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nov 12 2017

Padre Nuestro – Filocalía Tomo II

 

 

Jesucristo

 

San Máximo el Confesor

“Padre nuestro” Filocalía 2º tomo

1

Recibiendo sus preciosas cartas, he recibido al mismísimo Señor mío que es mi protector, el que siempre está presente espiritualmente y no puede de ninguna manera faltar y alejarse de mí, sino que a causa de la riqueza de su virtud no evita estar en comunicación con sus siervos, de acuerdo con la capacidad que el Dios ha dado a la naturaleza humana para imitarle. Por eso, admirando la grandeza de su condescendencia, he mezclado mi  temor a él junto con el anhelo, y de estos dos sentimientos, -temor y anhelo- he formado una agapi (amor desinteresado) hecha de sístole (contracción o retraimiento) y gracia. Esto para que no se convierta el temor en odio por haberse desvestido del anhelo, ni se convierta el anhelo en desprecio, al no estar unido con el prudente temor. Pero para que sea demostrado que la agapi es una ley interior colmada de cariño que abraza a todos los hombres, subyugando el odio a la gracia, y con la sístole (contracción o retraimiento) alejando el desprecio o falta de respeto.

2

El bienaventurado David precisamente conociendo que este temor retiene más que lo demás la divina agapi (amor, energía increada), dice: “el temor del Señor es puro, queda para siempre” (Sal 18,10). Evidentemente, él sabía que este temor era distinto del que nace del miedo del castigo por los pecados. Porque ese temor es arrojado y desaparece totalmente por la presencia de la agapi, como demuestra el gran evangelista Juan en sus logos: “La perfecta agapi expulsa al miedo” (1 Jn 4, 18). En cambio el otro temor o miedo por su naturaleza es una característica de la ley del verdadero cariño, y con la sístole (contracción o retraimiento) asegura para siempre en los santos el vínculo y la manifestación de la agapi totalmente incorrupta, hacia el Dios y entre los hombres.

3

Por tanto, como dije, con mi temor, concentrando mi temor hacia mi Señor con el anhelo he guardado hasta hoy esta ley de la agapi. Así por la sístole (contracción o retraimiento) evitaba escribir, para no dar lugar al desprecio o falta de respeto; pero por la gracia me sentía empujado a hacerlo, para que no fuese considerado el odio una absoluta negación de escribir.

3a

Escribo pues, porque he recibido la orden de hacerlo, no lo que yo pienso, sino lo que el Dios quiere y concede con Su jaris (energía increada), de modo que pueda dar beneficio. Como dice David: “La voluntad de Dios permanecerá para siempre y los loyism de su corazón por todas las generaciones” (Sal 32,11). Voluntad de Dios y Padre tal vez dijo esa inefable kenosis (vaciamiento) del Hijo Unigénito para la zéosis, divinización o glorificación de nuestra naturaleza, mediante la cual pone el límite del fin a todos los siglos. Y los loyismí  de Su corazón, quizás dijo los logos de la providencia y del juicio, con los cuales dirige sabiamente también nuestra vida presente y la futura, como generaciones distintas, asignando a cada una el modo apropiado de operar . Dado que la obra de la voluntad divina es la zéosis divinización, glorificación de nuestra naturaleza, y el objetivo de los divinos loyismí  es conducir a la finalidad de nuestra vida, entonces conviene conocer la fuerza de la Oración del Señor y hacerla praxis, y después poder exponerla escrita de modo conveniente.

3b

Puesto que mi señor, escribiéndome a mí, su siervo, siendo movido de Dios, esta oración se acordó y a esta yo también estoy obligado a exponer como tema de mis logos, y ruego al Señor quien nos ha enseñado esta oración, para que abra mi nus (el ojo espiritual) a la comprensión de los misterios que ella contiene, y para que me dé el logos adecuado para expresarlos con precisión y claridad. En efecto, esta oración, de forma sinóptica, contiene místicamente escondido el propósito entero de lo mencionado antes, o, para ser más preciso, este propósito está proclamado en estos logos con claridad para los que tienen nus abierto y receptivo.

4

Esta oración contiene la petición de todas las cosas que ha provocado con Su kenosis (vaciamiento) el Logos increado de Dios durante la encarnación y enseña que aspiremos y pidamos aquellos bienes que solamente el Dios y Padre, por la mediación natural del Hijo, en el Espíritu Santo, puede verdaderamente conceder o donar. En efecto, mediador entre el Dios y los hombres es el Señor Jesús, según el divino Apóstol (1 Tim 2,5); ya que con Su encarnación revela a los hombres al Padre que ignoraban, y trae al Padre a los hombres, reconciliados con Él, mediante el Espíritu Santo (Ef 2,18); y en beneficio y favor de la sotiría (redención, sanación y salvación) de ellos se hizo hombre sin sufrir alteración o cambio alguno. Y se hizo maestro y autor de muchos misterios nuevos, tantos que nunca el logos (creado, o la lógica, mente humana) puede captarlos ni medir la cantidad y la grandeza de estos.

5

De todo esto, se ve cómo Él ha donado con excepcional magnanimidad a los hombres los siete misterios que aparecen como más relevantes que los demás, y el objetivo de esta oración, como dije, encierra místicamente la potencia, la energía y el sentido de estos misterios. Estos son: la teología, la filiación por y en la jaris (gracia energía increada), la igualdad con los ángeles, la participación de la vida eterna, apocatástasis-restauración de la naturaleza en sí misma en la apazia (sin pazos, impasibilidad), la abolición de la ley del pecado y la anulación de la tiranía del maligno que se ha adueñado de nosotros mediante el engaño.

6

Verifiquemos pues ahora la verdad que hemos dicho.

El Logos de Dios con Su encarnación nos enseña la teología, en cuanto revela en sí mismo al Padre y al Espíritu Santo. Porque todo el Padre y todo el Espíritu Santo estaban en esencia perfectamente al Hijo también durante Su encarnación, sin que ellos hubieran sido encarnados, sino que el Padre complaciendo y el Espíritu Santo cooperando con el Hijo que recibía el mismo la encarnación, ya que ciertamente el Logos (increado) seguía teniendo Nus y Vida, sin caber absolutamente según Su esencia en ningún otro, sino solamente al Padre y al Espíritu Santo, y ha realizado Su unión hipostática con la carne, por amor al hombre.

7

Proporciona la filiación donándola el nacimiento celeste supranatural y la co-zeosis o co-divinización mediante la jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo. Esta filiación la defiende, custodia y mantiene en Dios la libre voluntad de aquellos que han recibido el nacimiento, la libre voluntad que recibe con sincera disposición la jaris (energía increada) entregada y que embellece más con el trabajo esmerado de los mandamientos la belleza dada por la jaris. Dicha determinación de la libre voluntad con la expulsión de los pazos, se apropia de la divinidad tanto como el Logos increado de Dios con Su kenosis (vaciamiento) voluntaria de Su sublime Doxa (gloria, luz increada) con la economía se hizo verdaderamente hombre.

