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Mar 24 2019

Apocalipsis Interpretación Ortodoxa Detallada (3)

 

 

Unidad 3ª   

Preámbulo de la 1ª parte.

Identidad del escritor y lo escrito.

Historicidad y elementos teológicos

 

Después del epígrafe introductorio, amigos míos, sigue el preámbulo de todo el libro, que se extiende entre los versos 4 hasta 8. Os lo expongo:

1, 4 Juan, a las siete Iglesias que están en Asia: Jaris (Gracia, energía increada) y paz de Dios a vosotros, “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”, y de los siete espíritus que están delante de su trono;

1,4 Juan, a las siete Iglesias en Asia Menor: Jaris (Gracia, energía increada) y paz de Dios Padre a vosotros, del que es y existe perfectamente por sí mismo siempre, y el que era y existía antes de todos los siglos sin principio y el que siempre viene o ha de venir, y del Espíritu Santo que con su plenitud y perfección de sus infinitos carismas, que está delante del trono de Dios para la iluminación y asistencia de los hombres.

1, 5 y de Jesús Cristo el testigo y mártir, el fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,

1, 5 Y de Jesús Cristo que es el testigo y mártir absoluto y ha resucitado el primero de los muertos y se hizo el inicio de la resurrección de todos los fieles para la nueva vida. Él es el eterno Soberano y Señor de todos los reyes de la tierra. El que nos amó, y nos lavó y nos sanó de nuestros pecados con su sangre por su sacrificio cruciforme,

1, 6 y nos ha dado a conocer su propia realeza (increada) espiritual y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

1,6 y nos ha dado a conocer su propia realeza (increada) espiritual), y nos hizo reyes y sacerdotes para ofrecer cultos y sacrificios hacia el Dios y Padre suyo; en Él que es Θεάνθρωπος Σωτήρας (zénzropos y sotiras) Dios y hombre y Salvador (redentor y sanador) pertenece la doxa (gloria, luz increada) y el poder inquebrantable por los siglos de los siglos, amín.

7 He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le crucificaron y traspasaron; y todos los linajes o naciones de la tierra se lamentarán por él. Sí, amén.

8 Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.

 

Estos cinco versos, amigos mío, constituyen el preámbulo del libro del Apocalipsis. Hasta aquí habíamos visto el epígrafe introductorio del libro.

En el preámbulo pues, que es muy interesante y muy teológico, vemos el carácter epistolar del Libro, es decir, que el libro del Apocalipsis es una epístola. Si lo quieren, también el Evangelio de Luca, allí en el prólogo hacia Teófilo, no se dice la palabra epístola, simplemente dice de una manera: “Te mando el texto para que aprendas con exactitud las cosas de la fe” (Lc 1,3), etc. Por lo tanto, esto también tiene carácter epistolar. Así que el libro del Apocalipsis tiene dimensiones epistolares; no sólo porque contiene las siete epístolas que el Cristo manda a las Iglesias de Asia Menor, sino porque todo el libro es de forma epistolar y mantiene todos los elementos de una epístola de tipo antiguo. Es decir, se declara el escritor, que es Juan, y los receptores que son las siete Iglesias de Asia Menor, el saludo “jaris (gracia, energía increada) y paz de Dios”, etcétera, y la doxología, como de costumbre, “a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos, amín”. Así pues, amigos míos, el libro del Apocalipsis es una epístola. Y como os he dicho, ojalá que el Dios permita alguna vez que sea escuchado en la Iglesia como lectura apostólica epistolar.

“Juan, a las siete iglesias que están en Asia” (1,4); Juan el escritor y el que manda la epístola hacia las siete Iglesias que están en Asia Menor que serán las receptoras de la epístola; o sea, remitente y los receptores.

Otra vez aquí por segunda vez –y por tercera un poquito más abajo- se apuntará el nombre del escritor, “Juan”, sin apellido o definición, como muy conocido a los lectores.

¡Cuáles son estas siete Iglesias de Asia Menor hacia las que se dirige el libro del Apocalipsis? Son la Iglesia de Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea”. Son Iglesias históricas. Atención no son cosas imaginativas, ni simbólicas, sino históricas. Son ciudades antiguas de Asia Menor, allí donde el materialismo había alcanzado su esplendor. Es decir, se formaron obispados y se construyeron Iglesias, y son las que se dirige ahora el libro del Apocalipsis, desde luego con una epístola particular para cada una de ellas.

Pero uno diría, ¿por qué se dirigen las epístolas particularmente sólo hacia estas siete Iglesias? Cristo dirá a Juan: “Escribe al ángel, es decir, al obispo de la Iglesia de Éfeso, de Smirna… estas cosas y esto”. ¿Por qué? Quizás el resto de las Iglesias, como de Jerusalén, de Antioquía, de Corinto, de Roma, ¿no eran Iglesias grandes e importantes? Si queréis, sólo la Iglesia de Éfeso se podría comparar con las que antes me he referido, Roma. Jerusalén, Corinto y la gran Antioquia, todas las demás eran pequeñas ciudades de Asia Menor. ¿Entonces, por qué las epístolas se refieren en estas siete y no a las otras que eran grandes, honoríficas y famosas?

Escuchad el por qué: El número siete es esquemático, expresa la variedad a la vez con la plenitud. Es decir, se trata de toda la tripulación de la Iglesia de entonces y hasta el fin de los siglos, por lo tanto es también el ahora o el hoy, que se expresa con estos siete tipos representativos de estas Iglesias. En otras palabras, estas siete iglesias son siete facetas, casos, siete realidades de la Iglesia Una Santa, Católica y Apostólica.

Estas epístolas, pues, tienen dos dimensiones. Una dimensión es que cada epístola se dirige hacia una Iglesia concreta, Iglesia histórica y lo subrayo histórica y se refiere en casos concretos de cada Iglesia. Cuando por ejemplo dice que “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente” (Apo 3,15), “has dejado tu primer amor… recuerda, por tanto, de dónde has caído” (Apo 2,5), esto es un defecto concreto de cada Iglesia en concreto. Es decir, las epístolas en primer plano tienen carácter histórico, y estos elementos que contienen son reales. Pero en segundo plano, estos elementos conciernen toda la Iglesia. Por lo tanto, tenemos dos dimensiones entrelazadas: la histórica, que es la local y en tiempo concreto; y la diacrónica, que está extendida en toda la historia de la Iglesia y se refiere a toda la Iglesia y no a un lugar concreto. Así que si leemos las cosas que el Cristo escribe para la Iglesia de los Efesios o de los de Esmirna, entendemos que todos estos elementos existen dentro en la Iglesia de Cristo.

