensa y reflexiona que es mucho más potente la fuerza de Dios y la agapi (amor, energía increada) que te tiene y que son muchísimos más los ángeles del cielo y las oraciones de los Santos que están luchando silenciosamente a favor tuyo, como se ha escrito para Amalik: “El Señor lucha con una mano mística e invisible” (Ex 17,16). Por eso con este pensamiento fueron movidas tantas mujeres y muchachos y han conquistado toda la fuerza y la sabiduría del mundo y han vencido todos los asaltos, ataques del diablo con toda su furia y manía.

Por lo tanto, no debes asustarte y tener miedo nunca, aunque te parezca que la guerra de los enemigos es muy fuerte y que permanecerá para toda tu vida, aunque te amenace con varias recaídas de distintas partes. Porque toda fuerza y conocimiento de nuestros enemigos se encuentra en las manos del Comandante supremo Jesús Cristo que por el honor de él te están atacando. El cual solo te llama y te invita con insistencia a esta guerra, no sólo no te dejará que tengas como peso fuerte ningún poder de los enemigos y ninguna victoria de ellos, porque esto lo considera una ofensa para él, sino que él luchando por ti, los entregará vencidos en tus manos, cuando a él le parece agradable, tal como se ha escrito: “El Señor, tu Dios, está en medio de tu campamento va y viene para protegerte y librarte de tus enemigos y para captarlos y entregarlos en tus manos” (Deut 23,14).

Pero si el Señor retrasa hasta el último momento de tu vida, para que tú tengas esta victoria, esto será tu mayor beneficio (27). Tú sólo debes luchar con valentía; y si algunas veces en la guerra quedas herido nunca dejes las armas y te marches; en definitiva, para que seas movido valientemente en esta guerra debes saber que no la puede evitar ningún hombre sea en vida, sea en la hora de la muerte; y el que no lucha para vencer sus pazos y sus enemigos, obligatoriamente debe ser capturado de aquí o de allá y morir.

  1. Como el Dios no exterminó todas las naciones de la tierra prometida sino que ha dejado en ella las cinco regiones con otras razas, los Sidonios y los Hebreos; primero para probar si los hebreos guardan los mandamientos y la fe firme; segundo para que sean enseñados siempre en la guerra, como se ha escrito: “Los cinco principados sirvieron para probar a Israel… para ver si guardaban los preceptos del Señor. Y enseñarlos la guerra” (Jue 3, 4-5). De esta manera no extermina todos los pazos de nosotros, sino que nos deja algunos para que nos combatan hasta nuestra muerte, no por debilidad o causa suya, sino por causa nuestra, como interpreta Teodórito: 1) para que no caigamos en la negligencia, sino que estemos vigilantes, cuidadosos y cautelosos; 2) para que no olvidemos la guerra y de repente nos ataquen y nos venzan los pazos y los enemigos; 3 ) para que recurramos siempre a Dios y pidamos con más fuerza y ardor Su ayuda; 4) para no enorgullecernos y vanagloriarnos, sino que seamos humildes de conducta y carácter. 5) para que odiemos con todo nuestro corazón los pazos y los enemigos que incansablemente nos atacan tanto; 6) para que seamos probados si guardamos hasta el final el honor y la alabanza a Dios y la agapi-amor y la fe. 7) para que seamos estimulados a guardar todos los logos o mandamientos y no transgredirlos, ni siquiera el más pequeño; 8) para que aprendamos con la prueba lo que vale la virtud y a continuación no caer al pecado; 9) para que la guerra continua se convierta en una cuestión de mayores coronas; 10) para que glorifiquemos y alabemos más a Dios y avergonzar más al diablo y el pecado con nuestra paciencia hasta el final; y 11) para que seamos entrenados con la costumbre de la guerra a no tener miedo o terror el día de la muerte, cuando la guerra ya nos será más fuerte;

Por eso debemos luchar siempre valientemente, debido a que tenemos que tratar con este tipo de enemigos, los cuales nos odian tanto que no es posible que tengamos alguna esperanza de paz de ellos, ni tregua y cese de la guerra. Por eso sería bueno desde el principio no abrir la puerta y poner los enemigos y los pazos en nuestra psique y corazón. Puesto que si los hemos dejado entrar una vez, no podemos ya quedarnos indiferentes, sino que debemos luchar para expulsarlos, porque estos descarados y sin vergüenzas no salen de otra manera que con la guerra.

(28) San Basilio el Magno en su logos sobre la castidad, dice en relación un bello ejemplo: “Si los soldados reales en tiempo de guerra no pueden encerrar sus armas en casas cerradas sino en aquellas casas que encuentran abiertas y mientras los ponen dentro ellos salen fuera y caminan por la calle sin tener miedo que alguien le eche las armas fuera; de la misma manera los malignos demonios cuando encuentran la puerta de nuestro corazón abierta ponen en su interior sus armas que son los malos loyismí (reflexiones y pensamientos unidos con la fantasía) y los pazos dejándolos allí si nosotros no luchamos para expulsarlos fuera.

Capítulo 16: De qué manera amaneciendo, por la mañana el soldado de Cristo debe salir al combate para guerrear

Mientras te has despertado por la mañana y hayas orado bastante rato diciendo Κύριε, Ἰησοῦ Χριστέ, Υἱὲ τοῦ Θεοῦ, ἐλέησόν με, Kirie-Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios, eleisón me, la primera cosa que debes pensar es esto: creer que te ves a ti mismo encerrado en un lugar o un estadio, el cual no es otra cosa que tu propio corazón y todo tu hombre interior; y con esta ley, aquel que allí dentro no lucha, permanecerá para siempre muerto; y dentro en esto imagínate que ves delante de ti aquel enemigo y aquel mal deseo tuyo que has decidido pelear y estás preparado hasta herirte y morir, basta sólo con vencerlo. Y de la parte derecha del estadio, piensa que ves a tu triunfador Capitán general, a nuestro Señor Jesús, con Su Santísima Madre y con muchas legiones de Ángeles y de Santos y sobre todo el Arcángel Miguel; y de la parte izquierda piensa que ves el diablo terrenal con sus demonios preparados para levantar aquel pazos y deseo malo contra tuyo, y te fuerzan a que abandones la guerra y seas sometido a esto; Imagínate que escuchas una voz como si fuera de tu Ángel de la guarda que te diga lo siguiente:

Tú hoy lucharás contra este pazos y los otros enemigos, pero tu corazón que no se acobarde plenamente y así por miedo o por cualquier otra limitación, de ninguna manera evites esta guerra; porque nuestro Señor y Capitán general Jesús está aquí de pie rodeado junto con todas sus legiones gloriosas para luchar contra todos tus enemigos y no dejarlos que te opriman y te venzan. “El Señor combatirá por vosotros…” (Ex 14,14), Por tanto, permanezca estable, esfuérzate a ti mismo y sufre con paciencia el dolor que alguna vez puedas sentir y grita muchas veces desde las profundidades de tu corazón: “Señor, no me entregues al capricho o voluntad de mis enemigos” (Sal 26,12).

Clama al Señor, a la Virgen, a todos los Santos y Santas y seguro que vencerás; por que dice: “Os escribo jóvenes para aseguraos que habéis vencido el astuto maligno” (1 Jn 2,3). Y si tu eres débil, mal acostumbrado y mal criado, mientras que tus enemigos son fuertes y muchos, muchas más son las ayudas de aquel que te ha creado y redimido, e incomparablemente más fuerte es el Dios en esta guerra, como se ha escrito: “Tu Señor es el héroe y el poderoso de la guerra” (Sal 23,8). Él anhela más para sanarte y salvarte, que el enemigo para arruinarte. Por eso lucha y no te aburras nunca de este esfuerzo tuyo. Porque del esfuerzo, de la violencia y de la prueba que sientes, por la costumbre que has mostrado al mal, nace la victoria y el gran tesoro, con el cual se compra la realeza increada de los cielos y se une la psique para siempre con el Dios.

Así que, comienza en el nombre de Dios a luchar con los vehículos de la desconfianza de ti mismo, la esperanza, confianza y todo tu ánimo a Dios con la oración y la practica (entrenamiento); sobre todo con el vehículo de la oración noerá y del corazón, que es, Κύριε, Ἰησοῦ Χριστέ, Señor Jesús Cristo, nombre tan terrible que como un cuchillo con doble filo y boca gira hacia el interior del corazón tragando y haciendo pedazos a los demonios y los pazos; por eso, en relación con esto, dijo san Juan el Clímaco: “Con el nombre de Jesús Cristo azota los enemigos”, sobre esto hablaremos por separado en el capítulo 45. Con estas cosas, que digo, lucha contra aquel enemigo y pazos y el mal deseo que te ataca y te combate por el cual estás decidido vencer con el orden que te he dicho al capítulo 13; es decir, unas veces con la resistencia herirle hasta la muerte, otras con el odio y otras veces con las praxis opuestas de la virtud; y así harás cosas que gustan a Dios, el cual con toda la Iglesia triunfante del cielo está a lado tuyo vigilante viendo esta guerra tuya.

Guerra por la que no debes afligirte pensando que por un lado son las obligaciones que tenemos todos para trabajar y gustar a Dios y por otro lado la necesidad que tenemos para luchar, como te dije antes. Porque si abandonamos esta guerra seguro que falleceremos. Después, si te has ido por momento de la guerra según Dios y te entregas al mundo y en todos sus disfrutes, reposos y al bien estar de la carne, después otra vez con presión contra tantas contrariedades debes luchar con sudor en tu cara y tu corazón sea herido con lipotimias mortales. ¿Cuándo? Pues, durante tu vejez y en la hora de tu muerte. Cuando los demonios y todos tus pazos posiblemente te habrán rodeado. Y tanto te arrollarán y abatirán que tú no pudiendo a quien combatir primero te entregará en la muerte eterna. Por eso amigo mío, no seas tan tonto e insensato, que quieras luchar y pelear entonces en una hora desfavorable, sino como un prudente, sufre con paciencia ahora el cansancio de la guerra, para que venzas y seas coronado y unirte con el Dios aquí en Su realeza (increada) celeste. “Y acuérdate de tu creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos y lleguen los años de los que tú dirás ya no tengo fuerza”.

Capítulo 17: Con qué orden debemos luchar contra nuestros pazos

(Pazos la terminología patrística se llama así a todo movimiento anormal, en el sentido de no natural, de las fuerzas y energías de la psique; padecimiento, pasión, emoción, hábito, mala costumbre, vicio, patología también fervor, manía u obsesión según el contexto).

Mucho te interesa, hermano mío, conocer también el orden que debes mantener para luchar como es debido, no simplemente por azar como hacen muchos y son perjudicados. En la guerra contra los enemigos y tus malos deseos, el orden es esto; entrar en tu corazón e investigar con esmero de cuáles loyismí, deseos e tentativas está rodeado tu corazón y de qué pazos está dominado y castigado. Y primero tienes que tomar las armas contra aquel pazos y luchar; pero si sucede que te tienten también otros pazos, tú siempre tienes que luchar contra el pazos más cercano que entonces te ataca y guerrea contra ti y otra vez dirigir la guerra hacia aquel pazos que más te domina y te somete.

Capítulo 18: Cómo debe guerrear uno contra los inesperados movimientos de los pazos

Si aún amigo mío, no estás acostumbrado a luchar contra los inesperados golpes y ataques de los asaltos o de algunas otras cosas adversarias que te suceden, te aconsejo que hagas lo siguiente:

Acostúmbrate siempre sentado en tu casa antes investigar que te van a suceder muchos asaltos, ataques y deshonras, muchas veces también heridas y otras cosas contrarias. Así estate preparado de manera que no seas atormentado, sino que los soportes con paciencia y gratitud, sin perturbación, ni trastorno. De hecho esta preparación debes hacerla cuando estás listo para salir de casa y vas a ir en otro lugar, sobre todo cuando vas a conversar con personas que se enfadan fácilmente. Porque dice el Salmo: “Me preparé y no fui perturbado” (Sal 118, 60); con una preparación y ejercicio de este tipo uno cree que son bien despreciables hasta los más terribles e inesperados acontecimientos y también el pazos de la ira. (30). Muy sabiamente y verdaderamente aprendemos esto, que la premeditación y la preparación, es el mayor arma y el más efectivo para la protección de los movimientos repentinos de los pazos, porque como un tornado, como también todas estas cosas que se llaman borrascas, cuando caen de repente en el mar, revuelcan los barcos y hacen a los experimentados marineros desesperarse, así de la misma manera y de repente estos encuentros y movimientos de los pazos hacen perder el discernimiento hasta en los perfectos en la virtud.

Junto con la premeditación y la preparación, utiliza también esta manera. Cuando en algún caso, alguien inesperadamente sin esperarlo comienza a insultarte y provocarte cualquier otra deshonra, detente por un momento y cuando ya has recogido y reunido tus pensamientos en el corazón, pon tu nus en atención, vigilancia y guardia para no ser perturbado y molestado en tu corazón por el pazos de la ira del otro; porque dice el Salmo: “en mi interior se perturba mi corazón” (Sal 14); pero si le ha dado tiempo y te ha molestado no dejes que el pazos salga fuera y te arrastre a insultar y a vengarte; (31) Es decir, no salió hacia fuera este pazos y esta perturbación; sino igual que la ola del mar salvaje no sale hacia la costa, sino que queda destruida en pedazos y se serena dentro en el mar; de la misma manera la ira o el enfado; así interpreta esto san Basilio el Magno (Logos contra los iracundos).

A continuación esfuérzate a elevar tu nus a Dios, pensando y reflexionando en Su infinita agapi (amor, energía increada) que te tiene, por la que te ha enviado esta tentación y prueba inesperada para limpiarte y purgarte más y para unirte mejor junto con él. Así pensando estas cosas gira hacia ti mismo, contrólate y dite en tu interior: “eh desgraciado y miserable, ¿por qué tú no quieres abrazar esta cruz y esta prueba que te ha enviado, nadie más que el mismo Padre celeste tuyo?, y después gira hacia la cruz y abrázala espiritualmente con la máxima alegría que puedas, diciendo: ¡oh cruz que fuiste creada por la providencia de Dios, antes que yo naciera! ¡Oh cruz que fuiste endulzada por la dulce agapi del crucificado, clávame y conságrame en ti para que pueda unirme totalmente con aquel que me ha redimido muriendo encima tuyo. Pero si el pazos de la ira le ha dado tiempo para moverse en tu interior y no te deja desde el principio elevar tu nus a Dios, de nuevo piensa a elevarle lo antes posible como si no te hubieras perturbado para nada; porque así serás ayudado.