8

Él ha hecho a los hombres iguales a los ángeles, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz (Col 1,20), anulando las potencias enemigas que se encuentran entre el espacio entre el cielo y la tierra, indicó que existe una asamblea entre las potencias celestes y las terrenales para el reparto de los regalos divinos, mientras que la naturaleza humana llena de gozo y deleite con una voluntad común con las potencias celestes co-cantan o co-salmodian la doxa de Dios. Pero también porque Él, una vez cumplida Su economía en beneficio nuestro, al ascender a los cielos junto con su cuerpo que había tomado, ha unido mediante Sí Mismo el cielo y la tierra, ha reunido las realidades sensibles con las inteligibles o concebibles y ha mostrado la naturaleza creada una, que a pesar de sus partes extremas, está unida en sí misma mediante la virtud y el reconocimiento de la primera Causa. Con lo que Él realizaba de modo místico, yo creo mostraba que el Logos es la unión de las cosas y realidades que están divididas, en cambio la a-logía (insensatez, sin razón) es división de las unidas. Aprendamos y aspiremos, pues, a apropiarnos con la práctica a la virtud a hacernos lógicos o adquirir la energía increada lógica suprema, de manera que podamos unirnos no sólo con los ángeles, sino también con el Dios a través de la gnosis (o la energía de la gnosis increada), desapegándonos y separándonos de los seres.

9

Él transmite vida divina haciéndose a Sí mismo comida nuestra, tal como Él conoce y quienes han recibido de Él la percepción y sentimiento espiritual, tal que con este sabor (espiritual) aprendan verdaderamente con reconocimiento “que el Señor es bueno y bondadoso” (Sal 33,9) y transmite divina calidad o cualidad (energía increada) para la zéosis divinización a quienes le comen, puesto que es y se llama pan de vida y de potencia y energía increada (Jn 6, 22 y 35).

10

Restaura la naturaleza en sí misma, Él la realiza no sólo porque, al hacerse hombre, mantuvo su disposición y su voluntad apazís (sin pazos, imposible) y apacible ante la naturaleza humana, tanto que esta no fue para nada removida de su estado natural contra quienes Le estaban crucificando, sino más bien, en favor de ellos Él prefirió la muerte en vez de la vida, mostrando con esto que la pasión fue voluntaria, porque se confirma por el amor hacia el hombre por el que padecía. Paro también porque anuló le enemistad, clavando en la cruz la condena escrita del pecado (Col 2,14), que provocaba a la naturaleza una guerra despiadada contra sí misma; y llamando a los lejanos y a los cercanos, es decir, a los judíos que estaban bajo la ley y a los nacionales, derrumbó el muro que los separaba; es decir, esclareció los mandamientos de la Ley con Su enseñanza, creando un sólo hombre nuevo de los dos, trayendo la paz y reconciliándonos por medio de Sí Mismo con el Padre (Ef 2, 14-17) y entre nosotros; de modo que nuestra libre voluntad y predisposición ya no esté en contra de nuestra naturaleza lógica, sino que seamos hechos inmutables tanto respecto de la naturaleza como respecto de nuestra voluntad y predisposición.

11

Él hace la catarsis y purga nuestra naturaleza de la ley del pecado, porque en Su nacimiento que se hizo para favor y beneficio nuestro no ha permitido que el placer preceda Su encarnación. Porque Su concepción fue de forma extraordinaria y paradójica sin esperma, y el nacimiento supra-naturalmente sin corrupción o rotura de la virginidad. Es decir, en Su madre el Dios nacido, contrariamente de la natura (fisis), apuntaló firmemente los vínculos de la virginidad con Su nacimiento, y liberó toda la natura (fisis) que estaba bajo dominio de la ley sobre ella; esto por supuesto es válido para los que quieren imitar Su muerte voluntaria, mortificando sus miembros terrenales. Porque el misterio de la σωτηρία (sotiría, redención, sanación y salvación) es, en efecto, para quienes lo quieren, y no se impone tiránicamente.

12

Destruye la tiranía del maligno astuto que se había adueñado de nosotros con el engaño, destacando la carne vencida del Adán como un arma contra él y así lo vence. Demuestra, de este modo, cómo la carne, que antes había sido capturada y condenada a la muerte, captura a su vez a quien la había capturado antes y con la muerte natural (de la natura, fisis) destruye la vida de aquel; en él la carne se convirtió en veneno, que le hizo vomitar a todos los había tragado, por la fuerza de la muerte que disponía (Is 25,8. Heb 2, 14); en cambio, para el género humano se hizo vida, como la levadura que empuja la masa de toda la natura humana hacia la resurrección de vida; puesto que en beneficio de la natura humana -cosa verdaderamente admirable y paradójica al escucharla-principalmente el Logos increado, realmente Dios (Jn 1,1), se hizo hombre y voluntariamente aceptó la muerte de Su carne.

13

De todas estas cosas, como dije, contiene la petición de la Oración del Señor. Porque habla del Padre, de Su nombre y del reinado de Su realeza increada. Y de nuevo presenta al que está orando que es por la jaris (energía increada) hijo de este Padre. Pide que los del cielo y lo de la tierra adquieran una voluntad. Ordena pedir el pan supersubstancial o sobreesencial. Sanciona como ley la reconciliación de los hombres y vuelve a unificar la naturaleza humana consigo misma, mediante el perdón dado y recibido entre ellos, de modo que, ya no pueda estar dividida con la diversidad y la deferencia de las voluntades y opiniones. También enseña a pedir con la oración que seamos preservados de la tentación, porque ésta es la ley del pecado. Y nos aconseja que pidamos ser liberados del maligno astuto. Seguramente sería necesario que Él mismo, el creador y donador de los bienes, ser también el maestro en alumnos que creen en Él y que imitan Su vida en carne o cuerpo, dándoles como hipotecas de vida los logos de esta oración, con la que revela en ellos los tesoros apócrifos de la gnosis y de la sabiduría (increadas) que existen en Él, cada uno en su género, estimulando el deseo de los orantes hacia el goce y deleite de estos tesoros. Por esta razón, creo que el Logos llamó “oración” a esta enseñanza, porque contiene la petición de los regalos que se dan por el Dios mediante la jaris (energía increada) a los hombres. Por eso nuestros santos Padres inspirados de Dios nos han designado y mandado esta oración, que es la petición de aquellas cosas que por naturaleza el Dios, de modo conveniente a Su deidad, suele regalar a los hombres. Mientras que el voto es la promesa o la declaración de lo que los hombres ofrecen los a Dios, cuando le rinden culto genuino y le adoran con autenticidad. Esto lo dice en muchos puntos también la Escritura: “Si prometéis, debéis cumplir a nuestro Señor y Dios” (Sal 75,12), y “Señor todo lo que te prometí, te lo daré” (Jon 2,10). Y de nuevo sobre la oración dice: “E hizo oración Ana, diciendo al Señor: Señor, Señor, Dios Sabaoz, escucha Tu sirviente y regálame un hijo… (1 Re 1.11).  Mas “el rey Ezequías y el profeta Isaías hijo de Amos oraron por esto, y clamaron al cielo” (1 Re 1,11). Y “oró al Señor Sabaoz Ezequiel, el rey Judas, y el profeta Isaías, el hijo de Amós”  (2Cro 32,20). Y cuando vosotros oráis, decir: “Padre nuestro que estás en los cielos…” (Mt 6, 9-10), que dijo el Señor a Sus alumnos. De modo que podemos decir que el voto es promesa de aplicación y cumplimiento de los logos-mandamientos, que es confirmado por la voluntad de quien ha pedido el voto, mientras que la oración es petición de parte de quien ha cumplido los logos-mandamientos transformarse de acuerdo con los logos-mandamientos que ha aplicado y cumplido. O más bien, el voto es el combate de la virtud, que el Dios lo recibe con agrado, y la oración es el premio de la virtud que el Dios recompensa a cambio con mucha alegría y gozo.

