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mar 19 2013

Condiciones de la Ortodoxa Áskisis

 
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Hemos hablado ya sobre la necesidad de la áskisis en relación a la identificación de la voluntad humana con la santa voluntad de Dios. Pero a pesar de esto, la enfermiza fisis naturaleza del hombre puede ser capaz de tergiversar y pervertir incluso nuestra necesaria, sanadora y salvadora áskisis y usarla como medio de perdición para el hombre que la ejercita. Es pues necesario examinar a continuación las condiciones de la verdadera y auténtica áskisis, tal como quiere la misma Tradición Ortodoxa, de manera que no exista el peligro de falsificación y fraude.

 

La áskisis no es el fin o la finalidad, sino el medio. El propósito y finalidad de la áskisis es siempre la unión del creyente askitís (asceta) con la Santa Trinidad en Cristo y desde luego dentro del Cuerpo de Cristo, la Iglesia. La áskisis constituye el camino hacia la unión zeantrópina (divino-humana). Es fácil para el practicante olvidarse del porque hace la áskisis y tomar el medio como fin. Entonces, su sanación y salvación dependerá de sus buenas obras y no de la increada energía Jaris de Dios. El resultado será su autojustícia (autoabsolución, tener derecho por uno mismo) o en eticísmo, moralismo-judicialismo, derecho de leyes mundanas que finalmente conduce al fariseísmo (cristianismo burgués o a la carta). ¿Además, en que beneficia que el hombre sepa unos principios morales o incluso que se haya hecho la catarsis, purficación de sus pazos sin llenarse plenamente con el Espíritu Santo? Se parecerá a un envase, que es bonito y limpio y a la vez vacío de la valiosa mirra del Espíritu Santo. Esto ocurre con todos los moralistas, todos los Estoicos y todos aquellos que hacen ayuno, contención y áskisis sin Cristo o usamos el nombre de Cristo para que parezcamos virtuosos.

   El Señor expuso categóricamente este asunto al principio de Su kerigma, y desde luego en la sexta bienaventuranza: “bienaventurados los καθαροί (kazarí, purgados, limpiados) de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mat.5,8 -kazarí, aquellos que con la áskisis catartizaron, limpiaron su corazón de los pazos). Por la áskisis el hombre se purifica, para ser capaz de ver, conectar, comunicarse, comulgar y unirse con Dios.

 Desde entonces, todos los santos didáscalos de la Iglesia fomentaron su vida espiritual y su obra pastoral en esta misma línea.

  Es característica la enseñanza de San Diadoco de Fótica: “El ayuno tiene como jactancia a si mismo, pero no hacia  Dios. Porque el ayuno es el instrumento  que regula a los que quieren ayunar y los conduce a la σωφροσύνη (sofrosini,  moderación y prudencia, sanos frenos nus y diania-menteintelecto). No debemos tener una actitud orgullosa por nuestra áskisis, es decir, los luchadores de la vida espiritual no deben tener ni orgullo ni altanería, sino que deben aceptar el ayuno con fe en Dios, que es nuestra finalidad en la vida, es decir, la unión con Él. (Filocalía, tomo 1º, logos askítico 47). Lo mismo nos enseña San Simeón el Nuevo Teólogo.

  Esta enseñanza la entregó también el starets San Serafín de Sarov en el siglo XIX. A la pregunta de su discípulo Motovílov sobre la finalidad de la vida cristiana, San Serafín contestó que el propósito o finalidad de la vida en Cristo es que el creyente reciba y adquiera el Espíritu Santo. Desde luego, después de la oración del Santo, los dos fueron merecedores de vivir la presencia del Espíritu Santo, metamorfoseados dentro de la increada luz de Dios. Según San Serafín, las buenas obras son el medio para obtener la adquisición del Espíritu Santo.

  En este suceso vemos que los que se ejercitan hacen la áskisis en Cristo, se convierten y se hacen dignos ya en esta vida de recibir una inmediata y personal experiencia de Dios según su grado de καθαρότης (kazarotis, claridad, limpieza y pureza), que a la vez es un regalo, una gratificante donación de Cristo. Dios no permanece en ellos como algo exterior, lo otro, lo ajeno, el extranjero, sino que se convierte en accesible, sociable, comulgativo, participativo y abordable (percibido y sentido por los ojos y los sentidos de la psique el nus, el corazón y la diania). La medida de la energía de la áskisis da también la medida de la energía de la experiencia de Dios. Χαρά (Jará, alegría) interior, sentimientos de inexpresable agapi-amor hacia Dios, lágrimas de recogimiento, anonadamiento, momentos de resplandor del nus y la visión de la increada luz, constituyen distintas formas de experiencia de Dios, tal como vemos en las vidas de los Santos.