Pero la mejor terapia y más eficaz para los pazos, para que no se muevan inesperadamente, es que se alejen y expulsen las causas por las que proviene este movimiento. Estas causas son dos: la agapi-amor y el odio. Así que, si tú amigo mío, has llegado a tener amor apasionado en alguna persona, o en cualquier otra cosa grande o pequeña e inmediatamente cuando veas que te la arrebatan o la molestan, de repente te perturbas y se escandaliza la simpatía o el ánimo de tu corazón, entonces debes estar luchando para quitar de tu corazón aquel amor malo que tienes en esta cosa mayor o menor, cuanto mayor o menor es también el movimiento repentino del pazos.

Al contrario, si tienes odio a alguien o cualquier otra cosa, y de esto eres perturbado improvisadamente y te repugna cuando ves o escuchas alguna acción elogiable hacia ellos, debes presionar tu voluntad hasta que los ames; porque este también es una criatura de Dios, es como tú, creada a imagen y semejanza de la mano sublime de Dios; porque este también como tú está renacido con la preciosa sangre de Cristo, y no sólo porque es hermano y miembro tuyo no debes odiarlo, incluso ni siquiera con tu pensamiento y tu loyismós, como se ha escrito: “No guardes maldad y rencor contra tu prójimo” (Lev 19,37). Y el amado Juan dice: «15 Todo aquel que odia a su hermano es homicida. 14 Pero aquel que no ama al hermano permanece en estado de muerte espiritual» (1Jn 3:15,14). Pero si aquella persona es mala y digna de odio, tú cuando la amas te asemejas a Dios, el cual ama a todas sus creaciones y nunca se repugna de ellas, como dice Salomón: “Señor tú que amas la vida, todo es tuyo por eso te preocupas” (S. Sal 11). Y sobre todo porque el Dios perdona las maldades de los hombres y “que hace salir el sol sobre buenos y malos y hace llover sobre justos e injustos” (Mt 5,45).

 

Capítulo 19: Cómo uno debe luchar contra los pazos carnales

Contra los pazos carnales, hermano mío, lucharás de modo distinto que los otros. Para conocer a luchar en orden, debes pensar que existen tres guerras antes de cada tentación: antes, durante y después cuando ha pasado la tentación.

La guerra antes de la tentación será contra las causas, que por regla general se convierten en motivos de esta tentación; es decir, tú primero debes luchar contra este pazos; no resistiendo a este, tal como te dije que hagas para los demás pazos, sino que tienes que evitarlo con toda tu fuerza de todo tipo de motivos y de personas que te provocan la tentación en la carne o cuerpo. Y si alguna vez es necesario hablar con alguien que es de este tipo, pues, háblale en breve y con cara seria y dignamente, tus palabras que sean más bien duras que blandas o dulces.

“Nunca confíes en tu enemigo”, dice Sirac (12,11). Y tú nunca confíes en ti mismo. Porque, igual que el cobre por sí solo genera el óxido u orín, así también tu naturaleza corrupta genera por sí sola la maldad; “Igual que el cobre se oxida, así también tu maldad” (Idem). Otra vez te digo, no confíes en ti mismo, aunque lleves mucho tiempo que no sientes los pinzamientos y las indirectas de la carne; porque esta maldita maldad, aquello que no ha hecho en muchos años, lo hace en una hora y muchas veces hace sus preparaciones ocultamente y cuando más se hace ver como amigo, dando menor sospecha sobre ella, tanto más perjudica e hierre incurablemente. (33) Aquel gran Nilos el Asceta dijo: “Y si crees que estás con el Dios, protégete del demonio de la lujuria, porque es un gran estafador, envidioso y quiere ser más rápido que el movimiento y la atención de tu nus” (Filocalía C.3). La causa por la que el deseo carnal siempre nos tienta y molesta es la egolatría, el excesivo amor al cuerpo y a sí mismo. Igual que la vanagloria siempre nos engaña, así también del deseo carnal difícilmente nos protegemos.

Por eso, como la experiencia ha demostrado y lo demuestra, uno muchas veces debe tener miedo más de aquellas personas con las que cree que es bueno que esté en compañía, sea porque son parientes suyos o porque son virtuosos y piadosos o porque ha sido beneficiado de ellas y tiene como obligación a saludarlos a menudo (34). Porque con esta compañía imprudente se enreda el sentido y sentimiento con el agrado venenoso, de modo que imperceptiblemente traspasa poco a poco también al nus de la psique y oscurece tanto la lógica de manera que después empiezan a no tener en cuenta para nada las causas peligrosas del pecado; es decir, las miradas eróticas, las palabras dulces del uno al otro, después los gestos y tocamientos con las manos, y acaban cayendo en el pecado total o en otros pazos diabólicos, de los cuales difícilmente se pueden liberar. (34) Muchos muchas veces fueron engañados de similares personas virtuosas y devotas, sea mujeres u hombres y cohabitaron entre sí, o se relacionaron sin tener cuidado y cayeron en pazos de vergüenza, siendo engañados por la derecha; es decir, de la virtud, de la devoción y de la modestia; pero nosotros aquí añadimos que uno no sólo se ocupa con fuerte deseo y eros carnal con estas personas, sino que si se supone que estos son hijos de padres ricos, nobles, con lenguaje educado o con órganos musicales y con imagen y cara bella o astucia intelectual o hábiles en las artes y trabajos manuales o si tienen cualquier tipo virtudes adquiridas; porque todas estas cosas aumentan fuertemente el deseo y el amor, por eso debemos tener mucho cuidado y protegernos de semejantes cosas.

Por eso, hermano mío, debes evitar el fuego, porque eres como una tela y no debes confiarte nunca como si fueras una esponja llena de agua de buena y fuerte voluntad; no. Debes pensar que eres como una esponja seca que inmediatamente que se acerca al fuego se prende en llamas. Según con lo que se ha escrito sobre Sansón: “rompió los nervios como una cuerda fina que se acerca al fuego” (Jue 16,9). Tampoco pensar que tienes tu decisión y deseo firme de que mejor morir que afligir a Dios con el pecado. Porque si suponemos que eres una esponja mojada, pero con la continua compañía y expectación, el fuego con el calor poco a poco seca el agua de tu buena voluntad y sin esperarlo te apegarás tanto al eros diabólico, de modo que no tengas vergüenza a los hombres, ni respetarás el parentesco o la amistad, ni la vida, ni todos los castigos del infierno, y cometerás el pecado. Por eso vete, aléjate lo más que puedas:

A´ De las compañías de las personas que escandalizan, si verdaderamente no quieres ser capturado por el pecado y morirte (espiritualmente). (35) Por eso también Salomón llama por una parte sabio aquel que teme y evita las causas de los males, y por otro lado, insensato aquel que confía en sí mismo y no evita las causas (18,16). El sabio José el bueno, también mientras dejó su prenda, evitó la causa del pecado y evitó también el pecado; porque si no lo evitara seguro que pecaría con su señora, como opinan muchos maestros. Por eso el apóstol Pablo decía: “evitad, huid de la lujuria” (1Cor 6,18).

B´ Evita la inactividad y la pereza, mantente vigilante y sobrio con tus loyismí y con las obras que convienen con tu actitud.

C´ No desobedezcas nunca, sino obedece y sométete fácilmente a tus superiores y Padres Espirituales, haciendo con presteza, diligencia y rapidez aquellas cosas que te mandan y sobre todo aquellas que te hacen humilde y son contrarias a tu voluntad y tu tendencia natural.

D´ No juzgues nunca arrogantemente a tu prójimo; es decir, criticarle malamente y sobre todo por el pecado carnal por el que estamos hablando, aunque está claramente caído en ello, sino que le trates con simpatía y no burlarte de él, y que con su ejemplo, hazte humilde tú y conócete a ti mismo de que eres enfermo, polvo y ceniza, diciendo: él ha caído hoy, yo caeré mañana. Porque si fácilmente juzgas a los demás y los desprecias, el Dios ejemplarmente te instruirá concediendo que caigas tú también al mismo defecto. “No juzguen para que no sean juzgados”, dice Cristo Dios en el Evangelio de Mateo; para que conozcas tu orgullo y te hagas humilde y así pedirás terapia para los dos, para tu orgullo y para tu prostitución o lujuria. Pero si el Dios te ha protegido y no caes, no cambies de loyismós, tampoco te confíes en ti mismo, sino ten siempre miedo y duda sobre tu actitud.

E´ Ten mucho cuidado, si has obtenido algún c-jarisma divino o te encuentras en una situación buena, no pongas al loyismós alguna idea y fantasía superflua e innecesaria de que eres alguien y que tus enemigos ya no lucharán contra ti, y aparecer que de momento los odias y los apartas. Porque si no estás protegido contra esto, fácilmente caerás.

Estas son las cosas que debes vigilar antes de la tentación del pazos carnal.

Pero en el tiempo de la tentación, debes pensar de dónde proviene esta guerra, de una causa interior o exterior. La causa exterior es la curiosidad de los ojos, palabras dulces de audición y canciones; suavidad y adorno de ropas, olor de perfumes para el olfato, conversaciones, gestos y tocamientos que promueven al pecado; la terapia de todos estas cosas es la modestia y la humildad en las prendas de ropa, no querer escuchar ni ver, ni oler, ni tocar todas aquellas cosas que promueven a esta maldad y sobre todo apartarte de las malas compañías, como hemos dicho antes. La causa interior proviene del bienestar de la carne o de los loyismí del nus que provienen de nuestros malos hábitos, de los pazos o por la incitación de los demonios.

Y por una parte, el bienestar de la carne, cuerpo, se debe endurecer con ayunos, vigilias y sobre todo con prosternaciones y otros ejercicios similares; tal y como explica el discernimiento y la enseñanza de los divinos Padres; por otra parte, las terapias de los loyismí, por donde sea que provengan, son las siguientes; ocuparte con varios ejercicios adecuados a tu situación, que son el estudio, la oración y la lectura de los libros sagrados, y sobre todo de san Efrén, de Juan de la Escalera, de los libros Filocalía, de Evergetinós y los similares; pues, que así sea. Cuando comienzan a molestarte estos loyismí de la lujuria, inmediatamente acuérdate con tu nus al crucificado y desde el fondo de tu psique, di esto: “Jesús, dulce Jesús, ayúdame rápido para no ser cautivado de este enemigo”. Y unas veces abrazando (espiritualmente, como si estuviera presente), la cruz que está colgado tu Señor, abraza sus heridas muchas veces, diciendo con agapi-amor: “bellísimas heridas, heridas santísimas y purísimas, herir a este corazón sucio e indecente e impedidme que os perjudique”.

Por otro lado, tu terapia durante el período que se multiplican los loyismí de los placeres carnales, que no sea directamente contra ellos, (cosa que algunos libros así lo escriben; como es, pensar el mal olor y el asco del placer carnal; el examen de la conciencia que te provocará, las amarguras que siguen, los peligros, el gasto, corrupción de tu fortuna y tu pureza, la acusación de tu honor y otros similares); te digo que tu estudio no sea sobre estos, porque cuidarse de estos no es siempre el medio seguro para que venzas la tentación de la carne; sobre todo si puede provocar algún daño. Porque con similar estudio aunque el nus expulse los loyismí provisionalmente, pero como está débil y habituado maliciosamente, cuando estudia estas cosas marca mejor el agrado, se deleita y condesciende en estos. Por lo tanto, la verdadera terapia de los placeres carnales son: evitar siempre no sólo estos, sino cualquier otra cosa que nos los recuerda. Por eso el estudio tuyo que sea en otras cosas; es decir, sobre la vida y el pazos-pasión del crucificado Jesús, la memoria de su terrible muerte, el terrible Juicio Final y los distintos tipos del infierno.

Pero si estos loyismí carnales te atacan más de lo acostumbrado, (y esto ocurre), no te acobardes ni te asustes, ni dejes el estudio de las anteriores girando hacia ellos para resistirlos, no, sino sigue lo más sinópticamente que puedas este estudio y no te preocupes para nada sobre estos loyismí, como si no fueran tuyos. Porque, aunque continuamente te atacan, no hay mejor manera para resistir de ellos que despreciarlos y no quieras para nada acordarte de ellos; después de todo esto terminarás tu ocupación con esta súplica o similar a esta:

“Creador y redentor mío, libérame de mis enemigos, en honor a tu pazos-pasión y tu inenarrable bondad”. Y no gires tu nus y atención en esta maldad carnal. Porque sólo un simple recuerdo no está sin peligro. Pero tampoco te detengas y converses con esta tentación y te descubres a ti mismo si has condescendido en ella o no. Porque aunque este examen parezca que sea bueno, en realidad es un engaño del diablo, para molestarte, decepcionarte y desanimarte o para mantenerte siempre liado en estos loyismí y de estos hacerte caer también en este u otro pecado.

Por eso, para esta tentación (cuando el consentimiento no está claro) es suficiente que la confieses en brevedad a tu guía espiritual, habiendo tranquilizado tu opinión, sin que pienses ya nada. Y manifiéstale claramente cada loyismós tuyo en relación con esto sin que te detenga ninguna vergüenza o contracción. Porque si con todos nuestros enemigos necesitamos la fuerza de la humildad para vencerlos, cómo no la vamos a necesitar en esta guerra carnal más que cualquier otra cosa. Porque esta maldad es producto y resultado del orgullo o soberbia y casi siempre es un castigo. (36) Por eso san Juan el de la Escalera dice que aquel que ha caído en la lujuria u otro pecado carnal, éste antes tenía orgullo, por eso el Dios ha permitido caer para que se haga humilde. Después cuando pase la tentación, aquello que debes hacer es lo siguiente; por mucho que te parezca que estés liberado de esta guerra de la carne y seguro por todo, sin embargo debes estar con el nus alejado de estas cuestiones y de las personas que fueron la causa de la tentación; y no pienses que debes estar en compañía con ellas, aunque sean parientes o virtuosos o tus benefactores; porque también esto es un engaño de la mala naturaleza y una trampa del enemigo diablo que fácilmente se metamorfosea, transforma en ángel de luz para meternos a la oscuridad o a las tinieblas como dijo san Pablo (2Cor 11,14).

