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Mar 06 2015

La humildad, por San Juan de la escalera

 

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  1. Aquel que pretende describir, por medio de palabras, de una manera exacta, la naturaleza, el sentido y el sentimiento de la energía increada de la agapi (amor) del Señor, y de la santa humildad de forma apropiada, y de la bienaventurada pureza con veracidad, del divino alumbramiento expresivamente, y del temor a Dios realmente, y de la íntima información interior sin error, y piensa que de esta manera con su explicación dará a entender las cosas a los que jamás las han saboreado y experimentado, parece aquel hombre que quiere explicar con palabras y ejemplos el sabor y la dulzura de la miel a aquellos que jamás la han saboreado. El segundo habla por hablar, por no decir, es un charlatán que parlotea; y el primero ignora que la vanagloria se burla exageradamente de él por las cosas que explica o que se ha convertido en un juguete de la vanagloria.
  2. Este logos o escalón presenta ante nosotros un tesoro para examinarlo, el cual se encuentra escondido en enseres de arcilla o mejor dicho, en cuerpos humanos. Un tesoro cuya cualidad no se puede entender con palabras. Este tesoro exteriormente solo tiene un título que es incomprensible, y el cual da grande e infinito trabajo a los que intentan explicarlo con palabras. Este título es: “LA SANTA HUMILDAD”.
  3. Los que son conducidos por el espíritu de Dios, pues, que se unan a nosotros en este consejo espiritual y sapientísimo, llevando espiritualmente en sus manos las placas de la gnosis-conocimiento (increado), escritas de Dios.

El consejo, pues, ha comenzado. Nos hemos reunido y hemos examinado cuidadosamente el significado y sentido de este interesante título. Uno decía que la humildad es que uno se olvide inmediatamente de sus hazañas o de las obras buenas que ha hecho. Otro dijo: considerarse a sí mismo como el último de los más grandes pecadores. Y otro: concienciar y conocer con su propio nus (espíritu) y mente su propia enfermedad, debilidad e impotencia. Otro decía: humildad es adelantarse en las disputas y ser el primero en aplacar y disolver la ira y el odio al prójimo. Incluso otro: es conocer bien la jaris (gracia, energía increada) y la caridad de Dios. Y uno más decía: es que uno sienta la contrición de su psique (por la continua metania) y la renuncia de su propia voluntad.

Y yo después de haber escuchado todo esto, y después de haber examinado solo con mucha diligencia y atención, no pude entender el sentido y significado de esta bienaventurada virtud. Por eso, como último de todos, como el perro que recoge las migajas de la mesa de estos sapientísimos y santísimos padres, he llegado en la siguiente conclusión: La humildad es una anónima jaris (gracia, energía increada) en la psique que no se puede nombrar sólo por aquellos que la probaron y la conocieron por la experiencia. Es una riqueza inexpresable, un don, un nombre y una donación de Dios, puesto que Él dice: “Aprended, no de un ángel, ni de un hombre, no de libro sino de mí”, es decir, de mí que estoy y permanezco operando en vosotros con mi luz increada y mi increada energía en vuestro interior, “de que yo soy apacible e humilde de corazón, de loyismós y de conducta moral y así hallaréis descanso y alivio de la guerra y las batallas de vuestros loyismí (pensamientos, reflexiones, meditaciones y fantasías) en vuestra psique” (cf. Mt 11,29).

  1. El aspecto de esta santa viña es distinto durante el invierno de los pazos; distinto en la primavera cuando empiezan a formarse los frutos; y diferente cuando llega la siega o recogida de las virtudes; sin embargo, todos estos aspectos concurren a una única alegría, deleite y a una fructificación. Por eso, en cada uno, según la época, manifiesta las correspondientes demostraciones, señales y frutos por donde se conocen.
  2. Cuando en nuestro interior empieza a florecer el racimo de esta divina virtud, inmediatamente sentimos fatiga y odio hacia toda gloria y alabanza humana, mientras que a la vez desterramos de nuestro interior la ira, el furor y el enojo. A medida que esta reina de las virtudes progresa y crece espiritualmente en nuestra psique, todo el bien que hacemos lo consideramos como nada o mejor aún, detestable, como una abominación. Principalmente pensamos que cada día que pasa crece el peso de nuestros pecados a causa de los sutiles e insensibles pecados, las faltas y las negligencias que dispersan la riqueza de nuestra psique.

En cambio, la abundancia de los carismas que el Dios nos dona, los vemos como una causa de mayor castigo, porque vemos que no los merecemos. Así el nus (espíritu del corazón de la psique) se protege de los ladrones al estar encerrado en el cofre de la modestia; escucha solo los golpes y las bromas de ellos sin que sea afectado en nada por todo esto; y esto porque la modestia es una caja o castillo inaccesible e inviolable a todos estos enemigos.

