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nov 12 2017

1ª Centuria de los 200 capítulos a Thalasio Filocalia

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Filocalía de los Santos Nípticos, tomo 2 (pag 103-122), san Máximo el Confesor

200 capítulos a Thalasio, sobre la teología y la Economía de la Encarnación del Hijo de Dios

 

Primera centuria

1.1

El Dios es uno, sin principio, increado e incomprensible, Él posee enteramente la dinami potencia de la energía increada de Su ser o existencia. Está absolutamente alejado y excluido de todo concepto de las categorías de “cuándo” y de “cómo”, porque es inabordable e inaccesible a todos y en ninguno de los seres es conocido mediante alguna muestra, señal o indicio físico.

1.2

El Dios no es de tal naturaleza, de modo que nos sea posible a nosotros conocer. No es ni principio, ni medio, ni fin, ni tampoco en general otra cosa en relación de estas que podemos observar a la naturaleza. Porque el Dios es indefinido, inalterable, infinito e increado, porque está infinitamente más allá de toda esencia, potencia y energía.

1.3

Toda esencia, como incluye en sí misma su propio límite de existencia, es por naturaleza principio del movimiento en potencia que se observa en ella. Cada movimiento natural con energía hacia operación, como es entendido después de la esencia pero antes de su operación es medio, puesto que por su naturaleza está en la mitad o entre medio de la una y la otra. Y cada energía y operación que se define naturalmente por el logos de su existencia, es el fin del movimiento de la esencia que viene al nus antes que ella.

4.

El Dios no es esencia creada, tal como decimos en el sentido común general o parcial, de modo que sea también principio (debido a que la esencia creada tiene principio).

Ni una dinami fuerza o potencia creada, tal como decimos dinami en el sentido común general o parcial, de modo que sea también medio;

ni energía de operación o acto, como decimos energía creada y operación en el concepto general o parcial, de modo que sea también fin del movimiento esencial anteriormente concebido en su potencialidad.

Él es, en cambio, oντότητα ontótita entidad supraesencial increada y esenciativa (o que crea la esencia);

y cimiento o constitución superpotente (supradinámica), produce potencia y la trasciende;

y es también entidad enérgica, creadora de toda energía y acto u operación que no tiene final (o como un hábito sin final).

En pocas palabras, el Dios es creador de toda esencia, potencia y energía, y de cada principio, medio y fin.

5.

El principio, el medio y el fin son atributos o distintivos de las cosas divididas en el tiempo, y sería verdadero si decimos, también de todas las cosas que consideramos en el siglo (o en la eternidad).

Porque, por una parte, el tiempo como posee movimiento medible, está definido aritméticamente con número;

por otra parte, el siglo (o eternidad), en el concepto de su existencia, como incluye también la categoría del tiempo o del “cuándo”, está sujeto a la dimensión, habiendo tenido principio del ser o existencia. Ahora bien, el tiempo y el siglo no son sin principio, tanto más no lo son sin principio las cosas y las realidades contenidas en ellos.

6.

El Dios es siempre uno solo por naturaleza, conteniendo o incluyendo en Sí mismo, de todos modos, la absoluta existencia siendo superior de ella.

Ya que es así, nada de lo que en  general decimos que existe o es, posee la existencia absoluta o el ser absoluto. Por lo tanto, no debe considerarse, de alguna manera, que coexista alguna cosa más desde la eternidad con Dios excepto la esencia increada, ni el siglo, ni el tiempo, ni el cosmos-mundo ni ninguno de los seres que viven en él. Porque la absoluta existencia increada o ser increado nunca coincide con lo no absoluto creado (ser o existencia).

7.

En cada cosa principio, medio y fin no excluyen en absoluto, la categoría de relación. Pero el Dios, como es del todo infinitas veces infinitamente superior de cada relación, es lógico que no sea ni principio, ni medio, ni fin, ni tampoco alguna otra cosa de las que se pudiera considerar, según la relación, con la categoría de la co-relación con alguna cosa.

8.

Todos los seres se dicen comprensibles o concebibles, porque tienen los principios manifestados y demostrados, mediante los cuales adquirimos la gnosis de ellos. Pero el Dios no es llamado “concebible o comprendido”, porque las cosas concebibles o comprendidas nos conducen solo a creer que existe. Por eso, ninguno de las concebibles o inteligibles es de algún modo comparable con Él.

9.

Las gnosis de los seres para su propia manifestación tienen conjuntados los logos correspondientes y por medio de ellos son por naturaleza descriptibles. El Dios, en cambio, sólo se puede creer que es, mediante los logos que están en los seres; y Él concede a los piadosos y devotos la confesión y la fe de que existe absolutamente, que es la demostración más firme que cualquier otra. Porque la fe es la verdadera gnosis (increada) que sus principios no admiten demostraciones y hace tangibles cosas que sobrepasan el nus y la lógica o intelecto (Heb 11,1).

10.

El Dios es principio, medio y fin de los seres, en cuanto operante energizando y no en modo pasivo o padecido. Esto vale también con todos los otros nombres con los que Le ponemos. En efecto, principio en cuando Creador; medio, en cuanto Providente; y fin, en cuanto Determinación (Descripción o Delimitación). Porque dice el Apóstol: “Porque todas las cosas provienen de Él, y por Él se han hecho, y a Él aspiran (Rom 11,36).

11.

No hay psique lógica que tenga por esencia más valor que otra psique lógica. Porque el Dios en su bondad, al crear cada psique a su propia imagen, la trae en la existencia para que se mueva por sí misma. Y cada una, según su intención propia, elige el honor, o se arrastra voluntariamente al deshonor mediante sus obras.

12.

El Dios (con su luz increada) es el Sol de justicia (Mal 4.2), como dice la Escritura, que echa en todos los rayos de su bondad sin distinción o discriminación alguna; y la psique, según su voluntad, se vuelve como cera, si ama a Dios o como barro si ama la materia. Como el barro que por su naturaleza es secado por el sol, y como la cera que naturalmente se ablanda; así también cada psique amante de la materia y del mundo (de los pazos), que el Dios la instruye y ella resiste con su propia voluntad, se endurece como el barro y se empuja a sí misma a la perdición, como el Faraón (Ex 7,13. 14,28). En cambio, cada psique que ama a Dios, se ablanda como cera, y mientras va recibiendo los signos y los sellos divinos se convierte en residencia de Dios por la Χάρις jaris la energía increada del Espíritu Santo (Ef 2,22).

13.

Aquel que ha hecho resplandecer su nus con divinos conceptos y pensamientos y ha acostumbrado su logos a alabar incesantemente al Creador con himnos divinos y ha santificado, expiado sus sentidos con zeorías contemplaciones inmanchables, éste al bien que tiene natural “como imagen” de Dios, ha agregado también el bien optativo y voluntario del “como semejanza”.

14.

Uno vigila y guarda su psique sin mancha para la gracia de Dios, si obliga su diania (mente, intelecto) a pensar sólo en Dios y Sus virtudes, y si convierte su lógica en intérprete ortodoxo de las virtudes de Dios, y si enseña a sus sentidos u órganos sensitivos a imaginar piadosamente al mundo sensible y todo lo que hay en él, transmitiendo a la psique la grandeza de los logos que se encuentran en los seres.

15.