 

Capítulo 20: Cómo uno debe luchar contra la negligencia

Para que no caigas en la deplorable maldad de la negligencia, la que te impide el camino de la perfección y te entrega en las manos de los enemigos, debes evitar toda curiosidad, todo apego terrenal y todo tipo de comentarios y ocupaciones que no convienen a tu situación. Después debes esforzarte a ti mismo en obedecer rápidamente a todo buen consejo de tus superiores y tus guías espirituales, haciendo cada cosa en el tiempo y la manera que les guste. En cada obra que tienes que hacer no tardes mucho en hacerla; porque aquella pequeña demora trae consigo la segunda, la tercera y el resto, en las cuales el sentido se desvía más fácil que en la primera. Porque fue absorbida y cautivada más por el placer que probó de la segunda, la tercera y las demás demoras. Por eso la praxis o comienza muy tarde o es abandonada totalmente muchas veces como molestosa; y así poco a poco se hace el hábito de la negligencia, la que después de todo esto llega a tal punto que no se reconoce de otra manera sino sólo si nosotros nos hartemos ya de ella y nos entregamos totalmente en obras importantes y cuidadosamente. Porque de esta última ocupación nuestra nos hemos enterado que hasta entonces hemos sido muy descuidados, negligentes y perjudicándonos y tenemos vergüenza por tantas buenas obras que podríamos haber hecho.

Esta la negligencia corre por todas partes con su veneno; envenena la voluntad y la hace apartarse de todo trabajo, espiritual, manual y de cualquier servicio, y no sólo la voluntad sino también oscurece al nus para que no se dé cuenta y considere en qué logismós insensato se sostiene esta voluntad; y también por esta consideración y observación no promueva la voluntad a ocuparse en hacer rápidamente todos los servicios requeridos y demorarlos para otro tiempo. Porque no basta sólo hacer la obra que debes rápidamente, sino hacerla también en tiempo justo que requiere la calidad de aquella obra, con todo el esmero y cuidado que merece para que se perfecta. Porque está escrito: “Maldito aquel que hace las obras del Señor con negligencia” (Jer 48,10). Y todo este mal sucede porque no piensas la fuerza que tiene aquella obra buena si la haces en su debido tiempo y con decisión firme, para vencer la dificultad y el cansancio que trae la negligencia, sobre todo a los soldados principiantes.

Pues, tú debes pensar muchas veces que sólo con una elevación del nus a Dios y con una reverencia de arrepentimiento hacia la tierra que se hace en el nombre y el honor de Dios, vale más que todos los tesoros del mundo. Cada vez que dejamos la negligencia y nos ponemos a nosotros mismos en obras diligentes y esmeradas, los Ángeles traen de la realeza increada de los cielos una corona de la gloriosa victoria; y por el contrario, a los negligentes no sólo el Dios no da coronas, sino que poco a poco quita también las alegrías y favores que les había dado, dejándoles privados de su realeza increada por sus negligencias. Porque se ha escrito: “Los llamados para las bodas celestes permanecieron indiferentes y fueron unos en sus terrenos y otros en sus negocios” (Mt 22,5).

Sin embargo aumenta estos favores a los diligentes, cuidadosos y forjadores de sí mismo haciéndolos con esto entrar a su realeza increada celeste; “La realeza increada de los cielos se gana con esfuerzo y la ganan aquellos que luchan” (Mt 11,12).

Pero si el mal loyismós, lucha y pelea para tirarte a la negligencia, te trae en el nus el pensamiento de que te cansarás mucho y por muchos días para poder obtener la virtud que deseas, y que tus enemigos son fuertes y muchos, mientras que tú eres un hombre débil y necesitas esforzarte mucho y hacer muchas praxis para conseguirla. Te aconsejo que si estas cosas te las trae en el nus el loyismós de la negligencia no le hagas caso ni le escuches. Pero comienza a traer en tu nus praxis como si fueran pocas, como que te cansarías lo mínimo y durarán pocos días, pensando que tienes que luchar sólo con un enemigo y que con la esperanza y la ayuda de Dios eres más fuerte que ellos. Porque si actúas así, empezará a debilitarse de ti la negligencia y así después tendrás la disposición para que poco a poco entre en tu psique la virtud contraria que es la diligencia o cuidado con esmero.

Lo mismo haz también para la oración; por ejemplo, si el tiempo requiere hacer una hora de oración y eso parece duro en tu negligencia, empieza la oración como si tuvieras que orar la mitad de un cuarto de hora y después fácilmente pasará el siguiente cuarto y el siguiente etc. Y si alguna vez en este espacio tienes alguna dificultad y resistencia muy fuerte, deja de momento la oración para que no te caiga antipática y después de un rato vuelve hacer la oración que querías hacer antes. Lo mismo y de la misma manera debes hacer también para tu trabajo manual y tu servicio, cuando ocurre que tengas que hacer cosas que a causa de tu negligencia parecen muchas y difíciles, mientras tú te perturbas entero. Por eso con tu corazón tranquilo empieza de una cosa como si no tuvieras que hacer otra cosa. Y así actuando con diligencia, esmero y cuidado harás todas las cosas con mucho menos esfuerzo y dificultad que aquello que te parece difícil en tu negligencia. Por eso, si no haces así y no piensas luchar contra el esfuerzo y la dificultad que se te muestra por el enemigo para cada virtud, para que predomine en tu interior la negligencia, y así no sólo cuando está presente el esfuerzo y la dificultad sino aún cuando está lejos te hará desesperarte y estar asustado de que siempre tendrás cansancios y dificultades y que tus enemigos siempre te estarán tentando. También cuando estés en descanso y reposo siempre tendrás molestias de tus loyismí.

Conozca hijo mío que el pazos de la negligencia con su veneno oculto, poco a poco pudre no sólo las primeras y pequeñas raíces, las que trataban de brotar los hábitos de las virtudes, sino que pudre también las raíces de los buenos hábitos que anteriormente se habían adquirido. Y tal como el gusano carcome la madera, así también este pazos carcomiendo progresa imperceptiblemente y desgasta la vida espiritual del nus. Y con este medio, el diablo conoce poner las trampas y los lazos en cada hombre, pero especialmente en las psiques espirituales, conociendo que fácilmente cae en los deseos todo aquel que es descuidado, perezoso y negligente, como está escrito: “Todo perezoso, desocupado y parado se encuentra en deseos e ilusiones”(Prov 13,4).

Así pues, tú estate en vigilia, siempre orando y vigilándote bien como un luchador valiente; “Las manos de los hombres trabajadores trabajan con dinámica, valentía y diligencia” (Prov 13,4). Y no esperes a tejer tu prenda nupcial cuando vas allí para encontrar al Novio Cristo. Y acuérdate cada día que el hoy es tuyo y el mañana está en la mano de Dios; y que aquel que te ha dado la mañana no te promete que te dará también la tarde. Por eso no escuches al diablo que te dice que le des el hoy y el mañana darlo a Dios, no; sino que gasta todos los momentos de las horas de tu vida tal y como gusta a Dios. Piensa como si se tratara que no te vaya a dar otro tiempo. Y calcula que para cada momento darás cuentas exactas porque el tiempo que tienes en tus manos de verdad es oro, precioso y vendrá el tiempo que lo estarás buscando pero no lo encontrarás.

Piensa también este día como perdido, (aunque hayas hecho muchas otras obras), en la que no has obtenido muchas victorias contra tus malas tendencias y voluntades, y que durante este día no has agradecido tanto a Dios, no sólo por las donaciones que te ha hecho, y sobre todo sobre el tormentoso padecimiento que ha sufrido para ti; y también por la dulce instrucción paternal por las aflicciones que algunas veces te envía. Terminando te pido: “Luchar siempre el buen combate” (1Tim 6,12), porque muchas veces sólo una hora de diligencia se ha ganado el paraíso y por una hora de negligencia se ha perdido. Y hazte diligente y cuidadoso si quieres tener segura la esperanza de tu salvación en Dios. “Aquel que confía a Dios lo tiene todo” Prov 28,25). (37) Porque dos son las esperanzas, según Isaac el Sirio, una es verdadera y muy sabia y la otra tonta y falsa. Y los que se han dedicado enteramente a sí mismos a Dios no se preocupan de ninguna cosa mundana por estar enteramente dados a la diligencia y al trabajo por las virtudes; estos realmente tienen esperanza en Dios de que los redimirá y salvará de cada mal, tanto en la vida presente como en la futura; pero todos que pasan con negligencia sus vidas y no se ocupan con las virtudes, aunque dicen que tienen esperanza en Dios, es falsa y tonta la esperanza de ellos. Es como si dijera que uno debe cansarse para sembrar virtudes y obras buenas y después tener la esperanza que tiene que segar para recibir su salario de la sotiría (sanación, redención y salvación) de su psique.

 

Capítulo 21: La corrección de los sentidos externos y de qué manera uno puede pasar a través de ellos a la zeoría (contemplación) y a la doxología (alabanza) de Dios

Para que sean gobernados y corregidos nuestros cinco sentidos externos hace falta un gran pensamiento y ejercicio permanente; es decir, la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. Porque el deseo insensato del corazón que es como capitán de nuestra naturaleza corrupta, declina con exageración pidiendo siempre deleites y reposos y no pudiendo por sí solo, utiliza los sentidos del cuerpo como soldados y órganos naturales para captar de los objetos externos; es decir, de las cosas sensibles de las cuales pasan las imágenes agradables y las fantasías, las toma y las marca en la psique y después de esto continua el agradable deleite. Este deleite causa del parentesco que existe entre la psique y el cuerpo, se reparte en todas aquellas partes que caben en los sentidos; y de esto ocurre (por desgracia) la inmortal muerte (espiritual); y se cumple lo que se ha escrito: “Por las ventanillas subió la muerte” (Jer 9,20). Es decir, a través de los sentidos, que la psique los tiene como ventanas para disfrutar de las cosas sensibles.

Ves, pues, hermano mío, qué gran daño se te provoca por los sentidos físicos. Ten cuidado para sanarlos, es decir, ocúpate bien con diligencia y no dejes que tus sentidos vayan por donde ellos quieren, ni tampoco utilizarlos sólo para el deleite de los placeres sensibles o el hedonismo, y sólo se muevan para un propósito y fin bueno, necesario y útil. Ahora bien, sin conocer estas cosas y tus sentidos se han dado enteramente en los deleites, de aquí en adelante lucha lo que puedas para retornarlos atrás y gobernarlos tan bien, de manera que allí donde estaban antes sometidos miserablemente en los placeres vanos y destructores de la psique, después adquieran de toda creación y objeto sensible conceptos útiles y los introduzcan en el interior de la psique; dentro de estos conceptos la psique puede recogerse en sí misma y con sus potencias inmateriales estar subiendo al estudio y alabanza de Dios; (38) Por eso aquel gran Agustino decía que “las creaciones que se encuentran en el mundo, hablan con los hombres virtuosos con una lengua realmente muda y silenciosa pero muy energética, la que se escucha y se entiende fácilmente de ellos y los incita más a la agapi a Dios y de todo encuentran motivos para tener buenos y piadosos loyismí”. Y san Gregorio el Teólogo dice: “Todas las cosas glorifican a Dios con voces inenarrables; porque el Dios con todo se agrada a través de mí; y así el himno de estas se hace nuestro, de las que yo tomo el himno” (Logos en el Nuevo Domingo). Y los tres jóvenes en su himno se inspiraron de todas las creaciones para alabar a su Creador.

Esto tú lo puedes hacer de la siguiente manera. Por ejemplo, cuando con algún sentido externo te encuentres en algún objeto sensible, sea visible, sea oído, sea olfateado, saboreado o tocado con las manos, separa tu loyismós de la cosa material que tiene el espíritu inmaterial, es decir, la energía increada del Espíritu Santo; y piensa que esto por sí solo no puede tener su existencia u otra cosa de lo que se encuentra en esto; sino su existencia entera es obra de Dios, quien con su espíritu invisiblemente le da aquello que es, aquella bondad y belleza, aquella fuerza y sabiduría y cualquier otra cosa que tiene en su interior. Entonces aquí que se alegre tu corazón, porque sólo el Dios es la causa y el principio de tantas cosas exactas, distintas y admirables y que él con superioridad las contiene todas en sí mismo; y que estas perfecciones de las creaciones sensibles, no son más que un grado pequeñísimo o una sombra de las infinitas y admirables perfecciones divinas.

Y así pues, tú de esta manera te acostumbrarás a ver las creaciones y no permanecerás al exterior y sólo al fenómeno o lo que se ve, sino que con tu nus traspasarás a la oculta belleza interior; (porque según san Dionisio el Areopagita, las iconas-imágenes de las cosas concebibles o intelectuales son las cosas sensibles); entonces la belleza externa como insignificante y material, la despreciarás y pasarás a la oculta potencia y energía increada del Espíritu Santo, y fijarás tu nus alabando a Dios.

Así viendo los cuatro elementos, el fuego, el agua, el aire, la tierra y reflexionando sobre la esencia, la potencia y la energía que tienen con gran agrado dirás hacia al perfecto Creador que las ha creado de esta manera; ¡oh divina esencia! ¡oh infinita Potencia y energía increada muy deseada, cuando me alegro porque tú eres único principio y causa de toda esencia creada de los entes y todo energía y potencia! (39). Según san Máximo el Confesor, la esencia de las cosas existentes tiene como imagen al Padre, la potencia del Hijo y la energía del Espíritu Santo, así que de cualquier manera pone uno a Dios como creador, no sólo que es uno sino Tres.

Así que cuando veas los cuerpos celestes, el sol, la luna y las estrellas y pienses que han recibido la luz y la luminosidad de Dios, gritarás: ¡oh luz increada, que supera toda luz, por el que se ha creado cada luz inmaterial y material; oh admirable luz increada, el primer objeto de alegría para los Ángeles y el deleite de los santos, en el cual se nublan los querubines al ser contemplada por ellos, y en comparación con esta luz increada todas las luces sensibles se ven como oscuridad profunda, por eso te canto himnos, te glorifico y te alabo; “oh verdadera luz increada que iluminas a cada hombre que viene en el mundo” (Jn 1,9) ), hazme digno para verte espiritualmente y se alegre perfectamente mi corazón”.

Así cuando veas los árboles, las hierbas y varias otras plantas y piensas cómo viven, cómo se alimentan, crecen y paren a sus semejantes y cómo por sí solas no tienen vida ni todo lo que tienen, sino que son vivificadas sólo por el Espíritu Santo que tú no ves; así puedes decir: “¡He aquí está la verdadera vida, de la que, en la que y por la que viven, se alimentan y crecen todos; oh terapia viva de mi corazón!”. Semejante también es la elevación de tu nus a Dios por la forma de los animales, que da en ellos sentido y pueden moverse de un lugar a otro, diciendo: ¡oh primer motor, el que a pesar de moverlo todo, permanece inmóvil, eres inmóvil a ti mismo; oh cuándo me alegro y deleito por tu inmovilidad y estabilidad!

