Apocalipsis

 

Análisis y exégesis de la Iglesia Ortodoxa

 

Por Yérontas Atanasio Mitilineos

© Monasterio Komnineon de “Dormición de la Zeotocos” y “san Demetrio”

40007 Stomion, Larisa. Fax y Teléfono 0030. 24950.91220

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Apocalipsis

 

Unidad 1: Prólogo e Introducción

Sobre la profecía atemporal para Jesús Cristo como Juez, de la obra maestra del libro Apocalipsis

Con la ayuda de Dios Trinitario hemos llegado otra vez al mes de octubre, el mes que empiezan muchos trabajos cara al invierno, y sobre todo comienza la preparación de los campos para su siembra. Y tal y como nuestros agricultores salen a sus tierras para la preparación y la siembra del trigo, así también sale el Logos increado de Dios a sembrar las verdades evangélicas en los campos de los corazones: “Salió el labrador para sembrar su siembra” (Lc 8,5 Mt 13,14).

Pero el Logos increado de Dios no sale para arar; viene sólo para sembrar; el arado queda para nosotros. Es decir, si vendremos para escuchar el logos de Dios, el cómo lo escucharemos y qué consecuencias tendrá éste en nuestras vidas, esto es algo que concierne a nosotros.

De todas formas seguro que “el sembrador de la semilla” sale constantemente; es el éxodo-salida de nuestro Dios, que es una salida de agapi (amor, energía increada) hacia sus creaciones, hacia los hombres, y viene a sembrar el logos de Su divina verdad. Delante de nosotros tenemos un año, y estaremos viniendo aquí al templo para escuchar el logos de Dios; pero debemos tener cuidado cómo estudiaremos y escucharemos el logos de Dios.

Debo deciros que el logos de Dios algunas veces cae sobre una “tierra” pisoteada, dura, sin estar arada, ni cultivada, y deja la “tierra” del corazón indiferente. Uno entra aquí al templo, escucha, y no pone ningún interés. Otras veces el logos de Dios cae en corazones frívolos, en aquellos que se entusiasman fácilmente, pero en sus interiores no sienten alegría por el logos de Dios; pero cuando salen de la puerta lo han olvidado todo. Otra “semilla” cae en corazones que prometen muchas cosas y planifican una bella vida espiritual; pero vienen miles de preocupaciones de la vida para ahogar el logos de Dios, y finalmente estos corazones quedan sin fructificar, sin frutos.

Nosotros, ojalá que no pertenezcamos a estas categorías, como hemos escuchado hoy en la parábola del sembrador (Lc 8, 5-15). No, queridos míos; el logos de Dios debe caer en corazones que la “tierra será buena y bondadosa”, allí donde el logos de Dios fructificará y se hará santidad. Pero estos corazones, nuestros corazones, deben recibir y aceptar el logos de Dios con temor a Dios y humildad; y entonces producirán “a ciento, a sesenta, y a treinta por uno” (Mt 13, 8-23 Mrc 4,8-20).

Pero desearía y ruego y oro a Dios, pero también os ruego de corazón, que no exista corazón que pertenezca en ninguna de las tres primeras categorías de la parábola; no lo desearía. Todos los corazones que aquí escuchan el logos de Dios que sean de “tierra buena y bondadosa”, y que el logos de Dios que estará cayendo en sus corazones fructifique en abundancia con frutos ricos.

(Lo mismo deseo yo también el traductor, para los hermanos que leen y estudian esta traducción y si ven algún error me perdonen y me avisen para arreglarlo).

Este año la jaris (gracia, energía increada) de Dios nos da el Libro del Apocalipsis como una oportunidad para sembrar el logos de Dios.

El Apocalipsis es el último libro del Nuevo Testamento, pero también de toda la Santa Escritura. Este libro es la conclusión de la Santa Escritura y tiene correlación con el primer libro de la Santa Escritura, el Génesis. Estos dos libros constituyen el eje, caída-salvación. El libro del Génesis se refiere a la historia de la caída; el libro del Apocalipsis de la rectificación o levantamiento, la sanación y la salvación. Realmente en el libro del Génesis se describe la creación del cosmos (mundo) y del hombre; es este bello amanecer del creado mundo visible.

Pero los hombres han caído; por influencia del diablo han caído al pecado. A partir de entonces fue introducido el pecado, la corrupción y la muerte. Todo parecía una frustración; como si se hubiese frustrado el bello plan de Dios, es decir, la creación acercarse junto a Dios, unirse con Él y glorificarse, divinizarse. ¡Pero de lo que el Dios crea, queridos míos, nada se suprime a cero ni se suspende o malogra! Y para la renovación del creado mundo visible, envejecido por el pecado, se ha economizado el misterio de la Humanización o Encarnación de la segunda persona de la Santa Trinidad, que es el Jesús Cristo. Pero el mundo no ha aceptado a Jesús Cristo y Le crucificó.

Pero otra vez el plan de sanación y salvación no se ha suspendido, porque con la Cruz fue vencido el diablo y con la Resurrección de Cristo fue vencida la muerte y la corrupción.

Así la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, camina dentro en la historia entre muchas fatigas, adversidades y martirios, que provienen de las fuerzas antiteas, contrarias a Dios, las cuales continuamente crucifican el cuerpo (carne) de Cristo. Pero finalmente la Iglesia vencerá, porque el Cristo ha vencido al diablo, al mundo y a la muerte. La Iglesia hace eclesiástica o lleva a la Iglesia la creación y la conduce a la Realeza increada de Dios.

Si, pues, el libro del Génesis nos describe la creación del mundo, del hombre y de su caída, el libro del Apocalipsis nos describe apocalípticamente (reveladamente) el camino de la Iglesia dentro en la historia, es decir, de los fieles y de la creación en general, el renacimiento, la recreación y la eterna doxa (gloria, luz increada) del hombre y de la creación visible.

El libro del Apocalipsis, -hoy hacemos una pequeña introducción para que podamos orientarnos relativamente- contiene en resumen el misterio completo de la divina Economía, desde la Encarnación del Hijo y Logos de Dios hasta Su Segunda Presencia-Parusía, el Juicio universal y la aparición de la Realeza increada de Dios.

Para que entendáis, os describiré sólo una imagen del Apocalipsis donde aparece el misterio de la Humanización o Encarnación. Es la “mujer” que está rodeada del sol, y bajo de sus pies está la luna, y está gestando “el niño varón”, su hijo que sería nacido. Pero el “Dragón” espera cuándo la mujer va dar a luz al “niño” para arrebatarlo y tragarlo. Pero apenas nacido el niño fue arrebatado de Dios, ya que la “mujer” huyó al desierto. Y detrás corre el Dragón sacando agua de su boca, y constituye la “mujer” «portadora de río» -palabra, término del libro del Apocalipsis. Es decir, ¡va tirando agua detrás de ella, para inundarla y ahogarla, pero sin lograrlo! (Apoc 12, 1-17). Queridos míos, esta es la historia de la Humanización o Encarnación.

El diablo, como dice un Padre de nuestra Iglesia, san Ignacio de Antioquía, buscaba las vírgenes para saber cuál daría a luz al Mesías; pero se “equivocó”, se le desvió la atención al “soberano del mal de este siglo” (Jn 12,31 y 16,11) de que el Hijo de Dios ha nacido de virgen, ¡así el Diablo esto no lo percibió! (San Ignacio: a Efesios TLG, 1.19.1-3). El Diablo no es omnipresente o en todas partes, ni conoce todo; pero buscaba. Esto lo vemos claramente en el libro del Apocalipsis, que como escribe, espera nacer el “Niño”.

Aquí la persona de la “mujer” tiene dos facciones o caras: es la Zeotocos y también es la Iglesia. Y por supuesto que es la Iglesia, porque Ella es el Cuerpo de Cristo (1Cor 12,27 y 12,12 y Rom 12,4-5). Pero el Cuerpo de Cristo tomó Su Cuerpo de la Panayía (santísima o más que santa), de la Zeotocos (Madre de Dios o la que pare o da a luz a Dios). Por lo tanto la Zeotocos y la Iglesia son lo mismo, con las dos facciones o caras; y así tenemos a la vez discernimiento e identificación.

La Iglesia es perseguida, son perseguidos los Apóstoles y también la Zeotocos, pero el “Niño” es arrebatado al cielo. Esto es la Crucifixión, la Resurrección y la Ascensión de Cristo. El diablo ya no puede llegar al cielo, no puede hacer nada. Pero desde entonces persigue la Mujer en los desiertos, es decir, se dirige siempre contra la Iglesia.

Entonces dentro de esta imagen, -la cual es una de las múltiples imágenes del libro del Apocalipsis-, uno ve en resumen el misterio de la divina Economía.

Además el libro del Apocalipsis se refiere a la fundación y a la extensión sobre la tierra de la Iglesia de Cristo, es decir, de la Realeza increada de Dios, pero también el desarrollo de la lucha entre la mujer y la bestia, o sea, entre la Iglesia y las fuerzas contrarias a Dios; -veremos cuáles son estas fuerzas antiteas o antidivinas. Se refiere también a las “plagas o heridas” que vienen contra la bestia y contra el mundo que es incrédulo. Al final la Iglesia triunfa, el Cristo viene, juzga al mundo, y el diablo es atado y brilla el reinado de la Realeza increada de Dios. Esto es el diagrama general del libro del Apocalipsis.

La idea central del libro es la segunda Πα­ρου­σί­α Parusía Presencia de Cristo, como Juez y Rey, con la que empieza y termina. Terminando el libro, la “novia”, es decir, la Iglesia, y el “Espíritu”, el Espíritu Santo que permanece en la Iglesia, dirán: “Ven, Señor Jesús”; y la respuesta:Sí, vengo pronto”.

Es el clima de espera del espíritu del libro, y el clima de espera dentro en la Iglesia. Y la Iglesia espera a Cristo; Le espera como Juez y Rey, para expulsar y alejar el mal, para que ya no exista el Diablo, ni el pecado, tampoco la corrupción, ni la muerte. Por consiguiente la idea central del libro es: el Jesús Cristo como Juez y Rey y Su Segunda Parusía-Presencia.

El tema principal, -que lo vemos moverse o trasladarse en sucesivas imágenes de un modo de sistema septenario, como veremos en el análisis del libro- es la lucha entre la Realeza de Dios y la fuerzas antidivinas o contrarias a Dios, con el resultado triunfal de la Iglesia por la victoria de Cristo.

El propósito por el que se ha escrito el libro del Apocalipsis es la preparación de los fieles en vista de las tribulaciones y aflicciones que les esperan, pero también para instrucción y consuelo de los fieles para el buen término de la lucha.

Todas estas cosas que os digo en pocas palabras, están escritas en el libro del Apocalipsis con visiones, representaciones e imágenes, y constituyen también la lengua simbólica del libro del Apocalipsis.

Por supuesto que el Apocalipsis es principalmente un libro profético; el cual ¡atención!- no apocalipta-revela sólo las cosas futuras sino también las presentes. Por lo tanto, aquí aparece la profecía en su concepto, con sentido y significado amplio.

Al mismo libro del Apocalipsis en el primer capítulo 1, pasaje 19, el mismo Señor dice lo siguiente y lo apunta a Juan: “Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas”. San Juan se encuentra exiliado, según la Tradición, en la isla Patmos, en la cueva que hoy en día es conocida como la cueva del Apocalipsis. Allí estaba orando continuamente. Y un Domingo –nos dirá el mismo en el prólogo del libro- “se hizo en espíritu” (Apoc 1,10) y vio todas estas apocalipsis-revelaciones y visiones, las que por mandamiento de Cristo escribe: Escribe, dice, las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas que se convertirán y serán presentes. Por lo tanto, el libro del Apocalipsis es un libro profético, que apocalipta-revela las cosas presentes y futuras.

Os he dicho que la profecía tiene un concepto, sentido y significado muy amplio; se mueve al futuro, al presente y al pasado. Y analizo:

Cuando una profecía se mueve hacia el futuro, viene a apocaliptar-revelar aquello que se realizará al futuro, lo cual ignora toda creación lógica creada. El futuro no lo conoce ni el hombre ni el ángel tampoco el diablo; el futuro realmente lo conoce sólo el Dios, y nadie más y sólo Él puede revelarlo – apocaliptarlo. Por tanto, la profecía, es privilegio sólo del Dios verdadero; y si lo queréis, es el privilegio de nuestra verdadera Fe ortodoxa.

La profecía incluso se mueve en el presente para cualquier cosa que escapa de la atención de los contemporáneos. San Juan el Precursor, por ejemplo, se llama Profeta. ¿Pero porqué? ¿Qué ha profetizado san Juan el Bautista? ¿Quizás ha profetizado el futuro o el pasado? ¡Pues, san Juan el Bautista ha profetizado sólo el presente! Y el núcleo, el centro de su profecía fue:  “He aquí el Mesías; he aquí el cordero de Dios” (Jn 1,29).

¿Quién eres? Le preguntan los soberanos del pueblo, ¿acaso tú eres el Mesías? No, les responde, yo no soy el Mesías. ¿Quién eres? “Yo soy la voz que clama al desierto. Yo soy una voz del desierto y yo vengo para dar testimonio sobre el Mesías. Es Éste que en el tiempo viene tras de mí, pero cualitativamente es Éste que es antes que yo. Es Aquel que yo no soy digno de desatar ni los cordones de Sus zapatos” (Jn 1,19-28 Is 40,3).

¡Y Juan el Bautista es un Profeta mega (grandioso, de los más grandes)! A pesar de esto, amigos míos, cuando profetiza para el Cristo, el Cristo está presente. Pero queridos míos, es más difícil profetizar el presente que profetizar el futuro.

Finalmente la profecía se mueve también al pasado; profetiza aquellas cosas que el ojo del hombre no ha visto. Por ejemplo, cuando Moisés, el gran Profeta, registra al libro del Génesis sobre la creación del mundo y del hombre, ¿de dónde lo sabía? Pues, escribe proféticamente. Por lo tanto, es el Profeta que se mueve, traslada al pasado.

Aún la característica de la profecía es más amplia de lo que os he dicho, porque tiene también el elemento de la enseñanza. Es decir, la profecía contiene consejos, sugerencias e incitaciones éticas, promueve hacia la metania, instruye a los creyentes en la dura lucha de la vida espiritual y mucho más… Muchas veces los Profetas vienen a reforzar y ayudar, promover hacia la metania y levantar la moral del pueblo que los escucha; es decir, la profecía no viene sólo a decir lo que va a pasar y lo que pasó, sino cómo deben permanecer derechos, firmes los hombres ante el Dios.

Por esta razón –apunto, sostengo e insisto-, no debemos ver el libro del Apocalipsis con un concepto estricto de profecía, es decir, como un libro que nos dirá solo el futuro. No queridos míos, el libro del Apocalipsis se moverá, trasladará hacia atrás y hacia adelante, pero –escuchad- también ¡al presente!

¿Qué dijo aquí el Señor? “Las cosas que son” (Apo 1,1), aquellas que existen, están en marcha y se realizan.  Y aquel “Las cosas que son” no es sólo aquello que ocurriría entonces que el Señor dictaba a Juan el Apocalipsis y le mostraba con imágenes simbólicas todo lo que ocurriría en su época. Cuando escribe sobre “la gran ramera Babilón”, la Roma, no es sólo aquel “Las cosas que son” y que son hoy; aquel “Las cosas que son” son cosas de hoy y de mañana; pero el mañana será lo que pertenezca al mañana, y que llegará a ser presente, hoy.

Así pues, en cada momento el Apocalipsis se mueve, traslada al pasado, al presente y al futuro. Pero tiene una forma amplia: viene a instruir, rehabilitar, avisar –sobre la venida del Anticristo (Apo 14,8. 16,19. 17,5. 18.) etc.– y viene a levantar el ánimo, resaltar y alertar en cada época o tiempo, pero particularmente en una época que el sentimiento religioso está muy bajo y débil.

El libro del Apocalipsis es un libro muy vivo, con mucha inexpresable jaris (gracia, energía increada) y frescura. A pesar de las terribles imágenes que contiene, tiene a la vez una ternura y una frescura. ¡El libro del Apocalipsis es una verdadera obra maestra! Aquel que ha podido ver, contemplar algo dentro en este libro, lo constituye como un estudio suyo verdadero.

El libro del Apocalipsis está escrito en lengua helénica popular y sencilla de su época. ¡Tenemos la lengua helenística que por supuesto no es el bello dialecto de Ática, la magnífica lengua de Platón! Nos encontramos bastantes años lejos, unos centenares; la lengua helénica había sufrido muchas influencias, especialmente extranjeras. En esta lengua se han escrito los Evangelios. Pero la lengua del libro del Apocalipsis está a un nivel aún más bajo que esta lengua helenística; es una lengua, permitidme decirlo, popular o vulgar; pero esto no os moleste, no os escandalice. Porque de parte filológica presenta tantas y de tal tipo de cosas, de modo que muchos de renombre helenos y extranjeros han llegado a decir que el libro del Apocalipsis tiene su propia gramática.

Dice por ejemplo: «ὁ ὢν καὶ ὁ ἦν καὶ ὁ ἐρχόμενος». El «ὁ ὢν», toma artículo, porque es participio, pero «ὁ ἦν» que es imperfecto del verbo εἰμί ser y estar, qué tipo de artículo puede tomar… ¿El verbo gramáticamente toma alguna vez artículo?… (No, gramáticamente en helénico, no), y dice «ὁ ἦν»;… Es un sóliko o solikismo*. El libro del Apocalipsis, pues, tiene su propia gramática, ¡pero es gratificada!  *(Σόλοικο sólico o solikismo agramatical, sin coherencia sintáctica, es el que en los textos se equivoca sintáctica y gramáticamente, en este caso san Juan y los santos escritores muchas veces lo hacen intencionadamente para indicar lo difícil e inexpresable que es lo divino o Dios).

Pero su léxico o vocabulario quizás no sea rico. Lo mismo ocurre también con el evangelio de Juan. El vocabulario más pobre de los cuatro evangelios es el de Juan, ¡pero es el más grande y alto que nos ha venido del cielo; el evangelio de Juan es el evangelio de la luz increada, el más teológico! ¡Imita la Kenosis-Vaciamiento del Dios Logos, que está contenido, rodeado de la pobreza de la existencia humana!… (cf. Fil 2,7). Así diríamos aquí, que dentro de la pobreza del léxico del Apocalipsis viene la riqueza de la teología y de la riqueza de la Realeza increada de Dios que con tanta abundancia se derrama y se desborda, y que supera todos los conceptos de las palabras. Es algo maravilloso y asombroso. Sólo aquel que se familiariza con el libro del Apocalipsis puede descubrir todos estos elementos y sobre todo de manera interminable.

Es pues, una verdadera obra maestra el libro del Apocalipsis. Tiene unidad y simetría, buen ritmo y potencia del logos a pesar de la escasez o pobreza de palabras; tiene riqueza de colores y tonos; ¡aún tiene una inimaginable variedad de temas y una plasticidad y viveza este libro, tanta, que fascina al que lo lee!

Por ningún otro libro, ni para el libro más clásico de historia humana, no se han escrito tantos libros como del libro del Apocalipsis. Muchos demasiados libros se han escrito, se escriben y se escribirán para el libro del Apocalipsis. ¡Verdaderamente es una riqueza real!

¡Es un libro profundamente reflexivo, despertador de conciencias y despertares espirituales, es encantador y deslumbrante! ¡Con escenografía, pero sus escenarios son el cielo y la tierra! ¡El tiempo por el que se mueve y se traslada no cabe en la Historia humana, es la Historia universal y la Eternidad!

Por eso sería un error interpretativo, si quisiéramos interpretar el texto del Apocalipsis a base de un lugar estricto, como es Grecia o Constantinopla; -los que estudiáis los escritos del Apocalipsis me entendéis- es decir, como si el Apocalipsis estuviera escrito especialmente para un lugar de una ciudad como Constantinopla o al lugar estrecho de Grecia, como si el Apocalipsis estuviese escrito solamente para los helenos. ¡El Apocalipsis es un libro universal! ¡Ya os he dicho: su escenario, el cielo y la tierra; y el tiempo es la Historia universal y la Eternidad! Por lo tanto, ¡cómo nosotros vamos a limitar el libro a un lugar o a una nación o cuándo será Constantinopla otra vez helénica!… ¡Pobreza! ¡Pobreza (espiritual)!

Por eso los que han interpretado de esta manera se han equivocado. Queridos míos, los que han escrito interpretaciones con estos vínculos tan estrictos no se confirmaron, naturalmente después se avergonzaron. Sólo para la historia de la traducción os contaré sobre Apóstoles Makrakis, quien quiso interpretar el Apocalipsis a base siempre el espacio griego, con centro Constantinopla y sobre todo con la idea del Mahometanismo.

Huelga deciros que no podemos interpretar el Apocalipsis a base de alguna corriente de nuestra época; como cuando vivía Makrakis, hacia el final del siglo pasado, que estaba el Mahometanismo. El que el Mahometanismo está al contenido del libro del Apocalipsis no hay ninguna duda, pero no podemos decir que este es un tema por el que se ocupará especialmente el libro del Apocalipsis y quedará en eso. No. Es un error. Ni el comunismo, ni el ateísmo, ni cualquier otra cosa. Estas cosas están contenidas en el libro del Apocalipsis, pero ¡atención, están contenidas! son temas grandiosos e universales que están allí contenidas, pero el libro del Apocalipsis no se agota en estos.

No digamos, pues, que la bestia es el Comunismo o el Mahometanismo. No. El que estas bestias son precursoras no hay duda; pero no son sólo estas la “bestia”. Como os dije, es un error interpretativo o exegético determinar cosas de este tipo.

Por eso, os ruego mucho que, cuando venís aquí a escuchar el análisis y la interpretación del Apocalipsis, no esperéis oír cosas de este tipo. No esperéis escuchar para saber cuándo se hará la tercera guerra mundial… ni cuándo y qué fecha vendrá el Anticristo… ¡ni cuándo será la Segunda Presencia-Parusía de Cristo!… Este tipo de cosas no las esperéis de mí; se trata de un error interpretativo. Y aquellos de los intérpretes o predicadores intentasen afirmar, “he aquí” o “esto, tal fecha”, peligrarían. Es característico que todos que han hablado así han sido desmentidos.

Por eso os ruego mucho que vengáis a escuchar y estéis muy atentos, veréis que hay cosas muy importantes de gran interés. ¡Además, la introducción que estamos haciendo ahora exactamente se hace para despertar el interés de los oyentes, y que traigáis tantos más y si hace falta iremos en la plaza para hacer nuestra homilía!

Nosotros por supuesto en nuestras interpretaciones seguiremos la línea que tiene nuestra Iglesia Ortodoxa. Y esta línea, queridos míos, la han marcado tres verdaderos e iluminados Padres santos inspirados de Dios. Estos son san Andrés de Kesarea siglo 6, Areza obispo de Kesarea siglo 9 y Ecumenio obispo de Trikis o Tríkala siglo 6. Estos tres han dejado unos escritos maravillosos, donde interpretan sobre el Apocalipsis, -que gracias a Dios sus obras las tengo en mis manos- y en los cuales uno ve la línea de la interpretación ortodoxa de nuestra Iglesia, el cómo interpreta el libro del Apocalipsis.

No es nada casual, aunque esto lo analizaremos en nuestros temas- el por qué los Padres y teólogos de nuestra Iglesia no se ocuparon con el libro del Apocalipsis. ¿El porqué? Esto lo veremos en el camino de nuestros temas.

Ahora sólo esto os digo, que los escritos de estos tres Padres, como también el admirable libro del profesor Brasiotis, único escrito neo-helénico sobre el Apocalipsis que hay en los escritos de la teología neo-helénica- estos serán nuestros guías; todos lo demás esconden peligros. Y esto os lo digo porque no me gustaría ser yo engañado y engañar a vosotros. Por eso os dije que no se excite vuestra fantasía con cosas que quizás me preguntaríais: ¿Qué pasará; qué aprenderemos? No me preguntéis, hace falta sobriedad y serenidad. Aprenderemos dentro de la trayectoria del análisis del texto sagrado, cómo debemos interpretar este libro. Yo por supuesto que os diré algo ahora; pero este algo no se agotará, sino que lo estaremos aprendiendo en la trayectoria del análisis del libro.

A pesar de estas cosas que os digo, no podemos decir que no estaremos observando las “señales de los tiempos” (Mt 16,3), porque el mismo Señor nos lo señaló esto. Nos habló de “señales del fin” y nos dijo: “Tal y como veis las hojas de la higuera encima del ramo que se han abierto y decís que la siembra está cerca, así lo mismo cuando veáis estas señales que os digo- ¿pero cuáles? Uno, dos tres… las enumera en el Evangelio- “entonces el fin estará cerca” (Mt 24,32-33 Mrc 13,28 Lc 21,30). ¿Cuál final Señor?… ¡Esto es ahora!… Aquí tenemos una imagen doble: el “final” de Jerusalén y el final del mundo.

¡Es difícil el libro del Apocalipsis; la profecía no tiene fondo! esto lo veremos un poquito más abajo.

Sin embargo, san Ignacio, mientras se iba a Roma para ser Mártir, aconseja a san Policarpo a quien manda la epístola, y le dice:

“Los tiempos estúdialos para que aprendas y conciencies, y a la vez que anheles, esperes al Atemporal, el que está Fuera del Tiempo, el Jesús Cristo, el Eterno Hijo y Logos de Dios. EspéraLe.

Esta sugerencia suya es muy importante. No debe meternos en historias de curiosidades o a consecuencias de una fantasía enfermiza; porque como sabéis, no todos los hombres tienen la fantasía sana, y según el dicho popular, hacen de un pelo una cuerda gorda. Es decir, yo puede que os diga algo, y después vosotros podéis salir por ahí y decir: “¡El padre Atanasio nos ha dicho cuando realmente se hará la tercera guerra mundial!… Y después vengan aquí y me digan: Padre has dicho esto, ¿es verdad se va hacer? Y yo manifestar ignorancia. ¿Y todo esto porqué? Porque los oyentes con sus fantasías han engrandecido aquello que yo he dicho, y lo han dicho aumentado tal y como lo imaginaban con sus fantasías.

San Irineo dice algo muy bonito: “Es más seguro y menos peligroso esperar el desenlace de la profecía que filosofar y hacer de adivinos o magos…” ¿Habéis visto lo que dice? Sobre todo san Irineo se refiere al nombre del Anticristo, y que es más seguro y menos peligroso esperar el desenlace de la profecía. Deje la cosa que se desarrolle en vez de reflexionar y hacer de adivino, es decir, que adivines la fecha más o menos que se hará y qué pasará. Y san Andrés de Kesarea dice algo muy importante y bello: “El tiempo y la experiencia revelará los acontecimientos a los nípticos (o los sobrios espiritualmente).

¿Pero, me diréis: cuando vengan los acontecimientos, ¿entonces qué valor tendrá para nosotros la profecía? ¡Saber ahora que se está haciendo esto que dice el Apocalipsis tiene un gran valor, porque me ayuda permanecer bien, derecho y firme dando la talla!

En concreto y plenamente sobre la presencia del Anticristo. ¡Cuando vendrá, empezará a decir cosas extrañas, maravillosas e interesantes! ¡Será importante y genial! ¡Filántropo, muy civilizado y culto! ¡El Anticristo será sorprendente y un fuera de serie? Así dicen los santos Padres. ¡Será maravilloso! ¡Encantará toda la humanidad! Y los hombres dirán: “¡He aquí el soberano o gobernante! ¡Nunca ha aparecido en la tierra un gobernante de este tipo”. Será el rey universal. Estas asociaciones, uniones actuales que se están haciendo poco a poco, un día resultarán a una unión universal. Entonces se proyectará el Anticristo. ¿Extraño? Pero verdadero. Este es el aviso que tenemos por el logos de Dios.

Y entonces vendrán los profetas Elías y Enoc, los cuales no han probado la muerte (Gen 5,24 Heb 11,5 y 4Re 2,11), como profetas del presente – y no del futuro, sino del presente- y dirán: ¡Éste es el Anticristo! ¿Qué habéis dicho?… ¡Éste es gran gobernante o rey!  Pero es el Anticristo”. Ellos estarán profetizando el presente. Y aquellos que estarán en nipsis o sobriedad espiritual –como dice san Andrés de Kesarea “los nípticos”- estos que tendrán el corazón limpio, puro y catartizado, sanado y estarán viviendo una vida espiritual ortodoxa, ellos inmediatamente le reconocerán. Y los otros qué harán: ¡los otros detendrán a los Profetas y los colgarán en la plaza de Jerusalén! (Apo 11,7-8).

¿Cuándo se realizarán estas cosas? ¿Cuándo vendrán y cómo lo sabremos? Estas cosas las veremos cuando vengan; cada cosa entonces cuando venga. ¡Veis, pues, que tiene mucha importancia el cómo y la manera que vamos a tomar en nuestras manos el libro del Apocalipsis!

Cuando abrimos el libro del Apocalipsis, queridos míos, sentimos que nos encontramos ante un abismo; ¡estamos desbordados, no encontramos principio ni final; es un abismo de visiones, representaciones e imágenes! Pero las cosas no son así; no hay abismo ni nada de esto; hay un orden armonioso de todo el material en un sistema septenario, que nos deja maravillados y asombrados.

Es exactamente lo mismo que cuando echamos una ojeada a las estrellas del cielo, estas seis-siete mil estrellas, y nos piden que hagamos un mapa, por lo menos las estrellas que ven nuestros ojos, entonces diremos: “¡Qué cosa, nos piden pintar un mapa del cielo!… ¡Estamos desbordados por dónde empezar y dónde acabar con estas estrellas!… Sin embargo, para el astrónomo no hay caos; ya ha marcado en papel estas estrellas. Lo mismo, pues, aquí, en el libro del Apocalipsis no hay caos; podemos maravillosamente encontrar el borde, el principio, el medio y el final. Pero esto pasa porque no conocemos cómo interpretarle. Y precisamente este es el punto principal, el problema: el cómo interpretaremos el libro del Apocalipsis.

Sin querer desconcertaros, os diría que se han propuesto unos cuatro métodos de interpretación del Apocalipsis. Y que es un verdadero problema esto lo veréis en el trayecto de nuestros temas, cuando estaremos avanzando en el análisis del texto.

El primer método de interpretación, que es sostenido de muchos Padres de nuestra Iglesia, se llama circular o cíclico; porque recibe la repetición según ciclos paralelos de las mismas cosas, ideas o acontecimientos, en las imágenes septenarias de las sucesivas visiones. Se trata de círculos concéntricos continuamente ampliándose y que tienen como centro el tiempo de la manifestación de la profecía, la cual continuamente se verifica dentro en la Historia, con última circunferencia los ésjatos-postreros, últimos tiempos y acontecimientos.

El segundo método de interpretación es cronológico. Este no es como el cíclico, ni tiene relación con los sistemas septenarios en ciclos, sino que quiere los acontecimientos en un camino recto o trayectoria recta, de manera que decimos: Estamos en el capítulo 1 o si queréis en el 3, allí donde se refiere sobre las siete epístolas de Asia Menor. Pues, los tres primeros capítulos se refieren de la época de san Juan; los posteriores capítulos hasta el último, en épocas posteriores hasta los ésjatos-postreros de la Historia. Por lo tanto, diríamos que cada capítulo corresponde a un trozo de la historia.

También, cuando leemos la Santa Escritura, decimos: “¿Estas cosas que dice el Profeta sobre qué época se entiende, sobre su época, sobre el camino de la Iglesia en la Historia o sobre los ésjatos-últimos, postreros tiempos y acontecimientos? En este caso existe también el llamado método esjatolójico, durante el cual el contenido del Apocalipsis se refiere a los ésjatos-últimos tiempos y acontecimientos, es decir, en los tiempos de la Segunda Presencia.

Pero ni el primer método de interpretación ni el segundo son precisos y exactos. San Andrés de Creta prefiere la cíclica o circular, pero utiliza todos los métodos. Por tanto, hay un método selectivo; en una parte utilizamos el método cíclico y en otra parte el método cronológico, en otra el rectilíneo, y en otra parte el método esjatológico.

Pero ahora no quiero enredaos con todo esto; sólo quiero decir esto: que entendáis que es una cosa muy difícil para uno emprenderse con el libro del Apocalipsis.

Pero os diré que también hay el llamado método mixto o espiral. Para que lo entendáis, haré un plano: hago una forma o plano de hélice; por ejemplo, subo una montaña con base cíclica o circular; comienzo de abajo y voy subiendo, subiendo y por supuesto que formo una línea helicoidal; si miro de arriba, es cierto que tengo sucesivos círculos; si miro de lado, estos círculos son progresivos, porque suben y van hacia la punta, hacia los ésjatos-postreros. Comienzan de la base, desde entonces que se ha escrito el Apocalipsis y va hacia los ésjatos-postreros, hacia la segunda Presencia de Cristo. Como veis, tengo la interpretación cíclica o circular y tengo también la rectilínea que va hacia arriba. Este método se llama helicoidal o espiral.

Ahora os voy a mostrar cómo interpretan los santos Padres. Os describiré dos o tres ejemplos. O sea, el método que se encuentra dentro en la Santa Escritura.

Dice el Evangelista Juan en su 1 Epístola 2,18: “Hijos míos, ésjatos-última y decisiva es la época actual. Y por la enseñanza de los apóstoles habéis escuchado que el anticristo viene, y ahora han surgido muchos anticristos, órganos engañados y heréticos del anticristo. Por eso conocemos que es la ésjatos-última hora”. Pero “ésjato o última hora” significa que ha llegado la Segunda Presencia de Cristo. Esto quiere decir “ésjato, postrero, último”. Porque después de la palabra “ésjato, postrero, último”, ¿tiene algo posterior? Si tuviera algo posterior no sería “ésjato, postrero, último”. Dice que es última hora. ¿Por qué? “Porque habéis escuchado que viene el Anticristo”. El Anticristo, pues constituye una señal de “postrera, última hora o ésjato tiempo”. Pero ahora añade, “hay muchos anticristos”. Y de esto saca una conclusión muy curiosa: “Puesto que hay muchos anticristos, de esto sabemos que vino la última-ésjata hora”.

Me diréis que ahora ya todo nos parece confuso… no hemos entendido nada.

Pues, es sencillo. La persona principal es el Anticristo; los otros anticristos son precursores del principal Anticristo. Pero la “hora última-ésjata,” ¿cuándo comienza? Comienza desde el momento que el evangelista Juan escribe el libro del Apocalipsis. Desde aquel momento comienza la “hora última-ésjata, postrera”.

Esto también si queréis podéis verlo también al apóstol Pablo diciendo a Timoteo: “Sepas Timoteo que en los ésjatos días habrán tiempos difíciles”. ¿Oh san Pablo, quiénes son estos “días ésjatos”? (2Tim 3,1). San Juan el Crisóstomo interpreta y dice que los “ésjatos días” comienzan desde el momento que Pablo escribe su epístola.

¿Lo habéis entendido? Ahora os lo diré con otro ejemplo para que lo entendáis mejor. El Cristo dijo: “Jerusalén será destruida, no quedará piedra sobre piedra. Y entonces se removerán las potencias del cielo; y el sol perderá su luminosidad y la luna lo mismo” (Mt 24,2·20 Mrc 13,12 Lc 21,6·25·26). Fijaos: una imagen que tiene dos planos. El primer plano es esto que pasó unos pocos años después, en el año 70 dC viene la destrucción de Jerusalén. El segundo plano es la Segunda Presencia de Cristo y los ésjatos, los más allá de los ésjatos. Por consiguiente, ésjato lo primero, ésjato también lo último. Por lo tanto, cada momento dentro de la Historia tenemos un signo o punto ésjato, la “hora última-ésjata,”. Cada momento.

Entonces vemos –por deciros ahora así esquemáticamente- círculos concéntricos ampliándose, donde el centro de estos círculos contiene la expresión, pronunciación de la profecía, el momento del tiempo que se dice la profecía. Y en una primera circunferencia de acontecimientos históricos, el Apocalipsis tiene su interpretación; en una segunda circunferencia o círculo ampliado, otra vez tiene su interpretación, en una tercera lo mismo… hasta finalmente una gran circunferencia que estará abordando las cosas realmente ésjatas-últimas, la segunda Presencia de Cristo. Por lo tanto el libro del Apocalipsis así lo interpretaremos y así lo estudiaremos.

Esto también significa que el libro del Apocalipsis no es algo que estaba o estará, sino que es algo que continuamente es. ¡El libro del Apocalipsis no se agota solamente en una época; es un libro universal e inagotable, y que entra aún hasta dentro en la misma Realeza increada de Dios!

Dice en concreto san Andrés de Kesarea algo muy bello: “Los Profetas del Antiguo Testamento han sido interpretados por muchos, sin embargo muchos de estos misterios permanecen ocultos, no interpretables, y no llegan hasta el final, hasta al fondo de la profecía.”

Pero me diréis que los Profetas del Antiguo Testamento se refieren a la primera Presencia de Cristo. Sí, pero, más allá de la primera, se refieren también a la segunda Presencia de Cristo, y en la Realeza increada de Dios. Queridos míos, las profecías y los profetas del Antiguo Testamento aún no se han agotado. Por eso si alguna vez analizamos a los Profetas del Antiguo Testamento nadie diga que: estos se han acabado, ya ha venido el Cristo. No, no se agotaron. San Andrés de Kesarea llega a decir lo siguiente: que no se agotarán, sino sólo dentro en la increada Realeza de Dios, porque dentro de la increada Realeza de Dios podremos llegar ya a entender la profundidad de las profecías.

Entonces, queridos míos, entendéis por qué el libro del Apocalipsis es un libro inexplicable y tremendamente profundo. ¡Con cuánto respeto… debemos estar ante este libro!

Espero que no os hayáis decepcionado, si la introducción que hemos hecho os haya parecido un poco difícil. ¡Entraremos al texto sagrado y veréis qué deleite y gozo verdadero tendremos! Siempre la introducción en algo es difícil. Puesto que la introducción se supone que viene a iluminar un poco, espero que no haya entenebrecido las cosas. Pero os ruego que tengan un poco de paciencia. ¡Estaréis viniendo y estaréis viendo cómo sale la frescura y la belleza del texto, cómo se analiza tan bellamente y tan maravillosamente!

Terminando, pues, esta breve introducción al libro del Apocalipsis, deberemos tener en cuenta algunos puntos básicos para el cómo nos colocaremos como oyentes ante este libro de Dios.

Y lo primero de todo no debemos olvidar que ¡aquí tenemos este vivo logos de Dios! puesto que el libro del Apocalipsis es inspirado de Dios, igual que toda la Santa Escritura.

Segundo, que este logos de Dios es profundo y difícil de interpretar, y para que sea comprendido hace falta humildad, oración, atención, lágrimas, paciencia y persistencia.

Tomaremos como ejemplo a san Juan el Evangelista, que dentro del libro del Apocalipsis, capítulo 5, 2-5, dice las siguientes cosas: “Y vi y oí a un ángel fuerte que decía a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro comprender su contenido y desatar sus sellos (y realizar los misteriosos planes de Dios)? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni entenderlo, ni aun abordarlo y mirarlo. Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni leerlo, ni mirarlo. Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos” (Apo 5,2-5). Pero por qué ha llegado abrirse el libro y conocer nosotros su contenido. ¡Pues, porque el evangelista Juan estaba llorando!…

Y finalmente, tercero, cada conclusión que saquemos de este libro, ética y espiritual o lo que sea, no nos estaremos refiriendo a los demás, sino a nuestro sí mismo. No debemos pensar y decir que estas cosas son para los demás; ¡son también para nosotros! Cuando el Cristo dice al obispo de la Iglesia de Laodicea: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente (sobre la fe). ¡Ojalá fueses frío o caliente (habría posibilidad que te arrepintieras, convirtieras y así te calentarás)! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca (te reprenderé y expulsaré de mi Iglesia increada)” (Apo 3, 15-16). No pensemos y digamos que “vomitará a los otros”, sino que hagamos autocrítica y pensar y decir: “Quizás, no vaya ser que yo sea tibio…” Y seguro que cuando no nos autoengañamos, encontraremos que somos “tibios”.

Queridos míos, así podremos entender, rebuscar y palpar un poco el libro del Apocalipsis, y sólo así nos serán apocaliptadas-reveladas sus verdades escondidas, a medida de lo posible en nosotros, para que estemos caminando en este camino dorado y luminoso de la Iglesia, entre las hirientes, destructivas y asesinas espadas de las fuerzas contrarias a Dios, antíteas y anti-divinas  dentro en la Historia.

 Yérontas Atanasio Mitilineos

Copyright: Monasterio Komnineon de “Dormición de la Zeotocos” y “san Demetrio”

40007 Stomion, Larisa. Fax y Teléfono 0030. 24950.91220

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas)  www.logosortodoxo.com 

 

Unidad 2. Apocalipsis 1, 1-3. Epígrafe introductorio y enseñanza de acercamiento al Apocalipsis

1,1 Ἀποκάλυψις apocálipsis-revelación de Jesús Cristo, que Dios le dio, para mostrar a sus siervos las cosas que es necesario o deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,

1,1 Ἀποκάλυψις apocálipsis-revelación de la divina voluntad y decisión sobre Jesús Cristo, la cual revelación el Dios ha dado a él como jefe de la Iglesia, para mostrar y manifestar a sus fieles siervos aquellas cosas que deberían ocurrir y realizarse en breves tiempos según la voluntad divina; y estas apocalipsis-revelaciones las hizo conocer a su siervo Juan a través del ángel que le envió;

 1,2 el cual ha dado testimonio del logos de Dios, y del testimonio de Jesús Cristo, y de todas las cosas que ha visto.

1,3 Bienaventurado el lector o el que lee y los que oyen los logos de esta profecía, y practican, aplican y cumplen las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.

3,3 Bienaventurado y dichoso es aquel que lee, y aquellos que escuchan los logos de esta profecía divina y practican, aplican y cumplen con devoción y fe todos los logos que están escritos en ella; porque el tiempo que se van a realizar todas estas apocalipsis-revelaciones está muy cerca.

(En todo el texto y casi en todas mis traducciones utilizo la palabra original la más bella de la lengua helénica. Cuando pongo la apocálispis en femenino me refiero a una revelación en singular y cuando pongo las apocalipsis me refiero a las revelaciones, cuando pongo el apocalipsis me refiero al Libro, así es en griego).

Amigos míos, aquí tenemos un admirable epígrafe introductorio del libro entero, que contiene una condensación de muchos elementos imprescindibles.

Y primero de todo; este epígrafe introductorio del libro del Apocalipsis se distingue de su tono y carácter oficial; es una majestuosidad. Recuerda el epígrafe de los libros del Antiguo Testamento. Podéis compararlo con el epígrafe introductorio del libro profético de Isaías, que dice: “Visión que Isaías, hijo de Amós, tuvo acerca de Judá y Jerusalén en los días de Osías, Jotán, Acaz y Ezequías, que reinaron en Judá” (Is 1,1).

Segundo, «Ἀ­πο­κά­λυ­ψις, Apocálipsis-Revelación», con esta definición se hace conocido el carácter del libro; es decir, que el escritor nos avisa de que se trata sobre un libro profético.

Tercero, se manifiesta el prestigio y la autenticidad del libro, porque la fuente del Apocálipsis es el Dios y Jesús Cristo, sea hablando el mismo personalmente o a través de un ángel.

Cuarto, se apunta el propósito o fin por el que se escribe el libro del Apocalipsis, cuando dice, “para indicar a sus siervos, δεῖ* γε­νέ­σθαι ἐν τά­χει, aquellas cosas que deben o que es necesario suceder pronto“. Así que, ¿cuál es la razón que se ha escrito el libro del Apocalipsis? Pues, para que sea revelado a los fieles de Dios, aquellas cosas que deberán de suceder o es necesario que sucedan rápidamente. (*δεῖ debe que o es necesario que, ver más abajo sobre este término).

Quinto, se hace saber la identidad del escritor. ¿Quién es? “Es Su siervo Juan”. Es Juan el Evangelista, el Discípulo más amado de Cristo, el escritor del evangelio que lleva su nombre y de las tres epístolas o cartas universales.

Sexto, se expone el contenido del libro: “El logos de Dios y el testimonio de Jesús Cristo, de todo que ha visto”.  Así que las cosas que nos describe el evangelista Juan son: “el logos de Dios”. De modo que el libro del Apocalipsis contiene “el logos de Dios” y también “el testimonio de Jesús Cristo”, y “las cosas que vio”; el santo escritor no añadirá ni quitará nada.

Sobre todo, terminando el libro apuntará el evangelista Juan: “Si alguno añadiere algo a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de los logos del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro” (Apo 22,18-19). Es decir, aquel que cambiará, añadirá, quitará o malogrará algo de los logos del libro, no entrará en la Realeza increada de Dios. Por consiguiente tendría su primera aplicación en la persona de Juan, si él hiciera algo así. ¿Pero, qué escribe? Pues, “las cosas que ha oído”, ni más ni menos.

La idea central del libro, como os decía también la otra vez en la introducción, es la Segunda Presencia de Cristo; es decir, la guerra de las potencias antíteas (o contrarias a Dios) contra la Iglesia, el triunfo contra ellos por Jesús Cristo y la gloriosa Realeza increada de Cristo por los siglos de los siglos.

Séptimo, se destaca el destino del libro, con la bienaventuranza de aquellos que lo leen, lo estudian y los que escuchan los logos de la profecía y practican, aplican y cumplen con el logos de Dios. Dice en el epígrafe introductorio: “Bienaventurado el que lee o el lector y los que escuchan los logos de esta profecía, y practican, aplican y cumplen las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”.

Y finalmente octavo: Se define que el tiempo del cumplimiento del contenido del libro es breve, corto: “porque el tiempo está cerca”.

Estas cosas vemos, queridos míos, en el epígrafe introductorio del libro; es decir, recibimos todas estas informaciones sobre el libro del Apocalipsis.

Y ahora con la ayuda de Dios Santo entramos en el análisis del texto sagrado, palabra por palabra, frase por frase. Tiene tanta belleza este texto que aún si nos dijeran que fuéramos de prisa no lo podríamos hacer. ¡Cómo vas a correr, cuando el mismo texto te deja clavado, te absorbe para que vayas lento y prestes atención!

 «Apocalipsis de Jesús Cristo. Ἀποκάλυψις Ἰησοῦ Χριστοῦ»

¡«Ἀποκάλυψις Apocalipsis»! Quedemos en esta palabra. Con este término comienza el admirable libro del Nuevo Testamento. Pero qué significa «¡Ἀποκάλυψις Apocalipsis!» (Ver el término en http://www.logosortodoxo.com/minilexico/ 6 Ἀποκάλυψις apocálipsis revelación.)

(En todo el texto y casi en todas mis traducciones utilizo la palabra original la más bella de la lengua helénica. Cuando pongo la apocálispis en femenino me refiero a una revelación en singular y cuando pongo las apocalipsis me refiero a las revelaciones, cuando pongo el apocalipsis me refiero al Libro, así es en griego)

 En principio significa que el libro concreto es profético; y sobre todo es el único libro profético del Nuevo Testamento, sin que esto signifique que los demás libros del Nuevo Testamento no tengan elementos proféticos. Por supuesto que estos libros, sea de carácter histórico –como son los cuatro Evangelios y los Hechos- sea de tipo epistolar –como son las epístolas de Pablo, Pedro, Juan y Santiago y el resto, están llenos de elementos proféticos. Pero estos no son por excelencia proféticos; simplemente son históricos, instructivos, etcétera. Pero el libro del Apocalipsis es por excelencia profético -el único del Nuevo Testamento- pero contiene también en abundancia elementos instructivos y consultivos.

Además, san Andrés de Kasarea, -como os he dicho, junto con Areza, los utilizaremos especialmente y serán nuestros conductores- nos dice: «Ἀποκάλυψις apocálipsis-revelación es la manifestación de los misterios ocultos, la cual se hace con la parte hegemónica de la psique que es el nus (espíritu humano) sea con visiones, contemplaciones, sea con sueños divinos o con ensoñaciones, en estado de alerta. (San Andrés de Kesarea. Hermenéutica al Apocalipsis J.P. Migne Tom 106 Logos A cap. A pag 220D)

En este estado se encontraba el Evangelista Juan, quien estaba en alerta, en sentido y sentimiento; no estaba dormido. No vio estas cosas, como por ejemplo, el Profeta Daniel que aquellas bellas imágenes que veía, era en sueño. Daniel tenía visiones divinas en sueños, en cambio Juan aquí está en alerta, despierto. Se encuentra en la isla de Patmos, en el interior de una cueva, y allí recibe el Apocalipsis.

Nos dirá un poquito más abajo: “Vine en éxtasis (extensión) y comunicación, comunión inmediata con el Espíritu de Dios, en día Domingo y escuché detrás de mí una voz fuerte… Me giré para ver, y he visto… ¡ay lo que vi! He visto alguien…” etcétera, donde es presentado el Jesús glorificado, con una admirable descripción que dice: “Yo soy Él que camina entre las siete lámparas, las siete Iglesias: Escribe las cosas que te voy a decir”. Se encuentra, pues, en percepción, sentido y sentimiento, como dice san Andrés de Kesarea; es decir, es la visión, aparición en sentido, sensible que uno la percibe mientras está despierto o en alerta.

Sin embargo, queridos míos, el término ἀποκάλυψις apocálipsis-revelación tiene un significado más profundo: Muchas veces utilizamos este término sin poder profundizar, ahondar en este. Apocálipsis-revelación en general significa que el Dios se apocalipta-revela a Sí mismo a los hombres. Y esta apocálipsis-revelación de Dios a los hombres es directa o indirectamente, con el propósito siempre de la gnosis (conocimiento increado) de Dios de parte de los hombres. El Dios no es un desconocido; es la vez el conocido y el desconocido. Es conocido, porque quiere tener comunión, comunicación con Sus creaciones, y a la vez ser también desconocido, porque es intocable, impalpable, perpetuo, sin principio ni fin, atemporal, el supra y el más allá y por encima de toda la creación visible, sensible y espiritual; porque la usía-esencia increada de Dios nunca se puede conocer; en cambio Su energía y luz increadas sí que se pueden conocer por eso es el conocido-desconocido.

Tenemos en primera vista estas expresiones aparentemente paradójicas, o si lo desean, estas expresiones apofáticas (sí, a lo que no es, confirmación negativa). Así se llaman en la teología estas expresiones; es decir, vamos a describir a Dios con palabras negativas lo que no es el Dios (confirmación negativa); porque cuando más conozco a Dios, tanto más digo que no conozco ni entiendo a Dios. Esta exactamente es una tesis, posición apofática a lo referente a la gnosis de Dios. Pero el Dios ama a apocaliptarse-revelarse; no se queda nunca en Sí Mismo; y se apocalipta-revela, como os dije, directa o indirectamente.

Aún la apocálipsis-revelación de Dios se distingue en apocálipsis-revelación natural divina y en sobrenatural.

La natural apocálipsis-revelación divina tiene tres esferas, dentro de las cuales el Dios se apocalipta-revela en Su creación. Primera es esta de la creación, segunda es el hombre y tercera es la Historia humana. Incluso podríamos decir también la historia de la creación; pero cuando decimos Historia, principalmente damos a entender los acontecimientos humanos.

Con la creación el Dios se manifiesta a Sí Mismo, según el logos de san Pablo: “Porque las cosas invisibles de él, su eterna omnipotencia, energía increada y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas” (Rom 1,20). Es decir, que dentro en la creación conocemos de forma catafática (confirmación positiva) las cualidades o atributos de Dios. No de forma apofática (confirmación negativa) como os he dicho antes, sino catafáticamente, dentro de las mismas creaciones. ¡Nos encontramos dentro en un vasto universo, que no sólo con el telescopio no hemos llegado a sus puntos ésjatos (bordes extremos), tampoco ni siquiera con nuestra fantasía! No podemos imaginar ni captar un universo sin los puntos ésjatos (bordes extremos). Igualmente, no podemos captar e imaginar un universo sin ésjatos (puntos o bordes extremos), es decir, sin un fin; ¡si tenemos pues, un universo así, entonces quién debe ser el Dios!… ¡Entonces el Dios debe ser perpetuo, eterno e infinito! La perpetua potencia y deidad, es decir, tanto la fuerza, energía increada que no tiene principio ni fin y que es eterna, como también cada bondad Suya! Decimos que el Dios es infinito, omnipotente y sabio. ¿De dónde las sabemos estas cosas? Pues, por la creación. He aquí, pues, cómo se apocalipta-revela el Dios. Por eso queridos míos nunca en la historia humana hubo un pueblo ateo: porque el Dios se apocalipta-revela a través de Sus creaciones. ¡Y si en nuestros tiempos tenemos el fenómeno del ateísmo, se trata de una situación enfermiza y hace falta psiquiatra! ¡Cada ateo se hace objeto de análisis psiquiátrico, le hace falta psiquiatra! El estado del hombre ateo no es fisiológico.

Pero también en el hombre se apocalipta-revela el Dios, por ser el hombre como la imagen de Él. El nus, el nus hegemónico de la psique, apocalipta-revela a Dios. El hombre no simplemente con el nus puede percibir a Dios, sino que la misma presencia del nus del hombre apocalipta-revela el Eterno Nus, a Dios. ¿Por qué? Porque para que yo tenga nus para contemplar y reflexionar, quiere decir que Aquel que me ha creado tiene nus; naturalmente yo no me he creado a mí mismo, sería una gran necedad creer que yo me he creado a mí mismo. Es maravilloso lo que dice un Salmo: «¿Aquel que ha sembrado el oído es posible que no oiga?… ¿aquel que ha creado el ojo es posible que no vea y no entienda?…» (93,9). Así que a través de la creación y sobre todo del hombre, vemos la presencia y existencia de Dios.

Finalmente el Dios se apocalipta-revela también en la historia; ya que se introduce en ella a través de los acontecimientos, los cuales también dirige. Los dirige, pero sin ser influida la voluntad y la libertad humana nunca; pero la última palabra siempre la tiene el Dios. Siempre.

Os diré un pequeño ejemplo, para que lo entendáis esto; pero este ejemplo no es mío es de otro. Supongamos un barco, dentro en el cual hay pasajeros y personal. Los pasajeros y el personal se mueven de cualquier manera en todas partes, según la voluntad de cada uno, como quieren. Uno va a su cabina, otro en la piscina, otros en el salón, otro en el comedor; el mecánico va abajo en la sala de máquinas, el capitán va en la cabina del timón; cada uno se mueve como quiere, como debe, etcétera. No se delimita la voluntad de cada uno para moverse como quiere dentro del barco. Pero todo el barco se dirige hacia un punto.

Pues, esta es también la Historia, en la que entran los hombres y el Dios. Los hombres hacen lo que hacen, sin que sea influida la voluntad de ellos. Pero el barco entero de la Historia está conducido a un propósito, hacia un rumbo, hacia un punto.

Por tanto, esto es la Historia. Dentro en la cual entran los hombres y el Dios. Los hombres por un lado, hacen  lo que hacen, sin ser influenciado sus voluntades, por otro lado, el barco de la Historia es conducido hacia un propósito, un fin, un punto. Así que el Dios en este sentido interviene en la Historia; interviene para dirigir, castigar, para hacer perder, para salvar, para remunerar y recompensar. Además, todo el Antiguo Testamento -algo que lo hemos dicho muchas veces- es una teología de la Historia, es una apocálipsis-revelación de Dios en la historia de Israel.

Incluso también esta encarnación o humanización del Hijo de Dios está en la Historia y cubre toda la prehistoria humana. Cuando el Dios dice a Eva que un descendiente suyo vendrá para salvarla (Gen 3,15), indica que no se coloca simplemente en los marcos de una región histórica, sino que la introducción, entrada de Dios con Su Encarnación cubre y contiene toda la Historia, desde la prehistoria y la historia después, hasta el ésjato-último día (Jn 6,39-40·44·54 y 11,24). ¡Todas estas cosas, son cosas inconcebibles, no captadas por la mente humana! Y aquel que realmente puede vivirlas, siente una resignación, temor sagrado y respeto ante el Dios, ante Su agapi (amor y energía increada) y ante Sus intervenciones.

Apocálipsis-revelación existe también en la misma historia personal de cada hombre, y no sólo en la Historia universal. ¿Queréis que os cuente mi historia? No os contaré otra cosa más que cómo el Dios ha entrado en mi vida. ¿Queréis contarme vuestra historia, vosotros que ahora estáis sentados aquí en el templo del san Aquiles y escucháis el logos de Dios? Me contaréis la historia de Dios en vuestras vidas. Por lo tanto, el Dios no sólo entra en la Historia universal, sino también en la historia individual de cada hombre, al creyente y al incrédulo, al piadoso y al impío, al pequeño y al mayor. No existe la suerte o casualidad, queridos míos. Todo lo dirige el Dios, en ninguna parte hay suerte o casualidad, sin embargo el Dios nunca limita la libertad y la actividad humana.

La apocálipsis-revelación sobrenatural divina realiza y perfecciona la apocálipsis-revelación natural divina. Sinaí, los Profetas y sobre todo, la misma Humanización del Hijo de Dios, es apocálipsis sobrenatural divina.

La apocálipsis-revelación sobrenatural divina se distingue en exterior e interior. Y la exterior está ya realizada, completada y constituye la manifestación de Dios en la Historia en la persona de Jesús Cristo. Se ha completado, y no esperamos que sea revelado algo más de esto que se nos ha sido apocaliptado-revelado, la persona de Jesús Cristo. Cuando digo que no esperamos nada más que sea apocaliptado-revelado, no quiero decir que no esperamos la segunda Presencia de Cristo, porque allí está la misma persona de Cristo. En este sentido lo digo, es decir, que no se nos revelará algo más allá. Los Profetas hablaron del logos de Dios, Moisés ha visto la doxa (gloria, luz increada) de Dios, pero ahora la historia ha visto la persona del encarnado Hijo de Dios. Le volverá a ver pero será la misma persona; por lo tanto, no tendremos algo más de apocálipsis-revelación de lo que tenemos. Es decir, la apocálipsis-revelación exterior está realizada y completada.

Queda la apocálipsis sobrenatural interior, la cual continúa en todos los creyentes, fieles para el entendimiento y la aceptación de la apocálipsis exterior. Es decir, se apocalipta-revela el Dios en mi interior para proclamarle o llamarle Jesús Cristo Señor, es decir, Dios. Os diré lo que dice el Apóstol Pablo: “Nadie puede decir Señor Jesús sino es en Espíritu Santo” (I Cor 12,3). ¿Qué significa esto? Significa que el Espíritu de Dios me ilumina para llamarle, Jesús Señor, es decir, Dios. Y el Señor dijo: “Nadie puede venir a mí, si el Padre que me envió no lo atrae (con su energía increada jaris-gracia)” (Jn 6,44). Y vale también viceversa; que indica la equivalencia de la Santa Trinidad. No podré ir junto a Cristo si el Padre no me ha atraído. ¿Cómo me atraerá el Padre? Esto en mi interior es invisible, es misterioso; me atrae el Padre (con la energía increada agapi de la jaris). Igual que el Espíritu de Dios me ilumina (con la luz increada) para confesar a Jesús Cristo como Dios.

Aquellos que no confiesan a Cristo como Dios no tienen el Espíritu de Dios; esto es más claro que el agua. Aquel que confiesa que Jesús es el encarnado Hijo de Dios, este sí que tiene el Espíritu de Dios. Y si no tenemos el Espíritu de Dios -esto lo dice claramente Pablo- no podemos hacer absolutamente nada, no nos sanamos ni nos salvamos, (Rom 8, 14-17 y 10, 9-11)

Así que, tenemos esta apocálipsis-revelación interior para la aceptación de la exterior, es decir, aceptar el humanizado Hijo de Dios.

Con esta última forma, amigos míos, es decir, de la apocálipsis-revelación interior, estamos llamados a estudiar, profundizar y entender el libro del Apocalipsis. No creáis que aquí, cuando estaremos analizando el libro del Apocalipsis, podremos entender algo si no tenemos divina iluminación. Esto no lo pensemos. La comprensión no es cuestión de gramática, ni sintáctica, tampoco filológica, ni de literatura, ni poética; el entendimiento o comprensión es espiritual. Porque aún que sea uno filólogo, si no tiene el Espíritu de Dios simplemente entiende otras cosas lingüísticas, la parte filológica del libro, la gramática, la sintaxis y otras muchas cosas. Pero estas cosas son elementos exteriores. ¡Aquello que nos hace falta entender es que este libro es el logos vivo de Dios, que hablará en el interior, en nuestro corazón! Por tanto, necesitamos de esta apocálipsis-revelación interior para entender el Apocalipsis.

Y por su lado Juan -¡atención a esto!- recibió apocálipsis interior inmediata, directamente ha visto a Cristo; pero nosotros recibimos apocálipsis-revelación indirecta: mediante el enviado de Jesús Cristo, o sea, de Juan, mediante la Tradición de la Iglesia, como también mediante el tiempo de dos mil años que han pasado hasta ahora, e incluso mediante el papel escrito, o sea, mediante el libro que leeremos, pero también mediante la audiencia del logos divino.

Yo pues ahora, debo recibir y aceptar la apocálipsis-revelación mediante estos continuos y sucesivos velos o corazas, que son el enviado -Juan- el tiempo- dos mil años-es la Tradición, es el papel escrito y la voz del orador. Ahora yo, pues, debo dejar de lado todo esto para llegar a recibir la apocálipsis-revelación de Dios. ¡Estos son los velos o corazas y son insertados necesariamente!, y si yo los rechazo no tengo nada. Debo aceptarlos y comenzaré despojándome dejándolos de lado. Igual que cuando entro en una casa y abro una puerta, avanzo y encuentro otra puerta y la abro también… así sucesivamente hasta llegar al punto que quiero llegar. Así lo mismo también aquí, debo dejar de lado uno a uno todos estos velos para llegar a la apocálipsis-revelación definitiva: donde yo ya solo encontraré a Dios en el interior de mi corazón, donde me hablará.

¿Pero esto como se va hacer? Esto se hará solamente con la fe, con la humildad y con la obediencia a la voz de la Iglesia, que es todo esto que os dije: Juan, Parádosis-Tradición, dos mil años, el papel escrito y la voz del orador. Además, fe es captar y percibir lo que se manifiesta con el logos oral, o la forma histórica, traspasando el velo que la misma forma histórica y el Logos con Su Encarnación se han puesto encima de ellos mismos. Todo esto pues, que son velos, estamos llamados a traspasarlos, trascenderlos, para que nos ayuden a que se nos apocalipte-revele el Dios. ¡Por eso es necesaria una nueva apocálipsis-revelación para entender el Apocalipsis de Dios! Lo repetiré otra vez: ¡necesitamos una nueva apocálipsis-revelación para entender el Apocalipsis de Dios! ¡De otra manera el libro se nos quedará cerrado, sellado con los siete sellos!

Pero me dirán, ¿por qué así?

Porque, amigos míos, así lo quiere el Dios. ¿No tiene derecho el Dios hacer y proyectar lo que quiere y cómo quiere? ¿No es el Señor? Así lo quiere el Dios, ¿Y qué quiere el Dios? Quiere que haya estos velos o corazas. ¿Para qué? Para limitar la arrogancia humana; para que no diga el hombre “yo solo los puedo encontrar”. No. Uno los encontrará a través del logos del orador; a través del papel escrito; los encontrará mediante Juan el Evangelista, que ha visto y ha escuchado todo esto. Esto hará humilde al hombre y le delimitará la arrogancia humana. Además, el hombre se sana y se salva con la ayuda de los otros hombres, en la Iglesia y por la Iglesia. Que lo sepamos bien esto, sanación y salvación personal no existe. Uno que quisiera salvarse sólo sin la ayuda de la Iglesia, sin la ayuda de los hermanos, que lo sepamos bien esto, no se salvará nunca.

“Ἀποκάλυψις apocálipsis-revelación de Jesús Cristo, que Dios le dio”. Es decir, es apocálipsis-revelación de Jesús Cristo, la que Dios entrega a Él, a Jesús Cristo. Esto quiere decir “Apocálipsis de Jesús Cristo”; es apocálipsis-revelación que habla sobre Cristo y el mismo Cristo la entrega.Esto quiere decir “Apocálipsis de Jesús Cristo”. Fuente, pues, de la Apocálipsis o de las apocalipsis-revelaciones que veremos en este libro -es el mismo Dios.

Es característico, queridos míos, que no dice “Apocálipsis del Hijo de Dios, la que Dios entregó a Él”, porque el Hijo de Dios con el Padre son iguales o equivalentes; y no puede ser que una persona entregue a la otra una apocálipsis-revelación. Una apocálipsis-revelación de este tipo significaría que las personas de la Santa Trinidad no son iguales y que una sabe algo, mientras que la otra persona no la sabe. Es utopía, no es posible; Dios es uno. Pero cuando dice que el Dios da la apocálipsis-revelación a Jesús Cristo, significa que la da a Su naturaleza humana. No olvidemos que la naturaleza humana de Cristo no es infinita. A causa de la unión hipostática-substancial, es decir, la personal –esto quiere decir, hipostática- a causa de la unión personal con el Dios Logos se puede considerar la naturaleza humana de Cristo como omnipresente. ¡Habéis oído, omnipresente, en todas partes! Pero no por sí misma, sino a causa de la unión personal o hipostática con el Dios Logos. Así que el Dios da a Jesús Cristo esta apocálipsis-revelación, el Cual por Su parte la dará a Juan, y Juan la entregará a la Iglesia.

El cómo ha recibido Jesús Cristo esta apocálipsis de Dios -y cuando decimos Dios, damos a entender Padre, Hijo y Espíritu Santo, no lo olvidemos esto- lo vemos en el capítulo 5, en los versículos 6, 7 de la siguiente manera: “y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Entonces, vi junto al trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los presbíteros, estaba en pie un Cordero como inmolado o degollado que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. Se acercó y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono” (Apo 5,6-7). ¡Dice Juan, entre el trono y los cuatro animales, que son los Querubines, he visto un Cordero degollado, pero estando en pie! Es aquello que dirá el Cristo en apocálipsis-revelación directa a Juan: “¡Yo soy aquel que me he convertido en muerto, pero he aquí vivo!” (Apo 1,17-18). ¡Pero Cristo como Hijo de Dios nunca muere su naturaleza divina;  como hombre Su naturaleza humana se convierte en muerta, porque fue crucificado encima de la cruz y enterrado en el sepulcro.

Cordero, pues, degollado. ¡Bella imagen esta! ¡Cordero degollado y estando en pie!… La Iglesia primitiva amaba mucho esta representación, como también, el icono del llamado “buen Pastor”. ¡Era el símbolo más amado de la antigua, de la primitiva Iglesia cristiana, el icono más amado! ¡Pero también el punto más amado de aquellos que estudian el libro del Apocalipsis es el Cordero degollado y en pie!… Pero uno debe progresar mucho para amar estas cosas.

¿Habéis visto?: “y vi que el Cordero se acercó y tomó el libro de la mano derecha de Aquel que estaba sentado en el trono”. Pero no dice quién estaba sentado, por estricto respeto. Estaba sentado Dios, como veremos en el análisis más abajo. He aquí cómo Jesús Cristo tomó la Apocálipsis de Dios Padre, o generalmente de Dios, “de Aquel que estaba sentado en el trono”.

Juan el evangelista después, como veremos más abajo, oye un Ángel que dice: “¿Quién podrá abrir este libro?” ¡Nadie se ha encontrado y Juan llora!… ¡hay que ver, llora!

“¡No llores, le dice, un Presbítero! ¡Se ha encontrado quién va abrir el libro! Es el Cordero degollado; Él va abrir el libro” (Apo 5, 2-5); es decir, el Cordero degollado apocaliptará-revelará el libro. Por esta razón es «Ἀποκάλυψις Ἰησοῦ Χριστοῦ Apocálipsis de Jesús Cristo», significa que manifiesta y apocalipta-revela a Cristo, y a la vez la apocálipsis se hace por Jesús Cristo. Esto pues, significa la frase “Apocálipsis-revelación de Jesús Cristo, la que el Dios le ha dado”.

 “Para mostrar a sus siervos” (Apo 1,1); ¿Pero siervos de quién? De Jesús Cristo. ¿Mostrar qué? Pues, aquellas cosas que constituirían el contenido del libro, y por consiguiente expresa el propósito por el que se ha dado la Apocálipsis-Revelación. ¿Exactamente qué? “Las cosas que «δεῖ es necesario que o que deben» suceder pronto!

Sí, “las cosas que «δεῖ es necesario que o que deben» suceder pronto”. Pero, ¿por qué «δεῖ es necesario que o debe que»

 Queridos míos, este «δεῖ es necesario que o deben que*» teológicamente tiene un significado y una importancia en la Santa Escritura. Permitidme, el resto del tiempo que nos queda para hoy, ver este «δεῖ es necesario que o debe que» de la Santa Escritura.

(* El verbo δεῖ dí, existen en griego verbos impersonales que se usan en tercera persona del singular y cuyo sujeto es una oración subordinada completiva de infinitivo en español. Uno de estos es el«δεῖ» que se utiliza indistintamente y quiere decir “debe que” o “es necesario que”.  Los verbos impersonales no toman un sustantivo, es decir, persona, animal o cosa, sino una frase segundaria)

Debo deciros que esto lo encontramos frecuentemente en la Santa Escritura. Así pues, indicativamente os presentaré algunos pasajes.

Daniel dice a Nabucodonosor: “Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo δεῖ que debe acontecer en los postreros días. He aquí tu sueño, y las visiones que has tenido en tu cama: Estando tú, oh rey, en tu cama, te vinieron pensamientos por saber lo δεῖ que debe suceder en lo por venir; y el que revela los misterios te mostró lo δεῖ que debe suceder” (Dan 2, 28-29).

El Evangelio según Mateo, 16,21 dice: “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos δεῖ que debe ir o es necesario que vaya a Jerusalén y δεῖ que debe padecer o es necesario que padezca mucho… y δεῖ que debe morir o es necesario que muera, y resucitar al tercer día…” ¡ δεῖ  debe que o es necesario que! ¿Pero, por qué δεῖ debe que o es necesario que?…

Y en el Evangelio según Luca, cuando el Cristo había resucitado, dice a sus dos Discípulos en el camino hacia Emaús: “¿No ἔ­δεῖ debería o no era necesario que Cristo padeciera todo eso, y sólo por los sufrimientos entrar en su doxa (gloria, luz increada)? (Lc 24,26).

Este «δεῖ debe que o es necesario que», queridos míos, es difícil, misterioso e incomprensible. Simplemente diríamos: ¿por qué como sea δεῖ deben suceder todas estas cosas, y sobre todo cosas nada agradables, como por ejemplo, la crucifixión, o la persecución de la Iglesia, o sea, de los fieles, hasta la Segunda Presencia de Cristo?”.

En principio, queridos míos, la Iglesia debería tomar una concreta forma de trayectoria en la historia, a pesar de que este camino estaría lleno de tentaciones y persecuciones por parte del mundo.

Pero observamos que este «δεῖ es necesario que o debe que» de la Iglesia, es decir, la Iglesia «δεῖ es necesario que o debe que » pasar un camino de tribulaciones, sufrimientos y persecuciones, viene a ser paralelo con el «δεῖ debe que o es necesario que», de Cristo. No podría ser de otra manera, porque la Iglesia constituye el Cuerpo de Cristo. Cuando el Cristo pues, dice que «δεῖ es necesario que muera o que debe» morir, «δεῖ o es necesario que o que debe» ser crucificado», entonces la Iglesia también «δεῖ es necesario que o que debe» morir, «δεῖ es necesario que o que debe» ser crucificada.

¡Miedo, no os asustéis!… ¿Nos hemos bautizado y crismado? ¿Queremos ser Cristianos ortodoxos? Pues, que lo decidamos y concienciemos: ¡Cristo se ha crucificado! Posiblemente nosotros también. ¡Cristo fue perseguido! Obviamente nosotros también. “Si a mí me han perseguido, a vosotros también os perseguirán” (Jn 15,20), nos dice Cristo. Por favor, he aquí el pasaje paralelo.  El pasaje “si a mí me han perseguido” es el «δεῖ es necesario que o debe que » de Cristo; y lo “también a vosotros os perseguirán” es el «δεῖ di debe» de la Iglesia. Por lo tanto, el «δεῖ di debe» de la Iglesia es paralelo con el otro «δεῖ di debe» de Cristo.

Este «δεῖ es necesario que vaya o que debe» subir a Jerusalén, que dice Cristo, para ser crucificado, es paralelo con el “por muchas tribulaciones y sufrimientos…” (Hec 14,22), que dijo el apóstol Pablo en los Hechos. Acordaos cuando al apóstol Pablo le apedrearon en la ciudad Listra, y fueron sus discípulos de noche para llevarle y enterrarle, y allí le encontraron vivo; entonces se levantó y les dijo: “Por muchos sufrimientos y tribulaciones en vosotros, «δεῖ debe que o es necesario que» paséis para que entréis en la Realeza increada de Dios. Me imagino que le dirían: “Santo apóstol de Dios, ¿por qué «δεῖ es necesario que o que debe»?; ¿no podrías evitar el apedreamiento? No, «δεῖ es necesario que o debe que». ¡Misterioso! ¡Muy profundo!

Por tanto, este «δεῖ es necesario que o que debe subir a Jerusalén» de Cristo, y lo de “por mucho sufrimiento «δεῖ es necesario que o que debe» pasar para entrar en la realeza increada de Dios” de apóstol Pablo y “lo que «δεῖ es necesario que o que debe» suceder pronto” del Apocalipsis son paralelos.

¿Pero por qué? Porque, por un lado, con el «δεῖ es necesario que o debe que»  de Cristo los hombres rechazarían la persona de Cristo y Su obra; y a fin de que sea realizada como sea, con seguridad la sotiría redención, sanación y salvación, -os doy ahora una interpretación del misterio a medida de lo posible- llegó el Cristo a la Cruz; ¡y el instrumento de la cancelación de la obra de la sotiría redención, sanación y la salvación, la cruz, ahora se ha convertido realmente en instrumento de la sotiría! Por eso el Señor dijo «δεῖ es necesario que o debe que».

Por otro lado, el «δεῖ es necesario que o debe que » de la Iglesia por la misma razón; el mundo no aceptaría la presencia de la Iglesia y asumiría la guerra contra ella. ¡En este momento que estamos hablando, queridos míos, no os podéis imaginar lo qué están maquinando las potencias oscuras o los poderes fácticos a nivel mundial en contra la Iglesia!… ¡Están rabiosos, rabian y rabiarán mucho más!… Ineludiblemente, pues, la Iglesia entra en una guerra.

O sea que, -prestad atención a esto- la Iglesia como sea, debe estar derecha, en pie, dominar y llegar esperando a Cristo hasta Su Segunda Presencia. Acordaos lo que dice el apóstol Pablo, ¡que el misterio de la Divina Efjaristía se estará realizando hasta que venga el Cristo! (I Cor 11, 26) ¿Hasta cuándo? Hasta Su Segunda Presencia. Por consiguiente, la reacción intransigente del mundo, -como el mundo es intransigente o decid lo que queráis- constituye esto de “las cosas «δεῖ es necesario que o que debe» que sucedan de la Iglesia como inevitable. Esto es todo. Es decir, lo inevitable de los acontecimientos entre las relaciones mundo e Iglesia es expresado por el «δεῖ es necesario que o que debe», aquellas cosas que como sea, sin falta o de cualquier manera deben hacerse.

Dicen muchos que quizás aquí tenemos una obligatoriedad de los acontecimientos, es decir, una imposición, una limitación de la libertad. Pero no. Este «δεῖ es necesario que o que debe» no expresa una obligatoriedad de los acontecimientos, sino la necesidad de la sotiría (redención, sanación y salvación), de la que provienen todos estos distintos acontecimientos. Es decir, la sotiría (redención, sanación y salvación) es un hecho irrevocable de la agapi (amor, energía increada) de Dios. Escuchad: ¡irrevocable! El Dios ama y quiere redimir, sanar y salvar al mundo. ¡Por muy que rabien los enemigos de la Iglesia, por muy que rabie el diablo, el Dios quiere redimir, salvar y sanar al mundo! Por eso es introducido este «δεῖ es necesario que o que debe». En otras palabras, el diablo es impenitente, no arrepentido e irrevocable; y la sotiría también, como dijimos, es irrevocable; por lo tanto, choque, conflicto! He aquí, pues, porque entra el «δεῖ es necesario que o debe que». Resultado: los acontecimientos del presente y del futuro, así de una manera u otra «δεῖ debe que o es necesario que» sucedan, o es necesario que pasen estas cosas. Esto hemos analizado.

Posiblemente, me diréis: no lo hemos entendido. Queridos míos, tanto si lo comprendemos como si no, esto constituye verdaderamente un misterio.

Pero diréis: ¿Por qué el Dios permite esta, la peor solución? ¿No es fuerte el Dios? Es exactamente esta tentación que hay en muchos que dicen lo mismo: ¿Pero por qué, es que el Dios no es fuerte para intervenir? ¡Pero si interviene, hermano mío, entonces tú Le dirás a Dios que te quita y compromete tu libertad! El por qué el Dios escoge la peor solución, inmediatamente os lo digo: ¡Porque el Dios ama y quiere mostrar esta Su Agapi (amor, energía increada), y ofrece hasta Su Hijo para que sea crucificado!

Me diréis otra vez: ¿no tenía otra manera mejor, para salvarse el mundo? Por supuesto que tenía, pero quiso sanar y salvar al mundo con la agapi (amor, energía increada). Y esta sotiría (redención, sanación y salvación) con aliciente la agapi, es un misterio, y sobre todo constituye una faceta del misterio de la agapi de Dios.

San Isaac el Sirio nos lo revela. Cuando por primera vez, amigos míos, leí esto que os voy a leer ahora, no me satisfizo, y me temo que a vosotros nos os vaya a satisfacer, porque es un misterio; pero ahora me satisface plenamente. Escuchadlo:

“El fin de todo esto es que el Dios y Señor por la excesiva agapi a la creación…” He aquí la llave: “¿por el anhelo, deseo!”, es decir, ¡por la agapi-amor excesiva! –ha entregado su propio Hijo para morir en la cruz. “Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo aquel que en él cree no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). El Dios por Su excesivo agapi por nosotros, ha entregado a Su Hijo Unigénito, no porque no podría redimirnos de otra manera, sino que quería enseñarnos exactamente esta trascendental agapi-amor Suya. ¡Esto, queridos míos, no lo captamos, no cabe en nuestra cabeza, no!  ¡Y a través de la muerte de Su Hijo nos ha atraído hacia sí mismo, para mostrarnos cuánto nos ama y nos ama exageradamente!  Y por la muerte de Su hijo unigénito nos ha atraído hacia Sí Mismo para decirnos que nos ama. Y por Su excesiva agapi no condescendió violar, agredir nuestra libertad, aunque es omnipotente para hacerlo, pero ha dejado que nosotros queramos acercarnos y juntarnos con Él con nuestra conducta y virtud, con nuestra agapi y con nuestro corazón” (San Isaac el Sirio: logos 71).

Todas estas cosas, amigos míos, expresan el misterio «δεῖ γε­νέ­σθαι las cosas que es necesario que sucedan». Así con esta solución, por un lado, se hace destacar la agapi (amor, energía increada) de Dios, y por otro lado, se mantiene la libertad del ser humano. ¡Realmente admirable el Dios!

De estas dos cosas, libertad y agapi, cuando están conectadas, unidas en conciencia y vivencialmente en cada creyente, entonces ellas paren, generan la santidad, con la que entramos en la Realeza increada de Dios.

 «Ἃ δεῖ γενέσθαι a di llenesze, de las cosas que «δεῖ es necesario o que deben» suceder pronto o en breve” ¿Pero cuándo van a suceder todas estas cosas?

Dice san Andrés de Kesarea: «Sucederán pronto, en breve ἐν τά­χει en taji» “Esto significa que algunas de las cosas que se han profetizado están en nuestros pies, en breve, he aquí ahora –y si quieren también son contemporáneos, por la profecía que se profetizó entonces- y aquellas cosas que serán al final de la historia, los ésjatos-últimos acontecimientos y tiempos, y también aquellas cosas que se refieren como profecías, no tardarán; porque igual que ha pasado el día de ayer, así son también mil años para el Dios”.

Inmediatamente después del registro de las apocalipsis-revelaciones, queridos míos, tenemos el inicio de aquellas cosas que sucederán, que como una cadena se extienden hasta los finales-ésjatos de la Historia. Por lo tanto, este «ἐν τά­χει en taji pronto, en breve» revela el inicio rápido de lo revelado, pero no su terminación. Es decir, tenemos una apocálipsis-revelación progresiva de los acontecimientos, que el inicio de estos es inmediato pero la terminación de estos será al final, a los ésjatos-últimos tiempos. Pero el inicio y el final de estos acontecimientos se reflejan en una y la misma imagen.