El Dios liberándonos de la amargura de la esclavitud de los demonios que nos tiranizaban, nos ha regalado filántropo yugo de la divina piedad, la humildad. Por ella es domada toda fuerza y energía diabólica, y en quienes la han escogido, se crea cada bien y están protegidos e inmunes de las radiaciones demoníacas.

16.

Aquel que cree, teme; y quien teme, se hace humilde y se vuelve apacible, porque adquiere el hábito de la inoperatividad de los movimientos antinaturales de la ira y del deseo. El apacible aplica y cumple los logos-mandamientos del Evangelio; y el que aplica y cumple los logos-mandamientos realiza la catarsis, es purgado, sanado y limpiado, y el que ha realizado esto es iluminado; y quien es iluminado se hace digno de unirse con el Novio celeste (Cristo), el Dios Logos increado, al tálamo  nupcial de los Misterios (sacramentos).

17.

Tal como un agricultor que busca un campo adecuado para trasplantar algún árbol silvestre encuentra un tesoro inesperado, así es todo practicante o asceta humilde, sencillo y liberado de la aspereza material de la psique, tal como se dice para el muy bendito Jacob (Ex 27, 11 y 20), cuando su padre espiritual le preguntó cómo había adquirido la gnosis: ¿Qué es esto que has encontrado tan rápidamente hijo mío?, y responde: «Es algo que el Señor y Dios me lo ha entregado». Por tanto, cuando el Dios nos concede contemplaciones y consideraciones sabias de Su sabiduría increada, sin fatiga de nuestra parte y de modo inesperado, debemos pensar que hemos encontrado un tesoro espiritual. Porque el asceta auténtico es el agricultor espiritual el cual la zeoría contemplación de las cosas visibles, mediante la percepción sensible, la trasplanta como árbol sensible en la tierra de las concebibles o inteligibles, y encuentra el tesoro que es la revelación, mediante la jaris (energía increada), de la sabiduría que se encuentra en los seres.

18.

La gnosis de las divinas zeorías contemplaciones que de pronto vienen al asceta o al practicante sin esperarlo, a causa de su humildad, abate la conducta o actitud ostentosa de aquel que con esfuerzo y fatiga busca para la ostentación y exhibición y no la encuentra. Y genera sin razón envidia tonta contra el hermano y pensamientos de envidia y tristeza, porque no puede inflarse por las alabanzas.

19.

Aquellos que con fatiga buscan la gnosis y no la consiguen, fracasan por la falta de fe o porque, por ambición tonta, piensan que podrán elevarse más y en contra de los que poseen la gnosis, como alguna vez los Israelitas contra Moisés. A estos, la Ley oportunamente dice que: algunos usando la violencia subieron al monte y salieron los Amorreos que estaban allí habitando, pegándolos e hiriéndolos” (Deu 1, 43-44). Porque es inevitable que los que simulan virtud por ostentación, no sólo que fracasen porque adulteran la piedad, sino también porque son golpeados y heridos por su conciencia.

20.

Quien desea la gnosis por ostentación y no la consigue, que no envidie al prójimo, ni se entristezca; sino que haga algo antes próximo a la preparación sabática,* es decir, que se esfuerce primero con fatiga para el cuerpo en la práctica de la virtud, preparando así la psique para la divina gnosis.

* παρασκευή paraskeví, preparación o aquí preparación sabática, significa e índice el día que precede del sábado, en el cual había que dispones y preparar de las cosas para respetar el reposo del sábado.

21.

Quienes se acercan a los seres con piedad y no intentan inventar alguna forma ostentosa, recibirán resplandecientes zeorías contemplaciones de los seres, que a su encuentro harán que ellos las perciban con claridad y comprensión perfecta. Respecto a estos dice la Ley: “Venid a heredar grandes y bellas ciudades, llenas de todo bien, ciudades que no habéis construido vosotros, y cisternas excavadas que no habéis cavado vosotros, viñedos y olivares que no habéis plantado vosotros” (Deu 6,10-11). Porque aquel que no vive para sí mismo, sino para Dios, éste se llena de todos los carismas que antes no eran percibidos ni vistos a causa de las molestias que provocaban los pazos.

22.

Hay dos maneras de percepción sensible. Una es la percepción que como atributo natural, funciona también cuando estamos durmiendo, la que no percibe ninguno de sus sujetos y no ofrece ningún beneficio, ya que no tiende a operar; hay también la energética u operativa, con la que percibimos las cosas sensibles. Así también la gnosis es doble: una es la contemplativa, que su hábito es sólo reflexionar sobre los seres, ya que no se extiende en la energía u operación de los logos o mandamientos (del Evangelio); y la otra forma de gnosis es la energética y operativa y está basada en la praxis, considerando verdadera comprensión de los seres aquella que es confirmada por la experiencia.

23.

El hipócrita, mientras cree que nadie lo descubre, está tranquilo y anda en busca de su gloria tratando de pasar por justo. Pero cuando es descubierto, entonces pronuncia logos mortales, creyendo que con las acusaciones a los demás esconderá su falta de educación y grosería. A éste, como es inestable, la Escritura comparándolo como generador de pensamientos de víbora, le ha ordenado dar frutos dignos de metania (Mt, 3, 7-8), es decir, hacer que la íntima disposición del corazón esté de acuerdo con las formas y comportamientos exteriores.

24.

Algunos dicen que fiera se llama cualquier animal del aire, de la tierra y del mar que no sea considerado puro según la Ley (Lev 11, 1-43), aunque que parezca ser manso. El nombre de fiera lo decimos también con nuestro logos para cada ser humano según su pazos.

25.

Aquel que finge amistad para dañar y perjudicar a los que están a su alrededor, es un lobo que esconde su propia maldad bajo la piel del cordero. Éste cuando encuentra un comportamiento o un logos apacible que se hace o se dice como quiere el Cristo de forma sencilla, pues, lo arrebata y lo destruye, lanzando un sinnúmero de acusaciones sobre los que ataca por las palabras o costumbres, como uno que está espiando la libertad en Cristo de los hermanos (Gal 2,4).

26.

El que finge el silencio para hacer algo malo, maquina un engaño hacia su prójimo. Y si falla en su intento, se va agregando en su propio pazos también el dolor del fracaso. En cambio, el que calla para beneficiar, éste aumenta la amistad y se va con alegría, porque ha puesto luz que disipa la oscuridad.

27.

Aquel que en una asamblea interrumpe descaradamente la atención de los logos-discursos, no puede esconder que padece de la vanagloria. Siendo eslavo de la vanagloria, va dando vueltas y más vueltas las frases queriendo romper la coherencia de lo que se está diciendo.

28.

El sabio, tanto cuando enseña como cuando aprende, quiere aprender y enseñar sólo lo provechoso. En cambio, el charlatán –éste que quiere aparecer sabio- tanto cuando pregunta como cuando le preguntan, presenta solamente las cosas más nimias y curiosas.

29.

Quien es partícipe de los bienes por la jaris (energía increada) de Dios, está obligado a transmitirlos también a los otros generosamente sin envidia, porque dice la Escritura: «Gratis lo rebisteis, dadlo gratis» (Mt 10,8). El que esconde la donación, calumnia al Señor como duro y reniega de la virtud al no querer fatigar la carne. Y aquel que vende la verdad a los enemigos y después es descubierto y reconocido como vanaglorioso, se ahorca al no poder soportar la vergüenza, (Mt 25,24. 26,15. 27,5).