Lo digo una vez más – como somos helenos (griegos) y estas Iglesias estaban en ciudades griegas y Asia Menor entonces era Grecia- digo que las siete Iglesias y estas epístolas no son solamente diacrónicas, sino a la vez históricas, con un pedestal histórico.

¿Sabéis porque lo recalco esto? Por supuesto que cuando venga su momento os lo volveré a decir; pero os lo diré también ahora. El Cristo dirá a un “ángel”, es decir, al obispo: “te quitaré el candelabro de su puesto” (Apo 2,5) -cada Iglesia es representada con un “candelabro”, con una vela. ¿Esto sabéis lo que significa? ¡Que te trasladaré! Y se llevó las Iglesias y las ha trasladado!… ¿Decidme, qué Iglesia histórica existe hoy en Asia Menor? ¡Ninguna! Ni de la gran ciudad de Efeso, ni la de Esmirna, ni la de Laodicea, ni la de Filadelfia… No hay actualmente ninguna Iglesia de estas. ¡Los “candelabros” se movieron definitivamente el año 1922! Por eso os he recalcado que el elemento histórico es muy importante, pero volveré sobre esto cuando hablaremos especialmente para cada una de estas epístolas del texto.

Así que aquí vemos que tenemos la variedad y a la vez también la plenitud; es decir, tenemos muchas facetas y a la vez todos los casos que existen dentro en la Iglesia.

Dice san Andrés de Kesarea: “Con el número siete, con las siete Iglesias, da a entender todas las Iglesias” (Interpretación del Apocalipsis 221D). Tal y como exactamente la semana es considerada como un símbolo de la creación del mundo o de nuestra vida, de la misma manera también aquí se simboliza con el número siete la plenitud de la Iglesia.

Por eso las cosas de estas siete epístolas que analizaremos son importantísimas, os ruego que no penséis que conciernen sólo aquellas siete Iglesias históricas; conciernen la Iglesia que siempre existe hasta el final de los siglos.

Continuamos, pues con la frase «jaris (gracia, energía increada) y paz en vosotros χά­ρις ὑ­μῖν καὶ εἰ­ρή­νη» (Apo 1,4). Es un saludo cristiano de carácter litúrgico fuerte.

Este saludo de Juan el Evangelista en el Apocalipsis es una abreviación del saludo del Apóstol Pablo en su segunda epístola a los Corintios: “La jaris (gracia, energía increada) del Señor Jesús Cristo, la agapi (amor energía increada) de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2Cor 13,13). ¡Veis, el Dios Trinitario!

Cierto que este tipo de saludo Juan no lo toma de Pablo, ni Pablo de Juan; se ve que había en la Iglesia y tenía el carácter litúrgico. Así que de la Iglesia lo toman, Juan y el apóstol Pablo y también los apóstoles Pedro y Judas. Sin embargo esta forma o tipo existe hasta hoy en día. Lo dice el sacerdote en el preámbulo de la oración de la santa Anáfora, cuando sale a saludar al pueblo. Por lo tanto, queridos míos, es un saludo con carácter litúrgico intenso.

Debido que la jaris (gracia energía increada) -como bondad de Dios, que emana del sacrificio de la muerte de Cristo- y la paz provienen de Dios Padre – “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”, ἀ­πὸ ὁ ὢν καὶ ὁ ἦν καὶ ὁ ἐρ­χό­με­νος», que dice inmediatamente después; y proceden también del Espíritu Santo ,“de los siete espíritus”; pero también del Hijo “y de Jesús Cristo”; este saludo se convierte en símbolo de confesión de Fe; pero simultáneamente también es un símbolo de Fe.

Esto nos recuerda a Diácono Felipe que dijo al Etíope eunuco que: “Si confiesas de todo corazón que Jesús Cristo es el Hijo de Dios bien puedes ser bautizado. Y respondiendo el Etíope, dijo: Creo que Jesús Cristo es el Hijo de Dios” (Hec 8,37). Confesión de Fe. Cuando más tarde aparecerán muchas herejías, el símbolo de Fe se hará más detallado. Es el conocido Símbolo de Fe o Credo de Nicea: “Creo en un Dios, Padre, Pantocrator…”, etcétera.

Así pues, aquí vemos este saludo de san Juan el Evangelista, que como os he dicho, es un saludo de carácter litúrgico intenso. Tenemos un elemento litúrgico antiquísimo de confesión litúrgica; es decir, confesamos nuestra Fe dentro al espacio litúrgico. Habéis visto que el Símbolo de Fe lo decimos en el espacio litúrgico. Cuando vamos a celebrar la Divina Liturgia, cuando tratamos de comulgar, debemos confesar nuestra Fe ortodoxa, la correcta.

“Juan, a las siete Iglesias que están en Asia: Jaris (Gracia, energía increada) y paz de Dios a vosotros, de el que es o existente o de el ser, y el que era y siempre es, y el que siempre viene, y de los siete espíritus que están delante de su trono; y de Jesús Cristo el testigo y mártir, el fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos ha dado a conocer su propia realeza (increada) espiritual y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén” (Apo 1,4-6)

Aquí amigos míos, como veremos, tenemos una referencia admirable al Santo Dios Trinitario “Jaris (Gracia, energía increada) y paz de Dios a vosotros, “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”, y de los siete espíritus que están delante de su trono” (Apo 1,4).

La sintaxis de la frase «ἀ­πὸ ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος-“de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”,» es sólika*, es decir, una frase sin sintaxis. Igual es sóliko* en grado superior también el «ἦν el era». El “«ἦν el era» es gramáticamente imperfecto del verbo irregular εἰ­μί (imí-soy) y quiere decir era y estaba. Pone artículo en el verbo, como si dijéramos: el escribo, el tengo…! Está totalmente sin sintaxis y desconocido en nuestra lengua.