  1. Hemos atrevido a filosofar en pocas palabras sobre el florecimiento y el pequeño desarrollo de este fruto inmarchitable, es decir, la humildad. ¿Pero cuál es el perfecto premio de esta santa virtud, los que estáis familiarizados con el Señor? Preguntárselo a Él. Para la cantidad y la grandeza de esta divina virtud me es imposible hablar; más imposible aún expresar su cualidad. Sin embargo, intentaremos hablar sobre sus cualidades o propiedades, según los pensamientos que van llegando en nuestro nus (espíritu del corazón de la psique).
  2. La metania con el trabajo constante y el luto que está limpiado o purificado de toda mancha y la santísima humildad de los principiantes, estas virtudes difieren y disciernen una de otra como el pan entre la levadura y la harina. Porque primero es quebrantada y afinada la psique por la verdadera metania. Después por medio del agua del verdadero llanto y del luto divino es conducida en una unión con el Dios, amasada con Él por decirlo así. Luego, una vez se haya encendido con el fuego del Señor, endurece y aparece como pan estéreo, duro, tomando consistencia la divina humildad, es decir, está exenta y libre ya de la levadura de la maldad y del orgullo.

Y como cada una de estas tres virtudes, parecidas a una cadena compuesta de tres eslabones o mejor dicho, a un arco iris celeste, manifiesta la propia fuerza y energía y aspira al mismo objetivo, por supuesto que deberán tener también las cualidades o propiedades comunes. Así cualquier signo que nombres de una, lo encontrarás como cualidad también en las demás. Lo que acabo de decir con brevedad intentaré confirmarlo y demostrarlo.