30.

Aquellos que aún temen de la guerra contra los pazos y tienen miedo de los ataques de los enemigos invisibles, deben callar, es decir, no deben usar el método de contradicción en defensa de la virtud, sino confiar y dejar a Dios el cuidado de ellos mediante la oración; respecto de éstos se dice en el Éxodo: “El Señor combatirá por vosotros y vosotros esteréis en silencio y hisijía” (Ex 14,14). En cambio, aquellos que, después de haber vencido y destruido a los demonios buscan inmediatamente con buena disposición a aprender los tropos métodos (modos, maneras, formas) del ejercicio por las virtudes, deben tener abierto el oído de la diania-mente; respecto de ellos dice: “Escuchad Israelitas” (Dt 6,4). Pero en aquel que se ha purgado y sanado o ha hecho la catarsis, y desea ardientemente la divina gnosis increada, le conviene y le va bien la piadosa franqueza hacia Dios; Respecto de éste está dicho: “¿Por qué sigues clamando hacia mí?” (Ex 14,15). Por tanto, para aquel a quien se le ordena el silencio con motivo de miedo, es adecuado refugiarse en Dios; a quien se le ordena a escuchar, conviene la presteza a la obediencia de los mandamientos-logos (del Evangelio); y para el gnóstico, es adecuado clamar incesantemente a Dios suplicando el alejamiento de los males y agradeciendo por la concesión de los bienes.

31.

Nunca la psique puede alcanzar la gnosis de Dios, si Dios mismo por condescendencia, no la aferra y la sube a Sí. En efecto, el nus humano nunca podría tener tanta potencia y energía como para recibir algo de iluminación divina, si el mismo Dios no lo atrajera –dentro de lo posible para el ser humano- y no lo iluminara con los resplandores de la divina luz increada.

32.

El que imita a los alumnos del Señor, no evita por miedo a los Fariseos a caminar el Sábado a través de los campos sembrados y arrancando las espinas (Mt 12, 1-2). Pero una vez después de la práctica por la virtud ha llegado a la apazia (sin pazos), reflexiona con los logos de las creaciones y es alimentado piadosamente con la ayuda de la divina ciencia de los seres.

33.

Aquel que permanece fiel sólo según el Evangelio, mueve la montaña de su malicia con la práctica por la virtud (Mt 17,20). Como entiende la inestabilidad de las cosas sensibles, aleja de su interior la disposición que antes tenía sobre estas percepciones. Aquel que puede ser también alumno, recibe de las manos del Logos increado los pedazos de los panes de la gnosis y con estos alimenta miles de personas (Mt 14, 19-20), manifestando así que la potencia y energía increada del Logos aumenta con la praxis. Aquel que ha podido ser también Apóstol, sana cada enfermedad y debilidad; expulsa demonios (Mt 10,8 y Lc 10.17), es decir, desarraiga la energía de los pazos, cura enfermos, restableciendo mediante la esperanza el hábito de la piedad, en aquellos que habían sido privados de esta;  y a los que se han debilitado por la pereza, los reprende con el recuerdo del juicio. Ya que recibió la orden de caminar sobre serpientes y escorpiones (Lc 10,19), él hace desaparecer el principio y el fin del pecado.

34.

El Apóstol y alumno es por supuesto también creyente. El alumno no es apóstol, pero sí es creyente. Quien es sólo creyente no es ni alumno ni apóstol; sin embargo, éste tercero, el creyente, con la conducta correspondiente y la zeoría contemplación puede convertirse en alumno, y de alumno llegar al rango y valor del apóstol.

35.

Todas las cosas que son creadas en el tiempo y están sujetas al tiempo, una vez que han alcanzado la terminación, dejan su crecimiento natural. Pero las obras de la virtud que se consiguen a través de la gnosis de Dios, estas incluso cuando se han completado, de nuevo se mueven hacia nuevo crecimiento. Porque sus finales constituyen los inicios de otras formaciones y obras divinas. Es decir, el que mediante la aplicación de las virtudes en práctica, ha anulado en sí mismo la fuerza de las corruptibles, ya ha dado comienzo para la realización de otras situaciones, estados o formaciones más divinas. Porque el Dios nunca cesa de hacer bien o conceder bienes, el cual no tiene principio (o que los bienes no tienen principio). Igual que lo propio de la luz es iluminar, así también el atributo de Dios es hacer el bien. Por eso en la Ley, donde se regula y se describe la composición y estructura de las cosas que, según el tiempo, están sujetas al nacimiento y  a la corrupción, el Sábado es honrado con el reposo (Ex 31, 14-15). Pero en el Evangelio, mediante el cual se introduce el régimen o la condición de las cosas concebibles y espirituales, el Sábado es adornado con buenas obras (Jn 5, 16-17), aunque de esto se escandalicen aquellos que no entendieron que el Sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el Sábado, y que el Hijo del hombre es también Señor del Sábado (Mc 2, 27-28).

36.

En la Ley y en los profetas se dice: sábado (Is 66,23), y sábados (Ex 31,13) y sábados de los sábados (Lev 16,31), como también circuncisión y circuncisión de la circuncisión (Gen 17, 10-13), más cosecha y cosecha de las cosechas, según la frase: “Cuando cosecharéis vuestra cosecha” (Lev 23,10). La primera expresión significa la filosofía práctica, la natural y la teológica; la segunda significa la liberación de la creación y de los logos de las creaciones; la tercera, la congregación, concentración, gozo y deleite de los logos espirituales de las cosas sensibles y de las concebibles o inelegibles. Y si esto se hace de tres maneras, es decir, para cada una de las que hemos dicho, aquel que tiene la divina gnosis conocerá los logos o razones por las que Moisés muere y “sabatiza”, es decir, reposa fuera de la tierra santa (Dt 34,5); y Jesús de Naví, efectúa la circuncisión una vez pasado el río Jordán (Jos 5,3); y los que heredan la buena tierra, ofrecen a Dios el tributo de la sobreabundante cosecha (Lev 23,11).

37.

Sábado es la apazia (sin pazos, impasibilidad) de la psique lógica, la cual mediante la práctica de la virtud ha expulsado y sanado totalmente los estigmas del pecado.

38.

Los Sábados, son la libertad de la psique lógica, la cual ha depuesto incluso hasta la energía natural del sentido o de la percepción sensible mediante la zeoría contemplación espiritual de la naturaleza.

39.

Sábados de los sábados son la paz y  serenidad espiritual de la psique lógica, la que ha despegado el nus incluso de los logos más divinos de los seres y le ha hundido y ligado totalmente a Dios, según el éxtasis erótico o amoroso, y le ha hecho totalmente inamovible de Dios por medio de la teología mística.

40.

La circuncisión es la expulsión de la psique de la disposición maliciosa y pasional hacia las creaciones.

41.

Circuncisión de la circuncisión es la completa expulsión y eliminación de la psique incluso de estos movimientos naturales hacia las creaciones.

42.

Cosecha de la psique lógica es la recolección, cognición y consciencia por la divina gnosis increada de los logos más espirituales sobre la virtud y la naturaleza de los seres.

43.

Cosecha de las cosechas es la comprensión de Dios, inaccesible para todos, que es realizada en el nus después de la zeoría contemplación mística de las realidades concebibles, de manera que sobrepasa la gnosis. Y esta zeoría mística la ofrece de modo debido quien glorifica dignamente al Creador a partir de las cosas visibles e invisibles.