   San Gregorio Palamás resumiendo la teología de todos los Padres antepasados, nos enseña que es posible desde la vida presente a los practicantes en Cristo, es decir, a los que hacen la áskisis en Cristo, tomar, recibir experiencia personal de Dios y ver con los propios ojos espirituales (el nus y la diania), la increada luz -igual que la luz que vieron los discípulos durante la divina Metamorfosis en el Monte Tabor-, porque mientras que Dios por la ουσία (usía esencia) es inparticipable, imperceptible e invisible por el hombre, las energías de Dios, que son increadas (inactivables por el hombre) y emanan de la divina usía esencia, son participables, visibles, perceptibles y comulgadas (por la psique y el cuerpo del hombre). Con las increadas energías es posible, se puede unir el creado hombre con Dios. En el interior del hombre que contempla a Dios (el que llegó a la zéosis) se hace una unión de lo creado con lo increado y se restablece en la gloria y en la bienaventuranza del Paraíso.

  La cosecha, el fruto de la áskisis es la total obediencia del hombre a Dios y a continuación la perfecta obediencia de los insensatos e animales pazos al logos humano, el cual se constituye en dominante y soberano del hombre. Cuando el hombre se resigna y se somete a Dios y somete sus pazos al logos, entonces puede someter su áloga (animal, ilógica) naturaleza como rey de ella. Por eso los santos hacen milagros sobre la naturaleza, como Cristo, o conviven pacíficamente con animales salvajes que les obedecen y les sirven. Así se confirma la profecía mesiánica sobre la convivencia de lobos con ovejas y leones con bueyes (Isaías 65, 25).

  Fruto de la áskisis es también la vestimenta del creyente con la prenda de la humilde modestia que según el abad Isaac, es la prenda de que se vistió Cristo al hacerse hombre: “Por eso, cuando la naturaleza terrenal ve a un santo revestido con esta prenda de la humildad, reconoce la propia humildad de Cristo. Se acerca el humilde hombre a las perecederas fieras y enseguida que le ven son domadas de su ferocidad y se acercan a él como a su soberano, moviendo sus cabezas y besan sus manos y sus pies; porque olfatean en él aquella fragancia que difundía Adán antes de la desobediencia y que desapareció entonces de nosotros; otra vez, la presencia de Jesús Cristo renovó y nos lo volvió a dar, y perfumó con fragancia el género humano… pero también los demonios con su violencia, impetuosidad, su amargura, actitud y megalomanía, cuando se acercan al humilde modesto, se hacen como tierra y se marchita toda su maldad; más se les estropean todas sus maquinaciones y sus malastucias se quedan inenergizadas” (Askíticos que han llegado de San Isaac el Sirio, Atenas,  1871, pág. 95-96).

    Finalmente se tiene que señalar que por la áskisis, el hombre disgregado se unifica interiormente. Nus, voluntad y corazón ya no luchan entre sí. El por Cristo asceta, practicante con su libre voluntad, quiere a Cristo, con su nus piensa al Cristo y con su corazón ama a Cristo. Todo el hombre entero se cristifica y se convierte en un nuevo hombre en armonía. Su armonía interior se extiende, tal como hemos dicho, también a la aloga animal fisis naturaleza.

 

 2º) La áskisis activa dinamizando fortaleciendo la sinergia o cooperación.

   La sinergia, es decir la zeantrópica (divino-humana) cooperación para nuestra sanación y salvación, no se concibe por parte del hombre sin la áskisis. Dios sana y salva a los que quieren sanarse y salvarse. Cierto es que quiero sanarme y salvarme significa que lucho por ello.

   Los que ignoran o confunden la importancia y significado de la lucha y de la áskisis para la sanación y salvación, lo hacen porque no conocen la magnitud de la vileza, infamia y desprecio de belleza de la imagen de Dios en el hombre, o porque desprecian al hombre como si fuera totalmente incapacitado para cooperar libremente con Dios para su sanación y salvación.