*(Σόλοικο sólico o solikismo agramatical, sin coherencia sintáctica, es el que en los textos se equivoca sintáctica y gramáticamente, en este caso san Juan y los santos escritores muchas veces lo hacen intencionadamente para indicar lo difícil e inexpresable que es el Dios o lo divino increado).

Pero se trata, amigos míos, de un solikismo intencionado, que no quiere hacer más que provocar el interés del lector. De que no proviene de un hombre analfabeto y que se trata de un solikismo, se ve también de la sintaxis posterior que es muy correcta. En cambio «ἀ­πὸ ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος- “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”,» que se refiere antes, falta la coherencia sintáctica, (es decir es sóliko).

Uno percibe que el escritor sagrado quiere de esta manera expresar lo gramáticamente indeclinable, y lo inalterable, lo eterno de la Deidad, que aquí es representada por el Padre. Lo mismo manifestaba también el nombre Yahvé, este nombre sagrado y misterioso, que quiere decir Señor o el Ὢν el que Es o el Existente. Los setenta los traducen como Kirios=Señor, pero igual se refieren también del Ὢν el Que Es o el Existente (Ex 3,14).

Este elemento sobrenatural, por un lado en el logos se expresa con un solikismo y por otro lado, en el espacio de la hagiografía se expresa con un anti-realismo. Por eso veréis muchos iconos del Pantocrator que están pintadas en las cúpulas o en iconos manuales, que tengan algo sobrenatural, algo no natural. ¡Es característico el Pantocrator del Monasterio de Dafne, que tiene una mano desarticulada, una mano con nudos o callos, ancha, terrible! No es aquella mano natural, bella sino aquella mano desarticulada.

¿Quizás sea de verdad un error del hagiógrafo o pintor y una ignorancia grande del que lo ha puesto pintando? ¡Nada de nada, lo hace expresamente! Con esta mano desarticulada quiere expresar una mano sobrenatural, que bendice sobrenaturalmente y que no es una mano humana sino divina. Por eso pues, que no nos extrañe que con la expresión del elemento sobrenatural en el Apocalipsis encontremos el solikismo, lo agramatical, o falta de coherencia sintáctica, este «ἀ­πὸ ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος- “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”,».

San Andrés de Kesarea escribe en relación lo siguiente: “Jaris (gracia, energía increada) y paz de la Deidad tris-hipóstata”. Es decir: saludos a vosotros los receptores que sois las siete Iglesias de Asia Menor, es: la“Jaris (gracia, energía increada) y la paz de la Deidad trishipostata (de tres hipostasis)”; o sea, «“de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene” – ἀ­πὸ ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρχό­με­νος-», son exactamente los casos o circunstancias de las tres Personas de la Santa Trinidad. Y explica san Andrés: “Porque mediante el ὢν el que es o el existente se manifiesta el Padre; el que dijo a Moisés YoSoY el ὢν existente; por el ἦν el que era, manifiesta al Logos el ἦν que era y existía en Dios (Jn 1,2). Y mediante el ἐρ­χό­με­νος el que siempre viene, manifiesta al Paráclitos, el que siempre se infunde en los hijos de la Iglesia a través del santo Bautismo”. ¡Muy bien lo dice san Andrés, admirablemente! (San Andrés de Kesarea: En el Apocalipsis logos A´).

Y yo diría que es un estereotipo; parecido a lo que hacemos cuando ponemos un título a una empresa o sociedad anónima, escogemos una frase o unas iniciales de estereotipo.

Así que la expresión «ἀ­πὸ ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος- del que es y el que era y el que siempre viene», es de una manera la explicación de la palabra “dios”. Esto es. Y realmente escuchadlo más analíticamente:

Cuando Moisés pregunta a Dios para saber Su nombre, Él le responde: «ἐ­γώ εἰ­μι ὤν YoSoY el ser o el existente». Lo vemos en el libro del Éxodo capítulo 3º verso 14. Es digno mencionar este pasaje, por favor de todo el Antiguo Testamento, como el de Génesis capítulo 6º y también de Isaías capítulo 6º que son paralelos. Pregunta pues, Moisés: “Señor, cuál es Tu nombre, qué voy a decir a mis paisanos cuando vaya a Egipto y me digan: ¿quién Dios te ha mandado”; y responde el Señor: «ἐ­γώ εἰ­μι ὤν YoSoY el ser o el existente».

Si se supone, pues, que allí habla el Padre, entonces aquí cuando dice «ἐ­γώ εἰ­μι ὤν YoSoY el ser o el existente», es el Padre. Cuando dice «ἦν el que era», recuerda aquello que escribe el mismo santo Evangelista, que dice: “«Ἐν ἀρ­χῇ ἦν Λό­γος (en arjí in el Logos) junto en el principio de la creación era, existía y siempre está el Logos», por lo tanto este «ἦν» se refiere al Hijo. Y cuando dice «ἐρ­χό­με­νος el que siempre viene», se refiere al Paráclitos, al Espíritu Santo, el Cual ha venido y permanece a la Iglesia y santifica los hijos de Dios a través del santo Bautismo. (Ἐν ἀρ­χῇ el “junto con el principio” se refiere al Espíritu Santo, por eso no es casualidad que esté en declinación dativa, según los santos Padres).

Pero podríamos aún apuntar las siguientes: Cuando dice «ὢν el que es y el ἦν y el ἐρ­χό­με­νος que siempre viene,», es decir, Éste que siempre existe, Éste que ha existido y Éste que siempre viene, estas tres contienen el total del tiempo, tienen en su interior el presente, el pasado y el futuro. Pero como aquí tenemos el nombre «ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος- del que es y el que era y el que siempre viene,», es decir, Éste que siempre existe, Éste que siempre existía y Éste que siempre viene, vemos de una manera más analítica que está incluido el total del tiempo, es decir, presente, pasado y futuro. En este tiempo se mueve el Dios. Pero me diréis: ¿el Dios no se mueve dentro en el tiempo?… Sí, pero le transciende, sobrepasa. El Dios está fuera del presente, del pasado y del futuro, porque para el Dios no existe el tiempo. Por lo tanto esta expresión crónica o de tiempo quiere indicar que el Dios es ὑ­πέρ­χρο­νος hipércronos extra crónico o supra crónico o supratiempo.