Aquí me gustaría que os fijarais en algo. Es característico que este «δεῖ debe que o es necesario que» pre-cristiano, que lo vemos en Daniel y en otros Profetas, el tiempo más bien es indefinido crónicamente, mientras que el «δεῖ debe que o es necesario que» meta-cristiano o postcristiano es concreto y «ἐν τά­χει en taji pronto, en breve».

O sea: En los 2.000 años adC tenemos a Abraham. El Dios promete que de él hará mucho laós-pueblo. Y sobre todo le apocalipta-revela también sobre el Mesías. Y esto los Profetas, desde la época de Abraham hasta la venida de Cristo, durante estos dos mil años lo dirán y lo repetirán. Cuando leemos en el Antiguo Testamento las profecías sobre el Mesías, tenemos la sensación de que estas cosas sucederán en un futuro muy lejano, alguna vez, en tiempo indefinido. Atención: cronológicamente indefinidas, nunca lo sabemos. Sin embargo, estas cosas se realizaron desde la época de Abrahán y durante dos mil años; y Cristo ha venido dos mil años después de Abrahán. Ahora bien, con el «δεῖ debe que o es necesario que» post-meta cristiano nos dice que estas cosas sucederán “pronto, en breve”, de modo que el profesor Brasiotis diga que sentimos el galope de los acontecimientos venideros, como cuando escuchamos el ruido de los galopes de los caballos en un camino adoquinado, he aquí, vienen “pronto, rápidamente” y han pasado desde la primera Presencia de Cristo dos mil años (Brasiotis: Apocalipsis pag 69); y os pongo la siguiente pregunta: ¿Quizás nos encontramos en los ésjatos-últimos tiempos o por lo menos al comienzo de los últimos tiempos y acontecimientos? ¡Amigos míos, posiblemente sí!

«Y ha apocaliptado – revelado estas cosas el Cristo, mandando Su ángel a Su siervo Juan, quien ha dado testimonio para el  logos de Dios, sobre Jesús Cristo y de todas las cosas que ha visto” (Brasiotis p.69).  

“A Su siervo Juan”;

Se trata del evangelista Juan, quien a causa de la importancia de las apocalipsis-revelaciones escribe su nombre, algo que no hace en su evangelio; porque conocía que después de él, habría conflicto -y lo hubo- sobre quién es el escritor del libro del Apocalipsis. Fue escrito pues, el nombre del divino Apóstol y Evangelista, para que sea certificado y demostrado que este libro no es un documento falso sino auténtico, es obra del evangelista Juan.

Esto amigos míos, no es de poca importancia sino grandiosa; porque si sabemos que este libro es de Juan, ¡cuánto cuidado debemos de tener! Y la Iglesia realmente ha considerado que el libro del Apocalipsis es de Juan el Evangelista, el Discípulo, por lo tanto, este libro justo y dignamente ha sido incluido al Canon de los libros del Nuevo Testamento; es decir, de la Santa Escritura. Y sabemos que en este punto la Iglesia fue muy moderada y mesurada. Obras de Padres Apostólicos, es decir, de los sucesores de los Apóstoles, por ejemplo como una epístola de Barnaba o Bernabé o de cualquier otro, no fueron incluidas en el Nuevo Testamento. La Iglesia con mucho cuidado, esmero y conforme pasaban los años determinó cuáles son los libros de primera serie o primer nivel, es decir, aquellos que están escritos por la mano de los testigos presentes del Logos, (Lc 1,2 · Jn 3,11· II Ped 1,16 · I Jn 1, 1-3), los que tocaron, escucharon y vieron el Logos Dios, el que se encarnó como dice Orígenes en su obra (t.9, Fragmenta in Lucam, 21b.2-22b.1). Por lo tanto el escritor del libro del Apocalipsis es san Juan.

La descripción como «δοῦ­λος dulos-esclavo o siervo» es acostumbrado para los Apóstoles cuando escriben una epístola o carta. Pero la sencilla descripción del nombre, sin títulos, como cuando escribe “Juan”, sin poner “discípulo de Jesús”, sin poner “Apóstol” o cualquier otra característica añadida de su nombre, indica que los receptores y lectores de su libro eran muy conocidos de Juan, y Juan también reconocido por ellos.

Además se observa que el libro del Apocalipsis, se entrega a la Iglesia por el Dios Padre mediante Jesús Cristo al ángel y del ángel a Juan. Es decir, aquí tenemos una viva cadena de la tradición: el Dios Padre a Jesús Cristo, el Hijo de Dios, es decir, el Logos que se hizo hombre, el Jesús Cristo entrega al ángel y el ángel a Juan y Juan entrega a la Iglesia. Aquí pues, vemos realmente esta admirable tradición viva.

Por eso, amigos míos, la Parádosis (santa entrega, transmisión y tradición) junto con la Santa Escritura constituyen la base de la Iglesia. Además la Tradición salvaguarda la asesoría, el principio de fidelidad y validez también de la Santa Escritura; esta nos ha dicho qué libro es auténtico y qué no. Lo digo para aquellos que rechazan la santa Parádosis-Tradición de la Iglesia, llámense protestantes, u ortodoxos que se han influenciado de los protestantes. Os lo he dicho muchas veces y no me cansaré de decirlo que la llave para la interpretación de la Santa Escritura está puesta en el armario de la Parádosis (santa Entrega y Tradición). Por eso los protestantes interpretan la Santa Escritura variablemente como cada uno le place, con el resultado de haberse partido en muchos trocitos a lo referente de la fe; ¿hoy en día ni ellos mismos saben lo qué creen, qué creían ayer y qué creerán mañana! (Dicen los santos Padres, los papistas creen al papa infalible y los protestantes que su padre es el papa, cada uno se ha convertido en un papa infalible).

Continuamos: «las cosas que ha visto» (Apo 1,2). Por lo tanto Juan ha visto; vio visiones, vio iconas-imágenes y símbolos. Por supuesto que las ha visto. Por tanto no son productos de la fantasía, imaginación, ni productos del logos íntimo; son realmente las cosas que ha visto. El Cristo le dirá: “Escribe las cosas que ves y las que escuchas”. Pero en otro caso concreto dirá: “No escribas estas cosas que escuchas; estas son sólo para ti, séllalas, pero no las escribas; las otras, sí escríbelas” (Apo 1,11 · 19,2 · 1,8 · 10,4 y otros).

Así uno ve claramente que el Apóstol nos escribirá con toda sencillez, aquellas cosas que ha escuchado y visto; no añadirá ni quitará nada. Sabemos sobre todo que la característica principal de una obra auténtica es que no está retocada, como por costumbre están las obras falsas. El propósito de las obras falsas es crear al lector una impresión, por eso, como son falsas, quieren atraer su atención; en cambio el libro verdadero, que describe cosas correctas, aquellas que realmente son de Dios, no tiene esta necesidad. Pero aquí el escritor sagrado escribe las cosas que ha visto y escuchado, ni más ni menos. Es decir, si escribe o no escribe algunas cosas será culpable ante el Dios; si escribe demás, también será culpable ante el Dios: Por lo tanto, no escribe más ni menos.

En concreto este libro termina de la siguiente manera: Yo aseguro a todo el que escucha los logos de la profecía de este libro que si alguno hace añadiduras a esto, Dios le añadirá a él las plagas descritas en este libro. Y si alguno quita algo de las palabras, de los logos de este libro profético, Dios quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, descritas en este libro (Apo 22,18-19); es decir, si alguien altera algo de este libro, no entrará en la realeza increada de Dios. ¡Pero si el mismo Evangelista que escribe estas cosas para aquel que con su mano sacrílega intentaría falsear y alterar, mucho más las escribiría para sí mismo! Realmente, pues, registra las cosas que ha visto y escuchado”.

“Bienaventurado y dichoso es aquel lector que lee, y los oyentes que escuchan los logos de esta profecía divina y aplican y cumplen con devoción y fe todas las cosas que están escritas en ella; porque el tiempo que se van a realizar todas estas cosas está cerca” (Apo 1,3).

Este epígrafe introductorio del libro, amigos míos, cierra con la bienaventuranza y bendición a los lectores y oyentes del libro del Apocalipsis, en especial, pero también del logos de Dios, en general. Esta bienaventuranza es la primera de las siete registradas en el libro del Apocalipsis. Es la tercera vez que tocamos el libro del Apocalipsis. La primera vez antes de quince años más o menos (1965), habíamos hablado sólo de las siete bienaventuranzas esparcidas y registradas en este libro. Hace dos años (1978) hablamos analizando sólo tres capítulos del libro del Apocalipsis; y ahora, si el Dios quiere, avanzamos poco a poco, lo que Él permita y quiera, a ver de más cerca y detalladamente todo este libro.

Pero, amigos míos, quedemos aquí en esta bienaventuranza: “Bienaventurado el lector o el que lee y los oyentes”. “El lector que lee”, en singular; “los oyentes”, en plural. Esto indica que uno lee y muchos escuchan. ¿Qué manifiesta esto, uno leer y los muchos escuchar? ¿Dónde puede ocurrir esto? Pues, no en otra parte que en el Culto público; donde este libro –atención a esto- estaba en uso. Igual que se utilizaban el evangelio y las epístolas de los Apóstoles, así se utilizaba también el libro del Apocalipsis; por eso dice: “El lector y los oyentes”. Y el propósito o fin de la lectura del libro en el Culto público era el consuelo y fortalecimiento de los fieles por un lado, y por otro lado, la formación, corrección y mejoramiento de ellos, según el contenido del Apocalipsis.

Una imagen-icona muy antigua y bella sobre la lectura de los libros de los Apóstoles, sea de los evangelios o de las epístolas, nos la salvaguarda san Justino el filósofo; y se refiere a los oyentes y al lector en el Culto público. Está en su primera apología, más o menos en el siglo II o un poco antes. Allí escribe lo siguiente:

Durante la llamada “día del sol”, el Domingo; (así llamaban los idólatras el domingo: día del sol). Por eso esta denominación se mantuvo principalmente de los latinos en las lenguas europeas. Decimos Sunday (es decir, día del sol) todos aquellos que viven en ciudades o en pueblos alrededor de la región se congregan en una sinaxis (reunión) común, donde se leen las memorias de los Apóstoles, es decir, los evangelios, o las escrituras de los Profetas. Había pues “el lector” y “los oyentes”, y uno ve cómo resuena admirablemente la praxis de la Iglesia con esta petición que da el sagrado Evangelista en el libro del Apocalipsis. Cuando el lector se detiene de leer, después el obispo oficial hace el discurso analizando sobre lo que se ha leído, instruyendo y motivándolos para imitación y aplicación de los logos” (San Justino mártir y filósofo: apología 1).

Por eso, como veis también nosotros aquí hacemos la lectura. Hacemos un trabajo mixto: el texto se debe leer, ser escuchado, traducido y después analizado.  Así debemos tener contacto con el texto sagrado, de modo que poco a poco nuestro oído se acostumbre para que sea familiar y no extranjero.  Y es muy necesario que se vayan oyendo y escuchando logos aconsejables que motivan la imitación y aplicación para buenas obras, las virtudes.

Pero nuestra Iglesia, como los heréticos habían creado muchas interpretaciones falsas sobre el libro del Apocalipsis, evitó de ponerlo como lectura apostólica. Por ejemplo, una mala interpretación de este tipo es también el caso de mil años de reinado de Cristo. ¡Cuántos conflictos y escándalos, había traído esto! ¡Sabéis que viviendo el escritor, el apóstol y evangelista Juan, ya se había interpretado mal su libro! Y el primero que lo interpretó mal fue Kírinzos. Este no era cristiano; era gnóstico que había mezclado el Cristianismo con filosofías y religiones extranjeras y varios otros. Kirinzos había tomado este pasaje “con el que reinarán mil años” (Apo 20, 5-7) y empezó hablar de mil años de reinado. Incluso se había alborotado el mismo apóstol y evangelista Juan. Una vez en Efeso en un baño público, se enteró que estaba también el Kirinzo; entonces dijo el sagrado Evangelista: “¡Vámonos de aquí, no vaya ser que se caiga el techo del baño y nos mate!”, se entiende a causa de este herético. (San Irineo: “Examen y reproche a los falsos conocimiento o gnosis”).

Por eso los Apóstoles, aquellos elementos del Evangelio que podrían ser mal interpretados fácilmente, los recalcaban. Así, por ejemplo, dice el apóstol Pablo: “Yo sé que después de mi partida se introducirán entre vosotros lobos crueles, que no perdonarán al rebaño; y que de entre vosotros mismos surgirán hombres que enseñarán doctrinas perversas, así y así… con el fin de arrastrar a los discípulos en pos de sí” (Hec 20, 29-30). Y el apóstol Pedro dice sobre Pablo: “Que hay hombres basados en fábulas que mal interpretan a Pablo…” (II Ped 3, 15-16). También Himeneo y Fileto habían tergiversado y mal interpretado el kerigma del Apóstol Pablo sobre el tema de la resurrección de los muertos y decían que la resurrección no se hará: “Evita las palabrerías vacías y profanas, que contribuyen cada vez más a la maldad, y su enseñanza se extiende como gangrena. Éste es el caso de Himeneo y Fileto; los cuales se desviaron de la verdad diciendo que la resurrección se ha realizado ya, y pervierten la fe de algunos” (II Tim 2, 17-18).

Pero, amigos míos, no me digáis que esto es debido a los escritores de los textos sagrados; no; ¡se debe al egoísmo humano! Porque simplemente, señor mío, si quieres interpretar, debes tener la llave; ¿y cuál es? Os lo dije: ¡es la santa Parádosi (divina entrega y tradición), es el cómo interpreta la Iglesia. Pero si tú por orgullo y soberbia eosfórica (demoníaca, luciférica) quieres interpretar como tú quieres; entonces sepas que caerás y te convertirás en herético. La herejía no es otra cosa que la razón, la lógica mundana sobre el dogma; es decir, cuando con métodos racionales quiero interpretar aquello que no se interpreta, aquello que es misterio. Así que cuando intento con métodos racionales mundanos interpretar la enseñanza de la Iglesia, automáticamente me encuentro en el espacio de la herejía. Por lo tanto no tienen la culpa los escritores sagrados, sino que culpable es el egoísmo, el orgullo y la vanagloria de los fieles dentro en la Iglesia.

De todos modos, la Iglesia Católica de Oriente, la Ortodoxa, amigos míos, para evitar todas estas situaciones, fue obligada a quitar del Culto el libro del Apocalipsis. Esto no ocurrió en la Iglesia de Occidente, porque allí se formaron este tipo de herejías. La demostración de la autenticidad del libro es que nuestra Iglesia lo mantiene en el Canon del Nuevo Testamento. Pero oremos y esperemos que alguna vez la Iglesia en un verdadero Sínodo Ortodoxo vuelva a poner otra vez el libro del Apocalipsis en el Culto y se escuche otra vez desde el atril, exactamente igual como se escuchan las epístolas o cartas de san Pablo y de los demás Apóstoles. ¡Ojalá que así sea! Pero esto naturalmente no impide que uno interprete y haga kerigma con el libro del Apocalipsis, o incluso el orador que habla al pueblo de Dios tomar pasajes de este libro, cuando se trata para ratificar y demostrar algo de lo que enseña.

 «Lector Ἀ­να­γι­νώ­σκων», « oyentes ἀ­κού­ον­τες» καί «y practicantes (o cumplidores) τη­ροῦν­τες» (Apo 1,3).

Estas tres palabras, que apunta aquí el evangelista Juan, recuerdan los logos del Señor: “Bienaventurados y dichosos lo que escuchan el logos de Dios y lo practican, aplican y cumplen” (Lc 11, 28). El Señor dijo este logos, cundo una mujer de la multitud dijo: “Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste. Y Él respondió: Antes bienaventurados los que escuchan el logos de Dios, y lo practican, aplican y cumplen” (Lc 11, 27-28).

Estas tres palabras «Ἀ­να­γι­νώ­σκων», «ἀ­κού­ον­τες» καί «τηροῦν­τες» -el que está leyendo, y los que están escuchando y practicando -gramáticamente en participio definido- expresan lo incesante, constante de la lectura, de la audiencia y de la práctica y cumplimiento del logos de Dios; es decir, siempre tengo que leer, escuchar y practicar (aplicar y cumplir) el logos de Dios. Pero atención no dice «οἱ ἀ­κού­σαν­τες los que han oído, escuchado» sino «οἱ ἀ­κού­ον­τες los que están o van escuchando». No vaya ser que alguno piense y diga: “Ya he escuchado muchos kerigmas, ya me he hartado y colmado, ¿para qué voy a escuchar más? Lo mismo para los otros dos “estar leyendo y practicando constantemente”. Precisamente esto indica este tríptico (o tres palabras), que debe haber sin interrupción.

Pero, vamos a decir algo sobre estas tres palabras: lectura, audiencia y práctica del logos de Dios.

Primero, sobre la lectura tenemos que decir las siguientes cosas: tratando de entender el logos de Dios, debemos estar dentro, tener en nuestro interior a Dios; de otra manera no es posible alguna vez entender el logos de Dios. ¿Qué significa esto? Dice san Diádoco de Fótica: “No hay diania (mente, intelecto, cerebro) más pobre que hablar y filosofar sobre el Dios, y que tú estés fuera de Él” (Filocalia t.1).

Esto, amigos míos, uno lo ve claramente en personas que no hacen vida espiritual y hablan de temas espirituales, ¡pero fallan y se traicionan! Por eso precisamente veis que se equivocan, flaquean y están fuera de la realidad e intentan completar con sus cerebros (enfermos espiritualmente) algunas cosas. No están dentro, en Dios y no hacen vida espiritual. El hombre que no hace vida espiritual no puede hablar de Dios, no es posible, y no puede entender nunca lo que escribe el logos de Dios, porque para la concepción y entendimiento del logos de Dios no es cuestión de Gramática ni de Sintaxis, en otras palabras no es cuestión filológica. La concepción y entendimiento de logos de Dios tiene una otra dimensión.

No quiero decir que el conocimiento filológico se rechaza; no. Veis cuántas veces lo utilizamos aquí. Acordaos y escuchad lo que antes os dije. Dije: Participios definidos. Si uno no sabe un poco de filología, pero de cosas elementales no muchas, ¿cómo lo va a entender esto? Es decir, cosas elementales, no muchas. No quiero decir que se rechaza este elemento, sino que no es bastante. No puedes decir que tengo conocimientos filológicos y lo entenderé. ¡No entenderás nada! El espíritu siempre se te estará escapando y siempre te va quedando la letra.

Segundo, tratando de estudiar y entender el logos de Dios, debe haber también siempre un clima, una atmosfera y un ambiente litúrgico. ¿Qué significa esto? Significa que la audiencia o estudio del logos de Dios no puede ser una cuestión de salones de lujo o una cuestión académica. Esto os lo voy analizar más detalladamente.

Hay una tendencia -siempre la había y en nuestra época también existe- que los hombres hablan y conversan de altos, sublimes temas teológicos, pero en el salón; con todo lo sabido que traen estas reuniones de salón, donde pueden decir libremente sus bromas y sus tonterías y no sé que más; pero la discusión o charla es claramente académica. Puede, queridos míos, que sea una charla de alto nivel teológico, pero que no toque o se aproxime al Logos – la L en mayúscula- al Hijo de Dios, y permanezca en los pañales o en aquella ropita de niño que Le ponía la Zeotocos (Madre de Dios) cuando nació! (o pobrecito Jesusito de mi vida, cuánto sufrió). ¡Estas cosas tocan estos hombres, no el fondo, ni el Logos de Dios, nunca!

Por tanto, no es una cuestión sencilla y fácil que podemos hablar sobre el logos de Dios fuera del espacio litúrgico. El logos de Dios debe estar siempre conectado con el espacio litúrgico. Por eso como veis, nuestra homilía se hace dentro al templo. No que está prohibido que sea oída en otra parte, ni está prohibido hacer la homilía en la calle o en la montaña; No; sino que debe estar conectada con el espacio litúrgico. Habéis visto que primero hemos hecho vísperas; otras veces puede que se celebre la Divina Liturgia. Es interesante esto. Siempre, cuando el logos de Dios está conectado litúrgicamente influye de otra manera en los corazones de la gente.

Tercero, uno tratando de entender el logos de Dios, necesita una hisijía, (serenidad y paz), la interior y la exterior. Dice san Gregorio el Teólogo: “Lo divino se vive en el silencio”. Para vivir a Dios, entenderLe en tu interior, sentir lo que lees y salte (se remueva) tu corazón, hace falta un silencio. Este silencio que sea también exterior pero sobre todo interior. Porque para el silencio exterior tienes que escoger la hora que habrá tranquilidad; pero para el interior debes tener la paz en tu corazón. No quiero decir no leer el logos de Dios cuando estamos en tormentos, trastornados y perturbados, debemos leerlo para que nos serenemos. Pero para que podamos ahondar en los profundos conceptos del logos de Dios, sumergirnos allí, por supuesto que debe haber en nuestro interior silencio, paz y serenidad (hisijía) y se hayan calmado todas las demás cuestiones nuestras.

Cuarto, cuando estudiamos el logos de Dios, debemos sentirnos que es para nosotros y no para los demás. ¡Cuántas veces se ha dicho esto! Dice san Isaac el Sirio: “El hombre humilde cuando estudia la Santa Escritura, lo que saca de dentro y lo que entiende, nunca dice que es para los demás, sino que esto es para mí; estas cosas las dice el logos de Dios para mí”, lo mismo dice san Pedro el Damasceno en la Filocalía, (tomo 3 “La lectura según Dios” pag 147).

Por eso, amados míos, donde quiera que sea escuchado el logos de Dios, los hombres muchas veces se preguntan: ¿Si acaso conoce algo de mi vida este que está hablando y se refiere a lo que a mí me preocupa? No, no sabe nada el que habla; el logos de Dios lo dirige el Dios. Lo qué voy a decir por supuesto que lo he preparado; pero aquello que se ha preparado y ya se expresa como logos de Dios, esto en el fondo lo dirige el mismo Dios, para que Su logos se aproxime y toque cada vez de distinta manera en los corazones de tan variables estados de ánimo.  Veis que el logos de Dios es uno, y a pesar de esto, para cada uno distinto.

Dice san Cirilo de Alejandría: “El agua que riega las flores es la misma agua para todas las flores. Para una flor se hace de color roja, para otra verde, para otra amarilla, sin embargo es la misma agua” (Catequesis 16).

Así que el orador no dice algo que preocupa en concreto a alguien; simplemente el logos de Dios encuentra repercusión en el corazón de cada oyente, del oyente correcto. ¡Repito, del creyente correcto, justo! Por consiguiente, el oyente que escuchará, si es un hombre humilde, dirá: «Todas estas cosas son para mí; no son para el de al lado, y que posiblemente puede ser que conozca su vida”. No se le ocurra decir que lo que dice el orador ahora es para el que está a lado; nunca diga esto. ¡Esto es soberbia, sobre todo auténtica soberbia abrillantada y adornada! Debe decir que: ¡estas cosas son para mí, sólo para mí y no tengo que hacer otra cosa que arreglarme, rectificarme de lo estropeado que estoy!”.

Quinto, debemos aproximarnos al logos de Dios y tocarlo con la oración (contacto consciente con Dios).

Dice muy bien san Isaac el Sirio: «No abras la Santa Escritura, ni leas el logos de Dios, si antes no has hecho la oración, la plegaria y no has pedido de Dios Su ayuda; y cuando oras debes decir: “Señor ilumíname, dame percepción y sentimiento de entender y percibir la fuerza y energía que están en Tus logos”. Que consideres que la oración es la llave para que entiendas el sentido y significado más profundo y los verdaderos conceptos y logos que están encerrados y asegurados en las Santas Escrituras».

Pero para la audiencia, también vamos a decir un par de cosas. Muchos no tienen estudios, no conocen letras. Sobre todo en las épocas antiguas la mayoría no tenía estudios, sólo tenían estudios unos cuantos. Hoy en día son pocos los que no tienen estudios, la mayoría por lo menos sabe leer y escribir. Por lo tanto, antiguamente la audiencia era la fuente básica para el conocimiento de las verdades de Dios. Porque si uno no sabía leer, no podía aprender, sino sólo cuando escuchaba.

Pero la audiencia, amigos míos, es esencial para todos los hombres, porque el logos que se ofrece vivamente es vivo, igual que el Logos –con L mayúscula- está vivo. Por lo tanto, cuando es escuchado el logos de Dios vivamente, esto tiene una gracia especial.

Incluso el logos de Dios es acompañado con experiencias, vivencias personales del orador; así de esta manera, se da ánimo a los oyentes para su aplicación. No es lo mismo escuchar el logos de Dios por la radio o leerlo en un libro que escucharlo vivamente; es algo muy distinto. Por esta razón vamos para escuchar el logos de Dios, no solamente leerlo. Es decir, ni la lectura sustituye la audiencia, ni la audiencia sustituye la lectura; son dos cosas paralelas, pero igual de importantes.

Pero os diré que la audiencia presupone la presencia también de otros. Veis cuántas personas estamos aquí. ¿Qué significa esto? Significa que el logos de Dios se ata con la θε­ω­ρί­α (zeoría) contemplación, expectación de las personas, es decir, con la faz –esto quiere decir zeoría, el ver observar- es decir, se ata con la Iglesia. Y esto, el que sea escuchado el logos de Dios dentro en la Iglesia, es muy importante, demasiado importante, es de un valor muy grande. De otra manera podría quedarme en mi casa escuchar un casete, que el divino Agustino, Metropolita de Florina lo llama lata de conserva del logos de Dios. La conserva o lata por supuesto que no tiene la frescura de la comida recién hecha. Es útil, pero… es lata de comida, conserva.  Pero atención, escucharé el casete, leeré también el libro, pero deberé ir también a escuchar allí donde están los demás fieles, para que se constituya la Iglesia, no sólo en el espacio litúrgico sino también en la audiencia del logos de Dios.

Y finalmente, vamos a decir algo sobre la práctica, la aplicación del logos de Dios. Esto que escribe el sagrado Evangelista: “y los practicantes de las cosas escritas en esta”, manifiesta que el logos de Dios debe ser vivido, pero vivido entero. ¡Atención, completo! No digamos: esto sí y aquello no.

Y continuamos: «porque el tiempo está cerca γὰρ και­ρὸς ἐγ­γύς (Apo 1,3)».

¡Ay, ay!… ¡Cuando escucháis este porque el tiempo está cerca, sentís algo en vuestro interior! Os contaré algo que una vez viví personalmente.

Era la época de Ocupación alemana, y teníamos exámenes, y estábamos sentados en el pupitre de tres en tres sin dejar espacio entre nosotros. En todos los pupitres había alumnos sentados, y en cada pupitre tres, ¡gran alegría para los alumnos!  Nos examinábamos sobre Antiguo Griego, Redacción y Matemáticas. Pues, mis compañeros de clase dijeron que Antiguo Griego no habían estudiado. Yo sí. Pues me senté al penúltimo pupitre y ayudaba los tres de delante, los tres de detrás y los dos que estaban a mi lado. Mientras les preguntaba esto o lo otro ayudándoles, yo no escribía para mí, me preocupaba para los demás. El profesor no estaba en la clase y no nos vigilaba;

De repente entra el profesor y dice: en cinco minutos recojo las hojas de los exámenes. Los que habéis vivido en vuestros años de alumnos este tipo de situaciones me entendéis. Yo me quedé pasmado, paralizado… No os lo puedo describir cómo me quedé; sudé, me puse colorado, atemorizado… y espontáneamente grité: “Aún no señor profesor”, porque aún no había escrito nada del examen. Los otros se levantaban uno por uno y entregaban sus hojas y yo que había estudiado no había escrito nada. ¡Y después iba con un perrito al despacho del profesor rogándole para que me aprobara!

Esta sensación siente el hombre cuando perciba que ha llegado la hora. Es una sensación, sentimiento terrible.

Dice san Isaac el Sirio que, si no has vivido correctamente tu vida, cuando veas que llega la hora de la muerte, te atormentarás mucho (Logos I). Pero aunque uno haya metido y concienciado verdaderamente en su interior esto que dice el Apocalipsis “el tiempo está cerca”, y cuando tiene la sensación que de verdad el tiempo está cerca, siente esto que yo he vivido en mis años de estudiante y os lo he dicho antes.

Pero la razón de esto, “porque el tiempo está cerca”, tiene el mismo sentido y concepto con aquello que nos hemos referido y analizado anteriormente, lo de “las cosas que «δεῖ es necesario que o que deben» suceder pronto”.

Es característico que se refiere una vez más ya desde el principio del libro del Apocalipsis este “pronto” y “cerca”,  y se recalca que el “final viene galopando”. “De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca” (Mt 24, 32-33 Mc 13,28 Lc 21,30).

¿Pero en qué el tiempo está cerca? En el cumplimiento de los logos de la profecía. Por lo tanto, bienaventurado y dichoso aquel que aplica, practica y cumple estos logos, porque el tiempo no tardará en llegar.

De nuestra praxis eclesiástica, a mí personalmente me llama la atención y me impresiona algo que no sé si es correcto, pero yo os lo diré:

Hasta el siglo 15 aquellos fieles que han entregado su sangre, es decir, los que acabaron sus vidas en martirio, ellos se llaman Santos Mártires o si han acabado sus vidas en santidad se llaman Santos.

Pero después del siglo 15 los Mártires se llaman Nuevos Mártires y así tememos los Neomártires. Y si quieren, de parte histórica por costumbre separamos la historia en períodos largos; esta calificación la tenemos después de la caída de Constantinópolis del año 1453. Es decir, aquellos Mártires que son después de la caída de la Polis (Constantinópolis) se llaman Neomártires, ponemos delante el neo-nuevo, y aquellos que han acabado sus vidas en santidad también los llamamos Neos o Nuevos Santos. Decimos: éste padre divinizado… tal, el Nuevo Santo, o el Nuevo Santo aparecido. Nuevo santo quiere decir aquel que le han beatificado y reconocido como santo últimamente, como san Nectario de Egina (o actualmente san Porfirio y san Paisios) que recientemente son reconocidos como nuevos santos, etc, es una denominación que parece que pone un límite.

Pregunto: ¿Vendrá otra época después de quinientos años, que los historiadores deberán otra vez separar la historia, entonces cómo la Iglesia deberá llamar los Mártires y Santos de entonces?  Si ahora se utiliza el nombre de Nuevo, ¿entonces cómo deberá ser el nuevo nombre, Novísimo?

Pero, amigos míos, esto significa que hemos tenido los antiguos Santos y también tenemos los Nuevos. Después de los Nuevos no hay otros más nuevos; es decir, aquí sucede lo siguiente. Creo que en la conciencia universal de la Iglesia, está latente y subyace el sentimiento que “el final del tiempo está cerca”. Por eso la Iglesia llama sus Santos de ahora con el calificativo de Nuevo-Neo. No tenemos nada más que añadir. Antiguamente simplemente Santo o Mártir. ¿Por qué? Porque entonces “el final” estaba lejos, a pesar de todo ante los ojos de la Iglesia había el final. Amín.

 

Yérontas Atanasio Mitilineos

Copyright: Monasterio Komnineon de “Dormición de la Zeotocos” y “san Demetrio”

40007 Stomion, Larisa. Fax y Teléfono 0030. 24950.91220

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas)  www.logosortodoxo.com 

 

Unidad 3. Apocalipsis 1, 4-8 Preámbulo de la 1ª parte. Identidad del escritor y lo escrito. Historicidad y elementos teológicos

 

Después del epígrafe introductorio, amigos míos, sigue el preámbulo de todo el libro, que se extiende entre los versos 4 hasta 8. Os lo expongo:

1, 4 Juan, a las siete Iglesias que están en Asia: Jaris (Gracia, energía increada) y paz de Dios a vosotros, “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”, y de los siete espíritus que están delante de su trono;

1,4 Juan, a las siete Iglesias en Asia Menor: Jaris (Gracia, energía increada) y paz de Dios Padre a vosotros, del que es y existe perfectamente por sí mismo siempre, y el que era y existía antes de todos los siglos sin principio y el que siempre viene o ha de venir, y del Espíritu Santo que con su plenitud y perfección de sus infinitos carismas, que está delante del trono de Dios para la iluminación y asistencia de los hombres.

1, 5 y de Jesús Cristo el testigo y mártir, el fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,

1, 5 Y de Jesús Cristo que es el testigo y mártir absoluto y ha resucitado el primero de los muertos y se hizo el inicio de la resurrección de todos los fieles para la nueva vida. Él es el eterno Soberano y Señor de todos los reyes de la tierra. El que nos amó, y nos lavó y nos sanó de nuestros pecados con su sangre por su sacrificio cruciforme,

1, 6 y nos ha dado a conocer su propia realeza (increada) espiritual y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

1,6 y nos ha dado a conocer su propia realeza (increada) espiritual), y nos hizo reyes y sacerdotes para ofrecer cultos y sacrificios hacia el Dios y Padre suyo; en Él que es Θεάνθρωπος Σωτήρας (zénzropos y sotiras) Dios y hombre y Salvador (redentor y sanador) pertenece la doxa (gloria, luz increada) y el poder inquebrantable por los siglos de los siglos, amín.

7 He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le crucificaron y traspasaron; y todos los linajes o naciones de la tierra se lamentarán por él. Sí, amén.

8 Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que siempre viene, el Todopoderoso.

Estos cinco versos, amigos mío, constituyen el preámbulo del libro del Apocalipsis. Hasta aquí habíamos visto el epígrafe introductorio del libro.

En el preámbulo pues, que es muy interesante y muy teológico, vemos el carácter epistolar del Libro, es decir, que el libro del Apocalipsis constituye epístola. Si lo quieren, también el Evangelio según Luca, es una epístola- Por supuesto que Luca allí en el prólogo hacia Teófilo, no se dice la palabra epístola, simplemente dice de una manera: “Te mando el texto para que aprendas con exactitud las cosas de la fe” (Lc 1,3), etcétera.

Por lo tanto, este también tiene y se refiere de modo y carácter epistolar. Así que el libro del Apocalipsis tiene dimensiones epistolares; no sólo porque contiene las siete epístolas que el Cristo manda a las Iglesias de Asia Menor, sino también porque todo el libro es de forma epistolar y mantiene todos los elementos epistolares de una epístola de tipo antiguo. Es decir, se declara el escritor, que es Juan, y los receptores que son las siete Iglesias de Asia Menor, el saludo “jaris (gracia, energía increada) y paz de Dios”, etcétera, y la doxología, como de costumbre, “a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos, amín”. Así pues, amigos míos, el libro del Apocalipsis en concreto es una epístola. Y como os he dicho, ojalá que el Dios permita alguna vez que sea escuchado en la Iglesia como lectura apostólica epistolar.

Juan, a las siete iglesias que están en Asia” (1,4); Juan el escritor, editor de la epístola, es el que manda la epístola hacia las siete Iglesias que están en Asia Menor que serán las receptoras de la epístola; o sea, el remitente y los receptores.

Otra vez vemos aquí por segunda vez –y por tercera vez también un poquito más abajo- se apuntará el nombre del escritor, “Juan”, sin apellido o definición, como hombre muy conocido a los lectores.

¡Cuáles son estas siete Iglesias de Asia Menor hacia las que se dirige el libro del Apocalipsis? Son la Iglesia de Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea». Son Iglesias históricas. Atención a esto, no son cosas imaginativas, ni simbólicas, sino Iglesias históricas. Son ciudades viejas, antiguas de Asia Menor, allí donde el materialismo había alcanzado su esplendor. Es decir, allí en estas ciudades idólatras se formaron obispados y se construyeron Iglesias, y ahora hacia estas siete Iglesias ahora se dirige el libro del Apocalipsis, y en concreto con una epístola particular para cada una de las siete Iglesias de Asia Menor.

Pero uno diría, ¿por qué se dirigen las epístolas particularmente sólo hacia estas siete Iglesias? Cristo dirá a Juan: “Escribe al ángel, es decir, al obispo de la Iglesia de los Efesios en Éfeso, de Smirna, de Laodicea… estas cosas y esto”. ¿Por qué? Quizás el resto de las Iglesias, como de Jerusalén, de Antioquía, de Corinto, de Roma, ¿no eran Iglesias grandes e importantes? Si queréis, sólo la Iglesia de Éfeso se podría comparar con las que antes me he referido, Roma. Jerusalén, Corinto y la gran Antioquia, todas las demás eran pequeñas ciudades de Asia Menor. ¿Entonces, por qué las epístolas se refieren estas siete Iglesias (y sus obispos) y no a las otras nombradas antes que eran grandes, honoríficas y famosas?

Escuchad el por qué: El número siete es esquemático, expresa la variedad simultáneamente con la plenitud. Es decir, se trata de toda la tripulación y de la plenitud de la Iglesia de entonces y hasta el fin de los siglos, por lo tanto es también el ahora o el hoy, que se expresa con estos siete tipos representativos de estas Iglesias. En otras palabras, estas siete Iglesias son siete facetas, casos, siete realidades de la Iglesia Una Santa, Católica y Apostólica.

Estas epístolas, pues, tienen dos dimensiones. Una dimensión es que cada epístola se dirige hacia una Iglesia concreta, Iglesia histórica y lo subrayo histórica y se refiere en casos, cuestiones o temas concretos de cada Iglesia. Cuando por ejemplo dice que “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente” (Apo 3,15), “has dejado tu primer amor… recuerda, por tanto, de dónde has caído” (Apo 2,5), esto es un defecto concreto de cada Iglesia en concreto. Es decir, las epístolas en primer plano tienen carácter histórico, y estos datos y elementos que contienen son reales. Pero en segundo plano, estos elementos y datos conciernen toda la Iglesia. Por lo tanto, tenemos dos dimensiones entrelazadas: la histórica, que es local y en tiempo concreto; y la diacrónica (intertemporal), que está extendida en toda la historia de la Iglesia y se refiere a toda la Iglesia y no a un lugar concreto. Así que si leemos las cosas que el Cristo escribe para la Iglesia de los Efesios o de los de Esmirna, entendemos que todos estos elementos y datos existen dentro en la Iglesia de Cristo.

Lo digo una vez más – como somos helenos (griegos) y estas Iglesias estaban en ciudades griegas y Asia Menor entonces era Grecia- digo que las siete Iglesias y estas epístolas no son solamente diacrónicas (intertemporales), sino a la vez son también históricas, con un pedestal histórico.

¿Sabéis porque lo recalco esto? Por supuesto que cuando venga su momento os lo volveré a decir; pero os lo diré también ahora. El Cristo dirá a un “ángel”, es decir, al obispo: moveré tu candelabro de su puesto(Ap 2,5) -cada Iglesia es representada con un “candelabro”, con una vela. ¿Esto sabéis lo que significa? ¡Que te trasladaré! Y se llevó las siete Iglesias y las ha trasladado!… ¿Decidme, qué Iglesia histórica existe hoy en Asia Menor? ¡Ni una! Ni de la gran ciudad de Éfeso, -la gran Éfeso- ni la de Esmirna, ni la de Laodicea, ni la de Filadelfia… No hay actualmente ninguna Iglesia de estas. ¡Los “candelabros” se movieron definitivamente el año 1922! Por eso os he recalcado que el elemento histórico es muy importante, pero volveré sobre esto cuando hablaremos especialmente para cada una de estas siete epístolas del texto.

Así que aquí vemos que tenemos la variedad y a la vez también la plenitud; es decir, tenemos muchas facetas y a la vez todos los casos que existen dentro en la Iglesia.

Dice san Andrés de Kesarea: “Con el número semanal siete, da a entender todas las Iglesias” (Interpretación del Apocalipsis J.P. Migne P.G. tomo 106, pag 221D) Habéis visto, con el número siete con las siete Iglesias da a entender todas las Iglesias. Tal y como exactamente la semana es considerada como un símbolo de la creación del mundo o de nuestra vida, de la misma manera también aquí se simboliza con el número siete la plenitud de la Iglesia.

Por eso, os rogaría, que las cosas de estas siete epístolas que analizaremos son importantísimas, que no penséis que conciernen sólo aquellas siete Iglesias históricas; conciernen la Iglesia que siempre existe hasta el final de los siglos.

Continuamos, pues con la frase «jaris (gracia, energía increada) y paz en vosotros χά­ρις ­μῖν καὶ εἰ­ρή­νη» (Apo 1,4). Es un saludo cristiano de carácter litúrgico denso, fuerte.

Este saludo de Juan el Evangelista en el Apocalipsis es una abreviación del saludo del Apóstol Pablo en su segunda epístola a los Corintios: “La jaris (gracia, energía increada) del Señor Jesús Cristo, la agapi (amor energía increada) de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2Cor 13,13). ¡Veis, el Dios Trinitario!

Cierto que este tipo de saludo Juan no lo toma de Pablo, ni Pablo de Juan; se ve que existía en la Iglesia y tenía el carácter litúrgico. Así que de la Iglesia lo toman, Juan el evangelista y el apóstol Pablo y también los apóstoles Pedro y Judas. Sin embargo esta forma o tipo existe hasta hoy en día. Lo dice el sacerdote en el preámbulo de la oración de la santa Anáfora, cuando sale a saludar al pueblo-laós. Por lo tanto, queridos míos, es un saludo con carácter litúrgico intenso.

Debido que la jaris (gracia energía increada) -como bondad de Dios, que emana del sacrificio de la muerte de Cristo- y la paz provienen de Dios Padre – “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”, ἀ­πὸ ὁ ὢν καὶ ὁ ἦν καὶ ὁ ἐρ­χό­με­νος», que dice inmediatamente después; y proceden también de el Espíritu Santo ,“de los siete espíritus”; pero también del Hijo “y de Jesús Cristo”; este saludo se convierte en símbolo de confesión de Fe; pero simultáneamente también es un símbolo de Fe.

Esto nos recuerda a Diácono Felipe que dijo al Etíope eunuco que: “Si confiesas de todo corazón que Jesús Cristo es el Hijo de Dios bien puedes ser bautizado. Y respondiendo el Etíope, dijo: Creo que Jesús Cristo es el Hijo de Dios” (Hec 8,37). Confesión de Fe. Cuando más tarde aparecerán muchas herejías, el símbolo de Fe se hará más detallado. Es el conocido Símbolo de Fe o Credo de Nicea: “Creo en un Dios, Padre, Pantocrátor…”, etcétera.

Así pues, aquí vemos este saludo de san Juan el Evangelista, que como os he dicho, es un saludo de carácter litúrgico intenso. Tenemos un elemento litúrgico antiquísimo de confesión litúrgica; es decir, confesamos nuestra Fe dentro al espacio litúrgico. Habéis visto que el Símbolo de Fe lo decimos en el espacio litúrgico. Cuando vamos a celebrar la Divina Liturgia, cuando tratamos de comulgar, debemos confesar nuestra Fe ortodoxa, la correcta.

Juan, a las siete Iglesias que están en Asia: Jaris (Gracia, energía increada) y paz de Dios a vosotros, de el que es o existente o de el ser, y el que era y siempre es, y el que siempre viene, y de los siete espíritus que están delante de su trono; y de Jesús Cristo el testigo y mártir, el fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos ha dado a conocer su propia realeza (increada) espiritual y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén” (Apo 1,4-6)

Aquí amigos míos, como veremos, tenemos una referencia admirable al Santo Dios Trinitario “Jaris (Gracia, energía increada) y paz de Dios a vosotros, “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”, y de los siete espíritus que están delante de su trono” (Apo 1,4).

La sintaxis de la frase «­πὸ ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος-“de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”,» es sólika*, es decir, una frase sin sintaxis. Igual es sóliko* en grado superior también el « ἦν el era». El “«ἦν era» es gramáticamente imperfecto del verbo irregular εἰ­μί (imí-soy) y quiere decir era y estaba. Pone artículo en el verbo, como si dijéramos: el escribo, el tengo…! Está totalmente sin sintaxis y desconocido en nuestra lengua.

*(Σόλοικο sólico o solikismo agramatical, sin coherencia sintáctica, es el que en los textos se equivoca sintáctica y gramáticamente, en este caso san Juan y los santos escritores muchas veces lo hacen intencionadamente para indicar lo difícil e inexpresable que es el Dios o lo divino increado).

Pero se trata, amigos míos, de un solikismo intencionado, que no quiere hacer nada más que provocar el interés del lector. Esto de que no proviene de un hombre analfabeto y que se trata de un solikismo, lo vemos también de la sintaxis posterior que es muy correcta y dice: «χά­ρις ­μῖν καὶ εἰ­ρή­νηκαὶ ­πὸ τῶν ­πτὰ πνευ­μά­των», correcta y «…καὶ ­πὸ ­η­σοῦ Χρι­στοῦ», también correcta. En cambio «­πὸ ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος– “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”,» que se refiere antes, falta la coherencia sintáctica, es asintáctica (es decir es sóliko).

Uno percibe que el escritor sagrado quiere de esta manera expresar lo gramáticamente indeclinable, y lo inalterable, lo eterno de la Deidad, que aquí es representada por el Padre. Lo mismo manifestaba también el nombre Yahvé, este nombre sagrado y misterioso, que quiere decir Señor o el Ὢν el que Es o el Existente. Los setenta los traducen como Kirios=Señor, pero igual se refieren también del Ὢν el Que Es o el Existente (Ex 3,14).

Este elemento sobrenatural, por un lado en el logos se expresa con un solikismo y por otro lado, en el espacio de la hagiografía se expresa con un anti-realismo. Por eso veréis muchos iconos del Pantocrator que están pintadas en las cúpulas o en iconos manuales, que tengan algo sobrenatural, algo no natural. ¡Es característico el Pantocrátor del Monasterio de Dafne, que tiene una mano desarticulada, una mano con nudos o callos, ancha, terrible! No es aquella mano natural, suelta, bonita, sino aquella mano desarticulada.

¿Quizás sea de verdad un error del hagiógrafo o pintor y una ignorancia grande del que lo ha puesto pintando? ¡Nada de nada, lo hace expresamente! Con esta mano desarticulada quiere expresar una mano sobrenatural, que bendice sobrenaturalmente y que no es una mano humana sino divina. Por eso pues, que no nos extrañe que con la expresión del elemento sobrenatural en el Apocalipsis encontremos el solikismo, lo agramatical, o falta de coherencia sintáctica, este «­πὸ ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος– “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”,».

San Andrés de Kesarea escribe en relación lo siguiente: “Jaris (gracia, energía increada) y paz de la Deidad tris-hipóstata”. Es decir: saludos a vosotros los receptores que sois las siete Iglesias de Asia Menor, son: la“Jaris (gracia, energía increada) y la paz de la Deidad trishipostata (de tres hipostasis)”; o sea, «“de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene” – ­πὸ ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρχό­με­νος-», son exactamente los casos o circunstancias de las tres Personas de la Santa Trinidad. Y explica san Andrés: “Porque mediante el ὢν el que es o el existente se manifiesta el Padre; el que dijo a Moisés YoSoY el ὢν existente; por el ἦν el que era, manifiesta al Logos el ἦν que era y existía en Dios (Jn 1,2). Y mediante el ἐρ­χό­με­νος el que siempre viene, manifiesta al Paráclitos, el que siempre se infunde en los hijos de la Iglesia a través del santo Bautismo”. ¡Muy bien lo dice san Andrés, admirablemente! (San Andrés de Kesarea: En el Apocalipsis logos A´).

Y yo diría que la frase « ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος– del que es y el que era y el que siempre viene», es un estereotipo; parecido a lo que hacemos cuando ponemos un título a una empresa o sociedad anónima, escogemos una frase o unas iniciativas de estereotipo, dejamos su sintaxis tal como es y la ponemos entre comillas para expresar esto que queremos de forma inalterable.

Así que la expresión « ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος– del que es y el que era y el que siempre viene», es de una manera la explicación de la palabra “Dios”. Esto es. Y realmente escuchadlo más analíticamente:

Cuando Moisés pregunta a Dios para saber Su nombre, Él le responde: «­γώ εἰ­μι ὤν YoSoY el ser o el existente». Lo vemos en el libro del Éxodo capítulo 3º verso 14. Es digno mencionar este pasaje, por favor, de todo el Antiguo Testamento, como el capítulo 6º de Génesis y también capítulo 6º de Isaías, que son paralelos. Pregunta pues, Moisés: «Señor, cuál es Tu nombre, qué voy a decir a mis paisanos cuando vaya a Egipto y me digan: ¿quién Dios te ha mandado?”»; y responde el Señor: «­γώ εἰ­μι ὤν YoSoY el ser o el existente».

Si se supone, pues, que allí habla el Padre, entonces aquí cuando dice «­γώ εἰ­μι ὤν YoSoY el ser o el existente», es el Padre. Cuando dice « ἦν el era», recuerda aquello que escribe el mismo santo Evangelista, que dice: “«Ἐν ἀρ­χῇ ἦν Λό­γος (en arjí in el Logos) junto en el principio de la creación era, existía y siempre está el Logos», por lo tanto este «ἦν» se refiere al Hijo. Y cuando dice « ἐρ­χό­με­νος el que siempre viene», se refiere al Paráclitos, al Espíritu Santo, el Cual ha venido y permanece a la Iglesia y santifica los hijos de Dios a través del santo Bautismo. (Ἐν ἀρ­χῇ el “junto con el principio” (Gén 1,1 y Jn 1,1) se refiere al Espíritu Santo, por eso no es casualidad que esté en declinación dativa, según los santos Padres).

Pero podríamos aún apuntar las siguientes cosas: Cuando dice « ὢν el que es y el ἦν y el ἐρ­χό­με­νος que siempre viene,», es decir, Éste que siempre existe, Éste que ha existido y Éste que siempre viene, estas tres contienen el total del tiempo, tienen en su interior el presente, el pasado y el futuro. Pero como aquí tenemos el nombre « ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος– del que es y el que era y el que siempre viene,», es decir, Éste que siempre existe, Éste que siempre existía y Éste que siempre viene, vemos de una manera más analítica que está incluido el total del tiempo, es decir, presente, pasado y futuro. En este tiempo se mueve el Dios. Pero me diréis: ¿el Dios se mueve dentro en el tiempo?… Sí, pero le transciende, sobrepasa. El Dios está fuera del presente, del pasado y del futuro, porque para el Dios no existe el tiempo. Por lo tanto, esta expresión crónica o de tiempo quiere indicar que el Dios es ­πέρ­χρο­νος hipércronos extra crónico o supra crónico o supratiempo.

Incluso esta denominación que se da por el evangelista Juan, « ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”,» toma totalmente un matiz especial y extraordinario; es decir, cuando dice « ὢν καὶ ἦν – el que es y que era», que indica el interminable presente e interminable pasado, es decir, lo siempre o lo perpetuo, esto expresa a Dios dentro en la eternidad, expresa la perpetua naturaleza divina. Cuando dice « ἐρ­χό­με­νος– el que siempre viene» aquí expresa a Dios dentro en la Historia. Por supuesto que el Dios no se desplaza. Correctamente Aristóteles, en su libro Metafísica, había dicho «τὸ πρῶ­τον κι­νοῦν ­κί­νη­τον Primer Motor Inmóvil», es decir, Él mueve todo, es el Principio del movimiento y el Principio del todo; pero Él, el Dios permanece inmóvil. ¿Qué quiere decir inmóvil? Puesto que completa todo no es posible que se mueva. Porque moverse quiere decir que ocupo un punto del espacio, mientras que otro punto no lo ocupo y me voy yendo del primer punto al segundo para ocuparlo. Entonces me muevo, camino, voy, vengo.

Pero como comprenderéis el Dios es Omnipresente, está en todas partes, y para el Dios no existe el ir y venir. El ir y venir se refiere sólo para el humanizado-encarnado Hijo de Dios. Por lo tanto, «el ἐρ­χό­με­νος que siempre viene» se refiere a la divina naturaleza que toma la naturaleza humana, al Logos de Dios que se hace hombre. Es aquello que el Señor dijo a Sus Discípulos y está en el Evangelio de Juan: «­πά­γω καὶ ἔρ­χο­μαι me voy y vendré» (Jn 14,28). Este es el ir y venir de Dios y este es el movimiento de Dios dentro a la historia, pero siempre con Su naturaleza humana.

Además es característico, amigos míos, que mientras el Dios es siempre el ὢν el que existe, el Existente, -en tiempo Presente (gramáticamente) que indica duración – a la vez es también «el ἐρ­χό­με­νος que siempre viene»-gramáticamente en participio de tiempo Presente también aquí- indica que siempre viene. Así vemos que nunca el Dios, el eterno Dios, el ὢν el que existe, y el que siempre viene, nunca ha abandonado al mundo y la historia, porque el Dios siempre viene.

Pero este siempre viene, que expresa que «el ἐρ­χό­με­νος erjómenos», tiene también sus casos excepcionales. Esto lo vemos en la epístola a los Hebreos de la siguiente manera: “Porque dentro de poco, muy poco tiempo, el ἐρ­χό­με­νος que siempre viene llegará sin retrasos” (Heb 10,37). Escuchad expresiones: ¡ ἐρ­χό­με­νος ­ξει el que siempre viene, vendrá!… este que siempre viene vendrá!… ¿Pero cómo vendrá, puesto que siempre viene?… ¡Y en concreto no tardará!… ¿cómo no tardará, puesto que siempre viene?…

Pues, «el ἐρ­χό­με­νος que siempre viene» indica a Dios que siempre viene dentro en la historia. Por supuesto que el Dios siempre está en la historia, y controla, supervisa el mundo y los universos, “todo está en la mano de Dios” (Sab. Sirac 10,4· Sal 118,91: Is 62,3), pero aquello de “que vendrá” son las apariciones extraordinarias del humanizado Logos de Dios.

También la descripción “paz de Dios a vosotros, “de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”» (Ap 1,4), san Andrés de Kesarea otra vez dice: «esto significa sólo a Dios Padre que es el Principio de todo; y que el principio, el medio y lo último de todas las cosas, están contenidas dentro de Él», (Interpretación Apocalipsis, logos 1). Veis que de cualquier manera que lo miremos el tema es muy rico.

Más abajo veremos también otro nombre de Dios «τὸ Α alfa καὶ τὸ Ω omega», donde A alfa quiere decir principio, y Ω omega quiere decir el fin, final o finalidad. Por lo tanto “YoSoY el Alfa y el Omega” significa que lo que tiene principio existe de mí, y lo que tiene fin también existe de mi; de mi comienza todo y en mí termina todo.

Y realmente si toda la frase se refiere al Padre, entonces la “paz de Dios” significa un Dios Trinitario, donde se diferencian las personas particulares. Por eso, tal y como veremos más abajo, vemos que son referidos “los siete espíritus” (Ap 1,4), es decir, el Espíritu Santo; y a Jesús Cristo se pone claramente último por distinción, para hacer destacar. Ya que más abajo se refiere al Espíritu Santo y más abajo a Jesús Cristo, por tanto el « ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος-“de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”,» la frase entera se puede referir sólo al Padre.

Y continuamos el análisis: “…y de los siete espíritus que están delante de su trono” (Ap 1,4). Se entiende que jaris (gracia, energía increada) y paz,, siempre permanece como un saludo; es decir, “Jaris (Gracia, energía increada) y paz de Dios Padre a vosotros, …y de los siete espíritus que están delante de Su trono”.

Aquí se trata de la tercera Persona de la Santa Trinidad, y que aquí precede de la segunda. El divino Evangelista pone en principio la primera persona y después la tercera, y al final la segunda persona. La segunda la pone última como os dije antes, por distinción, para hacer destacar el humanizado o encarnado Hijo de Dios, pero también porque más abajo se ocupará ampliamente con la segunda persona de la Santa Trinidad que es también el epicentro del libro entero del Apocalipsis.

Aquí, amigos míos, el Espíritu Santo se llama: “los siete espíritus que están delante de su trono”. Encima del trono por supuesto que se entiende el Padre; el número siete manifiesta la plenitud y la perfección del Espíritu Santo.

Esta distinción (o destacamento) septenaria de cualidades, carismas o energías increadas del Espíritu Santo, se expresa muy bellamente en el capítulo 11º del libro del profeta Isaías. Tendríais envidia si escucharais las cosas que dice el profeta, y en concreto las utilizamos durante el día del Pentecostés. Allí el sagrado compositor de los troparios (cánticos) toma de la Santa Escritura todas estas cosas para honrar y alabar el Espíritu Santo. Escribe pues, Isaías: “espíritu de sabiduría y prudencia, de voluntad y de poder, de conocimiento y de piedad y espíritu de temor a Dios” (Is 11,2-3 y Zac 12,10). El mismo Espíritu Santo, uno e indivisible, divide los carismas, pero Éste permanece uno e indivisible.

Así, pues, el Espíritu Santo aquí se expresa como “siete Espíritus”. Por lo tanto os habéis enterado por qué el libro del Apocalipsis habla de los siete Espíritus; y es un Espíritu Santo.

Aquí haremos un pequeño paréntesis hermenéutico (interpretativo). Como sabréis, la Santa Escritura interpreta la Santa Escritura. Este es un método que utilizan también los Santos Padres de nuestra Iglesia. Por ejemplo decimos la frase: “siete espíritus”, ¿quizás está en alguna otra parte en la santa Escritura? ¿Y qué dice allí? ¿Y cómo se refiere? Sólo así podemos interpretar real y correctamente el logos de Dios.

¿Pero, por qué el Espíritu Santo se expresa como siete espíritus?

Primero, para que se muestre la prontitud y la inmediatez del Espíritu Santo -puesto que está delante del trono del Padre celeste- para que sea enviado al mundo con el propósito de la santificación. Es decir, el Espíritu de Dios espera en todo momento lanzarse –y expresamente utilizo la palabra lanzarse; acordaos en el Pentecostés que se escuchó como viento, “como soplo de viento impetuoso” – y está preparado a lanzarse al mundo para conceder Sus carismas, ¡por la agapi-amor excesiva que tiene el Espíritu Santo hacia el mundo! ¿Pero qué espera? Espera la voluntad de Dios Padre y el camino que abrirá el Hijo. ¡Las tres personas de la Santa Trinidad trabajan la sotiría (redención, sanación y salvación) del mundo!

Acordaos de aquello maravilloso que otra vez os dije, que el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas, sobre el abismo, cuando se hizo el mundo. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Gen 1,1-2)… ¿Habéis visto? ¡El espíritu de Dios!… Tal y como apareció en el Bautismo como imagen de paloma, nos da muy bellamente la imagen-icona del pájaro que viene a incubar la vida en las aguas- porque realmente la primera vida apareció dentro en las aguas- y de una manera el Espíritu Santo abraza las aguas, las calienta, incuba, empolla… y salta la vida de dentro de las aguas! ¡Qué bello!

Cuando el evangelista Juan aquí dice “Jaris (Gracia, energía increada) y paz de Dios Padre a vosotros… y de los siete espíritus que están delante de Su trono”, quiere indicar esto; que ahora por el Espíritu de Dios vendrá en vosotros la jaris (gracia, energía increada) y la paz.

Segundo, el Espíritu de Dios se envía tanto por el Padre como también por el Hijo. Lo mismo dice el Señor: “Pero cuando venga el Paráclitos, Espíritu Santo, al que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu Santo de la verdad que la transmite a los hombres, el cual procede del Padre, como un río emana de su fuente, él os dará testimonio de mí” (Jn 15,26). Así que el Espíritu Santo es enviado por el Padre y el Hijo, pero procede solamente del Padre.

Si me preguntáis amigos míos, “qué quiere decir se envía”; os diré que no entiendo nada. ¡Si me preguntáis “qué quiere decir procede”, os contestaré que no entiendo nada!… Dice san Gregorio el Teólogo: “Si llegas a comprender qué quiere decir que el Hijo nace del Padre, igual percibirás y comprenderás que el Espíritu Santo procede del Padre” (Sobre el dogma y los obispos p.11).

Permanecemos, pues, queridos míos, sólo en las expresiones, las cuales constituyen una doxología a Dios, porque expresan una exactitud sobre la relación de las tres personas de la Santa Trinidad, pero no sabemos cómo exactamente se entienden todas estas cosas en la vida de la Santa Trinidad.

Aún el mismo libro del Apocalipsis allí donde el Cristo se dirige a Juan, nos dice: “Escribe al ángel de la Iglesia de Sardes: Esto es lo que dice el que tiene los siete espíritus de Dios…”. Aquel que tiene los siete Espíritus, es decir, que tiene el Espíritu Santo, el Cual envía Sus carismas.

Otra vez en el capítulo 5º nos escribe el Evangelista: “Entonces, junto al trono, vi un cordero rodeado de los cuatro animales, y de los ancianos. Estaba de pie y como degollado. Tenía siete cuernos y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra” (Ap 5,6).

El Cordero estaba en pie y degollado, pero cómo estaba de pie y degollado lo analizaremos cuando lleguemos a este punto. Tenía siete cuernos y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. Son imágenes majestuosas, terribles… que quieren indicar cómo el Espíritu de Dios se envía en plenitud de Sus carismas. El número siete es simbólico y esquemático y quiere indicar la multitud o cantidad y plenitud. ¡El Espíritu de Dios viene cargado para donar Sus regalos al mundo!

Y tercero, el Espíritu Santo está delante del trono de Dios como “siete espíritus” porque es penetrativo, es decir, penetra en todas partes. Acordaos lo que dice el apóstol Pablo: “El Espíritu Santo investiga todo, y también hasta las profundidades de Dios” (1Cor 2,10). ¡Precisamente porque penetra también dentro en la misma usía-esencia de Dios!

Dice otra vez el libro del Apocalipsis: “Del trono salían rayos, voces y truenos. Siete lámparas de fuego ardían delante del trono que son los siete espíritus de Dios” (Ap 4,5), el Espíritu Santo.

Muy bonito nos lo dice esto también el profeta Ezequiel. Pero atención: ¿por qué a veces me refiero al profeta Isaías y otras al profeta Ezequiel? Para que veamos, amigos míos, que estas imágenes son comunes también en el Antiguo Testamento y para ver exactamente que hay similitud entre ellas. Dice pues: “En medio de estos cuatro seres se veían como carbones de fuego encendidas, a modo de antorchas que se agitaban de acá para allá entre ellos. Resplandecía el fuego, y del fuego se desprendían relámpagos” (Ez 1,13). Se agitaban pero ni encima de un candelero.

¿Qué indica esto “que se agitaban, las antorchas de fuego”? Indica que el Espíritu Santo penetra en todo, conoce todo, no se Le puede escapar nada. ¡Y naturalmente es muy característica esta cualidad de infiltración o penetración, tal y como nos la apunta el profeta Ezequiel, porque muestra la omnisciencia de Dios, y que el Dios conoce todo, el Espíritu Santo que es Dios, todo lo conoce!

Acordaos del Antiguo Testamento que delante del arca del testamento había un candelabro con siete lámparas, (Ex 25,37). El arca del testamento es tipo o modelo del trono del Padre celeste, y el candelero con las siete antorchas es el tipo de los “siete Espíritus de Dios”, es decir, del Espíritu Santo, que está preparado a ser enviado en el mundo para donarle Sus carismas.

Y continuamos: “y de Jesús Cristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra” (Apo 1,5).

Y de Jesús Cristo, se da a entender la Jaris (gracia, energía increada) y la paz. Es decir: Tenéis la jaris y la paz del Dios Padre, «“de el que es o existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene”,-ἀ­πὸ ὁ ὢν καὶ ὁ ἦν καὶ ὁ ἐρχόμενος»; y del Espíritu Santo – los siete espíritus; y de Jesús Cristo.

¿Lo veis? Entra último el Cristo, aunque es la segunda persona de la Santa Trinidad, esto lo hacepor distinción, para hacer destacar. Pero claramente la frase entera se refiere a Dios Trinitario.

Pero prestad atención: aquí se observa un nuevo solikismo, agramatical o incoherencia gramatical. Lo escrito correctamente sería: “«καὶ ­πὸ ­η­σοῦ Χρι­στοῦ, τοῦ μάρ­τυ­ρος τοῦ πι­στοῦ y de Jesús Cristo del testigo y del fiel mártir ». Pero dice: ¡«καὶ ­πὸ ­η­σοῦ Χρι­στοῦ, μάρ­τυς πι­στός y de Jesús Cristo el testigo y el mártir, el fiel»! Pone declinación gramática Nominativa y no declinación Genitiva o caso genitivo. Esto se hace otra vez por destacar una nueva denominación trinitaria, que se refiere a Jesús Cristo.

¿Cuál es esta denominación adjetival trinitaria? Es el Cristo: primero “ μάρ­τυς πι­στός el testigo y mártir, el fiel”; segundo, “el primogénito de los muertos” y tercero, “el soberano de los reyes de la tierra”. Y estos tres predicados-nombres se refieren a Jesús Cristo. Pero prestad atención: Se refieren a Su naturaleza humana, no a la divina. Además no dice: “y también del Hijo de Dios”, sino “y también del Jesús Cristo”. Estos predicados, pues, se refieren a la naturaleza humana del humanizado o encarnado Hijo de Dios. Porque el Evangelista allí quiere llegar a presentarnos expresivamente a Jesús Cristo que es el Centro de la Historia y de todos los acontecimientos, que tomarán lugar como acontecimientos históricos, y nos los describirá con visiones en el libro del Apocalipsis.

El primer nombre pues: «El testigo y mártir el fiel μάρ­τυς πι­στός».

¿Por qué se llama el Jesús Cristo «testigo y mártir, el fiel»? En principio quiere decir testigo verídico, igual que diríamos en un tribunal que tenemos un testigo fidedigno y significa que lo que dice este testigo es verdadero.

Pero como “testigo y mártir fiel” se refiere el Dios en el Antiguo Testamento. Por ejemplo en el Salmo 88, 38 dice: “como la luna que subsiste en el siglo, y el testigo fiel en el cielo».

Así que aquí ¿quién es el testigo fiel? Es el Yahvé. Pero cuando el Apocalipsis se refiere a Jesús Cristo que es el “mártir, el fiel”, ¿quién es Jesús Cristo? ¡Es el Yahvé, el Kirios-Señor!… ¿Así que el Jesús Cristo es el Yahvé? Efectivamente, claro que sí!… Dónde están los milenaristas o testigo de Jehová que dicen que Jesús Cristo no es el Jahvé, no es el Señor-Kirios, sino que es creación… ¡Ay qué hombres más blasfemos! ¡Hombres blasfemos, terrible!

Pero el Cristo, amigos míos, se llama “el testigo y el mártir, el fiel” por dos razones: primero porque él ha dado testimonio y martirio por la verdad, es decir, la ha apocaliptado-revelado.

Os acordaréis cuando Pilatos preguntó al Señor: “Quién eres”, y Él le respondió: «Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio y predicar de la verdad»; para apocaliptar-revelar la verdad (Jn 18,37).

En aquello de Pilatos, “qué es la verdad” (Jn 18,38), que el año pasado lo hemos analizado, y dijeron algunos: “Qué pena… no se sentó Pilatos a escuchar de Cristo qué es la verdad”. Porque el gran problema es exactamente esto: “Qué es la verdad”. En este momento que os veo, ¿de verdad que sois vosotros? Y en este momento que me veis, ¿soy yo de verdad? ¿Es verdad? Pensad por un momento: ¿quizás en este momento veis algún sueño? Picaros un poco la mano, ¿quizás estáis durmiendo y viendo algún sueño. Me diréis: ¡Qué fantasmadas nos estás diciendo, Padre. Estas son locuras! Pues, no son locuras. De verdad no sabemos lo qué es la verdad. ¡Para ella luchamos, para la verdad!

Cuando el Pilatos salió fuera -¡oh qué desgraciado!- preguntó, qué es la verdad. Se le podría decir no lo qué es la verdad sino ¿quién es la verdad? ¡Tenía delante de él la Verdad!… La verdad no es un concepto abstracto; la verdad es una persona. “YoSoY la verdad” (Jn 14,6), dijo el Cristo. No dijo “He aquí he venido para deciros una cuantas cositas”, sino que: ¡YoSoY la verdad y la vida!

Dos cosas interesaban, interesan e interesarán siempre al hombre: el gran tema de la verdad y el gran tema de la vida. La verdad y la vida son dos polos del eje, podríamos decir, donde gira siempre toda la humanidad y anhela en agonía. Sin embargo este eje con los dos polos es el Jesús Cristo; ¡YoSoY la verdad y la vida! “He venido para hablaros de la verdad y dar testimonio de ella”. ¿Y cuál es la verdad Señor? ¡YoSoY la verdad!

Pero esto “YoSoY la verdad” significa que: esto que os digo y que os estaré apocaliptando-revelando será siempre verdadero”. Y en este caso es la verdad sobre el Dios, sobre el hombre y sobre el mundo; pero también lo que de ella proviene, el culto y la agapi (amor, energía increada) del verdadero Dios.

¡Por eso, amigos míos, sepan que fuera de Jesús Cristo hay profunda oscuridad! Veis lo que hacen los filósofos; luchan, luchan e intentan dar respuestas. Y no sólo son contradictorios entre ellos, sino cada uno es contradictorio de sí mismo. No saben que: “…se apartaron a vana palabrería, queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman” (1Tim 1,7). No obstante, si no sabemos y no tenemos nuestra opinión y no conocemos a Cristo, entonces nos encontramos en la profunda oscuridad. Tenemos que ser felices porque podemos conocer a Cristo, o por lo menos que estamos en el camino de conocerle.

Además el Cristo en el libro del Apocalipsis es “el testigo y mártir fidedigno” de lo que dirá, en general y especialmente en el libro del Apocalipsis. Lo mismo dice también el apóstol Pablo: “Fiel el logos de Dios y digno de ser recibido en plenitud por todos” (1Tim 1,15 · 4,9 · 2Tim 2,11 · Tit 3,8).

En muchas partes en el Apocalipsis, el Cristo se llama “testigo y mártir verdadero”. En concreto, vale la pena decirlo ahora, en el capítulo 3º dice: “Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo y mártir fiel y verdadero…” (Apo 3,14). Aquí vemos tres nombres de Jesús Cristo: “el Amín”, “el testigo fiel” y “el verdadero”. Pero mirad, otro solikismo, incoherencia gramatical: ¡el Amín! La palabra amín es hebrea y no toma artículo; ¡pero pone artículo! Artículo pondrá también el Apóstol Pablo y dirá para el Cristo que es “el Sí”, “el amín”, “el cierto” (2 Cor 1,19-20, Heb 2,2). Amín en hebreo quiere decir, así sea, ojalá que sea, esto es, tal como es, ciertamente. Así que aquí vemos tres sinónimos por acumulación, que indican la certeza de la fidelidad del Cristo.

Pero el Cristo, queridos míos, es “testigo fiel” también por una segunda razón: porque padeció el martirio, martirio por la cruz; subió encima de la cruz gracias al testimonio de la verdad.

Porque el testimonio de la verdad implica padecimientos y sufrimientos por parte del mundo dominado por el demonio, por esta razón la palabra martirio se convierte idéntico con la confesión de la verdad y también con los padecimientos. Así que cuando decimos mártir, entendemos que decimos y testificamos la verdad y que sufrimos martirio. Veis que la verdad cuando se ofrece al mundo se ofrece con el martirio. Por eso la verdad y el pasarlo mal están vinculados estrictamente, de modo que la misma palabra expresa las dos cosas.

Por eso el Evangelista escribirá en el libro del Apocalipsis: “Cuando el cordero abrió el quinto sello, vi debajo del altar vivos a los que habían sido degollados por proclamar el logos de Dios y por μαρ­τυ­ρί­αν (martiría) testimonio y martirio que habían dado(Ap 6,9). ¿Por qué fueron degollados? ¡Para el logos de Dios! Porque dieron testimonio y martirio para el Logos de Dios, por eso fueron degollados. Mucho más antes fue degollado Jesús Cristo, el Cual es el absoluto “mártir y testigo, el fiel”, porque nos ha traído la plenitud de la verdad, y gracias a ella fue el Protomártir (primer mártir y testigo), puesto que sufrió el martirio encima de la cruz.

El segundo nombre de Cristo es “el primogénito de los muertos”.

¿Habéis pensado, amigos míos, cuántos nombres tiene el Cristo? Muchísimos, multitud de nombres. Se llama “puerta” (Jn 10,9), se llama “ladrón” (Ap 3,3 · 16,15 · Tes 5,3-4 · 2Ped 3,10), se llama “pastor” (Mt 25,32 Jn 10, 11 y 14), y “mártir y testigo fiel”, se llama “el Amín” y “el verdadero” (Jn 14,16)… ¡Multitud de nombres dentro en la Santa Escritura! Todos estos nombres se refieren a la persona de Jesús Cristo.

Aquí pues tenemos un nuevo nombre: “el primogénito de los muertos”.

Aquí se da un testimonio extremadamente interesante: se certifica la identidad de éste que revela y habla a Juan. ¿Quién le está hablando? El Jesús Cristo. ¿Y qué le dice? Le dice que es el “protótokos, primer nacido de los muertos. Cierto que no nos dice esto, sino que nos dice que “tenéis la jaris (gracia, energía increada) y la paz de Jesús Cristo que es el primogénito de los muertos”. Pero más abajo el Cristo dirá a Juan: “YoSoY… el que siempre vive, y me hice muerto, y he aquí vivo o siempre vivo” (Apo 1,18). ¿Pero, Señor cómo es que vives?… “¡Resucité!” -pero siempre sobre Su naturaleza humana.

Así que, ¿quién es “el primogénito de los muertos”? Es el eterno Dios, que se ha hecho hombre, murió encima de la cruz, resucitó y vive eternamente como Θεάν­θρω­πος (zeánzropos) Dios y hombre.

De hecho en el pasaje 18 del mismo capítulo escribe lo siguiente: “YoSoY el primero y el esjatos-último y el vivo o el que siempre vive”. Aquí otro nombre de Cristo: “el primero y el ésjatos-postrero”. Pero cuando dice “YoSoY el primero y el esjatos-último y el vivo o que siempre vive”, habla como Dios, porque ningún hombre es “el primero y el ésjatos-postrero”, también el “A alfa y el Ω omega” no existe en ningún hombre sino sólo a Dios. (Apo 1,18). Nunca un hombre está en tiempo eterno presente viviente sino sólo el Dios. “…y me hice muerto, y he aquí vivo o siempre vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del hades”. Me hice muerto, ¿Pero cómo?, como hombre, he aquí estoy vivo, es decir, resucité, ¿pero cómo?, no como Dios ni como hombre, sino como Θε­άν­θρω­πος (zeánzropos) Dios y hombre; y vivo por los siglos de los siglos, que tengo las llaves de la muerte y del hades, es decir, soy el vencedor de la muerte y del Hades.

El Cristo se llama “el primogénito de los muertos”, y como dice muy bien Zigavinós, “como el primero del vientre explotado del hades en resurrección de vida otra vez y en vida eterna”, es decir, como si hubiera salido del vientre del Hades puesto que el vientre explotó. Diríamos como una mujer que da a luz no fisiológicamente, sino con una cesárea; o permitidme decirlo más violentamente aún, con una patada al vientre y el niño sale fuera. Esto indica la palabra “explotado”; es Aquel que ha bajado al Hades y destruyó “las cadenas de las entradas (o puertas) eternas” (Sal 106,16 y Jn 2,7), es decir, destruyó al hades que estaba allí encerrado y nadie podía salir de allí. Por lo tanto, el Cristo es el primero que salió del vientre explotado, de forma violenta del vientre de Hades.

Como “primogénito de los muertos”, describe a Cristo también el apóstol Pablo en su epístola a los Colosenses: “Él es también la cabeza del cuerpo, de la Iglesia, siendo el principio, el primogénito entre los muertos, para ser el primero en todo” (Col 1,18). ¿Por qué primero? Porque él es el primero en todo “todo fue hecho por Él” (Jn, 1,3) y nosotros seguimos: es el primer muerto que resucita y nosotros detrás, segundos, terceros…

Y se llama “primogénito, protótokos”, como dice otra vez el apóstol Pablo, en la epístola a los Corintios como “primicia” y garante también de nuestra resurrección. “Pero Cristo ha resucitado de entre los muertos como primicias de los que mueren (1Cor 15, 20). Por qué el Cristo se hizo primicia de los muertos o dormidos? Se hizo primicia, inicio, comienzo, primogénito, para que sigan muchos.

Y finalmente, el tercer nombre de Cristo: “el soberano de los reyes de la tierra”.

Este título-nombre es una repercusión de aquella famosa confesión del Señor delante del Pilatos, de que es realmente Rey. El evangelista Juan nos dice que el Señor responde a Pilatos: “36 Respondió Jesús: «Mi realeza increada y reinado no proviene de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo mis súbditos hubiesen luchado para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero el poder de mi realeza no proviene de este mundo ni está basado en las armas, sino del cielo.» Le dijo entonces Pilatos: ¿Luego tú eres rey? Respondió Jesús: «Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio y predicar de la verdad. Y todo aquel que siente la disposición y el anhelo por la verdad, escucha, acepta y aplica mi enseñanza y así se convierte en copartícipe de mi espiritual y celeste realeza increada». Le dijo Pilatos: ¿Qué es la verdad y quién puede encontrarla? Y cuando dijo esto, salió otra vez a los judíos y les dijo: “Yo no encuentro en él ningún delito” (Jn 18, 36-38).

Por lo tanto, amigos míos, ¡el Cristo es el Rey… es el Soberano de la Historia… es el Juez universal… es el Triunfador! Y exactamente este Su último nombre, “soberano de los reyes de la tierra” constituye también el tema del Apocalipsis y la idea central del libro.

Dice el apóstol y evangelista Juan: Estos aliados de la bestia “pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados, elegidos y fieles” Apo 17,14). ¿Y cómo y por qué los vencerá el Cordero? Porque es el “Señor de los señores y el Rey de los reyes”.

Aquí, hermanos míos, hemos visto tres determinaciones adjetivas -nombres de Jesús Cristo, que constituyen entre sí una escalera natural. “El que ha venido a dar testimonio y ser mártir de la verdad”, “El que ha muerto gracias a ella y el que murió, resucitó y venció la muerte” no solo para Sí Mismo, sino para todos los hombres; y “el que finalmente como Θε­άν­θρω­πος zeánztopos Dios y hombre se hace el Rey triunfador y Señor de todos los reyes y soberanos de la tierra.

Estos tres nombres de Jesús Cristo marcan en breve toda la trayectoria de Dios Logos en la Historia. Viene, da testimonio, sufre martirio y sale de la Historia, puesto que la lleva Consigo con Su resurrección y Su ascensión o mejor dicho, la metamorfosea, transforma en Realeza increada de Dios!…

Atención a esto que os he dicho: ¡Entra en la Historia, da testimonio y sufre martirio para la verdad, se resucita, y con el Juicio final toma toda la creación y la convierte en Realeza increada de Dios!… Decidme por favor: ¿qué libro fuera del Apocalipsis, que se ha escrito alguna vez en la filología universal, se podría comparar y ser más majestuoso, una obra de arte como este?… ¡Qué libro fuera del Apocalipsis?… ¡Temas enormes, grandiosos!

Amigos míos, si permanecemos en puntos teológicos y persistimos en ellos -lo diré por enésima vez, aunque lo he recalcado muchas veces- es porque debemos formarnos, edificarnos, elevarnos y debemos subir a lo alto. No nos quedemos sólo en pensar y decir simplemente “que soy un hombre bueno”, y así de esta manera vivir en una autosuficiencia espiritual, la cual no es otra cosa que una continua muerte por inanición. Sabéis que en el lenguaje de la Economía mundana existe este límite de inanición llamado starvation limit. Si hay este límite en nuestra vida espiritual es porque lo ponemos nosotros. Y ponemos el límite a esta inanición espiritual cuando queremos permanecer felices con las migajas de alguna gnosis (conocimiento) religiosa.

¡No, hermanos míos, NO! ¡Los hijos de Dios deben saciarse de pan de Dios! Y el pan de Dios es el pan bajado del cielo (Jn 6,33·41), el Dios Logos que se ha dado a Sí Mismo como “comida”(Jn 6,55), comida sensible, pera que podamos dentro de esta comida del “Pan celeste” ver a Dios Logos.

Por eso amigos míos, no protestéis si se os ofrece un poco más de teología. No es mucha, es poca teología, pero la que es el “Pan” que alimenta a los hijos de Dios. Amín.

Yérontas Atanasio Mitilineos

Copyright: Monasterio Komnineon de “Dormición de la Zeotocos” y “san Demetrio”

40007 Stomion, Larisa. Fax y Teléfono 0030. 24950.91220

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas) www.logosortodoxo.com

Unidad 4. Apocalipsis 1, 5-8 Preámbulo 2ª parte. Los axiomas de Cristo y de los fieles. La identidad del Cristiano que anhela al Juez.