  1. La primera y más eminente cualidad de esta triada, es la aceptación de la deshonra con mucha alegría, que la psique la recibe con los brazos abiertos y la abraza, con el pensamiento que alivia, cauteriza y pone fin a sus enfermedades psíquicas y a los grandes pecados. La segunda cualidad de ella es la desaparición de toda ira, irritabilidad, como también la modestia para este acierto. La tercera cualidad y el grado más elevado, es una sincera desconfianza y olvido de lo que uno posee o olvidarse de los méritos de sus obras buenas y también el continuo deseo de aprender e instruirse.
  2. Así como “el fin de la ley y de los profetas es el Cristo, para la salvación y justicia de todo creyente” (Rom 10,4), así también el fin de los pazos sucios, en cada uno que no tiene cuidado, es la vanagloria y el orgullo. Pero la humildad que es la cierva* espiritual (Sal 41,2), destruye estos pecados y protege y mantiene invulnerable de todo veneno mortal a aquel que la tomó y convive con ella. Es verdad, ¿en la humildad, cómo puede aparecer el veneno de la hipocresía?, ¿cómo el veneno de la detracción o maledicencia?, y ¿cómo y dónde anidará la serpiente en ella? ¡Y si de nuevo la serpiente anida al corazón, no queda aniquilada y muerta, cuando saca su cabeza fuera del corazón! En aquel que está conectado con la humildad no encontrarás odio, ni contradicciones, tampoco algún rastro de desobediencia, excepto cuando se trata de temas de la fe. *(La cierva, es conocido, por ser uno de los animales herbívoros. Pero de acuerdo con una concepción errónea de la antigüedad, persigue y come las serpientes (Claudio Eliano 2siglo dC, acerca de las cualidades de los animales, B9). Aquí en la escalera se asemeja como serpiente la vanagloria y la soberbia, como cierva la humildad).
  3. La humildad el que la tomó por esposa es dulce, inteligente, tolerante, pleno de compunción, compasivo con todos, apacible, radiante de alegría, dócil, poco contrariado, vigilante, activo y,-para que decir tantas cosas-, sin pazos (impasible); pues “en nuestra humildad se acordó de nosotros y nos libró de nuestros enemigos” (Sal 135, 23-24), de nuestras pazos (pasiones) y de nuestras manchas.
  4. El creyente humilde no investiga mucho ni prosigue en los secretos inefables; por el contrario, el orgulloso o soberbio quiere investigar, penetrar y disputar hasta en los inconcebibles juicios y razones de Dios.
  5. En un hermano de los más dotados de conocimiento se aparecieron visiblemente los demonios y le dirigieron alabanzas y bienaventuranzas. Pero él muy sabio les respondió: «Si dejáis de alabarme por los loyismí (pensamientos, reflexiones, imaginaciones) que traéis en mi psique, entonces cuando se vayan, llegaré a considerarme de que soy grande. Pero si no paran de alabarme, entonces por vuestras alabanzas estaré pensando en mi suciedad e impureza, puesto que “todo altivo y orgulloso es sucio y abominable para el Señor” (Pr 16,5). Váyanse, pues, y yo inmediatamente llegaré a ser grande; o bien continúen alabándome y yo con vuestra colaboración obtengo humildad más grande». Los demonios inmediatamente fueron sacudidos de estupor porque no sabían qué contestar y desaparecieron.
  6. Que tu psique para esta agua manantial vivificante, es decir, la humildad, no sea como una cisterna, unas veces desbordante y otras veces seca por el calor abrasador de la vanagloria, la codicia y la exaltación; sino que llegue a ser una fuente de impasibilidad, emanando de sus profundidades siempre el río de la humildad. Debes saber, amigo, que los valles son los que producen en sus interiores abundancia de trigo y frutos espirituales. El valle es la psique que permanece humilde entre las montañas, es decir, permanece entre las virtudes espirituales siempre sin orgullo, inamovible, imperturbable e inquebrantable.
  7. El Salmista no dice que hice ayuno, ni vigilia, ni dormí sobre la tierra, sino que “me hice humilde, y el Señor me salvó” (Sal 114,6). Por una parte, la metania nos eleva, y por otra parte, el luto divino golpea la puerta del cielo, en cambio la divina humildad nos abre la puerta. Pero yo confieso y venero la trinidad en la unidad y la unidad en la trinidad*. (*Estas tres virtudes, metania, luto divino y humildad, aquí se presentan como la misma naturaleza y esencia, indivisibles e inseparables como las personas o hipostasis de la Santa Trinidad.)
  8. El sol ilumina todo lo que vemos, y la humildad fortifica todo lo que se hace con lógica. Cuando falta la luz todo está oscuro; y cuando falta la humildad todas nuestras obras y hazañas son inútiles.
  9. En toda la creación, solo un lugar hay que el sol vio una sola vez; (es el fondo del mar rojo). Y sólo un loyismós muchas veces engendró la humildad; (la memoria de la muerte o el Juicio final o los padecimientos del Señor). Uno solo fue el día que el mundo entero deleitó y se regocijó de alegría; (el día de la resplandeciente Resurrección del Señor). Y sólo una virtud existe que los demonios no pueden imitarla, la humildad.
  10. Una cosa es enorgullecerse y otra no, y otra cosa es hacerse humilde. El primero juzga diariamente a los demás; el segundo no juzga a nadie; y el tercero, aunque esté libre de juicio y condena, juzga y condena a sí mismo continuamente.
  11. Una cosa es ser humilde; otra esforzarse para llegar a serlo, y otra, alabar aquel que es humilde. El primer caso, es de los perfectos, el segundo es de los verdaderos obedientes, y el tercero para todos los creyentes.
  12. Aquel que se ha hecho humilde interior y profundamente en el corazón de la psique, no es perjudicado de los logos que salen de sus labios. Porque la puerta de su boca no pronuncia lo que no tiene el tesoro del corazón.
  13. Cuando el caballo está solo, a veces se imagina que galopa; pero cuando corre con otros, entonces descubre su lentitud.
  14. Si el loyismós (pensamiento) ya no se jacta por sus virtudes naturales, esto es una señal que viene la salud. Al contrario mientras aún huele aquel mal olor, no siente el agradable perfume espiritual.
  15. Mi amado, dijo la divina humildad, no juzga, no reprehende, ni condena a los demás, no busca ostentar primacías, no utiliza sabidurías, hasta que esté unido a mí, porque una vez se haya unido no se somete ya a la ley.