44.

Hay también otra cosecha más espiritual, que se dice que es de Dios, y otra circuncisión más mística, y otro sábado más secreto en el cual el Dios “sabatiza” de sus propias obras, es decir, reposa;  y todo esto de acuerdo con los logos: “La cosecha o la mies es mucha pero los obreros pocos” (Mt 9,37), y “circuncisión espiritual del corazón” (Rom 2,29), y “el Dios bendijo el séptimo día y lo santificó, porque en éste reposó, habiendo terminado todas Sus obras, las que el Dios había comenzado a crear” (Gen 2.3).

La mies o cosecha de Dios es la eterna estancia e instalación en Él de todos los dignos, después de la terminación de los siglos.

46.

Circuncisión espiritual del corazón (Rom 2,29) es la perfecta eliminación de las energías u operaciones naturales de los sentidos y del nus, en relación con las cosas sensibles y las concebibles o inteligibles. Esto se hace con la presencia del Espíritu, que de modo inmediato metamorfosea, transforma hacia lo más divino el cuerpo y la psique.

47.

Reposo sabático de Dios es el total desenlace en Él de Sus creaciones, por lo que el Dios hace cesar la energía y operación natural de ellas, cuando en ellas está operando con Su propia energía increada y divina. Es decir, el Dios detiene la operación y energía natural que tiene cada ser y de acuerdo con la cual se mueve por naturaleza, cuando cada uno de los seres, una vez haya recibido analógicamente la divina energía increada, dirige su propia energía natural hacia al mismo Dios.

48.

Quienes tienen celo para las cosas espirituales, pues, que busquen cuáles son las obras que empezó a crear el Dios, y después cuáles son las que no empezó. Porque, si el Dios cesó de hacer cuando terminó las obras que había empezado, está claro que no cesó de hacer aquellas que no había comenzado. Que piensen pues, que al menos las obras de Dios que han empezado en el tiempo son todos los seres que participan, (los que participan en la energías increadas participativas), es decir, las distintas esencias de los seres; porque tienen su “no ser o inexistencia” antes que su “μή ὄν ser o existencia”, puesto que hubo tiempo en que los seres participantes no existían. Y tal vez, las obras de Dios que no han empezado a ser en el tiempo, son los seres o entes participables, de los cuales participan por la jaris (gracia energía increada) los “participantes”. Tal es la bondad y lo que contiene y se entiende sobre el concepto de la bondad, y en general toda vida, inmortalidad, sencillez, inmutabilidad, infinitud y las que son esenciales energías increadas de Dios; todo esto son obras de Dios y no tienen el principio en el tiempo. Porque el “no ser o inexistencia” no es más antigua que la virtud, ni ninguna de las cosas o realidades antedichas, aunque aquellos seres o realidades tengan el mismo principio de ser en el tiempo. Toda virtud es sin principio, y no es el tiempo antes que ella, porque tiene a Dios uno y único genitor de ella perpetua y pre-eternamente.

49.

El Dios transciende y está infinitas veces, infinitamente por encima de todos entes (seres o existencias) participantes y participables. Porque toda cosa que tiene el logos (razón) de categoría o predicado del ser, es obra de Dios, por esto, tanto si en su origen hayan empezado a ser en el tiempo, como si han sido generadas entre las creaturas por la jaris, contienen como dinami potencia innata que proclama en voz alta a Dios presente en todas las cosas.

50.

Todas las cosas que son inmortales y la misma inmortalidad, todos los vivos y la vida misma, y todas las cosas santas y la santidad misma, y todas las cosas virtuosas y la misma virtud, y todos los bienes y la misma bondad, y todos los seres y el ser mismo o la misma existencia, es evidente que son obras de Dios. Pero algunas cosas y realidades han empezado a ser en el tiempo, porque hubo un tiempo que no existían; sin embargo, otras no tienen comienzo en el tiempo, no hubo tiempo que no existían virtud, bondad, santidad, inmortalidad. Y las cosas que han empezado en el tiempo existen y se definen por la participación en las cosas que no tienen principio en el tiempo. Porque de toda vida, inmortalidad, santidad y virtud creador es el Dios; y Él está siempre por encima y más allá de la esencia de todo lo que pensamos y decimos.

51.

El sexto día, según la Escritura, presenta el cumplimiento de los seres comprendidos en la naturaleza. El séptimo describe el movimiento de la propiedad del tiempo; y el octavo, indica el tropo (modo, manera, forma) del estado o ser que trasciende la fisis-naturaleza y el tiempo.

52.

Quien transcurre el sexto día, según la Ley, huyendo del dominio dinámico y operativo de los pazos que oprimen la psique, éste cruza sin temor el mar y sale al desierto (Ex 14, 29-30), donde sabatiza, es decir, reposa sólo con la inoperatividad de los pazos. Pero aquel que ha cruzado el Jordán (Jos 3), una vez, que haya abandonado este mismo estado de la inoperatividad de los pazos, ha llegado a la herencia de las virtudes.

53

Aquel que transcurre el sexto día de acuerdo con el Evangelio, después de haber matado los primeros movimientos del pecado, llega, mediante las virtudes, al desierto de toda maldad, al estado de la apazia (sin pazos), donde sabatiza su nus, quedando libre también de esta fantasía fina de los pazos. Pero quien ha cruzado el Jordán, se traslada al país de la divina gnosis increada, donde el nus, como un templo místicamente construido por la paz, se hace residencia espiritual de Dios.

54.

Quien ha transcurrido o cumplido el sexto día de modo divino o según la voluntad de Dios, con obras y reflexiones apropiadas y ha completado bien sus obras con y como el Dios, éste ha superado mediante el entendimiento y el conocimiento empírico todo el mundo de los ὄντων (seres, subsistencias, realidades, entes) que están sujetos a la natura-fisis y al tiempo, éste se ha llegado a la zeoría contemplación de los siglos (o eternidad) y de las cosas o realidades de los siglos (o eternidades), sabatizando espiritualmente por el nus de modo incognoscible con el total desapego y superación de los ὄντων  (seres, existencias, entes). Ahora bien, quien se ha hecho digno del octavo día, él también ha resucitado de entre los muertos; es decir, de entre todas las cosas sensibles y concebibles o inteligibles, de los logos y de los significados que vienen después de Dios, y vive o ha vivido la bienaventurada y feliz vida de Dios, el único de verdad que es vida soberana y llamado también ὄν-on (ser, existencia, ente); puesto que él también con la zéosis glorificación o divinización se ha convertido y hecho dios/a por la jaris la energía increada, (no dios/a por naturaleza).

55.

Sexto día, es el cumplimiento perfecto, de parte de los que están en la práctica (o ascesis de la catarsis), de las energías y operaciones naturales o físicas concernientes a la virtud. Séptimo día es la finalización y cese de todos los conceptos naturales sobre la inexpresable e increada gnosis por parte de los zeoríticos contemplativos. Y octavo día es el pase y la trasferencia de los dignos hacia la zéosis. Y tal vez el Señor para denotar más místicamente este séptimo y octavo día las ha llamado “día y hora de la consumación” (Mt 24,36), porque contienen los misterios y los logos de todas las cosas, realidades y existencias. Este “día y hora”, absolutamente ninguna de las potencias celestes y de las terrenales podrá conocer antes de vivirlas y experimentarlas, excepto la misma Deidad increada que crea estas cosas.