   Los Santos Padres nos enseñan que difícil y áspero es el camino de la áskisis y lo mucho que se debe esforzar y cooperar el hombre para su sanación y salvación.

   El cristiano combate contra sus propios pazos y a la vez contra el Diablo, el cual es “como león que anda rugiendo buscando a quien va a tragar“(1ªPedro 5,8). El cristiano debe de renegar de Satanás, de su pérfida y destructora voluntad, odiarle y escupirle, con tal de aceptar, recibir y adoptar la voluntad bondadosa de Dios adhiriéndose a Cristo.

   La lucha contra el Diablo es difícil porque es astuto, trapero y seduce y engaña al hombre. El Diablo se metamorfosea en ángel de luz. Utiliza “fantasmas, figuras”, es decir, engañosas visiones como caras y espectros. Presenta lo malo como bueno, bello, atractivo, interesante, completo de significado, útil, y no como catastrófico, aburrido, vacío y sin significado. Después, la misma naturaleza del hombre reacciona con accedia, negligencia, descuido, pereza y pesadez.

   Por eso el cristiano debe estar continuamente en áskisis hasta su último suspiro. Las tentaciones y la posibilidad de caída están siempre presentes, aún para los perfectos cristianos y los yérondas (guías espirituales). Lo que cambia de una edad a otra es la clase de tentaciones y las formas.

   Finalmente, el contenido de la áskisis no es sólo negativo, es decir, la catarsis de los pazos y la lucha contra el Diablo, sino a la vez es positivo también, es la lucha de por la semejanza con Cristo, adquisición de las santas virtudes, de plenitud del Espíritu Santo y la continua comunión con Dios por la oración de corazón o noerá. Allí se culmina, se completa y se dignifica la áskisis.

 

3º) Es un trabajo para todos los cristianos, clérigos y laicos, monjes y mundanos. Cierto es que existen distintas maneras y varios grados de áskisis. Esto nos lo enseñan también los Padres. San Juan Crisóstomo por ejemplo: “no consideraba la vida monástica como una dirección superior, es decir, para los escogidos, sino más bien como un canon, regla general evangélico para todos los cristianos. Este punto está de acuerdo con la principal tradición de la antigua Iglesia, desde San Basilio y San Agustín hasta Teodoro el Estudita y los años posteriores” (por Florovsky: San Juan El Crisóstomo, el profeta del amor, “En rayos”tomo 18-1959-9).

  El oficio del Santo Bautismo, nos recuerda que también todos los cristianos están llamados para la áskisis, es decir, tanto en su lado positivo como negativo.

   El futuro miembro que se bautizará, mientras que reniega y echa lejos a Satanás, se unta de aceite también en la cabeza como los antiguos combatientes, para estar preparado para la guerra y ser capaz de combatir contra el enemigo. El neoiluminado se caracteriza como “soldado de Cristo”, por el que la Iglesia bendice que sea “invicto luchador contra aquellos que vanamente son sus enemigos”. Las oraciones del Pequeño y del Gran Hábito Monacal nos aseguran que “el don monacal” no es más que la perfecta dedicación continua y sin diversiones en la vida de la áskisis, la cual el cristiano empezó con el Santo Bautismo.

  Los monajós o monjes (solos con Dios) se encuentran en la cima de la áskisis. Toda la Iglesia practica y se alista junto a los monjes que constituyen la primera línea del ejército. El monje es el tipo, el ideal de todo cristiano, es una existencia de continua áskisis, que renuncia a cualquier cosa que no sea de Dios o la voluntad de Dios, para conseguir así la total dedicación y relación con Dios. Este total desprendimiento del mundo y dedicación a Dios se expresa con las promesas monásticas de la vitalicia obediencia, integridad y pobreza. ¿Pero el cristiano en el mundo -aunque esté casado- no debe de vivir también con el espíritu de obediencia a los mandamientos de Dios, de la pureza y el desapego, la independencia frente a los bienes materiales?