“Jaris (Gracia, energía increada) y paz a vosotros… de Jesús Cristo el testigo y mártir, el fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, 1, 5 Y de Jesús Cristo que es el testigo y mártir absoluto y ha resucitado el primero de los muertos y se hizo el inicio de la resurrección de todos los fieles para la nueva vida. Él es el eterno Soberano y Señor de todos los reyes de la tierra. El que nos amó, y nos lavó y nos sanó de nuestros pecados con su sangre por su sacrificio cruciforme,

1, 6 y nos ha dado a conocer su propia realeza (increada) espiritual y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. 1,6 y nos ha dado a conocer su propia realeza (increada) espiritual), y nos hizo reyes y sacerdotes para ofrecer cultos y sacrificios hacia el Dios y Padre suyo; en Él que es Θεάνθρωπος Σωτήρας (zeánzropo y sotiras) Dios y hombre y Salvador (redentor y sanador) pertenece la doxa (gloria, luz increada) y el poder inquebrantable por los siglos de los siglos, amín.

Así termina el preámbulo del libro del Apocalipsis.

El Logos de Dios, amigos míos, el Jesús Cristo, sólo por amor fue “testigo y mártir, el fiel” y “el primogénito de los muertos”. Es decir, el Logos de Dios por eso se hizo hombre y entregó Su sangre encima de la cruz y nos ha sanado, limpiado, purgado de nuestros pecados, porque nos amaba. Lo subrayo: ¡Porque nos amaba! No hay otro motivo y razón fuera de la agapi (amor, energía increada) de Dios. Y el Dios para expresar esta agapi Suya, ha entregado en la Cruz a Su Hijo humanizado o hecho hombre.

Pero, amigos míos, no nos ha purgado y sanado sólo de nuestros pecados, algo que constituye el aspecto negativo de la agapi de Dios, sino que el Dios avanzó también positivamente a esta ofrenda Suya; y esta ofrenda positiva es que a nosotros que hemos creído en Él y hemos recibido Su sangre para que nos purguemos y sanemos, nos constituye en “sacerdocio real”.

Queridos míos, se trata de un pasaje excepcionalmente interesante, muy teológico y os rogaría que prestemos mucha atención a esta tesis, es decir, que el Cristo a nosotros en Su Padre, nos convierte y nos hace un “sacerdocio real” o un reinado de sacerdotes.

En principio, en este pasaje vemos con mucha certeza y claridad la esencia y la obra del Cristianismo. Aquí vemos que el Cristianismo no es una religión sino una Βα­σι­λεί­α vasilía Realeza increada, algo que es la esencia del Cristianismo -y que los Cristianos serán “reyes” y “sacerdotes”- que constituye la obra del Cristianismo. Si nos preguntan, ¿cuál es la esencia del Cristianismo? Responderemos: ¡Es Realeza increada! Y si nos preguntan, ¿cuál es la obra del Cristianismo? Diremos: ¡Convertir y constituir sus ciudadanos, es decir, sus fieles, en reyes y sacerdotes! (Realeza increada es un estado interior paradisíaco teniendo o participando de la Jaris energía increada y de la Doxa luz increada; Jaris y Doxa son sinónimas de un sentido parecido… ver: http://www.logosortodoxo.com/βασιλεια-του-θεου-vasilia-tu-zeu-realeza-de-dios/).

Me diréis que estas cosas son muy grandes. ¡De hecho, amigos míos, son cosas majestuosas, enormes! ¿Có,o de grandes? ¡Tan grandes como el cielo y la tierra!

Decidme pues: si alguna vez hayamos aprendido que ser Cristiano, significa que soy ciudadano partícipe de la Realeza increada de Dios o soy sacerdote y rey, como veréis a continuación del análisis, ¿entonces cómo podré estar diciendo que el Cristianismo es una religión como las llamadas religiones naturales? Y os he explicado que la religión física o natural se llama aquella que es por invención humana. Todas las religiones, amados míos, son por invención. Sí; ¡Pero el Cristianismo no es una religión, es apocálipsis-revelación, es Realeza increada!

Por consiguiente, yo el Cristiano no soy aquel que simplemente me acomodaré en mi vida. Pues, prestemos mucha atención y cuidado a esto. Cristiano no es aquel que paga sus impuestos, no molesta la policía, ni los tribunales, es decir, ciudadano bueno y útil. Desgraciadamente así nos hemos acostumbrado, creer que el Cristiano es un ciudadano bueno y útil. Esto por supuesto es una consecuencia o repercusión, es decir, que el Cristiano sea un ciudadano bueno y útil es otra cosa. ¿Pero para esto vino el Cristo al mundo, para hacernos hombres buenos y bondadosos, como decía Platón?… ¡Amigos míos, si el Cristo vino al mundo para esto, entonces os aseguro que sería innecesario y sobrante! Esto lo dicen también los Padres. ¡Sería sobrante que viniera el Cristo; ciudadanos buenos y útiles nos haría también Platón!

Pero amigos míos, el Cristianismo no es hacernos simplemente ciudadanos buenos y útiles, sino convertirnos y hacernos “reyes” y “sacerdotes” de Dios. Nunca lo imaginaron esto los que están fuera del Cristianismo, ni los mayores filósofos. Los Cristianos pues, son dignatarios, porque el Dios funda el reinado con la Realeza increada encima en la tierra para la gracia, favor de ellos y puedan participar de la energía increada.

Aquí haré una aclaración. Algunos quizás habréis entendido que posiblemente os voy anunciar la programación de algún partido político cristiano, que ahora a la espera de las elecciones generales deberéis saber qué votar, etcétera… ¡Nada de nada, no esperéis estas cosas nunca! ¡Cuando hablamos sobre la Realeza increada y el reinado de Dios sobre la tierra para nada damos a entender la manera y modo que lo perciben y entienden los partidos políticos, es decir, instalar al Cristianismo encima de la tierra, se distancia mucho de esto! Muchas veces os lo he analizado esto y no es el momento para volver hablar de esto, sólo epigramáticamente os digo esto: Lo que se distancia oriente de occidente, tanto se distancia la teología de la Realeza increada de Dios de los partidos políticos que se forman, emprenden y aspiran supuestamente instalar la realeza y reinado de Dios encima en la tierra.

Por supuesto conozco que posiblemente algunos hermanos no están de acuerdo con esto que digo. Pero no os digo esto para que estemos de acuerdo o no, sino lo que es la verdad. La verdad os digo. Además, en esta mesa estoy sentado para deciros la verdad. Porque si tuviera que deciros cosas que no son verdad sería inútil bajar cada día aquí en la ciudad (Larisa) para deciros otras cosas. No; sólo digo la verdad, tal y como los siglos la han vivido, interpretando el logos de Dios.

Entonces, oramos en el Padre: “Venga tu realeza” (Mt 6,10) (es decir, tu energía increada) y los Cristianos correinan junto con el Cristo, se convierten en “sacerdotes” que ofrecen su culto a Dios Trinitario.

Pero preguntaremos, ¿de dónde vienen estos axiomas, y los recibimos nosotros los Cristianos? Y como se trata de axiomas os ruego presten atención especial.

En principio la fuente de los axiomas es el mismo Señor Jesús Cristo.

El Señor viniendo al mundo como hombre, fue crismado de Su Padre con un axioma triple. Atención: ¡fue crismado como hombre! El Dios Logos no se crisma nunca por el Padre, porque es equivalente, igual que Él. Aquí hablamos sobre la naturaleza humana, es decir, sobre Jesús Cristo; y cuando decimos Jesús Cristo siempre entendemos la naturaleza humana. Jesús Cristo, pues, el Hijo y Logos de Dios hecho hombre, fue crismado por el Padre con un triple axioma; Profeta, Sacerdote y Rey.

Este axioma triple de nuestro Señor está testimoniado tanto en el Antiguo Testamento, como principalmente en el Nuevo Testamento. Sólo recurriré a un pasaje, este que estamos analizando ahora, para que percibamos y entendamos que realmente este triple axioma de Jesús Cristo está testimoniado.

La vez anterior, (unidad 3) habíamos analizado la triple definición adjetival «el testigo y mártir el fiel, el primogénito de los muertos y el rey de los reyes de la tierra μάρ­τυς πι­στός, πρω­τό­το­κος τῶν νε­κρῶν καὶ ἄρ­χων τῶν βα­σι­λέ­ων τῆς γῆς», que antes os he leído. Con la primera definición, «el testigo y mártir el fiel μάρ­τυς πι­στός», se atribuye al axioma profético de Cristo, porque vino a dar testimonio y martirio sobre la verdad y decir cuál es ella, es decir, vino hablar sobre la verdad.

Profeta no es sólo aquel que habla sobre el futuro. Es muy estrecha, corta la idea de que profeta es aquel que habla del futuro. En el sentido amplio del término profeta es aquel que habla de Dios; éste es el profeta. La palabra profeta se encuentra en la filología helénica pre-cristiana; también en Homero existe la palabra profeta. La profecía no es siempre aquel que predice el futuro, sino generalmente el que habla. Naturalmente, muchas veces, puede decir algo también sobre el futuro. La palabra προ­φή­της profitis profeta es del verbo πρό­φη­μι prófimi, que quiere decir predigo. La profecía no siempre es algo que predigo de antes, sino simplemente decir o hablar. La mayor parte de la obra de los Profetas no se refiere al futuro, sino al presente. Os lo había dicho en la introducción de las homilías que hicimos este año.

Por tanto, el Cristo es «el testigo y mártir el fiel μάρ­τυς πι­στός» -Su axioma profético- que vino a dar testimonio y martirio para la verdad; de hecho es el Διδάσκα­λος didáskalos Maestro de cosas celestes.

Con la segunda definición, «el primogénito de los muertos πρω­τό­το­κος τῶν νε­κρῶν», se atribuye el axioma sacerdotal de nuestro Señor, en el cual el mismo Señor el Sacrificador (oficiante) y el Sacrificio o la Víctima, es el Ofertante y el Ofrecido, tal y como decimos muy característicamente en la Divina Liturgia, el que ofrece y se ofrece. ¡Por supuesto que es incomprensible cómo es Sacrificador (oficiante) y Sacrificio o la Víctima! Pero esto es comprensible sólo en la naturaleza divino-humana de Cristo.

Y con la tercera definición, «el rey de los reyes de la tierra ἄρ­χων τῶν βα­σι­λέ­ων τῆς γῆς», se atribuye Su axioma real o soberano, de que es el Rey o Soberano de los reyes o de los soberanos.

Estos tres axiomas de Cristo, amigos míos, el profético, el sacerdotal y el real, nos aseguran nuestra sanación, redención y salvación. Con el primer axioma, el profético se apocalipta-revela el verdadero Dios. Con el segundo, el sacerdotal, es la humanidad acreditada y aportada a Dios. Cuando por ejemplo, tomamos el santo Cáliz y el santo Discario o Patena, exponemos y referimos a nuestros regalos hacia Dios, santiguándolos en forma de cruz. El verbo nos “exponemos” significa que me elevo y los dirijo, oferto hacia Dios. «De los tuyos para Ti te ofrecemosΤὰ σὰ ἐκ τῶν σῶν σοὶ προσ­φέ­ρο­μεν». Pero aquí hacemos una referencia a toda la humanidad. Esta anáfora-referencia la hizo el Cristo encima de la cruz; la hizo sacerdotalmente, es decir, como sacerdote hizo e ofició. El Cristo encima de la cruz ofició la naturaleza humana al Padre; o más exacto aún: al Padre, al Logos y al Espíritu Santo. Y con el tercer axioma, el real, la creación se convierte en verdadero reinado de la Realeza increada de Dios, dominación verdadera de Dios.

Pero también con el Bautismo y el Crisma o Unción que uno recibe, se incorpora al Cuerpo de Cristo, a la Iglesia. De esta manera cada fiel obtiene en un grado también los tres axiomas de Cristo. El Cristo Profeta, Sacerdote y Rey, y también el fiel en un grado se convierte en profeta, sacerdote o cura y rey.

Así pues, esto significa que el hombre toma estos axiomas de Cristo, el Cual los ha tomado del Padre, cuando fue crismado con este triple axioma. Pero precisamente, puesto que nosotros tomamos de Cristo estos tres axiomas, podemos ver y entender esto que dice el evangelista Juan en el Apocalipsis inmediatamente después: «nos ha dado a conocer su propia realeza (increada) espiritual y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios» (Ap 1,6). ¿Pero cuándo nos hizo reyes y sacerdotes de Dios? Desde el momento que el Cristo se hizo y se mantuvo testigo y mártir, el fiel”, se hizo y se mantuvo el primogénito de los muertos y se hizo y se mantuvo el rey de los reyes”.

Esta tesis ya existe en el Antiguo Testamento. El mismo Dios dice a través de Moisés lo siguiente: “Y vosotros me seréis un reinado de sacerdotes, y gente o nación santa” (Ex 19,6) ¡Qué bello! Estas palabras dice a Moisés que diga a los Israelitas. ¡Podéis captar, amigos míos, qué significa «reinado de sacerdotes, y gente o nación santa βα­σί­λει­ον ἱ­ε­ρά­τευ­μα καὶ ἔ­θνος ἅ­γι­ον»!…

Y por el profeta Isaías el Dios dice: “Y vosotros seréis llamados sacerdotes del Señor, ministros o servidores de nuestro Dios se os denominará; Comeréis las riquezas de los pueblos y os adornaréis con su magnificencia” ( Is 61,6). La primera frase dice que “os haréis sacerdotes de Dios”. Pero la segunda frase “comeréis las riquezas de los pueblos y os adornaréis con su magnificencia” no significa que obtendréis riquezas y con estas riquezas seréis los amos del mundo y acumularéis todas las riquezas, como lo mal interpretan los judíos, sino que os convertiréis en reyes.  -¡ay benditos hombres… oh, desgraciados… cuánto y cómo han tergiversado el logos de Dios!- El significado correcto de “rey” y “sacerdote” se nos dará sólo por Jesús Cristo. Si no tenemos la presencia de Cristo, entonces, estudiando el Antiguo Testamento sin la luz increada del Nuevo, por supuesto que entonces fácilmente podemos interpretar la Santa Escritura de manera chovinista, nacionalista y racista, y decir: ¡He aquí, para nosotros que somos judíos, la Escritura dice que nos convertiremos en dueños, amos del mundo y ricos!… ¡Cosas terribles, paranoia horrible y mala interpretación del logos de Dios!

Sobre esta base, amigos míos, se mueven los judíos. ¡Son deplorables y lamentables! ¡Realmente lamentables!… Alguna vez se harán los amos del mundo pero no lo disfrutarán. Escuchad bien: ¡se harán los amos del mundo, seguro! Ellos traerán el anticristo. Pero apenas lo consigan se consumirán, se desgatarán, por consiguiente no disfrutarán ni se alegrarán de nada. Realmente en vano y en vacío se esfuerzan. Es aquello que dice el 2º Salmo: El que habita en el cielo se reirá, el Señor se burlará de ellos” (Sal 2,4). Es como una expresión humana pasional, es como si el Dios les dijera: “¡Pobres y desgraciados hombres… Tanto esfuerzo, tantos siglos…! Tantos siglos lucháis para ser los amos del mundo. ¿Qué habéis ganado? Ha llegado el final y qué habéis ganado…”. No tomemos, pues, la profecía de Isaías con este concepto. Pero vamos a avanzar.

En el Nuevo Testamento, amigos míos, el apóstol Pedro toma las cosas del Antiguo Testamento y las renueva con el Nuevo de la siguiente manera: “Vosotros –los Cristianos, ya no la Sinagoga- sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz increada y admirable” (1Ped 2,9). Así que “el pueblo santo” y “el sacerdocio real” no es ya para los judíos sino para los cristianos! Esto es. Esta es la luz del Nuevo Testamento. ¡La cosa toma nueva dimensión!

¿Veis en alguna parte que haya el elemento material? ¡En ninguna parte! Por eso diríamos exactamente que los que querían hacer partidos políticos cristianos regresan atrás al Antiguo Testamento; tanto si lo entienden como si no, consciente o inconscientemente, caen al mismo error que han caído los judíos. ¡Exactamente al mismo error!

Por consiguiente cada fiel que está bautizado y crismado con la santa Mira, es profeta, sacerdote y rey.

¿Pero qué significa que yo, el Cristiano, que me he bautizado y crismado soy “profeta, sacerdote y rey”? ¿Qué significa esto?

Primero, sobre el axioma del “profeta”.

Significa que tengo inspiración del Espíritu Santo y múltiples carismas. Por eso el evangelista Juan en su 1ª Epístola universal asegura a los nuevo-iluminados y dice: “Vosotros tenéis el crisma o crismación del Espíritu Santo y lo conocéis todo” (1Jn 2,20). ¿Qué conoce uno exactamente? Aquellas cosas que son para su sotiría (redención, sanación y salvación). A estas conoce. Conoce el engaño del mundo, conoce los métodos del Diablo, conoce las trampas de sí mismo, y se le está abriendo el camino para ver su interés y sobre todo su interés y beneficio espiritual.

El Espíritu Santo, pues, que Lo recibimos con el Crisma o Unción y así tenemos el axioma del “profeta”, es nuestro Maestro interior que nos abre la mente para que entendamos la salvíficas verdades y nos ayuda a liberarnos de los engaños del mundo y entender sus malas astucias y trampas.

Cuánto importante es esto, amigos míos, -¡no sé cómo y cuánto fuerte tengo que gritarlo para que lo escuchéis!- lo entendemos cuando vemos cómo actúan algunos hombres que están fuera del Cristianismo o son Cristianos que han apagado el Espíritu Santo (1Tes 5,19) y han anulado el Crisma que han recibido; y lo han anulado y desgraciado porque viven, se mueven y piensan secularmente, mundanamente. Y uno ve las cosas absurdas, tontas, peligrosas y destructivas que imprudentemente transcurren, y dice: “¿No tienen cabeza estos hombres?… ¿No ven?… ¿No entienden?…

Hoy me he fijado en un pasaje del Salmo 118, y es la tercera vez que lo digo hoy, y dice allí: “He visto los hombres permanecer imprudentes e insensatos y comencé a fundirme en mi interior” (Sal 118,158). ¡Realmente se funde uno cuando ve que domina la nimiedad y la insensatez en su alrededor!

Si vierais, por ejemplo, uno que se ha subido y acomodado en la rama de un árbol sentado con toda comodidad y seguridad, y teniendo en su mano una sierra cortando la rama, ¿qué diríais?… ¡Tomemos pues, esta cosa un poco agrandada, y decidme: como país heleno, estamos cortando la rama que estamos sentados o no! ¡Pues amigos míos, la estamos cortando! ¡Echad una ojeada a la  παι­δεί­α (pedía) enseñanza, educación y veréis la profunda crisis que pasa! ¡Profunda crisis pasa nuestra παι­δεί­α (pedía) enseñanza, educación! ¡Echad una ojeada a las costumbres y a los valores que se introducen diariamente en nuestra vida social y particular, cómo empieza a pensar y vivir el Nuevo-heleno. Todos estos elementos y acontecimientos que han vivido los pueblos, cuando entraron al espacio de la decadencia. ¡Todo esto son señales y signos de decadencia!

Ya se han recalcado estas cosas por los filósofos, es decir, hombres que podían observar un poco a Europa, ya desde el siglo pasado veían una Europa estando en muerte lenta, moribunda. ¡Y nosotros tomamos todas estas cosas y las copiamos como la última palabra del progreso y de la prosperidad!… ¿Aquí exactamente  es donde uno ve que nosotros vamos hacia la muerte, hacia el precipicio!… ¡Y los hombres no lo ven esto… no lo ven!… y te sobrecoge en tu interior un sentimiento raro y curioso! ¡Realmente te fundes en tu interior cuando ves actuar con la forma que actúan los hombres y como sociedad yendo hacia el precipicio!

De aquí entendemos qué quiere decir “tengo el crisma del Espíritu Santo, soy profeta”, siempre en el sentido amplio de la palabra. En otras palabras, ¡tengo como Maestro el Espíritu de Dios, y puedo ver, razonar y juzgar correctamente, teniendo por lo menos este nus espíritu común, diríamos, que me regala el Espíritu de Dios! ¡Pero nosotros no tenemos ni siquiera el nus común!… Y muchas veces pensamos que hablamos en nombre de una sobrante y profunda sabiduría, mientras que se trata de tontería y nimiedad; un atontamiento profundo, según Pablo: “el Señor atonta aquel que quiere perderse”. ¡Se ve que el Dios ha decidido permitir nuestra destrucción. Realmente nos hemos convertido en tontos, y esto porque hemos abandonado a Dios!

Lo he dicho simplemente como un ejemplo, para que entendáis qué quiere decir tengo el axioma del “profeta”, es decir, tengo como Didáscalos-Maestro el Espíritu Santo que me ilumina cómo debo avanzar.

Segundo, sobre el axioma de “sacerdote” o sacerdocio real.

Aquí se debe hacer una aclaración. Este sacerdocio, santidad general que hay en los fieles, según lo: “y nos ha dado a conocer su propia realeza (increada) espiritual y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios”, donde cada bautizado es también un “sacerdote”, este sacerdocio general no sustituye el Sacerdocio litúrgico o funcional, por lo tanto, no se aparta el Misterio del Sacerdocio, como desgraciadamente hacen los protestantes. Ellos aceptan un sacerdocio general sin tener el especial, por eso también han anulado el Misterio o Ministerio del Sacerdocio.

Debo deciros que el Misterio del Sacerdocio es misterio de la Iglesia y como tal es misterio de la sotiría (sanación, redención y salvación); por eso el Misterio del Sacerdocio se celebra durante la Divina Liturgia. La Divina Liturgia proviene del Sacerdocio, está contenido por el Sacerdocio y a la vez consiste el Sacerdocio. Por favor, atención a este punto. Es decir, el sacerdote o el pontífice celebra la Divina Liturgia con la fuerza y energía del Sacerdocio y a la vez dentro en la Liturgia se obtiene la Santidad. Por eso, el Misterio del Sacerdocio se discierne pero a la vez se identifica con el misterio de la Iglesia. Se discierne y se identifica. ¿Es muy importante esto!

Exactamente esto han anulado los Protestantes. Por eso en realidad, como han anulado el sacerdocio, no tienen Iglesia. Los Protestantes no son Iglesia, son comunidades cristianas. Lo repito: no son Iglesia. Y si hablan de Iglesia protestante mienten o hablan fraudulentamente. Y no son Iglesia, lo repito una vez más- porque no tienen el Misterio del Sacerdocio con el sentido y significado especial de la palabra.

Como habéis visto lo he recalcado bastante. Espero que haya explicado claramente el sacerdocio general y el sacerdocio especial.

¡Pero tanto el sacerdocio general como el especial, comienzan de Cristo y acaban en Cristo; pero cada uno tiene su propio camino. ¡Por ninguna razón uno sustituye al otro!

El fiel, como “sacerdote” con el sentido general del sacerdocio, contribuye al sacrificio del santo Altar. En principio contribuye con sus ofrendas materiales.

Cuando el fiel trae en el templo su prósforo o pan de ofrenda y su vino, estos los dona al sacerdote, así con esta ofrenda contribuye a la ofrenda del sacerdote en sentido especial, que se hará a Dios. Cuando el sacerdote tome el santo Discario que dentro está el cordero, es decir, el pan, -aún es pan, no es Cuerpo de Cristo- y dirá “de lo tuyo para ti te ofrecemos”, esto amigos míos se lo han traído los fieles.

Es decir, tenemos una cadena de ofrendas: el fiel ofrece el pan; lo amasa, lo ha asado al horno y lo trae a la Iglesia. A continuación lo toma el sacerdote y hace la anáfora definitiva. La primera anáfora, pues, la hace el fiel en el sentido general, en cambio la definitiva, la hace el sacerdote con el sentido especial. Así pues, vemos que el fiel con el sentido general de sacerdote, él ofrece también sus regalos materiales.

Aún más contribuye el fiel al sacrificio de la santa Mesa con su colaboración espiritual con el sacerdote. Es decir, lo que ofrece el fiel lo ofrece especialmente por y junto con el sacerdote. Atención, por el sacerdote, es decir, con las manos del sacerdote y junto con él. Para que me entendáis mejor, esto que decimos ahora os lo mostraré de hecho o en praxis.

¿Puede el sacerdote celebrar solo? Es decir, ¿puede tomar el pan de ofrenda, abrir el templo, entrar y decir, “Bendita sea la realeza de Dios” y empezar la Divina Liturgia? No puede. No se puede. No por razones técnicas, -es decir, quién va a psalmodiar, y quién de fuera va a decir el “Amén” y el “Kirie eleison”- sino por razones eclesiológicas. Está prohibido que el sacerdote celebre solo la Divina Liturgia sin que haya por lo menos un fiel. ¡Se prohíbe! Lo vuelvo a decir, no por razones técnicas, sino por eclesiológicas. Sin embargo, ¿cuáles son estas razones eclesiológicas? Todo esto que os estoy diciendo tanto rato.

Es decir, yo que también soy sacerdote, decir en un momento que no puedo celebrar solo la Divina Liturgia. No; debes estar también tú, el laico, porque mi Sacerdocio y el tuyo deben juntos celebrar la ofrenda a Dios. En otras palabras, el elemento laico que tiene el sacerdocio general debe estar presente! Por eso el laós-pueblo comulga también del Cuerpo y Sangre de Cristo, igual que el sacerdote.

¿Sabéis por qué lo digo esto? ¡En la iglesia Romanocatólica los fieles no comulgan con Sangre de Cristo sino sólo con Cuerpo! (Por favor informaos y formaos para que sepamos dónde nos encontramos. Antes os hablé de los protestantes y ahora os hablo sobre los romanocatólicos). ¿Qué significa esto? Significa que dan privilegios al clero los cuales el laós-pueblo no los recibe no los toma. Por eso el sacerdote romanopapista puede celebrar solo, cada día, en su habitación, pocos minutos, casi unos diez –además que la Liturgia de los romanocatólicos papistas es de diez minutos hasta una hora- ¡en diez minutos celebrar la Liturgia, comulgar solo e ir a su trabajo!

Estas cosas nuestra Ortodoxia no las conoce. Al contrario, los romanocatólicos han avanzado erróneamente e ignoraron el pueblo-laós. ¡Pero la presencia del laós, del elemento laico es de importancia fundamental! Y nuestra Iglesia lo expresa esto de la siguiente manera: no puedes, oh sacerdote, celebrar la liturgia si no hay otro en el interior, por lo menos en el interior debe haber uno más que esté presente. ¿Veis cuán importantes son estas cosas!… Pero avanzo.

Debo deciros aún que la lengua de la Iglesia se ha compuesto en primera persona plural. ¿Qué significa esto? ¿Quizás signifique que el tipo o forma de la Liturgia pretende tener más que un liturgo o ministro, al estar compuesta en primera persona plural? No. Significa que está presente el laós-pueblo; significa que todo el mundo clero y pueblo, la Iglesia entera ofrece su anáfora a Dios.

El apóstol Pedro llama a los fieles “rocas o piedras vivas”, quienes se edifican “como rocas vivas”, como dice en su primera epístola, de manera que sean la “casa espiritual” (1Ped 2,5).  Y el apóstol Pablo llama a los fieles “¡templos del Espíritu Santo!…” (1Cor 2,5).

Guardad esto: “¡Soy templo del Espíritu Santo!…”. ¿Qué quiere decir soy templo del Espíritu Santo? ¡Quiere decir que en este “templo vivo de Dios” cada fiel es para sí mismo el “templo”, su guardián y su sacerdote! ¡Cada fiel es “templo del Dios vivo”! Muchas veces nos lo ha dicho esto el apóstol Pablo (1 Cor 3,16·.17 · 6,19 · 6,16, etc.). ¡Cuando habla sobre templo, da a entender también al sacerdote; ¿quién es el sacerdote?, yo soy templo, yo soy sacerdote y yo también soy guardián del templo de Dios, es decir, de mi mismo! ¿Entendéis qué significa esto?

En el Antiguo Testamento, amigos míos, el sacrificio que se ofrecía tenía su sentido; substituía al culpable. El hombre tomaba una oveja, iba y la ofrendaba en sacrificio, en vez de sacrificarse el mismo. Es decir, se derramaba la sangre del animal. Y de esta manera se hacía la ofrenda del culpable, el sacrificio; se sacrificaba la oveja que no tenía ninguna culpa, en vez de sacrificarse el hombre. Así se debería hacer; se derramaba la sangre de un animal, porque de otra manera los hombres deberían suicidarse, algo que naturalmente el Dios no lo quería. Pero aquí ahora tenemos un sacrificio mucho más allá del que había al Antiguo Testamento. Entonces tomaban una oveja y la sacrificaban y estaban conformes ante el Dios. Pero ahora no. ¡El sacrificio del culto que sacrificamos ahora a Dios es nuestro sí mismo, es nuestro propio yo!

Escuchad cómo lo dice esto el apóstol Pablo en la epístola a los Romanos: Hermanos, os ruego, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y consagrado, agradable a Dios; éste es el culto lógico que debéis ofrecer (Rom 12,1).

En concreto el verbo ofrendar tiene dimensión litúrgica. Es exactamente como el prósforo o pan consagrado de ofrenda que traerán los hombres para presentarlo aquí a Dios, yendo allá a la Entrada Norte. Antiguamente se entregaba en la Bella Entrada o Puerta, y en concreto en el momento que se iba a leer la lectura Apostólica. Lo que queda de esta ofrenda del pueblo es cuando el sacerdote sale en la Bella Entrada o Puerta e inciensa; porque las cosas que ofrecen los fieles las inciensa el sacerdote y las tomaba llevándolas dentro. Por tanto, esto es ofrendar, ofrecer, es decir, hago una presentación de mis regalos. Por eso el apóstol Pablo utiliza la palabra ofrenda; es de una dimensión litúrgica y es del Antiguo Testamento (Num 23:3·15)

¿Pero qué vais a ofrecer y presentar? Vuestras ofrendas (prósforos, pan consagrado de ofrenda) y vuestros vinos; Pero atención; ¡nuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, nuestro culto lógico y espiritual! ¡Así que me ofrecerá, pues, a mí mismo! Pero entonces, si me ofrezco a mi mismo, soy “sacerdote”.

Dice también el apóstol Pablo: “vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesús Cristo” (1Ped 2,5).

Así pues, el sacrificio del fiel que hace de sacerdote, en el sentido general sacerdote, es decir, todos los laicos, es:

Primero, “sacrificio de alabanza” y el “fruto de los labios” que escribe el apóstol Pablo en la epístola a los Hebreos.

Dice allí: “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de Jesús Cristo, sacrificio de alabanza, himnos con nuestra boca, es decir, fruto de nuestros labios que confiesan su nombre” (Heb 13,15). Es decir, cantos, alabanzas y psalmodias a Dios y confesamos Su santo nombre. Veis el verbo ofrecer, ofrendar, del cual es también la oración de la santa Anáfora-palabra litúrgica. También vemos que no dice “fruto de nuestro corazón”, sino “fruto de nuestros labios” o sea cantar a Dios con nuestros labios.

Segundo, sacrificio de justicia.

Dice el Salmo 50: “Tú no quieres ofrendas, ni holocaustos, si te los ofreciera, no los aceptarías. El sacrificio que Dios quiere es un espíritu contrito, un corazón contrito y humilde, tú, oh Dios no lo desprecias… Entonces aceptarás los sacrificios justos –holocaustos y ofrendas perfectas- entonces se ofrecerán novillos en tu altar” (50:18,19, 21). Es decir, si realmente quisieras sacrificio, te lo daría, dice el fiel. Pero Tú aunque Te ofreceremos holocaustos que son animales que ponemos al altar para quemar, no te agradarás. Sacrificio gustado a Dios es el espíritu contrito, quebrantado por la verdadera metania. El corazón que se ha quebrantado y humillado por la verdadera metania el Dios nunca lo rechazará, ni lo expulsará.  Entonces te agradarás y querrás y aceptarás también el sacrificio de justicia y el sacrificio de la anáfora-afrenta y los holocaustos. (Ver http://www.logosortodoxo.com/μετανοια-metania/)

¿Qué es pues, este sacrificio de justicia? Todo el pasaje nos dice lo siguiente: es sacrificio de metania, ¡esto es un gran sacrificio hacia el Dios! Es el sacrificio de la metania, porque con nuestro pecado hemos despreciado y afligido a Dios y el Espíritu Santo (Ef 4,30).

Además “justicia” quiere decir virtud; es el sacrificio de la virtud. ¡Al sacrificadero con los carbones, los carbones de mi ofrenda que me están quemando dentro, pondré mis virtudes para que se hagan incienso que suban al Cielo!

Dice en el Salmo nuestro, esto conocido por nosotros: “Señor he clamado- que mi oración sea dirigida como incienso ante tu presencia” (150, 2). No Te ofrezco incienso, Te ofrezco mi oración. Señor, si quieres Te ofrezco también incienso junto con mi oración. Pero tal y como en este momento sube el incienso, así que suba mi oración, y así  suban también mis oraciones y mis virtudes, es decir, mi santidad.

Así que el sacrificio de justicia, pues, es sacrificio de las virtudes, ofrecerlas para que yo sea hombre santo.

Y finalmente el sacrificio de la misericordia o caridad. Dice el apóstol Pablo a los Hebreos: Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios (Heb 13,16). ¡Así que esto es sacrificio y sobre todo agradable a Dios! Efectivamente así es.

Por lo tanto, amigos míos, tenemos el sacrificio de “alabanza”, es decir, “fruto de los labios”, el sacrificio de justicia, o sea, de la metania y de las virtudes, y el sacrificio de la caridad o misericordia. Por consiguiente tenemos este amplio sacerdocio general.

Y tercero, sobre el axioma de “rey”.

En el Bautismo recibimos el lazo o arras de nuestra promesa o herencia, el sello del Espíritu Santo (Ef 1,13). Lo escuchamos característicamente allí cuando el sacerdote dice: “Sello regalado por el Espíritu Santo” (Oficio del Bautismo). Pero sello quiere decir algo que se marca encima de nosotros. Esto es la marca; en el Apocalipsis más abajo, mucho más tarde, quizás el año que viene, no lo sé, cuando el Anticristo, “la bestia” estará poniendo su propia marca (Apoc 13, 16-18), veremos que los fieles también tendrán su propia marca (Apoc  7,3 · 9,4). ¿Cuál es esta marca?

No os digo ahora sobre el el Anticristo y cuál es la “marca de la bestia o del Anticristo”; os digo sólo cuál es la marca del fiel: es la cruz, con la que se marca espiritualmente el hombre y toma el sello del Espíritu Santo. Esto por supuesto con su libre elección y aceptación, bautizarse y hacerse Cristiano.

Así que cuando recibimos este sello del Espíritu Santo, entonces nos hacemos hombres que recibimos una promesa, unas arras de que nos convertiremos y nos haremos reyes. ¡No sirvientes sino reyes! ¿Queréis verlo?

En el libro del Apocalipsis dice: “Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro presbíteros, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas” (Apoc 4,4). ¿Por qué veinticuatro? Es dos veces el doce, que significa la multitud y son todos los fieles. ¿Y por qué Presbíteros? ¡Para mostrar la madurez de la santidad! “Y vi sentados en los tronos veinticuatro presbíteros, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas” (Apoc 4,4). (¡Cuando venga la hora o momento avanzaremos en las visiones de san Juan el Evangelista, y veréis allí qué grandeza existe en esto!) ¡Por consiguiente, el fiel no es sirviente-dulos sino coronado! ¡Está coronado, es rey!

Esto lo dice también el Señor: “Los justos brillarán como el sol en la realeza increada del padre de ellos” (Mt 13,43).

¿Pero qué significa que aquí en la tierra tenemos el axioma real? Me diréis: En el Cielo sí, de acuerdo. ¿Pero aquí en la tierra qué sentido tiene esto? Significa que reinamos sobre nuestros pazos y ser señores de toda la creación entera.

Cuando el Dios dijo a los primeros en ser creados que sean señores de la creación y la dominen (Gen 1,28), no daba a entender conquistar la creación en el sentido que lo decimos y conquistamos hoy. ¡Atención a este punto; porque hoy en día la conquista de la creación es la apertura de nuestra tumba! Cuando conquisto la energía atómica, abro mi tumba, me enfermo y muero de cáncer, porque la radiactividad mata. Cuando conquisto los secretos de la creación y los exonero, libero para utilizarlos, ellos me matan. ¿Tenéis duda de esto? ¡Esto que respiramos, nos mata! ¡Esto que comemos, nos mata! ¡Esto que bebemos nos mata! Antes estas cosas no nos mataban; pero ahora que conquistamos los secretos de la naturaleza, estos nos matan. Por tanto, no es esto; sería extraño que el Dios dijera que nos hiciésemos conquistadores de la creación, y que esta conquista nuestra al final nos nos vaya matando. No es esto. Domino, conquisto la creación quiere decir que: Yo soy el puntal, la cúspide de la creación. No existe ninguna creación que está más arriba que yo. Todo esto, el resto está más bajo que yo. Soy el superior, el señor de la creación.

Mirad y veréis que cualquier asceta nuevo o antiguo, no tiene ninguna propiedad o fortuna material; y a pesar de esto es el dueño o señor de la creación. ¿Por qué es el señor de la creación? ¡Porque hasta las bestias también obedecen y se someten a él, toda la creación entera!

Dice el libro Gerontikón, por ejemplo, que una vez cuando unos visitantes fueron al Abad Moisés el Etíope y allí al desierto no tenía agua para ofrecerlos; quería hervir unas legumbres para ofrecerlas, ¿pero cómo iba hacerlo? Sale fuera de la tienda, pone un recipiente y dice: Señor, mándame un poco de agua. Inmediatamente vino una nube y llenó de agua el recipiente. Lo tomó. Hirvió las legumbres y las dio a los visitantes.

Esto quiere decir que “soy rey de la creación”. Por supuesto que no de manera autónoma, que libere los secretos de la naturaleza y que ellos me estén matando. ¿Qué quiere decir de manera autónoma? Quiere decir que opero como si no existiera el Dios. Soy pues, señor de la creación, pero debo conocer que por encima de mí está el absoluto Señor, el Dios.

Pero tengo el axioma real aquí en la tierra, significa que soy señor también sobre mis pazos. ¿Quién gobierna mis pazos? ¡El soberano nus! “Y con espíritu hegemónico, soberano apóyame, sostenme” (Sal 50,14). Soberano quiere decir rey. Por lo tanto, con nus como rey, sostenme. Que sea mi nus rey y él gobierne mi existencia. Que no me convierte esclavo de los hombres, ni esclavo de las ideas, ni tampoco esclavo de la materia. Esto pues, quiere decir tener el axioma de rey desde la vida presente. (ver http://www.logosortodoxo.com/πάθος-pazos-y-ἀπάθεια-apazia-sin-pazos/ )

* * *

Pero el Cristo, amigos míos, Quien nos hace reyes y sacerdotes, viene. “He aquí viene…” ¿Cómo escucháis esta palabra “viene”. Para los fieles es una apertura: ¡“Viene”!

“He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le crucificaron y traspasaron con la lanza; y todos los linajes o naciones de la tierra se lamentarán por él. Sí, amén.  Yo soy el Alfa y el Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y el que siempre era y es y el que siempre viene (o ha de venir), el Todopoderoso” el Pantocrátor (Apoc 1, 7-8).

Los versículos 7 y 8 que os he leído ahora, amigos míos, cierran el preámbulo y constituyen también la idea central de todo el libro. Lo mismo muchas veces también sucede en las epístolas del apóstol Pablo, que al principio o preámbulo tienen la idea central de la epístola.

¿Cuál es la idea central del libro del Apocalipsis? Es la Segunda Presencia-Parusía de Cristo. Este es punto céntrico, sobre el cual se estarán girando todas las cosas que nos dirá y presentará el libro del Apocalipsis. “¡El Cristo viene, el Cristo viene!…”

Con la introducción del “he aquí”, quiere llamarnos la atención a esta idea central. Esto lo acostumbra mucho la Santa Escritura. “He aquí” dicen los santos Evangelistas, es decir !he aquí…pasó esto, sucedió lo otro!  Por tanto, efectivamente aquí de repente nos dice: ¡“He aquí viene”! Esto, como os he dicho, es la parte principal del libro del Apocalipsis.

He aquí que viene con las nubes del cielo, y todo ojo le verá, y los que le crucificaron y traspasaron con la lanza a Cristo, ellos se estarán golpeando sus cabezas y sus pechos viendo a Quién traspasaron la lanza”; ¡Con esta descripción exactamente tenemos una admirable imagen del Cristo que viene, y a la vez una representación, imagen-icona terrible!

Aquí se encuentran dos profecías cristológicas. Las dos pertenecen al Antiguo Testamento, y están en combinación con esto aquí. Una pertenece al profeta Daniel 7,13 y la otra al profeta Zacarías 12, 10-14. Estas dos profecías son el detonante y causa de la descripción de esta visión divina y a la vez profecía que el evangelista Juan nos expone y cierra su preámbulo.

Pero el tema es muy grande. Antes de avanzar me gustaría deciros algo. Cuando alguna vez sentamos y percibamos que el “Cristo viene”, -pero que llegue,  y que no sea un sentimiento emocional, sino que sea una cosa allegada al corazón, ¡entonces nace un anhelo, una esperanza, una nostalgia!…- ¡entonces nada nos detiene en la vida presente! No es que deseamos morir e marcharnos; no; sino simplemente que… ¡“el Cristo viene”! Esta es una esperanza muy profunda, muy honda…

Es una cancioncita bella de las Escuelas Catequéticas que dice que el Cristo viene otra vez en la tierra. Las veces que escucho esta cancioncita de verdad me emociono.

Queridos míos, debemos empezar a sentir esta experiencia en nuestro interior: ¡“El Cristo viene”! ¡Siempre viene! Esta era la experiencia que vivió la primera Iglesia cristiana, los primeros cristianos. Con esta experiencia vivió la Iglesia, con esta experiencia ha dado Mártires y también Santos/as. ¡Pero también con esta experiencia, amigos míos, volverá a dar Mártires y Santos! ¡Lo deseo, lo espero y bendigo con todo mi corazón!

Como hemos dicho, pues, este fragmento contiene dos profecías cristológicas del Antiguo Testamento; una del profeta Daniel y la otra del profeta Zacarías.

Sobre la primera, la profecía de Daniel que vivió el 6º siglo a. C., vemos que el profeta no vio sólo la primera venida de Cristo sino también la segunda. En concreto el ojo profético penetra a los ésjatos-últimos tiempos de la historia, y al capítulo 7º nos dice las siguientes cosas: “Miraba, contemplaba yo en visión de la noche, y he aquí venía uno con las nubes del cielo que parecía como un hijo de hombre, que vino hasta delante del Anciano de los días, y llegó en Él” (Dan 7,13).

Por lo tanto, aquí tenemos la primera Presencia de Cristo, pero la Segunda Presencia la vemos como “hijo del hombre”, es decir, el encarnado o humanizado Hijo de Dios, que llega “hasta al Anciano de días”, es decir, a Dios Padre.

Pero también el mismo Señor cuando conversaba con Caifás, esto lo certificó también con juramento, -porque Caifás conjuró al Señor- diciendo: “Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (Mt 26, 64). Es decir, vosotros ahora me condenáis, pero a partir de aquí veréis al hijo del hombre –se refiere a sí mismo- sentarse a la derecha de la Dinamis fuerza y energía es la Deidad, el Dios Padre- viniendo con las nubes del cielo. ¡En otras palabras, yo vendré a juzgaros!

Lo que cuando venga como Juez y que estos logos del Señor se refieren a Su cualidad como Juez y no como Redentor, lo vemos también en el libro del Apocalipsis al capítulo 14º, que dice las siguientes cosas: “Miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del Hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz aguda” (Apoc 14,14). Una hoz muy bien afilada.

Esto de que viene con una hoz en Sus manos, nos recuerda exactamente que no viene como Redentor, sino como Juez. Al contrario, en Su primera venida no vino como Juez sino como Redentor. Así que la primera Presencia conecta con la redención, en cambio, la Segunda Presencia está vinculada y conectada con el juicio. Además lo dijo el mismo Señor: No he venido para juzgar al mundo, sino para redimir, sanar y salvar al mundo” (Jn 12,47). Pero el mismo dijo también: Cuando venga el hijo del hombre a juzgar el mundo…” (Mt 25,34), etcétera.

Así pues, tenemos estas dos cualidades del Señor, como Redentor y como Juez, que conectan con Sus dos Presencias-Parusías.

También tenemos el que el Señor tenga en su mano la hoz, que recuerda algo de aquel logos que dijo san Juan el Bautista: “Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará” (Mt 3,12 Lc 3,17).

Aún recuerda también la parábola de las cizañas (Mt 13,26-30), que el mismo Señor dijo: “Dejad crecer juntamente el trigo y la cizaña hasta el final… De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo”; esta palabra “συν­τέ­λεια sintélia co-fin de siglo” (13,40) la utiliza el Señor. Entonces se hará el ajuste de cuentas, y el trigo irá al granero y las cizañas al fuego, es decir, los hombres buenos, los fieles, piadosos irán en la Realeza increada de Dios, en cambio los impíos en el infierno eterno.

Todas estas cosas se refieren a la primera profecía de Daniel; porque os dije que el pasaje del Apocalipsis que os he leído es en combinación con las dos profecías.

Y ahora vamos a la profecía del Zacarías, que en el capítulo 12, 10-14, dice las siguientes cosas: “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito. En aquel día habrá gran llanto en Jerusalén, como el llanto de Hadadrimón en el valle de Meguido. Y la tierra lamentará, cada linaje aparte; los descendientes de la casa de David por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de la casa de Natán por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de la casa de Leví por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de Simei por sí, y sus mujeres por sí; todos los otros linajes, cada uno por sí, y sus mujeres por sí” (Zac 12, 10-14). Es decir, en la casa de David daré abundantemente la jaris gracia y la misericordia (energías increadas); es la primera Presencia de Cristo, “no he venido para juzgar sino para redimir, sanar y salvar.” (Jn 12, 47). Y girarán a mirarme y empezarán a burlarse. Pero se arrepentirán cuando me vean encima de la cruz y empezarán a golpearse las cabezas y los pechos y estarán arrancándose los pelos, igual que se lamenta uno para una persona querida; y sufrirán mucho como cuando muere un hijo primogénito; y se lamentará la tierra. ¿Cuál tierra? Atención: la tierra de Judea. No la tierra entera, sólo la de Judea.

Es decir, vendrá el Mesías, vendrá la jaris (gracia, energía increada). Le verán los hombres –los hombres de Palestina. Se reirán y se burlarán de Él. Pero quién es, se darán cuenta después, con el Pazos-pasión encima de la Cruz y las señales de la Cruz y Su Resurrección. Entonces se darán golpes en sus cabezas.

Pero esto es una micrografía en respecto con lo que va a suceder al final de la historia. Escuchadlo cómo.

Os acordáis del ecatóntarco o centurión que vio el seísmo, vio el oscurecimiento del sol, vio tantas cosas, y escuchó los logos de Jesús, ¡logos sublimes encima de la Cruz! “Padre, perdónales que no saben lo que hacen”, etcétera, y cuando vio cuan bueno y sin maldad que era Jesús, y que no maldecía, ni insultaba, ni nada de nada, a pesar de los horribles dolores de la Cruz, entonces confesó: “¡Realmente este era hijo de Dios!” (Mt 27,14 Mrc 15,39). “Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, allí en la cruz viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho” (Lc 23, 47-48).  Es decir, esto era una muestra de metania arrepentimiento, penitencia, a pesar de que el Israel no Le creyó. ¡Qué hemos hecho… a quién hemos crucificado!…

Pero esto, el cómo vino durante Su primera Presencia-Parusía y cómo aquellos que le vieron y entendieron finalmente quién era el Cristo y empezaron a “golpearse”, todo esto fue una micrografía de Su segunda venida.

Eh, pues amigos míos, el evangelista Juan dice ahora que: “Cuando vuelva a venir el Cristo, -seguro que vendrá, entonces vendrá con las nubes del cielo”, tal y como lo dice también la profecía de Daniel, “y le verán todos los ojos sin excepción alguna, y, también le verán los que le traspasaron con la danza”. Aquí el texto tiene una coma para que entendamos el significado. “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le crucificaron y traspasaron; y todos los linajes o tribus de la tierra se lamentarán por él” (Apoc 1,7). Ahora bien, ¿quiénes son todas estas tribus de la tierra? Amigos míos, es toda la humanidad.

En el primer plano de la realización de Zacarías, en la micrografía, tenemos las doce tribus de Israel; pero en el segundo plano tenemos toda la tierra, el mundo entero.

¡Es muy característico el que verán aquel que han traspasado con la lanza! Está claro que aquel que le traspasó con la lanza es el Centurión; un hombre le traspasó con la lanza, porque naturalmente era uno de sus deberes comprobar la muerte del ejecutado. Pero todas estas cosas se hicieron porque los judíos querían condenarLe. ¿Pero ahora qué significa que Le verán todos aquellos que le “traspasaron con la lanza”? ¿Le traspasaron con la lanza? Es decir, ¿sólo unos de aquellos?… Pero aquí dice todos aquellos de toda la tierra. Eh, pues, son todos aquellos que negaron a Jesús Cristo. ¡Esto indica que aquel que niega a Cristo, traspasa con lanza a Cristo!

Para demostraros que esto no es un juego de palabras, os diré dos ejemplos; uno es del apóstol Pablo y el otro de la Santa Tradición.

El apóstol Pablo escribe a los Filipenses: “Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal” (Fil 3,18-19), es decir, que han hecho dios al hedonismo y sus panzas. ¡Son cristianos pero han hecho dios a su hedonismo, los placeres! Estos, como dice a los Hebreos –atención la frase- crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio (Heb 6,6); es exactamente lo mismo con lo “¡traspasaron con la lanza!”.

Así pues, ¿cuándo yo me considero también que he tomado parte al traspaso con lanza a Cristo y Le veré cuando venga? Cuando habré renunciado y negado Su naturaleza θε­αν­θρώ­πι­νη zeanzrópini divino-humana, que es lo primero y principal, pero también cuando como cristiano persisto vivir y hacer vida en el pecado. Y aquí el Apóstol Pablo no se refiere en temas de fe, sino en temas de vida; “cuyo dios es el vientre”. Eran cristianos bautizados, pero sus vidas no eran de acuerdo con el espíritu cruciforme del Evangelio.

El segundo ejemplo es de san Pedro, obispo de Alejandría que mañana festejamos. Vivió la época que estaba Arrio. Naturalmente a Arrio le afrontó y objetó san Atanasio el Magno. Pero Pedro tuvo una visión. Esta visión existe también en fresco y en frescos pintados en las paredes. En nuestro monasterio en la pared está en fresco pintado –por supuesto desgastado, pero se salva- con la visión que ve san Pedro de Alejandría. ¿Cuál es la visión? Pues, vio a Jesús como un niño con un manto roto, como trapo. Entonces san Pedro pregunta a Jesús: ¿Quién te ha roto el manto? Y responde el Señor: ¡es el Arrio! Es decir, la herejía de Arrio quien negaba la naturaleza θε­αν­θρώ­πι­νη zaenzrópini divino-humana de Jesús Cristo.

Veis, pues, qué quiere decir “traspaso con lanza”, pincho. Y puesto que históricamente uno solo traspasó con la espada al Señor, y los instigadores morales del Consejo de los Judíos, ¿cómo es posible ahora toda la tierra traspasar con la lanza? Es decir, todos aquellos hombres que vivirán en la tierra, en toda la historia hasta el final de ella, y naturalmente de nuestra época –ojalá deseo que no haya nadie de los presentes aquí- ¿cómo es posible verLe y decir que “yo he traspasado con la lanza a Jesús?… He aquí cómo es posible: por la negación de Jesús Cristo, sea como fe, sea como vida práctica; cuando niego a Jesús Cristo.

Es característico que “le traspasaron con la lanza”, se refiere como punto de reconocimiento. El mismo Señor dice: cuando vendrá, “entonces con las nubes del cielo” y “entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo” (Mt 24,30 Mrc 24,62); ¿Cuál es este signo? ¡Es la Cruz! Es exactamente este instrumento el cual a través de los siglos los heréticos y los burladores estarán burlando y despreciando. ¡Entre ellos también están los milenaristas testigos de Jehová, los cuales desprecian y se burlan de la Cruz!

Atención, diríamos aún que signo es también la misma presencia de Cristo padecido.

Me diréis: ¿Pero Cristo ha resucitado, cómo es posible que sea padecido, sufridor?

¡El Cristo, amigos míos, en el Cielo siempre está padeciente, con las heridas! Son aquellas heridas, las incurables que tocó Tomás. ¡Son las insignias del Señor! Son las demostraciones y convencimientos de quién es el Cristo, y realmente el que vendrá será Aquel, al Cual “han traspasado con la lanza”. ¡Las heridas permanecen y permanecerán no sólo lo que dura la historia, sino más allá de la historia!

Iremos más abajo en el libro del Apocalipsis, si Dios quiere, y el evangelista Juan nos presentará estas heridas con una imagen admirable, la cual es muy curiosa. Verá al Logos e Hijo de Dios como cordero degollado estando en pie” (Apo 5, 6 ·12), porque se sacrificó, -porque por costumbre sacrificaban un corderito. Esto es totalmente contradictorio: ¡ser degollado y estar en pie! ¿Pero cómo está en pie si está degollado?… Esto muestra las heridas y a la vez vive. Es aquello que más abajo dirá el Cristo a Juan, y lo veremos, si Dios quiere, la próxima vez: “…y estuve muerto, mas he aquí que vivo…” (Apo 1,18).

¡Veis, pues, que las heridas permanecen! Son insignias de la gran hazaña del Hijo de Dios, que con estas ha salvado al mundo, y a la vez los terribles convencimientos para aquellos que Le crucificaron, no creyendo dentro en la historia, que realmente es el Jesús, el humanizado o encarnado Hijo de Dios.

Pero “Le verá todo ojo”. ¡Sí, amigos míos, cada ojo verá a Cristo cuando venga! Los fieles se alegrarán, y los infieles se lamentarán, estarán llorando y gimiendo. Mirad cómo están las cosas ahora; ahora están al revés; se lamentan los fieles y esperan al Señor y dicen: “¿Señor cuándo vendrás, no ves cómo nos encontramos?… y se alegran los infieles. Recuerda aquellas cosas que dijo el Cristo a Sus Discípulos, en Su primera Presencia-Parusía, las cuales constituyen una micrografía de Su Segunda Presencia: En verdad de verdad os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis por mi muerte y el mundo, el alejado de Dios se alegrará, pero vuestra pena y tristeza se convertirá en alegría y gozo (Jn 16,20). ¿En cuánto poco tiempo? En dos, tres días; ¡Jueves por la noche dice estas cosas a ellos y el Domingo se extinguió el luto!

Veis que estas cosas no tienen un carácter eterno, porque están colocadas dentro al tiempo. Y el tiempo cuenta y pasa. Pasa el tiempo y estas cosas no tienen un carácter eterno para que permanezcan como de piedra. ¡Por tanto el Cristo viene! Entonces los fieles se alegrarán y los infieles estarán llorando.

Estas cosas que el evangelista Juan nos apunta en su libro del Apocalipsis, el mismo Señor nos las dice de la siguiente manera: “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán y gemirán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran doxa (gloria, luz increada)” (Mt 24,30).¿Veis “so cortarán y contemplarán”, es aliteración: lamentarán y gemirán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre

¡Veis, por favor, la concordancia de los evangelios con el Apocalipsis! No hay ningún punto en el libro del Apocalipsis que no esté de acuerdo y en concordancia con los evangelios; Ninguno. Existe absoluta armonía y concordancia en el espíritu, y algunas veces también en la letra entre el libro del Apocalipsis y los cuatro evangelios.

Pero aquello que dice aquí el Evangelista, de que el Señor vendrá “con las nubes del cielo”, existe un sellado y es el siguiente: “sí, amén”. Este “sí, amén” es un doble sellamiento, de dimensión litúrgica, helénica y semítica. El “si” es helénico y el “amín es hebraico. El “sí” quiere decir que termina la confirmación; y el amén es semítico, es decir, hebreo, y tiene carácter litúrgico. Esto significa que existe una confirmación y una bendición. El “sí” manifiesta confirmación, en cambio el “amén” quiere decir sí y a la vez “así sea”, manifiesta bendición. Es como si el evangelista Juan dijera; “Esto que he escrito, sí, ojalá que se haga pronto”. Hay pues, el sellamiento litúrgico, con estas dos dimensiones,  en las dos lenguas la helénica y la semítica.

El mismo plano literal nos lo dirá también el apóstol Pablo en la segunda epístola a los Corintios: “Porque el Hijo de Dios, Jesús Cristo, que entre vosotros ha sido predicado…no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él; porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios” (2Cor 1,19-20). Es decir, Jesús Cristo, el Hijo de Dios no vino al mundo como sí o como no – que manifiesta inseguridad: quién es, qué hace o es de otra manera;- sino que vino como el “Sí”, y Sus promesas son “sí y amín”; o sea que, ¡todas las cosas que dijo el Cristo se realizarán, y no cambia nada!

¡Observad cómo combinan y están de acuerdo y en concordancia sobre el espíritu los libros!… ¡Puesto que, amigos míos, muchas veces vemos que un escritor escribiendo en distinto tiempo, -por no decir a veces sobre el mismo libro- cae en contradicciones; cómo no entonces escritores diferentes!

Aquí, pues, uno ve esto que dijo el Cristo, “El cielo y la tierra pasarán, pero mis logos no pasarán“ (Mt 24, 35) y “porque de verdad os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una i (yiota) ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mt 5,18), significa que todo lo que dijo el Señor se realizará. La “i” que utilizamos también en álgebra, es la i hebraica, fenicia y semítica y es la letra más pequeña del alfabeto hebreo. Cuando aquí dice que “una  i yota o una antena no caerá, es el acento, y esto significa que esto es imposible que no se realice. Es decir, “de verdad en verdad os digo: ni una i ni un acento de todo lo que os he dicho es imposible que no se realice, y estas cosas que parecen irrebatibles, inamovibles y enormes se marcharán de su posición, pero mis logos-mandamientos permanecerán”. Por lo tanto, puesto que Cristo dijo que volverá, esto lo da a entender y lo asegura. Y aquí está Su fiabilidad, porque “es fiel el logos y digno de ser recibido y aceptado por todos (1Tim 1,15 · 4,9), como dice el apóstol Pablo. ¡Por tanto el Cristo volverá a venir!

Amigos míos, un corazón fiel cuando siente todas estas cosas, tiene en su interior una esperanza cierta, y vive con la esperanza en Cristo, una esperanza que verdaderamente vivifica.

«Sí, amén. «YoSoY el Alfa y el Omega, (principio y fin), dice el Señor el Dios, “ὁ ὢν o on de el que es o de el existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene, el Todopoderoso”.» Ναί, ἀ­μήν. Ἐ­γώ εἰ­μι τὸ Α καὶ τὸ Ω, λέ­γει Κύ­ρι­ος Θε­ός, ὢν καὶ ἦν καὶ ἐρ­χό­με­νος, παν­το­κρά­τωρ.» ¡Maravilloso, qué grandioso, majestuoso!…

Amigos míos, yo soy un hombre pobre. No sé… qué voy a deciros. La lengua humana no puede describir. ¡Aún el léxico humano es muy pobre, las palabras… todo es muy pobre! Qué va a decir una voz… qué va a describir… Por lo que percibiréis de este vocabulario pobre, ¡podéis percibir la majestuosidad del libro! ¡Podéis vivir esta majestuosidad! Mirad: ¡Sí, amén!… ¡YoSoY el A alfa y el Ω omega dice el Señor!… ¡ “ὁ ὢν o on de el que es o de el existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene, el Todopoderoso”, el pantocrátor u todopoderoso!…

Este “si” y este “amín”, ¿sabéis quién lo confirma y asegura? ¡Pues, Éste que es el Alfa y el Omega, el Dios Padre celeste!

Así que tenemos un nombre más de Dios: “el Alfa y el Omega”, “YoSoY el Alfa y el Omega” dice el Dios. Así pues, “YoSoY el Alfa y el Omega” es uno de los múltiples nombres de Dios.

Y otra vez os dije, y lo sabéis muy bien esto, que el Dios tiene muchos nombres, porque exactamente no tiene nombre. No se puede atribuir un nombre a Dios, porque la atribución de un nombre empequeñece mucho a Dios. No olvidemos que desde el momento que el hombre pondrá un nombre, ya ha dado también una definición; y cuando decimos definición y nombre, significa que hemos puesto límites a Dios. Pero el Dios no tiene límites.

Por eso en la pregunta del Moisés: “¿Cuál es tu nombre Señor, para decirlo a los hebreos en Egipto?, dijo: «YoSoY el ser o el existente ἐ­γώ εἰ­μι ὢν». No ha dado nombre. Pero esto exactamente YoSoY el ser o el existente constituye un nombre, porque exactamente no tiene nombre, el Dios es anónimo y poliónimo (multinombre).

¡Qué tontos son los Milenaristas testigos de Jehová… tontos!… insisten y nos dicen, por qué no decís en nombre Iahvé (que en hebreo quiere decir Señor). Pues lo decimos esto también. Pero este es el nombre de Dios, te dicen; pero no es sólo esto, “es el nombre sublime; pero no tiene importancia, porque la Escritura toma y atribuye multitud de nombres cuando habla de Dios. De hecho aquí, amigos míos, como vemos hay una acumulación de nombres; pero esto lo veremos a continuación.

¿Qué significa «YoSoY el Alfa y el Omega Ἐ­γώ εἰ­μι τὸ Α καὶ τὸ Ω»; Quiere decir que YoSoY el comienzo de toda la creación formada y YoSoY el fin o la finalidad de ella. Igual que el Alfa que comienza el alfabeto y termina con el omega. Es decir, en mí pertenece la existencia y la inexistencia o el ser y el no ser. Es decir, en Dios pertenece cada principio de la creación y en Él pertenece también una posible anulación, eliminación de ella; otra cosa, claro está, que el Dios no quiera eliminar la creación. Es el único que crea de la nada, es realmente el Principio.

Aquello «junto en el principio era y es el Logos Ἐν ἀρ­χῇ ἦν Λό­γος» (Jn 1,1), significa que es el A alfa. Es decir que el Logos era y estaba cuando comenzó hacerse la creación “ex nihilo”, de la nada. Pero el Dios puede llevar el A alfa al Ω omega, el “ser” al “no ser”, es decir, conducir la creación a la inexistencia. Porque sólo el Dios no tiene relación con el cero. Ninguna creación tiene relación con el cero; ni hombre lógico, ni ángel. Nadie puede llevar a la existencia algo de la nada o del cero, y tampoco puede conducir algo a la nada o al cero; es imposible. Y no es simplemente imposible, sino imposible por nosotros hasta pensarlo y conceptuarlo.

Así que, ya que el Dios es el A alfa y el Ω omega, en Sí Mismo contiene todo. Por consiguiente cuando dice que «YoSoY el Alfa y el Omega Ἐ­γώ εἰ­μι τὸ Α καὶ τὸ Ω» es como si dijera que YoSoY el Señor del tiempo y del espacio. El “A alfa y el Ω omega” no son cualidades de Dios. Atención a esto: no son cualidades o atributos; el Dios no es el Alfa y el Omega, sino que dentro en el Dios existe el Alfa y el Omega, es decir, el principio y fin de la creación. La creación tiene principio y también fin. Por tanto el Alfa y el Omega están dentro de Dios, y por consiguiente el Dios es el Señor del espacio y del tiempo.

En este último reglón del preámbulo, que es majestuoso cierra el preámbulo y tenemos una acumulación de nombres. El primer nombre es “YoSoY el Alfa y el Omega”. Segundo: “Kirios-Señor”, esto que los milenaristas dicen Iahvé, Señor. Tercer nombre es: “el Dios”. Cuarto: “ὁ ὢν o on de el que es o de el existente o de el ser”, y “el que era y siempre es”, y “el que siempre viene (o ha de venir)”. El quinto es: “Pantocrátor u Todopoderoso”. 

Con la acumulación de estos nombres divinos, vemos que la fuente de todas las apocalipsis-revelaciones es el Dios, por lo tanto, lo que se refiere al libro del Apocalipsis es fidedigno. Atención: ¡es fidedigno! El Dios es quien revela-apocalipta, no algún hombre. ¡Y lo maravilloso es que cuando vemos que se está realizando lo que el Dios apocalipta-revela en el progreso de los siglos, entonces decimos que el libro del Apocalipsis es de divina procedencia, realmente es inspirado de Dios!

Aquí, amigos míos, termina el preámbulo de todo el libro. Hemos visto que se desenrolle ante nosotros, a la medida de lo posible, su fondo teológico, que es digno para un gran teólogo de nuestra Iglesia, de san Juan que escribe este libro. Continúa el tema principal en el que se describe la aparición de Jesús Cristo delante del asustado y sorprendido Juan, para mostrarle cuál es el camino futuro de Su Iglesia, cuáles son sus peripecias, sus incidencias, sus luchas y sus guerras y la victoria final de ella. Estas realidades y cosas constituyen el tema principal del libro del Apocalipsis.

 

Yérontas Atanasio Mitilineos

Copyright: Monasterio Komnineon de “Dormición de la Zeotocos” y “san Demetrio”

40007 Stomion, Larisa. Fax y Teléfono 0030. 24950.91220 http://www.arnion.gr/index.php/p-thanasios-mytilina-os/milies-p-thanasiou/kainh-diauhkh/iera-apokalycis

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas)  www.logosortodoxo.com 

Unidad 5. Apocalipsis 1, 1-20 Introducción (1):Tribulación, paciencia y realeza increada. La lucha del Cristiano que anhela al Juez.

Con la ayuda de Dios, amigos míos, entramos al tema principal del libro del Apocalipsis.

9 Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe en vuestra tribulación1, en la realeza increada y en la paciencia de Jesús Cristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa del logos de Dios y el testimonio de Jesús Cristo.

  1. Yo Juan, vuestro hermano y copartícipe en la tribulación1 (tristeza, calamidad y sufrimiento) que estáis pasando a causa de las persecuciones en el nombre de Jesús Cristo, pero también copartícipe en la gloriosa realeza increada, que disfrutaremos gracias a nuestra paciencia por Jesús Cristo, he venido en la isla de Patmos exiliado a causa del logos de Dios y el testimonio que doy para Jesús Cristo.

Amigos míos, ¡la consolidación de un libro es una cosa grandiosa! El santo Evangelista tratando de consolidar la historicidad del libro profético –sigue el ejemplo de los Profetas del Antiguo Testamento, como el de Jeremías (1,1-3), Ezequiel (1,1-2), Isaías (1,1· 6,1) y muchos otros Profetas. Así pues, en el presente versículo, que es el primero del tema principal, pone el lugar que se apocaliptó-reveló la profecía, que es la isla Patmos. Patmos como todos sabréis pertenece a un conjunto de doce islas pequeñas en el mar Egeo. Incluso pone la razón de su permanencia en Patmos, pero también el tiempo de la apocálipsis-revelación, que se hizo día Domingo, como nos dirá al versículo 10 del mismo capítulo.

Pues, cuando nos habla sobre el lugar, sobre el motivo de su estancia allí y sobre el tiempo, nos posiciona cronológicamente; porque precisamente estas cosas constituyen los elementos que dan una dimensión histórica. Es decir, que el Apocalipsis no es un mito. Diríamos que: en Patmos, en aquella isla sucedió esto; es decir, tenemos la historicidad del libro.

Insisto mucho en estas cosas, porque si vais por ahí oiréis que os digan que estas cosas son cuentos… y para resistirlos, yo os ayudo a entender que no nos encontramos ante cuentos, sino delante de verdades históricamente consolidadas.

Realmente, según la antigua tradición, san Juan fue exiliado por el emperador Domiciano a Patmos durante la persecución contra los cristianos, “a causa del logos de Dios y el testimonio a Jesús Cristo” (Apo 1,9), tal y como nos salvaguarda el mismo Apóstol en el libro del Apocalipsis, es decir, “que he venido aquí en Patmos, exactamente porque hacía el kerigma para Cristo y daba testimonio sobre Él”. Es cierto que no se dice el verbo exiliar, pero se entiende de la palabra θλί­ψη zlipsi (tribulación, tristeza, pena y sufrimiento). Dice que es copartícipe en la θλί­ψη tribulación. Porque si tuviese que hacer un viaje a Patmos, supongamos que tuviera muchos habitantes, y fue allí para predicar, y exactamente allí recibió el Apocalipsis, no diría “copartícipe en la θλί­ψη tribulación”. Por lo tanto detrás de la palabra “θλί­ψη tribulación” se encuentra la realidad de su exilio.

Realmente san Irineo, el cual ha vivido apenas el 2º siglo, nos dice lo siguiente: “El libro del Apocalipsis no hace mucho tiempo que se ha visto a la luz pública, sino casi en nuestra generación, hacia el final de Domiciano” (Contra herejías, 555, 26, 5-6 TLG).

Por otro lado, Clemente de Alejandría nos apunta lo siguiente: “Cuando murió Domiciano, Juan se marchó de Patmos y vino en Éfeso”, (“Qué rico se salva”, t. 8, pag 372,13).

Pero también san Andrés de Kesarea nos dice: “Fue condenado a vivir en la isla de Patmos; es decir, fue exiliado, condenado al exilio” (Apocalipsis, Ming P.G. Tomo 106, logos A).

Pero también Eusebio de Kesarea, en su Crónica, posiciona este exilio al año 14º del reinado de Domiciano, que corresponde al año 94 – 95 d. C. (Historia Eclesiástica, tomo 3, TLG 18,5,5 Paris 1952). Por tanto el Apocalipsis se escribió entonces.

Pero no se escribió en Éfeso sino en Patmos. Porque, ¿cómo sería posible que el Cristo le dijera: “Escribe epístola al ángel de Éfeso, al obispo y mándasela” (Ap 2,1), si se supone que Juan se encuentra en Éfeso? Por lo tanto, no está en Éfeso cuando escribe el Apocalipsis. Así pues, bajo el poder de estas impresiones y de estas experiencias muy fuertes, escribe el libro del Apocalipsis, allí en Patmos. De hecho, debemos tener en cuenta que también hasta hoy, según la tradición, la cueva del Apocalipsis en Patmos se indica como el lugar que se ha escrito el libro. Esto sobre todo es también un testimonio interior en el mismo libro, porque dice: “Escribe y manda la epístola al obispo de Éfeso…”. Sobre todo si tenemos en cuenta que hasta hoy en día, según la tradición, la cueva de la Apocalipsis en Patmos es indicada como el lugar donde se ha escrito el libro.

Por tanto, todas estas cosas, con los testimonios que me he referido, indican que el libro del Apocalipsis fue escrito en la isla de Patmos por el Evangelista Juan, cuando estaba exiliado en ella.

Es característico que pone delante de su nombre el pronombre yo, dice: “Yo Juan”. Esto para recalcar el nombre: “Yo Juan”. Igual que decimos yo Atanasio; además para que sea confirmada su identidad; era necesario que se pusiera su nombre, porque como veis, se trata de un libro profético, y por supuesto que se debería confirmar y certificar su procedencia. Algo parecido hace también el santo Evangelista en su Evangelio, pero se esconde muy gráficamente detrás de aquello: “…a quien Cristo amaba especialmente, (Jn 13, 23. 19, 26. 21, 7· 20), tal y como entonces que se había recostado al lado y le había dicho: ¿Señor quién es el que te va a entregar? (Jn 21,20). Pero aquí la cosa es muy seria, el contenido del libro es profético, y el Evangelista debe manifestar su nombre.

Pero tanto el nombre, como el pronombre, vienen a recordarnos el libro de Daniel, donde aquel para confirmar históricamente y que es el mismo testigo auténtico de las cosas, pone los dos, el nombre y el pronombre.

Dice Daniel, en el capítulo 8º: “En el año tercero del reinado del rey Baltasar me apareció una visión a mí, Daniel, después de aquella que me había aparecido antes“(Dan 8,1). Habéis visto, dice: “a mí, Daniel”.

El versículo que analizamos comienza con una familiaridad muy tierna: “Yo Juan, vuestro hermano y copartícipe en la tristeza y el sufrimiento que estáis pasando a causa de las persecuciones en el nombre de Jesús Cristo, pero también copartícipe en la gloriosa realeza increada, que disfrutaremos gracias a nuestra paciencia por Jesús Cristo, he venido en la isla de Patmos exiliado a causa del logos de Dios”. ¡Yo… vuestro hermano!

Aquí vemos que el Escritor sagrado no utiliza el título de Apóstol: “apóstol o enviado de Jesús Cristo” (1ª y 2ª  Cor 1,1. Ef. 1,1. Col. 1,1. Tim 1,1. 1 y  2 Ped 1,1) ni siquiera: “siervo de Jesús Cristo” (2 Ped 1,1), nada de todo esto, pone directamente el nombre: “Yo Juan”. ¿Por qué esto?

Quizás a causa de la situación por la tribulación y la persecución que predominaba y que era común para todos los Cristianos. Y por un lado es expulsado, ya exiliado a Patmos, por otro lado, los Cristianos hacia los que se envía su libro ellos también sufren persecuciones.

Pero como vemos, hay común «θλί­ψη zlipsi tribulación» y ella siempre nos hermana. “Yo Juan, vuestro hermano y copartícipe en la «tribulación, paciencia y  realeza increada», ¿habéis visto?: ¡yo vuestro hermano!

Pero aquí, amigos míos, como vemos san Juan el Teólogo aquí en el libro del Apocalipsis (1,9) toca tres temas y puntos grandiosos. ¿Qué dice? Dice que: “Soy copartícipe en vuestra tribulación, en la paciencia y en la realeza increada”. ¡Son temas grandiosos! Vamos a verlos.

Primer tema: «θλί­ψη zlipsi tribulación»

¿Qué es «θλί­ψη zlipsi tribulación1»? Es la compresión, opresión, estrechez, agobio, congoja y presión a la vez también la pena que proviene de esta adversidad de aflicción moral y tormento.

(1Tribulación por la RAE.: Del latín tribulatio, -ōnis.

  1. f. Congoja, pena, tormento o aflicción moral.
  2. f. Persecución o adversidad que padece una persona.)

(Aquí utilizaremos el término tribulación)

Si la alegría, la alegría en Cristo es el fruto de la cualidad cristiana, por favor poned atención a esto, entonces la «θλί­ψη zlipsi tribulación1» es la cáscara del fruto. En el exterior está la «θλί­ψη zlipsi tribulación1», y en el interior está la alegría; exteriormente rodea la cáscara y dentro está la almendra. La almendra no está sola, tiene también la cáscara, porque debe protegerse. ¡La «θλί­ψη zlipsi tribulación1» protege la alegría! Atención, esto a primera vista parece tonto! ¿Lo habéis imaginado alguna vez? Pero estas cosas son posibles sólo dentro de la vida y experiencia cristiana. Si no las vivimos así, debemos dudar de nuestra cualidad cristiana. Es decir, si falta la «θλί­ψη zlipsi tribulación1», no se puede desarrollar y salvaguardar la alegría y la espiritualidad.

Pero la «θλί­ψη zlipsi tribulación1 en Señor», no es algo que proviene desde el interior sino desde el exterior, puesto que la alegría es el fruto y la «θλί­ψη zlipsi tribulación1» es la cáscara. Esto anotadlo bien. La «θλί­ψη zlipsi tribulación1» es la situación o estado de ánimo que se crea en los creyentes a través de las reacciones exteriores del mundo y del diablo.

El Señor, ya lo sabéis, nos ha avisado en relación: “Entonces os entregarán a tribulación…” (Mt 24,9). Por tanto, la cosa está y viene desde el exterior, nos producirán «θλί­ψη zlipsi tribulación1». ¿Qué es la «θλί­ψη zlipsi tribulación1»? ¡Son las persecuciones, las calamidades, las cárceles, las privaciones, la muerte, el martirio…! Pero todo esto es exterior, no es desde el interior. Esta situación es llamada por el Señor “la puerta estrecha” (Mt 7, 13-14 y Lc 13,24), por la que nos ha hablado con más precisión cuando dijo: “en el mundo tendréis tribulaciones, penas y aflicciones; pero confiad y tened ánimo, yo he vencido al mundo. 33…Puesto que estáis en el mundo tendréis tribulaciones, aflicciones; pero tened ánimo y confiad en mí, yo he vencido al mundo y con esta victoria he asegurado también vuestra victoria y la doxa (gloria, luz increada) para vosotros» (Jn 16,33).

Sin embargo, esta «θλί­ψη zlipsi tribulación1» da alegría inefable y sobreabundada. Demasiada alegría, tanta que el apóstol Pablo escriba a los Corintios: “…lleno estoy de consolación; sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones y penas” (2 Co 7,4). ¡Cosa extraña… muy extraña! ¡Está desbordante de alegría, a pesar de toda aquella «θλί­ψη zlipsi tribulación1»!… ¡Esto que hoy también decimos, estoy desbordante de alegría, contento a pesar de la tribulación…! ¡oh san Pablo…!

He aquí porque el fruto es la alegría y la cáscara es la «θλί­ψη zlipsi tribulación1». Si quitas la «θλί­ψη zlipsi tribulación1» perderás la alegría; si quitas la cáscara perderás la almendra.

Pero atención, la «θλί­ψη zlipsi tribulación1» es atributo de aquellos que heredarán el reinado de la realeza increada de Dios. En los Hechos otra vez dijo Pablo, después de su apedreamiento en Listra, la célebre frase: “Es necesario que a través de muchas tribulaciones y penas entremos en el reinado y tengamos la realeza increada de Dios” (He 14,22). ¡Esto “es necesario” es exactamente lo que conecta y une lo interior con lo exterior, la alegría con la «θλί­ψη zlipsi tribulación1». Estas cosas no se pueden separar; por eso dice que es necesario entrar en el reinado y obtener la realeza increada de Dios no simplemente con tribulaciones y tristezas sino con muchas!

Pero aquí, amigos míos, me gustaría apuntar algo que debemos tener cuidado. Nuestra época intenta crear un Cristianismo lleno de conciliaciones y comodidades, sin tribulaciones, ni aflicciones. No queremos ser presionados absolutamente por nada. Se trata de uno de los dos peligros que amenazan a nuestra Iglesia en el “siglo presente” (Mt 12, 32.1 Tim 6,17. 2Tim 4,10. Tit 2,12) en nuestra época. Uno de los peligros se llama secularización o mundificación y el otro se llama ecumenismo, es decir, el contemporáneo y nuevo sincretismo religioso. Estos dos peligros grandiosos amenazan nuestra Iglesia en este momento. Lo repito: el ecumenismo y la secularización. No es la renovación o modernización, porque no es exactamente lo mismo, sino la secularización de la Iglesia, la mundificación de la moral y del carácter. En la parábola del “rico insensato” el Señor dice: “Mirad, y guardaos de toda avaricia, codicia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lc 12,14) y a esto se refiere. “No debéis tener diferencias. Yo resolveré vuestras diferencias. ¿Pero Señor, soy perjudicado, me tratan injustamente? No, en el fondo hay codicia y a ti también al hermano pequeño que crees que el hermano mayor te es injusto”.

Esto nos lo dice el apóstol Pablo: «¿No sabéis que los injustos no heredarán el reinado de la realeza increada de Dios?» (1 Cor 6,9). Sobre todo, «¿no os da vergüenza? ¿No hay entre vosotros algún hombre prudente, capaz de hacer justicia entre sus hermanos? Al contrario, el hermano pleitea con el hermano, ¡y encima ante jueces paganos! ¡Ya es una desgracia para vosotros andar pleiteando unos con otros! ¿Por qué más bien no sufrís el agravio? ¿Por qué más bien no aguantáis ser defraudados? Pero vosotros cometéis el agravio, y defraudáis, y esto a los hermanos» (1 Cor 6. 6-8). ¡Esto si se dice hoy en día, la gente se reirá y se burlará del que lo dice!

Por eso os he dicho este ejemplo, para que veáis que la secularización es comenzar las conciliaciones (empezar los pactos) y colocar el Evangelio en las fórmulas de nuestra época. Éste es el peligro. Pero nosotros diremos la verdad, lo que dice el Evangelio, tanto si los hombres lo escuchan y hacen caso como no, eso es lo correcto. Por tanto, éste es el gran peligro: el de la secularización o mundificación. Es decir, comenzar haciendo el Evangelio cosa mundana o secularizada; anteponer nuestro racionalismo, pensar y hablar racionalmente: ¿Por qué esto es así o asá? ¡Es un peligro terrible!