  16. Los demonios malvados sembraron alabanzas en el corazón de un asceta que se esforzaba por adquirir la bienaventurada humildad; pero gracias a una inspiración e iluminación divina, encontró el medio de vencer la malicia de los espíritus malignos por medio de una piadosa artimaña. Se levanta, pues, y escribe en la pared de su celda los nombres de las virtudes más sublimes: el amor perfecto, la humildad angelical, la oración pura, la pureza incorruptible y otras semejantes. Y cuando los loyismí (pensamientos) comenzaron a alabarlo, les dijo: “Vamos al examen”. Acercándose a la pared en los nombres escritos, los leía y se gritaba a sí mismo: “Cuando poseas todas esas virtudes, entonces conocerás qué lejos estás todavía de Dios.”
  17. Cuál es la esencia y la potencia de este sol, (es decir, la humildad) no podemos presentarlo. Sólo de sus energías, de sus acciones y de sus cualidades logramos concebir la profundidad de su esencia.
  18. La humildad es un techo divino que cubre nuestros ojos, para que no veamos nuestras hazañas. La humildad es un abismo de pobreza y olvido de sí mismo, inmune e inaccesible a cualquier ladrón. La humildad es “una torre fuerte frente al enemigo” (Sal 60,4). “Al humilde el enemigo no encuentra beneficio, el hijo de iniquidad o más bien, el mal loyismós no lo oprimirá; al contrario, el humilde aplastará sus adversarios y derrotará a los que le odian” (cf. Sal 88, 23-24).
  19. Además de las propiedades especiales y ricas que hemos comentado, la humildad percibe que en el interior de la psique tiene otras cualidades selectas. Porque todas las que hemos comentado, excepto una*, manifiestan a los demás la riqueza espiritual. (*Creo que se refiere al autojuicio, la autocondena, la percepción y el sentimiento de que nuestras obras buenas o virtuosas no valen nada. Sobre esto habló antes en el quinto párrafo).
  20. Reconocerás sin error de que no has adquirido en el interior de tu psique la esencia de esta divina humildad, por la abundancia de la luz increada e inefable y por el indescriptible eros (amor) a la oración. Antes que sea logrado todo esto precede un estado en el que el corazón no desprecia a los pecadores y no critica, ni condena sus pecados, faltas o errores. Y antes de este estado precede otro, en el que el corazón odia toda vanagloria.
  21. Quien ha logrado conocerse a sí mismo perfectamente, este ha sembrado en tierra fértil. Pero aquel que no ha sembrado de esta manera, no podrá ver florecer en su interior la humildad. Quien ha logrado el conocimiento de sí mismo, este ha sentido el temor del Señor y caminando con esta percepción, sentido y sentimiento ha llegado a la puerta de la agapi (amor desinteresado).
  22. La humildad es la puerta de la realeza increada celeste que introduce a los que se aproximan a ella. Creo que de ella dijo el Señor: “1 «Amin, amin, en verdad de verdad os digo que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino a escondidas saltando por otra parte, ése es ladrón y salteador; (Es decir, el que se hace ilegalmente e indignamente pastor de ovejas lógicas de Dios, es sacrílego e usurpador de los fieles de la Iglesia) (Jn 10,9); y “YoSoY la puerta; el que por mí entrare, se sanará y se salvará; y entrará en el redil para encontrar seguridad y descanso; además, en tiempo de pasto saldrá y hallará alimento. (En otro sentido: por mí, toda psique o alma será segura y fuera de cualquier peligro espiritual, se alimentará de la salvadora verdad y obtendrá la vida eterna.)” (Jn 10,1), y todos los que entraron en la vida monástica por la otra puerta, es decir, sin ser llamados de arriba, son ladrones de su propia vida.
  23. Los que buscamos la humildad, pues, que no cesemos de examinarnos e interrogarnos a nosotros mismos. Y cuando con nuestro corazón sentimos a nuestro prójimo superior a nosotros, desde todo punto de vista, entonces se aproxima a nosotros la misericordia (increada), es decir, el regalo de Dios, la humildad.
  24. Es imposible que provenga fuego de la nieve. Pero más imposible aún encontrar humildad en los heterodoxos, porque esta hazaña sólo pertenece a los ortodoxos sobre todo a los que se han sanado, psicoterapiado y purificado de los pazos.
  25. La mayoría de nosotros nos consideramos pecadores; y quizás lo aceptamos sinceramente. Pero el corazón humilde lo pone a prueba y lo examina el ataque y la extenuación de parte de los demás.
  26. Aquel que lucha por llegar al puerto tranquilo de la humildad, no cesará jamás de pensar y utilizar varias maneras y logos, pensamientos e invenciones, investigaciones y búsquedas, procedimientos e ingenios, oraciones y súplicas, hasta que no aleje el barco de su psique de la tempestuosa soberbia; y eso con la ayuda de Dios y las formas de vida más humildes. Porque el que se ha sanado y salvado de esta soberbia o arrogancia, fácilmente arregla el resto de sus pecados como el publicano.
  27. Algunos, para promover su humildad durante toda su vida, se valen del recuerdo de sus pecados del pasado, incluso de los ya perdonados y, por este medio, golpean la conducta soberbia, vana y arrogante de sí mismos. Otros piensan en la Pasión de Cristo y se consideran siempre como deudores. Otros se tienen por poca cosa o se desprecian a sí mismos, a causa de sus faltas cotidianas. Otros derrumbaron al suelo el orgullo con las tentaciones, con las faltas y las enfermedades que en tiempos les ocurrían. Otros, por la penuria o falta de carismas, alcanzaron la madre de todos los carismas. También existen unos otros, -que desconozco si hoy en día existen-, que se humillan a sí mismos con las donaciones de Dios; y cuanto más se aumentan las donaciones de Dios, tanto más humildes se hacen, considerándose indignos de tales riquezas; y pasan así su vida y como si cada día se acrecentara su deuda por sus pecados. Ésta es la humildad, ésta es la beatitud y la bienaventuranza, esto es el premio superior.
  28. Cuando veas o escuches decir que alguien llegó en pocos años a la más grande apacia (impasibilidad, sin pazos), sepas que no ha caminado otro camino que este bienaventurado y breve camino de la humildad.
  29. ¡Agapi y humildad! ¡Pareja divina! Una eleva y la otra sostiene y mantiene a los que fueron elevados y no los deja que caigan jamás.
  30. Una cosa es la contrición; otra, el conocimiento de sí mismo y otra, la humildad. La contrición es engendrada por una caída. Porque quien cae, se quiebra, se mantiene en la oración y con una laudable desvergüenza; y como se siente agobiado, se apoya sobre el bastón de la esperanza expulsando el perro de la desesperación.