   El hecho que el monacato no era algo ajeno a la Iglesia, sino expresión del ideal de la áskisis para todo el cuerpo de los creyentes, se demuestra por el aprecio y respeto que tenía el pueblo fiel hacia los ascetas. Los más grandes Didáscalos y Padres provienen de las filas de los monjes (solos con Dios). Las costumbres monásticas del Culto, el ayuno y el orden eclesiástico muy temprano se introdujeron en la Iglesia que se encuentra en el mundo y no la de los monasterios, influyeron profundamente en su vida. Cristianos con estudios y con trabajos en altos sitios oficiales abandonaron muchas veces la gloria y poder del mundo para vestir el hábito monástico. Los monjes sustituyeron en la conciencia de la Iglesia a los mártires y carismáticos. No es correcto que interpretemos el monacato como resultado de influencias de otras religiones o sólo como protesta por la mundanización de la Iglesia. El monacato constituye el fruto del ideal askítico de toda la Iglesia. Cuando este ideal afloja, pasa por una crisis el monaquismo también. Aquí,  quizás debemos buscar la causa de la crisis que atraviesa el monaquismo hoy.

  El monaquismo es carne de la carne de la Iglesia y es natural que influya también a la Iglesia y que se refleje en él el estado mismo de la Iglesia.

 

4ª. La agapi-amor y la áskisis se enlazan, se entretejen y se complementan entre sí.

  Vivimos en la época de la Jaris (gracia increada energía), por la cual la plenitud de la ley y la condición de sanación y salvación es la agapi. Pero la agapi pueden conseguirla los cristianos con la áskisis. “Aquellos que aman este mundo, no pueden adquirir la agapi por los hombres” nos dice San Isaac el Sirio (Askíticos salvados, logos 81). Cada áskisis en su profundidad es preparación de la agapi. ¿Cómo va a repartir uno su comida con el hambriento, si no vence la gula (glotonería de la panza) con el ayuno?

¿Cómo se comportará con la persona del otro sexo, de manera como persona creada a imagen de Dios y no como REM (objeto), sí no ha ahogado la voluptuosidad y la sarcolatría (carnolatría) por la contención? La por Dios agapi es un aliciente y resultado de la verdadera áskisis, tal como vemos en las elogiables vidas de los Santos.

   Esta perfecta agapi la expresan también los siguientes logos del mismo Padre que antes nos referimos: “Corazón caritativo, compasivo, misericordioso es el que tiene ardor de corazón para toda la creación, es decir, para los hombres, los pájaros, los animales, los demonios incluso y por toda la creación, del recuerdo y la contemplación por los cuales corren lágrimas de los ojos; de la gran simpatía y caridad se empequeñece el corazón del compasivo y no es posible no sufrir, ver o escuchar algún mal o tristeza que siente la naturaleza; por eso, hasta por los animales, incluso por los enemigos de la verdad y los que le perjudican, desea, pide y ruega durante cada hora con lágrimas y ruega a Dios para protegerlos y que les conceda la misma misericordia, compasión y caridad; también pide y ruega por los reptiles, a causa de su cantidad de caridad, misericordia que se mueve en su corazón desmesuradamente”. (Logos 81, pág. 381)

  ¿Pero como es posible que el cristiano adquiera este corazón misericordioso sin una lucha dura contra las conductas de su carne? Cuando sin embargo, los eremitas y anacoretas adquieren esta agapi y sienten para el cosmos lo mismo que siente Dios, entonces pueden dejar la dura áskisis del desierto, volviendo al mundo, cerca de los hombres y asumir la tarea de padre espiritual y guía.

 