56.

El sexto día indica el ὄντων λόγον logos (causa, razón) de las existencias o seres. El séptimo día da a entender el modo de εύδαιμονία ef-demonía felicidad y bien estar de los seres ὄντων, y el octavo día dicta el misterio inefable de la eterna o perpetua ef-demonía, felicidad y bien estar y ser.

57.

Ya que conocemos que el sexto día es el símbolo de la energía y operación práctica, debemos cumplir según ella las obras de la virtud, para que se diga también de nosotros el logos: “Vio el Dios cuanto había hecho y todo estaba bien” (Gen 1,31).

58.

Cumple y satisface el deber de la actividad buena que es alabada por el Dios, aquel que mediante el ejercicio fatigoso y diligente del cuerpo, adorna la psique con la variedad de las virtudes.

59.

Quien ha completado la preparación Sabática del viernes* (ver v.20) de las obras de la justicia, ha pasado al reposo de la zeoría contemplación gnóstica, gracias a la cual, una vez habiendo encerrado en su interior θεοπρεπῶς de forma divina los logos de los seres λόγους τῶν ὄντων, reposa del movimiento espiritual del nus en dicha contemplación.

60.

Aquel que se ha hecho partícipe del reposo de Dios, para nosotros el séptimo día, se hará también partícipe de Su divinizante o deificante energía increada del octavo día; es decir, del reposo místico, dejando él también en la tumba, las vendas y el sudario de la cabeza (Jn 20, 6-7). Y viendo esto cualquiera, como Pedro y Juan, creerá que el Señor ha resucitado.

61.

Sepulcro del Señor, es tal vez, este mundo y el corazón de cada creyente. Vendas son los logos de las cosas sensibles junto con los tropos (métodos, modos o maneras) de las virtudes. Sudario es la gnosis sencilla y unitaria de las cosas concebibles o inteligibles y la teología ortodoxa a la medida que es alcanzada. Con estas (gnosis y teología) se ha hecho conocido el logos de la Resurrección, sin estas es totalmente imposible la comprensión para nosotros de lo que está por encima de la gnosis y de la teología ortodoxa.

62.

Aquellos que sepultan con honores al Señor, Le verán también resucitado con doxa (gloria, luces de luz increada), mientras que será invisible a todos que no operan así. En efecto, el Señor ya no es capturado de los que Le tienden trampas, puesto que no tiene los revestimientos exteriores con los que aparentaba dejarse voluntariamente ser capturado de Sus perseguidores y aceptaba padecer Su pazos-pasión para la sotiría redención, sanación y salvación de todos.

63.

Aquel que sepulta con honores al Señor (Mt 28,60), es respetado por todos los que aman a Dios, porque Le ha salvado convenientemente de la burla y del ultraje de Sus enemigos, y no deja que los incrédulos por blasfemia Le claven a la cruz.

Aquellos que sellan el sepulcro y ponen soldados para vigilarlo (Mt 27,66), son odiados por esta praxis; y cuando el Logos increado es resucitado, ellos divulgan y calumnian al Logos resucitado como si hubiera sido robado (Mt 28,13).

Por esta calumnia al resucitado Salvador, pagan también a los soldados, igual que con la traición habían comprado el falso discípulo (Mt 26,15).

Aquí falso discípulo entiendo la manera ostentosa y exhibicionista de la virtud.

Aquel que contiene la divina gnosis increada, conoce el sentido y significado de lo que se ha dicho, éste no ignora cómo y con cuántas maneras el Señor es crucificado, es enterrado y resucita, dejando como muertos los loyismí malignos y apasionados que anidan en el corazón a causa de los demonios, y los que durante la tentación dividen y reparten como las vestiduras (Mt 27,35) los comportamientos éticamente dignos, bellos o morales; y conoce aniquilar, como Él los sellos del sepulcro, las huellas que dejaron en la psique los pecados anteriores.

64.

Cada avaricioso y amante del dinero, que con forma de piedad simula la virtud, cuando ha encontrado la forma de apropiarse con el dinero que anhela, o del objeto de su deseo, reniega del comportamiento por el que antes se lo tomaba como discípulo del Logos.

65.

Cuando veas a algunos soberbios que no soportan las alabanzas hechas a los mejores y maquinan cómo pueden esconder la verdad que se está proclamando, impidiendo con mil y una tentaciones y calumnias inmorales, entonces debes pensar que el Señor es nuevamente crucificado y sepultado por éstos, guardado en la tumba por soldados y los sellos. Pero el Logos, derrocándolos a éstos, resucita, y aparece más fuerte por esta guerra en su contra y mucho más reforzado en la apazia (impasibilidad, sin pazos) por los padecimientos. Porque es más fuerte que todos, como verdad que es y que es llamado también ὤν (on) ser o existencia (Jn 17,17).

66.

El misterio de la encarnación del Logos contiene el sentido y significado de todos los logos enigmáticos y simbólicos de la Escritura, como también la gnosis de las creaciones visibles e invisibles. Quien ha comprendido el misterio de la cruz y del entierro, entiende también los logos mencionados antes (es decir, la encarnación). Y quien ha sido iniciado a las inexpresables e increadas potencia, energía y luz de la Resurrección, éste ha conocido el fin por el cual el Dios ha creado todas las cosas.

67.

Todas las realidades visibles tienen necesidad de la cruz, es decir, del estado que obstaculiza la relación de ellas con lo que se realiza sobre ellas mediante la percepción sensible. Por otra parte, las realidades concebibles o inteligibles, tienen necesidad de sepultura, es decir, de la inamovilidad total de lo que en ellas se realiza por el nus. Porque cuando junto con la relación se elimina o mortifica también cada energía y movimiento natural en relación con todas las cosas, entonces el logos, quedándose solo consigo mismo, aparece como resucitado de entre los muertos, conteniendo en su interior todas las cosas que provienen de él, sin que ninguna tenga absolutamente afinidad alguna con él por relación natural. Porque, la redención y salvación de los salvados se hace y es por la jaris (energía increada) y no por naturaleza (Ef 2,5).

68.

Los siglos, los tiempos y los lugares pertenecen a la categoría de la relatividad o relación y sin ellos no existe nada de lo que se piensa y comprenda con ellos. Pero Dios no pertenece a las realidades relativas a otras, porque no tiene absolutamente nada que sea pensado y comprendido junto con Él. Por tanto, si la herencia de los dignos es el mismo Dios, aquel que será hecho digno de esta jaris, estará por encima de todos los tiempos, los siglos y los lugares; su lugar será el Dios mismo, según la Escritura: “Sé tú mí roca de refugio y la fortaleza de mi salvación” (Sal 70,3).

69.

El fin no tiene ningún parecido con el medio, de otro modo no sería tampoco fin. Medio, son todas las cosas y realidades que se encuentran después del principio y antes del fin. Por tanto, si los siglos, los tiempos y los lugares junto con todo lo que se entiende con estos, son después de Dios que es principio sin principio, y como Él es fin infinito e increado, estos existen muy después que Él, por lo tanto, en nada difieren del medio. El fin de los que son salvados es el Dios; y no se deberá considerar ninguna mediación con los que son salvados, que se han vuelto y llegado a ser similares al último fin.

70.