14

Por tanto, ya que ha sido demostrado de los anterior que la oración es la petición de los bienes donados por el Logos increado encarnado, pongamos, pues, a Él como maestro de la oración y comencemos con buen ánimo y coraje a examinar cuidadosamente con la contemplación, a la medida de lo posible, el sentido y significado de cada frase o expresión de la oración, puesto que el Logos suele conceder para nuestro interés y beneficio, y con la fuerza y la energía que da para el entendimiento en la diania (mente, intelecto o cerebro) de aquel que escribe estas cosas:

«Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga en nosotros la βασιλεία (vasilía) el reinado de tu realeza increada (Mt 6,9) Πάτερ ημών ο εν τοις ουρανοίς· αγιασθήτω το όνομά σου· ελθέτω η βασιλεία σου Páter imón o en tis uranís agiaszíto to onomá su, elzeto y vasilía su».

El Señor debidamente con esta palabras enseña que los que oran que empiecen inmediatamente por la teología; también introduce al misterio el tropos (manera, forma o modo) que existe la Causa que ha creado los seres, Él que es por su esencia la causa creadora de los seres. En efecto, las palabras de la oración contienen la manifestación del Padre, y el reinado de la realeza increada βασιλεία vasilía del Padre, para que desde el principio aprendamos a venerar, invocar y adorar a la Trinidad Una. Porque el Nombre de Dios y Padre, con la esencial hipostasis (base substancial o subsistencial), es el Hijo Unigénito. Y realeza increada βασιλεία vasilía de Dios y Padre con esencial hipostasis es el Espíritu Santo. Porque lo que aquí dice san Mateo como βασιλεία vasilía realeza increada, en otro pasaje otro Evangelista la dice Espíritu Santo: «Venga la el Espíritu Santo y haga nuestra catarsis purgación y sanación o nos purgue y sane» (Lc 11,2). Debido a que el Padre no ha adquirido a posteriori el nombre, ni como axioma (o cargo) que ha recibido a posteriori entendemos la βασιλεία vasilía realeza increada; porque no tiene principio Su ser para comenzar a ser Padre y Rey, pero como siempre existe es también siempre Padre y Rey, sin haber recibido nunca principio de ser Padre y Rey. Ahora bien, si siendo desde siempre, es siempre Padre y Rey, entonces desde siempre también el Hijo y el Espíritu Santo coexisten, según y sobre la esencia increada, como hipostasis increadas (o personas increadas) con el Padre. De Él reciben la existencia y están dentro de Él naturalmente más allá y por encima de causa y logos, pero no después ni sucesivos a Él, ni se han hecho más tarde por alguna causa. Porque la relación entre las tres Personas indica la coexistencia entre Ellas, juntas al mismo tiempo y no permite estas cosas que son y se llaman relación que se consideren una después de la otra.

15

Al empezar, pues, esta oración, nos apresuramos a venerar la Trinidad consubstancial y supersubstancial como causa creadora de nuestra existencia. También aprendemos a confesar la χάρις jaris (gracia, energía increada) que se nos ha concedido de la filiación, al hacernos dignos de llamar Padre por la jaris increada a aquel que es nuestro Creador por naturaleza. Así por respeto hacia el nombramiento de Aquel que nos ha generado por la jaris, procuraremos imprimir en nuestra vida las características de nuestro Padre santificando Su nombre en la tierra, imitando a Él, demostrando que somos Sus hijos con nuestras actitudes y obras, y glorificando al autor de la filiación, el Hijo natural del Padre, con nuestras praxis y conceptos.

15ª

Santificamos el nombre de nuestro Padre celestial por jaris, cuando mortificamos nuestro deseo hacia la materia y nos purgamos, limpiamos y sanamos de los pazos destructores; puesto que santificación es la total cesación y mortificación del deseo (o ilusión) que opera con la percepción sensible. Cuando llegamos a este punto, calmamos también los gritos impulsivos e insoportables de la ira, porque ya no tenemos el deseo (o ilusión) para excitarla y convencerla a defender los placeres que ella quiere, dado que el deseo ha sido ya mortificado por la santidad del logos. Porque la ira (o enfado) por naturaleza es la defensora del deseo, y entonces cesa de enfurecerse, cuando lo ve que está mortificado.

16

Por tanto, es lógico que al rechazar la ira y el deseo, sobrevenga, durante la oración, el reinado de la realeza increada de Dios en aquellos que, después de la expulsión de estos dos pazos, se vuelvan dignos de decir: « venga en nosotros el reinado de tu realeza increada βασιλεία vasilía», es decir, el Espíritu Santo, cuando ya con la apacibilidad se han convertido en templos de Dios mediante (la energía increada) el Espíritu Santo. Porque dice: “¿Sobre quién descansaré, si no es sobre el que es apacible y humilde de corazón y teme mis logos?” (Is 66,2). Se ve de esto, pues, que a los humildes y apacibles pertenece el reinado de la realeza increada βασιλεία vasilía de Dios. Efectivamente dice: “Bienaventurados los que se han hecho apacibles del corazón, porque ellos heredarán la tierra prometida” (Mt 5,5). El Dios no ha prometido a los que le aman de que dará en herencia esta tierra, la cual por naturaleza ocupa la posición central del universo, si es verdad lo que dijo: “Pues en la resurrección, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en el Cielo” (Mt 22,30). Y también: “Venid vosotros los benditos de mi Padre a recibir el reinado de la realeza increada βασιλεία vasilía que ha sido preparada para vosotros durante la creación del mundo” (Mt 25,34), y en otro punto dijo a un sirviente que había trabajado honestamente: “Ven y entra a participar en la alegría y gozo de tu Señor” (Mt 25,21). Y el divino Apóstol a continuación dice: “se escuchará la trompeta de Dios y los muertos en Cristo resucitarán primero; luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tes 4, 16-17).

17

Si todas estas cosas son promesas hechas por el Señor a quienes Le aman, ¿quién al fijar y limitar su nus sólo en la letra de la Escritura, sobre todo si está dirigido por el logos y desea ser su servidor, podrá decir que son lo mismo o idénticos que la tierra, el cielo y la realeza increada que se ha preparado antes de la creación del mundo, y el gozo del Señor escondido místicamente y la eterna e inseparable instalación y permanencia de quienes son dignos del Señor? Pero más bien creo que aquí al decir “tierra”, da a entender el estado sólido permanente e ir-removible hábito del bien y la dinami fuerza y energía inalterable de los apacibles; puesto que este estado de ellos se encuentra siempre con el Señor, posee gozo inextinguible, ha obtenido la desde siempre preparada realeza increada y ha sido hecho digno para el honor y el sitio celestial. Y como tierra que ha tomado la posición media del todo, da a entender el logos de la virtud, según el cual el apacible encontrándose entre elogios y acusaciones, permanece sereno e impasible, y no se hincha por los elogios ni se amarga por los insultos y las burlas. En efecto la parte lógica de la psique es por naturaleza libre de las cosas o realidades, habiendo alejado el deseo a estas cosas, no percibe ni siente las molestias y asaltos de estas; porque ha liberado de sí mismo las turbulencias producidas de estas cosas o realidades y ha trasladado toda la fuerza de su psique a la divina y despreocupada libertad. El Señor queriendo dar esta libertad a Sus alumnos, dijo: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy apacible y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras psiques” (Mt 11,18). Como “descanso” da a entender el reinado de la realeza increada que trae para los que son dignos de ello soberanía libre de toda esclavitud.