Incluso esta denominación que se da por el evangelista Juan, «ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος- “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”,» toma totalmente un matiz especial y extraordinario; es decir, cuando dice «ὢν καὶ ἦν – el que es y que era», que indica el interminable presente e interminable pasado, es decir, lo siempre o lo perpetuo, esto expresa a Dios dentro en la eternidad, expresa la perpetua naturaleza divina. Cuando dice «ἐρ­χό­με­νος- el que siempre viene» aquí expresa a Dios dentro en la Historia. Por supuesto que el Dios no se desplaza. Correctamente Aristóteles, en su libro Metafísica, había dicho «τὸ πρῶ­τον κι­νοῦν ἀ­κί­νη­τον Primer Motor Inmóvil», es decir, Él mueve todo, es el Principio del movimiento y el Principio del todo; pero Él, el Dios permanece inmóvil. ¿Qué quiere decir inmóvil? Puesto que completa todo no es posible que se mueva. Porque moverse quiere decir que ocupo un punto del espacio, mientras que otro punto no lo ocupo y me voy yendo del primer punto al segundo para ocuparlo. Entonces camino, voy, vengo.

Pero como comprenderéis el Dios es Omnipresente, está en todas partes, y para el Dios no existe el ir y venir. El ir y venir se refiere sólo para el humanizado-encarnado Hijo de Dios. Por lo tanto, «el ἐρ­χό­με­νος que siempre viene» se refiere a la divina naturaleza que toma la naturaleza humana, al Logos de Dios que se hace hombre. Es aquello que el Señor dijo a Sus Discípulos y está en el Evangelio de Juan: «ὑ­πά­γω καὶ ἔρ­χο­μαι me voy y vendré» (Jn 14,28). Este es el voy y vendré de Dios y este es el movimiento de Dios dentro a la historia, pero siempre con Su naturaleza humana.

Además es característico, amigos míos, que mientras el Dios es siempre el ὢν el que existe, el Existente, -en tiempo Presente (gramáticamente) que indica duración – a la vez es también «el ἐρ­χό­με­νος que siempre viene»-gramáticamente en participio de tiempo Presente también aquí- que indica que siempre viene. Así vemos que nunca el Dios, el eterno Dios, el ὢν el que existe, y el que siempre viene, nunca ha abandonado al mundo y la historia, porque el Dios siempre viene.

Pero este siempre viene, que expresa que «el ἐρ­χό­με­νος erjómenos», tiene también sus casos excepcionales. Esto lo vemos en la epístola a los Hebreos de la siguiente manera: “Porque dentro de poco, muy poco tiempo, el ἐρ­χό­με­νος que siempre viene llegará sin retrasos” (Heb 10,37). Escuchad expresiones: ¡ἐρ­χό­με­νος ἥ­ξει el que siempre viene, vendrá!… ¿Pero cómo vendrá, puesto que siempre viene?… ¡Y sobre todo no tardará!… ¿cómo no tardará, puesto que siempre viene?…

Pues, «el ἐρ­χό­με­νος que siempre viene» indica a Dios que siempre viene dentro en la historia. Por supuesto que el Dios siempre está en la historia, y controla, supervisa el mundo y los universos, “todo está en la mano de Dios” (Sab. Sirac 10,4· Sal 118,91: Is 62,3), pero aquello de que vendrá son las apariciones extraordinarias del humanizado Logos de Dios.

También la descripción “paz de Dios a vosotros, “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”,» (Apo 1,4), san Andrés de Kesarea otra vez dice: «esto significa sólo a Dios Padre que es el Principio de todo; y que el principio, el medio y lo último de todas las cosas, están contenidas dentro de Él», (Interpretación Apocalipsis, logos 1). Veis que de cualquier manera que lo miremos el tema es muy rico.

Más abajo veremos también otro nombre de Dios «τὸ Α alfa καὶ τὸ Ω omega», donde A alfa quiere decir principio, y Ω omega quiere decir el fin, final o finalidad. Por lo tanto “YoSoY el Alfa y el Omega” significa que lo que tiene principio existe de mí, y lo que tiene fin también existe de mi; de mi comienza todo y en mí termina todo.

Y realmente si toda la frase se refiere al Padre, entonces la “paz de Dios” significa un Dios Trinitario, donde se diferencian las personas particulares. Por eso, tal y como veremos más abajo, vemos que son referidos “los siete espíritus” (Apo 1,4), es decir, el Espíritu Santo; y a Jesús Cristo se pone claramente último por distinción, para hacer destacar. Ya que más abajo se refiere al Espíritu Santo y más abajo a Jesús Cristo, por tanto el «ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος-“de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”,» la frase entera se puede referir sólo al Padre.

 

Y continuamos el análisis: “…y de los siete espíritus que están delante de su trono” (Apo 1,4). Se entiende que jaris (gracia, energía increada) y paz,, siempre permanece como un saludo; es decir, “Jaris (Gracia, energía increada) y paz de Dios Padre a vosotros, …y de los siete espíritus que están delante de Su trono”.

Aquí se trata de la tercera Persona de la Santa Trinidad, y que aquí precede de la segunda. El divino Evangelista pone en principio la primera persona y después la tercera, y al final la segunda persona. La segunda la pone última como os dije antes, por distinción, para hacer destacar el humanizado o encarnado Hijo de Dios, pero también porque más abajo se ocupará ampliamente con la segunda persona de la Santa Trinidad que es también el epicentro del libro entero del Apocalipsis.

Aquí, amigos míos, el Espíritu Santo se llama: “los siete espíritus que están delante de su trono”. Encima del trono por supuesto que se entiende el Padre; el número siete manifiesta la plenitud y la perfección del Espíritu Santo.