El reconocimiento de sí mismo es una gnosis y conciencia correcta de su propia medida y un recuerdo incesante de los pequeños errores.

La humildad es la enseñanza espiritual de Cristo, que se guarda de los que son dignos, en cámaras místicas-secretas de sus psiques y no se puede expresar en palabras.

  1. Quien declara que ha olfateado plenamente en sí mismo la fragancia de la mirra de tal naturaleza y a la vez cuando escucha un elogio y se emociona o se conmueve en su corazón, en el momento en que se ve alabado, éste que no se equivoque, ya fue engañado y es falto de humildad.
  2. Escuché decir a alguien con profundo sentimiento de su psique: “¡No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria!” (Sal 113,9). Y esto, porque sabía que la naturaleza humana no puede, por ser como es, recibir elogios sin ser perjudicada por la alabanza. “Señor, liberado con tu fuerza y estando seguro, de ti recibiré la inspiración para alabarte en la iglesia grande o en mucha gente” (Sal 21,26), es decir, en el siglo venidero; porque antes no puedo llevar la gloria y la alabanza sin peligro.
  3. Si uno por la vanagloria finge que tiene virtudes que no tiene, esto es la forma del orgullo o soberbia más grande; por supuesto que el signo de profunda humildad es que nos presentemos a los demás como culpables de distintos supuestos pecados de modo que seamos desestimados. Así actuó el que tomó en sus manos pan y queso * 1, y el otro, campeón de la castidad, que con la impasibilidad de la psique, recorrió toda la ciudad despojado de sus vestimentas* 2. Estos luchadores no se preocuparán por el escándalo de los hombres, ya que obtuvieron a través de la oración una fuerza invisible para informar místicamente a todos sobre sus situaciones verdaderas. (*1 Este acontecimiento se refiere a abad Simón. Cuando venía un soberano a visitarle, conocerle y pedir su bendición. Apenas fue informado Simón que vendría el soberano se puso fuera de su celda a esperarlo con un abrigo y con sus manos comiendo pan y queso. Así el altísimo soberano al verle se decepcionó y volvió atrás y se marchó, (Gerontikón pag 117). (*2 Existe la opinión que se refiere a san Serapíon. Otros dicen que se trata del loco por Cristo, san Simeón de Emesa).
  4. Quien se preocupa por lo primero, es decir, evitar el escándalo, demuestra que la otra le hace falta, es decir la fuerza de la información. Porque cuando Dios está listo para escucharnos, podemos hacer y lograr todo. Que prefiera a ofender y entristecer más bien a los hombres que a Dios; porque el Dios se alegra cuando nos ve sufrir humillaciones con el propósito de suprimir, golpear y aniquilar la vanidad del engreimiento y del orgullo.
  5. El despojo total o exilio voluntario practicado en su grado más alto es causante de tan grandes hazañas, ya que sólo los muy grandes toleran y aguantan que sean burlados de sus conocidos. No te sorprendas de todo que te he dicho, porque nadie puede subir toda la escalera de un salto.
  6. “Nos conocerán todos como discípulos de Cristo, no por el hecho que los demonios se nos someten sino porque nuestros nombres están escritos en el cielo de la humildad” (cf. Lc 10,20).
  7. El limonero cuando está estéril hace que sus ramas se eleven solas hacia lo alto; pero cuando se inclinan hacia el suelo rápidamente comienza la fructificación. El que lo ha captado con su nus entenderá lo que quiero decir.
  8. En la divina humildad existen varios grados y escalones de subida a Dios: treinta, sesenta y cien. En el último grado logran subir los que han obtenido la apacia (impasibilidad, sin pazos); en el medio los valientes, con coraje y en el primer grado todos. Aquel que ha alcanzado el autoconocimiento nunca será engañado a emprender algo superior a sus fuerzas, sino que de aquí en adelante camina seguro y firme en este camino de la bienaventurada humildad.
  9. Los pájaros temen el aspecto del halcón. Así lo mismo los practicantes de la humildad temen el ruido de la contradicción.
  10. Son muchos que obtuvieron la sanación y la salvación sin carismas proféticos, ni alumbramientos, ni prodigios. Pero sin la humildad nadie podrá entrar en la cámara nupcial. Porque los dones los protege la Humildad, por el contrario, los dones en hombres frívolos e irresponsables han esfumado la humildad.
  11. Para que nos convirtamos en humildes, aunque sea sin nuestra voluntad, el Señor concedió también esto: que nadie mejor puede ver nuestros defectos y heridas que nuestro prójimo. Así estamos obligados a atribuir nuestra sanación o terapia al prójimo y a Dios y no a nosotros mismos.
  12. El humilde de mente y nus (espíritu del corazón de la psique) aborrece y elude su propia voluntad como engañosa; y en las oraciones y peticiones a Dios acepta con fe inquebrantable el conocimiento de Su voluntad y la obedece. Por otro lado, obedece a los maestros sin examinar ni observar la vida de ellos, sino que lo entrega todo a Dios quien se valió hasta de la boca de un asno para hacer que Balaam supiera lo que era imprescindible (cf. Num 22,28).