El mundo entero, delimitado de sus propios logos, se llama también lugar y siglo de los que viven en él. Tiene tropos (métodos, modos o formas) de zeoría contemplación adecuados con su naturaleza, los cuales pueden generar comprensión parcial de la sabiduría increada de Dios, que es extendida en todas las cosas y realidades. Aquellos que viven en el mundo, mientras usan estos tropos de comprensión, no pueden liberarse de la mediatez y de la comprensión parcial. Pero lo parcial queda abolido cuando se manifiesta lo que es perfecto; y todos los espejos y todos los enigmas desvanecen cuando va apareciendo la verdad cara a cara (1Cor 13,10-12). Así el salvado, cuando adquiera la perfección según Dios, estará por encima de todos los mundos, siglos y lugares, por medio de los cuales hasta entonces se educaba como un niño.

71.

Pilato es el tipo de la ley natural, en cambio la multitud de los judíos, es de la ley escrita. Quien, pues, por fe no se ha elevado por encima de estas dos leyes, no podrá recibir la verdad que es superior de la naturaleza y de la razón (logos humano), sino que crucifica al Logos, considerando el Evangelio escándalo, como el judío, y tontería, como el gentil o el heleno-griego, (1Cor 1,23).

72.

Cuando veas a Herodes y a Pilatos conciliarse para matar a Jesús (Mt 23,12), entonces debes comprender que los demonios de la fornicación y de la vanagloria se han puesto de acuerdo entre ellos para matar al logos de la virtud y de la gnosis (increada, divina). Porque el demonio de la vanagloria finge hipócritamente de gnosis espiritual y lo envía al demonio de la fornicación; por otro lado, el demonio de la fornicación hipócritamente se cree puro y le devuelve atrás al demonio de la vanagloria, porque dice: “Una vez que lo haya revestido con un manto esplendoroso, Herodes mandó a Jesús otra vez al Pilatos” (Lc 23,11).

73.

Es bueno no ser condesciendes con el cuerpo-carne y no permitir el nus a los pazos. Porque dice la Escritura: “No se recogen higos de los espinos” es decir, virtud de los pazos, “ni de la zarza se vendimian uvas” (Lc 6,44), es decir, no se adquiere de la carne, la gnosis espiritual que deleita.

74.

El asceta es puesto a prueba con la paciencia de las tentaciones, es purgado, limpiado y sanado con la disciplina y el ejercicio del cuerpo, es hecho perfecto con el esmero y cuidado de las zeorías contemplaciones altas, y así se hace digno del divino consuelo y alivio. Porque dice Moisés: “El Señor viene de Sinaí”, es decir, de las tentaciones, “y de Seir se nos ha manifestado”, es decir, de los esfuerzos y fatigas corporales, y “vino desde el monte Farán junto con miríadas de Cades (santos)”, es decir, desde la montaña de la fe junto con miríadas de gnosis divinas.

75.

Herodes representa el tipo de la conducta carnal, en cambio Pilatos el de las realidades sensibles, y los judíos el tipo de los loyismí psíquicos. Cuando pues, la psique por ignorancia se ha adherido a las cosas sensibles, entrega a la percepción sensible al Logos para darle muerte, y con su confesión adjudica contra de sí misma el reino de las cosas corruptibles. Porque dijeron los judíos: “No tenemos más rey que el Cesar” (Jn, 19,15).

76.

Herodes representa el tipo de la operación y energía de los pazos, en cambio, Pilatos del hábito que se crea por el engaño de los pazos; el Cesar representa al tenebroso dominador del mundo, del diablo, y los judíos, de la psique. Por tanto, cuando la psique se ha subyugado a los pazos y ha entregado la virtud al dominio de la malicia, evidentemente niega la realeza increada de Dios y pasa a la tiranía destructora del diablo.

77.

No le basta la psique, para su gozo espiritual, la sumisión de los pazos, si no ha adquirido las virtudes con el cumplimiento de los mandamientos o logos (del Evangelio). Dice el Señor: “Nos os alegréis de que los demonios se os someten”, es decir, las actividades de los pazos, “sino alegraos de que vuestros nombres están escritos en el cielo” (Lc 10.20), es decir, transcritos al lugar de la apazia por la jaris (gracia, energía increada) de la filiación mediante las virtudes.

78.

En aquel que tiene gnosis espiritual, es absolutamente indispensable la riqueza de las virtudes que se adquiere por medio de la práctica ascética. Porque dice el Señor: “Quien tenga bolsa”, es decir, gnosis espiritual, -“que la tome, y lo mismo alforja”, es decir, la abundancia de las virtudes que alimentan copiosamente la psique; y el que no  tenga –ni bolsa, ni alforja, es decir, ni gnosis ni virtud, “que venda su manto y compre una espada”, es decir, entregue con valor y ánimo su propio cuerpo o carne a los esfuerzos y a las fatigas para las virtudes, y por la paz de Dios, utilice con sabiduría la guerra contra los pazos y los demonios, es decir, la capacidad de discernir con el logos de Dios lo peor de lo mejor o el bien y el mal.

79.

El Señor cuando cumplió los treinta años comenzó Su obra (Lc 3,23), enseñando con este número, de modo místico los misterios los relacionados con Él, para los que están con mente abierta. En efecto, el número treinta, entendido místicamente, presenta al Señor como creador y providente del tiempo, de la naturaleza y de las cosas y realidades concebibles o inteligibles que están por encima de la naturaleza visible; creador del tiempo mediante el siete, porque el tiempo es septenario; de la naturaleza mediante el cinco, porque la naturaleza es quinquenal, causa de la percepción de los sentidos físicos que son cinco; para los inteligibles mediante el ocho, porque el génesis de los inteligibles está por encima del período del tiempo que contamos; y como providente con el diez, y esto a causa de la década de los mandamientos que conducen a los hombres hacia la felicidad y la bienaventuranza, pero también porque el nombre del Señor empieza con la letra i, I, cuando se hizo hombre.* Por tanto, si sumas los números cinco, siete, ocho y diez tiene el número treinta.

Aquel, pues, que conoce seguir correctamente al Señor como jefe y guía, no ignorará el logos-razón por el que él también aparecerá teniendo la fuerza de predicar el evangelio de la Realeza increada. Porque cuando sin defecto ni mancha haya creado, como en una naturaleza visible, el mundo de las virtudes prácticas, sin alterar el recorrido de su psique que se mueve a través de los contrarios como un arco del tiempo, y haya adquirido la gnosis sin errores ni engaños a través de la zeoría contemplación y ha podido transmitir e infundir providencialmente esta disposición también a los demás, entonces también él cualquiera que fuera su edad corporal, tiene treinta años en espíritu y manifiesta la energía y operación de los bienes que le son propios a los otros.

*I, i quiere decir la primera letra de la palabra Ιησούς (Iisús), la cual en la numeración helénica simboliza el 10.

80.