18

Si, pues, a los humildes y apacibles se les ha dado el estado indestructible de la realeza increada, ¿quién no se enamorará y no anhelará los divinos bienes? ¿Quién no deseará absolutamente la humildad y la apacibilidad, para que sea convertido a imagen de la divina realeza increada, -dentro de lo posible al hombre- manifestando por la jaris (gracia, energía increada) inalterable la semejanza con el por naturaleza y esencia Cristo verdaderamente gran Rey? En este estado, como dice el divino Apóstol, no hay varón ni mujer (Gal 3,28), es decir, ira y deseo; la ira aleja violentamente la lógica (de la psique) y hace salir la mente fuera de la ley de la naturaleza; en cambio el deseo considera como más amadas y deseables las creaciones que la una y única deseada e impasible Causa y naturaleza; y por consiguiente, prefiere la carne en vez del espíritu, y encuentra el gozo de las cosas aparentes más placentero que la gloria y el esplendor de las realidades espirituales, y con la debilidad del placer de las percepciones sensibles impidiendo el nus a percibir y a entender las percepciones divinas que son afines y semejantes a él. Existe también el logos increado uno y superúnico, totalmente desnudo o despojado también de este impasible cariño natural con disposición para el cuerpo, logrado mediante la virtud sobreabundante, puesto que el espíritu vence perfectamente a la naturaleza (fisis) y la induce a dejar la filosofía moral (catarsis), cuando el nus debe unirse con el ύπερούσιο hiperúsio supraesencial Logos increado con zeoría  contemplación sencilla e indivisible, a pesar que la filosofía ética (catarsis) por naturaleza ayuda al nus a separar y superar fácilmente las cosas sujetas al flujo del tiempo. Una vez sobrepasadas estas, no es lógico cargarse de normas éticas, como con un manto, al que se ha demostrado libre de ataduras con las cosas y realidades sensibles.

18ª

Y esto lo muestra claramente el gran Elías (4 Re 2, 11-14), manifestando este misterio por medio de aquellas acciones que hacía simbólicamente. En efecto, él mientras es arrebatado, entrega a Eliseo el manto, que significa la mortificación de la carne, con la que se establece la grandeza de la decencia ética, para que así el discípulo goce de la alianza del Espíritu contra toda potencia enemiga y pueda vencer a la naturaleza inestable y fluida, prefigurada en Jordán, de modo que al discípulo Eliseo no le sea impedido pasar a la tierra santa, y no quede hundido e inmerso en la deslizante y turbia atadura hacia las cosas materiales. Sin embargo, el mismo Elías se va absolutamente libre hacia Dios, sin ser retenido por ninguno de los seres, con deseo simple, con voluntad libre y con opinión clara se va acercando y llegando al sencillo Dios por naturaleza con la ayuda de las cuatro virtudes interconectadas e interdependientes unas a otras juntas, en sentido espiritual, como caballos de fuego bajo el yugo de la gnosis increada. Porque Elías conocía que el alumno de Cristo debe separarse de las disposiciones variables que no son interconectadas como las virtudes generales y no pueden entrar al mismo yugo. La desigualdad de ellas revela alienación, puesto que el deseo del pazos indecente provoca afluencia de sangre alrededor del corazón, y el pazos de la ira produce efervescencia en la sangre. Pero quien ha llegado a moverse, a vivir y a existir en Cristo, ha alejado de sí lo que produce todas estas cosas discordantes y desequilibradas, no llevando ya en su interior, -como si fuera “varón y mujer”- como dije, las disposiciones opuestas de estos pazos, para que no sea esclavizada la parte lógica (de la psique), al ser alterándose por metáboles o cambios inestables de los pazos.

19

Porque en la parte lógica de la psique está por naturaleza la imagen divina que convence la psique a remodelarse por predisposición y su libre voluntad hacerse semejante con el Dios de todos y convertirse en residencia resplandeciente del reinado de la gran Realeza increada que coexiste en esencia increada como hipostasis con el Dios y Padre de todos, es decir, del Espíritu Santo y recibir, -si se puede decir así- entera la fuerza y energía de la divina gnosis increada, dentro de lo posible. En este estado de ser, desaparecen naturalmente las cosas peores y se componen las mejores, puesto que la psique gracias a su vocación guarda, igual que el Dios, inviolable en su interior la existencia de los bienes que le han sido regalados. En esta psique siempre nace místicamente  con Su voluntad el Cristo, y se encarna a través de los salvados, convirtiendo como madre virgen y pura la psique que le da a luz o nacerse. La cual psique no tiene, -para resumir- las características y cualidades de la naturaleza (fisis) sujeta a la corrupción y génesis, como “hombre y mujer”.

20

Y nadie se extrañe si hablo de la corrupción antes que la génesis o nacimiento; porque si uno observa desapasionadamente y con logos ortodoxo la naturaleza de las cosas que son generadas y desaparecen, co-comprobará claramente que la génesis empieza por la corrupción y acaba en la corrupción. Pero el Cristo, es decir, la vida y el logos de Cristo y de aquel que se ha hecho a semejanza de Cristo, no tiene los pazos que son características de la naturaleza (fisis), como dije, si es cierto aquel que dice: “En Cristo Jesús no hay ni hombre ni mujer” (Gal 3,28), es decir, los signos y los pazos de la naturaleza (fisis) que son sujetos a génesis y corrupción, sino solamente un logos deiforme increado inundado de divina gnosis increada, y un movimiento único de la opinión de la voluntad que elige solamente la virtud.

21

También, “ni heleno-griego, ni judío” (Gal 3,28), con los cuales se declaran los distintos logos sobre el Dios, o mejor dicho, los logos opuestos. Porque el primero (el heleno) introduce abundantemente múltiples principios, así subdivide y separa el único principio en energías y potencias opuestas, creando un culto y una divinidad politeísta, contradictoria en sí misma por motivo de la multitud de dioses adorados y ridícula por las distintas maneras por las que se les rinde culto. El segundo (el judío) es cierto que introduce un principio, pero limitado, imperfecto y casi sin hipostasis (sin base substancial), ya que está privado de logos y de vida, y así éste también cae en el mismo mal que el anterior (el heleno), la negación de Dios, es decir, al ateísmo. Porque limita el Principio Único a una Persona, que su existencia está privada de Logos y de Espíritu, o bien que los tiene sólo como cualidades. No percibe ni entiende esto: ¿qué Dios es carente de estos, o cómo podría ser Dios si los tuviera por participación como cualidades, como sucede con las creaciones lógicas? Pero en Cristo, como he dicho, no hay ninguno de estos dos logos, sino un único logos increado de la verdadera piedad y una ley sólida de la teología mística, la que rechaza la διαστολή diástole (dilatación, separación o amplificación) del primero (del heleno) y no acepta la συστολή sístole (contracción, retraimiento) del segundo (del judío). Así la Divinidad increada no será considerada contradictoria, a causa de la pluralidad natural – como es la opinión de los helenos-, ni pasional a causa de la única hipostasis –como es la opinión judía-, como privada de Logos y de Espíritu o que los posee como cualidades sin ser Nus Νους y Logos Λόγος  y Espíritu Πνεύμα pnevma.