Y otra vez viéndote a ti mismo o los demás humanos y pensando que sólo tú de los demás animales tienes forma derecha en pie, eres lógico y correcto y que eres una unión y un lazo entre las creaciones inmateriales, intangibles y materiales, tangibles, muévete en doxología, alabanza y agradecimiento a tu Dios Creador y di: “¡oh Trinidad suprasustancial, Padre, Hijo y Espíritu Santo seas glorificada por los siglos; Cuánto debo agradecerte siempre, no sólo porque me has creado de la tierra y me has hecho rey de todas las creaciones terrenales, porque me has honrado con mi naturaleza y las has hecho como imagen tuya con nus, logos y espíritu o psique vivificante de mi cuerpo (40), pero también porque me has dado la fuerza con mi libre voluntad y predisposición adquirir las virtudes a semejanza tuya, para que pueda así disfrutar de ti en los siglos!”. (40) Ver también en Filocalía el capítulo 38 de los capítulos físicos y teológicos del gran Santo de Tesalónica, Gregorio Palamás, que dice: “el vivificante Espíritu del cuerpo, es un eros-amor espiritual, el cual proviene del nus y del Logos, y que existe en el nus y en el logos y en este está el logos y el nus; y que según este Espíritu vivificante, la psique noerá (espiritual humana) y lógica es más a imagen de Dios que los Ángeles, porque los ángeles no tienen este tipo de Espíritu vivificante, porque no tienen cuerpo el cual da vida.

Ahora vengo en los cinco sentidos y te digo; hermano mío, si eres atraído por la belleza de las creaciones que ven tus ojos, separa con tu nus aquello que ves con el espíritu de ellas que no ves y piensa que toda aquella belleza que se ve externamente es del único espíritu invisible y bellísimo del cual toma forma aquella belleza externa; y pleno de agradecimiento y deleite di: “¡He aquí los riachuelos de la fuente increada; he aquí las gotas del infinito océano de toda bondad y todo bien; oh cuánto me alegro en lo más profundo de mi corazón pensando en la eterna e infinita belleza de mi Creador, que es el principio y la causa de toda belleza creada! ¡oh cuánto me deleito pensando en la inefable e inenarrable belleza de mi Dios del cual tiene el principio toda belleza!”

Cuando escuches alguna voz dulce o una armonía de sonidos y canciones, gira tu nus hacia el Dios y di: ¡oh Señor mío, armonía de las armonías!, ¡cuánto me deleito con tus infinitas perfecciones! Porque todas juntas te rinden y componen armonía supraceleste; y unidas aún con los Ángeles en los cielos y con todas las creaciones, crean una gran sinfonía; Señor mío, cuándo vendrá la hora de escuchar con mis oídos tu dulce voz a decirme: “te doy mi paz; la paz de mis pazos-pasiones; porque tu voz es deleite”, según el Asma (2,14).

Por otro lado, si hueles alguna aroma o flor perfumada, pasa de la fragancia externa a la fragancia oculta del Espíritu Santo y di: “he aquí las fragancias del todo fragante flor y de aquella mirra insaciable, la que fue dada a todas sus creaciones; según el Asma: “yo soy la flor y el lirio del campo” (2,10); y otra vez: “tu nombre es mirra que se esparce” (1,2). Según san Dionisio el Areopagita: “he aquí la fragancia que emana y se transmite de fuentes divinas y que en abundancia inunda los soplos divinos de los purísimos Ángeles hasta las últimas creaciones y las hace todas a perfumar” (Jerarquía Eclesiástica cap. 4); en relación con la fregancia, Isaac dijo a su hijo Jacobo: “la fragancia de mi hijo es como el campo fértil que el Señor ha bendecido” (Gen 27,27).

Por otro lado, cuando comes y bebes, piensa que el Dios es aquel que da en todas las comidas sabor y sólo con esto debes estar agradecido y decir: “Que te alegres psique mía, puesto que fuera de Dios no hay ningún reposo, así que fuera de Él no hay ningún sabor o dulzura. Por lo tanto sólo en Él puedes estar disfrutando, como te incita David diciendo: “Probad y ved cuan bueno es el Señor” (Sal 33,8). Y Salomón te informa diciendo en relación a esto: “Su fruto es dulce en mi garganta” (Asma 2,3).

Cuando muevas tus manos para hacer alguna obra, piensa que el Dios es la primera causa de aquella obra y no tú, y que tú no eres más que un órgano vivo de él; y elevando tu loyismós, di así: “¡Altísimo Señor mío del universo, cuánta alegría pruebo en mi interior, porque sin ti no puedo hacer ninguna cosa; realmente eres el creador primero e inicial de toda cosa!”

Cuando en los demás ves bondad, sabiduría, justicia y otras virtudes, haciendo con tu nus una separación, di a tu Dios: “¡oh riquísimo tesoro de la virtud, cuánta es mi alegría; porque sólo de ti y por ti proviene todo bien; oh Dios te agradezco por esto y por todo bien que has hecho a mi prójimo; pero acuérdate, Dios mío, también de mi pobreza y de la gran necesidad que tengo para la virtud”.

Y por hablar generalmente, las veces que veas en las creaciones alguna cosa que te gusta, no pares en ello, sino que pasa con tu loyismós a Dios y di: “¡oh Dios mío tus creaciones son tan buenas, tan alegres y tan queridas , y me pregunto, cuán bello, alegre y dulce serás tú el Creador de todas estas!”

Si tú, amigo mío, actúas así podrás estar disfrutando de Dios mediante tus cinco sentidos, así subiendo siempre de las creaciones al Creador, de modo que la formación de la creación se te convierta en una teología y aún encontrándote en este mundo de los sentidos, estate imaginando aquel mundo conceptual. Porque es verdad, todo el mundo, toda la creación y toda la naturaleza, no son otra cosa que una ley y un instrumento bajo del cual se encuentra invisiblemente el Creador y artista, actuando y mostrando con su arte, con las cosas vivibles y las materiales proyecta las perfecciones y sus energías increadas invisibles e inmateriales. (41) Por eso Salomón dijo: “por el tamaño y la belleza de las creaciones recibimos la idea análoga de la creación de estas” (Sab 13,5). Por otro lado, san Pablo dice: “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Rom 1,20). Añadimos aquí que para este propósito fueron creadas todas las creaciones con logos y con sabiduría por un lado, y por otro lado, los hombres fueron enriquecidos con fuerza y energía lógica, estudiando los logos-razones o causas de las creaciones de modo que con esta potencia y energía lógica suban a la gnosis-conocimiento del pre-eterno y enhipostasiado-substanciado logos que por Él se hizo todo: “Todo fue hecho por él y sin él no se hizo nada de todo lo creado” (Jn 1,3). Porque de las causas conocemos los resultados, y de todo que sigue lo qué precedió; de modo que basta que uno solo conozca pensar correctamente, enseguida encuentra la fe dentro en la creación y de los logos-causas de las creaciones que ha estudiado percibe y entiende sin duda que existe Dios.

 

Capítulo 22: Si las mismas cosas sensibles que hemos dicho pasan por el estudio del Logos encarnado y de los misterios de Su vida y pazos-pasión, nos son útiles como medios e instrumentos para corregir nuestros sentidos

Antes te he mostrado cómo nosotros podemos elevar nuestro nus a la zeoría-contemplación de Dios; ahora aprende otra manera para elevar tu nus al estudio del Logos encarnado, pensando en los santísimos misterios de Su vida y pazos-padecimiento. Todas las cosas sensibles del universo pueden ayudar en este estudio y contemplación, si primero reflexionas que en estas, tal como dijimos antes, al Eminente Dios como la única y primera causa que las ha dado la existencia, la fuerza, la belleza y todas las otras bellezas que tienen; y si después de esto piensas cuánto grande e infinita fue esta bondad del mismo Dios; el cual realmente siendo el principio y Señor de toda creación, quiso caer tan bajo, hacerse hombre, padecer y morir para el hombre, permitiendo sus enemigos armarse contra él para crucificarle.

Pues, cuando tú ves, o escuchas, o tocas las armas, cuerdas, palizas, columnas, espinas, clavos, martillos y otras cosas parecidas, reflexiona con tu nus que todas estas cosas fueron los instrumentos del pazos de tu Señor.

Otra vez, si ves o habitas en hogares pobres, que venga en tu memoria la cueva y el pesebre de tu Soberano. Si ves que llueve, acuérdate aquella lluvia sangrienta del sudor que caía por el cuerpo santísimo de nuestro dulcísimo Jesús en el jardín remojando la tierra. Si ves el mar y los barcos, acuérdate cómo tu Dios caminó corporalmente encima de ella, y cómo estaba de pie en los barcos enseñando la multitud. Las piedras que verás te recordarán aquellas piedras que fueron aplastadas en su muerte; la tierra te recordará aquel seísmo que hizo entonces en su pazos-padecimiento.

El sol te recordará la oscuridad que entonces oscureció; las aguas te recordarán aquel agua que corrió de su santa costilla, cuando la traspasó el soldado con su lanza. Si bebes vino u otra bebida, acuérdate del vinagre que dieron a tu Soberano. Si estás atraído de las fragancias, corre conceptualmente al mal olor que sentía Jesús en el monte Gólgota, el cual fue el lugar de condena donde cortaban las cabezas de los hombres y por eso estaba sucio y olía mal (42). Por dos logos-razones la colina de Gólgota fue llamada lugar de Cráneo; primero, según san Basilio, san Crisóstomo y san Teofilacto, es por la tradición que dice que allí estaba enterrado el cuerpo de Adán. Y el monje Epifanio en su libro sobre Siria y Jerusalén dice: “En el Gólgota está la pequeña casa o templo de Adán con su cráneo, por eso se llama lugar de Cráneo”; la segunda opción es de Coresio y otros historiadores, es que de allí no faltaban los cráneos esparcidos de los malhechores que les cortaban la cabeza y por eso se llamó lugar de Cráneo.

Cuando te vistes, recuerda que el eterno Logos se ha vestido de carne del hombre para vestirte a ti con deidad. Si por otro lado, te estás desvistiendo, piensa que el Cristo permaneció desnudo para ser azotado y clavado en la cruz a cuenta tuya. Si te aparece alguna voz dulce y sabrosa pasa a la agapi (amor, energía increada) de tu Salvador, de quien se derramó la jaris (gracia, energía increada), según el Salmo: “Se derramó la jaris de tus labios” (Sal 44,3); y de la dulzura de su lengua estaba suspenso el laós-pueblo, según el Evangelista Luca: “el pueblo estaba suspenso oyéndole” (Lc 19,48). Si escuchas tumultos y gritos del pueblo, piensa en aquellos gritos ilegales de los judíos: “aprisa, aprisa, como sea, crucifíquenle”, que se escucharon fuertemente en sus oídos divinos. Si ves algún rostro guapo, recuerda que el bellísimo Jesús que está por encima de todos los hombres, se deformó y fue despreciado y deshonrado sin ninguna belleza encima de la cruz para tu agapi. Cada vez que toca el reloj, que venga en la memoria de tu nus aquella lipotimia del corazón que sintió Jesús cuando en el jardín comenzó a temer la hora de su pazos-padecimiento y de su muerte que se acercaba; o creer que escuchas aquellos golpes duros que se escuchaban por los martillos cuando clavaban los clavos en la cruz. Y por decir simplemente, en cada tribulación que te encuentre o encuentra a otros, piensa que no es nada cada aflicción y prueba en relación y similitud con las increíbles pruebas que lesionaron y aplastaron el cuerpo y la psique de tu Señor.

 

Capítulo 23: Cómo debemos rectificar nuestros sentidos con otras maneras cuando se nos presentan sus objetos visibles

Cuando ves cosas bonitas y tierra fértil, piensa que todas son insignificantes y como abono en comparación con las bellezas y las riquezas del cielo, las cuales disfrutarás después si desprecias todo el mundo; y girando tu mirada entera hacia el sol pensando que tu psique es más brillante que él, si te quedas en la jaris (gracia, energía increada) de tu Creador; de lo contrario la psique está tenebrosa y repugnante por la oscuridad infernal.

Mirando con tus ojos al cielo pasa con los ojos de tu psique más alto, al cielo candente (43), y allí concéntrate con tu loyismós como si el cielo te fuera preparado para el feliz hogar eterno, cuando hayas vivido aquí en la tierra con inocencia. Durante la primavera, escuchando los cantos de los pájaros y otras canciones melódicas, eleva tu nus en aquellos cantos melódicos del Paraíso y piensa que allí se escucha incesantemente el Aleluya y otras doxologías-alabanzas angelicales (44) y ruega a Dios hacerte digno de alabarle para siempre junto con aquellos espíritus celestes; “Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación, honra, gloria y poder son del Señor Dios nuestro” (Apo 19,1). (44) Tres son las alabanzas y los himnos exquisitos con los que alaban la Santa Trinidad las nueve órdenes y las tres Jerarquías de Ángeles. La primera jerarquía Tronos, Querubín y Serafín, es el mismo himno “Yel, yel” el cual sale de los círculos de los Querubín según Ezequiel (1,13), y manifiesta reciclaje, según san Dionisio el Areopagita (Jerarquías celestes cap.15). De la Segunda Jerarquía, Dominaciones, Virtudes y Potestades, el himno es “Santo, santo, santo (Is 6,3). Y de la tercera Jerarquía, Principados, Arcángeles y Ángeles, el himno es “Aleluya, aleluya, aleluya”, según Nikitas Stizatos (Filocalía cap.3 cen.3).

Cuando percibes que vas a sentir deleite por la belleza de las creaciones, piensa que allí un poquito más allá del deleite está la serpiente infernal muy atenta y dispuesta a matarte o herirte, y di contra la serpiente: “¡oh maldita serpiente, cómo esperas así con tu trampa puesta para devorarme!”; y después gira hacia el Dios y di: “¡Bendito eres Señor que me has manifestado mi enemigo y me has liberado de su rabiosa garganta y su anzuelo!”. Y después inmediatamente acuda a las heridas del crucificado, concéntrate en ellas y piensa lo que ha sufrido el Señor con su santísimo cuerpo para liberarte del pecado y hacerte odiar los placeres de la carne, o el hedonismo.

Te recuerdo también una otra cosa para que evites este peligroso placer y deleite de la carne o hedonismo y es esta: piensa y ahonda bien con tu nus en reflexionar después de la muerte qué pasará con aquella persona que entonces te había gustado; es decir, se pudrirá y se llenará de gusanos y suciedad; cuando caminas, en cada paso que haces, acuérdate que de esta manera te vas acercando en la tumba. Cuando ves los pájaros del cielo, o las aguas correr, piensa que tu vida con mayor velocidad va hacia su final. Cuando en invierno se levantan vientos fuertes o hay rayos y truenos en el cielo, entonces recuerda el terrible día del Juicio; y doblando tus rodillas, reverencia a Dios y ruégale que te administre jaris (gracia, energía increada) y tiempo para prepararte bien para presentarte entonces ante la Suprema Majestuosidad.