  13. Un hombre así de conducta humilde, cuando todo lo piensa, lo hace y lo dice según el Dios, incluso así no tiene confianza de sí mismo. Porque para el humilde la autosuficiencia es como un gusano y una carga pesada y para el soberbio todo lo contrario.
  14. Yo creo que sólo aquel que es ángel no es robado por los pecados, es decir, no cae en ningún pecado, porque escuché a un ángel decir: “En mi conciencia nada me reprocha; pero no por eso quedo justificado y salvado, el que me juzga es el Señor” (1Cor 4, 4). Por esta razón debemos criticarnos y reprocharnos continuamente, de manera que con humillaciones voluntarias expulsar los pecados involuntarios. De otra manera, todas estas cosas cuando rendiremos cuentas a la hora de la muerte nuestra situación será muy fea y severa.
  15. Aquel que pide a Dios las cosas más pequeñas de los que merecería, este seguramente recibirá más de lo que merece. Sobre este testifica el publicano, quien pedía sólo el perdón y recibió más, justicia, sanación y salvación (cf. Lc 18,10). Y el ladrón pidió que el Señor se acordará de él en Su realeza increada, pero heredó el paraíso (cf. Lc 23,43).
  16. En la humildad pura, sin manchas, es imposible que quede una sombra de alguna otra materia. Mientras continuamos pecando voluntariamente es imposible que esta humildad permanezca en nosotros. Pero cuando pecamos involuntariamente esto es una señal de su presencia.
  17. El Soberano Cristo conociendo que según la apariencia exterior se forma también la virtud invisible de la psique, por eso vistiendo el lienzo nos indicó el método a seguir en el camino de la humildad. Porque la psique con lo que se ocupa exteriormente llega a ser semejante y toma la forma de las cosas que hace.
  18. El poder fue la causa a un ángel de sentirse grande y enorgullecerse; por supuesto que no lo había recibido para caer en la arrogancia y la grandeza.
  19. De una manera se siente el que está sentado a un trono y de distinta manera el que está sentado en el estiércol. Quizás por eso, ese gran justo (Job) se sentó sobre el estiércol fuera de la ciudad. Cuando alcanzó la perfecta humildad entonces dijo con todo su corazón: “Por eso me retracto y me arrepiento en el polvo y la ceniza” (Jb 42,6).
  20. Creo que Manases pecó como ningún otro hombre, mancillando con ídolos el templo de Dios y todo el divino culto. Aunque el mundo entero hubiera ayunado por él, no habría podido compensar dignamente sus pecados. Pero la humildad tuvo el poder de sanar en él lo que era incurable.
  21. “Señor, si tú quisieras algún sacrificio de animales para el perdón de mis pecados yo te hubiera ofrecido. Pero a ti no te agradan los sacrificios de animales. El sacrificio gustado por el Dios es nuestra contrición y quebrantamiento por concienciar nuestro pecado, y el sacrificio para el cuerpo es el ayuno. Corazón puro que se ha quebrantado por la metania y tiene humildad, el bondadoso Dios nunca acaba extenuándolo” (cf. Sal 50,18-19), etc. Todos entienden la importancia de estos logos. “Pequé contra el Señor” clamó esta bienaventurada humildad, después de un adulterio y un homicidio, e inmediatamente vino la respuesta: “el Señor perdonó tu pecado” (2Re 12,13).
  22. Los Padres dignos de memoria eterna nos mandaron trabajos corporales para la adquisición de esta virtud. Yo por mi parte añadiría la obediencia y la rectitud del corazón, que por naturaleza son opuestas a la soberbia, arrogancia.
  23. Si el orgullo pudo convertir en demonios a ciertos ángeles, la humildad, sin ninguna duda podrá convertir en ángeles a demonios; ¡por eso que tengan ánimo aquellos que habéis caído!
  24. Apresurémonos y luchemos con todas nuestras fuerzas para subir a la cabeza o cumbre de la humildad. Si no podemos, subamos por lo menos en sus hombros. Y si tampoco logramos esto, por lo menos no nos dejemos caer de sus brazos. Porque el que pierde la humildad, no sé cómo podrá ganar algo eterno o un premio en la eternidad.
  25. Los nervios que fortifican la humildad y los caminos que nos conducen a ella, pero que no son signos y demostraciones, son: la no posesión de bienes materiales, el exilio invisible, el disimulo de la propia sabiduría, hablar con simplicidad, la demanda de caridad, la disimulación de origen noble, destierro de la vana franqueza y el alejamiento de habladurías. Nada puede hacer humilde tanto la psique como la privación, la pobreza y vivir como un bendigo o mendigando la subsistencia. Sólo entonces se ve nuestra sabiduría y amor a Dios, cuando pudiendo ser grandes y elevarnos voluntariamente escapamos e huimos de la grandeza.
  26. Si alguna vez te armas contra algún pazos, llévate la humildad como aliada. Porque ella “pisoteará a la víbora y al basilisco y también al león y al dragón” (Sal 90,13), es decir, yo diría que: ella borrará el pecado y la desesperación y expulsará el diablo y el dragón del cuerpo.