22

Y nos enseña, a los que con la llamada de la jaris increada hemos sido adoptados a causa de la fe, a recibir consciencia y conocimiento de la verdad increada, a conocer una naturaleza y una potencia y energía increadas de la divinidad.

Es decir, un Dios en tres hipostasis, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, como Nus que es el único no causado o causa sin causa y existe por esencia, genitor del único Logos increado sin principio ni fin que existe esencialmente, y fuente de la única vida eterna que existe esencialmente, es decir, el Espíritu Santo; Trinidad en Monada o Unicidad y Monada en Trinidad.

La divinidad no es como una cosa dentro de la otra, porque la Trinidad no es para la Mónada como una cualidad en la usía-esencia ni a la inversa, la Mónada para la Trinidad, porque la divinidad es increada, sin cualidades.

Y tampoco es una cosa y la otra, porque no se diferencia de la Trinidad por la heterogenia de la naturaleza (fisis) puesto que es fisis (natura) una y sencilla

Y tampoco algo y algo semejante o próximo, porque la Trinidad no se distingue de la Monada como si tuviese menos fuerza o energía increada, o la Monada de la Trinidad, ni se modifica la Monada  por la Trinidad, como si fuera una cualidad común y general que teóricamente sólo se distingue de las parciales, puesto que es usía-esencia increada absolutamente autoexistente (o subsistente por sí) y δύναμις dinamis potencia realmente autodinámica y energía realmente autoenérgica (o energetizada de sí mismo).

Y tampoco la divinidad increada es como alguna cosa que derive de otra; porque la Trinidad no provino por incremento de la Mónada, ya que es autorevelación (se revela por sí misma)  y no-nacida (no es nacida o no concebida).

Pero la misma es verdaderamente también Mónada y Trinidad, y así es llamada y comprendida; Monada a causa de la usía-esencia increada, Trinidad según el tropo (modo, manera, forma) de existencia.

La misma es íntegramente Mónada que no se subdivide por las Hipostasis, y la misma es toda Trinidad que no se confunde en o por la Mónada, para que no ocurra que se introduzca el politeísmo con la división, ni el ateísmo con la confusión.

La grandeza del logos según Cristo consiste en evitar estas dos cosas.

23

Logos de Cristo entiendo el nuevo kerigma o predicación de la verdad en donde “no hay varón ni mujer” (Col 3,28), es decir, los signos y los pazos propias de la natura sujeta a la corrupción y génesis; en donde “no hay heleno-griego ni judío”, es decir, los logos opuestos en relación con la deidad; “ni circuncisión e in-circuncisión” (Col 3,11), o sea, los distintos cultos correspondientes con ellos. De estas la primera, permaneciendo en la razón de los símbolos de la Ley, considera como mala la creación visible y difama al Creador como productor de males; en cambio la segunda, permaneciendo a los pazos, deifica la creación visible y subleva la creatura contra su Creador. Y así los dos llegan a resultar al mismo mal, a la “hibris” ofensa (o insulto) hecha al Creador.

Hibris: Para los antiguos Helenos-Griegos era, injuria contra la voluntad divina y el orden natural.

23ª

También no hay “ni bárbaro, ni escita” (Col 3,11), es decir, la división, según la opinión o noción de la fisis (natura) común de los seres humanos que los conduce en contrastes y conflictos entre ellos, que a causa de la fisis se ha introducido en la vida de los hombres la παρά φύση (para fisis) contra natura y la ley corruptiva de la matanza recíproca. “Ni hay hombre libre ni tampoco esclavo”, es decir, la división natural de la fisis-natura inversa con su opinión, la que es la causa que lleva a despreciar y deshonrar uno al otro, a pesar de que son iguales según la fisis-natura, tomando como maestro adjunto la disposición y ánimo de aquellos que dominan tiránicamente y ofenden la divina imagen del hombre. Pero todo y en todos Cristo (Col 3,11), el cual, mediante el Espíritu, de tropo (modo, manera, forma) trasciende la fisis-natura y la ley, educa y forma al hombre la sin principio ni fin Βασιλεία Vasilía (reinado de la Realeza increada o la energía increada reinando al hombre, que es un estado de ser y estar unido con esta energía increada).

24

Esta Βασιλεία Vasilía realeza increada, (estado de ser y estar unido por la jaris lo divino con lo humano) como se ha demostrado, por su naturaleza caracteriza y determina la apacibilidad y la humildad del corazón. Estas dos cuando coexisten en el interior del hombre, manifiestan al perfecto ser humano edificado según Cristo. En efecto, cada hombre humilde es ciertamente también apacible. Es humilde porque conoce que ha recibido su existencia prestada; y es apacible porque percibe y reconoce el uso correcto de las potencias y energías naturales que le han sido dadas y las pone en uso del logos para que las use con el fin de generar la virtud, mientras aleja totalmente la energía y la operación de la percepción sensible. Y por esto con sus nus se mueve continuamente hacia el Dios, mientras que con la percepción sensible no se mueve ni siente nada, ni si siquiera experimentara cualquier pena para el cuerpo, ni tampoco imprime en su psique ninguna huella o indicio de pena de manera que sea alterada esta alegre y feliz disposición y ánimo.

Porque no considera que la percepción sensible o sensación dolorosa es privación del placer, ya que solo un placer conoce: la convivencia de la psique con el logos y con el Logos increado, cuya privación es infierno interminable y contiene naturalmente todos los siglos. Por eso dejando el cuerpo y todo lo que a él respecta, va avanzando con toda su fuerza hacia la divina convivencia; y sólo una desgracia o pérdida considera y siente, aunque domine toda la tierra: el fracaso de la zéosis por la jaris (energía increada) de la que tenemos esperanza.

25

Por tanto, hagámonos la catarsis y purguémonos de toda contaminación espiritual y carnal (2 Cor 7,1), para poder santificar el divino nombre, una vez apagado el deseo que indignamente se estimula por los pazos, y con la parte lógica (de la psique) atemos fuerte la ira que nos enfurece con los placeres hedónicos (hedonismo). Así recibiremos y acogeremos la realeza increada de Dios y Padre, la cual viene por medio de la apacibilidad. Y enlazaremos el logos sucesivo de la oración con lo dicho anteriormente, diciendo:

26

“Hágase tu voluntad tal como en el cielo también en la tierra”.

Γενηθήτω τό θέλημά σου, ὡς ἐν οὐρανῷ, καί ἐπί τῆς γῆς. Enizito to onomá su, os en uranó ke epí tis llis

 

Quien rinde culto místicamente a Dios con sólo la fuerza de la energía lógica, separada del deseo y la ira, éste ha cumplido aquí en la tierra -igual que los ángeles- la voluntad divina y en todo se ha hecho partícipe del culto y de la forma de vida de los ángeles, como dice el gran Apóstol: “Nosotros somos ciudadanos del cielo” (Fil 3,20). En el cielo no existe el deseo que con la hidoní-placer pueda paralizar las potencias y energías espirituales, ni tampoco ira que enfurece y ladra con agrado contra al prójimo; está únicamente el logos solo que conduce naturalmente a los seres lógicos (con la energía lógica increada) hacia al primer Logos increado, en el cual sólo Dios goza, y al que sólo pide de nosotros Sus sirvientes. Esto es lo que revela Dios, diciendo al gran David: « ¿A quién tengo yo en el cielo sino a ti, estando contigo para qué quiero algo más en la tierra?» (Sal 72,25). Ciertamente no hay en el cielo nada más que sea ofrecido a Dios de parte de los ángeles que el culto lógico (mediante la energía lógica increada); y esto es lo que ll Dios solicita también de nosotros y por lo que nos enseñó a orar: «Hágase tu voluntad, así en la tierra, como en el cielo».