Voy a aclarar esto; el cristiano contemporáneo exige una fe sin perjuicio, una fe sin la cruz y una espiritualidad contraria a la cruz o anti-cruciforme, y como os he dicho tantas veces, la espiritualidad deja ya de ser una espiritualidad en el sentido de la presencia del Espíritu Santo y se convierte en un sucedáneo de ella. Este tipo de espiritualidad requiere una fe ya sin la presencia del Espíritu Santo, sino una espiritualidad con el sentido de los escritos de la segunda página de los periódicos que hablan sobre la vida espiritual, y por espiritualidad entienden redacciones de un libro, presentaciones de un Conservatorio, poemas  y no sé cuántas cosas más por el estilo. ¡Y todas estas se llaman vida espiritual!… Con este sentido entienden la espiritualidad hoy en día, ya no con la presencia del Espíritu Santo. ¡Ya se ha fugado el Espíritu Santo!…

El libro del Apocalipsis, amigos míos, nos avisa y nos dice que: “Y se le permitió la bestia hacer guerra contra los santos, y vencerlos” (Apo 13,7). ¿Habéis oído? ¡Fue concedido por el Dios que los creyentes sean vencidos por la bestia!… y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre *χξς 666”;

¡Veis el aislamiento y el bloqueo económico! La “marca o sello”, es decir, si eres masón, laions, rótary, o cualquier otra cosa de las que hay… no lo sé, hay muchas.

Esta es la marca o sello del Anticristo:

Toda operación, acción y actitud anticristo, vivencia, colocación, plano y figura; esto es la marca o el sello. Por tanto, si uno está así, entonces todas las puertas se le abren; pero si no está así, entonces estará aislado y bloqueado por la vida; no podrá comprar ni vender. “¡Aquí está la paciencia y la fe de los santos!” (Apo 13,10).  Es como si dijera: vamos a ver ahora, quiénes serán que tendrán fe y paciencia y dirán: ¡no me importa el bloqueo!… ¡que hagan lo que quieran las fuerza anticristos!

(*χξς 666 Xριστός ξε-σταυρωμενος X=600=Cristo, ξ=60=no, des y ς=6=crucificado y las tres letras en la numerología helénica dan el 666)

Como vemos, esperamos guerra y persecuciones contra los cristianos y aislamiento o bloqueo económico, que significa, con cualquier manera exterminio y aniquilación de ellos. Todas estas cosas constituyen la «θλί­ψη zlipsi tribulación1», la cáscara de la alegría, la condición de la Realeza increada de Dios. Aquí el texto sagrado no habla de confort ni de pactos y acuerdos, sino que recalca: “¡aquí está la paciencia y la fe de los santos!” (Apo 13,10). Queridos míos, no sabemos lo que amanecerá mañana, por eso vayamos preparándonos.

­“Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestra en la tribulación, tristeza, pena y aflicción en la realeza (increada) y en la paciencia de Jesús Cristo” (Apo 1,9). Aquí vemos las tres características, las que el apóstol Juan utiliza para indicar la Iglesia que se encuentra en el camino.

Amigos míos, sea como sea la cosa, estos tres elementos «tribulación1, paciencia y realeza increada» existirán siempre dentro a la Iglesia, incluso en los tiempos más pacíficos. Pero tengamos cuidado, porque aquí no se trata de la paciencia común, ni de las tribulaciones diarias que posiblemente puedan tener también los hombres mundanos, como veremos a continuación sobre la paciencia y la Realeza increada.

Segundo tema: la paciencia

 Ya que nos hemos referido a la θλί­ψη zlipsi tribulación1, ahora queda hablar sobre la paciencia y después sobre la realeza increada. La paciencia es el segundo tema del Apocalipsis, que éticamente es inseparable del primero, es decir, de la θλί­ψη zlipsi tribulación1.

Muchas veces cuando un hermano padece y no podemos ofrecerle nada, le decimos ten paciencia. Cuando no podemos curar su enfermedad, cuando no podemos ayudarle económicamente o cuando se encuentra en una situación muy agobiante y no podemos ofrecerle nada, le decimos ten paciencia. Pero tanto para nosotros que lo decimos como para el que lo oye, parece que sean sólo palabras, porque para nosotros en nuestra perplejidad es un callejón sin salida, puesto que de hecho no le podemos ofrecer nuestra ayuda, en él se oye como un consejo sin contenido que cae al vacío.

Cuántas veces decimos a alguien: “Ten paciencia”, y él mueve la cabeza y responde: “Paciencia…”, como si dijera: ¿qué me has dicho, qué sale con esto? No sale absolutamente nada. ¡Y a pesar de esto, queridos míos, lo decimos al otro como consejo, es decir, que la paciencia es el mejor consejo más que cualquier otro!

Nuestra época está privada del elemento de la paciencia. Quizás hoy en día la paciencia sea considerada como inconcebible. Más bien no se considera como virtud, sino una cualidad patética, sufriente del hombre. Si la paciencia es una situación sufriente, patética, ¿por qué se tiene que considerar como una virtud? No se debe considerar como virtud. Por tanto, si un hombre es paciente, tiene paciencia, esto por muchos es considerado como defecto.

No sé qué decir; los hombres hoy en día son terriblemente impacientes. En ninguna parte y para nada pueden esperar o tolerar algo. No sé, quizás sean la cultura y la ciencia las que nos obligan continuamente estar corriendo. ¡Los hombres contemporáneos siempre estamos corriendo, siempre con prisas! ¡Cierto que no sé lo que perseguimos, qué queremos asir, de todas formas siempre estamos con prisas! Todos, yo y vosotros corremos, corremos…! Ya que corremos y tenemos prisa a acabar con nuestros trabajos, es normal que no exista el elemento de la paciencia, es decir, no poder aguantar absolutamente nada de las cosas que nos ocurren en nuestra vida.

Os lo repito, la paciencia constituye el mejor antídoto contra la tribulación, la angustia, la calamidad, la penumbra y la depresión. Con esta paciencia llevamos la cruz de la tribulación y finalmente vencemos. El mismo Señor nos dice: “el que tenga paciencia y persevera hasta el final, éste se sanará y se salvará” (Mt 10,22).

Pero debo deciros que toda θλί­ψη zlipsi tribulación que hay en la vida y toda posible paciencia que la acompaña, si no está acompañada con el Cristo, está sin valor, sin contenido y no aguanta en la Eternidad.

Quizás uno, en esta vida presente, pueda también lograr algunos bienes con su paciencia en las tribulaciones y calamidades. Y lo primero, que no es de poca importancia, es que no acabe en una clínica neurológica. ¡Es poco esto! Sabéis amigos míos, ¡me santifico y ruego a Dios que me guarde a que no acabe en alguna clínica neurológica! Nuestra época es terrible. Muchas veces las tribulaciones y las calamidades que nos vienen no sabemos dónde pueden acabar. Por tanto, algo que podemos conseguir en esta vida teniendo paciencia es no llegar en esta puerta; es un gran beneficio. Pero tanto la tribulación1 que se produce en nuestra vida, como también la paciencia que es la camilla que levanta y soporta la tribulación, si no están conectadas con el Cristo no aguantan en la Eternidad.

Fijaos qué dice Juan el evangelista: «en la tribulación, en la paciencia y en la realeza increada en Jesús Cristo! ἐν τῇ θλί­ψει καὶ βα­σι­λεί­ᾳ καὶ ὑ­πο­μο­νῇ ἐν Ἰ­η­σοῦ Χρι­στῷ!». Esto “en Jesús Cristo” quiere decir que el móvil y el resultado de la tribulación deberá ser el Cristo. ¿Por qué tengo tribulación y calamidad? Porque sufro y persevero al Evangelio.

Decidme por favor: ¿qué valor tiene la tribulación si se supone que he perdido jugando a cartas… que fui un derrochador y enfermé, y ahora me apeno y deprimo por esta situación… cuando fui un insensato y perdí mi fortuna o perdí unas oportunidades de la vida y estoy deprimido y triste? ¿Esas tribulaciones aguantan en la Eternidad? Pues, no aguantan. Al contrario, seré regañado de Cristo porque fui hombre derrochador, pródigo, insensato y tonto. ¡Mis tribulaciones y sufrimientos deben ser por la gracia del Evangelio y la vida espiritual! Por ejemplo, cuando hoy acepte una ironía porque soy cristiano o mañana tenga un bloqueo económico –y esto vendrá- y que el otro me dirá: “tú no puedes comprar de mi tienda, no te vendo mi mercancía”. También hoy existe este bloqueo y aislamiento económico, pero de otras maneras. Cuando no progreso en posiciones altas y superiores laborales o políticas sólo porque no soy masón, ¿esto no es bloqueo o aislamiento económico? Por supuesto que es, pero con la diferencia que no está en el grado de llegar hasta morir de hambre. Pero vendrá el día que esto empeorará y será evidente. Ahora no se ve, está fuera de la escena.

Así pues, cuando me aflijo y me entristezco porque fui impedido en mi vida solamente y exclusivamente porque soy cristiano, esta tribulación aguanta en la Eternidad porque es tribulación1 “en Jesús Cristo”. Igual que la paciencia que haré por llevar esta tribulación1 esta también es “en Jesús Cristo” Y el ladrón como sabéis también tiene mucha paciencia; porque acecha horas interminables para ver cuándo se irá el dueño para robar. Pero esta paciencia del ladrón ¿es elogiable?

Tercer tema: «la realeza increada βα­σι­λεί­α vasilía».

Hemos visto la «tribulación θλί­ψη zlipsi» y «la paciencia ὑ­πο­μο­νή». Ahora vamos a ver «la realeza increada βα­σι­λεί­α vasilía», siempre en Cristo

¿Pero qué es la realeza o el reinado de la realeza increada? Es la participación mística de los fieles de todos los siglos en los padecimientos, pasiones de Jesús Cristo, (Col 1,24. Rom 6, 8. Β΄ Tim 2, 11. etc.).

Estas tres cualidades son las cualidades del verdadero Cristiano, del Cristiano que tiene consecuencia ética, y constituyen una cadena: tribulación-paciencia-realeza. La tribulación para que sea soportada necesita de la paciencia y las dos, por la jaris (gracia, energía increada) de Jesús Cristo conducen a la Realeza increada de Dios (Rom 5, 3-5. Β΄ Tim 2,12. etc.).

Cuando aconsejamos a alguien para que tenga paciencia, como antes os decía, nuestro consejo por regla general cae al vacío. ¿Por qué será, lo habéis pensado? Porque por costumbre la paciencia la ofrecemos y la sugerimos independientemente sin el fruto que es el reinado de la Realeza increada.

Preguntaos a vosotros mismos, pero yo también a mí mismo, porque os aseguro que yo me inspecciono sobre este punto: cuándo decimos a alguien que tenga paciencia en las tribulaciones y calamidades que sufre, ¿le decimos también que le espera la Realeza increada de Dios? Veréis que por regla general esto no lo decimos. Ya que recortamos la Realeza que es el fin, el propósito y el fruto de la paciencia en las tribulaciones, entonces el otro reacciona con desestimar nuestro consejo. Dirá: “¡Paciencia… para qué!” Mientras que la paciencia debe tener el sentido de: ¡haré y tendré paciencia porque me espera la Realeza increada de Dios!

Es la segunda vez que se refiere en el mismo capítulo hasta ahora el término «realeza βα­σι­λεί­α vasilía». Todo el Nuevo Testamento está lleno de este término «realeza βα­σι­λεί­α vasilía», «realeza de Dios βα­σι­λεί­α τοῦ Θε­οῦ». Cuando leéis la Santa Escritura, os acordáis cuánta veces se encuentra esta palabra: «realeza βα­σι­λεί­α vasilía», (término teológico de suma importancia, nada que ver con reinos creados). Por tanto, amigos míos, el Cristianismo es realmente un “reinado de la realeza increada”, donde reina la energía increada y no una religión. El tipo o modelo del Cristianismo no es un estado teocrático del antiguo reino de Israel. (Ver http://www.logosortodoxo.com/βασιλεια-του-θεου-vasilia-tu-zeu-realeza-de-dios/)

Como sabréis, los hebreos cuando habitaron en la tierra prometida no tenían jefe. No había rey ni presidente de la república, no, nada de esto; simplemente había los Jueces, hombres que operaban por mandamiento de Dios, y el Dios les revelaba Sus voluntades. ¡Por tanto, el Dios era el señor de ellos, Él era el rey de Israel verdaderamente!

Hoy hemos escuchado el versículo de Nataniel que dice al Señor: “Rabí, tú eres el hijo de Dios, tú eres el rey de Israel” (Jn 1,50). Esto de “rey de Israel”, amigos míos, es algo que resuena el espíritu del Antiguo Testamento, es decir, cómo veían exactamente los judíos su rey. Pera ellos era el Dios. Por eso Nataniel primero dijo “hijo de Dios”, e inmediatamente “rey de Israel”; estas dos cosas estaban conectadas. Esto por supuesto que lo había predicho el Dios, es decir, dijo a Moisés que se predijera y se escribiera esto.

Más tarde los hebreos pidieron de los Jueces un rey, y en concreto a Samuel el último Juez. ¿Sabéis por qué? ¡Porque los pueblos de alrededor tenían reyes y ellos los envidiaron y querían rey! Dijeron: “Queremos rey”.  Samuel los responde: “¿Nos os gusta el Dios?”. Y el Dios les dijo esto: “¿En qué os he afligido y qué os he privado y queréis rey? Bien os daré rey” –pero permitidme decirlo no con palabras que se han dicho sino con el espíritu- “¡el rey os arruinará! ¡Os daré rey pero después no os quejéis!”.

Y realmente vino el rey Saúl, después David y después Salomón. Pero el Salomón fue llamado rey pacífico porque reinó cuarenta años en paz sin guerra, puso fuertes impuestos que los hebreos se enojaron mucho. Pero el Dios ya les había avisado. Pues esto, hasta aquí.

De todas formas lo que aquí nos interesa en este momento no es el Israel histórico en sus detalles, sino el Israel histórico que tenía como rey a Dios. Pero también con la condición de que cada rey que entraría no haría nada si antes no preguntaba a Dios mediante al pontífice. ¡No podía hacer absolutamente nada! Si hiciese algo por su cuenta sería castigado. Por eso Saúl cayó, porque actuaba sin el mandamiento de Dios. Por lo tanto, ¿qué era el rey al Israel? Era un representante de Dios-Rey.

¡Amigos míos, todas estas cosas son pre-tipificaciones o prototipos de que el Cristianismo es reinado de la «realeza βα­σι­λεί­α vasilía increada» y el Rey es el Cristo!

Como os he dicho el Cristianismo no es una religión; religión es culto a lo Divino para aplacar, apaciguar o satisfacer las peticiones y las necesidades, pero sin que esto signifique también participación del hombre en la vida de Dios. ¿Lo habéis entendido? Es decir, religión quiere decir, presento a Dios mis peticiones, mis necesidades para eventualmente satisfacérmelas o no, pero sin participar en la vida de Cristo. Con este sentido existen todas las religiones en la tierra, todas. Pero, ¿qué significa “realeza increada βασιλεία vasilía»? Significa que el Dios por su energía increada gobierna todos los aspectos y facetas de la vida del Cristiano, no hay ni lo más mínimo de lo que el Dios es ausente, pero también el Cristiano disfruta de todos los bienes de Dios.

Por ejemplo, los antiguos helenos cuando hacían sacrificios a los dioses, sus conciencias estaban conformes. Se supone que sus dioses simplemente querían un sacrificio: pero cuál sería la vida personal de los que ofrecían sacrificios no les importaba a los dioses. ¡Haz lo que quieras! Por eso vemos en los antiguos griegos que podían ofrecer sacrificios ricos, hecatombes (cien bueyes), toda una fortuna, a pesar de que sean adúlteros, lujuriosos, asesinos, inmorales, mezquinos y miserables. Esto a los dioses no les importa. Se supone que sólo una cosa les interesaba, bastaba que les hicieran sacrificios; así se imaginaban por lo menos los antiguos helenos. Y de esta manera aplacaban y apaciguaban a los dioses y daban a los hombres lo que pedían.

Así que esto quiere decir religión y esto «realeza increada βα­σι­λεί­α vasilía». Pero el Cristianismo ortodoxo qué es: ¿religión o «realeza increada βα­σι­λεί­α vasilía»? Cuando decimos que me convierto y me hago divino, deificado como el Cristo, me cristifico etc., ¿qué significa esto? Significa que entro en la vida de Dios; precisamente esto quiere el Dios. Veis pues, que hay diferencia entre el Cristianismo ortodoxo y las religiones.

Incluso hoy en día el que vivamos al Cristianismo como una religión y no como una «realeza increada βα­σι­λεί­α vasilía», esto principalmente tiene dos consecuencias malas.

La primera es que hemos separado el dogma de la ética; es decir, la fe separada de la manera de vivir, y hemos caído a la doctrina del moralismo impositivo u obligatoriedad de deberes. ¡El colmo de esta consecuencia es que existan hombres de cualquier otra fe extranjera –que sean budistas, masones, teosofistas, espiritistas y cualquier otra cosa- y te apelan la ética del Evangelio! ¿Pero cuando uno apela la ética del Evangelio y no es Cristiano, en qué se basa? Simplemente en el que considera al Cristianismo como una religión, y cree que el principal punto es su ética; mientras que no es esto. Así pues llegamos a separar la fe, es decir, el dogma de la ética.

Y si lo queréis, en una forma muy extendida, es aquello que escucha la esposa de su marido cuando le dice que vaya a la Iglesia. Venga vamos a la Iglesia y el marido contesta: Vete tú, yo soy mejor cristiano que tú que vas a la Iglesia; ¡yo aplico y cumplo los mandamientos mejor que tú! Y la esposa que por supuesto no conoce muchas cosas viene y me dice: ¡Páter, realmente mi marido me habla así, es mejor persona que yo!

Pero la cuestión, amigos míos, no está allí, si es mejor o no. Es decir, en este caso no hay salvación, porque el Cristianismo simplemente no es una religión, o sea, hacer nuestra ofrenda y sacrificio y no nos interese nada más abajo, igual que los antiguos helenos.

Por tanto, la separación de nuestra vida del dogma de la fe nos ha traído este mal; ver al Cristianismo como una doctrina de imposición de obligaciones y deberes. Hasta un punto tienen razón aquellos que rechazan al cristianismo, porque se lo presentamos como una doctrina de imposición de obligaciones y deberes. Y el hombre, como sabéis, sobre todo el hombre contemporáneo, odia y detesta esta doctrina y sólo por escuchar este moralismo de debes, tienes obligación, debes, debes…, esta doctrina de imposiciones de obligaciones le suena mal y extraño en sus oídos.

Incluso la separación del culto de la vida se ve también de esto que te dicen: Voy a la Iglesia, alabo a Dios; pero por la tarde y la noche hago lo que me da la gana; si voy a los cabarés, etc., no importa es otra cosa. Así, pues, hemos separado el culto y la vida con el resultado de caer en un una tipolatría.

Es cierto que el culto se ofrece con algunos tipos; pero en el corazón de los tipos se encuentra la esencia. Si yo, pues, no descubro la esencia, porque mi vida está separada de la esencia, ¿entonces dónde quedo? Quedaré en la cáscara, en el tipo. Y cuando digo: “Ah, se debe hacer esto, debo ir a la Iglesia, debo, debo…”, entonces acabo de convertirme un tipólatra.

El segundo mal, es consecuencia de que hemos rebajado al Cristianismo ortodoxo en religión, mientras que es “realeza increada βασιλεία vasilía», y que llegamos a la comparación del Cristianismo ortodoxo con otras religiones, aunque consideremos al Cristianismo ortodoxo la religión superior y mejor. Y si tomáis cualquier manual religioso del colegio o libro religioso que se refiere sobre este tema, veréis que contiene este error fundamental, el error de comparación o sincretismo.

Cuando algún cristiano nuestro, por un momento gira sus ojos hacia el budismo, le decimos: ¿No es el Cristianismo buena religión? Y sobre todo añadimos: ¡Te demostraré que es mejor religión que el budismo! Desde el momento que diré que el Cristianismo es mejor religión, ya he cometido el error. La cosa no está allí, no hay comparación, el Cristianismo ortodoxo no se compara con otras cosas. Todas estas cosas que se ofrecen por las demás religiones no redimen, ni sanan, tampoco salvan; son “cosmos-mundo”, simplemente porque son por invención del ser humano, es decir, creación del cerebro humano.

Así que, amigos míos, démonos cuenta alguna vez que el Cristianismo no vino a confrontarse con las demás religiones. El tema es muy importante y actual, porque nuestra pobre Grecia y en toda Europa cristiana se han introducido varias corrientes de religiones, principalmente del lejano Oriente. Por lo tanto, es un tema muy interesante y de mucha actualidad y debemos tenerlo muy en cuenta. El Cristianismo no ha venido a confrontarse con las otras religiones, ni mucho menos anular las demás religiones y neutralizarlas totalmente. No viene a decir: ¡“mirad, en aquella religión encontramos algo bueno y en aquella otra también”, conociendo que todas las religiones del mundo son obras y días del diablo!

¡No me digan que el budismo no es obra del diablo! ¡Incluso no me digan que el Buda que ha vivido antes de Cristo, tenía una disposición y éxtasis espiritual, etc.! El Buda está justificado, puesto que ha vivido antes de Cristo; pero ahora que ha venido la Luz increada (Is 9,2. Sal 106, 4. Mt 4, 16), ¿se permite que exista el budismo?… Y lo peor de todo: ¡en la Europa Cristiana y en Grecia ortodoxa, lo bautizados cristianos se permite que se conviertan en budistas, dejar la espiritualidad Ortodoxa, la del Espíritu Santo y caer en la meditación budista…! ¿Se permite o no esto? El Cristo pues vino a neutralizar y abolir todas estas cosas.

Dice el Señor en el Evangelio de Juan, -un logos duro y fuerte pero real y verdadero: “Todos que han venido antes de mí son ladrones y salteadores” (Jn 10,8). Todos, globalmente sin excepción alguna. No hizo alguna distinción y decir: ¡qué bella es la filosofía de Platón tiene una ética buena; no dice qué cosas bellas tiene el Budismo, Confucismo, etc.!  Escuchad lo que dijo Cristo: “Todos que han venido antes de mí son ladrones y salteadores” (Jn 10,8). ¡Todos… globalmente! ¿Qué han robado? La psique-alma humana, que es patrimonio del Dios vivo y su sitio está en el reinado de la Realeza increada de Dios. Esto es el Cristianismo.

Acordaos del sueño de Nabucodonosor (Dan 2, 31-32), vio aquella estatua con frisos de varios materiales, oro, plata, cobre, hierro y ostra, que simbolizan los reinados de la tierra o incluso las religiones de la tierra. Y vio Nabucodonosor “la piedra de la montaña sin manos” que no la arrancó ni recortó mano humana sino que se recortó sola de la montaña. “Salve o alégrate montaña no desbastada” decimos a la Panaghía. (Versículo del Acatisto). La Virgen Santísima es la montaña no desbastada porque de ella ha nacido el Hijo de Dios. ¡El Cristo es la piedra (espiritual) que se desprendió! (1Cor 10,4). ¡Es Él! Además así lo interpretó Daniel a Nabucodonosor. Por supuesto que no dijo la palabra Cristo, sino que habló en general de un rey celeste, sobre una realeza celeste (Dan 2,44). ¡Vino pues y cayó encima de la estatua y la hizo polvo! ¡Este polvo fue arrebatado y esparcido por el viento y no se encontró lugar para la estatua!

¡Esto es el Cristianismo! ¡No vino a co-caminar ni co-complacer con las otras religiones; vino a neutralizarlas! ¿Decidme, pues, según estas tesis o posiciones por las que el Cristianismo es reinado de “realeza increada βασιλεία vasilía», cómo podemos ya comparar al Cristianismo con las otras religiones falsas?

¿Pero qué es el Cristianismo? Es el reinado “realeza increada βασιλεία vasilía», es κλη­ρο­νο­μί­α klironomía herencia (Deut 12,9. Num 18, 20. Hec 20,32. Ef 1,14· 18. Col 3, 24. Heb 9, 16. Α΄ Ped. 1,4, y otros). De aquí viene la palabra clero, es decir, herencia divina. El Cristiano no es el religioso, es decir, aquel que permanece en un culto típico, sino el que “está invocando al Señor” (Hec 7,59. Rom 10,12. Α΄ Cor 1,2 y otros), como se llama en el Nuevo Testamento; es el “discípulo” (Hec 6, 1· 7. 9, 1· 10· 25· 26· 36. 11, 29 y otros); es el “cristiano” (Hec 11, 26. 26, 28); es el “santo” (Hec 9, 10· 19. 11, 26. 26, 28. Α΄ Ped 4, 16 y otros).

Esto de “copartícipe”, que dice Juan en su Apocalipsis: “copartícipe en vuestra tribulación, en la paciencia y en la realeza increada de Jesús Cristo”, muestra que esta participación y comunión no existe sólo entre los fieles, sino entre los fieles y el Cristo, porque el Cristo es el que ha padecido.

Muy bien el apóstol Pablo recapitula: “Logos fiel es este: si somos muertos con él, también viviremos con él; si sufrimos, también co-reinaremos con él; si le negáremos, él también nos negará” (2Tim 2,11-12).

Aquí vemos que “moriremos con él” se refiere en la tribulación, el “sufriremos” en la paciencia y el co-reinaremos en la realeza increada, es decir, se refiere a éste tríptico que dice san Juan el Evangelista en su Apocalipsis.

Ahora el Evangelista Juan en el libro del Apocalipsis continúa describiendo lo relacionado con él, es decir, aquellas cosas que le hicieron escribir este libro. Escribe, pues, a los fieles que los llama “hermanos, copartícipes en la tribulación, en la paciencia y en la realeza increada”, lo siguiente: “Caí en éxtasis o estaba en espíritu el Domingo día del Señor” (Apo 1,10).

Con una finura el Evangelista califica las descripciones auténticas de las apocalipsis-revelaciones sobrenaturales y apunta que cayó en estado de éxtasis (extensión o dimensión espiritual). Esta situación “en espíritu” es un aislamiento del mundo espiritual del hombre, del conocido ambiente exterior, con el propósito de que él venga en conexión y contacto con el mundo sobrenatural.

Dos son las tesis o posiciones en las que puede caer el sujeto hombre en éxtasis: la energética o activa y la pasiva. Esta segunda, la pasiva que toma el hombre cuando se encuentra en éxtasis, es decir, en aislamiento de su ambiente exterior con el propósito de unirse con unas fuerzas, es demoníaca. ¿Así que el diablo crea éxtasis?… ¡Por supuesto que sí! Atención amigos míos: ¡el Diablo crea éxtasis!

La palabra éxtasi ἔκ­στα­ση proviene de ἐκ ek e ἵ­στα­μαι ístame; es decir, voy más allá de donde me encuentro, me encuentro en otro lugar, y por costumbre no siento mi ambiente exterior. Uno puede que esté hablándome y yo no perciba nada, no saber dónde me encuentro, en mi casa, en la montaña, no sé, de una manera “estoy arrebatado” (2 Cor 12,2), vivo este éxtasis.

Me diréis: ¿el diablo hace esto? Sí, lo hace. ¿Y el Dios? Sí también el Dios. Por tanto, este caso, el éxtasis pasivo es demoníaco. ¿Cuándo es demoníaco? Cuando el hombre se aísla y su subconsciente y la conciencia no trabaja y no puede percibir u operar en nada; ¡alguna vez ni siquiera existe su memoria.

Me diréis: Entonces si no existe la conciencia y la memoria en uno que se extasía, ¿cuál sería su valor?

Por supuesto que existe algún valor; son los conocidos médium; los médium son los intermediarios, que quiere decir medio o intermediario. ¡Por lo tanto, es el intermediario, es la persona aquella que está detenida o presente entre el mundo espiritual-el mundo de los demonios- y del ambiente real de los hombres. Y el médium informa y nos dice cosas sorprendentes. Y el médium cuando vuelve del éxtasis en sí mismo y en su forma natural, no conoce ni se acuerda nada absolutamente de lo que ha dicho. ¿Por qué? Porque en el éxtasis demoníaco tenemos aislamiento o delimitación de la conciencia; la conciencia se aísla se va totalmente de lado.

Al contrario, en el éxtasis divino tenemos pleno mantenimiento de todas las fuerzas de la psique-alma. Es característico el caso de san Juan, el cual se encuentra en éxtasis, recibe la Apocálipsis-Revelación y participa en ella; es decir, ve, escucha y conversa. Pero además de este caso, os diré uno más, que igualmente lo conocéis; es la visión del apóstol Pedro.

Cuando el Apóstol ve aquella pantalla con varios animales que bajan del cielo, no sólo conoce, ve y siente sino reacciona también. “Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis; y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás” (Hec 10, 10-16). ¿Habéis visto cómo reacciona? Tiene plena conciencia, conoce la ley; no tiene pérdida de memoria de su vida aquella que tiene fuera de el éxtasis. Éste es el éxtasis divino.

Así pues el evangelista Juan “estaba en espíritu”, como el mismo nos dice aquí; es decir, que las fuerzas del cuerpo quedaron de una manera inoperativas. Lo mismo cuando tenemos fijado nuestro cerebro en alguna parte y no percibimos los ruidos, ni el hambre y ningún peligro. Incluso si una serpiente pasa de al lado nuestro no la percibimos porque nuestro cerebro está fijado atentamente en algo. Esto quiere decir “me hice en espíritu”.

¿Y cuándo se hizo esto? “En el día del Señor o Domingo” (Apo 1,10).

Es la única vez que se nombra el día Domingo en el Nuevo Testamento.

Los santos Evangelistas, como sabréis muy bien, tratando de referirse al acontecimiento de la Resurrección del Señor, que se hizo en Domingo, le llama “una de los Sábados o primer día de la semana”, (Mt 28, 1. Mrc 16, 2. Lc 24, 1. Jn 20, 1· 19. Hec 20, 7. Α΄ Cor 16, 2). ¿Pero qué significa “una de los Sábados”. Significa que es el primer día de la semana, porque Sábado quiere decir semana, y por consiguiente es la que después se llamará Domingo. Realmente es la primera vez que en el Nuevo Testamento se refiere la palabra Domingo.

El Sábado en el Antiguo Testamento, como sabréis, se llamaba “el día del Señor” (Jo 1, 15. 2, 1· 11. 4, 14. Abd 15. Mal 4, 1. Is 13, 6· 9 y otros). Pero en Nuevo Testamento también se llama “día del Señor” o “día una de los sábados” (1Tes 5,2 y 2Ped 3,10). Por tanto, Domingo quiere decir “día del Señor”.

Durante el primer día de la semana, es decir, “primera dia o una de los Sábados” o el Domingo como decimos hoy en día, se ha resucitado de los muertos el Señor. El primer día también fue creada la luz (Gén 1, 3-5). Pero también Su Espíritu Santo lo envío el día Domingo para que se insufle en los Apóstoles y en la Iglesia (Hechos 2).

En consecuencia de esto, diríamos que en vez de Sábado que representa la primera creación, porque todo el mundo creado fue completado en los seis primeros días creativos, ahora se establece desde el primer siglo cristiano el día Domingo; que es el primer día de la semana. No el séptimo sino el primer día. Pero como es el primer día después del séptimo, se llama octavo día, y se establece ya como de la segunda creación o la recreación de la creación, porque la creación envejeció dentro en la corrupción y en la muerte.

Así que éste día tenemos la Resurrección de Cristo, y también el descenso del Espíritu Santo; pero existe también la convicción que la Segunda Presencia de Cristo se hará en día Domingo.

Tal vez duden y me digan que el Señor nos dijo que: “Sobre este día y hora nadie conoce” (Mt 24,36. Hec ,7). Sí, pero nadie sabe cuál será este Domingo. Por lo tanto la fe de la Iglesia de que la Segunda Presencia de Cristo será Domingo, igual que la Resurrección y el Pentecostés, no contradice para nada el logos del Señor de que nadie conoce el día que el Cristo volverá aquí en la tierra.

¿Pero no os llama la atención que la entrega del Apocalipsis a Juan se hizo el día Domingo? He aquí más un cuarto elemento. Por tanto, Resurrección, Pentecostés y entrega del Apocalipsis y quizás será en día Domingo la Segunda Presencia de Cristo.

Además amigos míos, la Iglesia festeja cada semana el día del Domingo, es decir, el día de la Resurrección de Cristo. ¡El Domingo es una fiesta con un significado fino, estrecho de la palabra! ¡Es fiesta! De hecho las vísperas son de una tonalidad resurectiva o pascual y el centro es el evangelio, el resurectivo. De todas formas el día Domingo es un gran día.

La epístola de Bernabé nos dice lo siguiente: “Por eso vamos y celebramos el deleite el día octavo, en la que el Jesús también resucitó de los muertos”, veis que dice el octavo día (Barnabae epistula 15.9.1-2, Cerf, Paris 1971).

También el libro de Didajés de los Apóstoles nos informa de lo siguiente: “Durante el Domingo del Señor reuníos y partir y repartir el pan”, es decir, celebrar el Misterio de la Divina Efjaristía y hacer la Divina Liturgia durante el Domingo.

De hecho aquí uno diría que la percepción que hay en algunos Cristianos de no comulgar el Domingo, puesto que no ayunamos el Sábado, es equivocada, es herética. ¿Pero cómo vamos a ayunar el Sábado puesto que existe el canon del Sínodo que prohíbe ayunar el Sábado? Veis que es absurdo…

Muchas veces lo he dicho esto, y volveré a decirlo otra vez, estas posiciones son heréticas. Y son heréticas porque los que las sostienen persisten en el error, a pesar de que se les avisa. ¡Y estas cosas se dicen entre Ortodoxos! “¡No dicen, no debemos comulgar el Domingo, porque antes debemos ayunar!” ¿Pero cómo vamos a ayunar el Sábado, puesto que existe el canon del Sínodo que prohíbe el ayuno el Sábado?…

¡Veis amigos míos— qué cosa absurdas!… utopías!. Gracias al ayuno, con este sentido y significado estrecho, hemos anulado el Domingo como día del Señor. ¡El día por excelencia que tomaremos la comunión y tomaremos el Cuerpo y la Sangre de Cristo! Habéis visto lo qué dice aquí el libro de Δι­δα­χή Didají: Durante el Domingo fraccionar el pan”, es decir, celebrar la Divina Liturgia.

Pero quién va a comulgar, ¿sólo el cura?… ‘¡Venid con temor a Dios y agapi”, dice cuando vamos a comulgar! Amados míos, no es sólo para el cura la Divina Liturgia, es también para el pueblo-laós de Dios, entre el cual se encuentra también el sacerdote que va a comulgar el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Por tanto, el Domingo que es día resurrectivo, pascual y festivo de nuestra Iglesia, se consolida como día de descanso, sosiego, gozo y Culto divino, y también día de obras bondadosas.

Y continua el Evangelista diciendo: “Yo estaba en Espíritu en el día del Señor o Domingo, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía” (Apo 1,10).

Esto de “oí detrás de mí” revela algo repentino. Es conocido que cuando uno viene hacia nosotros y está en el campo visual, para nosotros no es algo repentino porque lo vemos que viene, pero cuando viene de detrás nuestro, sin haberlo visto y por un momento nos toca en la espalda, entonces para nosotros es repentino. Por lo tanto significa que esta aparición fue repentina, inesperada.

Aún dice que era “una voz grande como de trompeta”, fuerte y tronante. En otro lugar nos dirá que “su voz era como estruendo de muchas aguas” (Apo 1,15). Si alguna vez habéis estado en una catarata que cae el agua con ímpetu desde la altura, se habrán enterado con qué ruido cae. Se asimila la voz de Dios con las aguas que caen de gran altura.

Pero una voz así se volverá a oír, se abrirán todas las tumbas y resucitarán los muertos. “Sonará” como dice el Apóstol Pablo: “y en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, al final del último toque de trompeta; porque sonará la trompeta (por el ángel), y los muertos serán resucitados incorruptibles” (1Cor 15,52. 1Tes 4,6). ¡Cosas curiosas… “sonará”! Y quién sonará? El Ángel- ¿Qué sonará? La orden de Dios.

Generalmente la voz de la trompeta es siempre la voz de Dios. Acordaos en Sinaí. El Dios habló con voz de trompeta y con voz de trueno. Y el pueblo tiempla al oír este tipo de voz (Ex 19, 16. 20, 18. Apo 6, 1. 14, 2 y otros).

¿Y qué escuchó el evangelista Juan? ¿Qué le decía la voz? “Escribe en libro lo que ves y mándalo en las siete Iglesias” (Apo 1,11).

Permitidme aquí preguntar: ¿O sea, cómo se mandará el libro en las siete Iglesias? Deberíamos tener siete copias. ¿No debería ser así? Ya que estas Iglesias distan entre sí, ¿no deberíamos tener siete copias? La conclusión es que el logos de Dios se puede imprimir y repartir. ¿Lo habéis entendido? Se puede imprimir y repartir. No es posible que haya sólo un libro y de éste oír todos.

Antiguamente así se hacía; había un libro y teníamos que ir todos a escuchar de este. Ninguno tenía en su casa una copia del logos de Dios. En el Antiguo Testamento no había copias en las casas, iban en la Sinagoga a escuchar el logos de Dios. Pero aquí dice: “Escribe este libro y envíalos a las siete Iglesias”; es decir, saca siete copias y envíalas a las siete Iglesias; Esto significa que al ser imprimido el logos de Dios y sea repartido hasta el último punto de la tierra es voluntad de Dios. Este pasaje: “lo que ves acríbelo en libro y envíalo, a las siete Iglesias”;  es como si dijera: ¡imprima libros, imprima el logos de Dios, la Santa Escritura y  mándalos en todas partes; manda mi logos en papel escrito hasta los confines de la tierra, manda el papel impreso con mi logos hasta los confines de la tierra!

Aquí veréis cómo se intercambia el ver con el escuchar. Dice el Evangelista: ¡“Escuché una voz; escriba lo que ves” y más abajo: “he visto… he oído…”! Es decir, tenemos una irritación y estimulación de los sentidos oído y vista. Así que estos dos, vista y oído se intercambian.

Dice san Andrés de Kesarea: “es la misma cosa si hablamos de vista espiritual como si hablamos de oído espiritual, son la misma cosa. La vista y el oído indican la dinámica de las imágenes reveladas. Cuando decimos a alguien, “he visto como mis ojos o he oído con mis oídos”, esto indica una dinámica de los elementos, de las imágenes y de los temas que se revelan. Por lo tanto, el Evangelista sobre lo que va a escribir es testigo presente, con sus ojos ha visto y con sus oídos ha escuchado.

 “Escribe en libro”. Por mandamiento divino lo que veía debería ser escrito al libro. Pero las cosas que se deberían escribir, esto presupone también lectores. Por tanto la orden divina no es sólo escribir el libro y repartir en los confines de la tierra, sino también su lectura, o sea, su estudio. ¡Amigos míos, estudiemos el logos de Dios, día y noche si hace falta!

Pero sobre esto: “Escribe en libro”, permitidme compartir unos pensamientos más para cerrar nuestro tema.

Me pregunto, si acaso de aquel libro original que escribió el Evangelista se salvaguardó algo. Las siete reproducciones por supuesto que las ha escrito él. De hecho, según la tradición, el que escribía era Prócoro, uno de los siete Diáconos-servidores (Hec 6, 1-7). Por eso en las hagiografías. los iconos del Apocalipsis tenemos a Juan que recibe el Apocalipsis en una cueva y a lado de él san Prócoro escribir el dictado de Juan. Reproductor pues, no es Juan sino Prócoro. ¿Si acaso el libro original que fue escrito allí, se ha salvado? No lo sé si alguna vez lo habéis pensado esto. ¿Quizás allí en Patmos o en alguna biblioteca de la Santa Montaña Athos donde tienen muchos códigos y libros antiquísimos esté el libro original del Apocalipsis?

Pero no tiene importancia esto. Lo mismo sucede también con la virtud de la caridad. Damos a uno un vaso de agua o un plato de comida, pero esta praxis de por sí misma no aguanta en la Eternidad; el que hemos dado un vaso de agua o un plato de comida volverá a tener sed y hambre. Sin embargo el Señor dijo: ”Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua solamente refrescante, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis, (Mt 10, 42. 25, 35). Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa” (Mrc 9,41). Esta praxis como espíritu y acción tiene valor; la virtud quedará en la Eternidad, porque fue conectada con la voluntad de Dios como virtud. La virtud quedará, no la cosa material, el portador. Lo mismo ocurre aquí, no tiene importancia si se ha salvaguardado el portador material…

Es verdad, cuánto nos emocionaría o cuánto emocionaría a los arqueólogos e investigadores de los textos y libros antiguos tener una pluma de escribir de un san Juan Evangelista o de un apóstol Pablo. ¡Cuánto les emocionaría!… ¡Pero no tiene importancia esto; lo que tiene importancia es que el logos de Dios no se vincula ni se encierra por la materia. ¡Le tenemos el logos de Dios; y en millones de reproducciones e impresos le tenemos!

Pero sobre esto me gustaría deciros una cosa más. Muchas cosas en nuestra vida las hacemos para que aguanten en la eternidad. Construimos una casa, una Iglesia, compramos algo… Decimos: Compra esta ropa con tal tejido es para toda la vida, te aguantará eternamente…!  Oíd: ¡son eternos! Es una tentación cuando queremos hacer algo para permanecer a la eternidad. ¡Hacer un monasterio o una Iglesia para que permanezcan hasta el final de la historia! ¿Construir un templo, por ejemplo, el de san Aquiles, y permanecer hasta que acabe la Historia! Es cierto que cuando inauguramos un templo oramos y decimos: “Señor que quede hasta el final de la historia este templo”.

Pero el Dios no queda atado y comprometido de portadores materiales- os lo dije, esto es una tentación. Aunque se derrumben por alguna causa. Por supuesto que nosotros debemos construir, para servir en un momento histórico, de nuestra época y nuestra generación; la siguiente generación, pues, que construya ella. Una cosa tiene valor; ¡el espíritu! El espíritu no se ata, éste es el que debemos mantener. ¿Y los portadores? Pues,… no interesan. Es cierto que muchas veces por cuestiones sentimentales nos interesamos; pero tomadlo como queráis, pues, no nos interesan.

Es verdad que del antiguo mundo ascético de Egipto y Oriente, Siria, Palestina, etc., no se ha salvaguardado nada. Es verdad, ¿dónde están las Skitis, las chozas y ermitas que han construido de los ascetas? No existe. ¡Ya no existe nada hoy de esto! Pero se ha salvado el espíritu ascético y existe dentro en la Iglesia. Por lo tanto, no nos quedemos en los portadores materiales, como si fuera todo, sino al espíritu debemos permanecer.

Y nosotros aquí tenemos el Apocalipsis de Dios. No tiene importancia si este libro que tenemos en nuestras manos es el primero o el último de un billón de libros. Lo importante es que tenemos el libro con la Apocálipsis-Revelación de Dios para redimirnos, sanarnos y salvarnos.

Yérontas Atanasio Mitilineos

Copyright: Monasterio Komnineon de “Dormición de la Zeotocos” y “san Demetrio”

40007 Stomion, Larisa. Fax y Teléfono 0030. 24950.91220 http://www.arnion.gr/index.php/p-thanasios-mytilina-os/milies-p-thanasiou/kainh-diauhkh/iera-apokalycis

 

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas)  www.logosortodoxo.com

Unidad 6. Apocalipsis 1, 1-20 Introducción (2): Las siete epístolas. El Logos encarnado, humanizado sobrepasa el tiempo y la Historia.

 «Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pergamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea» (Ap 1,11). Es decir, todas estas cosa que verás y oirás escríbelas en un libro y mándalo a estas siete Iglesias de Asia Menor, dice el Señor a Juan, el Jesús Cristo, el Cual se apareció y se manifestó en él.

Estas Iglesias son las siete Iglesias históricas de Asia Menor. Naturalmente no son las únicas ni más las grandes que aquellas que se habían creado por los Apóstoles, como es la Iglesia de Jerusalén, de Antioquía, de Roma o de Corinto.

En principio estas siete Iglesias referidas de Asia Menor se encontraban al horizonte óptico del evangelista Juan –el cual tenía como residencia a Efeso, pero estaba exiliado en Patmos- y estaba bajo la supervisión espiritual del Evangelio.

Pero como veremos a continuación, las siete Iglesias constituyen simplemente aspectos de la realidad histórica de la una Iglesia santa, católica y apostólica, y no incluye ni agota todas las Iglesias locales que existen en el mundo, sino que describen el camino histórico de la una Iglesia durante los siglos.

«Y me volví para ver la voz la que hablaba conmigo» (Ap 1,12), dice el evangelista Juan.

Así que la voz estaba y venía de detrás. Ya que giró a mirar hacia atrás, significa que la voz estaba detrás. El que estaba hablando no estaba delante de él sino detrás. El que giró hacia atrás, esto tiene su importancia, porque al girar hacia atrás, vería toda aquella imagen de aquel que estaba hablando, por la que realmente se espantó.

Pero llama la atención de que el Evangelista pone “giré a ver la voz”. Este ver sustituye el “oír”. En vez de escribir “giré a escuchar la voz”. El ver sustituye el escuchar, porque se refiere a la persona por la que escucharía la voz.

Esta expresión, “giré a ver la voz”, nos recuerda los Israelitas al desierto donde Moisés señala: “Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y la voz de la trompeta, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos” (Ex 20,18). Es decir, todo el pueblo veía el humo que salía de la montaña, veía también la voz de Dios.

¿Se ve la voz alguna vez?… ¿Se puede ver?… Pero esto revela la viveza y la dinámica de la visión que entre voz y persona, oído y vista, sobreviene una confusión. Y como prevalece la vista como sentido, entonces es vista la voz. Es decir, es una forma de expresión que da una dinámica y vivifica demasiado la imagen.

Y cuando Juan giró para ver la voz que clamaba detrás suyo, vio “los siete candeleros de oro” (Ap 1,12). De verdad, ¿cómo se puede describir aquí esta imagen supercósmica?…

Cuando dice “candeleros”, por lo menos que seamos ayudados a través de la iconografía, se refiere a los candeleros que están colocados de una forma que debería al que habla caminar entre los siete candeleros que se llaman también lámparas. Pues, eran siete candeleros altos y allí arriba se encontraban puestas siete velas encendidas. La razón por la que están colocados de esta forma estos siete candeleros sobre todo de una forma muy bella, lo veremos más abajo cuando nos lo describa el evangelista.

Estos siete candeleros de oro, que Juan ha visto, recuerdan el candelero de siete lámparas, las que había en el templo de Salomón, al templo de Dios, y que ya era el símbolo del templo de Dios (AP 1, 4. 3, 1. 4, 5. 5, 6). Aún nos recuerdan al mismo Dios o los siete espíritus de Dios que ya nos hemos referido a estos, y que no son más que la multitud de carismas, regalos y energías increadas (jaris) del Espíritu Santo, es decir, de Dios. Aún recuerdan, si queréis, que el Dios es “luz increada que habita en luz inaccesible” (1Tim 6,16).

El candelabro con las siete lámparas del templo de Salomón era uno con siete varazos con candiles que quemaban aceite, estaban adaptados con brazos al eje central de la lámpara. Pero aquí en el Apocalipsis tenemos aisladas las siete lámparas, no como el plano del candelero con siete lámparas. Estas lámparas simbolizan las siete Iglesias de Asia Menor o la Iglesia entera.

Os recuerdo que entonces en Asia Menor no había sólo siete Iglesias, había muchas. Por supuesto que cuando decimos Iglesia no damos a entender el templo, sino la región eclesiástica que tenía el Obispo. Por ejemplo como diríamos hoy la Iglesia de Tesalónica o de Atenas; en este sentido se dice Iglesia, es decir, la periferia de la metrópolis como lo diríamos con la expresión actual. Pues, no habían sólo siete Iglesias; sino que aquí el número siete, con su santidad, viene a darnos la plenitud de la Una Iglesia Católica y Apostólica, la Ortodoxa. Pero a la vez estas siete Iglesias, como os dije, sirven también como Iglesias históricas, es decir, no son imaginarias sino reales.

Es cierto que las profecías que se anunciarán sobre estas siete Iglesias, se refieren a cada una de forma histórica, y a la vez revelan lo que se profetiza para toda la Iglesia dentro en la Historia. Esto es lo maravilloso,-que lo encontramos casi en todas las profecías del Antiguo y del Nuevo Testamento; es decir, el cómo las profecías mientras aspiran en un marco y torso histórico, a la vez transcienden esta parte o torso histórico y van a la profundidad de la Historia, para hablar de algo más general o incluso para algo concreto, según cómo se sirve la profecía; esjatológicamente o no.

Así que las siete lámparas, como os dije, son las siete Iglesias de Asia Menor o la una y única Iglesia

Υ en medio de los candelabros como un hijo del hombre”(Apo 1,13), hijo del hombre quiere decir antropos-ser humano. Pero cuando dice semejante, quiere decir que se parecía a ser humano, por lo tanto no era simplemente un hombre. Era hombre, pero… Tenía algo de sobrenatural este hombre.

¿Dónde le vio? “En medio de las doce lámparas”. Y más abajo nos dirá que anda “en medio de doce lámparas” (Ap 2,1). Por lo tanto, las lámparas no estaban ordenadas. ¿Entonces cómo estaban? Como os dije, estas siete lámparas estaban puestas de tal manera, de modo que el “semejante a hijo del hombre” pueda moverse dinámicamente entre ellas y no quedarse estático, es decir, parado en pie.

Aquí tenemos la imagen del Mesías como hijo del hombre –por eso dice, “semejante a hijo del hombre- que fue tomado del libro de Daniel (Dan 7,13) y esto por un lado, es para la realización de la profecía de Daniel, y por otro lado, para la identificación de la persona del Mesías.

Los Evangelios ya revelan el Mesías como hombre cien por cien. Nos lo dirá claramente san Juan el Evangelista: el Logos se hizo sarx y acampó entre nosotros”. ¡Y sobre todo no dice hombre sino sarx! No es el momento para explicaros el por qué, sino sólo que el Evangelista Juan quiere recalcar especialmente la naturaleza humana de Cristo. Pero simultáneamente recalca también Su naturaleza divina, y dice que Jesús es el Logos, el Cual era, es y está siempre al Padre, es decir, simpre existía y que el principio de los seres o existencias se encunetra al Hijo, pero también el Hijo existía cuando se hizo el principio de la creación, visible e invisible, (Jn 1, 1-3). «1En el principio el Logos era, es y será eterna e infinitamente; y el Logos existía con Dios y está en Dios; y el Dios era y es el Logos.

[1. En el principio, en el espíritu infinito e increado de la creación espiritual y material existía siempre el Logos, como Hijo de Dios que nace siempre de-el Padre, como infinito y vivo Logos de Nus infinito, perfecto y sabio. El Logos como segunda hipóstasis o persona de la Santa Trinidad existía y está siempre inseparable de Dios, y el Logos es Dios, increado, perfecto e infinito, tal y como el Padre y el Espíritu Santo.]

2 Él existía y está desde el principio de la creación siempre unido a Dios.

3 Todo fue hecho por él y sin él no se hizo nada de todo lo creado.» 

Ahora bien, una vez que en su evangelio muestre a Jesús con su infinidad y perpetuidad, recalcando que es el mismo Dios Logos, que es consubstancial con el Padre, a la vez aquí en el Apocalipsis indicará también Su naturaleza humana. Pero para que el lector no se confunda y diga que puede ser que la naturaleza humana de Jesús era fenomenal o aparente y no se considere que es simplemente una imagen o una fantasía, el evangelista dice aquí que: “el Logos se hizo sarx”. No dice cuerpo, ni hombre, ¡sino sarx!… para mostrar la humanización o encarnación real del Dios Logos.

Así que, mientras en los Evangelios tenemos al hombre real Jesús, que comió, bebió, habló, durmió, se cansó, tuvo sed, se dolió, se crucificó y derramó Su sangre…, es decir, ¡cien por cien hombre! Ahora en el libro del Apocalipsis se eleva y se resalta el Logos humanizado o encarnado, pero por encima, transcendiendo el tiempo y la historia y sobre todo como triunfador de la Historia. Por esta razón, el Cristo, por una parte es hombre pero a la vez también Dios, en una palabra diríamos que es el Θε­άν­θρω­πος zeánzropos Dios-Hombre.

Por tanto, la naturaleza divino-humana se ve también de los dos aspectos. Aquí encima de la tierra se veía la naturaleza humana y no la divina; la divina se encubría. Aquello que dice san Pablo: “se vació o despojó a sí mismo y tomó forma de siervo”, -y “siervo” el hombre en general-, no significa que se vació de Su doxa (gloria, luz increada) divina, porque esto no es posible que se haga nunca, sino simplemente la doxa-gloria divina se encubrió.

Por eso en la fiesta de Navidad, que celebraremos estos días, es una fiesta de vaciamiento-kenosis-despojo del Logos increado. Veis que no aparece ninguna doxa-gloria (luz increada). Es cierto que existen elementos y señales que testifican Su divina doxa increada, como son los ángeles del cielo que cantaban, o la estrella que conduce a los magos. A pesar de todo esto, Jesús es un niño natural, totalmente natural que ha nacido de una mujer, la παναγία panaghía (más santa que todos los santos, santísima) Zeotokos. Por tanto, se encubre la divina doxa en Su vida terrenal. Pero desde que fue crucificado y resucitado no se encubre, porque ya es el sobresaliente Jesús de la Historia; ¡es aquel que apareció a Pablo en el camino hacia Damasco cuando entraba a la ciudad, el Cual era más resplandeciente que el sol actual! ¡Y Le oyó Pablo y quedó ciego y Le creyó y se convirtió en gran Pablo! (Hec  9, 1-18). Jesús es el sobresaliente de la Historia. Así aparece ahora aquí en el libro del Apocalipsis.

El evangelista Juan, por supuesto que conoce el historial de Jesús, pero a la vez conoce lo sobresaliente de la Historia de Jesús. Por eso ahora efectivamente no corre en caer a Su pecho, tal como entonces cuando Le dijo: “Señor quién es el que te va a entregar” (Jn 21,20), ni dice aquello: “a quien Jesús amaba” (Jn 13,23 · 19,27· 7,20), lo que tanto ama escribirlo en su evangelio repetidamente. Ya no está animado para esto. Ni se acercará a Jesús igual que entonces con su hermano Santiago que Le dijeron: “¡Señor… cuánto nos gustaría sentarnos a la derecha e izquierda tuyo!”; y sobre todo la madre de ellos implicandole para que consigan esto. ¡Pero ahora Juan se sobresaltó!… se asusta por lo que ve delante suyo.

Por esta razón la calificación del Mesías por el evangelista Juan “como semejante a hijo del hombre”, como os he dicho, se refiere a Su sarx-cuerpo humano deificado o glorificado.

Jesús Cristo, que ya está glorificado, se mueve entre Sus Iglesias, o mejor dicho, se encuentra en Su Iglesia; por eso está entre las lámparas doradas que están encendidas.

Aquí vemos que Jesús aparezca –siempre sobresaliente de la Historia- dentro en la Iglesia histórica. Atención: es la Iglesia militante como la llamamos en otras palabras; es la Iglesia histórica. Nosotros en este momento somos Iglesia de Cristo la histórica, la Iglesia militante. Vemos pues aquí a Jesús Cristo en un simplegma-complejo o conjunto con Su Iglesia.

¿Éste conjunto o complejo cómo lo captaremos? Si observamos con atención el pasaje apostólico en la epístola a los Colosenses 1,24, allí escucharéis que el Apóstol se refiere al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Porque la misma Iglesia es Su Cuerpo, y esto porque el Cristo es como Dios y como hombre, por lo tanto, como Θε­άν­θρω­πος (zeánzropos) Dios-Hombre habita en la Iglesia.

Dice el apóstol Pablo: “Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (2Cor 6,16 · Lev 26,11-12). Es del Antiguo Testamento pero el apóstol Pablo lo renueva en el Nuevo. ¡Es extraordinario, amigos míos!

¡Habéis visto; habitaré y andaré! Es muy característica esta posición de Dios. Indica a Dios que está dentro en Su Iglesia de una forma dinámica. Es la segunda vez que lo digo y lo volveré a decir para que lo entendamos bien que el Dios es “Dios que se acerca y toca” (Jer 26,26), el Dios está entre nosotros y conoce todo, el Dios no está de una manera estática e inamovible.

Una segunda razón por la que el Cristo aparece con Sus Iglesias en un complejo o conjunto, es porque la existente luz increada y la vida en la Iglesia emana del mismo Cristo, el Cual es la Fuente de la Luz increada (Jn 8,12 · Apo 22,5, etc.), es la Fuente de la vida increada (Jn 6,35 · Hec 3,15, etc.) y el Cual se encuentra continuamente junto con Sus fieles (Jn 12,36 · 14,3 · 17,24 · 2Tim 2,12, etc) .

Y dice el evangelista Juan: “Me volví para ver quién me hablaba; y, al volverme, vi siete candeleros de oro, y en medio de los candeleros como un hijo del hombre, vestido con una larga túnica y ceñido con un cinturón de oro alrededor de su pecho” (Apo 1, 12-13).

La túnica hasta los pies, y el cinturón ceñido aquí delante de los pechos, por consiguiente un ceñidor de oro amplio. Esta indumentaria nos recuerda la indumentaria sacerdotal y bíblica del Antiguo Testamento (Ex 28, 1.39), y de esta manera la presencia de Jesús aquí quiere resaltar Su poder sacerdotal y Su real, (de rey).

Aquí esta indumentaria, el abrigo largo, manifiesta la grandeza del que se viste con esta. Como sabréis el abrigo largo siempre da una majestuosidad al que lo pone. Así a los ojos del Evangelista está y se ve, de una manera muy clara el axioma real y el sacerdotal de aquel que para ver su voz, Juan dio la vuelta.

Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; (Apo 1,14). Toma dos imágenes, el pelo blanco y la nieve, para indicar la blancura de los pelos de la cabeza. ¿Qué significa la blancura de los pelos de la cabeza? Esta blancura de los pelos significa la antigüedad y la eternidad de Cristo.

Y esta antigüedad es común con el Anciano de los días, es decir, el Padre celeste, tal y como nos lo describe el profeta Daniel (Dan 7,22).  Anciano de los días significa a aquel que es muy antiguo, es el primero y aparece como anciano. Por esta razón en nuestras iconas-imágenes el Dios Padre aparece como anciano o yérontas con pelo blanco. Esta imagen está tomada de Daniel. Así que el pelo blanco muestra la antigüedad. Realmente aquí vemos la antigüedad del Hijo.

¿Pero por qué se presenta con pelo blanco? Para indicar que también el Hijo como el Padre son los Ancianos del tiempo, que muestra lo equivalente con el Padre! ¡Dónde están los miserables milenarios o testigos de Jehová que intentan entender el nacimiento del Hijo!… intentan, intentan, qué vas a entender pobre hombre! Dice san Basilio el Grande: “Qué quieres que te diga sobre el nacimiento del Hijo por el Padre… ¿qué quieres que te diga sobre esto?… ¡Únicamente tomamos la palabra, pero no entendemos nada! (San Basilio, Epístolas Canónicas 52.3.7-13, ediciones: Les Belles Lettres, Paris 1957).

Y dicen los miserables milenaristas T.J.: ¿cómo es posible que el Hijo sea equivalente o igual que el Padre, puesto que es Hijo? ¡Y dicen todas estas cosas porque pretenden entender el concepto de Nacimiento! Pero esto amigos míos, constituye misterio. Ya que es un misterio, entonces ¿qué buscamos? Entonces seguro que el Padre como el Hijo son los Ancianos de los días, y por consiguiente el Hijo ya que Él también tiene antigüedad, igual que el Padre, y se presenta con la misma icona-imagen –lo diremos también un poquito más abajo esto, porque tenemos también otros puntos que muestran la equivalencia e igualdad del Hijo con el Padre, y por consiguiente el Hijo es igual que el Padre, y por lo tanto, el Hijo es el Jahvé, el Señor. Pues, ¡el Señor!

Pero nos impresiona que nuestra iconografía todas estas cosas las figura o pinta tan bellamente que no son de forma natural sino dogmáticamente. No quiere presentar las personas o rostros del Señor, de la Zeotocos y de los Santos de forma natural, sino de manera contranatura, dogmáticamente y metamorfoseados por la energía increada.

Vemos en la cúpula del Monasterio Dafne en Athos a Jesús iconografiado que tenga pelo negro, pero rostro anciano. Pero el iconógrafo aquí expresamente presenta así a Cristo con pelo negro y rostro anciano, que quizás por algún momento por parte estética parecería hasta feo comparado con algo de manera naturalística. Pero uno que sabe, puede ver y disfrutar no quedándose en la forma natural; sobre todo el que conoce sobre el arte verdadero llega a olvidarse y aborrecer al naturalismo. ¿Pero por qué de primera vista se presenta un rostro que parece feo, arrugado, viejo y con pelo negro? ¿Qué quiere indicar aquí el iconógrafo, poniendo pelo blanco y rostro joven o pelo negro y rostro viejo? ¡Simplemente quiere mostrar que el Hijo es el eterno Dios, pero con una eternidad joven!

El Dios se llama Anciano de los días. ¡El Dios no es anciano, amigos míos! La vejez es cualidad de los hombres, los cuales están dentro en el tiempo y se envejecen. ¡El Dios no envejece! Y así se expresa admirablemente la antigüedad, es decir, la eternidad, y a la vez la jovenialidad. ¡Pero el Dios permanece siempre el mismo, inalterable!

“Sus ojos como llama de fuego” (Apo 1,14).

Ahora bien, ¿cómo vamos a imaginar esta llama de fuego? ¿Habéis visto la boquilla con aquel fuego que sale del gas cuando se está quemando? ¡Algo así tenemos que imaginar Sus ojos, que eran como llamas de fuego! Sinceramente nosotros nos asustaríamos si viéramos una existencia así. Y con razón el Evangelista dirá aquí que era como hombre. ¡Era hombre, pero qué tipo de hombre!…

¿Por qué sus ojos eran como llama de fuego?

Dice la Sabiduría Sirac: “Los ojos del Señor son inimaginablemente más resplandecientes que el sol natural” (23,19).  ¿Qué quiere decir con esto? Pues, que el Dios lo ve todo, por tanto se Le concede la omnisciencia de todo, conocedor de todas las cosas. Por eso aparece a Juan con esta imagen; para declarar que aquel que se hizo hombre, aquel es el Dios eterno que lo ve todo. ¿Y qué cosas ve? Estas que están delante de los candeleros, ve que existe y está en Su Iglesia. ¡Lo ve todo!

Amigos míos, prestad atención a esto. Lo volveré a decir más abajo, pero no molesta mencionarlo también ahora. ¡Muchas veces creemos que el Dios no ve lo que sucede dentro en Su Iglesia, y desgraciadamente algunos hombres creen que deben ir a salvar la Iglesia! Los diríamos: ¡Pobres hombres… no salvaréis vosotros la Iglesia, la Iglesia salvará a vosotros! Es terrible esto, es una blasfemia de primer grado si decimos: ¡qué podemos hacer para salvar la Iglesia!… ¿Salvar la Iglesia?… Ella que vino como arca salvífica dentro en la Historia, ¡tiene necesidad de salvación propia?… Si pos si acaso hubiese tiempos que la misma Iglesia tiene necesidad de salvación, entonces ella no redime, ni sana, ni salva. ¿Qué vas a salvar pobre hombre des-graciado (sin la gracia-jaris energía increada)?… Si trabajas para la Iglesia, simplemente salvarás a ti mismo, no la Iglesia. La Iglesia siempre redime, sana y salva.

Lo digo esto porque son muchos los que alguna vez se organizan de cualquier manera, supuestamente para salvar la Iglesia. Por ejemplo, oímos algunos en este momento decir: “La Iglesia de Grecia peligra, ¿qué podemos hacer? ¡Vamos hablar con hombres de renombre, políticos… aquello, lo otro… el estado tiene que ocuparse en salvar la Iglesia! ¡El estado salvará la Iglesia… ¡Es de risa, pero muy tonto esto!

Pero continuamos. San Andrés de Creta interpretando el Apocalipsis dice algo muy importante: “los ojos de él como llama de fuego, a los santos los ilumina y a los débiles y pecadores los quema” (San Andrés de Kesaria, “En el Apocalipsis” J.P. Migne P.G., tomo 106, logos A, cap.B, Centro de Ediciones Patrísticas, Atenas 2001, p.228D-229ª). Hay también una muy bella esta interpretación de san Andrés de Cesaria que en las palabras se parece mucho con las palabras que dice san Basilio en su libro “Los seis días” Homiliae in hexaemeron, 6.3.19-23, ἔκδ. Cerf, Paris 1968)

Dice pues, que esta llama que sale de los ojos de Dios, es una llama que a los Santos les ilumina y a los débiles, a los pecadores los quema.

Realmente la divina doxa (gloria, luz increada), que también dice san Basilio, es una energía increada que por una parte con su fulgor llega a reinado de la Realeza increada de Dios, al espacio de los Santos, y los ilumina, los santifica y los concede todos los carismas, porque es portadora de todos los carismas, pero por otro lado, a la vez la misma divina energía increada, la doxa-luz increada llega también al infierno pero no como luz sino como fuego.

Es la misma divina energía increada, como Luz increada en el reinado de la Realeza increada de Dios y como fuego al infierno. Es el llamado fuego o no iluminador. (San Juan Damasceno Vita Barlaam et Joasaph, 382.25-26, edición: Harvard University Press, Cambridge, Mass. 1914.)

Cierto que podéis preguntaros: ¿cómo es posible que en el Infierno exista el fuego, y que sea oscuridad? Sí, es posible, porque este fuego estará privado de luz. Es decir, esta divina energía increada del fuego no tendrá luz, porque la luz será utilizada sólo en el reinado de la Raleza increada de Dios, pero sin esta candencia; en cambio en el infierno habrá la candencia sólo y no la luminosidad. Es muy bella esta opinión e interpretación de san Andrés de Creta, os la diré otra vez: “los ojos de él, como llama de fuego, a los santos los ilumina y a los débiles y pecadores los quema”.

“y sus pies semejantes a mezcla bronce y oro, refulgente como en un horno” (Apo 1,15);

Es decir, que por el ribete del manto que vestía se podía ver que Sus pies parecían a bronce mezclado con oro que se había fundido en el horno.

Χαλ­κο­λί­βα­νον jalkolíbanon bronce bruñido”, tal y como nos dice san Eustacio de Salónica en una de sus obras donde comenta sobre Ulises, es una mezcla de bronce con oro. Y esto se llama Jalkolíbanon-bronce bruñido que es mezcla de bronce con oro. Pero aquí la mezcla de oro con bronce se encuentra en estado refulgente, porque está candente. Sabemos que cuando ponemos en la fragua un metal y lo calentamos mucho, este saca luz. Pero el hierro no producirá este tipo de luz tal como sacará el bronce mezclado con oro que brilla fuertemente. Así estaban también Sus pies.

Con esta imagen-icona se atribuye el esplendor de los pies del hijo del hombre, su estabilidad, como también sus fuerzas, en contraposición de los pies de la estatua de la visión de Nabucodonosor que eran de polvo ostra o de barro .

Os acordáis de aquella estatua que había visto en su sueño Nabucodonosor. Sus pies eran inestables. Dice que una parte era de hiero y la otra de ostra, es decir, de barro. Y cuando se despegó y vino aquella roca desde la montaña, aquella que se desgarró y cayó con ímpetu a los pies de la estatua, ella se destruyó haciéndose polvo; y el polvo se lo llevó y lo esparció por toda la tierra (Dan 2).

Aquella estatua indica los reyes, las dinastías que aparecieron en la historia: el imperio babilonio con la cabeza de oro; el imperio medo-persa con pecho y manos de plata; el imperio heleno de Alejandro Magno con vientre de cobre y los muslos; y el imperio romano con los pies de hierro pero también de ostra, las de barro.  Y ahora esta estatua es destruida, para indicar quiénes son los imperios humanos, los que vienen, asustan la Historia y acaban pasando.

Pero aquí no es así; las manos del humanizado Logos de Dios son de “mezcla de bronce y oro”, es decir, muy refulgentes, gloriados, fuertes y bien estables. En otras palabras, el Hijo y Logos de Dios no tiene nada que temer  y asustarse de nada de la Historia, porque transciende, está por encima de la Historia.

Pero el que Sus pies fueran de “mezcla de bronce y oro”, indica una cosa más: las dos naturalezas de Cristo, la divina y la humana. (Ver Origenes “Comentarios al Apocalipsis, 15.8-11) .

«y su voz como estruendo de muchas aguas caudalosas» (Ap 1,15)  

Εs decir, Su voz era exactamente como cuando caen muchas aguas.

Si os habéis encontrado alguna vez en alguna gran catarata, habréis visto el gran ruido que se hace. ¡Así era Su voz! Es decir, ¡aquí aparece de manera imponente la grandeza de la voz de Cristo, pero principalmente de Su logos!

Este punto aquí del Apocalipsis vemos que tiene muchas equivalencias y relación con la visión de Daniel, que se describe en su décimo capítulo; porque él vio al Hijo y Logos de Dios.  Os lo leeré, pero no os lo voy a interpretar para no tardar: “Y alcé mis ojos y miré, y he aquí un varón vestido de lino, y ceñidos sus lomos de oro de Ufaz (–de lugar Ufaz-). Su cuerpo era como de berilo, y su rostro parecía como la imagen de un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de “mezcla de bronce y oro” y el sonido de sus logos o palabras como el estruendo de una multitud” (Dan 10, 5-6).

Habrán oído alguna vez aquí cuando juegan al campo de fútbol y los espectadores gritan, ¡qué rugido sale! Así era Su voz, ¡“como rugido de multitud”! ¡Es una icona-imagen majestuosa!

Y continúa el Evangelista Juan:

“y teniendo en su mano derecha siete estrellas”, acordaos de esto “siete estrellas”. Como veremos más abajo al versículo 20 del mismo capítulo, en la interpretación que hace el mismo Señor a Juan el evangelista, por las siete estrellas se entienden los siete obispos de las correspondientes siete Iglesias de Asia Menor.

«y de su boca salía una espada aguda de dos filos» (Apo 1,16).

Es decir, ¡salía pues de Su boca una espada muy bien afilada, muy aguda! Es el logos de Dios, el cual aquí que se representa como espada de doble fila bien afilada.

En la epístola hacia los Hebreos el Apóstol Pablo no describe exactamente esta imagen de la espada de doble filo, del logos de Dios: “Porque el logos de Dios es vivo, operativo y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir la psique- alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los recuerdos, los pensamientos, las meditaciones, los conceptos y las intenciones (los loyismí) del corazón” (Heb 4,12). ¡Es el logos vivo de Dios, enérgico, operativo y dinámico, afilado y cortante más que cualquier cuchilla de doble filo, y se introduce profundamente hasta la médula de los huesos…!

¡El logos de Dios…es terrible! ¡Es aquello que muchas veces sucede cuando se predica el logos de Dios, cuando los oyentes sienten que les toca hasta las profundidades de sus existencias! ¡Cuántas veces este logos de Dios viene a romper la psique-alma, a pincharla! Los oyentes esto lo sienten. Cuántas veces viene este logos de Dios a remover el subconsciente, y desde el interior sacar y sacar…y el hombre ve cuántos pedazos se está haciendo!… ¡Le toca fuertemente a las profundidades de su existencia!

Realmente el logos de Dios tiene esta sorprendente cualidad. Por lo tanto, cuando aquí nos describe la espada de doble filo que va saliendo de la boca de aquel que está hablando a Juan, no quiere recalcar nada más que el justo juicio de Cristo, como Juez del universo.

Pero, volveremos a la imagen de la espada de doble filo, como característica del remitente de la epístola, es decir, de Jesús, hacia el ángel, el obispo de la Iglesia de Pergamo (Apo 2,12). Allí tendremos la repetición de la misma característica.

Y continua el evangelista Juan: “y su faz era como el sol cuando resplandece en su fuerza” (Ap 1,16). Con la palabra faz aquí se entiende el rostro, la persona.

Aquí nos recuerda el caso de la Metamorfosis de Cristo, donde su rostro brilló, resplandeció como y más que el sol (Mt 17,2 y Mrc 9,2).

El evangelista Juan por supuesto que tenía la experiencia de la Metamorfosis, porque era testigo presente (Mt 17, 1-7). A pesar de esto, en este momento de la gloriosa aparición del Señor le espantó tanto que cayó como muerto ante los pies del Señor, tal como veremos inmediatamente.

“Cuando le vi, caí como muerto a sus pies” (Apo 1,17).

Aquí el evangelista Juan sufre lo que sufren los demás espectadores cuando ven imágenes o teofanías divinas sobrenaturales.

Isaías por ejemplo, se deslumbró ante la divina doxa increada (luz de luces), y apunta: “¡Ay desgraciado de mí!…estoy herido, agujereado… que soy muerto (espiritualmente); porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de gente que tiene labios inmundos y sucios, han visto mis ojos al Rey, Señor Sabahoz! (Is 6,5).

Y el profeta Daniel apuntará lo siguiente: “¡Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión, y no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento, y no tuve vigor alguno; y al oír el sonido de Sus logos, cayó sobre mi rostro en un profundo sueño, con mi rostro en tierra; he aquí una mano, la mano de aquel que vi me tocó y me levantó en pie!” (Dan 10, 8-10). 

¡Veis qué concordancia entre Daniel y Juan el Evangelista!

Lo mismo sucedió, amigos míos, también a los tres Discípulos en el monte Tabor. Nuestra iconografía nos lo muestra muy bien esto, cuando Pedro, Santiago y Juan vieron al Señor metamorfoseado allá en el monte de la Metamorfosis, ¡cayeron de repente al suelo delante del divino alumbramiento! Es verdad que el hombre siempre se conmociona cuando viene en contacto con el mundo supranatural.

“Y él extendió y puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas” (Ap 1,17).

Esta acción del Señor de extender la mano y también la alocución “no temas”, es cierto que habrá recordado al Discípulo aquella inolvidable noche de tempestad, cuando todos los Discípulos luchaban contra las olas del lago de Tiberiada. Entonces allá a las tres de la madrugada más o menos apareció el Señor caminando encima de las olas. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! ¡Un fantasma…! Y dieron voces de miedo.  Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: !Tened ánimo, yoSoy, no temáis!  Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento (Mt 14, 22-24).

«No temas; YoSoY, el primero y el último y el viviente» (Ap 1,17)

Realmente amigos míos, igual que entonces el Señor dijo a los Discípulos “no tengáis miedo, YoSoY, tened ánimo” aquí ahora dirá lo mismo también a Juan: “»No tengas miedo; YoSoY, el primero y el último, el que está vivo”.

Después de la sugerencia “no tengas miedo” vemos al Señor presentando al Juan Sus tres cualidades estimulantes.

Su primera cualidad es: “No tengas miedo; YoSoY, el primero y el último y el viviente” (Apo 1,18). Aquí vemos que el Señor da las características de Su identidad.

Pero es característico que este sobrenombre que hemos visto ya más arriba al versículo 8, el “YoSoY el A alfa y el Ω omega”, y que lo hemos analizado la vez anterior, fue atribuido al mismo Dios Padre, ¿pero cómo es que ahora dice que el Hijo es “el primero y el último”, qué quiere indicar con esto? Evidentemente quiere mostrar la equivalencia del Padre y del Hijo.  El Padre es el “Alfa y el Omega”, es decir, “el primero y el último”, pero también el Hijo es “el primero y el último” (Apo 2,18. 22,13. Is41,4. 44,6. 48,12.).

Lo mismo vale también con el sobrenombre “el viviente”, porque aquí viviente se considera también el Padre. Sobre todo acordaos del apóstol Pedro que dijo a Cristo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt 16, 16. Marc 8, 29); y también el profeta Oseas dice: “Vosotros serán llamados hijos del Dios viviente” (Os 2,1) y lo dice el apóstol Pablo en la epístola a los Romanos 9,26. Acordaos también del Caifás que conjura al Señor y le dice: “te conjuro por el Dios viviente” (Mt 26, 63). ¿Quién es pues “el Dios viviente”? Es el Padre; pero Dios viviente es también el Hijo. Lo dijo el mismo Señor: “YoSoY el camino y la verdad y la vida” (14,6). He aquí pues la equivalencia o igualdad del Padre con el Hijo.

Estas cosas guardarlas, por favor, ¡para que seáis seguros contra los Testigos de Jehová que quieren rebajar a Cristo y presentarle como creación, archi-servidor o dulos, arcángel o cualquier otra cosa! No hay mayor blasfemia que uno desprecie y rebaje al Hijo de Dios. Por eso los heréticos son blasfemos, y sobre todo los milenaristas, testigos de Jehová.

La segunda cualidad de Jesús que aparece a Juan y viene a consolarlo, ayudarlo y reforzarlo, es: «y me convertí y me hice muerto, mas he aquí que vivo eternamente por los siglos de los siglos» (Ap 1,18).

Con esta expresión “me convertí y me hice muerto”, denota Su humanización, Su vida terrenal, Su muerte real, Su resurrección, Su ascensión y también Su vida eterna, como Θεάνθρωπος Zeánzropos Dios-Hombre.

Aquello que tiene especial importancia y valor es que “el primero y el último” –sobrenombre que pertenece sólo a Dios- se identifica con aquel que “se hizo muerto, y he aquí vive”, es decir, al que tiene vida eterna, y a la vez ha muerto encima de la cruz, y vive eternamente como Θεάνθρωπος Zeánzropos Dios-Hombre. No sólo como Dios sino como Dios-Hombre. ¡Así pues uno ve claramente que el Jesús es el Jahvé, es el Señor, es la Autovida!

¿Pero por qué el Cristo dice que vive “por los siglos de los siglos”?

Os lo he dicho varias veces, pero no molesta si lo volvéis a oir. Las veces que la Escritura se refiere “en el siglo”, da a entender el siglo presente; y las veces que se refiere “por los siglos de los siglos”, da a entender la eternidad. Digamos que, dice la Escritura sobre la tierra o la οἰ­κου­μέ­νη icumeni (toda la tierra) que permanece en siglo y “no se remueve” (Sal 92, 1. y 95, 10. Sal 111, y 6. 124, 1) ¡Los desgraciados Testigos de Jehová, dicen: ¿Veis?, la tierra permanece en el siglo, no se removerá, es decir, ¡nunca pasará, ni desaparecerá!

Pero se equivocan los tergiversadores de las Escrituras. Cuando la Escritura dice “en el siglo” no dice más que el siglo presente, es decir, da a entender los límites del tiempo que ha definido el Dios para que exista Su creación en la forma que existe ahora. Es decir, realmente la tierra no se removerá hasta el momento que el Señor cambiará la forma del universo. Esto quiere decir “en el siglo”. Realmente no se removerá; pero no dice “por los siglos de los siglos”. Pero aquí el Cristo no es “viviente en el siglo”, sino “el que vive por los siglos de los siglos”, es decir, en la Eternidad.

Y Su tercera cualidad es: “Y tengo las llaves de la muerte y del hades” (Apo 1,18). ¡Cuán consolador es esto!… Si nos quedamos a ver y reflexionar mucho más en cada una cualidad, amigos míos, comprobaríamos que esto es una verdadera consolación!

Aquí el hades es considerado como la casa de la muerte personificada. El Cristo bajó al hades, venció la muerte y saqueó al hades con Su eterna Resurrección, porque “la muerte no se enseñorea más de él” (Rom 6,9) y con Su Resurrección resucitará todos los muertos. Por tanto, es el Señor de la vida y de la muerte.

“Tengo las llaves” es una expresión de una notoriedad de esta potestad sobre la vida y la muerte. Porque realmente el que tiene las llaves de un cajón o de una caja fuerte o de una casa es el señor de esta cosa. Por tanto, cuando Jesús dice “yo tengo las llaves de la muerte y del hades”, es como dijera: “YoSoY el Señor de la vida y de la muerte”.

Ya lo había dicho el Señor esto: «YoSoY la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre». [Aquel que cree en mí aunque muera físicamente vivirá espiritualmente y volverá a tomar su cuerpo resucitado, incorruptible y eterno. Y cada uno que vive en la vida presente y cree en mí, no morirá jamás, estará viviendo espiritualmente en el siglo y su muerte física o somática será el puente que le trasladará a la eternidad, ¿crees en esto?] (Jn 11,25-26). Y también: «No os extrañéis de esto, porque llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz; [28. No os asombréis de todo esto que os he dicho. Ocurrirán cosas aún más admirables que estas, porque llegará la hora en que todos los muertos que en aquel momento estén en los sepulcros oirán la voz del Hijo de Dios y los ordenará resucitar;], y saldrán fuera, y los que han obrado bien, pasarán a la resurrección de la vida eterna y feliz» (Jn 5, 28-29). Y los que han obrado mal, para la resurrección de juicio y condena.

¡Realmente el Señor tiene las llaves de la muerte y del hades!

Un diagrama de estas tres cualidades que nos hemos referido y analizado, amigos míos, y que fueron capaces de expulsar el miedo del evangelista Juan, y también de cada ser humano de cada época, por consiguiente, también de nuestro miedo que proviene del misterio de la existencia y de la muerte, es que el Cristo: primero, es el eterno Dios, segundo, es el Dios humanizado o encarnado –porque nos ha acercado a través de la carne- y tercero, es el Θεάνθρωπος Zeánzropos (Dios-hombre) Jesús que es el Vencedor de la Historia, del tiempo y de la muerte, pero también el Señor de la Eternidad.

“Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que sucederán después de estas” (Ap 1,18).

Aquí vemos la profecía en cuestión, la que el evangelista Juan será encomendado a escribir, -y la profecía es el libro del Apocalipsis entero, lo que verá y escuchará- y que se distingue en tres períodos crónicos.

El primer período es: “Las cosas que has visto”, es decir, las cosas y realidades que ya están presentes en la Iglesia. Es decir, aquí vemos que la profecía, como os decía en la primera homilía en la introducción del libro del Apocalipsis, no se delimita sólo al futuro, sino que se extiende también al presente.

Se ve, y históricamente está claro, que igual de difícil es para uno ver el presente como el futuro. Quizás para que uno pueda ver el presente sea más difícil aún que el futuro. La demostración es san Juan el Bautista, el único que indicó a Cristo diciendo: “he aquí el cordero de Dios” (Jn 1. 29,36), es mayor profeta que Isaías, el cual ha dado una descripción detallada de los Pazos –Pasiones del Señor en el capítulo cincuenta y tres de su libro.

Sobre todo en la profecía de Juan el Bautista coexiste el presente y el futuro. Cuando Juan decía “he aquí ved el cordero de Dios”, con aquello “he aquí ved”, se refería al presente, porque indicaba a Jesús; pero cuando decía “el que quita el pecado del mundo”, se refería al futuro, al Sacrificio cruciforme del Hijo. Pero sólo porque Le llamó “cordero”, -el cordero era un animal que se ofrecía para sacrificios- y sólo el sobrenombre “cordero”, indica profecía del futuro, es decir, lo que sucedería al Hijo de Dios. Así que san Juan el Bautista profetiza el presente y el futuro y sólo en este versículo “he aquí ved el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, vemos que existe profecía del presente y del futuro. Así pues, la visión y la calificación del presente, es cualidad o atributo sólo del Profeta.

Mucho más tarde, no este año, veremos aquellos dos Profetas que indicarán al Anticristo (Ap 11, 3-12), igual que Juan Precursor indicó a Jesús Cristo. Serán Profetas del presente, no del futuro.

El segundo período crónico es: “las cosas que son”. No las que has visto sino las que son, estas que pertenecen al futuro cercano, y cubren principalmente los tres primeros capítulos del libro del Apocalipsis.

Y el tercer período es: “y las cosas que han de ser después de estas”, es decir, las que pertenecen al futuro y están cubiertas en los capítulos 4 hasta 21.

Pero atención, en el libro del Apocalipsis no existe ningún arreglo o encauzamiento severo de la materia respecto al tiempo. Es decir, puede ser que algunos puntos que están contenidos en los tres primeros capítulos se refieran al futuro cercano o al presente, pero sin excluir también que pertenecen al futuro lejano; y viceversa, algunos puntos que están en los restantes capítulos, del futuro, que sean energetizados u operados ya. En otras palabras, en el libro del Apocalipsis uno ve la profecía entera como presente, como futuro cercano y como futuro lejano.

¿Pero qué sucede más abajo? ¿Qué son las estrellas, qué son los candeleros y quién es el caminante? Estas cosas, amigos míos, las interpretará el mismo Señor Jesús Cristo a Juan el evangelista, y con la ayuda de Dios vamos a verlas.

“El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias” (Ap 1,20).

Os acordaréis que cuando el Señor apareció a Juan el evangelista, “en día Domingo”, en visión con aquella faz asombrosa que nos describe el Evangelista al primer capítulo del Apocalipsis (9-11), y la que le espantó. Aquí ahora el Señor continúa hablando y explicando aquellas cosas que podía ver Juan. En efecto, el mismo Señor procede a la interpretación y explica qué significan exactamente estas imágenes-iconas, de las que algunas serán utilizadas como material de alocución profética.

Estas imágenes, “estrellas, candeleros, etcétera”, se llaman misterio. Por consiguiente, ya que por el mismo Señor, se consideran y se califican como misterios, entonces sería necesaria la apocálipsis-revelación de estos. Por eso el Señor procede a la apocálipsis-revelación del misterio, porque nadie más podría interpretar estas imágenes-iconas.

Lo mismo exactamente sucede también con las parábolas de los evangelios; vemos que existe misterio. Cada parábola es misteriosa; ¿qué significa exactamente?

Como sabréis, con dos maneras podemos dar a entender al otro algo; una por la definición y otra por la parábola –la imagen-icona- o mejor dicho, la parábola es una imagen-icona. Los helenos utilizan siempre la definición, en cambio la filología hebraica utiliza siempre la imagen-icona.

La definición por supuesto que tiene una exactitud, pero nunca puede agotar todo el fondo de un concepto y significado. Pero este fondo se puede dar con una imagen-icona.

Es cierto que la imagen-icona tiene la desventaja que siempre esconde un misterio, una parte no investigable y su interpretación depende también de cómo uno verá esta imagen para entender lo que presenta. Esto realmente es una desventaja. Pero cuando tenemos la llave, la manera de entrar en la explicación de la imagen-icona, entonces la imagen es incomparablemente muy superior y mejor que la definición; porque da muchos más elementos que la definición; pero lo interesante es que deja margen para que se mueva el misterio al fondo, a lo alto y a lo ancho de un tema, dentro de una interminable investigación y descubrimiento de parte del lector o investigador. Estas interesantes características tiene siempre la imagen-icona. Por esta razón en la Santa Escritura tenemos siempre imágenes-iconas; en ninguna parte encontraréis definición.

Pero para la exactitud, si uno en este momento quería desmentirme, me diría que en la epístola a los Hebreos existe una definición: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Heb 11,1), etc. Pero esto no es una definición, simplemente son algunos elementos de se refieren al tema de la fe. La definición se supone que agota el contenido del tema; pero aquí el tema “de la fe» no se agota su contenido con las cosas que escribe el apóstol Pablo; por lo tanto no es definición.

Por eso pues, el Señor, en los evangelios habla con parábolas, las cuales constituyen misterio. En efecto, el mismo cuando una vez Le preguntaron los Discípulos por qué habla con parábolas, respondió: “En vosotros se ha dado la jaris (gracia, energía increada) conocer los misterios de la realeza increada de Dios, en cambio a los de afuera con parábolas” (Mt 13, 10-15). ¡Esto muestra que la parábola, la imagen-icona esclarece y a la vez oscurece! Pero para el fiel, creyente es esclarecimiento y para el no creyente oscurecimiento. Esto es un elemento muy útil a las manos de Dios para los hombres que pertenecen a estas dos categorías. Y como los Discípulos sabían exactamente la dificultad del misterio de una imagen-icona, de una parábola, por eso vemos que digan: “Señor explícanos esta parábola” (Mt 13,36. 15,15).

Sin embargo, el Señor no interpretó todas las parábolas que existen en los cuatro evangelios, sino sólo dos: la parábola del sembrador y la de las cizañas. Pero con la forma que interpretó estas dos parábolas ha dado la llave de la interpretación. Esto es muy valioso y útil.

De manera similar también aquí el Señor dice el misterio de las siete estrellas, son los siete obispos de las siete Iglesias de Asia Menor. Pero el Señor interpretando este punto nos da la llave de manera que el lector, en este caso Juan, que ve las visiones y a continuación el lector dentro de la Iglesia de Cristo dentro de los siglos, pueda interpretar también todos los demás pasajes del libro Apocalipsis. Como veis, pues, amigos míos, el Señor nos da esta llave.

Pero incluso si tenemos la llave de la interpretación no es suficiente, si como lectores o intérpretes no tenemos el Espíritu de Dios o la energía increada de Dios. Entonces no sólo el libro del Apocalipsis sino cada logos del Señor quedará sellado con siete sellos (Ap 5,5. 6,1). ¡Porque más abajo veremos el libro entero con multitud de imágenes-iconas! Pero cómo las vamos a interpretar si no tenemos el Espíritu Santo.

Los siete candeleros pues, según la interpretación que hace el Señor, son las siete Iglesias de Asia Menor. Esto había dicho también antes: “Lo que ves escríbelo en un libro y mándaselo a las siete Iglesias: a Éfeso, a Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea” (Ap 1,11). Por lo tanto, estas son las lámparas o los candeleros.

Son doradas, como también el candelero de siete lámparas del Antiguo Testamento. Esto indica, por un lado, allí en el Antiguo Testamento el pueblo escogido, y por otro lado, aquí al Nuevo Testamento el nuevo Israel de la jaris (gracia, energía increada) que son los Cristianos.

Las siete estrellas son los siete ángeles, los siete obispos de las siete correspondientes Iglesias que se han referido anteriormente. Muy a menudo el Evangelista Juan se referirá al tema ángel, que aquí es el obispo. Por tanto estos siete, los obispos, representan la una Iglesia.

Unas características de los ángeles, los obispos y de las Iglesias que nos da el libro del Apocalipsis, son las siguientes:

Primero. El Señor camina entre los candeleros, Sus Iglesias. El que camina, indica una movilidad y una dinámica, y por lo tanto esto significa que existe una relación y control inmediato de Sus Iglesias.

El Señor gobierna Su Iglesia, a pesar de los ataques rabiosos de las fuerzas oscuras dentro de la Historia, es decir, no sólo de las herejías sino también, por expresarlo de una manera contemporánea, de todos estos cerebros sionistas, que dentro en la Historia no han parado de estar volviendo siempre contra la Iglesia.

Desde el momento que mataron al Señor, los judíos de la diáspora que creyeron constituyeron el pueblo de la jaris, el nuevo Israel, y los que no creyeron siempre se volvieron contra la Iglesia.

Lo escribirá característicamente el biógrafo de san Policarpo de Esmirna, de que los judíos convencieron al gobernador quemar la reliquia, el cuerpo de san Policarpo para que no lo tomaran los Cristianos. Y cuando el gobernador dio el mandamiento de quemar el cuerpo de san Policarpo, los primeros que fueron a poner fuego eran los judíos. Y allí, apunta el biógrafo del Santo, los judíos lo hicieron con mucho gusto y ganas, como de costumbre en ellos de ser los protagonistas de obras satánicas. Y esta biografía fue escrita un poco antes del 150 dC, a la primera mitad del 2º siglo. (The acts of the Christian martyrs, Epistula ecclesiae Smyrnensis de martyrio sancti Polycarpi, 13.1.1-4. ἔκδ. Clarendon Press, Oxford 1972.)

Vemos pues, amigos míos, que a pesar de las reacciones rabiosas de los cerebros sionistas contra la Iglesia, la Iglesia la gobierna el Cristo. Además lo ha confirmado Él mismo cuando dijo: “Puertas del hades no podrán destruirla” (Mt 16,18). Es decir, aunque todas las basuras del hades suban a la superficie no podrán vencer la Iglesia. La Ortodoxia permanecerá, piensen o maquinen lo que quieran sus enemigos contra ella. ¡Sólo una cosa debe apenarnos, de que se pierden las psiques-almas”. ¡Esto de verdad es penoso y digno de muchas lágrimas!

Segundo. El Señor tiene en Su mano derecha las siete estrellas, que significa que en Su manos sujeta fuertemente a los siete obispos. Por lo tanto no gobiernan los obispos como representantes de Cristo, sino que el Cristo gobierna la Iglesia y los obispos como instrumentos en persona de Cristo.

Si os habéis fijado me he referido a las palabras ἀ­ντι­πρό­σω­πος (antiprósopos) representante y ἐκ­πρό­σω­πος (ekprósopos) como en persona. Hay gran diferencia entre ellos. Para que veáis el espíritu de la Ortodoxia y el espíritu de Occidente en este punto, escuchad lo que os digo.

El papa en Roma dice que él es el representante de Cristo en la tierra. Pero representante quiere decir que, falta el que autoriza y está su representante. Esto significa que el Cristo gobierna al Cielo, así dicen los papistas, y el papa a la tierra. ¡El Cristo pues, no está en la tierra, está en el Cielo. Así que el representante de Cristo en la tierra es el papa de Roma!

Pero esto es lo contrario del espíritu de lo que estamos estudiando, porque el Cristo sujeta en Sus manos las estrellas y camina entre los candeleros, en Su Iglesia. Lo que sujeta en Sus manos las estrellas significa que no gobiernan los obispos sino el Cristo.

El espíritu de la Ortodoxia es este: el obispo o el sacerdote, etcétera, no es el representante de Cristo, es imstrumento como en persona de Cristo. Esto significa que el Cristo está presente, y por lo tanto el clérigo es instrumento cómo de persona de Cristo.

Por ejemplo, cuando el sacerdote celebra la Divina Liturgia, entrega, presta sus manos a Cristo y le dice: “Tú eres el Sacrificador y el Sacrificio. Tú eres el Sacrificador; yo no soy el sacerdote. Tú eres el que ofrece y se ofrece” (Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo y san Basilio). Pero cuando el Señor ofrece, con el sentido de que Él energiza, opera y ofrece el sacrificio de Sí Mismo, ¿entonces el sacerdote qué papel juega? Simplemente mueve sus manos, es Su servidor, instrumento nada más. ¡Pero el Cristo el Cual ofrece y se ofrece está presente!

Incluso al Misterio de la santa Confesión veréis lo siguiente. El sacerdote Latino dirá: “Yo te perdono”. ¿Por qué? Es natural, puesto que el Cristo está en el Cielo, el sacerdote ha tomado el poder y ahora él perdona encima de la tierra. Pero el Ortodoxo dirá: La jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo a través de mi pequeñez, te tenga liberado y perdonado de tus pecados”. En otras palabras, yo he escuchado tu confesión. Yo no hago nada; yo simplemente he escuchado y doy la bendición. El Dios es el que examina los corazones. Si tú te has confesado honestamente, entonces el Dios que es omnisciente, omnipotente y conocedor de los corazones te dará el perdón; pero si tú, hermano mío, no eres honesto y sincero en tu confesión, no creas que has arrebatado la bendición del perdón y que ahora tus pecados están perdonados. El Cristo no te ha perdonado. El hombre sacerdote, puede ser engañado, sí, porque es un ser humano, pero el Cristo no.

¡Veis pues, quién está presente y da el perdón; es el mismo Cristo! ¡Veis lo qué es Ortodoxia! Sólo en un punto me he detenido, y esto es pequeñísimo frente a otras muchas magnitudes.

Por tanto, amigos míos, vemos que el Cristo es el que sujeta los obispos en Sus manos. ¡Sujeta el clero sacro en Sus manos…en Su mano derecha!

Esto es terrible y a la vez consolador, que el clero sacro está en la mano derecha de Dios. Terrible porque en cualquier momento el clérigo, ya que está en las manos de Cristo, puede recibir el aplastamiento o pinchazo: “¡Estás en mi mano, bajo mi protección, pero te pincho!”; pero puede recibir también la reprobación o suspenso: “¡Ten cuidado: te arrojaré fuera!”. Esto es terrible. Pero es también consolante, porque cada cosa que sucede en la Iglesia no lo carga en sus espaldas el obrero de la Iglesia, sino que el mayor peso cae a Cristo; Él soporta el peso de Su Iglesia, porque levanta o aguanta también al obrero correcto.

¡El obrero honesto de la Iglesia siente la seguridad del Señor, en Su palma, en la mano del Señor! ¡Es muy importante que lo sepa que está en la mano del Señor! El Señor ve los esfuerzos del obrero, ve la fe, la agapi, aún ve las injusticias y los desprecios, y como omnisciente e inspector de todo, el Señor recompensa justamente y restablece el reinado de Su Realeza increada al obrero correcto.

¡Veis pues, cuánto terrible y también consolador es para el clero sacro encontrarse en la mano derecha de Dios!

Pero amigos míos, antes de avanzar en las cosas que el Señor dirá a Juan para escribir las epístolas que enviará a las siete Iglesias de Asia Menor, es necesario hacer una pequeña y resumida introducción en estas siete epístolas, en las cuales muchos elementos están repetidos, como veremos.

En principio se hace claro que cuando el Señor dice: “Escribe al ángel de Éfeso o de Pergamo”, no significa que estas epístolas se enviaron separadas del libro entero del Apocalipsis, sino que en cada Iglesia se envió el libro entero, que en su interior contenía una especial epístola que concernía a la Iglesia concreta. Es decir, la Iglesia de Éfeso podía encontrar su propia epístola en el libro, igual la Iglesia de Pergamo podría encontrar la suya, etcétera. Pero cada Iglesia recibió por separado el libro entero del Apocalipsis. Además que las siete Iglesias de Asia Menor constituyen tipos o modelos clásicos representativos de toda la una santa Iglesia católica y apostólica.

Esta catolicidad o universalidad de la Iglesia se ve también de la frase que repite al final de cada epístola Suya independientemente de la Iglesia que se dirige: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apo 2,7·11·17·29. 3,6·13·22). Pero si se dirige a cada una por separado, ¿cómo entonces en cada epístola tiene lo en las Iglesias? Esto, amigos míos, muestra exactamente que todas las epístolas tienen su carácter concreto, pero a la vez se dirigen a la una Iglesia de Cristo.

Además, debo deciros que cada epístola tiene una base histórica totalmente concreta. Veremos más abajo que habla sobre el obispo Antipa, habla de una realidad histórica concreta de la Iglesia de Pergamo, en la que realmente el obispo era Antipa, persona histórica concreta con nombre. O cuando, en la epístola hacia el ángel de Éfeso, se refiere al fenómeno de los Nicolaítas, estos heréticos que se habían introducido en la Iglesia de Éfeso, este suceso es totalmente concreto e históricamente  consolidado.

De modo que vemos que la profecía sirve por lo menos dos propósitos: la presente situación histórica de Iglesias concretas, y también la situación futura de toda la Iglesia, de la Una Iglesia. Por lo tanto las epístolas hacia las siete Iglesias de Asia Menor constituyen siete facetas de la Una Santa Iglesia Católica y Apostólica que concernían tanto las siete Iglesias de entonces, como también la Iglesia de hoy en día y de cada época hasta al final de la Historia. Por consiguiente, el que se refiera a cada una de las siete Iglesias por separado, tiene su dimensión histórica, pero a la vez se refiere también en cada punto de la Iglesia, en cada época y naturalmente en la nuestra.

Por esta razón os dije que estas epístolas revelan unas facetas verdaderas, clásicas y representativas de la Iglesia, y esto porque siempre dentro de la Iglesia habrá siempre fe, celo, negligencia, indolencia, desprecio, escándalos, persecuciones, perversiones de la fe y de la ética, pero también en general habrá en la Iglesia iluminadas y oscurecidas personas y cosas. Así que, ya que estas cosas y realidades se exponen en estas siete epístolas, estas constituyen realidades de la Iglesia.

Todas estas siete epístolas se han redactado de la misma forma y estilo. Las distingue una exaltación y una valentía de lenguaje y estilo en combinación con un estilo sencillo y fino. Sin embargo, tienen también algunos elementos comunes entre sí. Los elementos comunes son ocho, posiblemente más y son los siguientes:

Primero. Tienen una alocución común: “Escribe, al ángel (tal) de la iglesia,” (Ap 2, 1· 8· 12· 18. 3, 1· 7· 14). Esto es un estereotipo de alocución firme y repetida, común en las siete epístolas.

Segundo. Existe una introducción común: “esto dice el…” (Ap. 2, 1· 8· 12· 18. 3, 1· 7· 14); por ejemplo.“… el que sujeta las siete estrellas”, “el que tiene las llaves del paraíso”, etcétera.

Esto de “esto dice el…” recuerda introducción a las profecías del Antiguo Testamento y se refiere a Cristo; Él es el que dicta. “Escribe que esto dice aquel que te dicta para escribir”.

¿Veis aquí esta expresión? Allí en el Antiguo Testamento “esto dice el Señor”. Aquí en el Apocalipsis: “Esto dice aquel que ahora te dicta a escribir la epístola”. El mismo estilo: “esto dice”.

Y el que dicta a Juan a escribir las epístolas aparece con las características que están tomadas del preámbulo y también de la visión introductoria (Ap 1, 4-6 y 8-20). Por ejemplo: “El que sujeta las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto” y “He aquí esto dice el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios…”, (Ap 2, 1. 3, 14), etcétera.

Tercero. “…he visto tus obras” (Ap 2, 9 · 19. 3, 1· 8· 15). Es una frase firme y fija dentro de las siete epístolas. ¿Qué manifiesta? Manifiesta a Cristo al inspector de todo, el que todo lo ve. “Conozco tus obras”, esto significa que el Cristo unas veces reprende, regaña y otras elogia. De las siete epístolas una no tiene ningún elogio sino sólo reprimenda; otra epístola no tiene ninguna reprimenda, sino sólo elogio; las otras cinco tienen elogio y reprimenda a la vez.

Cuarto. Otro estereotipo de frase firme: “El que tiene oído, que oiga…” (Ap 2, 7· 11· 17· 29. 3, 6· 13· 22). Aquí se llama la atención para los receptores, lectores u oyentes del libro del Apocalipsis.

Quinto. A menudo se encuentra la frase: “Al que vendedor…”, (Ap 2, 7· 17· 20). Se dan las promesas a los fieles y también a los valientes combatientes.

Sexto: Aparece el Cristo como vencedor del mundo, porque “viene pronto” (Ap 3, 11. 22, 7 · 12).

Séptimo. Aparece la gravedad de la posición de todas las Iglesias que se han referido. Esto se ve de lo el mismo Cristo dice: “…si no, vendré pronto a ti, y quitaré o moveré tu candelero de su lugar”, (Ap 2, 5· 16). Por lo tanto, en todo momento la posición de cada Iglesia es peligrosa y grave.

Y finalmente, octavo. Cada Iglesia concreta tiene un lugar geográfico, y tiene el lugar aquel que lo ha definido, sembró y apuntaló el Cristo. Como diría yo también, que el Dios a mí me ha sembrado en la ciudad de Larisa, a otro allá en Atenas etc., en otras partes ha mandado Sus Apóstoles y fundaron las Iglesias locales.

Acordaos de Apóstol Pablo que quería ir a Bitszania, hacia Ancara, es decir, volver hacia la parte oriental de Asia Menor, mientras se encontraba en Troya, cerca de los Dardanelos; pero el Señor le dijo: “No; pasarás por la parte occidental, es decir, pasarás hacia suelo europeo” (Hec 16, 6-10).

¿Quién es pues, el que define las fronteras geográficas de una Iglesia? El Cristo. Cuando el Cristo, en efecto, dice “quitaré o moveré tu candelero de su lugar“, significa que Él define las fronteras geográficas, que Él realmente puede mover el candelero, es decir, de cada Iglesia, puesto que Él determinó el lugar de cada Iglesia.

Estas pocas cosas, amigos míos, tenía que decir como una pequeña introducción a las siete epístolas que siguen.

 

Unidad 7. Apocalipsis 2, 1-7 1ª epístola del Señor: Hacia la Iglesia de Éfeso. Adoctrinamiento, Nicolaítas y Gnosticismo.

Con la ayuda de Dios entramos al 2º capítulo, que junto con el 3º se refiere a las siete epístolas que manda el Señor. La primera es hacia la Iglesia de Éfeso; Aquel que tiene abiertos los oídos de su pisque-alma, que escuche lo que dice con estas profecías el Espíritu Santo a las Iglesias. Al que venciere luchando contra al astuto maligno y al pecado, le daré de comer del árbol de la vida. Y también le daré los bienes de la vida eterna dentro en el Paraíso de Dios y Padre, el cual es Dios mío según mi naturaleza humana, escuchadla:

1 Al ángel de la iglesia en Éfeso, escribe: Esto dice el que sujeta fuerte las siete estrellas en su diestra, el que camina en medio de los siete candeleros de oro;

2 Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y tu paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos;

3 y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre sin desfallecer.

4 Pero tengo contra ti, que has dejado la agapi-amor del principio.

5 Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, vuelve a la metania, y a obrar como antes; pues si no, vendré pronto a ti, y moveré el candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido y vuelto a la metania.

6 Pero tienes esto, que odias las obras de los nicolaítas, las cuales yo odio también.

7 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de mi Dios. [Al que venciere luchando contra al astuto maligno y al pecado, le daré de comer del árbol de la vida. Y también le daré los bienes de la vida eterna dentro en el Paraíso de Dios y Padre, el cual es Dios mío sobre mi naturaleza humana].

¿Qué bien amigos míos! ¡Qué texto más bello!… ¡Sobre todo pensad que estas realidades se escribieron originalmente en nuestra lengua! Cuando dictaba el evangelista Juan, y san Prócoro tomó la pluma para escribir y ha escrito estas mismas palabras que nosotros hoy leemos. ¡Pensad por un momento un poco, qué calor tienen estas palabras!… ¡Y nosotros que somos Helenos tenemos este gran privilegio, leer el texto en nuestra lengua, las palabras tal y como salieron de la boca de Cristo, dulces, calientes y bellas, escritas sobre un papiro! ¡Qué bello es esto!

Al principio habéis visto este elemento pedagógico de la epístola. Comienza alabando al ángel obispo de Éfeso. Pero después le acusa.  Dice: “Pero, a pesar de esto, tengo algo contra ti, que has dejado la agapi-amor del principio, pero tienes también algo bueno…”. Es este elemento o dato muy pedagógico, una vez positivo y otro negativo. Naturalmente le dirá con franqueza sus elementos buenos y los malos. Todas estas cosas, amigos míos, que constituyen elementos de nuestra Iglesia, es decir, de nosotros mismos, del clero y del laós-pueblo fiel, se desarrollan en la epístola.

Y con la ayuda de Dios vamos a analizarlas.

“Al ángel de la iglesia en Éfeso, escribe” (Ap 2,1)

Es decir, al obispo de la Iglesia de Éfeso, escribe.

Como primera de las siete Iglesias es escogida Éfeso, que en aquella época era el centro y la capital de Asia Anzipática (Asia menor). Anzipática, así se llamaba entonces aquella región.

Allí en Éfeso había el templo de la diosa Artemisa la efesia, diosa de la fecundidad, que era equivalente a la diosa Dimitra la del campo y no como la diosa Artemisa de Grecia continental que correspondía a la diosa de la caza. Tiene mucha importancia esto que os digo; por eso os haré una exposición histórica para que percibáis qué se había creado en esta ciudad.

¡Su templo se consideraba como uno de los siete milagros o maravillas del mundo antiguo! Era un templo muy bello, que lo quemó Heróstratos para conseguir gloria y fama a revés… Por tanto la ciudad y el templo reunían de todas las poblaciones de Asia Menor que iban a venerar la diosa Artemisa.

El Apóstol Pablo escribe que había quedado allí en Éfeso dos años, quizás más, para ser oído su kerigma a toda Asia. ¿Cómo ha oído su kerigma toda Asia, permaneciendo el mismo en Éfeso? Pues, venían gente de todas partes en la capital para compras, para trabajos y otros asuntos, pero también para ofrecer culto a Artemisa. Allí encontraban a Pablo, el cual hablaba diariamente en la escuela de un tal Tirano –Tirano era su nombre- y a través de esta escuela, en dos años, pasó casi toda Asia, como escriben los Hechos (19, 9-10).

Además en esta ciudad también tenía el centro base de su acción y de sus viajes misioneros el mismo evangelista Juan, igual que el Apóstol Pablo como os dije.

Primer obispo de esta gran ciudad Éfeso, fue el Timoteo, hacia al cual el Apóstol Pablo mandó dos epístolas. Pero se desconoce si entonces cuando se manda esta epístola del Señor incorporada al libro del Apocalipsis vivía Timoteo o le había sucedido el llamado y elogiado por san Ignacio, Onésimo (San Ignacio el Teoforo, “A los Efesios”). No lo sabemos.

De todas formas, sea Onésimo, que es alabado por san Ignacio, sea Timoteo que es alabado por el apóstol Pablo, los dos son Santos. Pero, amigos míos, el que el Señor se dirija hacia al obispo de Éfeso con sus fallos y defectos, esto a nosotros nos da mucho ánimo. ¿Por qué? Para que no creamos que Santo significa un hombre ideado o virtual. Atención: hombre ideal o virtual no existe. La santidad se encuentra al espacio de la capacidad de lucha, y no en la virtualidad o idealidad. Que lo sepamos bien esto. Y lo digo para que no nos creamos que la santidad por la que estamos llamados (ver Lev. 20, 7· 26. 1 Ped 1, 16. Apo 22, 11. etc.), está tan alejada de nosotros, de modo que es imposible que la toquemos. No. ¡Es un engaño esto! ¡Este es el trabajo del diablo, es decir, decirnos que la santidad es virtual e ideada y que nosotros no la alcanzamos, para que el diablo nos devore! No, amigos míos; la santidad es actitud luchadora.

Además en la ciudad de Éfeso aparecieron de muy pronto, ya viviendo el apóstol Pablo, heréticos judaizantes y gnósticos.

Cuando el Apóstol Pablo venía de Grecia y se dirigía hacia Jerusalén, como no tenía tiempo y tenía prisa en llegar al día del Pentecostés, llamó a todos los presbíteros de Éfeso a esperarle en Melito. Allí les habló y les dijo las siguientes cosas:

“Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no tendrán pena, devorando al rebaño. Y de vosotros mismos (de vosotros los clérigos) se levantarán hombres que hablen cosas perversas, serán heréticos, para arrastrar tras sí a los discípulos, hacerlos seguidores suyos y alejarlos de la Iglesia” (Hec 20, 29-30).

En efecto, escribirá también su epístola hacia Timoteo, quien era obispo de Éfeso, las siguientes cosas: “Como te rogué que te quedases en Éfeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen hetero-didascalías diferente enseñanzas, ni presten atención a fábulas o mitos y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora” (1 Tim 1, 3-4).

¿Qué son estas hetero-didascalías enseñanzas diferentes, mitos y genealogías interminables? Principalmente se refieren a los gnósticos.  En concreto las genealogías interminables son las siguientes: los Gnósticos decían que entre el Dios bueno y el mundo existen treinta deidades. La última deidad que conecta y comunica con las veintinueve pero también se comunica y se conecta con la tierra, es el Jesús Cristo. ¡La última deidad! Y aquí estas interminables genealogías son discusiones interminables sobre qué dios ha parido a otro dios y quién al siguiente. ¡Estas cosas las decían los gnósticos, los cuales mezclaban Cristianismo, Judaísmo, filosofía, misterios de religiones apócrifas, y todo lo hacían una ensalada!  Así el Apóstol Pablo hablando sobre aquella situación, nos da una imagen para entender cuál y cómo era entonces la ciudad Éfeso.

San Ignacio escribe también en su epístola “a los Efesios” y recalca a estos heréticos gnósticos que se llamaban “dokitas” (San Ignacio el Teoforo: Hacia los Efesios, 1.16.1-2.5, Cerf, Paris 1969). De acuerdo con esta herejía, Jesús no era hombre real con carne y sangre, sino que sólo parecía tener esta forma

Hasta aquí creo que hemos apuntalado nuestro tema por la parte cultural diríamos; ahora vamos a ver cómo se colocará el Cristo con Su epístola hacia la Iglesia de los Efesios

Esta epístola que manda el Señor tiene un epígrafe como cada epístola. La epígrafe se refiere y presenta al remitente y sus características: He aquí está el epígrafe de la epístola: “Esto dice el que sujeta fuerte las siete estrellas en su diestra, el que camina en medio de los siete candeleros de oro” (Ap 2,1).

¿Quién es el remitente y cuáles son sus características? Es este que dijo a Juan el evangelista a escribir la epístola. Es este que sujeta fuerte las siete estrellas en la mano derecha y camina entre los siete candeleros.

Esta imagen-icona como veis, está tomada de la visión introductoria (Ap 1, 8-20). Pero hay una diferencia. En vez de decir “el que tiene en su mano derecha los siete candeleros”, dice el que “retiene, sujeta fuerte”, que aquí sujetar muestra algo mucho más fuerte y dinámico que el “tener”. También en vez de decir “en medio de los siete candeleros”, aquí dice “el que camina en medio de los candeleros”, que es más dinámico que la expresión “el que se encuentra entre los candeleros”.

Y entra en el tema principal: “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y tu paciencia” (Ap 2,2). ¡Aquí el Cristo manifiesta que lo conoce todo!

Muchas veces, amigos míos, decimos: “¿No ve el Cristo a este sacerdote de nuestra parroquia, las cosas que hace?… ¿no lo ve?… ¿o no ve lo que está haciendo aquello y lo otro este otro cura? ¿No ve a tal obispo o patriarca?, ¿no le ve lo que está haciendo?… ¿Todas estas barbaridades el Cristo no las ve?….

Amigos míos, ¿qué creéis que no las ve todas estas cosas? ¡Claro que las ve! Ahora bien, por qué deja que hagan estas cosas… Él sabe el porqué. Pero algo que también nosotros debemos saber es lo siguiente: según el pueblo así son también los sacerdotes; que lo sepamos bien esto. Decimos: “el cura de nuestra parroquia no es bueno”. Entonces qué: ¿nuestra parroquia y los cristianos de esta son los buenos? Además ellos han dado este cura; de sus propios hijos es el sacerdote; además el pueblo es el que hace y da los curas. Atención: el laós-pueblo da a los sacerdotes, y los sacerdotes forman el pueblo. Por lo tanto, qué hay aquí. Pues, hay un reflejo del laós-pueblo y de los sacerdotes. Y para que sea castigado el pueblo, el Dos permite que haya malos pastores.  Por supuesto que es otra cosa el que Dios castigará a los malos pastores; esto es otro tema, cada cosa por su lado.

¡“Conozco tus obras”, las conozco bien! ¡Cuáles son estas obras? Es todo el comportamiento del obispo, es toda su conducta, directamente hacia el obispo, y directamente hacia su eparquía o región, la Iglesia.

“Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo”. ¿Y quién es este trabajo arduo? Es toda la acción pastoral del obispo.  

“Y tu paciencia”. ¿Y cuál es esta paciencia? Es la paciencia en el arduo trabajo pastoral. Es también la paciencia a las inevitables adversidades que encontrará el pastor en su obra. Amigos míos, hace falta mucha paciencia para la acción que tiene un pastor. ¡Mucha paciencia! Porque si no tiene paciencia no puede hacer nada.

“Y que no puedes soportar a los malos”. Cuáles malos. Los malos que están dentro en la Iglesia, no los que están al mundo.

Muchos me preguntan: “Cuando oigo a los demás que blasfeman o insultan, ¿qué hago?”. Qué vas hacer…  ¡Si los regañas, ellos volverán a insultarte; pues, esto harán, insultar! ¿Entonces qué puedes hacer? ¿Decidme, qué puede hacer uno? Lo único que puedes hacer con un hombre así es en algún otro momento que no está nervioso, ni su lengua está en acción insultante y venenosa, decirle un par de palabras y explicarle que esto que hace es terrible y deprimente. Pero hoy en día, amigos míos, el mundo o la gente y la Iglesia se han enredado. Dentro en la Iglesia existen mucha gente, es decir, mucha secularización o mundanización; hombres que no tienen ninguna relación con la Iglesia dicen que son miembros de la Iglesia, pero sin serlo. (Ver: http://www.logosortodoxo.com/herejias/κκοσμίκευση-ekosmikefsi-secularizacion-de-la-iglesia-una-herejia-muy-sutil-y-peligrosa/)

Cuando aquí dice que “no toleras que hayan malos”, da a entender la Iglesia no el mundo de afuera; porque entonces la Iglesia estaba separada del mundo, en cambio desgraciadamente hoy en día no. Y cuando le dice no toleras, es como si le dijera: “tienes una visión y un sentido muy sutil y sensible, y no toleras ver situaciones que son inadmisibles”.

“Y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos”

Aquí amigos míos, el obispo de Éfeso sigue el consejo del Señor de probar a los que vienen como obreros en la Iglesia. ¿Y cuál es esta prueba?

El Señor dijo: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis” Mt 7, 15-20). Así que de su forma de vida, comportamientos y dichos comprenderéis quiénes son estos.

Qué significa esto. Pues, que tanto este logos del Señor como también el reconocimiento y el premio por el comportamiento del obispo de Éfeso, nos incitan y nos exhortan a ser cuidadosos y distinguir los malos obreros dentro en la Iglesia. ¿Veis lo que hace aquí el Señor? Elogia al obispo de Éfeso por lo que ha hecho, porque podría decir; “Tú no vales para ser clérigo. ¡Que te marches, no quiero ni verte por mis ojos! No vales para clérigo, eres un pseudoprofeta!”, sea en temas de fe y de vida, sea de vida práctica, de virtud.

¿Sabéis qué otra cosa significa esto, amigos míos? Significa que el pueblo tiene derecho a decir al sacerdote: “¡No te es permitido de hacer esto o no te escucho cuando tú dices estas cosas, porque tu vida públicamente es escandalosa!

Yo saco algunas conclusiones. Creo que tenéis oídos y podéis oír lo que dice el texto. No lo digo yo; el texto lo dice y lo dicta el Logos de Dios; yo simplemente os digo las conclusiones que saco.

Pero también, ¿sabéis lo qué dice en la “2 epístola a los Corintios el Apóstol Pablo?: “Mas lo que hago, lo haré aún, para quitar la ocasión a aquellos que la desean, a fin de que en aquello en que se glorían, sean hallados semejantes a nosotros. Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras” (2 cor 11, 12.15). ¡Este será el final de ellos!

¿Pero quiénes eran estos pseudo-apóstoles?

Entonces se trataba de los heréticos judaizantes, para los que el Apóstol Pedro escribe su segunda epístola las siguientes cosas: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató con Su sangre, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina” (2 Ped 2,1). Es decir, igual que entonces a los hebreos, así también en vosotros, habrá entre vosotros pseudo-maestros que introducirán herejías destructoras, y al Soberano que los ha rescatado con Su sangre, al Señor Jesús Cristo, le estarán negando.

¿Quiénes son estos hoy en día aquí para nosotros? Los milenaristas  Testigo de Jehová (T.J.). ¿Y qué son estos T.J.? Son heréticos judaizantes. Porque cuando dicen: ¿Por qué no decís Yahvé o Jehová?, ¿qué tipo de heréticos son? ¿Niegan que Cristo sea Dios? Sí, Le niegan. Es esto que dice aquí el Apóstol Pedro: “y al mismo Soberano, que los ha rescatado con Su sangre, Le niegan”.

Pero una cosa me gustaría que observaseis aquí, amigos míos, que es muy importante. Se observa claramente por la Santa Escritura la entonación del dogma.

Como sabrán, nuestra época es adogmática, es decir, no acepta el dogma y lo pone de lado. ¡Pero los responsables, ellos también apartan el dogma! ¡Terrible… verdadera traición del Cristianismo! ¡Y lo más curioso es que en nombre de la llamada unidad de los Cristianos, no son requeridos los dogmas como necesarios! Tú eres protestante, yo ortodoxo, el otro papista o romanocatólico, “pues, por qué no dejamos de lado estas cosas; ¿qué quiere decir Protestante y qué Ortodoxo? ¡Dejemos todas estas cosas de lado, aniquilarlas todas. Lo único que tiene importancia es la agapi, sólo ella vale y tiene importancia!

Estas cosas predica el Ecumenismo. Y no crean lo contrario, ¡el Ecumenismo actúa y hace su propaganda! Pero el caso es que cuando son impedidos los dogmas y se ponen de lado, al armario, esto tiene como resultado que en nuestra época no sólo que sea adogmática sino que se convierte y se hace amoral, (sin ética). Así, ya que hablamos sólo de agapi y no sobre el dogma, resulta una época a-moral. ¿Qué quiere decir a-moral?; pues, sin ética.

Os acordaréis que hace diez años (1971) habíamos hablado sobre los mismos temas, -me acuerdo porque guardo los apuntes- y os había hablado sobre el Ecumenismo, el cual estaba en su auge continuo. Y entonces os había dicho la misma cosa: que la marginación del dogma tendrá como resultado una época amoral, éticamente descolorida, es decir, una época que no habrá ética. ¡He aquí! Entonces cuando os decía estas cosas estábamos en 1971, y ahora estamos en 1980, han pasado diez años, (y he aquí en extremos culminantes 2019). ¡Habéis visto qué rápido nuestra época ha resultado ser realmente a-moral! Si uno le dices: “hijo mío esto es malo, te responderá: ¿Qué es malo, qué quiere decir malo? ¿Qué quiere decir a-moral y feo? No lo entiendo. He aquí los resultados.

Amados míos, una cosa tengo que deciros: dogma y ética, dogma y vida espiritual está vinculados, estrechamente conectados. En cuando estas dos cosas son disgregadas y removidas, entonces se perturba y se remueve el equilibrio de la verdadera espiritualidad y piedad cristiana.

Además que esto se verá ahora también en la epístola un poco más abajo, de que algo así sucedió. Es decir, el obispo de Éfeso dio importancia y puso todo el peso en el tema de los heréticos y no tuvo cuidado una otra cosa: la esencia de la vida espiritual, que aquí la encontramos como agapi y culto hacia Cristo – no aquí hacia los semejantes.

Tal como os acordaréis, amigos míos, de la vez anterior, habíamos comenzado a analizar la epístola del Señor hacia la Iglesia de Éfeso, hacia al ángel, el obispo de Éfeso (Este texto es de dos homilías y ahora continuación la 2)). Elogia al ángel, obispo de Éfeso y le dice que conoce sus obras, su esfuerzo y su paciencia; pero a pesar de esto tiene una queja:

“Pero tengo contra ti, que has dejado la agapi-amor del principio” (Ap 2,4).

En principio observaremos que en todo el diagrama de las epístolas existe un método pedagógico que en el lenguaje sencillo helénico decimos: una de cal y otra de arena; un toque dulce y otro amargo. Esto exactamente, amigos míos, ejerce el Cristo cuando pedagogiza, educa e instruye Su Iglesia.

Elogió al ángel, obispo de Éfeso por su esfuerzo, su ocupación y su paciencia contra los heréticos. Pero tiene también una queja. Que vendrá en una carencia y dirá esto que es muy importante. Y se ve que es muy importante, porque más abajo amenaza con un castigo muy serio. Dice: “Pero tengo algo contra ti: que aquella antigua primera agapi la has dejado, aquel ardor que tenías lo has dejado”.

¿Qué sucedió? Pues, algo que sucede a todos nosotros. Además, por eso estas epístolas, que son distintas facetas de la una Iglesia, y por consiguiente virtudes y defectos de los creyentes, del clero y del laós-pueblo, encontramos a nuestro sí mismo dentro de todas estas realidades y cosas.

Es decir, el obispo de Éfeso puso todo el peso y empeño de su diaconía (servicio) y su atención al tema de las herejías. Lo apunta el mismo Cristo:

“Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y tu paciencia; y que no puedes soportar a los malos… y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre sin desfallecer”.  Esto muestra que el peso del interés de la Iglesia de Éfeso cayó sobre el tema de las herejías, es decir, a la lucha antiherética y se descuidó de la agapi hacia al Señor Jesús.

Habréis observado, amigos míos, que muchísimas veces sucede esto en nuestra Iglesia. Si echáis una ojeada a vuestro alrededor, veréis este punto, es decir, que ponemos toda nuestra lucha y esfuerzo contra los heréticos. ¿Mucha lucha hacemos!, pero hemos descuidado algunas otras cosas importantes.

Por eso muchas veces, veréis hombres creyentes que estén luchando mucho contra los heréticos; pero la vida personal de ellos es descuidada. Y me temo que existan algunos aquí entre nosotros que luchamos contra el mal, contra la herejía, contra la kakodoxía, pero a pesar de esto, nosotros tenemos nuestra vida espiritual descuidada.

Esto lo he observado en muchos de nuestros fieles, os lo digo sinceramente, de verdad; por eso debemos tomar nuestras medidas particulares. Venís a decirme que hacéis un intento contra los kakodoxos o heterodoxos, los heréticos, pero vuestra vida personal no está bien cuidada; hay una superficialidad.

Es decir, debemos entender que la agapi increada, por la que habla el Señor se ha abandonado, –“no tienes tu primera agapi”, dice- no se agota a la Ortodoxía  sino a la Ortopraxía . No debemos decir sólo que perseguiré a los heréticos, sino cómo yo vivo particularmente. Es decir, aquí existe esto lo que faltaba al obispo y en la Iglesia de Éfeso, faltaba esta especial ascensión agapítica del corazón hacia Dios.

Por eso muchas veces se observa que hombres con alguna actividad no tienen ascensiones espirituales y viceversa, hombres que tienen una ascensión espiritual del corazón no tienen una actividad. El Señor lo controla tanto lo uno como lo otro. Veremos también en otra epístola controlar exactamente el por qué se dejaron los heréticos. Se debe hacer tanto lo uno como lo otro. No debemos poner el peso sólo a una sección, sino que debemos ver todos los aspectos de la vida espiritual, y decirnos: “Trabajaré contra los heréticos, pero no descuidaré tampoco mi edificación espiritual”. No puedo asegurarme diciendo: “Ya que lucho contra los heréticos, esto es una muestra de que voy bien”. ¿Quién os ha dicho, amigos míos, de que esto es una muestra de que vamos bien? ¿Creéis que con confesar Ortodoxía, esto significa también sotiría redención, sanación y salvación? ¿Y la Ortodopraxía entonces dónde queda?

Pero esto que dice el Señor “pero tengo contra ti”, muestra la queja del Señor. ¡Esta dejadez y el olvido de la primera agapi! Es decir, ya no hay entusiasmo y ardor, no hay dedicación y culto a Jesús Cristo, que por regla general sucede al nuevo convertido en la Fe Cristiana. ¿Habéis visto a un hombre que entra por primera vez en la Fe? ¡Conoce a Cristo, este hombre entero es como fuego, todo entusiasmo, todo culto hacia Cristo! ¡Le hablas de Cristo y saltan sus lágrimas y llora!

Estas son las lágrimas como del que viene por primera vez al misterio de la Confesión. Cuántas veces hemos vivido, nos ha dolido verdaderamente y hemos amado a hombres cuando los ves llorar en la Confesión, cuando muestran la verdadera Μετάνοια Metania! En otras palabras, este es el espíritu  del sacrificio total que domina en la psique-alma. (ver http://www.logosortodoxo.com/μετανοια-metania/)

Pero cuando pasa algún tiempo y cumplimos años en la Fe, ¿entonces qué?… ¡Entonces viene la caída vertical de la agapi! Entonces tenemos como resultado una tipolatría seca. Entonces nuestra vida entra en un marco de rutina. No existe cosa más tremenda en la vida espiritual que esto que llamamos rutina. ¡Creedme, la muerte espiritual es la rutina! Y si la rutina existe en otras cosas de nuestra vida – y no debería existir ni allí, ni en el oficio, ni tampoco en nuestras relaciones con los otros hombres, ni en cualquier otra cosa, a pesar que muchas cosas de estas se repiten de una forma programada cada día- tenemos la obligación a encontrar la forma o manera de luchar siempre contra la rutina. Si la rutina ha entrado en nuestra vida, esto significa que se ha manifestado la muerte de nuestra vitalidad.

Pero podemos y debemos encontrar el modo de no tener un lugar para la rutina en nuestra vida. Esto es un tema que se enseña pero también se adquiere por cada uno personalmente. Cuando uno siempre encuentra interés en profundidad en aquello que está haciendo, entonces no cae en la rutina, no enferma por la rutina.

Os diré un pequeño ejemplo que es de un psiquiatra extranjero. Un cantero decía que se sentía muy feliz con su trabajo, porque sentía que cuando en la cantera tocaba la piedra para talarlo, tomaba una forma excepcional. Sobre todo, decía que esto se parece a los hombres, que cada uno tiene su tipo, figura o forma, tiene su faz, rostro y sus características.

Por lo tanto, cuando uno ve que siempre puede encontrar algo al otro, por ejemplo en su trabajo, que busque algo nuevo –es cuestión de buscar a encontrar, es un tema de verlo esto como nuevo- entonces, creedme que la rutina ya ha muerto, ¡y entonces muriendo la rutina, florece y se vitaliza nuestra vida! Esto es muy importante para nuestra vida diaria, pero principalmente es un tema o cuestión grandísima en cuando existe la vida espiritual.

Sí cada día voy a la Iglesia, cada día tengo la Divina Liturgia y las Vísperas, cada día tengo oración y estudio de la Santa Escritura, tengo las mismas cosas, cada día tengo los buenos días con las mismas personas etc., pero encuentro una manera o modo de descubrir algo nuevo, no vendrá a instalarse en mi vida la rutina.

¡Atención, tened mucho cuidado a la rutina! Cuando entra ella, caemos en esto que antes os he dicho, a la tipolatría.

Por tanto, ¡ay de nosotros si se supone que hemos dejado nuestra primera agapi, la cual es la vida, es la variedad, es el interés, es, es…es lo que dice la palabra vida! Si esto lo descuidamos, lo dejamos y lo perdemos, entonces, ay de nosotros como personas y como país, pueblo o estado.

Amigos míos, debemos confesarlo que como nación hemos caído a la tipolatría, sobre todo a un grado muy inquietante. Esto lo ve uno en la vida de nuestros fieles. Uno ve que el Espíritu se ha perdido, se ha apagado, a pesar del mandamiento del logos de Dios “el Espíritu que no se apague” (1 Tes 5,19).

Por eso veis que en nuestros fieles el eclesiasmo (ir a la Iglesia) se hace sin entendimiento y sin interés.

El ayuno en muchos ha perdido su sentido y significado. ¡Creen que deben guardar con mucho escolasticismo (minuciosidad) para comulgar, porque si sucede que no han ayunado sin comer aceite por tres días o dos y media o dos, entonces están perdidos! Así realmente han perdido el sentido y significado del ayuno; no lo saben, no lo entienden.

Aún la sagrada Confesión, éste Misterio importantísimo, que nos sana, nos “psicoterapia” y renueva realmente, se ha convertido en un deber o una función. Muchas veces oímos esta frase tan fea: “¡Has ido a lavar tu plato!”. Sobre todo no me gusta la forma por la que dicen esta frase: “¡Has hecho tus deberes!”… ¡Veis!, aquí esto es rutina pura, porque el deber siempre es rutina.

¡Amados míos, la palabraκα­θῆ­κον kazíkon deber” no la encontraréis ni una vez en la Santa Escritura, ni en la filología Patrística! ¡En los textos Patrísticos la palabra “κα­θῆ­κον kazíkon deber” no la encontraréis ni una sola vez! Al contrario, la encontraréis en abundancia en las éticas o morales filosóficas, sobre todo en los manuales de la ética de Kant, de donde las han introducido también en nuestras escuelas de hoy en día, a donde habla de deberes y derechos.

¡Amados míos, estas cosas son desconocidas al logos de Dios. Y la palabra “κα­θῆ­κον kazíkon deber”, recuerda a algo que viene a imponer, algo que para hacerlo hay que empujarlo! No existe este tipo de tema en el Cristianismo, ni debería existir.

Aún la Divina Comunión o Efjaristía en muchos fieles ha recaído simplemente a una costumbre, en cambio al principio era una necesidad.

¡Pero también esta misma vida espiritual entera ha quedado sin Espíritu Santo! Realmente, nuestra primera agapi la hemos abandonado…

Y continúa la epístola donde el Señor dice: “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, vuelve a la metania, y a obrar como antes; pues si no, vendré pronto a ti, y moveré el candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido y vuelto a la metania” (Ap 2,5).

Veis que se observa que esta agapi a Jesús Cristo es muy importante! ¡Interesantísima…y no sólo interesante, sino que es nuestra vida, amigos míos! ¡Por amenazar con tan fuerte y duro castigo de que moverá el candelero –veremos lo qué significa esto-, entendemos, amados míos, que esto es tremendo! Tengamos cuidado, pues.

En este momento es necesario que hagamos una autocrítica. Cuando el Señor dice “recuerda, por tanto, de dónde has caído…”, esto significa que el Señor nos hace un llamamiento a la autocrítica. Aún significa que nosotros no nos hemos encontrado a la necesidad, desgraciadamente, hacer por nosotros mismos esta autocrítica, y así viene el mismo a recordarnos y amenazarnos, tal y como entonces a aquellos por aquella epístola, así también a nosotros hoy en día por la audiencia de la misma epístola. Porque, qué os creéis; ¿Qué el ángel, obispo oyó la voz de Cristo? No. La voz de Cristo la ha oído solamente Juan el evangelista y el obispo de Éfeso sólo leyó esto que nosotros estamos leyendo hoy literalmente.

Pero muchas veces el Señor viene a recordarnos esto con un tortazo, con un azote, con algo que nos conmociona muchas veces. Viene a recordarnos lo “recuerda, por tanto, de dónde has caído…”, de dónde hemos caído, significa que una vez estábamos en alguna altura y hemos caído. Así que tenemos la necesidad de reconsiderar y ver a dónde estábamos antes y qué somos hoy, es decir, hacer nuestra autocrítica.

El único camino de sotiría redención, sanación y salvación, tal y como recalca el Señor aquí, es la metania, porque dice: “vuelve a la metania, arrepiéntete y confiésate”. En efecto, la demostración de la metania es nuestro retorno a las primeras obras, porque dice: y obra las primeras obras”, hacer los trabajos estos que hacías al principio.

Debo decir que si esta situación de caída se hace crónica, se convierte en muy peligrosa, porque sobreviene una anestesia espiritual. De la que, según el grado, el hombre difícilmente se recupera y se repone.

Aquí yo os diría algo. Cuando leía estas cosas que ahora os digo, me preguntaba a mí mismo: “¿Quizá tenga anestesia espiritual?”. Amados míos, no podemos verlo fácilmente esto. Es como si hiciéramos a alguien una anestesia local para operarlo y le pellizcamos en el punto que le hemos anestesiado y le preguntamos si lo siente, y él nos responde no. Pero aquella parte está anestesiada, ya que nosotros hemos puesto esta anestesia para hacer la operación, ¡cómo es posible que sienta algo! Así también yo, ¡cómo puedo conocer si estoy anestesiado, siendo realmente anestesiado!

Amigos míos, si leéis un logos de san Juan el Clímaco que habla sobre la anestesia (espiritual), os asustaréis, (San Juan el Clímaco, “Escalera” Logos 17). Os lo digo a todos en general, en este momento, sin excepción alguna, todos estamos en un estado de anestesia de distinto grado. ¡Todos nosotros! Me entristece deciros esto, pero es verdad.

Y entonces viene el castigo: “pues si no, vendré pronto a ti, y moveré el candelero de su lugar” (Ap 2,5).

Os recordareis cuando dijimos que aquellos siente candeleros están de tal forma colocados, de modo que el Jesús glorificado, el Jesús que está más allá de la Historia, el Jesús histórico y a la vez supra-histórico, moviéndose entre estos candeleros. Los candeleros, como os decía, eran los candelabros o veleros con velas encendidas, y el Señor se mueve entre estos. Cuando el Señor dice “moveré”, quiere decir que se llevará el candelabro y lo llevará más allá, en otra parte; esto es lo que quiere decir “moveré, trasladaré tu candelero”.

¿Pero qué es el traslado del candelero? Tal y como dice san Andrés de Kesarea, es “el desnudamiento, desposeimiento y abandono (zeoengatálipsis) de la divina jaris (gracia, energía increada), es ser despojado de la jaris de Dios” (J.P Ming, P.G. t.110 Logos A cap.c)

No sé, amigos míos, si me he despojado de la jaris de Dios… Esto lo ven los otros seres humanos. El mismo ser humano no puede verlo fácilmente; algunas veces puede verlo, pero otras no.

¡Pero el despojamiento, desposeimiento o abandono (zeonengatálipsi) de la jaris de Dios es terrible! Ojalá que Dios no lo conceda nunca esto. ¡No sé si han visto otros hombres, clérigos y laicos que sean desnudados y abandonados de la jaris de Dios y que el Dios tome Su jaris y no la dé a estos hombres!… ¡Y después que veáis a estos hombres moverse sin la jaris de Dios!… ¡Describíroslo, me es imposible! ¡Sólo una cosa os digo, que esta situación es una cosa y realidad digna de muchas, pero muchas lágrimas!

Y continua san Andrés de Kesaria diciendo: “La Jaris de Dios cuando por el desnudamiento, desposeimiento o abandono se haya ido, entonces irrumpen impetuosamente los demonios y sus instrumentos –los hombres viles y astutos malos- y entonces en el interior de este hombre crean una situación inconstante o en el conjunto de los hombres” (San Andrés de Kesarea, “En el Apocalipsis” J.P. Migne, tomo 106, Logos A, cap.3).

En nuestra época por supuesto que tenemos hombres importantes, y también clérigos y laicos, hombres muy importantes, verdaderamente santos. ¡Pero tenemos también situaciones de laicos y clérigos que son dignos para muchas lágrimas y llantos!… Alguna vez puede ser que se constituyan también en grupos de hombres. Y uno se pregunta: ¿Qué sucede con estos hombres?”. Entran los demonios y los hombres malos astutos y viles y bailan… realmente bailan! Es trágico y tremendo el que uno vea los demonios bailando en la vida de los hombres que han sido desnudados y abandonados de la jaris de Dios!

Amados míos, estas cosas que os digo, primero las digo a mí mismo y después a vosotros. Las digo para recalcar y estar en alerta, de modo que no lleguemos a esta desgracia y penuria, porque realmente se trata de penuria y des-gracia sin gracia-jaris divina.

Pero el movimiento o traslado del candelero, por lo menos en lo que se trata históricamente se ha demostrado, que es la desaparición de una Iglesia local. Esto, amigos míos, desgraciadamente sucedió después de mil novecientos años a las siete Iglesias de Asia Menor que finalmente fueron desarraigadas de su lugar el año 1922. ¡Estas Iglesias de Asia Menor ya desaparecieron y no existen! ¿Dónde está la Iglesia de Esmirna, y dónde está la Iglesia de Éfeso y de Tiatira? ¿Dónde están estas bellas Iglesias que afloraban en la época que fueron creadas? No existe ninguna. Esta amenaza: “Ten cuidado, sino trasladaré tú candelero”, ya se ha realizado.

Además todas estas cosas que dice aquí el Señor, se mueven en todo el espacio del tiempo de la Iglesia. Y el tiempo de la Iglesia –por favor acordaos de esto- es entre las dos Parusías-Presencias de Cristo. Este tiempo son los mil años del libro del Apocalipsis, el milenario reinado de la realeza de Cristo (Ap 20, 2-7). Os lo vuelvo a decir, es el tiempo entre las dos Parusías de Cristo.

Aprovecho la ocasión en deciros que el número mil es un número que no quiere dar la información exacta, porque la Segunda Parusía-Presencia es mística o secreta, no sabemos cuándo va a venir el Cristo. Así que con el número simbólico mil, se manifiesta el tiempo de la Iglesia. El número mil indica un gran espacio de tiempo largo, sin ser traicionado, lo que dice el logos sobre cuándo va a venir el Cristo por segunda vez.

Tal y como con las diez vírgenes. Veis que son diez: cinco tontas y cinco prudentes. Para que no saquemos proporciones haciendo cálculos, así no podemos decir cuántos son los Cristianos prudentes y cuántos los imprudentes. Pone cinco más cinco, para que uno no saque conclusiones, y así pueda decir que son tantos o tanto por ciento, por ejemplo, setenta por ciento, ochenta por ciento, diez por ciento etc. Te dice que cinco más cinco igual a diez, para que no saques conclusiones; son números simbólicos.

Pero los desgraciados milenaristas T.J. toman el número mil literalmente de forma maniática, y así resultan a la conocida herejía. Pero cuando llegue este momento hablaremos sobre este punto. Ahora solamente esto, de que en este tiempo de la Iglesia estas cosas son y serán realizadas.

Por tanto, vemos que después de mil novecientos años, el año 1922, se desarraigaron estas siete Iglesias de Asia Menor.

Hay un tercer movimiento o traslado del candelero, por el cual una Iglesia no pierde su lugar, permanece allí, pero pierde su Ortodoxía y su Ortopraxía. Y esto debo de deciros que ha sucedido históricamente. Me diréis, ¿dónde están las florecientes Iglesias del Norte de África? ¿Dónde están, qué ha pasado? ¡No existe ni una! Las florecientes Iglesias del Norte de África, gracias a las cuales san Marcos escribió su Evangelio, -el Apóstol Pedro a través de Marco- dónde están? Vino el vendaval del Mohametanismo con las hordas bárbaras, y estas Iglesias fueron destruidas. Localmente no se ha movido, que se vaya a otra parte, pero perdieron lo que tenían. ¡Se acabó, ya no están, han perdido el candelero!

También tenemos otras Iglesias Ortodoxas que han perdido su Ortodoxía. Tenemos la Iglesia Copta, la Iglesia de Armenia, que han perdido su Ortodoxía. Pero también en Occidente qué ha sucedido. Los Protestantes qué son. Roma, los romanocatólicos o Francolatinos, qué son. El que te encuentres en tu lugar y pierdas tu Ortodoxía  y tu Ortopraxía, creo que el peor movimiento de los tres movimientos del candelero que os he dicho.

También debo deciros algo más, sobre este último por muy tremendo que se vea. ¡Tal como las cosas demuestran o por lo menos muestran, -y tenemos acontecimientos históricos anteriores, -no es imposible que sea movida o trasladada alguna vez también el candelero de la Iglesia Ortodoxa local, la que se llama Iglesia Helénica! Y cuando decimos que será trasladada o movida, damos a entender que pierde su Ortodoxía y su Ortopraxía. ¡Porque debo deciros que todos, clero y laós-pueblo hemos puesto el propósito y objetivo de alterar el carácter de nuestra Iglesia Ortodoxa!

Por supuesto que cuando decimos todos no es así, gracias y gloria a Dios, existen hombres, clérigos y laicos que luchan con uñas y dientes para mantener la identidad de la Ortodoxía y de la Ortopraxía, es decir, la espiritualidad ortodoxa, esta es la Ortopraxía. Y no es poca cosa, amigos míos, la espiritualidad ortodoxa. Cuando el otro te dice: ¿Qué es el ayuno?, y sobre todo cuando se anula oficialmente, esto significa la alteración de la espiritualidad ortodoxa. Esto de ninguna manera es un asunto de poca importancia.

¡Me temo, pues, que nos hemos propuesto a alterar el espíritu ortodoxo, la conducta, la fe, y la vida ortodoxa, temo quizás en algún tiempo vengan de África a predicar la Ortodoxía en Grecia como misioneros Ortodoxos! Lo temo mucho esto. Aquello que dice san Juan el Bautista a los hebreos: “Haced, pues, frutos dignos de metania y arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios es potente y puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras” (Mt 3,9 y Luc 3,8). Es decir, en otras palabras que no nos jactemos diciendo: ¡a nosotros que el evangelio se ha escrito en griego, que aquí han predicado los Apóstoles, que aquí esto o lo otro…aquí donde se han creado importantes Iglesias, que todas las Iglesias eran helénicas, sea en Asia Menor, sea en la Grecia continental, en las islas y en otras partes, en ciudades helénicas como Antioquia, Éfeso, Esmirna, Tesalónica, Corinto….! No dudéis; el Dios es potente y capaz de levantar Ortodoxos misioneros de África, y que vengan aquí en Grecia a predicar Ortodoxía y Ortopraxía!

Todas estas cosas significa el logos de Dios, amigos míos: “¡Ten cuidado, si no te arrepientes y no vuelves a la metania moveré o trasladaré tu candelero!” ¡Habéis visto cuando tiempo confía y concede a Sus Iglesias el Cristo, que se mueve libremente en los siglos porque es el Dios eterno!

“Pero tienes esto, que odias las obras de los nicolaítas, las cuales yo odio también” (Ap 2,6). Veis, aplica el mismo método pedagógico que antes os he comentado.

El Cristo habló duramente al obispo de Éfeso. Pero ahora, para que no se desespere y quede amedrantado diciendo: ¡estoy perdido!, viene a ayudarlo un poco y apoyarlo: “Pero tienes esto”, tienes este bien. Pero este bien que te diré no anula el mal que tienes, sino que simplemente por justicia y por pedagogía te digo que tienes este bien. Pero preocúpate de arreglar aquello que te dije, porque lo que he dicho se hará; te trasladaré o moveré el candelero! ¡Ten cuidado!… Por tanto, tienes un bien; odias las obras de los Nicolaítas a los que yo odio.

¿Pero qué significa “odias las obras de los Nicolaítas” ¿Quiénes eran estos Nicolaítas?

Los Nicolaítas, amigos míos, -si Dios quiere primero, por los que hablaremos otra vez más abajo, repetidamente- eran heréticos con enseñanzas gnósticas. No sabemos muchas cosas sobre ellos; lo que sí sabemos es que eran heréticos gnostiquizantes. Los gnósticos habían aparecido durante los primero siglos después de Cristo. ¡Pero el gnosticismo, amigos míos, no desapareció, no ha muerto; existe y existirá hasta que termine la Historia! No es otra cosa más que una ensalada de ideas de una forma abstracta, según la intención de cada uno; es decir, poco de filosofía, poco de cristianismo, poco de idolatría, poco por aquí, poco por allá… un poco de todo! En otras palabras es una deformación del Cristianismo en grado superior, extremo. Por eso los Nicolaítas se llaman heréticos, porque tenían color cristiano. Por lo demás esta herejía era y es una terrible deformación del Evangelio, muy tremenda! Esta tremenda deformación del Evangelio la encontramos también hoy en día en muchos lugares en el mundo.

¡La masonería, os lo he dicho muchas veces, es el reavivamiento del gnosticismo. La Iglesia conoce y ha visto la cara del gnosticismo con sus múltiples formas y variedades, es su mayor enemigo! ¡Sí, así es! La Iglesia a ninguna herejía combatió y atacó tanto, como la del Gnosticismo. Son tan terribles los gnósticos, porque no simplemente presentan muchas cosas que vienen a encantar a los fieles y los arrastran al “abismo de la perdición”. No es simplemente una herejía sencilla, algo que sea distinto, que diga, “no acepto esto o no acepto aquello” sino que es una otra cosa. Y esta otra cosa desde primera vista y aspecto no se ve. Porque te dice: “Yo también soy cristiano, yo todo lo abrazo, todo lo acepto, mientras que lo rechaza casi todo.

Por tanto, ¿qué eran esos Nicoalítas? Eran heréticos gnostiquizantes de enseñanza gnóstica y se consideraban como ἀ­ντι­νο­μι­στές antinomistés antiley o antileyes.

Tened mucho cuidado a esto, todas estas cosas y realidades no son cosas que había una vez. Según una opinión y punto de vista, en la Historia tenemos fenómenos repetidos, no lo olviden esto. “Nada nuevo bajo el sol” dice Salomón (Ecl 1,9), no hay nada nuevo. Todo se está continuamente repitiendo con nuevos nombres, con nuevas formas, pero la esencia permanece siempre la misma.

Pues, estos hombres, como anti-ley, presentaban las siguientes cosas: Tenían una percepción fina muy elástica sobre idolatría y sobre pecados carnales. Es decir, podían aceptar también elementos idólatras con mucha comodidad, pero sobre todo sobre los mandamientos de Dios, sobre la vida espiritual, -por decirlo así- sobre la ética y especialmente para los pecados carnales que tenían una percepción terriblemente elástica, diciendo que las cosas que la ley enseña de Dios en realidad son inaplicables.

En concreto en el tema de la continencia-engratiaἐ­γκρά­τει­α, autodominio en el caso de la procreación, tenemos la ley de Dios que dice que los fieles deben permanecer continentes-engratís—hasta su casamiento, y en el matrimonio debe realmente haber monogamia. Es decir, uno no puede casarse y estar circulando por allí con uno con otro, o con una con otra. No puede, no está permitido el adulterio, es pecado.

Ellos dijeron que: “Nosotros esto no lo podemos conseguir. Por lo tanto, ahora debemos hacer algo distinto. ¿Cuál es el propósito de cumplir los mandamientos de Dios? ¡El propósito y objetivo es destruir la carne para salvar el espíritu! Esto es un error grave y grande. El propósito de la ley de Dios no es que tengamos que destruir la carne. Cuando dice que haremos ayuno, hacer continencia, incluso hacer vigilia u otra cosa, no dice estas cosas de destruir la carne. Estas cosas no son matacarnes o matacuerpos, simplemente matan los pazos. No ayunamos para destruir nuestro cuerpo o carne como algo malo. Esto es un elemento gnóstico, es dual y es de la herejía de los Gnósticos.

Ellos, pues, mal interpretaban y decían: “Ya que yo debo destruir la carne para salvar el espíritu, y esto no puedo conseguirlo por la continencia, entonces sigo el otro camino, no el de la ley, sino el de anti-ley, y así me llamo Anti-ley. Es decir, ¡disfrutaré, comeré y beberé hasta la saciedad, tendré sexo hasta saciarme y así destruiré la carne! O sea, creían que el propósito y objetivo de la continencia es destruir la carne! Y ellos deberían destruir el cuerpo, tal y como decía también Platón, el cual era dualista. Todos los sistemas filosóficos hasta hoy en día son dualistas, es decir, aceptan el bien y el mal en una lucha interminable, eterna entre estos.

El principio de ellos era: “debemos abusar la carne o cuerpo”. ¡Así decían! Es decir, se debe maltratar  y abusar del cuerpo o carne. De esta manera creían que encontrarán la felicidad y su espíritu se liberará.

Me dirán: ¡Pero estas cosas son terribles! ¿Por qué os extrañáis, amigos míos? Estas cosas se repiten en nuestros tiempos. ¿Qué es el movimiento jipi? (homilía del año 1980) ¿Los jóvenes actuales cómo se mueven con las drogas? ¡Es exactamente esto; movernos para el hedonismo, los “paraísos”, los placeres, y la felicidad por los narcóticos, las drogas! ¡No podemos encontrar nuestra felicidad siguiendo la ley de Dios, -este camino es difícil!…- y encontramos la felicidad, el “paraíso de otra manera, por la antiley, la contraria a la ley de Dios. Y este modo de vida son las drogas, las juergas… Y dicen: “Encuentro la felicidad de esta manera. Por supuesto que corrompo y desgasto mi carne o cuerpo, pero esto no tiene importancia, basta que encuentre mi felicidad.

Nicolaítas había, habrá, y siempre habrá. No entraron por casualidad en el logos de Dios. Los Nicolaítas hoy se han convertido en un símbolo, una idea, una corriente, y este Nicolaitismo habrá siempre. En nuestra época desgraciadamente el Nicolaitismo está en su punto culminante. En realidad vemos nuestra juventud bajo las predicaciones del Nicolaitismo.

¡Me dirán que estas cosas son insospechables para muchos! (profecía 1980 entonces era principio, aún no había aún el auge de las drogas y la degeneración moral como hoy). Yo simplemente os dije la historia del Nicolaitismo y os dije también cómo habla el logos de Dios. Volveremos al tema de los Nicolaítas –con otro nombre Balaamitas- porque es un tema muy importante. Hablará el Cristo también en otra de Su epístola para el mismo tema, y allí veremos de nuevo algunas cosas.

Ahora aquí sólo observemos con cuidado dos puntos: uno es que el Cristo discierne las obras de los Nicolaitas de los hombres Nicolaítas, y lo segundo es que no odia a los hombres Nicolaítas, sino las obras de ellos. Por tanto, aquí tenemos un discernimiento y una colocación; es decir, el Señor discierne a los Nicolaítas de sus obras, y toma la cuestión del odio no contra los Nicolaítas, sino contra las obras de ellos.

¿Sabéis lo qué significa esto, amados míos? Es muy grande y muy interesante; es esto que nosotros también muchas veces no lo conseguimos. Es decir, lo haremos así un poco más sencillo, y es lo siguiente: un enfermo tiene un microbio en su interior, y llamamos al médico. El médico no puede no hacer distinción entre enfermo y microbio. Una cosa es el microbio y otra cosa es el enfermo; son dos cosas totalmente distintas. Atacará el microbio, pero sanará y salvará al hombre. Pero si considera que el hombre y el microbio se identifican, de que son la misma cosa y el médico estas cosas no las separa, entonces no matará sólo el microbio, sino que matará también al enfermo. ¿Os parece extraño? Hasta el médico más malo, amigos míos, esta cosa no la haría, porque hay discernimiento claro entre enfermedad y enfermo.

A pesar de esto, la misma cosa sucede con nosotros que no discernimos el pecado y el pecador. Cuando vemos el pecado al otro hombre, acusamos al pecador, no acusamos el pecado. Este error es muy corriente también entre nosotros. No acusamos al pecado sino al pecador. “Debemos perdonar al pecador y condenar el pecado, sino estamos en mal camino” (Yérontas y ahora santo Jacobo Tsalikis).

Clarísimamente pues, aquí el Cristo dijo que “odio las obras de los Nicolaítas”, “porque quiere que todos los hombres se salven y vengan en reconocimiento de la verdad” (1Tim 2,4)

Si veo un drogadicto, un toxicómano, ¿qué debo decirle? ¡oh, hombre… este tipo es un cargo para sociedad, déjalo que se muera y así nos deja tranquilos! No. Una cosa es la que hace, y otra cosa es lo que el mismo es como persona. A él debo salvarlo, debo ayudarlo.

Veis, pues, que aquí el Señor hace discernimiento, el cual nosotros debemos hacer también.

Antes de continuar, me gustaría añadir algunas cosas demás sobre los Nicolaítas. Ellos en nombre de una supuesta libertad actuaban así de esta manera. Y en nuestra época, más que en cualquier otra época, se ha entendido mal totalmente la libertad. Sobre este punto importante tengo que deciros las siguientes cosas:

El Apóstol Pablo, en su época había observado que los Nicolaítas pecaban. El Apóstol Pedro también ha destinado toda su segunda epístola sobre el caso de los Nicolaítas, lo mismo que el Apóstol Judas. ¿Leyendo la segunda epístola del Apóstol Pedro, os habéis imaginado o sospechado alguna vez que da a entender de los Nicolaítas? Por supuesto que no nombra el nombre de Nicolaítas, sino que se refiere de la manera que vivían. Os recuerdo algunas cosas, así haciendo una recolección:

El Apóstol Pedro en la primera de las epístola a los Corintios dice las siguientes cosas: “Todas las cosas me están permitidas, lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me están permitidas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna” (1 Cor 6,12). Esto da a entender que tiene en cuenta en su mente a los Nicolaítas, los cuales decían que “todo se me está permitido”.

Acabo de acordarme esto y os lo diré: una vez había entrado en una tienda, y dije algo, no me acuerdo exactamente sobre el tema de la discusión, y un joven, actuaba como si se le quitaras sus derechos y le estropearas el ídolo de su libertad y dijo: ¡Por qué… estoy libre de hacer lo que quiero, lo que me viene en gana! Y le respondí: La verdad es que estás libre hacer lo que quieras; pero no te conviene hacer lo que quieras”.

Estoy libre, amigos míos, de tomar drogas, ¿pero me conviene? No me conviene. Tomo el caso de las drogas porque es muy llamativo, pero nosotros aún tenemos un poco de salud interior en percibir y entender que es un mal terrible. Lo digo esto, porque en este momento (1980) si tuviera otra audiencia de otros países y hablaba sobre las drogas, no sé si me escucharían con tanto terror, o incluso se reirían de mí, tal como y podéis oírme vosotros ahora.

Por tanto, todo se nos está permitido, es cierto que estamos libres para todo, ¿pero nos conviene todo?

Y se pone el tema del concepto de la libertad, sobre qué es exactamente la libertad. Bien, tengo derecho hacer de todo, ¿pero me conviene? ¿Qué es, pues, la libertad, este tema tan agudo para la juventud?

No sé a dónde debería subir uno, en esta torre alta que está aquí a lado del museo o en el lugar más alto de la ciudad de Larisa y cada uno en su ciudad y gritar: “¡Jóvenes, escuchad, prestad atención: “el concepto de la libertad no es como vosotros la tomáis y tal como la idolatráis!” ¿Pero quién nos escucha? ¿Quién? Es tan tremendo el culto a la libertad, de modo que si decimos, que el tema de la libertad delimita algo, inmediatamente nos hacen enemigos. ¡Pero he aquí los frutos, he aquí los resultados!

¡De verdad, san Pablo de Dios, habías dicho que “todo se me está permitido, pero no todo me conviene”! Puedo hacer una vida suelta, hacer lo que me viene en gana, ¿pero me conviene?

Y continua, “todo se me está permitido, pero yo no seré dominado por nada, seré dueño de mí mismo”. E inmediatamente más abajo habla sobre los pecados carnales. Es evidente que aquí insinúa a los Nicolaítas.

Pero también del Apóstol Pedro, que os he dicho, he recopilado de su segunda epístola las siguientes cosas: “Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con cebos de concupiscencias o hedonismos de la carne y de los vicios a los fieles que verdaderamente habían huido de los que viven en error de la idolatría y en el engaño del pecado (2 Ped 2,18). Es decir, dicen palabras vanagloriosas, discursos inflados de vanidad para arrastrar a los que quieren y han decidido hacer una vida pura y espiritual para abrirlos el camino hacia la “gran vida… estas cosas que vivimos hoy en día tan intensamente, y prometen para ellos libertad en deseos carnales diciendo: “¡Haz lo que quieras, come lo que quieras!, mientras que ellos que prometen esta libertad están esclavos y dominados por la corrupción.

Veis, pues, amigos míos, que el tema de los Nicolaítas no es sólo antiguo, sino también nuevo, y siempre será nuevo.

Pero para cerrar este tema, aquí prestad atención una cosa más. Cómo debemos sentir con los pecadores, con nuestros jóvenes contemporáneos.

¿Debemos sentirnos un odio por estas situaciones? No, para los pecadores no, sino para el pecado. El Cristo dijo: “¡Yo también odio las obras de los Nicolaítas!” Si escuchasen esta frasecita aquellos que dicen que el Cristo habló sobre la agapi, ¿qué dirían?

Os acordaréis, amigos míos, aquella corriente de los jipis en América, que hablaban en el camino diciendo: “¡Amas a Cristo, Amas Cristo?… el Cristo algo tiene que decir para ti!”, ¡y vivían en aquellas desastrosas casas comunes en el campo, bebían y tomaban drogas, tenían relaciones sexuales y muchas cosas más! Igual también los “Hijos de Dios”38*. Viene también a vosotros y os dice el “Hijo de Dios”: “¿Amas a Cristo?…” Y viven en casas comunes de gran corrupción. Estas cosas son demostradas no las invento ni digo yo; veis…para estos tenemos que tener pena, pero hablaremos sobre las cosas que hacen.

[38*. La nombrada antes herejía fue creada en California finales de los sesenta. El creador de ella David Berg que se autollamado Mo, había sacado la profecía de que el mundo llegaría al final el año del año 1993 y que su gran secta sería la dirigente de un nuevo milenio. Además, a través de una serie de epístolas había dictado unos cánones que deberían seguir los fieles. Uno de estos cánones era la ley de la agapi-amor. “El Dios es agapi y la agapi igual a sexo. El que compartas tu cuerpo con alguien es una expresión de agapi sublime”. La edad de los miembros de esta sexta no tenía límite. El adulterio, el incesto, el sexo fuera del matrimonio, el sexo entre mayor de edad y menor con un niño ya no eran pecados, ya que se hacían con “agapi-amor”. Muchos de estos niños que nacieron en estas casas comunes se alejaron de sus padres, fueron maltratados sexualmente y cayeron víctimas de violencia psicológica y sexual.]

Lo digo esto porque desgraciadamente existen hombres y Cristianos nuestros – y yo he oído una vez hombres y sobre todo de labios oficiales- de sostener y decir: “¡Y estos también algo tienen que decir”! ¿Qué tienen que decir?… “¡Algo muestra esta corriente; algo indica! Debemos cuidar, aceptar y ver lo que dicen”. ¿Qué tenemos que ver y aceptar queridos míos, qué?… Cuando empezamos a decir: “Eh déjale este, algo tiene que decir también”. Así se amplía y se desgasta el sentido ético. Y entonces amigos míos, ¿qué se sucede?… ¡Y hoy en día aparece uno y dice que odia estas situaciones, los demás le dirán que es un hombre de odio!… Sin embargo el Cristo dijo: “odio las obras de los Nicolaítas”.

“Aquel que tiene abiertos los oídos de su pisque-alma, que escuche lo que dice con estas profecías el Espíritu Santo a las Iglesias” (Ap 2,7).

¿Por qué dice “a las Iglesias” y no dice a “la Iglesia de Éfeso”?

Esto, amigos míos, muestra que etas epístolas por supuesto que tienen carácter personal, son dirigidas a Iglesias históricas concretas, pero simultáneamente contienen también elementos que conciernen toda la Iglesia, es decir, a todas las Iglesias locales.

Además aquí llama la atención. ¿Veis lo que dice? “Que tengan cuidado los fieles a lo que dice el Espíritu Santo”, el Cual abre las orejas u oídos espirituales.

Dice san Andrés de Kesaria lo siguiente: “Orejas carnales tenemos todos, pero orejas u oídos espirituales sólo tienen los hombres espirituales”.