Aquel que está relajado y paralizado por los placeres (hedonismo) del cuerpo, no es operante en relación con la virtud, ni puede moverse bien dispuesto para la gnosis espiritual. Por eso, no tiene un hombre, -es decir, loyismós lógico o sensato- que le arroje a la piscina cuando el agua es removida (Jn 5,7); es decir, la virtud que es receptiva de la divina gnosis increada y sana toda enfermedad, a menos que el enfermo lo aplaza por negligencia, y no preceda algún otro que le impedirá a encontrar su terapia. Por eso, permanece treinta y ocho años en su camilla con la enfermedad (Jn 5,5). Es decir, aquel que no observa y no contempla la creación visible por la doxa-gloria de Dios y no eleva piadosamente el pensamiento hacia la naturaleza concebible o inteligible, es lógico que quede enfermo por el antedicho número de años. Porque el número treinta tomado naturalmente indica la naturaleza sensible, como también, visto según la práctica indica la virtud práctica. En cambio, el número ocho, en su sentido y significado místico, indica y revela la naturaleza espiritual o inteligible de los seres incorpóreos, como también, contemplado gnósticamente, revela la sapientísima teología. Quien no se mueve por medio de estas cosas para llegar a Dios, permanece paralizado, hasta que venga el Logos y le enseñe el modo breve de la terapia o de curarse rápidamente, diciéndole: “Levántate, toma la camilla y anda” (Jn 5,8), es decir, ordenando al nus levantarse de la φιληδονία filidonía placer, hedonismo o voluptuosidad) que le tiene apresado y tomar su cuerpo sobre los hombros de las virtudes, e irse a su casa, es decir, al cielo. Porque es bueno que lo que es peor (el cuerpo) sea llevado por lo que es mejor (el nus), sobre los hombros por la práctica de la ascesis, en vez que lo mejor sea conducido a la filidonía (hedonismo, voluptuosidad) por lo que es peor mediante la pereza y la pusilanimidad.

81.

Mientras que con la diania (mente, intelecto) no nos salgamos de nuestro ser, como también de todos los seres que están después de Dios, no habremos alcanzado todavía el estado de la virtud estable. Pero cuando con la agapi hayamos conseguido este estado alto, entonces conoceremos la fuerza y el sentido de esta divina promesa. Porque tenemos que creer que los dignos serán inamovibles en esta instalación o designación, donde antes el nus, mediante la agapi, ha echado raíces con la potencia de su energía. Porque “aquel” que no ha salido de sí mismo y de todas las cosas que se pueden concebir, y no ha llegado al silencio o hisijía que está por encima de toda noesis concepción, comprensión, no puede estar totalmente libre de la metábole o alteración.

82.

Cada noesis comprensión por supuesto que tiene el concepto de la multitud o por lo menos de la dualidad, porque constituye la relación media de dos extremos, uniendo el pensante con lo pensado (el que comprende y lo que es comprendido) y ninguno de los dos salvaguarda la perfecta sencillez o no puede ser perfectamente simple. El pensante es un sujeto o realidad ya que conlleva consigo la dinami la potencia de la energía de pensar o comprender. Y lo pensado no obstante es una realidad o sujeto y conlleva sujeta la fuerza de ser comprendido o pensado, o tiene como preexistente la esencia de lo que es en potencia. En efecto, ningún ser es de por sí simple esencia o noesis comprensión para formar y ser también mónada o unidad indivisible.

Pero en cuando a Dios, si Le llamamos esencia, no tiene por naturaleza unida en sí la potencia de ser comprendido, de otro modo sería compuesto; si Le llamamos noesis no tiene naturalmente la esencia que es sujeto indicativo de la noesis, sino que el Dios mismo es noesis por esencia, total y solamente noesis, y Él mismo es por la noesis esencia, todo y solamente esencia, y todo por encima de la esencia y más allá de la noesis, porque es también mónada indivisible, simple, sin partes.

 

Por tanto, aquel que de cualquier modo tiene noesis, aún no ha salido de esta dualidad; pero aquel que la ha dejado totalmente, ha llegado y entrado de alguna manera a la mónada o unidad, abandonando por la trascendencia la potencia de la noesis.

83.

En muchos hay alteridad, heterogenia, desigualdad y diferencia. Pero en Dios, en cambio, que es propiamente uno y único, hay solamente identidad y sencillez, igualdad y semejanza. Por tanto, no está exento de peligro el dedicarse a las zeorías contemplaciones sobre Dios sin antes haber salido de la multitud de cosas y realidades.

Esto lo muestra Moisés cuando monta la tienda de su diania (mente, intelecto) fuera del campamento (Ex 33,7) para después ponerse a conversar con el Dios. Es peligroso para uno intentar explicar con logos verbal lo inefable e increado, porque el logos verbal es también dualidad e incluso más. Mientras que el contemplar uno el “Ser ὄν-on” solamente con la psique sin la voz, esto es fuertísimo, porque permanece en la indivisa mónada y no sobre la multitud.

El ejemplo del sumo sacerdote que tiene la orden de entrar una vez al año en el Santo de los Santos (Lev 16,34 y Heb 9.7), enseña que solamente aquel que ha pasado el patio y los Santos debe entrar al Santo de los Santos, es decir, solamente quien ha superado toda la natura de las cosas sensibles y concebibles o inteligibles, y se ha convertido puro de toda cosa relativa a las creaciones, puede acercarse con la diania (mente, intelecto o cerebro) desnuda a las zeorías contemplaciones relativas a Dios.

84.

El gran Moisés, una vez fijada la tienda fuera del campamento (Ex 33,7), es decir, una vez fijada la opinión de la voluntad y su diania (mente. Intelecto) fuera de las cosas que vemos, así empieza a adorar a Dios; y una vez introducido al gnofos* (Ex 20,21), es decir, al lugar sin dimensión, invisible e inmaterial de la gnosis increada, allí celebró los sacrosantos oficios o ritos.

85.

El gnofos* es el estado o situación sin dimensión, invisible, inmaterial e incorpóreo, el cual contiene la increada gnosis apocalíptica de los prototipos o prefiguraciones de todos los seres o existencias. El que, como un orto Moisés, a pesar de ser mortal sobre la fisis-natura, entiende y experimenta las cosas invisibles e inmortales. Con esta increada gnosis apocalíptica, una vez configurada en sí mismo esta belleza de las virtudes, que es copia de la belleza del arquetipo u origen, baja de la montaña y se presenta a sí mismo como arquetipo en aquellos que quieren imitar la virtud (Ex 24,18 · 34,29); mostrando también con esto la filantropía y la abundancia de la jaris (gracia, energía increada) de la que se ha hecho partícipe y poseedor.

 

*Γνόφος (gnofos) Luz que trasciende a toda luz, más allá de la Luz Divina increada no hay nada más y desconocimiento de la esencia. Según san Dionisio el Areopagita que utiliza mucho este término dice: “El divino gnofos es la luz inaccesible e inefable donde habita el Dios…”

86.

Aquellos que ejercen sin mancha y con pureza la filosofía según el Dios, tendrán un gran beneficio por la divina gnosis increada que ella produce: porque ya no se transforma la opinión y la voluntad de ellos junto con las cosas, sino que con sólida firmeza se dedican con buen ánimo a las cosas que están en armonía con la virtud.

87.

Cuando hemos sido bautizados en Cristo por el Espíritu Santo, nos hemos revestido según la carne la primera incorruptibilidad; ahora esperamos la incorruptibilidad del Espíritu según Cristo, por supuesto que si hemos guardado inmancable e incontaminada la primera cosecha de los frutos de las buenas obras y la necrosis voluntaria. El que tiene esta definitiva incorruptibilidad, ya no teme de la pérdida de los bienes adquiridos.

88.

El Dios, queriendo por su misericordia hacia nosotros, hacer descender desde el cielo a quienes habitan en la tierra la jaris de la divina virtud, constituyó simbólicamente la tienda sagrada con todas las cosas que contiene (Ex 25,8), para que sea el reflejo, la prefiguración y la imitación de la sofía-sabiduría.