27

Por tanto, nuestra parte lógica de la psique que se mueva hacia la búsqueda de Dios; y la potencia y energía de la parte anhelante de la psique hacia Él; también que luche la parte irascible de la psique con la energía y potencia de la ira (o enfado) para mantenerLe. O, mejor dicho, todo nuestro nus con su potencia y energía que sea extendida y dirigida hacia el Dios, tomando de una manera el vigor y la tensión de la fuerza de la ira (de la parte irascible de la psique), e inflamado por el anhelo del máximo deseo (de la parte anhelante de la psique). Así, en efecto, imitando a los ángeles celestes, nos encontraremos adorando continuamente a Dios, presentándonos y conduciéndonos sobre la tierra como los ángeles, para que igual que ellos, nuestro nus no sea absolutamente movido hacia ninguna creación que viene después de Dos.

28

Cuando nos estamos gobernados así de esta forma de acuerdo con la oración, recibiremos, como pan sobresubstancial y vivificante para la alimentación de nuestras psiques y para el mantenimiento del buen estado de los bienes que nos han sido regalados, al mismo Logos que ha dicho (AA): «51YoSoY el pan vivo que descendió del cielo; si uno come de este pan vivirá para siempre; y el pan que yo les daré es mi sarx (cuerpo y sangre), que yo ofreceré como sacrificio para la vida del mundo. 51YoSoY el pan, que en mi interior tengo la vida que también la transmito a los demás, y quien ha bajado del cielo; si uno come de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les daré es mi sarx (cuerpo y sangre) o mi hipostasis (base substancial) física humana que la ofreceré como sacrificio para el despertar espiritual, la sanación y salvación de todo el mundo» (Jn 6. 51, 33 y 7).

Él se convierte en todo para nosotros que nos alimentamos de Él mediante la sabiduría y la virtud, según la capacidad de recibir y aceptar de cada uno, y se encarna o toma cuerpo a los salvados de distintos tropos (modos, manera o formas), mediante el tropo que Él mismo conoce. Todas estas realidades y cosas las recibiremos mientras aún estamos en el mundo presente, de acuerdo con la sentencia de la oración que dice:

28ª

«El pan nuestro el sobresustancial danos hoy…τον άρτον ημών τον επιούσιον δος ημίν σήμερον…ton arton imos to, epiúsion dos imín símeron».

Con la palabra «hoy σήμερον símeron» creo que da a entender la vida presente, como si uno, después de haber entendido claramente este punto de la oración, dijera: “el pan que había preparado desde el principio para la inmortalidad de la naturaleza, dánoslo hoy, que nos encontramos en esta presente vida mortal, y el alimento de este pan de vida y de conocimiento vencerá la muerte del pecado; a este pan, al que la transgresión del mandamiento divino, no ha permitido participar al hombre (Gen 3,22-24). Porque si se hubiese llenado con este alimento divino, no había sido presa de la muerte, a consecuencia del pecado. Sin embargo, quien reza para recibir este pan sobresubstancial, por supuesto que no lo recibe todo entero como es en sí este pan, sino en la medida de la capacidad y receptividad del mismo puede recibirlo. Porque el Pan de vida, como filántropo que es, se da a todos los que lo piden, pero no a todos de la misma manera, sino, a los que han hecho grandes obras más, y a los que ha han hecho obras menores menos. Por tanto, a cada uno según lo que puede recibir el estado de su nus.

En esta interpretación de este pasaje me ha conducido el mismo Salvador, cuando explícitamente ordena a Sus alumnos que no se preocupen para nada del pan sensible. Diciendo: “25No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

33 Mas buscad primeramente el reinado de la realeza increada de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas“ (Mt 6, 25· 31-33).

29

Por tanto, ¿cómo podría enseñar pedir con la oración las cosas que antes nos había mandado no pedir? Es evidente que no nos ordenaría pedir con la oración lo que no recomendaba pedir mediante el mandamiento; ya que con nuestra oración debemos pedir de acuerdo con algún mandamiento. Por consiguiente, no es lícito pedir con la oración aquello que mediante el mandamiento no nos es permitido pedir. Puesto que el Salvador nos ha mandado buscar y pedir solamente el reinado de la realeza increada de Dios y Su justicia (virtud), es bien lógico que empuje a quienes desean los divinos regalos, que pidan la Realeza increada de Dios y Su justicia (o virtud) también con la oración.

Así, confirmando la jaris (gracia, energía increada) de las cosas que por naturaleza es adecuado pedir con la oración, enlaza y une la voluntad de quienes piden con la voluntad de Él que concede la jaris, y hace una la voluntad con la de Dios y Padre.

29ª

Ahora bien, si con la oración nos ordena pedir el pan material de cada día, con el que mantenemos la vida de nuestra naturaleza física, no debemos sobrepasar los límites de la oración, tratando de almacenar con avaricia para muchos años, olvidándonos de que somos mortales y que nuestra vida se va como una sombra. Sino que debemos pedir sin preocupaciones con la oración el pan diario y demostrar que filosofando o reflexionando según Cristo hacemos de nuestra vida un ejercicio y estudio de la muerte y así con nuestra opinión nos adelantamos de la fisis (natura), separando la psique de las preocupaciones corporales antes de que sobrevenga la muerte. Así la psique no se fijará a las cosas corruptibles, transfiriendo hacia la materia el uso de su deseo natural, y así no aprenderá la avaricia, codicia y ambición que nos privan de la riqueza de los bienes divinos

30

Huyamos, pues, con toda nuestra fuerza del efecto del amor por la materia, y lavémonos de la relación con ella como de polvo de los ojos espirituales; y conformémonos con las cosas necesarias que mantienen la vida presente y no de aquellas que la llevan al placer y agrado. Y por estas roguemos a Dios tal como hemos sido enseñados, para que podamos mantener nuestra psique libre de esclavitudes, de manera que no sea cautivada por ninguna de estas cosas amadas por el cuerpo, y demostremos que comemos para vivir y no vivimos para comer. Porque la primera cosa es cualidad o atributo propio de la lógica, en cambio la segunda es de la naturaleza animal e ilógica. Guardemos y mantengamos, pues, con exactitud o precisión (akribia) la oración, demostrando con los hechos que pretendemos con toda nuestra fuerza e ímpetu la vida espiritual y que usamos la vida presente para adquirir aquélla, y gracias a aquélla vida espiritual utilizamos esta vida presente tanto como para sostenerla solamente con pan y poder mantener en buen estado natural, en lo posible; y esto no simplemente para vivir, sino para vivir para Dios (Gal 2, 19). Y convertir y hacer el cuerpo ángel de nuestra psique, razonalizado o hecho lógico por las virtudes, y la psique hacerla heraldo de Dios, sostenida sólidamente en el bien. Y el pan natural limitémonos a pedirlo sólo por hoy, sólo por un día, sin atrevernos a extender nuestra súplica para el día siguiente, por respeto a Él que nos ha dado la oración. Así pues, si hemos podido realmente tener esta disposición y ánimo conforme el sentido y significado de la oración, podremos avanzar también a las expresiones o sentencias que siguen, y decir:

 

«Y perdona nuestras deudas u ofensas como nosotros perdonamos a nuestros deudores o a los que nos ofenden… και άφες ημίν τα οφειλήματα ημών, ως και ημείς αφίεμεν τοις οφειλέταις ημών… ke afes imín ta ofelímata imón os k imís afíemen ta ofelímata imón» (Mt 6,12).