Ojalá y así sea, amados míos, que Dios nos conceda a adquirir orejas u oídos espirituales. Desde el momento que comenzaremos estar adquiriendo orejas u oídos espirituales, entonces podremos sopesar o equilibrar todas las corrientes, las cosas y las situaciones de nuestra época, podremos discernir diciendo: “Esto es peligroso; aquello está catalogado en aquella categoría, etc.” Y de esta manera, teniendo este espíritu de discernimiento, que es el de los regalos más grandes del Espíritu Santo, podremos sostenernos firmes y fuertes en los desafíos de nuestra época muy corruptora!

 Y la epístola del Señor hacia la Iglesia de Éfeso termina con una frase característica, que es más o menos general en cada epístola:

 «Al vencedor, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de mi Dios». [Dice Cristo:Al que venciere luchando contra al astuto maligno y al pecado, le daré de comer del árbol de la vida. Y también le daré los bienes de la vida eterna dentro en el Paraíso de Dios y Padre, el cual es Dios mío sobre mi naturaleza humana] (Ap 2,7)

Os dije que esta frase se repite como epodo o estribillo al final de cada epístola, con algunas variaciones, según las características de los receptores. Se da la promesa en aquel que estará venciendo en la lucha contra el Satanás y que disfrutará del sabor de la Realeza increada de Dios. La garantía de esta victoria es la victoria de Cristo y nuestra fe en Él.

El sabor del árbol de la vida, que promete el Señor, es aquel sabor impedido a los primeros en ser creados, que después de la caída salieron del Paraíso y fueron impedidos, -o más bien, exactamente salieron para ser impedidos- de probar del árbol de la vida, para que no sean inmortales, y así se convierta el mal inmortal, tal y como dicen los santos Padres interpretando; “para que el mal no sea inmortal” (san Epifanio de Chipre). Y como entenderéis, la puerta del Paraíso quedó impenetrable y cerrada; en otras palabras, no entró la muerte. Pero ahora es ofrecido el fruto del árbol de la vida por el mismo Cristo, el Cual abrió el camino que conduce al Paraíso de Dios.

Cuando dice “de mi Dios”, es algo análogo con aquello que había dicho Jesús a las Mirroforas –en el Evangelio de Juan: «No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre natural y vuestro Padre por la jaris (gracia energía increada), a mi Dios y vuestro Dios» (Jn 20,17). Por supuesto que se refiere a la naturaleza humana de Jesús Cristo, el Cual como Θε­άν­θρω­πος Zeánzropos Dios-Hombre abrió la puerta del Paraíso, porque como Dios sería curioso de abrirla o no abrirla. El Dios guardaba el género humano alejado de la inmortalidad, lejos de la vida eterna. El humanizado Hijo de Dios, es decir, la naturaleza humana del Señor, es aquella que ha luchado, trabajado y conducido el género humano otra vez en el reinado de la Realeza increada de Dios.

¿Pero en qué debe luchar cada uno tratando de vencer?

Debe luchar a lo que se refiere la epístola que habíamos leído y analizado en los dos últimos temas; y estas cosas y realidades no son nada más que la aversión y la lucha contra toda desviación de la dogmática y de la ética y la persistencia en la primera y ardiente agapi, a esta que se quejó el Señor al obispo de Éfeso, diciendo: “Has abandonado tu primera agapi”.

Naturalmente entenderéis que esta promesa de Cristo: “Al vencedor, le daré a comer del árbol de la vida”, se opone a aquellos deleites y placeres carnales permitidos por los Nicolaítas, ya que el Señor dijo que odia sus obras.

Así amigos míos, termina y cierra la primera de las siete epístolas del libro del Apocalipsis.

Unidad 8. Apocalipsis 2, 8-11. 2ª epístola del Señor: Hacia la Iglesia de Esmirna. El tríptico del camino cristiano hacia la santificación.

La segunda epístola se dirige hacia el obispo de Esmirna. Nosotros como helenos sentimos una especial emoción cuando oímos sobre estas ciudades antiguas helénicas que están tan cerca de nosotros. ¡No sólo cerca nuestro, sino aquí enfrente! ¡Si salís en la montaña de Kisavo (frente del Olimpo) y os ponéis a gritar en voz alta, vuestra voz será oída en Esmirna! ¡Frente aquí, orientalmente, Esmirna está enfrente!

Algunos de vosotros habéis sido expulsados de Esmirna (por la catástrofe y exterminio por los turcos en Asia Menor, muchos llegaron a Grecia continental). Este sentimiento no lo tendrá un Chino que leería el Nuevo Testamento, un Americano, un Japonés, un Africano, etc. Tenemos también este gran privilegio, de que todas estas grandes verdades del Señor, el Dios del Cielo, han tomado material, han tomado color de esta tierra helénica, de este mar mediterráneo, etcétera. Así que es especialmente muy emocional.

Esta epístola hacia el obispo de la ciudad Esmirna dice lo siguiente:

«8 Y escribe al ángel de la iglesia en Esmirna: El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió, dice esto:

9 Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza, pero tú eres rico, y la blasfemia (y la calumnia que se hizo contra ti) de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás.

10  No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis tentados y probados, y tendréis tribulación por diez días. Por eso, sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.

11 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá injusticia ni daño de la segunda muerte.»

La ciudad Esmirna, como os dije antes, es una ciudad muy helénica desde siempre, su nombre es helénico y se encuentra a ocho millas por la parte norte de Efeso, de la Iglesia anterior que el Señor ha mandado Su epístola, pero también se encuentra al sur de la otra ciudad que se llama Pérgamo hacia la que el Señor también ha mandado otra epístola. Por lo tanto se encuentra entre estas dos ciudades, Éfeso y Pérgamo, las que competían en todos los aspectos y secciones en general, tanto en lo comercial como en lo cultural.

En Esmirna había Sinagoga judía, que tenía disposiciones e intenciones enemigas contra el Cristianismo, y con ella se ocupa, en una parte grande e importante, la presente epístola hacia el obispo de Esmirna.

Esta epístola junto la epístola a la iglesia de Filadelfia, son las únicas que están privadas de control e inspección; tienen sólo de elogios. ¿No hay ninguna acusación, sólo elogios! Son epístolas llenas de elogios y consuelo.

El primer obispo de Esmirna fue el Bucolo. Sucesor de Bucolo, posiblemente también receptor de la epístola es el padre apostólico e hieromartir san Policarpo ((polí-karpós muchos-frutos), que martirizó el

23 de febrero 155 dC.

Esta epístola al obispo de Esmirna es un ejemplo clásico de consuelo para los héroes de la fe.

«Dice esto, el primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió».

Este sobrenombre, esta denominación del remitente Cristo, está tomada de la visión introductoria, que la habíamos analizado la vez pasada, y está en armonía con todo el contenido que sigue, porque el logos se refiere a las persecuciones, a los martirios y a la muerte. Por lo tanto, no deberán temer aquellos que van a sufrir el martirio y la muerte, porque aquel que les envía la epístola y que gracias a Él sufren el martirio y la muerte, Él es aquel que “se hizo muerto o murió, pero vivió”. En otras palabras, ¿qué tienen que temer? ¿La muerte?, en nada los puede perjudicar, ya que resucitarán en potencia del humanizado o encarnado Hijo y Logos increado de Dios.

San Andrés de Kesarea dice: “Primero es Dios; como hombre se hizo ésjatos-postrero o último de los tiempos, y por sus tres días de necrosis abrió en nosotros la vida eterna” (San Andrés de Kesaria “En Apocalipsis” J.P.M­i­g­ne, P.G., tom 106, logos B, cap.D pag: 233D-236ª)

Es verdad, ¿qué quiere decir “YoSoY el primero y el postrero o último?” “Primero” se le llama como Dios, porque “primero” es aquel que existe antes que todos los seres o existencias, en cambio “ésjatos-postrero, último” se llama según la naturaleza humana, porque tomó naturaleza humana y creada, posteriormente, como “ésjatos-último, postrero”.

Pero incluso el sobrenombre “primero y ésjatos-último, postrero” no es nada más que una repercusión del “A alfa” y del “Ω omega”, que nos había dicho al preámbulo de la epístola: ““YoSoY el A alfa” y el Ω omega, es decir, el Principio y el Fin, el Primero y el Último. Yo que sostengo y tengo sobre mí mismo todo lo que tiene principio, cualquier cosa que es el primero de todas las creaciones, y de toda cosa que es la última, todas las creaciones existen en mí el Dios”.

“Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza, pero tú eres rico” (Ap 2,9).

Por supuesto que desde primera vista se parece como algo oxímoro o tonto. ¿Cómo eres rico, ya que eres pobre? Porque dice: ¡“Yo conozco tu pobreza, pero tú eres rico”!

Quizá uno que se ocupa sólo de la economía y no tiene ningún horizonte espiritual, ni siquiera conoce la lengua alegórica, aquí podría decir: “¡Quizá tenga algún dinero escondido en alguna parte, aunque parecía pobre, y ahora el Señor le dice que conoce que es rico! ¡Quizá lo tenga escondido en algún depósito o cuenta corriente a plazo fijo en algún banco!

No, es evidente que no se refiere a esto. “¡Eres pobre, esto lo conozco bien. Conozco tus obras, conozco tus tribulaciones y también tu pobreza, pero a pesar de esto te demostraré esto: de que eres rico!”, le dice el Señor.

Aquí tenemos un tríptico de un camino cristiano hacia la santidad. Os rogaré especialmente que tengamos atención a este tríptico, porque constituye camino de la Iglesia, es decir, de los fieles. Aún os rogaría que no digáis que esto es sólo para unos cuántos, sino que es para todos nosotros.

¿Cuál es este tríptico? Son las obras, la tribulación y la pobreza. Cuando el Señor dice “conozco tus obras”, significa que el Señor conoce de las obras del obispo.

¿Cuáles son estas obras? Es la acción pastoral del obispo en la ciudad de Esmirna, son las obras de agapi y filantropía, pero también son las obras del reinado de la Realeza increada de Cristo sobre la tierra.

Pero no son sólo las obras en el sentido del significado estrecho de la palabra. La verdad es que es muy estrecho el significado de la palabra, cuando con la palabra obra damos a entender la filantropía; decimos: buenas obras o filatropía. “Obras” en el sentido del significado amplio de la palabra es la vida que vive el fiel y la forma de autogobernarse; esto debemos de saberlo bien.

Puede ser que una persona no pueda hacer filantropía, es decir, dar limosna, dar dinero o subir y bajar las escaleras de los despachos y de los ministerios para tramitar y resolver casos de hombres que necesitan de él. Puede que uno esté en la cama, puede ser una persona muy pobre y no tenga obras (exteriores). ¿Y cuáles son estas obras? Es su forma de vida y obra, el modo por el que vive, actúa y se auto-gobierna. Estas cosas y realidades, la obras del fiel, son en el sentido y concepto amplio de la palabra ἔρ­γα erga obras.

Una vez el Señor, dirá también a nosotros: “Conozco tus obras”, es decir, conozco la manera y forma que has vivido, cómo pensabas, cómo hablabas, cómo actuabas; conozco también si tenías en tu interior intenciones y disposiciones filantrópicas, quizás sin tener la capacidad y posibilidad de hacerlas praxis estas disposiciones filantrópicas.

Cuántas veces vemos algunas personas, queremos ayudarlas, pero no podemos; pero tenemos la disposición en nuestro interior. Alguna vez puede ser que lloremos por esta cosa y decir: “Dios mío, mira los hombres… ¡Mira, está nevando, hace frío y existen hombres que están en tiendas de cabaña, sea como arruinados por un seísmo o como huidos o como refugiados o como los sin techo!” Uno puede dolerse por los pájaros, los gorriones que no encuentran nada de comida debido a la cantidad de nieve. Los ve y dice: “¡Señor, …ah estos pajaritos… sufren porque yo el hombre soy el culpable. Si yo en el Paraíso no hubiera pecado, en este momento la creación no sufriría.  Por tanto, si existe esta situación en la creación, es porque yo el hombre soy el culpable!”

Decidme, ¿estas cosas no son obras filantrópicas, no son manifestaciones y disposiciones filantrópicas? E incluso si uno abre su ventana y pone unas migajas a la ventana y espera que vengan los gorriones, -porque ahora en invierno lo que más tenemos son los gorriones, pero también existen otros pajaritos, pero aquí en nuestra región son de los que más hay-, los pajaritos, si vienen y comen las migajas, ¿estos sentimientos no son filantrópicos?

Creedme, de verdad, cuando decimos obras no vaya vuestra mente –esto de los gorriones os lo dije como ejemplo- de que uno debe disponer de dinero para hacer, vete a saber, geriátricos, orfanatos, etc. No, amigos míos, obras son también la forma de vida, actitud y  autogobierno del hombre, su lucha por las virtudes.

Por tanto, Dios conoce las obras de cada persona y de la Iglesia.

Lo segundo de este tríptico es la tribulación. La tribulación es la situación que se crea por las fuerzas desfavorables y contrarias a Dios, a causa de la presencia de las obras de Dios; es la envidia y la oposición violenta del Satanás.

Cuando el diablo y sus hombres, los instrumentos del Satanás, ven las obras del hombre, entonces tienen envidia y crean situaciones adversas y problemas. Esta tribulación que se crea por los ataques del diablo, y de los hombres envidiosos e infieles, esta es la tribulación que tendrá el fiel.

Que lo sepan, -lo decíamos la vez pasada- es imposible que seas creyente y no tengas tribulación. Pero el Señor lo aseguró: “En el mundo tendréis tribulaciones” (Jn 16,33). No tribulación que proviene de nuestros pecados, porque esta tribulación es mundana, ni tribulación por un fracaso nuestro o una pérdida, porque, por ejemplo, hemos perdido un trabajo que ganábamos dinero, perdimos dinero en nuestro camino, nos han robado, hemos sufrido un daño, ha hecho un terremoto, una inundación, se estropearon nuestros campos y se ha perdido nuestra cosecha. Estas tribulaciones no son según Dios; son según el mundo. Si tienes una tribulación de este tipo no entras en el reinado de la Realeza increada de Dios. Pero si tienes tribulación por la obra de Dios, porque exactamente vives según Dios, y se provoca, tal como os dije, la envidia, el odio, la maldad del Satanás y de los hombres y te crean situaciones anormales y problemas, entonces eres macarios-bienaventurado o dichoso.

Pero si queréis que lo extienda, incluso cuando uno tiene las tribulaciones según el mundo, porque el agua que cayó por la lluvia se llevó su cosecha, porque ha caído su casa por el terremoto, y no se pone mal ni se angustia, no se tira al suelo maldiciendo a Dios con pies y manos… ¡Atención, es un hecho real esto!, me lo contaba un hermano que en este momento está aquí. Que Dios nos guarde… ¡cuando lo he oído, se me pusieron los pelos de punta!- esto entonces, mientras es tribulación mundana, toma dimensiones espirituales, entonces pesa en la eternidad. Lo mismo también la blasfemia y el gemido o sollozo cuentan en la eternidad.

Y venimos al tercer tríptico del camino cristiano hacia la santidad, que es la pobreza. En esta me quedaré especialmente, quiero y os ruego que pongan mucha atención.

¿Qué es la pobreza? En principio tenemos la pobreza material. Vamos a explicarlo esto. Es característico que el elemento de la pobreza en el Evangelio tiene dos puntos de vista y aspectos. El primer aspecto es la búsqueda de pobres y la terapia de la pobreza de necesidades de aquellos que son pobres. En otras palabras, la pobreza es algo malo, una enfermedad que se debe sanar.

Escribe san Santiago hermano del Señor en su segundo capítulo de su epístola: “Y si un hermano o una hermana no tienen prendas no pudiendo protegerse del frío, y tienen necesidad del alimento cotidiano, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué sirven vuestras palabras buenas?” (Snt 2, 15-16)

Es aquello que decimos: “Hombre, me das pena, pero qué quieres que te haga; ¡pues, deseo que el buen Dios te bendiga y te tenga bien! Al otro no le acusamos, no le insultamos, no le decimos “¡vete de aquí!”, no le cerramos la puerta en el sentido de que no nos gusta su pobreza, le decimos estas palabras simpáticas, pero no le damos nada… Entonces ¿cuál es el beneficio?, tal y como dice san Santiago el hermano de Dios.

“La práctica religiosa y piedad pura, sin mancha delante de Dios y Padre consiste en visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y en guardarse de los vicios del mundo” (Snt 1,27).

Pues, que no digamos sólo logos y palabras simpáticas, sino que demostremos nuestra agapi con obras, es decir, que nos cuidemos a cubrir, sanar las necesidades que produce la pobreza.

Y lo más característico es que el criterio de nuestra introducción al reinado de la Realeza increada de Dios es la agapi con la forma de filantropía. Qué dice el Señor: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí (Mt 25, 35-36). Aunque estos logos del Señor expresan el grado inferior de la agapi, a pesar de esto es expresión de agapi, y constituyen el criterio en el ésjato-último, postrero día.

Por consiguiente, la conclusión es que debemos sanar el mal de la pobreza, porque la pobreza de por sí misma es algo malo. ¿Habéis escuchado lo que dije? ¡Que la pobreza de por sí misma si la examinamos, es algo malo! Es un mal somático o corporal, y es resultado del mal ético o moral. Es esto que antes os he dicho; los pajaritos sufren porque yo soy la causa por la que entró en la creación la muerte y la corrupción, es decir, el mal ético, el alejamiento del hombre de Dios, por Adán y Eva, y a continuación por los pecados personales de los descendientes del Adán.

Tal como vemos, la seguía, la no fructificación de la tierra, todas estas cosas, no son más que situaciones de maldición; en cambio la abundante y buena cosecha es una bendición.

Esta infertilidad de la tierra es la causa de la pobreza. Decimos: “Este año no se ha cosechado trigo; este año no hay aceite”. Y desgraciadamente, cuando algo es limitado –por ejemplo, digamos a Grecia, que no se puede producir hambre, especialmente si se produce una catástrofe, por ejemplo aquí en Tesalia- pero si es algo generalizado, en todo el continente, y tenemos el fenómeno de la seguía sobre nuestro planeta, entonces el hambre es universal y es muy serio. ¿Entonces, qué hacemos? Rogamos a Dios que quite, levante esta esterilidad, esta maldición, esta seguía, etcétera.

En la Divina Liturgia, como también al Misterio del Matrimonio, ¿qué es lo que deseamos y rogamos? “Por la fertilidad de frutos en la tierra”, rogamos deseamos para tiempos bien fértiles. Y al Misterio del Matrimonio rogamos y decimos, “que los recién casados tengan sus arcas llenas de todo bien”. Y esto lo deseamos y lo suplicamos oficialmente. No es sólo una oración o súplica simple. Rogamos a Dios que tenga llenas las arcas de los recién casados, y que no les falte de nada.

Así que amigos míos, vemos que el tema de la pobreza es muy serio; por eso rogamos a Dios que no exista. Además la hambruna es una herida o plaga. No me hagan recorrer por la Santa Escritura para contaros sobre esta plaga. Aprovecho la ocasión ya que hablamos sobre el libro del Apocalipsis, os comentaré sólo el cuarto sello.

Veremos en el capítulo 6, versículo 8, -está mucho más abajo- que cuando se abrió este sello, cayó mucha hambruna. Escuchadlo: “y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra” (Ap 6,8). ¿Habéis oído? ¡Y le fue dada potestad para matar la cuarta parte de la tierra!

El tiempo que se estaba escribiendo el libro del Apocalipsis, amigos míos, los medios bélicos eran la honda o tirachinas, el arco y la jabalina, era imposible para uno pensar que alguna vez se podría matar la cuarta parte de la tierra. ¡Hoy en día, con todas las armas que disponemos, no sólo la cuarta parte, sino toda la población de la tierra, la de los cinco continentes puede en un momento desaparecer de la faz de la tierra!

Lo digo esto porque en el tiempo que se escribía este libro uno diría que es muy exagerado, imposible. ¡La cuarta parte de la tierra… sí señor la cuarta parte! De los cinco billones de gente que somos, -algo así cerca de cinco billones, me parece (1980)- que muera la cuarta parte o sea un billón de personas! Y de qué morirá: “por la espada o por espaldarazo”, que significa situaciones de guerra, “por el hambre”, que significa falta de alimentos, y “por las bestias de la tierra”. Cuando lleguemos allí, os diré  qué son estas bestias de la tierra. Ahora sólo, así a consecuencia de esto, os digo que las bestias de la tierra no son sólo los leones; ¡bestia, amados míos, es también el microbio! ¿Os parece extraño, porque no se ve? ¡Os aseguro que la bestia que se llama microbio es más terrible la bestia que se llama león! Pero dejémoslo, el caso es que morirán hombres por el hambre. ¿Y qué es esto? Es una plaga o herida profunda, una de las siete plagas que se darán.

Voy a referirme también que uno de los milagros de nuestro Señor es la saciedad, saciamiento de los cinco mil hombres en el desierto. Dice el Evangelista que, allí “comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas. Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños” (Mt 14, 20). Esto aquí muestra una abundancia. ¿Qué había dicho el Señor?, “Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que se desmayen en el camino, dadlos de comer” (Mt 15, 32).

Por tanto, amigos míos lo repito, la pobreza es algo malo, que el cristiano verdadero, percibiendo exactamente este mal, va a alejar de los hermanos que sufren este mal. Sí. Cuando ves que el otro es pobre, debes ayudarlo. El otro no debe ser pobre; por lo menos que no tenga hambre y frío.

Pero existe otro punto de vista y realidad en el tema de la pobreza dentro del Evangelio. Mientras que antes os dije que la pobreza se considera como algo malo, ¡ahora esta segunda posición se considera como algo bueno, bondadoso, pero también bien buscado! Además el primer versículo y vínculo de las bienaventuranzas es de los pobres: “Bienaventurados los pobres de espíritu, es decir, los pobres por su libre y propia voluntad, porque de ellos es el reinado de la Realeza increada de Dios” (Mt 5,3).

No se trata, amigos míos, de los humildes. También lo podemos interpretar también así, es decir, para los humildes de conducta y actitud, pero no se trata de ellos, y os lo demostraré inmediatamente.

Podéis anteponerme de que existen opiniones de los Padres que han hablado sobre este tema de la primera bienaventuranza con base a la conducta y actitud humilde y lo acepto; pero yo también os podría nombrar Padres que han hecho trabajos y homilías sobre la pobreza y no sobre la virtud de la humildad. Pero no pasa nada, uno lo puede tomar también metafóricamente. Pero os demostraré que no se trata de la virtud de la humildad, sino de la “pobreza”, y que realmente se bendice y es bienaventurada la “pobreza”.

Esto se ve también por la sintaxis de la frase: “Bienaventurados los pobres de espíritu, es decir, los pobres por su libre y propia voluntad, porque de ellos es el reinado de la Realeza increada de Dios” (Mt 5,3), es decir, los pobres por su propio espíritu, su propia voluntad e intención: sintáctimente esto de “«τῷ πνεύ­μα­τι to pnevmati por el espíritu» es declinación dativa de forma o modo.

Y que se trata sobre los pobres, sobre pobres voluntariamente – por eso ellos son bienaventurado y bendecidos; y no sobre los humildes en conducta, esto se ve clarísimamente por aquello que el Señor dijo al joven rico: “Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme” (Lc 18,22 y Mrc 10,21). No te conviertas en rico, hazte pobre, y entrégalo todo a los pobres; por tanto, vemos claramente de que se trata sobre pobreza voluntaria y consciente.

Pero lo importante es que el Evangelio de Luca cuando inscribe las bienaventuranzas, las inscribe sin decir “los pobres de espíritu”, ¡sino “los pobres”! Y lo muy importante es que las inscribe de modo positivo y también negativo.

Escribe el Evangelio de Luca, en el sexto capítulo: “Bienaventurados los pobres” – no dice los pobres de espíritu- “porque vuestro es el reinado de la Realeza increada de Dios” (Lc 6, 20-25). Esto de modo positivo. Pero de modo negativo: “Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo” (Lc 6,24). Es decir, ya habéis tomado vuestra riqueza, vuestro consuelo: vuestro calor, vuestra comidita, vuestras prendas de lujo, vuestro coche, vuestra casa bonita… habéis tomado vuestra rica recompensa, vuestro consuelo.

Acordaos también de la parábola del Rico y de Lázaro, (Lc 16, 20-31). Tú, le dice Abraham, ha disfrutado de tus bienes, pero el pobre Lázaro no. Atención, otra cosa es que Lázaro era pobre involuntariamente, y esto para que sea constituida la parábola, para que sea dada la ocasión para que el rico dé limosna, caridad. Porque si se supone que Lázaro era pobre voluntariamente, le diría: “Señor rico, no quiero que me des nada, yo era rico, y dejé todas mis riquezas”. Pero la pobreza de Lázaro toma dimensiones espirituales, porque no gime, ni refunfuña, no se queja para nada.

Aún dice: “¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados, porque tendréis, pasaréis hambre!” (Lc 6,25). Tal y como entenderéis, amigos míos, “saciados” no de justicia!… porque dice en el evangelio san Mateo: “Bienaventurados los hambrientos y sedientos de justicia” (Mt 5,6). ¿Por tanto, qué diríamos aquí?; ¿ay de vosotros que estáis saciados de justicia?… ¿Pero cómo sería posible esto?

Por tanto, exactamente se trata de esto que dice: “Bienaventurado el pobre voluntariamente. Desgraciado pues, y ay de aquel que es rico, y para nada tiene en cuenta que existe también la pobreza.

Así vemos como ejemplo, que los Apóstoles, que se muevan por el mundo como pobres. Nos dice el apóstol Pablo en su II epístola a los Corintios: Nosotros los Apóstoles, naturalmente que se entiende a nivel espiritual: “como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos; como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo” (2 Cor 6,10); como si no tuviéramos nada, pero tenemos todo, porque tenemos a vosotros; si os tenemos a vosotros somos ricos, otra cosa es que en el mundo nos movemos como pobres. Pero aquí, por lo que hemos dicho antes sobre la pobreza, debemos recalcar dos elementos importantes.

Lo primero es -y lo subrayo- la pobreza voluntaria a conciencia; es decir, puede que no seamos pobres, y querer ser pobres. Atención: no por cabezonería… no porque todo lo comemos y lo gastamos en las tabernas con vino… esto es derroche, despilfarro; sino que permanezcamos pobres a cuenta del Evangelio, para el reinado de la Realeza increada de Dios.

Lo segundo es “la pobreza en Cristo”. Por favor, presten atención; “la pobreza en Cristo”, es pobreza a favor, por gracia a Cristo, para la gracia de la Realeza increada. Pobreza no voluntaria, inconsciente es algo malo, y sobre todo muchas veces inaguantable. Pobreza voluntaria pero sin Cristo, es una pobreza sin sentido ni propósito; y si lo quieren es un capricho, o puede ser también por una intención y disposición filosófica. Pero “la pobreza voluntaria en Cristo” es la que tiene un significado y sentido profundo verdadero, con dimensiones eternas.

Lo he remarcado y lo repito: “¡pobreza voluntaria en Cristo!”. Porque puedo tener pobreza voluntaria pero no en Cristo. Debe ser pobreza voluntaria pero también pobreza en Cristo.

Esta “la pobreza voluntaria en Cristo”, amigos míos, en la que quiero quedarme, tiene una dimensión teológica, y esta dimensión teológica existe por las siguientes razones:

Primero, libera la psique-alma de la carga material de la riqueza, dando alas para vuelos espirituales.

Los Padres insistían y recalcaban mucho: “¡Introduces o pones sangre y sacas espíritu; pones Espíritu sacas sangre!”. Es decir, son cantidades inversamente análogas. Cuanto tomas dinero tanto rico te haces, y tanto se reduce tu espiritualidad. ¡Hombre rico y espiritual, según el logos del Señor (Mt 19, 23-24), es imposible que se concilien; tan imposible, como difícil es como por un agujero de la aguja de coser pasar una cuerda gorda como la de atar los barcos, -se llama kámilos o camello- o si queréis, el animal camello pasarlo dentro de el agujero de la aguja!

Por supuesto que me dirán: “¿O sea que…los ricos son excluidos de la Realeza increada de Dios? Es cierto que existe el caso aquel por el que el Señor dijo: “Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios” (Lc 18,27). Hay ricos, que pueden entrar al reinado de la Realeza increada de Dios, como Abraham, pero son pocos. ¡Muy pocos! La riqueza es una cosa muy peligrosa. Sólo el que ha comprendido las cosas tal y como las revela-apocalipta el Evangelio, sólo éste, aunque sea rico, puede salvarse.

Segundo, la voluntaria pobreza espiritual, es decir, la en Cristo, contribuye a la vida espiritual, y es un instrumento admirable y perfecto pero también insustituible.

Una imagen admirable nos da el apóstol Pablo, diciendo: “porque yo he aprendido a ser autosuficiente”. Esto lo dice a los Filipenses. ¡Esta página, amigos míos, es inmortal, del gran Pablo inmortal! ¡Estaba en la cárcel en Roma! No podía trabajar para ganar su pan y alimento, -“porque trabajaba y ganaba su pan” (Hec 20,34, y 1 Cor 4,12, etc.)- y los Filipenses le mandaban dinero. Y los escribe: “Por qué me habéis mandado dinero?, pero habéis hecho bien de mandarme, porque esto manifiesta el fruto de vuestra vida espiritual; ¿pero por qué me habéis mandado?; yo he aprendido a permanecer autosuficiente con las cosas que tengo”.

¡Autosuficiente!… La autosuficiencia es un gran capítulo y asunto del ser humano! Así escribe a los Filipenses “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad… Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios” (Filp 4, 11-12·18). He aprendido y conozco bien la lectura, tanto cuando tengo como cuando no tengo; en cada situación, de cualquier modo, he aprendido estar bien, tanto cuando me sacio, como cuando tengo hambre. Es decir, saciarme, pero que no me convierta como un animal…y cuando paso hambre, no blasfemar a Dios

¡Oh santo Pablo… estás en la cárcel! Tres años en la cárcel, dos años en Kesarea y un año en Roma, ¿qué tienes y te sobra? ¿Tengo de todo y me sobra también! Pablo no dice mentiras. ¡Habéis visto, por favor veis como se realiza el hombre, como se curte!

Si criáis vuestros hijos con…chocolates…por decirlo de una manera- y veréis que si viene algún hambre, entonces veréis qué pasará con estos niños!… Si criáis vuestros hijos con riqueza, con todo tipo de comidas caprichosas, etc… ¡y veréis!… Enseñad a vuestros hijos el ayuno y la continencia, amigos míos. Tienen que aprender a no tener, aunque sea de forma técnica, que estén faltos de cosas, para que puedan aguantar en los días difíciles de sus vidas; para que puedan decir junto con el apóstol Pablo “conozco vivir con mucho y sobrar y también cuando me falta”.

Tercero, “la pobreza en Cristo” protege y asegura en cualquier momento al creyente cristiano a la dependencia de Dios, a la providencia de Dios. De esta manera se mata la auto-convicción y el auto-seguridad, aquello que se dice, “¡tengo mucho, no me importa nada; lo bueno es que yo esté bien, mi casa, mi cuenta corriente y mi cartera llena de dinero!”

Esta auto-convicción y auto-seguridad, amigos míos, es idolatría. Atención a esto. Naturalmente, cuando decimos auto-seguro, no significa la Seguridad Social u otras cajas aseguradoras. Estas cosas no tienen ninguna relación con esto que estamos hablando ahora. Estas cosas sanan la primera, la mala forma de pobreza, el que no existan pobres y desgraciados. Aquí nos referimos al apego a estas cosas. “¡Yo lo tengo todo, tengo mi seguro y seguridad, tengo mis ahorros y mis inversiones… de qué tengo que temer!”

Amigos míos, es una cosa tremenda esta auto-seguridad! Nuestra dependencia debe ser exclusivamente de Dios. El hombre que es pobre voluntariamente, obligatoriamente de alguna manera, ya el sí mismo lo hace depender de Dios. ¿Sabéis lo que dice cuando se encuentra en un momento difícil? “Dios no ha muerto”. El otro con la auto-seguridad dice: “¡Aunque Dios muera, a mí qué me importa!” ¿Por qué? Porque confía y se sostiene en sí mismo.

Cuarto, la esperanza del fiel está depositada a la riqueza celeste. Su esperanza no está puesta en estos bienes terrenales y materiales, está en el Cielo. Cuando permanece estando pobre, no hace nada más que un traspaso y cambio de su riqueza al Cielo; en cambio el rico que quiere permanecer rico, no hace nunca este traspaso o cambio.

Acordaos de las palabras del Señor, para que podáis percibir de que esto es lo que da a entender el Evangelio: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan” (Mt 6, 19-20). No da a entender que no tengas una pequeña economía –esto lo veremos más abajo cómo lo dice Pablo. El tesoro del cielo no se puede robar, ni faltar. Y no sólo esto… sino que tiene también su interés, amigos míos. ¡El banco del cielo tiene también su interés! ¡ΩOh, el interés… si lo supieran!

Es aquello que dijo el Señor en una bella comparación: “Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, (del injusto mamonás) para que cuando os marchéis y faltéis de esta vida presente, os reciban en las moradas eternas” (Lc 16,9), es decir, allí recibiré y tomaré mi capital y el interés; esto quiere decir: “¡Tengo riqueza allí!”

Y el Apóstol Pablo  en la epístola a los Hebreos en el capítulo 10 -¡un capítulo excepcional!, leedlo en vuestra casas-, cuando se dirige a los que han perdido sus existencias, porque las han arrebatado los perseguidores, dice: ”Porque de los presos también os compadecisteis, y del despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos” (Heb 10,35) –¡cosa extraña…quién se alegra cuando pierde sus existencias! He aquí pues, san Pablo nos dice que la fortuna, las existencias es la mejor herencia que queda en el Cielo, por eso no debemos afligirnos y entristecernos.

Veis pues, cómo se siente el hombre que tiene la pobreza voluntaria, la pobreza en Cristo”, cuando viene una situación de este tipo. Su esperanza no está en su fortuna, está en Dios.

Quinto, al hombre que tiene pobreza voluntaria, “la pobreza en Cristo” le constituye en ser ágil y bien dispuesto para la confesión cristiana, la acción y el martirio. Amigos míos, el que tiene delante la fe por Cristo, no piensa en los bienes, la fortuna, etc. Lo da todo en todo…todo!!! Pero cuando tiene fortuna, cuando piensa en ella, ¡cómo va a confesar a Cristo!

Esto lo vemos cada día. Para que no sean reducidos nuestros bienes e intereses, ¿qué hacemos?, pues, nos callamos y no hablamos, única y exclusivamente para que no seamos perjudicados. ¡Pero cuando no tienes nada que perder, qué tienes que temer! Realmente estarás volando como pajarito, cuando no tienes fortuna para cada cosa tendrás una agilidad y alegría impensable.

Y sexto, la pobreza –atención a esto- es la negación de adquirir un mundo anticuado, del que no quedará nada de su forma presente cuando entremos al nuevo mundo del reinado de la Realeza increada Dios…nada! No habrá nuestra casa, ni nuestras tierras ni nuestros dineros… absolutamente nada!

Escuchad lo que dice el apóstol Pablo en 1 Cor 7, 29-31: “Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta…y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen”, puedes comprar, ¡pero no digas mis cosas!; “y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen”, que no derrochen y abusen sino que usen normal las cosas; “Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja”. Utilizarás la radio, el teléfono, el reloj, los medios de la vida…pero atención: no te apegues a estas, nada más. ¿Por qué? “porque la apariencia o forma de este mundo se pasa” (1 Cor 7, 29-31).

Por tanto, ya que pasa, ¿qué voy a adquirir? En principio más que nada existe la muerte. Pero aunque la muerte no existiese, ¿qué voy a adquirir?, ¡un mundo anticuado!… Pero este mundo se cambiará, se hará nuevo, tendrá una forma nueva, nuevas dimensiones, y será constituido el reinado de la Realeza increada de Dios. Ya que este mundo no existirá tal y como lo conocemos, pues, ¿qué voy a adquirir?

He aquí porque es teológico el hombre que tiene la pobreza voluntaria, la en Cristo, todas estas cosas las deja de lado, las transciende.

Y finalmente el séptimo,-quiero sobre todo este último y el penúltimo que lo tengáis muy a cuenta, con mucho cuidado- ¡“la pobreza voluntaria en Cristo” constituye al fiel semejante a Él, el Cual voluntariamente se hizo pobre, el Dios!

El Dios empobrece porque con el pecado se ha empobrecido el hombre; el hombre imitando a Dios, que con la humanización o encarnación se empobreció, se hace rico.

He aquí como lo dice esto en su II epístola a los Corintios, el apóstol Pablo: “Porque ya conocéis la jaris (gracia energía increada) de nuestro Señor Jesús Cristo, que por agapi-amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Cor 8, 9).

De este modo el hombre se hace imitador a Cristo. Esto realmente lo vemos en toda la dimensión del Evangelio. Todos los Santos, amados míos, así han vivido. Echad una ojeada a la vida de todos los Santos, y esto lo veréis.

¿Qué son los Santos? Es la edición iconografiada-representada del Evangelio. Si no entiendes el Evangelio, pues, lee la vida de un Santo, observa la vida iconografiada de un Santo. Y como antiguamente en ciertas épocas los hombres no tenían estudios, muchos eran analfabetos, por tanto, iconografiaban representaciones divinas o sacras en las paredes y en las maderas para que aprendan la enseñanza dogmática de nuestra Iglesia, los que eran analfabetos, así que aquí la enseñanza iconografiada del Evangelio ortodoxamente, es la vida de los Santos.

De todas formas una exposición admirable sobre la pobreza, y de las dos tesis o casos –como algo malo, que se debe sanar, y como algo bueno que debe ser buscado- es decir, la teología de la “pobreza en Cristo”, la encontraréis en la II epístola a los Corintios, en los capítulos completos 8 y 9. Leedlos por favor.

Pero nuestra época, amigos míos, es una época de comodidades y de espíritu secularista, es decir, el espíritu del siglo actual. “¡Hoy vale!…mañana no… ¿Realeza de Dios?… qué es eso oh pobre… el hoy! ¿Tienes para comer hoy, puedes conseguir riquezas? ¡Esto es lo importante, lo que vale! ¡Eres tonto si no aprovechas las oportunidades para hacerte rico!”

En efecto, por esta razón los Cristianos de nuestra época, como viven exactamente este espíritu, no entienden el valor de la “pobreza en Cristo”. Quizás la entienden, o quieren comprenderla, sólo en el clero. ¿Sabéis una cosa?, la gente le gusta y quiere al clérigo que sea pobre, que no haga fortuna. Apenas el sacerdote tenga coche, apenas tenga un piso etc., inmediatamente: “¿Habéis visto?…, ¡está en boca de todos, murmuraciones, ruido de cuerno! Al sacerdote le quiere pobre y si le ve pobre le honra y le respeta. ¿Veis qué criterio, lo imagináis? Pero a lo que concierne el pleroma-tripulación de la Iglesia… ¡oh el pleroma de la Iglesia no debe seguir la “pobreza en Cristo”! Esto es terrible; el sacerdote sí, el laós-pueblo no. ¿Por qué? No existe un Evangelio para los curas, sacerdotes, monjes y otro Evangelio para los laicos; el Evangelio es para todos.

No es una hipérbole, exageración, amigos míos, si decimos que esta es la causa por la que no entendemos la “pobreza en Cristo”, que no comprendemos hoy en día el Cristianismo. No es una exageración, os lo recalco.

Si me preguntarais: “¿Por qué los hombres hoy en día no entienden el Cristianismo”, os diría: Porque no entienden este punto. Y ya que no entienden este punto, entonces ni tampoco el misterio de la Encarnación lo entienden –les parece paradójico- ni tampoco el misterio de la Cruz lo entienden. Todas estas cosas permanecen ocultas, simplemente misterios, pero misterios “sellados”. Y como no entienden el misterio de la Encarnación, ni tampoco el misterio de la Cruz, llegan al punto de negar también a Cristo y la Cruz. Por eso tenemos tanta negación. ¡Por supuesto que son cosas no fáciles de comprender, si no las vives, pero son eternas!

Si me dicen: “Páter, perdóname; pero usted debería ser un poco contemporáneo o actualizado y modernizado”, os responderé: ¿El Evangelio es contemporáneo, modernizado o actualizado? No podemos decir que estas cosas son antiguas. Por eso sufrimos, amigos míos. Si tenemos una enfermedad grave, ¿qué haremos? Debemos buscar la causa y sanarnos. Puedes hablar de un fármaco que es anticuado u obsoleto, cuando con esto encuentras tu sanación. ¡Tienes gripe y pones ventosas! Así con las ventosas encuentras tu terapia cuando estás resfriado. Entonces ¿podemos decir que las ventosas son obsoletas, por muy importantes fármacos que descubramos? Ya que has encontrado tu terapia, no puedes decirlo esto. Las ventosas son un fármaco clásico. Así también el Evangelio, ya que sana, “psicoterapiar” y no envejece

Así, amados míos, la medida de la “pobreza en Cristo” es esto que dice admirablemente el apóstol Pablo, para que no seamos removidos y perturbados por esto: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento por lo que uno tiene; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” (1 Tim 6, 6-8).

Esto es válido para todos los Cristianos. Si uno por otro lado quiere avanzar un poco más está en su derecho. Pero este punto es lo mínimo de la oferta; de esto debe comenzar.

Exactamente esta pobreza, la de después de las tribulaciones y las obras, era también la riqueza y el elogio al obispo de Esmirna, a pesar de la riqueza de esta ciudad. Entonces la ciudad tenía mucha riqueza material; pero su obispo vivía voluntariamente pobre en Cristo. Él era su riqueza, tal como deseamos que sea también nuestra riqueza, queridos míos.

Hemos visto que en esta epístola el Señor elogia al obispo de Esmirna –y realmente esta epístola no tiene ninguna reprenda, ninguna acusación sino sólo elogios. Le elogia porque es pobre, pobre según el mundo, a pesar de la riqueza de la ciudad de Esmirna, pero es rico según Dios.

Y ahora entra en un nuevo tema, ya que hemos visto analíticamente sobre esta pobreza según Dios. Apunta el Señor:

“…y la blasfemia (y la calumnia que se hizo contra ti) de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás”.

En principio, amigos míos, ¡poned atención qué calificaciones da el Señor! ¡Si alguna vez nosotros deberíamos también dar esta calificaciones, podríamos ser calificados de que somos duros, somos fanáticos, fundamentalistas y en nuestro interior no domina la agapi! ¡Desgraciadamente este clima domina hoy en día, sobre todo cuando estamos llamados a unir y mezclar las cosas que se mezclan! ¡Y así vemos aquellos que acusaban, a los supuestos duros hablantes, querer ser más divinos que Dios y más indulgentes y amables que Dios! He aquí, pues; si el Cristo habla así, si el Logos de Dios califica de esta manera, entonces, ¿quién soy yo, que soy Su sirviente, una vocecita entre las miríadas de voces que hablaron sobre el logos de Dios por los siglos?, ¿quién soy yo para hablar de modo distinto que aquel que habla el Señor? ¿Quién y qué soy yo? Por tanto, hablaremos de modo y estilo que habla el Señor.

El Señor califica a los Judíos sinagoga del Satanás, del Diablo. Incluso dice que es una blasfemia decir que ellos son hebreos. Pero vamos a ver las cosas con su orden.

¿Qué es esta sinagoga del Satanás?

La sinagoga del Satanás, según el libro del Apocalipsis, es esta sinagoga que no ha creído en Cristo, sino que es Sinagoga judía que insiste en la incredulidad.

El título de Judío por supuesto que es honorífico. El mismo Señor, según Su naturaleza humana, era Judío; y por eso cuando conversaba con la mujer Samaritana, la dijo que la sotiría redención, sanación y salvación venía de los Judíos (Jn 4,22). Este título: “Judío”, era título honorífico, Judío no significaba simplemente Hebreo o Israelita, sino que era de la descendencia de la tribu de Juda, de la tribu real, de la que provenía también el Cristo. Y este título, amigos míos, recayó y se despreció, porque simplemente los Judíos no creyeron en Cristo, y así quedaron sólo por el nombre, sin esencia con el títulos de Judíos.

Y los verdaderos Judíos, es decir, los que creyeron a los Profetas y creyeron también a Cristo y constituyeron la Iglesia; así la Sinagoga se hizo Iglesia. Pero aquellos Judíos que no creyeron en Cristo permanecieron como Sinagoga de los Judíos.

¿Pero, por qué no creyeron al Mesías? No creyeron porque no pudieron captar y concebir el significado del mensaje de los Profetas. Vivían dentro de una grosura de percepciones; quisieron un Mesías que les daría riqueza y libertad nacional.

La desgracia para ellos es que ellos tienen en su interior esta percepción y opinión hasta hoy en día. Así que esta Sinagoga de los Judíos, la que no se hizo Iglesia y permaneció Sinagoga de los Judíos, aún espera al Mesías como descendiente de David, es decir, un jefe mundano, político y soberano, no sólo de la patria de ellos sino para todas las naciones. Pero como el Jesús es el verdadero Mesías, y el Mesías ha venido –Mesías quiere decir Cristo- entonces vanamente le esperan.

Pensad que desde los tiempos de los Profetas han pasado por lo menos mil años. Pero si deberíamos comenzar desde Moisés –por no decir de Abraham, que desde entonces hasta hoy son cuatro mil años- el cual habló sobre este gran Profeta, el Mesías y el que no creyere en Éste, sería exterminado por el pueblo de Dios (Deu 18, 15-20), han pasado tres mil quinientos años desde entonces. Y lo característico es que hasta el siglo III aC tenemos una serie de voces proféticas. Pero desde el siglo III hasta ahora, es decir, dos mil quinientos años, no se ha oído ninguna voz profética sobre el Mesías. ¿Dónde está el Mesías? Simplemente el Mesías ha venido.

Estos hombres vieron que el Mesías tarda en venir, y pensaron que deben interpretar los Profetas de distinta manera. Por supuesto que ya los han interpretado de distinta manera. Y ahora tienen que cambiar la interpretación sobre la persona del Mesías, no ya como persona, sino como laós-pueblo. El Mesías ya no es una persona sino pueblo-laós, ya no es persona es un pueblo que jugará un papel de Mesías. Por tanto, Israel como pueblo-laos, es el Mesías, el cual debe asumir la reivindicación de sus derechos de las naciones, que se supone que pisotearon sus derechos hasta hoy en día.

Observad cuan importantes y actuales son estas cosas y cuántas cosas se pueden interpretar. Estas cosas que os digo no son interpretaciones o exegesis mías; la misma Sinagoga, el mismo Israel, es el que da esta exégesis o interpretación; no soy yo el que hace esta interpretación.

Pero estos hombres, ya que no creyeron en Cristo, cuando ven a los países cristianos progresando, teniendo sus patrias, mientras que ellos se encuentran y viven bajo una arán maldición, es de esperar que lleguen hasta el punto de tener envidia terrible a los Cristianos y a los países o naciones.

Si queréis, echad una ojeada para ver cómo el Señor lo profetiza esto en la parábola del hijo pródigo. Es el comportamiento del hermano mayor. Sabéis que, muchas veces en los kerigmas, cuando analizamos la parábola del hijo pródigo, quedamos siempre en la persona del hijo pródigo. No sé el por qué; quizás nos es más simpática esta persona, y es justificado. Decimos que el hijo pródigo, el cual se ha comportado así, retornó, etcétera, y por costumbre no analizamos, no hacemos un análisis psicológico del hijo mayor.

Este hijo mayor no es más que los Judíos. El hijo mayor tuvo envidia cuando vio que ha sido aceptado, abrazado y justificado el hijo más joven, el hijo pródigo. Y el hijo pródigo, son las naciones que se han ido lejos de el Dios verdadero y prodigiaron, derrocharon, despilfarraron su gran fortuna, sus psiques-almas al pecado y a la idolatría. Y ahora Dios llama las naciones.

Ahora históricamente, acordaos cómo reaccionaron los hebreos cuando el apóstol Pablo les habló en Jerusalén y les dijo que Dios le ha mandado a las naciones. Hasta en aquel momento le escuchaban, pero apenas oyeron la palabra naciones, se endemoniaron y tomaban tierra del suelo y las tiraban a lo alto y rompían sus vestiduras y las tiraban al aire y gritaban a Lisías el tribuno: “¡Mátalo a este traidor, mátalo…!” (Hec 22). ¡Habéis visto!

Esta parábola del Señor, donde está descrita la psicología del hijo mayor contra al hijo menor, continua ahora ya realizándose históricamente. Vemos a los Apóstoles, y en concreto al apóstol Pablo, del cual tenemos más informaciones biográficas suyas escritas en los Hechos de los Apóstoles, cuando va a las sinagogas a predicar a Cristo en Antioquía de Pisidia –no la de Siria- en Tesalónica, en Corinto, en cualquier parte donde ha ido, los Hebreos estaban de tras de él…! Le perseguían continuamente, para que el apóstol Pablo no pueda quedarse a predicar en ninguna parte. ¡Los hebreos le perseguían continuamente!

Cuando una vez se encontró en Corinto, pensaba ir a través del mar a Jerusalén, porque tenía la bendición de la recopilación- había reunido dinero para los pobres de Jerusalén.

Entonces fue informado de que los Hebreos habían preparado conspiración, y al puerto de la ciudad Kejreos entrarían ellos también en el barco, y en el camino una noche le cogerían y le echarían al mar para ahogarlo -¡estas son las obras de los hebreos, estas son sus confabulaciones! Se enteró el apóstol Pablo, y viajó por tierra. Es decir, vino a Macedonia, pasó por Troya, y de allí después tomó el barco que viajaba por la costa de Asia Menor, etcétera. Y finalmente fue detenido en Jerusalén y tuvo esta conocida peripecia, descrita en los Hechos de los Apóstoles.

Veis, pues, cómo pensaban los Hebreos; veis cómo perseguían al apóstol Pablo. O sea, en realidad perseguían la Iglesia, los Cristianos. ¡Les dominó una terrible envidia, tremendo!

Así que, por un lado el desencanto de ellos, porque el Mesías no ha venido, y por otro lado, esta terrible situación, les ha llevado a que en nuestra época haber creado el Sionismo, es decir, un movimiento, diríamos, por el cual tienen como fin y propósito de retomar los hebreos sus derechos, castigar a los pueblos, bajo la excusa de que como hebreos de la diáspora han recibido ridiculizaciones y desprecios, y así dominar sobre todas las naciones, hacerse cosmocrátores o dominadores del mundo! Esto realmente es terrible. Por eso exactamente este sionismo internacional, que en nuestros días actúa fuertemente, no es otra cosa que una fuerza oculta y tenebrosa, o es una fuerza con muchos tentáculos, que ha abrazado a todo el mundo, e intenta crear la caída de los pueblos cristianos y el dominio de los judíos.

Amigos míos, estas cosas que decimos no son cuentos, ni resultados de un fanatismo contra los Hebreos. ¡Apenas el año pasado, (1979) el mismo organismo de las Naciones Unidas, ha sacado a la luz pública el tema del Sionismo! Uno o dos años son, no me acuerdo bien, que han sacado a luz la cuestión del Sionismo. ¡Es una cosa terrible!

Además no olvidemos que el Masonismo o Masonería, el Milenarismo T.J. y el Ecumenismo son obras y días del Sionismo, son obras suyas.

E intentan conquistar el mundo de esta manera: atacar y guerrear con enemigos interiores, por los mismos Cristianos; es decir, los Cristianos que vayan contra su propia fe, contra sus patrias, etcétera. Porque, decidme: cuando un hombre se hace Masón o T.J. Milenarista, ¿no vuelve en contra de su Fe, en contra de su Patria?

Por ejemplo, te dicen los T.J. Milenarista: “Yahvé o Jehová es el nombre de Dios”. ¿Por qué señores decís que el nombre de Dios es Jehová? ¿El Nuevo Testamento escribe en alguna parte, aunque sea una sola vez el nombre de Jehová? ¡No lo entendéis, diríamos a los T.J. Milenaristas que  servís a intereses extranjeros y que en este momento la Sinagoga del Satanás está rabiando contra la Iglesia e intenta afectarla y despreciarla!

Otra cosa interesante es que el mismo Señor esta Sinagoga de Judíos, que se mueve de esta manera, la califica de Sinagoga del Satanás! Creo que calificación más perfecta, entera y certera que esta que da el Señor no se podría dar; si queréis, calificación más apocalíptica no se podría dar. Y veremos a continuación porque es la calificación más reveladora o apocalíptica.

De todas formas el tema es que estos hombres se introducen en todas partes por cualquier medio. Se introducen al mecanismo estatal de cada nación, de cada estado, e intentan tener en sus manos la economía de los pueblos, y el gobierno, incluso la prensa. Esto de que tienen en sus manos y dominan la prensa se ha demostrado. Los periódicos más grandes del mundo están en manos de los Hebreos, ¡y siempre escriben tal y como ellos quieren! Tal como quieren y les interesa escriben las noticias; claro está, ya que la prensa está en sus manos! De estas maneras, por cualquier medio intentan conquistar y dominar sobre todo el mundo.

Además uno ve claramente que los Protocolos de Sión – este libro que fue editado el siglo pasado- no es un mito, porque uno ve uno por uno que sean realizadas todas las cosas que fueron escritas para ellos, o mejor dicho, fueron revelados los planos que ellos tenían contra las naciones.

¡Pero por qué a ellos los califica como sinagoga del Satanás?

¡Los califica así, amigos míos, porque simplemente detrás de esta sinagoga de los Judíos está el Satanás! Esto como os he dicho es una calificación apocalíptica.

El Señor llamó una vez al apóstol Pedro Satanás. Simplemente porque detrás del apóstol Pedro estaba el Satanás.

Y si uno hace la voluntad del Satanás, se identifica con él. Y así el Señor con el de “sal detrás de mi Satanás” (Mt 16,23 y Mrc 8,33) que dijo al apóstol Pedro, procedía en dos apocalipsis-revelaciones: Una es que detrás del apóstol Pedro en aquel momento está el Satanás, el cual Diablo ahora vuelve a tentar al Señor. La primera vez Le tentó en el desierto, que dice el Evangelio según san Luca de que le ha dejado “por un tiempo” (Lc 4,13). He aquí, viene otra vez el diablo. Y cuando decimos diablo, entendemos al Eosforos-Lúcifer. Es decir, es un demonio, no es un ángel vil, astuto y maligno, es el mismo Satanás. Uno es el Satanás; los otros son demonios. Uno es él, el primero, el Eosforos-Lúcifer. Él es. Y ahora vino a tentar al Señor a través del apóstol Pedro. Pero no lo consiguió, porque el apóstol Pedro se arrepintió y volvió en sí mismo. Más tarde negó, pero otra vez volvió en sí. Judas es el pobre hombre que se ha convertido en víctima del Diablo. Uno es esto; es decir, revela que detrás del apóstol Pedro está el Satanás. Y lo segundo es que, el Apóstol Pedro se convertía en instrumento del Satanás.

Por tanto aquí también, con decir que esta es la sinagoga del Satanás, quiere decir dos cosas: primero que detrás de los Hebreos actúa el Diablo; y después, como ellos se convertían en instrumentos del Diablo, se identifican con el Diablo, ellos también se convertían en diablos diríamos, satanes, y por consiguiente acertadamente los llama Sinagoga del Satanás.

¡Es terrible esta calificación, amigos míos, este sobrenombre de sinagoga del Satanás! Atención, no lo digo yo, lo dice el Señor. Tengamos cuidado. ¡Pero…que va a decir uno!

Echad una ojeada al 2º Salmo, cuando vayáis a vuestras casas. Allí dice que las naciones –y no es algún otro sino todos aquellos que se convierten en instrumentos de los Sionistas- se vuelven contra Dios y contra Cristo (Sal 2,2). Hace discernimiento claro entre Dios y Cristo para indicar al Santo Dios Trinitario y a “cristo del Señor”, es decir, al Θεάνθρωπος Zeánzropos Dios-Hombre, Jesús.

Y entonces, dice el Dios que “se burlará de ellos”, pero también el Cristo se refiere al 2º salmo que, los destruirá tal como un alfarero con una vara de hiero destruye sus cerámicas. ¡Con qué facilidad rompemos un jarrón, una vasija, un botijo, cuando tenemos una vara de hierro! De la misma manera los destruirá el Señor.

¡“Se burlará de ellos”! Esto de que “se burlará de ellos” es terrible! Que el Dios se burle, se ríe en prejuicio tuyo y decir: “Desgraciado, pobre hombre… vienes a luchar contra mí…! ¿Sabéis lo que es que el Dios se burle y se ría en prejuicio tuyo? ¡Es una cosa terrible, tremenda!

Porque Dios ve los artificios de los Hebreos, estos tecnicismos, artificios demoníacos, los ve y dice: “Desgraciados hebreos…!” Leed por favor este Salmo, es profético, se refiere exactamente a las cosas que ahora decimos.

Y el Señor se dirige siempre al obispo de Esmirna y le dice: “No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis tentados y probados, y tendréis tribulación por diez días” (Ap 2,1)

Aquí da a entender una nueva tribulación. No la anterior, de la pobreza, que dice, “Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza, y tu paciencia”. Es una nueva tribulación, que tendrá forma de persecución y que es preanunciada a la Iglesia de Esmirna.

Es característico que aquí esta persecución otra vez la prepara el Diablo y también como sus instrumentos –y esto es lo más característico- de nuevo tiene los Judíos como instrumentos, los cuales aquí, como hemos visto, los llama sinagoga del Satanás, o si queréis lo decimos de otra manera, anti-sinagoga de Dios –según lo Anticristo- anti-sinagoga, anti-iglesia de Dios.

Pero con el número esquemático diez, aquí se manifiesta que la persecución será de duración amplia, es decir, no será para mucho tiempo; diez días, es un número esquemático.

Por favor, prestad atención, quiero ayudaros a entender poco a poco el significado de los números esquemáticos. En la parábola de las diez vírgenes, dice que las diez vírgenes cinco eran tontas y cinco prudentes. ¿Por qué diez y después por qué cinco y cinco? Para que uno no piense en los números. Estos son los números esquemáticos. Preguntaron una vez al Señor: “¿Señor, son pocos los salvados”, y el Señor respondió: “Luchad para entrar”. No dijo “pocos” ni “muchos”, sino que “luchad para entrar por la puerta estrecha”. No dijo cuántos se salvarán (Lc 13, 23-24).

Así que en esta parábola pone que, por un lado, se salvan y por otro lado, no se salvan, unos entran en el reinado de la Realeza increada de Dios y otros que no entran, para que alguno no diga, “qué proporciones de salvación existen”. Pone cinco y cinco, total diez, -por consiguiente, números esquemáticos- que significa que uno por el número no puede sacar ninguna conclusión.

Así también aquí pone “diez días”. No son diez días, simplemente son días. Pero el número diez indica que no es algo que durará mucho. Al contrario, cuando dice que mil años reinará el Cristo en la tierra (Ap 20,6) –que lo toman los T.J. milenarista y dicen que reinará mil años aquí en la tierra y todo lo demás- el número mil es esquemático, y no significa mil, sino que significa el tiempo de la Iglesia, es decir, el tiempo que realmente reina el Cristo sobre la tierra desde Su primera Parusía-Presencia hasta Su segunda Presencia. Estos son los mil años.

Pero si me preguntáis: ¿Cuándo vendrá Cristo en la tierra? Os lo diré: no lo sé. Por tanto, el tiempo que se incluye entre las dos Parusías-Presencias, primera y segunda, es este de mil años, es decir, un número esquemático.

¿Por qué aquí mil años y allí diez días? Porque diez días son algo poco para la Iglesia de Esmirna, en cambio los mil años son muchos centenares de años. Y realmente hasta este momento han pasado dos mil años.

Quiero que lo concienciéis muy bien esto, para que no os engañen los heréticos.

Realmente esta persecución contra la Iglesia de Esmirna –sucedió el año 155 dC donde sufrió martirio san Policarpo, obispo de Esmirna. Por supuesto que san Policarpo no era el primer obispo de Esmirna, sino que la persecución estalló en su época. Tened en cuenta que cuando se estaba escribiendo el libro del Apocalipsis, san Policarpo estaba en edad avanzada. No olviden esto, que estaba en edad muy avanzada cuando martirizó. Por tanto si el libro del Apocalipsis se escribió el año 95 dC y el martirio lo tenemos el año 155, entonces habían pasado sesenta años. Pero san Policarpo vivió más de ochenta años, porque cuando fue llamado a negar a Cristo el mismo dijo: “Yo llevo ochenta y seis años sirviendo a mi Señor y en nada me ha perjudicado” (Martirio de san Policarpo, 9.3.3-4 Edic. Clarendon Press, Oxford 1972.) Ahora bien, estos ochenta y seis años, ¿qué eran? ¿Eran años en el sentido que san Policarpo servía al Señor como clérigo, o que nació de Cristianos y se convirtió en Cristiano muy temprano? De todas formas, como sea la cosa, era un hombre de muy avanzada edad. Por tanto, amigos míos, en su persona encontramos la realización de la persecución. Su asesinato o martirio se hizo el 23 de febrero del año 155, y su martilogio (libro de vida de los mártires) es el más antiguo que se salvaguarda hasta hoy en día.

Es característico que en esta persecución que se hizo contra la Iglesia de Esmirna protagonizaron los Judíos; y tal como dice el Señor y avisa, así sucedió.

Escuchad ahora cómo lo apunta el biógrafo de san Policarpo allí en su martirologio: “Toda la multitud de nacionales y Judíos que habitaban en Esmirna, con ira furiosa y en gran voz gritaban para que san Policarpo sea quemado vivo…Y estas cosas, dice el biógrafo, tal como las exponían y las reforzaban los Judíos… Y más abajo dice la biografía que fue matado san Policarpo – porque el fuego quemaba al Santo, y por la espada le mataron, y por su lado, la sangre apagó el fuego –los Hebreos dijeron a los idólatras: “¡Estaos atentos por si los Cristianos se llevan su cuerpo y crean un nuevo Cristo!” Por eso pidieron de los idólatras, del gobernador de la ciudad que les entregase cuerpo del santo para quemarlo, tal como apunta allí el sagrado biógrafo, “¡tal y como es costumbre a los hebreos de ser protagonistas en este tipo de obras!… Es una de las características de ellos.

De todas formas, amados míos, que lo sepamos: la persecución es siempre contra el clero de la Iglesia en el mundo. Cuando la Iglesia es perseguida, esto es una demostración de que se encuentra en el camino ortodoxo, el correcto y tiene la jaris (gracia, energía increada) de Dios. La Iglesia que no es perseguida y se alía con las fuerzas mundanas, ya se ha reprendido por Cristo. Esto lo vemos muy claramente aquí por la forma que el Señor elogia a los Cristianos perseguidos.

Y debemos saber y aprender muy bien esto, que un día –no conozco cuándo, si la fecha está cerca o lejos- se prepara una gran persecución contra la Ortodoxia… esta gran persecución…. Que con las letras de tinta más oscuras nos lo describe todo el libro del Apocalipsis. Pues, vayamos preparándonos.

«Por eso, sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El vencedor, no sufrirá injusticia ni daño de la segunda muerte» (Ap 2, 10-11).

Aquí está el epílogo de la epístola.

«Por eso, sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida»; permanezca fiel entregado, dedicado! Y realmente, amigos míos, sólo el verdadero discípulo de Cristo permanece fiel hasta el propósito final.

Y esta entrega y dedicación a Cristo debe ser “hasta la muerte”. Esto “hasta la muerte” significa que permanecer el hombre fiel a Cristo, tanto hasta cuando acaba su vida de forma natural –tal como diríamos: “ha muerto esta persona de forma natural permaneciendo fiel a Cristo en toda su vida”- como cuando se le requiera también dar su vida violentamente por su dedicación y agapi a Cristo! Esto es lo que quiere decir: «Por eso, sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida», es decir, hasta el último suspiro de tu vida, incluso si está amenazado por la muerte, permanezca fiel.

Sobre esto el Apóstol Pablo ha escribirá su epístola a los Hebreos, amigos míos, que no sé si podríamos aguantar a escucharla, es decir, qué puede decir, exhortar e incitar el Evangelio. De todas formas este pasaje es de aquellos que se escuchan en la Iglesia, y uno no puede decir que no lo ha oído. “¡Porque aún no habéis resistido luchando hasta la sangre, combatiendo contra el pecado!” (Heb 12,4)

Sí. Amigos míos, aún no hemos llegado!…. Y yo que os estoy hablando, y vosotros que me estáis oyendo, aún no hemos llegado a dar nuestra sangre luchando contra el pecado! Y esto el “contra el pecado” es muy serio.

En la biografía de san Juan de Monembasia, que martirizó aquí en la ciudad Larisa y que sus santas reliquias se encuentran en el templo de los Cuarenta Mártires de Larisa, observamos lo siguiente:

El turco que al santo lo tenía como esclavo o sirviente, le presionaba que comiera carne durante la primera quincena de Agosto. No le daba pan, para que no comiese el pan y dejase la carne, sólo le daba carne. Pero él no come. Su madre que ella también era sirvienta, ruega y dice: “Hijito mío, no pasa nada, come carne”, No, responde él, imitando realmente a los siete Macabeos, los cuales prefirieron la muerte con martirio, terrible muerte, ¿por qué sería, qué pensáis?, porque no querían comer carne de cerdo (II Mac 7, 1-2). Y los hombres de nuestra época, hoy en día dirían: “¡Mira qué cabezonería! Sí aquí te huele un poco de carne te desmayas enseguida, mirad qué cabezonería!…” Esto da a entender el apóstol Pablo cuando dice: “¡Porque aún no habéis resistido luchando hasta la sangre, combatiendo contra el pecado!” (Heb 12,4).

Pues, este tirano turco que tenía como sirviente a san Juan de Monembasía, finalmente fue y le pinchó con su espada. Pero no le encontró a un punto para dejarlo muerto al mismo momento, y el Nuevo mártir falleció después de dos días. ¡Entenderéis qué dolores habrá pasado! ¡Eh, pues, podemos decir que realmente san Juan de Monembasía luchó hasta la sangre! ¿Y nosotros?… Que Dios nos ayude. Cuando decimos el no al pecado, ¡no se nos está pidiendo hoy nuestra sangre! Por eso, amados míos, hagamos un poco de esfuerzo luchando contra el pecado.

De todas formas el tema es que sólo en aquellos que luchan hasta la muerte se les concede la “corona de la vida”. Esto lo dice muy bien el Evangelista Juan, en el mismo libro del Apocalipsis, al capítulo 12º, versículo 11: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y del logos del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte”. Es decir, “ellos han vencido”, da a entender al Satanás, porque el Satanás ha puesto esta prueba, por sus instrumentos los Hebreos, los miserables Hebreos, que de verdad son dignos de muchas lágrimas!- gracias a la sangre del Cordero y gracias al logos de sus testimonios, no los importó su vida, descuidaron por sus vidas hasta la muerte.

“Y yo te daré la corona de la vida” (Ap 2,10). Esta “corona de la vida” es la doxa (gloria-luz increada).

La corona, como sabréis, es siempre el símbolo de la doxa, el símbolo de la victoria y del triunfo; y como en Esmirna se hacían grandes juegos atléticos, había un estadio grande –la imagen está tomada de allí- por eso habla también de corona. ¿Pero qué corona? ¿De dafne-laurel o de olivo? ¡La “corona de la vida”, es decir, esta es la corona de la vida eterna!

Posiblemente esta “corona de la vida eterna” es la doxa (gloria, luz increada), en la que vive el fiel ya desde esta vida, aunque no es vista a los ojos de los demás. Quizás de aquí puede ser que se haya prestado por la iconografía bizantina la idea de la aureola de los Santos. Como veis en los Santos siempre ponemos aquella aureola. ¿Qué es esta aureola? No es más que la corona de la doxa de la luz increada, de la vida eterna.

«El vencedor, no sufrirá injusticia ni daño de la segunda muerte.» Estas son las promesas en el epílogo de la epístola.

¿Y cuál es esta segunda muerte y cuál es la primera?

La primera muerte amigos míos, se considera la muerte común, en la cual estamos sujetos todos. Es esta que llamamos muerte biológica, esto que decimos que es la separación de la psique-alma del cuerpo. Esta es la primera muerte. Esta es la deuda común que debemos dar todos nosotros, ya que todos moriremos. Esta se llama primera muerte. Y los Santos también han muerto por la primera muerte.

¿La segunda muerte, cuál es? La segunda muerte se considera la separación eterna de la psique-alma de Dios. Pero atención: no es sólo la separación de la psique de Dios; cierto que, hasta que se haga la resurrección de los muertos, también las psiques de los justos y de los injustos tomarán sus cuerpos, entonces también las psiques estarán unidas a sus cuerpos, ya serán existencias humanas, y las de los injustos serán y estarán separadas eternamente de Dios; esta es la segunda muerte.

El Evangelista Juan nos presenta la segunda muerte al mismo libro del Apocalipsis de la siguiente manera: «Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda» (Ap 21, 8), esta es la segunda muerte, es decir, la separación eterna de Dios en un Infierno eterno.

Pero esto se ve claramente también por el logos del Señor en el Evangelio de san Juan, que nos dice lo siguiente: «Amín, amín, en verdad, de verdad os digo el que guarda, aplica y cumple los logos de mi enseñanza en su vida, nunca verá la muerte, es decir, su separación de Dios, la muerte espiritual y el infierno eterno» (Jn 8,51) ¿Qué muerte no probará? Pues, la segunda muerte, porque la primera la han probado todos, también los que han creído en Cristo.

Pero aún más claro nos lo dice el mismo Señor:«Amín, amín, en verdad de verdad os digo: el que escucha el logos de mi enseñanza y cree en el Padre que me ha enviado, éste ha ganado la vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la muerte (espiritual del pecado) a la vida eterna» (Jn 5, 24), es decir, esta separación de la psique de el cuerpo que es la primera muerte, pasó a la vida, es decir, a la unión con Dios.

Aquí amigos míos, termina la muy bella epístola hacia el obispo de Esmirna, llena de elogios, tanto para el primer obispo que era Bucolo, como para el segundo, san Policarpo que martirizó, y era entonces cuando se hizo la persecución de los diez días, es decir, esta persecución de poca duración. ¡Este gran santo Padre, san Policarpo que es elogiado de san Ignacio, de san Irineo y de los demás santos Padres de nuestra Iglesia, fue una figura muy grande! ¡San Policarpo personalidad impresionante, extraordinaria y excepcional!  Si queréis echad una ojeada a su epístola que manda a los Filipenses, como también a la epístola de san Ignatio que manda a san Policarpo, para que veáis cómo le llama y qué dice también san Irineo sobre nuestro gran santo Policarpo (polí-karpós muchos-frutos).

 

Unidad 9. Apocalipsis 2, 12-17. 3ª epístola del Señor: Hacia la Iglesia de Pérgamo. Sobre idolatría.

Y ahora, amigos míos, vamos a la tercera epístola del Señor, la epístola hacia la Iglesia de Pérgamo. Os la voy a leer:

12 Y escribe al ángel de la iglesia de Pérgamo: Esto dice el que tiene la espada aguda, la de dos filos:

13 Yo conozco tus obras, y la región idólatra donde habitas, donde ha puesto su trono el Satanás; pero retienes firmemente la confesión de mi nombre, y no has negado mi fe, ni aun en los días en que Antipas mi testigo fiel quien fue muerto entre vosotros, en vuestra ciudad, donde habita Satanás.

14 Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, mago de los nacionales, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, para arrastrarlos a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a extraviarse en fornicación.

15 Y también tienes a los que retienen la enseñanza de los nicolaítas, [la que algunos judíos la han mantenido como en la época de Balaam, la que yo odio].

16 Por tanto, arrepiéntete y vuelve en la metania; pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca.

17 El que tiene oído espiritual, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor contra el pecado, le daré a comer del maná escondido [en los cielos, es decir, la comunión del pan Celeste que concede la vida eterna], y le daré un voto o tesela en blanco, y en el voto blanco escrito un nombre nuevo eterno, que nadie conoce sino el que lo recibe. (Ap 2, 12-17)

Vamos a quedarnos al primer versículo: «Y escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo»

La ciudad de Pérgamo se encontraba al norte de Esmirna y era una ciudad que tenía fama de mucha riqueza material como espiritual. Precisamente era una ciudad apenas ocho kilómetros más arriba de Esmirna.

Durante los años que se escribió el libro del Apocalipsis, Pérgamo no sólo era el centro político sino también cultural y religioso.

En esta ciudad de Pérgamo fue inventado el conocido y famoso internacionalmente la pasta de papel especial, el pergamino. Es decir, pasta de papel era el nombre general que se refería al material de grafía. El pergamino no era otra cosa más que una piel curtida, sobre el cual se escribían los textos. Pero, igual que Egipto tenía el monopolio del papiro, no sólo podía vender caro, sino también no vender, por causas de antagonismo, por eso fue inventado este papel especial, es decir, este material de escribir, que era piel y como dijimos, un material muy caro, pero con mucha más resistencia que el material del papiro.

Y menos mal que muchísimos libros se escribieron sobre el pergamino y no sobre papiros, porque los papiros con el tiempo se desgastan y se estropean. Hoy en día se han salvaguardado poquísimos libros de papiro; y esto porque para que los papiros sean desenvueltos de los cilindros necesitan mucho trabajo, porque se trocean, se rompen, mientras que al contrario, tenemos muchos libros de pergamino en forma de libro actual.

Los papiros estaban envueltos en cilindros. Con el pergamino tenemos los libros que estaban en forma que tenemos hoy en día los libros de piel. Y estos libros, amigos míos, se salvaguardan en perfecto estado, los que no se han quemado por los incendios, etcétera. Existen muchísimos libros escritos con material de pergamino.

Este material se llamó pergamino exactamente por la ciudad Pérgamo, por tener esta ciudad el método de hacer este material, entenderéis cuánta riqueza tenía, y no sólo material sino espiritual también. Y realmente la biblioteca de Pérgamo era una de las más grandes bibliotecas del mundo, y competía con la biblioteca de Alejandría.

Pérgamo aún era famosa también como centro religioso, después de Éfeso. En Éfeso se daba culto a la diosa Artemisa, correspondiente a la diosa Demitra, la diosa de la fertilidad. Aquí en Pérgamo se daba culto a Zeus. Había un enorme altar de Zeus encima de una colina, al centro de la ciudad –tal como es la Acrópolis de Atenas- en una colina de trescientos metros de altura, y encima de esta estaba construido el altar a Zeus. El altar de Zeus era enorme, el mayor de todos los altares de la tierra que jamás ha existido.

¡Además en los años del Apocalipsis en Pérgamo se hacía culto también a Augusto, es decir, al cesar de Roma, pero también a la diosa Roma! ¡Incluso se había deificado también esta ciudad de Roma! También se hacía culto al Asklipiós (Escolapio para romanos, mitología: dios de la medicina). Había el sacro altar a Asklipiós, y allí iban mucha gente para sanarse, porque era el dios de la medicina.

Ya que allí en esta ciudad se hacía culto a la diosa Roma y cada cesar, cada emperador, diríamos que, la ciudad se consideraba no sólo idólatra, no sólo simplemente el centro de una idolatría rica y bien arraigada, sino también una ciudad cesarolatra.

Además, me parece que otra vez os lo había dicho, el por qué se hacía culto a los emperadores de Roma. Pero esto se hacía por razones de unidad nacional. Por esa razón, cuando los Cristianos no ofrecían sacrificio al dios emperador, se consideraba como crimen de alta traición, es decir, crimen que se volvía contra esta esencia del imperio romano. Así se explica, si no lo sabíais, el cómo y el por qué el mundo nacional idólatra se volvía con tanta manía contra los Cristianos. Cierto que habían también otras razones; finalmente las persecuciones resultaron tener este motivo.

Por tanto, en un ambiente de este tipo, inimaginablemente idólatra, con el altar más grande que jamás hubo en la tierra, el altar a Zeus; en un centro donde se hacía culto al cesar y Roma, en una “ciudad llena de ídolos” (Hec 17,16); en esta ciudad donde el gobernador romano de toda Asia Menor posiblemente tenía su sede; ¡ahora en esta ciudad nace, se desarrolla y se mueve la Iglesia de Cristo, la Iglesia de Pérgamo! Hacia esta ahora el Señor manda Su epístola. Es decir, ¡para que veáis en qué condiciones se ha desarrollado la Iglesia!

«El que tiene la espada aguda de dos filos, dice esto» (Ap 2,12)

El epígrafe de la epístola está tomado de la visión introductoria de Cristo, (Ap 1, 13-16). No todos los epígrafes de las epístolas son las mismas; para cada epístola hay un epígrafe especial.

En efecto, se ha puesto adecuadamente el símbolo de que tiene la espada aguda de dos filos – la cual, durante la visión que tuvo el Evangelista Juan, salía de la boca de Cristo- para indicar con esta manera que el Cristo es el que tiene el juicio.

La espada aguda y de dos filos es el símbolo del juicio, pero también del logos increado de Dios, el cual removerá y tumbará el altar de Zeus, destruirá los ídolos, y así se instalará la Iglesia de Cristo. Por esta razón aquí exactamente entra este símbolo. Pero incluso también para indicar que se debería combatir al Diablo con la espada aguda. Acordaos del apóstol Pablo en la II epístola a los Tesalonicenses, que dice allí sobre el Anticristo, de que el Señor le arruinará, le destruirá con la espada de Su boca. “Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca…” (2 Tes 2,8). Por tanto, pues, ahora el Diablo está detrás de la máscara de Zeus, detrás de las máscaras o rostros de las deidades que son adoradas, haciendo culto a ellas, y en realidad es cierto que es al Diablo al que hacen culto o adoran, (Sal 95, 5. 105, 37. Deu 32, 17. Is 65, 3· 11. Bar 4, 7. etc.). Por tanto, el Diablo debe ser combatido.

Pero amigos míos, después de la introducción a esta epístola hacia Pérgamo, entramos al tema principal.

«Yo soy el que tiene la espada de doble filo, la aguda; conozco tus obras y dónde habitas, allí donde está el trono del Satanás; es decir, es un lugar donde domina la idolatría. Y permaneces fiel a mi nombre, no has negado mi nombre, ni mi fe, tal como sucedió en los días del obispo Antipa, quien se hizo testigo fiel y fue asesinado en vuestra tierra, allá donde habita el Satanás. Pero a pesar de esto, tengo que decirte algunas quejas que tengo contigo, pocas; que permites y toleras que se mantengan las enseñanzas de Balaam, quien enseño a Balak a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de las cosas sacrificadas a los ídolos, y extraviarse en fornicación. Y también tienes a los que retienen la doctrina de los Nicolaítas, la que algunos judíos la han mantenido como en la época de Balaam, la que yo odio. Por tanto, arrepiéntete y vuelve a la metania; pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor contra el pecado, le daré a comer del maná escondido en los cielos, es decir, la comunión del pan Celeste que concede la vida eterna, y le daré un voto en blanco, y en el voto blanco escrito un nombre nuevo eterno, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe»

Yo conozco tus obras, y la región idólatra donde habitas, donde ha puesto su trono el Satanás;

Realmente el Señor conocía en qué ambiente se encontraba la Iglesia de Pérgamo. En un ambiente como el que se encontró el apóstol Pablo en Atenas, tal como nos los apunta el evangelista Luca en los Hechos, “Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría”, es decir. Sentía una rabia e indignación, precisamente porque veía la ciudad de Atenas estaba llena de ídolos.

¿Pero qué había detrás de esta súper idólatra ciudad de Pérgamo? El Señor revela-apocalipta que allí existía el trono del Satanás, de que allí habita el Satanás.

Por consiguiente, amigos míos, tal como vemos, tenemos un testimonio apocalíptico del mismo Señor sobre la idolatría de todo tipo y de cada época. Porque a la pregunta, ¿qué es exactamente la idolatría tenemos esta apocalipsis-revelación, este testimonio apocalíptico como respuesta. Si los hombres llegaron hacer culto, adorar a los ídolos, ¿qué es lo que exactamente adoran?

Nadie podría decirnos qué quiere decir adoro o hago culto a un ídolo, sino sólo el Cielo. Por tanto, el Cielo nos revela-apocalipta qué es idolatría. Así vamos a ver, amigos míos, esta relación que existe entre la idolatría y el Satanás. Hay una relación inmediata y estrecha. Dice el Señor “allí está el trono de Satanás; allí habita el Satanás”.

Pero veamos, amados míos, qué es exactamente idolatría. Y os rogaré que no digan que estas cosas pertenecen a una época pasada, de que la idolatría es una cuestión que hoy en día no existe. El evangelista Juan terminando su primera epístola muy teológica, dice: “Hijitos míos, vigilaos a sí mismos y tened cuidado de la idolatría” (1 Jn 5,21). ¡Así termina! Es como si nos dijera: ¡“Vosotros que, en efecto, os encontráis dentro de un espacio de mucha teología, de modo que os escribo muy teológicamente que “Dios agapi-amor es” (1Jn 4,8·16), “Dios es luz increada” (1Jn 5), “lo que hemos visto y lo que hemos oído…” (1 Jn 3), etcétera, del mismo valor que: «1 En el principio el Logos era, es y será eterna e infinitamente; y el Logos existía con Dios y está en Dios; y el Dios era y es el Logos. [1. En el principio, en el espíritu infinito e increado de la creación espiritual y material existía siempre el Logos, como Hijo de Dios que nace siempre de-el Padre, como infinito y vivo Logos de Nus infinito, perfecto y sabio. El Logos como segunda hipóstasis o persona de la Santa Trinidad existía y está siempre inseparable de Dios, y el Logos es Dios, increado, perfecto e infinito, tal y como el Padre y el Espíritu Santo»], etcétera; ¡no creáis ni penséis que encontrados en este espacio de la teología, tal como la entendéis y la vivís, de que no podréis encontraros dentro en la idolatría!