La humildad es un torbellino celeste que puede sacar la psique desde el abismo del pecado y elevarla hasta las alturas del cielo. Una persona una vez contempló en su interior la belleza de la humildad y quedando atónito y alucinado preguntaba por el nombre del padre de ella. Ella con una sonrisa luminosa y apacible le respondió: ¡Por qué quieres saber el nombre de mi padre, puesto que él es anónimo? No te lo diré antes, hasta que alcances a tener a Dios en tu interior”. ¡A Él la doxa-gloria de los siglos! Amín.

La madre de la fuente es el abismo de las aguas; y fuente de la virtud o don del discernimiento es la humildad.

SAN JUAN DE LA ESCALERA O SINAITA

Léxico

Agapi amor divino, como término teológicos es la energía increada superior de la Jaris (gracia increada) cuando se trata de Dios. A nivel humano, energía creada, amor altruista desinteresado, cariño. La agapi proviene de Dios.

Jaris Gracia increada de Dios es energía divina increada, innata e inherente riqueza de la Deidad. También según el contexto es favor, carisma y regalo.

Luto según Dios en los textos patrísticos, es la lipi tristeza, aflicción o luto según Dios, es sufrimiento del que nace la metania. El “luto según Dios no se identifica con el luto cósmico o mundano, el que sienten los hombres cuando por ejemplo, pierden seres queridos, sino que es resultado de su concienciación del pecado y la creación de sanas vivencias y experiencias mediante la metania y el regreso al Señor. Se trata de un luto con originalidad propia, que con la increada energía divina Jaris, combina la alegría y la tristeza del luto (“luto alegre, pena-alegre”). No causa conflictos ni perturbaciones psíquicas, todo lo contrario trae paz y serenidad en la psique y buena disposición para cumplir los divinos mandamientos, logos y esperanza en Dios.

Metania Μετάνοια del verbo μετά-νοώ, metá=después, con, y noó= concibo, percibo con el nus como energía y el corazón como esencia. Quiere decir giro del nus (metanús), introspección y conversión de la conducta y mentalidad del hombre y sobre todo giro, cambio de actitud de la vida en pecado y del mal por la vida en Cristo. La metania en la Tradición Ortodoxa no proviene de una percepción psicológica de culpabilidad, sino de la apocálipsis (revelación) de la deformación de la psique y esta apocálipsis se manifiesta de la energía increada de la divina Luz en el corazón psicosomático del hombre. El nuevo Testamento empieza y acaba con la metania (Mt 3,2 Lc 24,47)