31

De acuerdo con la primera interpretación del pasaje anterior de la oración, dijimos que el “hoy” es el símbolo de este siglo. Quien en este siglo busca y pide con la oración este pan incorruptible de la sabiduría increada, de este pan que nos ha separado como muralla desde el principio la transgresión de los primeros en ser creados, sólo conoce un placer, la adquisición de los divinos bienes, de los cuales dador es el Dios y los guarda y protege la predisposición de la libre voluntad de quien las ha recibido; y sólo conoce un dolor o aflicción, que consiste en el fracaso de no alcanzar a estos bienes divinos, y quien infunde esta aflicción es el diablo y la realiza cada hombre que por flojera y pereza dimite o renuncia la predisposición de su libre voluntad para las cosas divinas y no guarda con su opinión la disposición y ánimo el precioso regalo.

Por tanto, aquel que con la predisposición de su libre voluntad no dirige de alguna manera su elección hacia las cosas visibles y no es, por eso, arrastrado ni influenciado de las cosas tristes y aflictivas que le suceden corporalmente, éste ha perdonado de verdad a los que son culpables y le han perjudicado. Porque nadie puede arrebatarle el bien que aspira y desea, ya que, como creemos, esto es por su naturaleza inconquistable e invencible. Y un hombre así en Dios se convierte y se hace a sí mismo como ejemplo de virtud-si es lícito decir esto-, porque suplica al inimitable a Dios a imitarle, diciendo: “Perdona las deudas de nuestros pecados, igual que nosotros perdonamos nuestros deudores”, y ruega así, a Dios, a ser lo que él es para el prójimo. Si él quiere que el Dios le perdone, como él mismo ha perdonado las ofensas de los que habían cometido ofensas contra él, está claro que, el Dios que no tiene pazos (o es impasible) a los que perdona, así también él al quedar sin pazos impasible a las cosas dolorosas y tristes que suceden, perdona a los culpables, sin permitir que se imprima en su nus ningún recuerdo de las penas que le han producido. De otra manera está acusado de separar la natura (fisis) concienciadamente, ya que siendo ser humano, se encuentra en dimensión y separación de otro ser humano.

32

Así cuando sea unida la opinión de la voluntad con el logos (la energía lógica suprema) se convierte y se hace la reconciliación y paz de Dios con la naturaleza (fisis) humana; porque de otro modo no es posible –si la naturaleza con la opinión de voluntad se encuentra en dimensión en sí misma-, recibir y acoger la divina e inexpresable condescendencia. Tal vez por eso el Dios quiere que antes nos reconciliemos los unos con los otros, no porque tenga que aprender Él de nosotros a reconciliarse con los que pecan y condona por parte nuestra los muchos y terribles delitos nuestros, sino para purgarnos o hacer nuestra catarsis de los pazos y demostrar que la disposición de quienes han sido perdonados por Él está cocaminando con la jaris (energía increada). Está muy claro que cuando la opinión de la voluntad se haya unido con el logos de la naturaleza, la predisposición de la libre voluntad de aquellos que han logrado esto, cesará de sublevarse contra el Dios.

En efecto, es normal que no se observe nada contrario y paradójico en el logos (lógica) de la naturaleza (fisis), -el cual es ley natural y divina también- cuando la opinión de la voluntad se mueve de acuerdo con él. Y si no hay nada paradójico al logos de la naturaleza, es bien razonable, que la opinión de la voluntad que se mueve de acuerdo con el logos de la naturaleza tendrá su energía concorde en todo con el Dios, es decir, esta es una disposición activa que ha recibido la calidad de la jaris (energía increada) del bien natural para la génesis o nacimiento de la virtud.

33

Por tanto, esta es la disposición que tiene aquel que ora pidiendo el pan de la gnosis (divina increada); y después de él, también aquel que pide con la oración el pan natural sólo en ese día a causa de la necesidad de la natura (fisis o cuerpo), de la misma manera estará dispuesto a perdonar los errores y ofensas de los que le habían ofendido, porque sabe que es mortal por naturaleza; y esperando cada día la incertidumbre del final físico, da tiempo con la voluntad a adelantarse la naturaleza y se convierte voluntariamente muerto para el mundo (de los pazos), según lo dicho: «Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero» (Sal 43,23 Rom 8,36). Por esto, hace la paz con todos, para que no lleve en él ninguna traza de la insidia del siglo presente, y así, cuando vaya a la vida eterna y reciba del Juez de todos, la recompensa justa por lo que ha hecho aquí abajo. Por tanto, es necesaria y beneficiosa para ambos la disposición pura frente a los que los han entristecido por cualquier motivo y sobre todo en vista del contenido y sentido de los restantes logos de la oración, los cuales son:

 

«Y no nos dejes caer en la tentación, más líbranos del astuto malΚαί μή εἰσενέγκῃς εἰς πειρασμόν, ἀλλά ῥῦσαι ἡμᾶς ἀπό τοῦ πονηροῦ… ke mi isenenguis is pirasmón, alá rise imás apó to ponirú» (Mt 6,13).

34

Estos logos significan que aquel que no ha perdonado perfectamente aquellos que le han culpado, perjudicado y ofendido y no ha presentado a Dios su corazón limpio de toda tristeza, aflicción y esplendente por la luz de la reconciliación, no obtendrá la jaris (gracia, energía increada) de los bienes que ha pedido con la oración, y, por justo juicio, será entregado a la tentación y al astuto mal o al maligno, para que aprenda a purgarse o hacer su catarsis, cuando peca, eliminando las formas establecidas que tiene contra los otros.

Tentación aquí llama la ley del pecado, de la que el primer hombre estaba libre cuando fue creado. Astuto mal o maligno llama al diablo que ha introducido esta ley del pecado en la naturaleza humana y que con el engaño ha convencido al hombre para que trasfiera su deseo desde las cosas lícitas a las prohibidas y a desviarse en la transgresión del divino mandamiento, que provocó la pérdida de la incorruptibilidad dada por la jaris increada. Además, se llama tentación la tendencia voluntaria de la psique hacia los pazos de la carne, y el modo o manera vil, con mala astucia, que utiliza el hombre para cumplir su apasionada tendencia hacia los pazos indecentes.