Si te ocurren varios acontecimientos ejércete de esta manera; cuando por ejemplo, estás triste con algún dolor o melancolía o tienes fiebre, resfriado o sufres cualquier cosa lamentable, trae en tu nus la voluntad de Dios a quien le pareció bien y para tu propio bien sufras con esta medida y en este tiempo esta enfermedad y aflicción, por la que tu alegrado por la agapi que te muestra el Dios, y por el motivo que te da para que sirvas más aquellas cosas que gustan a Dios y di con tu corazón: “He aquí, se cumple en mi la voluntad de Dios, la que ha mandado Dios para sufrir con agapi este dolor; bendito sea siempre mi Soberano”. Y si viene en tu nus algún loyismós bueno gira otra vez hacia el Dios y conociendo que vino de Él, agradécele.

Cuando lees, crea que ves a Dios bajo estas palabras, y acéptalas como si vinieran de la boca divina. El tiempo que ves que se está poniendo el sol y viene la noche recógete y ruega a Dios que no caigas a la eterna oscuridad. Viendo la cruz, piensa que es una bandera de tu expedición y tu guerra, y si te alejas de él te entregarás en las manos de los enemigos, pero si le sigues llegarás al cielo cargado de gloriosos premios.

Viendo el icono de la Panayía (Santísima Madre), dedica tu corazón a ella que reina al Paraíso y agradécela, porque permaneció siempre preparada para la voluntad de tu Dios, porque ha dado a luz, ha amamantado y criado al Redentor del mundo, y porque en nuestra guerra invisible no falta la protección y la ayuda de ella. Los iconos de los Santos que proyecten en tu nus de que tienes tantos garantes y mediadores en Dios y que ruegan por ti; estos tirando con fortaleza sus lanzas y mientras han caminado abriendo el camino, te han abierto tu camino por el cual tú caminando serás coronado también junto con ellos en la eterna doxa (gloria, luz increada).

Cuando veas las Iglesias, entre otros pensamientos devotos, piensa que tu psique es el templo de Dios, según “vosotros sois templos del Dios vivo” (2Cor 6,16) y debes mantenerla sana, limpia y pura. Pensando en la reverencia del Ángel a la Virgen Madre de Dios, haz estos pensamientos: a) agradece a Dios por aquel mensaje que envió del cielo a la tierra y fue el motivo de nuestra sotiría (sanación, redención y salvación); b) alégrate junto con la siempre Virgen María por la cantidad de sus grandezas, en las que se elevó con su honor excepcional y su profunda humildad; y c) reverencia junto con la Madre feliz y con el Arcángel Gabriel el bebé divino, que inmediatamente fue concebido en su vientre; esto debes repetirlo tres veces al día, por la mañana, por el mediodía y por la noche.

En cambio, el jueves por la noche piensa sobre el sufrimiento de la Zeotocos, por su sudor ensangrentado que corrió de su Hijo amado en el Jardín que oraba, cuando fueron los soldados con Judas y le captaron y sobre la tristeza que tenía su Hijo toda aquella noche; por la mañana del Viernes, piensa los sufrimientos, los dolores y las aflicciones que sufrió por la presentación de su Hijo unigénito al Pilatos y al Herodes, sobre la decisión de la muerte y sobre la elevación de la reliquia de la Cruz; al mediodía hasta el Sábado piensa el dolor de esta dignísima Señora que traspasó en su corazón como de una espada por la crucifixión y la muerte de su unigénito hijo amado, sobre el duro traspaso de la lanza en su santa costilla y sobre su entierro, etcétera. Y en pocas palabras, que estés siempre despierto, vigilante y cuidadoso en gobernar tus sentidos, y en todo acontecimiento que te suceda, alegre o penoso, lucha para que te muevas y vayas no detrás de las cosas terrenales por amor u odio, sino sólo para la voluntad de Dios y estas cosas aceptarlas o evitarlas tanto cuanto quiere el Dios.

Pues, sepas que las maneras anteriores que te he presentado sobre el gobierno de los sentidos, no te las he dado para que te ocupes continuamente con ellas; porque tienes obligación casi siempre tener tu nus concentrado y recogido en tu corazón para que estés junto con tu Señor, el cual quiere que vigiles y venzas a tus enemigos y tus pazos, tanto con la resistencia y refutación, como con las praxis para las virtudes contrarias, como te he dicho al anterior capítulo 13; pero te lo he interpretado para que conozcas a gobernarte a ti mismo, cuando alguna necesidad lo precisa. Porque muchos ascetas antiguos y nuevos, y otros con fantasías similares fueron engañados y perdidos por el diablo, el cual conoce y acostumbra a metamorfosearse, transformarse en ángel de luz para engañar al hombre, como ha dicho Pablo: “Porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” (Cor 11,14).

Sepas también esto que mientras del sentido surge la fantasía, así viceversa de la fantasía surge el sentido o sensación, es decir, que la fantasía se engorda tanto en algunos hombres provoca las mismas energías y tiene los mismos resultados que tiene el sentido. Por eso muchos hipocondríacos y fantasiosos tienen el mismo miedo de sus fantasías como de sus sentidos; incluso se endulzan y sufren y algunos mueren únicamente de estas personas y cosas que fantasean, igual que si estuvieran presentes, sensibles y reales. ¡Así pues, quién no ve el gran mal que es la fantasía y cuánto debemos evitarla!

Capítulo 24: Cómo debemos gobernar nuestra lengua

Es muy necesario para uno gobernar y domar la lengua como es debido. Porque cada uno tiende a dejarla correr y hablar para aquellas cosas que dan deleite a nuestros sentidos; la verborrea o charlatanería, la mayoría de veces proviene del orgullo, por el que nosotros nos imaginamos que conocemos mucho, satisfaciendo nuestra opinión y con muchas repeticiones de nuestros logos presionamos para marcar, imprimir o imponer nuestra opinión al corazón de los demás, para hacer de maestros como si tuvieran necesidad de aprender de nosotros sin que antes los demás nos pregunten.

Los males que nacen de la verborrea o la charlatanería nos es posible describirlos en pocas palabras; la verborrea es madre de la acedia (pereza espiritual); es cuestión de ignorancia e insensatez, puerta de la maledicencia, servidora de las mentiras y del enfriamiento del calor piadoso de la fe; mucha palabrería trae pobreza y fortifica los pazos y de estos después se mueve la lengua con más facilidad en conversación impertinente e indiscreta; Por eso el Apóstol Santiago, queriendo manifestar lo difícil que es no pecar con las palabras, dijo este característico de los hombres perfectos: “Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar y domar entero el sí mismo y todo el cuerpo” (Sant 3,3). Porque cuando la lengua una vez empieza hablar, corre como el caballo salvaje y no sólo no habla de las cosas debidas sino que habla también de las malas. La lengua no tiene huesos pero quebranta huesos, dice el dicho popular. Por eso la lengua se llama por el mismo Apóstol, “llena de mal y de veneno mortal”. Y como dijo Salomón: “De la verborrea o charlatanería no evitarás el pecado” (Prov 10,20). Y en general, “aquel que habla mucho muestra que es insensato y tonto” (Ecl 10,14).

No te metas en conversaciones largas y grandes con aquel que te escucha con mala gana, para no hacerle que te tenga asco, como se ha escrito: “El que habla más de la cuenta es repudiado y detestado” (Sab Sir 7). Evita hablar duro y en voz alta. Porque estas dos maneras son muy odiosas y dan la sospecha de que eres vanidoso y tienes gran idea de ti mismo; no hables nunca de ti mismo y de tus cuestiones o para tus parientes, excepto si es necesario y si es posible con más brevedad y pocas palabras.

Y si te parece que los otros hablan más de la cuenta de sí mismos, tú presiónate a no imitarlos, si sus palabras aparentan como humildes y propias de acusación. En cambio para tu prójimo y las cosas que le conciernen, habla lo mínimo que puedas, cuando y allí que es necesario para su bien. (45) Hablando debes estar atento en el consejo de san Talasio que dice: De las cinco maneras de conversación que escojas las tres. La cuarta que no te acostumbres y de la quinta alejarte” (Filocalía). Las tres maneras son hablar sobre, el sí, el no y lo claro. La cuarta es hablar sobre lo dudoso y la quinta es hablar de lo desconocido.

Para el Dios habla con todo tu ánimo y ganas, sobre todo para su agapi (amor, energía increada) y su bondad. Pero con temor, pensando que te puedes equivocar también en esto. Así que, mejor que ames a estar atento cuando los otros hablan en relación a estas cosas, guardándolas en los interiores de tu corazón. Para las otras cosas que hablan, sólo con el sonido de la voz que moleste tu oído. Pero que tu nus que sea permanentemente fijado o elevado a Dios. Pero aún aunque sea necesario oír aquel que está hablando para entenderle y responderle, también entonces no olvides entre medio elevar o fijar tu nus con algún loyismós hacia el cielo donde habita tu Dios, piensa su altura y que siempre ve tu nimiedad; examina bien aquellas cosas que te vienen en tu corazón antes que pasen por tu lengua para hablarlas y encontrarás muchas cosas que será mejor que no salgan de tu boca; pero sepas aún que incluso aquellas cosas que piensas que son buenas para decirlas, es mucho mejor que las entierres en tu silencio y conocerás bien esto cuando pase aquella conversación.

El silencio es el gran fortalecimiento de la Guerra Invisible y una esperanza segura de victoria; el silencio es muy amado por aquel que no confía de sí mismo, sino que tiene toda su esperanza y confianza sólo a Dios; es vigilante de la oración del corazón o noerá y para el ejercicio de las virtudes es una ayuda admirable; incluso es una señal de la prudencia y uno espera el tiempo adecuado para hablar. (46) Por eso el Abad Isaac (logos 3) dice que el silencio es el mejor cooperante y la mayor obra de la vida monástica. Y también es el misterio del siglo venidero. Y el gran Barnasufio dice que el silencio que es detenido por nuestra voluntad es superior de la misma teología. “Sea firme en tu criterio y en tu logos. Sé pronto para oír y lento en tus respuestas. Si tienes algo sensato, responde a tu prójimo, sino tapa la boca… la lengua del hombre es su ruina y deshonor del hablador. No sea tachado de charlatán, no tiendas lazos con tu lengua…” (Sab Sir 5). (47) El abad Isaac dice que por tres cosas uno guarda silencio; a) por la doxa-gloria de los hombres; b) por el deseo caluroso y celo por la virtud; c) porque tiene conversación secreta en el interior de sí mismo y por esta razón el nus se fija en esta (logos 26). Pero en general, el que no habla muestra que es prudente y sabio.

Para acostumbrarte a callar, piensa muchas veces los perjuicios y los peligros de la charlatanería y los grandes bienes del silencio y estas tres maneras que dije en los tres capítulos anteriores; es decir, que uno se eleve de las cosas sensibles a la zeoría-contemplación de Dios, a la zeoría del Logos encarnado, y al adorno del carácter con virtudes, pueden utilizar aquellos que tienen conocimiento, discernimiento y fuerza del loyismós para rectificar los sentidos. Pero aquellos que no tienen fuerza pues, que eviten y se aparten con toda la fuerza de todas aquellas cosas sensibles que pueden perjudicar sus psiques.

Así pues, tú hermano mío, primero debes vigilar con gran atención los malos y rápidos ladrones que tienes, es decir, tus ojos y no dejarlos estirados viendo con curiosidad los rostros de las mujeres u hombres, sobre todo de jóvenes, o ver el desnudo no sólo de otros cuerpos ni tampoco tu propio cuerpo. Porque de esta curiosidad y miramiento apasionadamente, el corazón capta el placer y el deseo de sexo o lujuria y la pederastia. Como dijo el Señor: “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mt 5,28). Y un sabio dijo: “Por los ojos uno se conduce al eros pasional”. (48) Esto está muy claro también de los ejemplos de la Santa Escritura. Porque los hijos de Dios, es decir, Sic y Enóc, al ver las hijas de los hombres, es decir, de los descendientes de Caín que eran guapas, tomaron ellas como esposas, las corrompieron, deshonraron y de esto siguió aquel diluvio o cataclismo universal (Gen 6). Siquén hijo de Jamor en la ciudad de Síquima, para ver a Dina hija de Jacob, la amó y la deshonró y de esta deshonra se hizo aquella desaparición catastrófica de la Síquema desde los hombres hasta los animales. (Gen 4). Sansón conoció mujeres tanto en Timná, como en Gaza y se acostó con ellas (Jue 14 y 16). Y el rey David vio la Birsabé cuando estaba bañándose, la deseó y cometió adulterio con ella (Re 11). Y aquellos dos jueces ancianos vieron a Susana y la desearon (Sus 9). Y muchísimas más de este tipo.

Por eso Salomón nos pide que no seamos captados por nuestros ojos ni seamos vencidos por el deseo de la belleza, (Prov 6,25).

Aparte de esto, ten cuidado y vigílate de curiosas comidas y bebidas bonitas, recordándote que la primera madre de nuestro género Eva, para ver el fruto del árbol prohibido del Paraíso, primero lo deseó, después lo tomó, a continuación lo comió y así murió (espiritualmente); tampoco ver con agrado las prendas bellas, el oro, la plata y las brillantes glorias del mundo, para que de tus ojos no pase al interior de la psique el pazos de la vanagloria, la avaricia y la codicia. Gira los ojos de mi psique para que no vea y codicie las cosas vanas y provisionales de este mundo” (118,37). Y hablando en general, ten cuidado y vigílate en no ver bailes, juegos, banquetes, berreas, peleas y todas las demás cosas caóticas e indecentes, las que ama el mundo insensato y estúpido y que la ley de Dios ha prohibido; sino que las evites y cierres los ojos a estas cosas para que no se colme tu corazón y tu fantasía de imágenes feas y pazos, y despiertes tormento y nueva guerra contra ti mismo, dejando la lucha que tienes contra tus antiguos pazos. Ama ver las Iglesias, los santos iconos, los libros sagrados, los cementerios, las tumbas y todas las demás cosas que son modestas y santas, de las cuales la contemplación te beneficia.

1) Debes proteger tus oídos. En principio no debes escuchar logos eróticos e indecentes, canciones e instrumentos musicales, por los que se endulza la psique y el corazón se enciende de deseo, codicia carnal. Porque está escrito: “Aleja de mí los logos vergonzosos e indecentes” (Prov 27,11).