5º) La áskisis tiene carácter eclesiástico y no atomístico-individualista.
El regulador de la áskisis no es una diania enferma y morbosa del hombre, sino la voluntad de
Dios, tal como se expresa en los santos cánones de la Iglesia y los consejos del padre espiritual o Yérondas. Cuando y qué ayunará, por ejemplo, lo regula la Iglesia. El cristiano obedeciendo a la Iglesia practica la humildad y opera como católico (católico no como entienden los papistas, sino como lo entienden los ortodoxos, es decir, aquel hombre que contiene en su interior la conciencia de la Iglesia y a Dios mismo, `viene del καθόλου-kazolu-pleno, integro o cada todo), es decir, como hombre la conciencia individual de la cual se ha consagrado y enarmonizado dentro de la conciencia íntegra (católica, universal) de la Iglesia. Así el cristiano opera sinódica, eclesiásticamente, en conjunto, democrática, católicamente (con el sentido ortodoxo) con sus hermanos en Cristo, con los que constituye un solo cuerpo.
El cumplimiento, sobre todo, las abstinencias comunes, las oraciones y las costumbres eclesiásticas contribuyen al estrechamiento de la relación del practicante con la Iglesia Católica Ortodoxa, que se extiende en lo ancho y largo del tiempo.
El cumplimiento de cánones fruto de la propia voluntad y no de la voluntad del guía espiritual o de Dios, reglas individualistas en la áskisis y sobre todo en el ayuno, significa arrogancia maldita, por eso se condena severamente. “Si alguno de los ascetas sin necesidad corporal se enorgullece y las normas sobre el ayuno entregados por los antiguos padres, las cuales han sido determinadas para todos los cristianos y están custodiadas por la Iglesia las paraliza, aquel que se cree a si mismo como perfecto, anula los santos cánones, el que hace esto que sea anatema. ( Canon 19, sínodo de Gangra.) (De aquí viene la historia la historia de los Cátaros)
La obediencia al Yérondas es necesaria condición, indispensable para la verdadera áskisis. Con el desprendimiento de la propia voluntad se contribuye a la aceptación de la voluntad de Dios, tal como lo expresa el Yérondas. Obedezco al Yérondas significa que obedezco a Dios. Así se consigue la identificación de la voluntad del hombre con la voluntad de Dios y la sanación y salvación del hombre. Es característica la didascalia, enseñanza de San Simeón el nuevo Teólogo (Filocalía C-19): “Aquel que consiguió con claridad una fe pura en su padre (guía) por Dios, considera que viéndole a él, ve al mismo Cristo. Entonces cuando se encuentra junto a él o le acompaña, cree que se encuentra junto a Cristo y a Él sigue. Este obediente nunca deseará relacionarse con otro, ni preferirá ninguna cosa de más de este mundo que la memoria de Aquél y su agapi. ¿Porque qué es mayor y más beneficioso en el presente y en la futura vida que uno esté unido a Cristo? ¿Qué es más bello, dulce y gozoso que la visión de Cristo? Sin embargo, si se hace digno de conversar junto a Él, sin duda alguna de esta visión emanará y recibirá la vida eterna.
Además, la obediencia al yérondas protege al practicante cristiano de cualquier exageración o exceso, así como de cada situación espiritual engañosa o crítica, las cuales pueden tener serias consecuencias en su vida espiritual.

 

6º) La áskisis no desprecia el cuerpo, no somos matacuerpos sino matapazos dicen los Padres Nípticos de la Filocalía.

   La verdadera áskisis no tiene ninguna relación con el platónico o el maniqueo desprecio de la materia o del cuerpo. Los practicantes, ascetas practican no porque desprecian el cuerpo, sino porque quieren constituir el cuerpo en instrumento obediente a la psique; las veces que se presentaron desviaciones de esta regla, canon, por influencias heréticas y la Iglesia las condenó! Según el 51 Canon de los Santos Apóstoles, por ejemplo: “Sí algún Obispo, Presbítero, Diácono y todo el catálogo Jerárquico se abstiene de la boda y la carne, el vino, no por la áskisis, sino que lo desprecia, y olvida que Dios creó el mundo perfecto y que Dios creó al hombre masculino y femenino, pero insultando a la creación acusa a Dios que creó al mundo, que arregle su conducta, actitud o pensamientos, será excomulgado y echado fuera de la Iglesia; lo mismo para el laico”

  Según el Canon 47 de San Basilio: “los que detestan el matrimonio, repugnan el vino y “las creaciones de Dios dicen que son impuras” no es posible que sean aceptados en la Iglesia sin que se bauticen. Que no persistan en que se han bautizado en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, si consideran a Dios creador del mal ya que se convierten en heréticos igual que Markíonas y el resto de los heréticos. Relativo es también el Canon 53 de los Santos Apóstoles: “que se reprenda severamente a los que se mutilan y los que se castran para adquirir la engratia (contención, autodominio). A los autocastrados no se les permite ocupar ningún ministerio del sacerdocio o si los tienen, se les destituye, destrona.

  Característico del espíritu de la Iglesia Occidental es el Canon 13 del 6º Sínodo Ecuménico, el cual condena la Iglesia de Roma por mantener la costumbre que se separen de sus mujeres los futuros diáconos o presbíteros: “ Si alguien se atreve a moverse contra las Reglas Apostólicas, se priva y separa de su mujer legal a algún diácono, hipodiácono, presbítero o cualquiera de los que tenga algún ministerio en la iglesia, que sea destronado o destituido. Lo mismo cuando el presbítero o diácono se separe de la mujer como pretexto de piedad; que sea excomulgado”. “La misma regla pide, sin embargo, que los clérigos casados cumplan los días estipulados por la Iglesia de contención, abstinencia y oración sobre todo “en el  tiempo de los oficios sagrados”.