35

El justo Juez no librará de ninguna de estas cosas, es decir, de la tentación y del pecado a quien no haya perdonado sus ofensas a los que le hayan ofendido, y esto, ni siquiera, aunque lo pidiera con la oración. Pero el Dios permite que éste hombre sea contaminado y manchado por la ley del pecado, y dejará que sea dominado por el maligno y por sus energías a aquel cuya voluntad u opinión está dominada por la dureza la rigidez, porque él ha preferido los pazos de ignominia y deshonra. (Rom 1,26), de las que es sembrador el diablo, a la naturaleza, de la que el Dios es el Creador. Incluso, a quien está voluntariamente inclinado hacia los pazos de la carne, el Dios no le impide que los realice de hecho, pero no le redime ni libera de la forma de la inclinación hacia los pazos, porque él, al haber considerado la naturaleza inferior a los pazos inconsistentes, sin hipostasis (sin base substancial) y por el celo a estos, ha ignorado el logos (razón) de la naturaleza. De acuerdo con este logos, debía moverse y aprender cuál es la ley de la naturaleza y cuál es la ley de la tiranía de los pazos que es infringida y realizada con el consentimiento de la opinión de la voluntad y no de la naturaleza.

 

Y así con sus energías y operaciones naturales custodiar y guardar la ley de la natura (fisis), pero expulsar la tiranía de los pazos lejos de la voluntad y con la lógica de la psique proteger la natura (fisis), tal como es de por sí pura e impecable, sin odio ni separación de los demás hombres; y de nuevo hacer la opinión o su voluntad a cocaminar con la natura (fisis), sin llevar absolutamente nada de lo que no permite el logos de la naturaleza. Y por eso aleja todo odio y toda separación hacia su semejante, de modo que mientras va diciendo esta oración, sea escuchado y vaya recibiendo doble jaris de Dios, es decir, tanto del perdón o absolución de los pecados anteriores, como también la protección y la redención respecto de las futuras. Y para una cosa estar dispuesto con buen ánimo, la absolución o perdón a los otros, para que vaya recibiendo las dos recompensas: a) que no sea dejado por Dios caer en tentación, y b) no sea dejado tampoco a ser sometido y esclavizado al maligno o astuto mal.

36

Por tanto, también nosotros, retomando sinópticamente el sentido y significado de las cosas que he dicho anteriormente, si queremos ser librados del maligno y no entrar en tentación, debemos creerle a Dios y perdonar a los que nos han ofendido y perjudicado. Porque dice: “si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mt 6, 15). Así, no solamente recibiremos el perdón o absolución de nuestros pecados, sino que, venceremos la ley del pecado, y no seremos abandonados a tener esta experiencia; y pisotearemos la maligna serpiente, genitor de esta ley, puesto que suplicamos para ser liberados y salvados de ella. Capitán General será el Cristo, -“que ha vencido la muerte” (Jn, 16.33)- , el Cual nos proporciona armas con las leyes de Sus logos-mandamientos y con la expulsión de los pazos enlaza legalmente la naturaleza humana consigo misma mediante la agapi (amor, energía increada); y mueve insaciablemente nuestro apetito hacia Él que es el pan de vida increada, sabiduría increada, gnosis increada y justicia. Y con el cumplimiento de la voluntad del Padre, nos hace partícipes del culto junto con los ángeles, que estaremos mostrando con la forma o modo de vida que llevamos, mediante la fiel imitación de los ángeles, la complacencia celestial. Y de allí de nuevo nos sube a la suprema cima de las realidades divinas, al Padre de las luces increadas, haciéndonos partícipes de la divina naturaleza (2Ped 1,4) mediante la participación, conexión y unión de la jaris (gracia, energía increada del Espíritu Santo. En este estado seremos hijos de Dios, teniendo en nuestro interior sin limitación toda la pureza y lucidez, todo el Hijo del Padre por naturaleza y donador de esta jaris, de Quien y por medio del Cual tenemos y tendremos la existencia, el movimiento y la vida increada (Hec 17,28).

 

En este misterio de la zéosis, pues, que se dirija y aspire nuestro objetivo de la oración, para que aprendamos lo qué somos y qué ha hecho de nosotros la kenosis (vaciamiento) en carne o encarnación del Unigénito, y de qué fondo, nosotros que nos hemos encontrado al nivel inferior donde nos había bajado el peso del pecado, en qué altura nos ha elevado con la potencia de Su mano caritativa; y así, amaremos más Aquel que con tanta sabiduría ha preparado nuestra sotiría (redención, sanación y salvación). Demostremos con nuestras praxis y obras el cumplimiento de la oración y seamos capaces de predicar a Dios verdadero Padre nuestro por la jaris (gracia, energía increada). Por otro lado, demostraremos que no tenemos como padre de nuestra vida al maligno que mediante los pazos de la ignominia trata de dominarnos tiránicamente, y sin darnos cuenta, intercambiamos la vida por la muerte. Porque los dos por naturaleza –Cristo y el maligno- cada uno transfiere sus cualidades en aquellos que van con su parte; Cristo concede vida eterna a los que lo aman, y el maligno produce la muerte a los que se le acercan, con las voluntarias tentaciones que les somete.

38

Según la Escritura la tentación se manifiesta de dos maneras o formas. Una es hedónica, placentera y la otra dolorosa. La primera se hace con nuestra libre elección voluntaria, en cambio la segunda no. La primera genera el pecado, y hemos sido ordenados por el Señor a orar y pedir que no entremos en esta, diciendo: “no nos dejes caer en la tentación” (Mt 6,13), y también: “velad y orad, seáis despiertos con la oración para que no entréis en tentación” (Mt 26,41). La otra manera es vengadora del pecado infligiendo involuntarios dolores, penas, y sufrimientos para que sea castigada la predisposición  que ama el pecado. Si a pesar de ello uno las soporta , sobre todo si uno aún no es traspasado por los clavos del pecado, oirá al gran Santiago que proclama: “Hermanos míos, tened por sumo gozo y suprema alegría cuando os caéis y halléis en diversas pruebas y sufrimientos,  sabiendo que la prueba de vuestra fe a Cristo produce constancia y paciencia. Mas la paciencia que sea inquebrantable, porque tiene como fruto obra espiritual completa en vuestro corazón, para que seáis perfectos e íntegros, sin que os falte cosa alguna.

39

Y a ambas tentaciones, la voluntaria y la involuntaria las usa pérfidamente el maligno. La primera la siembra excitando la psique con los placeres (hedonismo) del cuerpo, maquinando cómo alejar el deseo de la divina agapi increada. La segunda, pide concesión de Dios con sofismas, queriendo corromper la natura (fisis) humana por el dolor, el sufrimiento y la tristeza, para obligar a la psique caer en atonía y desgana a causa de los dolores y sufrimientos y así mover el logismós-pensamiento o reflexión a la calumnia contra el Creador. Pero nosotros que hemos conocido los pensamientos demoníacos del maligno (2 Cor 2,11), arrojemos el yugo de la tentación voluntaria para que no seamos alejados de la agapi divina, y la involuntaria que viene por concesión de Dios, pues, soportémosla con valentía para que se vea que hemos preferido no la naturaleza sino al Creador de la naturaleza.

40

Ojalá suceda que todos nosotros que invocamos el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo (Hec 2,21), seamos redimidos y liberados de los ataques y asaltos actuales hedónicos del maligno, y seamos liberados de sufrimientos, penas y dolores futuros, por la participación en la sustancia de todos los bienes futuros que ya nos han sido mostrados en la persona de Cristo nuestro Señor que sólo con el Padre y el Espíritu Santo es glorificado por toda la creación.

Porque tuya es la realeza, la fuerza y la gloria.

Ὅτι σοῦ ἐστίν ἡ βασιλεία καί ἡ δύναμις καί ἡ δόξα»

(Oti sú estín i vasilía ke i dínamis ke i doxa). Amín.

 

 

 

 

 

 

 

 

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