2) En segundo lugar, no debes escuchar bromas y palabras jocosas, las cuales de hecho son fantasmadas y todo tipo de mentiras del mundo, saboreándolas y endulzándote de estos. Porque no es correcto para un cristiano escuchar con agrado estas cosas, esto es de los humanos corruptos e indecentes, por los que en relación a esto Pablo ha dicho: “Cerrarán sus oídos a la verdad y girarán hacia los cuentos y las fábulas” (2Tim 4,4).

3) No escuches con agrado las críticas malignas y las verborreas que los demás hacen contra el prójimo. Sino que las impidas, si puedes o no te quedes a escucharlas. Porque san Basilio el Magno considera digno de excomunión tanto aquellos que charlatanean, como también aquellos que se sientan para escuchar las calumnias y no los controla.

4) Ten cuidado y protégete de no endulzarte escuchando palabras vanas, indecentes e inútiles, de las que se ocupa la mayoría de la gente; porque está escrito: “No escucharás logos vanidosos” (Ex 23,1). Y Salomón dijo: “logos vano expúlsalo lejos” (Prov 30,8). Y el Señor dijo: “Mas yo os digo que de todo logos ocioso que hablen los hombres, de ello darán cuenta en el día del juicio” (Mt 12,36).

Y en brevedad, protégete de no escuchar todos aquellos logos y habladurías que pueden perjudicar tu psique; estos logos principalmente son adulaciones de aduladores y halagos, que en relación Isaías dijo: “Pueblo mío, los que os halagan, os engañan” (3,11). Ama escuchar logos divinos, melodías y psalmodías sagradas, y todo lo que es divino, sabio y útil en la psique; y sobre todo ama a escuchar las deshonras y los insultos que te hacen los demás.

5) Vigila el olfato de los perfumes y las fragancias que no debes ponértelas encima de ti, ni untar, ni oler excesivamente. Porque todo esto es característica de las mujeres indecentes, y empujan a los pazos lujuriosos y codicias y hacen venir en aquellos que los utilizan, aquellas maldiciones proféticas que dicen: “Y ved lo que sucederá: en lugar de perfume habrá podredumbre; en lugar de cinturón, una cuerda; en lugar de peinados, calvicie; en lugar de vestidos lujosos habrá un saco; en lugar de belleza, la marca de la infamia” (Is 3,24). “Ay de los que se ungen con el perfume más fino” (Am 6,6).

6) Protege y vigila el sabor y tu vientre, para que no sea sometida en comidas variadas, grasas y sabrosas, y de bebidas perfumadas. Porque estas comidas y banquetes antes de lograrlos te pueden hacer caer en robos, mentiras, adulaciones y miles de cosas que sirven a los pazos y los males; pero cuando los consigas, te abatirán y te arrastrarán en caminos torcidos de los placeres carnales del hedonismo, de los deseos y las codicias bestiales, las que se realizan debajo del vientre; y traerán contra ti todas aquellas maldiciones proféticas de Amós: “Ay de los que duermen sobre lechos de marfil, se recuestan sobre divanes, comen corderos del rebaño y terneros lechales del establo…” (6,4).

7) Debes protegerte y tener cuidado en no tocar con la mano cuerpo ajeno, sobre todo de joven, tampoco los puntos ocultos de tu cuerpo, sin haber necesidad. Porque, el sentido del tacto es tan poco elegante, tan sensible, sensacional y vivo, que incita los pazos de la carne y arrastra al hombre hasta la misma praxis del pecado. Y todos los demás sentidos sirven al tacto, y de una manera desde lo lejano trabajan el pecado. Pero cuando uno llega al tacto, es decir, llega a tocar, difícilmente ya puede detenerse y no cometer el pecado.

En el sentido del tacto se refiere también el adorno a la cabeza, al cuerpo y a los pies. Por lo tanto, ten cuidado no adornes tu cuerpo con variopintas prendas o adornos caros para la cabeza, porque estas cosas son para las mujeres y no valen para los hombres; Sólo vístete humilde y decentemente lo que es necesario para el frío del invierno y el calor del verano, para el mantenimiento del cuerpo, para que no oigas aquello que escuchó el rico que se vistió con ropa real y lujosa: “acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida” (Lc 16,25). Y venga encima de ti la maldición que dice Ezequiel: “se quitarán sus mantos, y se desnudarán de sus ropas bordadas” (26,16).

En el tacto se refieren incluso más comodidades del cuerpo, como son el continuo arreglo del cabello y de la barba, las casas lujosas, las camas y sofás blandos, caros y lujosos. De todos estos debes estar protegiéndote como perjudiciales para la prudencia y responsables de la lujuria y los demás pazos carnales, para que no heredes aquel ay de Amós, que dice: “Ay de aquellos que duermen en camas de marfil, y reposan sobre sus lechos” (6,4).

Estas cosas que te he dicho ahora, son la tierra que fue condenada a comer la serpiente conceptual, el diablo. Estas son la materia y el alimento que se alimentan todos los pazos de la carne. Así pues, si tú pensando que son pequeñas no las desprecias, y si luches valientemente y no les dejas que a través de los sentidos entren en la psique y al corazón, te informo que de verdad fácilmente con la atrofia harás desaparecer el diablo y en poco tiempo serás un excelente ganador en esta Guerra Invisible.

Porque está escrito por Job que es a la vez “león y hormiga” (el diablo) desapareció y se perdió al no tener comida para alimentarse” (4,11). (50) El monje Iobio dice que el diablo se llama a la vez “león y hormiga” porque primero lanza y derrumba al hombre en pecados pequeños y después en los grandes; al principio aparece y se ve como débil y pequeño como hormiga, pero después aparece y se ve agrandado como un león.

 

 

Capítulo 25: Cómo debemos corregir nuestra la fantasía y nuestro recuerdo

Ya que hemos hablado sobre la corrección de nuestros sentidos, es normal que lo siguiente que vamos a decir aquí es cómo debemos corregir nuestra fantasía y nuestro recuerdo; porque, también según la opinión casi de todos los filósofos, la fantasía y el recuerdo, no es otra cosa que una estampa o huella de todas aquellas cosas sensibles que hemos visto, oído, olido, saboreado y tocado. Y por decirlo brevemente, fantasía y recuerdo, son un sentido común interior, el que imagina y recuerda claramente todas las cosas que nuestros cinco sentidos externos les ha dado tiempo percibir y presentir. Y de una manera el sentido y las cosas sensibles, se asimilan con el sello, en cambio la fantasía con la estampa y huella del sello. La fantasía es más fina que la sensación de los sentidos y más gruesa que el nus (espíritu humano).

Esta fantasía y recuerdo nos fue dada después de la caída, cuando nuestros sentidos externos están quietos y cuando adelante nuestro no tenemos presentes aquellas cosas sensibles que han pasado de los sentidos y se han imprimido en ella. Porque es imposible tener siempre presentes todas las cosas que hemos conocido, escuchado, olido, saboreado y tocado; por eso con nuestra fantasía y recuerdo que las tiene grabadas las traemos ante nosotros, y así hablamos y pensamos sobre estas como si las tuviéramos presentes.

Por ejemplo, si tú fuiste una vez en la ciudad de Smirna, y después saliste de allí y ya no ves con el sentido externo de los ojos, sino con el sentido interior, es decir, con la fantasía y el recuerdo, cuando quieras, traes la ciudad Smirna ante tuyo y la ves como si estuviera presente, con la misma forma, tamaño, espacio y ubicación que tiene; no como si te hubieras ido y ves a Smirna. Pero ves la imagen de Smirna, la que la fantasía y el recuerdo tienen grabada en tu interior. Esta es la fantasía de las cosas sensibles, que nos molesta también cuando dormimos con variopintos sueños de los que, cuidado, no debes creer nunca.

Otro ejemplo, que es del libro sobre la vigilancia de la fantasía es el siguiente. Cuando tú escuchas Marta, Sofía; estas son dos simples voces, las que nada más que suenen al oído son escuchadas; pero la fantasía no se agrada sólo con oír las voces, sino que inmediatamente forma las imágenes de Marte y Sofía, y a partir de aquí provoca más perturbación y el pazos-pasión del hedonismo en la psique. Así cuando escuchas realeza increada (energía y luz increada) o infierno (energía y luz demoníaca, infernal), que las has visto, entonces padeces y te esfuerzas con tu fantasía despertarlas e imaginarlas* (Ver añadido al final de este capítulo).

Pero como hemos dicho, que esta fantasía es una estampa (o grabado) insensata y gruesa de los cinco sentidos e imagina las cosas sensibles con su color, tamaño y forma, debes conocer que:

1) El Dios como está fuera de todos los sentidos, de las cosas sensibles y fuera de toda forma, color, espacio y lugar, totalmente sin forma, existe en todas partes y está por encima de todo, así también está fuera de toda fantasía. Y a continuación, sepas que la fantasía es una fuerza de la psique que no tiene la capacidad y destreza de unirse con el Dios, a causa de estos defectos suyos. (Ver también Filocalía que dice que ninguna fantasía tiene lugar en el caso de Dios. Porque el Dios en general es superior y por encima de todo concepto).

2) Conozca también que el eosforos (Lucifer), el primero de los Ángeles antes de su caída, era realmente superior de la fantasía insensata y más allá de toda forma, color, y sentido; era como nus (espíritu) lógico inmaterial, sin forma, incorpóreo, sin pazos y unitario, después amó la fantasía y las formas, e imaginó y formó con su nus poner su trono por encima del cielo y convertirse similar o igual a Dios; entonces de aquel estado de su nus que estaba sin forma, sin pazos y unitario, cayó bajo esta fantasía gruesa, múltiple, multiforme y variada, como opinan muchos teólogos; y así de ángel se endemonió, oscureció y se hizo diablo, material, de una manera multiforme y pasional, lleno de pazos. (51). San Gregorio el Sinaíta dice para los demonios: “realmente estos entes espirituales, cuando han caído de la inmaterialidad y de aquella finura, cada uno adquirió algo de espesor material, teniendo cuerpo que se ha hecho análogo con la clase y la energía por el hábito de los pazos. Y por la costumbre a los pazos, los demonios se han convertido algo materiales”. Por eso el diablo se llama por los Padres también pintor que imita todo y serpiente multiforme y come de la tierra de los pazos, fantasiasta, “mascarás con sus múltiples máscaras, caretas” y otros nombre similares. Por el mismo Dios se asimila y se le denomina como dragón con cuerpo, cola, nervios, costillas, columna, nariz, labios, piel, carne y todos los demás miembros similares. Y mira también los capítulos 40 y 41 de Job. De todo esto, hermano mío, aprende que la fantasía con distintas formas, al ser un descubrimiento y fruto del diablo, por eso le es muy deseada y apetitosa. Porque según los Santos, ella es el puente a través del cual pasando los asesinos demonios se unen con la psique y así la convierten en hogar de indecentes, malignos y blasfemos loyismí y hogar de todos los sucios pazos psíquicos y corporales o carnales. (52) Ver el capítulo 64 de Cálistos e Ignacio los Xanzópuli, en la Filocalía.

3) Conozca también, según san Máximo el Confesor, que el primer hombre en ser creado, Adán, fue creado por el Dios sin la fantasía. Porque el nus de aquel siendo realmente nus único, lúcido y puro, no se imprimía, ni se formaba de los sentidos y de los distintos tipos y formas de las cosas sensibles. Pero sin utilizar la fuerza inferior de la fantasía e imaginar figuras, colores, tipos y espacios, es decir, con la fuerza superior de su psique que es la diania (dianús, mente, intelecto o cerebro) observaba lúcida, espiritual e inmaterialmente sólo los logos (conceptos, razones) finos y desnudos de los seres o entes. (53) En este caso también el nuevo Adán, nuestro Señor Jesús Cristo, aunque tenía la filosofía y la gnosis natural de los seres o existencias (ver en relación capítulo 42), sin embargo no tenía este nus pasional, es decir, la fantasía de las cosas sensibles, sino que tenía nus en energía, activo y sin pazos, este nus que capta inmediatamente los logos, conceptos de las existencias, según la opinión de los teólogos. Así que el teólogo Georgio Koresios en una de sus dudas y soluciones en relación con la economía encarnada, dijo lo siguiente: “…el nus de Cristo no dependía de la fantasía, cosa que es impedimento para la transmisión de las cosas conceptuales de los logos intangibles o inmateriales, no estaba impedido de nada, ni cuando dormía, como ocurre con el nus de los hombres, es decir, como ocurre con los hombres por las fantasías de los sueños o de cualquier otra causa …” En demostración de esto coincide también aquello que dice san Teofilacto de Bulgaria que el Señor no imaginaba el reinado del mundo que le presentaba el enemigo, (interpretación del capítulo 4 de Luca).

Pero el homicida del hombre, el diablo, como él cayó por la fantasía, así hizo a Adán también lo mismo, formar en su nus la igualdad con Dios y así por esta fantasía suya caer de aquella vida espiritual que era similar a un ángel, unificada, intangible y lógica, y ser derrumbado, el desgraciado, a esta fantasía sensible, múltiple y multiforme y en estado de los animales salvajes e insensatos. Porque la fantasía es principalmente atributo de los animales insensatos y no de los lógicos.

El hombre una vez caído en este estado, ¿quién puede decir en cuántos pazos, en cuántos males y en cuántos engaños fue precipitado a través de la fantasía? Se ha llenado la filosofía ética o moral de distintos engaños. Se han llenado la ciencia o filosofía física de muchas falsas alabanzas y la teología de muchos dogmas falsos y repugnantes. Porque muchos, grandes y más nuevos, quisieron opinar y hablar en relación a Dios y sus misterios relativos, intangibles, simples, inimaginables y sin forma, donde energiza la superior de todas las fuerzas de la psique que es el nus; pero hablaron antes de limpiar y sanar sus nus de las malignas y pasionales formas e imágenes de las fantasías de las cosas sensibles y en vez de la verdad encontraron la mentira. Y el mayor mal es que abrazaron esta mentira y la detienen como si fuera una verdad y una realidad, y en vez de teólogos, aparecieron como fantasiólogos, puesto que se entregaron en nus sin experiencia, no probado, ni instruido, según el Apóstol.

Entonces, tú hermano mío, si quieres liberarte fácilmente de estos engaños y los pazos, si deseas salvarte de las distintas trampas y artificios del diablo y si deseas unirte con el Dios y conseguir la divina iluminación y la verdad, pues, lucha con todas tus fuerzas a desnudar tu nus de formas, tipos, colores y espacios y en general de cada fantasía y recuerdo de las cosas sensibles, tanto buenas como malas.