La idolatría es una cosa muy fina, en la cual uno resbala sin darse cuenta. La idolatría, toda forma de idolatría, existe y siempre existirá, no sólo en los pueblos que no conocieron a Cristo, sino también en los pueblos o naciones Cristianas, en los Cristianos. Por eso, pues, os rogaré que pongamos especial atención ahora aquí que hacemos este análisis, en pocas palabras lo qué y en qué es idolatría, y después veremos la relación con el Satanás.

La creación, como sabréis, constituye y es ídolo del Creador, que es el Dios. La creación es la proyección exterior de Dios, es algo que Dios lo crea; pero no es algo de Su esencia, está fuera de Su esencia. Esta diferencia existe entre el parir o nacer y el crear.

El Jesús Cristo, el Dios Logos, es de la esencia del Padre, y por consiguiente esto se expresa como nacimiento del Padre. La creación es obra de las manos de Dios, y la esencia de ella no tiene ninguna relación con la esencia de Dios, por eso se expresa como creación, como creada, constitución, formación, algo que sale de las manos de aquel que crea, construye, forma, fabrica o edifica algo.

Pero cuando decimos ídolo, ya que la creación es la proyección exterior de Dios, entendemos exactamente esto que sucede también en la Óptica, que es un capítulo de la Física y lo aprendemos en el colegio. Para que algunos no digan; “Si yo no he ido al colegio, entonces, ¿qué es exactamente? Voy a explicároslo.

Cuando proyectamos un objeto delante de un espejo, entonces el espejo no nos atribuye o transmite el objeto sino su ídolo. Cuando ponemos nuestro reloj delante de un espejo, este nos mostrará un reloj. Pero no significa que lo que estamos viendo en el espejo es el reloj; simplemente es un ídolo del reloj. Para tener un ídolo, debemos tener fuera del espejo un objeto. Así pues, la cosa que está fuera del espejo lo llamamos objeto, y esto que se ve en el espejo pero que no es lo real, lo llamamos ídolo.

A pesar de que el ídolo no es real, nos dará o transmitirá las características del objeto, es decir, del reloj. Nos producirá y transmitirá su tamaño, su figura, su color, nos estará indicando la hora, etcétera. Pero todas estas cosas no son el reloj, son su ídolo.

Lo mismo sucede, amados míos, también a Dios en comparación con la creación. Es decir, en la creación son proyectadas las cualidades o atributos de Dios –como son la sabiduría, lo infinito, la deidad, la omnipotencia- y son proyectados dentro en la creación, como si fuera la creación un espejo, que su objeto es el Dios. Simultáneamente el Dios está  fuera de la creación y es proyectado en ella.

Es decir, el Dios es sabio; por tanto, es muy natural que esto que ha creado sea hecho de modo sabio. Por tanto, veo la sabiduría de Dios dentro en la creación; o sea, veo las características de Dios, no al mismo Dios. Aún sabemos, amigos míos, que un gramo de materia tiene una tremenda, espantosa energía en su interior. Vemos en una bomba atómica que aquel material que se explotará es pequeño, poco, no es mucho. Y a pesar de esto esconde una fuerza tremenda. ¡Ahora os ruego, pensad el universo entero qué energía y qué potencia tiene! ¡Eh, entonces, quién el Dios!… Así veo la omnipotencia de Dios que sea reflejada en la creación.

Después veo el infinitum de Dios. ¿Ha llegado en algún momento nuestro cerebro, nuestro pensamiento, -no digo nuestro ojo, no puede llegar nuestro ojo- a captar el sentido y significado de los confines del universo? Cómo la va a captar y percibir nuestro pobre cerebro… no lo capta ni lo percibe. Nuestro cerebro – su estructura es de esta forma- trabaja entre el cero y el infinito. Estos dos extremos no los capta.

Si me permitís que os lo demuestre con una relación matemática –perdonarme por eso- formaría una desigualdad y pondría el cerebro humano allí entre el cero y el infinito, porque sólo entiende lo que está más arriba que el cero y lo que está más abajo que el infinito. Lo que está más arriba que el cero, nuestro cerebro lo entiende y lo que está más abajo que el infinito, también nuestro cerebro lo entiende; ¡pero más allá del cero y del infinito, nuestro cerebro no entiende nada, nada de nada! Así está hecha la estructura de muestro cerebro.

Así que el universo nos presenta el infinito; pero el universo no es infinito, simplemente así se manifiesta en nuestro cerebro. Entonces podemos decir que aquel que lo ha creado es infinito. Pero estas cosas no puede hacerlas ningún ser sino sólo esto que se llama Dios.

Así pues, la deidad, el infinito, la omnisciencia, la omnipotencia y todos estos atributos de Dios que están en Su persona son reflejados en la creación, tal como un objeto es reflejado en un espejo. Por lo tanto, la sabiduría que existe en el mundo es el ídolo de Dios; la omnipotencia que existe en el mundo es el ídolo de Dios. No puedo decir sobre una flor que está hecha sabiamente, que esta flor es Dios, sino que refleja la sabiduría de Dios.

Por tanto, no debo identificar a Dios con la creación; incluso ni debería decir que la creación no tiene ninguna relación con Dios. Ni tampoco debo identificar a Dios con la creación, ni sacaré, aislaré a Dios de la creación, y así decir que no tiene ninguna relación con la creación. Por tanto, se refleja el Dios, con Sus características dentro en la Creación.

Por consiguiente la creación, por estas situaciones idololátricas, es decir, por los reflejos de las cualidades y de las energías creadas e increadas de Dios, tiene como fin y propósito de elevar a mí, el ser humano lógico a Dios. Por supuesto que la estructura de nuestro cerebro está hecha de tal manera que no podemos entenderlas todas las cosas y realidades. No olvidemos este tema de la estructura de nuestro cerebro, porque allí hay una arrogancia, soberbia. Algunos hombres piensan y creen –por eso presenté antes aquella relación de desigualdad- de que si algo hoy no lo hemos entendido, lo entenderemos mañana. Sí, ¡pero este algo está en nuestras capacidades o posibilidades? Porque si no está en nuestras capacidades, ni mañana, ni pasado mañana, nunca lo entenderemos. Y esta misma ciencia y filosofía, sobre el tema de las capacidades del nus conoce las limitaciones. Y esto es necesario que lo sepamos, para así podamos vencer la soberbia, la arrogancia y la altanería del nus.

Así que el propósito es que nosotros con la estructura que disponemos de muestro nus, observando todas las operaciones y energías de Dios que se reflejan en la creación, tenemos que empezar a subir como en una escalera para encontrar el objeto que es reflejado, o mejor dicho, la persona o personalidad que es reflejada en la creación, es decir, a Dios. Cuando vemos una persona o rostro en el espejo, ¿qué hacemos? ¿Continuamos viendo al espejo o giramos nuestra cara para ver quién es la persona que está proyectada dentro de este? Esto debe hacer el hombre; no debe permanecer dentro en la creación, sino que en cada momento dirigir sus ojos, su nus más allá de la creación, para descubrir la Persona o Ser reflejado dentro en ella.

Ahora bien, si finalmente los hombres pierden a Dios de su horizonte óptico de sus nus (espíritu del corazón o de la psique), de su entendimiento y de su percepción, es decir, ven sólo reflejadas operaciones y energías de Dios sin buscar a Dios –por razones que veremos más abajo- entonces los hombres comienzan a ver sólo ídolos, los reflejos; y como identifican estos reflejos –la sabiduría, la omnipotencia, el infinito- con la creación, con el espejo, entonces deifican la creación.

Esto se parece a esto que sucede a un niño pequeño, o más bien a una gata, a un perro o a un animal. ¡Si por un momento la gata ve su rostro en el espejo, inmediatamente mira bien para ver quién es esta otra gata! ¿Por qué? Porque ha identificado el ídolo con el objeto, y cree y piensa que el objeto está dentro allí en el espejo, que realmente es otra gata allí en el espejo, mientras que no es más que su ídolo.

Así pues, si el hombre también hace esta confusión de las cualidades o atributos de Dios dentro en la creación y dice: “¡Qué cosas más bellas hace la creación!”, entonces identifica los ídolos que existen en la creación con el Dios; es decir, ya no ve a Dios, sino que ve la creación, la que también deifica. Esto se llama latría, culto de los ídolos, es decir de las características de Dios, que no son Dios, sino Sus características dentro en la creación. El hombre hace culto o adora estas características de Dios, que son reflejadas en la creación.

Así fabricó la diosa Atenea, adorando la Sofía-sabiduría; hizo el dios Apolo, el dios del sol, de las bellas artes y de la belleza, adorando el arte y la belleza; hizo el dios Zeus, adorando, dando culto su potencia; hizo la diosa Dímitra, adorando la tierra, etcétera. Pero estas cosas son características de Dios, del Dios uno. No existe dios Apolo y diosa Atenea. No deificaré la Sofía-sabiduría y la belleza, no deificaré la tierra, sino que intentaré a ver al verdadero Dios, más allá de estas cosas que se reflejan.

Por supuesto que para nosotros, que por lo menos a groso modo no somos idólatras, la cosa parece muy sencilla; tanto que me diríais, y con razón: ¿Para qué nos cuentas a nosotros estas cosas? Pero, amigos míos, si pensáis un poco que de este mundo, de este planeta han pasado hombres sabios, que no pudieron separar a Dios de la las creaciones, e identificaron a Dios con las creaciones, y rendían culto a la creación en vez del Creador (Rom 1,25), entonces me diríais: “Eh, es justificado, porque en definitiva, ellos vivieron en épocas pasadas”. ¡Y si os dijera que esta misma confusión domina también hoy en día!, ¿qué me responderían?

¿Por ejemplo, aquellos que son arrastrados al Tectonismo-Masonería, no son hombres cultivados, instruidos y formados con estudios y posiblemente tienen títulos y licenciatura alguna! ¿Cómo es que creen a la idolatría? Porque los Masones son idólatras. No lo olviden esto. El Masonismo o Masonería es una religión, y sobre todo religión idólatra. No lo olviden esto. La Masonería es una religión, y sobre todo religión idólatra de corte o contextura mistiríaca; esto lo dicen los mismos Masones en sus escritos. Por tanto, ¿cómo puede ser arrastrado un hombre formado con estudios y pueda decir que el sol, el M.A.T.S. -el Gran Arquitecto del Universo- puede ser el Dios? ¿Cómo puede identificar la fuerza del sol, la sabiduría por la que está formado, su luz, con el Dios, y diga que esto es el Dios?

Ayer leí sobre el muy Orígenes, el cual creía –y ahora os reiréis quizás, pero uno tiene que explicar más cosas para llegar a no reír, sino llorar- de que el sol, la luna y las estrellas tienen entendimiento, son entes o seres lógicos! (Origenes vier Bucher von den Prinzipien, Fragmenta de prin­ci­pi­is, 13.2, edic. Wis­sen­scha­ftliche Buch­ge­sel­lschaft, Darmstadt 1976.) Por tanto, si incluso dentro en el espacio cristiano hombres como el gran Orígenes llegan a decir este tipo de cosas, entonces cómo no serán engañados cada momento mucho más hombres sencillos, a pesar de la luz de Cristo que tenemos!

Desde el momento que negamos a Cristo, automáticamente nos convertimos en idólatras. Y ya que los países cristianos negaron a Cristo, automáticamente han caído en la idolatría, o a la sutil, es decir, aquella que no se ve muy fácilmente.

Sin embargo todas estas cosas el apóstol Pablo las dice condensadas en su epístola a los Romanos, y nos describe quién era el mundo en la antigüedad, cómo se movió, pero muy desgraciadamente, también cómo se mueve hasta hoy en día. Dice pues:

“Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterna dinamis (energía y potencia) y deidad increadas, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la doxa (gloria increada luz) del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles” (Rom 1, 19-23).

Es decir, la gnosis (increada) de Dios ha sido manifestada y conocida a los hombres, porque el Dios, el Sí mismo lo manifestó o reveló en ellos. Porque las cualidades invisibles de Dios, Su eterna fuerza y energía y Su deidad (Increadas), desde entonces que fue creado el mundo, se ven claramente y se hacen percibidas a través de las creaciones. Así los hombres no tienen ninguna excusa ni justificación, ahora no pueden decir: “No sabía“. Y creyéndose que son sabios, se convirtieron necios, y al final llegaron hasta el punto de deificar la creación y decir que Dios es un hombre, un ave, un animal o un cuadrúpedo, una serpiente, un cocodrilo –¡le hacemos también su estatua!- o cualquier otra cosa. Allí ha llegado su corazón sucio e imprudente, es decir, su insensatez y necedad.

Y en la epístola a los Colosenses san Pablo dice: “…fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos, codicia, y avaricia, que son idolatría“ (Col 3,5)

Resumidamente en paréntesis os diré que las energías increadas y operaciones invisibles de Dios quedaron imprimidas en la creación, y no sólo las energías y operaciones que antes os he dicho, amados míos, sino también las llamadas energías y operaciones éticas están imprimidas dentro en el universo; incluso la agapi increada y la misericordia increada de Dios, todo. Veis, pues, que nada se va a perder, a pesar de que el universo aparece antes de la caída de los primeros en ser creados –apuntadlo bien esto.

Nada se va a perder, simplemente porque existe la providencia y la agapi de Dios, que es combinada con la sofía-sabiduría. La providencia no es más que la resultante de la fuerza, de la sabiduría y de la agapi (increadas) de Dios. Pero todo esto que se hace comprensible a través de las creaciones, a esto exactamente se ha dado culto, en cambio esto debería ser el medio, el modo para llegar el hombre conocer a Dios.

Por tanto, la idolatría es la situación según la cual el hombre limita su horizonte óptico espiritual en lo que es creado, y no lo extiende más allá de aquello que ve, es decir, hacia Dios. Esto se llama idolatría.  O sea que, el hombre deifica los cuerpos celestes, los objetos terrenales, las cosas, un río  -¡se había deificado hasta el río Nilo!- deificar el mar, por ejemplo, a la persona de Poseidón… Amigos míos, ¡hasta hoy en día hacemos culto al mar a la persona del Poseidón! La demostración de esto es que todavía no hemos cambiado tampoco siquiera nuestra fraseología. No me digan que es tema o cuestión de fraseología, es decir, que queremos mantener quizás nuestra antigua fraseología, así para recordar que somos descendientes de la antiguos helenos, y decimos que Poseidón remueve las aguas o el Enguélados (Encélado satélite de saturno) mueve las profundidades de la tierra y se produce el terremoto, y muchas cosas más! La misma fraseología nuestra aún demuestra que permanecemos en estas formas.

Me diréis: “¿Pero creemos que existe el Eguélados o existe el Poseidón?“. Os lo he explicado, amigos míos, y desgraciadamente hay hombres formados con estudios, hombres importantes que llegan hasta este punto. Quizás crean que no es el Poseidón, tal como lo creería un hombre simple dando culto a la estatua de Poseidón; sin embargo creen en la potencia del mar que la llaman Poseidón. ¡Creen en la fuerza de la creación, en la fuerza de sí mismos, y de este modo se autodeifican los pobres y des-graciados hombres con su des-gracia creada sin la divina gracia-jaris energía increada!

Pero más allá de las creaciones, cualquier cosa creada de la creación pueder ser culto por el hombre, incluso la riqueza, el arte, la ciencia, el bienestar-eudemonismo, el hedonismo. Se decía, sobre todo el siglo pasado, por algunos superoptimistas filósofos que: “Ahora ya la ciencia llegará a solucionar todos los problemas del hombre. ¡Viva! ¡No tenemos necesidad de Dios, viva la tecnología!“. Ahora bien, si la ciencia y la tecnología han conseguido solucionar o multiplicar los problemas humanos, amigos míos, esto no hace falta que os lo demuestre, ni siquiera comentarlo.

En nuestra época lo vivimos y lo vemos. Algunos decían: “!Dadnos un margen de tiempo, y veréis cómo se convertirá el mundo!“ ¡Lo hemos visto cómo se ha convertido y hecho!… ¡Aún no ha terminado el siglo XX y estamos preparándonos para la tercera guerra mundial! Vemos enfermedades varias, psíquicas, físicas, hombres trastornados, y todo tipo de corrupción y el terrorismo y tantas otras cosas!… El hombre se ha asalvajado y enfurecido tanto dentro en un espacio que se llama ciencia y tecnología, quizás como en ninguna otra época. ¡Es terrible! ¡Realmente el hombre hoy en día se ha convertido salvaje, a pesar de esto no le ha amansado y cultivado ni la ciencia, ni la tecnología!

En esencia ni la ciencia, ni la tecnología son malas. ¿Habéis oído lo que dije? No son malas estas cosas. Pero cuando se separan de Dios, entonces son malas. El Dios quiere que estas cosas sirvan al hombre, mientras se encuentra en la vida presente, en este “valle de lágrimas“ (Sal 83,7 y Ju 2,5), hasta que llegue la hora de la resurrección de los muertos. ¡Pero no llegar a deificarlas estas cosas, que son elementos consoladores del mundo presente! ¡Atención, porque como se sabe, el Dios siempre derrumba los ídolos!

Pero vamos a avanzar un poco más. ¡Aún otras cosas creadas en la creación que pueden se culto por nosotros son nuestros parientes e hijos! ¡Cuántas veces no hemos puesto como fin y objetivo en nuestra vida una casa feliz, rica, creyendo que esto es el todo o lo máximo! ¡Que no nos engañe porque de vez en cuando vamos también a la Iglesia…que no nos engañe este tema de que podemos confesarnos y comulgar…en el fondo, en la médula somos idólatras! Sí, creemos en nuestros bienes, en nuestra casa y en nuestros hijos; por eso nos atormentamos, perturbamos y conmocionamos si los perdemos.

Sacad, por favor, el objeto de culto de los ojos de un latro-adorador, y veréis que inmediatamente se perturbará. Si se va delante de sus ojos su casa, su hijo, se perturbará. Se perturbará pero no con aquel sentido natural de la turbación o conmoción que todos sentimos, que es una cosa elemental y humana. ¡Cuando pierdo una persona mía, o mi casa es muy humano y natural que me entristeceré y perturbaré, no voy a reír!… Pero cuando llego al punto de suicidarme, de enloquecerme, o cualquier otra cosa anormal, esto significa que todas estas cosas las había hecho ídolos y las rendía culto sin darme cuenta.

¡Veis, pues, cómo entra la idolatría dentro en nuestra vida!

¡Por esta razón, amigos míos, viendo todas estas cosas, tal como las hemos analizado y analizamos, podéis calcular qué fondo de idolatría domina en los hombres, sobre todo a los Cristiano, y especialmente en nuestra época! Por tanto, esta es la idolatría.

¿Pero qué puede haber detrás de esta situación? ¿Qué puede haber detrás del culto a los ídolos, que son el sol, la luna, el bienestar-eudemonismo, mi hijo, hedonismo, la riqueza, el arte y la tecnología? ¿Qué puede estar escondido? Escuchadlo y lo califica el Señor: ¡se esconde el “trono del Satanás, allí donde habita el Satanás“ !

¿Cómo es posible que vaya el Diablo a entronizarse en aquellas cosas que reflejan las cualidades de Dios y habitar allí? Y digo la palabra entronizar porque el Señor dijo que “allí está el trono del Satanás“ y aún que allí habita el Satanás.

Y en concreto, cuando el Señor en Su epístola al obispo de Pérgamo dice sobre la idolatría y dice que allí se encuentra el trono del Satanás, lo dice porque allí estaba el trono de Zeus, ¡un enorme altar, una estatua muy grande y muy famosa! Y Pérgamo famosa por sus sacros altares era considerada la ciudad más idólatra de Asia Menor, especialmente muy famosa. Y dice el Señor exactamente ahora que este altar de Zeus –que estaba en el punto más alto de la ciudad, en una colina de trescientos metros de altura- es el torno del Satanás. ¿Cómo sucede esto?

Escuchad. El Diablo, el Esforos-Lúcifer –el que trae el alba- era un ángel luminoso, pero cayó porque se enorgulleció. Cayó del Cielo. Ha caído, tal como dice una oración o bendición de los Exorcismos, “de arriba de la fotofora-iluminadora o portadora de la luz“ (exorcismos de san Basilio, pag 262). Cayó al creado mundo visible, se encontró en él como procesado. ¡Fue derrumbado!

Es cierto, amigos míos, el cómo han caído estos espíritus viles y astutos, estos que antes eran bondadosos y por su soberbia se convirtieron en malignos, fueron derrumbados de la luz o fotofora de arriba, esto no lo podemos entender mucho más. Lo único que conocemos es que los ángeles no son seres auto-luz, son heteroluz (reciben la luz no es de ellos). El ángel es luminoso, pero su luminosidad la toma de la divina doxa-gloria (luz increada) -es la luz increada de la Metamorfosis al Monte Tabor- por la divina energía increada, porque “Dios es luz increada“ (1Jn 1,5) y quedó des-graciado (sin la gracia-jaris increada) de la divina doxa increada. Esta la ha perdido, y así quedó oscuro, ennegrecido (endemoniado).

En vuestra pregunta o duda, ¿cómo el diablo se transforma en ángel de luz?, os respondería que no se trata de la luz increada, sino de luz creada, esta luz que también tiene el sol, pero también esta luz de esta bombilla que en este momento está encendida aquí. Ahora bien, cómo el Diablo puede tomar esta luz creada y estar encubierto de ella y cómo parece que se materializa y se presenta así, pues, estas cosas son secretos del mundo espiritual que no podemos investigarlas.

El caso es que esta luz que tiene el Diablo es creada, y así engaña al hombre. Por eso los hombres espirituales, estos que viven en la ascesis o ejercicio espiritual, tienen también la capacidad de discernir los espíritus si son malignos o son por Dios (1Cor 12,10; 14,29; I Jn 4, 1-6). El apóstol Pablo menciona el discernimiento entre los carismas del Espíritu Santo, y lo recalca esto también el Evangelista Juan.

Si se me aparece el Diablo con luz, debo pensar: “¿Es un ángel, y tiene la energía increada o es el Diablo con su energía creada, y por lo tanto estoy en peligro de ser engañado?“. El hombre espiritual, el que tiene el Espíritu de Dios y tiene el carisma de este discernimiento –cosa que, amigos míos, es muy difícil, os lo digo de verdad- dice con seguridad: “Es el Diablo“. Y entonces, apenas diga esto o lo piense, el Diablo desaparece.

De todas formas el Dablo cayó, y cayó al mundo creado como condenado. Y esto, el que cayó como condenado, lo vemos por aquel endemoniado de Gergesá, entonces cuando los demonios pidieron al Señor de la doxa increada que no vayan al Infierno, sino que se queden aún en este mundo (Mt 8, 28-34; Mrc 5, 1´20; Lc 8, 26-33). Porque los demonios saben que están condenados y que el infierno es el lugar de sus castigos y que el Infierno se hizo para ellos. Entonces pidieron quedarse aún al mundo visible creado, pidieron ir en los cerdos –supongo que os acordaréis de esto- es decir, se encuentran aquí en este mundo material, visible y creado; por eso dijeron al Señor: “¿Has venido aquí a castigarnos antes del tiempo?“ (Mt 4,29).

La causa por la que los demonios han caído, es decir, los ángeles, -primero el Eosforo-Lúcifer, el jefe- fue la soberbia u orgullo. Guardad esto que es la llave de nuestro tema. ¡La soberbia!

Ahora bien, los hombres cuando pierden a Dios, paran delante de la creación.

¿Pero cómo los hombres pierden a Dios?

Es conocido que Adán y Eva no perdieron a Dios, porque en el Paraíso tenían comunión junto con Él; una comunión de este tipo que tendremos nosotros también en el reinado de la Realeza increada de Dios, indecible comunión, no lo sabemos cómo. Aquello de “oyeron la voz del Señor Dios andando al Paraíso por la tarde“ (Gen 3,8) muestra la visita acostumbrada de Dios. Es inexplicable el cómo exactamente serán los hombres en una comunión e unión con el Dios en el reinado de Su Realeza. Pero esta comunión se ha perdido, se interrumpió.

Los primeros en ser creados, pues, no habían perdido a Dios; tenían tremenda experiencia junto con Él. Pero también sus hijos que vivieron el pecado –como Caín- ellos también, por la tradición de sus padres no habían perdido a Dios. Pero partir de la tercera generación y más abajo comienza la perdición de Dios. Caín no Le perdió, porque vemos que conversa con el Dios; y Abel no Le perdió porque vemos que conversa con Dios y le ofrece sacrificio, etcétera. Pero más abajo y más abajo, en cuanto avanzan las generaciones comienza a oscurecerse la gnosis (increada) de Dios. ¿Qué es lo que ha hecho obscurecer la gnosis (increada) de Dios? El pecado, amigos míos, es un humo que cubre el horizonte, allí donde veríamos la persona o cara de Dios.

Así que, cuando el hombre pierda a Dios y empieza a ver la creación, sin percibir que puede haber alguien que ha creado la creación y que Dios refleja Sus cualidades en la creación, tal y como os decía anteriormente, entonces empieza a rendir culto a la creación y adorarla. Como el diablo está condenado en el mundo presente, viendo al hombre dando culto o adorando las creaciones, adorar el árbol, el río, la montaña, la piedra, entonces como es soberbio, va y se entrona -¿habéis visto; se entrona- al objeto aquel que el hombre adora o ofrece culto. Así el hombre adorando o dando culto al objeto, en realidad da culto o adora al Diablo, porque el Diablo anida dentro en las creaciones, porque padece de soberbia incurable. Y como sabréis, la mayor alegría y el mayor deleite de la incurable soberbia es que sea adorada. Si se ha reverenciado, entonces siente que ha conseguido la cosa más grande. ¡Al soberbio y vanaglorioso veréis que no le importa el dinero ni nada más como su fama por su nombre!… ¡le encanta que se hablen de él, que hablen y hablen de él!

Por eso dice una moraleja conocida: el dinero muchos lo han odiado, pero la vanagloria ninguno. La soberbia u orgullo y vanagloria es exaltación, ensalzamiento! Cosa incurable, si uno no va con cuidado. Para el Diablo ya la soberbia es incurable.

Y así el Diablo se satisface a ser adorado y reverenciado anidando dentro en las creaciones. Los hombres desgraciados han perdido a Dios. Le han mezclado con Sus energías y operaciones que están reflejadas en la creación, y, sin darse cuenta, han dado culto al Diablo!

Pero no es sólo el objeto que puede ser adorado; son también otras cosas, como antes os he dicho. Idolatría no es solamente reverenciar un árbol o una montaña, sino también el arte y la tecnología y la ciencia, y todas estas cosas que os dije, como la riqueza y el dinero, todas estas cosas se convierten en ídolos que el hombre los rinde culto y los reverencia. ¡El impío y sin amor propio satanás anida en estas cosas! Y así también otras muchas cosas se convierten en elementos del culto del Satanás.

Por ejemplo, la procreación, las relaciones de los cónyuges, son del plan de Dios; y este plan de Dios está colocado en un acoplamiento de dos elementos: el placer y el fin o propósito. Pero, amigos míos, desde el momento que el hombre vendrá a separar estos dos, y quedarse solamente el placer y tirar el propósito o fin que es tener hijos, entonces hace culto o adora la mitad, rinde culto aquello que Dios no quiso. Va el diablo y se mete allí, y por consiguiente el ser humano que es fornicador, lujurioso o prostituto, es también idólatra, ¡rinde culto al Diablo! La lujuria, prostitución o sexomanía no es más que la separación del propósito por el placer o el hedonismo. ¿Las has separado? ¡Eres idólatra!

!“Entonces…“, me dirán, “entonces…podría ser que todos somos idólatras“ !Eh, esto os decía tanto rato, de que todos somos idólatras.

¿Queréis una cosa más, amigos míos? El apóstol Pablo enumera cuatro formas de inmoralidad. Dice a los Corintios: ¡No os engañéis!, ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados (se refiere a los homosexuales), ni los que se echan con varones y viceversa… heredarán el reinado de la Realeza increada de Dios” (1 Cor 6, 9-10). ¡Lo digo todo esto así crudamente, porque estos pecados últimamente están muy de moda!

Se refirió a cuatros formas de inmoralidad, las dos por naturaleza, pero contra la ley. La lujuria o sexomanía es por naturaleza, pero contra la ley, a pesar del mandamiento de Dios. El adulterio es lo mismo. Te dice: “Debes tener sólo tu mujer. No vayas con otra mujer“. Es contra la ley, pero esta praxis es por naturaleza. Las otras dos formas son contranatura, y por consiguiente con más razón también contra la ley, es obvio. ¡Pero apenas nombra la lujuria o sexomanía, interpone la idolatría! Y ahora el pasaje entero dice lo siguiente: “¡No os engañéis! ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones (homosexuales), las lesbianas, ni los ladrones, ni los avaros, no los codiciosos ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reinado de la Realeza increada de Dios” (1 Cor 6, 9-10). ¿Por qué, santo de Dios Pablo, has interpuesto la idolatría? Simplemente porque estos pazos son formas de idolatría, allí se rinde culto al Diablo.

Abrid y leed, amigos míos, el capítulo 1º de la epístola a los Romanos y veréis exactamente esto. Y sobre todo el Dios, como dice allí el apóstol Pablo, como los hombres han caído en estos pecados, permitió que cayeran de una forma más dura de idolatría como castigo a ellos. Sabréis que tenemos muchos escalones de idolatría. ¡Así los dice de forma muy precisa un Padre de nuestra Iglesia, de que el esperma que es ofrecido a la fornicación o lujuria es una libación al Diablo!

Por esta razón, pues amigos míos, el Señor llamó a Pérgamo “residencia y trono del Satanás“, porque era el centro de la idolatría, y sobre todo porque existía aquel enorme altar de Zeus, que se encontraba en la parte más alta y dominaba toda la ciudad

Esta verdad, de que los demonios habitan en la creación visible e influencian adversamente sobre los hombres, por supuesto que cuando ellos se apegan a las creaciones, aún se ve por las oraciones de nuestra Iglesia, en los Exorcismos, en el Gran Efjologio (Gran libro de bendiciones y oraciones de nuestra Iglesia Ortodoxa). Si leéis estas oraciones, veréis que domina esta idea central, especialmente a las oraciones de los Exorcismos en el Misterio del Bautismo. Antes de celebrar el Misterio del Bautismo, antes que el niño lo sumerjamos al agua- al agua en el nombre del Santo Dios Trinitario, con la triple inmersión y emersión, habréis visto que leemos unas oraciones y bendiciones y soplamos al agua. Estas oraciones, bendiciones amigos míos, son los Exorcismos, por los que expulsamos al Diablo que anida al agua, porque la creación se domina por el diablo, y cada momento expulsamos el Diablo.

Os dije que el Diablo es condenado y circula ambulante a la creación. Por eso también aquellos que se fijan a estas cosas, cuando se van al campo o a la montaña confiesan que han oído voces, risas, llantos –en la montaña que no hay nadie- y otras cosas raras y fenómenos extraños etcétera. ¡Son los demonios… los demonios que molestan y tientan a los hombres y se divierten con ellos, en sus maldades! En efecto amigos míos así es. Por eso soplamos también al rostro de la persona que se va a bautizar.

El hombre, cuando el sacerdote da las bendiciones y oraciones antes del Bautismo gira hacia oeste. ¿Sabéis por qué gira hacia oeste? Porque aún no ha visto la luz de Cristo; por eso ve hacia oeste, ve hacia Diablo. Y entonces el sacerdote sopla de modo cruciforme y expulsa al Diablo. Después el hombre gira hacia el este y va a la pila para ser bautizado.

Estas cosas para algo de información. Las cosas que os he dicho son verdad, están incorporadas dentro en este orden de nuestra Iglesia Ortodoxa.

Y una cosa más. ¡Si leéis las vidas de los Santos –aunque os parezcan extrañas estas cosas, y por un momento diréis: “eh, hombre, estas cosas pueden ser mitos“ – veréis que muchas veces cuando los Santos destruían las estatuas de los dioses, entonces, en la época de la idolatría, desde las estatuas salían voces, gritos, blasfemias, protestas …se oían veces amenazadoras! Esto muestra que los demonios protestaban porque el Santo iba a destruir sus nidos, allí donde se rendía culto a ellos por los hombres!

Pero quiero contaros también una historia, para una consolidación aghiográfica por la que terminaré, para que veáis que todas estas cosas no son mitos, sino una terrible realidad.

Como conocerán, cuando los hebreos una vez hicieron la guerra contra los Filisteos –los Filisteos promovieron la guerra- finalmente, por castigo y por divina concesión, permitió el Dios que sea saqueada el arca de Dios, el arca del testamento. Los Filisteos llenos de alegría y fiestas se llevaron este precioso botín y lo llevaron al templo del dios Dagón y lo colocaron a los pies de este dios como botín. Y oíd ahora más abajo por el texto en el 1º Reyes, capítulo 5º:

“Y cuando al siguiente día los de Asdod se levantaron de mañana, he aquí Dagón postrado en tierra delante del arca del Señor; y tomaron a Dagón y lo volvieron a su lugar. Y volviéndose a levantar el siguiente día por la mañana, he aquí que Dagón había caído postrado en tierra delante del arca del Señor; y la cabeza de Dagón y las dos palmas de sus manos estaban cortadas sobre el umbral, habiéndole quedado a Dagón el tronco solamente“ (I Re 3,4). ¡Veis, cayó la estatua y quedó solamente el tronco girado hacia el arca de Dios.

Esto significa que los demonios que anidaban dentro en la estatua de Dagón cuando vieron el arca de Dios, no aguantaron el divino resplandecimiento y cayeron al suelo…

¡Pero qué era en realidad el arca Dios?

Era una caja que tenía en su interior las placas de la ley. El arca de Dios hacía sensible la presencia de Dios; era el pedestal de los pies de Dios (Sal 98,5). Por supuesto que tenemos el segundo mandamiento que dice: “No harás de ti mismo ídolo…de todo que está en la tierra y en el cielo“ (Ex 20, 4). Y a pesar de esto nosotros reverenciamos las iconas y el santa Cruz. ¿Cómo y qué reverenciamos exactamente? He aquí la llave, observadla. Reverenciamos el pedestal de los pies de Él. La Santa Cruz, amigos míos, es el pedestal de los pies de Él. Encima de la Cruz fue extendido el Hijo de Dios. ¡Y la santa Cruz es horrorífica para los demonios!

Esto que niegan los T.J. Milenaristas… y es muy natural que nieguen la cruz, ¡ya que son hombres endemoniados! Sí!

Por tanto, amigos míos, Dagón cayó al suelo y se rompió delante del arca de Dios. Los demonios no podían soportar el resplandecimiento divino de la energía increada, que no está visibles a los ojos de los hombres, sino sólo a los ojos de los demonios.. Esto se explica cuando muchas veces les sucede a los endemoniados cuando van a san Dionisio, a san Esperidón o a las reliquias de los Santos y los demonios gritan ante los Santos: ¡Me estoy quemando…me estoy quemando! ¿Qué quiere decir me quemo? Es la divina doxa-gloria luz increada, que no es visible a los ojos de los hombres, pero visible y perceptible por los demonios, y los demonios realmente se queman.

Amigos, míos, esta es la idolatría y estos los ídolos, es allí donde habita el Diablo y se le rinde culto, se le adora.

¿Qué queréis que os diga?… Qué más queréis que comente, pero repetiré sólo aquello que dice el evangelista Juan terminando su epístola: “Hijitos míos, guardaos y vigilaos de los ídolos“ (1 Jn 5,21), esto dice allí. Yo os diría: Hermanos, guardémonos y vigilémonos de los ídolos, porque en nuestra época los ídolos son muchos y abundantes, y como veremos más abajo tenemos también las profundidades del Satanás (Ap 2,24). Tenemos la residencia del Satanás, tenemos el trono del Satanás, y también tenemos las profundidades de Satanás.

Continua, amigos míos Su epístola hacia el obispo de Pérgamo y le dice: «pero retienes firmemente la confesión mi nombre, y no has negado mi fe, ni aun en los días en que Antipas mi testigo fiel quien fue muerto entre vosotros, en vuestra ciudad, donde habita Satanás » (Ap 2,13).

El Señor dirigiéndose al obispo de Pérgamo, como os dije, dice que a pesar del ambiente tan terriblemente idololátrico, por el que hemos hablado anteriormente, el obispo retuvo el nombre de Cristo, y no negó su fe a Él.

Así vemos que sea realizado el logos profético del Señor que tenemos en los Evangelios: “Seréis odiados por todos a causa de mi nombre“ (Mt 10, 22 y 24,29; Mrc 13,13; Lc 21,17).

Aquí quizás surja la pregunta: “¿Por qué debe ser que los fieles serán odiados, sólo porque creen en Cristo?”. Exactamente porque detrás del odio de los hombres está el odio del Satanás. Nunca ha sido odiado uno por tener cualquier otra creencia y religión. Decidme: ¿tiene mártires el budismo, el mohametanismo…? Sólo el Cristianismo, porque el Cristianismo es la fe auténtica; todas las demás religiones y creencias son fabricaciones humanas, allí se rinde culto al Diablo, y el Diablo no combate contra sí mismo, porque, según el logos del Señor, si el Diablo combatiese contra sí mismo, entonces ya se hubiera disuelto (Mt 12, 25-26). Pero combate la verdadera fe, guerrea contra la fe de Cristo. Por esta razón siembra el odio a los corazones de los hombres, y ellos se vuelven contra el Cristianismo.

Así que vemos el logos del Señor “seréis odiados por todos a causa de mi nombre“, ahora encuentra la realización aquí en la ciudad de Pérgamo, pero también a donde existe el Cristianismo.

Pero el Señor dijo al obispo que retienes firmemente la confesión de mi nombre, como si el nombre fuera un objeto que lo retenemos en nuestras manos. Pero qué significa que “retengo el nombre de Cristo“.

Esto tiene una importancia y valor muy grande. “Retengo el nombre de Cristo“ significa que no lo he tirado por tierra para que sea pisoteado y despreciado.“Retengo el nombre de Cristo“, pues, significa que retengo firme la fe en Cristo y la vida que dice el Cristo. O sea, en otras palabras, “retengo el nombre de Cristo“ significa que mantengo y retengo la Ortodoxia y la Ortopraxía. Sobre todo en nuestra época más que nunca, en donde todo es pisoteado, tanto la fe como la vida cristiana, es una cuestión muy grande poder uno retener firmemente a lo alto el nombre de Cristo.

Así que, hermanos míos, el vivir cristianamente, el creer en Cristo, significa que retenemos a lo alto el nombre de Cristo.

Por supuesto que el obispo retenía a lo alto el nombre de Cristo, esto era una de las cualidades de su predecesor, del Antipa. En efecto que es el único nombre que se refiere en el libro del Apocalipsis, y principalmente en las siete epístolas. En las otras dice: “escribe al obispo, al ángel de tal ciudad A o B…“, pero sin nombre. Es el único nombre que se refiere aquí, el único. Y esto es muy importante, porque dentro de todo que es cuestión referente a las facetas de la Iglesia, la posición o cuestión del nombre tiene mucho valor.

No obstante el predecesor del receptor de la epístola que era Antipas, había retenido a lo alto el nombre de Cristo. Dice el Señor: … allí donde mi testigo fiel Antipas fue muerto o asesinado entre vosotros en vuestra ciudad, allí donde habita Satanás.

Especialmente nos llama la atención este impresionante tono particular con el que el Señor habla sobre este obispo. Le llama “mártir“, título que ya se ha mencionado para sí mismo Señor –en el capítulo anterior lo habíamos visto esto- cuando el Evangelista dice sobre Jesús Cristo que es “el mártir, el fiel“ (Ap 1,5). Este título se refiere también al capítulo 3º, versículo 15, tal como en el anterior: “YoSoY el testigo el fiel, el verdadero“.

Aún en esta calificación de que el Antipa es el mártir de Cristo es añadido aquel “mi“, “mi mártir“. Esto indica una ternura, demuestra una agapi y un reconocimiento familiarizado de Antipa hacia Cristo por su martirio. Tal como veis amigos míos, el martirio de Cristo es un capítulo muy grande, ¡es una admirable familiarización con el Mártir Grande, el Cristo!

También al título honorable “mi mártir“ se añade una palabra más, el adjetivo “fiel“, “mi mártir el fiel“. Así vemos una versión más cercana al título que tiene el Cristo para Sí Mismo que sea atribuido también al Antipa. ¿No os llama la atención esto? A mí me impresiona mucho que las cualidades que tiene el Cristo, como hijo del hombre, las atribuye en aquellos que Le aman y mueren por Él. Por tanto, el Antipa es “Su mártir fiel“.

¿Pero quién era este admirable “mártir fiel“, según el testimonio del Señor? ¿Quién es este Antipa?

Era el primer obispo de Pérgamo. Según la tradición, cuando san Antipa controló e inspeccionó a los demonios adorados delante de los ídolos, ellos empezaron a insultar y protestar delante de los idólatras –eran voces que salían desde el interior de las estatuas, como ya se ha mencionado- ¡diciendo que se marcharán de la ciudad de Pérgamo, porque el Antipa los expulsa! Esto ha sucedido por muchos Santos, y os expliqué la vez pasada, cómo los demonios que anidan en los ídolos son los que se adoran, y que protestan cuando se detiene ante ellos un Santo de Dios.

Cuando los idólatras oyeron esto, arrebataron a Antipa y le echaron dentro en una estatua de buey de bronce que hacían magias, digamos que por dentro estaría vacío. Lo abrieron y tiraron dentro a san Antipa, encendieron fuego por abajo y le quemaron dentro en este buey de bronce. Así que es Mártir, que martirizó cuando estaba Domiciano el año 83 dC y nuestra Iglesia le honra el 11 de Abril.

Después de esto naturalmente muy honorífico para la ciudad de Pérgamo, el Señor dice: Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la enseñanza de Balaam, mago de los nacionales, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, para arrastrarlos a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a extraviarse en fornicación. Y también tienes a los que retienen la enseñanza de los nicolaítas, [la que algunos judíos la han mantenido como en la época de Balaam, la que yo odio].

¡Así que existen también las quejas de Jesús! ¡Tengo algunas cosas contra ti! Pero estas cosas, como os dije, son pocas, y se trata de las influencias del ambiente idólatra en la vida de algunos cristianos que el obispo no prestó atención suficiente.

Apuntad que entonces la Iglesia estaba cerrada; estaba cerrada con todo el sentido de la palabra, tal y como una fruta que crece en un árbol, y el crecimiento es desde dentro hacia fuera. Tomad por favor  un fruto, y para que el ejemplo sea impresionante, tomad un fruto grande, por ejemplo una sandía. Veis que en la planta-sandía una pequeña sandía, es pequeñísima. Esto empieza a crecer y crecer…pero cómo crece. Desde dentro hacia fuera. No viene de fuera a añadirse algo para crecer la fruta sandía, sino que por dentro algo se hace y crece. ¿Qué es este algo que se hace? Por supuesto que toma de un talo, toma agua, toma alimentos a través del agua, y se alimenta y se hace grande desde dentro hacia fuera.

Esto sucedía también en la Iglesia antigua, y esto se debe hacer siempre en la Iglesia. Es decir, había un talo, había una puerta, la puerta de los catecúmenos. Serás catequizado, serás probado y después serás bautizado y te convertirás y te harás miembro de la Iglesia de Cristo.

La Iglesia de Cristo, pues, estaba cerrada. No podías entrar en ella, si antes no se había probado tu valor, quién eres, tú fe, tu virtud y tu vida. Y las puertas estaban cerradas, no sólo en el sentido del Bautismo, sino también en el sentido técnico del término. Aquello de “las puertas las puertas” (petición antes del Símbolo de la fe) exactamente esto salvaguarda, es decir, que dentro en la Iglesia los guardianes, los porteros cerraban la puerta, para que no entrase ningún infiel ni siquiera catecúmeno. Los catecúmenos antes del Misterio de la Divina Efjaristía, se marchaban de la Divina Liturgia. Por eso cerraban las puertas, salían todos fuera, y dentro quedaban sólo los fieles, los cuales participaban y seguían la Divina Liturgia para comulgar o tomar la divina comunión.

Pero parece que se habían creado algunos antecedentes en los miembros de la Iglesia, de modo que algunos fueran influenciados y recibir desde el ambiente idólatra esta enseñanza de los idólatras, de los Nicolaítas, que habíamos analizado la vez anterior. Pero esto no ha gustado al Señor, quería que los miembros de la Iglesia sean como Él quiere. Por eso protestó contra el obispo y le dice: “Tengo unas pocas cosas contra ti”.

Si con la icona-imagen que os descrito hoy tendríamos que ver nuestra época, ¿qué diríamos? ¿La Iglesia hoy está cerrada o abierta? Desgraciadamente  está abierta. ¡Sus puertas ya no se cierran, no sólo con el sentido técnico de la palabra, si no que ni siquiera sabemos quiénes son los entran en la Iglesia! ¡Y lo peor es que, tal como nos hemos transformado, ya nadie conoce, ni el sacerdote su rebaño, ni el rebaño conoce al sacerdote, ya somos desconocidos! En antiguas épocas los Cristianos, cuando se decía “las puertas, las puertas”, uno miraba al otro a ver si había entrado algún desconocido. Y naturalmente no podía permanecer ningún desconocido dentro en la Iglesia. Esto se salvaguarda en una otra Liturgia, antigua Liturgia.

Así que no se qué diría hoy en día el Señor, amados míos, a cada obispo. ¿Qué le diría?, que “tengo unas pocas cosas contra ti” o que “has dejado a los Nicolaítas influenciar a la vida de tus fieles”, ¡cuando se introduce en la vida de los fieles la televisión, la radio, el teatro, el cine, el modo de vida aquel que ya existe hoy en día y no sabemos reaccionar! ¿Sabéis cómo podríamos asimilar toda esta cuestión? Pues, como una cesta perforada que vamos a poner agua. ¿Cómo se va a retener el agua en la cesta?… ¿Qué vas a retener… qué vas a tapar…qué agujero cierras para retener el agua en la cesta?… Es una situación terrible. ¡Y hoy en día el Señor no nos diría que tiene “algunas pocas cosas contra nosotros” sino que tendría muchas, demasiadas!

Parece ya que el rebaño debe guardarse de sí mismo. ¡Así parece! Atención lo que he dicho: ¡No esperéis que os guardemos o protejamos nosotros! Lo siento. ¡Protegeos y guardaos vosotros a sí mismos! Si cada uno no se vigila y no se protege a sí mismo, no esperéis que os proteja algún otro. Lo siento mucho que lo digo, pero os expliqué, el porqué. ¡Realmente a qué agujero taparemos del cesto…allí donde hemos llegado! Lo entendéis también solos esto.

No obstante que tengamos cuidado algo. Aquí el Señor, con el ejemplo que menciona al obispo de Pérgamo, presenta la acción y el método de los Nicolaítas. Y estas cosas son muy importantes, porque simplemente estos dos elementos y datos continúan existiendo siempre en la Historia, por consiguiente en nuestra época también, y debemos señalarlas. Subrayo: debemos señalar estos elementos, conocimientos y datos.

El Señor para recalcar con qué modo actúan estos Nicolaítas, menciona una historia antigua, y esta historia antigua es del libro de Números. Y ya que el Señor allí hace Su referencia, y dice: “Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas”. Es decir, tú también lo mismo, igual que entonces (en el antiguo tiempo), en la época que los hebreos se encontraban al desierto y sucedió aquel incidente, así también tú tienes los Nicolaítas, los cuales actúan y maquinan sus actos como entonces hacía Balaam, que dijo a Balac qué hacer”. 

Pero para que percibamos y entendamos, amigos míos, también la acción y el método que utilizan los enemigos de la Iglesia –hasta hoy en este momento que os estoy hablando y hasta que termine la Historia, el mismo método y la misma acción tendrán los enemigos de la Iglesia- debemos referirnos en pocas palabras a esta antigua historia, para ver las principales cualidades de ella. Está en el libro de Números, como os dije, en los capítulos 22, 23, 24,25 y 31.

Los Israelitas después de su éxodo-salida de Egipto y de sus muchas peripecias en el desierto, bajo guía y jefe siempre de Moisés, vinieron y se instalaron a la parte oriental del río Jordán, en la región donde estaban los Moabitas y los Madianitas. En efecto, hasta allí termina también la historia de Moisés, porque después subió encima de la montaña y contempló desde lejos la tierra prometida, y murió allí en la montaña. Después asumió el liderazgo de jefe el Jesús de Naví, quien siempre con la ayuda de Dios, ayudó a los hebreos y pasaron el río Jordán de la misma manera que pasaron por el mar rojo. Se partió el agua de la misma manera, de modo que adquiera prestigio y autoridad como jefe el Jesús de Naví, y sea manifestado que la jaris-gracia energía increada de Dios no la tenía sólo Moisés, sino también la poseía Jesús de Naví. Y los Hebreos cruzaron el río Jordán llegaron hasta Jericó, conquistaron la primera ciudad de la “tierra prometida”, y a continuación, por aquellas guerras santas conquistaron la “tierra prometida”, tal como nos lo describen más abajo los libros de Jueces, etcétera.

Pero el rey de los Moabitas, Balac, percibió que los Hebreos habían acampado frente de él- que entonces eran dos millones de hombres- y se alarmó. Se alarmó como es muy natural que sea alarmado cualquier rey y cualquier jefe de un pueblo o estado cuando vea que mucha gente ha acampado en sus fronteras.

En efecto, en aquellas épocas y después de esto y por muchos siglos, los movimientos y traslados de pueblos era algo acostumbrado. Hoy no tenemos tantos traslados de pueblos; pero no hace mucho era un fenómeno acostumbrado. Así que también los Hebreos, un pueblo entero, se trasladaba para conquistar la “tierra prometida”.

Pero como os he explicado, Balac sintió en su interior gran inquietud y no sabía qué hacer. Entonces llamó a los ancianos de los Moabitas y los ancianos de los Madianitas en una reunión conjunta para decidir lo qué deberían hacer. Y se decidió llamar a un conocido mago, el Balaam que habitaba en Mesopotamia, es decir, bastante lejos, con la esperanza de que si éste mago estuviera junto con ellos maldeciría a los Israelitas, y así los Israelitas serían destruidos en el desierto, no sé de qué modo, pero así se salvarían los Moabitas y los Madianitas.

Realmente mandaron un séquito a Mesopotamia con muchos regalos y dijeron a Balaam: “Tu recompensa será muy rica. Nuestro rey quiere que vengas a maldecir a un pueblo que apareció en nuestras fronteras y te recompensará muy ricamente”. Dice entonces Balaam: “Bien, quedaos esta noche aquí y mañana os responderé”. Por la noche aparece el Señor, el Señor de Israel, el Dios, y le dice: “¿Por qué han venido estos a llevarte de aquí? No, tú no te marcharás de aquí, no te irás con ellos”.

Por la mañana les responde: “Lo siento mucho, pero no podré venir. Aunque me den toda la fortuna del rey, yo no podré venir”. Y así se marcharon sin resultado.

Balac se entristeció, y manda otro séquito, con personas más relevantes, otra vez con muchos regalos. Balaam les dijo lo mismo: “Bien, quedaos esta noche aquí y mañana os responderé”.

Y Dios le dice: “Como han venido, vete con ellos, ¡pero ten cuidado que dirás exactamente lo que yo voy a poner en tu boca!”

Y no voy a deciros muchas cosas sobre esto, porque la historia es grande y descrita en cinco capítulos. Balaam, cuando partió, en algún momento en el camino el asno paró, y él se enfadó y lo pegó, sin saber que era un ángel que le impedía a avanzar caminando etc… dejo todo esto podéis leerlo en Números… Finalmente Balaam llegó a la tierra Moab.

Se alegró el rey Balac por ver a Balaam, y le dice: “Ahora ven aquí para mostrarte los Israelitas”. Le subió en una montaña alta  y le dice: “¿Ves a los que están acampados? A estos quiero que los maldigas. ¡Quiero que sean destruidos, desaparecidos de mis ojos!

Le responde Balaam: “Bien, tráeme siete bueyes más siete ovejas y haz siete altares y sacrifícalos. Y ten mucho cuidado lo que te voy a decir: lo que Dios ponga en mi boca, o lo que me va a dictar, esto te voy a responder.

¡Realmente se hizo el sacrificio allí, y después Balaam empezó hablar y elogiar a los Israelitas!

Balac se aterrizó, y le dice: “Yo te he traído para que maldigas a este pueblo, ¡y tú me los estás elogiando!…”

“¿No te dije que lo que Dios me ponga en mi boca, esto te voy a responder?”, le respondió Balaam.

Le toma de esta parte y le lleva en otro lugar, en otra parte del acampado, porque no se veía todo el acampado junto, y le dice: ¿Ves a los Israelitas?, quiero que los maldigas”.

Vale, bien, responde Balaam.

Otra vez hizo siete altares y se hizo el nuevo sacrificio, con los correspondientes animales, pero otra vez habló de elogios sobre los Israelitas.

Empezó a enfadarse Balac. Le toma de allí y le lleva a la tercera parte. Cuando se hizo también este sacrificio, sabiendo ya Balaam que Dios le obliga a profetizar una profecía, ¡una sorprendente profecía a favor de los Hebreos, antes de terminar el sacrificio, comienza los elogios y alabanzas sin precedentes a favor de los Hebreos! Él habló sobre todo también sobre la estrella que sería saliendo… ¡Y parece que aquella estrella que apareció en el Nacimiento de Cristo, es la que profetizó Balaam, el nacional e idólatra! Veis que Dios no se compromete ni tiene problema de poner la verdad también en la boca de un idólatra. Tal y como hizo también con Nabucodonosor mostrando aquella visión admirable para Su Iglesia (Dan 2, 31-45), pero también a Faraón aquellos conocidos sueños de las siete plagas (Gen 41, 17-31).

Entonces Balac se enfureció tremendamente, y le dice: “No te pagaré nada. ¡Vete de aquí, y que no vuelva a verte!”.

Pero Balaam era muy avaricioso, amaba el dinero, y pensó que no podría actuar de distinta manera, ya que Dios le ponía en su boca este logos. Os acordáis también de aquella peripecia en el camino con el burrito, que os he contado, con el burrito que no caminaba, y cuando le pegó fuerte, giró la cabeza a su pedestal y gritó: “¿Por qué me pegas?, ¡con voz humana! Se aterrorizó Balaam y entonces volvió y vio al ángel delante suyo con una espada diciéndole: “Yo impido tu animal”, porque vas junto con los otros, el séquito, mientras que no debería ir, y allí le paró el ángel.

El tema es que no podía decir y hacer algo distinto, sentía miedo. Pero como idólatra que era, tenía una percepción pobre sobre Dios, y quizás pensaba y creía que Dios allí oye, pero aquí no oye. Por eso el Señor, cuando reveló-apocaliptó su nombre a Moisés, dijo: “YoSoY el Señor, el Señor de todo”. Esto significa que no hay otro Dios, en cualquier parte que nos encontremos, Él es y está en todas partes el Señor. No es de ayer ni de mañana, es el eterno Dios.

Así que, por una parte, esta gnosis de él reducida y defectuosa sobre Dios, y por otra parte, su avaricia, le hicieron hacer algo que por regla general se hace por los hombres cuando se proyectan dineros, el interés propio, que en algún momento tienden a estropearse, y después vienen las negociaciones. Dice a Balac lo siguiente: “Yo no podía decirte algo distinto de aquello que me obligaba Dios a decirte. Pero ten cuidado lo que ahora te voy a decir, pero en la oreja. Te diré un consejo sobre lo qué vas hacer para vencer a los Hebreos. Escúchame:

“Intentarás a arrastrar los hebreos en dos cosas: uno es que rindan culto no a Dios de ellos, sino a tu dios, y lo segundo, es hacerlos caer en la fornicación. Entonces el Dios de ellos se enfurecerá, porque no quiere que Su pueblo rinda culto a otros dioses, ni que caigan a la fornicación o la lujuria. Por tanto, estas dos cosas te aconsejo, ocúpate que sean arrastrados a la idolatría, tal como diríamos hoy, y seducidos a la fornicación, lujuria; y entonces verás que se enfadará el Dios de ellos, y caerá un mal grande en este pueblo y será destruido y tú te salvarás”.

La historia nos dice que Balaam, cuando dio su consejo no se marchó de la tierra de Moab, se quedó allí, y fue castigado, le cortaron la cabeza y no consiguió ganar nada (Num 31,8).

No obstante oíd.

El método es terrible: es el engatusamiento. Cuando no podemos entrar en las cosas por la violencia, por las armas, entonces entramos por la penetración y por el sobresalto. Con estos dos y sobre todo con una penetración de buenas intenciones y formas, es decir, con el intento de atraer a los otros detrás de nuestras huellas, difundiendo que difundiremos introduciendo dos cosas, la idolatría y la fornicación, entonces conseguimos lo que queremos.

Escuchad, pues: Los Moabitas hacían una fiesta en honor a Baal-fegor, es decir, el dios de ellos, e invitaron a los Hebreos a presentarse y participar a la fiesta. “Moraba Israel en Sitim; y el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab, las cuales invitaban al pueblo a los sacrificios de sus dioses; y el pueblo comió, y se inclinó a sus dioses. Así acudió el pueblo a Baal-peor o Baal-fegor; y el furor del Señor se encendió contra Israel” (Num 25, 1-3).

Es decir, allí salieron las chicas bien vestidas, adornadas, maquilladas y bonitas – por si no lo supieran, el maquillaje, el teñido de los pelos, el pintar de los labios y de los ojos son muy antiguos- y ofrecieron sacrificios, es decir, ídolos y reverenciaron a los ídolos de los Moabitas, y se celebró el ritual y la fiesta en honor del dios Baal-fegor, y así el Señor se enfadó.

Y entonces sucedió algo terrible, amigos míos. Entonces Moisés mandó, después de mandamiento de Dios, a que sean degollados todos aquellos que fueron, fornicaron y ofrecieron sacrificios a los ídolos. Sobre todo dijo Moisés: “¡No tengan compasión ni pena, si es vuestro padre, hermano o vuestro hijo!”. ¡Y empezó el degollamiento en el cuartel y en aquel día fueron degollados veinticuatro mil hombres!

¿Y la ira de Dios sabéis con qué se paró? Cuando Fineés, por una acción provocativa, intervino dinámicamente. Es decir, cuando un soberano israelita metió en el cuartel una mujer moabita de forma provocativa, delante de los ojos de los Hebreos, y la llevó en la cabaña para fornicarla. ¡Y entonces se encendió de furor sagrado de Fineés, toma una lanza y se fue a la cabaña y con la danza clavó a los dos en la tierra! “Y entonces esta acción fue considerada como virtud ante Dios, y cesó la ira de Dios contra los Hebreos” (Num 25, 10-13)

Por tanto, tenía razón Balaam cuando sugirió e indicó esta acción a Balac y le dio este aconsejo: “Ponlos a pecar, y verás que el Dios se enfurecerá contra ellos”.

Por tanto, dice el Señor ahora en el Apocalipsis, a Su epístola que manda al obispo de Pérgamo: “Sabes lo qué hizo entonces Balaam, que aconsejó a Balac que coman de los sacrificios de los ídolos, ofrecer sacrifico a falsos dioses, a los ídolos y fornicar. ¡La misma cosa hacen ahora los Nicolaítas dentro en tu Iglesia, la misma cosa! Pero ¿qué es exactamente lo que hacen?

Los pecados antiguos de Israel, como os he recalcado, eran la fornicación y la idolatría. Pero exactamente estos dos son la acción y el método tramposo también de los enemigos de la Iglesia. Porque nunca han faltado los enemigos de la Iglesia, que de esta manera intentan a afectar y pervertir a los Cristianos

Es característico y digno de observar que Balaam en hebreo quiere decir Nicolaos. Y no es casualidad que la herejía se llamaba Nicolaítas. Y Nicolaos tiene dos significados: el primero es victoria del pueblo, y el segundo es el que vence al pueblo. Por tanto, con el segundo significado de la palabra quiere decir, aquel que vence al pueblo, es decir, al que destruye al pueblo. Así, ya que Balaam que en hebreo quiere decir Nicolaos, es el que destruye al pueblo de Dios, entonces Balaamitas o Nicolaítas en la lengua helénica, son los que destruyen el laós-pueblo de Dios.

Puede que algunos por un momento se pregunten si existieron o no existieron históricamente los Nicolaítas, o quizá es una icona-representación que nos presenta el Señor para hablar de los perversores, boicoteadores y tramposos de Su propio laós-pueblo. Pero parece que históricamente existían, porque también san Epifanio de Chipre, y también otros Padres de nuestra Iglesia, los primeros Padres, como san Irineo y san Eusebio de Kesarea, mencionan los Nicolaítas como un caso histórico.

Realmente había heréticos que tenían el sobrenombre de Nicolaítas. Pero aquello que quiere recalcar el Señor, y que uno lo vea muy claro y con este nombre, y que nos interesa a nosotros hoy en día es esto: Los Nicolaítas hoy con este nombre no existen, no existe esta herejía como comunidad; ¡pero los Nicolaítas existen! Por tanto, nos interesa aprender la acción y el método de los enemigos de Dios, es decir, de los Nicolaítas, de los Balaamitas. Y cuál es esta: el fornicar y el idolatrar. Es decir, los Nicolaítas ya son un tipo o modelo, ¿lo percibís, lo entendéis? Balaam es el tipo de la perversión, la trampa, el sabotaje y la corrupción del nuevo Israel de la jaris (Gracia, energía increada), es decir, de los Cristianos. Esto como método lo vemos muy extendido dentro de la Historia.

Os diré algo que es de los antiguos tiempos. Como sabréis, una vez san Crisóstomo se metió contra la corte real. Se hicieron muchas reuniones y consejos para ver cómo van a exterminar el archi-obispo de Constantinopla, a éste que lo habían raptado y traído en un coche o caro, con el pretexto de darle una excursión o una vuelta a los alrededores de Antioquía… y el coche se iba a Constantinopla para hacerle archi-obispo o patriarca! ¡Y san Crisóstomo fue hecho obispo por rapto! A este hombre ahora lo quieren exterminar. Por supuesto que no el laós-pueblo. El laós se quedó fiel a san Crisóstomo. Leed por favor la biografía de san Crisóstomo, y veréis qué cosas terribles sucedieron en la época de san Crisóstomo.

Pues, ¿qué creéis que fue propuesto por el círculo de los de la corte real contra san Crisóstomo? Se propusieron muchas cosas, pero lo más mal astuto y vil de todo fue esto: ¡intentad hacer a Juan que peque! Porque a la propuesta que se le quitara la fortuna se dijo que Juan no tenía ninguna fortuna o si había alguna fortuna o bienes eran de la Iglesia, y por tanto serían privados de los pobres. A la propuesta que se le fuera quitada la vida o enviarlo al exilio había el antílogo de que Juan el Crisóstomo no le interesaba nada esto, porque él deseaba ser rápidamente traspasado al Cielo. ¡Nada amenazaba a Crisóstomo, nada de nada! Una cosa solamente –correctamente- temía el santo Padre: ¡el pecado! Y se propuso exactamente esto: ¡hacerle pecar! ¡Habéis visto consejo demoníaco! ¡Hacedle pecar!

Eh, pues, no se disuelve el laós-pueblo de Dios, sino solamente cuando peca. Y los enemigos esto lo conocen muy bien, porque los inspira el introductor del mal, el Diablo. ¿Y qué hacen? Aplican dos métodos: la apostasía de Dios y la fornicación.

Echad una ojeada en nuestra época y veréis cómo se pervierte nuestra juventud, y veréis que se utiliza el mismo método y la misma acción o actitud.

Los Protocolos de los Sabios de Sión, que son obras de los Sionistas Hebreos, son y se sostienen en el mismo método. Tomad el libro y leed sobre los Protocolos de los Sabios de Sión –el libro es barato- ¡compradlo para ver qué escribe dentro! Es el método de la trampa y la corrupción: entraremos en los pueblos y los paralizaremos, es decir, introduciremos la fornicación y la apostasía de Dios de cualquier manera.

Así de este modo, emprenden a corroer y pervertir al laos-pueblo de Dios con el pansexualismo, el unisex, es decir, la igualdad de géneros… ¡Como si el Cristianismo no propuso la igualdad o equivalencia de los géneros! ¡No les gusta la equivalencia de los sexos, según lo “¡no hay varón ni mujer!” (Gal 3,28) del Evangelio. Ellos quieren lo unisex, la uniformidad de los sexos, es decir, un otro invento que es lo inverso: que el hombre se vista con prendas de mujer y la mujer con prendas de hombre… o la mujer que corte su pelo, el hombre que deje el pelo como mujer… el hombre que ponga zapatos con tacones!… Emprenden esta cosa, esta inversión.

Otro método es la súper calumnia, desprecios y mentiras contra el Cristianismo y de la Iglesia. “El Cristianismo se ha acabado, ha quebrado, la Iglesia es así, o asá… los sacerdotes así, los obispos son de tal manera….! Por no decir que se han ocupado -porque existen acciones paralelas- para ir aniquilando mandos de la Iglesia. ¿Cómo los aniquilan? Siempre con el mismo método. ¡Es una cosa terrible! Porque, amigos míos, si no denunciamos y no señalamos a estos peligros, estas corrupciones y trampas, no podemos ni si quiera como mandos o instrumentos mantenernos dentro en la Iglesia. ¡No podemos permanecer, ni estar, no!

Vienen con modales buenos. Si en algún momento ven algún hombre celoso o entusiasmado (en Cristo) que dice la verdad, no van a hablarlo bruscamente. ¡De vez en cuando rechinan sus dientes, pero después se le acercan con buenas maneras y le dicen que tiene razón y que habla muy correctamente! “Eh, pasa por mi casa te invitamos; ven, nos vemos y hablamos…”…aquello o lo otro… Ofrecen regalos –atención ofrecen regalos!- ofrecen favores… estas son las trampas! Así poco a poco aniquilan también los mandos de la Iglesia…

Y desgraciadamente –algo que es digno de muchas lágrimas- muchos mandos de nuestra Iglesia se han corrompido tanto por los dos métodos del antiguo consejo de Balaam, como en el tema de la apostasía y al tema de la variedad del pecado, del pecado en sentido y significado amplio –porque el pecado no es sólo la fornicación por sí misma, sino en cada cosa que se refiera al disfrute y placer de los bienes presentes (materialismo y hedonismo), también en el dinero o cualquier otra cosa como queráis llamarla.

Pero principalmente echan todo el peso al primero, al tema de la apostasía, cuando ofrecen libros, introducen varias teorías, y se acercan a los mandos de nuestra Iglesia, y desgraciadamente estos corresponden. Por eso desgraciadamente existen también mandos de la Iglesia que puede que sean Masones, puede que sean espiritistas o….ateos! Esto diría que es una traición a la Iglesia.

Me diréis: “¿Puede ser que el párroco de nuestra parroquia ser un ateo?”. Amigos míos, observad vosotros y sacaréis las conclusiones. Por eso os decía antes que vosotros os cuidaréis de salvarse a sí mismos, no esperéis de nosotros. No por supuesto –por Dios- no que todos los mandos de la Iglesia son hombres vendidos, corrompidos y traidores, ´que Dios nos guarde- sin embargo existen bastantes!

Ya conocemos que de los ocho mil sacerdotes, según un testimonio, mil no creen en Dios!…., no creen ni siquiera en el mismo Misterio de la Divina Efjaristía!… ¡No creen en nada! ¡Nada de nada!…

Lo siento mucho que lo digo esto, pero lo digo porque el mismo Señor las revela estas cosas, cuando dice: “¡Estos de este tipo tienes dentro en la Iglesia. Por tanto ten cuidado, si no te arrepientes y no vuelves a la metania, volveré contra ti!” Y debemos avisar también el pleroma-tripulación de la Iglesia, porque los enemigos de la Iglesia primero intentan a atacar las cabezas y después al laós-pueblo. Cuando las cabezas son las que son, entonces, ¿el laós-pueblo qué debe hacer después? ¿Entregarse?… Pero por eso decimos estas cosas, para no entregarse.

¡Atención! Que no os infunda el pánico por las cosas que os he dicho. No significa que cada clérigo es un ser humano que no cuida bien su trabajo, no ama y no cree en Dios; no lo toméis así; ni tampoco quiero haceros desconfiados y suspicaces. Simplemente, si alguna vez percibís que el responsable de vuestra parroquia no os cree, o el superior, y el más superior y no sé quién más, no digáis: “Si este no cree, entonces por qué yo tengo que creer”. No. Y si este no cree, tú creerás, porque el Señor es verdadero. Y estarás creyendo y amando al Señor. ¡Pero, ay de aquel clérigo!… Los días que vivimos son tremendos, terribles, realmente son ésjatos-postreros días! (año 1980).

El Señor nos ha avisado sobre esto. Nos habló de obreros malos, nos habló de herejías que aumentarán, nos habló sobre los asalariados (Lc 13,17; Mt 24,24; Mrc 13,21; Jn 10, 12-13). Y asalariado no es aquel que será pagado para comprar sus alimentos para comer, sino que es aquel que tiene la psicología de asalariado. Atención, son dos conceptos distintos. Cada sacerdote tiene que cobrar para poder mantener su familia; pero no se dice asalariado en este sentido, en el sentido de la psicología es asalariado. Es decir: ¿Me pagas?, entonces te haré una Divina Liturgia y oraré por ti: ¿No me pagas?, pues, no hago nada por ti, no me interesa. ¡Padrecito, no te interesa!…

Como sabréis, antiguamente, los maestros y los oficiales del ejército no decían recibo salario, sino recibo indemnización. Eran misiones, servicios u oficios sociales. Es decir, esto no significa que cuando no me paga el estado, yo no voy a enseñar o a combatir. Yo iré a enseñar y combatiré, tanto si me paga el estado como si no me paga. Son dos conceptos distintos. ¿Y esto por qué? Porque no soy asalariado, no tengo psicología de asalariado.

Por tanto, como entenderéis, amados míos, las cosas son demasiado feas, y os aviso para que lo sepáis. Por eso vemos todas estas cosas que antes os decía, que podríamos llamarlas “fuerzas ocultas oscuras”, que atacan de cualquier medio y forma. Estas son las “fuerzas ocultas oscuras”, que atacan y combaten contra los vigilantes, los que están en alerta y nipsis por la Fe y los insultan y calumnian muchas veces con adornados adjetivos vulgares, porque son el impedimento a esta obra destructora de las fuerzas ocultas. Así se explica por qué estos contemporáneos Nicolaítas atacan a cada presencia cristiana y resistencia.

Una cosa, os vuelvo a avisar: ¡el enemigo está en el interior de las murallas! Entendéis, repito: cuán difíciles son nuestros tiempos y qué peso llevan encima los que están en alerta y vigilancia. Pero estaos en vigilia, despiertos también vosotros. Repetiré que el lema, la consigna de ellos es: ¡Apostasía de Dios, ateísmo -¡que hoy en día el ateísmo lo vemos expandido!- y por el otro lado deleites carnales de cualquier manera y en el sentido amplio!

Para estos, los de entonces y todos los de siempre pero también los actuales Nicolaítas, escribe el Apóstol Pedro: «Éstos son inmundicias y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros, se recrean en sus errores. Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón ejercitado y habituado a la codicia, y son hijos de maldición. Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad, y fue reprendido por su iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refrenó la locura del profeta. Éstos son fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre-el Infierno! Ay amigos míos, terrible…no lo digo yo sino el logos de Dios lo dice, tienen sus corazones ejercitados en la codicia…hijos del infierno, hijos de la maldición! Así habla el logos de Dios sobre los Nicolaítas de todos los siglos.

Pero vamos a fijarnos y tener cuidado en algo más aún. En esta observación que hace el Señor al obispo de Pérgamo, cuando le dice que Balaam enseñó a Balac “introducir escándalo ante los hijos de Israel”, tenemos el fenómeno del escándalo.

Como sabéis, el escándalo, por el que habló el Señor en los Evangelios, no es más que un tropiezo a la fe en nombre de Jesús Cristo y a la ética.

En el primer caso, el de la fe en Su nombre, el Señor dijo lo siguiente: «Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar» (Mt 18,6; Mrc 9,42;  Lc 17,2).

Es decir, si alguno escandaliza uno de estos niños o desprecio mundano –los hombres sencillos, los escandaliza en mi nombre- o sea, que diga: “¡Qué tontería crees en Cristo, esto es un cuento… qué y quién es Jesús, sólo los tontos creen en Él…, le conviene más que vaya a suicidarse… que tome una piedra de molino la ponga en su cuello y vaya a zumbarse al mar! Le conviene, porque así su castigo será menor. Pero su pecado como suicida será menor que el que diga al otro que no crea en mi nombre.

Hoy en día estos escándalos son y están en abundancia y muy amplios. Existen maestros y profesores, por suerte no todos, que dicen: “Para qué pierdes el tiempo creyendo en Cristo?… esto es un cuento muy anticuado ya”. ¡Existen padres que dicen esto a sus hijos! Y toda la sociedad esto dice de cualquier modo, con sus impresos, y con los medios de comunicación de muchas maneras de forma encubierta y abierta. “¿Os sentáis y os ocupáis de Jesús Cristo no vale la pena?” Sí! ¿Y para ellos qué conviene? Lo dijo el Señor.

A lo referente al segundo caso, el mismo Señor dijo a continuación: «¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo o el escándalo!» (Mt 18,7). ¿Qué escándalos? Ahora escándalos de naturaleza ética; es decir, que uno salga semidesnudo y escandalice a los demás, las psiques-almas que no tienen ayuda y apoyo, tal como nos dijo el apóstol Pedro. Aquí habla especialmente sobre temas éticos en el sentido y significado fino, estrecho de la palabra. Sale una señora semidesnuda y provoca a los demás, y caen al pecado. ¡Por eso dice, “ay de la gente por los escándalos” que tiene que afrontar!

De todas formas es digno de observar, y lo repetiré de nuevo, que Balac usó, por consejo de Balaam, los dos tipos de escándalos, tanto en el tema de la fe como en el tema de la ética, es decir, estos dos que he dicho, abundan en nuestros tiempos.

Así que, os ruego mucho, rogaré mucho, amigos míos, que reconsideremos y reflexionemos sobre nuestras responsabilidades que tenemos ante los demás hombres y sobre todo ante los niños y los jóvenes. Y los padres, los pedagogos, los maestros, los profesores, nosotros los clérigos, el estado y en general la sociedad, que estemos delante de nuestros hijos con respeto, es la generación que viene. Esta generación será alimentada y creada con incredulidad, sin fe y con pecados carnales, esta volverá contra nosotros (Año 1980, parece que se cumple a pie de la letra lo que aquí dice el Yérontas). El Señor nos pedirá cuentas, porque hemos regado con agua sucia de “pozos podridos” (Jer 2,13), de estos pozos podridos de la apostasía, indecencia e inmoralidad. A nosotros mismos no nos respetarán, ni a los padres, ni a los maestros, incluso no respetarán ni a los clérigos. Y esto ya se está haciendo, la juventud se vuelve contra nosotros.

Aman llamar a la juventud, “¡juventud enfadada, enfurecida”, era una calificación de unos años atrás. ¿Pero qué juventud enfurecida… ¡nosotros los hemos enfurecido! ¿De repente, por un momento la juventud se encontró enfurecida? No. Nosotros hemos enfurecido a nuestra juventud, por nuestra vida, por nuestra forma de actuar, por nuestra enseñanza, y ahora cosechamos los frutos.

Hoy en día en el mundo existe mucho pecado, hay anarquía, desorden. Anarquía, no sólo en sentido estrecho de la palabra, es decir, cuando uno va y pone una bomba en un edificio, sino con el sentido amplio de la palabra anarquía, un gran desorden general a en todo. Cuando el hijo dice a su padre y a su madre, ¿quién eres tú, no te conozco?, cuando dice al maestro y al profesor en el colegio: ¿y tú qué y quién eres?, y al clérigo hace gestos feos delante de él o cualquier otra cosa fea, todo esto, en el sentido amplio de la palabra, es una anarquía. Cosecharemos los frutos. Y estos frutos que hoy tenemos los sembraron y plantaron los Nicolaítas, los enemigos de la Iglesia. ¡Por eso amigos míos, como padres, como maestros o pedagogos, como clérigos y como estado social, que estemos en alerta y vigilia!

Supongo que os acordáis que el Señor tenía una queja contra el Obispo de Pérgamo por los Nicolaítas, que el tipo de ellos era Balaam, que aconsejó a Balac a incitar a los Israelitas a comer de los ídolos del sacrificio y fornicar, y así caer a la aversión e ira de Dios. Pues, el Dios, el Señor dice al obispo de Pérgamo: « Por tanto, arrepiéntete y vuelve a la metania; pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca » (Ap 2,6).

Nos sorprende, amigos míos, el pensamiento de que el Señor pide una plenitud y cumplimiento en todos Sus mandamientos y logos. Por esta falta u omisión del obispo que hemos visto, de que no se cuidó en hacer una catarsis en la Iglesia, a Su Iglesia, por el miasma o estigma de corrupción del Nocolaitismo, pide la metania y la rectificación. Es decir, el Señor no soporta en absoluto que exista algún mal en Su Iglesia; la Iglesia es considerada Novia inmaculada (Cantar C 4, 8-12·5,1; Ap 21,2·9 y 22,17.

Y vemos que en el caso contrario, existe una amenaza. Es decir, si el obispo no se arrepiente, no rectifica y no se cuida de proteger Su rebaño de estas influencias nicolaíticas, el mismo Señor combatirá contra los heréticos. ¡Hará la guerra el mismo! Esto nos impresiona. Interpretando san Andrés de Kesarea dice: “En efecto dentro de la amenaza está la filantropía. No combatiré contra ti, sino que haré la guerra contra los heréticos que son enfermos incurables.

Nos impresiona y nos llama la atención, de primera vista, cómo se mueve exactamente aquí el Señor. En cambio hasta ahora, en todas las epístolas que hemos analizado, dice “me volveré contra ti”, “moveré tu candelero”, “te castigaré”, y otras muchas cosas, aquí dice que “si tú no te arrepientes y no vuelves a la metania, yo volveré contra los heréticos”. Esto llama la atención, no dice “volveré contra ti”. Lo normal, tanto como en la sintaxis y como en el sentido lógico, ya que pide la metania, arrepentimiento al obispo, debería volverse contra al obispo si no se arrepintiese. ¿Cómo dice que volverá contra los heréticos? ¡Y a pesar de esto así es, amigos míos!

San Andrés de Kesarea dice que el Señor mezcla la amenaza con la filantropía, porque el obispo de Pérgamo era un muy bueno, pero simplemente se descuidó, y así unos Cristianos de su rebaño –no todos los Cristianos- habían recibido y aceptado alguna influencia de la herejía del Nocolaitismo.

Es decir, para que lo entendáis, es lo mismo cuando un obispo muy bueno, un responsable de la parroquia muy bueno, muy celoso o entusiasta y hombre importante, cuida a que no se le escape nada, pero a pesar de esto como algunos miembros de la parroquia recibieron influencias del Milenarismo T.J., y la parroquia tiene cuatro o cinco hombres T.J. Era algo de poco peso. Pero el Señor insiste que no debe haber ni estos. ¡Nos aterroriza el pensamiento sobre lo que se hace hoy en día, dónde nos encontramos y qué tendría que decir para nosotros el Señor hoy!

Pero, por qué dice: ¡“si no te arrepientes, no vuelves a la metania, yo volveré contra los heréticos”, que parece raro! Simplemente, sólo por decirle que “si no te arrepientes y no vuelves a la metania”, muestra que era el obispo culpable y responsable, a pesar de que esto fuera una cosa pequeña en su Iglesia. Pequeña en relación con el grueso de su trabajo, no porque era una cosa pequeña sin importancia que sean arrastrados algunos de sus Cristianos a la herejía. Sobre todo de pequeña o poca cosa nada.

Pero también muestra una cosa más. Cuando, amados míos, un obispo o un presbítero descuida o no llega a terminar la obra de Dios, entonces de esta obra se hace cargo Dios. Esto quiere indicar y manifestar aquí. “Sí, tienes la responsabilidad, debes asumir la catarsis de la Iglesia; pero no te creas que yo dejaré mi Iglesia, yo ayudaré mi Iglesia. Tú eres el responsable, pero yo ayudaré  mi Iglesia”.