Esta distinción (o destacamento) septenaria de cualidades, carismas o energías increadas del Espíritu Santo, se expresa muy bellamente en el capítulo 11º del libro del profeta Isaías. Tendríais envidia si escucharais las cosas que dice el profeta, y las utilizamos durante el día del Pentecostés. Allí el sagrado compositor de los troparios (cánticos) toma de la Santa Escritura todas estas cosas para honrar y alabar el Espíritu Santo. Escribe pues, Isaías: “espíritu de sabiduría y prudencia, de voluntad y de poder, de conocimiento y de piedad y espíritu de temor a Dios” (Is 11,2-3 y Zac 12,10). El mismo Espíritu Santo, uno e indivisible, divide los carismas, pero Éste permanece uno e indivisible.

Así, pues, el Espíritu Santo aquí se expresa como “siete Espíritus”. Por lo tanto os habéis enterado por qué el libro del Apocalipsis habla de los siete Espíritus; y es un Espíritu Santo.

Aquí haremos un pequeño paréntesis hermenéutico (interpretativo). Como sabréis, la Santa Escritura interpreta la Santa Escritura. Este es un método que utilizan también los Santos Padres de nuestra Iglesia. Por ejemplo decimos la frase: “siete espíritus”, ¿quizás está en alguna otra parte en la santa Escritura? ¿Y qué dice allí? ¿Y cómo se refiere? Sólo así podemos interpretar real y correctamente el logos de Dios.

¿Pero, por qué el Espíritu Santo se expresa como siete espíritus?

Primero, para que se muestre la prontitud y la inmediatez del Espíritu Santo -puesto que está delante del trono del Padre celeste- para que sea enviado al mundo con el propósito de la santificación. Es decir, el Espíritu de Dios espera en todo momento lanzarse –y expresamente utilizo la palabra lanzarse; acordaos en el Pentecostés que se escuchó como viento, “como soplo de viento impetuoso” – y está preparado a lanzarse al mundo para conceder Sus carismas, ¡por la agapi-amor excesiva que tiene el Espíritu Santo hacia el mundo! ¿Pero qué espera? Espera la voluntad de Dios Padre y el camino que abrirá el Hijo. ¡Las tres personas de la Santa Trinidad trabajan la sotiría (redención, sanación y salvación) del mundo!

Acordaos de aquello maravilloso que otra vez os dije, que el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas, sobre el abismo, cuando se hizo el mundo. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Gen 1,1-2)… ¿Habéis visto? ¡El espíritu de Dios!… Tal y como apareció en el Bautismo como imagen de paloma que viene a incubar la vida en las aguas- porque realmente la primera vida apareció dentro en las aguas- y de una manera el Espíritu Santo abraza las aguas, las calienta, incuba, empolla… y salta la vida de dentro de las aguas! ¡Qué bello!

Cuando el evangelista Juan aquí dice “Jaris (Gracia, energía increada) y paz de Dios Padre a vosotros… y de los siete espíritus que están delante de Su trono”, quiere indicar esto; que ahora por el Espíritu de Dios vendrá en vosotros la jaris (gracia, energía increada) y la paz.

Segundo, el Espíritu de Dios se envía tanto por el Padre como también por el Hijo. Lo mismo dice el Señor: “Pero cuando venga el Paráclitos, Espíritu Santo, al que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu Santo de la verdad que la transmite a los hombres, el cual procede del Padre, como un río emana de su fuente, él os dará testimonio de mí” (Jn 15,26). Así que el Espíritu Santo es enviado por el Padre y el Hijo, pero procede solamente del Padre.

Si me preguntáis amigos míos, “qué quiere decir se envía”; os diré que no entiendo nada. Si me preguntáis “qué quiere decir procede”, os contestaré que no entiendo nada. Dice san Gregorio el Teólogo: “Si llegas a comprender qué quiere decir que el Hijo nace del Padre, igual percibirás y comprenderás que el Espíritu Santo procede del Padre” (Sobre el dogma y los obispos p.11).

Permanecemos, pues, queridos míos, sólo en las expresiones, las cuales constituyen una doxología a Dios, porque expresan una exactitud sobre la relación de las tres personas de la Santa Trinidad, pero no sabemos cómo exactamente se entienden todas estas cosas en la vida de la Santa Trinidad.

Aún el mismo libro del Apocalipsis allí donde el Cristo se dirige a Juan, nos dice: “Escribe al ángel de la Iglesia de Sardes: Esto es lo que dice el que tiene los siete espíritus de Dios…”. Aquel que tiene los siete Espíritus, es decir, que tiene el Espíritu Santo, el Cual envía Sus carismas.

Otra vez en el capítulo 5º nos escribe el Evangelista: “Entonces, junto al trono, vi un cordero rodeado de los cuatro animales, y de los ancianos. Estaba de pie y como degollado. Tenía siete cuernos y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra” (Apo 5,6). El Cordero estaba en pie y degollado, pero cómo estaba de pie y degollado lo analizaremos cuando lleguemos a este punto. Tenía siete cuernos y siete ojos, son imágenes majestuosas, terribles… que quieren indicar cómo el Espíritu de Dios se envía en plenitud de Sus carismas. El número siete es simbólico y esquemático y quiere indicar la multitud o cantidad y plenitud. ¡El Espíritu de Dios viene cargado para donar Sus regalos al mundo!

Y tercero, el Espíritu Santo está delante del trono de Dios como “siete espíritus” porque es penetrativo, es decir, penetra en todas partes. Acordaos lo que dice el apóstol Pablo: “El Espíritu Santo investiga todo, y también hasta las profundidades de Dios” (1Cor 2,10). ¡Precisamente porque penetra también dentro en la misma usía-esencia de Dios!

Dice otra vez el libro del Apocalipsis: “Del trono salían rayos, voces y truenos. Siete lámparas de fuego ardían delante del trono que son los siete espíritus de Dios” (Apo 4,5), el Espíritu Santo.

Muy bonito nos lo dice esto también el profeta Ezequiel. Pero atención: ¿por qué a veces me refiero al profeta Isaías y otras al profeta Ezequiel? Para que veamos, amigos míos, que estas imágenes son comunes también en el Antiguo Testamento y para ver exactamente que hay similitud entre ellas. Dice pues: “En medio de estos cuatro seres se veían como carbones de fuego encendidas, a modo de antorchas que se agitaban de acá para allá entre ellos. Resplandecía el fuego, y del fuego se desprendían relámpagos” (Ez 1,13).