Porque todas estas cosas son como contaminaciones, barros y oscuridades que manchan la limpieza, la lucidez y bien estar del nus y engordan la inmaterialidad o intangibilidad. Y casi, ningún pazos psíquico o somático (carnal) puede acercarse al nus sino sólo a través de esta fantasía de las cosas sensibles. (56) Porque si por casualidad uno es deslumbrado por los ojos y ve con pasión algún rostro guapo, si lucha y no imprime en su fantasía la imagen de aquel rostro, hundiendo su nus en el corazón con la monologa oración, se salva de la combinación hedónica, placentera de los loyismí, se salva de la lucha y de la combinación y por último se salva de la ejecución del pecado. Por eso también san Gregorio el Teólogo dijo lo siguiente: “Me ha deslumbrado la serpiente, pero no me ha captado. No he montado el ídolo del pecado. La experiencia es ídolo y evitamos la ejecución. Estos son los estadios del engaño del pecado”. Pero si uno deja que se imprima en su fantasía la imagen y el recuerdo de aquel rostro, fácilmente puede caer en mayores grados del pecado hasta llegar a la ejecución de este. Así que cada cosa queda en la fantasía.

Lucha pues, en mantener tu nus sin colores, sin formas, lúcido y limpio, tal como le ha creado el Dios.

Esto por supuesto que no se puede hacer de otra manera, sino sólo si retornas y recojas la energía de tu nus dentro en el lugar estrecho de tu corazón y en todo tu hombre interior; y allí dentro acostumbrarle a estar con tu logos o voz interior del corazón orando algunas veces con luto y quebranto, diciendo: «Señor-Kirie Jesús Cristo, eleisón me, o compadécete de mí, ayúdame, sáname, ten misericordia, etc, Κύριε Ἰησοῦ Χριστὲ Υἱὲ τοῦ Θεοῦ, ἐλέησόν με»; y estar atento sólo en las palabras de la oración (como te digo en el capítulo 26), unas veces observándote a ti mismo, más bien a través de ti mismo entendiendo a Dios y reposando. (57) Por eso dice san Basilio el Grande que cuando el nus no se dispersa en las cosas externas, ni se extiende en el mundo de los sentidos, entonces retorna a sí mismo y dentro de sí mismo sube al concepto de Dios, (1 epístola).

Esta zeoría-contemplación y estudio se llama circular e inequívoca (o cíclica y segura, inconfundible).

58). Porque tres son los movimientos de la psique, según san Dionisio el Areopagita; a) el circular, que se hace cuando la psique retorna de las muchas y externas cosas, primero se recoge en sí mismo, después se une con las fuerzas unificadas y angelicales y así se une con el sin principio ni fin bien, es decir, con Dios; b) el movimiento espiral, que se hace cuando la psique se mueve y toma los conocimientos divinos, pero no totalmente espiritual, unificada e intransitivamente, sino con transición y con el pensamiento de un concepto llevado a otro, con operaciones de una manera mezcladas con el movimiento circular y el recto; c) el movimiento recto es cuando la psique sale en la contemplación de las cosas sensibles que están alrededor de ella, y de las externas y sensibles como también de las distintas y muchas imágenes transciende a las simples y unificadas zeorías o contemplaciones, (Sobre divinos nombres, capítulo 4). El movimiento primero, principal y superior de la psique se llama circular; porque igual que los dos bordes de una barrilla cuando se unen, se hace corona y círculo, así también la energía y potencia conceptual, espiritual y gnóstica o cognitiva de la psique; según el Evangelio y los santos y sabios Padres nípticos de la Filocalía, en el cerebro como un órgano corporal o físico se encuentra mayoritariamente esta energía, y cuando se une con el purísimo espíritu vivificador (nus) y con la esencia noerá o espiritual de la psique que se encuentra en el centro del corazón, como un órgano corporal, este movimiento se llama circular; y de la unión y retorno de estos dos se hace un círculo y con este círculo se une el nus con la divina jaris (gracia, energía increada), la que se encuentra en el medio del corazón.

Igual que la serpiente cuando quiere quitar su piel vieja pasa por un lugar estrecho, como dicen los fisiólogos, así también el nus pasa por el lugar estrecho del interior del corazón y de la Oración Noerá (o monologa del Corazón o de Jesús) que se encuentra dentro de ella, se filtra y quita la prenda de la fantasía de las cosas sensibles y de las malas supersticiones y se hace lúcido, limpio y adecuado para la unión con el Dios para la semejanza que toma con él. Otro ejemplo, es como el agua, cuando más estrecho pasa por los tubos tanto más se afina y sube en altura; lo mismo también el nus, cuanto más se ocupa del estudio exacto del corazón y de su propia zeoría-contemplación, tanto más se afina y se hace más fuerte y más alto de todo pazos y ataque de los loyismí, de todas formas y tipos, no sólo de las cosas sensibles sino también de las intelectuales, al quedarse todas estas fuera, porque allí dentro no pueden entrar. (59) En este caso me refiero a un ejemplo mejor; igual que los rayos del sol, cuando más se alejan del centro y del centro de un vidrio que enciende la yesca, tanto más débiles, más oscuras y menos densas se hacen, y cuando se recogen al centro se hacen más potentes, densas y luminosas, de la misma manera también el nus y las fuerzas y energías cognitivas de la psique se hacen más luminosas y potentes. Si alguna vez tu nus va en cosas externas que estás viendo y en las fantasías del mundo, otra vez retorna en la cámara del corazón hasta que se acostumbre y se habitúe.

Amigo mío, este es el método primero y principal, por el que uno siempre debe tener como obra y tarea para reparar la fantasía y el recuerdo; y una tarea continua para subsanar y hacer desaparecer de raíz las malas supersticiones de la fantasía y de los ídolos. Este método que es tan fructífero y beneficioso, tanto más agotador es; y cuanto más agotador es tanto más difícil emprenderlo, por no decir difícil de creer, junto con los muchos y sobre todo de nuestros filósofos de este siglo, los cuales no quieren creer en la enseñanza del Espíritu Santo y de tantos y tantos Padres portadores de la divina luz increada; y que este método la enseñan en el libro de la Filocalía; este libro es más valioso que cualquier piedra preciosa; así que ellos se privan de los frutos del Espíritu Santo, de los cuales disfrutan los analfabetos e ignorantes: “En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños” (Lc 10,21). Porque los que no creen en este trabajo espiritual del nus (espíritu y corazón psicosomático del hombre), tampoco pueden entender el beneficio que proviene de esta tarea, según: “Si no vais a creer, no entenderéis” (Is 7,9).

Cuando ves que tu nus se cansa y no puede ya permanecer en el corazón y en la oración que se está haciendo en su interior, entonces utiliza el segundo método o plan B´, es decir, déjale que vaya saliendo fuera y se ocupe de los estudios, las observaciones y los conceptos de las cosas divinas y espirituales, tanto las que están contenidas en la Divinas Escrituras, como las que están en las creaciones, especialmente en las conceptuales, las cuales se llaman popularmente metafísicas y abstractas de la materia. Porque estos conceptos y pensamientos parientes con el nus, tienen la finura y la cualidad de inmateriales o intangibles y no le dejan engordarse, sino que le hacen retornar con facilidad al lugar del corazón y unirse otra vez con la memoria espiritual de Dios. Por eso dice san Máximo: “Sólo la praxis no puede hacer al nus sin pazos (impasible), si no le suceden o no es seguido de muchas y distintas zeorías-contemplaciones”. Pero atención, ten cuidado en no ocuparte y recrearte con la razón y los conceptos de los cuerpos materiales y animales, es decir, de las llamadas cosas físicas, cuando aún tienes pazos o pasiones. Porque tu nus no siendo realmente liberado de las maliciosas fantasías de las cosas sensibles, antes de penetrar dentro en los loyismí (pensamientos, conceptos) espirituales e intangibles que se encuentran en los cuerpos y en los animales, entonces es captado sólo de la forma exterior y la superficie de ellos; y así contento con esto adquiere falsas opiniones, alabanzas y pazos (pasiones, emociones), en vez de encontrar verdad y apacia (serenidad, quietud e impasibilidad), como les ha ocurrido tantos y tantos filósofos que se llaman físicos o naturales, como dice san Máximo el Confesor.

Utiliza también este plan C´ o tercer método para el reposo y alivio de tu nus; es decir, imagínate los misterios de la vida y el pazos-padecimiento del Señor; pues, su Nacimiento en la cueva, la Presentación al Templo, su Bautismo en el río Jordán, el ayuno de Cuarenta días en el desierto, el kerigma de su Evangelio, los milagros que hizo, su Metamorfosis en el monte Tabor, el lavado a los pies de sus discípulos, la traición, y los pazos; su Cruz y su Epitafio; su Resurrección y su Ascensión; y todo tipo de tormentos y castigos de los Mártires y los largos ejercicios de los Santos.

Lo mismo puedes hacer aún para la contrición, o el quebrantamiento duro de tu corazón y la metania, estar imaginándote el misterio y la terrible hora de tu muerte, el terrible día del Juicio y los distintos tipos de los infiernos eternos, es decir, los fuegos y energías del infierno, los oscurantismos de las cárceles y tumbas; los gusanos que beben la sangre y la compañía con los demonios; imagínate también el deleite de la inenarrable alegría y aquella realeza increada celeste de los justos con la eterna doxa (gloria, luz increada), felicidad y bienaventuranza; aquel sonido que festejan la unión con el Dios, con el conocimiento, la relación y la convivencia eterna de todos los santos. (60) Hermano mío, si con estos divinos conceptos y con los estudios pintaras el mapa de la fantasía, no sólo te salvarás de los recuerdos malignos, viles y de los malos loyismí, sino que serás elogiado con franqueza en aquel día del Juicio. Porque dice san Basilio en su logos sobre castidad, que cada hombre que se encuentra en su cuerpo, se parece a un pintor que pinta una imagen o carácter en un lugar oculto. Tal y como el pintor aquel, cuando saca fuera al teatro aquella imagen suya, si ha pintado rostros o caracteres de santos u otras cosas bellas y dignas de ver, por un lado es elogiado por los espectadores, y por otro lado, es recriminado, si ha pintado cosas indignas, indecentes y odiosas; de esta manera cada ser humano cuando después de la muerte se encuentre en el Juicio de Dios, será elogiado y bienaventurado por Dios, los Ángeles y los Santos, si ha adornado su nus y su fantasía con conceptos divinos, brillantes y espirituales. Y por otro lado, será avergonzado y condenado, si ha llenado su fantasía con pazos, con ídolos e imágenes indecentes e indignas. Y san Gregorio Palamás de Tesalónica, admira cómo de las cosas sensibles se forma en la psique con la fantasía luz conceptual o espiritual el que proporciona la vida eterna u oscuridad infernal (Filocalía).

Pero sepas que, no te digo que te ocupes siempre con estas cosas, sino que las utilices sólo de vez en cuando y algunas veces, hasta que tu nus descanse y otra vez retorne al corazón y allí trabaje lo inimaginable y sin forma a través de la memoria cardíaca de Dios. Igual que los animales que llevan el caparazón como su casa, como los caracoles, las tortugas y las ostras, no reposan en ninguna otra parte sino dentro en su casa o caparazón que están vestidos; así también el nus, de forma natural, no reposa con otra cosa tanto que cuando se encuentra dentro en su cuerpo que viste, es decir, dentro en la cámara del corazón y en el hombre interior, y como en una tronera combate contra los loyismí, los enemigos y los pazos que allí están escondidos; aunque la mayoría de los seres humanos esto no lo conocen. (61) Mas, el que los pazos y los loyismí se encuentren escondidos en el corazón y de allí salen y nos guerrean y atacan, lo testifica el Señor diciendo: “Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre” (Mt 15,18-19). Pero los enemigos demonios se esconden y se encuentran alrededor del corazón, pero en energía y no en esencia, como dice san Gregorio Palamás (Domingo 4º del Cuaresma). Y esto lo testifica también san Diádoco en la Filocalía tomo 1º c.76, diciendo que antes del Santo Bautismo, la divina jaris (gracia, energía increada) mueve al hombre hacia el bien desde el interior, en cambio el Satanás está acechando en las profundidades de la psique y del corazón, pero una vez bautizado el hombre el demonio se va fuera del corazón en cambio la jaris entra y permanece adentro. Sin embargo, también después del Bautismo se concede que puedan estar en la superficie exterior del corazón para prueba del libre albedrío o independencia y de allí estimulan, irritan al nus con el flujo de los placeres (hedonismo) carnales, según el mismo santo en el capítulo 82.

Por eso dicen los santos Padres que los demonios no les gusta que los hombres conozcan que se encuentran en el interior de ellos, para que no sean expulsados de allí y los combaten a través del nombre de Jesús Cristo, el cual se dice dentro en el corazón, como dijimos antes. Esto también lo testifica san Gregorio el Teólogo.

Sobre todo para luchar y protegerte bien, te digo que no dejes tu fantasía y tu recuerdo a recordarse de todas aquellas cosas que has visto, oído, saboreado, olido y tocado y sobre todo cosas indecentes y malas. Porque se ha demostrado por las pruebas y la experiencia que es más grande la guerra que uno hace para liberarse de la fantasía y del recuerdo que del mismo sentido. Porque, el que uno vea -supuestamente lo digo- o no vea, un rostro con pasión, no tiene tanta guerra, pero cuando lo ve y lo trata ya no es fácil quitar de su fantasía y recuerdo este rostro, sino que hace falta lucha y guerra para quitarlo de su fantasía.

Y muchas veces, con sólo una ojeada pasional y curiosa a un rostro guapo, nos imprime en la fantasía tan profundamente el recuerdo, que luchamos cuarenta o cincuenta años, incluso hasta nuestra vejez, para eliminar aquel recuerdo y fantasía. Y es digno de risa que aquel rostro envejece y se pone feo o muere y se convierte tierra; y muchas veces nosotros mismos en la tumba tocamos con nuestras manos sus huesos, pero nuestra fantasía mantiene tan estricta y fuerte la imagen, que siempre uno lo cree este rostro como joven y vivo. Y así la fantasía como insensata y ciega que es, con esto nos hace pecar al corazón como si fuera verdadero, tanto cuando estamos despiertos como cuando dormimos. (62) Ves que te he traído ejemplo de la fantasía que nace de la vista. Tienes que conocer que no hay otro sentido que nos ataque tanto como la vista. Y como ella es las más soberana, fina y limpia de todos los demás sentidos y es también pariente del nus sobre su brillantez y lo intangible, como dicen los teólogos, así también las fantasías que nacen de ella difícilmente se borran. De forma segundaria las fantasías nos atacan menos de aquellos logos indecentes y malignos que hemos escuchado; por eso, según san Gregorio Palamás, tienes que conocer que cuando actúan los demás sentidos, los ojos no se agradan, ni se alegran, si ellos no ven aquello que los demás sentidos sienten, así también la fantasía no se agrada ni se alegra, si por casualidad no hace visibles todas las cosas que escucha, saborea, huele y toca, según san Gregorio Palamás en la Filocalía.