89.

La jaris (energía increada) del Nuevo Testamento está místicamente escondida al Antiguo. Por eso dice el Apóstol que la ley es espiritual (Rom 7,14). Por tanto, la Ley se vuelve anticuada y envejece en cuanto a la letra (Heb 8,13), pero en cuanto al Espíritu, es siempre nueva, joven y continuamente operante. Porque la jaris (la energía increada) no envejece nunca.

90.

La Ley contiene la sombra del Evangelio, mientras que el Evangelio es la imagen-la icona de los futuros bienes. La Ley impide las obras malas, el Evangelio propone las praxis bondadosas y buenas.

91.

Toda la santa Escritura nosotros decimos que se divide en carne y en espíritu, como si fuese un hombre espiritual. Y aquel que dice que la letra de la Escritura es carne y su sentido es espíritu, es decir, psique, no se equivocará. Y evidentemente es sabio aquel que ha dejado la parte corruptible y se ha dado enteramente a la incorruptible.

92.

La Ley es la carne de la Santa Escritura, cuando es considerada como hombre espiritual. Los Profetas son el sentido o percepción sensible. El Evangelio es la psique noerá (espiritual con nus) que opera con la carne de la Ley y con la percepción sensible de los Profetas y manifiesta su propia potencia con sus energías.

93.

La Ley poseía la sombra (Heb 10,1), en cambio los Profetas la imagen-icona de los bienes espirituales del Evangelio. Pero el Evangelio nos ha mostrado presente la verdad de las cosas que anteriormente fueron dadas por la Ley como sombra y se habían prefigurado y reflejado por los Profetas.

94.

Quien con su vida y su conducta cumple la Ley, se vuelve inoperante solamente para la realización del pecado, ofreciendo sacrificio a Dios la operación de los pazos insensatos, y tiene suficiente con esto para su sotiría sanación, redención y salvación, a causa de la infancia espiritual que se encuentra.

95.

Aquel que es instruido con el logos profético, junto con la expulsión de la energía de los pazos malignos e indecentes, expulsa también toda forma de consentimientos hacia estos que operan en la psique. Porque sin darse cuenta cree que con la peor parte se aleja del mal, -entiéndase la carne-, pero se le escapa y no cumple lo que con la mejor parte, -entiéndase la psique-, realiza el bien abundantemente sin cesar.

96.

Aquel que sigue con autenticidad y sinceridad la vida evangélica, ha cortado y expulsado de sí el principio y el fin del mal, y trabaja cada virtud con praxis y logos; así ofrece a Dios un sacrificio de δοξολογία doxología alabanza y ευχαριστία efjaristía gratitud (Sal 49,14 · 115,8); está liberado de cada energía molesta de los pazos, y también libre de la guerra noerá o espiritual del nus contra estos; y tiene solamente la única hidoní-placer insaciable que es la esperanza de los bienes futuros, la que alimenta su psique.

97.

En aquellos que estudian, trabajan y aplican con gran diligencia y cuidado los logos de las divinas Escrituras, el Señor Logos (increado) aparece en una doble forma. Una es común y más divulgada y visible para muchos, como se dice en la frase: “Le hemos visto y no tenía aspecto que pudiéramos estimar” (Is 53,2). Y la otra la más mística y accesible a pocos: a quienes ya se han convertido semejantes a los apóstoles Pedro, Santiago y Juan, frente a los cuales se metamorfoseó, transformó el Señor con doxa-gloria increada que excede la percepción sensible (Mt 17,2 · 2Ped 1,17-18). Con esta forma es más bello que todos los hijos de los hombres (Sal 44,3). De estas dos formas, la primera es propia de principiantes, la segunda, de los que se han convertido perfectos en la gnosis increada, cada uno dentro de lo posible. La primera forma es la imagen de la primera presencia-parusía del Señor, y a ésta, que purga y sana, “psicoterapia” mediante los padecimientos a los que la practican (los prácticos) y corresponde a la letra del Evangelio. Y la otra es prefigurización o pretipificación de Su segunda presencia-parusía, y en ésta se entiende el espíritu del Evangelio, y ésta metamorfosea, transforma y lleva hacia la zéosis o (glorificando, deificando) mediante la sabiduría increada a los gnósticos (los que tienen gnosis, conocimiento espiritual cristiano empírico), ya que los que han alcanzado esto, gracias a la metamorfosis en ellos del Logos que es realizada en el interior de ellos, pues, ellos reflejan con cara descubierta la doxa (gloria, luces de Luz increada) del Señor (2 Cor 3,18).

98.

Aquel que permanece firmemente constante en las dificultades para la adquisición de la virtud, tiene sobre sí las cualidades o atributos de la primera presencia-parusía del Logos increado, que lo purga, limpia y sana, lo “psicoterapia” de toda mancha. Aquel que mediante la zeoría contemplación ha transferido su nus al estado angélico, posee la dinami potencia de la energía de la segunda presencia que opera en él, le concede la apazia (sin pazos) y permanece invencible.

99.

La percepción sensible sigue a quien se dedica a la práctica (al práctico) que con sus esfuerzos y fatigas logra las virtudes; en cambio, al gnóstico, su característica es la necrosis o liberación de la percepción sensible, porque ha retirado su nus de la carne y del mundo (de los pazos) y lo ha limitado y restringido a Dios. El primero, mientras está luchando con la práctica para liberar la psique del lazo natural de la relación con la carne, tiene continuamente su conducta doblada ante las fatigas y los esfuerzos. En cambio el otro, mediante la zeoría contemplación como ha quitado los clavos de esta relación, no puede ser limitado de nada, porque ya se ha liberado del sufrimiento y de aquellas cosas que quieren dominarlo.

100

El maná que fue dado a los Israelitas en el desierto (Ex 16, 14-35), es el logos de Dios que es suficiente a todo placer espiritual de quienes lo comen, y se transforma en todos los sabores, según la diferencia del deseo de quienes lo comen; porque tiene la calidad de cualquier alimento espiritual.

Por eso, en aquellos que han nacido de arriba por el Espíritu (Jn 3, 3-5) por una semilla incorruptible, se hace pura leche espiritual (1Ped 2,2); para los enfermos y débiles se vuelve hierba (Rom 14,2) que tonifica la potencia de la energía de la psique que ha sido lesionada. Y para quienes tienen el hábito de tener los sentidos de la psique ejercitados y discernimiento del bien y del mal, le da alimento sólido (Heb 5,14).

El logos increado de Dios tiene también otras dinamis (fuerzas y energías) infinitas e increadas que no pueden estar contenidas aquí. Pero, una vez uno analizado y desligado de la vida, se ha vuelto digno que se le concedan al cielo muchas o todas las otras cosas (Mt 25,21), éste recibirá también todas o algunas de aquellas dinamis (fuerzas y energías) parciales del logos increado de Dios, por el hecho de haber recibido y ser fiel aquí de lo poco. En efecto, la suma entera de los divinos carismas dados aquí abajo, es poca cosa y mediana en comparación con los  futuros. Amín.
Deseo de todo corazón a todos los Cristianos energía increada Χάρις (jaris) y no Χάος (jaos) Caos.

Traducido por XX.JJ Χρῆστος Χρυσούλας

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