¿Qué indica esto “que se agitaban, las antorchas de fuego”? Indica que el Espíritu Santo penetra en todo, no se Le escapa nada. ¡Y naturalmente es muy característica esta cualidad de infiltración o penetración, tal y como nos la apunta el profeta Ezequiel, porque muestra la omnisciencia de Dios, y que el Dios conoce todo, el Espíritu Santo que es Dios, todo lo conoce!

Acordaos del Antiguo Testamento que delante del arca del testamento había un candelabro con siete lámparas, (Ex 25,37). El arca del testamento es tipo o modelo de los “siete Espíritus de Dios”, es decir, del Espíritu Santo, que está preparado a ser enviado en el mundo para donarle Sus carismas.

Y continuamos: “y de Jesús Cristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra” (Apo 1,5).

Y de Jesús Cristo, se da a entender la Jaris (gracia, energía increada) y la paz. Es decir: Tenéis la jaris y la paz del Dios Padre, «“de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”,-ἀ­πὸ ὁ ὢν καὶ ὁ ἦν καὶ ὁ ἐρχόμενος»; y del Espíritu Santo – los siete espíritus; y de Jesús Cristo.

¿Lo veis? Entra último el Cristo, aunque es la segunda persona de la Santa Trinidad, por distinción, para hacer destacar. Pero claramente la frase entera se refiere a Dios Trinitario.

Pero prestad atención: aquí se observa un nuevo solikismo, agramatical o incoherencia gramatical. Lo escrito correctamente sería: “«καὶ ἀ­πὸ Ἰ­η­σοῦ Χρι­στοῦ, τοῦ μάρ­τυ­ρος τοῦ πι­στοῦ y de Jesús Cristo del testigo y mártir fiel». Pero dice: ¡«καὶ ἀ­πὸ Ἰ­η­σοῦ Χρι­στοῦ, μάρ­τυς πι­στός y de Jesús Cristo el testigo y mártir, el fiel»! Pone declinación gramática Nominativa y no declinación Genitiva o caso genitivo. Esto se hace otra vez por destacar una nueva denominación trinitaria, que se refiere a Jesús Cristo.

¿Cuál es esta denominación adjetival trinitaria? Es el Cristo: primero “μάρ­τυς πι­στός el testigo y mártir, el fiel”; segundo, “el primogénito de los muertos” y tercero, “el soberano de los reyes de la tierra”. Y estos tres predicados-nombres se refieren a Jesús Cristo. Pero prestad atención: Se refieren a Su naturaleza humana, no a la divina. Además no dice: “y también del Hijo de Dios”, sino “y también del Jesús Cristo”. Estos predicados, pues, se refieren a la naturaleza humana del humanizado o encarnado Hijo de Dios. Porque el Evangelista allí quiere llegar a presentarnos expresivamente a Jesús Cristo que es el Centro de la Historia y de todos los acontecimientos, que tomarán lugar como acontecimientos históricos, y nos describirá con visiones en el libro del Apocalipsis.

 

El primer nombre pues: «El testigo y mártir el fiel μάρ­τυς πι­στός».

¿Por qué se llama el Jesús Cristo «testigo y mártir fiel μάρ­τυς πι­στός». En principio quiere decir testigo verídico, igual que diríamos en un tribunal que tenemos un testigo fidedigno y significa que lo que dice este testigo es verdadero.

Pero como “testigo y mártir fiel” se refiere el Dios en el Antiguo Testamento. Por ejemplo en el Salmo 88, 38 dice: “como la luna que subsiste en el siglo, en testigo fiel en el cielo”.

Así que aquí ¿quién es el testigo fiel? Es el Yahvé. Pero cuando el Apocalipsis dice, ¿quién es el Jesús Cristo? ¡Es el Yahvé, el Kirios-Señor!… Dónde están los milenaristas o testigo de Jehová que dicen que Jesús Cristo no es el Jahvé, no es el Señor-Kirios, sino que es creación… ¡Ay qué hombres más blasfemos! ¡Hombres blasfemos, terrible!

Pero el Cristo, amigos míos, se llama “testigo y mártir fiel” por dos razones: primero porque él ha dado testimonio y martirio por la verdad, es decir, la ha apocaliptado-revelado.

Os acordaréis cuando Pilatos preguntó al Señor: “Quién eres”, y Él le respondió: «Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio y predicar de la verdad»; para apocaliptar-revelar la verdad (Jn 18,37).

En aquello de Pilatos, “qué es la verdad” (Jn 18,38), que el año pasado lo hemos analizado, y dijeron algunos: “Qué pena… no se sentó Pilatos a escuchar de Cristo qué es la verdad”. Porque el gran problema es exactamente esto: “Qué es la verdad”. En este momento que os veo, ¿de verdad que sois vosotros? Y en este momento que me veis, ¿soy yo de verdad? ¿Es verdad? Picaros un poco la mano; quizás estáis durmiendo y viendo algún sueño. Me diréis: ¡Qué fantasmadas nos estás diciendo, Padre! Pues, no son locuras. De verdad no sabemos lo qué es la verdad. ¡Para ella luchamos, para la verdad!

Cuando el Pilatos salió fuera -¡oh qué desgraciado!- preguntó, qué es la verdad. Se le podría decir no lo qué es la verdad sino ¿quién es la verdad? ¡Tenía delante de él la Verdad!… La verdad no es un concepto abstracto; la verdad es una persona. “YoSoY la verdad” (Jn 14,6). No dijo “He aquí he venido para deciros una cuantas cositas”, sino que: ¡YoSoY la verdad y la vida!

Dos cosas interesaban, interesan e interesarán siempre al hombre: el gran tema de la verdad y el gran tema de la vida. La verdad y la vida son dos polos del eje, diríamos, donde gira siempre toda la humanidad y anhela. Sin embargo este eje con los dos polos es el Jesús Cristo; ¡YoSoY la verdad y la vida! “He venido para hablaros de la verdad y dar testimonio de ella”. ¿Y cuál es la verdad Señor? ¡YoSoY la verdad!