Aún te recuerdo que te protejas y te cuides bien y no creas, ni aceptes como verdadero, si ves algo cuando estás despierto o dormido, cualquier figura dentro o fuera de tu corazón, como luz o fuego o una especie de ángel o algo parecido, lo que sea esto.

 

*Añadido por el traductor xX jJ: *(Así cuando escuchas realeza increada (energía y luz increada) o infierno (energía y luz demoníaca, infernal), que las has visto, entonces padeces y te esfuerzas con tu fantasía despertarlas e imaginarlas. Esta frase de san Nicodemo el Aghiorita, en el año 1999, fue clave para mí. Entonces por la jaris de Dios me había dado cuenta que la fantasía mía hacía estragos en mí, llevándome al borde del precipicio, creándome graves problemas y trastornos psíquicos, emocionales y espirituales; y buscando la solución en los Santos Padres, cambiando la percepción sobre realeza increada e infierno, no son lugares, sino que βασιλεία (vasilía) realeza de Dios/de los cielos como energía increada divina o paraíso, un estado interior participando de la energía increada jaris y la luz increada Doxa-gloria, e infierno energía demoníaca producida por el demonio o por mi egoísmo, egocentrismo, orgullo o soberbia, egolatría etc, desde entonces mi vida ha dado un giro de 360 grados para bien. Además, que lo he compartido con muchos creyentes hispanohablantes ortodoxos y algunos que han hecho el cambio de reino a realeza increada han progresado y mejorado mucho espiritualmente; puesto que la palabra reino no está en ninguno de los textos del Nuevo Testamento, ni en los Santos Padres; además, cuando uno dice reino inmediatamente la mente con su fantasía va a un lugar o estado creado. Por favor, hermanos, intentad incorporar el término realeza increada en vuestro vocabulario y percepción en vez de reino y veréis que cambio más bello tendréis, recibiréis jaris!!!)

Capítulo 26: El soldado de Cristo debe evitar con toda su fuerza las perturbaciones y molestias, si quiere luchar bien contra sus enemigos

Así como cada cristiano, cuando pierde la paz de su corazón tiene una inevitable obligación hacer lo que sea y pueda para volver adquirirla y de nuevo debe conocer que ningún acontecimiento que ocurre en el mundo, si le sucede a él, no es correcto ni sensato que le prive y perturbe esta paz similar. Efectivamente, debemos entristecernos por nuestros pecados, pero con un dolor y sufrimiento pacífico de la manera que antes os he mostrado en muchos puntos; así, sin molestias al corazón y la disposición con la agapi (amor desinteresado) piadosa del corazón, compadecer cualquier otro pecador y llorar menos interiormente; es decir, que tengamos luto y pena por sus pecados. Para las otras cosas que suceden y nos vienen que son duras, gordas y torturadoras, como son enfermedades, heridas, muertes de parientes, guerras, epidemias de hambre, incendios y otros males similares, aunque los hombres mundanos la mayoría de las veces las rechazan como molestias de la naturaleza, a pesar de esto, podemos con la jaris (gracia, energía increada) de Dios, no sólo sufrirlas y aguantarlas, sino también quererlas y amarlas como castigo justo a los injustos ilegales y como motivos de virtudes para los buenos. Porque este propósito tenemos como objetivo, además esto gusta también a nuestro Señor y Dios, pues, que los envíe; nosotros siguiendo Su voluntad pasaremos con corazón sereno, en paz y reposando de todos los tormentos, sufrimientos y dolores de la vida actual. Y estate seguro que cualquier molestia y perturbación de nuestro corazón, no gusta a los ojos divinos; porque cualquiera que sea esta, no está acompañada de la perfección y siempre proviene de alguna raíz mala de la filaftía (egolatría, excesivo amor de sí mismo y al cuerpo).

Por eso debes tener siempre despierta una parte de tu observación, que inmediatamente que vea algo que te pueda molestar y alborotar, te haga un guiño para que entiendas sobre qué se trata; y que tomes las armas gobernándote, pensando que todos aquellos males y muchos similares, aunque externas, parecen por el sentido como males y perjudiciales, pero en realidad no son males reales, ni pueden quitarnos los bienes espirituales y que todo lo manda y concede el Dios, para los propósitos buenos que antes hemos dicho; y también son para nuestro interés y beneficio y por otras cosas y razones que no son conocidas en nosotros, que sin duda son muy justas y divinas. Y si en cada acontecimiento triste que te suceda, tu corazón permanece así pacífico y reposado puedes tener mucho beneficio; pero si te perturbas, sepas que todo ejercicio que hagas no te proporciona ningún beneficio o muy poco.

Además te digo también esto, cuando el corazón es molestado, agitado y perturbado, está siempre bajo diversos golpes y guerras de los enemigos, y lo más importante, cuando estamos agitados no podemos ver bien y discernir el camino recto y la trayectoria segura de la virtud; nuestro enemigo, pues, el diablo, odia mucho esta paz interior, porque es un lugar donde habita el espíritu o la energía increada de Dios para operar grandes cosas, y muchas veces viene como amigo y prueba llevársela, utilizando varios deseos, los cuales nos parecen que son buenos; pero cuán falsos y engañosos son estos deseos, entre otras cosas de esto también lo puedes conocer; es decir, porque nos roban la paz y serenidad del corazón. 63) Por eso el Abad Isaac a menudo llama la confusión vehículo del diablo, sobre el cual él está sentado y se introduce en la pobre psique y la hunde. Y san Pedro el Damasceno dice: Ninguna maldad es tan fácil para el pecado como la confusión” (Filocalía).

Por eso, si quieres impedir este daño grande, cuando el observador, es decir, el nus con su atención te avisa que un nuevo deseo de algo bueno pide entrar en tu interior, no lo abras la entrada de tu corazón, si antes no te has liberado de cada voluntad tuya y la presentes a Dios, confesando tu ceguera y tu ignorancia, rogándole ardientemente que te ilumine con su luz increada para que veas si este deseo proviene del litigante enemigo; por eso, corre a tu quía espiritual y déjalo, a medida que puedas, en el juicio de aquel. Pero, aunque el deseo aquel es de Dios, antes de ejecutarlo, debes hacerte humilde y matar tu gran presteza, gana y ardor que tienes para esto; porque esta obra de la que precede tu propia humildad, gusta mucho más a Dios que en vez de hacerse con el deseo de la naturaleza; sobre todo, algunas veces gusta mucho más aquella humildad tuya que la misma obra. Y de esta manera, si primero tranquilizas también tus movimientos naturales, una vez hayas eliminado de ti mismo los deseos que no son buenos y no haciéndolos buenos, contendrás la paz y la seguridad en tu corazón.

Aún, en cada cosa que hagas para salvaguardar la paz en tu corazón debes controlarla y protegerla de algunos interiores remordimientos de conciencia, los cuales algunas veces son del diablo, a pesar de que parezcan que sean de Dios, por acusarte de algún error; de dónde vienen semejantes controles y remordimientos, los reconocerás por sus resultados. Porque, si te humillan y te hacen diligente en trabajar y no te quitan la confianza y la esperanza que tienes a Dios, debes aceptarlos como si fueran de Dios y agradecerle; pero si te confunden, te perturban y te hacen pusilánime, desconfiado, negligente y perezoso para el ejercicio espiritual y el bien, estate seguro que provienen del enemigo; y no les des importancia, sino sigue tu camino y tu ejercicio. Porque, además de todo que te dije, nacen en común en nuestro corazón hostigamientos, molestias y confusiones por incidentes de cosas opuestas que nos acompañan en este mundo.

Pero tú, para que seas protegido de todos estos golpes de la confusión, puedes hacer dos cosas; una es pensar en qué son opuestos estos incidentes, ¿en el espíritu o en la psique o en la egolatría, en el amor excesivo de nosotros mismos o de nuestros deseos? Porque, si son opuestos a tus deseos y tu filaftía (egolatría, que en general es tu primer enemigo), no debes llamarlos opuestos, sino que los tengas como beneficencias y ayuda del Supremo Dios, por lo tanto, acéptalas con corazón alegre y agradecimiento. Pero, si son opuestas al espíritu y la psique, tampoco por eso debes perder la paz de tu corazón, como aprenderás en próximo capítulo. La otra es elevar tu nus a Dios y con los ojos cerrados, sin querer conocer otra cosa, aceptar cualquier incidente de la mano caritativa de la divina providencia, como una cosa llena de distintos bienes. 64) Por eso es digno de contar aquello que decía san Juan el Crisóstomo por cualquier circunstancia que le sucedía, buena y mala, agradable o desagradable: “Doxa-gloria y alabanza a Dios por todo lo que me sucede”. En esto también le imitó san Gregorio Palamás.

 

Capítulo 27: Qué debemos hacer cuando estamos heridos

Cuando te encuentras herido, porque has caído en algún pecado a causa de tu debilidad, o alguna vez con tu voluntad caes en mal tuyo, no te acobardes, ni te atormentes y perturbes por eso, pero una vez vuelvas inmediatamente a Dios, háblale así: “Señor mío, ves que he hecho estas cosas, así soy; ni tampoco era posible que esperaras alguna otra cosa que degeneración y caída de mi que soy tan débil y malicioso” Y aquí, despréciate ante tus ojos y súfrelo con dolor del corazón por el dolor que has causado a Dios y sin trastornarte mentalmente, ni deprimirte, ni indignarte, enfádate contra tus indecentes pazos, especialmente contra aquel pazos que fue la causa de tu caída; y después di otra vez: “Señor mío, no me detendría ni siquiera hasta aquí, y pecaría más y peor, si tú no me hubieras sujetado con tu gran bondad”.

Y agradécele y ámale más que nunca, admirando su gran caridad que a pesar de ser dolido por ti, otra vez te da su mano derecha y te ayuda para que no vuelvas al pecado; por último, por su gran compasión di con gran ánimo y valor: “Señor mío, haz lo que Tú eres, perdóname y no permitas que a partir de ahora viva separado, ni alejado de ti y que no te produzca más ningún daño y sufrimiento”.

Y haciendo así, no pienses si te ha perdonado, porque esto no es otra cosa que orgullo y molestia en el nus, pérdida de tiempo y engaño del diablo, muchas veces pintados con distintos buenos pretextos. Por eso, dejándote a ti mismo libremente en las manos caritativas de Dios, sigue con tu ejercicio como si no hubieses caído. Y si sucede que a causa de tu debilidad pecas muchas veces al día (65) y quedas herido, haz esto que te he dicho no con menos esperanza a Dios. Y acusándote más a ti mismo y odiando más el pecado, lucha para vivir con más protección y vigilancia. 65) En los capítulos 26 y 27 de la segunda parte de este libro, nos enseña más claramente que los pecados que dice el capítulo presente, no quiere decir que son los pecados capitales y mortales, sino los no mortales y perdonables; y los que pecan en estos no quiere decir que son aquellos que viven simplemente e indiferentes y cometen cada momento errores mortales (espiritualmente); sino para los que están irritados, molestados y lloran con dolor del corazón y siempre examinan sus conciencias reflexionando, y se confiesan y también tienen su análoga tristeza, pero no la exagerada para no caer en la depresión y la desesperación extrema, sino los que hacen vida espiritual, siendo luchadores de la virtud.

Este ejercicio no le gusta al diablo, porque ve que gusta mucho a Dios y el enemigo se avergüenza viendo que ha sido vencido de aquel que antes él había vencido. Por eso, el diablo utiliza métodos engañosos y astutos para impedirnos que no lo hagamos. Y muchas veces consigue su propósito a causa de nuestra negligencia y el poco cuidado que tenemos de nosotros mismos. Por eso tú cuanto más dificultad encuentras del enemigo, tanto más debes luchar en hacer el ejercicio muchas veces, aunque alguna vez hayas caído. Sobre todo esto debes hacerlo una vez hayas pecado y sientes que estás molestado y perturbado y te viene depresión, perturbación y desesperación, para poder así de esta manera lograr la paz y la serenidad en tu corazón junto con el valor y el coraje, y una vez armado con estas armas girar hacia el Dios.

Porque, semejante molestia, perturbación y alboroto que tiene uno por el pecado, no es porque con lo que ha hecho ha producido daño y sufrimiento a Dios, sino que se hace por el miedo de su propia condenación; y esto significa que esta condena proviene de la filaftía (egolatría, excesivo amor de sí mismo y al cuerpo), como hemos dicho muchas veces.

El método para conseguir esta paz, pues, es el siguiente; olvidar totalmente tu caída y tu pecado (66) y entregarte en el pensamiento de la gran e inefable bondad de Dios; y que él está dispuesto y desea perdonar cada pecado, por muy gordo y pesado que sea, llamando e invitando al pecador con distintas maneras y mediante varios caminos para que vuelva en sí mismo y se una junto a él en esta vida a través de Su jaris (gracia, energía increada); y en la otra vida santificarle y con su doxa (gloria, luz increada) haciéndole eternamente bienaventurado y feliz. Y una vez hayas serenado tu nus y corazón con estos pensamientos y reflexiones similares, entonces regresa en tu caída, haciendo como te he dicho anteriormente; después cuando venga el momento de la confesión, la que te aconsejo que la hagas muy a menudo, acuérdate de todos tus pecados y con nuevo dolor y aflicción por el dolor y aflicción que has causado a Dios, y con disposición de no afligirle más, manifiesta y confiesa todos tus pecados en tu Guía Espiritual y haz con buena voluntad y coraje el canon que él te determine. 66) En esto conviene la historia que leemos en el libro Gerontikón; allí se ve que un monje fue captado por la lujuria y cayó. Pero como los loyismí de depresión y desesperación de su interior le molestaban de que había perdido su psique y ya no hay sanación y salvación para él; éste como era prudente y experimentado contra la guerra invisible del enemigo, decía a sus loyismí: “no he pecado, no he pecado”, hasta que entró y se encerró en su kelia (celda) y mientras serenó su corazón, entonces mostró la adecuada metania; de hecho se apocaliptó-reveló en otro Yérontas con el don de perspicacia y previsión de que aquel monje había caído, sí, pero se levantó y venció.

San Nicodemo el Aghiorita

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