Algo parecido sucede también con nuestros hijos, amigos míos. Si existen padres que no se cuidan de la parte espiritual de sus hijos, Cristo pedirá explicaciones de estos padres; pero en este caso el mismo Señor asume la pedagogía de los hijos.

Muchas veces vemos hijos de padres negligentes y descuidados que sean hijos admirables; por eso el mismo Señor asume la pedagogía de ellos. Pero no significa que con esto que los hijos quedan sin responsabilidad. Algún padre descuidado o negligente que no diga: “Yo gracias a Dios, tengo hijos buenos, aunque no me he cansado especialmente para la educación de ellos”. Nadie lo diga esto, porque el Señor dice: “¡cuidado: que te arrepientas y vuelvas a la metania! No quiere decir con eso que como yo asumo la responsabilidad de tus hijos, porque así lo quiero, tú no tienes ninguna responsabilidad”.

Igual también a la inversa. Cuando uno de los padres se ha cuidado demasiado de los hijos, y son impecables a la pedagogía y educación –si se supone que lo son- entonces si los hijos toman el mal camino, no significa que estos padres tienen alguna responsabilidad ante el Cristo.

«El que tiene oído [espiritual,] oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor contra el pecado, le daré a comer del maná escondido [en los cielos, es decir, la comunión del pan Celeste que concede la vida eterna], y le daré un voto en blanco, y en el voto blanco escrito un nombre nuevo eterno, que nadie conoce sino el que lo recibe» (Ap 2, 17).

Realmente aquí las promesas y las recompensas que el Señor concede a aquel que vencerá son un poco extrañas, a primera vista. Vamos a verlas.

Como habéis visto, en estas promesas hay dos iconas-imágenes: del maná oculto, escondido y del voto (o tesela) escrito –una tesela blanca que lleva encima un nombre escrito.

Tiene, pues, dos iconas. A lo referente a la primera icona, se escoge esta porque aquellos enemigos de la Iglesia de Pérgamo, es decir, los Nicolaítas, incitaron a los Cristianos a comer sacrificios de ídolos, y el maná es algo que se come. En el desierto los Hebreos prefirieron comer ídolos sacrificados de aquellos que ofreció Balac, y no del maná que les daba Dios desde el cielo cada mañana, y así pecaron. Claro está, no todos los Hebreos. Os había dicho la otra vez que aquellos que comieron los ídolos sacrificados eran veinticuatro mil, es decir, carnes ofrecidas a sacrificio a dioses falsos, al Baal-fegor, es decir, a Baal etcétera, y así se infectaron comiendo asquerosidades, ídolos sacrificados.

Con esto ahora Cristo quiere decir: “Aquel de la Iglesia de Pérgamo que no comerá de los ídolos sacrificados de los Nicolaítas, es decir, el que no será arrastrado por ellos y no caerá a la fornicación y no comerá de estos ídolos sacrificados, a él le daré comer el maná escondido”. ¿Cuál y qué es este maná escondido? Es aquel el cual el Señor apocaliptó-reveló en el Evangelio según Juan.

Cuando una vez vienieron aquellos de los “cínco mil“ (Mrc 8,19) que se saciaron de pan –eran de Capernaun- y Le pidieron quedarse con ellos, el Señor les dijo que “no busquen y pidan comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece“ (Jn 6,26-27). Porque por un lado vieron que no podía darlos comida para comer con sólo cinco panes, y los Sus oyentes se sorprendieron; pero por otro lado, ahora les dice algo nuevo: que no pidan comida que se pierde, sino la comida, el alimento que permanece. Es decir, ¿quizá más allá de la posibilidad de darles comida, podría darlos también una comida para que no tengan hambre?… es decir, algo parecido también con lo que dijo a la mujer Samaritana: “ Yo te daré del agua aquel que el que lo beba no tendrá sed jamás“ (Jn 4,13).

Y en la pregunta de ellos: “¿Cuál es la comida que permanece?” el Señor respondió: «48 YoSoY el pan de la vida.

48.YoSoY el pan que transmite la vida real. Tal y como el pan material refuerza y propaga la vida física, lo mismo también yo con mi enseñanza y con mi cuerpo vivifico y alimento vuestras psiques.

49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.

50 Pero este pan que yo os digo ahora que desciende del cielo, tiene incalculable fuerza y energía (increada) de modo que el que lo coma no muera espiritualmente, (sino que disfruta mediante él la vida eterna.)

51 YoSoY el pan vivo que descendió del cielo; si uno come de este pan vivirá para siempre; y el pan que yo les daré es mi sarx (cuerpo y sangre), que yo ofreceré como sacrificio para la vida del mundo.

  1. YoSoY el pan, que en mi interior tengo la vida que también la transmito a los demás, y quien ha bajado del cielo; si uno come de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les daré es mi sarx (cuerpo y sangre) o mi hipostasis (base substancial) física humana que la ofreceré como sacrificio para el despertar espiritual, la sanación y salvación de todo el mundo.» (Jn 6, 48-51).

Por lo tanto, aquel antiguo maná, que comieron los hebreos en el desierto, era tipo o prefiguración de Jesús Cristo; en concreto era tipo del Misterio de la Divina Efjaristía, porque en el Misterio de la Divina Efjaristía está la comida del Cuerpo de Cristo y la bebida de Su Sangre.

Pero para poder ver el prototipo, vayamos a ver el antitipo-ejemplar o copia. Aquél maná que comían los hebreos, ¿qué era?

Salomón en su libro Sabiduría Salomón, en el capítulo 16,12 en adelante se refiere al maná y dice. Tiene tres-cuatro pasajes que se refieren al maná, esto que comían sus antecesores en el desierto, y aquí dice estos logos interesantes:

“La esencia y el sabor bello que manifestaba y testimoniaba tu propio dulce sabor hacia tus hijos; y su capacidad de adaptarse y corresponder al apetito de aquel que lo comía, lo hacía cambiar al sabor que cada uno deseaba” (S. Sa 16,21). Pues, qué sabor deseabas, si querías sabor de bistec de carne, cuando comías el maná tenía el sabor de los bistec, cuando querías sabor de judías, comías el maná y tenías sabor de judías; ¡comías maná y tenías el sabor de la comida que deseabas!

¡Os impresiona esto! Porque quizás alguno diría: “¿Pero estos hombres por cuarenta años comían la misma comida…?”. Pero desde el momento que entraría un pensamiento de este tipo, es decir, de que uno comía siempre la misma comida, desde aquel momento el maná perdía su cualidad de modificarse al sabor de cada uno, es decir, a lo que cada uno deseaba. Y allí en el desierto ¿sabéis qué habían deseado? Pues, desearon las cebollas y los ajos de Egipto y los puerros (Num 11,5), ¡Pobres y desgraciados… desearon comida mundana, y no aquella comida que les daba Dios desde el cielo! Y los hebreos teniendo este alimento único –algo que era y estaba en la pedagogía de Dios- podían sentirse muy bien si lo quisieran; pero lo perderían si no lo quisieran.

Y entonces tenemos aquel terrible fenómeno, que los hebreos protestaron a Moisés, diciendo: “¡Nuestro cuerpo y psique-alma se ha hartado de este pan sin sabor y hueco!” Y la mano de Dios cayó dura y terrible sobre el pueblo.

El maná es tipo o prefiguración del único alimento para el hombre: del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. No existe otro alimento que sea alimento de atanasia-inmortalidad. Pero el Señor dijo: los que han comido aquel maná –que era el tipo- y murieron; pero los que comerán el maná verdadero no mueren”, es decir, viven para siempre, tienen la vida eterna, «49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.

50 Pero este pan que yo os digo ahora que desciende del cielo, tiene incalculable fuerza y energía (increada) de modo que el que lo coma no muera espiritualmente, (sino que disfruta mediante él la vida eterna.)

51 YoSoY el pan vivo que descendió del cielo; si uno come de este pan vivirá para siempre; y el pan que yo les daré es mi sarx (cuerpo y sangre), que yo ofreceré como sacrificio para la vida del mundo.

  1. YoSoY el pan, que en mi interior tengo la vida que también la transmito a los demás, y quien ha bajado del cielo; si uno come de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les daré es mi sarx (cuerpo y sangre) o mi hipostasis (base substancial) física humana que la ofreceré como sacrificio para el despertar espiritual, la sanación y salvación de todo el mundo.» (Jn 6, 49-51).

Y también:

«El que come mi sarx y bebe mi sangre, mediante el misterio de la divina Efjaristía, tiene vida eterna y yo lo resucitaré al esjato-último gran día del juicio» (Jn 6, 54).

¡No os impresiona esto! Es decir, ¡de que comiendo el maná cada uno sentía el sabor que deseaba y a la vez sentía una dulzura! Cierto que no la dulzura en el maná; porque el inicial y primer sabor del maná era como masa de pan frito o crep con miel, donde tenemos también el sabor del aceite que se fría y el sabor de la miel. Pero más allá de este sabor principal, era esto que dice Salomón.

¿No os impresiona todo esto?, ¡el que podía cambiar de sabor!

Escuchad lo que dice Cantar de los Cantares: “2, 3 Como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los jóvenes; Bajo la sombra del deseado me senté, y su Cantar de los Cantares fruto fue dulce a mi paladar… 5,16 Su paladar, dulcísimo, y todo él codiciable”.

Estas cosas dice la “novia” en este idilio amoroso, que no es más que la relación de Dios, en concreto de Cristo, la Segunda Persona-Hipóstasis de la Santa Trinidad y de la Iglesia. ¡La relación…esta relación amorosa! Eros (amor ardiente), no es bajada o prostitución de la calle, no es fornicación, ¡sino divino amor increado ardiente! Y el Cristianismo es un eros. Hoy tenemos un Cristianismo sin eros, un Cristianismo descafeinado que no tiene en su interior el ardor, la llama… está frío, congelado, le vivimos por conveniencia y por contrato. Decimos, “nos hemos bautizado”. “Ah, bien, vamos a la Iglesia”. Pero esto no es realmente un eros que arde en nuestros corazones.

Así la novia-Iglesia dice a su Amado: “Como manzana en los árboles del bosque; así es mis hermano, mi amado, Jesús Cristo, entre los hombres –puesto que mi Amado se ha hecho hombre. He deseado sentarme en Su sombra. Y Su fruto era muy dulce aquí en mi garganta. Y mi garganta está toda llena de dulzuras, toda es deseo”. Observad: “toda deseo”!

¡Veis que aquí tenemos una fe llena, plena de eros! Es esto que desgraciadamente nosotros los cristianos de hoy en día no tenemos, como os dije.

Eh, pues, Salomón esto quería decir en sus dos libros, lo qué era el maná–porque el Cantar de los Cantares y la Sabiduría Salomón son escritos por él. Esto quiere decir: ¡Señor, eres todo dulzura! Esto que comemos es Tu tipo.

Y ahora el Señor interpreta sólo este tipo Suyo y dice: “YoSoY el maná verdadero”. Pensad por un momento, amigos míos… ¡pensad que maravilloso y excepcional es esto!

Pero, ¿por qué cada uno saboreando el maná tenía un sabor diferente, o sea, aquella que deseaba? Porque aquel que toma el Cuerpo y la Sangre de Cristo toma el carisma que desea su psique. “Señor dame paciencia”, “Señor dame alegría”, “Señor dame paz”, “Señor dame sabiduría”. Son carismas que los tomamos del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, y son sabores distintos. Cada uno que comulga, lo mismo comulga; todos los fieles lo mismo comulgan, pero cada uno toma aquel carisma que desea, cuando ruega a Dios que se lo dé.

Otra icona-imagen del voto o tesela es la siguiente:

Como sabréis, el papel de votar o la tesela tiene su superficie lisa, y encima de ella se escribe el nombre de aquel que quiere votar…

Aquí el Señor, sobre el contenido de la epístola dice: “En aquel que vencerá le daré voto o tesela en blanco, es decir, no será arrastrado y engañado por los Nicolaítas y le daré voto o tesela en blanco.

¿Por qué blanco? Porque con esto quiere mostrar que le dará el voto de absolución.

Apuntad que el voto en la antigüedad no sólo se usaba para las elecciones del jefe de un pueblo, sino también por el juzgado (como condena o absolución, depende). Os recuerdo el caso de la condena de Arístides en Atenas. Os acordáis que uno va y dice a Arístides: “Escríbeme por favor tu nombre Arístides encima de esta tesela (Plutarco: Vidas paralelas, Arístides y Katón)

Esta tesela o papel de voto a veces tenía un carácter de condena y otras veces de absolución. Por tanto, cuando aquí dice “voto o tesela blanca”, da a entender el voto de absolución. Esto significa que este hombre no será llevado a juicio.

Tal y como muy admirablemente lo dice el Evangelio según Juan, que aquel que ha creído al Hijo de Dios y vive de acuerdo con Sus mandamientos-logos, éste no viene a juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida, (Jn 5, 24). ¿Cuál muerte? Esta que llamamos muerte biológica.

¿Habéis visto? “No viene a juicio”, esta es la tesela o voto de absolución. No viene a juicio, no será juzgado. Pero se sabe que todos seremos juzgados. ¡Entonces serán juzgados también los Santos? No, los Santos no serán juzgados, porque simplemente han pasado de la muerte biológica a la vida eterna sin juicio.

Pero encima de esta tesela o voto de absolución está el nuevo nombre. ¿Qué es este nombre nuevo? Sólo aquel que recibe la tesela o voto conoce el nuevo nombre.

San Andrés de Kesarea dice: “el nuevo nombre es desconocido en la vida presente… y el nuevo nombre lo heredarán los santos”. Y san Areza de Kesarea dice: “¿Cómo es posible que sean alguna vez declaradas y conocidas las cosas incorruptibles (o la gnosis increada) dentro de un mundo corruptible?”. Nuevo nombre sólo los Santos recibirán. Por esta razón este nombre es secreto, lo conoce sólo aquel que recibe la tesela o voto.

Amigos míos, con estas dos promesas que el Señor promete al vencedor que dará del maná escondido, que es el mismo Cristo, y la tesela blanca o voto blanco con el nombre nuevo; Así termina también la epístola hacia el obispo de Pérgamo.

 

Unidad 10. Apocalipsis 2, 18-24. 4ª epístola del Señor: Hacia la Iglesia de Tiatira 1ª parte Sobre pseudo-profetas.

Con la ayuda de Dios venimos a la cuarta epístola del libro del Apocalipsis, la cual se dirige hacia el obispo de Tiatira.

«Y escribe al ángel de la iglesia en Tiatira» (Ap 2,18), es decir, escribe al obispo de la Iglesia de Tiatira dice el Señor a Juan.

La ciudad de Tiatira se encontraba nordeste de la ciudad de Pérgamo, era ciudad Lídica y fue construida por Seluco I. Era la ciudad menos conocida e insignificante de las siete ciudades que el Señor manda epístola, una ciudad que habitaban artesanos y comerciantes; era tal como diríamos hoy, una ciudad industrial y comercial. No tenía el resplandor de Éfeso, de Esmirna o de Pérgamo con sus bibliotecas, sus grandes templos que constituían centros espirituales y culturales. La ciudad de Tiatira no era conocida y era pequeña.

Sin embargo, amigos míos, en esta ciudad más pequeña e insignificante el Señor manda la epístola más larga. La más grande de las siete epístolas es la que se dirige a la ciudad de Tiatira. No os la leeré porque es bastante grande, sino que entraré directamente al análisis.

«El hijo de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego, y pies semejantes al χαλ­κο­λί­βα­νο plata fundida con oro, dice esto» (Ap 2,18), es decir, se entiende que es hacia el obispo de Tiatira y χαλ­κο­λί­βα­νο-jalkolívano era una mezcla de plata fundida con oro.

El preámbulo de la epístola, como entenderán contiene dos elementos. Uno está tomado de la visión introductora (Ap 1, 13-16), tal y como apareció el Señor en Patmos, delante de los ojos de Su discípulo sorprendido, el Juan, quien permanece en esta posición de sorpresa, y el Señor le dicta a escribir las epístolas. Allí muestra que Sus ojos están llenos de llama, y Sus pies son de χαλ­κο­λί­βα­νο-jalkolívano plata fundida con oro. Estas dos características manifiestan Su capacidad, sobre los ojos, la capacidad de penetrar y observar las profundidades del Satanás –que hablaremos en esta epístola- y Su decisivo empuje, sobre los pies, que se quede simplemente aquel que verifica y ve las profundidades del Satanás, sino que viene con Sus pies de plata fundida con oro a aniquilar todas estas profundidades del Satanás.

El otro elemento es la auto-presentación de Jesús como Hijo de Dios: “Esto dice el Hijo de Dios”. El título “Hijo de Dios” es mesiánico y corresponde plenamente al contenido del 2º Salmo, donde el Mesías tiene poder sobre las naciones y destruye sus enemigos “con vara de hierro”. Con la facilidad que uno con una vara de hiero rompe los utensilios de cerámica, botijos, jarrones etc., con la misma facilidad el Señor destruirá las profundidades del Satanás;

Como si dijera al obispo: Allí tienes las profundidades del Satanás, pero no temas. ¡Yo las veo, tú no las ves!… ¡cómo las vas a ver!… ¡están escondidas y ocultas! Subrayo: ¡son las profundidades del Satanás escondidas, ocultas! ¡No las ves; existe el velo, estas profundidades del Satanás están encerradas con llave…! ¡Están cerradas con llave en la casa que se llama Logia Masónica… cómo las vas a ver…! ¿Las ves? No. ¡Igual que nosotros no vemos nada! Pero yo las veo dice el Señor. Pero no tengas miedo, vendré para todas estas cosas a aniquilarlas y destruirlas!

¡De todas formas es digno de señalar, amigos míos, y a la vez grandioso, que la interpretación del 2º Salmo, como mesiánico, se hace por el mismo Señor, y esto porque concierne a Sí Mismo, y naturalmente nos da este salmo 2º en toda su dimensión -el cual salmo aceptan los hebreos también que es mesiánico, pero sin que los pobres, desgraciados acepten la persona del Mesías, el Jesús Cristo!

Después de esta introducción, amigos míos, o el preámbulo introductor, entramos al tema principal.

«Yo conozco tus obras, y amor-agapi, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras ésjatas-postreras son más que las primeras» (Ap 2,19).

¡Qué palabras más bellas… muy consoladoras y muy elogiables! “Yo conozco tus obras” –¡Ωoh, este conozco de Dios!- y tu agapi y tu fe y tu diaconía-servicio y tu paciencia y tus obras posteriores son más grandes, más importantes que tus primeras obras!

En la epístola a los Efesios, os acordaréis, escribía: “Tu primera agapi-amor la has dejado” (Ap 2,4). En la presente epístola hacia el obispo de Tiatira, escribe: “tus obras ésjatas-postreras son más que las primeras”, es decir, lo opuesto. Las últimas obras de aquel (en Éfeso) estaban desentonadas, desafinadas; al contrario la últimas obras del obispo de Tiatira estaban súper-entonadas en relación con sus primeras obras.

En otras palabras tenemos dos polos que se encuentran diametralmente alrededor de un punto calibrado, un equilibrio. Para ayudaros, es como el eje de los números de algebra –con el cero en medio y los números positivos arriba y los negativos abajo- encima del cual se imprime nuestra situación, como disposición, operación y acción, cuando comenzamos nuestra vida espiritual. Unas veces bajamos desde el nivel inicial, vamos abajo al cero, y escuchamos este logos descorazonador que dijo el Señor al obispo de Éfeso, “tu primera agapi-amor has abandonado”, y otras veces subimos de este nivel inicial y escuchamos este logos elogiable que dijo al obispo de Tiatira: tus obras ésjatas-postreras, últimas son más grandes que las primeras.

Por consiguiente, ya que tenemos estas dos posiciones o situaciones -que no son otra cosa más que las situaciones de los fieles en la Iglesia, es la variedad de las situaciones de los fieles, como personas o como conjuntos- se debe, amigos míos, hacernos una autocrítica y preguntarnos: “¿Yo progreso y adquiero terreno de santidad o me convierto en desentonado, estoy bajando?”

Es característico que es imposible permanecer uno estancado en un nivel inicial, nunca hay estancamiento. Es más, si en cualquier otro tema podríamos hablar de estancamiento, en la vida espiritual no existe estancamiento o inmovilidad. Nunca hay estancamiento, la vida del hombre es dinámica, tanto si lo quiere como si no lo quiere, y no podemos nunca decir de algo que será siempre y absolutamente lo mismo.

Un ejemplo sencillo, la fiebre no es posible que esté siempre a un nivel o grado definido, que se quede clavado el termómetro allí en el treinta y siete, o en el treinta y seis y medio, ni abajo ni arriba, sólo allí… Ya que el hombre es un organismo vivo, el termómetro subirá y bajará.

Así amigos míos, no existe ninguna acción y energía nuestra que esté clavada a un nivel inicial.

Por consiguiente, ya que las cosas no son así, aquel que dirá “aquí pararé, me quedaré, cualquiera que yo sea”, en realidad subirá o bajará Más bien bajará, si quiere quedar allí donde se encuentra. Y esto –acordaos de esto- el mejor modo o forma de mantenimiento espiritual es la subida, el ascenso. ¿Quieres estar manteniendo tu espiritualidad?, ocúpate de estar ascendiendo. Si dices, “estoy bien aquí donde he llegado, ahora estoy muy bien”, desde el momento que vas a decir esto, comenzarás una bajada, estarás descendiendo.

Esta observación, que os dije, es sobre el conjunto de la vida. No es sólo de nuestra vida espiritual, sino en toda nuestra vida, en nuestra formación, estudios y economía… ¿Quieres estar manteniéndote?, ocúpate a estar ascendiendo. Por esta razón se necesita una continua vigilia sobre nuestro sí mismo e incluso una continua autocrítica.

También debo deciros que aquel que supera un nivel de santidad, es decir, que empieza a ascender, entonces en algún momento percibirá y entenderá que se encuentra en una situación difícil. Os ruego, tened atención a este punto.

Hermano mío, decides estar en Metania y arrepentimiento, decides hacer vida espiritual y comienzas. Empiezas ir a la Iglesia, comienzas a confesarte y a centrarte en ti mismo, porque quieres conocer a Jesús Cristo. Participas en los Misterios, que son canales de comunicación que nos conducen en nuestra vida, nos conducen a Dios. No sé porque a veces en concreto sobre los Misterios hablamos de una manera típica, como si fuera un deber, mientras que para nada es un deber. Así que cuando empiezas a subir, en algún momento pasarás de una crisis, te sentirás que no puedes subir más, y que te has cansado. Es una crisis que la encontramos en aquellos que empiezan una vida espiritual. Todos pasamos por esta crisis. Y mientras maduran en la vida espiritual, llegan en algún momento se asustan, se aterrorizan, y dicen: “¿Qué hay después?, ¡ay, ay!”. Se asustan, se atormentan.

En concreto los padres muchas veces atormentan y asustan a sus hijos. Dicen: ¿Oh, mi hijo…dónde llegará, dónde llegará esto? Y asustándolo, lo paran, lo frenan. Le dicen: “¡Basta hasta aquí, no más!”

Por tanto, pues, que lo sepamos, cuando llagaremos a este estado de asustarnos o cansarnos, significa que hemos llegado a un nivel de crisis. Tal como sucede también cuando uno come demasiada comida y su estómago encuentra una dificultad de dar la vuelta a toda la comida. Entonces decimos que el estómago pasa por una crisis. Ahora bien, ¿esta crisis a dónde conducirá? Esta persona llegará a tener un síncope del corazón, es decir, que su estómago parará de funcionar, o el estómago hará la digestión de la comida y superará la crisis.

Por tanto, tened cuidado. Sucede exactamente igual que con un avión supersónico. Cuando un avión, amigos míos, empieza y desarrolla velocidad, cuando más aumenta la velocidad, tanto más el comportamiento del aire se hace más estéreo. En algún momento, cuando la velocidad del sonido se ha hecho muy grande y alcanza casi la velocidad del sonido, el aire allí ha adquirido las cualidades del estéreo, es como si volara el avión contra una montaña, porque el aire ya ha tomado dimensiones de estéreo! Ahora bien, si el avión consigue traspasar este punto o nivel crítico, que se llama barrera del sonido, después vuela cómodamente y muy bien. Este avión se llama hipersónico, porque ha trascendido la barrera del sonido, y no sólo no peligra a destrozarse, sino que vuela cómodamente, como si no existiese ya el aire delante de él.

Esta cosa sucede, amigos míos, en la vida espiritual. Apenas llegas al punto crítico, si no tienes cobardía –es cuestión de cobardía, que lo sepan; Dice el libro del Apocalipsis: “Pero los cobardes…tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Ap 21, 8), si no te acobardas, si no te cansas y consigues superar esta barrera, ¡entonces la posterior vida espiritual es muy bella y muy buena!, es decir, tan bella que sientes que es algo entretejido con tus células, algo entrelazado con tu existencia, de que es una situación natural!

Así que, si decís a un hombre muy espiritual, a un asceta, de que no podéis llegar allí donde él está, os responderá sorprendido: “¿Pero cómo no puedes?… ¡si esto es muy fácil!” Por supuesto, que él también ha pasado el nivel crítico, pero ahora ya, una vez superado, para él la vida espiritual es muy normal. Lo primero es esto.

Lo segundo, es que cuando hemos superado este nivel crítico, amigos míos, y en el tema de la continencia, en la comida, en la procreación –siempre hay un nivel- cuando lo hemos superado, entonces todo transcurre muy normal, como si no hubieran existido. Así dices: no existen estas cosas. Y entonces vives esta profunda paz de Dios.

¿Qué creéis que es la paz? Pues, es cuando se han calmado y amainado los pazos y cuando uno está por encima del nivel de la crisis. Entonces adquiere el bien de la paz; la paz de los loyismí, la paz de los pazos; ¡tiene paz y serenidad (interior)!

Leía en san Isaac el Sirio –lo narra el mismo- que uno le costó treinta años para vencer unos loyismí. ¡Treinta años! Por treinta años no tenía ninguna noticia de que podría conseguir algo. ¿Lo oís y que lo oiga yo también? ¡Por veinticinco años no tenía ninguna noticia! Después de veinte o veinticinco años más o menos, algo comenzó a percibir y entender; y después de una forma más rápida. Y a los treinta años ya tenía la paz de los loyismí, superó el nivel de la crisis (San Isaac el Sirio: Logos C, “Sobre el anacoreta”).

Me dirán: ¡”Tantos años!…”. Sí, tantos años. Además por eso se nos ha dado la vida. No nos fue dada la vida para hacer hijos o no hacer, ni para adquirir casas, ni dineros, ni riqueza o no adquirirlos; exactamente se nos fue dada como crédito para pode superar este nivel crítico. ¡Terrible!

Amigos míos, esta es la espiritualidad ortodoxa. No puedo deciros algo distinto. Yo también lucho con vosotros y vosotros conmigo. ¡No hemos llegado- nos falta aún llegar…! Pero esta es la espiritualidad ortodoxa! Retenedlo esto, porque los que os hablan de algo fácil, quizás sea extranjero, heterodoxo y ajeno a lo que respecta la espiritualidad ortodoxa.

Y una cosa más. Aquel que está en este nivel espiritual, nunca considera santidad lo que tiene. Puede ser que los otros le admiren, pero él nunca lo considera santidad esto. Puesto que ya está conquistado, adquirido, lo considera muy bajo y así gira sus ojos continuamente hacia puntos más altos de adquisición de santidad. (Atélesti teliótita-perfeccionamiento interminable, dicen los Padres).

«Pero tengo unas pocas cosas contra ti».

Bien todo esto, he visto que tus últimas obras son mejores que las primeras, dice el Señor al obispo de Tiatira, pero tengo unas pocas cositas contra ti.

¿Qué son estas pocas cositas que tiene contra el obispo de Tiatira? Veis que todo bien, pero existen una imperfecciones también; y os dije que esto nos consuela, porque nosotros también vemos nuestras imperfecciones.

Dice pues: «que permites que esa mujer Jezabel, esa que a sí misma se dice profetisa, enseñar, seducir y extraviar a mis siervos a fornicar y a comer de los sacrificios de los ídolos. [Que toleras y dejas esa [tu] mujer, que según su impiedad y pecaminosidad se parece a Jezabel, la cual dice de sí misma que es profetisa y por sus obras y logos enseña doctrinas impías y extravía y arrastra en engaño a mis siervos, para fornicar y comer de los sacrificios de los ídolos]» (Ap 2, 20).

Según otra edición tenemos la formulación “tu mujer”. Pero no se da testimonio de muchos códigos, excepto el códice alejandrino y algunos más. Pero son sin el “tu”, “que toleras la mujer”.

Por tanto, como veis amigos míos, tenemos nueva herida en la Iglesia de Tiatira, la cual por supuesto el Señor inspecciona y reprende. ¿De qué se trata pues?

Claramente se trata de una mujer con dimensión histórica, una persona histórica. Era realmente una mujer que era miembro de la Iglesia. Atención. Lo subrayo esto: ¡era miembro de la Iglesia! Es decir, que iba a la Iglesia, comulgaba, etc.… Y todos la llamaban cristiana. Ella sostenía que era profetisa, de que profetizaba, pero no era más que una pséudo-profetisa, y en el texto que más abajo leeremos, el Señor la revela como pséudo o falsa profetisa y la llama Jezabel.

Pero para que entendamos qué era esta mujer y por qué el Señor la llama Jezabel, no tenemos más que hacer sino echar una ojeada otra vez a una historia antigua, tal como hicimos en la pasada epístola en nuestro tema con Balaam y Balac, que fueron tipos o prefiguraciones de los Nicolaítas.

Y aquí habla de fornicación y de ídolos de los sacrificios, a pesar que el tema no es literal sino metafórico. Parece ser que el tema sea literal, pero más bien no parece tan literal, quizás es como más metafórico; es decir, esta fornicación y los sacrificios de los ídolos no son reales sino metafóricos.

Es sabido que en el Antiguo Testamento muchas veces las palabras fornicación y adulterio –porque más abajo habla también de adulterio, cuando el Señor dice “los hijos que nacen de ella yo los mataré”- tienen un significado alegórico. Aquí se trata más bien de relación natural de fornicación, de adulterio, pero alegóricamente; es decir, se trata de la apostasía de el verdadero Dios, pero de forma no percibida. Es decir, se trata de engaño. Esto era lo interesante también con esta mujer; porque era miembro de la Iglesia, y no se había percibido que esta mujer era terrible.

Si aceptamos literalmente el caso “fornicar y comer sacrificios de los ídolos”, entonces se ve que debería ser de engaño gnóstico, y aún más claro nicolaítico. Pero el Señor para los Nicolaítas ha hablado en la anterior epístola, los cuáles recriminó duramente. Pero aquí se trata de un caso o situación peculiar, especial y más bien me parece metafórica. Es decir, no se trata sobre la fornicación y de comer sacrificios de ídolos literalmente, sino metafóricamente. Y así el Señor viene a revelar y a recriminar a esa mujer.

¿Pero cuál era esta mujer Jezabel, de la que el Señor la atribuye este nombre simbólicamente?

Todos conoceréis que Jezabel era una princesa de origen fenicio, que se casó con el rey del reino norte de Israel, Ajaab, ¡era una mujer muy lista y astuta, una mujer terrible!

En principio, como era muy autoritaria, se había impuesto a su marido, y más bien gobernaba ella en vez de él.

Después introdujo la idolatría –deidades fenicias- y persiguió maniáticamente el culto del verdadero Dios, del Señor. También persiguió maniáticamente al profeta Elías, en la época de él vivió ella. Era, como os dije una mujer terrible! Introdujo el culto de Baal, y naturalmente contribuyó a que el laós-pueblo caer a la fornicación y comer sacrificios de ídolos.

Aún mató también los profetas de Dios y buscó para matar también al profeta Elías. También había matado muchos de estos profetas que se llamaban “hijos de los profetas” (4 Re 2,3·5·7·15·38; 6,1).

Ella tenía una hija, que la casó –consiguió casarla!- con un príncipe del reino sur del Israel.

Hasta entonces el reino del sur mantenía por lo menos su fe al verdadero Dios. Pero, al entrar la hija de Jezabel en reino de sur, como cónyuge del príncipe y después rey de Jerusalén, consiguió esta terrible hija –tipo y semejanza de su madre, la Jezabel!- a introducir también allí la idolatría, con el resultado que los siguientes reyes, excepto dos o tres, estuvieran todos juntos compartiendo la idolatría y el pecado de los reyes del reino del norte.

El resultado fue que Dios castigara tanto el reino del norte como el del sur con cautiverio. Y por un lado, el reino del norte fuera cautivado por los Asirios, y por otro lado, el reino de sur, poco más tarde, sea cautivado por los Babilonios. ¿Habéis visto lo que ha hecho esta mujer con su hija?…. ¡Llegar al punto que todo un pueblo sea destruido por la presencia de estas dos mujeres, madre e hija!

Ahora el Señor dice: “Tienes a esa mujer, la Jezabel, la cual engaña a mi laós-pueblo”. Esto significa que ella de una manera venía a destruir el laós-pueblo de Dios, la Iglesia de Tiatira.

De acuerdo con la interpretación de Ánthimo de Jerusalén sobre este punto del libro del Apocalipsis –es del siglo 18- la decepción del Señor era que el obispo de Tiatira “no la había quitado el nombre de Cristiana, sino que la llamaba cristiana y por el nombre de cristiana engañaba a los siervos de Dios, declinándose ante ellos llevándoles al engaño de la fornicación y comer de los sacrificios a ídolos (San Ánthimo, Interpretación del Apocalipsis” pag. 28).

Por tanto, ¿sabéis a dónde estaba el error del obispo? Estaba en que no había quitado el nombre cristiano de esta mujer, y decir que esta mujer no era cristiana, sino que continuaba considerándola como cristiana. Y como la consideraba como cristiana, ella podía engañar a los cristianos dentro en la Iglesia. Este era su error.

Así que aquí también vemos que la fornicación y la comida de sacrificios de ídolos serían de forma metafórica. Porque sería manifiesto si realmente eran sacrificios de ídolos; tan grande como una pared ante ellos! ¿No lo iba a ver el obispo si comieran las carnes de los sacrificios de ídolos? ¡Imposible que no lo vieran! Por tanto, tiene sentido metafórico.

Por consiguiente, se trata de lo siguiente: Esta mujer parece ser que permaneció allí, amigos míos, y se hizo la precursora del Montanismo. Más tarde se presentará en esta misma ciudad alguien que se llamará Montano, quien era cristiano, y creía y enseñaba que la encarnación es del Espíritu Santo. Decía que Jesús es la encarnación del Dios Logos, y el mismo es la encarnación también del Espíritu Santo. Atención: la encarnación del Espíritu Santo!

Él tenía dos mujeres que eran profetisas, enseñaban y decían muchas revelaciones y profecías, inspiradas supuestamente del Espíritu Santo. El Señor revela que eran pseudoprofetisas; igual que aquí esa Jezabel que era pseudoprofetisa, pero también precursora de la herejía del Montanismo. Esta mujer, pues, era una profetisa cristiana. Y en sus descendientes espirituales, en Montano y es otros, vemos la característica de la exagerada continencia y ayuno. Es decir, Montano, predicaba que el matrimonio es sucio. Decía: “No os debéis casar”.

Y el montanismo amigos míos, ¡se extendió en todo Mediterráneo! Tuvo un gran esplendor, porque tenía algo muy severo, que por supuesto, la Iglesia lo condenó!

Por tanto, el Montanismo es primer comienzo, el primer fruto de esta profetisa, esta mujer que está allí en el interior de la Iglesia de Tiatira, pero también es la precursora también de todos aquellos que dicen que imploran o invocan el Espíritu Santo y hacen milagros, glosolalia y otras muchas cosas.

«Pero tengo unas pocas cosas contra ti, que toleras y dejas esa [tu] mujer, que según su impiedad y pecaminosidad se parece a Jezabel, la cual dice de sí misma que es profetisa y por sus obras y logos enseña doctrinas impías, extravía y arrastra mis siervos en engaño, a fornicar y a comer de los sacrificios de los ídolos. Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. He aquí, y la arrojaré en cama, y en gran tribulación y dolor a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras que ella los ha inducido y engañado. Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña las entrañas y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras. En cuanto a vosotros los demás fieles que están en Tiatira, a cuantos no han aceptado ni tienen esa enseñanza, y no han conocido lo que ellos llaman y presentan como las profundidades de la verdad y que son profundidades de Satanás; yo os digo: que no os impondré otra carga» (Ap 2, 20-24)

Con el nombre característico de Jezabel, amigos míos, el Señor quiere  incluir movimientos muy poco cristianos, apenas cristianos, que a pesar de esto, estos reciben y disfrutan de honor dentro en la Iglesia, y lo peor, es que no se les quita el nombre de cristiano.

Hemos visto que la falta o error del obispo de Tiatira era que reconocía en esta mujer la cualidad de cristiana, con el nombre simbólico de Jezabel, considerándola como miembro normal de la Iglesia, aunque enseñaba cosas ajenas, heréticas y extranjeras. El Señor estas cosas no las tolera, censura y acusa al obispo, porque continuaba considerando cristiana a esa mujer. La fornicación, el adulterio y la comida de los sacrificios de los ídolos de ella tienen un carácter metafórico y se refieren a enseñanzas fuera de la verdadera enseñanza, y por tanto estas cosas que enseñaba esa mujer tenían un fin y propósito de alejar a los fieles de la verdadera enseñanza de Dios.

De todas formas en la Historia eclesiástica, amigos míos, habían muchísimas corrientes de este tipo, las cuales, una vez haber hecho mucho daño a la Iglesia, después fueron condenadas por ella todas estas corrientes.

Es decir, para que lo entendamos, todo el sentido y significado del pasaje que os he leído, donde el Señor habla al obispo de Tiatira es –y guardarlo bien esto, porque será el punto central de nuestro tema- que el obispo debería discernir este elemento falso, ajeno y extranjero dentro de su Iglesia y expulsarlo inmediatamente. Esto es el sentido y significado de este pasaje.

Esta mujer, tal como se ve, era seguidora de la herejía gnóstica. Pero estaba dentro en la Iglesia, era cristiana y actuaba en la Iglesia; no estaba afuera, como hoy digamos que son los T.J. Milenaristas, que están fuera de la Iglesia. Lo subrayo: estaba dentro en la Iglesia.

Aquí debemos apuntar que la ética de los gnósticos –por los que muchas veces os he hablado- constituye la piedra angular para que podamos entender toda herejía, y sobre todo herejías como es la Masonería, Teosofía y otras. Más cosas sobre el Gnosticismo diremos, si Dios quiere, en nuestro próximo tema; porque tiene también “sus profundidades” que el Señor las califica como “profundidades del Satanás”.

También apuntar que la ética de los Gnósticos tenía dos extremos. Uno era el de los Nicolaítas, con el exagerado desgaste del cuerpo o carne por los placeres, el hedonismo, ya que se sostienen en aquello que dicen: se debe desgastar la carne o cuerpo, es decir, debemos destruir el cuerpo o carne pero con los placeres o hedonismo, o sea, por los abusos: comer mucho, beber mucho, emborracharnos, tomar drogas y caer en la fornicación exagerada para desgastar, destruir el cuerpo.

El otro extremo era la exagerada continencia, la condena del matrimonio, la abstención de muchas comidas, sobre todo no sólo de la carne sino también de alimentos del reino vegetal, como son los frutos que estaban encima de los árboles o de los vegetales. Estas cosas las sostenía el terrible Maniqueísmo! Decían: “¡Si comes un higo cortándolo de la higuera eres responsable de asesinato; y eres responsable de asesinato porque este higo tiene psique-alma!” Y si le preguntaras: “¿Y cuándo voy a comer este higo? ¡Moriré de hambre!”, te respondían: “¡Lo comerás cuando caiga de la higuera, no debes cortarlo!” Cosas terribles, amigos míos.

De todas formas con esta extrema situación de exagerada continencia, con la condena del matrimonio y etcétera, tenemos los Montanistas.

Montano apareció exactamente en Asia Menor, y uno de los centros de su enseñanza era la ciudad de Tiatira; por eso el Señor habla sobre este tema. Después tenemos los Sebirianos (de extrema continencia), los Masalianos, los, los… y realmente no hay número de este baile de heréticos que aceptaban la continencia exagerada.

Un punto en común tenían estos dos extremos, y que era lo básico en la enseñanza de los Gnósticos: el dualismo. Decían que la carne es la fuente del mal, es una creación del dios malo, en cambio la psique-alma es creación de un dios bueno. Por tanto, para liberarse la psique de las cadenas de la carne, del creador dios malo, se bebe destruir la carne, sea por el vicio, la indecencia y la exagerada amoralidad, sea por el camino de la continencia extrema, exagerada. No me casaré, no comeré, me someteré a mi mismo a mucho ayuno pasando hambre; si me enfermo no voy a ir al médico, así destruiré la carne, ya que esta es la fuente del mal.

Ya el apóstol Pablo había apuntado en sus epístolas estas tendencias gnósticas, especialmente las de continencia, es decir, los ayunos extremos y las continencias exageradas, las cuales también condena (Col 2,21). Mientras que al contrario, el otro extremo, el de los Nicolaítas, lo condena el apóstol y hermano de dios Judas (2ª Pedro  y Judas). El apóstol Pablo en una parte dice: “estarán impidiendo el matrimonio y la abstención de las comidas” (1 Tim 4,3). Y sobre todo, refutando y desmintiendo estas cosas que ya las transmitían y difundían que parecía que ya se empezaban a enseñar, y el apóstol Pablo las consolida y asegura en sus epístolas y dice: “Toda creación de Dios es buena, y nada es basura”. Cada creación de Dios es buena, ¿qué es esto de que comiendo un higo es asesinato?, ¡qué tonterías son estas!… Y por qué el matrimonio es sucio… Estas enseñanzas son demoníacas. Si uno quiere quedarse sin casarse, quedará en honor del Cuerpo de Cristo, tal como dice san Ignacio (Epístola a Policarpo 5,2,1-4), igual que el apóstol Pablo que no estaba casado; pero esto se hará para un fin y propósito superior, dedicando su soltería y castidad a Jesús Cristo, y no porque el matrimonio en su esencia es sucio.

Si os digo, amigos míos,-¡qué voy a decir!´- que en la mayoría de nuestros Cristianos predominan estos pensamientos gnósticos, ¿qué diríais?

Sabéis  cuántos son aquellos que dicen que no se salvarán porque están casados. No quisiera decir que en el matrimonio puede que sucedan cosas que Dios no las quiere. Si se hacen cosas que Dios no las quiere dentro en el matrimonio, entonces uno con razón puede decir que no va bien, por supuesto. ¿Acaso uno quedando soltero, si hace cosas ilícitas, su soltería y su castidad están en sus alturas? Obviamente que no, estas cosas son desviaciones. Pero el matrimonio en su esencia es honroso. Lo dice el Apóstol Pablo: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Heb 13,4). Uno no puede hacer extravíos, no puede ser adúltero y adúltera, uno no puede hacer cosas fuera de lo normal y otro tipo de cosas así. ¡El matrimonio es honroso!

Me acuerdo que una vez fui a una tienda a comprar, allí en mi barrio, y me dice una mujer mayor, la mujer del tendero suspirando:

“¡Ay vosotros os salvaréis!… pero nosotros…”

¿Por qué mi señora, vosotros no os salvaréis?

“Pero nosotros que estamos casados…”

¿Por qué mi señora no os salvaréis vosotros? ¿Porque estáis casados no os salvaréis?… ¿Quién os lo ha dicho esto?

Estas percepciones son gnósticas, lo entendemos o no lo entendemos; Cierto que hemos perdido la procedencia de estas percepciones, pero circulan dentro en nuestra Iglesia. El apóstol Pablo estas situaciones las condena. Pero lo que tiene importancia es que estas tendencias y corrientes coexistían siempre dentro en la Iglesia y falseaban la verdadera enseñanza del Evangelio.

Ahora bien, por utilizar simbólicamente el nombre Jezabel, el Señor pide del obispo de Tiatira expulsar esta mujer, la que introdujo posiciones gnósticas en la Iglesia- posiblemente posiciones de extrema continencia y ayuno, quizás porque esta mujer es considerada como el precursor espiritual del Montanismo –naturalmente si no se arrepiente y no vuelve a la metania. Atención a esto: Si no se arrepiente y no vuelve en la Metania!

¿Qué significa esto? Significa que el tema de la Metania era necesario, porque esa mujer estaba dentro en la Iglesia. La frase que dice el Señor “si no se arrepiente la castigaré”, esto sólo lo confirma, de que era miembro de la Iglesia. Podría decir de un herético o de un idólatra, “si no se arrepiente y no vuelve a la metania”. Pero esto, de ninguna manera. El tema de la metania es sólo cuestión interior de la Iglesia. ¡Atención mucho, por favor a esto! Veréis lo que os voy a decir más abajo, para fundamentar y consolidar las cosas aquellas que os voy a decir –cosas de nuestra época- para que entendáis la magnitud de la cosas.

Impresiona que el Señor apunta esto que os dije: “y la he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación”, es decir, no quiere arrepentirse de su sucia enseñanza. Por consiguiente es cuestión endo-eclesiástica, interior de la Iglesia.

Pero tenemos otro punto que es muy útil. Es aquella táctica que mantuvo y cumple la Iglesia dentro de su Historia. El Señor da el tiempo para que se arrepienta esta mujer, porque una hetera-enseñanza, es decir, una otra enseñanza extranjera, para que sea rectificada siempre hace falta un tiempo. Debes llamar al que dice estas cosas e indicarle que las cosas no son así como las dice. Obviamente éste no se va a convencer inmediatamente, y se deberá hacer repetidos intentos. Si finalmente no se arrepiente y continua enseñando equivocadamente, entonces debe ser apartado de la Iglesia.

Si acaso con el Arrio, ¿no sucedió lo mismo? Tantos y tantos años, amigos míos, el Arrio estaba dentro en la Iglesia, a pesar de interminables sugerencias, no sólo de Alejandro sino también de su predecesor, para que rectifique, y él no se rectificaba! Finalmente fue apartado. Fue apartado totalmente de la Iglesia por las decisiones del I Sínodo Ecuménico.

Es decir, este tiempo de metania, arrepentimiento es imprescindible. Sólo me temo que a veces el tiempo es algo largo, -me lo temo esto- muchas veces a causa de una obcecación y de una imprudente parsimonia nuestra. Y como ahora veréis, muchas situaciones contemporáneas que se debería inmediatamente tomarlas, examinarlas y ver lo qué pasa, las hemos dejado y aún las dejamos! ¡Aquí está lo terrible! Por eso vemos también la queja del Señor, la acusación y la forma del Señor: “¡Retienes a esta mujer que engaña a mis fieles!”

De que esta enseñanza era demoníaca, lo vemos también por el texto sagrado. Apunta el Señor: « En cuanto a vosotros los demás fieles que están en Tiatira, a cuantos no han aceptado ni tienen esa enseñanza, y no han conocido lo que ellos llaman y presentan como las profundidades de la verdad y que son profundidades de Satanás; yo os digo que no os impondré otra carga», es decir, yo digo al resto de los que estáis y vivís en Tiatira, a vosotros que no habéis seguido las enseñanzas de esa mujer –no dice las praxis, dice la “ διδαχή didají-enseñanza”; por tanto, la enseñanza de ella era falsa- y que los seguidores de ella sostienen y afirman que conocen las profundidades de la σοφία Sofía-sabiduría, pero no han conocido qué son las profundidades del Satanás, que yo os revelo, dice el Señor. Por tanto, demostración de que esta enseñanza era demoníaca.

Ahora amigos míos, lo qué quiere decir enseñanza demoníaca… Y sólo porque uno te dirá que ayunes dos cuaresmas, es una enseñanza demoníaca. Os explicaré porque he dicho dos cuaresmas. Me refiero a un acontecimiento que había sucedido una vez en la ciudad de Patras, con uno que le dijo el Satanás, como supuesto Cristo: “Si quieres contentarme, le dijo supuestamente el Cristo, harás ayuno también desde la Pascua hasta el Pentecostés! Inmediatamente aquí vemos lo torcido. La Iglesia dice que entonces, después de Pascua hasta el Pentecostés que no ayunamos, pero el Diablo dice que ayunes.

Os diré también esto. Algunos toman un pámpano, una manzana, no sé cualquier otra cosa (como amuleto), y ayunan cuarenta días para poder tener hijos. Después viene también el Cuaresma, y deben hacer ayuno también otros cuarenta días, pero no pueden. ¿Y lo peor sabéis cuál es? ¡Ayunan cuarenta días, con aquellas enseñanzas raras, y no ayunan los días del Cuaresma que enseña la Iglesia! Mucho me temo que esto suceda algunos.

Y en especial denuncio esto: Algunos de vosotros visitáis a este innominable mago, de nombre el Jristos -tengo dos casos- que está en el pueblo Gazoro de Seres. Por qué dije si vosotros vais. ¿Vosotros vais?… ¡os diré que sí, vosotros le visitáis!… ¿pero cómo?

He aquí, vosotros que ahora me escucháis, cuando os encontraréis en algún momento duro y no tengáis tanta fe en Dios, y encontrados en alguna debilidad, iréis a visitarle a tal mago! Y después cuando volváis, diréis: “¡Sabe, Páter, fui allí! ¿Por qué fuiste? ¿No lo sabías, no me has oído tantas veces que aviso? “Es que fui para salvar a mi hijo”. “¿Salvarás tu hijo con el Diablo?… El Diablo ¿salva o destruye? Por eso digo que vosotros vais. Y bien que lo dije. ¿Qué os dice allí el famoso y desgraciado Jristos, el médium número uno de Grecia? Dice lo siguiente: “Escribirás una carta a la Santa Montaña Athos, en aquella parte y dirección y te mandarán de allí un trozo de la parra o sarmiento y algunas cosas más, etcétera.

Y ahora digo: ¿me parece raro que los Aghioritas no se han dado cuenta de que estos clientes los envía el Diablo? Parece que no… pero los voy a enviar una carta informándoles y avisándoles. El apóstol Pablo, amigos míos, cuando aquella médium de los Filipos presentaba a los hombres a Pablo, no dudó de expulsar el demonio de la señorita, y ella perder su capacidad de adivinar: “Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Ésta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. (Hec 16, 16-18),

Así que nosotros vamos allí, nos envía el Satanás, que lía las cosas con cosas sacras, divinas, y el médium Jristos de Gazoro se mueve dentro en el ambiente eclesiástico! Terrible. Dice el médium: “Harás tres Divinas Liturgias, cuarenta Súplicas, harás tres veces el Misterio de Oleo o Unción de enfermos…” ¿Por qué tres, por qué cuarenta? ¿Uno no es bastante? ¿Y por qué tres y no cuatro? Estas cosas crean serias sospechas de que vienen de un mago. Y realmente, habéis visto lo que aconseja. Muy buenas cosas aconseja, eh, pero es un mago. ¡Y desgraciadamente, lo vuelvo a decir, se mueve en el ambiente eclesiástico, y nadie le recrimina ni le rectifica!

Por tanto, vemos que se trata sobre enseñanza demoníaca, ya que aquí el Señor dice que son las profundidades del Satanás. Estas pocas cosas que hemos dicho son bastantes para que podamos sacar algunas conclusiones centralizadas, que debemos tener en nuestra mente como un diagrama, porque no serán útiles para comprender no solo nuestro tema de hoy aquí, sino que en la Iglesia siempre suceden este tipo de cosas. Es decir:

Primero, se trata de fenómeno endo-eclesiástico, interior de la Iglesia. Lo subrayo: fenómeno endo-eclesiástico. Se presenta dentro y no fuera de la Iglesia.

Segundo, existe el fenómeno de la heterodidascalía (otra enseñanza), es decir, enseñanza ajena, extranjera del Evangelio y de la Iglesia.

Tercero, existe la coexistencia de la heterodidascalía con la didascalía-enseñanza de la Iglesia, y que se hace muy mal no condenarla, a pesar que esté por mucho tiempo. El que la toleremos por poco tiempo, hasta que entendamos de qué se trata, está justificado; pero por mucho tiempo es inadmisible! ¡Es inadmisible que no se condene esta hetera-didascalía (otra, falsa enseñanza)!

Cuarto, esta enseñanza tiene relación inmediata con el Satanás, tiene un fondo demoníaco y resulta al culto del Satanás, pero se camufla, se esconde detrás de los elementos de nuestro Culto y de nuestra Fe.

Y quinto, crea falsos pseudo-profetas.

Estas cinco cosas son las características y cualidades principales de los pseudoprofetas que actúan dentro en la Iglesia. Con base a estos elementos, amigos míos, ahora podemos calificar a esa mujer Jezabel de aquella época, pero, con base al texto sagrado del libro del Apocalipsis, podemos caracterizar y calificar cada época y por tanto, también nuestra época. Lo subrayo: nuestra época también.

Y ahora se pone la pregunta: ¿Existen corrientes de este tipo en nuestra época? Por supuesto que sí y muchísimos. Esta noche quedaremos hablando sobre algo que realmente ha creado muchos problemas dentro en la Iglesia; sin embargo la Iglesia aún no lo ha condenado, aunque han pasado sesenta años! Se trata de los autollamados Iluminados.

Los autollamados Iluminados son un movimiento -hombres y mujeres, principalmente mujeres- que empezó el año 1923 con la difunta Konstantina Zolota; es el movimiento Zolota. Mujer rica ella, etcétera, había fundado una escuela que se llamaba Escuela Liberadora de la Santísima Zeotokos. Hoy existen (1980) quinientos círculos en la región de Ática! Cada círculo tiene desde veinte hasta cien personas. Se calcula más o menos los que siguen a estos círculos son unos veinticinco mil hombres y siguen las enseñanzas de la Zolota!

En la misma categoría están también algunos otros. Está la famosa ya difunta Elena de Spata- más abajo os analizaré. Está otra difunta llamada Magulá –os acordaréis de ella. Aún está otra la Atanasía Kriku, la llamada santa de Egaleo (barrio de Atenas).

Esa mujer vive y engaña la gente hasta hoy en día. La visitan, amigos míos, también presbíteros, sacerdotes, incluso algún obispo y también políticos. También hay otra llamada María de Larisa, que me parece que ha fallecido. Y finalmente hay también un archimandrita ortodoxo, el cual actúa en América y se llama Eusebio Papastefanu y está con un movimiento que se llama Movimiento Carismático. Todos los pongo en la misma categoría.

Con este último, Movimiento Carismático del Eusebio Papastefanu, tiene relación sobre el contenido –lo subrayo esto- la XOE de Larisa , la conocida Organización Cristiana de Paz de Larisa. Lo hemos denunciado esto repetidamente.

Estos hombres especialmente el movimiento Zolota, ven sueños, visiones, escriben muchos artículos y sobre todo poemas. Tengo en mis manos algunas cosas que ellos escriben.

Una señora –creo que está aquí ahora- me decía sobre su hermano lo siguiente: De repente, una noche se levantó y comenzó a escribir; escribía, escribía, escribía… ¡Y desde entonces escribe, escribe, escribe… gran filología! Y uno diría: “¿Este hombre no tiene estudios, de dónde tiene la inspiración y escribe?, ¿cómo puede? Aún no la he respondido esta señora, aunque ha pasado tiempo, -bien o mal, no lo sé.

¡Incluso revelan también cosas desconocidas! ¿Además revelan hasta pecados! Te dice: “Has cometido tal pecado “, que no lo sabe nadie sino solamente tú. ¡Realizan también terapias, sanaciones de enfermos!

Me acuerdo que me visitó un seguidor de la Zolota, hace unos años, 1974. Había ido al obispo y la dijo que estaba equivocada, y la mandó a mí, en el templo de san Stilianós. Me dijo que pertenecía al círculo de la Zolota y sacó de su bolso una cruz de madera diciéndome:

“Con esta cruz yo realizo terapias, sanaciones de seres humanos”

Señora mía, ten cuidado en algunas cosas, le dije, “esto y esto etc….”

“¿Qué dices?”, me responde. “¡Si los hombres se ponen buenos ante mis ojos!”

“Si una persona está acostada en su cama enfermo, le crucifico con la cruz de madera e inmediatamente se pone bueno!”

¡Hacen sanaciones, milagros! ¡En efecto, amigos míos, hacen milagros y a veces provocan fragancia y luz! Además que profetizan, predicen también sobre el futuro! Acordaos qué dijo el Señor para esa mujer la Jezabel; la calificó como pseudoprofetisa. Por lo tanto, la principal característica de esta mujer era profetismo, es decir, la capacidad de profetizar por la indicación del Diablo. Y una de las principales características de estos hombres que os dije es el profetismo.

Aún tienen el fenómeno de la glosolaliá, es decir, utilizan nuevas e incomprensibles lenguas, y sostienen que son divino-inspirados, de que el Espíritu Santo los habla directamente y los inspira las cosas que dicen, hacen y escriben.

En sus reuniones utilizan los Oficios de la Iglesia.

Me acuerdo cuando estaba en Atenas, nuestro cura iba a un círculo de Zolota. Ella como era rica, como os dije, tenía una torre a las afueras de Atenas y allí hacía las reuniones. ¡Y para el inicio del año nuevo llamaban a nuestro cura y él iba a celebrar el oficio de la santificación de las aguas! El párroco me decía que ella estaba engañada. Yo entonces no entendía muchas cosas de estas, a pesar de que estaba aprendiendo. Pero si alguien le dijera al párroco: “¿Entonces señor párroco, por qué vas y santificas allí el agua? ¿Por qué razón lo haces, ya que tú dices que está engañada? Dile que no vas a celebrar allí, ya que estás engañada”.

Utilizan, pues, los Oficios de nuestra Iglesia, pero al que más celebran es el Misterio de los Oleos, porque tiene relación con el Espíritu Santo.

Me acuerdo los jefes aquí de X.O.E, hace menos de diez años, que se ocupaban especialmente con el Misterio Ευχέλαιον Efjeleon-Bendicón de Oleos y con los carismas del Espíritu Santo, y sobre todo uno de ellos me había puesto una pregunta sobre este asunto. Es decir, ¡que lo he vivido, oído y visto por mis propios sentidos… no sé cómo explicároslo!

Incluso estos hombres van a la Iglesia, toman la comunión, hablan continuamente de Cristo y los carismas del Espíritu Santo, y, como veremos en el movimiento del Papastefanos, levantan las manos arriba, adquieren una cara hilarante, graciosa y sonríen, teniendo siempre las manos hacia arriba. Tengo fotografías conmigo, el que quiera se las puedo enseñar.

Pero también tienen muchas iconas al lugar de sus reuniones. Les distingue sobre todo el elemento entusiasta, pero a la vez también una nerviosidad, una movilidad que les traiciona muchas cosas… ¡Efectivamente, muchas cosas les traiciona esta movilidad y nerviosismo!  Os leeré después sobre todo lo que dice el mismo Papastefanos sobre estas reuniones.

¿Cómo se podrían interpretar todas estas cosas?

Amigos míos, obviamente estos hombres están movidos por algún espíritu. “Movidos” quiere decir que son sujetos a alguien, actúan por la indicación de alguien, sin su propia iniciativa. Pero el caso es que ¿de cuál espíritu son movidos o energizados?, es decir, ¿son movidos por el Espíritu Santo, por el Cual sostienen que reciben o movidos por el espíritu maligno y vil? Por sus obras y por sus enseñanzas sacaremos las conclusiones de qué espíritu son movidos.

Y ahora, ya que hemos hecho y expuesto las características generales de estos hombres, vamos a ver movimientos particulares de ellos, porque naturalmente estos movimientos tienen algunas distinciones el uno con el otro. Y voy al tema del movimiento de la Zolota.

Este movimiento comenzó en Pireo el año 1923. Yo era muy pequeño, tenía ocho años cuando oía sobre la señora Zolota, cuando iba a visitar mis parientes en Pireo, donde actuaba ella. ¡Hablaban las mujeres sobre la señora Zolota y parecía que salía miel de sus labios! Aquello que me acuerdo era que entonces hablaba mucho sobre su escuela, cómo se haría la base de operaciones para la liberación de Constantinopla. De esto me acuerdo como fuera ahora en este momento. Pero sobre este tema volveré un poquito más abajo.

Reivindican una internacionalidad; querían extenderse en todo el mundo.

Contienen y mantienen percepciones T.J. milenaristas, diciendo que Cristo vendrá por mil años en la tierra. La principal percepción milenarista es esta, no las otras que tienen los T.J. milenaristas.

Incluso tienen un culto exagerado a la Panaghía-Santísima. Ya que la Panaghía no se adora, sino que se reverencia honoríficamente, sólo a Dios se adora.

También tienen una posición caprichosa y variable ante la persona de Jesús Cristo. Unas veces Le consideran sólo hombre, otras hablan de una manera que uno se pregunta: ¿Por Dios… de dónde han sacado y tomado estas cosas, de dónde? ¿De los evangelios apócrifos?…

En concreto, especialmente en un libro de ellos –porque han escrito libros también; la señora Zolota ha escrito un libro, y también una alumna suya ha escrito otro libro, y uno de allí se informa de todas estas cosas, -y dicen allí sobre Cristo: “Si fuera o cuando era niño, jugaba con otros niños, hacía palomitas…”! Pero estas cosas son conocidas por los evangelios apócrifos, es decir, los falsos evangelios, no los auténticos.

¡Y aún, lo peor, se consideran a sí mismos como la Escuela de la Redención, de que están en posición o lugar más alto que la Iglesia! Allí los pone el Satanás.

Pero vuelvo en lo que ellos han conectado este intento con un tipo de nacionalismo. Por lo menos en aquella época, cuando yo era muy pequeño, y os dije que me acuerdo muy bien, esto lo vivía, lo oía y lo veía con mis propios ojos y oídos: de que se va organizando un movimiento para reconquistar Konstantinópolis… ¡Mencionaban profecías y profecías… de que aquella profecía dice que entonces tomaremos a Konstantinópolis, y otra profecía tal fecha la reconquistaremos!…

Debo señalaros que todas estas cosas se mueven y se remueven continuamente, y en concreto también en este momento aquí en nuestra ciudad Larisa. En este momento hay un movimiento, en el que dirige un hombre que intenta interpretar algunas profecías, de que retomaremos Konstantinópolis. Han hecho banderas, según me informan, han creado órdenes o batallones etcétera –se ve claro que son según los modelos masónicos – y se están preparando a conquistar Konstantinópolis!

¿Sabéis dónde se apoyan? Oíd, amigos míos os lo diré, se apoyan en dos puntos: Uno se encuentra en el libro del Apocalipsis, en el capítulo 10 que allí dice lo siguiente: «Entonces tomé el libro de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre. Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes» (Ap 10, 10-11), etcétera.

Atención: “Es necesario que profetices otra vez”. ¡Ellos dicen que Juan profetizará otra vez en los ésjatos-postreros tiempos de la Segunda Presencia-Parusía! Pero la interpretación correcta de este pasaje del texto es la siguiente: Se hace un descanso o intermedio, podríamos decir. Hasta ahora Juan vio una serie de visiones, contemplaciones. Después comienza la segunda fase de las profecías y de las visiones, y que todas estas la escribirá el Evangelista al resto del libro del Apocalipsis. Eh, pues, esto quiere decir aquello de que: “profetizarás otra vez”.

Escuchad ahora una interpretación que se da aquí en la ciudad de Larisa. Se sostienen en otra parte y dicen: San Juan el Evangelista cuando iba a morir dijo: “Ponedme dentro en una tumba”. Comenzaron a cubrirlo progresivamente –sin haber muerto- hasta que le cubrieron totalmente. Después de una hora fueron y encontraron la tumba vacía”!

Esto en principio debo deciros que desgraciadamente circula mucho. Lo encontraréis incluso en libros eclesiásticos, incluso al Sinaxarion! ¡Pero es muy indignante! Veis como el Diablo algunas veces va y se apega en las mentes de los Cristianos!

Cuando el Señor reveló a Pedro, en el lago del Tiberiada que le seguía detrás, con qué tipo de muerte morirá, es decir, en martirio, Juan por sí mismo, sin que el Señor le diga algo, se levantó de su sitio, y allí donde estaban los carbones y habían comido pescado, y él también siguió al Señor, y como los dos eran muy amigos, dice al Señor: ¿Señor qué pasará con éste, cómo morirá? Y el Señor le respondió: “«Si yo quiero que éste permanezca en vida hasta que yo vuelva otra vez ¿a ti que te importa? Tú sígueme.» [«Si yo quiero que éste permanezca en vida hasta que yo vuelva otra vez, en mi segunda Parusía- Presencia, ¿a ti que te importa? ¿Qué beneficio espiritual tienes sabiendo esto? Tú sígueme y cuídate de ti mismo, lo que yo te digo y lo que concierne tu salvación.»]

Como Juan escribió su Evangelio muchos años más tarde, casi setenta años después, rectifica un error. En la Iglesia había circulado que aquel discípulo, Juan, no muere. Leed por favor el último capítulo del Evangelio según san Juan: “Y no dijo Jesús que no muere”, arregla y rectifica Juan, sino que “si yo quiero que éste permanezca en vida hasta que yo vuelva otra vez, en mi segunda Parusía- Presencia, ¿a ti que te importa? ¿Qué beneficio espiritual tienes sabiendo esto?” (Jn 21, 19-22).

Veis que san Juan el Evangelista lo rectifica. Lo rectifica, porque esto así había circulado. Pero a pesar de la rectificación, amados míos, -por eso os dije es muy indignante- a pesar de la rectificación que hizo con su propia mano san Juan en su evangelio, veis que allí, de forma obstinada, circula la tradición y transmisión diabólica, ¡de que Juan no ha muerto!…

Por tanto, ahora escuchad: “Juan no ha muerto, según esta tradición y transmisión diabólica, y está escondido en alguna parte del mundo, en algún lugar oculto. Y cuando venga el Anticristo, Juan le inspeccionará y le reprenderá”. Esto que os he leído ahora, especialmente para vosotros, para vuestra agapi, está en un libro del siglo 18 y es de uno que escribió una interpretación sobre el Apocalipsis. Pues, allí dice que sólo tres no han probado la muerte: Enoc, Elías y Juan. Pero para Juan el evangelista, la santa Escritura no dice nada en ninguna parte; ¡no obstante el mismo refuta este engaño! Y continúa diciendo que cuando venga el Anticristo, ellos vendrán para inspeccionarlo y reprenderlo. Estos tres representan las tres leyes: Enoc la ley física o natural de la conciencia, Moisés la ley de Sinaí, y Juan la ley del Evangelio. Pero finalmente los matará el Anticristo.

Este mismo libro del Apocalipsis nos dice –y aquí está lo torcido y se rectifica- que los Profetas que vendrán, inspeccionarán y reprenderán al Anticristo no son tres sino dos; y como apunta e interpreta san Juan el Damasceno, serán Elías y  Enoc, ¿cómo, pues, ellos hablan también de Juan? (San Juan Damasceno, logos 99 Sobre Anticristo).

Dicen pues, que cuando venga Juan, se presentará y en concreto en nuestra época, y comenzará de nuevo a profetizar. Y lo importante es que sus profecías serán referidas a Konstantinópolis, como si el tema del Apocalipsis fuera algo local, griego y no universal; mientras que cuando que se refiere a “reyes, pueblos y lenguas”, da a entender que las profecías son universales.

¡Veis qué engaños! Y a pesar de esto, esos hombres están dentro en la Iglesia. Por eso estas cosas se deben decir y recalcar.

Y avanzo. Debemos apuntar que todos estos, algunas veces, puede que te digan también algunas cosas buenas. El Diablo es el que les inspira; el Diablo y no el Espíritu Santo. El Diablo es capaz de decirte mil cosas buenas, y una torcida. Pero aunque te diga mil buenas, una torcida que te va a decir ya te ha engañado.

Además θεόπνευστος zeópnefstos-inspirado de Dios es aquel que es inspirado por el Espíritu Santo, y todas sus operaciones y actos son buenos. Pero cuando ellos dicen que son inspirados divinamente, ¿es posible que cometan errores? ¡Pues, aún así cometen fallos, errores! ¿Por tanto qué pensáis? ¿El Espíritu Santo es el que les inspira estas interpretaciones? Por supuesto que no. El Espíritu Santo no juega, no es un niño, amados míos; el Diablo es el que engaña, y los hombres son movidos por el Diablo sin que ellos lo perciban y entiendan.

Vamos ahora también a esta famosa Elena de Spata (pueblo fuera de Atenas). Y otra vez, de niño yo estaba allí, antes de la guerra mundial, antes del 1940, cuando oía sobre ella, de que veía a Cristo cada día y noche, y ella fue el motivo que se construyera el templo de la Resurrección en Spata.  Sobre ella, como había sucedido algo en Peloponeso, escribe el bienaventurado memorable Padre Gervasio, las siguientes cosas:

“Si juzgo yo mismo de todo lo que he escuchado y escucho en el confesionario, pero también por la indignación y exasperación de algunos diagnosticados charlatanes y engañados, mejor dicho, engañados por el demonio de que reciben apocalipsis-revelaciones, llego a la conclusión de que la santa y respetuosa dirección de nuestra Iglesia debe poner su atención y acción contra estos tipos de magos/as destituyéndolos”, es decir, estos lugares resultaron ser casa de adivinaciones! –de los cuales padre y madre es este templo de la Resurrección en Spata de Ática y la sacerdotisa que opera en el templo” –que se llama Elena, la muy conocida (ahora ya fallecida)- corre el mismo peligro que le sucedió al rey Saúl, quien perseguía a los magos y adivinos, triunfó en guerra y en paz, pero cuando se ha liado con ellos se suicidó” (Gervasio Paraskevópulos: Problemas de actualidad).

Después está esta famosa Magulá. Pero como ha pasado el tiempo no me quedaré sobre ella.

Después está aquella Atanasia Kriketu –que aún vive. Son conocidos sus tatuajes o dermografías. ¡Saca los pechos fuera –y me perdonen  -y supuestamente el Espíritu Santo escribe allí mensajes para los hombres! Una pregunta: ¿Escogería Dios los pechos de una mujer para dar mandamientos y mensajes a los hombres?…

Simplemente es aquella forma enfermiza de la piel, conocida en la Medicina, que se llama dermografía o tatuaje. Con un objeto sin mucha punta, si haces una línea, allí se irrita la piel y presenta una raya roja. Además que allí escribe sin ortografía… otra cosa rara esta.

Tiene muchos iconos allí en su interior, de modo que uno crea que realmente es santa. Lo peor es que la misma se autoproclama santa y circula su fotografía, su icono como santa, y nuestros idiotas cristianos, los engañados -por lo que el Señor protesta al Obispo de Tiatira, diciendo que aquella mujer engaña a Sus hombres, Su pueblo- ponen en sus iconostasios el icono o foto de la Atanasía de Egaleo!

Después está la María de Larisa, que quizás algunos de vosotros puede ser que hayáis caído víctimas de ella. Me acuerdo, hace unos años, cuando vine aquí en Larisa, un amigo mío, joven, hombre espiritual, la había visitado y me describió la situación de la siguiente manera:

Esa mujer se estiraba en la cama, y toda la noche allí se supone que dormía y veía sueños. En algunos momentos de la noche salían frases de su boca. Los idiotas cristianos y engañados según la mejor apreciación, se sentaban alrededor de la cama y la esperaban toda la noche a ver qué va a decir para tomarlo como profecía. Principalmente había mujeres. ¡Los hombres con el marido de la María, como me dijeron, iban a una habitación en la cocina y tomaban copas y bebían toda la noche!

Mientras tanto este joven que la había visitado, cuando vio todas estas escenas, dice por un momento a las señoras que estaban alrededor de la cama de ella: “¿Qué quedáis aquí sentados y la escucháis?… ella está endemoniada, no lo veis!” ¡Y se levanta ella, amigos míos, y exclama los peores insultos contra al joven!…

Y ahora vengo a lo que nos interesa mucho más aún sobre el Eusebio Papastefanu.

Este Eusebio Papastefanu, amigos míos, es un archimandrita ortodoxo en Estados Unidos, teólogo (de academia), quien ha sido engañado terriblemente. Cree que puede implorar o invocar el Espíritu Santo, y el Espíritu Santo desciende repetidamente como en el Pentecostés, del modo o forma que el mismo piensa y cree. Ha seguido las huellas de los heréticos Pentecostales de Europa y de América. Por supuesto que el mismo dice que no tiene ninguna relación con los Pentecostales… ¡Pero diga lo que diga, hermanos míos, lo vemos claramente que de ellos ha tomado!

Y después qué dice. ¡Dice que esta energía y acción carismática, es decir, el invocar el Espíritu Santo, existe en los Protestantes, en los Romanocatólicos, pero también en algunos Ortodoxos! ¡Todos estos algún día se marcharán de sus Iglesias, porque los otros no podrán entenderlos…! Se dice que el Papa se prepara para hacer persecución contra estos carismáticos, del Movimiento Carismático, y estos se obligarán a marcharse, y entonces crearán algo nuevo.

Aquí tenemos también un libro de Eusebio Papastefanos –que circula por el mundo y también aquí en Grecia y hace un proselitismo tremendo!- con el título: “La infusión del Espíritu Santo” y el subtítulo: “El Movimiento Carismático desde el aspecto Ortodoxo”. Es una apología, por dicirlo de una manera, porque le están controlando y acusando. Os leeré algo del libro en plan rápido. Escribe:

“El Movimiento Carismático es conocido por el nombre de “Movimiento Pentecostal”, puesto que busca la reconquista de la vida y la experiencia del Pentecostés.” ¡Qué hace niau-niau en los ladrillos! ¡Y no dicen que tienen relación con los Pentecostales!

Y sigue: “No escondemos el hecho que esta experiencia, con todas las manifestaciones exteriores que presenta, se ha extendido en las principales iglesias occidentales; por ejemplo, en la Romanocatólica, la Luterana, la Anglicana y la Metodista. Es característico que los adversarios contra el Movimiento Carismático, especialmente en América, se encuentran entre los liberales y los conservadores cristianos. No es un fenómeno que se delimita sólo a los ortodoxos”.

¡Por consiguiente antes de tiempo ya han hecho la unión de las iglesias, antes de los que intentan hacer la unión! Y naturalmente estas uniones son rechazadas. Continúa: “¡No escondemos el hecho que el Movimiento Carismático, en general, tiene como precursor e inspirador la iglesia Clásica Pentecostal!”.

Pero un poquito más arriba, ¿sabéis lo qué dice?: “Muchos por ignorancia o de mala disposición y prejuicios, identifican los Carismáticos con los seguidores de la Iglesia Pentecostal”.

¡Si los acusas de que son Pentecostales, te dicen que eres hombre de mala voluntad y disposición! Igual que cuando decimos que los seguidores de la X.O.E. (Organización Cristiana de la Paz) son Pentecostales, entonces también es por nuestra mala voluntad y disposición!

Y diez líneas más abajo dice esto que os he dicho: “No escondemos el hecho que el Movimiento carismático, tiene como precursor y inspirador la Clásica Iglesia Pentecostal. Esto porque lo confiesan todos los Carismáticos Romanocatólicos y Protestantes, y desde luego con mucho agradecimiento distinguen que en la aparición de la Iglesia Pentecostal se mueve la mano de la Divina Providencia”. ¿Oíd, escuchad qué cosas…! Y sigue: “Muchos estudiosos del Movimiento Internacional Pentecostal consideran esto como uno de los acontecimientos más importantes del Cristianismo contemporáneo, es decir, se igualan con la reforma Protestante del siglo 15, en su importancia”. ¡Niau-niau en los ladrillos!…

En otra parte explica el modo por el que viene el Espíritu Santo y dice:

“En uno viene la divina sombra como corriente eléctrica que por regla general, traspasa de las manos y de la cabeza, y progresa hacia abajo hacia todo el cuerpo”. ¡Y en concreto dice que crea una conmoción!… Pero esto sólo es una característica de los demonios. El Espíritu Santo viene como lluvia fina con frescura; no conmociona al hombre ni le hace templar, ni tampoco le hace sentir como electroshock de corrientes eléctricas en el cuerpo ((III Re 19,12; Job 4,16; Sal 132,3; Os 6,4 y 14,6). Y sigue-oíd: “Unas veces, pero no cada vez, se mueven las manos, otra la cabeza y otras el cuerpo entero” (Pág 183).

¡Estos fenómenos con estas manifestaciones, los encontramos en las reuniones espirituales, al Espiritismo, que allí claramente opera el Diablo, el Satanás! ¡Clarísimamente!

»El que escribe no es sólo testigo presente, sino también partícipe realmente de sorprendentes manifestaciones del Espíritu, mediante los Carismáticos”. También tiene fotografías, y si uno después quiere acercarse se las mostraré.

Y continua: “El derramamiento universal y total del Espíritu Santo en los ésjatos-postreros días”, -es decir, estos días, -oíd, oíd qué barbaridad! –“¡evidencia e indica que el Señor puede realizar sus eternos propósitos y fines también fuera de la Iglesia Ortodoxa, sin que se quite el que permanece la madre Iglesia!”.

Eh, pues, para que no sea acusado, inspeccionado y perseguido, acepta la Iglesia Ortodoxa. ¡Pero en otra parte dice que la Iglesia Ortodoxa va y funciona como prostituta, la gran prostituta-Babilonia! (Ap 14,8 y 17,5). Pero esto lo dice en otra parte.

»Quizás Cristo se obligará a adelantar la Iglesia”

¡Escuchad barbaridad semejante! “¡Adelantar!”, es decir, negarla, y dejar de lado la Iglesia!,-la que los ortodoxos reivindicamos como histórica, y una Iglesia santa católica y apostólica”, éste se considera a sí mismo como ortodoxo. ¡Habéis oído semejante barbaridad!, que Cristo ponga de lado Su Iglesia, para avanzar, adelantar y más abajo hacer Él algo sólo! ¡El Cristo sin Su Iglesia!

»Ahora que se acerca la gran tribulación de los siete años… ¿Cuál es esta tribulación? Se desconoce. Os dije que tienen carisma profético… ¿Cuál carisma profético?…son pseudoprofetas, tal y como revela el Señor sobre la mujer Jezabel- …“los ortodoxos que extendamos y abramos bien los oídos para oír bien lo qué dice el Espíritu de la Iglesia.”

He aquí lo que antes os decía: “¡Ya la Ortodoxia también, en muchos comienza a transformarse en mujer prostituta!…” (Pág 208).

Y sigue:

»Los puntos mundanos que no se manifestaron el día del Pentecostés…”

-A, pues muchas cosas no se manifestaron en el día del Pentecostés. Las que ellos conocen malinterpretando la profecía de Joel: “…se manifestarán ahora, antes del inminente grande y glorioso día del Señor”

Y dice más abajo que serán arrebatados por el Señor, tal como nos describe el apóstol Pablo la Segunda Presencia-Parusía (1 Tes 4,17). Pero atención: ¿dónde serán arrebatados? No en el cielo. ¡Tomará todos los carismáticos y los trasladará a Sión, a Jerusalén! Allí quedarán siete años, hasta que pase la gran tribulación. ¿Y después? ¡Después… vemos más abajo!

¡Estos, amigos míos, actúan dentro en la Iglesia, y la Iglesia no los ha condenado aún! La X.O.E de Larisa actúa de forma similar. Es verdad, la X.O.E de Larisa sostiene que tiene glosolalia, y realiza sanaciones y terapias; ¿todas estas cosas qué indican? Muestran que pertenece a esta categoría y a la familia de los Iluminados. Por tanto, ¡tengamos mucho cuidado, pero mucho, a estas cosas demoníacas!

¿Y cuál es la conclusión? Pues, la conclusión sale de todas estas cosas que hemos dicho. Estos movimientos son operados por el espíritu maligno, astuto y vil. Y esto lo revela el mismo Señor, al calificar y decir que todas estas cosas son “las profundidades del Satanás”, y que las obras de esta mujer –la llama Jezabel- son obras y días de la antigua Jezabel.

El Señor nos avisa: “Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán…Porque se levantarán falsos cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. Mirad que os lo he dicho de antemano” (Mt 24, 4-5·11·24-25).

Así que, amigos míos, debemos tener humildad, porque el espíritu del engaño opera especialmente a los hombres arrogantes y orgullosos, porque estos hombres tienen la convicción de que interpretan correctamente la Santa Escritura, fuera de la interpretación de la Iglesia, y finalmente se pastorean a sí mismos, tal y como dice Judas el hermano de Dios (Jds 12).

La mujer-Jezabel aún circula, y estará circulando hasta que acabe la Historia; circula dentro en la Iglesia, engaña y aparta los siervos de Dios de la cabaña salvadora.

Abramos pues nuestros ojos y tengamos cuidado: “Porque muchos engañadores, estafadores y seductores han aparecido en el mundo” (2 Jn 1,7). El Diablo en nuestra época está desmelenado y desenfrenado haciendo de las suyas, por eso continuamente tengamos cuidado y en alerta, porque la cosa es seria, es cuestión de nuestra salvación eterna!

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