Pero esto “YoSoY la verdad” significa que:esto que os digo y que os estaré apocaliptando-revelando será siempre verdadero”. Y en este caso es la verdad sobre el Dios, sobre el hombre y sobre el mundo; pero también lo que de ella proviene, el culto y la agapi (amor, energía increada) del verdadero Dios.

¡Por eso, amigos míos, sepan que fuera de Jesús Cristo hay profunda oscuridad! Veis lo que hacen los filósofos; luchan, luchan e intentan dar respuestas. Y no sólo son contradictorios entre ellos, sino cada uno es contradictorio con el sí mismo. No saben que: “…se apartaron a vana palabrería, queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman” (1Tim 1,7). No obstante, si no sabemos y no tenemos nuestra opinión y no conocemos a Cristo, entonces nos encontramos en la profunda oscuridad. Tenemos que ser felices porque podemos conocer a Cristo, o por lo menos que estamos en el camino de conocerle.

Además el Cristo en el libro del Apocalipsis es “el testigo y mártir fidedigno” de lo que dirá, en general y especialmente. Lo mismo dice también el apóstol Pablo: “Fiel el logos de Dios y digno de ser recibido en plenitud por todos” (1Tim 1,15 · 4,9 · 2Tim 2,11 · Tit 3,8).

En muchas partes en el Apocalipsis, el Cristo se llama “testigo y mártir verdadero”. En concreto, vale la pena decirlo ahora, en el capítulo 3º dice: “Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo y mártir fiel y verdadero…” (Apo 3,14). Aquí vemos tres nombres de Jesús Cristo: “el Amín”, “el testigo fiel” y “el verdadero”. Pero mirad, otro solikismo, incoherencia gramatical: ¡el Amín! La palabra amín es hebrea y no toma artículo; ¡pero pone artículo! Artículo pondrá también el Apóstol Pablo y dirá para el Cristo que “el Sí”, “el amín”, “el cierto” (2 Cor 1,19-20, Heb 2,2). Amín en hebreo quiere decir, así sea, ojalá que sea, esto es, tal como es, ciertamente. Así que aquí vemos tres sinónimos por acumulación, que indican la certeza de la fidelidad del Cristo.

Pero el Cristo, queridos míos, es “testigo fiel” también por una segunda razón: porque padeció el martirio, martirio por la cruz; subió encima de la cruz gracias al testimonio de la verdad.

Porque el testimonio de la verdad implica padecimientos y sufrimientos por parte del mundo dominado por el demonio, por esta razón la palabra martirio se convierte idéntico con la confesión de la verdad y también con los padecimientos. Así que cuando decimos mártir, entendemos que decimos y testificamos la verdad y que sufrimos martirio. Veis que la verdad cuando se ofrece al mundo se ofrece con el martirio. Por eso la verdad y el pasarlo mal están vinculados estrictamente, de modo que la misma palabra expresa las dos cosas.

Por eso el Evangelista escribirá en el libro del Apocalipsis: “Cuando el cordero abrió el quinto sello, vi debajo del altar vivos a los que habían sido degollados por proclamar el logos de Dios y por μαρ­τυ­ρί­αν (martiría) testimonio y martirio que habían dado(Apo 6,9). ¿Por qué fueron degollados? ¡Para el logos de Dios! Porque dieron testimonio y martirio para el Logos de Dios, por eso fueron degollados. Mucho más antes fue degollado Jesús Cristo, el Cual es el absoluto “mártir y testigo fiel”, porque nos ha traído la plenitud de la verdad, y gracias a ella fue el Protomártir (primer mártir y testigo), puesto que sufrió el martirio encima de la cruz.

 

El segundo nombre de Cristo es “el primogénito de los muertos”.

¿Habéis pensado, amigos míos, cuántos nombres tiene el Cristo? Muchísimos, multitud de nombres. Se llama “puerta” (Jn 10,9), se llama “ladrón” (Apo 3,3 · 16,15 · Tes 5,3-4 · 2Ped 3,10), se llama “pastor” (Mt 25,32 Jn 10, 11 y 14), y “mártir y testigo fiel”, se llama “el Amín” y “el verdadero” (Jn 14,16)… ¡Multitud de nombres dentro en la Santa Escritura! Todos estos nombres se refieren a la persona de Jesús Cristo. Aquí pues tenemos un nuevo nombre: “el primogénito de los muertos”.

Aquí se da un testimonio extremadamente interesante: se certifica la identidad de éste que revela y habla a Juan. ¿Quién le está hablando? El Jesús Cristo. ¿Y qué le dice? Cierto que no nos dice esto, sino que nos dice que “tenéis la jaris (gracia, energía increada) y la paz de Jesús Cristo que es el primogénito de los muertos”. Pero más abajo el Cristo dirá a Juan: “YoSoY… el que siempre vive, y me hice muerto, y he aquí vivo o siempre vivo” (Apo 1,18). ¿Pero, Señor cómo es que vives?… “¡Resucité!” -pero siempre sobre Su naturaleza humana.

Así que, ¿quién es “el primogénito de los muertos”? Es el eterno Dios, que se ha hecho hombre, murió encima de la cruz, resucitó y vive eternamente como Θεάν­θρω­πος (zeánzropos) Dios y hombre.

De hecho en el pasaje 18 del mismo capítulo escribe lo siguiente: “YoSoY el primero y el esjatos-último y el vivo o el que siempre vive”. Aquí otro nombre de Cristo: “el primero y el ésjatos-postrero”. Pero cuando dice “YoSoY el primero y el esjatos-último y el vivo o que siempre vive”, habla como Dios, porque ningún hombre es “el primero y el ésjatos-postrero”, también el “A alfa y el Ω omega” no existe en ningún hombre sino sólo a Dios. (Apo 1,18). Nunca un hombre está en tiempo eterno presente viviente sino sólo el Dios. “…y me hice muerto, y he aquí vivo o siempre vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del hades”. Me hice muerto, ¿Pero cómo?, como hombre, he aquí estoy vivo, es decir, resucité, ¿pero cómo?, no como Dios ni como hombre, sino como Θε­άν­θρω­πος (zeánzropos) Dios y hombre; y vivo por los siglos de los siglos, que tengo las llaves de la muerte y del hades, es decir, soy el vencedor de la muerte y del Hades.