   Reveladoras también del espíritu evangélico de la Iglesia son las Reglas del Sínodo de Gangra, en la cual, a causa de los heréticos efstacianos (1º, 4º, 9º, 14º Canon), se condena a los que detestan y desprecian el matrimonio, a los que no comen carne (2º Canon), las vestimentas pobres de apariencia por hipocresía y no las prendas que se acostumbran a vestir en cada época ( 12º, 13º Canon), el abandono de Padres e hijos alegando como pretexto el pietismo o el servir a Dios (15º, 16º), y por parte de los castos, vírgenes, el  desprecio a los casados. “Si uno de los castos, vírgenes por el Señor, se ríe y desprecia a los casados queda anatematizado (Canon 10º)”.

   La áskisis según el Sínodo tiene valor sólo cuando se hace con humildad, modestia y conducta eclesiástica. “Dicen los Santos Padres que nosotros  elogiamos por igual a la castidad si se hace con humildad y modestia, y aceptamos la contención,  abstinencia si se hace con decencia, piedad y santidad, aceptamos también el desprendimiento de las cosas mundanas con conducta humilde, y apreciamos el matrimonio decente, así como también respetamos la riqueza adquirida con justicia y buenas obras” (Canon 21).

 

7º) La áskisis tiene carácter esjatológico (la esjatología la podemos vivir incluso desde este mismo momento, ya que desde la venida de Cristo, la esjatología ya ha quedado inaugurada, dentro de los misterios que se celebran en la Iglesia, aunque no hemos llegado a los tiempos finales aún).

   Nuestra Iglesia Ortodoxa, aparte de todo lo demás, se puede caracterizar como Iglesia de la áskisis. Esto lo testifican la cantidad de largos períodos de ayuno, abstinencia, vigilias, largos oficios y el estar de pie durante ellas (en la antigua Iglesia, como es sabido, no daban asiento cómodo), las severas amonestaciones a los pecadores, el respeto de los mundanos hacia los monjes severos y ascetas y el cansancio en largas peregrinaciones hacia los santos lugares.

  Es inconcebible para un cristiano occidental la abstinencia o quedarse en la Iglesia tres o cinco horas durante los largos oficios, tal como se quedan los Ortodoxos, sobre todo en Semana Santa. Al contrario, es costumbre en los protestantes comulgar mientras han hecho un desayuno fuerte, típico de los países del norte de Europa (con la panza llena toman la divina comunión y ahora en Españas también). Los papistas en América últimamente han anulado hasta esta “sombría” abstinencia del Viernes.

  Lo maravilloso y admirable, a pesar de eso, es que el espíritu ascético de nuestra Iglesia se combina y correlaciona con el espíritu esjatológico de presaborear la χαρά jará (alegría)  de la realeza de Dios, de la Resurrección y de la agapi-amor. La áskisis de los Ortodoxos es áskisis gratificante que alegra y regocija, tal como el luto es luto gratificante, regocijo, jarmolipi (penalegre). El cristiano con la áskisis se desprende y destruye al malicioso mundo para unirse con Cristo. Según San Isaac el Sirio: ”El que quiere encontrar la preciosa perla se introduce desnudo en el mar; y el hombre o  monje practicante sensato, desnudo e insolvente pasa la vida presente, actual, hasta que encuentre en sí mismo la preciosa perla, Jesús Cristo” (Logos 73). Aquí estriba el carácter esjatolójico de la áskisis, en la  preparación para el advenimiento de Cristo, del Novio de la psique y la metamorfosis de todo en Realeza de Dios (que se encuentra en nuestro espacio interior). Por eso la áskisis de espera al Novio no debe degenerar en un pesimismo, aversión o repugnancia por el mundo.

  Es pues, tan intenso el askítico-esjatolójico carácter de nuestra Iglesia, que si por casualidad perdiera este carácter, se convertiría en algo distinto, lo cual ni nosotros mismos podríamos reconocer. La escatología ortodoxa es el Hisijasmo.

 Archimandrita Georgios, Yérontas Santa Montaña Athos

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