Νοῦς nus o (νοερά ενέργεια noerá energía), términos que los usan los Padres con varios significados; no se debe confundir con la diania (mente, intelecto, cerebro). En castellano es el espíritu del hombre o energía espiritual humana creada, o el ojo de la psique (alma), en helénico los Padres lo llaman nus o noerá energía para no confundir con la energía espiritual increada Jaris del Espíritu Santo. Cuando el nus queda preso o apegado en la diania por un loyismós, pensamiento, reflexión y en la fantasía o imaginación es cuando viene nuestra caída y el nus tiene que estar alerta, vigilante y sobrio para impedir la entrada en la psique de los malos loyismí, no caer en esta trampa. El nus constituye la fuerza y energía más alta del hombre es el “principal ojo” de la psique. El estado natural del nus, en el hombre creado por Dios, es la permanencia por la oración y la alabanza en la memoria de Dios, más la expulsión de los loyismí del corazón. Porque esta es exactamente la práctica ascética ortodoxa, el regreso y estancia del nus o su energía al corazón, el cual por causa de la caída del hombre se pierde y se esclaviza, se convierte en idólatra o se autodeifica y alaba sus propias creaciones en vez de agradecer y alabar a Dios. I. Vlajos: “Νοῦς nus, en la enseñanza patrística el término se utiliza diversamente. Unas veces el término le usan para mostrar la psique (alma), otras el corazón psicosomático o el espíritu del corazón y otras una energía de la psique. Pero principalmente nus es el ojo de la psique, la parte más pura, es la finísima atención. Se llama también energía noerá (espiritual humana) y su esencia es el corazón, está en todo el cuerpo principalmente en el cerebro, pero no se identifica con la energía lógica o racional del cerebro, ni con la emocional sentimental sino que contiene todas las energías.”

Pazos Πάθος, padecimiento, pasión, emoción, hábito, mala costumbre, vicio, patología; En la terminología patrística se llama así a todo movimiento anormal, en el sentido de no natural, de las fuerzas de la psique. Fuerzas que con su energía de la voluntad han tomado el camino equivocado. Todos los pazos que nacen de algún pecado que se repite, y así se consolida en la psique una tendencia pecadora o apego/adictiva, que con el tiempo llega a ser una segunda “naturaleza”, influyendo los pensamientos y decisiones, dominando la voluntad y sellando toda su “psicosíntesis”. Es preferible reeducarlos, convertirlos y sanarlos, que oprimirlos o reprimirlos y finalmente se usarán de forma fructífera y no negativa.

Ψυχή Psique alma, ánima, el término viene desde la antigüedad y se usa igual hasta hoy. En el Nuevo Testamento y los santos Padres, se usa a menudo en vez de la palabra anzropos, humano, hombre, (Rom.13,1). A veces en la Sagrada Escritura significa simplemente la vida. (Mt 2,20. Jn 10,11. Rom 16,4), Pero psique se dice sobre todo del elemento espiritual, no material de nuestra existencia (Mt 10,28); Es la base substancial que vivifica el cuerpo. Es un componente de las dos partes de nuestra naturaleza; el otro es el soma, cuerpo. El cuerpo no contiene la psique sino que la psique contiene y conjunta al cuerpo. La prueba está cuando la psique sale el cuerpo se convierte en cadáver y se disuelve. Nus y logos están unidos e inseparables de la psique después de la muerte física; los animales tienen psique por energía por eso no tienen nus y logos (lógica).

Realeza de Dios/de los cielos, el nombre Reino (βασίλειο) no está en ninguno de los originales Elénicos. No es el significado habitual de la palabra (territorio o conjunto de personas que lo gobiernan); por lo cual proponemos la más cercana a la voz elénica original, Realeza. Realeza (cualidad, atributo) es el elemento básico de las enseñanzas de Jesús y el tema central de los libros del Nuevo Testamento, donde, con esta expresión, se manifiesta una nueva época que se inaugura con la obra de Χριστός (Jristós) Cristo y en la cual domina, en vez de odio el amor; en vez de la oscuridad tinieblas, la luz; en vez de la incredulidad, la luz de la fe; en vez de la desesperación, la esperanza. La nueva época se anuncia ya como actual presente, pero también esperada por completo en el futuro con la Segunda Presencia venida de Cristo. La realeza increada de Dios es el predominio entero de la energía increada de la voluntad de Dios en la vida de los hombres, tanto en la personal “la realeza de los cielos está dentro, en vuestro interior” (Luc 17,21), como en la vida social “que venga tu realeza en nosotros, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo” (Mateo 6,10). La realeza de Dios, como realidad terrenal del presente, se materializa en las personas por la vida santa de los cristianos, “los hijos de la realeza” (Mt.8,12), y entonces coincide con la institución de la Iglesia.

Realeza de Dios es el Paraíso no como lugar, es la comunión del hombre con Dios. Esta Realeza la vivimos desde ahora como en el noviazgo, en cambio entonces la viviremos como en la boda. La Realeza de Dios no tiene fin. Es eterna, increada e interminable. Nada tiene que ver con reino, porque este término manifiesta un estado creado. La realeza increada es sinónima con la Doxa-gloria increada y con la Jaris-gracia increada.

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