El Cristo se llama “el primogénito de los muertos”, y como dice muy bien Zigavinós, “como el primero del vientre explotado del hades en resurrección de vida otra vez y en vida eterna”, es decir, como si hubiera salido del vientre del Hades puesto que el vientre explotó. Diríamos como una mujer que da a luz no fisiológicamente, sino con una cesárea; o permitidme decirlo más violentamente aún, con una patada al vientre y el niño sale fuera. Esto indica la palabra “explotado”; es Aquel que ha bajado al Hades y destruyó “las cadenas de las entradas (o puertas) eternas” (Sal 106,16 y Jn 2,7), es decir, destruyó al hades que estaba allí encerrado y nadie podía salir de allí. Por lo tanto, el Cristo es el primero que salió del vientre explotado, de forma violenta del vientre de Hades.

Como “primogénito de los muertos”, describe a Cristo también el apóstol Pablo en su epístola a los Colosenses: “Él es también la cabeza del cuerpo, de la Iglesia, siendo el principio, el primogénito entre los muertos, para ser el primero en todo” (Col 1,18). ¿Por qué primero? Porque él es el primero en todo “todo fue hecho por Él” (Jn, 1,3) y nosotros seguimos: es el primer muerto que resucita y nosotros detrás, segundos, terceros…

Y se llama “primogénito”, como dice otra vez el apóstol Pablo, en la epístola a los Corintios como “primicia” y garante también de nuestra resurrección. “Pero Cristo ha resucitado de entre los muertos como primicias de los que mueren (1Cor 15, 20). Por qué el Cristo se hizo primicia de los muertos o dormidos? Se hizo primicia, inicio, comienzo, primogénito, para que sigan muchos.

 

Y finalmente, el tercer nombre de Cristo: “el soberano de los reyes de la tierra”.

Este título-nombre es una repercusión de aquella famosa confesión del Señor delante del Pilatos, de que es realmente Rey. El evangelista Juan nos dice que el Señor responde a Pilatos: “36 Respondió Jesús: «Mi realeza increada y reinado no proviene de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo mis súbditos hubiesen luchado para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero el poder de mi realeza no proviene de este mundo ni está basado en las armas, sino del cielo.» Le dijo entonces Pilato: ¿Luego tú eres rey? Respondió Jesús: «Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio y predicar de la verdad. Y todo aquel que siente la disposición y el anhelo por la verdad, escucha, acepta y aplica mi enseñanza y así se convierte en copartícipe de mi espiritual y celeste realeza increada». Le dijo Pilatos: ¿Qué es la verdad y quién puede encontrarla? Y cuando dijo esto, salió otra vez a los judíos y les dijo: “Yo no encuentro en él ningún delito” (Jn 18, 36-38).

Por lo tanto, amigos míos, el Cristo es el Rey… es el Soberano de la Historia… es el Triunfador. Y exactamente este Su último nombre, “soberano de los reyes de la tierra” constituye también el tema del Apocalipsis y la idea central del libro.

Dice el apóstol y evangelista Juan: Estos aliados de la bestia “pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados, elegidos y fieles” Apo 17,14).

Aquí, hermanos míos, hemos visto tres adjetivas determinaciones-nombres de Jesús Cristo, que constituyen entre sí una escalera natural. “El que ha venido a dar testimonio y ser mártir de la verdad”, “El que ha muerto gracias a ella y el que murió, resucitó y venció la muerte” no solo para Sí Mismo, sino para todos los hombres; y “el que finalmente como Θε­άν­θρω­πος zeánztopos Dios y hombre se hace el Rey triunfador y Señor de todos los reyes y soberanos de la tierra.

Estos tres nombres de Jesús Cristo marcan en breve toda la trayectoria de Dios Logos en la Historia. Viene, da testimonio, sufre martirio y sale de la Historia, puesto que la lleva Consigo con Su resurrección y Su ascensión o mejor dicho, la metamorfosea, transforma en Realeza increada de Dios!… Atención a esto que os he dicho: ¡Entra en la Historia, da testimonio y sufre martirio para la verdad, se resucita, y con el Juicio final toma toda la creación y la convierte en Realeza increada de Dios!… Decidme por favor: ¿qué libro fuera del Apocalipsis, que se ha escrito alguna vez en la filología universal, se podría comparar y ser más majestuoso, una obra de arte como este?… ¡Qué libro fuera del Apocalipsis?… ¡Temas enormes, grandiosos!

Amigos míos, si permanecemos en puntos teológicos y persistimos en ellos -lo diré por enésima vez- es porque debemos formarnos, edificarnos, elevarnos y subir a lo alto. No nos quedemos sólo en pensar y decir simplemente “que soy un hombre bueno”, y así de esta manera vivir en una autosuficiencia espiritual, la cual no es otra cosa que una continua muerte por inanición. Sabéis que en el lenguaje de la Economía mundana existe este límite de inanición llamado starvation limit. Si hay este límite en nuestra vida espiritual es porque lo ponemos nosotros. Y ponemos el límite a esta inanición espiritual cuando queremos permanecer felices con las migajas de alguna gnosis (conocimiento) religiosa.

¡No, hermanos míos, NO! ¡Los hijos de Dios deben saciarse de pan de Dios! Y el pan de Dios es el pan bajado del cielo (Jn 6,33·41), el Dios Logos que se ha dado a Sí Mismo como “comida”(Jn, 6,55), comida sensible, pera que podamos dentro de esta comida del “Pan celeste” ver a Dios Logos.

Por eso amigos míos, no protestéis si se os ofrece un poco más de teología. No es mucha, es poca teología, pero la que es el “Pan” que alimenta a los hijos de Dios. Amín.

Yérontas Atanasio Mitilineos

 Monasterio Komnineon de “Dormición de la Zeotocos” y “san Demetrio”

40007 Stomion, Larisa, Fax y Tel: 0030. 24950.91220

Traducido por: χΧ jJ

 

 

 

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